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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

Blog de Sergio Ramírez

III. De los colores del lujo y la riqueza

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La conocida 'estrella' de Mercedes.

Los gustos por comer y vestirse, los estilos de vivir y transportarse, dependen por supuesto de los ingresos de cada quien, y no pocas veces del buen gusto, o del mal gusto. Mientras más recursos económicos se hallan a disposición de una persona, más podrá envolverse en lujos, y muchos que pueden dárselos pasan desapercibidos precisamente porque no predican en contra del buen vivir, sobre todo cuando mantienen un perfil discreto, y no hacen ostentación. Pero otros, por supuesto, sobre todo en los países asolados por la pobreza, cuando exhiben sus condiciones de vida fastuosas, es como si lo restregaran en la cara de quienes no tienen nada, que son la inmensa mayoría. Es cuando la riqueza adquiere sus tonos ofensivos, y el despilfarro resulta en una humillación para los demás.

/upload/fotos/blogs_entradas/howard_hughes.jpgMillonarios los hay de toda clase y tamaño, basta leer las listas de la revista Forbes. Ricos austeros que terminan eliminando el color de sus corbatas para ponérselas siempre de luto, mientras reducen el color de sus trajes al gris, o precipitándose hacia lo estrafalario, dejan de cortarse los uñas y el pelo y terminan sentados a la mesa todos los días frente a un plato de sopa Campbell, como el multimillonario Howard Hughes del que ya hablamos aquí una vez. Y los nuevos ricos, que quieren ponérselo todo al mismo tiempo, exhibir todo lo que tienen, de los que tenemos tantos especimenes en nuestras tierras.

Pero vuelvo otra vez a las figuras de la política. ¿Qué pasa cuando un socialista de la más fiel ortodoxia exhibe sus lujos sin sonrojo, y sus preferencias por lo más exclusivo y caro?

[Publicado el 21/12/2007 a las 09:30]

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II. Suculentos huevos de tortuga

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Huevos de tortuga. Unos costarricenses llevan sacos llenos de huevos de tortuga marina de la especie Ledipochelys recogido en la playa de Ostional en Santa Cruz.

Esto de sepulcros blanqueados no se aplica sólo a los pastores religiosos que se hunden en la hipocresía. Las figuras de la política que llaman a hacer una cosa y se contradicen de manera flagrante con su conducta, aparecen a menudo en la picota de la opinión pública por su doblez.  Los que hacen las leyes, por ejemplo, y las violan ellos mismos lejos de todo pudor.

Tengo un caso de estos que contar que involucra a los diputados de la Asamblea Nacional de Nicaragua, sin distingos ideológicos. Hace poco celebraron una sesión solemne en la ciudad de León, en la nave mayor de la iglesia colonial de San Felipe, y luego concurrieron a un almuerzo.

Nuestros diputados de marras, como se decía en las viejas crónicas, son autores de la "Ley Especial de Delitos Contra el Medio Ambiente y los Recursos Naturales", aprobada con todo despliegue de propaganda, que establece periodos de veda prolongados para el consumo de huevos de tortuga. Las tortugas marinas se hallan amenazadas con la extinción.

Llegado el alegre almuerzo, en el que el plato estrella fue, precisamente, los huevos de tortuga, servidos de manera abundante, y que ellos comieron golosamente, frente a las cámaras de televisión y frente a los fotógrafos, a pesar de ser período de veda. Ante el reclamo público, a uno de ellos se le ocurrió alegar que no se trataba de huevos de tortuga, sino de caimán, especie que también entra bajo las prohibiciones de la ley.

E inmunes como son, nadie puede castigarlos con la cárcel, ni multarlos al menos...

[Publicado el 20/12/2007 a las 11:38]

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I. Sepulcros blanqueados

Predicar con el ejemplo es uno de los más viejos adagios de la humanidad, y desde que a alguien se le ocurrió la proclamación de un mundo nuevo en el que las riquezas y las vanidades ostentosas deben ser desterradas del uso cotidiano, lo primero que seduce es la estricta honestidad de quien habla.

Imaginen a un profeta moderno que llama a vivir en humildad y pobreza, hablando desde el volante de un Mercedes, o a un anacoreta que recuerda la necesidad de sacrificar el gusto y alimentarse en base a una dieta de langostas del desierto y mil silvestre,  tal como San Juan Evangelista, fotografiado mientras come en un restaurante de lujo langostas de las otras, a la Termidor. O a quien exige despreciar la sensualidad de la vestimenta como una veleidad, luciendo corbatas Gucci.

Es lo que ha pasado con no pocos de los famosos teleevangelistas de Estados Unidos, cogidos in fraganti no pocas veces en actos de grave pecado contra sus proclamaciones en cuanto al lujo, el sexo y la gula, culpables de adorar a los dioses de la sociedad hedonista en que vivimos mientras exigen rectitud  espartana a sus ovejas.

Sepulcros blanqueados, dicen los Evangelios. ¿Y los políticos?

[Publicado el 19/12/2007 a las 11:38]

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IV. En busca de respuestas

Pero no hay que equivocarse. Estos jóvenes que dejan la discoteca un sábado por la noche para hacer fila en la taquilla de un teatro donde se va a leer poesía, no han cambiado poesía por novela; no es esa la escogencia. Buscan un significado más allá de lo que la sociedad de consumo depara todos los días, y buscan repuestas. Empiezan a creer que los poetas pueden dárselas. Hay un vacío espiritual evidente en este comienzo de siglo, cuando todas las respuestas parecen haberse agotado, y no es escandaloso decir que esas repuestas están, otra vez en la obra misma del espíritu, la poesía quizás la mejor de ellas.

/upload/fotos/blogs_entradas/juan_gelman.jpgLo que me apasiona es que sean jóvenes los actores de esta búsqueda, que es, a fin de cuentas, filosófica. No existe decadencia eterna, ni vacíos a largo plazo. Este nuevo siglo dará paso a una nueva dimensión de valores, en el retorno del péndulo alejado ahora hacia el páramo. Y esa vuelta será una vuelta ética. La poesía, llena de significados, no solamente el amatorio, puede encarnarla.

Por eso es que el Premio Cervantes concedido a Juan Gelmán, el admirable poeta argentino, es un aviso de que ese momento de la resurrección de los símbolos trascendentales de la poesía, está llegando.

[Publicado el 18/12/2007 a las 10:58]

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III. Celebración del amor

Cantar, se decía antes; los poetas cantaban a la amada,  y ése era el verdadero sentido de la poesía, la celebración de los desencuentros, de los amores imposibles, y la esperanza de la recompensa tras muchos trabajos de amor. La celebración de la vida. Por eso es tan popular la poesía amorosa, como son populares las baladas, en la misma medida en que antes lo fueron los tangos y los boleros. E igual que las canciones, esta poesía que llega al territorio afectivo de los jóvenes, por muchos otros caminos inaccesible, viene a ser sencilla y llana, hecha de palabras simples, sin elevaciones estrambóticas, pero buscando el sentido siempre profundo de la vida.

Me he dado cuenta también de este retorno de la poesía, que espero sea cada vez más triunfal,  al encontrar en las librerías, por primera vez en muchos años, libros de poesía entre las novedades editoriales. Por los último 30 años, al menos, los libros de poesía estuvieron confinados a la circulación clandestina, editados por las universidades, o por la mano del autor; y escribir poesía pasó a estar tan fuera de moda, que no pocos poetas que conozco se pasaron a escribir lo más rentable hoy, que son las novelas; o lo que otorga más fama.

[Publicado el 17/12/2007 a las 11:53]

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II. Poetas de multitudes

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Pablo Neruda con Arthur Miller en Nueva York, 1966.

¿Cómo es que los poetas atraen multitudes, y sobre todo, multitudes de jóvenes? Ningún otro poeta más popular en nuestra historia que Pablo Neruda, como antes Rubén Darío, hasta el momento en que la poesía empezó a pasar de moda debido a un fenómeno apenas explicable de extinción del gusto. Popular Neruda entre los enamorados, en los internados escolares, y en las barberías. Un poeta que triunfa es el que pasa a la memoria, y es recitado en las mesas de cantina, sin equivocaciones,  o como  los jóvenes repiten los Epigramas de Ernesto Cardenal, agregándolos también a sus declaraciones de amor.

Un poeta triunfa más, todavía, cuando es plagiado, no por otros poetas de segunda, que es lo menos notable, sino por el enamorado ansioso de hacer creer a su dueña que el amor lo ha elevado a las cumbres de la inspiración más seductora, y toma prestado lo que le parece más efectivo, y convincente.

Ahora, un poeta que triunfa, como Benedetti, es el que puede ocupar con holgura el lugar de los baladistas en el corazón de los adolescentes, y robárselo entero.  O como Cardenal que puede llenar también, de jóvenes, la estación de Mapocho, en Santiago de Chile, convertida en centro cultural, a la hora de sus recitales. O como Jaime Sabines, que arrastraba también a los auditorios a los jóvenes que aún manosean sus libros hasta descuadernarlos, y compran sus discos.

[Publicado el 14/12/2007 a las 12:12]

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I. La vuelta de los olvidados

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Mario Benedetti.

Hace ya varios años viajé desde Alicante a Murcia para ver a Mario Benedetti, porque no habíamos podido encontrarnos todavía esa vez en España, y él volvería pronto a Uruguay. Esa noche tenía él un recital, lo busqué en su hotel, y caminamos hasta el auditorio del ayuntamiento, que se hallaba a pocas cuadras, donde iba a celebrarse el acto.

Afuera, una multitud de jóvenes pugnaba por entrar, como he visto que ocurre a las puertas de las discotecas, y creí que el lugar no estaba abierto todavía; pero no tardé en darme cuenta que no había más lugares. La sala se encontraba completamente colmada, de jóvenes también, muchachos y muchachas, que esperaban en religioso silencio, hasta que Mario subió al escenario y lo saludaron con una  cerrada salva de aplausos.

El recital fue para mí una experiencia única. Los muchachos no sólo pedían a Mario que recitara sus poesías de amor para ellos conocidas, sino que coreaban pasajes de la lectura, como en los grandes conciertos al aire libre la multitud hace con los cantantes.

Y entonces, me di cuenta de que la poesía, esa vieja cómplice de amantes, estaba regresando al mundo por sus fueros.

[Publicado el 13/12/2007 a las 11:01]

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IV. El peor de los vicios

Es por medio del sencillo "boca a boca", el "¿ya leíste...?", que un libro se abre paso en medio de la selva enmarañada. Aunque los libros que al fin y al cabo valen la pena son aquellos que pasan de una generación a otra de lectores; los libros que leyeron los padres leídos a su vez por los hijos, y si pasan a los nietos, aún mejor. Los que se vendieron por fuerza de la propaganda y luego nadie vuelve a abrir, es como si nunca se hubieran publicado.

De allí regreso a quienes compran libros atraídos por el contagio, y a lo mejor no los leen. Hace varios años, un taxista que me llevaba a la Feria del Libro en el parque del Retiro de Madrid, aprovechó para desahogar conmigo su ojeriza en contra de todos quienes tenían que ver con los libros, editores, libreros y lectores, y comenzó asegurándome que todos los que iban a la feria en multitudes y salían cargados con bolsas de libros, los compraban, pero jamás los abrían.

Como el viaje era largo, tuve tiempo de desentrañar el motivo de su inquina. Se debía a que, una vez, en su ausencia, un vendedor ambulante de enciclopedias había entrado en su casa, y sorprendiendo sola a su mujer, le había hecho adquirir una de 30 tomos por medio de cómodas mensualidades. Cuando el taxista volvió por la noche, la prueba del delito se hallaba expuesta sobre la mesa del comedor y su asombrada y furibunda pregunta fue: "Mujer, ¿es qué te has vuelto tú lectora?", como si se tratara del peor de los vicios. Y la hizo devolver la compra.

¿El peor de los vicios? Claro que lo es. Y el más placentero.

[Publicado el 12/12/2007 a las 11:33]

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III. Cofradias de iniciados...

La dificultad con los libros estriba hoy día en que, gracias al reinado absoluto del mercado, el concepto de literatura de calidad, que no siempre se vende bien, ha venido siendo arrinconado por el concepto de literatura de éxito inmediato.  Aunque a veces se da la feliz coincidencia entre buena literatura y literatura de mercado, que es el estado de gracia de un escritor, cuando valiendo literariamente, se vende. Oprah Winfrey recomienda periódicamente desde su famoso programa de televisión título de libros, lo que hace a las editoriales premiadas con la lotería de la mención correr a reeditarlos. Un millón de ejemplares al menos. /upload/fotos/blogs_entradas/la_casa_de_las_bellas_durmientes.bmpHa recomendado a Toni Morrison, a Faulkner, y dos veces a García Márquez. La gente al menos se lleva esos libros a sus casas, y alguna vez habrá de leerlos.

Pero el método para mí más seguro de llegar a un buen libro es a través de las recomendaciones personales. Los lectores llegan a formar verdaderas cofradías de iniciados. Una noche de hace tiempo en Madrid, escuché a Rosa Regás hablarme con entusiasmo de la novela El encuentro de Sandor Marais, un autor del que no había oído nunca, y del que hoy leo todo lo que encuentro. Fue a través del entusiasmo de García Márquez que llegué a vivir el deslumbre de leer La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, cuyo argumento utilizó para escribir Memoria de mis putas tristes, en un espléndido remake.

[Publicado el 11/12/2007 a las 12:13]

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II. El olvido, que todo destruye

En América Latina la crítica de libros es floja y escasa, y en algunos de nuestros países inexistentes, de manera que no puede uno orientarse con esa brújula. Y aunque la brújula exista. Yo alguna vez usé el recurso de guiarme por el suplemento de libros del New York Times, para saber lo que se publicaba de calidad en la lengua inglesa, pero hoy me doy cuenta de que muchos libros que compré gracias a las recomendaciones del suplemento  -y no alcancé a leer en gran parte, porque los lectores viciosos no leen todo lo que compran- hoy nadie los recuerda.

De modo que para no perderme a veces en la espesa y frondosa selva de los libros, trato de utilizar diferentes recursos. El primero, no compro nunca best-sellers, menos si traen lujosas portadas llamativas, con los títulos y los nombres de los autores realzados a troquel en engañosas letras de oro. Esto puede resultar en prejuicios que lo privan a uno de leer libros que a lo mejor son buenos, y que se venden como pan caliente en los aeropuertos. ¿Habrá tantos lectores equivocados?

Otra manera es confiarse en aquellas casas editoriales que tienen una probada tradición de publicar libros de calidad. Yo tengo mi lista de esas editoriales, pero cada vez, alas, hacen más concesiones comerciales, y me fallan más.

[Publicado el 10/12/2007 a las 12:14]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

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