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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 15 de diciembre de 2017

 Blog de Eduardo Gil Bera

Otra vez Camôes

Este soneto del gran Camôes, cuyo original portugués es el nº 201 de la edición de Hernani (Obras completas I, Redondilhas e sonetos, p. 305), de esclarecida impronta heraclítea, se ha dejado trasladar y ensonetar, aunque según el sabio de Éfeso nadie lee en dos lenguas el mismo soneto:

 
Mudan tiempos que mudan voluntades,
muda el ser que muda la confianza; 
todo el mundo está urdido de mudanza,
tomando siempre nuevas calidades.

Continuamente vemos novedades
diversas en todo de la esperanza;
el mal deja heridas en remembranza,
el bien (si bien hubo), extrañeidades.

Tiempo cubre el suelo de verde manto,
que antes cubierto fue de nieve fría,
y en mí convierte en lloro el dulce canto.

Fuera de este mudarse cada día,
hace otra mudanza de más espanto,
que ya no se muda como solía.

[Publicado el 31/3/2013 a las 09:38]

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El mundo que surgió del frío



Mary Shelley decía haber tenido la inspiración de su Frankestein en una ensoñación en el lago Lemán, un día de junio de 1816, “el año sin verano”, como se conoció en Europa y América. Byron y Polidori también paraban por allá y parece que escribieron por los codos. Hizo un tiempo tan infame, que no se podía salir de excursión, y los plumíferos ingleses tuvieron que dedicarse al aburrimiento y la creación (de hecho  hay quien sostiene que Frankestein es Byron apenas maquillado, o sea que Shelley lo retrató sin que él se diera cuenta). Igual que la peste en Bocaccio, el mal tiempo propició el cuentismo.
 
El año sin verano, pero con invierno glacial, fue un fenómeno frecuente entre 1500 y las primeras décadas del 1800: una época heladora. Hoy se sabe que el sol tuvo entre los siglos XVI y XIX una fase de baja actividad, con poco viento solar, lo que propició la formación de nubes y la bajada de dos grados en la temperatura media. Esto fue un cambio brutal para los europeos, sobre todo, después de lo soleada y cálida que fue la Edad Media, cuando Groenlandia estuvo habitada y en Noruega maduraban los viñedos.
 
Quizá haya que hacer un estudio de la influencia del frío reinante en todo ese lapso temporal que llamamos Edad Moderna. Influencia y condicionamiento medular en la creación literaria y, en general, las artes, los inventos, y la civilización occidental. Nuestro fondo cultural más macizo proviene del mal tiempo, las cosechas fallidas, las pestes, las guerras, la mala alimentación, la tuberculosis y el resto de distracciones que, contra la convención en vigor, fueron mucho más acuciantes a lo largo de la modernidad que en el medioevo.
 
Hacia 1500 vino el frío. Montaigne habla de la frecuencia con que se hielan las viñas en Burdeos. Brueghel pinta la matanza de los inocentes con fondo de helada siberiana. Mientras se festejan el Barroco y la Ilustración, desciende más que nunca la población europea por pura miseria. Y entretanto se pendolean los siglos de Oro, y se alcanza el cénit de la llamada música clásica.
 
Creaciones, modas, filosofías que vinieron del frío y la necesidad de estar a cubierto. El romanticismo, en cambio, con su descubrimiento del paisaje, vino de que por fin se pudo salir. 





[Publicado el 29/3/2013 a las 08:05]

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Nínive la insensata


Nínive fue la ciudad más extensa y populosa de la antigüedad. Según la Biblia, costaba tres días atravesarla, y a Yahveh le hizo duelo destruirla porque en ella vivían ciento veinte mil menores de edad. Por su desmesura, los antiguos griegos la llamaban “la insensata Nínive”. Algunos paleodemógrafos han supuesto que pudo ser la primera ciudad con algún que otro millón de habitantes.
 
Era la capital de Asiria, a su vez el reino más poderoso del mundo en el siglo VIII a. C. El rey de Asiria salía en primavera de su palacio de Nínive con sus cientos de millares de asirios armados en alegre expedición, hacía temblar al mundo, saqueaba cuatro imperios, volvía con un botín interminable de riquezas y esclavos, y lo añadía como un barrio a la capital. La gente venía a ver el portento, y se añadía otro barrio más, así hasta formar, en un siglo, una ciudad de tres días de recorrido, y poblada de reyes cautivos y esclavos, riquezas, monumentos, mercaderes y soldados. 
 
En su palacio de la insensata Nínive, el rey Asurbanipal reunió la primera biblioteca conocida, y se jactaba de leer las artísticas tabletas de Sumer, que le precedían en milenios. Bajo su mandato se editó la versión neoasiria del poema de Gilgamés, que se tradujo enseguida a otras lenguas, y fue el detonante literario de la Biblia y la épica griega. 
 
Cuando el rey Asurbanipal conquistó Egipto y saqueó Tebas la de las cien puertas, transportó todas aquellas chucherías y faraones en una prodigiosa caravana que medía seis días de largo, y atravesó el mundo, con sus ríos y desiertos, hasta llegar a Nínive. Y entre tantísima gente curiosa y cautiva, llegó Jonás a Nínive, que medía tres días de recorrido, y se adentró a lo largo de uno entero en la ciudad inmensa.
 
Jonás estaba despechado, porque tenía que predicar que Yahveh destruiría Nínive al cabo de cuarenta días, pero estaba seguro de que, a la hora de la verdad, Yahveh se rajaría, y no haría nada. Predicaba pues Jonás a los ninivitas, con su resquemor y su reserva, pero he ahí que tuvo un éxito absoluto. Todos los ninivitas, desde el mayor al menor, se vistieron de sayal, se sentaron en la ceniza, y clamaron por ver si aplacaban la cólera del dios de Jonás. Y así fue, Yahveh se arrepintió de la destrucción que había decidido.
 
 Se disgustó mucho Jonás, montó en cólera y apostrofó con furia a Yahveh: ‘Ah, Yahveh, ya sabía yo que te rajarías. Por esto me apresuré a huir de tu mandato. Porque eres un dios flojo, indeciso y tardo que siempre acaba por no destruir nada. Y tú viniste detrás, dando la vara, con tu tormenta y tu ballena apestosa, vete a cascarla. Me tienes harto. Mátame de una vez, oh Yahveh, que prefiero la muerte antes que esta vida donde he de aguantar tu irresolución y flojera.’ Y Yahveh le decía, ‘Pero hombre Jonás, ¿te parece bien ponerte así? Semejante profeta hecho y derecho como tú, debiera dar gracias y proferir palabras ejemplares, sin decir cosas feas.’
 
Pero Jonás salió muy furioso de la ciudad, y clamando: ‘Moriré ahí fuera, al sol, ése al menos no se raja, no me sigas Yahveh, déjame en paz.’ Y renegó  y maldijo tanto que le dolió la cabeza, y luego se dijo: ‘Voy a afuera a ver que pasa, si mi llantina y mis maldiciones han hecho algo.’ Porque Jonás pensaba que acaso Yahveh reaccionase con sus aspavientos y quejas, y acabase por destruir Nínive, espectáculo grandioso que Jonás no se quería perder. Así que se fue hacia oriente, hasta encontrar un sitio con buenas vistas y se sentó al sol. Pero Yahveh no tuvo mejor idea que hacer que una planta de ricino creciera por encima de la cabeza de Jonás y le diera sombra mientras aguardaba el desenlace. ‘Esto está bien, se dijo Jonás, puede que, después de todo, Yahveh tenga un poco de miramiento con su profeta y empiece ahora la destrucción de Nínive.’ Pero Yahveh mandó a un gusano que mordiera el ricino y lo secara. Y luego ordenó la puesta en marcha de un bochorno desértico que no había profeta que lo aguantara. Y Jonás perdió el sentido, deseó morir y apostrofó a Yahveh, diciéndole: ‘Yahveh, ahora secas mi ricino para hacer una de tus melonadas parabólicas y justificar tu flojera, rajado, que eres un rajado.’ Y otras cosas más bien feas. ‘Pero hombre, le decía Yahveh, no te pongas así, ¿tú crees que está bien maldecir a tu buen dios por un ricino?.’ Y Jonás le contestó ‘¡Sí me parece bien rabiar hasta morir!’ Y Yahveh le dijo: ‘A ti te hace duelo un ricino que no plantaste, y a mí no me tiene que hacer duelo Nínive, la gran ciudad, que tiene ciento veinte mil menores que aún no distinguen su derecha de su izquierda, por no hablar de la grandísima cantidad de ganado mayor y menor.’
 
Cuando murió Jonás, los ninivitas le erigieron un monumento funerario vistoso que se convirtió en otra singularidad con gran afluencia de visitantes. Y así durante otra generación. Hasta que la envidiosa Babilonia se alió con los medos para destruir la insensata Nínive. Y tras laborioso asedio, desviaron los sitiadores el río, y entraron por el cauce seco. La destrucción de Nínive duró un mes y no quedó piedra sobre piedra. En la extensísima ruina solo quedaron dos montículos en los lugares donde estuvieron el palacio de Asurbanipal y la tumba de Jonás.


[Publicado el 26/3/2013 a las 07:51]

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Mesopotamia, donde empezó casi todo

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Este martes 26 se inaugura ahí al lado, en el Paseo del Prado, una gran exposición sobre el venerable legado de la antigua Mesopotamia que, como sabes, significa “entrerríos” en griego. Es una singular y copiosa recopilación de piezas procedentes de los sumerios y sus herederos culturales, los acadios. En aquella dichosa región se practicó por primera vez la escritura y se originaron los géneros literarios, se inventó la rueda y se aplicó la novedosa gestión del suelo, considerado por primera vez como un bien limitado, susceptible de ser creado. De aquellos primeros literatos, técnicos y urbanistas apenas se supo nada hasta el siglo XIX y, desde entonces acá, las noticias sobre ellos han venido acumulándose y cambiando. No te pierdas el espectáculo, si puedes, y ya me cuentas.

[Publicado el 20/3/2013 a las 08:11]

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Con lo esbelta que era yo

Este himno eclesial del año mil, cuando era universal convención que todo se iba a pique, anticipa el qué fue de tanto galán, qué fue de tanta invención, qué de las nieves de antaño, y con lo esbelta que era yo:

 

Audi tellus, audi magni maris limbus,

Audi omne, quod vivit sub sole,

Huius mundi decus et gloria

Quam sint falsa et transitoria,

Ut testantur haec temporalia,

Non in uno statu manentia.

Nulli valet regalis dignitas,

Nulli valet corporis quantitas.

Nulli artium valet profunditas,

Nulli magnae valent divitiae,

Nullum salvat genus aut species,

Nulli prodest auri congeries.

Transierunt rerum materies,

Ut a sole liquescit glacies.

Ubi Plato, ubi Porphyrius;  

Ubi Tullius aut Virgilius;

Ubi Thales, ubi Empedocles

Aut egregius Aristoteles;

Alexander ubi rex maximus;

Ubi Hector Troiae fortissimus; 

Ubi David rex doctissimus;

Ubi Salomon prudentissimus;

Ubi Helena Parisque roseus —

Ceciderunt in profundum ut lapides:

Quis scit, an detur eis requies.

Sed tu, Deus, rector fidelium,

Fac te nobis semper propitium,

Quum de malis fiet iudicium.

 

 

Oiga la tierra, cintura del amplio mar,

Oigan todos cuantos viven bajo el sol,

Cuán falsos y perecederos son

Ornato y gloria de este mundo,

Cómo trascienden sus eventos

Que en ninguno hay duración.

Nada aprovecha dignidad regia,

Nada, del cuerpo magnitud

Nada, en artes profundidad,

Nada, en riquezas cantidad.

A nadie salvan género ni especie,

A nadie sirve el oro amontonado.

Pasó la sustancia de las cosas,

Como hielo derretido al sol.

¿Dónde están Platón y Porfirio?

¿Qué fue de Tulio y Virgilio?

¿Dónde para Tales, dónde Empédocles,

O el famoso Aristóteles?

¿Dónde está el gran rey Alejandro?

¿Dónde Héctor, de Troya el más fuerte?

¿Dónde David, rey sapientísimo?

¿Qué fue de Salomón el prudentísimo?

¿Qué de Helena y Paris rosado?

Como piedras cayeron al hondón,

Quién sabe si descansarán en paz.

Pero tú, Dios, rector de fieles,

Sé siempre para nosotros propicio,

Cuando en cosa de males se falle el juicio.

 

 

 

[Publicado el 15/3/2013 a las 07:57]

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Tres puentes jubilados

 

El puente románico de Reparacea (el nombre viene del vasco Erre-baratcea: el Soto del Rey, que alude a la isla de aluvión que formaba originalmente el Bidasoa, al dividirse en dos brazos entre este lugar y la iglesia de Narbarte), tiene un hermano pequeño, el puente de Errezkile (del vasco Erre-Ezkile: la Campana del Rey) que se camufla trescientos metros aguas abajo, en la margen derecha, sobre la regata de Otaltzu. 

 

Pegante a este pequeño puente, se alzaba una torre de seis varas en cuadro y veinte de altura, con una campana en lo alto. La construcción funcionaba como cuerpo de guardia y alarma de la fortaleza de Reparacea y, por su situación, daba tiempo a bloquear el puente, o tomar cualquier medida. La campana apellidaba a las armas y avisaba de incendios y otras incidencias. También ejercía de picota y cadalso: en 1311, el merino de Pamplona Johan Lopiz de Urroz, hizo ejecutar aquí  Miguel Periz de Eratsun, ladrón y malhechor pésimo.

 

Bajo la torre de Errezkile se cobrabaron arbitrios y peajes durante la Edad Media.  Luego los usos medievales decayeron y  el concejo de Narbarte edificó Aizate Berea y Garaya con las piedras de la torre, para tener cobro del arriendo del vino y otras mercancías que pasaban por el puente y el camino. Aizate Garaya todavía era propiedad del pueblo en el siglo XIX. 

 

El gran cambio vino con el puente nuevo de Narbarte, levantado en 1846 bajo la direccion de Pedro Ansoleaga, con piedras extraídas del subsuelo de Oieregi. La nueva carretera atravesaba, en terraplén, la isla de Reparacea en medio del Bidasoa. Y el puente de Narbarte se construyó sobre seco, mientras el río fluía por el brazo de Tipulatze. Una vez hecho el puente, se dejó el brazo de Tipulatze para laminar grandes riadas. El puente nuevo tenía una garita con cadena para cobrar peaje. El viejo puente románico de Reparacea pasó entonces al retiro tras mil años de servicio. Por su parte, la genial obra pontificia de Ansoleaga, se jubiló este siglo.

 

Esta mañana, había una lagartija helada en el pretil del puente de Errezkile. Tiene el Bidasoa aquí, en un corro breve, que no llegará al kilómetro, tres puentes jubilados, ¿qué es un puente más o menos en la vida de un río? Más o menos, lo que una lagartija en la vida de un puente.

 

 

[Publicado el 27/2/2013 a las 07:34]

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Bien pudiera

Me preguntas lo de Hernán Cortés. Pues lo considero creíble. Estudié hace tiempo el caso, en Gómara, donde el horizonte tiene veleidades convexas y las aguas todavía parecen dudar entre ir al Atlántico o al Mediterráneo. Del viejo castillo sólo queda una encía gastada. Hijo de este lugar era López de Gómara, cronista severo y narrador extraordinario.
 
En 1562 una cédula de Felipe II ordenó al corregidor de Soria recoger los papeles del escritor, ya difunto, en su casa de Gómara, “junto a la ciudad de Soria”. Era la culminación de un persecución oficial que empezó en 1553, cuando se prohibió imprimir, vender, poseer y leer la Historia General de las Indias, que tuvo un año escaso de legalidad en España, pero fue la obra más leída y traducida de su siglo en Europa, y una de las más frecuentadas por Montaigne y los ilustrados de la época.
 
Consta que la prohibición se notificó a una docena de libreros de Sevilla, lo que da idea de lo abundoso del gremio.
 
Ahora, ¿qué hizo López de Gómara para pasar de cronista oficial de Carlos V y autor exitoso, a escritor prohibido y borrado, que pasó sus últimos años en arresto domiciliario? ¿Fue lo de Hernán Cortés? Para mí, no. Yo creo que fue una cuestión de etiqueta. El motivo fue haber criticado en sus Anales del Emperador Carlos V la instauración en 1548, por el príncipe Felipe, en su palacio de Valladolid, de la etiqueta borgoñona, en detrimento de la castellana, “que por sola su antigüedad se debía guardar”.
 
Felipe II nunca olvidó la crítica, y emitió hasta tres cédulas —la primera, cuando todavía era príncipe— ordenando la recogida de los libros y papeles de López de Gómara, y su desaparición oficial.
  
Ahora, la Historia de Gómara es una pieza extraordinaria y venerable, que narra, entre otras cosas mucho más  valiosas desde el punto de vista humanístico y literario, las hazañas de Hernán Cortés, de "condición putañero y muy celoso". El núcleo original de la Verdadera historia, el que según Duverger procederia del propio Hernán Cortés, no rectifica la narración de Gómara, al contrario, la da por buena y solo se preocupa de hincharla con lances cuarteleros.

[Publicado el 25/2/2013 a las 18:32]

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Sombra venidera

 

Vayan estos versos de Virgilio a ti que siembras y plantas sin miramiento. Es para decirte que Walter Scott, hombre inesperado, los recordaba en su correspondencia, cuando estaba retirado en su finca de  Abbotsford:

 

Iam quae seminibus iactis se sustulit arbos

tarda venit seris factura nepotibus umbram.

 

Un árbol que medra de semilla caída

Crece despacio para ti, pero dará sombra a tus descendientes

 

Dará sombra a tu seguida, como dicen aquí.

[Publicado el 20/2/2013 a las 07:42]

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El puente de Legasa



tiene en el tajamar central, a ras del agua en gran estiaje, una piedra importante de cantero, y en la cara que mira a la margen izquierda, esta inscripción: Anno Domini 1681. Así lo comuniqué en un almuerzo de intelectuales, con el consiguiente revuelo, cómo, tan antiguo, dónde, qué va, a ver, toda la vida yo pasando y tú me vas a decir, vete a saber cuándo lo harían, y así todo.
 
Estos vascos son risibles. Te dan la vara con el neolítico, pero les choca que el puente no lo hiciera la Diputación el año pasado, o el diablo cuando Cristo perdió la boina. Lo de 1681 les parece intolerable. Pues eso no es nada. Antes habría otro, y se lo llevaría el río. Pero este, al menos desde entonces, aguanta riadas, algunas ha habido, los ríos son antiguos, más que los vascos. Hasta ahí, más o menos, puede que aguanten sin tirarte al río propiamente dicho. Pero entonces les digo pues Bidasoa no es nombre vasco, no es vasco, toma Tomás. Aquí ya callan, por falta de vocabulario, y por la rabia que les da. Pues no; es celta. Un teónimo más viejo que la pana. Como la Bidouze, esa regata que pasa por ahí, por donde los frantsas. Entonces, ¿qué hicieron los vascos, ponerle nombre celta porque sería moda o así, no? Siempre hay algún alma conciliadora. Y a mí me alegra.
 
Pues no, no había vascos entonces, estaban sin hacer, no a falta de hervor, como ahora, sino sin hacer, ni siquiera de encargo. Aquí vivían hace tres mil años unos indoeuropeos de habla lusitánica. Hacían sus dólmenes y sus carnavales. Y hablaban en lusitánico, testimonio es el mismo Narbarte. Qué es eso de lusitánico. Bueno, como si dijéramos portugués. Alto, portugueses he conocido yo. Algunos pasamos por ahí, aquí se nos murieron cuatro, etc. La cuestión se reconduce. Me han perdonado.
 
  En eso, zas, les sorprendo con la dejada. Y estando aquellos lusitánicos ahí por Narbarte, sin meterse con nadie, llegaron  mil y pico años después unos celtas que traían consigo como si fueran piojos, unos como agotes, peor que moros, unos animalicos ignorantes, mocosos, sin padre, venían como al arrimo de los celtas, como moscas al mocordo, comían sobras, robaban leña, hablaban aquitano, y eso qué es, pues es como vasco sin hervor, tipo Ulzama, que también es celta. Y esa especie de agotes más bien pestosos, aprendieron de los celtas qué es un padre, qué es una señora, y qué es todo, animalicos que eran. Y se quedaron por aquí, olisqueando los agujeros y encorriendo a las cabras. Y en eso llegaron los romanos, que ya sabéis que hablaban latín, como don Joaquín. Y entonces los agotes medio moros aquellos, con su chunchun sin geometría, ni limpiar las palabras, se pusieron a darle al latín, por imitar y por mangar, ya se sabe. Así sería aquel latín. Pues aquel latín es el vasco. O sea que viene a ser tan viejo como el catalán. Eso ya es crueldad. Un latín de cuarta, con picatostes celtas y lusitánicos, hablado por aquellos seres, que claro que no data, qué va a datar, como el catalán, o sea, ni gallego, qué vergüenza.
 
Todo eso lo dirás porque ya sabemos que eres bromoso. No queridos, ya sabéis que os quiero mucho, y vosotros algún apego me tenéis, qué le vamos a hacer, nos cogemos cariño, ahora es tarde señora. Entonces, en aquellos tiempos, se fue todo el mundo y esta comarca se quedó para los zorros y las zarzas, no había un cristiano por aquí. Todo el mundo vivía allá por Pamplona y en Tierra Estella, y los vascos merodeaban en descampado robando y así, porque los alguaciles los echaban de los pueblos cristianos.
 
Entonces bajaron los vascos a Tudela, para jodela, y allá les dijeron ‘veros a cascarla’. Y entonces los vascos, que ya estaban inventados, hablamos del año qué se yo, del mil, o pongamos mil doscientos, o ni para ti ni para mí, pero por ahí, pues se arrimaron hacia aquí. No los quería nadie, sobraban de todas partes, eran como aquellos gitanos que echó el Ayuntamiento, que por poco no los podemos echar. Total que entraron por Txaruta, para que os hagáis idea.
 
Bueno. No tienes pruebas, es tu palabra contra la nuestra, que somos más, y si no te gusta vete, en cualquier batzarre te vulcamos, y no eres de aquí, algo habrás hecho que no te quieren en ningún lado, etc., como dice Mendoza.
 
Me encantan esos balidos y pataditas de la población ovejuna, creen que me van a distraer, criaturas. Bajaron los vascos pues por Txaruta, y encima se habían vuelto medio moros, se ve que se cruzaban con cualquiera, qué hacienda y qué desgobierno, amigos.
 
Qué eso de cruzarse con moros. Los vascos no vamos con moros. ¿No? Atención, que esto va a examen: Txaruta (o sea, Zaroeta), Xareta (o sea,  otro Zaroeta, que coge Zugarramurdi, Sara y compañía), sarobe (a ver, ¿quién sabe qué es sarobe?), Saralegi, presente. Salaberri, presente… todo eso viene de zaro, ya sabéis qué es zaro, y jaral, verdad…?. Pues es “bosque” en moro. Y la primera documentación del palabrio es de mitad del siglo XIII. Los vascos neolíticos se rozaban con el romance y el moro, y cogían palabras, siempre mangando. Y no llegaron por aquí, hasta que los echaron de todas partes, y empezaron a hacer bordas y chabolas, todo sin permiso, y los de bildu mirar para otro lado. Si sería la cosa que algunos se fueron hasta casi Bilbao, a ver si les dejaban acampar, y nada, no les dejaban. Entonces hicieron, en un sitio malo, el pueblo de Bascuri. Que es como Bozate para los agotes, pero para vascos, y esa fue su máxima expansión, ni Orduña, ni Encartaciones, ni Gorbea, ni pichiglás. Y Sara, máxima capital vascuéncica y labortana, tiene nombre moro. Iros acostumbrando. Y por aquí, fueron haciendo Goizueta, Zubieta, Legasa y así… que todo esto era monte.
 
La Marichu de Perretenea solía decir que el vasco de Elgorriaga era normal,  el de Ituren, Donamaría y así, era admisible, pero de Zubieta para allá empezaban gitanos y guipuzcoanos. Y lo de Baztán era la risión. Zato fite, dicen, que parece cualquier cosa. Ya tenía su algo de información, no andaba tan mal ella. Una vez, el siglo pasado, se montó una gran pelea en la Ulzama burlándose los vascos unos de otros, de su vasco, que si se dice así o no. Y uno de Narbarte, no sé si era de Legasa, que había ido en busca de unas yeguas, se metió en medio y dijo que iba a repartir unos mangazos, que el mejor vasco era el de aquí, y le dijo uno de la Ulzama, en ese vasco raro que tienen, que si todo iba a ser repartir y no pensaba recibir también alguna. El vasco siempre ha tenido polémica.
 
Hace un tiempo, me llevaron a Leipzig, les digo para entretenerlos, porque casi me hace duelo lo contritos que se ponen, cuando les amuelo un poco con lo de no ser antiguo y ser mestizo de ayer por la tarde. Me llevaron, porque en una feria querían alguno que dijera algo en vasco y en alemán. Y allá les dije señoras y señores, yo no tengo el mal gusto de ser abertzale. El efecto fue desolador. Sin duda, creyeron que yo era un falsificación. Ellos esperaban a un Egaña, auténtico intelectual vasco, que les dijera que beharra es del neolítico, y luego rimara tabarra con caparra, y todos felices con su neolítico. Pero no, y conforme me iban entendiendo, se iban disgustando mucho, casi como vosotros. En eso, como estaba apalabrado hablarles en vasco, les solté un sermón sobre las sirenas y la Ilíada y esas cosas mías, todo en vasco. Y ellos encantados. Venían de otras salas y se llenó de gente. Todos oyendo neolítico puro. Éxito total. Entonces una señora, que luego confesó ser de Valladolid, exclamó en alemán auténtico, que si Navarra no era vasca que si tal y si cual, como para reventarme el sermón. Ahí teníais que haberme visto. Le digo, en alemán, que parece que dices más, oiga doña, entérese porque yo se lo digo, que Nabarra es más vasco que las pastillas de café con leche y significa ‘bunt’, porque allá estamos de todos los pelajes, en armonía, señora, y a mis vascos usted no me los toca. Tremendo fue, no entro en detalles, porque os viciáis, y luego queréis que os lo cuente siempre.
 
Qué intelectualidad. Una vez, en una cosa oficial, me vino el de cultura de Guipúzcoa, y con eso lo digo todo, y me preguntó, creéroslo, a ver de qué lengua había traducido yo al vasco la Odisea. Una pregunta trampa. Esperaría que dijera del altomicénico septentrional. Y le dije del gallego, por supuesto, yo soy  un hombre serio, y se fue más feliz que otro poco.
 
Qué intelectualidad. Una vez estaba yo en casa de la abuela de Aulestia, en Motrico, carnavales, febrero del ochenta y pico. Y estaba la mujer viendo la tele, y sale su nieto, que lo habían soltado, o detenido en Francia, no sé, y decía el alma cándida que no tenía carnet, que quería carnet, de indentidad se entiende, para ser intelectual orgánico y escribir en el Correo y no trabajar. Y ahí lo tenéis. La abuela ya se murió la pobre.
 
Luego está el intelectual tipo Dámaso. Una vez iban a presentar el sindicato Laia en Elizondo. Y dije yo, siempre puntualizando, Laia ez o Laia bai? Que de todo hay en la viña del señor. Y dijo Dámaso, mejor que sea bai, porque como sea ez, ya la haremos que sea bai. Vamos a la brava, que les pego un tiro que los arreglo. Pues Dámaso ahí anda, hecho un concejal, prohibiendo carreteras, urbanizaciones, fábricas de magnesitas, todo. Antes, cuando te salía un Dámaso, que no le daba para más el testuz, lo mandaban a una carlistada, o lo metían cura, ahora son concejantes, alcaldes y ministros. Yo tengo una alternativa. Al intelectual tipo Dámaso, ponerlo con paja y agua a embaldosar la Bardena. Yo si mandase, os arreglaba enseguida, y os tendría sanos y felices, y disciplinados, pero me dáis pereza, sois muy pesados.
 
Entonces, como el rodeo era largo y ya los tenía a mano, lo solté. Pues Narbarte es mucho más antiguo que Legasa. Ahí saltaron todos como un solo hombre. Ya sabíamos que acabarías ahí. Los de Narbarte y los de Legasa, somos como hermanos, nos queremos, siempre juntos, pero ya se sabe, cierto pique tiene que haber. No sé si haremos valle alguna vez, ya está hecho, dicen, pero seguimos cada uno en nuestro pueblo con nuestro pique, pero vaya todo bien, mucha armonía. Sí, es mucho más antiguo porque Narbarte es un nombre lusitánico, antiquísimo. Ya sabéis que cuando aparecieron aquellos portugueses muertos aquí, al par de Legasa, los llevaron al camposanto de Narbarte, por algo sería. Pues en Francia, había una vez un pueblo, hará unos cuatro mil años, que se llamaba Narbo, lo dijo Hecateo de Mileto, y estaba en un sitio que era clavado a Narbarte, una colina de nada en un pantano de río. De ahí que cuando don Manuel Aguirre fue cura de Narbarte, aprovechando una pausa entre dos carlistadas, les pusiera a los Dámasos a cavar y hacer alcantarillas, y gracias a aquel don Manuel, hay semejantes prados en Narbarte, un hombre inteligente y valioso, don Manuel Aguirre de Narbarte. Y así fue pasando aquel día del valle, donde nos juntamos en la mejor armonía y hacemos gran tripada los de Narbarte y los de Legasa, Oyeregui, no, que no se apunta, y eso hay que respetarlo.




[Publicado el 15/2/2013 a las 09:08]

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La colección Rau

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Una de las colecciones privadas más famosas del mundo, la poseída por el médico  de Stuttgart Gustav Rau, fallecido en 2002, va a ser subastada tras un litigio de más de una década entre Unicef de Alemania, una fundación suiza y los parientes del difunto.
 
Rau se compró en 1958 “La cocinera” de Gerard Dou, un discípulo de Rembradt. Siguieron mas de setecientas obras, casi todas pinturas, aunque hay también esculturas. Compraba sin asesor artístico, a su capricho, pero con un innegable instinto para la calidad. Desde Fra Angelico y Crivelli, pasando por Cranach, Guido Reni, El Greco y Canaletto, hasta Boucher, Fragonard, Cézanne, Monet, Sisley, Pissarro, Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas y Kees van Donge, entre otros. Renunció a Van Gogh por caro, y a Picasso, porque no lo “entendía”.
 
Cuando inició su colección, era dueño de una fábrica de limpiaparabrisas que heredó de su padre. Luego, vendió la fábrica y decidió convertirse en una suerte de Albert Schweitzer bis. Hizo construir un hospital en el Congo y trabajó durante años como médico en África. Hizo su último testamento en 1999 y los tribunales han tardado todos estos años en determinar si entonces estaba o no en sus cabales, y si falleció de muerte natural. Aparte de en África, vivió en Mónaco, Israel e Irlanda, siempre en busca de la menor carga impositiva, mientras mantenía la colección en Suiza. Rau, soltero y sin hijos, se negaba con todas sus fuerzas a que el estado alemán heredase la mitad de su colección. En 2001 regaló a Unicef seiscientas de sus obras, de las cuales 153 deben permanecer como préstamo especial en el museo Arp de Rolandseck, luego se podrán vender.
 
El litigio que ha durado hasta ahora se refiere al centenar restante. Pero, en total, son 533 obras las que en la actualidad se subastan debido a que Rau, por razones que le tocaban solo a él, no las consideró pertenecientes al núcleo esencial de su colección. Entre ellas está el “Santo Domingo rezando” del Greco, que ha pasado las últimas décadas en una cámara climatizada de un banco zuriqués.
 
Rau ni siquiera veía sus obras. En su salón de estar no tenía más que el retrato de sus padres. De vez en cuando permitía de manera anónima que alguno de sus cuadros se expusiera en museos. Los litigantes que pretendían invalidar el último testamento alegaron que Rau no podía estar en sus cabales, porque se separó de su prometida, cuando ella quiso comprarse un abrigo de piel.

[Publicado el 08/2/2013 a las 08:54]

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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