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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 2 de abril de 2020

 Blog de Eduardo Gil Bera

¿Quién determina el canon artístico?

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Hace poco más de cien años se fundó en Düsseldorf una agrupación de pintores, coleccionistas y responsables de museos conocida como Sonderbund (liga extraordinaria). Sus objetivos confesos eran una nebulosa de tópicos sobre el fomento de las actividades artísticas y la interactuación de artistas y público. Su misión específica, en cambio, era hacer pública una situación factual que, pese a su sencillez, hasta entonces solo era intuida por los propios fundadores: el mercado establecía, sin posibilidad de réplica ni de recurso a mayor instancia, la valía de las obras de arte.
 
La Sonderbund organizó cuatro exposiciones y murió de éxito. En efecto, la cuarta de ellas, llevada a cabo en 1912, en la llamada Puerta de Aquisgrán de la ciudad de Colonia, fue un evento histórico que permitió la disolución de la liga. En apariencia, se trataba de acercar a la Alemania conservadora y desinformada la moderna arte pictórica, eso que ahora llaman últimas tendencias. De hecho, era una exhibición de poderío y mercadotecnia: vean cuáles son los mejores, más caros, venerados y codiciados cuadros de la actualidad, y sépase que si alguno de estos aún no tenía ese estatus, lo tiene desde este instante. El objetivo ornamental de escandalizar a los buenos burgueses: “¡Esto no es arte!” —dijo Roosevelt cuando la exposición fue a Nueva York— se consiguió con la buena voluntad de todos. El objetivo real de hacer de público conocimiento la no tan nueva pero aún no proclamada situación de facto se impuso con todavía mayor contundencia.
 
Se expusieron 650 cuadros, 130 de Van Gogh, 26 de Cézanne, 25 de Gauguin, 32 de Munch (entre ellos el de arriba: “Amor y Psique” de 1907) y 16 de Picasso. En términos de manual, el espectro iba desde el postimpresionismo hasta los jóvenes pintores del Jinete Azul, que se había fundado en 1911, menos de un año antes.
 
Van Gogh, Cézanne y Gauguin figuraban como héroes y padres ya legendarios (su nombradía apenas databa de una década atrás) de la pintura moderna. El expresionismo ocupaba el meollo mismo de la sección contemporánea. Estaban, entre otros, Kandinsky, Kokoschka y Matisse. Por primera vez, se descartaba la abstracción porque ya no era “progresista”. Paredes blancas, fondos negros y colgantes al mismo nivel, con mobiliario de sillas de mimbre, configuraban una novedad en la forma de exponer que dieron a la Exposición Sonderbund , organizada en seis meses escasos del año del Titanic, la categoría de piedra miliar en el desarrollo del moderno mercado del arte.
 
El museo Wallraf celebra ahora el centenario con una exposición que titula “1912 – Mission Moderne”. Con ímprobos esfuerzos que han durado años se ha conseguido reunir la sexta parte de la muestra original. Un motivo poderoso es el estatus alcanzado por las obras que ha sido preciso rastrear por coleccionistas privados y museos de todo el mundo. Muchas de ellas tienen una agenda apretada que les impide estar en Colonia. Gauguin, por ejemplo, estará en el Thyssen. Otro motivo de no menos fuerza es que bastantes de las pinturas han desaparecido o se destruyeron en las guerras y otras bellas artes que prodigó el difunto siglo.

[Publicado el 05/10/2012 a las 05:31]

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Los rangos de los hombres


Murió pues el señor de Ciamonte, que administraba el ducado de Milán, y Guicciardini escribió de él: “Su valía era muy inferior a su cargo. Procedente del más bajo rango de los hombres, no conocía por sí mismo el arte de la guerra y tampoco confiaba en quienes la conocían”.
 
Parece una aplicación del pasaje hesiodeo de Trabajos 293 y ss.: “El mejor hombre es quien considera por sí mismo todas las cosas y entiende cuáles al cabo le convienen. Bueno es quien escucha al buen consejero. El incapaz de pensar por sí y de escuchar a otros grabándolo en su entendimiento es un inútil”.
 
Es admirable cómo escriben estos antiguos. Guicciardini asigna al alto noble la más baja cuna de un sistema de castas insuperable, y ejemplifica las categorías del sabio Hesíodo con más síntesis que el original. Hesíodo, por su parte, fue el primer escritor burgués de todos los tiempos: trata de la economía y la realidad.

[Publicado el 02/10/2012 a las 06:29]

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La curiosidad es media vida


Lo decía mi abuela y yo creía que era una frase hecha, hasta que comprobé que en la preceptiva dominaban las acepciones negativas del estilo “la curiosidad es un vicio” o “la curiosidad mató al gato”. Ya ve, María Fermina Arrechea Larregui, tenga usted un nieto que se pretende escritor, para que a la criatura le lleve media vida distinguir un aforismo de una sinsorgada. Me he acordado a santo del “Curiosity”, el artefacto con ese nombre tan propio que indaga la gravilla marciana.
 
Curiosus en latín era el que tenía cuidado o ponía atención. En mala parte, la autoridad más antigua serían Terencio y, más de un siglo después, Cicerón, que lo usan como “fisgón”, y luego Suetonio, en su biografía de Augusto, donde ya aparece como “seguroso” o “agente de la policía secreta”. Pero el más explícito y antiguo al respecto podría ser Plauto que aforizó nam curiosus nemo est quin sit malevolus "no hay curioso que no sea malintencionado". Y aquí son obligados aquellos besos catulinos tan nutridos quae nec pernumerare curiosi possint "que ni los pedantes podrían enumerar".
 
Una derivación de los curiosi en mala parte sería los rerum novarum cupidi “deseosos de novedades”, dicho de los jóvenes incautos y de los conspiradores, revolvedores, sediciosos e intrigantes. Recurrente locución del léxico historiográfico, usada por Cicerón, Tito Livio, Tácito y hasta el papa León XIII. Hoy lo dirían de los narcisos rebañiegos que no tienen abuela y toman la calle con todo el derecho, incluido el de los demás.
 
La curiosidad como motivación de lectura ha sido celebrada con frecuencia. Menos, en cambio, se ha mencionado su cualidad inspiradora a la hora de escribir. A mí me motiva la curiosidad, uno nunca sabe qué va a poner y escribe para verlo.

[Publicado el 01/10/2012 a las 06:20]

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Estadísticas

Las estadísticas son abstracciones curiosas. El comisario para Libertad Religiosa de la Organización para Seguridad y Cooperación en Europa, Massimo Introvigne, ha declarado que, cada cinco minutos, matan a un cristiano en el mundo a causa de su religión, y la mayor parte, quitando un puñado en Corea del Norte y en China, en países musulmanes. Quizá sea una constante determinada por la superioridad, como aquella de los cien justos que preservan a la humanidad de la cólera divina. Entretanto, podemos distraernos pensando que ya hubo otras velocidades de crucero matador más elevadas. Pero está sucediendo en el mundo ahora, por más problemático y equívoco que sea el significado de conceptos como mundo y ahora.
 
Tito Livio, que según recuerdo era el más difícil de traducir, escribía, tuvo que escribir según las cuentas, tres libros al año. Como se han perdido las tres cuartas partes de los libros que formaban Ab Urbe Condita, no llega a un libro lo conservado de cada año  de trabajo titoliviano. Conozco escritores que hacen, y publican, otro tanto, y aún  más, los pobres. Yo creo que más de tres libros por década es demasiado. Y décadas como es debido, no tendrá uno más que un par en su vida, incluso creo que  eso es mucho decir, y dichoso aquel escritor que llegue a tener una, aunque sea una década de tres o cuatro años.

[Publicado el 22/9/2012 a las 06:32]

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Estados confesionales

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Esta señora hace cien mil años que vive en el desierto de Namibia. Se separó del tronco común del resto de la candidatura a la humanidad, justo en la fase decisiva de la evolución anatómica del humano moderno. Fue la primera en conseguir una bóveda craneal, unas clavículas y un torso humanos, conforme a la preceptiva en uso. Lo han dicho unos sabios de la universidad de Upsala. Nosotros, vascos, catalanes y musulmanes, parece mentira, pero aún éramos homínidos indefinidos y estábamos en el limbo, a milenios de nuestras esencias amantísimas.


Esta señora no tiene Estado propio, sangrante privación que debiera quitarnos el sueño, si nuestra solidaridad de pueblos que aspiran al pueblerinato estuviera a la altura.


Es preciso dotar de un bello Estado confesional a cada señora y cada pueblo tratados sin el debido respeto a sus quintaesencias. Estados confesionales vascos, catalanes y musulmanes, porque ¿de qué sirven las leyes, las carreteras, la educación, la sanidad y el resto de palabrería, si los Estados no son confesionales y no muestran el sagrado celo necesario para hacer respetar las consonantes geminadas o la sharia?

 

Los Estados confesionales, contra lo sostenido por nuestros enemigos fachas, no es que defiendan nuestra genética, lengua y religión venerandas, sino que defienden nuestro deseo de que así haya sido desde hace tropecientos años, porque nuestro amado clero así lo ha fantaseado, y sobre todo nuestro deseo de pureza, nuestro anhelo de que así sea en lo sucesivo, porque somos muchos, somos los más, quienes nos sentimos maltratados sin respeto a lo nuestro. Y nada, los demás a convertirse. Y al que no le guste que se vaya, nótese que ni siquiera lo echaremos.

[Publicado el 22/9/2012 a las 05:48]

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La religión vasca


En el artículo “Libertad de pensamiento” de su Diccionario filosófico, Voltaire hace dialogar en un balneario a un lord Boldmind, inglés y compendio de virtudes, con un conde Medroso, cobardica inquisidor. Habla el inglés de Marco Aurelio, Lucrecio, Plinio, Séneca y otros “doctores” que escribían lo que pensaban, y replica Medroso: “No los conozco. Pero me han asegurado que la religión católica, vasca y romana está perdida si nos ponemos a pensar.” Lo de vasca se buscará inútilmente en las traducciones españolas. No aparece en la de Martínez Drake, ni en la de Bergua, ni en las anónimas que andan por ahí enredadas; tampoco se verá en la portuguesa de Pacheco. 
 
Por algún motivo, los traductores se han tomado la libertad de pensar que hablar de “religión vasca” en semejante tono burlesco hacía feo y han preferido corregir y hermosear a Voltaire. 
 
Para construir el mayor oxímoron posible con ‘católica’ (o sea, universal) Voltaire pone ‘vasca’. Debía de estar pensando en la anécdota jesuítica que narra una conversación del cardenal Richelieu con el abate Prièves sobre Duvergier de Hauranne, el promotor del jansenismo. El abate daba como explicación del carácter retrógrado, oscurantista y visionario del jansenista “Es que es vasco…” lo cual  merecía la aprobación de Richelieu, si bien pretendía que con eso no se llegaba al fondo del asunto y añadía: “Os diré lo que pienso: es vasco, así que tiene las entrañas calientes por temperamento; ese calor excesivo hace que se le suban a la cabeza vapores que forman imaginaciones melancólicas, que él toma por reflexiones especulativas e inspiraciones del Espíritu Santo.” 
 
Así lo cuenta el jesuita Rapin en su Historia del jansenismo, que Voltaire había leído. Y bien cabría que la explicación no fuera original de Richelieu, sino del propio Rapin que así, en genuino rasgo jesuítico, se metería de paso con Loyola, lo que también entraría en la intención de Voltaire.
 
En todo caso, esto es perfectamente inactual, porque la religión vasca no está perdida si la gente se pone a pensar: no hay ni traza de que alguno vaya a pensar. Los vascos son muy religiosos y sentimentales, sobre todo en cuadrilla. Lo suyo es aovillarse a verlas venir (son varios los aficionados que me preguntan qué quiere decir bildu, pues eso: aovillar, hacer un ovillo, bonito ¿no?). Tampoco tiene nada que ver con el mandamiento loyoliano de obedecer perinde ac cadaver. Obediencia o muerte, qué alternativa más fea, eso no cabe en la cabeza de un aovillado vasco, que jamás mataría por la religión vasca, ni por moda, ni para que la cuadrilla le aplauda, porque nada más lejos de su idea que devanar un solo ovillo vasco obediente y perfumado de cadaverina.
 
Lo que hay que saber de los vascos es interpretar sus sentimientos, como le replicó el exfutbolista Aguirre al falangista Primo de Rivera en el parlamento, cuando este le insinuó que es más difícil usar la cabeza para entender a Unamuno que para rematar un córner. “Los vascos de peores cabezas somos precisamente los que tenemos la adhesión del pueblo. Esos señores, como Maeztu y Unamuno, van a nuestro país y nuestro pueblo les repele. ¿Por qué? Porque no han sabido interpretar sus sentimientos.” No hay pues que temer por la religión vasca, doctores tiene el ovillo.





[Publicado el 03/9/2012 a las 06:53]

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Nada por aquí, nada por allá


Hoy declina el verano. Por fin llueve y refresca. Miríadas de esporas de phytophtora infestans, apasionada devoradora de solanáceas, y cambivora, su prima comedora de árboles, auténticas dueñas de las huertas y los bosques, estallan de felicidad. En pocos días las hojas de los tomates irán vistiendo el sayal pardo franciscano, el hábito que estuvo muy de moda para sudario, y se marchitarán sin saber para qué fue la vida tan callando.
 
En vasco de esta comarca, llaman “txartes” a la phytophtora infestans;
y según algunos lexicólogos, “txartes” fue así mismo  el nombre vasco del capisayo rústico. La palabra viene del francés chartreux, “cartujo”. Hace veinte o treinta agostos, una anciana vecina, gran cultivadora de tomates, me daba conversación una día de calor tórrido. Pegaba un sol como para dejar toda esperanza y, cuando se lo comenté, me contestó que, en efecto, pronto decaerían los tomates.  Literalmente dijo “ze sarri txartestuko diren…” que viene a ser “qué pronto se meterán frailes”, por no decir que caerán víctimas de la implacable eclosión del  micelio devorador de cloroplastos que se hará visible en manchas de color sayal pardo franciscano en hojas y tallos. Lo notable es que en esas fechas y calores estaban los tomates lozanos como nunca. Decir en el mejor momento del tomate que la planta no tardará en vestir el sayal para ponerse lacia y fenecer, pese al caldo bordelés y otros mimos que no frenarán su vejez terminal, es como advertir que el color pardo late visiblemente en el verde, y que en la canícula abrasadora suenan incontenibles les sanglots longs des violons que mecerán tu corazón. La señora no es que anticipase a Verlaine, sino que era como Heráclito, quien veía la noche en el día, la cuesta abajo en la cuesta arriba, y el declive en el ascenso. De hecho, ella era una noctámbula aguerrida. Hasta Eliot tomó nota del fenómeno en aquel bonito madrigal del time present and time past ar both perhaps present etc. Si Heráclito, Verlaine y Eliot pudieron ser anticipados por una aldeana iletrada, podemos permitirnos creer, ególatras con dedicación exclusiva, que también contenemos el futuro y sus versos hacederos.



[Publicado el 26/8/2012 a las 05:37]

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Caídas del santoral


Hoy desempolvan que hace cincuenta años murió Hermann Hesse. Aquel cuyos libros leyó usted con devoción cuando era adolescente. Sí el del lobo y los abalorios. Pues ahora columnistas y reseñadores tienen interés en poner distancia. Sí, estaban muy bien aquellas historias narcisas de Camenzid y del que hacía como que se iba a suicidar, porque a esa edad se siente uno como el solitario descrito por Hesse. Y aquella doctrina venerable de que solo se encontrará a sí mismo quien antes haya destruído un mundo, aquel mandamiento de estar en contra como es debido para ser bueno, ¿no es tiernamente precursora de los indignados de cada generación? No es que Hesse aguante poco o nada la relectura, nos dicen los entendidos en aniversarios, es que si a usted no le gustó en sus años mozos, es que iba usted para adocenado y doctrino, pero si le gusta hoy, denota falta gusto y estética transcendental.
 
Ahora nos aseguran que Hesse es kitsch y no aguanta el medio centenario. Cierto es que se reconoce esa anécdota de ser el escritor alemán más vendido del mundo, por haberlo hecho 170 millones de veces en 60 lenguas. Pero lo meten en ese cajón de rancias lecturas juveniles para recordar con la indulgencia más distante posible. Un colega medio budista y nebuloso de Enid Blyton, Richmal Crompton o Emilio Salgari, aquellas lecturas piadosas para entretener la pubertad.
 
Llevamos este año varias caídas sonadas del santoral. Los dos poemas de Grass le han llevado al punto de que ya no necesita un tercero para desprestigiarse del todo. Y a Sloterdijk, quién lo iba a decir, lo han echado de la tele por falta de audiencia.

[Publicado el 10/8/2012 a las 04:41]

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Tres vistas de Sicilia


Sicilia formaba parte del horizonte del poeta de la Odisea. La isla es mencionada con frecuencia en el poema, y es un ejemplo repetido de la técnica poética de dejar en suspenso y decir después, que tiene un nombre griego largo y complicado del que haré gracia porque estamos de vacaciones. Los griegos iniciaron la colonización siciliana con la fundación de Siracusa, patria de Arquímedes, en 733 a. C., y llamaron “sikeloi” a los sicilianos. Estos hablaban una lengua emparentada con el latín y llegaron a la isla hacia 1200 a. C. Los griegos, según la Odisea, empleaban la expresión “mandar alguien a Sicilia” con el significado de deshacerse de él. Sicilia debió de ser un importante centro de compraventa de esclavos. La amenaza al mendigo Iro de ser enviado allá se apoya en ese sobreentendido. Los peligros de Escila y Caribdis no andaban lejos de la isla. Vista desde la Odisea, Sicilia parece inquietante.
 
Otra panorama siciliano es el que se aprecia desde el Gatopardo. Se ve a Burt Lancaster ocupando el plano y tapando el paisaje. Sin duda le gustaba mucho a Visconti y con tan fausto motivo no nos deja ver el escenario, que sí es siciliano, para empacharnos de Lancaster, el rudo de cartón piedra. Es raro que no lo sacase en minifalda y mostrando más busto que la Cardinale. Quizá aparezcan alguna vez las tomas falsas, o sea verdaderas, de Lancaster viscontizado. La cosa es que ahora dice uno “Gatopardo” y aparece Lancaster fagocitando el plano. Estoy seguro de que es uno de los motivos de que tantos aficionados digamos que preferimos el Lampedusa de las Conversaciones literarias al del Gatopardo, así como de que al propio Lampedusa lo recordemos con cara de Lancaster, vaya posteridad signore mío.
 
Hoy, en cambio, la capital siciliana aparece envuelta en una zorrera negra y pestilente. Es la basura que arde sin que los veintisiete mil (27.000) funcionarios forestales ni los bomberos aparezcan. Un funcionario forestal por cada trescientos sicilianos —les debe de tocar un cuarto de lentisco y medio romero a cada uno— y, en esa misma proporción, todo el resto de funcionariado. Sicilia tiene un aparato administrativo tan gigantesco que ríase usted de Escila y Caribdis. Tres veces más funcionarios por habitante que el resto de Italia. “Somos la Grecia de Italia” dicen los sicilianos. Un taquígrafo  de parlamento gana 6.500 euros al mes, sueldo siciliano. El parlamento tiene noventa señorías que cuestan medio millón al año y, en total, ciento cincuenta mil sicilianos cobran de la administración, que es la madre de todos los corderos. El paro es casi del veinte por ciento, doble que en el resto de Italia. Casi un tercio de las familias sicilianas no tienen funcionarios ni mafiosos  entre sus miembros, por lo que viven por debajo del umbral de pobreza. Un umbral prohibitivamente alto.
 
Hasta la mafia ha empezado a irse, apenas quedan algunos mafiosos mayorencos que añoran los viejos tiempos. Las nuevas generaciones mafiosas prefieren ganar dinero en el norte y luego invertir en cualquier parte que no sea Sicilia.
 
Los esclavos odiseicos serían hoy funcionarios y Fabrizio Corbera, el que hace de Lancaster en la película, sería parlamentario. Pero consolémonos, hay regiones europeas, e incluso españolas, que superan holgadamente a Sicilia en falta de liquidez, paro y quiebra política.

[Publicado el 03/8/2012 a las 06:19]

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De eso ni hablar



Alguna vez he hablado con poetas de puntos particulares de su creación, y he encontrado una impaciente pulsión explicadora referida a sus metáforas y alegorías. Y siempre acabo por pensar que aún peor que una obra de arte quiera decir algo, es que el artista lo diga. A los poetas y novelistas explicadores trato de explicarles que una obra ya dice, pero que si además quisiera decir, se trataría en todo caso de algo que no se puede definir ni acotar, sin ocasionar una pérdida estúpida y lamentable, porque ese algo ya no tiene que ver con el autor ni sus intenciones, no le pertenece ni le incumbe, por más sabedor y poseedor de las claves que sea. Lo más valioso de cualquier creación es precisamente su virtualidad de legitimar reverberaciones no escritas, pintadas ni explicadas. La mayor cima creadora es la alegoría que camina no vista, comprendida, ni sospechada por nadie. Por lo demás, todo es alegoría y es vano. Todo nos representa a nosotros y a nuestro destino inane. Estas líneas están sugeridas por el artículo de Patricio Pron, nuestro comentarista con más visión literaria, sobre la hipótesis alegórica. La discrepancia al fijar el sentido habla de una alegoría que no se deja fijar, una alegoría lograda, una que ya no lo es, su recto sentido tiene infinitas paralelas y está en todas ellas.

[Publicado el 28/7/2012 a las 05:55]

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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