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Converses formentor

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 27 de junio de 2016

 Blog de Víctor Gómez Pin

Todo es Clásico tratándose de Materia y Energía. Y sin embargo...

 Vengo en estas columnas reivindicando el peso filosófico de ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Defiendo la tesis de que las consecuencias de conjeturas que se vieron confirmadas experimentalmente nos reconducen a la situación en la cual se vieron ya los primeros físicos griegos (que en un sentido concreto de la palabra física pueden ser considerados simplemente como los primeros físicos), a quienes  las aporías provocadas  por sus propias interrogaciones de partida, abocaron a esa interrogación de orden diferente que designa para nosotros la palabra  filosofía. Como paradigma de este nuevo deslizamiento de la ciencia a la filosofía que se da en nuestro tiempo he enfatizado la auténtica conmoción que para nuestra representación de la naturaleza supone la física cuántica.

¿Qué ocurre pues  concretamente con esta disciplina? Los que escriben sobre los aspectos problemáticos de la misma  se sienten muy a menudo obligados a precisar que no se trata  de ciencia ficción. Al respecto evoco un ejemplo que exige una noción técnica, añadida  en nota (1).

Sea un fotón A con una bien determinada polarización, horizontal (H) para el caso, y un fotón  C espacialmente alejado de A. Si se dan determinadas circunstancias,  la polarización del fotón A puede ser tele-portada al fotón C sin que se dé el paso por los lugares intermedios que caracterizan al transporte ordinario. La persona que escucha tal cosa de fuente autorizada  puede llegar a pensar que se habla de un salto sin contigüidad de materia o de energía, lo cual en efecto constituiría un milagro.

Tratándose de transporte de materia y energía no hay excepción a la regla: Una onda (desplazamiento de energía) es al respecto tan obediente  como un electrón o una piedra: para cubrir un trayecto hay antes que cubrir la mitad...y la mitad de la mitad, lo cual (dejando ahora de lado la paradoja de Zenón) desde luego exige tiempo, como mínimo el tiempo necesario para que la luz supere la distancia.

Si la primera exigencia marca a toda física desde los griegos, la segunda marca a toda física desde la relatividad restringida. La novedad al respecto que supone la física cuántica es el hecho de que efectivamente hay  transporte sin mediación por la ley de contigüidad, pero   no se trata de transporte de  una entidad física, sino del estado de una entidad física en relación a determinado observable, lo cual es ya algo enorme. Pues el observable polarización es a todos los efectos una determinación clave para el fotón (como el observable spin lo es para el electrón) y en consecuencia el hecho de traspasarla a un fotón alejado supone una suerte de alienación, es decir perderla como determinación propia. El entero proceso exige  un protocolo sólo aplicable en circunstancias concretas, que sitúo en nota (2) .

De la nota se desprende que el tele- transporte de estados cuánticos no es un tele- transporte de materia o de energía. Y sin embargo... 

Es mucho que se traspase sin ley de contigüidad ni sumisión al tiempo ni a la ley de la velocidad de la luz como límite. La información realmente útil exige subordinarse a lo que la física clásica autoriza, pero tal utilidad tiene soporte en una base que la trasciende. Si el fotón C no hubiera alcanzado una de las polarizaciones correlativas de los estados de Bell,  no habría posibilidad de realizar la transformación unitaria que efectivamente otorga a C el estado exacto que tenía A. En suma:

La mecánica cuántica está en condiciones de sostener que, dada una partícula (en principio cualquiera aunque el experimento sólo se haya realizado con fotones) que tiene un rasgo característico de su entidad (no es lo mismo un fotón con polarización H que un fotón con polarización ortogonal V), es posible traspasar tal rasgo a otro fotón alejado del primero espacialmente (en el sentido de la relatividad restringida). 

Pasmoso asunto desde luego, que dejaría estupefacto a Aristóteles, como dejaría estupefacto a sus predecesores jónicos  y a sus detractores, desde Galileo a Einstein.  

 

 


 


 (1) Recordemos que la luz consiste en un campo electro-magnético  que puede oscilar en cualquier dirección perpendicular a la de desplazamiento.  La dirección según la cual oscila  la vertiente eléctrica del campo es llamada dirección de polarización. Un haz de luz no tiene de entrada una polarización bien definida,  dispersión por la cual se habla de luz no polarizada. Sin embargo, cuando  esta luz dispersa incide sobre  cierto material con una determinada estructura cristalina (usado por ejemplo en  gafas de sol) se da el fenómeno siguiente: aproximadamente la mitad de la luz es absorbida y la otra mitad es trasmitida...ahora ya dotada de idéntica polarización. Este material que juega así el papel de filtro, denomina polarizador,  tiene un eje preferente que coincide con la dirección de polarización. Es de notar que  el polarizador no constituye un simple detector de una propiedad objetiva que la luz ya poseería, sino de alguna manera un forjador de tal propiedad. Veremos en su momento la importancia de este hecho.

Consideremos la parte del haz de luz que ha pasado y que ahora coincide en polarización,  y sometámosla a la acción de un segundo polarizador. Ocurre lo siguiente: si el eje  preferente de este segundo polarizador coincide en dirección con el del primero, toda la luz será de nuevo trasmitida; si el segundo polarizador  es girado 90 grados, entonces nada de luz pasa (toda es absorbida); si  el giro es de 60 grados pasará una cuarta parte de la luz; si  es de 30 grados, tres cuartas partes... En general para un  determinado ángulo a  respecto a la orientación del primer polarizador, la proporción de luz transmitida por el segundo polarizador será cos2 de a, y la absorbida sen2 de a. Desde el artículo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico,  por el cual Einstein obtuvo el premio Nobel, sabemos que la luz no siempre se comporta como una onda, sino que a veces lo hace como un conjunto de partículas llamadas  fotones. Una luz tenue está constituida por pocos fotones, eventualmente uno sólo, y  una luz fuerte por gran número de los mismos. Pues bien:

¿Cómo interpretamos el señalado efecto de polarización si la luz no polarizada  incidente en el  primer filtro es un conjunto de fotones? Pues simplemente diciendo que la mitad de los fotones ha pasado, quedando ahora polarizados idénticamente, mientras que la otra mitad ha sido absorbida por el material. Diremos asimismo que el número de fotones que pasará el segundo filtro dependerá de la orientación del mismo. Sea de nuevo a el ángulo de orientación del polarizador respecto al primero. Si consideramos cada fotón particular que ya ha pasado el anterior filtro,  entonces la cifra antes avanzada (cos2 de a)  significa ahora  la probabilidad que un fotón individual  tiene de pasar el segundo filtro y no como antes la proporción de luz ya polarizada que pasará.

 

(2)

a) El fotón C no tiene una polarización propia sino que está entrelazado a un fotón B en uno de los cuatro estados llamados  de Bell.

b) Un observador que controla tanto A como B efectúa una medida de Bell que entrelaza a ambos.

c) Como resultado de tal entrelazamiento C pierde su entrelazamiento con B alcanzando en sustitución un estado de polarización relacionado con el que tenía A.

El término subrayado "relacionado", marca  los límites del asunto por lo que a trascendencia se refiere. Pues resulta que el entrelazamiento entre A y B no es forzosamente único sino que puede venir dado por cada uno de los cuatro estados de Bell, que tienen correlación en un estado no entrelazado que es el que C recibe. Ahora bien: sólo uno de los cuatro correlativos corresponde a la originaria polarización de A. De ahí que el protocolo exija aun dos etapas:

d) El observador  del resultado del entrelazamiento entre A y C lo comunica por algún  medio clásico al observador de C.

e) El observador de C realiza lo que se llama una transformación unitaria, mediante la cual se garantiza que la traspasada polarización es ya exactamente la que tenía A.

Importantísima es aquí la precisión "por algún medio clásico", pues ello significa que la información útil para que el observador de C pueda completar el protocolo no trasciende la velocidad de la luz.

 

[Publicado el 26/5/2016 a las 09:00]

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Jonia en relación a Mesopotamia, Egipto, China...

Son muchos los autores que remontan la infancia de la ciencia a la época del nacimiento de la escritura, en las  civilizaciones de Sumeria y Babilonia. En el arranque de La Pensée Sauvage, Claude Lévi-Strauss va incluso más allá, atribuyendo a los moradores de culturas llamadas primitivas una gran capacidad de clasificación que se traduciría por ejemplo en la recensión  de centenares de plantas. Es obvio que en  las grandes civilizaciones que precedieron a la Jónica había algo más que un embrión de lo que llamamos ciencia. Sin embargo,  por minuciosas  que fueran, las observaciones tenían más bien un carácter empírico; no eran consideradas como expresión de un comportamiento determinado que respondía a la esencia de la naturaleza por entero. Esto se refleja en el diferente uso de la matemática, pues una cosa  es consignar lo observado recurriendo a mediciones matemáticas y otra servirse de las matemáticas para representar un modelo del cosmos, el cual explicaría el fenómeno concreto al que estamos asistiendo, como apuntan a hacer  los pitagóricos o los platónicos.

 El gran historiador del pensamiento Leon Robin aseguraba que el saber oriental, incluso después de haber establecido contacto con el saber griego, nunca abandonó las preocupaciones utilitarias y las consideraciones de asuntos particulares. Ello es quizás exagerado. Pero en cualquier caso... tratándose de los griegos ya no hay duda: con los pensadores jónicos se fragua un sistema de pensamiento que apunta a una aprehensión de la realidad cósmica como tal, y ello con independencia de consideraciones pragmáticas. La disposición de espíritu con la que se consideran los fenómenos es muy diferente. Ello vale también cuando se compara Jonia con las grandes civilizaciones de Extremo oriente.

Hace aproximadamente 2500 años, o sea al tiempo que se despliega el pensamiento nacido en Jonia,  se escriba el libro sobre  Tao y Te (Tao Te Ching)  atribuido a Lao Tse.  Aun tratándose esencialmente de una suerte de breviario de la vida espiritual (se ha sugerido la traducción "Camino hacia la virtud"), hay referencias al orden cósmico siendo el objetivo final conseguir precisamente que el hombre consiga armonizarse con el mismo.

Se habla en algún párrafo  de naturalidad como un principio al  cual la vida tendría que obedecer,  pero tal naturalidad se quiebra si el seguidor de Tao no actúa en conformidad a sus preceptos. Aunque la diversidad de traducciones de los mismos versos desespera a los que meramente intentamos acercarnos al tema, parece quedar claro   que el seguimiento  de  la buena vía o Tao permite el perdurar de la situación en la que   "el cielo está puro y la tierra es sólida, la naturaleza es tierna y los ríos son caudalosos, los valles florecen, los seres se multiplican" (Lao Tsé,  Tao Te Ching, 39.  Edición por Vladimir Antonov. Traducido al Español por Anton Teplyy, disponible online (1)).  De no darse tal harmonía "el cielo no habría sido puro; la tierra se habría agrietado por la sequía; la naturaleza habría dejado de dar su belleza; los valles habrían dejado de florecer y se hubiesen convertido en desiertos; los seres vivos habrían dejado de multiplicarse y hubiesen desaparecido"(2)

Es indudable que  hay analogías entre la visión del mundo promulgada por los taoístas y ciertos  aspectos del pensamiento jónico. Así por ejemplo, el agua es presentada como una suerte de principio, de tal manera que  cuando el hombre alcanza los objetivos espirituales se asemeja al agua, elemento que por su capacidad de fluir es inaprehensible por cosa alguna ("el agua permanece más bajo que todos. Y en esto es parecida a Tao"). Ello obviamente hace pensar en Tales, mas la atmósfera es sin embargo radicalmente distinta.  

El pensador jónico se halla ante una naturaleza susceptible de alcanzar la vida y la animación  e incluso animada en lo que constituyen sus bases o elementos ( Aristóteles recoge esta manera de ver en su concepción de los cuatro elementos que tienden intrínsecamente  a su lugar natural), pero en cualquier caso indiferente  las vicisitudes y a la actitud misma de quien se confronta a ella.  Poco que ver con esa naturaleza que de no darse la buena disposición hacia la vía o Tao "habría dejado de dar su belleza". De ahí que  sea difícil atribuir  el carácter de una ciencia de la naturaleza a las disciplinas sobre las que  El Tao tiene influencia, como la medicina china,  aunque sólo sea porque  el objeto de la misma es el animal humano, es decir,  el animal para bien o para mal marcado por su relación con Tao,  con aquello que, similar al vacío, es sin embargo omnipotente: "Está en la Profundidad. Es el Origen de todo. Controla todo. Satura todo. Es la Luz Brillante. ¡Es lo Sutilísimo! ¡Es la Esencia de todas las cosas! No se puede describir su origen, pues Tao es Primordial" (idem 4, (3)).

Primordial ciertamente es también la physis. Pero a diferencia de Tao la physis está sometida a una interna constricción que hace imposible que las cosas puedan ser de otra manera,  quedándole  al hombre tan sólo la posibilidad de contemplar o desvelar esta alteridad irreductible. La sabiduría Tao es de entrada un humanismo, la exploración de la physis llegará también a serlo, pero sólo como consecuencia de la durísima mediación que supone una quiebra en la idea central, una sombra sobre la veracidad de aquello que parecía dar garantía de la autonomía de la naturaleza.


 


(1) He de reconocer que me siento incapaz de aclararme entre la disparidad  de traducciones. Así he visto una versión del párrafo  realizada por Antonio Rivas que dice: "Todo el cielo estaba despejado,/Toda la tierra era estable,/Todas las montañas eran altas,/Todos los ríos estaban llenos,/Toda la Naturaleza estaba viva,/Todos los gobernantes eran apoyados".

(2) Traducción asimismo bien diferente de la de Rivas:

"Pero sin claridad, el cielo se nubla;
Sin estabilidad, la tierra se rompe;
Sin fuerza, la montaña se erosiona;
Sin agua, el río se seca;
Sin vida, la Naturaleza se agosta;
Sin apoyo, los gobernantes caen".

(3)  Bien diferente, una vez más la traducción de Rivas:

"Tao es una nave sin fondo;
Usado por sí mismo, no se llena con el Mundo;
No puede ser cortado, limitado, ocultado o inmovilizado;
Sus profundidades están escondidas, ubicuo y eterno;
Desconozco de donde proviene;
Llegó antes que la Naturaleza". 

[Publicado el 19/5/2016 a las 09:00]

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PHYSIS kai POLIS: Postulados de la Física y Leyes de la Política

Me refería hace dos columnas a los principios reguladores por un lado del orden natural y por otro lado del orden social con dos ejemplos respectivos:  por un lado la necesidad de aproximarse en el espacio hasta la contigüidad con un objeto cuando queremos ejercer influencia sobre el  mismo; por otro lado las normas que  (bajo una u otra modalidad) restringen la sexualidad cuando hay relaciones de  parentesco.

Obviamente el hecho de que unos y otros principios sean marco imprescindible de nuestras vidas no significa que quepa atribuirles  común matriz y menos aun que puedan ser confundidos. Y sin embargo algo de ello ocurre cuando utilizamos la expresión  "ley natural". Conviene detenerse en este extremo.

La expresión  forjada por los latinos lex naturae  ha sido totalmente incorporada tanto en el lenguaje corriente como en el científico.  Así se habla de la ley de la gravedad para referirse al hecho de que las masas ejercen entre ellas una influencia determinada por el campo gravitatorio a ellas vinculado. Y sin embargo este uso del término ley es de entrada paradójica y sólo se justifica como resultado de una suerte de conciliación.

Los filólogos nos señalan que  el término latino natura se vincula al verbo nascor, nacer, venir a la existencia, el cual   a su voz remite a los verbos griegos  phyo, hacer crecer o hacer brotar  y  phyomai, que designa  el hecho de emerger o desplegarse. Ello permite avanzar que la palabra physis  derivada de tales verbos implica un principio intrínseco de movimiento y de reposo, una suerte de potencialidad vital, de tal manera que cualquier tentativa de acercamiento cognoscitivo no puede ser exclusivamente mecanicista, al menos en el sentido en el que nosotros entendemos tal término (de entrada la física jónica ha de ser,  por así decirlo,  una física animada, pues los  elementos tienen, según Aristóteles,  interno principio de movimiento)

Por su parte la palabra  lex es la versión latina del término griego nomos (no entro aquí en las diatribas sobre el grado de diferencia que habría ya entre ambos) vinculado al verbo nemein  que cabría entender  como distribuir, en principio con equidad, por ejemplo un terreno de labranza o pastoreo. Todo ente material  (y a fortiori todo ente  dotado de  vida) está sometido a la physis, mientras que carece de sentido afirmar que toda ente material  está sometido  al nomos. La sumisión al nomos sólo tiene sentido en referencia a los seres de razón. 

La topología de un terreno en el que no ha intervenido el hombre  es expresión de la physis mientras  que  ese mismo terreno sometido a una distribución por ejemplo entre diferentes propietarios de rebaños es resultado del nomos. Por ello indicaba la relevancia de que el término ley haya venido un día  a ser utilizado para referirse a la naturaleza.

De alguna manera la physis se opone al nomos como lo recibido a lo instituido, sin que ello quiera decir de entrada que la autonomía de la physis respecto al hombre suponga autonomía simplemente respecto a toda voluntad. Precisamente la presuposición de tal subsistencia de la physis será esencial para que surja siquiera la idea de una física.

Una physis sometida a la voluntad de los dioses no permitiría la constitución de una física. Esto es en principio una obviedad. Explorar la naturaleza con la esperanza de llegar a hacerla transparente al pensamiento, supondría liberarla de las voluntades, eventualmente caprichosas de los dioses, supone atribuirle una necesidad intrínseca. Este es uno de los ejes  de esta reflexión.  Pero también sobre el nomos se cierne la amenaza de una voluntad exterior, pues hay también una ley mayormente vinculada a imperativos divinos  (con fuente en  la esposa de Zeus, Themis) y  que la designa que las generaciones transmiten oralmente.

Señalaré al respecto que el término nomos no sólo se vincula mayormente a algo que los hombres determinan sino también a algo que queda fijado o escrito, de tal manera que se restringen las posibilidades de argucia. Precisamente Platón pone de manifiesto el desastre que supone para Grecia el ser víctima de catástrofes cíclicas  por lluvias torrenciales, que hacen desaparecer todo vestigio de civilización, mientras que en Egipto la catástrofe se debe al desbordamiento del  el Nilo, de tal modo que, al bajar las aguas,  las marcas de civilización escritas en los templos persisten.

Aunque la ley escrita y cabalmente humana sea en sí mismo implacable o despótica no es desde luego lo mismo estar sometido a la misma que estar sometido a la voluntad de un tirano arbitrario.  Pero  tampoco es lo mismo estar sometido a la ley establecida por los hombres que estar sometido a la ley establecida por los dioses. 

Ciertamente el conflicto encontraría solución si dijéramos que de hecho los nomoi, las leyes que forjamos los hombres son de hecho algo a lo que también están sometidos los inmortales.  Problema este que tendrá de hecho un enorme eco en una atmósfera tan distinta de la griega como es el de las controversias  teológicas de los escolásticos (los diez mandamientos, ¿son  resultado de una arbitraria decisión divina o más bien expresión de la propia perfección del creador, de tal manera que, pese a su infinita potencia, no hubiera podido hacer que no legislaran?).

Pero también cabe la posibilidad de que las leyes  escritas de los hombres y las leyes de los dioses no sean coincidentes, en cuyo caso la posibilidad de conflicto queda abierta, conflicto esencial en alguna de las vertientes de la tragedia.

Fuera de todo esto quedan los principios reguladores de la physis, o al menos tomados como tales, y que hoy se ven sometidos a una diatriba tan radical como los concernientes a la ley social, aunque obviamente  no tenga el carácter emocional que desgarra a protagonistas de la tragedia como Antígona.

 

[Publicado el 12/5/2016 a las 09:00]

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Cuando la Física está “hecha un lío”… la Metafísica emerge.

"La física actual está nuevamente hecha un lío. En cualquiera de los casos resulta, para mí, demasiado  complicada y preferiría ser un comediante o alguien que nunca hubiera oído hablar de física", escribía en 1946 El físico W Pauli.

Interesante en esta afirmación es el nuevamente. En ese lío se encuentra la física  ya en 1920 (cinco años después del escrito de Einstein sobre el efecto foto-eléctrico) cuando,  reflexionando sobre cuestiones centrales de su disciplina, A. Eddington escribe: "Nos hemos apercibido de que allí dónde la ciencia ha alcanzado mayores progresos, la mente no ha hecho sino recuperar de la naturaleza aquello que la propia mente había depositado en ella. Habíamos encontrado una extraña huella en la rivera del mundo desconocido. Y habíamos avanzado, una tras otra, profundas teorías que dieran cuenta de su origen. Finalmente hemos logrado reconstruir la creatura que había dejado tal huella. Y ¡sorpresa!, se trataba de nosotros mismos."

Eddington sugiere no ya que el problema del ser se encubre tras las más    exitosas teorías de la física, sino incluso el problema del ser del hombre. Pues bien:

 En un lío estaba también  inmersa la física jónica cuando se sintió obligada a pasar de la consideración de los fenómenos del entorno a la consideración del testigo de tales fenómenos, cuando por ejemplo se pasa de hablar del elemento fuego al logos  a cuando como en el aquí varias veces citado texto de Galeno-Demócrito el combate sobre la esencia de la naturaleza de la physis se ha convertido en combate sobre el peso relativo de esas facultades del  observador de la naturaleza que son la percepción sensorial y el intelecto; texto que transcribo de nuevo para que pueda ser comparado con el de Eddington:

"Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota" 

Estos textos dan testimonio de que  para abrirse a la interrogación filosófica es suficiente considerar las aporías a las que se ven abocados los  físicos en cuanto dan un paso más allá de la descripción de los fenómenos, en cuanto asumen el peso de las implicaciones de su propia disciplina. Pues, contrariamente a la tesis de los tres estadios de Comte, la filosfía no precede a la ciencia sino que nace de la ciencia...de una crisis de la ciencia. Nace concretamente de una crisis de la física y por eso la filosofía es reflexión tras la física, meta-física.

En  un lío ha estado  de hecho inmersa la física múltiples veces, pero hay líos y líos. Hay crisis que se resuelven en el seno de la propia disciplina. Así  la teoría de la relatividad restringida constituye un marco general que tiene como caso particular el universo newtoniano y un espacio determinado por la métrica euclidiana. De la misma manera la crisis de la irracionalidad de raíz cuadrado de dos conduce a la construcción de los números reales, lo cual   no supone negación de la arquitectura de los números racionales sino inserción de esta en una trama más amplia.

Hay crisis sin embargo que conciernen a los presupuestos mismos de la disciplina y tal es el caso de la crisis que en relación a las ciencias de la naturaleza, se inicia con la dualidad onda-partícula. Se abre allí una suerte de caja de Pandora que conducirá a la puesta en tela de juicio de principios tan arraigados como el de individuación el de determinismo-causalidad el de localidad y el de la realidad de los observables físicos en ausencia de observación de los mismos. Digo puesta en tela de juicio, no pura simplemente exclusión. En estos momentos son  objeto de debate: es objeto de debate aquello que era presupuesto de todo debate. ¿Quién se ocupa de los principios firmes? Se pregunta Aristóteles en la metafísica. La respuesta dada por el Estagirita según la cual sólo al filósofo ocupa tal tarea es indicativa de hasta qué punto los físicos mismos han venido en nuestro tempo a ser metafísicos.

 

[Publicado el 05/5/2016 a las 18:29]

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Ananke: de la moiras a la necesidad natural que sustenta la física jónica.

 

Hay en el desarrollo infantil de cada individuo un momento clave: el  descubrimiento en el entorno de una alteridad, una resistencia a lo que él siente y piensa,  una necesidad o constricción, que nada tiene que ver con la que se da cuando el cuidador le impide  seguir durmiendo o le fuerza a consumir tal o cual alimento. Descubre, en suma, que la naturaleza está regulada según principios no coincidentes con las normas que encuadran la sociedad (aquello que los griegos designaban con la palabra nomos de la que da cuenta sólo aproximadamente nuestro término ley), pero  que la hacen  tanto o más  irreductible a su voluntad  y deseo como lo  forjado en esas mismas normas sociales.

La persistencia misma de ese ser humano pasará por la interiorización de ambos tipos de principios: el niño se va haciendo plenamente hombre en este apercibirse de que sus relaciones con las cosas físicamente al alcance, con  las demás personas y hasta con su propio cuerpo, están reguladas, sujetas a restricciones en las que intervienen los demás, y que su voluntad es al respecto  impotente.

Se forja así  un individuo dotado tanto de un sentimiento moral (sentimiento de ser un nudo de lazos entre seres de razón) como de  una imagen del mundo exterior, una representación de la naturaleza. El cotidiano quehacer, incluso el cotidiano discurrir, son como una expresión de que efectivamente ley social y necesidad natural legislan. Ello sin que la interrogación respecto a todo esto que hemos interiorizado surja explícitamente. Pues vivimos respondiendo a estos principios reguladores sin pensarlos, "precisamente porque no los pensamos" al decir de Ortega, pues en efecto se trata en ellos de algo análogo a  esas  "ideas  que somos" que el pensador español oponía a las ideas contingentes, ideas  que meramente tenemos, ya que, desde luego, no es mera respuesta a algo contingente el acatar sin reflexión la ley del incesto, o (ejemplo importante) el aproximarse en el espacio hasta la contigüidad con un objeto cuando queremos ejercer influencia sobre el mismo.

Si ciertas normas sociales pueden parecernos  arbitrarias,  nadie duda de la inevitabilidad de algunas de entre ellas. Sentimos (más bien que pensamos) que son  condición  necesaria de la existencia social y su  violación nos repugna  en razón  de algo  que cabría llamar instintivo. Cabe señalar de pasada la importancia de este punto: hay sentimiento moral ante algo que, sentido como imprescindible,  puede efectivamente no ser respetado. Mas precisamente la ley social arbitraria es una de las modalidades de esta violación y por ello, de someternos  a la misma,  en razón de la prudencia,  repudiamos la instintiva repugnancia, la pulsión a defender  aquello sin lo cual no podría darse esa singularidad que es una sociedad de seres de razón.

 En nuestra civilización marcada radicalmente por la existencia de la ciencia, nuestra relación es diferente con la necesidad natural, pues esta nos parece inviolable y ante cualquier intento de negarla no experimentaremos repugnancia moral sino más bien sentimiento de desvarío. Para nosotros  ante la naturaleza  cabe el temor, pero no cabe el sentimiento moral, a menos de hacer responsable a un sujeto racional de sus avatares, es decir de hacer de la necesidad natural una expresión de la ley. Desde Tomás de Aquino a  Guillermo de Occam pasando por Duns Scoto, este ha sido un tema obsesivo para los  grandes del pensamiento escolástico, tema que tiene sus huellas en Descartes y que perdura bajo diversas capas en tiempos más cercanos.

 Pero el asunto viene de lejos, pues que haya interiorización de una  limitación en nuestro lazo con el entorno natural, que experimentemos una necesidad (el término griego ananke ἀνάγκη ) complementaria de la que impone la ley de los hombres, no significa  necesariamente que veamos en  la naturaleza misma la matriz de tal necesidad. Cabe incluso decir que tal autonomía de la naturaleza es una idea totalmente nueva, ajena a la generalidad de las grandes civilizaciones y cuya aparición supuso una ruptura en el seno mismo de la cultura griega.

El término ἀνάγκη es en la lengua griega ciertamente utilizado para designar cosas muy diversas. En la mitología  Ananke  es una divinidad que coopera con Cronos en la regulación del cosmos que ambos contribuyeron a formar, así como la madre de las moiras (Átropo, Cloto y Láquesis) que  regulan la vida de los hombres con la  ayuda de un hilo que la primera forja, la segunda enrolla y la tercera corta al final de la existencia. Homero  usa el término  en ocasiones en un sentido claramente  moral  (diluyéndose así la frontera con nómos) para designar la exigencia de asumir la confrontación (αναγκαίη πολεμίζειν). En la misma vía Esquilo indica que Prometeo debe asumir la condena de ser encadenado a una montaña en razón de que "el poder de Ananke no permite resistencia" (Prometeo encadenado103 ss.). Es importante señalar que  Ananke determina incluso el destino de algunos dioses, pero no de todos, pues los más antiguos escapan a su poder, de la misma manera que escapan al poder del tiempo. En cualquier caso veremos que  en la idea de una naturaleza autónoma reside la primera condición, tan sólo la primera  de que se dé una ciencia de la naturaleza.

 

La mejor síntesis de los usos del término necesidad se encuentra una vez más en Aristóteles, concretamente en el libro V (delta) de la Metafísica. Tras recoger los evocados usos de la necesidad como fuerza o constricción ("la necesidad envuelve la idea de algo inevitable y con razón porque es lo opuesto al movimiento voluntario y reflexivo" (1015 a, 31-33), Aristóteles nos presenta un sentido general y dos particulares  importantes  para los objetivos de esta reflexión:

"Cuando, ya se trate del bien, de la vida o del ser, hay imposibilidad sin ciertas condiciones entonces estas condiciones son necesarias. Pues la causa cooperante es una necesidad" (1015b, 4-6)

 "La demostración de las verdades necesarias conlleva en si misma necesidad, pues si la demostración es correcta no puede darse que la conclusión sea de otra manera, siendo la causa de esta imposibilidad esas condiciones primeras de las que surge el silogismo y  que no pueden ser otras que las que son" (idem 6-9).

 

 "Entre las cosas necesarias hay unas que tienen fuera de sí la causa de su necesidad, mientras que otras la tienen en sí mismas, siendo estas la fuente de la necesidad en las primeras. De tal modo que la necesidad primera y primordial ( to proton kai kurios anagkaion) es simple o absoluta (to aploun estin), pues es imposible que sea de múltiples modos (ouch endechetai pleonakos echein)" ( idem 11-13).

El texto sobre los principios de la demostración alude a "lo que los matemáticos llaman axiomas", que en realidad Aristóteles nos presenta como soporte indemostrable de todo conocimiento, y de los cuales se ocupa con detalle. Pero las referencias a la vida y al ser en general autorizan a pensar que Aristóteles tiene también en mente  los principios del entorno físico, lo absolutamente necesario tratándose de las cosas susceptibles de movimiento y de reposo.

La asunción de esta modalidad de necesidad sería la primera condición de posibilidad de que la physis fuera abordada desde la perspectiva que caracteriza a la física.

"Lo que no puede ser de otro modo" dice Aristóteles  refiriéndose a la necesidad.  Para que quepa hablar de física, en el sentido en el que habla Aristóteles intentando sintetizar el trabajo de sus predecesores (y en consecuencia para que quepa hablar de metafísica) la naturaleza ha de ser contemplada no sólo como ajena a voluntades de poderes trascendentes, sino indiferente a la disposición espiritual del hombre que la contempla. Asunto sin embargo problemático sobre el cual seguiré aquí reflexionando.

[Publicado el 27/4/2016 a las 15:32]

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Tras la Física Jónica y la Física Cuántica:

NACIMIENTO Y RENACIMIENTO DE LA METAFÍSICA 

Vuelvo hoy a la consideración de un célebre fragmento  atribuido por  Galeno a Demócrito, del cual ya me he ocupado aquí en varias ocasiones y  que nos presenta el conflicto entre el intelecto y los sentidos: "Por mera convención nos referimos al color, y también por convención hablamos de  lo dulce, por convención asimismo nos referimos a  lo amargo; en realidad sólo hay átomos y vacío" afirma el intelecto. Mas al escuchar  tal cosa los sentidos (aistheseis) responden al intelecto: "Pobre intelecto, pretendes vencernos a nosotros que somos las fuentes de tus evidencias. Tu victoria será tu derrota".

Así pues, frente al  intelecto  que considera como lo único real en la naturaleza algo tan  inasible  para los sentidos como los átomos y el vacío, los sentidos denuncian el círculo vicioso consistente en que  son ellos la única fuente de la cual extrae el intelecto sus evidencias...Doy ahora un salto en los siglos:

 En 1930, el físico von Neumann confrontado al  problema estrictamente técnico de discernir  qué caracteriza a un proceso de medida cuántica, y en que se distingue de un proceso de medida física clásica, abrió camino a considerar la hipótesis de que  en última instancia sólo la  conciencia del observador era garante del resultado final  en una observación cuántica. La tesis fue ulteriormente defendida de manera explícita por otros físicos que en estas columnas tendré quizás ocasión de mencionar: la conciencia del observador  no puede ser tratada como un objeto físico más, por ejemplo un aparato que indicara el resultado de la medición.

Desde la perspectiva de la filosofía un problema no menor que esto plantea es el recurso al término conciencia, excesivamente cargado de connotaciones y que no es seguro que en el proceso de conocimiento juegue siempre ese papel  central que casi espontáneamente tendemos a atribuirle ( ya he tenido aquí ocasión de señalar que, es como mínimo abusivo identificar el "je pense" de Descartes a  la conciencia, término que no juega ningún papel relevante ni en el Discurso del Método ni en las Meditaciones).  Para ahorrarnos ahora una discusión al respecto propongo soslayar  el término "conciencia"  para referirse a ese testigo privilegiado de una medida, sustituyéndolo por el mucho más genérico de "sujeto de lenguaje".

Pero la facultad de lenguaje no es angélica, no funciona con independencia de otras facultades en primer lugar la capacidad de percepción sensible, que también tendría algo a reivindicar a la hora de dar cuenta de los procesos de medida, por lo que no andamos en el problema demasiado lejos del fragmento considerado de Galeno-Demócrito. También los físicos cuánticos son conducidos, por coherencia con su propia investigación estrictamente científica,  a ese salto a la meta-física consistente en desplazar la interrogación hacia el testigo.  Abocado está hoy el físico a hacer suyo  el problema el  del texto de Galeno como  abocado está a hacer suya la cuestión trascendental de la Crítica de la Razón Pura; está pasando de la reflexión inmediata sobre la naturaleza a una reflexión sobre el ser que reflexiona. Y al respecto una paradoja:

Es muy fácil determinar la secuencia de momentos que en el caso de los físicos conduce al salto filosófico (tras las aporías a las que se enfrentan los Bohr, Heisenberg y Schrödinger,  reflexiones de Friz London y Edmond Bauer en los años 40, de Eugene Wigner en los 60  y ulteriormente la casuística respecto a las implicaciones del teorema de Bell y del experimento de Aspect, etcétera).  Los físicos del siglo XX  ciertamente  se bifurcaron entre los que no veían la necesidad de ir más allá en esta inserción en el terreno de la metafísica y los que sí dieron el paso. Y en esas estamos...Los físicos que dieron el salto hubieran podido dudar de entrar en ese mundo de larvas; no dudaron.  En todo caso tras el teorema de Bell y el experimento de Aspect, evitar la cuestión meta-física  hubiera supuesto casi ya una deserción.

 Quizás es más difícil determina  determinar con precisión cuáles son los problemas análogos en el caso de los jónicos. ¿Qué paso en Jonia para que los que avanzan hipótesis  que darían cuenta de la physis (pese a las apariencias todo es agua- Tales- o bien todo es proceso de condensación-rarefacción-Anaxímenes- o de átomos?) pasen a hurgar en las potencialidades del raro animal que avanza tales conjeturas?  ¿Qué paso en suma para que de buscar la razón de los fenómenos se pase a preguntarse si legisla el intelecto o legisla la facultad de percepción sensible?  ¿Qué paso, en suma para que tras haberse dado la concepción de la physis que hace posible la física, los pioneros de tal disciplina den pos sí mismos el paso a la metafísica?

 

[Publicado el 19/4/2016 a las 09:00]

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La potencia emocional de las crisis teóricas

Como las orteguianas  ideas que somos, las ideas que dan soporte al pensamiento,  los principios ontológicos de base,  no son por definición pensados o sometidos a juicio...hasta que algún tipo de conmoción en el conjunto de lo sustentado en ellos, algún tipo de  fallo en la previsible sucesión de los fenómenos o de contradicción en la descripción de los mismos, sea  esta  descripción ingenua o científica, hace que sintamos la imperativa  necesidad de volcarnos sobre tales  principios, de convertirlos en objeto de reflexión y  juicio. El ejemplo standard es el cúmulo de aspectos conflictivos en el seno de la física que condujeron a Einstein a forjar una teoría que hacía recuperar la consistencia de la disciplina... al precio de repudiar como si se tratase de meros prejuicios las nociones establecidas de Tiempo y Espacio. Pero con la física cuántica  lo que está en entredicho es algo aun mucho más básico o cimentador, de ahí que esta disciplina despierte una potencia emocional, inesperada tratándose de cuestiones en la frontera de la física y la metafísica. .

Un físico  británico ya evocado en estas columnas  enfatiza el hecho de que las aporías cuánticas  conducen  casi inevitablemente a considerar  la hipótesis de que las "verdades" que creemos ser la referencia de nuestras construcciones no sólo podrían ser fruto de esas mismas construcciones, sino que precisamente  por ello  pueden llegar a erigirse en causas cargadas de peso dogmático: "La interpretación de la teoría cuántica es un poderoso ejemplo de este fenómeno: no es inusual encontrar un físico o filósofo de la ciencia, defendiendo una posición específica con tal fervor y pasión que ultra-pasa con mucho el grado de emoción asociado normalmente con las creencias científicas: en efecto, a veces se diría que su propia existencia dependiera de los resultados del debate." (1)

La potencia emocional a la que se refiere este texto explica en parte la virulencia con la que, desde Einstein al matemático René Thom,  se han criticado las implicaciones filosóficas de la interpretación standard de la física cuántica. Pero ciertamente  no sólo en las controversias relativas a la física cuántica se pone de relieve este compromiso pasional de la subjetividad:

Me refería  hace un momento  al cuestionamiento por  la  teoría de la relatividad de la convicción anclada según la cual las cosas materiales se inscriben en un espacio que  cuya interna estructura respondería a la geometría que hemos aprendido en la escuela. Así pues considerar que el espacio newtoniano  no es en absoluto la condición de las realidades físicas equivale a decir que la geometría euclidiana carece de objetividad. Asunto tremendo que conmocionó tanto a filósofo como a literatos del que ya me he ocupado hace años  en un largo artículo  del que retomo aquí la idea central.

Los lectores de Descartes recordarán que, por ser todopoderoso,  el dios del Discurso del Método, podría hacer que fuera falaz la geometría euclidiana, de tal manera que  Cartesio se vería abocado a conformarse con la certeza solipsista de ser "una cosa que piensa". Y sin embargo hay otra perspectiva, en la que la geometría euclidiana no es aquello que Dios pueda vencer, sino más bien la expresión de la ley que él nos ha impuesto. En su excelente libro Ideas de Espacio, Jeremy Gray nos recuerda que en boca de Ivan  Karamazov (dirigiéndose a su hermano Alyosha, poco antes de que surja la figura del Gran Inquisidor) hay un literario eco de estas diatribas. Dostoievsky escribe en un momento en que, tras los trabajos de Lobachevsky, Bolyai y Riemann, se sabía la perfecta consistencia de una geometría en la que los tres ángulos de un triángulo miden otra cosa que dos rectos y, sobretodo, se barruntaba que la misma podía ser la base de esa cosmología que, con la Relatividad General, llegaría a subvertir radicalmente los conceptos de tiempo y espacio:

"Si Dios realmente existe y realmente ha creado el mundo, entonces, como todos sabemos, lo creó de acuerdo con la geometría euclidiana, y creó la mente humana capaz de concebir sólo tres dimensiones del espacio. Y sin embargo ha habido, y hay todavía, matemáticos y filósofos, algunos de ellos hombres de extraordinario talento, que dudan de que el universo haya sido creado de acuerdo con la geometría euclidiana".

Quizás no sea ocioso señalar que, en el texto, la problemática trasciende lo científico y lo gnoseológico, para adentrarse en el orden de la rebeldía y la aspiración a la libertad:

"... no acepto el mundo de Dios... estoy tan convencido como un niño de que las heridas curarán y las cicatrices desaparecerán, convencido de que el repugnante y cómico espectáculo de las contradicciones humanas se desvanecerá como un lastimoso espejismo, como una horrible y odiosa invención de la débil e infinitamente insignificante mente euclidiana del hombre".

Dios parece hallarse no sólo en todas partes, sino también agazapado tras los más dispares problemas. El Dios que aquí irrita a Karamazov es un Dios, por así decirlo, convencional, y hasta conservador: el Dios que efectuaría su acto de creación obedeciendo principios lógicos y topológicos inscritos desde la eternidad en su espíritu, y de cuya trascripción física Newton sería algo así como el notario. La moraleja de este asunto es que el colapso de las leyes geométricas que hemos aprendido en nuestros años escolares ni siquiera sería síntoma de la toda potencia de un Dios amante de las paradojas, sino de la insuficiencia de nuestra concepción de su poder. No, al dudar de que las leyes topológicas que hasta entonces había asumido pudieran ser falaces, Descartes no había topado aún con el maligno... éste espera quizás en otra parte. Cuando el pensamiento ha integrado en sus estructuras básicas  el legado relativista (relatividad de espacio y tiempo, carencia de realidad física de la geometría euclidiana), entonces un reto aun  más radical,  un enigma más profundo  le espera en la esquina: puesta en tela de juicio de los principios configuradores de nuestra representación de la naturaleza, destrucción de los trascendentales.

 


(1) C. J. Isham   Quantum Theory Imperial College Press 1995 . Reprinted 2008 p.66

     

[Publicado el 12/4/2016 a las 09:00]

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Tras la física jónica y la física del siglo XX

Decir que una renovada metafísica se fragua en la primera mitad  del siglo XX como consecuencia de la constatación de un naufragio en los principios ontológicos que sustentaban  la concepción general de la naturaleza (y que siguen sustentando nuestra relación cotidiana con la misma),  no significa que se empieza entonces a elaborar  una tabla de principios alternativos. Pues una cosa es, por ejemplo, decir que no rige el principio de localidad y otra muy diferente  erigir  en base a tal ausencia un  principio alternativo. En la no localidad, prima simplemente el no. Que el comportamiento de las partículas elementales violente el principio de localidad  en absoluto supone que un tipo de necesidad natural sustitutiva de tal principio rige en el mundo. En la physis respecto a la cual cabe hablar de necesidad, la physis que determina exhaustivamente  el ser de las cosas y doblega el instinto de las bestias... la localidad impera. Si hay excepción hemos abandonado esta physis, hemos abandonado la determinación de la misma que rige  al menos desde Aristóteles, aunque  con matriz en los pensadores jónicos,  por lo cual estaríamos en todo caso retornando  (pura hipótesis) a una vivencia realmente arcaica.

Sin duda cabe una posición menos radical consistente en  sostener que la caída de la localidad no conlleva la del resto de principios ontológicos, por lo que nuestra concepción de la physis  sólo parcialmente debería ser modificada.  Determinar hasta qué punto esta posición es sostenible, determinar en qué medida  el destronamiento de la localidad deja incólume parte de lo establecido en la tabla de principios, supone de entrada un ejercicio técnico (casi  aquello que un pianista llamaría musculatura)  lo cual no debe hacer olvidar el objetivo final, filosófico precisamente porque va más allá de esa pericia. Recordaré al respecto la tesis que soporta estas notas: lejos de lo que Auguste Comte indicaba la filosofía no es una etapa adolescente que precede a la ciencia y concretamente a la ciencia de la naturaleza; la filosofía nace precisamente de la ciencia como resultado de que esta se ve confrontada a aporías que ponen en tela de juicio el presupuesto de que la necesidad natural es ajena a la percepción que el hombre tiene de la necesidad natural. Eso ocurrió tras  la física jónica y vuelve  a ocurrir de nuevo tras la física del siglo XX.

[Publicado el 05/4/2016 a las 09:00]

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Física experimental, física que da razón, meta-física.

Se quejaba Newton de no haber logrado deducir de los fenómenos  la razón o causa de la gravedad. Ello no le impide describir matemáticamente los fenómenos gravitatorios y efectuar una generalización por inducción a la que, para gran escándalo de algunos, califica de Filosofía, aunque añade la coletilla experimental,  es decir, filosofía natural experimental y que no es otra cosa que una física experimental.

Una parte del trabajo de la física consiste en efecto en   una descripción genérica de fenómenos, es decir generalización de lo reiteradamente  constatado, que una vez formalizada e inserta  en un conjunto consistente vienen a formar parte de  una teoría. En función de esta teoría la física hace previsiones relativas a lo que puede acontecer. Ejemplo canónico: mediante generalización por inducción,  Newton concluye que los cuerpos carentes de soporte en el entorno de la Tierra se aproximan a la misma de tal suerte que en un primer segundo recorren 9.83 metros,  en el segundo posterior doblan ese recorrido, en el tercero tres veces,  y generalizando: cada segundo incrementan su velocidad en una magnitud de  9.83 metros por segundo.  Erigido este comportamiento en regla de los graves en torno a la Tierra podemos efectuar una previsión sobre el lugar en el que se hallará por ejemplo dentro de cinco segundos   un cuerpo que ahora abandonamos en "libre" caída. Esta generalización a partir de la experiencia era al decir de Newton suficiente para esa  "filosofía experimental" a la que se refería.

Ya he indicado que Newton soslayó la   pregunta fronteriza sobre  la causa o razón que mueve a los graves a ser tales, y además a serlo  con tal determinación precisa (9.83 metros por segundo cada segundo). La renuncia de Newton a incluir tal interrogación en el compendio de la ciencia física, suponía de facto soslayar la aporía siguiente: la gravedad newtoniana parecía dar testimonio de la existencia de una fuerza que opera en la distancia...contrariamente a lo que por doquier se muestra como condición de posibilidad de que se ejerza una fuerza.

Pues como bien constatamos en la relación cotidiana con las cosas del entorno, la influencia de un objeto A sobre un objeto B, o bien se efectúa por directo contacto de A sobre B, o por contacto con una tercera entidad  C que a su vez está en contacto con B. No sólo constatamos esto una y otra vez,  sino que hemos generalizado tal constatación hasta el punto de vivir como si se tratara de un principio general de la naturaleza, un principio que no hay que explicar sino que sería presupuesto no susceptible de ser puesto en tela de juicio por explicación alguna.

Vemos pues que si Newton se hubiera decididamente abierto a la interrogación sobre la  sorprendente  caída de los graves ello le hubiera conducido a interrogarse sobre la legitimidad  del principio por el cual estamos seguros de que (salvo las artes de un mago) no se conseguirá que lo que acontece en la distancia nos afecte directamente  (es decir sin la mediación temporal exigida por las cosas que se interponen entre nosotros y lo que pretende afectarnos). Si no hubiera renunciado a explorar el curioso fenómeno de la aparente acción a distancia con el tremendo argumento de que la ciencia natural no exige aventurar conjeturas al respecto (Hypothesis non fingo), Newton se hubiera en suma visto obligado a enfrentarse al problema de la universalidad de un postulado o presupuesto que rige nuestro lazo cotidiano con el entorno natural. Y haciendo tal cosa no sólo hubiera respondido mayormente a su condición de físico sino que (por el hecho mismo de haberse enfrentado a los presupuestos de la física) hubiera devenido metafísico.  

Hay aquí como una especie de paradoja: al no interrogarse sobre un caso de aparente acción a distancia, al soslayar el problema de la "razón de la gravedad",  Newton está fallando a la exigencia de inteligibilidad que es la marca misma de la ciencia. Renuncia... a su pesar (como lo muestran múltiples textos en los que se queja de su impotencia), pero renuncia fin y al cabo, es decir: lo que él llama "filosofía experimental", que se satisface  con la generalización por inducción, no es propiamente esa filosofía natural que se confunde con la física, la cual,  en palabras de Leibniz,  "busca siempre la razón". Pero como aquí vengo mostrando el término filosofía es  equívoco y de hecho en tiene arranque allí mismo dónde la física encuentra una aporía que le hace reflexionar sobre sus propios cimientos. En síntesis:

1)La física da por supuesto la exigencia de un principio  de continuidad-localidad que excluye la acción a distancia y otorga inteligibilidad a los fenómenos, mostrando que obedecen al mismo. Tal cosa ocurre con todos y cada uno de los principios ontológicos. La filosofía no puede ser meramente experimental porque entre su vocación está el escarbar en  los cimientos que sustentan  toda experimentación posible. Estos cimientos son los principios ontológicos asumidos por el físico y van incluso más allá  incluyendo   también los relativos a la matemática, como por ejemplo el principio de no contradicción, axioma fundamental de esta disciplina, pero del cual el matemático jamás se ocupa explícitamente (salvo para denunciar que algo lo contradice), dejando tal tarea para el filósofo

2) La física entra en crisis cuando el principio de contigüidad- localidad  (o cualquier otro de los principios ontológicos) parece fallar. En el caso de la gravitación newtoniana se trataba sólo de un fallo aparente (que la teoría del campo gravitatorio o las ondas gravitatorias de Einstein vendrá a superar). Es decir, el problema es resuelto por la propia física.

3. En ocasiones se dan fenómenos (así el comportamiento de los fotones en el experimento de Aspect) en los que indiscutiblemente queda en entredicho que la localidad sea un principio ontológico universal, es decir algo a lo que la naturaleza necesariamente obedece. Es entonces cuando el físico se ve conducido a hacer inmersión en sus cimientos, forzado a pensar la localidad (como Aristóteles pensaba el "principio más firme", es decir el principio de contradicción que el matemático asumía sin reflexión); es entonces cuando el físico se hace metafísico. 

 Por el hecho mismo  de intentar explicitar los principios rectores del orden natural,  de intentar  ponerlos sobre la mesa, la disposición del físico ha cambiado, ha tomado una distancia sobre su propio quehacer, ha traspasado hacia la filosofía: aun escrupulosamente  respetuoso  de la física, y  estudioso de esta disciplina, no se contenta ya con la tarea de la física.

Pues la mera la descripción,  archivo y racional intelección de los fenómenos físicos de no exige en absoluto abordar la cuestión de las evidencias y principios fundamentales que posibilitan todo lo anterior. Basta con someterse a los mismos y repudiar toda conjetura que los contradiga.

[Publicado el 29/3/2016 a las 16:34]

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Laboratorio del físico…antesala del filósofo (cuando la ciencia misma apela a otro discurso).

La legitimidad de la filosofía reposa en el hecho mismo de que, tras la ciencia, hay aun pensamiento, de que la búsqueda de la  inteligibilidad no es el objetivo último y en consecuencia tras su eventual logro no se cierra el discurso. Desde luego hay que hacer el entorno inteligible, hay que hacer  inteligible incluso el espacio y el tiempo, pero hay sobre todo que sumergirse en aquello en lo que encuentra sentido el espacio y el tiempo mismos.  Si no un programa por etapas, sí   hay al menos un espectro de temas  para la  filosofía, y  la mera disposición a ocuparse  de los mismos es una respuesta positiva a la exigencia de Aristóteles.

Espectro que recoge, en lo que hay de esencial, la exploración de la physis elemental, el trabajo de archivo, descripción y previsión que hacen los físicos, pero no para detenerse en el mismo,  sino como indispensable peldaño para el abordaje de aquello en lo que tal exploración reposa, y que no anda lejos de lo que hace la singular physis del hombre, a saber, el lenguaje y sus categorías, los múltiples modos de decir el ser.  Y bienvenido es el hecho de que sean los propios físicos quienes,  desconcertados   por las aporías que encuentran en su trabajo, nos inviten a retomar la disposición aristotélica a la que  en potencia responde todo humano.

Ciertos problemas técnicos de enormes implicaciones teoréticas sólo pueden de entrada  ser abordados por el físico. Pero el meta-físico debe estar muy pendiente de las respuestas  del anterior,  pues es  en base a las mismas que irá trazando un camino en su propia  interrogación. Y el estar pendiente no quiere decir aceptar pasivamente la palabra del físico, sino seguirle en sus conjeturas y experimentos. El laboratorio del físico es asimismo la antesala del filósofo  y los protocolos en los que el primero recoge sus experimentos son  algo así como la provisión de base en las alforjas del segundo.

[Publicado el 16/2/2016 a las 09:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

 

Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

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