PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 23 de mayo de 2015

 Blog de Víctor Gómez Pin

Asuntos Metafísicos 97: ¿Qué ocurrió para que la reflexión sobre la physis viniera a ser reflexión sobre el observador de la misma?

Jesús Molongwa Bayi Bayi, egiptólogo de formación, ha presentado en la Universitat Autònoma de Barcelona, un trabajo de fin  de Master en Filosofía  bajo el título "El paradigma egiptológico como nuevo lugar del filosofar en África", tema que se propone ampliar en una tesis doctoral. En realidad ese  lugar para la filosofía  sólo sería "nuevo" por el hecho de haber sido perdido...y encontrado: reencuentro con el verdadero origen, es decir,  restauración de la civilización del Bajo Nilo en un  trono que nuestra tradición historiográfica, al menos desde Gomperz,  otorga a la Anatolia jónica. De alguna manera cabría decir que los jónicos, Tales de Mileto en primer lugar, no sólo adquirirían en las fuente del Nilo su conocimiento, sino incluso la idea de necesidad natural que en estas columnas   he considerado como la que marca la frontera que conduce primero a la ciencia y después a la filosofía

Mientras escuchaba las reflexiones de Jesús Molongwa me venían a la mente las palabras que, a decir  de Platón, escucha Solón "el más sabio de entre los siete sabios" en  la ciudad egipcia de Sais de boca de un sacerdote egipcio: "Solón, Solón, eternos niños sois los griegos, no es viejo el griego... Ninguna arcaica tradición oral ha podido inculcar  en vuestras almas opinión fundada ni ciencia emblanquecida por el tiempo".

He tenido  ya ocasión de evocar aquí  las razones explicativas  de esta  supremacía   de Egipto sobre Grecia:

Ambos países estás amenazados  por inevitables catástrofes cíclicas que anulan la vida civilizada. La catástrofe no tiene el mismo peso cuando la provoca el fuego o cuando la provoca el agua, pues solo en el caso del fuego la destrucción es total. Pero aun tratándose  de la calamidad causada por las aguas,  hay una diferencia en la modalidad que adopta la catástrofe en uno y otro lugar, y esta diferencia  tiene enormes consecuencias: la gravedad depende de si las aguas  descienden torrencialmente o bien, como en Egipto,  se trata del desbordar de un gran río.  Pues en el segundo caso, en la llanura misma, aunque desaparecen las plantas, los animales y el hombre, se salvan los templos y las inscripciones que en ellos conservan la memoria colectiva. De ahí que, cuando  las aguas descienden y  los supervivientes en las cimas  montañosas bajan a la llanura, restauran con ayuda de esa memoria escrita los cimientos de su civilización, lo cual hubiera sido mucho más difícil en base al contingente recuerdo subjetivo.

Así pues, mientras  la catástrofe relativamente menor que supone el desbordar  del  Nilo  preserva en Egipto lo esencial, en Grecia  la  torrencial destrucción cíclica  hace que sus habitantes estén a intervalos condenados a empezar a cero.

 Así pues la sabiduría de Solón tendría en Egipto algo más que matriz. ¿Sería también el caso de la  ciencia y la filosofía de Tales? Simplemente carezco de competencia  filológica o historiográfica para discernir con claridad en este fascinante asunto, y por ello mismo acompañaré con gran ínterés a Jesús Molongwa en sus investigaciones. En el interín me atengo a los pensadores griegos  y retomo  una  pregunta de alguna manera elemental:  ¿qué pasó para que la interrogación de  Tales de Mileto o de Anaximandro relativa a cual es el elemento primordial del orden natural haya dado paso a una interrogación sobre el peso relativo de las facultades del sujeto humano en la configuración del orden físico?   Traigo una vez más a colación la controversia entre el intelecto  y los sentidos del texto que Galeno atribuye a Demócrito: 

"Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" aserta el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota"

Los sentidos vienen a decir que al rebajar  el peso de los mismos, al  afirmar que lo único real en la naturaleza son los inasibles  átomos y vacío, el intelecto sólo consigue vencer a su matriz, es decir  la única fuente a partir de la cual cabe llegar a sus  pretendidas evidencias. Sin duda el intelecto tendrá alguna  respuesta, que a su vez levantará objeciones.  Pero lo  esencial es que la diatriba ha emergido, emergencia que es una de los rasgos definitorios de la filosofía.

¿Qué pasó, repito, en el seno de la física nacida en Jonia para que la cuestión del sujeto aparezca con una radicalidad que ya nunca será abandonada, y cuyos avatares se confunden con la historia misma de la filosofía? Pregunta  tanto más relevante cuanto que la historia parece haberse repetido y desde hace ya  más de  un siglo la física misma se ha visto, casi por escrúpulo intelectual, forzada a abrirse a la interrogación metafísica, a retomar la polémica el texto de Galeno y de alguna manera también la cuestión trascendental de la Crítica de la Razón Pura, se decir: se ha visto obligada   a pasar de la reflexión inmediata sobre la naturaleza a una reflexión sobre el ser que reflexiona.

[Publicado el 20/5/2015 a las 14:49]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 96: “La Ciencia no ha existido excepto entre los pueblos que vivieron bajo la influencia griega”

En cualquier caso la conjetura de que todo es agua,  no es en boca de Tales una hipótesis científica,  sino más bien una hipótesis que contribuye a forjar  la ciencia. Jean Pierre Vernant (Les origines de la pensée grecque Paris 1969)  ha puesto de relieve todo lo que este pensamiento debe a las civilizaciones anteriores, Babilonia y Egipto en primer término. Sin la eclosión de resultados experimentales parciales que se dio en estas civilizaciones, y sin asimilación de los mismos,  Tales no hubiera nunca podido avanzar sus propias tesis. Sin embargo  con esta certeza de una necesidad natural que sería inteligible al pensamiento estamos en presencia de algo insólito:

Al buscar un principio generador de la multiplicidad de entidades que constituyen el mundo, lo de menos es casi el determinar de qué elemento se trata, y de hecho Tales no hará más que abrir un debate al respecto que (ciertamente de manera sofisticada) se prolonga quizás en nuestros días. Lo importante es la convicción  de que algo hay que  efectivamente  está en los cimientos, algo hay sobre lo cual todo reposa, algo a lo que nuestro discurrir intenta aproximarse, algo que exige que hagamos alguna conjetura... aunque no hay seguridad absoluta de que acertemos, cosa que ya se encargarán de señalarnos.

La convicción de que hay una necesidad natural es el primer paso con vistas a que en la historia de las civilizaciones emerja lo que denominamos ciencia. Pero de poca serviría tal convicción si no se diera una segunda, a saber: la necesidad natural es transparente a la razón; la necesidad natural es inteligible. En suma, el doble postulado según el cual se da una necesidad natural, la cual es además explorable por la mente de un ser racional es el fundamento de la ciencia. Y en la medida en que este doble postulado se forja entre los pensadores de las ciudades marinas de Jonia, cabe decir que la ciencia constituye el aporte de Grecia a la historia de las civilizaciones. En palabras de John   Burnet John Burnet (Early Greek Philosophy Londres 1930)  "constituye  una adecuada descripción de la ciencia el decir que en ella se trata de pensar sobre el mundo a la manera de los griegos", a lo cual el gran Erwin Schrödinger añade "la ciencia no ha existido excepto entre los pueblos que vivieron bajo la influencia griega,"

Sería simplemente estúpido interpretar esta tesis en el sentido de una cualquier diferencia jerárquica entre la civilización jónica y las que la precedieron. Tan estúpido como pensar que la aparición de la teoría de la relatividad en un determinado contexto cultural supone superioridad del mismo. La prueba de la universalidad de la ciencia es  precisamente que  la reflexión iniciada en lengua  griega es sin problema alguno  incorporable  por toda otra  lengua. La ciencia nace  en una lengua y una región del mundo, pero se siente en su casa allí dónde hay una lengua que la acoja. Hay mucha s razones para aceptar la conjetura de que efectivamente  pero conviene explicitar que todo pueblo es susceptible de hallarse bajo la influencia griega, al igual que es susceptible de hallarse bajo la influencia egipcia, o babilónica.

Pero avanzar los postulados que sustentan la ciencia no significa en modo alguno dar cuenta de la emergencia de la filosofía. Esa tiene asimismo lugar en Grecia y entre los pensadores jónicos, mas de ninguna manera se confunde con la ciencia. Supone precisamente un paso más y decisivo en el movimiento que condujo a la ciencia, y que al igual que la ciencia es desde el origen potencial patrimonio de la entera humanidad. De esto seguiré ocupándome.

[Publicado el 05/5/2015 a las 14:30]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Asuntos metafísicos 95: Que añade la Ciencia a la inteligibilidad (2)

Atribuir a la naturaleza un poderoso principio de ordenación interna, liberar a la naturaleza de la arbitrariedad, hablar de necesidad natural abre la vía a determinar  formas precisas de comportamiento de la naturaleza y  a efectuar razonables previsiones. Confiaremos por ejemplo en que cada evento espacial y natural tiene una causa, confiaremos asimismo en que la relación entre causa y efecto tiene un orden temporal determinado y, en consecuencia, que  no cabe modificación de lo dado efectuando una intervención sobre el pasado. Y lo mismo cabe decir de otros principios que cabe considerar a la vez rectores de la naturaleza y de nuestro comportamiento ante la misma.

 Ha de enfatizarse el hecho de que esta disposición ante la naturaleza sólo tiene sentido en base a la exclusión de las hipótesis míticas. Si la naturaleza estuviera sometida a los dioses como en los poemas de Homero, entonces  los principios de regularidad ahora contemplados  podrían eventualmente ser sustituidos. La búsqueda de principios firmes sólo tiene sentido porque  se presupone que los hay. Y para ceñirse a un ejemplo: si alguien sostiene que una determinada sustancia constituye un invariante universal que da soporte a la inmensa diversidad de los fenómenos es porque está convencido de que la necesidad de que haya efectivamente un invariante universal. Observación que me da la ocasión  de abordar un aspecto por el cual Tales de Mileto es conocido y que  permite considerarlo de alguna manera un científico, y quizás incluso el primero de entre ellos. 

En cualquier manual de filosofía el lector podrá leer que Tales hacía del agua el elemento primordial al que todas las cosas de la naturaleza se reducirían. El agua es susceptible de ser percibida a través de los sentidos, no es una cosa abstracta como un rectángulo o el número tres (percibimos mediante los sentidos tres manzanas, o tres sillas, pero no el número tres). Así pues,  priorizar el agua a  la hora de explicar las cosas supone explicar las cosas naturales  por algo presente en la propia naturaleza,  lo que los griegos llamaban physis  y por eso Tales es un sostenedor del  poder de la physis, un fisiócrata.

¿Por qué el agua?  Entre otras cosas porque Tales tuvo ocasión como todos nosotros de  percatarse de que la vida  surge efectivamente en medios húmedos,  de tal manera que  este agua debe ser interpretado como lo líquido o fluido (ta hygra). Privilegiar lo húmedo equivale simplemente a considerar que la diferencia entre las cosas se reduce a una diferencia en el grado de condensación (aspecto que después será desarrollado explícitamente por otro de los filósofos de Mileto). Condensándose, el agua forma los cuerpos sólidos; rarificándose en forma de vapor el agua crea el aire, el cual a su vez generará el fuego.

¿Todo excesivamente ingenuo? Tan ingenuo como puede parecer a un genetista contemporáneo la imagen de James Watson y Francis Crick posando ante la "escultura" con doble hélice que  intentaba reproducir algo que hasta entonces nadie había contemplado. El peso de una hipótesis científica no se mide por la configuración  imaginaria, sino por lo que supone como tentativa de abrir puertas ante una situación cerrada. Una hipótesis fértil es algo que surge necesariamente  de una crisis, una respuesta  literalmente de emergencia, la necesidad de una reacción adecuada  ante  una situación apremiante,  como lo fue la hipótesis de la relatividad de tiempo y espacio,  o la del carácter discreto (en ciertas condiciones ) de  la luz, ante la crisis en la que se veía  la física en el arranque del pasado siglo.

 Se diría que Tales es receptivo al hecho  de que el agua se muestre a la vez como soporte de las cosas  y como fondo en el que se abisman.   Percibiendo que  la madera no se sumerge en el agua, Tales aventura  que la tierra flota en ese elemento "como un pedazo de madera". Se ha  evocado al respecto la isla de Delos que, en  el mito, se  desplaza sin rumbo hasta el nacimiento de los gemelos  Apolo y Artemisa. No faltarán a la imaginación otros ejemplos que ponen de relieve la  tendencia a  reconocer en el agua el fundamento. Baste con evocar esa singular pulsión que supuso simplemente erigir en la laguna la ciudad de Venecia. 

[Publicado el 28/4/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 94: Qué añade la Ciencia a la inteligibilidad (1)

El hombre no sólo es capaz de intelección sino algo más importante: en ocasiones  lo que motiva al hombre hacia  la intelección no es otra cosa que la intelección misma. Tras subrayar  la singularidad de esta situación me preguntaba en la pasada columna si ello era ya razón suficiente para hablar de ciencia. La respuesta es más bien negativa. La ciencia supone algo más que grado de conocimiento, incluso algo más que grado de conocimiento desinteresado. Conocimiento de alto nivel tenían desde luego los astrónomos babilónicos y chinos y no cabe dudar de que en algún respecto este conocimiento era meramente desinteresado. Y sin embargo no es arbitrario que en la previsión del eclipse por Tales de Mileto pueda barruntarse algo que no se daba en las etapas anteriores del conocimiento astronómico.

"El día se hará noche" nos dice Herodoto respecto a la previsión de Tales  cuya verificación en  un agónico conflicto contribuirá precisamente  a que se busque una sutura del mismo "En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el día repentinamente en noche; mutación que Thales Milesio había predicho a los jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entonces lidios y medos, viendo el día convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron a poner fin a sus discordias con un tratado de paz"  (Herodoto Historias I, 74 traducción del jesuita P. Bartolomé Pou (1727-1802) disponible online)

Es objeto de  discusión el grado de precisión de Tales respecto al día y hora del eclipse, habiéndose incluso conjeturado que sólo pudo prever el año, pues prever un eclipse solar exige poderosos medios geométricos y trigonométricos de los que la ciencia no dispuso sino años más tarde. Pero con independencia del grado de conocimiento y del grado de acuidad en sus cálculos,  la actitud, la disposición de espíritu de Tales difiere de la de sus predecesores  en un punto importante: la observada regularidad en las órbitas que ha permitido prever la ocultación del sol no constituye un hecho aislado, expresión de un azarosa confluencia o de la intervención de los dioses u otras potencias ignotas.

Aunque, de hecho, no tengamos más que un conocimiento parcial, la naturaleza en los cuerpos celestes como la naturaleza en nuestro entorno, responde a una necesidad intrínseca que se traduce en movimiento de los astros, en emergencia de seres,  en transformación, o en destrucción. La naturaleza no es un conglomerado dispar sin principio de interna organización, la variedad de las cosas de la naturaleza constituye  por el contrario un mundo, un kósmos, término griego para designar el orden.

[Publicado el 21/4/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 93: Preliminares de la Ciencia y de la Filosofía

En estas columnas retorna a intervalos la interrogación sobre la finalidad  de las mismas, es decir, el  objeto de la metafísica,  interrogación que  a su vez remite a la pregunta clásica e inevitable sobre el objeto mismo  de la filosofía. He intentado bajo múltiples formas delimitar cuando cabe decir que la filosofía da comienzo, qué separa la disposición de espíritu del filósofo respecto a la del científico o la del poeta, y cuándo cabe razonablemente conjeturar que la filosofía tiene su punto de arranque.

El problema del origen  se plantea en particular respecto a la  filosofía y la ciencia, pues a la palabra poética y al arte en general no parece poder atribuirse otro punto de arranque  que el de la propia humanidad. Es en efecto imposible imaginar que la disposición artística no surge de inmediato cuando en la historia evolutiva se asiste a ese momento de total ruptura, a esa emergencia que supone la mutación de un código de señales en lenguaje. Nunca es ocioso insistir en esta radical diferencia:

Los signos de  un código sirven a una finalidad práctica, y por definición su operatividad es proporcional a la ausencia de equivocidad; los signos lingüísticos por el contrario sólo parcialmente están subordinados a intereses exteriores al propio signo y además su potencial equivocidad es un arma para su propio despliegue, precisamente bajo forma de palabra poética.

Marcado por el hecho de que en ocasiones  el deseo de hablar (el pinkeriano "instinto de lenguaje") prima sobre las exigencias prácticas,  el hombre extiende  esta disposición más allá del lenguaje  y así convierte en símbolo cosas de su entorno que eran  susceptibles de constituir un instrumento para la vida práctica, o ser material del mismo.

 Interrogándose sobre la polaridad medios- fines, el genetista Francisco Ayala  señala el peso enorme de la capacidad para hacer esta distinción en el desarrollo de la cultura humana: "el cuchillo para  cortar, la flecha para cazar, la piel de un animal para proteger el cuerpo del frío" (Lectio con motivo de su doctorado Honoris Causa en la Universidad de Valencia). Mas precisamente por ello cabe enfatizar la enorme importancia en que esta finalidad del objeto es abolida: vasijas excesivamente pequeñas  para  almacenar agua o  excesivamente grandes para ser transportadas, arcos demasiado pesados  para ser alzados, espadas carentes de filo y de acuidad... objetos sin valor instrumental, preciosos sin embargo como prueba de ofrenda. Cabe conjeturar que está aquí  una de las vías en el deslizamiento que conduce de la techne en el sentido de técnica, a la techne en el sentido de arte

Pero lo que aquí quisiera enfatizar es otro singular aspecto del singular código de señales de los humanos: la información no determinada por objetivos exteriores a la misma, es decir, la inteligibilidad.  La abeja que contempla la danza de su congénere  recibe una información  llena de matices, la cual es desde luego preciosa con vistas a dar con el lugar dónde se halla el botín alimenticio. Sin duda cabe atribuir a ambas abejas algún tipo de afección  positiva en el hecho de estar actualizando una potencialidad simbólica que es propia de su especie ("danzar" y aprehender el sentido de tal danza), pero no parece razonable sin embargo separar tal satisfacción del objetivo vital.  No parece razonable conjeturar que tras  la danza que señala el lugar de la riqueza  y   la percepción del sentido de tal danza por la segunda abeja esta última acudiera a descubrir el lugar dejando intacto el objeto.

Es indiscutible que tal limitación no se da en el caso de la utilización de la información por los humanos. La información sobre la naturaleza  que el lenguaje proporciona puede llegar a ser deseada, no sólo dejando intacto aquello sobre lo cual tal información se da sino sin extraer utilidad alguna de la misma. El lenguaje humano intrínsicamente equívoco (a diferencia de los códigos instrumentales) lucha contra su interna  equivocidad  a fin de alcanzar información relativamente  inequívoca o inteligible, pero esta búsqueda de inteligibilidad puede llegar a ser libre, es decir, tenerse a sí misma como fin. ¿Quiero ello decir que esta búsqueda desinteresada es ya la ciencia? No necesariamente. La ciencia exige algo más, exige que lo inteligible no sea contingente, exige una determinada concepción del orden natural. Me ocuparé de ello en la siguiente columna.

[Publicado el 15/4/2015 a las 14:34]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 92: El engrasador del pensamiento.

De ser cierto que la diversidad muda en oposición y finalmente  la oposición se hace contradicción,  la asunción de esta última se convierte en el signo mayor  de  entereza, la cual  se manifiesta ante todo en la fertilidad del pensamiento. Cabe incluso decir que  pensar es la prueba misma de tal entereza, entendiendo por pensar la tensión de  nuestras facultades  a fin de que haya emergencia. Es esta una palabra clave tratándose de pensamiento: emergencia supone indiscutiblemente crisis, pero asimismo novedad, respuesta, que en realidad es el resultado de la activación de los recursos. El asunto no es tanto que lo nuevo suponga contradicción en el edificio de lo  instaurado. Lo importante  estriba   en que  la mente misma sólo es fértil rompiendo  la situación de equilibrio. El  pensar  es precisamente ausencia de reposo; el pensar nada tiene que ver con el control de algo adquirido,  es más bien  la agitación misma del espíritu, confundido éste con el movimiento de las ideas, las cuales no paran, pues propio  de  ellas es precisamente  no parar.

Por eso, como aquí mismo he tenido ocasión de señalar,  pensar es durísimo: pensar  es vencer la inercia que tiende a evitar la emergencia. Pero ésta se impone aunque la subjetividad no siga. Cuando esto ocurre, cuando el sujeto sigue anclado en lo dado, el sujeto se disocia de la razón, el sujeto resiste a su ser, que sin embargo acabará imponiéndose: el pensar no se detiene, sino que se separa y se aleja  del sujeto; el pensar sigue su camino  y el sujeto queda anclado:

 "El  pensamiento especulativo consiste solamente en el hecho de que  el pensamiento retiene en el la contradicción, manteniéndose él mismo en la contradicción, en lugar de   (como hace el pensamiento representativo) dejarse dominar por la misma" escribe Hegel.

[Publicado el 07/4/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 91: Contradicción en cada concepto.

"Vive el fuego la muerte de la tierra; también el aire vive la muerte del fuego; el agua vive la muerte del aire, la tierra la del agua". Una persona con la que he tenido ocasión de hablar de estos asuntos metafísicos me hace llegar este fragmento de Heráclito ( en versión  de Agustín García Calvo) pensador del que ha venido el último tiempo ocupándose. Fragmento al que se añade este otro más difícil quizás de interpretar: "Vueltas de fuego, lo primero mar, y de mar a su vez, la una mitad tierra y la otra mitad tormenta"

Vuelvo a la tesis dialéctica según la cual la identidad sólo es posible al precio de la diferencia, la cual a su vez supondría oposición y finalmente contradicción. Señalaba que esta concepción alcanza su cenit en la Ciencia de la Lógica de Hegel: la contradicción, verdad de toda diferencia, sería como el aceite del motor del  mundo, motor identificado por Hegel a lo que el llama razón. Aplico en esta nota la idea general  a la determinación misma de las especies.

El hombre es un animal bípedo, mientras que el caballo no lo es. En el seno de la animalidad las diferentes especies se distinguen precisamente por lo que Aristóteles llamaba "diferencias específicas", las cuales en la clasificación contemporánea se expresan en términos de diferencias genéticas sin que conceptualmente el asunto cambie gran cosa: el hombre tiene tal determinada mutación en el gen Fox P2, mientras que el bonobo o el macaco tienen una mutación diferente en ese mismo gen.

Ahora bien: nadie ha visto jamás el animal, lo que vemos es el animal en tal o tal especie, es decir nadie ha visto el animal sin diferencia específica. En consecuencia  las polaridades  del tipo mutación x versus  mutación y que distinguen al hombre del bonobo (o las análogas para otros ejemplos) son inherentes a la idea misma de animalidad.  Mas entonces la conversión de la diferencia en oposición y de esta última en contradicción afecta a la animalidad misma. 

El género animal engloba las especies, es como el todo de las partes que serían las mismas. Mas si animal se percibiera como agotándose en  el conjunto de polos de oposiciones que constituyen bípedo y cuadrúpedo, vertebrado e invertebrado  etcétera; si recíprocamente, estos polos de oposiciones no fueran disociados de la animalidad (u otro concepto genérico) en la que se suprimen sus diferencias y así se pierden...; si así fuera, la escisión  que para la unidad del género, supone concretizarse en especies aparecería como  verdad única del género mismo: esa animalidad en la que el bonobo y el hombre coinciden, llevaría ya dentro una quiebra.

[Publicado el 31/3/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 90: “Diferencia libre”

Desde hace un tiempo he venido centrando esta columna en un asunto vinculado a la historia de la filosofía, concretamente a las condiciones de posibilidad de la identidad, que he ido planteando con referencias a la clasificación aristotélica, ciertos principios leibnizianos y el proceso dialéctico que va de la  diversidad a la contradicción pasando por la oposición en la Ciencia de la Lógica de Hegel.

Ciertamente el tema sólo ha sido esbozado. Entre alguno de los tratamientos del asunto a los que ni siquiera he aludido  está el de Deleuze en su tesis doctoral Diferencia y Repetición,de cuya publicación se cumple ya medio siglo y que constituye quizás la obra mayor del autor ( a quien músicos y filósofos rendirán un homenaje este año en la ciudad de Ronda). Señalaré tan sólo que Deleuze introduce los conceptos de diferencia libre, es decir diferencia no subordinada a la unidad y de repetición compleja. La segunda idea es difícil de sintetizar. Podría hablarse metafóricamente de  retorno de algo que nunca de verdad se ha dado, la fertilidad en forma de reminiscencia. En algunos pasajes de la Recherche de Marcel Proust (autor sobre el cual Deleuze tiene un magnífico libro titulado Proust y lo signos ) cabría encontrar bellísima expresión literaria de esta idea.

Más fácil es aproximarse a la noción de diferencia libre, por  ejemplo contraponiéndola a la teoría aristotélica de la clasificación: Sócrates y Calias difieren entre sí por determinaciones que Aristóteles considera accidentales (diferencias materiales dice), pero coinciden en cuanto hombres. Hombre y bonobo se distinguen por su diferencia específica pero coinciden en cuanto animales. Animal y planta son heterogéneos pero coinciden en tanto seres vivos. Hasta ahí a cada nivel de diferencia corresponde u ivel de unidad que de alguna manera prima. El proyecto de Deleuze consiste en liberar el pensamiento de esta necesidad de vincular siempre la diferencia a la unidad, la diferencia libre sería la expresión de este desenganche. Recuerdo que durante la discusión de mi propia tesis doctoral (de cuyo tribunal Deleuze era miembro) tuvimos un pequeño debate sobre si la teoría de las categorías de Aristóteles era insertable en el sistema de subordinación de la diferencia a la unidad. Mi posición era que en la teoría según la cual  el ser no es un género supremo, sino que explota en la multiplicidad categorial, Aristóteles se acercaba de alguna manera al concepto deleuziano: juzgar es aplicar la multiplicidad categorial; las categorías son una multiplicidad originaria no derivada por diferenciación a partir de género común alguno; luego juzgar es inscribirse en una diferencia irreductible. Ciertamente Gilles Deleuze tenía otra percepción del aristotélico  libro de las Categorías. En cualqueir caso la cuestión que el pensador francés planteaba era fascinante y en aquel momento indisociable de los idearios políticos que se debatían entre sus estudiantes.    

[Publicado el 24/3/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 89: El precio de la identidad (4): la contradicción es conflicto

Recopilemos:

El tipo de multiplicidad realmente concebible nada tiene que ver con esa multiplicidad imaginaria en la que cada cosa es en primer lugar una entidad por sí misma y sólo en segundo lugar - y accidentalmente- tiene relación con las demás.  Simplificando cabría decir  (con Hegel, entre otros) que  se da la puntilla a la  concepción según la cual en primer lugar las cosas son lo que son y sólo en segundo lugar entran en relación las unas con las otras, de tal manera que de alguna manera el leibniziano principio de los indiscernibles alcanza por fin plena fuerza.

A ello se añade el hecho de que una entidad considerada separada lleve como su verdad interior la  polaridad,  de tal manera que ser es inevitablemente  diferenciarse, mostrarse desigual,  oponerse  y en última instancia entrar en la contradicción. En suma: identidad supone diferencia; diferencia supone desigualdad; desigualdad supone oposición y esta se revela ser pura contradicción.

 Tode esto en la Ciencia de la Lógica de Hegel,   que él mismo presenta como un reino de sombras, o en cualquier otro texto que sólo hable de la vida de conceptos. Pero, ¿qué ocurre cuando pasamos del reino de sombras a lo visible? Y concretamente:  ¿qué ocurre cuando  la disparidad es entre humanos, se trate de sujetos individuales o colectivos? Ateniéndonos por el momento al primer caso  ¿qué ocurre cuando un individuo de razón y de lenguaje reconoce su propia identidad? De entrada que ello no es posible mas que por su presencia ante otro que a su vez se afirma en la suya. Esta presencia puede ser pensada como armoniosa complementariedad: uno es el que es, al otro le sucede  lo mismo y santas pascuas. Pero sabemos que esto es una ilusión, que  su mera diversidad es diferencia  y en el caso de los seres de razón una diferencia en el seno de este atributo literalmente  específico. Tenemos aquí   la secuencia  quizás más popularizada de la Fenomenología del Espíritu, la llamada dialéctica del amo y el esclavo:

Identidad  en el seno de los seres de razón es conciencia,  y en un estadio desarrollado conciencia no sólo de lo que se presenta ante él sino conciencia de sí.  Luego,  la diversidad  sera al menos  una conciencia de sí ante otra conciencia de sí. Sabemos que esta diversidad no puede ser meramente numérica; al igual que una cosa suponía  la desigualdad respecto a otra cosa, una conciencia de sí ha de ser desigual a la otra conciencia de sí.

Esta desigualdad puede concretizarse de dos formas, sea en  la actividad teórica de las conciencias, sea en los impulsos de las mismas. Si consideramos esta última la desigualdad se traduce en desigualdad en el deseo.  Ambas tienen el mismo deseo, ambas quieren ser reconocidas por la otra, pero este deseo está escindido uno de sus polos es incompatible con el otro. Lo que exige cada conciencia de sí es que la otra la reconozca como continente absoluto del que ella misma es parte. Pues la conciencia de sí no es todo del mundo mas que si, en el reconocimiento, la otra acepta su propia subordinación . ¿Cómo se resolverá la contradicción? Inevitablemente con la lucha: el amo será la conciencia de sí que persevera como todo; el esclavo es la conciencia de sí que se ha convertido en mera parte. ¿Criterio para establecer quien resulta ganador? Un clásico: el amo no está dispuesto a subsistir a cualquier precio, triunfa o muere; el esclavo simplemente prefiere la vida a la libertad.

[Publicado el 12/3/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Asuntos Metafísicos 88: El precio de la identidad(3): la desigualdad supone contradicción

Ya he señalado en la columna anterior porqué me interesaba aquí el hegeliano tratamiento del problema de la identidad:   El lector que sigue los meandros de la lógica de la hegeliana  Lógica de la Esencia, cuando lleva un rato pensando en la igualdad se encuentra no de repente pero sí inevitablemente pensando en la desigualdad. Ello ocurre porque la idea misma de  igualdad muta en idea de desigualdad. Pero el lector observa que la igualdad concierne de entrada al uno: uno es igual a sí mismo, uno recibe el atributo de la igualdad. Mas entonces, el mutar en desigualdad de la igualdad, supone el mutar de uno en desigual a sí mismo, o si se prefiere mutar de la propia identidad en alteridad. Asunto éste que queda perfectamente reflejado en la expresión gráfica del principio de identidad, pues para decir que la cosa A es igual  a sí misma ponemos dos A, y no una,  separadas por el signo de igualdad: A=A, la igualdad una relación entre A y A.

En la propia identidad de una cosa se inserta la desigualdad, es decir polaridad respecto a dos rasgos incompatibles Así pues el primer A igual a A es un incompatible respecto  a este su igual, y viceversa. El  incompatible está en uno, la dicotomía esta en el seno de cada cosa. Afirmar que  tras la  igualdad  de una cosa con respecto a sí misma se cierne su desigualdad respecto a las demás, supone afirmar que nunca hay sólo una cosa,  que una cosa es  (al menos) dos cosas.

Muy sensato y prudente queda ahora por comparación el principio de los indiscernibles. Ciertamente si hay dos,  son desiguales, pero además si hay uno hay dos; uno es dos. Pero para haber ha de haber al menos uno, luego  la desigualdad  es inevitable al ser o haber.

A otro  pensador  también calificado de oscuro, se le atribuye el haber sostenido  que los que  descienden al  mismo río son sumergidos por aguas diferentes y en general que lo que se asemeja idéntico a sí mismo se revela en realidad ser otro.  A él se atribuye también la afirmación de que la palabra justicia sólo alcanza sentido en razón de la injusticia y que al remover muchas parcelas de tierra se encuentran pocas pepitas de oro.

La vinculación  entre Hegel y Heráclito es un lugar común de la historiografía filosófica.  Y ciertamente las  afinidades son sorprendentes incluso en lo referente a la permanente ambigüedad respecto a si las proposiciones que se afirman son atribuibles al sujeto que habla o al hablar como tal. Con motivo de una lectura compartida de capítulos de la Ciencia de la Lógica  efectuada en París durante los años en los que se hallaba allí exiliado,  Agustín García Calvo señalaba que las palabras de arranque, Ser, puro ser (Sein, reines Sein) podrían perfectamente entenderse "yo puro yo". La ironía era evidente: se intentaba poner de relieve que todo parecía tener una tonalidad más bien ególatra en ese texto de Hegel. Sin embargo el gran correo  de  Heráclito que era García Calvo sabía  que también en el pensador de Éfeso se daba esa ambigüedad,  pareciendo  que el que habla se identifica a la razón común en nombre de la cual habla, mientras que los otros hombres se mostrarían sordos a la misma.

 En cualquier caso, erigiéndose o no en encarnaciones de la razón que ambos reclaman como motor del mundo, Hegel y Heráclito comparten el punto esencial del que me ocupo hoy aquí, a saber: en primer lugar  que la armonía pre- establecida entre seres múltiples es una ilusión de la representación   y que tras la aparente yuxtaposición de identidades se esconde  una   desigualdad,  la cual  a su vez esconde una polaridad más radical  ( polemos -conflicto- en el que Heráclito ve matriz de las cosas); en segundo lugar, que no se escapa a esta polaridad conflictiva  huyendo de la relación con otro , refugiándose en sí mismo, puesto que la propia igualdad, que uno ciertamente mantiene consigo, lleva en si la disparidad.

[Publicado el 05/3/2015 a las 09:00]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Víctor Gómez Pin se fue muy joven de Barcelona a París donde estudió Filosofía obteniendo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde imparte las asignaturas de Filosofía y Matemáticas, Epistemología y Filosofía fundamental. Desde hace unos años trabaja en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas.


Su transcurso indisociablemente profesional y social quedó marcado por su incorporación al proyecto de la facultad de Zorroaga que, en el San Sebastián de los años ochenta, aspiraba a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía fiel a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo de toda la universidad". En la fidelidad a lo que fue el proyecto teorético fundacional de Zorroaga, Víctor Gómez Pin es coordinador del International Ontology Congress/Congreso Internacional de Ontología, cuyas ediciones desde hace veinte años se han venido realizado bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha obtenido entre otros los premios Anagrama y Espasa de Ensayo.
Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. En abril de 2013 fue nombrado miembro de Jakiunde, Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras del País Vasco. Junto al compositor Tomás Marco es co-director del Encuentro Música- Filosofía que se celebra anualmente en la ciudad de Ronda. Su libros más reciente es Reducción y combate del animal humano (Ariel, 2014)

Bibliografía

 

Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2015 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres