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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 3 de mayo de 2016

 Blog de Víctor Gómez Pin

Ananke: de la moiras a la necesidad natural que sustenta la física jónica.

 

Hay en el desarrollo infantil de cada individuo un momento clave: el  descubrimiento en el entorno de una alteridad, una resistencia a lo que él siente y piensa,  una necesidad o constricción, que nada tiene que ver con la que se da cuando el cuidador le impide  seguir durmiendo o le fuerza a consumir tal o cual alimento. Descubre, en suma, que la naturaleza está regulada según principios no coincidentes con las normas que encuadran la sociedad (aquello que los griegos designaban con la palabra nomos de la que da cuenta sólo aproximadamente nuestro término ley), pero  que la hacen  tanto o más  irreductible a su voluntad  y deseo como lo  forjado en esas mismas normas sociales.

La persistencia misma de ese ser humano pasará por la interiorización de ambos tipos de principios: el niño se va haciendo plenamente hombre en este apercibirse de que sus relaciones con las cosas físicamente al alcance, con  las demás personas y hasta con su propio cuerpo, están reguladas, sujetas a restricciones en las que intervienen los demás, y que su voluntad es al respecto  impotente.

Se forja así  un individuo dotado tanto de un sentimiento moral (sentimiento de ser un nudo de lazos entre seres de razón) como de  una imagen del mundo exterior, una representación de la naturaleza. El cotidiano quehacer, incluso el cotidiano discurrir, son como una expresión de que efectivamente ley social y necesidad natural legislan. Ello sin que la interrogación respecto a todo esto que hemos interiorizado surja explícitamente. Pues vivimos respondiendo a estos principios reguladores sin pensarlos, "precisamente porque no los pensamos" al decir de Ortega, pues en efecto se trata en ellos de algo análogo a  esas  "ideas  que somos" que el pensador español oponía a las ideas contingentes, ideas  que meramente tenemos, ya que, desde luego, no es mera respuesta a algo contingente el acatar sin reflexión la ley del incesto, o (ejemplo importante) el aproximarse en el espacio hasta la contigüidad con un objeto cuando queremos ejercer influencia sobre el mismo.

Si ciertas normas sociales pueden parecernos  arbitrarias,  nadie duda de la inevitabilidad de algunas de entre ellas. Sentimos (más bien que pensamos) que son  condición  necesaria de la existencia social y su  violación nos repugna  en razón  de algo  que cabría llamar instintivo. Cabe señalar de pasada la importancia de este punto: hay sentimiento moral ante algo que, sentido como imprescindible,  puede efectivamente no ser respetado. Mas precisamente la ley social arbitraria es una de las modalidades de esta violación y por ello, de someternos  a la misma,  en razón de la prudencia,  repudiamos la instintiva repugnancia, la pulsión a defender  aquello sin lo cual no podría darse esa singularidad que es una sociedad de seres de razón.

 En nuestra civilización marcada radicalmente por la existencia de la ciencia, nuestra relación es diferente con la necesidad natural, pues esta nos parece inviolable y ante cualquier intento de negarla no experimentaremos repugnancia moral sino más bien sentimiento de desvarío. Para nosotros  ante la naturaleza  cabe el temor, pero no cabe el sentimiento moral, a menos de hacer responsable a un sujeto racional de sus avatares, es decir de hacer de la necesidad natural una expresión de la ley. Desde Tomás de Aquino a  Guillermo de Occam pasando por Duns Scoto, este ha sido un tema obsesivo para los  grandes del pensamiento escolástico, tema que tiene sus huellas en Descartes y que perdura bajo diversas capas en tiempos más cercanos.

 Pero el asunto viene de lejos, pues que haya interiorización de una  limitación en nuestro lazo con el entorno natural, que experimentemos una necesidad (el término griego ananke ἀνάγκη ) complementaria de la que impone la ley de los hombres, no significa  necesariamente que veamos en  la naturaleza misma la matriz de tal necesidad. Cabe incluso decir que tal autonomía de la naturaleza es una idea totalmente nueva, ajena a la generalidad de las grandes civilizaciones y cuya aparición supuso una ruptura en el seno mismo de la cultura griega.

El término ἀνάγκη es en la lengua griega ciertamente utilizado para designar cosas muy diversas. En la mitología  Ananke  es una divinidad que coopera con Cronos en la regulación del cosmos que ambos contribuyeron a formar, así como la madre de las moiras (Átropo, Cloto y Láquesis) que  regulan la vida de los hombres con la  ayuda de un hilo que la primera forja, la segunda enrolla y la tercera corta al final de la existencia. Homero  usa el término  en ocasiones en un sentido claramente  moral  (diluyéndose así la frontera con nómos) para designar la exigencia de asumir la confrontación (αναγκαίη πολεμίζειν). En la misma vía Esquilo indica que Prometeo debe asumir la condena de ser encadenado a una montaña en razón de que "el poder de Ananke no permite resistencia" (Prometeo encadenado103 ss.). Es importante señalar que  Ananke determina incluso el destino de algunos dioses, pero no de todos, pues los más antiguos escapan a su poder, de la misma manera que escapan al poder del tiempo. En cualquier caso veremos que  en la idea de una naturaleza autónoma reside la primera condición, tan sólo la primera  de que se dé una ciencia de la naturaleza.

 

La mejor síntesis de los usos del término necesidad se encuentra una vez más en Aristóteles, concretamente en el libro V (delta) de la Metafísica. Tras recoger los evocados usos de la necesidad como fuerza o constricción ("la necesidad envuelve la idea de algo inevitable y con razón porque es lo opuesto al movimiento voluntario y reflexivo" (1015 a, 31-33), Aristóteles nos presenta un sentido general y dos particulares  importantes  para los objetivos de esta reflexión:

"Cuando, ya se trate del bien, de la vida o del ser, hay imposibilidad sin ciertas condiciones entonces estas condiciones son necesarias. Pues la causa cooperante es una necesidad" (1015b, 4-6)

 "La demostración de las verdades necesarias conlleva en si misma necesidad, pues si la demostración es correcta no puede darse que la conclusión sea de otra manera, siendo la causa de esta imposibilidad esas condiciones primeras de las que surge el silogismo y  que no pueden ser otras que las que son" (idem 6-9).

 

 "Entre las cosas necesarias hay unas que tienen fuera de sí la causa de su necesidad, mientras que otras la tienen en sí mismas, siendo estas la fuente de la necesidad en las primeras. De tal modo que la necesidad primera y primordial ( to proton kai kurios anagkaion) es simple o absoluta (to aploun estin), pues es imposible que sea de múltiples modos (ouch endechetai pleonakos echein)" ( idem 11-13).

El texto sobre los principios de la demostración alude a "lo que los matemáticos llaman axiomas", que en realidad Aristóteles nos presenta como soporte indemostrable de todo conocimiento, y de los cuales se ocupa con detalle. Pero las referencias a la vida y al ser en general autorizan a pensar que Aristóteles tiene también en mente  los principios del entorno físico, lo absolutamente necesario tratándose de las cosas susceptibles de movimiento y de reposo.

La asunción de esta modalidad de necesidad sería la primera condición de posibilidad de que la physis fuera abordada desde la perspectiva que caracteriza a la física.

"Lo que no puede ser de otro modo" dice Aristóteles  refiriéndose a la necesidad.  Para que quepa hablar de física, en el sentido en el que habla Aristóteles intentando sintetizar el trabajo de sus predecesores (y en consecuencia para que quepa hablar de metafísica) la naturaleza ha de ser contemplada no sólo como ajena a voluntades de poderes trascendentes, sino indiferente a la disposición espiritual del hombre que la contempla. Asunto sin embargo problemático sobre el cual seguiré aquí reflexionando.

[Publicado el 27/4/2016 a las 15:32]

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Tras la Física Jónica y la Física Cuántica:

NACIMIENTO Y RENACIMIENTO DE LA METAFÍSICA 

Vuelvo hoy a la consideración de un célebre fragmento  atribuido por  Galeno a Demócrito, del cual ya me he ocupado aquí en varias ocasiones y  que nos presenta el conflicto entre el intelecto y los sentidos: "Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota".

Así pues, frente al  intelecto  que considera como lo único real en la naturaleza algo tan  inasible  para los sentidos como los átomos y el vacío, los sentidos denuncian el círculo vicioso consistente en que  son ellos la única fuente de la cual extrae el intelecto sus evidencias...Doy ahora un salto en los siglos:

 En 1930, el físico von Neumann confrontado al  problema estrictamente técnico de discernir  qué caracteriza a un proceso de medida cuántica, y en que se distingue de un proceso de medida física clásica, abrió camino a considerar la hipótesis de que  en última instancia sólo la  conciencia del observador era garante del resultado final  en una observación cuántica. La tesis fue ulteriormente defendida de manera explícita por otros físicos que en estas columnas tendré quizás ocasión de mencionar: la conciencia del observador  no puede ser tratada como un objeto físico más, por ejemplo un aparato que indicara el resultado de la medición.

Desde la perspectiva de la filosofía un problema no menor que esto plantea es el recurso al término conciencia, excesivamente cargado de connotaciones y que no es seguro que en el proceso de conocimiento juegue siempre ese papel  central que casi espontáneamente tendemos a atribuirle ( ya he tenido aquí ocasión de señalar que, es como mínimo abusivo identificar el "je pense" de Descartes a  la conciencia, término que no juega ningún papel relevante ni en el Discurso del Método ni en las Meditaciones).  Para ahorrarnos ahora una discusión al respecto propongo soslayar  el término "conciencia"  para referirse a ese testigo privilegiado de una medida, sustituyéndolo por el mucho más genérico de "sujeto de lenguaje".

Pero la facultad de lenguaje no es angélica, no funciona con independencia de otras facultades en primer lugar la capacidad de percepción sensible, que también tendría algo a reivindicar a la hora de dar cuenta de los procesos de medida, por lo que no andamos en el problema demasiado lejos del fragmento considerado de Galeno-Demócrito. También los físicos cuánticos son conducidos, por coherencia con su propia investigación estrictamente científica,  a ese salto a la meta-física consistente en desplazar la interrogación hacia el testigo.  Abocado está hoy el físico a hacer suyo  el problema el  del texto de Galeno como  abocado está a hacer suya la cuestión trascendental de la Crítica de la Razón Pura; está pasando de la reflexión inmediata sobre la naturaleza a una reflexión sobre el ser que reflexiona. Y al respecto una paradoja:

Es muy fácil determinar la secuencia de momentos que en el caso de los físicos conduce al salto filosófico (tras las aporías a las que se enfrentan los Bohr, Heisenberg y Schrödinger,  reflexiones de Friz London y Edmond Bauer en los años 40, de Eugene Wigner en los 60  y ulteriormente la casuística respecto a las implicaciones del teorema de Bell y del experimento de Aspect, etcétera).  Los físicos del siglo XX  ciertamente  se bifurcaron entre los que no veían la necesidad de ir más allá en esta inserción en el terreno de la metafísica y los que sí dieron el paso. Y en esas estamos...Los físicos que dieron el salto hubieran podido dudar de entrar en ese mundo de larvas; no dudaron.  En todo caso tras el teorema de Bell y el experimento de Aspect, evitar la cuestión meta-física  hubiera supuesto casi ya una deserción.

 Quizás es más difícil determina  determinar con precisión cuáles son los problemas análogos en el caso de los jónicos. ¿Qué paso en Jonia para que los que avanzan hipótesis  que darían cuenta de la physis (pese a las apariencias todo es agua- Tales- o bien todo es proceso de condensación-rarefacción-Anaxímenes- o de átomos?) pasen a hurgar en las potencialidades del raro animal que avanza tales conjeturas?  ¿Qué paso en suma para que de buscar la razón de los fenómenos se pase a preguntarse si legisla el intelecto o legisla la facultad de percepción sensible?  ¿Qué paso, en suma para que tras haberse dado la concepción de la physis que hace posible la física, los pioneros de tal disciplina den pos sí mismos el paso a la metafísica?

 

[Publicado el 19/4/2016 a las 09:00]

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La potencia emocional de las crisis teóricas

Como las orteguianas  ideas que somos, las ideas que dan soporte al pensamiento,  los principios ontológicos de base,  no son por definición pensados o sometidos a juicio...hasta que algún tipo de conmoción en el conjunto de lo sustentado en ellos, algún tipo de  fallo en la previsible sucesión de los fenómenos o de contradicción en la descripción de los mismos, sea  esta  descripción ingenua o científica, hace que sintamos la imperativa  necesidad de volcarnos sobre tales  principios, de convertirlos en objeto de reflexión y  juicio. El ejemplo standard es el cúmulo de aspectos conflictivos en el seno de la física que condujeron a Einstein a forjar una teoría que hacía recuperar la consistencia de la disciplina... al precio de repudiar como si se tratase de meros prejuicios las nociones establecidas de Tiempo y Espacio. Pero con la física cuántica  lo que está en entredicho es algo aun mucho más básico o cimentador, de ahí que esta disciplina despierte una potencia emocional, inesperada tratándose de cuestiones en la frontera de la física y la metafísica. .

Un físico  británico ya evocado en estas columnas  enfatiza el hecho de que las aporías cuánticas  conducen  casi inevitablemente a considerar  la hipótesis de que las "verdades" que creemos ser la referencia de nuestras construcciones no sólo podrían ser fruto de esas mismas construcciones, sino que precisamente  por ello  pueden llegar a erigirse en causas cargadas de peso dogmático: "La interpretación de la teoría cuántica es un poderoso ejemplo de este fenómeno: no es inusual encontrar un físico o filósofo de la ciencia, defendiendo una posición específica con tal fervor y pasión que ultra-pasa con mucho el grado de emoción asociado normalmente con las creencias científicas: en efecto, a veces se diría que su propia existencia dependiera de los resultados del debate." (1)

La potencia emocional a la que se refiere este texto explica en parte la virulencia con la que, desde Einstein al matemático René Thom,  se han criticado las implicaciones filosóficas de la interpretación standard de la física cuántica. Pero ciertamente  no sólo en las controversias relativas a la física cuántica se pone de relieve este compromiso pasional de la subjetividad:

Me refería  hace un momento  al cuestionamiento por  la  teoría de la relatividad de la convicción anclada según la cual las cosas materiales se inscriben en un espacio que  cuya interna estructura respondería a la geometría que hemos aprendido en la escuela. Así pues considerar que el espacio newtoniano  no es en absoluto la condición de las realidades físicas equivale a decir que la geometría euclidiana carece de objetividad. Asunto tremendo que conmocionó tanto a filósofo como a literatos del que ya me he ocupado hace años  en un largo artículo  del que retomo aquí la idea central.

Los lectores de Descartes recordarán que, por ser todopoderoso,  el dios del Discurso del Método, podría hacer que fuera falaz la geometría euclidiana, de tal manera que  Cartesio se vería abocado a conformarse con la certeza solipsista de ser "una cosa que piensa". Y sin embargo hay otra perspectiva, en la que la geometría euclidiana no es aquello que Dios pueda vencer, sino más bien la expresión de la ley que él nos ha impuesto. En su excelente libro Ideas de Espacio, Jeremy Gray nos recuerda que en boca de Ivan  Karamazov (dirigiéndose a su hermano Alyosha, poco antes de que surja la figura del Gran Inquisidor) hay un literario eco de estas diatribas. Dostoievsky escribe en un momento en que, tras los trabajos de Lobachevsky, Bolyai y Riemann, se sabía la perfecta consistencia de una geometría en la que los tres ángulos de un triángulo miden otra cosa que dos rectos y, sobretodo, se barruntaba que la misma podía ser la base de esa cosmología que, con la Relatividad General, llegaría a subvertir radicalmente los conceptos de tiempo y espacio:

"Si Dios realmente existe y realmente ha creado el mundo, entonces, como todos sabemos, lo creó de acuerdo con la geometría euclidiana, y creó la mente humana capaz de concebir sólo tres dimensiones del espacio. Y sin embargo ha habido, y hay todavía, matemáticos y filósofos, algunos de ellos hombres de extraordinario talento, que dudan de que el universo haya sido creado de acuerdo con la geometría euclidiana".

Quizás no sea ocioso señalar que, en el texto, la problemática trasciende lo científico y lo gnoseológico, para adentrarse en el orden de la rebeldía y la aspiración a la libertad:

"... no acepto el mundo de Dios... estoy tan convencido como un niño de que las heridas curarán y las cicatrices desaparecerán, convencido de que el repugnante y cómico espectáculo de las contradicciones humanas se desvanecerá como un lastimoso espejismo, como una horrible y odiosa invención de la débil e infinitamente insignificante mente euclidiana del hombre".

Dios parece hallarse no sólo en todas partes, sino también agazapado tras los más dispares problemas. El Dios que aquí irrita a Karamazov es un Dios, por así decirlo, convencional, y hasta conservador: el Dios que efectuaría su acto de creación obedeciendo principios lógicos y topológicos inscritos desde la eternidad en su espíritu, y de cuya trascripción física Newton sería algo así como el notario. La moraleja de este asunto es que el colapso de las leyes geométricas que hemos aprendido en nuestros años escolares ni siquiera sería síntoma de la toda potencia de un Dios amante de las paradojas, sino de la insuficiencia de nuestra concepción de su poder. No, al dudar de que las leyes topológicas que hasta entonces había asumido pudieran ser falaces, Descartes no había topado aún con el maligno... éste espera quizás en otra parte. Cuando el pensamiento ha integrado en sus estructuras básicas  el legado relativista (relatividad de espacio y tiempo, carencia de realidad física de la geometría euclidiana), entonces un reto aun  más radical,  un enigma más profundo  le espera en la esquina: puesta en tela de juicio de los principios configuradores de nuestra representación de la naturaleza, destrucción de los trascendentales.

 


(1) C. J. Isham   Quantum Theory Imperial College Press 1995 . Reprinted 2008 p.66

     

[Publicado el 12/4/2016 a las 09:00]

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Tras la física jónica y la física del siglo XX

Decir que una renovada metafísica se fragua en la primera mitad  del siglo XX como consecuencia de la constatación de un naufragio en los principios ontológicos que sustentaban  la concepción general de la naturaleza (y que siguen sustentando nuestra relación cotidiana con la misma),  no significa que se empieza entonces a elaborar  una tabla de principios alternativos. Pues una cosa es, por ejemplo, decir que no rige el principio de localidad y otra muy diferente  erigir  en base a tal ausencia un  principio alternativo. En la no localidad, prima simplemente el no. Que el comportamiento de las partículas elementales violente el principio de localidad  en absoluto supone que un tipo de necesidad natural sustitutiva de tal principio rige en el mundo. En la physis respecto a la cual cabe hablar de necesidad, la physis que determina exhaustivamente  el ser de las cosas y doblega el instinto de las bestias... la localidad impera. Si hay excepción hemos abandonado esta physis, hemos abandonado la determinación de la misma que rige  al menos desde Aristóteles, aunque  con matriz en los pensadores jónicos,  por lo cual estaríamos en todo caso retornando  (pura hipótesis) a una vivencia realmente arcaica.

Sin duda cabe una posición menos radical consistente en  sostener que la caída de la localidad no conlleva la del resto de principios ontológicos, por lo que nuestra concepción de la physis  sólo parcialmente debería ser modificada.  Determinar hasta qué punto esta posición es sostenible, determinar en qué medida  el destronamiento de la localidad deja incólume parte de lo establecido en la tabla de principios, supone de entrada un ejercicio técnico (casi  aquello que un pianista llamaría musculatura)  lo cual no debe hacer olvidar el objetivo final, filosófico precisamente porque va más allá de esa pericia. Recordaré al respecto la tesis que soporta estas notas: lejos de lo que Auguste Comte indicaba la filosofía no es una etapa adolescente que precede a la ciencia y concretamente a la ciencia de la naturaleza; la filosofía nace precisamente de la ciencia como resultado de que esta se ve confrontada a aporías que ponen en tela de juicio el presupuesto de que la necesidad natural es ajena a la percepción que el hombre tiene de la necesidad natural. Eso ocurrió tras  la física jónica y vuelve  a ocurrir de nuevo tras la física del siglo XX.

[Publicado el 05/4/2016 a las 09:00]

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Física experimental, física que da razón, meta-física.

Se quejaba Newton de no haber logrado deducir de los fenómenos  la razón o causa de la gravedad. Ello no le impide describir matemáticamente los fenómenos gravitatorios y efectuar una generalización por inducción a la que, para gran escándalo de algunos, califica de Filosofía, aunque añade la coletilla experimental,  es decir, filosofía natural experimental y que no es otra cosa que una física experimental.

Una parte del trabajo de la física consiste en efecto en   una descripción genérica de fenómenos, es decir generalización de lo reiteradamente  constatado, que una vez formalizada e inserta  en un conjunto consistente vienen a formar parte de  una teoría. En función de esta teoría la física hace previsiones relativas a lo que puede acontecer. Ejemplo canónico: mediante generalización por inducción,  Newton concluye que los cuerpos carentes de soporte en el entorno de la Tierra se aproximan a la misma de tal suerte que en un primer segundo recorren 9.83 metros,  en el segundo posterior doblan ese recorrido, en el tercero tres veces,  y generalizando: cada segundo incrementan su velocidad en una magnitud de  9.83 metros por segundo.  Erigido este comportamiento en regla de los graves en torno a la Tierra podemos efectuar una previsión sobre el lugar en el que se hallará por ejemplo dentro de cinco segundos   un cuerpo que ahora abandonamos en "libre" caída. Esta generalización a partir de la experiencia era al decir de Newton suficiente para esa  "filosofía experimental" a la que se refería.

Ya he indicado que Newton soslayó la   pregunta fronteriza sobre  la causa o razón que mueve a los graves a ser tales, y además a serlo  con tal determinación precisa (9.83 metros por segundo cada segundo). La renuncia de Newton a incluir tal interrogación en el compendio de la ciencia física, suponía de facto soslayar la aporía siguiente: la gravedad newtoniana parecía dar testimonio de la existencia de una fuerza que opera en la distancia...contrariamente a lo que por doquier se muestra como condición de posibilidad de que se ejerza una fuerza.

Pues como bien constatamos en la relación cotidiana con las cosas del entorno, la influencia de un objeto A sobre un objeto B, o bien se efectúa por directo contacto de A sobre B, o por contacto con una tercera entidad  C que a su vez está en contacto con B. No sólo constatamos esto una y otra vez,  sino que hemos generalizado tal constatación hasta el punto de vivir como si se tratara de un principio general de la naturaleza, un principio que no hay que explicar sino que sería presupuesto no susceptible de ser puesto en tela de juicio por explicación alguna.

Vemos pues que si Newton se hubiera decididamente abierto a la interrogación sobre la  sorprendente  caída de los graves ello le hubiera conducido a interrogarse sobre la legitimidad  del principio por el cual estamos seguros de que (salvo las artes de un mago) no se conseguirá que lo que acontece en la distancia nos afecte directamente  (es decir sin la mediación temporal exigida por las cosas que se interponen entre nosotros y lo que pretende afectarnos). Si no hubiera renunciado a explorar el curioso fenómeno de la aparente acción a distancia con el tremendo argumento de que la ciencia natural no exige aventurar conjeturas al respecto (Hypothesis non fingo), Newton se hubiera en suma visto obligado a enfrentarse al problema de la universalidad de un postulado o presupuesto que rige nuestro lazo cotidiano con el entorno natural. Y haciendo tal cosa no sólo hubiera respondido mayormente a su condición de físico sino que (por el hecho mismo de haberse enfrentado a los presupuestos de la física) hubiera devenido metafísico.  

Hay aquí como una especie de paradoja: al no interrogarse sobre un caso de aparente acción a distancia, al soslayar el problema de la "razón de la gravedad",  Newton está fallando a la exigencia de inteligibilidad que es la marca misma de la ciencia. Renuncia... a su pesar (como lo muestran múltiples textos en los que se queja de su impotencia), pero renuncia fin y al cabo, es decir: lo que él llama "filosofía experimental", que se satisface  con la generalización por inducción, no es propiamente esa filosofía natural que se confunde con la física, la cual,  en palabras de Leibniz,  "busca siempre la razón". Pero como aquí vengo mostrando el término filosofía es  equívoco y de hecho en tiene arranque allí mismo dónde la física encuentra una aporía que le hace reflexionar sobre sus propios cimientos. En síntesis:

1)La física da por supuesto la exigencia de un principio  de continuidad-localidad que excluye la acción a distancia y otorga inteligibilidad a los fenómenos, mostrando que obedecen al mismo. Tal cosa ocurre con todos y cada uno de los principios ontológicos. La filosofía no puede ser meramente experimental porque entre su vocación está el escarbar en  los cimientos que sustentan  toda experimentación posible. Estos cimientos son los principios ontológicos asumidos por el físico y van incluso más allá  incluyendo   también los relativos a la matemática, como por ejemplo el principio de no contradicción, axioma fundamental de esta disciplina, pero del cual el matemático jamás se ocupa explícitamente (salvo para denunciar que algo lo contradice), dejando tal tarea para el filósofo

2) La física entra en crisis cuando el principio de contigüidad- localidad  (o cualquier otro de los principios ontológicos) parece fallar. En el caso de la gravitación newtoniana se trataba sólo de un fallo aparente (que la teoría del campo gravitatorio o las ondas gravitatorias de Einstein vendrá a superar). Es decir, el problema es resuelto por la propia física.

3. En ocasiones se dan fenómenos (así el comportamiento de los fotones en el experimento de Aspect) en los que indiscutiblemente queda en entredicho que la localidad sea un principio ontológico universal, es decir algo a lo que la naturaleza necesariamente obedece. Es entonces cuando el físico se ve conducido a hacer inmersión en sus cimientos, forzado a pensar la localidad (como Aristóteles pensaba el "principio más firme", es decir el principio de contradicción que el matemático asumía sin reflexión); es entonces cuando el físico se hace metafísico. 

 Por el hecho mismo  de intentar explicitar los principios rectores del orden natural,  de intentar  ponerlos sobre la mesa, la disposición del físico ha cambiado, ha tomado una distancia sobre su propio quehacer, ha traspasado hacia la filosofía: aun escrupulosamente  respetuoso  de la física, y  estudioso de esta disciplina, no se contenta ya con la tarea de la física.

Pues la mera la descripción,  archivo y racional intelección de los fenómenos físicos de no exige en absoluto abordar la cuestión de las evidencias y principios fundamentales que posibilitan todo lo anterior. Basta con someterse a los mismos y repudiar toda conjetura que los contradiga.

[Publicado el 29/3/2016 a las 16:34]

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Laboratorio del físico…antesala del filósofo (cuando la ciencia misma apela a otro discurso).

La legitimidad de la filosofía reposa en el hecho mismo de que, tras la ciencia, hay aun pensamiento, de que la búsqueda de la  inteligibilidad no es el objetivo último y en consecuencia tras su eventual logro no se cierra el discurso. Desde luego hay que hacer el entorno inteligible, hay que hacer  inteligible incluso el espacio y el tiempo, pero hay sobre todo que sumergirse en aquello en lo que encuentra sentido el espacio y el tiempo mismos.  Si no un programa por etapas, sí   hay al menos un espectro de temas  para la  filosofía, y  la mera disposición a ocuparse  de los mismos es una respuesta positiva a la exigencia de Aristóteles.

Espectro que recoge, en lo que hay de esencial, la exploración de la physis elemental, el trabajo de archivo, descripción y previsión que hacen los físicos, pero no para detenerse en el mismo,  sino como indispensable peldaño para el abordaje de aquello en lo que tal exploración reposa, y que no anda lejos de lo que hace la singular physis del hombre, a saber, el lenguaje y sus categorías, los múltiples modos de decir el ser.  Y bienvenido es el hecho de que sean los propios físicos quienes,  desconcertados   por las aporías que encuentran en su trabajo, nos inviten a retomar la disposición aristotélica a la que  en potencia responde todo humano.

Ciertos problemas técnicos de enormes implicaciones teoréticas sólo pueden de entrada  ser abordados por el físico. Pero el meta-físico debe estar muy pendiente de las respuestas  del anterior,  pues es  en base a las mismas que irá trazando un camino en su propia  interrogación. Y el estar pendiente no quiere decir aceptar pasivamente la palabra del físico, sino seguirle en sus conjeturas y experimentos. El laboratorio del físico es asimismo la antesala del filósofo  y los protocolos en los que el primero recoge sus experimentos son  algo así como la provisión de base en las alforjas del segundo.

[Publicado el 16/2/2016 a las 09:00]

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¿Qué añadir a la información y a la inteligibilidad?

La filosofía no es desde luego (al menos, eso no es  en ella lo esencial) un pensar que, como el del poeta, explora las  potencialidades y recursos que el lenguaje tiene con vistas a su propia recreación. Pero ya he reivindicado la tesis de que  la filosofía no es tampoco el pensar de la ciencia. Esta imposibilidad de encasillar la filosofía como una modalidad particular de  la manera de hacer de los científicos,  supone que en la distribución administrativa de la universidad la filosofía  no puede ser una facultad paralela a la facultad de biología o de física, asunto considerado por Kant en su Conflicto de las Facultades.

Simplemente la filosofía no es  ciencia. Y sin embargo la filosofía va tras (con todo el equívoco de la expresión)  la ciencia. Su pensar es un pensar que sigue en el tiempo al pensar de la ciencia y desde luego extrae toda la savia del mismo, pero también la filosofía está detrás de la ciencia dándole quizás soporte. La filosofía en todo caso, para tener legitimidad,  ha de añadir algo a la ciencia, ha de decir cosas que la ciencia no dice. ¿Qué añade o dice pues? La respuesta sólo puede venir del énfasis en la intención. Se trata ciertamente de conocimiento, y de conocimiento riguroso, y por eso la ciencia es la base, pero se trata asimismo de algo más. Pero, ¿en qué consiste ese algo? ¿Qué añadir  cuando ya está resuelto  el problema de la indispensable información (científica pero también filológica e histórica a fin de poder interpretar textos e insertarlos en contextos) y ha sido planteado el eventual problema de evaluación e interpretación de dicha información en el seno mismo de la ciencia? ¿Qué hace en suma  el meta-físico?

El problema del vacío se plantea no sólo al narrador  sino también al filósofo. La recurrida metáfora de la página en blanco no remite a una ausencia  de contenido, sino a la cuestión de la nota diferencial que, sin añadir dato alguno, trasmuta este contenido.  ¿Por qué el Aristóteles que se interroga sobre la diferencia que hace la singularidad humana en el seno de la animalidad,  manejando al respeto  todos los datos que podía almacenar el conocimiento de su época, no es sin embargo simplemente el primer biólogo sino el primer (y quizás principal ) pensador de la vida, y aun de la vida hecha palabra? ¿Por qué el Aristóteles que como todos los astrónomos de la historia  hace conjeturas (afortunadas o no) sobre esferas que podrían eventualmente explicar los fenómenos astrales, constatados una y otra vez, es algo más que un astrónomo?  ¿Por qué el Aristóteles que intenta (de nuevo con mayor o menor fortuna) utilizar las propiedades intrínsecas de los entonces considerados elementos, a fin de explicar el comportamiento de la physis, es algo más que un físico?  ¿Por qué en suma es Aristóteles El filósofo? La respuesta no es obvia y de alguna manera la historia misma de la filosofía es en gran parte una tentativa de encontrarla.

[Publicado el 09/2/2016 a las 09:00]

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La interrogación sobre el paso de la ciencia a la filosofía

Vuelvo ahora al tema evocado en una columna anterior sobre el nacimiento en Jonia tanto de la ciencia como de la filosofía. Leyendo a  autores eminentes (algunos ya citados), que se acercan al asunto desde la historiografía filosófica,  pero a veces también desde la ciencia,  se tiene la impresión que explican  más bien el nacimiento de la ciencia que el nacimiento de la filosofía. En otros términos: parece relativamente fácil distinguir la reflexión sobre la naturaleza que llevan a cabo los pensadores jónicos (y que tiene los rasgos esenciales de lo que nosotros llamamos ciencia), no sólo de otras formas de aproximación a la naturaleza, sino incluso de otras formas de conocimiento de la misma, a saber  las  que se darían en Egipto, China o Mesopotamia. Pero entra la sospecha de que  no llegamos a saber muy bien en qué consiste la filosofía.

El entendimiento humano, a través de la comparación, el juicio,  la deducción, la inducción y el silogismo  conceptualiza las cosas del mundo, y  gracias a ello puede eventualmente modificarlas, forjando  tanto  las técnicas necesarias a la subsistencia, como  las  que tienen como objeto el confort o la belleza, es decir,  tanto lo que  nosotros llamamos  técnica como  lo que nosotros llamamos arte (designadas en Griego por la misma palabra, techne). Una interrogación determinada por exigencias  prácticas puede dar lugar a conocimientos sofisticadísimos, de los cuales las técnicas de agrimensura en Babilonia o en Egipcio son una expresión cabal.

Pero en cualquier caso es una tesis ampliamente aceptada (aunque genere reacciones  cuando es llevada a extremos) que en Jonia se fragua una de las más singulares peripecias de la razón humana, a saber, simplemente la conversión de interrogaciones vinculadas a las mencionadas  exigencias prácticas, en interrogaciones liberadas de toda función, cuya eventual respuesta podía tan sólo satisfacer al espíritu.

Y se añade que  sólo en este paso a una interrogación que no tendría otro objetivo que la mera inteligibilidad, el entender por el hecho de entender, cabría ver  el origen mismo de la ciencia,  tal como la palabra resuena en boca de científicos que se reconocen  en la  disposición de espíritu de los pensadores jónicos, forjadores de  hipótesis que de entrada, sólo podrían despertar el escepticismo de sus contemporáneos. Por el carácter desinteresado de esta etapa, el entendimiento tiende a concebir la esencia y el comportamiento de cosas que, como los astros,  no son susceptibles de ser modificadas por la técnica, ni de ser puestas a nuestro servicio, separando así lo que es un abordaje técnico de un abordaje que cabe llamar científico, el cual puede entonces extenderse a cosas  que sí podrían ser útiles pero que en la nueva disposición de espíritu son contempladas bajo otro prisma.

Así Tales habría tenido razones muy serias para sostener  que tras la aparente diversidad de los fenómenos hay un elemento común, que él denomina agua. Y tal sería el caso de  Anaxímenes cuando reduce las apariencias a fenómenos de condensación o de rarefacción de otro elemento primordial. En la actitud de ambos puede el científico de nuestro tiempo encontrar analogías con su propio proceder.

Pero con el esfuerzo de estos pensadores  prístinos se está asimismo fraguando en  Asia Menor  una vía que, dispersándose por la  Italia meridional o Tracia, acabará confluyendo en Atenas, y que constituye algo realmente sin precedentes, a saber,  la filosofía, la cual es ante todo expresión de que el intelecto humano no se conforma. Esta no conformidad puede esquemáticamente reflejarse como exigencia de una actividad del intelecto irreductible tanto a la disposición del hombre de arte, el technites como del físico, aunque tenga en la misma el arranque.

Pues un momento esencial de la segunda  etapa, la ciencia, es que  el entendimiento se apercibe de lo poco de fiar que, en ocasiones, son los sentidos  como testigos de la naturaleza,  y en consecuencia repara en su propio papel en las actividades anteriores, dando cabida a la idea de que este papel no es quizás despreciable. Se abre así la posibilidad de una  auténtica  inversión de jerarquía: lejos de que el intelecto sea mero reflejo de las propiedades de  las cosas conducidas hacia él a través de los sentidos, sería quizás el intelecto quien, al menos parcialmente, determinaría las auténticas propiedades.

[Publicado el 02/2/2016 a las 09:00]

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Lo que supone que el saber exija tiempo

Los  años (digo bien años) que exige, mero ejemplo,  la inmersión en la Ciencia de la Lógica de Hegel  equivalen al periodo  de formación de un físico o un biólogo. De ello son bien conscientes los científicos que se acercan a la filosofía, imposibilitados de arrancar a sus investigaciones específicas ese tiempo empírico que la filosofía exige. Obviamente, la recíproca es cierta: el que lucha simplemente  por seguir a Kant en los meandros  de su triple Crítica, sabe que tal perseverancia supondrá probablemente  la  renuncia a integrarse en un laboratorio a fin de aprehender de manera concreta el enorme enigma ontológico que suponen dos fotones en situación de entrelazamiento (es decir para los cuales existe una fórmula identificadora de la pareja que forman, pero no una fórmula identificadora de su individualidad). Pues una cosa es entender el proceso simbólicamente, es decir matemáticamente, cosa a la que el filósofo de formación puede acceder perfectamente, y otra es percibir que efectivamente la naturaleza posibilita tal sorprendente comportamiento.

Y sin embargo, el esfuerzo del filósofo por no ignorar lo esencial de la ciencia responde a un imperativo de la filosofía misma, el cual exige  un esfuerzo que puede llegar a ser baldío. Pues  el filósofo ha de luchar contra la dificultad empírica, marcada de entrada por la limitación de tiempo, pero también contra la pluralidad de modos de simbolización que la diversidad de las ciencias exige.

Y luchará desde luego contra el olvido; luchará  contra esa devastación que constituye para los símbolos y conceptos tan duramente conquistados  la inmersión hacia el centro de gravedad de una suerte de pantano del cual sólo con un esfuerzo aun mayor pueden a veces ser rescatados; ese olvido contra el que se debatía la Emilie du Châtelet de Kaija Saariaho, de la que me ocupaba aquí hace unos meses. Transcribo las frases (con alternancia de lenguas) que el libretista del mono-drama de Saariaho pone en boca de la protagonista :  "Les couleurs me manquent déjà,/ I already miss the colours,/ I miss the dreams, /I miss the dreams,/ I miss the dreams,/ Les rêves me manquent, manquent, /La vie me manque, Et je redoute de sombrer/ Sombrer avec livre et enfant/Dans le vertige de l'inconscience,/ Dans le vertige,/ Dans le puits de l'oubli. (Hecho ya de menos los colores. Ya he perdido los colores. He perdido los sueños. He perdido los sueños. He perdido los sueños. Hecho de menos los sueños. Hecho de menos la vida. Y tengo miedo de abismarme. Abismarse con el libro y el niño. En el vértigo de la inconsciencia. En el vértigo. En el pozo del olvido").

[Publicado el 26/1/2016 a las 09:00]

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La filosofía no puede ser útil para una sociedad sustentada en su repudio.

He reiterado aquí la tesis aristotélica según la cual  la filosofía como expresión mayor de la disposición fundamental del ser humano a la simbolización y el conocimiento, la filosofía como activación  de nuestras facultades específicas, carece de otra finalidad que sí misma: "Y puesto que filosofan con vistas a escapar a la ignorancia, evidentemente buscan el saber por el saber y no por  un fin utilitario. Y lo que realmente aconteció confirma esta tesis. Pues sólo cuando las necesidades de la vida y las exigencias de  confort y recreo estaban cubiertas empezó a buscarse un conocimiento de este tipo, que nadie debe buscar con vistas a algún provecho. Pues así como  llamamos libre a la persona cuya vida no está subordinada a la del otro, así la filosofía constituye la ciencia libre, pues no tiene otro objetivo que sí misma" (Metafísica, 982b17-18)

De ahí  la esterilidad de enfrentarse a los detractores de la disciplina mediante proyectos  de una "filosofía" aplicada, una filosofía que acepta estar al servicio de otros fines, una filosofía que no tiene confianza en sí misma que no se ve como expresión  de la  genuina disposición del ser humano y en consecuencia como causa final de una educación que responda a la paideia de los griegos.

Exigencia filosófica es luchar políticamente para que la sociedad posibilite que todo ciudadano esté en disposición de filosofar. Hay que combatir pues a quienes sostienen que el objetivo de la educación es formar ciudadanos susceptibles de adaptarse a un contexto social contingente, por más o menos democrático que este sea (no olvidemos que fue el régimen democrático de Atenas el que  condenó a la cicuta al filósofo). Quizás  la filosofía pueda ayudar a ser mejor técnico, físico o biólogo, pero ello sólo como consecuencia de que tras (más allá de) su práctica, el especialista entrevé que está la filosofía, entrevé los interrogantes mayores a los que se ve confrontada  la condición humana.  Como Marcel Proust decía del arte, la filosofía ha de servir a los ciudadanos, pero sólo puede hacerlo siendo cabalmente filosofía.  Pero ésta de manera alguna puede ser útil para la sociedad sustentada precisamente en el repudio de la filosofía. O aun: al enemigo de la filosofía no se le vence argumentando que la filosofía es útil a sus fines.

[Publicado el 19/1/2016 a las 09:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

 

Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

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