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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 18 de abril de 2015

 Blog de Víctor Gómez Pin

Asuntos Metafísicos 93: Preliminares de la Ciencia y de la Filosofía

En estas columnas retorna a intervalos la interrogación sobre la finalidad  de las mismas, es decir, el  objeto de la metafísica,  interrogación que  a su vez remite a la pregunta clásica e inevitable sobre el objeto mismo  de la filosofía. He intentado bajo múltiples formas delimitar cuando cabe decir que la filosofía da comienzo, qué separa la disposición de espíritu del filósofo respecto a la del científico o la del poeta, y cuándo cabe razonablemente conjeturar que la filosofía tiene su punto de arranque.

El problema del origen  se plantea en particular respecto a la  filosofía y la ciencia, pues a la palabra poética y al arte en general no parece poder atribuirse otro punto de arranque  que el de la propia humanidad. Es en efecto imposible imaginar que la disposición artística no surge de inmediato cuando en la historia evolutiva se asiste a ese momento de total ruptura, a esa emergencia que supone la mutación de un código de señales en lenguaje. Nunca es ocioso insistir en esta radical diferencia:

Los signos de  un código sirven a una finalidad práctica, y por definición su operatividad es proporcional a la ausencia de equivocidad; los signos lingüísticos por el contrario sólo parcialmente están subordinados a intereses exteriores al propio signo y además su potencial equivocidad es un arma para su propio despliegue, precisamente bajo forma de palabra poética.

Marcado por el hecho de que en ocasiones  el deseo de hablar (el pinkeriano "instinto de lenguaje") prima sobre las exigencias prácticas,  el hombre extiende  esta disposición más allá del lenguaje  y así convierte en símbolo cosas de su entorno que eran  susceptibles de constituir un instrumento para la vida práctica, o ser material del mismo.

 Interrogándose sobre la polaridad medios- fines, el genetista Francisco Ayala  señala el peso enorme de la capacidad para hacer esta distinción en el desarrollo de la cultura humana: "el cuchillo para  cortar, la flecha para cazar, la piel de un animal para proteger el cuerpo del frío" (Lectio con motivo de su doctorado Honoris Causa en la Universidad de Valencia). Mas precisamente por ello cabe enfatizar la enorme importancia en que esta finalidad del objeto es abolida: vasijas excesivamente pequeñas  para  almacenar agua o  excesivamente grandes para ser transportadas, arcos demasiado pesados  para ser alzados, espadas carentes de filo y de acuidad... objetos sin valor instrumental, preciosos sin embargo como prueba de ofrenda. Cabe conjeturar que está aquí  una de las vías en el deslizamiento que conduce de la techne en el sentido de técnica, a la techne en el sentido de arte

Pero lo que aquí quisiera enfatizar es otro singular aspecto del singular código de señales de los humanos: la información no determinada por objetivos exteriores a la misma, es decir, la inteligibilidad.  La abeja que contempla la danza de su congénere  recibe una información  llena de matices, la cual es desde luego preciosa con vistas a dar con el lugar dónde se halla el botín alimenticio. Sin duda cabe atribuir a ambas abejas algún tipo de afección  positiva en el hecho de estar actualizando una potencialidad simbólica que es propia de su especie ("danzar" y aprehender el sentido de tal danza), pero no parece razonable sin embargo separar tal satisfacción del objetivo vital.  No parece razonable conjeturar que tras  la danza que señala el lugar de la riqueza  y   la percepción del sentido de tal danza por la segunda abeja esta última acudiera a descubrir el lugar dejando intacto el objeto.

Es indiscutible que tal limitación no se da en el caso de la utilización de la información por los humanos. La información sobre la naturaleza  que el lenguaje proporciona puede llegar a ser deseada, no sólo dejando intacto aquello sobre lo cual tal información se da sino sin extraer utilidad alguna de la misma. El lenguaje humano intrínsicamente equívoco (a diferencia de los códigos instrumentales) lucha contra su interna  equivocidad  a fin de alcanzar información relativamente  inequívoca o inteligible, pero esta búsqueda de inteligibilidad puede llegar a ser libre, es decir, tenerse a sí misma como fin. ¿Quiero ello decir que esta búsqueda desinteresada es ya la ciencia? No necesariamente. La ciencia exige algo más, exige que lo inteligible no sea contingente, exige una determinada concepción del orden natural. Me ocuparé de ello en la siguiente columna.

[Publicado el 15/4/2015 a las 14:34]

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Asuntos Metafísicos 92: El engrasador del pensamiento.

De ser cierto que la diversidad muda en oposición y finalmente  la oposición se hace contradicción,  la asunción de esta última se convierte en el signo mayor  de  entereza, la cual  se manifiesta ante todo en la fertilidad del pensamiento. Cabe incluso decir que  pensar es la prueba misma de tal entereza, entendiendo por pensar la tensión de  nuestras facultades  a fin de que haya emergencia. Es esta una palabra clave tratándose de pensamiento: emergencia supone indiscutiblemente crisis, pero asimismo novedad, respuesta, que en realidad es el resultado de la activación de los recursos. El asunto no es tanto que lo nuevo suponga contradicción en el edificio de lo  instaurado. Lo importante  estriba   en que  la mente misma sólo es fértil rompiendo  la situación de equilibrio. El  pensar  es precisamente ausencia de reposo; el pensar nada tiene que ver con el control de algo adquirido,  es más bien  la agitación misma del espíritu, confundido éste con el movimiento de las ideas, las cuales no paran, pues propio  de  ellas es precisamente  no parar.

Por eso, como aquí mismo he tenido ocasión de señalar,  pensar es durísimo: pensar  es vencer la inercia que tiende a evitar la emergencia. Pero ésta se impone aunque la subjetividad no siga. Cuando esto ocurre, cuando el sujeto sigue anclado en lo dado, el sujeto se disocia de la razón, el sujeto resiste a su ser, que sin embargo acabará imponiéndose: el pensar no se detiene, sino que se separa y se aleja  del sujeto; el pensar sigue su camino  y el sujeto queda anclado:

 "El  pensamiento especulativo consiste solamente en el hecho de que  el pensamiento retiene en el la contradicción, manteniéndose él mismo en la contradicción, en lugar de   (como hace el pensamiento representativo) dejarse dominar por la misma" escribe Hegel.

[Publicado el 07/4/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 91: Contradicción en cada concepto.

"Vive el fuego la muerte de la tierra; también el aire vive la muerte del fuego; el agua vive la muerte del aire, la tierra la del agua". Una persona con la que he tenido ocasión de hablar de estos asuntos metafísicos me hace llegar este fragmento de Heráclito ( en versión  de Agustín García Calvo) pensador del que ha venido el último tiempo ocupándose. Fragmento al que se añade este otro más difícil quizás de interpretar: "Vueltas de fuego, lo primero mar, y de mar a su vez, la una mitad tierra y la otra mitad tormenta"

Vuelvo a la tesis dialéctica según la cual la identidad sólo es posible al precio de la diferencia, la cual a su vez supondría oposición y finalmente contradicción. Señalaba que esta concepción alcanza su cenit en la Ciencia de la Lógica de Hegel: la contradicción, verdad de toda diferencia, sería como el aceite del motor del  mundo, motor identificado por Hegel a lo que el llama razón. Aplico en esta nota la idea general  a la determinación misma de las especies.

El hombre es un animal bípedo, mientras que el caballo no lo es. En el seno de la animalidad las diferentes especies se distinguen precisamente por lo que Aristóteles llamaba "diferencias específicas", las cuales en la clasificación contemporánea se expresan en términos de diferencias genéticas sin que conceptualmente el asunto cambie gran cosa: el hombre tiene tal determinada mutación en el gen Fox P2, mientras que el bonobo o el macaco tienen una mutación diferente en ese mismo gen.

Ahora bien: nadie ha visto jamás el animal, lo que vemos es el animal en tal o tal especie, es decir nadie ha visto el animal sin diferencia específica. En consecuencia  las polaridades  del tipo mutación x versus  mutación y que distinguen al hombre del bonobo (o las análogas para otros ejemplos) son inherentes a la idea misma de animalidad.  Mas entonces la conversión de la diferencia en oposición y de esta última en contradicción afecta a la animalidad misma. 

El género animal engloba las especies, es como el todo de las partes que serían las mismas. Mas si animal se percibiera como agotándose en  el conjunto de polos de oposiciones que constituyen bípedo y cuadrúpedo, vertebrado e invertebrado  etcétera; si recíprocamente, estos polos de oposiciones no fueran disociados de la animalidad (u otro concepto genérico) en la que se suprimen sus diferencias y así se pierden...; si así fuera, la escisión  que para la unidad del género, supone concretizarse en especies aparecería como  verdad única del género mismo: esa animalidad en la que el bonobo y el hombre coinciden, llevaría ya dentro una quiebra.

[Publicado el 31/3/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 90: “Diferencia libre”

Desde hace un tiempo he venido centrando esta columna en un asunto vinculado a la historia de la filosofía, concretamente a las condiciones de posibilidad de la identidad, que he ido planteando con referencias a la clasificación aristotélica, ciertos principios leibnizianos y el proceso dialéctico que va de la  diversidad a la contradicción pasando por la oposición en la Ciencia de la Lógica de Hegel.

Ciertamente el tema sólo ha sido esbozado. Entre alguno de los tratamientos del asunto a los que ni siquiera he aludido  está el de Deleuze en su tesis doctoral Diferencia y Repetición,de cuya publicación se cumple ya medio siglo y que constituye quizás la obra mayor del autor ( a quien músicos y filósofos rendirán un homenaje este año en la ciudad de Ronda). Señalaré tan sólo que Deleuze introduce los conceptos de diferencia libre, es decir diferencia no subordinada a la unidad y de repetición compleja. La segunda idea es difícil de sintetizar. Podría hablarse metafóricamente de  retorno de algo que nunca de verdad se ha dado, la fertilidad en forma de reminiscencia. En algunos pasajes de la Recherche de Marcel Proust (autor sobre el cual Deleuze tiene un magnífico libro titulado Proust y lo signos ) cabría encontrar bellísima expresión literaria de esta idea.

Más fácil es aproximarse a la noción de diferencia libre, por  ejemplo contraponiéndola a la teoría aristotélica de la clasificación: Sócrates y Calias difieren entre sí por determinaciones que Aristóteles considera accidentales (diferencias materiales dice), pero coinciden en cuanto hombres. Hombre y bonobo se distinguen por su diferencia específica pero coinciden en cuanto animales. Animal y planta son heterogéneos pero coinciden en tanto seres vivos. Hasta ahí a cada nivel de diferencia corresponde u ivel de unidad que de alguna manera prima. El proyecto de Deleuze consiste en liberar el pensamiento de esta necesidad de vincular siempre la diferencia a la unidad, la diferencia libre sería la expresión de este desenganche. Recuerdo que durante la discusión de mi propia tesis doctoral (de cuyo tribunal Deleuze era miembro) tuvimos un pequeño debate sobre si la teoría de las categorías de Aristóteles era insertable en el sistema de subordinación de la diferencia a la unidad. Mi posición era que en la teoría según la cual  el ser no es un género supremo, sino que explota en la multiplicidad categorial, Aristóteles se acercaba de alguna manera al concepto deleuziano: juzgar es aplicar la multiplicidad categorial; las categorías son una multiplicidad originaria no derivada por diferenciación a partir de género común alguno; luego juzgar es inscribirse en una diferencia irreductible. Ciertamente Gilles Deleuze tenía otra percepción del aristotélico  libro de las Categorías. En cualqueir caso la cuestión que el pensador francés planteaba era fascinante y en aquel momento indisociable de los idearios políticos que se debatían entre sus estudiantes.    

[Publicado el 24/3/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 89: El precio de la identidad (4): la contradicción es conflicto

Recopilemos:

El tipo de multiplicidad realmente concebible nada tiene que ver con esa multiplicidad imaginaria en la que cada cosa es en primer lugar una entidad por sí misma y sólo en segundo lugar - y accidentalmente- tiene relación con las demás.  Simplificando cabría decir  (con Hegel, entre otros) que  se da la puntilla a la  concepción según la cual en primer lugar las cosas son lo que son y sólo en segundo lugar entran en relación las unas con las otras, de tal manera que de alguna manera el leibniziano principio de los indiscernibles alcanza por fin plena fuerza.

A ello se añade el hecho de que una entidad considerada separada lleve como su verdad interior la  polaridad,  de tal manera que ser es inevitablemente  diferenciarse, mostrarse desigual,  oponerse  y en última instancia entrar en la contradicción. En suma: identidad supone diferencia; diferencia supone desigualdad; desigualdad supone oposición y esta se revela ser pura contradicción.

 Tode esto en la Ciencia de la Lógica de Hegel,   que él mismo presenta como un reino de sombras, o en cualquier otro texto que sólo hable de la vida de conceptos. Pero, ¿qué ocurre cuando pasamos del reino de sombras a lo visible? Y concretamente:  ¿qué ocurre cuando  la disparidad es entre humanos, se trate de sujetos individuales o colectivos? Ateniéndonos por el momento al primer caso  ¿qué ocurre cuando un individuo de razón y de lenguaje reconoce su propia identidad? De entrada que ello no es posible mas que por su presencia ante otro que a su vez se afirma en la suya. Esta presencia puede ser pensada como armoniosa complementariedad: uno es el que es, al otro le sucede  lo mismo y santas pascuas. Pero sabemos que esto es una ilusión, que  su mera diversidad es diferencia  y en el caso de los seres de razón una diferencia en el seno de este atributo literalmente  específico. Tenemos aquí   la secuencia  quizás más popularizada de la Fenomenología del Espíritu, la llamada dialéctica del amo y el esclavo:

Identidad  en el seno de los seres de razón es conciencia,  y en un estadio desarrollado conciencia no sólo de lo que se presenta ante él sino conciencia de sí.  Luego,  la diversidad  sera al menos  una conciencia de sí ante otra conciencia de sí. Sabemos que esta diversidad no puede ser meramente numérica; al igual que una cosa suponía  la desigualdad respecto a otra cosa, una conciencia de sí ha de ser desigual a la otra conciencia de sí.

Esta desigualdad puede concretizarse de dos formas, sea en  la actividad teórica de las conciencias, sea en los impulsos de las mismas. Si consideramos esta última la desigualdad se traduce en desigualdad en el deseo.  Ambas tienen el mismo deseo, ambas quieren ser reconocidas por la otra, pero este deseo está escindido uno de sus polos es incompatible con el otro. Lo que exige cada conciencia de sí es que la otra la reconozca como continente absoluto del que ella misma es parte. Pues la conciencia de sí no es todo del mundo mas que si, en el reconocimiento, la otra acepta su propia subordinación . ¿Cómo se resolverá la contradicción? Inevitablemente con la lucha: el amo será la conciencia de sí que persevera como todo; el esclavo es la conciencia de sí que se ha convertido en mera parte. ¿Criterio para establecer quien resulta ganador? Un clásico: el amo no está dispuesto a subsistir a cualquier precio, triunfa o muere; el esclavo simplemente prefiere la vida a la libertad.

[Publicado el 12/3/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 88: El precio de la identidad(3): la desigualdad supone contradicción

Ya he señalado en la columna anterior porqué me interesaba aquí el hegeliano tratamiento del problema de la identidad:   El lector que sigue los meandros de la lógica de la hegeliana  Lógica de la Esencia, cuando lleva un rato pensando en la igualdad se encuentra no de repente pero sí inevitablemente pensando en la desigualdad. Ello ocurre porque la idea misma de  igualdad muta en idea de desigualdad. Pero el lector observa que la igualdad concierne de entrada al uno: uno es igual a sí mismo, uno recibe el atributo de la igualdad. Mas entonces, el mutar en desigualdad de la igualdad, supone el mutar de uno en desigual a sí mismo, o si se prefiere mutar de la propia identidad en alteridad. Asunto éste que queda perfectamente reflejado en la expresión gráfica del principio de identidad, pues para decir que la cosa A es igual  a sí misma ponemos dos A, y no una,  separadas por el signo de igualdad: A=A, la igualdad una relación entre A y A.

En la propia identidad de una cosa se inserta la desigualdad, es decir polaridad respecto a dos rasgos incompatibles Así pues el primer A igual a A es un incompatible respecto  a este su igual, y viceversa. El  incompatible está en uno, la dicotomía esta en el seno de cada cosa. Afirmar que  tras la  igualdad  de una cosa con respecto a sí misma se cierne su desigualdad respecto a las demás, supone afirmar que nunca hay sólo una cosa,  que una cosa es  (al menos) dos cosas.

Muy sensato y prudente queda ahora por comparación el principio de los indiscernibles. Ciertamente si hay dos,  son desiguales, pero además si hay uno hay dos; uno es dos. Pero para haber ha de haber al menos uno, luego  la desigualdad  es inevitable al ser o haber.

A otro  pensador  también calificado de oscuro, se le atribuye el haber sostenido  que los que  descienden al  mismo río son sumergidos por aguas diferentes y en general que lo que se asemeja idéntico a sí mismo se revela en realidad ser otro.  A él se atribuye también la afirmación de que la palabra justicia sólo alcanza sentido en razón de la injusticia y que al remover muchas parcelas de tierra se encuentran pocas pepitas de oro.

La vinculación  entre Hegel y Heráclito es un lugar común de la historiografía filosófica.  Y ciertamente las  afinidades son sorprendentes incluso en lo referente a la permanente ambigüedad respecto a si las proposiciones que se afirman son atribuibles al sujeto que habla o al hablar como tal. Con motivo de una lectura compartida de capítulos de la Ciencia de la Lógica  efectuada en París durante los años en los que se hallaba allí exiliado,  Agustín García Calvo señalaba que las palabras de arranque, Ser, puro ser (Sein, reines Sein) podrían perfectamente entenderse "yo puro yo". La ironía era evidente: se intentaba poner de relieve que todo parecía tener una tonalidad más bien ególatra en ese texto de Hegel. Sin embargo el gran correo  de  Heráclito que era García Calvo sabía  que también en el pensador de Éfeso se daba esa ambigüedad,  pareciendo  que el que habla se identifica a la razón común en nombre de la cual habla, mientras que los otros hombres se mostrarían sordos a la misma.

 En cualquier caso, erigiéndose o no en encarnaciones de la razón que ambos reclaman como motor del mundo, Hegel y Heráclito comparten el punto esencial del que me ocupo hoy aquí, a saber: en primer lugar  que la armonía pre- establecida entre seres múltiples es una ilusión de la representación   y que tras la aparente yuxtaposición de identidades se esconde  una   desigualdad,  la cual  a su vez esconde una polaridad más radical  ( polemos -conflicto- en el que Heráclito ve matriz de las cosas); en segundo lugar, que no se escapa a esta polaridad conflictiva  huyendo de la relación con otro , refugiándose en sí mismo, puesto que la propia igualdad, que uno ciertamente mantiene consigo, lleva en si la disparidad.

[Publicado el 05/3/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 87: El precio de la identidad (2): razón de que la diferencia sea desigualdad.

Las líneas de Hegel con las que cerraba la columna anterior se incluyen en este párrfo

"La representación considera los momentos de la igualdad y la desigualdad como independientes entre sí, de modo que pueda bastar, para la determinación, uno sin el otro, es decir la pura igualdad de las cosas sin la desigualdad; o sea, considera que las cosas son diferentes aun cuando ellas sean múltiples sólo bajo el aspecto numérico, es decir, diversas en general, no desiguales" (Hegel, Ciencia de la Lógica. Doctrina de la Esencia traducción de Rodolfo Mondolfo, Solar- Hechette, Buenos Aires  citada p.371)

Hegel nos indica que este modo de pensar es propio de la representación. Y ¿qué es la representación? En la atmósfera hegeliana representar es casi lo contrario que pensar.    

La actividad del  pensar prioriza la diferencia luego la relación, establece diferencias allí dónde de lo contrario tendríamos una homogeneidad estéril. Por ende, si las cosas estuvieran sometidas al pensamiento no cabría suponer que tienen  una identidad previa a las relaciones diferenciales que mantienen. La pasividad del representar no vincula por diferenciación sino por yuxtaposición. Si dos cosas se le presentan iguales las incorpora sin buscar  la diferencia. Obviamente la actividad del pensar es más fértil:

"Al contrario,  el principio de diversidad expresa que las cosas son diferentes por su desigualdad entre sí, esto es que a ellas les compete la determinación de la desigualdad tanto como la igualdad"( idem).

 Hegel hace aquí una suerte de tributo a Leibniz , pero la Ciencia de la Lógica,  es decir, lo que Hegel considera el movimiento propio de las ideas,  da un paso más. Ciertamente no hay dos cosas iguales; si hay dos,  hay desigualdad de rasgos. Pero ¿por qué es así ? ¿Por qué no hay uno igual a sí  sin dos desiguales?

Para Hegel no basta decir con Leibniz que si se dan dos entidades hay una diferencia esencial o constitutiva, una desigualdad  entre ellas.  Hay que decir porqué  es así.  Hegel exige lo que el llama una demostración y lo hace en un texto durísimo y oscuro como todos los textos del autor. Ahorro en todo caso al lector el camino de la exploración y transcribo tan sólo el resultado:  no cabe suponer que haya dos cosas mera o absolutamente iguales, por la razón simple de que la igualdad como tal se revela ser dentro de sí misma desigualdad.

Así pues,  lo que la demostración del principio de diversidad o principio de los indiscernibles exige es trascender la consideración de las cosas iguales para contemplar la categoría misma de igualdad  y entonces... "mostrar  su traspaso a la diversidad determinada, es decir a la desigualdad. .

Al que crea poder constatar que se dan dos cosas in- diferentes o iguales, se le objetará lo siguiente: dado que la igualdad misma muda necesariamente en desigualdad, tales cosas iguales serían,  por la propia razón de serlo, desiguales.

Hay sin duda otras formas, digamos más cartesianas,  de intentar demostrar que la diferencia nunca es neutra, que la mera diversidad supone desigualdad de los diversos. Pero retengo aquí la de Hegel por un aspecto importante que comentaré en las siguientes columnas, a saber que la desigualdad hegeliana supondrá oposición y contradicción. Y en consecuencia: la identidad es diferencia, la diferencia es desigualdad, la desigualdad es oposición y la oposición contradicción.

[Publicado el 26/2/2015 a las 09:00]

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Asuntos metafísicos 86: El precio de la identidad (1): la identidad es diferencia y desigualdad

El diccionario de la Real Academia, ofrece  esta caracterización de los términos  Idéntico, Idéntica: "Dícese de lo que es lo mismo que otra cosa con que se compara".  Identidad es por su parte lo que tiene "cualidad de idéntico". Así pues hablar de identidad supone referirse a una pluralidad que comparte rasgos, una pluralidad puramente numérica; carece de sentido hablar de identidad sin comparación y en consecuencia sin referencia a otro; no hay identidad autista.

En relación a la identidad retomaba en estas columnas hace unos meses una pregunta filosófica clásica: ¿cabe realmente  una multiplicidad meramente numérica, es decir, sin notas diferenciales intrínsecas? Caben meramente hablar de dos si carecen de toda diferencia?

Remontándome a Aristóteles señalaba que al nivel de las especies la respuesta es negativa (pues referirse a especies supone precisamente considerar la diferencia cualitativa en el seno de un género) pero que la cosa es mucho más ambigua respecto a los individuos: las diferencias que nos permiten ver en  tal individuo aquí presente como representante de la especie chimpancé (mientras que  ese otro individuo, aquí presente asimismo, es representante de la especie bonobo) serían estables o   esenciales, mientras que las diferencias  mediante las cuales podemos distinguir al chimpancé x del chimpancé y, o  al individuo  Sócrates de  individuo  Calias,  serían puramente azarosas, accidentales, contingentes y fugitivas. De ahí la  tesis aristotélica de que no hay ciencia de los individuos,  que la ciencia  acaba  allí dónde conseguimos distinguir a una especie de otra especie.

De hecho estas diferencias entre dos individuos de una misma especie podrían anularse como en algún caso límite, como el de los auténticos  gemelos. Consideremos pues que efectivamente x e y son dos  gemelos que además van vestidos, peinados etcétera de la misma manera. ¿Qué hace que no los confundamos? Cabe decir que ello se debe a la multiplicidad cuantitativa de la especie en el seno del espacio y el tiempo. En el tiempo,  Sócrates ayer y Socrates hoy son dos, no uno; y si se trata de ahora,  Sócrates  aquí y su gemelo unos metros más allá. Esta contingencia de los rasgos diferenciales cualitativos cuando se trata   del individuo supone que, a la hora de referirse a éste, lo único importante es exactamente lo que la etimología dice: indiviso respecto a sí mismos y dividido respecto a todos los demás (por decirlo en términos de Francisco Suárez) es decir la definición misma de uno. Si hay individuos hay multiplicidad meramente cuantitativa, cabría entonces  decir respondiendo a la pregunta.

Pues bien, señalaba que el principio de los indiscernibles leibniziano venía a dar  al traste con esta concepción: lejos de admitir que la diversidad de posiciones en el espacio y el tiempo basta para distinguir a una realidad de otra, Leibniz nos invita a considerar la posibilidad de que sólo se den tiempo y espacio en razón de que las cosas de inmediato se distinguen por rasgos intrínsecos, de tal modo que sin relación diferencial intrínseca no cabría hablar de especies ni de individuos. Y citaba a Leibniz: "El principio de individualización se reduce en los individuos al principio de distinción del que hablaba. Si dos individuos fueran absolutamente similares e iguales y así (en una palabra) indistinguibles por sí mismos, no habría principio de individuación ; e incluso me atrevo a decir que en estas condiciones no habría distinción individual ni individuos diferentes"

Pero, ¿qué es una relación diferencial intrínseca? La respuesta inmediata es que se trata de una relación en la que hay desigualdad. No hay dos si el uno no es difiere por algo que le hace desigual respecto al otro. Obsérvese que desigualdad no quiere decir jerarquía, al menos de inmediato (un chimpancé y un bonobo son desiguales sin por ello tener relación de jerarquía), aunque veremos que la desigualdad misma acabará generando algo que conlleva esa desigualdad jerárquica. Introduzco ahora la reflexión al respecto de uno de los autores más difíciles de seguir, el Hegel de la Ciencia de la Lógica. Hegel combate la concepción según la cual  "las cosas son diferentes aun cuando ellas sean múltiples sólo bajo el aspecto numérico, es decir, diversas en general, no desiguales, combate aquello que en otro momento de su reflexión calificará de "ternura común por las cosas"

[Publicado el 19/2/2015 a las 14:30]

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Asuntos Metafísicos 85: En qué difiere la nueva metafísica

Desde su arranque, concebida en términos cualitativos por los jónicos, matematizada por los pitagóricos, des-matematizada por Aristóteles, y vuelta a matematizar por Galileo, la física siguió su camino seleccionando aquellas de las hipótesis que mayormente daban cuenta de la naturaleza y excluyendo las que no lo hacían. Y aunque tuviera matriz en la física,  la filosofía forjó su vía propia explorando la relación del sujeto con esa naturaleza de la que se ocupaba el físico e incluso hurgando en lo que concierne al mismo con independencia de la naturaleza. Si se quiere: la física encuentra paradigma  en los Principios de Newton y la filosofía en la Crítica de la Razón Pura de Kant. La física iba  avanzando  y la filosofía iba dando vueltas, inevitables vueltas de ser cierto como Hegel afirmaba que desde siempre ha habido "una  única filosofía".

¿Han convergido ambos caminos? No exactamente. Lo que ha ocurrido es que la física, con independencia de lo que iba haciendo la filosofía, se encuentra de nuevo en ésta. La  física desemboca en  la filosofía por así decirlo ingenuamente. Y lo hace  incluso con mayor radicalidad que en la prodigiosa época jónica. Pues a la disparidad de conjeturas se añade ahora lo siguiente: hay razones para poner en tela de juicio los pilares mismos sobre los cuales se edificaban  conjeturas.

Pues para el jónico, ya se vieran los cimientos de la naturaleza en el aire o en el agua,  las manifestaciones de la necesidad natural siguen inevitablemente pautas, o al menos el intelecto no puede comprender que no las sigan. No puede entenderlo porque simplemente el acto de intelección lleva implícito esta sumisión a pautas. Y estoy de nuevo en la cuestión de los principios. El físico griego da el salto a la metafísica al interrogarse si no es el propio intelecto quien  fragua los entresijos de la necesidad. El meta-físico del siglo XX extiende la interrogación a los principios mismos que permitían formularla.

[Publicado el 12/2/2015 a las 09:00]

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Asuntos Metafísicos 84: Cuando la necesidad es reflexionada.

Como ser natural el hombre ni obedece ni desobedece a la necesidad; simplemente  sigue el cauce por el que esta transcurre. La primera distancia respecto a la necesidad viene precisamente tras el reconocimiento de la misma y exploración de sus ramificaciones. El pensador jónico que empieza siendo estrictamente lo que hoy llamamos un físico, da un paso gigantesco cuando sencillamente se pregunta por aquello mismo que está haciendo, se pregunta por el lazo entre la necesidad que explora y el hecho de que  está explorándola. El inicio de la interrogación se encuentra en la constatación de que hay más de una conjetura  razonable. Todo empieza por un momento  de duda,  en absoluto sobre la necesidad, sino sobre el discurso que intenta reflejarla: la necesidad es agua, o bien,  la necesidad es aire.

El paso ulterior es inevitable. ¿Quién avanza ahora que se trata de agua, y ahora que se trata de aire? No es cuestión de dos sujetos que se pelean en razón de intereses o que difieren en la percepción de sus sentidos (como el enfermo de ictericia difiere de los demás en su percepción de la miel como amarga). Es cuestión del intelecto mismo, que tiene honradas razones para afirmar  una cosa y para afirmar la otra.

Veinticinco siglos más tarde el intelecto vuelve a dudar y vuelve a hacerlo exactamente en idénticas condiciones, es decir, ante la physis y terco en la tarea de explorar sus entresijos. Pues resulta que el intelecto tiene ahora razones para sostener  que la luz es un conjunto discreto, y en otro ahora razones para sostener que la luz es un continuo ondulatorio. El intelecto no duda ni de su propia honradez ni de la necesidad natural. El intelecto duda de que la necesidad tenga una sola cara, y ello le conducirá a dudar de que  la misma sea absolutamente separable de las intervenciones que el intelecto mismo realiza. Entiéndase bien: no se trata de que la necesidad sea superada por el intelecto, de que éste pueda, por así decirlo, hacer milagros. Se trata de que el intelecto forma parte de la necesidad, de que no hay quizás necesidad sin intelecto.

Estas razones para aventurar que en el seno de la necesidad natural está también el propio intelecto surgen como consecuencia de la física de los pensadores jónicos y surgen de nuevo como consecuencia de la física del siglo XX. Lo de menos son las manifestaciones bajo las cuales está imposibilidad de evacuación del sujeto se manifiesta hoy en día, llegando algunas de  ellas incluso literalmente a popularizarse. (así el llamado principio de incertidumbre). Lo importante es el hecho mismo que de nuevo la propia reflexión sobre la physis conduce a la metafísica.

Y aquí  una pregunta elemental: si los pensadores griegos ya se enfrentaron a la cuestión del sujeto y lo hicieron como resultado de sus propia exploración de la naturaleza, ¿qué añade el hecho de que tal cosa ocurra en el siglo XX? ¿en qué se diferencian realmente ambos momentos? ¿En qué digiere la metafísica que arrancó hace un siglo a partir de las aporías mismas de la física y la que constituye con los jónicos el arranque de la filosofía?

[Publicado el 05/2/2015 a las 09:00]

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Foto autor

Biografía

Víctor Gómez Pin se fue muy joven de Barcelona a París donde estudió Filosofía obteniendo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde imparte las asignaturas de Filosofía y Matemáticas, Epistemología y Filosofía fundamental. Desde hace unos años trabaja en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas.


Su transcurso indisociablemente profesional y social quedó marcado por su incorporación al proyecto de la facultad de Zorroaga que, en el San Sebastián de los años ochenta, aspiraba a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía fiel a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo de toda la universidad". En la fidelidad a lo que fue el proyecto teorético fundacional de Zorroaga, Víctor Gómez Pin es coordinador del International Ontology Congress/Congreso Internacional de Ontología, cuyas ediciones desde hace veinte años se han venido realizado bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha obtenido entre otros los premios Anagrama y Espasa de Ensayo.
Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. En abril de 2013 fue nombrado miembro de Jakiunde, Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras del País Vasco. Junto al compositor Tomás Marco es co-director del Encuentro Música- Filosofía que se celebra anualmente en la ciudad de Ronda. Su libros más reciente es Reducción y combate del animal humano (Ariel, 2014)

Bibliografía

 

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Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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