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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 14 de noviembre de 2018

 Blog de Sergio Ramírez

Seres de planetas distantes


¿Todavía se les cuentan cuentos a los niños, o sólo llegan a su memoria las historias que ven en las pantallas de los teléfonos y de las tabletas, y en la televisión? ¿Cómo se mueve hoy en día la imaginación de un niño? ¿De qué dependen sus propias invenciones?

¿La palabra escrita dejará pronto de tener algún papel en la formación de las imágenes que pasan por una cabeza infantil? Imaginar las palabras, lo que nos dicen al descifrarlas y convertirlas en imaginación propia es una operación que aprendemos desde la niñez. ¿Se está ya empezando a extinguir?

Mi amigo el escritor mexicano Gonzalo Celorio, me contaba hace poco que vio a su nieto de tres años acercarse a una pecera, y cómo con movimientos del pulgar y el índice puestos contra el vidrio trataba de agrandar la imagen del pececito que nadaba detrás, creyendo que se trataba de una imagen virtual.

¿O es que a esa edad tan temprana ya no hay distinción entre lo real y lo virtual? De alguna manera los genes han cambiado, y ya desde que se nace vienen listos los dispositivos mentales para entender el mundo de manera distinta, hasta que lo virtual termine un día tragándose a lo real.

Me llegó un video que muestra el plan de los maestros de primaria de una escuela de Ahuachapán en El Salvador, para resucitar los viejos juegos infantiles manuales, que no dependen ni de una pantalla ni de los pulgares: patinetas, chibolas de vidrio, trompos, carretillas a la hora del recreo. Es como entrar en el túnel del tiempo.

¿Puede un esfuerzo así derrotar el alud tecnológico que todo lo arrastra? En el video los niños, posesionados del patio de la escuela, interactúan riendo, se comunican con entusiasmo, disputan sobre vencedores y vencidos, compiten entre ellos de manera real, no en las pantallas.

Y esto del dilema la comunicación entre seres humanos capaces de reconocerse como personas de carne y hueso, disputar o reírse, va no sólo con los niños, sino también con los adultos. Hace poco, en un restaurante, fui testigo de una escena que me perturbó, aunque sea hoy tan común que suele pasar desapercibida:

Una pareja de jóvenes casados entró y ocupó una mesa para dos. Apenas se sentaron cada uno sacó su teléfono, e hipnotizados frente a las pantallas empezaron a chatear sin hablarse nunca ni mirarse nunca, como si fueran habitantes de otros planeta, o sólo les interesara relacionarse con gente de otro planeta.

Se me ocurrió que a lo mejor estaban comunicándose entre ellos mismos, enviándose mensajes en los que hablaban de sus problemas familiares, de sus recuerdos, de sus añoranzas, de sus aspiraciones como pareja, del futuro, de los hijos por venir. Y para eso, en lugar de las palabras frente a frente, empleaban los pulgares. Tan distraídos en su empeño que no se acordaron de pedir el menú, ni de que les trajeran alguna bebida.

Pero esta puede ser una fantasía mía muy benévola. La otra posibilidad, y quizás la más cierta, es que no se estaban comunicando entre ellos, y a lo mejor nunca lo hacen, dejaron de hacerlo hace tiempo. Son seres extraños entre sí que han creado entre ambos una barrera insalvable con el rápido movimiento de los pulgares, ciegos el uno para el otro, hipnotizados ante la luz de las pantallas de los teléfonos, ventanas brillantes que les dan acceso a mundo lejanos y ajenos -la palabra enajenado viene de ajeno-, viviendo en compartimentos cercanos pero herméticos, cajones vecinos pero sin fisuras.

Quizás este sea otro nombre para la soledad, la compañía sin palabras, la vida familiar de los pulgares, la pareja que ya no se mira a los ojos porque la pantalla es el sustituto de las miradas mutuas, de las palabras mutuas, de lo que pronto a lo mejor ya no tendrá remedio, que es el silencio.

 

[Publicado el 29/10/2018 a las 18:49]

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El ojo que ve y que siente


Un cura de sotana blanca y baja estatura camina por en medio de una calle desnuda de pavimento que muestra las huellas de la pobreza en las paredes desconchadas de las casas, y las de la guerra, que entonces asola a Nicaragua. Al mirar esa foto, se siente el olor a pólvora. El curita luce un sombrero de fieltro negro, que si no fuera por el desastre que lo rodea, y su propia figura humilde, parecería un capelo cardenalicio. Puede ser que al final de esa calle haya una barricada.

Esa foto nos devuelve el drama que vive el país en 1979, hará pronto cuarenta años, cuando la dictadura de la familia Somoza va a derrumbarse. La ha tomado Pedro Valtierra, un fotógrafo callejero, como él mismo se define. El fotógrafo es lo que ve, y él mismo se convierte en los ojos de los demás. Plasmar lo extraordinario, atrapar la casualidad, convertir el instante inusual en memoria. La epifanía visual.

Nacido en 1955 en Zacatecas, Pedro proviene del vasto mundo rural mexicano donde el paisaje no termina nunca de cambiar igual que los rostros. A los 12 años ayudaba a su padre en las labores agrícolas. Y cuando la familia se trasladó a la ciudad de México en 1969, al año siguiente de la masacre de Tlatelolco, la necesidad lo hizo subir a los andamios de albañil, aún adolescente, fue vendedor callejero de discos y ropa de segunda mano en los mercados, y voceador de periódicos.

Tenía 24 años cuando vino a Nicaragua enviado por el diario Unomásuno. Al entrar en el paisaje de guerra, su edad era la misma de muchos de los guerrilleros. Un muchacho con una cámara entre miles de muchachos con fusiles.

Esa cámara nunca es neutral al registrar la realidad que, lejos de ser para él un objeto de contemplación, lo convierte en participante. Todo ocurre no ante sus ojos, sino en sus ojos. Agarrar a la historia por la cola es la tarea más difícil para un cazador de imágenes.

Cadáveres de combatientes, fosas abiertas con los ataúdes sobre los terrones esperando ser bajados por otros combatientes mientras terminan de excavar; barricadas de adoquines arrancados de las calles, o hechas con carcasas de automóviles, puertas, muebles; consignas en las paredes, cielos de lluvia, las primeras marchas de la victoria en los pueblos conquistados. Todo sucede en las imágenes.

¿Dónde no estuvo en aquellos días? Un testigo que sabe que la historia nunca es un todo total, sino que existe gracias a su multiplicidad, a la diversidad de las escenas, al drama individual. La historia en rollo tras rollo de película, las fotos que irán surgiendo a la luz fantasmagórica en las palanganas de ácido del cuarto oscuro, se convierten en un friso que librará la hazaña del olvido.

Y luego, la victoria registrada en el carrete que corre cuadro tras cuadro hasta el 19 de julio de 1979. Yo mismo me veo en ese friso, en el paraninfo de la universidad la mañana en que la Junta de Gobierno proclama a León como capital provisional de Nicaragua. La primera ciudad liberada por las columnas guerrilleras al mando de una muchacha que tiene la misma edad de Pedro, la comandante Dora María Téllez.

Y allí están los vencedores en la guarida del tirano en Managua, ahora desierta. Se acuestan a descansar, felices, en la mullida cama del dictador, se desnudan y se meten a refrescarse en la tina de su baño de mármoles.

La plaza en fiesta, el reloj de la catedral descalabrada por el terremoto de 1972, detenido a la hora exacta del sismo, las cornisas, en la altura, colmadas de gente.

Y otra foto de Pedro que me ha acompañado desde hace 20 años, porque es la portada de mi libro Adiós Muchachos: una tanqueta que entra a la plaza colmada de combatientes, la bandera de Sandino en lo alto, los fusiles en alto.

Hoy, otros jóvenes como ellos, nietos de aquella revolución ahora marchita, se han volcado a las calles por miles a reclamar lo que les ha sido confiscado, la esperanza que sus abuelos debieron haberles heredado.

Pedro no ha estado aquí esta vez, pero las imágenes de hoy se parecen mucho a las suyas de entonces. Pero si hubiera estado, y se asomara al visor de su cámara, vería la misma luz diáfana en los ojos de esos muchachos, la misma decisión y el mismo coraje para enfrentarse al pasado buscando convertirlo en futuro.

[Publicado el 29/10/2018 a las 18:47]

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Peligros reales y virtuales de la novela

En el ensayo "El mundo impreso en peligro (la edad del homo virtualis está sobre nosotros)", publicado en el último número de la revista Harper's, el escritor británico Will Self advierte, con nostalgia anticipada, que igual que las sinfonías y la pintura de caballete, que son ya ajenas al mundo contemporáneo, la novela, pieza central de la civilización, tiende a convertirse en un "tema de conservatorio", relegada a los talleres de creación literaria.

La novela, que ha dependido de la relación íntima entre el lector y el autor, vendrá a ser sustituida por la experiencia de alguien que, con un casco en la cabeza y provisto de un taje sensorial, entra en calidad de protagonista virtual en un universo de imágenes, percepciones y sensaciones, en el que ya no tiene que descifrar palabras. El papel de lector que imagina queda abolido.

Atrapados en la formidable maquinaria de la BDDM (medios digitales bidireccionales), seremos engullidos dentro de una matriz operativa alimentada por mega computadoras, codificadores y cables de fibra óptica. La disolución de la imaginación en un miasma cibernético, las aguas del oscuro río Leteo donde en lugar de la memoria de lo leído nos aguarda la desmemoria de la olvidoteca.

Pero antes de eso, temo una amenaza más palpable y cercana contra la novela, y contra la imaginación que la alimenta, y es la obediencia temerosa a la implacable censura de quienes exigen corrección política, o corrección social, que es lo mismo. Es cuando, quienes ejercemos este oficio libérrimo, debemos recordar que la escritura es transgresora por su naturaleza y que toda compostura la vuelve neutra y por tanto la anula. Quienes dictan los cánones de la nueva decencia pública exigen el silencio o el subterfugio.

El temor de quedar mal con los censores sociales conduce por un camino de perdición, que es la autocensura. Las mentalidades cerradas que buscan conjurar los demonios de la libertad creadora han existido en cada época y lo que varían son los temas; recordemos que no pocas obras literarias capitales se han enfrentado a la intolerancia: Las flores del mal, Madame Bovary, Ulises, El amante de Lady Chatterley. Antes el blanco era prohibir o censurar la incitación al pecado de la infidelidad, el erotismo, la impudicia. En México una dama de no sé qué asociación exigió que no se proyectara la película basada en Memoria de mis putas tristes de García Márquez.

Los demonios necesitados de agua bendita hoy son el machismo, la homofobia, violentar la proclama de igualdad de géneros, como si se tratara de bandos en los que sólo se puede estar a favor o en contra. Pero la literatura es mucho más compleja y desafía las alineaciones. Convertir la escritura creativa en un campo de propaganda siempre va en su detrimento y liquidación, no sólo respecto a esos temas, sino en lo que hace a la política y las ideologías.

Una literatura social o políticamente correcta es la muerte de la invención. Contar historias felices es siempre aburrido y rompe con la regla de la contradicción, del conflicto, que está en la esencia dramática de la construcción narrativa. Es un absurdo convertir al autor en responsable moral de las acciones y palabras de sus personajes. Si todos los maridos en las novelas son ecuánimes, cambian los pañales a los niños, comparten las tareas domésticas, y eliminamos los triángulos amorosos, por ejemplo, volveríamos todo gris y quitaríamos verdor al árbol de la vida.

La ficción no es educativa, es por principio incorrecta, disruptiva. La pedagogía moral es ajena a la novela y se vuelve una aberración. Tratar de quedar bien con los censores, es quedar mal con los lectores. Si no se está dispuesto a ser transgresor, hay que abandonar el oficio y dejárselo a otros que no se cuiden del canon. La literatura está contaminada sin remedio. La vida es oscura y sucia, y lo que hace el escritor es buscar como entrar en sus honduras que nunca son asépticas.

Flaubert fue llevado a juicio acusado de que Madame Bovary era "una afrenta a la conducta decente y la moralidad religiosa". Pierre Pinard, el fiscal de la causa, se permitió elaborar una tesis sobre el papel del arte: "imponer las reglas de decencia pública en el arte no es subyugarlo sino honrarlo". Peligrosa concepción. ¿Y Lolita? Todavía se sigue acusando a Nabokov de perversión. Si ambos hubieran honrado al arte de la manera que quería Pinard, habría dos obras maestras menos en el mundo.

 

[Publicado el 16/10/2018 a las 11:37]

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De dónde salió todo esto

La Nicaragua bajo opresión hoy día, nunca la hubiéramos imaginado cuando luchábamos por la utopía de la revolución. Los jóvenes de ahora, perseguidos a muerte, son como nosotros entonces, una generación que, igual que esta, convirtió sus ideales en convicciones.
 
El poder pasó de manos de una casta familiar a las de unos guerrilleros inexpertos. Y, por primera vez, no había un caudillo. Las tres tendencias en que el Frente Sandinista se hallaba dividido poco antes del triunfo, aportaron cada una tres miembros a la Dirección Nacional, un cuerpo de nueve personas sin cabeza visible.

De ese delicado equilibrio dependía el consentimiento, y por tanto la adhesión de todas las fuerzas guerrilleras, que tenían su referente único de autoridad en un colectivo, y no en un solo hombre. La ruptura del equilibrio implicaba el riesgo de una lucha intestina, con miles de armas en manos de los combatientes que apenas tomaban respiro de la guerra de liberación recién concluida, mientras se iba articulando el nuevo poder.

Este fenómeno de mutua contención explica el surgimiento de la figura de Daniel Ortega. No era ni histriónico ni demagogo, como, por ejemplo, Tomás Borge. No tenía dones oratorios, ni era carismático. Lo que para un político resultan desventajas obvias, fueron para él ventajas.

En 1985, por lo mismo, resultó electo presidente de la república, y secretario general de la Dirección Nacional. Pero eso tampoco creó al caudillo. El colectivo, con sus pesos y contrapesos, seguía rigiendo las políticas de gobierno, las fuerzas armadas y de seguridad, y el propio partido.

En cada sesión el primer punto de la agenda era la crítica y autocrítica. Cualquiera que hubiera sobrepasado sus límites tenía que mostrar firme propósito de enmienda. Pecados de vanidad y soberbia, exceso de figuración.

Estos antecedentes no los ofrezco para arrojar luz sobre los aciertos y fracasos de la revolución, sino para explicar cómo la utopía ha llegado a convertirse hoy en distopía. Esa forma de poder equilibrado se hizo pedazos con la derrota electoral de 1990, cuando la dirección colectiva terminó desintegrándose.

Y la revolución misma, con su cauda de ideales y promesas, desaciertos y errores capitales que fueron pagados al precio de la derrota electoral, desapareció para siempre. Es de esa dispersión y de esa desarticulación que Ortega fue surgiendo como caudillo cuando sembró la primera semilla de su poder arbitrario al proclamar que iba a "gobernar desde abajo".

Es decir, con asonadas en las calles, huelgas fabricadas, barricadas, choques con la policía con saldo de muertos y heridos, decidido a frustrar el gobierno legítimo de doña Violeta de Chamorro. Así se ganó la lealtad de quienes, engañados por la promesa de retorno al poder por la fuerza, empezaron a verlo, con nostalgia agresiva, como encarnación de la revolución perdida, y se reagruparon a su alrededor. Viejos combatientes, colaboradores históricos, líderes de los sindicatos en escombros, remanentes de las organizaciones populares.

Se reinventó a sí mismo en la soledad, y se apropió de los símbolos de la vieja revolución, de sus consignas, de su retórica antimperialista y anti oligárquica, y soportó tres derrotas electorales, sin lograr superar nunca la cota de un tercio de los votos.

En el 2000 pactó con el expresidente liberal Arnoldo Alemán una reforma de la Constitución que rebajaba al 35% los votos para ser electo en primera vuelta. A cambio, le abrió al otro las puertas de la cárcel, condenado por lavado de dinero. Ortega controlaba ya los tribunales de justicia.

Y aunque la Constitución le prohibía reelegirse, hizo que sus fieles magistrados de la Corte Suprema decretaran que semejante prohibición era nula. Es decir, la Constitución fue declarada inconstitucional.


Cuando en 2006 ganó otra vez la presidencia, se prometió que nunca volvería a perder. Y con los centenares de millones proveniente del petróleo de Chávez, asumió también el control del Consejo Supremo Electoral y los demás poderes del estado. Y fue copando a la Policía Nacional, y al Ejército.

También pactó con su acérrimo enemigo el cardenal Obando y Bravo, arzobispo de Managua. Y con los empresarios: a cambio de plenas garantías para prosperar en sus negocios, les quedaba vedado el territorio político. Y creó, con ventaja, su propio poder empresarial, gracias al petróleo venezolano.

Sin embargo, ahora, tras más de 400 muertos, todo ese poder pensado para siempre se ha cuarteado. La última encuesta de Cid Gallup así lo muestra: Ortega conserva apenas un poco más del veinte por ciento del electorado, es decir, la fidelidad básica que consiguió en sus años de soledad.

Tarde o temprano tiene que aceptar que el país no puede volver a las condiciones en que se hallaba antes del 18 de abril, cuando empezó la ola de protestas masivas. Que no hay compatibilidad posible entre el caudillo que se apropió de una revolución ya muerta, y la sociedad nicaragüense de hoy, que no acepta nada que no sea la democracia.

[Publicado el 02/10/2018 a las 15:21]

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¿Cómo empezó todo esto?


La Reserva río Indio-río Maíz es parte de la red mundial de áreas protegidas de la UNESCO. Son 300.000 hectáreas de selva virgen, y se extiende al sur de Nicaragua entre el río San Juan, que delimita la frontera con Costa Rica, y el Río Punta Gorda, hacia la costa del Caribe.

Aunque área protegida, se halla en la mira de los llamados colonos, partidas de campesinos a veces, y las más negociantes de tierras, que burlan a las autoridades forestales, o gozan de su protección, para derribar los árboles y convertir el suelo en pastizales. La quema del terreno suele provocar incendios.

Los negociantes se enfrentan a los indígenas que defienden la selva como su hábitat, no pocas veces arrasando sus comunidades y asesinándolos. Y los árboles tumbados representan otro jugoso negocio en las sombras.

El martes 3 de abril de este año comenzó un nuevo incendio, otra vez provocado por los depredadores, aunque el gobierno minimizó la catástrofe. Negar la magnitud de los incendios ha sido una forma de ocultar sus causas, el descuido y la corrupción, algo que no pasa desapercibido ni para los ecologistas ni para los jóvenes en las universidades.

En las fotografías aéreas y los videos, las inmensas columnas de humo se expanden como si se tratara de una poderosa erupción volcánica, visibles por kilómetros a la redonda, prueba de la magnitud del desastre.

La primera protesta se dio el miércoles 4 de abril en León, cuando los estudiantes encabezaron una marcha que fue atacada, como de costumbre, por las turbas del gobierno. Al día siguiente unos 300 estudiantes intentaron salir de la Universidad Centroamericana en Managua hacia la Asamblea Nacional, llevando pancartas donde se leía SOS INDIO MAÍZ, ORTEGA NEGLIGENTE, DESASTRE ECOLÓGICO. Pero la Juventud Sandinista organizó una "caminata ambiental" y les salió al paso; entonces cambiaron el rumbo, pero de todos modos se hallaron con un contingente de antimotines que los obligó a replegarse de regreso a la universidad.

El régimen dejaba en claro una vez más su intolerancia cerrada ante cualquier protesta, aunque fuera en defensa de la naturaleza: "las calles son del pueblo", había sido la consigna convertida en regla por años, y esto quería decir, las calles son de las organizaciones del partido en el poder. Un monopolio impuesto a la fuerza con el respaldo policial.

El miércoles 11 de abril, una leve lluvia empezó a caer sobre la selva, y ayudó a amainar el fuego, que terminó por extinguirse. Pero el daño a la reserva era irreversible. Y las tierras quemadas, quedaban otra vez listas para ser convertidas en fincas de ganado.

En el estado de felicidad perpetua que ofrece la filosofía del socialismo esotérico del régimen, las causas nobles, como defender la integridad de una reserva ecológica, venían a resultar causas prohibidas. O respaldar a los jubilados en sus reclamos. Eso quedó patente a los pocos días, cuando se reformó la ley de la seguridad social para gravar con un impuesto del 5% las pensiones.

El miércoles 18 de abril un grupo de ancianos salió a protestar en León contra el decreto que los esquilmaba, pero cuando llegaron al lugar acordado ya estaban allí las fuerzas de choque. Uno de los viejos, que porta una pancarta, fue derribado al pavimento, y en el video que se hizo viral entonces puede advertirse como uno de los esbirros lo aprisiona del cuello mientras otro lo empuja con violencia.

Sus compañeros de la marcha lo ayudan a levantarse, lo defienden, y los reclamos contra los agresores suben de tono. Si la intención era agredirlo en el suelo y arrebatarle la pancarta, ya no pudieron hacerlo. Se levantó con ella en las manos.

La escena de un anciano jubilado que cae al suelo agredido por agentes del régimen queda registrada en un teléfono celular, y de pronto está en miles de pantallas de teléfonos celulares en todo el país.

Es misma tarde, unas 300 personas, entre ellos decenas de universitarios que acompañan a más jubilados, se congregan a protestar en las afueras del centro comercial Camino de Oriente en Managua. Todos se han citado allí a través de las redes, con lo que surgirá una palabra desde entonces clave: autoconvocados.

Las fuerzas de choque, ahora multiplicadas, vuelven a aparecer agrediendo indiscriminadamente a los manifestantes. Ese 18 de abril se volverá una fecha histórica, porque es cuando estalla la rebelión desarmada que en los días siguientes tendrá un terrible saldo de muertos, porque la policía y las fuerzas de choque pasan a disparar indiscriminadamente con armas de fuego.

Pronto aparecerán los francotiradores, y los paramilitares encapuchados con fusiles de guerra, hasta que en los siguientes cien días el número de muertos alcanzará más de 400.

El incendio criminal de una selva. Un anciano derribado que a pesar de todo no suelta el cartelón donde reclama por su pensión cercenada. Puertas de escape a una larga acumulación de agravios.

 

[Publicado el 17/9/2018 a las 17:44]

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Camino al aislamiento

La expulsión de la Misión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) por parte del régimen en Nicaragua, parece incomprensible para algunos, y un desacierto de fondo para otros. Pero en cualquier caso, no conduce sino al aislamiento internacional.
 

Antes de que la cancillería diera por terminada la presencia de la misión, ya el propio Daniel Ortega, en un discurso que presagiaba la decisión, había acusado al organismo de ser "instrumento de los poderosos que imponen su política de muerte...manejada por los que se han adueñado de continentes enteros, por los que han cometido genocidios sobre pueblos enteros...los que los transportaron desde África para que trabajaran...son infames".

La conclusión es, entonces, que las investigaciones que la misión de derechos humanos de las Naciones Unidas ha llevado adelante, no son sino un ardid malintencionado del viejo colonialismo europeo, urdido contra un indefenso país del tercer mundo. ¿Pero quién es el Alto Comisionado, bajo cuyo mandato se preparó el informe?

El diplomático jordano Zeid Ra'ad Al Hussein, quien ha sostenido una firme posición a favor de Palestina en el conflicto con Israel, y en 2015 declaró que Estados Unidos estaba obligado a llevar a juicio a los miembros de la CIA responsables de casos de tortura. Raro esclavista. Y la diatriba alcanza también a la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, lejos también de cualquier credo olonialista, quien muy pronto sustituirá a Hussein.

Los organismos mundiales que tutelan los derechos humanos nacen de un largo proceso que ha llevado a las naciones a aceptar no sólo la necesidad de su existencia, como elemento de civilización, sino a acatar sus informes. Denigrar su trabajo y enseguida decretar su expulsión, significa ponerse al margen de la comunidad internacional, o de espaldas a ella.

Una acción así puede ser eficaz para contentar a los propios partidarios, pero no para convencer a los gobiernos y a la comunidad internacional. Y tampoco ayuda para nada a reconciliar al país, porque lo que viene a confirmarse es una voluntad de impunidad. Muy sabiamente, el jefe de la misión expulsada, el jurista peruano Guillermo Fernández Maldonado, ha propuesto la integración de una Comisión Internacional de la Verdad que lleve hasta el fondo en los hechos.

La retórica denigratoria que acompaña la expulsión, no tiene ningún peso frente a los señalamientos de acciones de represión oficial y paramilitar, consideradas en el informe como violatorias del derecho internacional y de los derechos humanos, lo cual incluye el uso desproporcionado de la fuerza, casos de ejecuciones extrajudiciales, de desapariciones forzadas, la obstrucción del acceso a la atención médica, detenciones arbitrarias o ilegales, la tortura y la violencia sexual, la criminalización de las protestas ciudadanas . Lo que tiene peso es el hecho mismo de la expulsión.

Y, seguramente, lo más irritante para el régimen es que el informe contradice la narrativa oficial del golpe de estado. "Golpistas" ha sido el título que conforme a esa narrativa se ha dado constantemente a los miles de participantes en las protestas populares.

Al cerrar las fronteras al escrutinio de los hechos violatorios de los derechos humanos, el régimen desconoce el orden internacional, en el que se basa hoy en día la convivencia entre las naciones de todo tamaño y poderío. ¿Puede Nicaragua vivir bajo una política de fronteras cerradas? ¿Puede el régimen valerse solo, aislado como está de la propia sociedad nicaragüense?

A lo largo de la historia, ha habido naciones que se han encerrado en sí mismas, ignorando a las demás. Pero se ha tratado de países vastos en su geografía, autosuficientes en sus recursos, y por supuesto poderosos, como ocurrió con China bajo la dinastía Tang y bajo la dinastía Ming. Pero Nicaragua es un país pequeño, interconectado de manera natural a las naciones vecinas, y miembro fundador tanto de la Organización de Estados Americanos como de las Naciones Unidas, y no puede renunciar a sus obligaciones internacionales sin afrontar consecuencias jurídicas y económicas.

La crisis que vivimos no tiene salida en el aislamiento, sino, por el contrario, en buscar, y no alejar, el respaldo internacional, que lleve a un diálogo nacional, ahora pospuesto por voluntad cerrada del régimen, y que ese diálogo abra las posibilidades de una salida democrática que, lejos de haber terminado, parece prolongarse de manera indefinida.

El camino escogido es cada vez más equivocado, y aleja las soluciones que pasan necesariamente por el restablecimiento pleno de la democracia, y el respeto sin condiciones a los derechos humanos.

 

[Publicado el 03/9/2018 a las 17:17]

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La muchacha de Pernambuco

El reparto Lomas de Monserrat hasta hace poco hervía de paramilitares encapuchados. Muy cerca de allí se encuentra la Universidad Nacional Autónoma, tomada por estudiantes desde los inicios de la protesta cívica que sacude al país. Siempre fue inminente un ataque para desalojarlos, el cual se dio por fin la tarde del viernes 13 de julio. Los estudiantes corrieron a refugiarse en la vecina iglesia de la Divina Misericordia, y los disparos incesantes continuaron hasta la madrugada del sábado 14, ahora contra la iglesia, dejando dos muertos. Los encapuchados continuaron en Lomas de Monserrat tras la "operación limpieza", y el 23 de julio aún estaban allí.

Esa noche, Raynéia da Costa, de 31 años, originaria de Pernambuco, estudiante de sexto año de medicina, tras terminar su turno de practicante en un hospital, asistió junto con su novio, Harnet Lara, a una fiesta en ese reparto. 

Bella como una modelo de revista de modas, según se la ve en las fotografías de su muro de Facebook, había llegado a Managua 6 años atrás, recién casada con un nicaragüense de quien después se separó.

Para sostener sus estudios fabricaba "brigadeiros", trufas de chocolate y coco, y cuando sus compañeros la veían acercarse sonriente ofreciendo su bandeja de dulces, silbaban en su homenaje La garota de Ipanema.

Tras la fiesta, cerca de medianoche, los novios abandonaban el reparto, ella por delante conduciendo su auto, un pequeño Suzuki, y él detrás al volante del suyo. Al escuchar disparos, Harnet aceleró y la encontró sentada en el pavimento, bañada en sangre. Ya herida, había logrado deslizarse fuera del vehículo. 

Al descubrir a tres paramilitares encapuchados, las armas en ristre, se acercó con las manos en alto. La cargó en brazos hacia su auto, sin que los enmascarados se lo impidieran, para llevarla al hospital más cercano. Es lo que relató a los practicantes que la recibieron en la sala de emergencias, algunos de ellos compañeros de clase de Raynéia.

Todo fue inútil. Había recibido un balazo lateral de alto calibre a la altura de las costillas que le dañó el corazón, el diafragma, y parte del hígado.

Agentes de policía se presentaron al hospital en busca del novio para llevarlo "a reconstruir la escena", pero los médicos lo impidieron debido a su estado de shock. Fue dado de alta al día siguiente. 

La Policía imputó primero a un guarda de seguridad del reparto, al que no identificó. Pero luego señaló a Pierson Gutiérrez, de 42 años de edad, oficial del Ejército hasta 2009, y profesor de taekwondo, a quien le fue incautada una Carabina M-4, de uso militar.

Gutiérrez, militante del partido oficial, es empleado de Petronic, que funciona bajo el paraguas de Albanisa, la empresa a cargo del negocio del petróleo venezolano. Tiene sus oficinas en Lomas de Monserrat. 

Desde que abandonó el hospital, no se sabe de Harnet. Se lo tragó la tierra. El Suzuki de la víctima desapareció de la escena del crimen. Se esfumaron los paramilitares de Lomas de Monserrat. Las cámaras de vigilancia del vecindario fueron desmontadas.

El inculpado fue presentado subrepticiamente en los tribunales el 1 de agosto, feriado obligatorio pues se celebraba al patrono de Managua, Santo Domingo de Guzmán. La audiencia se celebró a puertas cerradas.

Las malas novelas resultan incongruentes. Y mal contadas. La Fiscalía empieza por culpar a la víctima de su propia muerte por conducir de forma "descontrolada y con actitud sospechosa"; y respecto al hechor, explica que venía de buscar, a esas horas, un local para abrir una escuela de taekwondo; de camino se acordó que conocía en Lomas de Monserrat a unos guardas al servicio de Displuton S.A, una empresa de seguridad también cubierta por el paraguas de Albanisa,, y fue a ofrecerles capacitación en defensa personal y uso de armas de fuego. 

Es entonces cuando queda sellada la suerte de Raynéia. "Debido al comportamiento y movilización errática del vehículo" los guardas sentían "que sus vidas estaban en peligro", dice la Fiscalía. Ambos portaban escopetas.

Pierson, diligente en proteger a sus amigos, sacó de su auto la carabina M4, se apostó tras un poste de alumbrado, y disparó contra el Suzuki.

La Fiscalía acusa al hechor de homicidio, que merece una pena menor a la de asesinato. Pronto estará libre, digamos, por razones de salud, como es usual cuando se trata de estos juicios arreglados.

Mientras tanto, el cadáver de Raynéia, la muchacha que se pagaba sus estudios vendiendo brigadeiros, ya fue sepultada en su tierra natal de Pernambuco.

[Publicado el 07/8/2018 a las 11:30]

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Parque Jurásico


Hace poco el senado uruguayo votó por unanimidad una resolución de condena a la represión sangrienta que sufre Nicaragua. El Frente Amplio que cobija a la izquierda de distintos matices, el Partido Nacional y el Partido Colorado, de derecha y centro derecha, y los social demócratas, liberales, socialcristianos, todos concurrieron en reclamar a Ortega "el cese inmediato de la violencia contra el pueblo nicaragüense".

Durante el debate, el expresidente José Mujica, al referirse a los cerca de 350 muertos de la masacre continuada, dijo unas palabras que suenan ejemplares: "me siento mal, porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño...y siento que algo que fue un sueño cae en autocracia...quienes ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos en que hay que decir 'me voy'". 

Son palabras ejemplares porque representan lo que siempre he creído son los fundamentos éticos de la izquierda, basados en ideales permanentes más que en ideologías que se quedan mirando hacia el pasado. Una postura similar la han asumido partidos y personalidades de izquierda en España, Chile, Argentina, México, que rechazan el fácil y trasnochado expediente de justificar la violencia del régimen de Ortega contra su propio pueblo, echando las culpas al imperialismo yanqui, según la cartilla.

Es lo que ha hecho el Foro de Sao Paulo, reunido en La Habana, al emitir una declaración en la que, con pasmoso cinismo , se rechaza "el injerencismo e intervencionismo extranjero del gobierno de Estados Unidos a través de sus agencias en Nicaragua, organizando y dirigiendo a la ultraderecha local para aplicar una vez más su conocida fórmula del mal llamado "golpe suave" para el derrocamiento de gobiernos que no responden a sus intereses, así como la actuación parcializada de los organismos internacionales subordinados a los designios del imperialismo, como es el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)".

Hay que leer en voz alta a estos señores reunidos en La Habana la declaración de Podemos emitida en Madrid: "reclamamos la investigación y el esclarecimiento de todos los hechos sucedidos durante las movilizaciones, incluyendo la rendición de cuentas ante los tribunales por parte de las autoridades policiales y políticas que se hallen responsables de las violaciones de los Derechos Humanos cometidas". 

A un discurso trasnochado lo acompaña siempre un lenguaje obsoleto. ¿Esta del Foro de Sao Paulo es la izquierda, o lo es la que representa el pensamiento humanista de José Mujica? Aquella pesada diatriba nada tiene que ver con la realidad de Nicaragua. Es la retórica hueca, lejana a todo contacto con la verdad, que se quedó perdida en las elucubraciones de una ideología fosilizada. En el parque jurásico no hay pensamiento crítico.

El oficio ético de la izquierda fue siempre estar del lado de los más pobres y humildes, con sentimiento y sensibilidad, como lo hace Mujica. En cambio, el coro burocrático termina justificando crímenes en nombre de una ideología férrea que no acepta los cambios de la historia. Defender el régimen de Ortega como de izquierda, es solo defender su alineamiento dentro de lo que queda del ALBA, que ya no es mucho, tras el fin de la edad de oro del petróleo venezolano gratis, y el golpe mortal que le ha dado, también desde una posición ética, el presidente Moreno de El Ecuador.

Para entender el lenguaje perverso de quienes redactaron la resolución del Foro de Sao Paulo, y los sentimientos de quienes la aprobaron, hay que ponerse la capucha de los paramilitares que sostienen a sangre y fuego al régimen en Nicaragua, y olvidarse de las centenares de víctimas, entre ellos niños y adolescentes. 

No puedo imaginar a un ultraderechista aliado del imperialismo yanqui más atípico que Alvarito Conrado, el niño de 15 años, estudiante de secundaria, que por un natural sentido de humanidad corría a llevar agua a unos muchachos desarmados que defendían una barricada en las cercanías de la Universidad Nacional de Ingeniería, y le dispararon un tiro en el cuello con un arma de guerra.

Fue al mediodía del 20 de abril, muy al inicio de las protestas que ya duran tres meses. Lo llevaron, herido de muerte, al hospital Cruz Azul del Seguro Social, y se negaron a atenderlo. Murió desangrado.

Alvarito es hoy un icono, con su sonrisa inocente y sus grandes lentes. Agente del imperialismo, conspirador de la ultraderecha empeñado en derrocar a un gobierno democrático de izquierda. La izquierda jurásica.

 

[Publicado el 24/7/2018 a las 15:41]

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Ayer es hoy, multiplicado


La tarde del 23 de julio de 1959 se produjo en una calle de León la masacre de estudiantes de la que fui sobreviviente y que marcó mi vida para siempre, ejecutada por soldados del ejército de la familia Somoza. 

Era una manifestación de protesta, y ya nos retirábamos hacia la universidad cuando estallaron las bombas lacrimógenas, y a los primeros disparos de los fusiles comencé a correr. Me topé con la puerta de servicio del restaurante El Rodeo. La empujé, y cedió. Se oía el tableteo de una ametralladora y seguían las descargas de los fusiles. Subí a la segunda planta. Había ahí tres niñas en una cama, aterrorizadas, en compañía de una empleada. "Estamos solas aquí", me dijo la mujer", con voz temblorosa. 

En absoluta inconsciencia me asomé por el balcón y vi a los soldados colocados en tres filas: de pie, de rodillas y acostados en el suelo, los fusiles humeantes. El de la ametralladora, echado en la acera de la esquina. En el pavimento, los cuerpos desperdigados. Alguien me gritaba: "¡una ambulancia!, ¡una ambulancia!". 

Pregunté a la mujer si había un teléfono. No tenían. Un cura bendecía a un herido. Era norteamericano, según supe luego. Creo recordar que se apellidaba Kaplan. En ese momento escuché la sirena de una ambulancia, pero los soldados no la dejaban pasar. Fernando Gordillo, mi amigo, envuelto en la bandera de Nicaragua, marchaba a media calle, ofreciéndole su pecho al pelotón. 

El recuerdo de Fernando caminando envuelto en la bandera me parece un sueño. En ese momento el pelotón comenzó a retroceder en formación, sin voltearse, hacia el cuartel a una cuadra de allí. Erick Ramírez, mi compañero de banca en el aula de primer año de derecho, estaba tendido en la calle. Tenía un orificio en la espalda. Me arrodillé a su lado para decirle que lo llevaríamos al hospital. Cuando lo volteé vi que tenía el pecho desflorado por un balazo. 

Subimos a los heridos y a los muertos en taxis y en vehículos particulares para llevarlos al hospital. Allá, la confusión era grande. Descubrí sobre una de las losas a Erick, y en otra a Mauricio Martínez, también compañero de banca. Los tres nos sentábamos juntos en la primera fila, los tres teníamos 17 años, y ahora ellos dos estaban desnudos sobre las losas, bajo el chorro de una manguera que los lavaba. ¿Cómo se entiende eso de la muerte a los diecisiete años? También lavaban los cadáveres de José Rubí y Erick Saldaña, estudiantes de medicina.

Un grupo nos fuimos a la Radio Atenas a hacer un llamado a donar sangre. Entró al estudio una patrulla encabezada por el teniente Villavicencio, compañero de aula también, con órdenes de impedir que se siguieran transmitiendo los llamados. No se podía divulgar la noticia de la masacre, ni siquiera pedir sangre.

Regresamos al hospital y en el portón encontramos una caravana de seis ambulancias del Hospital Militar que enviaba desde Managua el presidente Luis Somoza. Venían médicos de gabachas almidonadas, enfermeras de blanco impoluto. En la primera ambulancia, viajaba al lado del chofer el arzobispo González y Robleto. 

Una multitud de estudiantes, furiosos ante el cinismo de la dictadura, impedía a los médicos y enfermeras bajarse, y luego empezó el intento de empujar las ambulancias para voltearlas. No olvido la cara de terror del anciano arzobispo detrás del vidrio de la ventanilla. Tres años atrás había decretado funerales de "príncipe de la iglesia" para el viejo Somoza, fundador de la dinastía. 

El presidente de los estudiantes impuso la cordura. Al fin las ambulancias pudieron retroceder de regreso a Managua. A la medianoche, llevamos los cuatro ataúdes en procesión hacia el paraninfo de la universidad.

Cerca de la madrugada, Rolando Avendaño, estudiante de derecho, me propuso que hiciéramos un periódico dedicado a la masacre. Conseguimos unas viejas máquinas de escribir, y amanecimos trabajando en las notas. Se imprimió de manera clandestina en un taller tipográfico, y antes del mediodía circulaba con sus gruesos titulares en rojo.

Fueron cuatro muertos y más de 70 heridos aquella tarde. Hoy, tras más de dos meses de siega, la cuenta se acerca a 300 asesinados, cazados por francotiradores, ejecutados con un tiro en la nuca, tiroteados por paramilitares desde vehículos en marcha, quemados vivos dentro de sus hogares, aún niños de pecho. La inmensa mayoría son jóvenes, y hay al menos 25 menores de 17 años. Como nosotros entonces. Y los heridos llegan a 1.500.

Ayer es hoy, multiplicado.

 

[Publicado el 09/7/2018 a las 17:30]

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No volverá el pasado

Tras la caída de la dictadura de Anastasio Somoza, el último de su familia en tiranizar Nicaragua, José Coronel Urtecho escribió el poema "No volverá el pasado:

 

"Ya todo es de otro modo/Todo de otra manera/Ni siquiera lo que era es ya como era/Ya nada de lo que es será lo que era/Ya es otra cosa todo/ Es otra era/Es el comienzo de una nueva era/Es el principio de una nueva historia/La vieja historia se acabó, ya no puede volver/Esta, ya es otra historia..."

 

La historia de Nicaragua ha probado ser cíclica. No sabemos aún cuál será la salida de esta siega sangrienta, cuándo la lista de muertos de todos los días tendrá un punto final, cómo y de qué manera vendrá la democracia, cómo se hará justicia frente a los crímenes. Pero si de algo estamos seguros, es que no regresará el pasado. 

 

El pasado, tal como era, bajo la férula de un gobierno entre esotérico y populista, que pasó diez años ensayando la represión a dosis calculadas, ya no es posible. Desde que en abril murió el primer joven en las calles, el régimen inició su viaje hacia ese pasado de manera irreversible. La cifra de hoy se acerca a 250 víctimas mortales, y seguramente estará rebasada cuando estas líneas se publiquen, por lo que esa irreversibilidad será más absoluta. 

 

Mientras escribo, hoy día del padre, los policías y paramilitares que andan sueltos por las calles, encapuchados por igual, asesinaron de un balazo en la cabeza en el barrio Las América Uno en Managua, al niño de 15 meses Teyler Lorío, mientras sus padres lo llevaban hacia la casa de su abuela, donde solían dejarlo para irse a sus trabajos.


Como los dos niños quemados vivos junto con sus padres y familiares dentro de su casa en el barrio Carlos Marx hace tan poco. Es un poder en tiempo pasado que sigue matando desde el pasado. 

 

Es un poder incompatible con el presente, pero más incompatible aún con el futuro. Todos los crímenes, abusos, detenciones ilegales, torturas, fueron detallados en un informe presentado ante la OEA en Washington por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cada caso debidamente investigado y comprobado.
La respuesta del poder, a través de la voz del canciller Moncada, fue que todo es una conspiración orquestada para desprestigiar a la democracia plena de que disfrutamos. Una democracia encapuchada. 

 

En 1978, cuando el régimen de Somoza entraba también en el pasado, el canciller Quintana dijo en el mismo salón de la OEA un discurso que se parece mucho al del canciller Moncada: mentiras orquestadas para desprestigiar al gobierno constitucional y democrático del general de cinco estrellas.

 

En la misma sesión de la OEA, el secretario general Luis Almagro planteó un adelanto de las elecciones presidenciales para dentro de nueve meses, y el canciller Moncada no lo desmintió. Es lo mismo que ha puesto en su agenda la Conferencia Episcopal, que actúa como mediadora y testigo del Diálogo Nacional, y ahora los obispos le han demandado a Ortega que lo confirme por escrito. Aparentemente, los representantes diplomáticos de Estados Unidos que lo han visitado en Managua, le han planteado lo mismo. 

 

Pero la pregunta es si el muro de cadáveres que separa al poder de los ciudadanos, deja algún resquicio para esperar nueve meses, antes de lograr un cambio político a través de elecciones, sobre todo si ese muro sigue creciendo día a día de manera tan brutal.

 

El Diálogo Nacional es la única manera de evitar que se desate en Nicaragua una nueva guerra civil, la peor maldición que podría caer sobre nuestras cabezas. Hasta ahora, la lucha ha sido cívica, aunque sean los desarmados quienes están poniendo los muertos. Y es incuestionable la representatividad de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, empeñada también, igual que los obispos, en encontrar una salida sin más sangre. 

 

Pero Karina, la madre del bebé Teyler Lorío dice, desgarrada: "que se vaya ya, ya, ya. En estos nueve meses que quedan va a seguir matando, matando y matando".
Para que el diálogo pueda seguir adelante, esta violencia insensata tiene que ser parada en seco. ¿Continuarán los asesinatos diarios en presencia de los organismos internacionales de derechos humanos que están por llegar al país, la CIDH, la misión del Alto Comisionado de la ONU, la Unión Europea?


"La vieja historia se acabó, ya no puede volver. Esta, ya es otra historia...". Que lo entiendan quienes están sordos en las alturas.


[Publicado el 25/6/2018 a las 18:24]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


Bibliografía

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