El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 18 de mayo de 2008
Ginebra al atardecer. Rue de la Tacconnerie, rue de Soleil Levant. Galerías de arte que parecen mausoleos, tiendas de antigüedades hundidas en la penumbra. Resuenan los tacones de una mujer sobre el empedrado, en el silencio absoluto donde no se oye siquiera flamear los pendones medioevales que adornan los muros en lo alto de la fortaleza del Hotel de Ville. Cañones viejos amontonados bajo una bóveda al lado de los Archives de Etat. En las mesas del restaurante sacadas a la calle, los comensales parece que más bien conspiran.
Más allá de la placita, la Gran Rue como un túnel al aire libre, un set de cine desierto donde todos se fueron hace tiempo después de la filmación. Allí vivió sus últimos días Borges, en la segunda planta del número 28, en un apartamento tomado en alquiler por sus editores suizos. Una placa con una alabanza suya a las bondades de Ginebra, así lo recuerda.
Cuadras más allá, partiendo de la Place du Cirque, se abre el Boulevard de Saint Georges, de empaque burgués, que me lleva hacia el cementerio de Planpalais, al que se puede entrar también por la rue de Rois, que es lo que hago. La tumba de Borges, a un tiro de piedra del Ródano, que igual que todo en Ginebra, discurre en silencio. Límites, el poema que la memoria guarda intacto. ¿Y el incesante Ródano y el lago, todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
[Publicado el 30/4/2008 a las 11:10]
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Castro exhala el humo de un cigarro en una entrevista en el palacio de la Habana en 1985.
Los cigarros habanos de la era Kennedy, que llegaban a la Casa Blanca de contrabando, y los cigarrillos que van desapareciendo aún de calles y parques, donde la prohibición de fumarlos se extiende de manera implacable, se deshacen en puro humo placentero, y ni siquiera responden a las funciones biológicas esenciales. Por tanto son abominables pecados volátiles, sin esencia ni justificación ninguna ante las altas potestades morales. Pero los cigarros habanos aún se defienden frente a las severas campañas de salud, quizás porque sus precios de lujo los reducen al consumo de una elite que ya puede morirse sola, sin riesgos de que cunda su mal ejemplo.
Fidel hace tiempos había dejado de fumar, puritano como fue volviéndose en muchos sentidos ante el avance de la edad. Una vejez sin excesos, comportarse frente a las cámaras de televisión, de pie ante las tribunas, como un buen padre de familia austero y sin vicios, que puede enseñar lecciones sacadas de los pecados del pasado.
Terminó así abominando de los aromáticos habanos fabricados especialmente para él, una provisión siempre a mano a cargo de un ayudante, algo que Kennedy ya no tuvo tiempo de hacer, aunque es dudoso que hubiera dado ese paso. Ya sabemos que de puritano no tenia nada, según abundan los ejemplos en sus biografías: la falta de ejercicio sexual le daba dolor de cabeza. Sería que como buen católico irlandés bien sabía que los pecados siempre son remitidos, aún en el último momento, mientras que en el cielo de Fidel nunca hubo santos de los que ocultarse.
[Publicado el 29/4/2008 a las 07:00]
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En Habanos en Camelot, William Styron sostiene algo que hoy muchos pondrán en duda: que los cigarros no son destructivos para la salud, como lo son los cigarrillos. Cáncer, enfisema, danos coronarios, arteriosclerosis. En los días de su cercanía con la Casa Blanca, el Camelot legendario de los Kennedy, Styron decidió pasarse a los habanos aristocráticos y abandonar los proletarios cigarrillos "sin convulsiones de dudas morales". Estaba decidiéndose por un vicio selecto, que según sus cuentas no tenia riesgos para sus pulmones ni para sus arterias, y dejando otro que desde entonces comenzaba a ser estigmatizado hasta su extinción casi total en Estados Unidos: el numero de fumadores se ha reducido en un 5% adicional en los últimos cinco años, hasta caer a un 17%.
América, como Styron llama a su propio país, es puritana hasta la médula. Y el puritanismo lleva a juzgar lo que es bueno o dañino para la salud en términos absolutos. Apartémonos de los cigarros y los cigarrillos, que es el tema de Styron en lo que hace a sus recuerdos de la era Kennedy; pero siempre el puritanismo opone la necesidad al placer, y los separa de manera radical.
La comida, el sexo, son necesidades de la especie porque hay que reproducirse y alimentarse; pretender obtener gusto de estas funciones, nos acerca a las llamas, porque entonces se trata ya del pecado que tiene su peor infierno en la gula y la lujuria.
[Publicado el 28/4/2008 a las 11:15]
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El cigarro que nunca fumaron juntos

John Fitzgerald Kennedy.
En su libro de ensayos personales Habanos en Camelot, el novelista William Styron, autor de las Confesiones de Nat Turner, recuerda su cercanía al entorno del presidente Kennedy, y cómo en la Casa Blanca se disfrutaba del aroma de los cigarros habanos, y los más gustados por el propio presidente eran los que venían de Cuba, seguramente de contrabando porque él mismo había prohibido su importación al imponer el embargo comercial a la isla, un embargo que dura desde entonces. Styron cuenta que conservó largo tiempo uno de esos cigarros Partagás, los más afamados del mundo, que Kennedy le regalo en su tubo plateado, y que no se fumó, en su recuerdo, sino el día en que lo asesinaron en Dallas.
¿Dónde conseguiría Kennedy aquellos cigarros prohibidos por decreto suyo? ¡Quién sería su proveedor secreto? Los fumaba también Fidel Castro, y eran ambos personajes muy similares, escribe Styron, separados por una feroz animosidad: "de todos los líderes mundiales, el hombre de Harvard y el marxista de La Habana eran de lo más parecido, temperamental e intelectualmente; se hubieran entendido muy bien probablemente, si no es porque la tormenta de la historia del siglo veinte y su extraño determinismo no los convierte en enemigos irreconciliables".
Y ya se sabe que nunca llegaron a fumar juntos el cigarro habano de la paz.
[Publicado el 25/4/2008 a las 11:15]
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Campo de maíz
Según Time, si se toma en cuenta el efecto de la deforestación, el etanol de maíz y el biodiesel de soya vienen a provocar el doble de las emisiones de carbono causados la gasolina. Y para los países pobres del mundo, la oferta de producir maíz y oleaginosas para combustibles, viene a resultar en un descalabro. ¿Según Time, o según Fidel Castro? Según Fidel Castro: "aplíquese esta receta a los países del Tercer Mundo y verán cuántas personas dejarán de consumir maíz entre las masas hambrientas de nuestro planeta. O algo peor: présteseles financiamiento a los países pobres para producir etanol del maíz o de cualquier otro tipo de alimento y no quedará un árbol para defender la humanidad del cambio climático".
Y aunque Time se muestra benévola respecto al uso de la caña de azúcar para producir alcohol carburante, Fidel Castro cierra filas contra todo lo que huela al uso de los suelos agrícolas para esos fines, sea soya, maíz, o caña, y da un no rotundo a la diplomacia del etanol de Lula:
"...Independientemente de la excelente tecnología brasileña para producir alcohol, en Cuba el empleo de tal tecnología para la producción directa de alcohol a partir del jugo de caña no constituye más que un sueño o un desvarío de los que se ilusionan con esa idea. En nuestro país, las tierras dedicadas a la producción directa de alcohol pueden ser mucho más útiles en la producción de alimentos para el pueblo y en la protección del medio ambiente".
El próximo editorial de la revista Time, lo puede escribir Fidel Castro.
[Publicado el 24/4/2008 a las 07:00]
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V: El pecado de quemar la comida

Protestas contra la subida de los precios en Yaundé, capital de Camerún.
De acuerdo a las cuentas de Time, los biocombustibles tienen efectos desestabilizadores. El alza de los precios del maíz ya ha desatado levantamientos en México, y la subida de los precios de la harina ha creado perturbaciones en Pakistán. También se han dado disturbios en África.
¿Exageraciones dramáticas? Los precios de los alimentos han subido un 45% en los últimos nueves meses, según las cuentas oficiales de la FAO, pero no sólo porque la comida se esté desviando a las refinerías de combustibles. La India y China tragan cada vez más cereales, y también los alimentos suben de precio por razones especulativas.
Pero, además, las emisiones de carbono, al afectar el clima, arruinan las cosechas, y en esto tienen que ver los biocombustibles. A pesar de que Brasil no produce etanol en base al maíz, los productores de Estados Unidos venden una quinta parte de sus cosechas a las refinerías de etanol, provocando que los productores de soya, atraídos por los precios, se pasen a cultivar maíz, con lo que la soya sube en los mercados, y empuja a los agricultores brasileños a cultivarla a costa de los pastos, de modo que los ganaderos, expulsados por la soya, se tragan cada año miles de kilómetros cuadrados de selva. Un círculo vicioso diabólico.
[Publicado el 23/4/2008 a las 07:00]
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Surtidor de gasolina.
Los coches, o la vida. ¿Y quién más le hace coda a Fidel Castro? Nada menos que Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial, y antes mano derecha de Condoleezza Rice: "mientras unos están preocupados por llenar sus tanques de gasolina, muchos otros luchan en el mundo por llenar sus estómagos", afirma.
Y Time escribe que se privilegia a 800 millones de personas con automóviles, sobre 800 millones de personas con hambre; si hace 4 años se calculaba, de acuerdo a científicos de la Universidad de Minessota, que el número de hambrientos caería a 625 millones en el año 2025, ahora más bien se sabe que ese número crecerá a 1.2 billones, todo por efecto de los biocombustibles.
Las cuentas son macabras. El maíz que se necesita para llenar una sola vez el tanque de un vehículo con etanol, es suficiente para alimentar a una persona por un año: las cosechas están siendo dedicadas a saciar los vehículos, y no a los seres humanos. Y siempre habrá más vehículos para tragar más combustible.
Eso dice Time. ¿Y Fidel Castro? Apunta a lo mismo, con palabras muy parecidas: "hoy se conoce con toda precisión que una tonelada de maíz sólo puede producir 413 litros de etanol como promedio, de acuerdo con densidades, lo que equivale a 109 galones. El precio promedio del maíz en los puertos de Estados Unidos se eleva a 167 dólares la tonelada. Se requieren por tanto 320 millones de toneladas de maíz para producir 35 000 millones de galones de etanol".
[Publicado el 22/4/2008 a las 07:00]
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III. Habrá más hambrientos, y más vehículos

La energía limpia no es más que un mito, sentencia la revista Time: los políticos y el complejo agroindustrial fuerzan la sustitución de los combustibles fósiles por el etanol, y lo que verdaderamente están haciendo es elevando los precios mundiales de los alimentos y empeorando el calentamiento global. En la medida en que los precios del maíz suban, los pobres del mundo comerán menos, y mientras más maíz se siembre para uso de motores, más bosques desaparecerán. Puro ambición de enriquecimiento.
¿Ya habíamos leído eso antes? Claro. En uno de los editoriales del Gramma, suscritos por Fidel Castro, que él suele titular "Reflexiones del Comandante en Jefe", y donde expresa: "Pienso que reducir y además reciclar todos los motores que consumen electricidad y combustible es una necesidad elemental y urgente de toda la humanidad. La tragedia no consiste en reducir esos gastos de energía, sino en la idea de convertir los alimentos en combustible".
Time no cita a Fidel Castro, sino a Lester Brown, experto en alimentos de las Naciones Unidas, quien dice que esta ocurriendo "un crimen contra la humanidad", algo que en términos semejante ya había dicho aquel, sólo que un año antes, pues su editorial data de marzo del 2007, y lo tituló: "Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo".
[Publicado el 21/4/2008 a las 13:15]
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II. Etanol o petróleo, he allí el dilema

Dos diplomacias, entonces. Decidido a buscar socios en esta empresa de liberar a los países de América Latina de su dependencia del petróleo, que cada vez más sube de precio, Lula ha iniciado una campaña continental que lo pone necesariamente en choque no sólo con Fidel, sino principalmente con Chávez, cuya arma política es precisamente el petróleo, y el motor de su propia diplomacia.
Y en esta disputa que es económica, pero tiempo política, e ideológica, los alegatos se dirigen no sólo contra el uso del maíz, de lo que Brasil no es culpable directo, y de la caña de azúcar, donde va a la cabeza, sino también contra el uso del aceite del frijol de soya y de la palma africana.
Usar alimentos para alimentar vehículos es un crimen contra la humanidad, comenzó diciendo Fidel. Y, Lula, sin mencionar a su viejo amigo, responde que el problema de la humanidad no es la falta de alimentos, que los hay de sobra, sino que esos alimentos no llegan a los más pobres, con lo que, dedicar tierras agrícolas a producir etanol, no tiene nada que ver con el hambre.
Pero vean quién viene a dar la razón ahora a Fidel Castro: la muy conservadora revista Time, que dedica uno de sus últimos temas de portada a un extenso alegato en contra del uso de los alimentos como combustibles, con argumentos que parecen inspirados en los del líder cubano.
[Publicado el 18/4/2008 a las 07:00]
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I. Alimentos para la gente, o para los autos

Una planta generadora de biocombustibles. Utiliza como materia prima la caña de azúcar.
Si algo visible divide a la izquierda latinoamericana en el poder, es el asunto de los biocombustibles. Desde que el presidente Lula Da Silva proclamó al Brasil como campeón de la producción de etanol extraído de la caña de azúcar para alimentar motores, no tardó en escucharse la voz del presidente en retiro Fidel Castro, desde sus oráculos inapelables en el periódico Gramma, denunciando como criminal la política de convertir alimentos en carburantes.
Aunque Fidel se ha referido principalmente al uso maíz, y los planes de Lula están dirigidos a la caña de azúcar, el pique ideológico no se apacigua por eso, sobre todo cuando aparece el presidente de Venezuela Hugo Chávez echando combustible al fuego, con petróleo puro. Estas diferencias han creado dos tipos contradictorios de diplomacia en América Latina: la del etanol, encabezada por Lula, y la del petróleo, encabezada por Chávez.
Y así, mientras la economía de Venezuela gira exclusivamente alrededor del petróleo, la de Brasil es mucho más compleja, y la política de diversificación de combustibles de Lula muestra resultados palpables: 45% del combustible para vehículos en Brasil es producido en base a caña de azúcar cultivada en apenas el 1% de la tierra arable del país.
[Publicado el 17/4/2008 a las 10:33]
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Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
17/5/2008 17:19
Publicado por: Manuel García
17/5/2008 12:03
Jacinta: No olvidemos que el...
Publicado por: Rafael
17/5/2008 05:34
Sergio:desde 1979 lloro por una...
Publicado por: Teofilo Barrientos
17/5/2008 04:16
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16/5/2008 18:03
Es muy cierto esa intimidad es...
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16/5/2008 08:51
Publicado por: Rafael
15/5/2008 22:02
Creo que no se trata de alabar...
Publicado por: Alejandro
15/5/2008 15:52
Por honestidad intelectual no...
Publicado por: Nàmor Adenip
15/5/2008 00:37
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15/5/2008 00:36
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