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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

Blog de Sergio Ramírez

Formas apacibles de cometer un crimen

Un personaje de Nicaragua, que ha sido alcalde y también diputado, y siempre muy cercano a los círculos de poder para los que actúa como operador de negocios clandestinos, propone a un empresario favores gubernamentales en una disputa alrededor de una propiedad inmobiliaria en las playas más cotizadas del país, a cambio de algunos millones de dólares. El empresario graba la conversación donde consta la propuesta, se hace pública, y se abre el escándalo.

/upload/fotos/blogs_entradas/nicaragua_med.jpgAl final, la Fiscalía General de la República, que forma parte de esos mismos círculos de poder que actúan de manera unánime al defender a sus operadores de negocios, emite un dictamen forense sobre esa conversación, que copio íntegro en sus partes conducentes. Dice el Fiscal:

"La revisión de contenido de la conversación tiene el propósito de constatar las circunstancias, el entorno y el estado de ánimo de los hablantes al momento en que se desarrolla la comunicación entre los protagonistas (...) se muestra una conversación entre dos conocidos que dialogan sobre un asunto en particular y cada uno de ellos defiende su punto de vista ante el otro y viceversa, en un ámbito que priva un tono de camaradería, respeto, tolerancia y paciencia (...) puedo concluir objetivamente que en la conversación peritada no existe ningún elemento emocional que indique evidencias e indicios de violencia, coerción, chantaje y amenazas para la vida de alguno de los interlocutores ni la de sus familiares..."

De acuerdo con esta genial apreciación de psicología penal, se puede proponer a otro cometer cualquier crimen, matar al prójimo, robar al vecino, asaltar el erario público, mientras se haga en plan de franca camaradería y mediante el uso de un diálogo ponderado, con palabras suaves, y sin alzar la voz, con respeto, tolerancia y paciencia.

Anótenlo.

[Publicado el 22/11/2007 a las 10:58]

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III. Cetro y corona para el rey

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Muhamed Ali y Joe Frazier.

Vuelve Alí a su esquina y su second, que parece más bien un barbero de manos bien lavadas, lo aconseja al oído, el otro asistente con gorro musulmán le baña la cara de agua, le mete en la boca el protector, la muchacha en traje de baño se pasea por el cuadrilátero enseñando el cartel, round 14, el referee camisa celeste, corbata de pajarita de pintas marrón, pelo largo, patillas anticuadas como las que un día llevamos en aquellos años, se acerca a Frazier a preguntarle  algo con toda educación, es un susurro que ningún micrófono alcanza, pero todos sabemos lo que está preguntándole: ¿va a continuar?

Dice que sí. Frazier va a continuar a pesar de todo, a pesar de todos los pesares, suena la campana, tambaleándose se acerca al centro del entarimado y desde las sombras del pasado ya no puede más, lo vemos y sabemos que ya no puede más, el ojo monstruoso, desde su esquina su second tira por fin la toalla, esto se acabó, Alí alza las manos en triunfo, brinca desaforado, grita fanfarronadas, la gran bocaza abierta, traen el cinturón dorado para ceñírselo otra vez al rey, cetro y corona en la cabeza, pero se apagan las luces sobre el cuadrilátero, la arena va quedando desierta, la pantalla de cuarzo brilla ahora con resplandor opaco y sólo el idiota permanece en la eternidad riéndose con risa indescifrable.

 

 

[Publicado el 21/11/2007 a las 10:57]

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II. Nunca habrá otro como él

Nunca más habrá otro como él, Muhamed Alí,  se lo digo yo, dice el viejo comentarista de radio entrevistado en el asilo de ancianos en Sausalito, California, que estuvo aquella noche en el palco de la prensa llevando su propia tarjeta, y qué es la eternidad sino ese martillo constante de los puños que siguen golpeando sin cesar mientras el tiempo avanza ciego hacia la consumación de los siglos, round 12, el ojo hinchado de Frazier brilla como un rubí, y Alí inclemente cercándolo, martillando, un martinete veloz, un experto en demolición, ¿han visto al idiota de lerdo andar, perdido ahora por allí con su sonrisa ausente?

Alí, durante la presentación de su biografía, en 2003 

O pierdes, o ganas, no hay de otra, gritaba con la gran bocaza, y ahora, ¿lo vieron aquella vez, con la tea olímpica en la mano en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos? ¿Fueron los juegos de Los Ángeles, o los de Barcelona? Otra ventana también a la claridad difusa del pasado, la bocaza vencida, la risa perdida, la mirada sin razón, groggy para siempre como bajo el peso de un millón de mazazos en la cabeza  como los que él daba con tanta constancia, pero otra vez suena la campana en mis audífonos, y vuelve Alí a su esquina.

[Publicado el 20/11/2007 a las 09:15]

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I. La eternidad a salvo

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Amanece a un lado en el Atlántico norte, una suave franja rosa muy lejos a un costado del avión y en el otro la negra noche oscura mientras se abre frente a mí la pequeña pantalla de cuarzo en el espaldar del asiento delantero como una ventana a la claridad difusa de la eternidad, Muhamed Alí versus Joe Frazier, pelea de revancha pactada a 15 rounds, 1 de octubre de 1975.  Alí, pantaloneta blanca; Frazier, pantaloneta azul; los guantes que ambos chocan ahora galantemente al centro del cuadrilátero son rojos, suena en mis audífonos la campana y el referee se aparta, fantasmas de hace un cuarto de siglo que empiezan a medirse, salta Alí, petulante, y mientras siga saltando fintando, martillando, buscando con los puños el punto débil en la defensa cerrada de Frazier, la eternidad no está en riesgo.

Un ballet fatal, abrazos desesperados, Frazier contra las cuerdas, suena la campana de nuevo, grita Alí, su gran bocaza abierta, un fanfarrón insoportable, metódico sin embargo en su martilleo, constante en golpear y golpear hasta que la fortaleza se derrumbe, un fanfarrón insoportable pero nunca más habrá otro como él.

[Publicado el 19/11/2007 a las 12:15]

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II. Felices incrédulos

No sé si estarán ustedes de acuerdo conmigo, pero la falla en la credibilidad de esas amenazas mortales contra los fumadores la veo en el hecho de que se hagan en el mismo paquete de cigarrillos, cuya venta sigue siendo libre. Eso de te vendo lo que te mata, o puedes comprar tu propia muerte, convence poco a los impenitentes. Cáncer, enfisema, infartos, derrames cerebrales, las siete plagas de Egipto. No importa. Si en los supermercados vendieran estricnina pura bajo la advertencia impresa en el empaque: "Este producto causa la muerte entre horribles estertores", estoy seguro de que tendría compradores.
Cualquiera pensaría que el cerco impuesto a los fumadores ya habría provocado su extinción.

Advertencias de muerte, prohibición de fumar en lugares públicos, aún leyes, como en el caso del condado de Arlington, en Virginia, que convierten en delito penado con cárcel el hecho de fumar en una calle o en un parque. Y la expulsión de la sociedad. Véanse sino los corrales de los fumadores en los aeropuertos, donde son encerrados a consumar su placer aturdidos por la densa humareda, como condenados a un círculo adicional del infierno.

¿A qué bando pertenezco? Dejé el cigarrillo por propia y libre voluntad, sin atender a coacciones ni amenazas, hace ya 15 años, y no me convertí en un fundamentalista antitabaco. Conste.

[Publicado el 16/11/2007 a las 11:15]

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I. Amenazas de horrible muerte

Nunca se han visto amenazas tan fatales como las que se lanzan contra los fumadores desde las propias cajetillas de cigarrillos. Se comenzó con un tímido "este producto puede ser riesgoso para su salud", y se pasó a un rotundo "este producto te está matando", como lo he visto en Chile, una advertencia funesta ilustrada con la fotografía de un señor doliente llamado don Miguel, que enseña en el cuello un orificio, víctima de cáncer de laringe por fumador empedernido. ¡Dichosos tiempos aquellos para los viciosos, en que los propios médicos, vestidos de gabacha y estetoscopio al cuello, aparecían fumando en los anuncios! Y las películas, Humphrey Bogart envuelto en humo, la voz ronca de nicotina, mientras los galanes de hoy son tan asépticos.

La campaña para disuadir a los fumadores con la imagen de don Miguel hizo en Chile poca mella, y ahora será sustituida por la de una dentadura horriblemente arruinada por la nicotina, un amasijo de dientes y muelas como embebidos en alquitrán, a ver qué suerte corre en asustar a los reacios. Ya se ha probado en todas partes con fotografías de negros pulmones carbonizados, con la señal de la cruz de tibias y la calavera de los venenos matarratas, y podrán agregarse esqueletos, cadáveres, féretros, pero nada parece arredrar a los viciosos...

[Publicado el 16/11/2007 a las 11:15]

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III. Envidiables mentirosos

Esas fábricas de mentiras se hallan por todas partes del globo, pero principalmente en Nigeria; unos cuantos fabuladores escriben las cartas, y otros más se dedican a "cosechar" direcciones electrónicas por medio de un sistema llamado "diccionarios de ataque", que les permite componer al azar miles de esas direcciones. Es de esa manera que entran en tu correo, y en el mío, y te hacen esas tentadoras ofertas en las que no pocos han caído, según quejas de algunos perjudicado que he podido escuchar.
¿Y el negocio? El negocio de estos novelistas consiste en que, si les contestas, te piden algún dinero para algunos gastos legales, poco, si se toma en cuenta que van a premiarte con unos cuántos fáciles millones. Es un paquetazo de rango universal, y ya sabemos que no hay fraude que funcione sin ingenio, y sin capacidad de invención.

Por eso estos ladrones electrónicos son mis novelistas preferidos. Me encanta como inventan, y admiro su poder de imaginación. Es más, los envidio, porque son capaces de insertarse como mentirosos dentro del mundo real, y llegar a oídos que esperan escuchar promesas semejantes para cambiar de una vez por todas sus vidas.

Que mientan, entonces. Eso sí, mientras a mí no me estafen.

[Publicado el 16/11/2007 a las 11:14]

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II. Fábricas de riqueza instantánea

Otra oferta de riqueza instantánea viene de parte de Adada Muhammadu, traficante petrolero de Irán, que empieza contándote que padece de cáncer en el esófago, y hallándose desahuciado, quiere compartir su fortuna: “nunca fui generoso, siempre traté con hostilidad a quienes me rodeaban, y sólo me preocupé de hacer dinero. Jamás me casé, jamás tuve amor por nadie. Ahora me arrepiento…” Sólo necesita que le envíes el número de una cuenta bancaria donde pueda hacerte un depósito, pero rápido, los médicos le han dicho que no le quedan sino semanas de vida.

Este otro, tesorero personal del magnate petrolero ruso Mikhail Khodorkovsky, no se anda por las ramas. Ha decidido quedarse con el valor de tres últimos embarques de petróleo de su patrón, que van camino a Rótterdam, y de la suma resultante que es de 50 millones de dólares ofrece darte el cinco por ciento, algo que no está nada mal, 2.5 millones de los que podrás disfrutar el resto de tu vida, sin más preocupaciones.

Son decenas de esas cartas, hilos de una inmensa red tejida por eficientes fabuladores para pescar incautos, que los hay en el mundo. ¿Dónde se hallan estas fábricas de mentiras?

[Publicado el 13/11/2007 a las 10:49]

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I. Fortunas que te están esperando

Cuando abro mi correo cada mañana, en cualquier confín donde me encuentre, me hallo siempre con una larga carta que viene de manos de uno de mis novelistas preferidos. Son los que me ofrecen fortunas millonarias bajo diversos disfraces, y con una persistencia que sólo tienen los buenos farsantes. ¿Farsantes? En esa categoría de mentirosos consumados estamos, por supuesto, los escritores. ¿Te los has encontrado también?

Esta vez es D.L. Martins, un holandés errante que ha desaparecido en la Patagonia sin dejar huella, y su fortuna de treinta millones de dólares ha quedado consignada en una cuenta cifrada de un banco de Suiza. No tiene herederos. Su abogado es el que te escribe desde Hamburgo, y consigna en la carta su dirección y demás datos pertinentes, para que no te queden dudas.

Una firma de abogados en Rabat, Marruecos, no menos seria y prestigiosa, te ofrece compartir una tajada suculenta de la fortuna de Mariam Seseko, la antigua primera dama de Zaire, viuda del sanguinario dictador Mobuto Seseko; ella lo que necesita es un samaritano,  alguien que le preste su nombre para sacar 40 millones de dólares que se encuentran congelados en alguna parte, porque, perseguida por la justicia fiscal del mundo, no puede hacerlo por sí sola…

[Publicado el 12/11/2007 a las 11:14]

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III. Sopas Campbell y un terremoto

Mientras permaneció en el hotel, la comida única de Hughes fue la sopa Campbell en latas, la misma que Andy Warhol inmortalizó en sus cuadros, el gran símbolo del arte pop. Hughes tenía un buen cargamento de sopas a su disposición, y el único trabajo del chef que viajaba con él a todas partes, era calentar cada vez la sopa. Y la pasaba no con vino, sino con agua mineral, de la que también tenía cargamentos.

A punta de sopas Campbell se había quedado en los puros huesos,  poseído por la locura, que es a lo que lleva el hastío del dinero a quienes lo tienen todo. Recuerden mientras tanto el uso que se le dio a esta gruesa y verdosa sopa enlatada en la película El Exorcista.

De aquel encierro lo sacaron con gran prisa cuando el edificio empezó a ser sacudido por el terremoto de la madrugada del 23 de diciembre de 1972, de vuelta a la camilla, de vuelta a la ambulancia,  y a su avión que no tardó en despegar, mientras abajo la ciudad despanzurrada empezaba a incendiarse y miles de muertos quedaban enterrados bajo los escombros.

Nunca más volvió a Nicaragua, a la que debió recordar con horror hasta el fin de sus días.  Anoto que en el restaurante del viejo hotel se ofrecen a veces suntuosos menús a la Howard Hughes. Triste ironía, un festival gastronómico en memoria de un maniático sin paladar.

[Publicado el 08/11/2007 a las 11:44]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

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