Que fue la manera como surgió la poesía, cantada, para perder luego a través de los siglos la música que la acompañaba y quedarse con la música que la ilumina por dentro y que a un juglar de los viejos tiempos como a Paco Ibáñez toca descubrir como sacarla de las entrañas del verso y volverla a dejar patente. Ponerle a la poesía la música que ya estaba en la poesía.
En la voz de Paco Ibáñez toda poesía se convierte en un clamor de rebeldía frente a injusticias y desigualdades cuanto toca los registros del siglo de oro, siempre poderoso caballero es don dinero, y ya no se diga cuando toca los registros contemporáneos en la belleza de las estrofas de García Lorca, de Rafael Alberti, de Gabriela Celaya, de Miguel Hernández, andaluces de Jaén...¿de quién son esos olivos?, de Blas de Otero cuando canta al duro y terrible rostro de mi patria, y sabe que a pesar de todo le queda la palabra.
Al final de aquella plática venturosa, me dijo Paco Ibáñez que la noche anterior en el concierto del teatro Amira de la Rosa había olvidado cantar la Canción de otoño en primavera de Rubén Darío, ¿y cómo podía no hacerlo frente a un nicaragüense? Y entonces desenfundó la guitarra y allí, frente a los huéspedes atónitos del hotel, cantó juventud divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!, e igualmente atónito recibí semejante homenaje que ahora aquí consigno.
[Publicado el 19/3/2010 a las 09:00]
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Paco Ibáñez creó un repertorio de poetas de la lengua española a quienes puso música, desde los clásicos del siglo de oro a los contemporáneos del siglo veinte, y como le dije ahora que nos encontramos, mi deuda con él empieza por el hecho de que, oyéndolo cantar, me hice devoto aficionado de Jorge Manrique, de don Luis de Góngora, y de don Francisco Quevedo, por ejemplo, mejor de lo que había podido lograrlo como estudiante de secundaria en las clases de literatura. Sobre esto, más o menos, versó uno de los apartados de nuestra conversación en los jardines del hotel del Prado, él con su guitarra siempre al lado, porque nunca se despega de ella; sobre el hecho de que la música es una puerta de entrada privilegiada a los recintos de la poesía clásica que, leída, puedes a veces parecernos tan árida.
[Publicado el 17/3/2010 a las 09:00]
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Cumplía la rígida regla de que aquel entre los famosos, político, estrella de cine o deportista, que es descubierto en sus pecados de infidelidad, tiene que pagar con el arrepentimiento público. Es el precio del escándalo, y el gran tribunal que observa al penitente en las pantallas de televisión, desde los bares y restaurantes, y desde las salas de los hogares, exige la humillación total o nada. Igual que los grandes patrocinadores, que antes de restablecer su confianza comercial en la imagen del pecador, exigen que esa imagen sea debidamente lavada de culpas.
Su madre fue la única que pareció menos exigente, y más terrenal: "No ha matado a nadie, no ha hecho nada ilegal" dijo al final del acto de fe. Y el tigre, con la cola entre las piernas, desapareció tras el cortinaje azul al fondo del escenario.
[Publicado el 12/3/2010 a las 09:00]
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III. Un tigre adicto a las mujeres
Faltaba el acto final. Woods salió bajo permiso de la clínica para presentarse ante el implacable tribunal de la moral pública y hacer su confesión, un acto litúrgico que se celebró en Pontevedra, Florida, delante de las cámaras de televisión, con la sola presencia física de cuarenta personas cercanas a él, entre ellas, en primera fila, su madre; pero al contrario de lo que se acostumbra en estos rituales de purificación, faltó su esposa.
"He tenido affaires", confesó con rostro sombrío, "fui desleal, fui falso". Y no dejó registro sin tocar en cuanto al arrepentimiento por los pecados sexuales cometidos. Sus implacables asesores de imagen y sus relacionistas públicos le exigieron ir a fondo en su strip-tease moral. Pidió perdón a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus patrocinadores, a sus fans, a los jóvenes y niños que lo habían tenido como ejemplo, y lamentó haberse alejado de su fe budista. Pero todavía no había tocado fondo, sino cuando dijo: "Pensé que me podía salir con las mías en cualquier cosa que yo quisiera. Pensé que había trabajado duro toda mi vida y que merecía gozar de todas las tentaciones que me rodeaban. Gracias al dinero y la fama, no tenía que ir muy lejos para encontrarlas."
[Publicado el 10/3/2010 a las 09:00]
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II. Un tigre en graves dificultades
La imagen deportiva que Tiger Woods vendía era la del caballero intachable, de costumbres rectas y austeras, buen esposo y buen padre de familia, el correcto vecino de al lado incapaz de la menor trasgresión a las reglas de la moral puritana que es el gran fetiche de la cultura de la clase media en los Estados Unidos. Y, de repente, esa imagen se hizo trizas.
Nada menos que el día de Acción de Gracias, el gran ritual anual de la familia norteamericana, un accidente de tráfico en las vecindades de su residencia en los suburbios de Tampa sirvió para descubrir una riña con su esposa, la modelo sueca Elin Nordegren, provocada por la revelación del primero de una serie de casos de infidelidad conyugal que pronto sumarían una docena. Las compañías que hasta entonces compraban su imagen le retiraron su patrocinio, desde la Pepsi Cola hasta Guillette, pasando por Nike, IT&T y General Motors. De acuerdo a los especialistas en la materia, los accionistas de estas empresas perdieron, gracias al escándalo, entre 5 y 12 billones de dólares.
Woods reconoció que era un adicto sexual, un desorden compulsivo de la conducta que se equipara al vicio de las drogas, el alcohol, o los juegos de azar, y cuya existencia como categoría científica confieso que ignoraba, igual que sigo ignorando todo lo relativo al golf; y aceptó someterse a terapia intensiva en una clínica de Wickenburg, Arizona, el Meadows Rehabilitation Center.
[Publicado el 05/3/2010 a las 09:00]
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Pensé que difícilmente un ídolo de multitudes podría salir de la monotonía de los campos de golf, a lo Magic Johnson en el basquetbol, pero sucedió el milagro con la aparición de Tiger Woods, campeón absoluto de cuanto torneo existiera, cuya genialidad con el palo en la mano le creó una inusitada audiencia de televisión y una cauda de patrocinadores comerciales que pagaban por su imagen, lo que llegó a reportarle más de cien millones de dólares anuales. El mundo, además, se había vuelto al revés, porque se trataba de un negro de fe budista reinando en un plácido deporte de jugadores blancos.
[Publicado el 03/3/2010 a las 10:46]
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Sin embargo, al término de su período decidió no quedarse un día más, y dio paso a la escogencia de su sucesor, renunciando a la reelección y abandonando el poder en la plenitud de su poder, y de su prestigio mundial. Se apartó con humildad, y en su cuenta no hay abusos de poder, ni actos de corrupción, ni discursos huecos, ni bufonadas, sino la visión de un hombre que quiso construir un país democrático y unido, más allá de las fronteras raciales, buscando la reconciliación con la minoría blanca para tener una sola y gran nación. Un estadista verdadero, que basó su sentido del poder en la ética, y en la lealtad a sus principios, el mismo cuando estaba en la cárcel que cuando estaba en el palacio presidencial.
La historia no recordará a Mugabe sino como un tirano corrupto, de los que hay muchos, que frustró un proyecto de nación y falseó la palabra liberación y la palabra revolución en el más abyecto de los sentidos, por mucho que llene las plazas de estatuas suyas, y las calles de carteles con su rostro. Mientras tanto Mandela es un símbolo universal de lo que podríamos llamar la santidad en la política.
La más valiosa de los figuras mundiales del siglo veinte, una figura ética por sobre todas las cosas, más allá de las estatuas que se alzan en su homenaje, muy a pesar suyo.
[Publicado el 26/2/2010 a las 09:00]
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Nunca he aprendido tanto sobre la historia contemporánea de Zimbawbe, de la lucha antirracista hasta su transformación en un país libre, y como todo comienza a descomponerse bajo la corrupción y la incompetencia bajo la mano de Mugabe, que leyendo Risa africana, el estupendo libro de memorias de Doris Lessing, premio Nóbel de Literatura, parte de la minoría blanca de ese país pero contraria a ella. No quiero establecer más paralelos, pero cuánto me recuerda Zimbawbe a Nicaragua.
[Publicado el 24/2/2010 a las 09:00]
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II. La historia, con los ojos abiertos
A diferencia de la justicia, a la que se representa con los ojos vendados, la historia mantiene siempre los suyos bien abiertos y no se equivoca en sus juicios a la hora de escoger a quienes de verdad la hacen cambiar de curso, y entonces trasponen las puertas hacia el futuro, y se quedan en la memoria colectiva. Humildad, temple, perseverancia, visión de estado, sentido de la historia, de la reconciliación, del perdón, de la compasión.
No es fácil juntar todos estos atributos en una sola persona, y por eso es que los líderes de ese temple son tan raros. ¿Cuántos Nelson Mandela han existido en nuestro tiempo?
Las vidas de Mandela y de Mugabe son vidas paralelas, hasta que en determinado momento se separan abruptamente.
[Publicado el 19/2/2010 a las 09:00]
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La estatua recuerda el momento en que salió de la prisión, con el puño en alto, el 11 de febrero de 1990, caminando hacia la libertad que era a la vez la libertad de todo un pueblo oprimido bajo uno de los sistemas más oprobiosos del siglo veinte. El apartheid establecía con todo detalle y lógica jurídica en las leyes el sometimiento de los negros, que eran la inmensa mayoría, bajo el dominio de la minoría de los blancos que habían ejercido su señorío sobre Sudáfrica a lo largo de trescientos años.
Demasiado grande Mandela para una estatua, cualquier que sea su tamaño, una grandeza que nace de su humildad que no se deja inmovilizar bajo ninguna pátina dorada.
[Publicado el 17/2/2010 a las 09:00]
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Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007) y El cielo llora por mí (2009). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
21/3/2010 18:27
Publicado por: ola
21/3/2010 06:55
Publicado por: Martin Eduardo
20/3/2010 09:54
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
18/3/2010 22:01
no nos equiviquemos la gente con...
Publicado por: Ruth Ramos Solís
18/3/2010 21:49
Publicado por: Ruth Ramos Solís
18/3/2010 21:16
Publicado por: Ruth Ramos Solís
18/3/2010 01:49
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Publicado por: rfael techera
16/3/2010 06:23
Publicado por: gpe.gomez
15/3/2010 15:16
apocalipsis 13 18 la bestia y...
Publicado por: anonimo
15/3/2010 13:06
quisiera saber lo q es sonbras...
Publicado por: junior
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