PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 21 de septiembre de 2018

 Blog de Eduardo Gil Bera

Muy persuasivo



En una sobremesa con Plutarco ha salido el viejo  chiste del archipersuasivo que fue a persuadir y quedó persuadido (Symposiaka 1.1.3) que no es política actual, pero como si fuera, es lo que tienen los chistes eternos. En la antigua épica griega, Pisístrato es hijo de Néstor. Como otros hijos de grandes héroes, lleva un nombre que resalta un rasgo de su padre, aquí es el superlativo de persuasivo, el muy persuasor o el archipersuasivo. Hubo un tirano Pisístrato en Atenas y Heródoto informa que llevaba ese nombre en honor del hijo del Néstor épico, del que se pretendía descendiente.
 
Los poetas aduladores propusieron al tirano Pisístrato otra etimología para su nombre y, en lugar del evidente superlativo que entendía cualquiera y por lo visto en Plutarco se prestaba a la burla fácil, le dijeron que su nombre se componía gloriosamente de Perseo (hijo de Zeus), y Estratio (epíteto de Zeus: conductor del ejército). Y le propusieron proclamar esa noticia sensacional dejándola escrita en la lista de los hijos de Néstor, en la Odisea. Y en efecto, bajo la tiranía de Pisístrato, se promovió la versión de la Odisea con la lista desde entonces aceptada de los hijos de Néstor: ésa y no otra era la versión que debían recitar los rapsodas en la fiesta Panatenea.
 
Nadie ha sospechado nunca de la lista de los hijos de Néstor en la Odisea, pero es una interpolación casi confesa. Su primera carácterística es la irregularidad: está redactada al revés. Según la preceptiva, los hijos tendrían que citarse de mayor a menor: Antíloco, Trasímedes, Pisístrato, Areto y Equefrón. En la Odisea, se empieza por el menor, Equefrón, luego vienen “Estratio” y “Perseo”, las dos etimologías inventadas y puestas en orden inverso, porque si apareciesen como “Perseo” y “Estratio” podría saltar a la vista que se habían fabricado a partir de Pisístrato. Para disimular la manipulación, los dos nombres interpolados se ven separados al máximo: “Estratio” es final de un hexámetro, y “Perseo”, principio del siguiente (III, 413-414).
 
Los poetas aduladores, que son tan demasiado humanos como los demás, no pudieron dejar de contarlo, aunque quizá exagerando un poco, y en la época helenística se decía que el Pisístrato de la Odisea era un personaje inventado  e introducido en el poema en honor al tirano. Para inventarse a Pisístrato e introducirlo en la acción de la Odisea, era preciso inventarse los cuatro primeros cantos, labor ímproba e improbable.
 
En cambio, en la lista de los hijos de Néstor por Hesíodo, la relación corre de mayor a menor. Esta lista hesiodea es anterior al texto de la Odisea, pero tiene lagunas, y cuando Merkalbach y West reconstruyeron en los años 60 del siglo pasado el fragmento de Hesíodo donde se enumeran los hijos de Néstor (frag. 35, 10-11, Oxirrinco 2481) simplemente tiraron del texto odiseico… falsificado. Al voltear la lista en el sentido preceptivo, tendrían que haber visto lo que el interpolador temía que se viera: que Perseo y Estratio proceden de la división amañada de Pisístrato.
 
El perjudicado ha sido el personaje épico que, con todo lo archipersuasivo que era, no sólo ha quedado como sospechoso en la Odisea, sino también expulsado de su sede más antigua en Hesíodo.


[Publicado el 23/2/2015 a las 08:59]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Una nota sobre la nostalgia



Acudieron, decíamos, Menelao y su hemano a Néstor, que significa “salvador” y su papel es el del líder que ha regresado salvo de expediciones anteriores y da consejos.
La capital antigua de los hititas se llamaba Nesa, que significa “salvadora” y su papel era el de la ciudad donde ponerse a salvo.
Son dos ejemplos del radical indoeuropeo nes- “quedar salvo”.

Del mismo radical viene 'nostos', que es "regreso a salvo", y nostalgia, que es un deseo de salvación (la traducción sería “deseo doliente de regresar a salvo”). En el sentimiento de nostalgia, el cerebro crea el espejismo salvador del canto de la propia vida y se ensueña la huida a un tiempo a salvo de todo. Es un mecanismo endorfiniano, la nostalgia responde al deseo de salvación.

[Publicado el 29/1/2015 a las 15:34]

[Enlace permanente] [9 comentarios]

Compartir:

El motivo literario de los cedros



En Mesopotamia no había árboles de talla para ser objeto de labra y emplearse en la construcción. Las grandes coníferas constituían un material de lujo que era preciso traer de lejos, de lugares que debían ser conquistados. En las estatuas de Gudea, en la llamada B, col. V, se habla de la conquista del monte de los cedros, del cubicaje de la madera lujosa traída por el río y de la labra de una gran puerta. También en la estatua D se habla de traer árboles en barcos. Ya antes de la época de Gudea, Naram, el nieto de Sargón, cuarto rey de la dinastía acádica (2.300-2.200 a. C.) se jactaba de haber derribado los cedros. 
 
Son hazañas que se repiten en el poema de Gilgamés, cuando el héroe corta el gran cedro que atraviesa los cielos, fabrica con él una puerta gigantesca y, para transportarla, se embarca sobre ella y navega aguas abajo del río Éufrates hasta la ciudad de Nippur. Así entra el héroe en su ciudad, y adquiere un nombre duradero, recordado por la posteridad y los dioses. En un poema sumerio muy anterior, Gilgamés marchaba al bosque de cedros para matar al gigante Humbaba.
 
Como influencia del poema de Gilgamés, la tala de los cedros pasó a ser una atribución regia en el imaginario del ámbito mesopotámico y mediterráneo. En tumbas egipcias de la XVIII Dinastía (siglo XV a. C.) se ve representada la hazaña de los cedros, lo que de momento los egiptólogos leen de manera literal, como si hablase de una expedición de compraventa, pero que mejor harían en leer como emulación del célebre motivo de la literatura mesopotámica.
 
Por su parte, la Biblia está plagada de cedros gilgamésicos. En el libro de Isaías (37, 24) se habla de la arrogancia del rey Senaquerib, quien se vanagloria así de su dominio sobre Israel: “yo derribo la altura de sus cedros…” En el mismo libro (14, 8),  los cedros del Líbano celebran así la caída de Nabucodonosor:  “ya no sube el talador a nosotros”. En Job (40, 17) sale el monstruo Behemot que “levanta la cola alta como un cedro”. También en Daniel (IV, 8) se vislumbra un árbol gilgamésico que llega al cielo.
 
La Cipríada, primera gran epopeya griega, escrita en la segunda mitad del siglo VIII a. C., no se desarrolla por casualidad en once libros. Recordemos los “once cantos” o las “once tabletas” , luego ampliadas a doce en la recensión ninivita hallada en la biblioteca de Assurbanipal. Hoy sabemos que la tableta XII, el final feliz y edificante, fue añadido con posterioridad a la redacción de las once que constituían el Gilgamés “original”. En el contexto de ese clima de emulación literaria, vemos que el tema de los cedros reaparece en esta obra pionera de la épica griega y la literatura occidental. En la Cipríada, Alejandro derriba los cedros siguiendo instrucciones de Afrodita y con ellos construye las naves que servirán para viajar desde Anatolia hasta Grecia continental.
 
También en la Odisea, compuesta un siglo más tarde que la Cipríada, aparecen con profusión ecos del poema de Gilgamés. El lance de los cedros es memorado en un particular homenaje en el canto V, donde Ulises derriba “el cedro que toca el cielo” para construir la balsa con la que inicia su navegación famosa.

[Publicado el 29/1/2015 a las 07:51]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Resumen de lo publicado


Lo que sigue es la sinopsis de la acción de los once cantos de la Cipríada por Proclo, según el texto del Códice Escurialense:

Zeus planea con Temis la guerra troyana. Surge la Discordia entre los dioses invitados a la boda de Peleo y suscita una discusión sobre cuál es la más bella entre Hera, Atenea y Afrodita, que son transportadas por Hermes ante Alejandro en el monte Ida, por orden de Zeus, para el fallo. Y Alejandro, seducido por el futuro matrimonio con Helena, falla en favor de Afrodita.
Luego, siguiendo instrucciones de Afrodita, Alejandro construye sus naves y Heleno le profetiza el futuro, y Afrodita ordena a Eneas que vaya con él. Y Casandra predice lo que sigue: Alejandro desembarca en Lacedomonia y lo reciben los Tindáridas, y luego, lo recibe Menelao, en Esparta, donde durante una fiesta Alejandro entrega regalos a  Helena.
Y cuando luego Menelao navega a Creta, deja ordenado a Helena que atienda a los huéspedes hasta que se vayan. Entretanto Afrodita reúne a Helena con Alejandro, y tras la coyunda cargan sus riquezas y se embarcan de noche. Hera envía contra ellos una tormenta, van a parar a Sidón, y Alejandro toma la ciudad. Desde allá navega a Troya para celebrar su boda con Helena.
Entretanto, Castor y Polideuces que robaban las vacas de Idas y Linceo son sorprendidos en el acto, e Idas mata a Castor, y Polideuces a Linceo e Idas. Zeus les da la inmortalidad en días alternos. 
Luego Iris informa a Menelao de lo sucedido en su casa. Menelao vuelve, planea con su hermano una expedición contra Troya, y acuden a Néstor. Néstor hace una digresión sobre cómo Epopeo fue muerto tras seducir a la hija de Lico, y luego la historia de Edipo, y la locura de Hércules, y la historia de Teseo y Ariadna. Luego viajan por la Hélade reuniendo a los líderes, y descubren a Ulises, disfrazado de chica, no queriendo unirse a la expedición, apoderándose de su hijo Telémaco por consejo de Palamedes.
Luego todos los líderes se reúnen en Áulide y sacrifican. Tiene lugar ante ellos  el incidente de las serpientes y el de los pájaros, y Calcas predice lo que les sucederá. Luego navegan, llegan a Teutrania y la saquean al tomarla por Troya. Viene Telefo al rescate y mata a Tersandro y al hijo de Polinices, y él mismo es herido por Aquiles.
Cuando se embarcan de Misia, una tormenta los dispersa, Aquiles llega a Esquiro y se casa con Deidamea la hija de Licomedes, y luego Aquiles cura a Telefo, que ha sido instruido por un oráculo para ir a Argos y ser su guía en la expedición a Troya.
Cuando la expedición se reúne por segunda vez en Áulide, Agamenón caza un ciervo y se jacta de superar a Artemisa. La diosa encolerizada envía vientos tormentosos y les impide navegar. Calcas les hace saber la cólera de la diosa y manda sacrificar Ifigenia a Artemisa. Envían a por ella como si fuera para casarla con Aquiles, pero Artemisa se apodera de ella, la transporta a los montes Taurus y la hace inmortal, poniendo un ciervo en su lugar en el sacrificio.
Luego navegan a Ténedos y mientras desembarcan, Filoctetes es mordido por una serpiente y lo dejan en Lemnos a causa del hedor de su herida. Aquí también riñe Aquiles con Agamenón porque lo han invitado tarde. Luego intentan desembarcar en Troya, pero los troyanos lo impiden y Héctor mata a Protesilao. Entonces Aquiles mata a Cicno el hijo de Poseidón y rechaza a los troyanos. Los griegos recogen sus muertos y envían legados a los troyanos pidiendo la entrega de Helena y los tesoros. Como se niegan, los griegos asaltan la ciudad y luego devastan las ciudades y el territorio en derredor. Después, Aquiles desea ver a Helena, y Afrodita y Tetis hacen que se reúnan. 
Los aqueos desean regresar a casa, pero los retiene Aquiles, que se apodera de las vacas de Eneas, y saquea Lirneso, y Pedaso, y muchas otras ciudades alrededor, y mata a Troilo. Patroclo lleva a Licaón a Lemnos y lo vende como esclavo. Aparte del botín, Aquiles recibe a Briseida como premio, y Agamenón, a Criseida. Luego viene la muerte de Palamedes, el plan de Zeus para salvar a los troyanos separando a Aquiles de la confederación griega, y el catálogo de los aliados troyanos.


Como se ve, la acción de la Ilíada arranca donde termina la de la Cipríada. Aquiles y Agamenón han recibido como botín a Briseida y Criseida, que es el lance que provocará la cólera de Aquiles. La Ilíada describe los cincuenta días siguientes del sitio de Troya y remite continuamente a personajes y episodios de la Cipríada. La influencia de esta epopeya fue enorme, los ejemplos más evidentes, aparte de la Ilíada y toda la épica posterior, son la fundación de la ciudad de Ilíon en el lugar de la Tróade que se suponía centro de la acción narrada, y el vaso de Néstor con una inscripción que también alude a la Cipríada. Tanto la fundación de la ciudad como la inscripción del vaso datan de poco antes del 700 a. C.
 
Un lance llamativo de la Cipríada es la toma de Sidón por Alejandro en su viaje de vuelta desde Esparta a Troya. Cualquiera puede ver, y creo que el primero fue Heródoto, que Sidón no les pillaba de camino ni por el forro. El saqueo de la riquísima ciudad de Sidón por su vecina Tiro sucedió alrededor del 1000 a. C. y conmocionó el mundo, al menos el mundo cercano al lugar, como era Chipre, tan vinculado a la Cipríada ya desde el mismo título. En la acción narrada, no parece que Alejandro encabece una gran expedición guerrera cuando va de visita a Esparta, ¿cómo es que al regresar tiene poder para tomar y saquear una ciudad como Sidón? El poeta de la Cipríada atribuyó el saqueo de Sidón a Alejandro porque, ya avisé que esto iría a examen, llevaba consigo a Helena, que ya demostramos que originalmente era la diosa de la guerra. El ajuar y riquezas obtenidas del saqueo de Sidón se mencionan en la Ilíada.

Así que la epopeya griega más antigua conocida es la Cipríada, que originó la épica griega antigua. Aparte de la sinopsis, hoy no conocemos de ella más que citas parafraseadas por autores posteriores, y algún fragmento suelto como el famoso 16 del papiro del Louvre: nunca imaginé tan terrible cólera del valeroso corazón de Aquiles, tanto como lo amé.



[Publicado el 14/1/2015 a las 08:33]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

¿Qué era la Cipríada?


Una epopeya de la que solo queda algún hexámetro suelto, pero también una  sinopsis de su acción. No sabemos casi nada de la época en que se compuso, pero sí que adquirió tal prestigio que una primera generación de admiradores del mito Troya fundó alrededor del año 700 a. C. la ciudad de Iion en el lugar donde se suponía que estuvo la ciudad anatolia que sitiaron los aqueos según se narra en la Cipríada.
 
La Ilíada es una epopeya posterior porque se ciñe a la narración de los cincuenta días que vienen inmediatemente después de la acción de la Cipríada, que da por sabida.
 
El país de fondo en las dos epopeyas es Frigia, que ocupaba la península anatolia y era uno de los grandes imperios del área próximo oriental. El imperio frigio estaba en su apogeo cuando se compuso la Cipríada, y había colapsado y desaparecido para cuando se escribió la Ilíada. La gran mayoría de los nombres y topónimos del bando troyano son frigios.
 
Del prestigio e importancia de Frigia da testimonio aquel mítico campeonato de lenguas antiguas que hizo el faraón Psamético, y donde ganó la lengua frigia, porque su vocablo para decir pan era el primero que pronunció un niño que no había sido aleccionado en ninguna lengua. El mito alude sin duda a un pasado frigio de esplendor y civilización.
 
El prejuicio de que la Ilíada sea el primer poema escrito por un poeta griego es perfectamente infantil, aún más que la creencia en una primera lengua. Nadie escribe el primero un poema, así como nadie es el primer hablante, salvo en los cuentos.

[Publicado el 13/1/2015 a las 09:50]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

¿Cómo es posible no escribir siquiera una vez de las grullas?


Al país de Homero, donde las grullas, alegria del éter, están rodeadas de montes de lejano crepúsculo, allá quería ir Hölderlin porque había oído que los poetas son libres.
 
Estos días y noches de alegría del éter se oye a las grullas que pasan y hacen variaciones corales con las onomatopeyas que las saludan en todas las lenguas. Luego sale el sol que reverbera en sus barrigas blancas y en el retiemblo de sus alas, y las grullas renuevan sus asambleas revolucionarias y sus gritos de alegría por encima de los tiros.
 
En vasco de esta comarca, la grulla se llama lertxun, que es también el nombre del álamo temblón. Dice el botánico Lacoizqueta que la grulla, “ave que se eleva y vuela muy alto” da nombre al árbol “aludiendo a la altura y esbeltez de esta especie que se eleva en los bosques sobre los árboles inmediatos”.
 
Pero lertxun está emparentado con ler, que es pino; por lo tanto sería un dendrónimo acendrado. Eso sugiere que en vasco se ha nombrado al ave con la característica del árbol: ese particular tembleque que propician los peciolos flexibles de las hojas del álamo que se agitan y reverberan a la luz como una bandada de grullas, esas aves vistosas y viajeras que siempre llamaron la atención de poetas y videntes. 
 
Los vascos antiguos leían el futuro en el vuelo de los pájaros y los actuales, al menos los de Baztán, aún ofician danzas ceremoniosas que remedan los movimientos de ciertos pájaros para oficiar el buen augurio, si bien luego madrugan para matarlos a tiros. Y por encima pasan las grullas como ramas de álamo que lleva el río del éter.

[Publicado el 21/11/2014 a las 08:11]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

¿Cuándo empezó la ilustración?



Hoy pincelaba rojos rubenianos la mañana, cuando he caído como el gavilán sobre el pasaje de la vida de César (IX, 3), donde Plutarco habla de la diosa que los griegos dicen ser “la innombrable (ten arreton) entre las madres de Dioniso, por eso hay a su lado una serpiente sagrada”. ¡Una diosa innombrable y una serpiente sagrada!
 
Hace tiempo, sin tener noticia de ese pasaje de Plutarco, deduje por medios filológicos y arqueológicos que hubo entre los griegos una diosa  de nombre indecible que estaba vinculada a la serpiente, y que su nombre tabú, Opíleks, fue escrito y publicado en la base de una estatuilla en Creta, hacia el 624 a. C.
 
Como ahora sé que tengo un poco más de razón, me permito asegurar que, si convenimos con Kant que ilustración es “atrévete a saber”, hace veintisiete siglos tuvo lugar la transgresión fundacional de la ilustración, y ese acto de audacia suprema fue la escritura y publicación del nombre prohibido de la diosa.

[Publicado el 13/11/2014 a las 07:23]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

El pensamiento lineal

 
Uno de los timos más longevos de la historia de las ocurrencias venerandas es a leyenda piadosa de los filósofos presocráticos. Ninguno de esos hombres fabulosos fue filósofo, en el sentido que el término adquirió después de Aristóteles, no tuvieron relación entre sí, no cultivaron el mismo género, ni fueron contemporáneos. No son más que los autores generalmente supuestos de fragmentos textuales de todo pelaje, muchos de ellos poéticos, que no tienen en común más que la descontextualización. Se les llamó presocráticos a finales del siglo XVIII. Antes, se hablaba de sectas. Tiedemann, devoto creyente en el progreso y el pensamiento lineal, marcó la tendencia en 1791 con su “Espíritu de la filosofía especulativa de Tales a Sócrates”. Vinieron luego Hegel, Schelling, Schleiermacher y otros arqueólogos espirituales que fabularon la vida y milagros de la correcta filosofía como la de un ser vivo de generación espontánea, sin parentesco alguno con las puerilidades orientales, pero componente esencial del pensamiento ario.
 
En el mito del pensamiento lineal, los presocráticos  constituyen la época infantil de nuestra sapiencia, porque balbucean nuestra verdad, aunque en aquel momento los pobres no lo supieran. Y es que la verdad acaba irremisiblemente por ser descubierta y correctamente enunciada en los manuales, es cuestión de tiempo.
 
“El más sabio es el tiempo porque lo descubre todo”, es una máxima atribuida a Tales, al que también se achaca capitanear la procesión fantasmal de los presocráticos. Pero eso del tiempo sabio no es más que un tópico, igual o mayor fundamento tendría decir que el tiempo es el mayor enemigo del saber, porque lo oculta todo, cosa mucho más cierta a la larga, un buen ejemplo es el propio Tales.
 
Los retóricos antiguos hacían catálogos de tópicos con instrucciones para su tratamiento. No como Flaubert, que era un moderno ingenuo, y hacía recopilaciones de lugares comunes para denunciarlos y echarlos de la literatura, ¡pero hombre, si la literatura y la vida es puro lugar común! Ignorar esa práctica de los retóricos antiguos ha producido equivocaciones en los  piadosos hegelianos creyentes en el pensamiento lineal con su avance imparable y sus hitos kilométricos. Por ejemplo cuando Longino se pregunta  por la decadencia moderna y la cruel falta de genios que muestra el paisaje, los especialistas en datación dicen, toma Tomás, aquí tenemos un indicio gordo, esa pregunta es típica de la edad de plata. No queridos, eso es un lugar común, ahora mismo nos preguntamos lo mismo aunque no lo hayáis notado. Longino da su importancia a los lugares comunes y su tratamiento, y ahí no hace más que tomar uno y enseñar cómo se lidia.
 
Esto del tiempo y si será sabio o más bien lo otro, recuerda al chiste de aquella escultora que grabó en un mármol “Veritas temporas filia” con la pretension piadosa de proclamar ‘la verdad es hija del tiempo’ y pensando que tiempo en latín sería femenino, como en alemán, y cuando le avisaron que el genitivo de ‘tempus’ tenía que ser ‘temporis’, replicó que ella no se dejaba condicionar por la gramática machista. 

[Publicado el 19/9/2014 a las 08:50]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Vallcorba



Quería hacer un cuadernito con De lo sublime de Longino, ¿te apetecería? ¿podrías hacerlo pronto? me escribió. Sólo él podía hacer un encargo así y sólo yo, perdonadme, que dijo el poeta, podía aceptarlo. Como vi que tenía prisa, le dije que lo tendría listo en mes y medio. Enseguida empecé, y vi que me había metido en un lío. No he traducido nunca nada tan difícil. Miraba y remiraba el original, soñaba con él, me parecía un bloque impenetrable, se resistía el jodido, me llevaba frases al monte a ver si se descuidaban y me enseñaban el viso, o las pillaba en un descuido y cedían por alguna esquina. No hará falta decir que leí todas las versiones que se han hecho, quitando alguna en cirílico, y ninguna me parecía  ni medio bien. En eso, me manda el contrato. Hombre, te dará igual una semana arriba o abajo, es que es muy difícil. No le daba igual. Tenía prisa, quería ver el libro. Seguí y, como suele pasar, el autor y los dos nos hicimos amigos, se volvió transparente y al cabo me hizo duelo que se acabase tan pronto. Vallcorba me mandó un acuse de recibo muy afectuoso. Después he visto que era una despedida. La última vez que lo vi fue en un funeral, y recuerdo su ojillos claros tras las gafas redondas y los incisivos maliciosos, la verdad es que tenía mucho de niño travieso. Adiós, amigo.

[Publicado el 25/8/2014 a las 16:29]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El 31 de Safo



parece una fecha, pero es un poema, el más famoso de los suyos. También es conocido como Phainetai moi, sus dos primeras palabras. Todos los traductores y estudiosos consideran que el texto transmitido es un fragmento de una composición más extensa, y alegan razones métricas y de sentido. Mi sugerencia, en cambio, es que el poema se ha transmitido completo, y como tal debe ser leído.
 
La primera razón que a mi juicio deja poco margen para conjeturar que estemos ante un fragmento, es que debemos su transmisión a una cita de Longino, quien reproduce el poema de Safo como magistral ejemplo de acumulación de signos de la más intensa pasión. Los partidarios del fragmento tendrían que explicar por qué Longino nos copia cuatro estrofas sáficas, cada una formada por tres versos de once sílabas, más uno de cuatro, y a continuación un verso suelto de doce sílabas, o de nueve, si se quitan las dos últimas palabras que, según los fragmentaristas, son a su vez un fragmento. Si, como dicen, el poema sigue, pero Longino sólo reproduce lo que le cuadra para su propósito, ¿por qué culmina la cita con ese verso suelto con partículas adheridas que no tienen sentido?
 
Mi explicación es que Longino reproduce el poema de Safo completo, y que los fragmentaristas no leen bien el último verso.
 
¿Qué dice ese último verso suelto? Presenta un verbo en dual, isomorfo para la segunda y tercera persona, que significa atreverse, arriesgarse, osar, y rige dos acusativos. Eso significa que “te atreves” o bien “uno se atreve” a dos cosas: a todo, y a ser un indigente. El sentido es “pero a todo te atreves, desde el momento en que también te atreves a ser alguien que no tiene nada”. 
 
Safo era una mujer acomodada, la indigencia de que habla es metafórica, se refiere al amor. En sus poemas, más de una vez se describe a si misma como la que no tiene amor correspondido y duerme sola.
 
En el poema, la cantora se identifica con la mujer que ama hasta emocionarse con ella ante la proximidad de su amado, y de inmediato tiene celos de ese amado que es objeto de la voz y la risa de su amada, cuya actitud le produce unos celos que se muere. ¿A qué se refiere cuando dice atreverse a todo? A escribirlo. Ha puesto en el poema todos sus celos al por menor, en la acción desesperada de la que no tiene ascendente alguno sobre ese amor que sucede ante sus ojos.
 
Ahora queda darle al verso final un aire paremiológico, primero porque la poeta se lo ha dado, y después porque todo indica que en el último verso se oculta un proverbio parafraseado: el que vive penosamente de su trabajo y no sale de su necesidad tiene que atreverse a todo. O sea, te atreves a todo en cuanto te atreves a no tener nada.


Me parece semejante a los dioses ese
hombre que está ante ti
sentado y escucha la preciosa voz
de cerca

y la risa adorable que hace temblar
mi corazón en el pecho,
en cuanto te veo, se me va
el habla,

se me rompe la lengua,
me hormiguea un fuego impalpable,
mis ojos no ven, no oigo
claro,

transpiro de frío, un temblor
se adueña de mí, descolorida
como pasto seco, me
muero,

pero a todo hay que atreverse cuando nada se tiene










[Publicado el 15/7/2014 a las 17:15]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2018 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres