El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

El motor de la filosofía

El motor de la filosofía no es tanto explorar desconocidos rasgos del mundo como restaurar una actitud ante aspectos (del entorno o de nosotros mismos) que eventualmente pueden ser ya conocidos, pero que no por ello dejan de ser sorprendentes. Sería ocioso para un investigador en física ocuparse a estas alturas de las fórmulas de la relatividad restringida, pero el filósofo que ve en ellas la cristalización de una puesta en tela de juicio de la idea que nos hacemos del mundo, tiene todo el derecho a seguir hurgando en ellas con vistas a extraer toda su significación. Lo democrático de la filosofía consiste en que todos podemos instalarnos en la actitud filosófica a poco que nos liberemos de las barreras que lo dificultan, en realidad barreras que impiden realizar nuestra naturaleza. La filosofía da efectivamente vueltas y vueltas a las cosas. Pero tales vueltas no siempre son coincidentes, lo que se repite no es exactamente lo mismo; la metáfora no sería la del círculo sino la de la espiral. Esto es la esencia de la hermenéutica: un núcleo a partir del cual  se despliega una pluralidad de puntos de vista.

[Publicado el 09/9/2011 a las 09:00]

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El derecho a interrogarse

Esta tribuna tiene, desde sus inicios, un objetivo primordial: contribuir a la democratización de las interrogaciones filosóficas, o por mejor decir, contribuir a que el ciudadano se reconcilie con las mismas, las reivindique como propias, sienta que algo esencial de sí mismo se juega en ellas, y denuncie las tentativas para apartarle, denuncie lo falaz de la tesis según la cual, la filosofía, la ciencia, el arte y en general la vida espiritual sería cosa de minorías.

Se halla logrado o no convencer a alguien de lo razonable del objetivo, en los meses venideros, siempre naturalmente que el responsable de este foro no me retire la confianza, seguiré empecinado en ello, y quizás de manera más sistemática que en meses precedentes.

Empezaré por señalar un hecho tan lamentable como generalizado: el planteamiento ingenuo de interrogaciones está mal considerado por el mundo cultural y desde luego por el académico. Se ha instalado subrepticiamente la idea de que para tener derecho a avanzar  alguna de las interrogaciones que ocupan a filósofos,  científicos, o  ambos, hay ya de entrada que estar bien informado. Más que una persona tensada por lo desconocido e inquieta sobre su ser y su entorno, se exige de entrada ser una persona culta y hasta una persona erudita. Esto alcanza, como veremos, al mundo académico: un especialista en genética, por ejemplo,  no sólo se siente incompetente para emitir una opinión sobre algún interrogante de interés  general pero  técnicamente objeto de la  física, sino para formular el interrogante mismo, siendo obviamente cierta la recíproca, el temor a meter la pata del físico tratándose de uno de los abismos filosóficos a los que conduce la genética.

Se diría que la información ha de preceder a la interrogación...incluso tratándose de las interrogaciones universales, cuya temática concierne a todos y cada uno de los humanos (otra cosa es que se hayan visto forzados a repudiar de sus vidas tales interrogantes). Ante este estado de cosas, se impone tomar posición:

Cabe eventualmente sentirse abrumado por la complejidad de los instrumentos con los que  especialistas  de una u otra materia (también curiosamente los filósofos, que no son especialistas de materia alguna, aunque deban alimentarse de muchas) abordan ciertos problemas cuyo origen es sin embargo muy elemental, pero no hay en absoluto que sentirse abrumado ante la cuestión misma, que no sólo todo el mundo está en condiciones  potenciales de abordar, sino que probablemente ya  ha abordado alguna vez. La formulación de una interrogación cabalmente filosófica nunca puede ser sofisticada en los términos. Ejemplo:

 ¿Hay o no hay una realidad física exterior, que seguirá tras mi eventual desaparición y la desaparición de todos los demás humanos, cuya percepción de esa realidad coincide  aparentemente  con la mía? Los instrumentos para responder en uno u otro sentido a esta pregunta cubren hoy miles y miles de páginas de sesudas revistas filosóficas o científicas  y han sido esgrimidos como armas por algunos de los pensadores más importantes del siglo veinte...pero la pregunta sigue siendo sencillísima y todo el mundo es susceptible de sentirse interpelado por la misma,  hasta el punto quizás de que, si su vida material y social se lo permitiera, acuciado por tal interrogación, empezaría a ahondar en los escritos eruditos, y se dotaría de los argumentos  para entenderlos. Disposición de espíritu por la cual la erudición misma alcanzaría un sentido, pues se mostraría como instrumento para lo que realmente importa y no como fin en sí. Reitero la tesis, clave en estas reflexiones: la información es no sólo válida, sino imprescindible cuando constituye un  arma para abordar un objetivo esencial; pero disponer de información por el hecho de estar informado (como sí el espíritu humano fuera esa tabula rasa, en sí vacía de contenido,  a la que se refiere criticamente Steven Pinker) no tiene más interés que el que tiene para un saco estar lleno de patatas o de piedras. Múltiples veces en este mismo foro he recordado la tesis platónica de que la educación ha de fertilizar las facultades del espíritu y no sustituirse a ellos.

[Publicado el 07/9/2011 a las 10:00]

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Analectas

A la Recherche du Temps Perdu
 
La lengua de los vencidos

Me imponía el pronunciar una y otra vez el nombre de Gilberte, como esa lengua natal que los vencidos se esfuerzan en conservar, a fin de no olvidar la patria que no volverán a ver (I, 490)*

 

Sudario

"...Me dormiré enseguida, pues estoy muerta". Y en efecto fue una muerta lo que vi cuando después entré en su habitación. Se había dormido tan sólo acostarse; sus sábanas enroscadas como un sudario en torno al cuerpo, habían adquirido, con sus largos pliegues una rigidez de piedra. Se diría, como en ciertos Juicios Finales de la Edad Media, que sólo la cabeza emergía de la tumba, esperando en su sueño la trompeta del Arcángel. (III, 862)

 

Anuncio

Pues todo ha de retornar,  como está escrito en las bóvedas de San Marco y como lo proclaman, bebiendo en las urnas de mármol y de jaspe de los capiteles bizantinos, los pájaros que significan a la vez la muerte y la resurrección. (III, 871)

 

Barrera

Podía mantener su cabeza entre mis manos, podía acariciarla, pasar largamente mis manos sobre ella, mas, como si hubiera manejado una piedra que encierra la salumbre de los océanos inmemoriales o el espectro  de una estrella, sentía que  tan solo tocaba el entorno cerrado de un ser que interiormente accedía al infinito. (III, 888)

 

Presentimiento

La abracé entonces una segunda vez apretando contra mi corazón el azul  resplandeciente y dorado del Gran Canal y los pájaros acoplados que simbolizan la muerte y la resurrección. Mas  por segunda vez, en lugar de devolverme el beso, se apartó con esa suerte de constancia instintiva de los animales que sienten la muerte. (III, 900)

 

Morir para el Narrador

Tenía una infinita pena por seres menos queridos, incluso indiferentes, y por tantos destinos que mi pensamiento había intentando comprender y cuyo sufrimiento o incluso simplemente cuyo ridículo, había utilizado. Todos esos seres que me habían revelado verdades y que ya no existían, me parecían como portadores de una vida sólo provechosa para mí, y como si hubieran muerto para mí (IV, 481)

 

Posar para el Narrador

Los seres que fueron mas queridos por el escritor no han hecho en última instancia sino posar para él, como lo harían ante un pintor. (IV, 484)

 

El libro y el cementerio

Un libro es un gran cementerio en la mayoría de cuyas tumbas no cabe ya leer los nombres borrados. A veces por el contrario se retiene el nombre,  pero sin saber si el ser que lo llevó sobrevive en sus páginas. Esta muchacha de pupilas profundamente sumergidas y voz languideciente, ¿se encuentra aquí? Y si en efecto reposa efectivamente aquí, ¿en que lugar? No se sabe, ¿y cómo buscar bajo las flores? (IV, 482)

 

Rostros roídos

 El dolor acaba por matar. En cada nueva pena excesivamente fuerte, sentimos que una nueva vena se desangra, desarrolla su sinuosidad mortal a lo largo de nuestra mejilla, bajo nuestros ojos. Y así es como, poco a poco, se forjan estos terribles rostros roídos del viejo Rembrandt y del viejo Beethoven, de los cuales todo el mundo se mofaba. (IV, 485)

 

Posar para el dolor

Y los que posan para la felicidad no tienen en general muchas sesiones a ofrecer, ni tampoco, desgraciadamente, puesto que pasa tan rápido, los que posan para el dolor. (IV, 487)

 

Etimología

Y en este caso viejo no tiene raíz en vetus, sino en vastatus, lugar devastado y desnudo (III, 281)

 

 Para hacerse visible

Muñecas bañando en los colores inmateriales de los años, muñecas exteriorizando el Tiempo, el Tiempo, de ordinario invisible, que para hacerse visible busca cuerpos, acaparándolos allí dónde los encuentra y proyectando sobre ellos su linterna mágica. (IV, 503)

 

Antes del cementerio

Antes del cementerio, la ciudad clausurada de los viejos mantenía sus lámparas permanentemente encendidas en la bruma (IV, 556)

 

 Cuando el Tiempo se retira

Pues tras la muerte el Tiempo se retira del cuerpo, y los recuerdos- tan indiferentes, tan apagados - se borran en la muchacha que ya no existe, como se borrarán muy pronto en aquel al que todavía torturan, y en quien perecerán cuando no los alimente ya el deseo de un cuerpo vivo. (IV, 624)

 

En la cima de los años

Experimentaba un sentimiento de fatiga y de espanto al sentir que todo este tiempo tan largo, no sólo había, sin interrupción alguna, sido vivido, pensado, conservado  por mí, que  constituía mi vida, que era mi propio yo, sino también que debía en todo momento  mantenerlo atado a mí, que era el soporte  de ese mi yo fijado en su vertiginosa cima (...) Sentía vértigo al ver bajo mis pies, y sin embargo en mí, como si tuviera leguas de altura, tanta cantidad de años (IV, 624)

 

Los zancos

Y avanzaba tembloroso, sobre  la cumbre difícil de sus ochenta y tres años, como si los hombres se hallaran fijados sobre zancos vivientes que crecen sin cesar, a veces superando en altura a campanarios, lo que hacía que el andar se hiciera  difícil y peligroso,  por lo cual,  de repente, esos hombres acaban por desplomarse. (IV, 625)

 

La nadadora

Parecía, como una torpe nadadora que ve  la orilla ya a una gran distancia, rechazar con gran esfuerzo las olas del tiempo que la sumergían. (IV, 515)

 

Un pie en la tumba

Ciertos hombres cojeaban y se percibía que no era consecuencia de un accidente de coche,  sino de un primer ataque, y en razón de que tenían, como suele decirse, un pie en la tumba. (IV, 516)

 

 

Parábola

En lo entreabierto de su propia tumba, medio paralizadas, ciertas mujeres parecían no poder retirar completamente su vestido que permanecía enganchado en la piedra de la cavidad, y no conseguían alzarse, arqueadas como se hallaban, la cabeza inclinada, en una curva análoga a la que ocupaban de facto entre la vida y la muerte, antes de la caída final. Nada conseguía batirse contra el movimiento de ésta parábola que las arrastraba y, cuando conseguían alzarse, temblaban, y sus dedos no conseguían aferrarse a nada. (IV, 516)

 

Espejo

Indiferente en ella misma, su vejez me desolaba, anunciándome la proximidad de la mía. (IV, 505):

 

Muerte del escritor

Iba así enfriándose progresivamente, pequeño planeta que ofrecía una imagen anticipada de lo que serán  los últimos días del  planeta grande, cuando poco a poco el calor se retirará de la tierra, y tras el calor la vida. Entonces, la resurrección se detendrá, pues por muy adelante que en las generaciones futuras alcancen a brillar las obras de los hombres, nada renace ya cuando no hay hombres. (III, 689)

 

Letos interior

Cuando, para recorrer las arterias de la ciudad subterránea, nos embarcamos en las olas negras de nuestra propia sangre como en  un río del olvido interior y de sextuplicados  repliegues, entonces tremendas imágenes solemnes se muestran a nosotros, nos interpelan y nos abandonan fundidos en  lágrimas. (III, 157)

 

Las almas

Tras la muerte de los seres, tras la destrucción de las cosas, tan sólo, más frágiles, pero también más vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, el olor y el sabor permanecen aun largo tiempo, al igual que las almas, haciéndose presentes, expectantes, confiados, cuando todo el resto es ya ruina, soportando sin desmayo, en su gotear casi imperceptible, el inmenso edificio del recuerdo. (I,  46)

 

Ciudad y jardines

Así todas las flores de nuestro jardín y  las del parque de Monsieur Swann y las ninfeas del río Vivonne, y las buenas gentes del pueblo, y sus pequeñas casas y la iglesia y todo Combray con sus alrededores, todo ello bien formado y sólido, surgió, ciudad y jardines, de mi taza de té.(I,47)

 

 

La edad dorada

¿No me había equivocado al tomar estos arbustos que había visto en el jardín por dioses extranjeros, al igual que la Magdalena cuando, en un jardín diferente, un día en que el aniversario se acercaba, al ver una forma humana "creyó que era el jardinero"? Guardianes del recuerdo de la edad dorada, garantes de la promesa que la realidad no es lo que se cree, que el esplendor de la poesía, que la luminosidad maravillosa de la inocencia pueden resplandecer y pueden llegar a ser la recompensa que nos esforzamos en merecer, las grandes criaturas blancas, maravillosamente inclinadas sobre la sombra propicia a la siesta, a la pesca, a la lectura, ¿no eran más bien ángeles? (II, 458-459)

 

El verdadero paraíso

Respiramos un aire nuevo, precisamente porque es un aire que hemos respirado antes, ese aire más puro que los poetas han intentado en vano  hacer reinar en el paraíso, y que no podría dar esta sensación profunda de renovación si no hubiera sido respirado anteriormente, pues los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos (IV, 449)

 

Fin del dolor

 Pues  en este mundo,  en el que todo se gasta, todo perece, hay algo que cae en ruina, que se destruye aún más completamente, dejando  todavía menos vestigios que la belleza: es el dolor (IV, 270)

 

La religiosa

Entonces, unos minutos antes del último suspiro, la muerte, como una religiosa que os hubiera cuidado en lugar de destruiros, asiste a vuestros últimos instantes, coronando de una aureola suprema al ser ya para siempre gélido, cuyo corazón ha cesado de latir. (III, 704)

 

*Las referencias entre paréntesis remiten a la edición hoy canónica en cuatro tomos, Bibliothèque  de la Pléiade, Paris Gallimard 1987.

[Publicado el 09/8/2011 a las 16:00]

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Ley oscura

El pensador americano Steven Pinker se refiere en varias ocasiones a esos niños que bajo común  disciplina de la familia, la escuela o la religión, y compartiendo un respeto empapado de temor hacia los adultos que encarnan tales instituciones, hacen contrapunto a  esta trama vertical estableciendo lazos horizontales que pasan por la creación de códigos internos o por la canalización de las estructuras de la lengua  hacia formas sintácticas y modismos que sólo el conjunto de los miembros aprehende cabalmente.

Steven Pinker sostiene que estos lazos horizontales tienen tanto o mayo peso que la ordenación vertical en la configuración del carácter, en el sentimiento de pertenencia a un entramado relacional, en la erección de reglas a las que ha de plegarse el comportamiento objetivo, y en definitiva en la forja de un código moral.

En este registro se establecerían  vínculos de auténticas fraternidad y de apoyo mutuo, mientras que la protección fruto de los lazos verticales con padres y educadores, se obtiene sólo al precio de sumisión a una norma heredada , una norma de la que el niño no es nunca protagonista.

Haberse sentido  o no primer agonista, haberse sentido interpar en la erección de la ley: ahí reside la frontera, ahí reside  el criterio que permitirá reconocer la  norma como propia, sentirse configurado por ella y en consecuencia sentirse  libre en la fidelidad a la misma.

Ello explica que  personas provenientes de una sociedad verticalmente jerarquizada  en medio de toda clase de horrores, den en ocasiones pruebas de portentosa salud moral y espiritual, mientras que lo contrario ocurre a veces  en personas educadas en sociedades que respetan los cánones de la cultura democrática. Los primeros tuvieron simplemente la suerte de que se dieran en su entorno las condiciones de posibilidad de una suerte  de  ley oscura, bendita ley oscura, de la que los segundos, en apariencia más afortunados, se hallaron privados. Y así los primeros tendrán ese sentido de la fidelidad a la palabra compartida, sentido del honor si se prefiere, del que los segundos -puros sujetos de obediencia- carecerán precisamente por sentir que la ley les es ajena.

En varias ocasiones pude  últimamente  constatar  que padres y educadores  reaccionan con neutralidad, e incluso positivamente,  cuando el niño les da cuenta de una pequeña discrepancia que ha tenido con un compañero, esperando que la autoridad vertical decida a su favor, cuando con toda naturalidad el diferendo podría ser resuelto en el marco de la relación horizontal entre los pequeños. Para este comportamiento hay en todas las lenguas un vocablo hoy (desaparecida la ley oscura) en desuso. No hay garantía de que esto contribuya a fertilizar en cada niño la potencialidad de convertirse cabalmente en hombre.

[Publicado el 01/8/2011 a las 12:22]

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El espejismo europeo

Preliminar sobre las condiciones sociales: La respuesta del marrano

Hace unos meses en el diario El País aparecía un artículo de Juan Goytisolo evocando los calificativos con los que Francisco de Quevedo se refería a mujeres, los sodomitas y otros sectores discriminados de la población, entre ellos los conversos.  Preocupado por el origen del término marrano, Quevedo avanza una fantasiosa explicación según la cual cuando el cerdo se queja y gruñe los demás le dan replica, comportándose así de manera análoga a los judíos propicios al victimismo,  al lamento de uno de los cuales acuden de inmediato todos  los demás. 

Los voceros de la justicia que supondría en último extremo el castigo de los mercados a los países de la Europa periférica y, sobre todo, sureña, manifiestan el temor de que si se hacen concesiones a la plañidera y mal pagadora Grecia, los españoles, portugueses, e italianos respondiendo a nuestra condición de pigs nos sumaríamos a esta parasitaria carrera por ordeñar la teta de la Europa trabajadora. Claro es que no parece haber otra salida, ni hoy para los europeos meridionales ni antaño para los judios conversos.  Sin entrar en las diatribas respecto a la etimología, lo seguro es que los marranos fueron forzados a la conversión, lo que no les impidió seguir siendo despreciados, por aquellos mismos que no les daban  elección. Aquellos que en Grecia o Portugal avanzan con mesura razones para salir voluntariamente del euro, sienten que como máximo hay que esperar a que uno le echen "Aquí yace Mosén Diego/ a Santo Antón tan vecino/ que huyendo de su cochino/ vino a parar en el fuego", de la inquisición por supuesto, precisa tras la cita de quevedo Goytisolo.

 Por ello es cuestión de dignidad que se de  una respuesta de estos nuevos  marranos,  pues tan mentira es que no hay  salida fuera de la Europa pasto de los mercaderes, como que no hay salvación fuera de la iglesia.  

 

 

EL ESPEJISMO EUROPEO

Unos años después de nuestra incorporación  a la comunidad europea, en un Buenos Aires sumido entonces en profunda depresión,  un colega argentino me señalaba que, a diferencia de su país,  España se hallaba protegida por la solvencia de sus nuevos partenaires. Eran tiempos en los que centenares de miles de argentinos o uruguayos  aspiraban encontrar un lugar en el selectivo sol de la Europa que  sus padres habían abandonado. Tiempos en los que los brasileños veían en Portugal una posible puerta de entrada. Tiempos  en los que, complacidos en el espejo de una  Europa limpia, ordenada  y laboriosa, pero inseguros de que lo reflejado respondiera a nuestro ser verídico,  los españoles repudiábamos la quebrada imagen de nuestro pasado que representaban los ciudadanos de esos mismos  países que  nos habían acogido en situaciones dramáticas. Tiempos en los que el vocablo "sudaca", confería peyorativa unidad genérica a matices de acento en el seno de una lengua compartida, acentos jerarquicamente polarizados frente a los del Español peninsular.

Sólo unos lustros atrás  los inmigrantes españoles en Suiza, Holanda   Alemania dormían a menudo en barracones  alimentando una nostalgia que, entre otras cosas, les impedía integrarse en el país y aprender la lengua. Hoy los hijos o nietos de aquellos emigrantes están más formados, pero algunos de ellos  se disponen de nuevo a emigrar, sin mucha esperanza de que no hayan resucitado los prejuicios con los que que eran entonces recibidos  sus mayores, si es que algún día fueron realmente enterrados.

 

La canciller Merkel acaba de afirmar que Europa es su pasión. Incide así en las  declaraciones (recogidas hace unas semanas  por Juan Gómez, corresponsal en Berlin de  El País) de su ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, para quien  Europa es "no sólo el futuro sino la pasión de Alemania". Westerwelle  reconocía sin embargo  que la exteriorización de tal sentimiento no siempre ha sido la adecuada, y concretamente que  el lenguaje utilizado en Alemania para referirse a los países mayormente afectados por la crisis financiera, además de revelar profunda ignorancia, es insultante para los ciudadanos de los mismos.

Son sin duda de agradecer las palabras de este responsable. La cuestión si embargo es determinar si, tras casi dos años de iteración de prejuicios y utilización de acrónimos intolerables, habrá manera de suturar la herida, ya sea en la hipótesis optimista de una superación de la crisis.

Espacio mirífico en el que parecía articularse nuestro ser quebrado, Europa  corre el peligro de  convertirse  en un ustorio,  espejo cóncavo  con el que Arquímedes habría logrado abrasar la flota de Marcelo en Siracusa y que hoy  parece  susceptible de fundir todo aquello que en la Europa periférica, moldeada por lenguas, tradiciones culturales o festivas, formas de organización económica y hasta de adecuación al clima, choca con el modelo aséptico de una Europa de hecho inexistente, pero identificado a los países   de la Europa geográficamente nuclear. A la luz de la hermenéutica del movimiento de los mercados, esta visión dual de la pretendida Unión Europea, se generaliza: 

El Presidente Obama, instando a los representantes de los partidos demócrata y republicano a una entente que permita superar el mal diagnóstico de las agencias de valoración respecto a la economía norteamericana, se dirigía al país precisando que Estados Unidos "no es Grecia ni Portugal". Podría haber añadido Irlanda, pero al parecer la inclusión en esta triste lista del hasta hace poco denominado  tigre celta no deber ser politicamente  conveniente en el imaginario americano. Ello no es óbice para que desde el inicio de la crisis a la vez que los polacos (víctimas hace sólo tres años de los prejuicios de quienes en la Irlanda creían  haber superado la condición de europeos marginados) retornan a su país, decenas de miles de irlandeses se disponen a emprender el camino que, en épocas pretéritas, hizo de ellos paradigma del europeo emigrante.

En Irlanda, como en Grecia o Portugal, las reacciones a la situación oscilan entre la exigencia de dignidad, es decir la negativa a ser tratados como europeos de segunda fila (avanzando propuestas alternativas al estado de cosas) y la interiorización humilde y algo genuflexa de la crítica. Actitud ésta que desgraciadamente  se percibe también en nuestro país:

  Hace unos días un comentarista de una radio pública  se refería a lo que  a su juicio sería congénita actitud frívola e irresponsable  de los españoles, señalando que mientras en Alemania se habrían  tomado con disciplina y sobriedad las medidas impuestas por  la unificación,  aquí nos lanzábamos al despilfarro del AVE, obviando el hecho que en la apuesta por este había un pacto de compra de maquinas Siemens... a Alemania, con lo que España contribuiría a financiar esa misma unificación, de hecho tan beneficiosa para lo que se denomina mercado como dolorosa para los trabajadores alemanes.

"Eso no pasa en los países nórdicos", señala como quien  dice una obviedad otro comentarista, que visiblemente ha interiorizado plenamente el cliché según el cual los europeos mediterráneos -en razón entre otras cosas del clima que determinaría caracteres y comportamientos - sólo tendríamos lo que por nuestra triste idiosincrasia merecemos. Y todo aquello que constituía una conquista real  va desmoronándose. Ejemplo inequívoco:

 El 17 del pasado mes  abril el tráfico ferroviario entre Francia e Italia es  bloqueado por decisión de las autoridades francesas que aducen exigencias de orden público. A las protestas de las autoridades italianas esgrimiendo los acuerdos de circulación  de personas conocidos como de Schengen, Francia respondía que los propios acuerdos explicitan la exigencia de pasaporte en regla y la necesidad de justificar la disposición de medios económicos para subsistir en el país de llegada. Unos días después tras una entrevista entre los  dirigentes de Francia e Italia, y eufemística  matización de los principios por la comisión Europea, las medidas presentadas como excepcionales parecen tomar carta de naturaleza, de tal forma que el protocolo de Schengen se suspenderá cuando las circunstancias lo precisen, sin duda en medio de contradicciones: Dinamarca, particularmente reticente al principio de la libre circulación de personas, impone controles en las fronteras con Suiza y Alemania, no tanto pensado en los ciudadanos de estos países como en los extra-comunitarios o comunitarios acuciados por la pobreza.

Una de las ventajas que los españoles veíamos al proyecto europeo es que podría amortiguar el peso de diferendos (desde conflictos lingüísticos a discrepancias fiscales) y prejuicios que  han contribuido y siguen contribuyendo a alimentar la tensión entre comunidades. Pues bien, el resultado ha sido parco. La animadversión  se dispara a la menor oportunidad, sea para unos la adjudicación a San Sebastian de la Capital Cultural Europea, sea para otros la  cifra de beneficiarios de programas sociales en Andalucía. Los clichés se iteran de la manera más impúdica,  y a la par que un alto responsable del gobierno catalán declara que Cataluña es la Alemania de Europa (se sobreentiende que harta de pagar, los festejos de los meridionales), tertulianos de lo más variopinto declaran que los votantes de Bildu (es decir una fracción muy importante de la población vasca) son potenciales terroristas. Mientras tanto en la prensa británica, alemana, francesa en ocasiones u holandesa, los habitantes de la península ibérica seguimos compartiendo junto a griegos, a veces irlandeses y ahora italianos la categoría de PIGS  y no hacen labor de encaje para distinguir al meridional que a sus propios ojos no lo es tanto, distinguir por ejemplo al que, repudiando su pertenencia a Italia se reivindica miembro de la funambulesca Padania.

Reaccionar al estado de cosas supone, en el registro individual, asumir la propia situación social y el propio problema y, en el registro colectivo   apuntar a una fraternidad de los pueblos en general y de los europeos en particular cimentada en algo más que en el espejismo de pertenencia a una filiación prestigiosa. Denunciar como insoportable las frases hirientes para comunidades enteras que hoy se oyen casi como cosa trivial. Desmontar los clichés categorizadores de unos y otros  y sobre todo desterrarlos en uno mismo.

 

[Publicado el 25/7/2011 a las 10:49]

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El pensar y la matriz del deseo

Aquello que acompaña en permanencia nuestras representaciones es designado por Kant como el yo, esa dimensión inevitable de nuestro ser que en ocasiones confundimos con la capacidad que el  humano tiene de auto-contemplarse, de aprehenderse a sí mismo en un espejo interior, es decir, con la conciencia, que casi es redundancia designar como conciencia de sí, pues cuando no es de sí de lo que se trata, puede haber ciencia (y otras formas de despliegue del espíritu) pero no precisamente conciencia.

De ahí la importancia de las circunstancias en las que en el pensar escaso peso tiene la reflexión de ese  yo que acompaña todas nuestras representaciones. Circunstancias que envuelven al filósofo en el momento verídico de su reflexión y al científico en la fragua de una fórmula.  Importancia asimismo de las circunstancias en las que este  inevitable  yo es efectivamente el punto de partida...para una inmersión en la que los intereses inmediatos de ese yo son superados. Una inmersión que permite reencontrar la matriz en la que la condición humana se fraguó en cada uno de nosotros, encontrar la atmósfera prístina en la que emergió no exactamente el yo sino el nudo de relaciones que constituye el sujeto lingüístico.

La tensión del pensar  redime, mientras que la ausencia de tal tensión cosifica todos los aspectos de la vida, incluido el deseo,  de tal manera que, cabe decir, la presencia  del otro para el  ser que no acepta el reto del pensar, la presencia del otro para el ser marcado por la abulia,  no es promesa de vínculo, sino coartada  para perdurar en el solipsismo: falsa alteridad encubriendo real onanismo.

Una vez más resuena la sentencia de  Aristóteles: el deseo del hombre es subsumir las cosas bajo conceptos. Y cabe decir que  tal deseo marca la sexualidad humana, separándola irreversiblemente  de la sexualidad meramente animal y haciendo que, para los individuos de nuestra especie, amar sea indisociable de dirigirse la palabra.

 

Post-scriptum sobre las condiciones sociales

Un político catalán se lamentaba al parecer de que durante los acontecimientos que tuvieron como una de sus expresiones la ocupación de la plaza de Cataluña, no encontraba interlocutor que pudiera hablar en nombre del colectivo. Posiblemente se estaba quejando asimismo de que los manifestantes y ocupantes de la plaza no parecían-en ocasiones al menos- responder a  máximas de comportamiento ético incorporados a partir de un discurso exterior, por así decirlo a nadie obedecían. Y en efecto:

Los ciudadanos no necesitamos profesores de virtud y en consecuencia tampoco necesitamos guías espirituales. La función social del profesor de virtud es más bien la de vehicular normas a través de las cuales se fragua el cotidiano yo, caracterizado por su fidelidad a abstracciones y no precisamente  por el esfuerzo en pos de juicio y criterio. Sólo en la medida en que  no respondemos a exigencias de reforzar la forma de vida sustentada en tales lazos,  fertilizamos  la simiente de lo que en nosotros puede aun perdurar de ciudadanos. Por aludir al problema en términos filosóficos: aquello que Kant denomina imperativo categórico es un universal del espíritu humano, aunque efectivamente sea tarea ardua el mostrar que es así. Un filósofo que se ocupa de ética no tiene que predicar el bien, sino inducir a seguir a Kant en los meandros de la Critica de la Razón Práctica, a fin de  justificar la sospecha de que  el criterio ético se encuentra en todo ser de razón. Otra cosa es que en la práctica el ser de razón  responda a tal criterio, asunto en el que pesan las condiciones sociales de posibilidad. 

[Publicado el 18/7/2011 a las 09:00]

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Obediencias: la intimidad como reducto

Preliminar sobre las condiciones sociales: cuando el cuerpo no es espejo del alma  obediente.

Me escribe Felix de Azúa  unas líneas relativas a mi evocación de la tesis de Chillida según la cual si le quitas los pliegues y otras singularidades topológicas omnipresentes en cuadros como el descendimiento de Roger van der Weyden, nada queda de los mismos; tesis que yo utilizaba para defender  que si se hace abstracción de sistema de obediencias de las que somos sujetos pasivos nada queda de lo que denominamos yo

Azúa me señala que  la importancia de los pliegues residía en que el cuerpo cuyas vestiduras se reducían a pliegues   representaba "la institución misma (uno era lo que vestía)". A su juicio en el umbral de la modernidad, con el movimiento romántico, el cuerpo pierde entidad y la representación se focaliza en el paisaje, que sería el mismo  puro pliegue. "Un paso más y sobre la tela flotarán unas líneas sinuosas en representación de sí mismas". Y Felix de Azua establecía una analogía con los manifestantes de Barcelona a los que yo me refería en mi columna,  "puro estar ahí sin cuerpo", indica.

Sin cuerpo,  matizaría  por mi parte, que fuera representación de institución  partidista, político-administrativa o económica, pero tampoco  de la conciencia de intereses familiares o patrióticos, y ni siquiera representación de intereses  y deseos vinculados a lo que se considera esfera íntima. En suma: cuerpo que se resiste a representar  todo aquello de  lo que suele ser espejo el cuerpo.  Unos u otros de tales motivos podían  estar presentes en cada uno de los individuos,  pero  simplemente no contaban, no eran  el motor de lo que había canalizado hacia la barcelonesa Via Layetana a decenas de miles de personas. No se trataba en suma de una mera superposición de intereses  de los cuales   cabe legítimamente sospechar que son fruto de obediencias. Se ha señalado en todas partes la importancia de que  ningún poder mediático o institucional hubiera convocado a la evocada manifestación. Pues bien: dadas las lamentables circunstancias actuales, dado el divorcio entre las instituciones públicas o privadas y el ideal de ciudadadanía, esa manifestación sin precepto era expresión de  un pensamiento irreductible y auténticamente popular, cuyo primer lema es que las condiciones sociales actuales hacen imposible la libertad, que sin libertad no hay vida del espíritu y sin vida del espíritu simplemente no hay humanidad.

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 BORROSAS FRONTERAS DE LA INTIMIDAD

 

 

Basándome en unos párrafos de Descartes me refería en pasadas columnas al perezoso y conservador yo forjado en la huida de la confrontación (en el caso de Descartes confrontación con una todopoderosa  voluntad de engañar, un Dios "que dedica toda su industria a engañarme"), frente al sujeto del pensar,  que  repudia tanto la situación de ser engañado como la sumisión que ello conlleva. Sugería que el yo, que consideramos una suerte de reducto inexpugnable es en realidad un constructo, la expresión quintaesenciada de un conjunto de aspectos que configuran lo que consideramos esfera íntima de nuestra vida. De ahí que  la sospecha en relación al yo sería útil que se extendiera al concepto mismo de intimidad. Si el pensamiento fértil tiene como condición necesaria el superar la tiranía del yo, quizás deba  con mayor generalidad superar la tiranía de la intimidad.

"Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de la familia". Así presenta el diccionario de la Academia el término intimidad...en su segunda acepción, pues  la primera es la de amistad íntima, dónde el calificativo hace referencia a lo más interior o interno.

Hay como general acuerdo  que lo íntimo constituye un ámbito  que ha de ser respetado. Pero desde luego hay serias divergencias respeto a las fronteras de la intimidad. Recuerdo que en Francia se consideraba de mal gusto preguntar a alguien por su voto, por considerar que la decisión respecto al mismo habría de ser tomada en meditación consigo mismo, y ello fueran cuales fueran las actitudes políticas de la persona en cuestión, sobre las cuales no existía ningún tabú y hasta era convencional el expresar profusamente.

Obviamente esta polaridad entre las convicciones políticas, que pueden ser exteriorizadas por ser consideradas públicas,  y la decisión íntima de tal o tal voto se diluye en ocasiones. En un régimen totalitario se exterioriza una cosa aunque se piense otra...íntimamente.

Cabe  incluso que se llegue a invertir la situación: votar lo que todo el mundo sabe que se vota, mientras que lo que realmente se piensa en materia de político es impublicable, reservado para sí o en todo caso expuesto "a vista de pocos, familiar y domésticamente" o sea de manera privada.

La intimidad, aleatoria pues dependiente de normas y relaciones de fuerzas cambiantes  se halla en todo caso  amenazada, cuando el entramado social tiene fuerza para hurgar en las conciencias, por ejemplo torturando, o mediante instrumentos como la obligatoria confesión. Instrumento este último para abolir las fronteras de la intimidad mucho más  eficaz que la fuerza, como bien sabe el poder vaticanista, al menos desde la revolución ignaciana, que marca a hierro las conciencias para que sólo en la desnudez de la confesión quepa la reconciliación con uno mismo.

 Si el desvelo de la intimidad ajena ha sido una constante (sea por procedimientos inquisitivos, coercitivos sin tapujos o persuasivos en apariencia), no lo es menos el deseo de tal exteriorización. Complicidad dialéctica bien conocida por los publicistas,  paradigma de lo cual es que para determinada  casa de prendas de vestir se haya elegido el término intimissimi.

En cualquier caso, más o menos reducida en su espectro, la intimidad del otro es un reducto de la alteridad.  Si la intimidad del otro no fuera tabú no habría deseo de franquearla y si la intimidad propia no fuera el ámbito de la identidad no la protegeríamos de la incursión ajena.

Sentimos que la intimidad es nuestro ser, ocultado  en ocasiones por la urgencia de adecuarse a circunstancias ajenas, adecuarse al guiñol social determinado por relaciones de fuerza afectivas, económicas, etcétera. Podemos estar reconciliados con este ser íntimo o por el contrario considerarlo vil, cobarde o  impostor, mas en todo caso experimentamos que acompaña todas nuestras representaciones del mundo y marca el papel más o menos cambiante  que nos asignamos en él.

Todos sospechamos que el impulso que nos lleva a comer un helado es en realidad un acto de mera obediencia. La cosa no es muy diferente tratándose de la degustación de un vino, o de la emoción fetichista provocada por una prenda que luce el eventual partenaire sexual.  Nuestra vida es ya como una piel reducida a poros por los que se infiltra esa modalidad del mal que es la reducción de toda cosa a mercancía. Somos lo que deseamos y deseamos lo que está mandado. Y sin embargo...es imposible que siempre haya sido así. La apertura originaria al mundo, el momento en que el in-fante  da paso al ser de pensamiento y de lenguaje, no consiste en mediatizar las cosas por el valor sino el mediatizar las cosas por las palabras. De tal apertura queda en cada uno de nosotros necesariamente un rescoldo. Hacer que reviva este rescoldo, restaurar el momento en que  la exhaustiva porosidad de nuestra superficie sea infiltración de las palabras,  a la vez que apuesta por la dignidad propia (la inmersión redentora expresada en la metáfora del pozo artesiano) es apuesta por la realización colectiva, redención de uno mismo en una práctica modificadora del nudo relacional que es siempre el hombre. Uno en la pólis, es decir, cabalmente ciudadano.

[Publicado el 11/7/2011 a las 09:52]

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Pliegues que agotan el cuadro... Obediencias que agotan el yo

Ante El Descendimiento de Roger van der Weyden, percibiendo la constancia en la historia del arte de determinadas  singularidades topológicas que toman forma de pliegues,  Eduardo Chillida se preguntaba: ¿si le quitas los pliegues al cuadro qué queda del cuadro?   Contrapunto sombrío de esta espléndida pregunta sería la siguiente ¿qué queda del yo ordinario si pones entre paréntesis la filiación deportiva, el anclaje familiar, el deseo obediente a estereotipos, la filiación patriótica..?

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Perezoso y conservador yo huyendo de la confrontación con la fuente del engaño, frente al sujeto del pensar,  que se resiste a ser engañado y combate la situación en la que el engaño es elemento engrasador. Así interpretaba en la última columna la polaridad cartesiana entre, por un lado,  la estéril actividad del sujeto atado por las circunstancias  determinantes de la "ordinaria manera de vivir", sujeto focalizado en sí mismo,  en  la conciencia de sí,  y  el sujeto cuya esencia es el pensamiento  en acto,  sujeto  indisociable de las ideas que le ofrecen resistencia, sujeto en conflicto, sujeto transitivo, sujeto  intrínsecamente tensado, me atrevería a decir trabajador, si el término trabajo  no tuviera las connotaciones de actividad esclava que desgraciadamente tiene y que lo sitúa en las antípodas de la actividad a la que estoy refiriéndome: así el escultor que explora el espacio o el científico que lo archiva en una fórmula piensa de manera intensa, pero apenas tiene conciencia de su universo propio;  apenas responde al yo que acompaña las representaciones cotidianas.

El sujeto que ha desalojado en sí mismo las trabas que impiden realizar las potencialidades de su condición, el sujeto que se experimenta como  epifanía  de un esfuerzo  holístico, el sujeto que fertiliza en sí  lo que responde al rasgo general de la humanidad,  el sujeto motivado por el deseo de pensar, el sujeto en suma que  hace  inmersión en su interior pozo artesano,  se va desprendiendo del lastre que supone un yo anclado a la mera subsistencia y alimentado por la bazofia ideológica que, en la esclavitud real,  cimenta el edificio del consuelo imaginario, entre otras cosas por tratarse de una universalidad contradictoria, pues la apuesta por el primado del propio clan, la propia patria, el propio equipo y en definitiva el propio ego, choca con idéntica apuesta en el otro.

 

 

Post-scriptum sobre  las condiciones sociales

Si durante la manifestación que reunió hace unas semanas a decenas de miles de personas en la barcelonesa Via Layetana, alguien hubiera preguntado por las razones subjetivas que habían llevado a acudir a la convocatoria, posiblemente las respuestas serían no sólo muy diversas, sino en ocasiones opuestas y hasta contradictorias. Allí había gente que comulgaba más o menos con un ideario naturalista o animalista  y gente que respondía al lema (para algunos periclitado) de la lucha de clases; gente que podía lamentar la ausencia de referencias a la causa del catalanismo y gente que no se sentía en absoluto afectada por este asunto; gente confiada en  que alcanzar un mundo más digno es cuestión de acuerdo entre seres de buena voluntad y gente  convencida de que todo es asunto de relación de fuerzas...Pues bien: me atrevo a decir que estas  diferencias carecían de importancia y ello en razón de que las motivaciones subjetivas eran mera oportunidad para que se manifestara  una razón común la cual  podía incluso  ser contradictoria con lo que cada uno  creía que le motivaba. Esto se notaba también al nivel de los discursos,  en ocasiones brillantes, en ocasiones indigentes, pero igualmente carentes de peso ante el movimiento holístico en su esencia y portador de un saber  asimismo holístico, forjador de un sujeto presente en cada uno pero difícil de reconocer en ese uno.

[Publicado el 04/7/2011 a las 10:11]

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Pasiva esclavitud versus cartesiana. Manera de vivir

Aludía en una columna anterior a esos pozos artesianos que en la región francesa de Artois hacían que  el agua brotaba a la superficie con fuerza proporcional al ímpetu con el que se  atravesaba la capa impermeable. Señalaba asimismo que  en la Recherche de Marcel Proust el pozo artesiano es parábola  del esfuerzo del espíritu, cuando efectúa  una inmersión  en sí mismo, a fin de taladrar  las  sucesivos estratos,  trabados con prejuicios, clichés y construcciones edulcoradas  sobre la propia condición o el propio destino...taladrar en definitiva las capas de desidia y resistencia, expulsando los residuos, a fin de dar espacio para la buena semilla de la metáfora o la fórmula.

Defendía la tesis  de que esta suerte de purificación redentora es asimismo la condición de una apertura a la alteridad, de una sustitución del ego hermético por el yo transitivo, el yo productivo, intrínsecamente vinculado a los demás, efectivo nudo de relaciones, del que es paradigma el je pense  de Descartes. Quisiera  hoy centrarme en este punto.

En el momento álgido del Discurso del Método, el Descartes que sólo halla razones para poner en tela de juicio las convicciones más arraigadas, procedan de la moral o de la ciencia,  encuentra en el hecho de que hay pensamiento una certeza apodíctica.  Es de señalar que la estrategia de la duda barre desde el primer momento la propia realidad fisiológica, es decir lo que podríamos considerar nuestra identidad individual como animales:

 "Me consideraré a mí mismo como sin manos, sin ojos, sin sangre y sin sentido alguno y creyendo falsamente que tengo todo eso. Permaneceré obstinadamente en ese pensamiento y si, por dicho medio no me es posible llegar al conocimiento de ninguna verdad, al menos está en mi mano suspender el juicio. Por ello, tendré sumo cuidado en no dar crédito a ninguna falsedad y dispondré tan bien mi espíritu contra las malas artes de ese gran engañador que por muy poderoso y astuto que sea nunca pondrá imponerme nada".

Aparece entonces la célebre frase: "pienso, luego soy". Sin embargo esta primera persona que piensa es inmediatamente presentada como "una cosa que piensa", sugiriendo así que el sujeto del pensar, lejos de identificarse al ego y el cúmulo de sus intereses, es intrínsecamente transitivo tensado, dialéctico y creador:

 "¿Qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina y también y  que siente"

Lo único que en este texto plantea problema es el sentir. En efecto, ¿no habíamos acordado, llegados al paroxismo de la duda, que en lo sucesivo nos consideraríamos sin manos, sin ojos, sin carne, sin sangre, sin sentido alguno? Descartes precisaba sin embargo: "creyendo falsamente que tengo todo eso, aspecto de la cuestión sobe el que retorna: "De todas maneras no es menos cierto que me parece ver, oír, sentir calor, y eso es propiamente lo que en mí se llama sentir, y así precisamente considerado, no es otra cosa que pensar"

¿Qué nos dice, en definitiva el  yo pienso cartesiano? Pues que hay una cosa de la que no puedo en modo alguno dudar, a saber, que en todo momento tengo la cabeza llena de ideas, ideas de un tipo u otro pero ideas. Inténtese encontrar la menor razón para dudar e ello y se comprobará  inmediatamente que lo único con lo que se tropieza es con ideas, se comprobará que es imposible ver la no visión.

Pero hay ideas e ideas, hay ideas fruto de  la tensión y fertilidad del espíritu y que son correlato de   ese sujeto relacional al que antes me refería y hay ideas que reflejan más bien la astenia del espíritu, ideas pasivamente asumidas ("idées reçues", en la lengua francesa) o que fueron fruto de un juicio que ahora no tensa el espíritu (ideas  "rabachées" masticadas hasta la descomposición y que ya no son alimento). Ideas que   cierran el paso al yo que activamente piensa, que resiste a los prejuicios establecidos. Y así este último que se había propuesto resistir a la matriz de prejuicios,  al Dios que  "aplica toda su industria en engañarme" (sustituyan la palabra Dios, por otras como patria, mercado, o familia  y se reconocerán de inmediato en la situación) siente que se debilita:

"Pero un designio tal es arduo y penoso, y cierta desidia me arrastra insensiblemente hacia mi manera ordinaria de vivir, y como un esclavo que goza  de sueños en sueños en una libertad imaginaria, en cuanto empieza a sospechar que su libertad no es sino un sueño, teme despertar y conspira con esas gratas ilusiones para gozar más largamente de su engaño, así yo recaigo insensiblemente en mis antiguas opiniones y temo salir de mi modorra, por miedo a que las trabajosas vigilias que habían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en vez de procurarme alguna luz para conocer la verdad, no basten a iluminar por entero las tinieblas de las dificultades que acabo de promover"

 La pereza, la desidia, cómplices de nuestra "manera ordinaria de vivir", abonan una condición de confortable esclavitud. Y cuando se da un atisbo de lucidez sobre la objetivamente penosa condición, esta misma  lucidez hace vislumbrar lo duro y hasta quizás infructuoso que será el esfuerzo por liberarse y entonces  la modorra empuja a perdurar en la ciénaga.

En la medida en que  lo designado por Descartes como "manera ordinaria de vivir" es identificado a la esclavitud, el yo que se agota en esta ordinaria manera de vivir, es un yo esclavo, y egoístamente  consentidor de su situación, pues se trata en definitiva de un yo configurado  por la esclavitud misma, configurado a la vez por  la jornada agotadora y por las  complementarias horas de ocio que alimentan la  modorra...polaridad contra la que se revela el yo transitivo al que antes me refería, el yo surgido en el repudio  del binomio trabajo-esclavo/evasión contraponiendo al primer polo  la tensión del espíritu en el esfuerzo creativo,  y al segundo ese reencuentro de la propia humanidad en el otro en el que Kant veía la esencia del juicio compartido ante la obra de arte.

El texto de Descartes es trasparente: perezoso y conservador yo huyendo de la confrontación con la fuente del engaño, frente al sujeto del pensar,  que  repudia tanto la situación de ser engañado como la sumisión que ello conlleva.

 

Post scriptum sobre las condiciones sociales: La cuerda que ahorca al que se ahoga

Hace muchos años, el dibujante francés Wolinsky mostraba en una de sus viñetas a un   hombre que ante los gritos de alguien que se está ahogando, le lanza una cuerda con extremo circular... que se revela ser mortal soga. Evocaba esta imagen al seguir la  pantanosa negociación que condujo  al pretendido acuerdo entre jefes sobre la deuda griega. Uno de los escollos a resolver  eran las tremendas condiciones  del "rescate" anterior, impuestas tanto por la Comunidad Europea como por el Fondo Monetario Internacional. Esta última institución fue concretamente la que hace un año exigió el "ajuste" que supone más sudor y desesperación para los trabajadores griegos tanto del sector público como del privado, y sin el cual Grecia no recibiría en julio los 12000 millones de euros sin los cuales no podría hacer frente a sus pagos. Conviene no olvidar que el responsable del Fondo era entonces el socialdemócrata Strauss- Khan, y que el forzado a aceptar es el también socialdemócrata Papandreu. Pues bien:

Leo en un informado artículo de Xavier Vidal- Folch que la gestión del FMI por Strauss- Khan no sería suficientemente rigurosa a juicio de los partidarios de una desregulación aun mayor de la economía, y que consideran que rescates como el griego o el irlandés son medidas contrarias a la razón económica. Al parecer la candidata Christine Lagarde (¡ministra de Sarkozy!)  sería a los ojos de tales caballeros (o damas que también las hay) partidarios de estricta ortodoxia liberal sospechosa de contaminación por moribunda bacteria socialdemócrata. "...Al que tiene le será dado y al que no tiene le será arrancado" Para el que se ahoga ni siquiera ese momento iluso en el que cree que el lazo de la cuerda ceñirá su tronco y no su cuello.  

 

 

[Publicado el 27/6/2011 a las 11:11]

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Pozo artesiano del pensamiento y subversión política

Preliminar sobre las condiciones sociales:

"Ells tenen els discursos...el poble la paraula"

Un ex mandatario de un partido catalán, en resentida lucha con sus ex-correligionarios que le han privado de poder,  que desde hace años encarnaba el repudio del ideario (republicano y de izquierdas) que rezan las siglas de su antigua  formación, comentando  las recientes movilizaciones sociales en Cataluña,  saliva en un medio digital esta viscosa mucosidad: "Los españoles[...]lo mejor es que no se equivoquen en el mapa, se meen, pinchen, griten e insulten donde les corresponde, en su país".

¿En qué España sería tolerable y hasta conveniente que los españoles mearan? ¿En la España de la resistencia  a la amenaza  del capitalismo en su forma totalitaria o fascista, o en la España de los que sojuzgaron  en primer lugar al propio pueblo español? ¿En la España de Miguel Hernandez, Lluis Companys (ministro que fue de la República), los miles de catalanes que participaron en la resistencia de Madrid y el Pabellón Republicano de la exposición de Paris...? ¿O en la España que fusilaba en Badajoz, y (en el plan de estabilización del Opus Dei) forzaba al exilio a millones de damnificados económicos? El evocado político  no tiene  en este caso  escrúpulos de detalle,  ni apunta a la acuarela. Tratándose de España, el trazo gordo le parece permitido. Sin duda no se hubiera atrevido a hablar de esta manera si no hubiera sentido que al hacerlo con motivo de un ataque al movimiento llamado de los indignados  ganaba puntos a los ojos de quienes intentan privar de legitimidad a su causa por una supuesta desvinculación con Cataluña. El perro escuálido -o percibido como tal- quizás no atrae  a pulgas pero si  a garrapatas. Pero parece que  el fracasado político  se equivoca y el perro no está  en absoluto...

Cuando la relación de fuerzas se muestra favorable a las causas liberadoras,  la energía se despliega en la superficie misma del espacio social. Las ideas portadoras de novedad se confrontan horizontalmente, retirándose las que se revelan menos fértiles, mientras que las dialécticamente poderosas son  gozosamente asumidas y erigidas de inmediato en armas. Mientras la tensión dura, tales ideas  se fortalecen aún más, la  inevitable puesta a prueba las depura,  sus aristas se afilan y su capacidad de socavar se hace proporcional a su potencia redentora.

Cuando las plazas españolas en el pasado mes de mayo se convertían en lugares dónde se ponían  de relieve  las irremediables contradicciones del sistema de mercado y la inutilidad del intento socialdemócrata de regularlo, la razón humana se fertilizaba y los legitimadores de la sociedad que hace inevitable la esclavitud empezaban   a  sentir peligro... En el día que escribo la atmósfera de la Vía Layetana barcelonesa  ha hecho con certeza olfatear ese peligro a las fuerzas sociales, políticas, mediáticas, y sobre todo económicas que,  no sólo creían tener en sus manos  el destino de los ciudadanos de Cataluña, sino también  estar en condiciones de canalizar hacia falsas querellas  la reacción de esos ciudadanos a la injusticia de tal destino.

Una Vía Layetana rebosante de personas que con  muy diversas expresiones, en  catalán,  castellano o alternancia de ambas lenguas,  proclamaban la irracionalidad, el intrínseco desorden, lo profundamente injusto, y hasta lo vejatorio del régimen económico imperante,  denunciando  la falacia de la resistencia meramente verbal de la clase política denominada de izquierdas, y sin permitir que la pertenencia lingüística o el posicionamiento de cada uno en relación a la identidad catalana escindiera respecto a la causa común...esto-con tal pureza de objetivos- no se había visto en Barcelona desde los tiempos de la República.

De entre la multiplicidad de carteles esgrimidos retengo el siguiente: Ells tenen els discursos...el poble te la paraula. Hueros discursos, en efecto, en el Parlament catalán o en las Cortes españolas, frente al decir verídico que caracteriza la reivindicación de   dignidad   y  la   rebeldía  inherente a la misma. Decir verídico que no es reductible a la suma de los decires de los manifestantes  en la Vía Layetana y quizás ni siquiera coincide con lo que cada uno se dice a sí mismo. Este domingo, tan poco futbolero y tan triste para políticos como el arriba citado,  ha constituido para muchos ciudadanos de Cataluña  un  día efectivamente festivo.

 

INMERSIÓN EN EL POZO ARTESIANO

"Cabe decir que las obras, como en los pozos artesianos, ascienden tanto más cuanto más profundizó el dolor en el corazón"

 

En el siglo XIII, los visitantes de la región francesa de Artois constataban  la existencia  de extraños pozos en los que al efectuar la perforación el agua brotaba a la superficie con fuerza proporcional al ímpetu con el que se  atravesaba la capa impermeable. Si en la Recherche de Marcel Proust el pozo artesiano es parábola del trabajo del arte, podría serlo asimismo del trabajo de la ciencia, y en general del esfuerzo del espíritu, que  supone siempre efectuar  una inmersión  en si mismo, a fin de taladrar  las  sucesivos estratos,  trabados con prejuicios, clichés y construcciones edulcoradas  sobre la propia condición o el propio destino...taladrar en definitiva las capas de desidia y resistencia, expulsando los residuos, a fin de dar espacio para la buena semilla de la metáfora o la fórmula.

Ha de añadirse que esta suerte de purificación redentora, es asimismo la condición de una apertura a la alteridad, de una sustitución del ego hermético por el yo transitivo, el yo productivo, intrínsecamente vinculado a los demás, efectivo nudo de relaciones, al que aquí me he referido en relación al je pensé de Descartes. El sujeto que ha desalojado en sí mismo las trabas que impiden realizar las potencialidades de su condición, el sujeto que se experimenta como  epifanía  de un esfuerzo  holístico, el sujeto que fertiliza en sí  lo que responde al rasgo general de la humanidad,  el sujeto motivado por el deseo de pensar, el sujeto en suma que  hace  inmersión en su interior pozo artesano,  se va desprendiendo del lastre que supone un yo anclado a la mera subsistencia y alimentado por la bazofia ideológica que, en la esclavitud real,  cimenta el edificio del consuelo imaginario (entre otras cosas por tratarse de una universalidad contradictoria, pues la apuesta por el primado del propio clan, la propia patria, el propio equipo y en definitiva el propio ego, choca con idéntica apuesta en el otro).

La tensión del pensar  redime, mientras que la ausencia de tal tensión cosifica todos los aspectos de la vida, incluido el deseo,  de tal manera que, cabe decir, la presencia  del otro para el  ser que no acepta el reto del pensar, la presencia del otro para el ser marcado por la abulia,  no es promesa de vínculo sino ocasión de masturbación.

Una vez más resuena la sentencia de  Aristóteles: el deseo del hombre es subsumir las cosas bajo conceptos. Y cabe decir que  tal deseo marca la sexualidad humana, separándola irreversiblemente  de la sexualidad meramente animal,  y haciendo que para los individuos de nuestra especie amar sea indisociable de dirigirse la palabra.

La inmersión redentora expresada en la metáfora del pozo artesiano es a la vez  apuesta por la dignidad propia y apuesta por la realización colectiva, praxis transformadora de uno mismo que desbloquea el estatus de la siempre interconexionada humanidad, y así praxis efectivamente política.

[Publicado el 20/6/2011 a las 12:45]

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía

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