El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La catástrofe siempre implica al hombre

Isabelle Stengers, que fue colaboradora del premio Nobel Ilya Prigogine, reflexiona sobre el accidente nuclear del Japón, denunciando no tanto la ausencia de previsión de los responsables como la subordinación de las previsiones existentes a los intereses de la competitividad, subordinación acentuada por el hecho de que (tanto en Japón como en esa potencia nuclear de primer orden que es Francia) el estado ha entregado gran parte de su responsabilidad al sector privado, el cual (dado lo implacable de la exigencia económica) tiene como primera obligación que el accionista esté satisfecho con los beneficios de la empresa, cosa que obliga a reducción de gastos ...los de seguridad incluidos.

A este respecto la cadena de televisión franco-alemana  ARTE emitió un impresionante reportaje sobre personas que habían trabajado en empresas auxiliares (privadas todas ellas) de la industria nuclear, y que habían entrado en conflicto por empecinarse en señalar casos en los que  la probabilidad de un accidente había dejado de ser residual y era imprescindible introducir suplementarias -y costosas- medidas de seguridad. Isabelle Stengers se sirve de este ejemplo para escribir: "Desde este punto de vista se subestiman muchas veces las implicaciones de haber dado rienda suelta a esa lógica del capitalismo que se llama neo-liberalismo".   

Respecto al mismo problema, el sociólogo alemán Ulrick Beck señala lucidamente que la noción misma de catástrofe es inadecuada para referirse a un fenómeno que sólo afectara al orden  natural. En el ejemplo de Japón, el Tsunami  no es  catastrófico  en sí mismo, sino en la medida en que destruye, o cuando menos perturba, esa ordenación del mundo físico por el ser humano que configura una determinada sociedad. Una catástrofe natural sería pues aquella en la que el hombre carece de toda responsabilidad, en modo alguno un acontecimiento en el que el hombre no se halla concernido.

  Natural en su origen, la  catástrofe de Japón  dejo de serlo   muy rapidamente, pues sus efectos interfirieron con otros de los que la responsabilidad (ciega en ocasiones, culpable en otras) humana era esencial. Si en el país a cuya lengua pertenece el término mismo Tsunami se construyen centrales nucleares, y si además en razón de la lógica económica   se toman medidas de seguridad simplemente equiparables a las de Francia...obviamente se está ayudando a la mala suerte, se está facilitando que  la naturaleza  despliegue su potencialidad destructora. Por eso la tragedia de Japón es particularmente indicativa de que la lógica del sistema económico imperante es potencialmente letal para el ser humano.

[Publicado el 01/4/2011 a las 09:00]

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Los buenos sentimientos de nuestros mandatarios

Ninguno de nosotros se sorprende de que los niños no vengan  de París ni, en consecuencia, de que los banqueros (suizos y no suizos) sólo tengan escrúpulos respecto a la procedencia del dinero que almacenan cuando son excesivas las probabilidades de que el descubrimiento de tal procedencia pueda ser lesivo para sus propios intereses,  por ejemplo cuando se sospecha que el titular  de tales depósitos no tiene una base de poder suficiente para garantizar impunidad.  Y sin embargo desde que se iniciaron los acontecimientos que han conducido al desmoronamiento total o parcial de varios regímenes en el norte de Africa, el grado  superchería al respecto resulta verdaderamente hiriente, sobre todo en boca de los que ni siquiera son banqueros, sino que encuentran  ocasión de manifestarse moralistas a precio nulo. En los días en que los medios de difusión  parecían dar por supuesto que el caudillo libio seguiría los pasos de Ben Alí y Mubarak, un periódico español le dedicaba  una pequeña tribuna  bajo este impúdico titular:

Gadafi se conviertre en un paria internacional. España debe bloquear su finca. En todo caso, puestos a jugar la comedia de la moralización del orden económico internacional, España hubiera debido atreverse a bloquear la finca del poderoso Gadafi que Europa entera recibía, no del Gadafi que- ¡a buenas horas!- hería la delicada sensibilidad de Merkel y hasta la de su hasta hace bien poco compadre Berlusconi. Sensibilidades que se endurecerán de nuevo si la sangría libia se estabiliza, es decir si se pusiera de relieve que a Gadafi le quedan aun cartas muy serias que jugar.

[Publicado el 30/3/2011 a las 09:00]

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Piara de desagradecidos

François Lenglet, director de redacción del diario económico parisino "La Tribune" se refiere en un artículo del jueves 23 de marzo a los problemas  monetarios  de Europa y efectúa el siguiente diagnóstico:

"En los orígenes de la crisis se encuentra el problema... del menú gratuito". Durante diez años los convidados del euro han estado en el festín in pagar la cuenta...y he aquí que ahora les es presentada. Demasiado elevada para los comensales sin maneras, convertidos de nuevo en famélicos. Es lamentable pero es así: si castigamos sin miramientos a los intemperantes, corremos el riesgo de matarlos. Y con ello de que ya nunca cobremos la cuenta. No hay más que dos soluciones a esta crisis del euro: liberar de su peso a los endeudados, es decir hacer pagar a los que les otorgaron crédito o planificar la expulsión del euro de estos países"

Ni que decir tiene que los gorrones en cuestión son los que en otra artículo-editorial- del mismo número se continua calificando de PIGS,  expresión enmarcada en una  amable frase relativa a que la "el recurso al palo"se hace imprescindible dado "que el incentivo de la zanahoria, bajo forma de fondos estructurales, de los que se nutrieron ampliamente los   Pigs realmente no ha funcionado."

En diversos foros he tenido ocasión de sostener que si -hace ya quince años- los responsables de la Liga Norte  sintieron que con total impunidad podían referirse a los meridionales italianos como parásitos aprovechados y casi piojosos, es porque algo en la dignidad de los ciudadanos europeos se estaba resquebrajando. El asunto es hoy casi trivial (el fracaso del ideario que había movido a la Revolución de Octubre tenía algo que ver con ello).  El periódico La Tribune expresa con  impudicia un sentimiento ofensivo que -con algo más de diplomacia (¡y aún¡) se escucha por doquier. Es simplemente  hora de empezar a no tolerarlo.  

[Publicado el 25/3/2011 a las 09:00]

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La repudiada pregunta sobre el origen de la familia

Una amiga poco receptiva a la propaganda de los gobiernos (  el americano en primer lugar, pero sólo en primer lugar) demonizadores del régimen cubano, se indignaba de que los defensores del mismo  parecieran encontrar natural que  para relevar en el mando  a  Fidel Castro no se hubiera encontrado  persona más idónea que... el hermano de Fidel Castro. ¿Porqué el tío llega a esto? se preguntaba mi amiga, dando por supuesto que la elección era reflejo  de la voluntad personal del líder. Pregunta que tenía inmediato relevo en la siguiente: ¿cómo es que sus compañeros de rebelión y de resistencia frente a la amenaza exterior aceptan algo tan humillante, algo incompatible con el ideario del que se reivindican? ¿O es que ni siquiera se sienten violentados? ¿También  la revolución cubana ha erigido  la familia  en  valor supremo, en forma de ley oscura trascendente a los principios que habrían de regir la organización social? Desgraciadamente el caso cubano no es el único:

Durante las crisis libia y egipcia, se habló mucho de los hijos de Mubarak y Gadafi,  a los que sus progenitores habían destinado para el poder.  El sólo hecho de que los gobernantes de Libia, Corea del Norte, Cuba, Egipto, hayan con total impudicia convertido estructuras políticas de origen republicanos en vehículos de poder familiar los homologa más allá de la diferencia que pueda darse en  los imperativos políticos de unos y otros.

Al constatar que  el dirigente norcoreano sacrifica la decencia republicana a imperativos de orden   familiar , hasta el más escéptico sobre la propaganda americana  relativa a los regímenes enemigos (yo lo soy mucho y tras las mentiras de las armas de destrucción masiva de Irak, es difícil no serlo) tendrá razones para decirse que, responda o no a la verdad todo lo que el Departamento de Estado le imputa,  el personaje en cuestión  no es de fiar, y que el fracaso de su política, la canalización de las fuerzas de seguridad hacia el paranoico control interno, la conversión en suma de una revolución en dictadura,  no es simplemente atribuible a una trágica  relación entre las fuerzas del mundo (objetivamente desfavorable), sino a  efectiva traición a un ideario.

El caso de Corea del Norte no es ciertamente homologable al de Cuba, entre otras cosas porque Raul Castro estuvo desde el principio (es decir cuando ello constituía un grave riesgo) asociado a la lucha revolucionaria. Personalmente he defendido siempre la nobleza de la máxima subjetiva de acción de los que proyectaron una Cuba socialista,  que nada tiene que ver con la de un Mubarak en el momento de su acceso al poder (dispuesto a dar definitivo cerrojazo a lo que de liberador para los árabes había en el proyecto de Nasser). Es sin embargo imposible que una sombra de triste y decepcionada sospecha no se cierna sobre los defensores de la revolución cubana al constatar que la persona considerada  más apta para dirigirla sea el hermano del líder. Ni siquiera puede  pensarse que Fidel Castro  es en definitiva  un pobre hombre que se refugia  en la familia al verse  confrontado a la senectud, pues el asunto viene de antes y parece rigurosamente programado.

Hay en todo ello  un síntoma de ausencia de fuerzas para estar a la altura de un ideario de dignificación de la sociedad, un síntoma mayor de nihilismo. Qué lejos estamos del tiempo en que la familia (como la propiedad privada y el estado)  lejos de ser considerada  modalidad inherente a toda  organización social era algo por cuyo origen cabía preguntarse.

[Publicado el 23/3/2011 a las 09:00]

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La naturaleza del hombre y la quiebra política

Embarcado en estas reflexiones sobre asuntos referentes en última instancia al problema de la singularidad de la naturaleza humana, un texto  de Basilio Baltasar me retrotraía directamente  al tema  de la política (nunca de hecho ausente en estas diatribas ).

Basilio se refería en su escrito al énfasis que yo ponía  en que la rendición de la unión soviética dejó a los mercados sin freno y señalaba con pertinencia  un efecto colateral del asunto, a saber: el descubrimiento de que las conquistas sociales sólo eran concesiones estratégicas del sistema de libre mercado; la sospecha de que el estado social, más que una conquista era una argucia para tenenos despistados mientras existía la sombra amenazante de la Unión soviética.

Entre las promesas ilusorias  del llamado socialismo real y las engañifas -con la esencial complicidad de la socialdemocracia- del "estado de bienestar" liberal, nuestro papel -señala Basilio- se reduciría al de comparsas. Basilio precisaba no obstante que mi textos podrían llevar a una lectura según la cual  no sólo la Unión Soviética jugaba un objetivo papel protector contra el "Mal", por mi identificado al desenfreno de los mercados, sino a "algún tipo de identificación de la URSS con el "Bien"?

No era en ningún caso una inferencia por mi deseada. Las sucesivas peripecias de la Unión Soviética y sobre todo la concreción estalinista de la relación de poderes que allí se daba, supusieron una enorme causa de desaliento para millones de personas que en el mundo entero habían visto en la Revolución de Octubre  la oportunidad de que la esencia del hombre fuera recuperada. Y esto de nuevo se vincula al problema de la esencia humana. El entusiasmo que provocó la Revolución de Octubre se sustentaba en una convicción antinihilista, presente en cada uno de manera implícita o explícita y que personalmente tiendo a presentar de est manera:

Aristóteles tenía razón al afirmar que en razón de  la naturaleza singularísima de la propia especie, cada individuo humano  tiene una potencialidad creativa y cognoscitiva que inevitablemente tiende (desea dice Aristóteles) a actualizar. Pero esta actualización es incompatible con toda organización social que (precisamente por partir de una premisa contraria, e intrínsicamente pesimista respecto al ser del hombre) considera normal , es decir conforme al orden social y natural, el que la inmensa mayoría de los humanos esté reducido al trabajo animal o mecánico, que  una segunda capa viva desarrollando capacidades técnicas y cognoscitivas subordinadas a  relaciones de poder, y que la auténtica vida del espíritu sea cosa de una élite.

Un orden social así estructurado es simplemente contrario al ideario humanísta; de ahí que los seres no nihilistas, los que tenían alguna razón para confiar en la dignidad de la naturaleza humana (a veces es cuestión de como le ha ido a uno, cuestión de suerte) dieran un profundo Sí a la Revolución de Octubre.

Todo esto quedó frustrado, cuando el país de los soviets fue poco a poco canalizando lo esencial de las inmensas energías a un paranoico control de la población interna. Es difícil determinar el momento exacto. Basilio me señala que la deriva autoritaria del régimen es previo al enorme acoso del capitalismo. Es muy posible y ello conduce llevar a considerar  que  el estalinismo fue  expresión de una relación de fuerzas interna y así de  algo estructural. Pero no sería justo abstracción de la correlación misma entre fuerzas internas a la Unión Soviética y fuerzas externas.

No es puramente angélico el considerar que la deriva dictatorial no hubiera sido posible si el capitalismo no estuviera cercando y amenazando en permanencia el país de los soviets. En cualquier caso el estalinismo -tesis bien conocida- hubiera provocado mucha más resistencia interna si el impulso revolucionario hubiera tenido halagüeñas perspectivas en el plano mundial. Pero no excluyo la hipótesis contraria. En los Manuscritos del 44, texto radicalmente humanista, Marx afirmaba que el proyecto comunista era el de poner las condiciones de que el hombre pudiera confrontarse al problema total de la existencia. El proyecto tal como se ha plasmado ha indiscutiblemente fracasado. Pero se trata de un fracaso que nos reduce sin avergonzarnos. Que la imagen de los soviets viniera a ser la imagen de Stalin es expresión trágica de la dificultad de realización de las potencialidades humanas, mientras que nada de heroico hay, no digo ya en la cutre canalización de la vida cotidiana por el franquismo, sino en la desoladora política social del Premier Cameron.

Posdata

En cualquier caso la desazón que provoca el fracaso del ideal revolucionario puede tener tremendas consecuencias en un individuo. Estos días la prensa francesa evoca la figura del escritor Jean Fontenoy que se suicidó en 1945 en el Berlín en ruinas en el estertor de la LVF, legión de voluntarios franceses contra el bolchevismo al servicio de la causa nazi. Pues bien Jean Fontenoy había sido más bien próximo a los movimientos sociales y culturales considerados subversivos, amigo de los surrealistas y denunciador precoz del peligro nazi. Su deriva habría empezado tras un viaje a Moscú. Quizás no sea indiferente señalar que el personaje ha sido resucitado (incluida su  dimensión de escritor y su entereza en el campo de batalla (combatiendo al lado de los finlandeses contra los rusos) por Guerard Guégan, hijo de un heroico resistente comunista, conocido militante de la  extrema izquierda  y editor de una revista radical.      

[Publicado el 18/3/2011 a las 09:00]

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Alma nacida en su cárcel

Felix de Azúa responde al último cruce de mensajes y evocando  la tesis del gen egoísta de Richard Dawkins,  se pregunta: "si somos simple portadores de nuestra información genética y no tenemos otra función en este mundo que transmitirla, hasta ahora mediante el semen, en el futuro quizás por otros medios ¿cómo podemos saber que nuestras pretensiones civilizatorias no son meras astucias del gen?"

Por otra parte Felix me indica que si el uso de la palabra "bestial" parece  excesivamente cargada de connotaciones psicológicas no tiene inconveniente en sustituirla por el término "animal". Entiendo-y estoy de acuerdo- que lo esencial es que el término sirva para designar  las disposiciones oscuras de los seres humanos. El punto de discusión está en el origen de tales disposiciones,  y a mi juicio  la genética pueda aportar  en última instancia  el criterio; la genética no tiene la última palabra.

La genética nos dice que (al igual que  ocurre en  las demás especies animales) las potencialidades del hombre están marcadas por un código que a su vez es fruto de la economía evolutiva. Pero la genética no penetra (no puede hacerlo, al menos por el  momento) en el terreno del lenguaje, simplemente porque no se ve manera de ponerla  en correlación con las disciplinas que se ocupan de los aspectos semánticos del lenguaje.

Es quizás relativamente fácil (de hecho tengo dudas) explicar la potencialidad, genéticamente determinada, que tiene la abeja para llegar a actualizar un sofisticado código de señales. Pero encontraríamos delirante que alguien proyectara  reducir a expresión  de un código determinado por la adaptación no digo ya las Soledades  de Góngora, sino  cualquier discurso de taberna en el que -hablando por hablar- los hombres dicen muchas tonterías,  pero se complacen en las metáforas.

Mi sospecha es que todo lo que en nosotros designamos con el término "animal" o "bestial" procede sin embargo de esta fuente, que aquello que Freud designaba con el término "malestar" era realmente interior a la cultura.

Felix evoca en su escrito  las argucias del gen. Yo más bien me atrevería a hablar de la limitación que supone para el fruto de los genes que somos la propia condición genética. Cárcel de un alma que no tiene otro origen que la cárcel misma, pero (por eso está en la cárcel) sabe su finitud y la maldice. 

Sin duda cabe sospechar como en una frase  de Coleridge citada por Felix ("Nuestras pretensiones metafísicas, juguetes que cuelgan del cabezal de un niño mortalmente enfermo") que todas nuestras aspiraciones digamos espirituales son viento. Pero el hecho mismo de que Coleridge lo diga de esta manera  es ejemplo de lo imprevisible de nuestra reacción. Como la blasfemia movida por una intención precisa, a la que se refería Pavese, esa frase es en efecto "le meilleur témoignage que nous puissions donner de notre dignité"

Posdata

Mi ex alumno, el investigador Oscar Castro, interesado por las diferentes hermenéuticas relativas a la selección natural,  me escribe formulando  la siguiente pregunta, para la que obviamente carezco de respuesta:

"Si la ‘selección natural' es un hecho de facto, ¿quién es el agente seleccionador? A veces no comprendo las ideas neodarwinistas de selección y de estocástica combinadas donde la selectividad sea una fuerza ciega de la naturaleza. Si se generan atractores selectivos en función del ambiente, ¿el ambiente es el seleccionador? ¿o el ambiente es la resultante de los agentes seleccionados por la selección natural?

El asunto es  una vez más el de la prioridad ontológica entre el  huevo y la gallina. Y desde luego se complica enormemente cuando la selección natural afecta al único testigo de tal selección. Testigo que además se halla en condiciones de modificar el ambiente mismo y los atractores selectivos a los que Oscar Castro alude. No cabe (si se respeta el postulado de que en toda discusión filosófica la razón va por delante) repudiar la teoría de la selección natural. Pero sentado esto el problema no hace más que empezar. Exigencia cartesiana elemental es sentar los problemas filosóficos sobre terreno firme, pero, ¿qué firmeza tratándose del ser que establece los criterios de lo que cabe considerar firme?

[Publicado el 16/3/2011 a las 09:00]

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Swann en Griazowietz

Acaba de reeditarse en París un libro de Joseph Czapski, nacido en Praga en 1896, pero oficial del ejército polaco y prisionero del ejército soviético en el campo de Griazowietz entre 1940 y 1941. Su cosmopolita vida había transcurrido entre San Petersburgo, Cracovia, Paris y Londres, donde en 1926 aprovecha una larga convalescencia para leer con devoción el libro capital de Marcel Proust.

    En el campo de Griazowietz,  Czapski no dispone de ningún ejemplar de la obra, pero

 À la Recherche du Temps Perdu opera en él retornando a su memoria en la forma singular descrita por el Narrador, es decir, con la acuidad de lo presente y la singular emoción que sólo otorgan la distancia y el recuerdo.  En una de las dependencias del campo, en el refectorio de un antiguo convento, sin apoyo escrito alguno, Czapski cita párrafos  enteros de Proust ante sus compañeros, haciéndoles "revivir un mundo que nos parecía perdido para siempre". Y así Charles Haas, judío parisino frecuentador de elegantísimos ambientes mundanos  y una de las claves del personaje de Swann, viene a formar parte de las referencias de los contertulios en aquel horizonte de sombras.

Singular prueba para Czapski de que "somos capaces de pensar y ser receptivos a las cosas del espíritu que nada tienen que con nuestra realidad". Singular prueba, añadiré por mi parte, de la irreductible singularidad de la condición humana.  

[Publicado el 11/3/2011 a las 09:00]

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La ley en el origen

Tercian varios amigos en este intercambio de opiniones con Félix de Azúa sobre la naturaleza humana, a la que yo atribuía exhaustivamente  algo tan admirable como la fertilización del lenguaje y el pensamiento por un Garcilaso o un Descartes, pero asimismo  la rapiña y abuso  del débil por  émulos  del  general Franco o la instrumentalización del cuerpo del otro en los casos de aberración sexual.

El propio Félix puntualiza en un nuevo escrito que el único motor auténtico de la sexualidad humana es la reproducción,  aunque sobre tal substrato (a modo de cultural superestructura) se despliegue toda una parafernalia de matriz cultural, para referirse a la cual Félix emplea una analogía hegeliana: las catedrales góticas ponen de relieve que el instinto de supervivencia puede tener manifestaciones muy alambicadas, sin que por ello deje de tratarse de lo mismo, a saber, instinto de supervivencia. En su raíz, la sexualidad  humana sería tan bestial como lo es el aparato digestivo o las papilas gustativas, también perturbadas (sin que cambie su función esencial) por contingentes amaneramientos culturales explotados por   un Ferrán Adriá.

Basilio Baltasar se refiere por su parte a las consideraciones que Félix y yo mismo hacíamos sobre el matrimonio como una de las modalidades de culturización de la sexualidad "para que no fuera propiamente bestial", precisa Félix  (punto en el que yo difiero, pues mi posición es que cuando se apunta al matrimonio la culturización del instinto sexual es ya un hecho). Basilio avanza los casos del pingüino,  el chacal , a nutria, el  gibón o el castor, todos ellos al parecer "monógamos" y con tendencia  a olisquear y contemplar una misma figura toda su vida. Pues bien:

La coincidencia en el fenómeno no supone en absoluto que se trata de lo mismo. Como el mismo Basilio indica (aunque dialéctica y no dogmaticamente ) "el gibón puede ser tan monógamo como un hombre pero no puede dejar de serlo".

Tras leer la columna  de Basilio Baltasar me llega un correo del catedrático de Psiquiatría Enrique Baca en el que sintetiza las opiniones de unos y otros, tomando a la vez posición:

"Basilio Baltasar  plantea una básica cuestión que decanta, sin decirlo, la balanza a favor de la nurture convertida, tras siglos de evolución, en culture: si el hombre es hombre lo es en virtud de la lucha denodada y generalmente incompleta contra su código genético. Quizá convendría dejar sentado que la especie humana es una especie que se emancipa de lo que sus genes le aportan y esto lo hace para bien y para mal, si es que conseguimos ponernos de acuerdo con lo que significan tan venerables palabras".  

 Al hilo de esta afirmación de Enrique,  y dando un paso más, me ratifico en la tesis (por otra parte nada original)  de que en el caso de los seres humanos, la sexualidad es fruto de la ley   y en modo alguno a la inversa: la ley no surge como  expresión de que una sexualidad reducida a instinto es canalizada hacia formas más operativas, más rentables para los intereses de la especie animal que constituimos. La ley-fruto del lenguaje- es causa  de (entre muchas otras cosas)  ese desarraigo respecto a la inmediatez natural  que  caracteriza a la sexualidad humana; desairrago que determina las formas de gestión de la misma y que se traduce tanto en la institutución del matrimonio, como en la pulsión fetichista, en el amor cortés o en la necrofilia. La ley es razón de la complacencia en su obedecer, como de la inclinación a infringirla.

¿Que todo ello no podría darse sin la base biológico-genética que compartimos con otros animales? Sin duda alguna. Pero tampoco cabe hablar de no hallarse geneticamente determinado para tal función, sin que ello permita colegir que tra la metáfora  "la piedra es una espalda para llevar al tiempo" se encubra un mensaje determinado por algún interés propio de una especie animal convencional.

Si la erección de una metáfora respondiera a algún instinto se trataría de ese "instinto de lenguaje", instinto de que la palabra se refuerce, al que se refiere el pensador americano Steve Pinker. El mismo instinto que mueve a Einstein a avanzar  una hipótesis explicativa que sacrifica nuestra concepción de tiempo y espacio, "el ardiente deseo de toda mente pensante", en palabras del físico Max Born, eco de la sentencia abismal  de Aristóteles aquí tantas veces citada("en razón de su naturaleza todo ser humano desea conocer"). Hasta tal punto es cierto que el deseo esencial  del hombre es  la fertilización del lenguaje en el conocimiento o en la erección de metáforas que, cabe decir, la sexualidad humana desaparecería incluso de las capas inconscientes si un rescoldo de tal deseo primigenio no perdurara en cada uno de nosotros.

 

 

Síntesis de la discusión

En el  escrito al que antes hacía referencia  Enrique Baca se esfuerza en sintetizar la discusión mantenida y hacia el final hace interesantes consideraciones propias, vinculadas a la tesis por mí asumida de que"la regresión pura y simple a la condición bestial es para los humanos ya imposible"  . Será pues útil reproducir aquí lo esencial

"Desde mediados de diciembre de 2010 Víctor Goméz Pin comienza una  meditación sobre la socialdemocracia y su colapso. Las sucesivas entregas y la irrupción de diversos interlocutores enriquecen sin duda el debate que se produce. Lo menciono aquí por que es el punto de partida de una mantenida conversación entre VGP y Felix de Azúa, que deriva hacia otros derroteros en los cuales si quiero entrar, si se me permite.

Pero superemos el primer obstáculo:

La tesis básica de Gómez Pin es sencilla en su complejidad. La función de la URSS en el panorama mundial de los derechos de los trabajadores era imprescindible, su desaparición fue "una catástrofe". Sin el freno (lleno de imperfecciones e incluso de crueldades, pero freno) del sistema soviético la socialdemocracia no es efectiva ante la irrupción del Mal (así lo reputa Gómez Pin). Este mal es una consecuencia de la imposibilidad (casi metafísica y desde luego ética) de que el mercado se autorregule y aleje al espectro (del Mal) una de cuyas epifanías, y no precisamente la menor, es la voracidad insaciable.

Tras tres entregas, VGP comienza responder objeciones. Algunas menores (o menos interesantes) otras de mas fuste. Desfilan aquí viejos conocidos como la afirmación de Lenin (o atribuida, no estoy en condiciones de certificar la cita) sobre la inutilidad de la libertad formal en un régimen de explotación, la queja sobre la desviación que experimentó la revolución de Octubre (algo así como el "no es eso, no es eso," orteguiano), la superioridad ética del comunismo frente al nazi-fascismo y, last but not least, el viejo quasi-oxímoron de la tolerancia con el intolerante. Uno se siente convertido en Ebenezer Scrooge pero ha de convenir, mal que le pese, que los fantasmas están ahí.

Y ahí también interviene Azúa que (y es lo que mas me llamó la atención de comienzo) devuelve el argumento y propone examinar la posibilidad de que el sistema capitalista no sea malo intrínsecamente sino solo por que ha sido pervertido, "vencido por el crimen organizado". Comenzó a interesarme el tema (poco atractivo de entrada para mi, lo confieso)(...)

 Azúa sostiene que el capitalismo es el estado natural del hombre. No es baladí la afirmación y menos aún su fundamentación en la propia genética de la especie. En la anciana polémica nature-nurture una organización que se nos aparecía como el resultado de la compleja y difícil evolución de la cultura se adjudica sin ambages a la estructura biológica. Y no es una idea para desechar sin más. Hay una autentica carga de profundidad en este aserto que invita a ser analizado  en detalle.

Es una pena que ahí se interrumpa la deliberación. Las preguntas se me amontonan. ¿Qué entienden por libertad los ilustres contertulios?, ¿en que se basan para abominar (bien abominado, por cierto) de la explotación del hombre por el hombre? ¿en la ética? (y si es así en que ética y con que fundamento) ¿en la estética? ¿en la inercia? ¿en el espíritu ilustrado? ¿en el evangelio de cualquiera de los evangelistas?

Y sumido en estas reflexiones me llega la entrega  del 16 del Febrero del 2011 del  blog de VGP. Y en ella lo que dice Basilio Baltasar  (...) Quizá convendría dejar sentado que la especie humana es una especie que se emancipa de lo que sus genes le aportan y esto lo hace para bien y para mal, si es que conseguimos ponernos de acuerdo con lo que significan tan venerables palabras(...)

Una coda: el día  1 de Marzo de 2011 me encuentro con la cansina identificación entre lo animal y lo "bestial". Lo "bestial" (¡inadecuadisima denominación!) no existe en los animales. Es un producto exclusivamente humano. Lo "bestial" (sea cual fuere la extensión y contenido que le demos a esta indeseable palabra) es la culminación del polo negro de la humanidad: los sádicos no son bestiales, los violadores de niños no son bestiales, los que sin pestañear condenan a la pobreza (o directamente a la muerte) a miles de personas no son bestiales. Muy al contrario son la representación mas alta en lo abismal de la humanidad pervertida. No hay regreso en la filogenia. Nunca hay regreso. Lo que el siglo XIX llamó "degeneración" son formas frustres del progreso de la especie. Siempre hay progreso aunque el progreso sea progreso en las oscuridades de eso (que también con escalofriante imprecisión) llamamos el mal. Es la humanidad en el límite de la inhumanidad pero nunca de la animalidad: No hay vuelta.

Y no la hay en aquello en que lo humano se distancia de la nature.  El animal, mas allá del bien y del mal, está asumido absolutamente en ella, en la naturaleza y en su código genético. Por eso es perfecto en cuanto tal individuo de la especie. Por mucho que nos empeñemos en negarlo.  "La regresión pura y simple a la condición bestial es para los humanos ya imposible", escribe Victor gómez Pin. Yo no lo diría así pero lo suscribo.

[Publicado el 09/3/2011 a las 09:00]

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El paradigma Celine

Retorno a la doble función de la cultura que Felix de Azúa me señalaba en el escrito arriba comentado. Catedrales por un lado  y también expedientes inútiles para domar  nuestra naturaleza determinada por el gen venía a decir Felix. Objetaba por mi parte que  la cultura es tanto relativización de la necesidad animal como matriz de nuevas inclinaciones, que a veces entran en conflicto con los propios marcos que la cultura se ha dado. La regresión pura y simple a la condición bestial es para los humanos ya imposible, y por eso patología alguna es indicio de tal regresión. Jean Baptiste Lully, Horacio, Marcel Proust,  y... el general Franco, todos son perfecta y exclusivamente humanos, epifanías contrapuestas pero verídicas del conjunto unificado de facultades que hacen del humano un animal irreductible, un animal singular. En ocasiones, ambas epifanías coinciden, y tenemos ante nosotros a un Celine, personaje que efectivamente parecía "jugarse el pellejo" en cada una de las frases del Viaje al fondo de la noche, y a la vez se complacía en la rapiña de los débiles perpetrada en la Francia ocupada, tanto por los nazis como por los esbirros del gobierno de Vichy.

[Publicado el 04/3/2011 a las 09:00]

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De lo irreductible a un “mapa de las funciones bestiales”

Felix de Azúa me hace diversas observaciones, a propósito de una de mis últimas columnas. Señala con razón que si debemos a la cultura la erección de catedrales, le debemos también gran parte de lo que emponzoña, envilece, degrada  o simplemente hace más gris nuestra vida. Como ejemplo de esto último, Felix me indica la institución del matrimonio, cuya función sería "la culturización de la sexualidad para que no fuera propiamente bestial". Difiero al menos parcialmente: el matrimonio está muy probablemente destinado en efecto a canalizar -cuando no a esterilizar- el deseo, pero no precisamente un deseo de orden bestial.

Psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas encuentran en sus pacientes razones para sospechar que las patologías sexuales no proceden de la bestia en nosotros sino de la cultura misma, de la impregnación de nuestra animalidad por el binomio pensamiento- lenguaje. Quizás  genetistas y neurólogos alcancen lo que Felix designa como " mapa de las funciones bestiales", pero contrariamente a lo que me señala no darán cuenta del amor, simplemente porque éste muy poco o nada tiene de función bestial, no es mera expresión de un "conjunto químico". El amor  tiene obviamente su soporte en   genes y neuronas, pero no se reduce a las potencialidades de las mismas. Implica propiedades emergentes, como casi todas las manifestaciones psicológicas cabalmente humanas. Lo susceptible de "causar una nueva matanza excesiva incluso para las demás bestias" no es "nuestra bestia", sino desde luego nuestra humanidad.

[Publicado el 01/3/2011 a las 09:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

Obras asociadas

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