En mi condición de profesor de filosofía he tenido en múltiples ocasiones que defender la disciplina misma frente a un público escéptico, cuando no hostil, y ello en la misma universidad. Esta hostilidad no es de extrañar dado el concepto de universidad que se va instalando desde el denominado Plan Bolonia y que se encuentra en la antítesis de aquel desplegado en de Emmanuel Kant, titulado el Conflicto de las Facultades en el que se señalaba que el departamento de filosofía, siendo una unidad administrativa entre otras, habría sin embargo de constituir "toda la universidad".
Hace muchos años, en el País Vasco, en la vieja facultad de la colina de Zorroaga, esta tesis de Kant fue defendida e interpretada en un curso de doctorado por el fallecido filósofo francés Jacques Derrida, incorporado al claustro para apoyar el singular y fascinante proyecto de erigir un ámbito de libertad y un tribunal de la razón en un país por entonces sumido en un violento conflicto.
De lo lejos que estamos de esta atmósfera es indicio la frase (aquí evocada hace unos días) de un polémico consejero del gobierno de la Generalitat de Catalunya relativa a los criterios que habría de regir la política educativa: "si quiere estudiar filología clásica por placer se lo tendrá que pagar usted; el estado tiene que facilitar las cosas a quien quiera estudiar por razones de mercado". Entre esos de quien se ocupan los filólogos clásicos cuyo estudio no responde realmente a razones de mercado se encuentra Aristóteles y el legado espiritual que representa.
He sostenido muchas veces que la disposición filosófica es algo más que una contingencia que marcaría a ciertos individuos. Simplemente, he hecho mía la tesis de Aristóteles según la cual todos los humanos, no simplemente una élite, en razón de lo singular de la naturaleza humana, aspiran a subsumir bajo conceptos tanto el entorno físico como la dialéctica social y sus propias vivencias, aspiran a desplegar su capacidad intelectiva y emocional, aspiran a la lucidez y al lazo fértil con los demás humanos y, como expresión de todo ello, aspiran a la libertad. Pues bien: doy un paso más en este sentido, afirmando que Aristóteles encarna paradigmáticamente la humanidad así concebida.
Aristóteles consagró su vida a clasificar especies, a ordenar los conceptos mismos que permiten tal clasificación, a intentar formular hipótesis que hicieran comprensible los fenómenos físicos y astronómicos, a reflexionar sobre los abismos que hacen del humano un ser esencialmente trágico, a pensar las condiciones de posibilidad de que el hombre fertilice en el conocimiento y la creación su naturaleza racional y lingüística... Aristóteles da soporte a la ciencia sobre la que encuentra apoyo la filosofía, de tal manera que cabe decir, es el único filósofo que no necesita vampirizar el trabajo de otros (en el bien entendido de que tal vampirización de la ciencia es indispensable y que sin ella la filosofía moriría de inanición)... Aristóteles hizo, en suma, lo que él mismo indica que debería constituir el hacer de los humanos.
Y si los humanos nos dedicamos a otras cosas, si nos sumergimos en falsos problemas, si creemos que realmente nos jugamos algo en lo aleatorio de un resultado deportivo, si confundimos los intereses de la humanidad presente en cada individuo con los intereses de nuestro clan familiar o nuestra patria, si, en suma, renunciamos a la condición de amantes de la lucidez, es porque ha triunfado social e individualmente la pulsión nihilista que es siempre cómplice de la esclavitud. Pues la esclavitud en las muy diversas formas que conocemos (desde la privación física de libertad a sumisión a doce horas de un trabajo embrutecedor) tiene matriz en una esencial renuncia: renuncia en cada uno de nosotros a nutrir ese deseo, noble por definición, cuya fertilización nos hace humanos; renuncia a trabar fórmulas y forjar metáforas, en una permanente lucha contra la inercia, la costumbe, la sumisión a los imperativos de un yo que es la expresión misma de tal pasividad.
Defiendo en suma una tesis muy sencilla: Aristóteles no sólo indicó en una imborrable sentencia cuál de las disposiciones que albergamos es reflejo de nuestra singular naturaleza entre los animales, sino que se aplicó para que su vida fuera un paradigma de tal disposición. Aristóteles es por ello un admirable ejemplo de andreia, esa virtud confundida con la entereza a la que todos-hombres y mujeres- deberíamos responder. Tal ejemplo mueve a todo aquel para quien, en algún momento, vio en la filosofía una garantía contra la barbarie y un imperativo de libertad.
[Publicado el 29/4/2011 a las 12:00]
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Postulados implícitos en nuestro comercio con el orden natural
Me refería hace unas semanas a disciplina contemporáneas que han contribuido a poner en tela de juicio algunos de los postulados principales que determinan nuestras representaciones de la naturaleza y por mediación de éstas (consciente o inconscientemente) nuestro cotidiano comercio con la misma.
La naturaleza nunca es para nosotros pura. Para afirmarse en esta convicción ni siquiera es necesario remitirse a lo que hoy son casi tópicos cuánticos de la cultura general (relativos a la inevitable perturbación que conlleva la simple contemplación del hombre a través de instrumentos -ya sean simplemente los ojos). Tampoco es necesario recurrir al argumento de que cada vez hay menos aspectos de nuestro entorno que no se hallan de una manera u otra mediatizados por la técnica. Considérese por ejemplo el concepto de parque natural. Se trata el estricto fruto de una selección que mantiene un ámbito de la naturaleza artificiosamente protegido de las influencias del contexto. De alguna manera cabría decir que nada hay menos natural, si nos atenemos a la etimología de physis, que hace referencia a la actualización o despliegue-venciendo eventualmente condiciones adversas- de una potencia intrínseca, lo cual obviamente poco tiene que ver con la situación de exterior protección. Protegida, la naturaleza ha dejado de ser tal, cabría decir, lo cual no significa que la causa del hombre no pase por una intervención en la naturaleza; intervención que la protege de la acción del hombre mas también de las contingencias de la naturaleza misma. Pues para la causa del hombre lo que cuenta no es tanto una naturaleza pura como una naturaleza buena, es decir, susceptible de potenciar el despliegue de nuestras facultades generales como animales que somos y específicas como seres de razón y de palabra.
En un registro más abstracto la imposible pureza de la naturaleza para el hombre reside en que su contemplación de la misma se haya siempre mediatizada, no sólo por conceptos generales sino por principios ordenadores de tales conceptos.
Ante la circunstancia de la muerte de Sócrates, el testigo atribuye tal hecho a la ingestión de la cicuta (causa); infiere quizás la conveniencia de no beber nunca una pócima con tal producto ( en análogas condiciones el efecto de la causa se repite); da por supuesto que la agonía del individuo Sócrates no es agonía de los individuos del entorno (localidad o subsistencia independiente de cada individuo); tiene certeza de que si un contacto íntimo- un beso apasionado inmediatamente después de la ingesta por ejemplo- con el cuerpo de Sócrates podría transferir el efecto de la cicuta al imprudente (contigüidad); tiene como criterio de prudencia la distancia respecto al filósofo ( espacio); tras el instante en que Sócrates ingiere el contenido del cáliz sabe ya que una concatenación conduce irreversiblemente a la anulación de un ser de palabra, sin embargo aun presente (tiempo); se dice quizás que ya perdidas esa razón y palabra distintivas de Sócrates, algo perdura del filosofo en esa masa de carne, en ese cuerpo ubicado en el lecho, pero susceptible de ser transportada al sepulcro (substancia, posición y cantidad de movimiento).
Todo ello constituye el bagaje mínimo que posibilita un trato ordenado con el entorno natural. La física no explora este bagaje. No lo incluye en su inventario temático porque lo considera algo preliminar, y en cierto modo una obviedad; considera, por utilizar los términos de Einstein que si nuestra razón dejara de asumir tales presupuestos " la ciencia física en el sentido usual del término" sería imposible.
[Publicado el 20/4/2011 a las 09:00]
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Escultor y herrero...luego ser moral
Como indicaba Basilio Baltasar se pregunta si la inteligencia del hombre es el resultado de su posición jerárquica o más bien habría que considerar la inversa. En cualquier caso la inteligencia es lo único que le permite compensar su fragilidad en el registro estrictamente animal. La inteligencia posibilita ese singular lazo con la naturaleza que es la Techné de los griegos (una modalidad de conocimiento que trasciende lo empírico y a apunta a causas genéricas y en ocasiones desinteresadas ), pero la recíproca es cierta: la inteligencia se enriquece a través de la techné. De tal manera, es imposible elucidar si el hombre es inteligente porque es technités, es decir, capaz de recrear en la materia las formas que tiene en mente, en ocasiones con finalidad utilitaria (el technités es herrero ) y en ocasiones con finalidad contemplativa (el technités es escultor). Como bien supo ver el epistemólogo Gastón Bachelard, en dos textos dedicados al escultor de Hernani, Eduardo Chillida fue un ejemplo de esta doble vertiente de nuestra realidad constitutiva.
Basilio me formula a la par la pregunta sobre si realmente corresponde al hombre la posición dominante en la jerarquía animal. Obviamente en el registro meramente natural el poder es un mero reflejo de la capacidad adaptativa, sin que tenga sentido alguno la pregunta por lo justo de la cosa. La naturaleza responde a reglas, pero es ajena a toda perspectiva de justicia. La naturaleza no es buena ni mala (será en todo caso favorable o desfavorable para el despliegue de las potencialidades de un ser vivo) excepto por la presencia de una rara especie de ser natural que introduce estos términos.
En todo caso el único ser que puede llegar a considerar que no "corresponde al hombre la supremacía" no es otro que el hombre mismo. Prueba suficiente de que el hombre es susceptible de tomar distancia no ya respecto a sus intereses individuales, sino respecto a los intereses de su propia especie. Para decirlo llanamente: cada vez que una persona duda de que sea legítimo considerar prioritaria la causa del hombre, cada vez que, por ejemplo, se impone pasar del imperativo de no maltratar animales a la exigencia (clasicamente limitada a los humanos) de no subordinarlos, cada vez que ea persona se erige así en sujeto ético, está dando prueba irrefutable de su radical singularidad.
[Publicado el 15/4/2011 a las 09:00]
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El ser del hombre y la inclinación a la rapiña
En una columna en la que se refiere a un texto anterior mío titulado "La ley en el origen" Basilio Baltasar hace diversas consideraciones de tipo ético y antropológico, preguntándose en primer lugar si la inteligencia del hombre es el resultado de su posición jerárquica o más bien habría que considerar la inversa. Esbozaré una respuesta en una columna posterior para centrarme hoy n otro extremo:
Basilio Baltasar evoca la posición teórica más o menos convencional que cabría calificar de "humanística" y que enfatiza la ruptura de continuidad que supondría en la historia evolutiva la aparición de las capacidades de simbolizar y de conceptualizar, vinculadas al lenguaje y a su singularidad entre los códigos de señales animales. Y frente a los que de lo anterior extraen como corolario una caracterización jerárquicamente positiva de nuestra especie, Basilio recuerda el hecho de que "el hombre es el único animal que organiza matanzas colectivas de seres de su misma especie" y se pregunta porque este hecho perturbador es relativizado cuando no omitido: "Investigar la función del hombre sin ponderar el significado de su patología como animal caníbal supone excluir el más incómodo de los interrogantes y quizá la que podría llegar a ser la más reveladora de las respuestas".
Creo sinceramente que Basilio Baltasar es parcial en este reproche. Muchos son los pensadores que como Hobbes o Freud han hurgado en los aspectos más o menos oscuros de la condición humana, que dejan poca esperanza para la erradicación de la violencia y el abuso. Posicionándome en este sentido he afirmado en esta y otras tribunas que los casos extremos de instrumentalización de las personas son una prueba de la radical humanidad del agresor. Humanidad todo lo perturbada que se quiera, pero desde luego humanidad. Cabe sospechar que una intrínseca polaridad diferencia el alma de los humanos de la de los demás seres animados, por la cual es precisamente susceptible no sólo de reconocer el bien y el mal sino de ser artífice del mismo.
Ni siquiera es necesario referirse, como Basilio hace, a los casos del Goulag, el Holocausto e Hiroshima (por otra parte en absoluto homologables entre sí en el registro de la intencionalidad, aun en el caso de que lo hubieran sido en las consecuencias- supongo que en el Presidente de los Estados Unidos la variable fundamental que le movía no era el odio o el desprecio de los japoneses, sentimientos no ausentes en el trato dado por Hitler a los judíos y por Stalin a sus disidentes). La complacencia con la que a veces patronos, cónyugues, superiores jerárquicos, etcétera instrumentalizan a las personas más indefensas de su entorno es una muestra cotidiana de una suerte de innata inclinación al mal.
Es más, en ocasiones la inteligencia humana parece reducirse a capacidad para hurdir rapiñas y descubrir la debilidad que permite hincar el diente. En situaciones caóticas, esas miradas expresión a la vez de miedo a la violencia sufrida y pulsión irrefrenable a practicarla, que pueden verse en las imágenes de saqueo. Y en ocasiones de orden consolidado, simplemente la gélida disposición de espíritu con la que un gestor trama la manera de que los intereses de los accionistas prevalezcan, ante la resistencia de un colectivo de trabajadores amenazado.
Pero esto no excluye la otra vertiente, esa potencialidad de conocimiento, fraternidad, convivencia lúdica que -en las antípodas de la actitud meramente compasiva- intentó ser fertilizada por los grandes movimientos humanistas. Y quiero enfatizar la oposición entre la fraternidad las prácticas compasivas: una militante comunista francesa, hija de obreros que formaron parte de la resistencia, declaraba hace poco que del fracaso del proyecto que encarnó la Revolución de Octubre, lo más insoportable era para ella el constatar que el sentimiento de solidaridad ante quien exigía con dignidad derechos, se sustituye por el sentimiento de compasión ante quien, genuflexo, implora misericordia. En cualquier caso la tesis probablemente lúcida de Basilio Baltasar "así como el gibón no puede dejar de ser monógamo, el hombre no puede dejar de ser criminal", es abstracta si no se la completa con la afirmación de que en circunstancia alguna puede el hombre dejar de sentir que la instrumentalización del débil degrada a quien la practica. O en otros términos: el imperativo categórico kantiano, pilar último de toda práctica ética, es efectivamente un universal antropológico. En la radical polaridad de ambas disposiciones reside lo intrínsecamente dialéctico de nuestra condición.
[Publicado el 13/4/2011 a las 09:00]
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La diluida frontera entre naturaleza y ser del hombre
Más allá del problema político-económico, en las reflexiones de Ulrick Beck e Isabel Strenger a las que me refería en la columna que precede subyace un problema filosófico de primera magnitud, a saber la cuestión misma de determinar hasta qué punto cabe hoy en día referirse a una naturaleza que respondería a leyes objetivas eventualmente generadoras de destrucción, con independencia de la naturaleza humana.
Como aquí mismo he tenido ocasión de señalar, el físico Erwin Schrödinger indicaba que Grecia fue la primera civilización profundamente marcada por el postulado según el cual la naturaleza es en su esencia transparente a la razón, inteligible, susceptible -en suma- de ser conocida.
Schrödinger señalaba como segundo rasgo característico del "milagro griego", la convicción que tendrían los filósofos griegos, que si el hecho de conocer modifica nuestra relación con la naturaleza , con los demás humanos y con nosotros mismos, la naturaleza misma permanecería impasible. En suma: la naturaleza sería cognoscible, pero el conocimiento por si mismo no modificaría la naturaleza. Nótese que esta tesis implica una concepción del conocimiento que traza una radical frontera entre tecnología y saber desinteresado, pues esencial a la idea de tecnología es la potencialidad de modificar todo aquello que se convierte en su objetivo. Los avatares de la humanidad desde la Revolución industrial y desde luego la acentuación de la interconexión entre mundo natural y horizonte del hombre, son indicio de la dificultad para mantener tal frontera entre naturaleza en sí y perturbación introducida por el hombre.
No es en absoluto casual que la creencia en la indiferencia de la naturaleza al hecho de ser conocida sorprendiera al hombre al que se hallan asociadas algunas de las formulas determinantes de la Mecánica Cuántica, es decir de una disciplina que ha contribuído a poner en tela de juicio algunos de los postulados principales que determinan nuestras representaciones de la naturaleza y por mediación de éstas (consciente o inconscientemente) nuestro cotidiano comercio con la misma.
[Publicado el 06/4/2011 a las 09:00]
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La catástrofe siempre implica al hombre
Isabelle Stengers, que fue colaboradora del premio Nobel Ilya Prigogine, reflexiona sobre el accidente nuclear del Japón, denunciando no tanto la ausencia de previsión de los responsables como la subordinación de las previsiones existentes a los intereses de la competitividad, subordinación acentuada por el hecho de que (tanto en Japón como en esa potencia nuclear de primer orden que es Francia) el estado ha entregado gran parte de su responsabilidad al sector privado, el cual (dado lo implacable de la exigencia económica) tiene como primera obligación que el accionista esté satisfecho con los beneficios de la empresa, cosa que obliga a reducción de gastos ...los de seguridad incluidos.
A este respecto la cadena de televisión franco-alemana ARTE emitió un impresionante reportaje sobre personas que habían trabajado en empresas auxiliares (privadas todas ellas) de la industria nuclear, y que habían entrado en conflicto por empecinarse en señalar casos en los que la probabilidad de un accidente había dejado de ser residual y era imprescindible introducir suplementarias -y costosas- medidas de seguridad. Isabelle Stengers se sirve de este ejemplo para escribir: "Desde este punto de vista se subestiman muchas veces las implicaciones de haber dado rienda suelta a esa lógica del capitalismo que se llama neo-liberalismo".
Respecto al mismo problema, el sociólogo alemán Ulrick Beck señala lucidamente que la noción misma de catástrofe es inadecuada para referirse a un fenómeno que sólo afectara al orden natural. En el ejemplo de Japón, el Tsunami no es catastrófico en sí mismo, sino en la medida en que destruye, o cuando menos perturba, esa ordenación del mundo físico por el ser humano que configura una determinada sociedad. Una catástrofe natural sería pues aquella en la que el hombre carece de toda responsabilidad, en modo alguno un acontecimiento en el que el hombre no se halla concernido.
Natural en su origen, la catástrofe de Japón dejo de serlo muy rapidamente, pues sus efectos interfirieron con otros de los que la responsabilidad (ciega en ocasiones, culpable en otras) humana era esencial. Si en el país a cuya lengua pertenece el término mismo Tsunami se construyen centrales nucleares, y si además en razón de la lógica económica se toman medidas de seguridad simplemente equiparables a las de Francia...obviamente se está ayudando a la mala suerte, se está facilitando que la naturaleza despliegue su potencialidad destructora. Por eso la tragedia de Japón es particularmente indicativa de que la lógica del sistema económico imperante es potencialmente letal para el ser humano.
[Publicado el 01/4/2011 a las 09:00]
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Los buenos sentimientos de nuestros mandatarios
Ninguno de nosotros se sorprende de que los niños no vengan de París ni, en consecuencia, de que los banqueros (suizos y no suizos) sólo tengan escrúpulos respecto a la procedencia del dinero que almacenan cuando son excesivas las probabilidades de que el descubrimiento de tal procedencia pueda ser lesivo para sus propios intereses, por ejemplo cuando se sospecha que el titular de tales depósitos no tiene una base de poder suficiente para garantizar impunidad. Y sin embargo desde que se iniciaron los acontecimientos que han conducido al desmoronamiento total o parcial de varios regímenes en el norte de Africa, el grado superchería al respecto resulta verdaderamente hiriente, sobre todo en boca de los que ni siquiera son banqueros, sino que encuentran ocasión de manifestarse moralistas a precio nulo. En los días en que los medios de difusión parecían dar por supuesto que el caudillo libio seguiría los pasos de Ben Alí y Mubarak, un periódico español le dedicaba una pequeña tribuna bajo este impúdico titular:
Gadafi se conviertre en un paria internacional. España debe bloquear su finca. En todo caso, puestos a jugar la comedia de la moralización del orden económico internacional, España hubiera debido atreverse a bloquear la finca del poderoso Gadafi que Europa entera recibía, no del Gadafi que- ¡a buenas horas!- hería la delicada sensibilidad de Merkel y hasta la de su hasta hace bien poco compadre Berlusconi. Sensibilidades que se endurecerán de nuevo si la sangría libia se estabiliza, es decir si se pusiera de relieve que a Gadafi le quedan aun cartas muy serias que jugar.
[Publicado el 30/3/2011 a las 09:00]
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François Lenglet, director de redacción del diario económico parisino "La Tribune" se refiere en un artículo del jueves 23 de marzo a los problemas monetarios de Europa y efectúa el siguiente diagnóstico:
"En los orígenes de la crisis se encuentra el problema... del menú gratuito". Durante diez años los convidados del euro han estado en el festín in pagar la cuenta...y he aquí que ahora les es presentada. Demasiado elevada para los comensales sin maneras, convertidos de nuevo en famélicos. Es lamentable pero es así: si castigamos sin miramientos a los intemperantes, corremos el riesgo de matarlos. Y con ello de que ya nunca cobremos la cuenta. No hay más que dos soluciones a esta crisis del euro: liberar de su peso a los endeudados, es decir hacer pagar a los que les otorgaron crédito o planificar la expulsión del euro de estos países"
Ni que decir tiene que los gorrones en cuestión son los que en otra artículo-editorial- del mismo número se continua calificando de PIGS, expresión enmarcada en una amable frase relativa a que la "el recurso al palo"se hace imprescindible dado "que el incentivo de la zanahoria, bajo forma de fondos estructurales, de los que se nutrieron ampliamente los Pigs realmente no ha funcionado."
En diversos foros he tenido ocasión de sostener que si -hace ya quince años- los responsables de la Liga Norte sintieron que con total impunidad podían referirse a los meridionales italianos como parásitos aprovechados y casi piojosos, es porque algo en la dignidad de los ciudadanos europeos se estaba resquebrajando. El asunto es hoy casi trivial (el fracaso del ideario que había movido a la Revolución de Octubre tenía algo que ver con ello). El periódico La Tribune expresa con impudicia un sentimiento ofensivo que -con algo más de diplomacia (¡y aún¡) se escucha por doquier. Es simplemente hora de empezar a no tolerarlo.
[Publicado el 25/3/2011 a las 09:00]
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La repudiada pregunta sobre el origen de la familia
Una amiga poco receptiva a la propaganda de los gobiernos ( el americano en primer lugar, pero sólo en primer lugar) demonizadores del régimen cubano, se indignaba de que los defensores del mismo parecieran encontrar natural que para relevar en el mando a Fidel Castro no se hubiera encontrado persona más idónea que... el hermano de Fidel Castro. ¿Porqué el tío llega a esto? se preguntaba mi amiga, dando por supuesto que la elección era reflejo de la voluntad personal del líder. Pregunta que tenía inmediato relevo en la siguiente: ¿cómo es que sus compañeros de rebelión y de resistencia frente a la amenaza exterior aceptan algo tan humillante, algo incompatible con el ideario del que se reivindican? ¿O es que ni siquiera se sienten violentados? ¿También la revolución cubana ha erigido la familia en valor supremo, en forma de ley oscura trascendente a los principios que habrían de regir la organización social? Desgraciadamente el caso cubano no es el único:
Durante las crisis libia y egipcia, se habló mucho de los hijos de Mubarak y Gadafi, a los que sus progenitores habían destinado para el poder. El sólo hecho de que los gobernantes de Libia, Corea del Norte, Cuba, Egipto, hayan con total impudicia convertido estructuras políticas de origen republicanos en vehículos de poder familiar los homologa más allá de la diferencia que pueda darse en los imperativos políticos de unos y otros.
Al constatar que el dirigente norcoreano sacrifica la decencia republicana a imperativos de orden familiar , hasta el más escéptico sobre la propaganda americana relativa a los regímenes enemigos (yo lo soy mucho y tras las mentiras de las armas de destrucción masiva de Irak, es difícil no serlo) tendrá razones para decirse que, responda o no a la verdad todo lo que el Departamento de Estado le imputa, el personaje en cuestión no es de fiar, y que el fracaso de su política, la canalización de las fuerzas de seguridad hacia el paranoico control interno, la conversión en suma de una revolución en dictadura, no es simplemente atribuible a una trágica relación entre las fuerzas del mundo (objetivamente desfavorable), sino a efectiva traición a un ideario.
El caso de Corea del Norte no es ciertamente homologable al de Cuba, entre otras cosas porque Raul Castro estuvo desde el principio (es decir cuando ello constituía un grave riesgo) asociado a la lucha revolucionaria. Personalmente he defendido siempre la nobleza de la máxima subjetiva de acción de los que proyectaron una Cuba socialista, que nada tiene que ver con la de un Mubarak en el momento de su acceso al poder (dispuesto a dar definitivo cerrojazo a lo que de liberador para los árabes había en el proyecto de Nasser). Es sin embargo imposible que una sombra de triste y decepcionada sospecha no se cierna sobre los defensores de la revolución cubana al constatar que la persona considerada más apta para dirigirla sea el hermano del líder. Ni siquiera puede pensarse que Fidel Castro es en definitiva un pobre hombre que se refugia en la familia al verse confrontado a la senectud, pues el asunto viene de antes y parece rigurosamente programado.
Hay en todo ello un síntoma de ausencia de fuerzas para estar a la altura de un ideario de dignificación de la sociedad, un síntoma mayor de nihilismo. Qué lejos estamos del tiempo en que la familia (como la propiedad privada y el estado) lejos de ser considerada modalidad inherente a toda organización social era algo por cuyo origen cabía preguntarse.
[Publicado el 23/3/2011 a las 09:00]
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La naturaleza del hombre y la quiebra política
Embarcado en estas reflexiones sobre asuntos referentes en última instancia al problema de la singularidad de la naturaleza humana, un texto de Basilio Baltasar me retrotraía directamente al tema de la política (nunca de hecho ausente en estas diatribas ).
Basilio se refería en su escrito al énfasis que yo ponía en que la rendición de la unión soviética dejó a los mercados sin freno y señalaba con pertinencia un efecto colateral del asunto, a saber: el descubrimiento de que las conquistas sociales sólo eran concesiones estratégicas del sistema de libre mercado; la sospecha de que el estado social, más que una conquista era una argucia para tenenos despistados mientras existía la sombra amenazante de la Unión soviética.
Entre las promesas ilusorias del llamado socialismo real y las engañifas -con la esencial complicidad de la socialdemocracia- del "estado de bienestar" liberal, nuestro papel -señala Basilio- se reduciría al de comparsas. Basilio precisaba no obstante que mi textos podrían llevar a una lectura según la cual no sólo la Unión Soviética jugaba un objetivo papel protector contra el "Mal", por mi identificado al desenfreno de los mercados, sino a "algún tipo de identificación de la URSS con el "Bien"?
No era en ningún caso una inferencia por mi deseada. Las sucesivas peripecias de la Unión Soviética y sobre todo la concreción estalinista de la relación de poderes que allí se daba, supusieron una enorme causa de desaliento para millones de personas que en el mundo entero habían visto en la Revolución de Octubre la oportunidad de que la esencia del hombre fuera recuperada. Y esto de nuevo se vincula al problema de la esencia humana. El entusiasmo que provocó la Revolución de Octubre se sustentaba en una convicción antinihilista, presente en cada uno de manera implícita o explícita y que personalmente tiendo a presentar de est manera:
Aristóteles tenía razón al afirmar que en razón de la naturaleza singularísima de la propia especie, cada individuo humano tiene una potencialidad creativa y cognoscitiva que inevitablemente tiende (desea dice Aristóteles) a actualizar. Pero esta actualización es incompatible con toda organización social que (precisamente por partir de una premisa contraria, e intrínsicamente pesimista respecto al ser del hombre) considera normal , es decir conforme al orden social y natural, el que la inmensa mayoría de los humanos esté reducido al trabajo animal o mecánico, que una segunda capa viva desarrollando capacidades técnicas y cognoscitivas subordinadas a relaciones de poder, y que la auténtica vida del espíritu sea cosa de una élite.
Un orden social así estructurado es simplemente contrario al ideario humanísta; de ahí que los seres no nihilistas, los que tenían alguna razón para confiar en la dignidad de la naturaleza humana (a veces es cuestión de como le ha ido a uno, cuestión de suerte) dieran un profundo Sí a la Revolución de Octubre.
Todo esto quedó frustrado, cuando el país de los soviets fue poco a poco canalizando lo esencial de las inmensas energías a un paranoico control de la población interna. Es difícil determinar el momento exacto. Basilio me señala que la deriva autoritaria del régimen es previo al enorme acoso del capitalismo. Es muy posible y ello conduce llevar a considerar que el estalinismo fue expresión de una relación de fuerzas interna y así de algo estructural. Pero no sería justo abstracción de la correlación misma entre fuerzas internas a la Unión Soviética y fuerzas externas.
No es puramente angélico el considerar que la deriva dictatorial no hubiera sido posible si el capitalismo no estuviera cercando y amenazando en permanencia el país de los soviets. En cualquier caso el estalinismo -tesis bien conocida- hubiera provocado mucha más resistencia interna si el impulso revolucionario hubiera tenido halagüeñas perspectivas en el plano mundial. Pero no excluyo la hipótesis contraria. En los Manuscritos del 44, texto radicalmente humanista, Marx afirmaba que el proyecto comunista era el de poner las condiciones de que el hombre pudiera confrontarse al problema total de la existencia. El proyecto tal como se ha plasmado ha indiscutiblemente fracasado. Pero se trata de un fracaso que nos reduce sin avergonzarnos. Que la imagen de los soviets viniera a ser la imagen de Stalin es expresión trágica de la dificultad de realización de las potencialidades humanas, mientras que nada de heroico hay, no digo ya en la cutre canalización de la vida cotidiana por el franquismo, sino en la desoladora política social del Premier Cameron.
Posdata
En cualquier caso la desazón que provoca el fracaso del ideal revolucionario puede tener tremendas consecuencias en un individuo. Estos días la prensa francesa evoca la figura del escritor Jean Fontenoy que se suicidó en 1945 en el Berlín en ruinas en el estertor de la LVF, legión de voluntarios franceses contra el bolchevismo al servicio de la causa nazi. Pues bien Jean Fontenoy había sido más bien próximo a los movimientos sociales y culturales considerados subversivos, amigo de los surrealistas y denunciador precoz del peligro nazi. Su deriva habría empezado tras un viaje a Moscú. Quizás no sea indiferente señalar que el personaje ha sido resucitado (incluida su dimensión de escritor y su entereza en el campo de batalla (combatiendo al lado de los finlandeses contra los rusos) por Guerard Guégan, hijo de un heroico resistente comunista, conocido militante de la extrema izquierda y editor de una revista radical.
[Publicado el 18/3/2011 a las 09:00]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
09/2/2012 22:24
Agradecería muchísimo si me...
Publicado por: Héctor Jaimes Paredes
09/2/2012 13:00
Sí, ese perro muerto de Hegel...
Publicado por: pepedamian
05/2/2012 16:46
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03/2/2012 13:52
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30/1/2012 02:41
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Monotonía de lluvia tras los...
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25/1/2012 01:01
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