Cuando lo que no se entiende es el orden clásico
El apólogo del gato de Schrödinger, apunta a hacer perceptible una situación en la que las leyes de la naturaleza posibilitan que una entidad (en razón de su esencial correlación con una segunda) se halle escindida entre un polo digamos positivo (correlativo del positivo de la segunda entidad) y un polo negativo (correlativo del negativo de la segunda): fracción de vida y fracción de muerte en el caso del gato.
Siguiendo el apólogo, al abrir la caja encontramos al gato sea vivo, sea muerto y nunca en la evocada situación de escisión entre una parte viva y una parte muerta. Pues bien:
Si por inteligibilidad del orden natural entendemos aquello que la Mecánica Cuántica ha alcanzado a archivar y consignar en el registro matemático y en este caso concreto en la evolución de un sistema constituido por dos entidades que interfieren (evolución en conformidad a la ecuación de Schrödinger dependiente del tiempo), entonces inteligible es la situación de interna polaridad y no la situación en la que el gato tiene sólo vida o tiene sólo muerte.
Y ni siquiera hay paralelismo con la superación de la visión fenoménica por la física clásica pues la afirmación de que hay entrelazamiento no da cuenta de la situación que realmente se muestra a nosotros. Esta última no es análoga a la apariencia de que la superficie de la tierra es plana, o el sol parece girar, ambas perfectamente compatibles con la verdad de la cosa. La apariencia de que el animal esta vivo entra en contradicción con lo avanzado por la ecuación que sintetiza matemáticamente el entrelazamiento, y ello hasta el punto de que para explicarla se habla de colapso, colapso del estado que escapa a nuestra percepción pero determina el mundo. Para referirse a tal colapso algunos autores (entre los grandes de la física) resucitan la vieja polaridad aristotélica potencia-acto. Dramático paso al acto cabría decir, pues una de las polaridades queda sacrificada... a menos de realizarse en otro mundo: asunto que me ocupará en la próxima columna.
Poscriptum sobre las condiciones sociales: la causa de Jack Kevorkian
Mientras esbozaba esta columna leo la noticia de la desaparición e Jack Kevorkian, repudiado en 1995 por la American Medical Association en razón de su valiente militancia en favor de la causa de la muerte digna, y condenado por ello en 19995 a una tenebrosa pena de prisión que creo no llegó a cumplir integramente. En un foro como éste, en el que se reivindica la tesis aristotélica de un deseo de lucidez como rasgo singular de la condición humana, y se cita al Max Born que veía tras las revoluciones del conocimiento "el ardiente deseo de toda mente pensante", no puede olvidarse que Jack Kevorkian tuvo la valentía de ayudar a morir a personas que percibían la progresiva pérdida de sus capacidades mentales y lingüísticas, y juzgaban que es impropio de la condición humana aferrarse a la vida a cualquier precio.
Cierto es que la sociedad que impide la asunción por cada ser humano de su propio destino (en ocasiones rozando la crueldad sino el sadismo) es la misma que obliga a la inmensa mayoría de los ciudadanos a hacer de su vida un ganapán y canaliza la energía espiritual hacia objetivos miríficos y falsas querellas
[Publicado el 15/6/2011 a las 10:00]
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Colapso de principios básicos y transformación del espíritu
Confrontado a algún aspecto que (por poner en tela de juicio alguno de los pilares de nuestra representación del mundo) produce estupefacción, el pensamiento humano no cesa hasta encontrar una razón explicativa y caso de encontrarla la estupefacción cambia entonces de signo. Un ejemplo:
El pensamiento pitagórico hacía de los números hoy llamados racionales (fracciones de la forma p/q con p y q números enteros) la base de todo orden, el soporte tanto de la realidad física como espiritual. En consecuencia, cuando el pitagorismo se encontró confrontado a la irracionalidad de la diagonal del triángulo rectángulo de catetos unidad (no hay fracción ordinaria a la que esta diagonal sea reductible), la perplejidad fue absoluta (aquello que debería dar cuenta de todo ni siquiera daba cuenta de lo enunciado en el teorema de Pitágoras). Sin embargo, tras la racional contemplación del hecho y consecuente asunción del mismo(que supuso quizás una de las crisis más fructíferas en el desarrollo del pensamiento matemático-búsqueda de números no reductibles a fracciones racionales) , la transformación del espíritu es tal que, como señala Aristóteles, que la causa de estupor sería ahora la mostración de un triángulo rectángulo de catetos unidad en el que la diagonal fuera conmensurable.
Muchos son los casos que podrían ser evocados. El triunfo de la Revolución Cpopérnica supuso una derrota no sólo para las creencias religiosas entonces imperantes sino sobre todo para la inmediata percepción de los fenómenos. Sin embargo cuando la nueva teorización marca las convicciones filosóficas nada dejaría más estupefacto que la emergencia por ejemplo de un eclipse que la nueva astronomía no llegara a explicar. Es de señalar que la teoría no sólo reemplaza la explicación sustentada en la anclada percepción fenoménica sino que da cuenta de la misma. Por así decirlo, explica no sólo la tierra gira entorno al sol, sino también porque parece a nuestros ojos lo contrario. Pues bien:
Se da en la teoría cuántica una modalidad de estupefacción que no responde al esquema que acabo de sintetizar. Como en muchos otros casos la Mecánica Cuántica nos ofrece fórmulas matemáticas explicativas del comportamiento de los fenómenos físicos que contradicen las observciones de un sentido común reflejo de arraigados principios. Tales fórmulas no sólo tienen una capacidad previsora y descriptiva sino potencialmente transformadora (de tal forma que, por ejemplo, el ordenador cuántico que se perfila en el horizonte constituiría un momento extraordinario en la historia de la tecnología ). Y sin embargo, en el caso al que me estoy refiriendo, un vacío insondable separa lo así descrito y los fenómenos que observamos. ejemplificando el caso en uno de los apólogos más famosos de la disciplina y dejando para un desarrollo ulterior una mayor precisión conceptual, cabría decir: lo inteligible en la situación descrita por el apólogo es que el animal tenga un entrelazamiento de vida y muerte, no que al abrir la caja en el que se hallaba encerrado lo encontremos o bien vivo o bien muerto.
Conflicto de interpretaciones...financiero
En los días que precedentes a las elecciones portuguesas, mientras las bolsas subían o bajaban al albur de los rumores sobre el destino final de esas economías PIGS, a cuya pertenencia España intenta con poco éxito escapar, tenía lugar en Sitges un tradicional debate organizado por el barcelonés Cercle d' Economía. No faltaban los mandatarios y ex-mandatarios, como Jordi Pujol, Montilla, Mas o el actual presidente de la institución, el ex-ministro de Aznar Josep Piqué (quien por cierto presentaba muy sonriente y complacido a su antiguo correligionario en la administración catalana Artur Mas; prueba de que tras muchos años de desencuentros, quizás no sólo políticos, ambos han encontrado un "lugar en el sol").
Las páginas económicas repararon sin embargo en el diálogo no público mantenido entre dos personajes que salen menos en la foto: José Viñals y José Manuel González Páramo, altos ejecutivos respectivamente del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo.
Algún comentarista sugiere que los contertulios habrían evocado el estado de la cuestión ( es decir la relación de fuerzas) en lo concerniente a si Grecia ha de reestructurar su deuda (eventualmente con la modalidad radical del impago de la misma) o si debe seguir apostando por la "ayuda", en las condiciones draconianas que se saben, del Banco Europeo y el Fondo. Lo curioso del asunto es que la disyuntiva no lo es sólo para los griegos. En las esferas supranacionales habría un durísimo enfrentamiento entre los partidarios de una u otra solución. El que fuera presidente del Bundesbank, Alex Weiber, uno de los que consideraba que más valdría impago que artificial ayuda, no carecería de aliados frente a los que (Trichet y Páramo entre ellos) consideran que permitir la indisciplina consistente en salirse del sistema sería el principio del colapso.
En el vecino Portugal la disyuntiva también divide al país. Si el Partido Comunista opta por abandonar la galera (salida del euro y renegocición drástica de la deuda, y ello casi por cuestión de dignidad) otros sienten que nadie te recogería en alta mar y el país iría al averno.
Para los afectados griegos, portugueses u otros, el conflicto de interpretaciones entre los grandes de la finanza se reduce a elegir entre el ricino o la bazofia. Y no estoy sugiriendo que los segundos sean indiferentes al destino de los primeros, sino que realmente su propia discrepancia encierra una alteridad en el estado de cosas que llega a la oposición y a la contradicción. No hay acuerdo teórico porque el sistema económico mundial no lo permite. Sólo se alivia un mal aquí generando un mal allí. Y ya se sabe: "un clavo desaloja otro clavo, pero cuatro clavos hacen una cruz".
[Publicado el 13/6/2011 a las 09:00]
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Referirse, como lo hacía en la anterior columna, al lenguaje humano como un orden en el que un conjunto finito de elementos fonéticamente diferenciados abre sin embargo la puerta a un monto potencialmente infinito de posibilidades semánticas, exige como indicaba alguna clarificación. Obviamente, no se trata de decir que con un número finito de elementos se puede extraer un número infinito de frases diferentes. El asunto va por otro lado. Sea el conjunto formado por los términos de la lengua castellana:
Planetas, cintas, árboles, lágrimas, y, de tiempo, llevar, al, con, espalda, para, piedra, una, es, la.
Una de las ordenaciones posibles de estas palabras coincidirá sintácticamente con un fragmento del "Llanto" de Lorca. ¿Quiero ello decir que el sujeto humano que comprende la lengua castellana se encuentra automáticamente en presencia de los evocados versos? Obviamente no. Permítaseme una analogía con la genética:
La diferencia entre dos especies que comparten prácticamente el sector del genoma codificador de proteínas no viene dada principalmente por los escasos genes en los que no hay coincidencia, sino por las secuencias reguladoras ( promotores, potenciadores, factores de transcripción...) que determinan la ordenación y el comportamiento en la expresión de dichos genes.
Cuál sería el análogo tratándose del lenguaje? El zoólogo y biógrafo de Francis Crick (aunque también polémico ensayista en materia política), Matt Ridley habla del "orden y comportamiento de las palabras".
Las posibilidades de orden, a partir de un conjunto finito como el dado pueden ser determinadas maquinalmente; el asunto de las posibilidades de comportamiento de las palabras exige la consideración de otras variables:
Fijada una palabra del conjunto arriba señalado, la como ejemplo interesado, aceptando que las que surjan aleatoriamente se pondrán sistemáticamente a continuación, y no excluyendo las que ya hayan surgido, tenemos: la probabilidad de que una de las 16 sea la que sigue a la primera es 1/16. La probabilidad de que una tercera sea la que sigue a la segunda, es ya 1/16 al cuadrado. 1/16 al cubo al cubo la probabilidad de que una cuarta bien precisa se añada...Vemos pues la poca probabilidad que tiene exactamente la secuencia:
"La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas".
Supongamos que una máquina ha alcanzado esta combinatoria precisa, aun faltarían los elementos puntualizadores, énfasis en tal fonema o término completo, pausas, etcétera. Pero aun haciendo abstracción de este extremo, el resultado maquinal, no proporciona (¡no puede proporcionar!) la esencial equivocidad de cada término, equivocidad posibilitadora de metáforas, las cuales se retro-alimentan con la metáfora reflejada en un término eventualmente contiguo. Pues la univocidad de significación, tan importante cuando se trata de la función de los códigos de señales, cuando se trata de vehicular información, es sin embargo estéril en el universo de las metáforas. No apuntando a dar cuenta ni a informar las posibilidades de la metáfora están abiertas y se la traiciona en toda tentativa reducción a un significado preciso.
Al determinar la ordenación de los aproximadamente 23ooo genes codificadores de proteínas que casi compartimos con otras especies, las secuencias reguladoras del genoma humano configuran esa precisa expresión que nosotros constituimos, precisamente en oposición a las secuencias reguladoras que determinan el comportamiento, la forma, la potencialidad reproductiva y en suma el diferente ser de otros animales, cercanos por tantos aspectos.
Y si el genoma humano es objeto de ciencia es porque esta reducción es posible...al menos potencialmente, pues puede darse ciertamente que ciertas variables escapen al conocimiento efectivo. Nada análogo en el caso de la razón determinante de la precisa ordenación de las consideradas 16 palabras. No sólo se dan variables irreductibles sino que estas son en última instancia las que marcan la emergencia (intento evitar la palabra elección que supondría aceptar que en última instancia prima una voluntad autónoma del poeta).
Hay sin duda mucha palabrería en las afirmaciones relativas a la dimensión trascendente de la tarea del poeta. Pero en los casos más honrados tal discurso refleja una intuición de la imposibilidad de circunscribir las palabras en el marco de la univocidad, imposibilidad de reducir la función de un conjunto de las mismas a vehicular información e imposibilidad en suma de hacer del lenguaje humano un código de señales.
Postcriptum sobre las condiciones sociales: los suicidios de Telecom
¿A cuánto asciende el número de personas ex-empleados de la compañía francesa Telecom que desde 2004 han tomado la decisión de quitarse la vida? Los sindicatos dan unas cifras que la patronal relativiza y asimismo una parte de la prensa. Sin duda muchas son las razones que pueden inducir a un ser humano a quitarse la vida, y no está excluido que una frustración profesional juegue el mismo papel de coartada que ese "gesto de indiferencia de un amigo" al que se refería Albert Camus. Cuando la idea del suicidio "acaricia la sensibilidad", sentirse desplazado por Telecom podría en ciertos casos ser tan sólo una variable más. Y sin embargo...
La tremenda disciplina interna con la que la empresa francesa apunta a hacerse con una parte sustancial del mercado mundial de la telefonía en razón de la feroz competencia de sus rivales europeos, americanos y ahora asiáticos, genera sin lugar a dudas un ambiente favorable para que una persona que se sienta identificado a los valores de la impresa viva como mutilación profunda el simple hecho de sentir que no está a la altura de la batalla.
Los suicidios de Telecom no son la muestra de la maldad de nadie, pues no cabe dudar de que los responsables de la empresa recibirán con total desolación el goteo de víctimas (de hecho el Director ejecutivo Didier Lombard presentó su dimisión hace ya un año en razón de esta tragedia), pero sí son indiscutible síntoma de una enfermedad social, inevitable en la medida en que (como suelen decir cínicamente los políticos defensores de la lógica social imperante) el ciego interés de esa abstracción denominada mercado ha sido erigida en referencia absoluta.
[Publicado el 08/6/2011 a las 09:00]
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El hombre no sólo es un animal al que sorprende su entorno, un animal para el que en un momento u otro (ya se trate de un momento infantil olvidado y hasta repudiado) la presencia de la naturaleza es causa de estupor, sino también un animal al que su propio ser inquieta, un animal que se pregunta por su animalidad, por lo singular de su animalidad.
La pregunta por el ser del hombre ha tanteado la respuesta en muchos ámbitos, uno de ellos el lenguaje. Ha habido como una sospecha de que de la sentencia según la cual "en el principio está el verbo" expresa una intuición que va más allá del contexto evangélico en el que fue enunciada y poco tiene que ver con la creencia religiosa o la afirmación de algún principio trascendente.
No se trata en absoluto de negar que el hombre es fruto de la historia evolutiva, sino de denominar hombre no al primate geneticamente determinado para acceder a ese rarísimo código de señales que es el lenguaje humano, sino al primate ya forjado por el conjunto de variables que supuso la aparición de tal código. Es casi una mera cuestión de escapar a un equívoco, mostrando acuerdo o desacuerdo respecto a la tesis siguiente:
El primate que experimentó una determinada mutación en el gen denominado FOX P2, el primate en quien se dieron las condiciones genéticas para una "caída" en la posición de la laringe, potencialmente calamitosa para el orden estrictamente biológico (el bebe humano corre riesgos de ahogarse al ingerir alimentos) pero que supone la existencia de una suplementaria cavidad de resonancia preciosa para el lenguaje (¡y el belcanto!), el primate en quien se daban las condiciones mentales de que el signo además de remitir a lo designado remitiera también a un registro eidético ( la polaridad saussiriana entre imagen acústica e idea )...este primate susceptible de ser reducido o convertido en objeto de ciencia (objeto concretamente de la paleontolología que tiene soporte en la genética), sería el ancestro inmediato del hombre en la historia evolutiva, mas no exactamente el hombre.
El hombre empezaría justamente cuando lo que potencialmente encerraba el ancestro viene a ser acto, el código de señales se hace lenguaje, cuando los signos además de designar eventualmente lo necesario a la subsistencia se complacen e su propio despliegue; el hombre empezaría justamente allí dónde un signo adquiere eventualmente más riqueza en la equivocidad que en la univocidad (tan imprescindible para el buen funcionamiento de un código ); el hombre empezaría con la emergencia de ese código irreductible a razón cognoscitiva, código del que no hay ciencia posible porque la equivocidad de sus signos posibilita (entre otras cosas) el que un conjunto finito de elementos fonéticamente diferenciados sea la puerta de entrada a un monto potencialmente infinito de posibilidades semánticas, asunto ciertamente chocante y que exige algún tipo de clarificación, de lo que me ocuparé en la próxima columna.
Post-scriptum sobre las condiciones sociales: del conductor de taxi al empleado de Telecom
Hacía días atrás alusión a las condiciones de trabajo de taxistas sometidos en ocasiones a una jornada de 12 horas y para los cuales podría parecer un sarcasmo el reivindicar el derecho de todo ser humano a una vida social que no suponga renuncia a la realización de sus potencialidades como ser de lenguaje y de razón. Al escribir la nota tenía en mente a conductores de taxi españoles, y en particular de la ciudad de Barcelona a la que me hallo mayormente vinculado. Sin embargo, sólo dos días después, un dossier en un periódico francés me informa de que profesionales parisinos que alquilan su coche a una sociedad de taxis trabajan once horas diarias y en ocasiones hasta siete días por semana para alcanzar un sueldo medio de 1200 euros mensuales.
Es posible que la cifras sean algo exageradas, pero lo que no constituye exageración es que muchos de estos conductores comparten con otro el alquiler del coche y que la sociedad exige que el vehículo circule la jornada por entero, de tal manera que si uno sólo cubre 10 horas el segundo se verá obligado a trabajar 14. Todo ello en un clima de degradación de los lazos entre los trabajadores: tras evocar con nostalgia el tiempo en que los conductores se arreglaban entre ellos para distribuirse la clientela, uno de los encuestados, conductor en Marsella, se queja de que actualmente reina la guerra entre ellos.
Trabajar en tales condiciones era inconcebible en Francia hace treinta años, y sospecho que sigue siendo ilegal el hacerlo. Pero no será la legalidad lo que frene a sociedades sometidas ellas mismas a la guerra de la competencia; esa competencia que lleva a la sociedad de telefonía Telecom a imponer condiciones de trabajo que sus empleados consideran incompatibles con su dignidad y hasta eventualmente con su vida. Aludo obviamente a los suicidas de esa empresa. Tremendo asunto que hace treinta hace años hubiera producido una crisis mayor en la vida política del país y que hoy sin embargo es casi evocado como algo inevitable: uno de los destinos posibles para aquellos que el sistema empuja poco a poco a los arcenes[Publicado el 06/6/2011 a las 09:59]
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Inteligir el mundo versus incidir sobre el mundo
He tenido ocasión de referirme aquí a la tesis de Max Born según la cual en las diatribas que llevaron a la Revolución Copérnica, lo que se hallaba en juego no era nada con implicaciones prácticas sino algo que concernía al "ardiente deseo de toda mente pensante", deseo de inteligibilidad, de dar un soporte explicativo a los fenómenos. Deseo del que se aparta (repudiando de paso lo cabalmente humano de su condición) aquel que afirma que lo importante es que el sol no deje de calentar, siendo variable indiferente que gire en torno a la tierra o que sea la tierra la que gira en torno a él.
Hay al menos diez interpretaciones interesantes del formalismo cuántico que abren a su vez paso a otras tantas hermenéuticas de lo que es el mundo. Pues bien: en el momento mismo en que se perfila en el horizonte el ordenador cuántico, cuando la disciplina que lo posibilita determina ya una enorme proporción del monto económico global, me atrevo a decir que muy poco peso tiene en ello el aludido conflicto de interpretaciones. Para ser muy claro: el físico contribuirá en mayor o menor medida al desarrollo tecnológico al que abre la Mecánica Cuántica (y los consiguientes corolarios económicos) con independencia de que a la hora de teorizar se posicione -por ejemplo- en favor o en contra de la impactante teoría que afirma la existencia de una multiplicidad de mundos correlativa de la diversidad de hipótesis abiertas en un proceso de medición.
Obviamente ello no quiere decir que los avances experimentales no determinen la toma de partido por tal o tal interpretación (por ejemplo, tras el llamado experimento de Aspect se hizo mucho más difícil seguir defendiendo la interpretación einsteniana llamada de las variables ocultas). Se trata sin embargo de una cuestión de jure más que de facto: la motivación, la razón subjetiva que mueve al conocimiento, difiere cuando se apunta a la inteligibilidad del mundo y cuando se apunta a tener incidencia sobre el mismo. Sin duda, apuntando a inteligir el mundo el hombre apunta a incidir sobre su propio ser, apunta a actualizar su esencia, de ser cierto que entre los rasgos de esta cuenta la aspiración a subsumir lo que de inmediato se da bajo conceptos.
Post-scriptum sobre las condiciones sociales: contribuir al bien ...blanqueando dinero.
El jueves 26 de mayo es detenido en las afueras de Belgrado el general serbio Ratko Mladic. Leo en "Le Monde" una crónica relativa a la entrega "voluntaria" en 2005 de una quincena de acusados de delitos análogos a los de Mladic (seguramente con menor responsabilidad), a cambio de "regalos y dinero" (sic). Al parecer por entonces la Unión Europea había puesto como condición para las negociaciones de adhesión de Serbia la entrega de estos personajes y Rusia, interesada por alguna razón en que esta adhesión se llevara a cabo, presionó a Belgrado no sólo para que detuviera a los implicados, sino para que los transfiriera al Tribunal de La Haya. Todo ello con tal ausencia de transparencia sobre los motivos reales que el entonces Ministro de Justicia de Serbia, habría declarado. "Hay personas que están dispuestas a financiar la extradición de criminales de guerra para legalizar dinero sucio".
¡Como para sentirse seguro de que las razones que han llevado ahora a la detención del jerifalte serbio no son otras que la lucha contra la impunidad y la dolorosa memoria de las víctimas!
[Publicado el 01/6/2011 a las 09:00]
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Me refería en una columna anterior a las teorías filosófico-antropológicas que apuntaban a superar la concepción del sujeto pensante en términos de conciencia ególatra, enfatizando el aspecto transitivo y relacional: sujeto de un pensamiento que no encuentra satisfacción en lo ya adquirido; pensamiento marcado por exigencia de nuevas conquistas; pensamiento en permanente confrontación por vencer la dificultad que presenta la forja de fórmulas o metáforas; pensamiento en suma en el que la condición humana constantemente se actualiza y recrea. Recreación tanto en lo que nosotros denominamos ciencia como en lo que a veces se ha denominado arte (en el sentido de Nietzsche, por ejemplo, que entiende por tal una originaria producción que poco tendría que ver con la pasiva obediencia a cánones o ideales de belleza).
¿Sólo una élite responde a esta lucha por la realización en uno mismo de lo que nuestra especie posibilita? Los tiempos parecen dar la razón a esta concepción nihilista del ser humano. Enfatizo lo de "parecen", pues cabe pensar que el asunto se muerde la cola, y que una estructura social embrutecedora es lo que se haya en el origen de la renuncia: anclado 14 horas a la silla de un taxi es difícil efectivamente escuchar a uno que "te viene con filosofadas", pero quizás se trata de luchar por que nadie sea siervo en una silla de un coche, como se era siervo de la gleba.
En todo caso que no vivamos buenos tiempos para el pensamiento no puede ser coartada para dejar de pensar, y desde luego hay envites teoréticos que resulta fascinante asumir (además de que sea una suerte estar en condiciones de hacerlo)
El mencionado Nietzsche se esforzaba en superar una visión del mundo que veía caracterizada por el dualismo materia-espíritu, el repudio de lo sensible, la imposición de la moralidad resentida frente la vivencia trágica...concepción que calificaba de metafísica, y que estaría determinada por conceptos como substancia, causalidad, unidad... que para el constituían hueras abstracciones ilegítimamente erigidas en principios. Pues bien:
En una perspectiva diferente también nuestra época está poniendo en cuestión la primacía de tales categorías y de unas cuantas más. La disciplina que mayormente está contribuyendo a ello es la Mecánica Cuántica y lo que es más: un aspecto de la Mecánica Cuántica que sin tener repercusión alguna en el orden de los objetivos prácticos constituye sin embargo el envite mayor al que se hayan confrontados los que se dedican a la disciplina. La Mecánica Cuántica se instala así en la intersección entre exigencia científica y exigencia conceptual y por ello la confrontación a la misma constituye un inevitable reto, casi destinal para los filósofos de nuestro tiempo.
Post-scriptum sobre las condiciones sociales: tarde del domingo en Manchester.
Hace unas semanas, en el diario El País, El Roto nos presentaba una sombra de ciudadano en actitud energúmena con la leyenda siguiente (cito de memoria): "Parado número cuatro millones setecientos mil...mostrando su indignación por el comportamiento del árbitro". Los hinchas del Manchester no tienen al parecer razón alguna para achacar al árbitro la derrota de su equipo, ni tampoco en esa ciudad se da la pavorosa proporción de ciudadanos sin empleo (y ya casi sin recursos) que se da en Barcelona. Y sin embargo también allí la genuflexión de los gobiernos (el de Cameron y el del anterior) ante la dialéctica de los mercados azota a los trabajadores, y también allí el disgusto por el resultado adverso es vivido como mutilación profunda. También en Manchester los estados de fútbol se han convertido en espacio de delirio, es decir, de proyección de conflictos a los que uno no se enfrenta. Por mucho que los futbolistas mismos den mayormente prueba de sensatez y de mesura (lógico puesto que son los que tienen que enfrentarse a una dificultad sirviéndose de una técnica), relativizando la derrota, sus seguidores de la ciudad fabril, estarán sumergidos en un pozo artesiano de desconsuelo incomparable en profundidad a la elevación de los llamados "culés". Pues si la alegría por el resultado favorable no supera la epidermis, el disgusto por el resultado adverso es mutilación profunda. El poeta francés Jacques Prevert describía la tristeza del trabajador el domingo por la tarde, dada su certeza de que venía ya el lunes, y el martes, y el miércoles, y el jueves y el viernes, y el sábado...y el domingo por la tarde. Tarde doblemente triste este domingo para el trabajador de Manchester, pues no sólo se acerca el lunes, sino que se ha desvanecido el espejismo.
[Publicado el 30/5/2011 a las 10:08]
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Luchar por ser “una cosa que piensa”
En mis años de estudiante en París era practicamente un lugar común referirse a la subversión de valores a la que, de manera implícita o explícita, invitaría lo autenticamente vivo en el pensamiento contemporáneo. Complementariamente a la crítica de los fundamentos del orden social desarrollada por el marxismo, se ponía de relieve que el concepto mismo de sujeto, debería dejar de ser identificado al de conciencia para concebirse como relacional y transitivo. Hasta en la lectura académica del cartesiano Discurso del Método se reflejaba esta exigencia de puesta en tela de juicio, insistiendo los comentaristas en que el je del cogito nada tiene que ver con el moi, (expresión en lengua francesa del ego que subordina -más que acompaña- todas nuestras representaciones y lazos con el mundo). Significativo es al respecto el hecho de que Descartes se refiera a su propia condición como una cosa que piensa, es decir, según sus propios términos, una entidad que duda, que afirma, que niega, que cree, que se interroga, etcétera, es decir, una entidad tensada, ágil y productiva. Por decirlo sin ambages:
Una conciencia reflejo de la obediencia a prejuicios y el anclaje en representaciones pasivas, una conciencia que no se pone en cuestión, una conciencia meramente expresiva del conjunto de clichés que sirven de base a una situación social dada...tal conciencia forja un fortísimo ego, pero no es una entidad que piensa, repudia ese "ardiente deseo de toda mente pensante", al que se refiere el físico Max Born, no responde a la condición mínima avanzada por Descartes, no es cabalmente un ser humano.
Posdata sobre la plaza de Catalunya y el Barça.
Mientras escribo estas líneas en la biblioteca parisina de una institución en cuyo patio hay tiendas de campaña con eslóganes evocativos de la madrileña Puerta del Sol y la barcelonesa Plaza de Cataluña, me llega la noticia de que el partido del Barça podría ser la coartada para justificar el desalojo de los ocupantes barceloneses. Al parecer se ha avanzado el argumento de que algunos seguidores del club podrían exteriorizar su alegría de forma violenta haciendo imposible discernir la actitud de unos y otros, por lo que, a fin de evitar la amalgama, la decisión de desalojar debería venir de los propios "ocupantes".
Escribo el viernes por la mañana y no se naturalmente si finalmente habrá o no celebración. Tampoco estoy hoy en condiciones de saber si esta idea viene de algún responsable político concreto o si meramente se ha dejado que circule. Pero simplemente quisiera manifestar que si algo hay de indignante es que una manifestación de repulsa frente a un orden social que conlleva intrinsecamente miseria y embrutecimiento de los ciudadanos, pueda ser homologada a la exteriorización de una alegría por lo aleatorio de un resultado deportivo. Los propios seguidores del club deberían denunciar esta utilización. De lo contrario se acentuaría la impresión que muchos tenemos de que el fútbol (por respetable y hasta admirable que pueda ser el esfuerzo técnico de los profesionales de este deporte) juega hoy un papel clave en la maquina de alienación que los propios ocupantes de la plaza denuncian.
[Publicado el 27/5/2011 a las 12:21]
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Falsos Universales Antropológicos
"¿Donde ponemos el fulcro para acceder a lo nuevo?" pregunta el psiquiatra Enrique Baca constatando que muchas de las creencias dadas por muertas no sólo siguen vivas, sino produciendo desde pequeñas miserias hasta grandes hecatombes que, como indicaba Proust, "un mínimo de auto-crítica port-royalista hubiera podido evitar".
Enrique Baca parece usar el término creencia en el sentido de Ortega, es decir ideas que (precisamente por no estar sometidas a observación crítica, por constituir esencialmente prejuicios) no son ideas que poseamos, sino ideas que nos poseen, ideas determinantes, ideas que nos forjan, ideas que somos.
Entre estas ideas constitutivas de nuestro ser, habría que introducir matices. Considero que las auténticamente dañinas son aquellas que podrían dejar de ser determinantes, porque en realidad constituyen una impostura, usurpan una universalidad que no poseen.
Muchos estiman que el mercado, bajo una u otra modalidad, es un universal antropológico y probablemente son aun muchos más los que consideran que lo es la patria o la organización de la sociedad en clanes familiares. En los tres casos la cosa desde luego está por demostrar, y hay razones para estimar que la erección de estas abstracciones en divinidades se haya en el origen de las canalladas que se realizan en su nombre. El mercado ( tras el retorno triunfal que para el mismo supuso la renuncia al ideario ilustrado de la Revolución de Octubre) al menos empieza ya a desencadenar interrogantes. Lo que en esta última semana ha venido ocurriendo en ciudades españolas es como un esperanzador síntoma de que en algún registro más o menos profundo incubaba la idea de que (contrariamente a lo que se imponía como axioma hace unos años) mercado y orden son en realidad términos incompatibles, y que la sociedad humana no puede estar subordinada a los caóticos vaivenes del primero.
Algo parecido pasa con la patria, dado el cúmulo de desgracias que desencadena la erección de su defensa en imperativo. En esta Europa que empieza a ser un sarcasmo llamar comunitaria se multiplicación los neo-patriotas de todo cuño. Siendo sus idearios meramente anales, obviamente son entre sí enemigos potenciales, primando en sus relaciones hora el resentimiento (por ejemplo de los lepenistas franceses frente a sus émulos en Alemania), hora el desprecio (de ambos frente a los tristes ultranacionalistas rumanos). Pero les une la gestión de la frustación de los débiles, y la canalización de la energía de estos hacia el abuso de quien es aun más débil. Y así a la vez que en la que fue banlieu rouge parisina se vota la lepra lepenista, la otrora también roja Venecia se halla cercada por electos de la Liga Norte, que alcanza votos en la Italia del Sur objeto de su desprecio...en razón de que el liguista Ministro del Interior del gobierno Berlusconi defiende una feroz política anti inmigratoria.
Guerra inevitablemente de todos contra todos en la Europa del mercado y de las patrias. Guerra a veces puramente ideológica, pero desprecio y miseria social reales. Desprecio y miseria en los que los émulos del Cardenal Rouco verán un mal generador de algún bien. Pues en este pantano se afianza...la familia, tercer pedestal de la parodia de orden imperante.
¿Qué tienen en común el fallecido Basil (que por un accidente mortal no llegó a la presidencia de Siria), Bachar (que sí alcanzó la magistratura), Maher (jefe del principal cuerpo represivo) Asef (que dirige los servicios secretos), Bishra (tan odiada como temida esposa del anterior)...pues que son respectivamente primogénito, segundo en la sucesión, benjamín, yerno, e hija de Hafez El Assad, golpista en 1970 y dirigente hasta su fallecimiento hace once años del regimen sirio (véanse en El Pais las documentadas crónicas de Enric Gonzalez al respecto)
Es curioso que hasta que no se puso de relieve la ferocidad en la defensa de sus intereses de clan, el hecho de que el régimen sirio fuera tan radicalmente familiarista no llamaba la atención. Y filiaciones parecidas podrían hacerse respecto a otros muchos regímenes de origen republicano ¡Que cosa más natural que la primacía del amor filial! , pensará más de uno El hecho de que en la republicana Corea del Norte se privilegie la secuencia padre e hijo a la hora de sucederse en el poder podría incluso ser visto por como una prueba de humanidad en sus dirigentes.
Mercado, patria y familia...quizás falsas condiciones de posibilidad de la existencia social de nuestra especie, quizás falsos universales antropológicos. Mayor razón para pretender a la universalidad tienen ciertos principios del conocimiento (y que por regir también nuestra relación con el entorno físico inmediato son también principios ontológicos), los cuales sin embargo están siendo cuestionados por una valiente y radical manera de pensar surgida de la ciencia contemporánea.
Incidiendo en la interrogación formulada por Enrique Baca, Basilio Baltasar avanzaba la conveniencia de no referirse a creencias sino más bien a hechos, o más bien de acontecimientos. Y evocando un tema caro a Felix de Azua se preguntaba ¿Qué fuerza gobierna la transformación del paleolítico en neolítico?", precisando que no está haciendo referencia a la tecnología sino más bien al arte.
Basilio indica que cabría intentar ilustrar con este ejemplo los acontecimietos que suponen un cambio de mentalidad (término que considera preferible al de conciencia). En una columna ulterior intentaré dar por mi parte ejemplos de una transformación potencial del mismo tipo a partir de la disciplina contemporánea ya varias veces evocada.
[Publicado el 23/5/2011 a las 10:23]
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La carta abierta de José Lázaro a la que me refería en la columna anterior ha tenido continuidad en otras de Basilio Baltasar, Félix de Azúa y Enrique Baca.
Felix sintetizaba su posición refiriéndose a una afirmación de Rafael Sanchez Ferlosio según la cual nada puede cambiar hasta que "no cambien los dioses", entendiendo por tal-supongo- el entramado de valores incuestionables, de proyectos miríficos e identificaciones imaginarias que en una época dada operan como dispositivos de consuelo para ir sorteando lo aleatorio, más triste que realmente trágico, de cada destino individual .
La tesis de Felix es que ese sistema de referencias ya ha cambiado y en consecuencia se pregunta "¿Qué ha cambiado, ahora que los dioses son otros?". Y la dialéctica con José Lázaro consiste en que a los interrogantes que este último planteaba en su carta se les ha pasado el tiempo por lo cuál sería ocioso seguir consagrándole tiempo, es decir, discutir a costa de las mismas. Y Félix es muy explícito respecto a los asuntos así periclitados:
"Ya sea el patriarcado, el monoteismo, el positivismo, el mesmerismo o el comunismo, llega un día en que todo lo que se dice sobre ello ya no suena, no tiene ni letra ni música. Es como si ahora nos pusiéramos a discutir cuánta verdad había en el estructuralismo, el existencialismo, lo muy acertado que estuvo Dilthey o Freud. Todo eso ha muerto, es materia de tesis doctoral. Podemos hablar de esas cosas en forma de Requiem, o a la nostálgica manera de los poetas andaluces, pero hablamos de cosas muertas, tan muertas como el dodecafonismo, la pintura abstracta o el hongo salvador." José Lázaro le responde sugiriendo que lo importante no es el cambio de valores sino el mecanismo común que subyace a la operación psicológica de apuntarse a tales o tales valores consistente en que nos sentimos atraídos -al parecer de manera inevitable- por la seguridad plácida del rebaño. Instalados en éste, sabríamos en cada momento "qué dioses han cambiado y cuales permanecen". Oportunista adaptación que nos permitiría en cada momento tener claro "quienes son los enemigos que debemos odiar". Y José Lázaro evoca un tema querido a nuestro contertulio el catedrático de psiquiatría Enrique Baca relativo a "la construcción del enemigo".
En suma, mientras Félix de Azúa juzga caduco aquello que era objeto de debate hace unos años, José se pregunta por los mecanismos psicológicos que encubre la apuesta por tal o tal causa, ya sea estética, política o redentora. Pues bien:
Invitado por unos amables colegas a dar un seminario en el Queens College de Nueva York, el tema que debo tratar el día mismo en que aparece esta columna me retrotrae a esta diatriba y ello en razón de un mensaje que me enviaba en paralelo Félix de Azua. Excéptico como hemos visto respecto a la vigencia de la mayoría de objetos de debate intelectual que han ocupado el pasado siglo, Félix me hace una pregunta sobre personas vinculadas a la Mecánica Cuántica y ello en un tono que parece indicar que la proliferación de debates más o menos filosóficos sobre esta disciplina no le es indiferente y que de alguna manera no la cuenta entre los dioses caídos antes evocados.
Y sin embargo la Mecánica Cuántica lleva dando guerra desde hace casi un siglo. Algunos de los textos sobre los que se sostienen las interpretaciones aparente más chocantes de la misma (así la conocida como de los múltiples mundos, Many-Worlds altamente valorada hoy entre hermeneutas de la profesión) datan de hace medio siglo. La ecuación lineal que da sostén al apólogo del gato vinculado a la vez a un estado cuántico que supone vida y un estado cuántico que supone muerte es de los años treinta...¿De dónde pues el sentimiento de que algo en la Mecánica Cuántica nos interpela?
La respuesta no puede consistir en evocar la perennidad de las teorías científicas por oposición a la contingencia de las filosóficas ya sean de tipo ético o de tipo estético. Pues la diatriba en torno a la Mecánica Cuántica es no sólo filosófica en el sentido estricto de la palabra sino incluso filosófico-dialéctica, es decir: es compatible con posicionamientos no sólo diversos sino opuestos y hasta contradictorios, no ciertamente en el registro de las descripciones y previsiones efectuadas por tal disciplina sino en el de la significación profunda de las mismas.
Los físicos cuánticos muestran en ocasiones una sensación de tedio al comprobar que, una vez más, los filósofos se acercan a ellos intentando encontrar armas para sobreponerse al estupor que el mismo físico ha provocado. "Esto que tanto sorprende a este novicio para mi es bien conocido", parece que se dijera. Pero lo bien conocido no es exactamente letra muerta:
El físico conoce bien el problema en sus términos técnicos, sabe que no hay cabal respuesta a cómo tomar partido por las alternativas hermenéuticas y...prosigue su trabajo en la exploración de nuevos datos. Y sin embargo ese mismo físico no podrá sustraerse a la cuestión, que eventualmente le quitará el sueño. Pues los grandes problemas retornan como retorna la naturaleza "en la furca que la expulsa".
[Publicado el 16/5/2011 a las 08:52]
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José Lazaro, profesor de historia de la medicina y ensayista me escribe una larga carta de la que se hacen eco varios amigos, el psiquatra Enrique Baca Basilio Baltasar y Felix de Azúa. Retomaré sinteticamente más adelante las observaciones de todos ellos (alguna delas cuales merecerá atención detallada), limitándome hoy a un extremo del primer escrito.
José Lazaro me comunica que ha pasado un tiempo leyendo los Manuscritos Económico- políticos del 44 de Karl Marx. A la vez que manifiesta su interés por el lucido tratamiento y su intención de seguir leyendo a Marx hace la siguiente observación:
"Quizá el problema intrínseco del proyecto marxista, el aspecto interno que determinó de forma ineluctable el trayecto desde Lenin al Gulag, se encuentre en la profunda ceguera de Carlos Marx ante la singularidad esencial del deseo humano. Es lamentable que Marx no pudiese leer a Freud ni a Proust, pero es más lamentable todavía que no profundizase más en Shakespeare y en Montesquieu".
José Lázaro evoca luego los textos -alguno de atribución problemática- en los que Marx se interesa por el fenómeno del carlismo español y afirma al respecto lo siguiente: "Quiero seguir el ejemplo de Marx en este aspecto. Me parece importante intentar hacer hoy lo que hace siglo y medio hizo él con los carlistas. ¿Quiénes serían para nosotros lo que los carlistas eran para Marx?"La respuesta sería la siguiente: los falangistas. Y Jose Analiza entonces un discurso del fundador de la Falange en el que éste presenta lo que constituiría la esencia del liberalismo democrático"
"El Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: ‘Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal'. Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separaros unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontraros con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.
Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa."
Obviamente la intención de Jose al citar este texto es la de ilustrar la dificultad de mantener un espíritu maniqueo en cuestiones sociales. La crítica de aquel señorito falangista podría ser asumida por cualquiera de los que, en su tiempo como ahora, denuncian los estragos del sistema de economía liberal y los abusos del omnipresente mercado. Y sin embargo...
En materia de relaciones sociales lo importante no es quizás tanto la denuncia de un aspecto que, a ojos vista, se muestra indefendible como el esfuerzo por aprehender las causas por las cuales la patología descrita se hace inevitable, y consecuentemente por sentar las bases de una erradicación de tales causas. Se revela interesante por así decirlo una perspectiva "holística", es más fértil la consideración del entramado que la focalización en un aspecto. Como José Lazaro recuerda, en la continuación de su discurso el gerifalte falangista critica la lucha de clases y el corolario de esta lucha que entonces constituía la puesta en tela de juicio del adoctrinamiento religioso y patriótico o de la canalización de los sentimientos de solidaridad hacia el horizonte asfisiante de la familia convencional.
Y José Lazaro sintetiza así su impresión ante el texto citado:
"Tal es la elasticidad de las palabras que un manifiesto fascista (al servicio, por tanto, de la explotación del debil por los señoritos) se presenta como una canto a la hermandad y solidaridad entre los hombres. (Me recuerda a esos obispos que exigen que se impida cualquier crítica de sus abusos tradicionales apelando a la libertad de expresión y al respeto a los sentimientos religiosos)".
Y en efecto, "tal es la elasticidad de las palabras"...cuando de hecho la palabra está instrumentalizada, cuando no es un correlato de la verdad que el ser humano habrá de buscar en permanente conflicto con prejuicios, sino un instrumento de ocultación.Volviendo a ese Carlos Marx que interesaba a José Lazaro:
Su descripción de los mecanismos generadores de miseria material y espiritual intrínsecos a la sociedad capitalista conducen, como antes sugería, a la búsqueda de una respuesta holística. Que las modalidades efectivas de tal respuesta hayan fracasado de hecho y que la asunción de tal fracaso sea de alguna manera el primer imperativo ante nosotros mismos, no es óbice para lo siguiente: la crítica de Carlos Marx se sustenta en un brutal esfuerzo para alcanzar lucidez sobre el entorno social, esa lucidez que el trabajo embrutecedor excluye y por la búsqueda de la cual Aristóteles caracterizaba al ser humano.
A diferencia de los nihilistas de todo cuño, Carlos Marx tenía una concepción noble del ser humano. Partía de la premisa de que éste tiende a fertilizar sus potencialidades cognoscitivas y creativas porque en ellas reside lo singular, lo específico, de su naturaleza en el seno de la animalidad; y viendo con claridad meridiana que el sistema social frenaba esa tendencia, llamaba a combatirlo. Más allá de eventuales desaciertos en sus diagnósticos sobre la enfermedad que corroía en su tiempo (y que corroe en el nuestro) el cuerpo social, la disposición de espíritu de Marx era la de un trabajador que lucha contra la inercia en sí mismo. El esfuerzo tremendo en pos de la lucidez, (en su caso en el terreno de las disciplinas sociales, en el caso de otros enriqueciendo las ciencias de la naturaleza), el mero hecho de haber intentado pensar algo tan tremendamente complejo como el capital, le sitúa en la antítesis tanto de los estériles sermones que incitan a una fraternidad abstracta, como de las pseudo denuncias del evocado personaje de nuestra historia, arrastrado él mismo por el drama que su ceguera, quizás más que su disposición moral, contribuyó a desencadenar.
Y hay en la carta de José insistencia en un extremo al que quisiera responder directamente. José Lázaro cita un párrafo relativamente preciso en relación a la Revolución social que los falangistas iban a llevar a cabo.
"La riqueza tiene como primer destino -y así lo afirmará nuestro Estado- mejorar las condiciones de vida de cuantos integran el pueblo. No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos."
"Defendemos la tendencia a la nacionalización del servicio de Banca y, mediante las corporaciones, a la de los grandes servicios públicos."
"Hay que elevar a todo trance el nivel de vida del campo, vivero permanente de España. Para ello adquirimos el compromiso de llevar a cabo sin contemplaciones la reforma económica y la reforma social de la agricultura."
A continuación José Lazaro comenta:
"Todo esto se puede interpretar como retórica vacía, como pura estrategia publicitaria, como la patita blanca que la fiera enseña por debajo de la puerta para engañar a su víctima. Yo más bien pienso que (en los fundadores de la Falange, no en sus sucesores franquistas) estas proclamas eran sinceras".
Todo lo sinceras que se quiera, lo cual tiene muy relativa importancia. La máxima subjetiva moral lo es de acción, o sea piensa cuales son las condiciones necesarias de que el bien se realice. Ya he tenido ocasión de decir que si se hubieran parado siquiera un instante a reflexionar sobre la base en la que se apoyaban y a quienes tenían enfrente, aquellos "revolucionarios" falangistas se hubieran dado cuenta de que sus proclamas de justicia social no podían sino ser mera tapadera
Sincera es también la persona que es capaz de compartir la miseria hasta besar el muñón del lisiado, pero no repudia el marco de indignidad en la que la vida de los que son objeto de sus samaritanos ciuidados se desenvuelve. La tópica frase de que el infierno está lleno de buenas intenciones se convierte en palabra verídica cuando las intenciones no se acompañan del trabajo de la inteligencia.
José Lazaro señala con razón que hay en Marx una ausencia de toma en conideración de aspectos de la subjetividad humana que son irreductibles a las relaciones basadas en el control de las fuerzas productivas. Por eso fue efectivamete tan importante aquel momento en que la idea de revolución se consideraba indisociable de la confrontación a los eternos fantasmas del deseo y la posesión, y al hecho de asumir lo intrínsecamente quebrado de la condición humana. Por decirlo someramente: La sociedad revolucionaria habría de ser una sociedad trágica una sociedad en la que todos y cada uno de nosotros estuviera en condiciones de aspirar a aquello a lo que se refiere Aristóteles bajo el término andreia, virtud expresiva del hecho de que se ha contemplado con entereza la matriz quebrada que forja a los humanos; virtud que sólo puede darse con la abolición de las falsas querellas y los problemas tapadera. En este sentido la lucha por la liberación social es una lucha por la inteligencia. Como decía el llorado matemático y filósofo francés Gilles Chatelet el proyecto revolucionario y el proyecto de la filosofía se hermanan en lo mismo: "guerra contra la estulticia"
Apostilla 1) estoy de acuerdo con José Lazaro en que San Francisco de Asis y Ghandi son la expresión misma de una voluntad de poder que yo diría no sólo gigantesca sino sobre todo perversa (por no hablar de los que tienen una concepción samaritana de la justicia . De ahí que haya que extremar la prudencia cuando uno se acerque a los émulos de tales personas.
Apostilla 2) Contrariamente a lo que Jose indica la razón por la que ninguna empresa elige libremente limitar sus beneficios tiene muy poco que ver con el deseo de los empresarios y mucho con el hecho de que aquella que lo hiciera entraría en contradicción con la lógica del sistema económico y a medio plazo sería arrinconada u orillada.
Apostilla 3)
José Lazaro evoca criticamente la evocación por Marx del deseo en el tercero de los manuscritos. Obviamente es muy reducionista presentar el deseo como representación sólo susceptible de transformarse en existencia efectiva a través del dinero. Me atrevo a conjeturar sin embargo que esta visión era más cuestionable en tiempos de Marx que ahora mismo. Cada vez más por desgracia se hace perceptible que en efecto el dinero es "nuestra alma" y con ella obviamente también nuestro deseo.
[Publicado el 09/5/2011 a las 09:30]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
09/2/2012 22:24
Agradecería muchísimo si me...
Publicado por: Héctor Jaimes Paredes
09/2/2012 13:00
Sí, ese perro muerto de Hegel...
Publicado por: pepedamian
05/2/2012 16:46
P, el fragmento de la película...
Publicado por: Un bárbaro
05/2/2012 12:01
En los pocos países donde la...
Publicado por: p
03/2/2012 13:52
Publicado por: Un bárbaro
30/1/2012 02:41
We have full server of 4Story...
Publicado por: sdfsdfsdf
28/1/2012 12:18
También yo, allá al principio de...
Publicado por: pepedamian
28/1/2012 09:59
Monotonía de lluvia tras los...
Publicado por: Dácil
27/1/2012 15:02
En primer lugar, quisiera decir...
Publicado por: Nanci
25/1/2012 01:01
El otro día volví a ver Robin...
Publicado por: p
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