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Converses formentor

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 31 de julio de 2016

 Blog de Víctor Gómez Pin

SOLVAY 1927: “Lucha de gigantes en torno a la eternidad”

"Se diría que asistimos  a una suerte de lucha de gigantes por lo virulento  de su confrontación en torno a la entidad (gigantomachia... peri tes ousias, Platón  El sofista 246ª y siguientes). 

En 1903 el químico belga Ernest Solvay patrocina en la universidad de Bruselas la creación de un centro de investigación que llevará su nombre. En 1911 decide que en tal marco se realicen periódicamente encuentros científicos. El primero de ellos tuvo lugar una semana entre finales de octubre y principios noviembre de ese mismo año. El tema era La théorie du rayonnement et les quanta (Teoría de la radiación y los quanta),  Chairman de la conferencia era  Hendrik A. Lorentz y entre los participantes  estaban Max Planck, Ernest Rutherford, Marie Curie,  Henri Poincaré, y casi el benjamín de tos ellos... Albert Einstein.  No fue invitado Louis de Broglie, aunque sí acompañaba a su hermano Maurice, secretario de ese primer  Conseil Solvay,  hoy conocido como Solvay Conferences.

Se considera que esta primera conferencia constituye un auténtico hito en la historia de las reuniones científicas. En el calendario de las Solvay conference  hay sin embargo  una segunda fecha, que además de ser un punto de referencia absoluto en la física  puede también ser considerado como un momento determinante de  la historia de la meta-física.  Me refiero a la quinta conferencia que bajo el título general de "Electrones y fotones" tuvo lugar en octubre de 1927 (1) también presidida por Hendrik Lorentz. Varios de los congregados  eran ya  premios Nobel pero muchos otros lo serían más tarde (en total 17 de los 29 participantes).

Una suerte de lucha de gigantes en torno a la entidad ( gigantomachia peri tes ousias,)", nos dice Platón en  El Sofista, diálogo  que forma parte de los conocidos como metafísicos: los unos afirmando que sólo tiene entidad aquello que ofrece resistencia a los sentidos, incómodos  y negándose  incluso a escuchar  cada vez que se atribuye  la entidad a lo carente de cuerpo...;los otros, reiterando que el ser sólo es atribuible a lo que se aprehende con el intelecto. Y, "como un niño que responde ‘los dos'", el que busca ante todo la verdad se negará de entrada a posicionarse, apreciará apreciando y baremando lo afirmado por cada una de las partes.

Y efectivamente como ya he reiterado aquí en relación al fragmento de problemática análoga, literalmente polémica (pues expresada en términos de vencedores y vencidos ("Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota") que  Galeno atribuye a Demócrito, el interés de cada posición reside en gran parte en  el  conflicto (polemos) mismo que mantiene con la otra. Este conflicto podrá ser interpretado  como una polarización en el seno del sujeto, polemos  entre las facultades del ser de razón. Pues bien:

 El estatuto del ser de razón acabará siendo también el problema al que se verán abocados los protagonistas de aquel debate en el otoño de 1927 en Solvay. Ellos directamente, o al menos sus herederos. Pero este  problema del  testigo (el problema por ejemplo de dónde situar la frontera entre indicador del resultado de una medida - el cual es a su vez medible - y lo que en última instancia mide)  será el  punto de llegada, no el de arranque. La nueva  "lucha de gigantes" se focalizará en primer lugar en la entidad física inmediata, y allí aparecerá explícita o embrionariamente  todo aquello que desde entonces (al hacer que la física  alimente de nuevo las alforjas del filósofo) permite sostener que asistimos al renacimiento de la metafísica.

La riqueza de contribuciones en el coloquio de Solvay 1927 fue tal que, cabe decir, se encuentra allí en embrión todo el desarrollo de la física cuántica a lo largo del siglo XX.  En Solvay se discutió la mecánica ondulatoria de Schrödinger y la mecánica de matrices forjada dos años antes por Heisenberg, de la que Max Born da una interpretación probabilística (regla de Born) que se ha convertido en un pilar de la disciplina.  Decía antes que el físico francés  Louis de Broglie no había sido  invitado en la conferencia inaugural de 1911, pero sí lo fue en esta de 1927, dónde presentó una  hipótesis  (Pilot wave) sobre la realidad cuántica con gran peso en interpretaciones ulteriores, concretamente en la de David Bohm  (hasta el punto de que ha podido hablarse de "La mecánica cuántica de De Broglie-Bohm").  Bohm fue un  defensor a ultranza  (a través de una teoría más compleja) de los principios ontológicos reivindicados por Einstein, aunque  igualmente incapaz de salvar el más importante de ellos,  punto de arranque de la conferencia de Einstein en Solvay (de pasada, Bohm fue una víctima del McCarthysme y, pese al apoyo de Einstein, escandalosamente marginado por el rector de la universidad de Princeton, lo que le forzó a exiliarse a Brasil)

Antes de centrarse en alguno de  los debates que allí tuvieron lugar y que justificaría el título dado a esta columna, convendrá recordar ( y así lo haré en la próxima columna) un  aspecto de la vida de uno de los protagonistas,  concretamente el conflicto interior entre la asunción por Albert Einstein de su obra  y ciertos corolarios de la misma, conflicto que se da en un doble frente: el de los principios éticos (a menudo evocado) y en el de los principios filosófico-ontológicos (menos popularizado). Einstein enfrentado a los corolarios filosóficos de una de las ramas de su esfuerzo por entender el mundo; de alguna manera Einstein frente... a Einstein: tal será uno de los combates a los que se asistirá en ese prodigioso ring científico-filosófico que fue  en 1927 el castillo de Solvay.


 


(1) G. Bacciagalupe and A. Valentini, Quantum theory at the crossroads: Reconsidering the 1927 Solvay Conference. Cambridge University Press 2009. Se trata de un volumen en el que los autores recogen en inglés las intervenciones de este simposium.  

[Publicado el 27/7/2016 a las 15:36]

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A pesar de todo Jonia

Diopp invita a los pensadores africanos a enriquecer su pasado, a vivificar  el rescoldo que perdura. Ello en base no sólo a la convicción de que  el peso y la significación  real de un legado cultural (ciencia y filosofía  incluidas) sólo pueden ser aprehendidos situando a la misma en su dimensión histórica,  sino también a la convicción  de que  la fertilidad y pleno despliegue de tal legado sólo pueden darse en el marco originario.

Sin embargo, la propia tesis de que el pensamiento jónico tendría una de sus raíces en el valle del Nilo, es en cierto modo una indicación  de lo contrario: el embrión que emerge en un marco lingüístico y cultural  dado, se despliega allí dónde simplemente  hay una lengua capaz de acogerlo. Y Jonia sería la indicación clara de este hecho. Pues los pensadores  jónicos no se limitaron a incorporar conocimientos que quedarían entonces establecidos como un dogma; los discípulos de cada pensador no se limitan a repetir la enseñanza  recibida de sus maestros, sino que a veces se oponen a las mismas con radicalidad, atendiendo tan sólo a la exigencia de alcanzar esa necesidad que la naturaleza encubriría tras la disparidad, a veces  aparentemente aleatoria, de los fenómenos. En definitiva: si la raíz es ubicada en el valle del Nilo...el despliegue se efectúa más allá del valle del Nilo. Se efectúa de hecho hoy en todos y cada uno de los lugares dónde la ciencia marca el destino de los hombres y en consecuencia también en las crisis emergidas de la propia ciencia. No es pues siquiera necesario adoptar las posiciones de un filólogo como Heinz Wissmann discípulo del gran Jean Bollack, para quien  sólo con Tales y sus seguidores se habría introducido el postulado de que tras la dispersión de  los fenómenos hay una unidad, una idea de este tipo estando ausente de otras culturas (1). Basta con sostener que en todo caso en Jonia tal idea fue determinante: no sólo asumida con todas sus consecuencias sino desplegada en todas sus potencialidades.  Y vinculada a esta cuestión una segunda:

A juicio de Diopp y otros de los estudiosos mencionados, esa gran cultura pre-jónica de raíz africana no podría hoy dar  los frutos que cabría esperar en razón de que aquellos mismos llamados a reivindicarla no tendrían  conciencia de su peso y en ocasiones ni siquiera de su existencia. Con honrosas excepciones, incluso en las universidades africanas la historiografía filosófica y científica coincidiría con la que prima en Paris o Heidelberg, traicionando así un pasado que habría tenido brillante concreción en la universidad de Sankoré o en la de Tombuctú en el Medioevo africano. Pues bien: el reconocimiento de esta carencia no es desde luego un aspecto menor.  Pues  el peso de las grandes culturas se mide no sólo en razón de que son universalizables, sino también en razón de que han sido de hecho universalizadas; en razón de que efectivamente, y no sólo potencialmente, se han convertido en patrimonio de la entera humanidad. Por decirlo sin ambages: la fertilidad para el espíritu que cabría esperar de una explotación de la potencialidades de la cultura del valle del Nilo, se daría ya explorando las potencialidades de la cultura jónica (ello con independencia de la deuda que esta tendría históricamente con la anterior).

Seguir el trazado jónico tiene al menos la ventaja de que el despliegue se ha realizado, se ha realizado exhaustivamente, casi me atrevo a decir,  como muestra la larguísima historia de la física y de la metafísica de las que disponemos, y como muestra sobre todo la crisis misma de los presupuestos a la que hoy asistimos, de tal manera que  si la civilización del valle del Nilo estuviera en el origen, si allí se hubieran cimentado ya los presupuestos que hacen posible la física, el problema de fondo, el problema del socavamiento de principios ontológicos esenciales al que hoy el pensamiento se ve confrontado,  no cambiaría.


(1) Según Wismann  la ciencia moderna sería una consecuencia de este  postulado que él llama metafísico. La metafísica sería en esta perspectiva una suerte de mero preliminar de la física, no el resultado de los desarrollos de la física y concretamente de sus crisis, perspectiva en la que se fundan los presentes ensayos: primero postulados que posibilitan la física y como resultado de la física cabalmente la metafísica.

 

[Publicado el 12/7/2016 a las 09:00]

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¿Jonia o el Valle del Nilo (II)?

Veamos someramente el contenido concreto de este pensamiento reivindicado por Diopp, al que me refería en la anterior columna y que Jesús Mogonwa llega a a calificar de "ontología faraónica".

Tendríamos por un lado las escuelas de (en nombres helenizados) de Hermópolis, Heliópoles, Menfis y Tebas, en las que  se darían las primeras tentativas de explicar a la manera de los presocráticos el origen del universo. La base de esta cosmología  podría ser hallada  en documentos grabados en las pirámides  que datarían de 2600 antes de Cristo. Jesús Mogonwa explicita:

 "Se trata de unos documentos elaborados en una época en la que aún no existían los griegos en la historia, y donde las nociones de filosofía china o hindú eran un sinsentido, desde el punto de vista lógico".

La cultura científico- filosófica egipcia sería pues no sólo fuente de la griega sino efectivamente ajena a influencias chinas o hindús. Allí se habría concebido la tesis de una materia primordial denominada Noun,  indeterminada cualitativamente y carente de límites, la cual contendría en potencia los astros, así como los seres vivos y los humanos.  Bajo el nombre complementario de Kheper, Noun constituiría una suerte de ley actualizadora de arquetipos; arquetipos concebidos por el  propio Noun  en su forma de la divinidad  Ra, premonición del Dios-verbo (1). La analogía, a veces explícitamente establecida entre este  Noun primigenio y el Apeiron (lo infinito o ilimitado de Anaximandro), queda sin embargo matizada por el hecho de que  el Noun fuera precisamente  concebido como una divinidad. De hecho cada vez que se abriría la hipótesis de un principio explicativo, este se acompañaría con la idea de una divinidad correlativa, aunque Diopp (p.389) señala que progresivamente la idea del principio se vaya imponiendo sobre la idea de divinidad.

Tendríamos pues un doble componente idealista (arquetipos en Ra)-materialista (aire humedad, tierra y fuego en acto) que sería una de las fuentes tanto de las religiones reveladas como del pensamiento pre-socrático. En concreto, por lo a este último  se refiere, desde el Nous de Anaxágoras a las polaridades heracliteanas, pasando por los arquetipos platónicos, la deuda en relación al pensamiento faraónico sería enorme. Asimismo, la lógica habría  sido avanzada por los egipcios dos mil años antes que la sistematizara Aristóteles y lo mismo cabría decir de la geometría y la aritmética.

Aspecto importantísimo es que una teoría reivindicativa de la potencia de lo numérico no sólo tendría matriz en el pensamiento africano sino que perduraría en alguna de las culturas actúales, como la concepción del mundo de los Woyo del Congo, en las ideas cosmogónicas de los Dogon del Mali y sobre todo en el peso que otorgarían al simbolismo de los números los Bambara, también en Malí.

No insisto en este breve resumen de las tesis de Diopp, colaboradores y discípulos relativas a las implicaciones políticas, aunque  para los intereses de esta reflexión no puedo dejar de considerar un par de aspectos, sin duda problemáticos, que me llevan a seguir considerando legítima la posición consistente en volcarse sobre Grecia, y en concreto sobre el pensamiento jónico, a la hora de interrogarse sobre qué supuso el nacimiento de la física y qué llevó a la emergencia de la filosofía.

 


 (1) Jesús Molongwa enfatiza  al respecto el peso de un  párrafo de Diopp (Ibid,p.390): « Il suffit que Ra conçoive les êtres pour qu'ils émergent dans l'existence. Il ya donc un rapport évident, objectif, entre l'esprit et les choses. Le réel est nécessairement rationnel, intelligible, puisqu'il est esprit, donc l'esprit peut appréhender la nature extérieure. Ra est le premier Dieu, le premier Démiurge de l'histoire qui ait créé par le verbe. Tous les autres dieux sont venus après lui et il existe un rapport historique démontrable entre la parole de Ra, le Ka -ou la raison universelle présente partout dans l'univers, et en chaque chose- et le logos de la philosophie grecque ou le Verbe des religions révélées. "L'idée objective" de Hegel n'est autre chose que la parole (de Ra) de Dieu, sans Dieu, une mythification de la religion judéo-chrétienne, comme l'a remarqué Engels »

[Publicado el 05/7/2016 a las 09:00]

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¿Jonia o el Valle del Nilo?

He venido enfatizando la tesis de que la ciencia, concretamente la ciencia entendida como física, sólo puede surgir en base a unos presupuestos que no constituyen universales antropológicos, es decir: tales presupuestos pueden perfectamente estar ausentes de una civilización dada, por esplendorosa y brillante que esta sea. Señalaré un contrapunto: universal antropológico, rasgo inherente a toda sociedad humana (sea arcaica o próxima a nosotros),  sí lo es desde luego la música; no cabe una comunidad humana sin música, mientras que sí cabe una comunidad humana sin ciencia (lo cual obviamente no quiere decir sin conocimiento y simbolización).

Por otro lado,  aunque con ciertas cautelas, a la hora de delimitar el marco histórico  he aceptado la tesis de que el pensamiento jónico es el primero que responde a las premisas que posibilitan la física, y en consecuencia también la metafísica (concebida como esa disciplina que viene tras la física y surge como resultado de aporías internas a la misma). Pues bien, hay quizás  razones para extremar tales  cautelas, siendo prudencia mínima al respecto matizar la tesis  de la manera siguiente:

En  la civilización jónica se daría desde luego una suerte de revolución en relación al pasado de los  propios griegos (el universo de Anaximandro no es el mundo de Homero, para simplificar), pero no forzosamente  una revolución en relación a civilizaciones de hecho geográficamente  cercanas. En un libro que lleva por título L' Encre des savants. Réflexions sur la philosophie en Afrique (1), el filósofo senegalés y profesor en la universidad de Columbia, Souleymane Bachir Diane, se alza contra la idea misma del llamado milagro griego, recordando al respecto que el propio Platón en el Timeo señala la deuda del pensamiento griego con la civilización egipcia. El autor reivindica la universalidad de la filosofía en base al hecho de que las interrogaciones elementales relativas al entorno y a nuestro destino se hallan presentes en toda sociedad humana, insistiendo en la equivalencia salva veritate de toda lengua en relación a toda otra lengua. Al respecto es muy de agradecer su crítica de la idea aun imperante (aunque a veces no explicitada en por temor  su crudeza la incorrección política) de que lenguas como el alemán y el griego tendrían una suerte de potencialidad innata que las haría mayormente aptas a la expresión de determinaciones conceptuales(2). Pero más allá de esta cuestión lingüística que  por mi parte doy por zanjada, persiste un debate a la vez antropológico político y filosófico.

El egiptólogo y filósofo J. Molongwa  Bayi Bayi, que realiza una tesis doctoral sobre cuestiones colindantes me pone  en la pista de los trabajos de Cheikh Anta Diopp (1923-1896): antropólogo, historiador, egiptólogo, epistemólogo, físico nuclear, químico y... filósofo. Lo que sigue es fruto del intercambio de reflexiones con Molongwa  Bayi Bayi al respecto.

Diopp se  propone recuperar la filosofía desde las "cenizas de la ciencia" ( idea interesante si se entiende desde las crisis de la ciencia). Sin embargo la matriz  de la ciencia no es ubicada por el autor (también senegalés como Bachir Diane) en los mismos parajes que aquí he venido considerando. 

 En el plano antropológico, Diopp, siguiendo los trabajos de Louis Leakey fija el origen de la humanidad en  la región de los grandes lagos, valle del Omo (África oriental), emergiendo homo sapiens hace aproximadamente 150000años. Y desde tal cuna habría que situar el proceso que condujo después a la civilización faraónica. Diopp se  opone a las tesis de Levy- Bruhl que tiende a presentar el hombre africano como a-histórico (siguiendo a su juicio  -lista problemática-  las trazas de Hume, Voltaire, Kant, Hegel y... el propio Marx).

Lo que aquí nos concierne mayormente no es la radicalidad en la denuncia de una ocultación (con ribetes colonialistas) del verdadero peso de la cultura que se forja en África para cristalizar en el valle del Nilo, sino  la reivindicación explícita por Diopp de que a estos ancestros  deberíamos no sólo el arte, el monoteísmo, la escritura, la medicina, la arquitectura,  la agricultura y la matemática,  sino también la física (mecánica, astronomía...) y la filosofía (3). Aunque tratándose de esta última disciplina Diopp establece una radical diferencia entre la filosofía idealista, que conservaría aspectos místicos y la filosofía materialista que sería con mayor legitimidad atribuible en exclusividad a los griegos (4). Mas en cualquier caso, en la cultura del valle del Nilo (que tendría en ella misma la base de su devenir histórico)  habría que buscar el cordón umbilical de esa actitud del espíritu que caracteriza a la ciencia.

En concreto,  para Diopp es en la cultura del valle del Nilo que habrían surgido por un lado la rigurosa separación del mito y del concepto, separación de lo imaginario y la necesidad; por otro lado la conciencia de esta singularidad de constituir un pensamiento regido por la implacable exigencia de la necesidad, constituyendo ambos la condición  mínima tanto de un pensamiento científico  como de un pensamiento filosófico.

 Una de las tesis que Diopp combate es la que intenta encontrar para la cultura del valle Del Nilo filiaciones orientales (5) .  Consecuencia de esta diatriba sería un viraje por el cual la antigüedad egipcio-nubia viene a ser estudiada como una civilización propiamente africana(6), lo cual  tiene implicaciones, así expresadas por Jesús Molongwa "el antiguo Egipto jugará en relación al África Negra el mismo rol que la civilización greco-latina para la cultura occidental".

Molongwa hace referencia al proyecto político de que África asuma la confrontación que supone intentar alcanzar sus potencialidades, desplegar todo aquello que circunstancias históricas han impedido(7). No obstante en el marco de estas reflexiones, la cuestión que interesa es la de determinar hasta qué grado Jonia es por así decirlo original Y al respecto, Diopp es radical (8):  Africa sería la verdadera fuente de lo que hoy, bajo forma de ciencia y de filosofía,  tendría vigencia como universal y que -como hemos visto- la historiografía filosófica y científica, tan venerable como escolástica, tiende a atribuir a la herencia griega (9).

 La tesis es no sólo consistente sino verosímil y en todo caso los discípulos de Diopp la sostienen  con rigor y aun  con pasión...Sin embargo: ¿significa ello que es ilegítimo volcarse sobre el mundo griego, y concretamente jónico, en  una reflexión  que apunta a determinar cuáles son los presupuestos que posibilitan la emergencia de una disciplina a la que (como proyecto general de dar cuenta de la naturaleza y desde Tales de Mileto a Einstein ) designamos como física, y cuáles son las razones  por las que la física se convierte por sí misma en metafísica? Retomaré esta pregunta.


 


 (1) Présence Africaine, París, 2013. Ideas  análogas son recogidas adimismo en su más reciente Bergson postcolonial. CNRS, Paris 2016

(2) No es necesario al respecto referirse una vez más a las posiciones en ocasiones irritantes  de ciertos autores de inspiración heideggeriana. Pero sí es conveniente  señalar  que ciertos indiscutiblemente grandes como Hegel  han tendido a quitar peso al pensamiento árabe y judío en la historia de la filosofía. Los argumentos (a veces meras coartadas) no faltan. Así, del simple hecho que la  forma de cópula (S es P) sea la manera usual de expresar en lengua griega la pertenencia de un atributo  a un sujeto ha dado pie a algunos a excluir que la problemática ontológica (sintetizada paradigmáticamente en la célebre sentencia de Parménides), sea expresable cabalmente en lenguas (así el árabe) que  tienen otra estructura predicativa. Mas allá de este problema concreto, el hecho de que una lengua no-indoeuropea como el Vascuence disponga hoy de excelentes traducciones de algunos de los grandes clásicos (Aristóteles en primer lugar), es un buen indicio de la arbitrariedad  que supone el jerarquizar las lenguas en potencial filosófico.

(3) « Le Nègre ignore que ses ancêtres, qui se sont adaptés aux conditions matérielles de la vallée du Nil , sont les plus anciens guides de l'humanité dans la voie de la civilisation; que ce sont eux qui ont créé les Arts, la religion (en particulier le monothéisme), la littérature, les premiers systèmes philosophiques, l'écriture, les sciences exactes (physique, mathématiques, mécanique, astronomie, calendrier...), la médecine, l'architecture, l'agriculture, etc. à une époque ou le reste de la Terre (Asie, Europe: Grèce, Rome...) était plongé dans la barbarie ...» C A DIOP, Alerte sous les tropiques. Articles 1946-1960. Culture et développement en Afrique noire, Paris, Présence Africaine, 2006, pp. 48. Citado por Jesús  Molongwa en un trabajo aun no publicado que forma parte del temario de su tesis.

 (4) « Si nous considérons l'école idéaliste grecque (Platon, Aristote, les Stoïciens), aucune différence essentielle n'apparaît avec l'Égypte, puisqu'aussi bien il s'agit d'une pensée égyptienne à peine modifié: partout dans la cosmogonie platonicienne et dans la métaphysique aristotélicienne, le mythe cohabite pacifiquement avec le concept. Platon pourrait même être appelé, à juste titre, Platon-le-Mythologue. Mais les choses changent radicalement avec l'école matérialiste grecque; les principes, les lois d'évolution de la nature deviennent des propriétés intrinsèques de la matière, qu'il n'est plus nécessaire de doubler, même symboliquement, d'aucune divinité, ils se suffisent à eux-mêmes. De même toute cause première de nature devine est rejetée; le monde n'a été créé par aucune divinité, la matière a toujours existé »

(5) Uno de los soportes de su tesis sería el descubrimiento de que la genética y la morfología de su propia lengua senegalesa, el Wolof, estarían emparentadas con las del valle del Nilo. Ello pondría en grave aprieto la tesis de cierta egiptología oficial que veía en la faraónica una cultura importada de oriente. Parenté génétique de l'égyptien pharaonique et des langues négro-africaines: processus de sémitisation, Dakar-Ifan, les Nouvelles Éditions Africaines, 1977. Recuérdese que la existencia o no de una comunidad de problemática y enfoque afecta también al lazo entre Grecia y Oriente.  Por ejemplo El filósofo francés Frédéric Nef (LA forcé du vide Seuil, Paris 2011) la reivindica,  poniendo en paralelo la lógica de los escépticos  y la lógica indú, concretamente en pensadores como Nägärguna. Nef  se alza además contra la idea de que la "sabiduría" oriental se hallaría determinada por la búsqueda de la salvación mientras que el pensamiento occidental estaría mayormente marcado por exigencias cognoscitivas  e insiste en el papel que ha jugado en ciertos de los grandes pensadores (de Platón a Pascal ) la búsqueda de equilibrio en el alma individual.

 (6) « Si nous considérons l'école idéaliste grecque (Platon, Aristote, les Stoïciens), aucune différence essentielle n'apparaît avec l'Égypte, puisqu'aussi bien il s'agit d'une pensée égyptienne à peine modifié: partout dans la cosmogonie platonicienne et dans la métaphysique aristotélicienne, le mythe cohabite pacifiquement avec le concept. Platon pourrait même être appelé, à juste titre, Platon-le-Mythologue. Mais les choses changent radicalement avec l'école matérialiste grecque; les principes, les lois d'évolution de la nature deviennent des propriétés intrinsèques de la matière, qu'il n'est plus nécessaire de doubler, même symboliquement, d'aucune divinité, ils se suffisent à eux-mêmes. De même toute cause première de nature devine est rejetée; le monde n'a été créé par aucune divinité, la matière a toujours existé » Diopp. o.c. P.412. Con independencia del grado de veracidad de la tesis de fondo no deja de resultar curioso que se emparente a Aristótles con Platón en el marco de una filosofía idealista. 

 (7) "La consciencia histórica es el fundamento donde debe apoyarse la cultura africana repensada y renovada, tomando a la cultura faraónica como referencia a la luz de la racionalidad científica contemporánea. En este sentido, reconstruir las teorías científicas y filosóficas de la tradición negroafricana milenarias para fundar un corpus de ciencias humanas africanas contemporáneas es capital. África tiene la necesidad de re-construir su propia escuela" escribe.

(8)« L'Égypte est la mère lointaine de la science et de la culture occidentale (...) Autant la technologie et la science modernes viennent d'Europe, autant, dans l'antiquité, le savoir universel coulait de la vallée du Nil vers le reste du monde, et en particulier vers la Grèce, qui servira de maillon intermédiaire »Ibid., p. 12.

(9) Ibid., pp. 199-200.

[Publicado el 01/7/2016 a las 15:18]

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Todo es Clásico tratándose de Materia y Energía. Y sin embargo...

 Vengo en estas columnas reivindicando el peso filosófico de ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Defiendo la tesis de que las consecuencias de conjeturas que se vieron confirmadas experimentalmente nos reconducen a la situación en la cual se vieron ya los primeros físicos griegos (que en un sentido concreto de la palabra física pueden ser considerados simplemente como los primeros físicos), a quienes  las aporías provocadas  por sus propias interrogaciones de partida, abocaron a esa interrogación de orden diferente que designa para nosotros la palabra  filosofía. Como paradigma de este nuevo deslizamiento de la ciencia a la filosofía que se da en nuestro tiempo he enfatizado la auténtica conmoción que para nuestra representación de la naturaleza supone la física cuántica.

¿Qué ocurre pues  concretamente con esta disciplina? Los que escriben sobre los aspectos problemáticos de la misma  se sienten muy a menudo obligados a precisar que no se trata  de ciencia ficción. Al respecto evoco un ejemplo que exige una noción técnica, añadida  en nota (1).

Sea un fotón A con una bien determinada polarización, horizontal (H) para el caso, y un fotón  C espacialmente alejado de A. Si se dan determinadas circunstancias,  la polarización del fotón A puede ser tele-portada al fotón C sin que se dé el paso por los lugares intermedios que caracterizan al transporte ordinario. La persona que escucha tal cosa de fuente autorizada  puede llegar a pensar que se habla de un salto sin contigüidad de materia o de energía, lo cual en efecto constituiría un milagro.

Tratándose de transporte de materia y energía no hay excepción a la regla: Una onda (desplazamiento de energía) es al respecto tan obediente  como un electrón o una piedra: para cubrir un trayecto hay antes que cubrir la mitad...y la mitad de la mitad, lo cual (dejando ahora de lado la paradoja de Zenón) desde luego exige tiempo, como mínimo el tiempo necesario para que la luz supere la distancia.

Si la primera exigencia marca a toda física desde los griegos, la segunda marca a toda física desde la relatividad restringida. La novedad al respecto que supone la física cuántica es el hecho de que efectivamente hay  transporte sin mediación por la ley de contigüidad, pero   no se trata de transporte de  una entidad física, sino del estado de una entidad física en relación a determinado observable, lo cual es ya algo enorme. Pues el observable polarización es a todos los efectos una determinación clave para el fotón (como el observable spin lo es para el electrón) y en consecuencia el hecho de traspasarla a un fotón alejado supone una suerte de alienación, es decir perderla como determinación propia. El entero proceso exige  un protocolo sólo aplicable en circunstancias concretas, que sitúo en nota (2) .

De la nota se desprende que el tele- transporte de estados cuánticos no es un tele- transporte de materia o de energía. Y sin embargo... 

Es mucho que se traspase sin ley de contigüidad ni sumisión al tiempo ni a la ley de la velocidad de la luz como límite. La información realmente útil exige subordinarse a lo que la física clásica autoriza, pero tal utilidad tiene soporte en una base que la trasciende. Si el fotón C no hubiera alcanzado una de las polarizaciones correlativas de los estados de Bell,  no habría posibilidad de realizar la transformación unitaria que efectivamente otorga a C el estado exacto que tenía A. En suma:

La mecánica cuántica está en condiciones de sostener que, dada una partícula (en principio cualquiera aunque el experimento sólo se haya realizado con fotones) que tiene un rasgo característico de su entidad (no es lo mismo un fotón con polarización H que un fotón con polarización ortogonal V), es posible traspasar tal rasgo a otro fotón alejado del primero espacialmente (en el sentido de la relatividad restringida). 

Pasmoso asunto desde luego, que dejaría estupefacto a Aristóteles, como dejaría estupefacto a sus predecesores jónicos  y a sus detractores, desde Galileo a Einstein.  

 

 


 


 (1) Recordemos que la luz consiste en un campo electro-magnético  que puede oscilar en cualquier dirección perpendicular a la de desplazamiento.  La dirección según la cual oscila  la vertiente eléctrica del campo es llamada dirección de polarización. Un haz de luz no tiene de entrada una polarización bien definida,  dispersión por la cual se habla de luz no polarizada. Sin embargo, cuando  esta luz dispersa incide sobre  cierto material con una determinada estructura cristalina (usado por ejemplo en  gafas de sol) se da el fenómeno siguiente: aproximadamente la mitad de la luz es absorbida y la otra mitad es trasmitida...ahora ya dotada de idéntica polarización. Este material que juega así el papel de filtro, denomina polarizador,  tiene un eje preferente que coincide con la dirección de polarización. Es de notar que  el polarizador no constituye un simple detector de una propiedad objetiva que la luz ya poseería, sino de alguna manera un forjador de tal propiedad. Veremos en su momento la importancia de este hecho.

Consideremos la parte del haz de luz que ha pasado y que ahora coincide en polarización,  y sometámosla a la acción de un segundo polarizador. Ocurre lo siguiente: si el eje  preferente de este segundo polarizador coincide en dirección con el del primero, toda la luz será de nuevo trasmitida; si el segundo polarizador  es girado 90 grados, entonces nada de luz pasa (toda es absorbida); si  el giro es de 60 grados pasará una cuarta parte de la luz; si  es de 30 grados, tres cuartas partes... En general para un  determinado ángulo a  respecto a la orientación del primer polarizador, la proporción de luz transmitida por el segundo polarizador será cos2 de a, y la absorbida sen2 de a. Desde el artículo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico,  por el cual Einstein obtuvo el premio Nobel, sabemos que la luz no siempre se comporta como una onda, sino que a veces lo hace como un conjunto de partículas llamadas  fotones. Una luz tenue está constituida por pocos fotones, eventualmente uno sólo, y  una luz fuerte por gran número de los mismos. Pues bien:

¿Cómo interpretamos el señalado efecto de polarización si la luz no polarizada  incidente en el  primer filtro es un conjunto de fotones? Pues simplemente diciendo que la mitad de los fotones ha pasado, quedando ahora polarizados idénticamente, mientras que la otra mitad ha sido absorbida por el material. Diremos asimismo que el número de fotones que pasará el segundo filtro dependerá de la orientación del mismo. Sea de nuevo a el ángulo de orientación del polarizador respecto al primero. Si consideramos cada fotón particular que ya ha pasado el anterior filtro,  entonces la cifra antes avanzada (cos2 de a)  significa ahora  la probabilidad que un fotón individual  tiene de pasar el segundo filtro y no como antes la proporción de luz ya polarizada que pasará.

 

(2)

a) El fotón C no tiene una polarización propia sino que está entrelazado a un fotón B en uno de los cuatro estados llamados  de Bell.

b) Un observador que controla tanto A como B efectúa una medida de Bell que entrelaza a ambos.

c) Como resultado de tal entrelazamiento C pierde su entrelazamiento con B alcanzando en sustitución un estado de polarización relacionado con el que tenía A.

El término subrayado "relacionado", marca  los límites del asunto por lo que a trascendencia se refiere. Pues resulta que el entrelazamiento entre A y B no es forzosamente único sino que puede venir dado por cada uno de los cuatro estados de Bell, que tienen correlación en un estado no entrelazado que es el que C recibe. Ahora bien: sólo uno de los cuatro correlativos corresponde a la originaria polarización de A. De ahí que el protocolo exija aun dos etapas:

d) El observador  del resultado del entrelazamiento entre A y C lo comunica por algún  medio clásico al observador de C.

e) El observador de C realiza lo que se llama una transformación unitaria, mediante la cual se garantiza que la traspasada polarización es ya exactamente la que tenía A.

Importantísima es aquí la precisión "por algún medio clásico", pues ello significa que la información útil para que el observador de C pueda completar el protocolo no trasciende la velocidad de la luz.

 

[Publicado el 26/5/2016 a las 09:00]

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Jonia en relación a Mesopotamia, Egipto, China...

Son muchos los autores que remontan la infancia de la ciencia a la época del nacimiento de la escritura, en las  civilizaciones de Sumeria y Babilonia. En el arranque de La Pensée Sauvage, Claude Lévi-Strauss va incluso más allá, atribuyendo a los moradores de culturas llamadas primitivas una gran capacidad de clasificación que se traduciría por ejemplo en la recensión  de centenares de plantas. Es obvio que en  las grandes civilizaciones que precedieron a la Jónica había algo más que un embrión de lo que llamamos ciencia. Sin embargo,  por minuciosas  que fueran, las observaciones tenían más bien un carácter empírico; no eran consideradas como expresión de un comportamiento determinado que respondía a la esencia de la naturaleza por entero. Esto se refleja en el diferente uso de la matemática, pues una cosa  es consignar lo observado recurriendo a mediciones matemáticas y otra servirse de las matemáticas para representar un modelo del cosmos, el cual explicaría el fenómeno concreto al que estamos asistiendo, como apuntan a hacer  los pitagóricos o los platónicos.

 El gran historiador del pensamiento Leon Robin aseguraba que el saber oriental, incluso después de haber establecido contacto con el saber griego, nunca abandonó las preocupaciones utilitarias y las consideraciones de asuntos particulares. Ello es quizás exagerado. Pero en cualquier caso... tratándose de los griegos ya no hay duda: con los pensadores jónicos se fragua un sistema de pensamiento que apunta a una aprehensión de la realidad cósmica como tal, y ello con independencia de consideraciones pragmáticas. La disposición de espíritu con la que se consideran los fenómenos es muy diferente. Ello vale también cuando se compara Jonia con las grandes civilizaciones de Extremo oriente.

Hace aproximadamente 2500 años, o sea al tiempo que se despliega el pensamiento nacido en Jonia,  se escriba el libro sobre  Tao y Te (Tao Te Ching)  atribuido a Lao Tse.  Aun tratándose esencialmente de una suerte de breviario de la vida espiritual (se ha sugerido la traducción "Camino hacia la virtud"), hay referencias al orden cósmico siendo el objetivo final conseguir precisamente que el hombre consiga armonizarse con el mismo.

Se habla en algún párrafo  de naturalidad como un principio al  cual la vida tendría que obedecer,  pero tal naturalidad se quiebra si el seguidor de Tao no actúa en conformidad a sus preceptos. Aunque la diversidad de traducciones de los mismos versos desespera a los que meramente intentamos acercarnos al tema, parece quedar claro   que el seguimiento  de  la buena vía o Tao permite el perdurar de la situación en la que   "el cielo está puro y la tierra es sólida, la naturaleza es tierna y los ríos son caudalosos, los valles florecen, los seres se multiplican" (Lao Tsé,  Tao Te Ching, 39.  Edición por Vladimir Antonov. Traducido al Español por Anton Teplyy, disponible online (1)).  De no darse tal harmonía "el cielo no habría sido puro; la tierra se habría agrietado por la sequía; la naturaleza habría dejado de dar su belleza; los valles habrían dejado de florecer y se hubiesen convertido en desiertos; los seres vivos habrían dejado de multiplicarse y hubiesen desaparecido"(2)

Es indudable que  hay analogías entre la visión del mundo promulgada por los taoístas y ciertos  aspectos del pensamiento jónico. Así por ejemplo, el agua es presentada como una suerte de principio, de tal manera que  cuando el hombre alcanza los objetivos espirituales se asemeja al agua, elemento que por su capacidad de fluir es inaprehensible por cosa alguna ("el agua permanece más bajo que todos. Y en esto es parecida a Tao"). Ello obviamente hace pensar en Tales, mas la atmósfera es sin embargo radicalmente distinta.  

El pensador jónico se halla ante una naturaleza susceptible de alcanzar la vida y la animación  e incluso animada en lo que constituyen sus bases o elementos ( Aristóteles recoge esta manera de ver en su concepción de los cuatro elementos que tienden intrínsecamente  a su lugar natural), pero en cualquier caso indiferente  las vicisitudes y a la actitud misma de quien se confronta a ella.  Poco que ver con esa naturaleza que de no darse la buena disposición hacia la vía o Tao "habría dejado de dar su belleza". De ahí que  sea difícil atribuir  el carácter de una ciencia de la naturaleza a las disciplinas sobre las que  El Tao tiene influencia, como la medicina china,  aunque sólo sea porque  el objeto de la misma es el animal humano, es decir,  el animal para bien o para mal marcado por su relación con Tao,  con aquello que, similar al vacío, es sin embargo omnipotente: "Está en la Profundidad. Es el Origen de todo. Controla todo. Satura todo. Es la Luz Brillante. ¡Es lo Sutilísimo! ¡Es la Esencia de todas las cosas! No se puede describir su origen, pues Tao es Primordial" (idem 4, (3)).

Primordial ciertamente es también la physis. Pero a diferencia de Tao la physis está sometida a una interna constricción que hace imposible que las cosas puedan ser de otra manera,  quedándole  al hombre tan sólo la posibilidad de contemplar o desvelar esta alteridad irreductible. La sabiduría Tao es de entrada un humanismo, la exploración de la physis llegará también a serlo, pero sólo como consecuencia de la durísima mediación que supone una quiebra en la idea central, una sombra sobre la veracidad de aquello que parecía dar garantía de la autonomía de la naturaleza.


 


(1) He de reconocer que me siento incapaz de aclararme entre la disparidad  de traducciones. Así he visto una versión del párrafo  realizada por Antonio Rivas que dice: "Todo el cielo estaba despejado,/Toda la tierra era estable,/Todas las montañas eran altas,/Todos los ríos estaban llenos,/Toda la Naturaleza estaba viva,/Todos los gobernantes eran apoyados".

(2) Traducción asimismo bien diferente de la de Rivas:

"Pero sin claridad, el cielo se nubla;
Sin estabilidad, la tierra se rompe;
Sin fuerza, la montaña se erosiona;
Sin agua, el río se seca;
Sin vida, la Naturaleza se agosta;
Sin apoyo, los gobernantes caen".

(3)  Bien diferente, una vez más la traducción de Rivas:

"Tao es una nave sin fondo;
Usado por sí mismo, no se llena con el Mundo;
No puede ser cortado, limitado, ocultado o inmovilizado;
Sus profundidades están escondidas, ubicuo y eterno;
Desconozco de donde proviene;
Llegó antes que la Naturaleza". 

[Publicado el 19/5/2016 a las 09:00]

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PHYSIS kai POLIS: Postulados de la Física y Leyes de la Política

Me refería hace dos columnas a los principios reguladores por un lado del orden natural y por otro lado del orden social con dos ejemplos respectivos:  por un lado la necesidad de aproximarse en el espacio hasta la contigüidad con un objeto cuando queremos ejercer influencia sobre el  mismo; por otro lado las normas que  (bajo una u otra modalidad) restringen la sexualidad cuando hay relaciones de  parentesco.

Obviamente el hecho de que unos y otros principios sean marco imprescindible de nuestras vidas no significa que quepa atribuirles  común matriz y menos aun que puedan ser confundidos. Y sin embargo algo de ello ocurre cuando utilizamos la expresión  "ley natural". Conviene detenerse en este extremo.

La expresión  forjada por los latinos lex naturae  ha sido totalmente incorporada tanto en el lenguaje corriente como en el científico.  Así se habla de la ley de la gravedad para referirse al hecho de que las masas ejercen entre ellas una influencia determinada por el campo gravitatorio a ellas vinculado. Y sin embargo este uso del término ley es de entrada paradójica y sólo se justifica como resultado de una suerte de conciliación.

Los filólogos nos señalan que  el término latino natura se vincula al verbo nascor, nacer, venir a la existencia, el cual   a su voz remite a los verbos griegos  phyo, hacer crecer o hacer brotar  y  phyomai, que designa  el hecho de emerger o desplegarse. Ello permite avanzar que la palabra physis  derivada de tales verbos implica un principio intrínseco de movimiento y de reposo, una suerte de potencialidad vital, de tal manera que cualquier tentativa de acercamiento cognoscitivo no puede ser exclusivamente mecanicista, al menos en el sentido en el que nosotros entendemos tal término (de entrada la física jónica ha de ser,  por así decirlo,  una física animada, pues los  elementos tienen, según Aristóteles,  interno principio de movimiento)

Por su parte la palabra  lex es la versión latina del término griego nomos (no entro aquí en las diatribas sobre el grado de diferencia que habría ya entre ambos) vinculado al verbo nemein  que cabría entender  como distribuir, en principio con equidad, por ejemplo un terreno de labranza o pastoreo. Todo ente material  (y a fortiori todo ente  dotado de  vida) está sometido a la physis, mientras que carece de sentido afirmar que toda ente material  está sometido  al nomos. La sumisión al nomos sólo tiene sentido en referencia a los seres de razón. 

La topología de un terreno en el que no ha intervenido el hombre  es expresión de la physis mientras  que  ese mismo terreno sometido a una distribución por ejemplo entre diferentes propietarios de rebaños es resultado del nomos. Por ello indicaba la relevancia de que el término ley haya venido un día  a ser utilizado para referirse a la naturaleza.

De alguna manera la physis se opone al nomos como lo recibido a lo instituido, sin que ello quiera decir de entrada que la autonomía de la physis respecto al hombre suponga autonomía simplemente respecto a toda voluntad. Precisamente la presuposición de tal subsistencia de la physis será esencial para que surja siquiera la idea de una física.

Una physis sometida a la voluntad de los dioses no permitiría la constitución de una física. Esto es en principio una obviedad. Explorar la naturaleza con la esperanza de llegar a hacerla transparente al pensamiento, supondría liberarla de las voluntades, eventualmente caprichosas de los dioses, supone atribuirle una necesidad intrínseca. Este es uno de los ejes  de esta reflexión.  Pero también sobre el nomos se cierne la amenaza de una voluntad exterior, pues hay también una ley mayormente vinculada a imperativos divinos  (con fuente en  la esposa de Zeus, Themis) y  que la designa que las generaciones transmiten oralmente.

Señalaré al respecto que el término nomos no sólo se vincula mayormente a algo que los hombres determinan sino también a algo que queda fijado o escrito, de tal manera que se restringen las posibilidades de argucia. Precisamente Platón pone de manifiesto el desastre que supone para Grecia el ser víctima de catástrofes cíclicas  por lluvias torrenciales, que hacen desaparecer todo vestigio de civilización, mientras que en Egipto la catástrofe se debe al desbordamiento del  el Nilo, de tal modo que, al bajar las aguas,  las marcas de civilización escritas en los templos persisten.

Aunque la ley escrita y cabalmente humana sea en sí mismo implacable o despótica no es desde luego lo mismo estar sometido a la misma que estar sometido a la voluntad de un tirano arbitrario.  Pero  tampoco es lo mismo estar sometido a la ley establecida por los hombres que estar sometido a la ley establecida por los dioses. 

Ciertamente el conflicto encontraría solución si dijéramos que de hecho los nomoi, las leyes que forjamos los hombres son de hecho algo a lo que también están sometidos los inmortales.  Problema este que tendrá de hecho un enorme eco en una atmósfera tan distinta de la griega como es el de las controversias  teológicas de los escolásticos (los diez mandamientos, ¿son  resultado de una arbitraria decisión divina o más bien expresión de la propia perfección del creador, de tal manera que, pese a su infinita potencia, no hubiera podido hacer que no legislaran?).

Pero también cabe la posibilidad de que las leyes  escritas de los hombres y las leyes de los dioses no sean coincidentes, en cuyo caso la posibilidad de conflicto queda abierta, conflicto esencial en alguna de las vertientes de la tragedia.

Fuera de todo esto quedan los principios reguladores de la physis, o al menos tomados como tales, y que hoy se ven sometidos a una diatriba tan radical como los concernientes a la ley social, aunque obviamente  no tenga el carácter emocional que desgarra a protagonistas de la tragedia como Antígona.

 

[Publicado el 12/5/2016 a las 09:00]

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Cuando la Física está “hecha un lío”… la Metafísica emerge.

"La física actual está nuevamente hecha un lío. En cualquiera de los casos resulta, para mí, demasiado  complicada y preferiría ser un comediante o alguien que nunca hubiera oído hablar de física", escribía en 1946 El físico W Pauli.

Interesante en esta afirmación es el nuevamente. En ese lío se encuentra la física  ya en 1920 (cinco años después del escrito de Einstein sobre el efecto foto-eléctrico) cuando,  reflexionando sobre cuestiones centrales de su disciplina, A. Eddington escribe: "Nos hemos apercibido de que allí dónde la ciencia ha alcanzado mayores progresos, la mente no ha hecho sino recuperar de la naturaleza aquello que la propia mente había depositado en ella. Habíamos encontrado una extraña huella en la rivera del mundo desconocido. Y habíamos avanzado, una tras otra, profundas teorías que dieran cuenta de su origen. Finalmente hemos logrado reconstruir la creatura que había dejado tal huella. Y ¡sorpresa!, se trataba de nosotros mismos."

Eddington sugiere no ya que el problema del ser se encubre tras las más    exitosas teorías de la física, sino incluso el problema del ser del hombre. Pues bien:

 En un lío estaba también  inmersa la física jónica cuando se sintió obligada a pasar de la consideración de los fenómenos del entorno a la consideración del testigo de tales fenómenos, cuando por ejemplo se pasa de hablar del elemento fuego al logos  a cuando como en el aquí varias veces citado texto de Galeno-Demócrito el combate sobre la esencia de la naturaleza de la physis se ha convertido en combate sobre el peso relativo de esas facultades del  observador de la naturaleza que son la percepción sensorial y el intelecto; texto que transcribo de nuevo para que pueda ser comparado con el de Eddington:

"Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota" 

Estos textos dan testimonio de que  para abrirse a la interrogación filosófica es suficiente considerar las aporías a las que se ven abocados los  físicos en cuanto dan un paso más allá de la descripción de los fenómenos, en cuanto asumen el peso de las implicaciones de su propia disciplina. Pues, contrariamente a la tesis de los tres estadios de Comte, la filosfía no precede a la ciencia sino que nace de la ciencia...de una crisis de la ciencia. Nace concretamente de una crisis de la física y por eso la filosofía es reflexión tras la física, meta-física.

En  un lío ha estado  de hecho inmersa la física múltiples veces, pero hay líos y líos. Hay crisis que se resuelven en el seno de la propia disciplina. Así  la teoría de la relatividad restringida constituye un marco general que tiene como caso particular el universo newtoniano y un espacio determinado por la métrica euclidiana. De la misma manera la crisis de la irracionalidad de raíz cuadrado de dos conduce a la construcción de los números reales, lo cual   no supone negación de la arquitectura de los números racionales sino inserción de esta en una trama más amplia.

Hay crisis sin embargo que conciernen a los presupuestos mismos de la disciplina y tal es el caso de la crisis que en relación a las ciencias de la naturaleza, se inicia con la dualidad onda-partícula. Se abre allí una suerte de caja de Pandora que conducirá a la puesta en tela de juicio de principios tan arraigados como el de individuación el de determinismo-causalidad el de localidad y el de la realidad de los observables físicos en ausencia de observación de los mismos. Digo puesta en tela de juicio, no pura simplemente exclusión. En estos momentos son  objeto de debate: es objeto de debate aquello que era presupuesto de todo debate. ¿Quién se ocupa de los principios firmes? Se pregunta Aristóteles en la metafísica. La respuesta dada por el Estagirita según la cual sólo al filósofo ocupa tal tarea es indicativa de hasta qué punto los físicos mismos han venido en nuestro tempo a ser metafísicos.

 

[Publicado el 05/5/2016 a las 18:29]

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Ananke: de la moiras a la necesidad natural que sustenta la física jónica.

 

Hay en el desarrollo infantil de cada individuo un momento clave: el  descubrimiento en el entorno de una alteridad, una resistencia a lo que él siente y piensa,  una necesidad o constricción, que nada tiene que ver con la que se da cuando el cuidador le impide  seguir durmiendo o le fuerza a consumir tal o cual alimento. Descubre, en suma, que la naturaleza está regulada según principios no coincidentes con las normas que encuadran la sociedad (aquello que los griegos designaban con la palabra nomos de la que da cuenta sólo aproximadamente nuestro término ley), pero  que la hacen  tanto o más  irreductible a su voluntad  y deseo como lo  forjado en esas mismas normas sociales.

La persistencia misma de ese ser humano pasará por la interiorización de ambos tipos de principios: el niño se va haciendo plenamente hombre en este apercibirse de que sus relaciones con las cosas físicamente al alcance, con  las demás personas y hasta con su propio cuerpo, están reguladas, sujetas a restricciones en las que intervienen los demás, y que su voluntad es al respecto  impotente.

Se forja así  un individuo dotado tanto de un sentimiento moral (sentimiento de ser un nudo de lazos entre seres de razón) como de  una imagen del mundo exterior, una representación de la naturaleza. El cotidiano quehacer, incluso el cotidiano discurrir, son como una expresión de que efectivamente ley social y necesidad natural legislan. Ello sin que la interrogación respecto a todo esto que hemos interiorizado surja explícitamente. Pues vivimos respondiendo a estos principios reguladores sin pensarlos, "precisamente porque no los pensamos" al decir de Ortega, pues en efecto se trata en ellos de algo análogo a  esas  "ideas  que somos" que el pensador español oponía a las ideas contingentes, ideas  que meramente tenemos, ya que, desde luego, no es mera respuesta a algo contingente el acatar sin reflexión la ley del incesto, o (ejemplo importante) el aproximarse en el espacio hasta la contigüidad con un objeto cuando queremos ejercer influencia sobre el mismo.

Si ciertas normas sociales pueden parecernos  arbitrarias,  nadie duda de la inevitabilidad de algunas de entre ellas. Sentimos (más bien que pensamos) que son  condición  necesaria de la existencia social y su  violación nos repugna  en razón  de algo  que cabría llamar instintivo. Cabe señalar de pasada la importancia de este punto: hay sentimiento moral ante algo que, sentido como imprescindible,  puede efectivamente no ser respetado. Mas precisamente la ley social arbitraria es una de las modalidades de esta violación y por ello, de someternos  a la misma,  en razón de la prudencia,  repudiamos la instintiva repugnancia, la pulsión a defender  aquello sin lo cual no podría darse esa singularidad que es una sociedad de seres de razón.

 En nuestra civilización marcada radicalmente por la existencia de la ciencia, nuestra relación es diferente con la necesidad natural, pues esta nos parece inviolable y ante cualquier intento de negarla no experimentaremos repugnancia moral sino más bien sentimiento de desvarío. Para nosotros  ante la naturaleza  cabe el temor, pero no cabe el sentimiento moral, a menos de hacer responsable a un sujeto racional de sus avatares, es decir de hacer de la necesidad natural una expresión de la ley. Desde Tomás de Aquino a  Guillermo de Occam pasando por Duns Scoto, este ha sido un tema obsesivo para los  grandes del pensamiento escolástico, tema que tiene sus huellas en Descartes y que perdura bajo diversas capas en tiempos más cercanos.

 Pero el asunto viene de lejos, pues que haya interiorización de una  limitación en nuestro lazo con el entorno natural, que experimentemos una necesidad (el término griego ananke ἀνάγκη ) complementaria de la que impone la ley de los hombres, no significa  necesariamente que veamos en  la naturaleza misma la matriz de tal necesidad. Cabe incluso decir que tal autonomía de la naturaleza es una idea totalmente nueva, ajena a la generalidad de las grandes civilizaciones y cuya aparición supuso una ruptura en el seno mismo de la cultura griega.

El término ἀνάγκη es en la lengua griega ciertamente utilizado para designar cosas muy diversas. En la mitología  Ananke  es una divinidad que coopera con Cronos en la regulación del cosmos que ambos contribuyeron a formar, así como la madre de las moiras (Átropo, Cloto y Láquesis) que  regulan la vida de los hombres con la  ayuda de un hilo que la primera forja, la segunda enrolla y la tercera corta al final de la existencia. Homero  usa el término  en ocasiones en un sentido claramente  moral  (diluyéndose así la frontera con nómos) para designar la exigencia de asumir la confrontación (αναγκαίη πολεμίζειν). En la misma vía Esquilo indica que Prometeo debe asumir la condena de ser encadenado a una montaña en razón de que "el poder de Ananke no permite resistencia" (Prometeo encadenado103 ss.). Es importante señalar que  Ananke determina incluso el destino de algunos dioses, pero no de todos, pues los más antiguos escapan a su poder, de la misma manera que escapan al poder del tiempo. En cualquier caso veremos que  en la idea de una naturaleza autónoma reside la primera condición, tan sólo la primera  de que se dé una ciencia de la naturaleza.

 

La mejor síntesis de los usos del término necesidad se encuentra una vez más en Aristóteles, concretamente en el libro V (delta) de la Metafísica. Tras recoger los evocados usos de la necesidad como fuerza o constricción ("la necesidad envuelve la idea de algo inevitable y con razón porque es lo opuesto al movimiento voluntario y reflexivo" (1015 a, 31-33), Aristóteles nos presenta un sentido general y dos particulares  importantes  para los objetivos de esta reflexión:

"Cuando, ya se trate del bien, de la vida o del ser, hay imposibilidad sin ciertas condiciones entonces estas condiciones son necesarias. Pues la causa cooperante es una necesidad" (1015b, 4-6)

 "La demostración de las verdades necesarias conlleva en si misma necesidad, pues si la demostración es correcta no puede darse que la conclusión sea de otra manera, siendo la causa de esta imposibilidad esas condiciones primeras de las que surge el silogismo y  que no pueden ser otras que las que son" (idem 6-9).

 

 "Entre las cosas necesarias hay unas que tienen fuera de sí la causa de su necesidad, mientras que otras la tienen en sí mismas, siendo estas la fuente de la necesidad en las primeras. De tal modo que la necesidad primera y primordial ( to proton kai kurios anagkaion) es simple o absoluta (to aploun estin), pues es imposible que sea de múltiples modos (ouch endechetai pleonakos echein)" ( idem 11-13).

El texto sobre los principios de la demostración alude a "lo que los matemáticos llaman axiomas", que en realidad Aristóteles nos presenta como soporte indemostrable de todo conocimiento, y de los cuales se ocupa con detalle. Pero las referencias a la vida y al ser en general autorizan a pensar que Aristóteles tiene también en mente  los principios del entorno físico, lo absolutamente necesario tratándose de las cosas susceptibles de movimiento y de reposo.

La asunción de esta modalidad de necesidad sería la primera condición de posibilidad de que la physis fuera abordada desde la perspectiva que caracteriza a la física.

"Lo que no puede ser de otro modo" dice Aristóteles  refiriéndose a la necesidad.  Para que quepa hablar de física, en el sentido en el que habla Aristóteles intentando sintetizar el trabajo de sus predecesores (y en consecuencia para que quepa hablar de metafísica) la naturaleza ha de ser contemplada no sólo como ajena a voluntades de poderes trascendentes, sino indiferente a la disposición espiritual del hombre que la contempla. Asunto sin embargo problemático sobre el cual seguiré aquí reflexionando.

[Publicado el 27/4/2016 a las 15:32]

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Tras la Física Jónica y la Física Cuántica:

NACIMIENTO Y RENACIMIENTO DE LA METAFÍSICA 

Vuelvo hoy a la consideración de un célebre fragmento  atribuido por  Galeno a Demócrito, del cual ya me he ocupado aquí en varias ocasiones y  que nos presenta el conflicto entre el intelecto y los sentidos: "Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota".

Así pues, frente al  intelecto  que considera como lo único real en la naturaleza algo tan  inasible  para los sentidos como los átomos y el vacío, los sentidos denuncian el círculo vicioso consistente en que  son ellos la única fuente de la cual extrae el intelecto sus evidencias...Doy ahora un salto en los siglos:

 En 1930, el físico von Neumann confrontado al  problema estrictamente técnico de discernir  qué caracteriza a un proceso de medida cuántica, y en que se distingue de un proceso de medida física clásica, abrió camino a considerar la hipótesis de que  en última instancia sólo la  conciencia del observador era garante del resultado final  en una observación cuántica. La tesis fue ulteriormente defendida de manera explícita por otros físicos que en estas columnas tendré quizás ocasión de mencionar: la conciencia del observador  no puede ser tratada como un objeto físico más, por ejemplo un aparato que indicara el resultado de la medición.

Desde la perspectiva de la filosofía un problema no menor que esto plantea es el recurso al término conciencia, excesivamente cargado de connotaciones y que no es seguro que en el proceso de conocimiento juegue siempre ese papel  central que casi espontáneamente tendemos a atribuirle ( ya he tenido aquí ocasión de señalar que, es como mínimo abusivo identificar el "je pense" de Descartes a  la conciencia, término que no juega ningún papel relevante ni en el Discurso del Método ni en las Meditaciones).  Para ahorrarnos ahora una discusión al respecto propongo soslayar  el término "conciencia"  para referirse a ese testigo privilegiado de una medida, sustituyéndolo por el mucho más genérico de "sujeto de lenguaje".

Pero la facultad de lenguaje no es angélica, no funciona con independencia de otras facultades en primer lugar la capacidad de percepción sensible, que también tendría algo a reivindicar a la hora de dar cuenta de los procesos de medida, por lo que no andamos en el problema demasiado lejos del fragmento considerado de Galeno-Demócrito. También los físicos cuánticos son conducidos, por coherencia con su propia investigación estrictamente científica,  a ese salto a la meta-física consistente en desplazar la interrogación hacia el testigo.  Abocado está hoy el físico a hacer suyo  el problema el  del texto de Galeno como  abocado está a hacer suya la cuestión trascendental de la Crítica de la Razón Pura; está pasando de la reflexión inmediata sobre la naturaleza a una reflexión sobre el ser que reflexiona. Y al respecto una paradoja:

Es muy fácil determinar la secuencia de momentos que en el caso de los físicos conduce al salto filosófico (tras las aporías a las que se enfrentan los Bohr, Heisenberg y Schrödinger,  reflexiones de Friz London y Edmond Bauer en los años 40, de Eugene Wigner en los 60  y ulteriormente la casuística respecto a las implicaciones del teorema de Bell y del experimento de Aspect, etcétera).  Los físicos del siglo XX  ciertamente  se bifurcaron entre los que no veían la necesidad de ir más allá en esta inserción en el terreno de la metafísica y los que sí dieron el paso. Y en esas estamos...Los físicos que dieron el salto hubieran podido dudar de entrar en ese mundo de larvas; no dudaron.  En todo caso tras el teorema de Bell y el experimento de Aspect, evitar la cuestión meta-física  hubiera supuesto casi ya una deserción.

 Quizás es más difícil determina  determinar con precisión cuáles son los problemas análogos en el caso de los jónicos. ¿Qué paso en Jonia para que los que avanzan hipótesis  que darían cuenta de la physis (pese a las apariencias todo es agua- Tales- o bien todo es proceso de condensación-rarefacción-Anaxímenes- o de átomos?) pasen a hurgar en las potencialidades del raro animal que avanza tales conjeturas?  ¿Qué paso en suma para que de buscar la razón de los fenómenos se pase a preguntarse si legisla el intelecto o legisla la facultad de percepción sensible?  ¿Qué paso, en suma para que tras haberse dado la concepción de la physis que hace posible la física, los pioneros de tal disciplina den pos sí mismos el paso a la metafísica?

 

[Publicado el 19/4/2016 a las 09:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

 

Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

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