Universo de entidades latentes
El mundo que aporta un extranjero
Supongamos que un físico cuántico se traslada con su equipo a un territorio no perteneciente al universo cultural marcado por la civilización técnico-científica que es la nuestra ( por ejemplo el territorio de una de esas comunidades visitadas y dadas a conocer hace más de medio siglo por Claude Levi-strauss) y cuenta con los medios para instalar una escuela de formación, un sofisticado laboratorio, y los instrumentos para efectuar experimentos como los que hoy se realizan en el CERN de Ginebra.
Supongamos asimismo que motivado por el deseo de confrontar alguna tesis antropológica, nuestro hombre elige un grupo de jóvenes, lo más cercanos posible a la adolescencia y que complementa la educación que convencionalmente reciben con una dosis selectiva de nuestra formación científica. Los jovenes son iniciados a la aritmética y a la geometría, posteriormente al cálculo diferencial e integral y finalmente a la topología, con profundización en los espacios de Hilbert.
Es necesario enfatizar que esta iniciación matemática transcurre en paralelo con el aprendizaje de las técnicas propias de la cultura autóctona y relativas a la subsistencia y a la ornamentación, así como ritos iniciáticos, música genuina etcétera. Se trata en suma de personas que, a lo exigido para su plena integración en el medio social que es el suyo, aúnan la condición de matemático, o por mejor decir: la condición explícita de matemático. Precisión esta última que evita tomar aquí partido respecto a la tesis platónica según la cual la matemática sería un universal antropológico, de tal forma que nadie podría realmente ser parte integrante de la sociedad humana sin llevar en su espíritu potencialidades matemáticas que la enseñanza se limitaría a enriquecer y actualizar.
En cualquier caso los así formados en la matemática pasarían después a adquirir una formación en física, pero no se empezaría por la física newtoniana o la relativista, sino directamente por la teoría cuántica, en la versión standard de la misma, a la que en estas columnas me he venido refiriendo a menudo que arranca en una serie de postulados que tienen enormes consecuencias para nuestra interpretación de la naturaleza.
Al cabo de un tiempo de estudio esos jóvenes se hallan familiarizado con las fórmulas relativas a lo que cabe esperar respecto al valor cuantitativo de un observable aun no medido; familiarizados asimismo con la probabilidad de que un valor concreto sea el que sale en una de las medidas, etcétera.
Como hemos dicho que el equipo dispone sofisticados instrumentos de investigación, los jóvenes han podido verificar lo bien fundado de tales previsiones y... de algunas más. Han constatado así que al efectuar lo que se llama una medida de Bell en partículas distintamente localizadas, se establecen entre ellas correlaciones que las hacen de hecho inseparables. Constatan asimismo que en ciertas condiciones el hecho de comunicar tal vínculo entre dos grupos de partículas no contiguos, hace que este se contagie a otros dos grupos de partículas, situados en ámbito espacial diametralmente opuesto al de los primeros (entanglement swapping en la terminología anglosajona).
Los protagonistas de nuestro apólogo constatan en suma modalidades de comportamiento que poco tienen que ver con el de las cosas que forman parte de su entorno y delimitan su vida cotidiana. Pues estas últimas dan muestras de un especial tipo de regularidad en su comportamiento, como si obedecieran a leyes que parecen no afectar a las primeras. Esos jóvenes nunca antes habían reflexionado en los caracteres de tal comportamiento regularizado, pero quizás sí lo hacen ahora incentivados por el contraste.
Se dan cuenta de que la confianza en esa ordenación de los fenómenos naturales es un ingrediente fundamental de su propia existencia. Y como consecuencia de ello viven confiados en que el mal que afecta a una persona no se contagia sino a aquellos que se hallan en contacto con la misma; confiados en que si han dejado ubicado y a buen recaudo algún objeto, este se halla protegido por una existencia independiente respecto a los objetos que se hallan distanciados; confiados en que estas cosas independientes tienen ciertas propiedades inherentes y que para modificar estas propiedades de las cosas (mediante las cuales se distinguen unas de otras) no basta con una intervención meramente imaginaria en las mismas ; confiados en que si la ingestión de determinada pócima resulta favorable para tal estado patológico, en caso de repetición de la patología el efecto a esperar de esa ingestión será aproximadamente el mismo...
Observando el comportamiento de los oriundos de esta nueva cultura, el extranjero se diría que, al igual que los habitantes de su propio país, su espíritu se halla configurado por la idea de localidad-contigüidad, por la certeza de vivir en un continuo poblado de individuos, por la convicción de la irreductibilidad de las cosas al espíritu que meramente las piensa, y por la sumisión de esas mismas cosas a vínculos de causalidad. Tienen todo ello en la cabeza, aunque nunca lo hayan reflexionado, lo tienen ya sea como principios constitutivos o innatos, ya sea como resultado de un proceso de inferencia.
Ciertamente en ocasiones estos principios rectores parecen ser transgredidos, pero ello como consecuencia de poderes raros, los del hechicero por ejemplo, que logra provocar el mal en una persona interviniendo sobre su efigie. Sin embargo el hechicero trasgrede los principios, ni los ignora ni los trasciende. Pues precisamente porque hay transgresión hay anclaje en esos mismos principios. El entorno y la propia vida se hallan regidos por leyes cuya puntual violación en virtud de poderes ocultos no hace sino poner de relieve su peso. Nada que ver con aquello a lo que se ven ahora confrontados, tanto en el dominio práctico (en el laboratorio que el extranjero ha introducido en sus vidas) como en el teórico (en sus computaciones matemáticas )
Pues cabe suponer que simplemente nadie les ha dicho que la Mecánica Cuántica tiene que ver con el ámbito cotidiano, nadie les ha dicho que en la matriz de la misma se halla una tentativa de dar cuenta de ese ámbito cotidiano, nadie ha vinculado el comportamiento de esas partículas al comportamiento de los fenómenos de inmediato percibidos, y por consiguiente no encuentran chocante que las cosas no funcionen en tal ámbito como funcionan en la cotidianidad.
Los jóvenes matemáticos experimentales no creen estar tratando de la naturaleza, no creen así ser lo que nosotros llamamos físicos, término para el cual tienen un palabra equivalente, pero designativa de una práctica cognoscitiva muy diferente de esta nueva en la que el extranjero les ha iniciado.
Se trata para ellos simplemente de un horizonte paralelo, un horizonte de entidades cuyas propiedades tienen una pluralidad de valores posibles, uno de los cuales por razones en parte misteriosas llega a imponerse sobre los demás; entidades que muestran incompatibilidades entre rasgos que en el mundo de la cotidianidad no solo se perciben en una misma cosa, sino como caracteres definitorios de la misma.
Espero que este apólogo ayude a la intelección de algo ya en columnas anteriores expuesto y que hoy retomo.
[Publicado el 29/12/2011 a las 09:00]
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El político sueco Jimmie Aakesson ha convencido a casi un 6% de sus compatriotas de que las ayudas sociales están siendo acaparadas por parásitos procedentes de la inmigración, particularmente musulmana, lo que privaría a los laboriosos suecos de adecuada protección. Recuperando los contenidos del "nuestro pueblo primero", lema del Bloque Flamenco ilegalizado en 2004 por su carácter xenófobo, el NVA, victorioso en las últimas elecciones belgas, además de la estigmatización de inmigrantes tiene como objetivo prioritario el liberar a Flandes del indeseable vínculo con la Valonia sureña, denunciada por el carácter parasitario de su economía. Hace unas semanas en un gran diario barcelonés el directivo de una consultoría económica madrileña, defensor de un "federalismo competitivo", tras afirmar que "en el sur hay quien se pasa la tarde jugando tranquilamente al dominó gracias al subsidio del Estado", reducía el problema catalán al hecho de que "las masivas transferencias de renta al sur son hoy injustas". Sin duda se curaba en salud precisando que no estaba "diciendo que los andaluces y los extremeños sean unos holgazanes".
Obviamente, 20 años atrás, programas políticos de este cuño y declaraciones tan impúdicas hubieran sido de inmediato objeto de repudio. Hoy no lo son, en razón de que la gestión del prejuicio y el resentimiento se ha convertido en un expediente trivial de la confrontación política. Por ceñirme a nuestro país, la relación entre quienes se sienten españoles y quienes se sienten ante todo catalanes, envenenada por columnistas de Madrid que tildan a Montilla de "charnego acomplejado" y lacayo de los nacionalistas, tiene contrapunto en una cronista barcelonesa que se refiere a Cataluña como a la "vaca que todo el mundo ordeña", víctima de "los vampiros que nos rondan". Y a la par que el concepto de España vuelve en ciertos periódicos a adoptar connotaciones que siempre dieron miedo al propio pueblo español, en los discursos de ciertos políticos catalanes se intercalan declaraciones despectivas que efectivamente aluden a los trabajadores del campo andaluz como parásitos subvencionados de los que conviene despegarse, por ser una rémora en la lucha por abrirse paso en la brutal competición que hoy enfrenta a individuos, culturas, lenguas, y naciones (con Estado y sin Estado).
En un artículo de opinión publicado hace unos meses, Carme Chacón y Felipe González lamentaban la proliferación de reivindicaciones económicas por parte de regiones septentrionales, que calificaban de "groseras" y contraponían a una tradición progresista. El argumento sería más convincente si los autores abordaran las causas de que ello sea así, y que no son otras que la imposibilidad de que el sistema económico-político universalmente imperante posibilite la menor sombra de fraternidad entre pueblos.
Aquí mismo he evocado alguna vez con nostalgia los tiempos en que el Norte, a través de los ojos lúcidamente militantes del Visconti de La Terra Trema, se acercaba al Mezzogiorno de los trabajadores de un pueblecito pesquero, a fin de denunciar las razones contingentes de su postración económica, reivindicando la dignidad en la confrontación de aquellos hombres con la naturaleza, y mostrando en los rasgos de su vida cotidiana el espejo de una profunda civilización. Simplemente el gran Visconti se aproximaba al sur con mirada abierta y fraterna, y ello en razón de que tal mirada constituía un corolario del sistema de valores que entonces regía y que marcaba la concepción de los lazos entre pueblos e individuos.
Para desgracia de todos ese fantasma de fraternidad que recorría Europa ha sido reemplazado por un nuevo espectro: el del miedo, la conservación a cualquier precio y repudio de todo aquel que, desde la perspectiva de los pretendidos logros propios, ofrezca imagen de indigencia. Fantasma de derrota de las aspiraciones a la dignidad y a la libertad inherentes a la naturaleza humana; fantasma, en suma, del Mal.
A este fétido estado de cosas no se escapa con sermones ni buenos sentimientos. Habrá fraternidad entre pueblos cuando la máxima subjetiva de la acción política vuelva a incluir objetivos de universal liberación, cuando la causa del hombre (abstracta si no plantea las condiciones sociales de posibilidad de realización de la naturaleza humana) vuelva a ser simplemente la causa final.
[Publicado el 27/12/2011 a las 09:00]
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Pues bien, nada más adecuado al respecto que recordar la tesis platónica según la cual la educación no ha de sustituirse a las capacidades innatas sino fertilizarlas, ayudar a que se desplieguen las facultades intelectivas y creativas que caracterizan al ser humano entre las demás especies animales. Sin duda no todo ser humano puede consagrar su vida a la investigación científica o a la tarea artística, pero, sin embargo, cada uno de los humanos se halla concernido por ellas, y tiene derecho a que se le ayude a reconocer que efectivamente es así, que lo que se dirime en estas tareas del espíritu también es cosa suya. Entre otras cosas, misión de la filosofía es recordar este derecho.
El motor de la filosofía no es tanto explorar desconocidos rasgos del mundo como restaurar una actitud ante aspectos (del entorno o de nosotros mismos) que eventualmente pueden ser ya conocidos, pero que no por ello dejan de ser sorprendentes. Para un investigador en física los principios del formalismo cuántico pueden constituir algo sabido, pero el simple ciudadano al que se ha dicho que en tales principios se pone en tela de juicio la idea que nos hacemos del mundo, tiene todo el derecho a exigir una educación general que no los obvie, que le haga partícipe de lo que en ellos se juega.
Afirmar la universalidad de la disposición filosófica implica que las interrogaciones fundamentales, que tantos por circunstancias sociales se han visto forzados a repudiar de sus vidas, están al alcance de toda persona tensada por lo desconocido e inquieta sobre su ser y su entorno. No se exige de entrada ser una persona culta y menos aún una persona erudita. La filosofía tiene sus problemas específicos, archivados en los grandes textos de su historia, pero tales problemas son el resultado de que el ser humano ha experimentado siempre una suerte de estupor ante la naturaleza y ante su propia existencia, estupor que le lleva a interrogarse, traduciendo sus vacilaciones y respuestas en conceptos y símbolos.
Pues, al igual que Descartes, Kant, Heisenberg o Einstein, ¿quién no se ha preguntado alguna vez si hay o no hay una realidad física exterior, que seguirá tras su eventual desaparición y la desaparición de todos los demás humanos, los cuales en apariencia tienen una percepción de tal realidad coincidente con la suya? Los instrumentos para responder en uno u otro sentido a esta pregunta cubren hoy miles y miles de páginas de sesudas revistas filosóficas o científicas y han sido esgrimidos como armas por algunos de los eruditos más importantes.
Pero la pregunta sigue siendo elemental y toda persona es susceptible de sentirse interpelada por la misma, hasta el punto quizás de que, si su vida material se lo permitiera, acuciada por tal interrogación, empezaría a dotarse de los elementos de información precisos para abordarla. Cosa que ya ha hecho alguna vez, al menos en una etapa tan ingenua como luminosa en la que la vida no estaba extraviada entre querellas evitables y expectativas ilusorias.
Es un desprecio a los ciudadanos considerar la vida del espíritu como cosa de minorías exquisitas y designar para el común la alternancia entre un trabajo puramente mecánico (cuando lo hay) y un ocio estéril. Obviamente, el asunto tiene implicaciones políticas y por eso el mero hecho de reivindicar una educación que empuje a una actitud filosófica es ya una cuestión de compromiso.
Cuando hace unos meses un importante consejero de Gobierno autonómico promulgaba una educación superior pública adaptada al mercado, explicitando que el propenso al estudio de la cultura griega habría de "pagarse el lujo", no solo estaba despreciando a Eurípides y Aristóteles, sino también a Euclides, es decir, la matriz de nuestra cultura.
Lo democrático de la filosofía reside en la tesis, enunciada por Aristóteles, de que todos podemos instalarnos en la actitud interrogativa, a poco que nos liberemos de las barreras sociales que lo dificultan y que impiden realizar nuestra naturaleza de seres tallados por la razón y el lenguaje.
[Publicado el 22/12/2011 a las 09:00]
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Aristóteles que asistió al derrumbe de sus tesis sobre la a-temporalidad de las especies, Aristóteles que vió un día como la matemática (en el pensamiento de Cantor y de Abraham Robinson ) abría camino al infinito numérico por él repudiado, Aristóteles que asistió con estupor al alcance por los físicos de "niveles cada vez más profundos de vacío"...Aristóteles que, en suma, vió como el pensamiento ulterior procedía a relativizar el suyo propio a la manera como él había relativizado el pensamiento presocrático...no hubiera quizás podido conjeturar que se pondría en tela de juicio el horizonte mismo de principios y conceptos que él había consignado y erigido precisamente en condición de posibilidad de la razón y el juicio.
De ahí lo inevitable de tomar distancia, separarse de Aristóteles, separarse de aquel que permitió pensar incluso lo que era contrario a sus tesis... razón por la cual las diatribas en el seno del pensamiento seguían siendo diatribas aristotélicas. Separarse en suma de quien con toda justicia era El Filósofo, a la vez que era El científico.
[Publicado el 20/12/2011 a las 09:00]
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La Physis se muestra reacia a las redes conceptuales con las que se intenta aprehenderla. La historia de los virajes de la ciencia es una buena muestra de ello:
La Physis ha podido ser considerada como marcada por vínculos de contigüidad excluyentes del vacío, pero también como un ámbito puro, continente de la materia y en el que se desplegaría (cuando tal concepto fue introducido) el campo. "No hay espacio [al menos] sin campo..." llego a decir Einstein, no siempre coherente sin embargo en lo relativo a la relación entre materia y espacio-tiempo.
Por su parte, el éter, para el que toda la materia era porosa, parecía morir y resucitar como elemento sutil de la physis, hasta que con los experimentos que precursaron la teoría de la relatividad recibió el requiem definitivo.
El continuo que caracterizaba a las manifestaciones de la Physis, que eran la energía y el campo electromagnético, muda en montos de elementos discretos en las conjeturas respectivas de Max Planck y de Einstein....podría seguir dando ejemplos
Pero tras estos virajes, en ocasiones muy bruscos, a la hora de hacer conjeturas sobre el trasfondo oculto a la percepción inmediata y que explicaría los fenómenos de la naturaleza un reducto permanece inalterado.
Pues tanto si la materia y el campo agotan la Physis (lo que haría del espacio y el tiempo meros epifenómenos) como si son una mera perturbación del espacio-tiempo; tanto si la aparente diversidad de las substancias individuales se destaca sobre un soporte de continuidad, como si se considera más bien que elementos últimos -auténticos átomos- vendrían a dar razón a las tentativas de explicación discretista... en un polo u otro de las diferentes conjeturas no parece pensable ( es un ejemplo) que lo intrínsicamente continuo se comporte como si fuera discreto o que una partícula elemental (paradigma de individualidad y de localizada discreción) tenga efectos en dos sitios a la vez.
No parece pensable lo anterior, como no parece pensable que lo que acontece en una situación determinada deje de acontecer si esa situación se repite en todos y cada uno de sus extremos, no parece pensable -en los términos del Estagirita- que el aparente azar no sea subjetiva ignorancia del conjunto de las causas que intervienen, de tal modo que el conocimiento exhaustivo de las mismas determinaría el acontecer.
No parece en consecuencia de lo anterior pensable que lo que acontece no marque lo que acontecerá (salvo, reitero, para nuestra ser tallado por la ignorancia) y que lo que aconteció no sea la clave de lo que acontece.
Y al no parecer pensable en general que el devenir no sea concretización de la ley, sería impensable en particular que esa misma ley no marque el devenir destructor, el proceso por el cual - en ausencia de intervención exterior- la simiente se corrompe (pues si la actualización de la potencia de generación exige lazo exterior, la potencia de corrupción pasa al acto por si misma).
No parece pensable que el todo formado por varios individuos no sea despliegue de los mismos en consecución o contigüidad, despliegue que garantiza la indivisión de cada uno de ellos con respecto a sí mismo y su separación respecto de los demás; no parece pensable en concreto, que dados dos individuos A, B, una parte A1del primero se halle intrínsicamente vinculada a una parte B1 del segundo, mientras que las partes A2, B2, se vinculan por su cuenta, formando así una entidad intrinsecamete holística.
No parecen pensables estas y otra serie de cosas quizás porque el pensar quedó determinado por la exclusión de todo ello, en razón de ser contrario a los corolarios de
ciertos principios erigidos en rectores tanto del entorno natural como del espíritu que lo refleja, principios en cuyo establecimiento el Estagirita desempeñó un papel fundamental.
Mas la obviedad de tales principios es puesta en tela de juicio por una disciplina científica de nuestro tiempo a la vez determinante del mismo e introductora de profundo desconcierto:
Determinante, la Mecánica Cuántica, no sólo por efectuar descripciones cuyo grado de matización carece de precedentes y establecer previsiones que se verifican con sorprendente regularidad, sino por tener una gigantesca capacidad de operar sobre el mundo, multiplicando exponencialmente las potencialidades de la tecnología y en consecuencia pesando sobremanera en la economía mundial .
Desconcertante, la Mecánica Cuántica, porque a la vez que se ve abocada en mayor grado que las disciplinas científicas anteriores a plantear interrogaciones sobre los rasgos últimos o universales de esa naturaleza que con tanta acuidad describe, y sobre la que efectúa tan formidables conjeturas, socava los principios mismos que le permitirían efectuar esta operación tendiente a la inteligibilidad.
Pues para intentar superar al estupor provocado por la verificación de las conjeturas avanzadas por los Bohr, De Broglie, Bohm, Schrödinger, Heisenberg, o Bell... para insertarlas en un modelo inteligible, el pensamiento no disponía de otras armas que los principios antes evocados de contigüidad, de realismo, de individuación, de causalidad...Y no había concepto más general que el aristotélico concepto de sustancia y los rasgos a la sustancia asociados de ser susceptible de movimiento o de reposo, de tener energía correspondiente a una u otra situación, de hallarse ubicado, y un no muy largo etcétera. Principios y conceptos que con mayor o menor sofisticación o acuidad en su presentación remontan al pensador de Estagira...comprometido inevitablemente en la relativización o derrumbe de los mismos.
[Publicado el 15/12/2011 a las 09:00]
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A lo largo de esta reflexión he tenido ocasión de poner de relieve el profundo agradecimiento a Aristóteles al que se haya obligado todo aquel que en el pensamiento filosófico encontró una razón de vida. Me permitiré evocar la emoción que embargó a muchos de los presentes cuando en un congreso que llevaba el título de "Aristotle and Contemporary Science" el pensador americano Hilary Putnam pronunció un discurso en lo que se creía ser la antigua población de Estagira, que es en cualquier caso una playa cercana a la Estagira real, y en cuyas aguas quizás de niño se bañaba Aristóteles.
Aristóteles nos ayudó a ser lógicos, a apercibir la importancia de establecer criterios que posibiliten la distinción y la clasificación, a aplicar estos criterios al ámbito primordial de la frontera entre lo inanimado y lo animado, a adentrarnos en el primer ámbito, a fin de descubrir los rasgos que permiten reconocer el ser en su elementareidad, a percibir la complejidad que en relación a tales rasgos supone la vida...
De la mano de Aristóteles, Linneo establecía sus calificaciones y del método clasificador de Aristóteles no se apartan excesivamente los genétistas contemporáneos. Aristóteles tuvo impresionantes intuiciones topológicas (lo que permitió que un matemático de nuestro tiempo lo caracterizara como el primer y más grande pensador del continuo) y en lo concerniente al tiempo tuvo una impresionante premonición del segundo principio de la termodinámica.
Aristóteles rechazó el vacío y defendió una concepción finitista del universo que los partidarios del modelo cosmológico de la esfera de Riemann nunca podrán rechazar de manera tan tajante como lo hacen con la infinitud vacía del espacio de Newton. Aristóteles intuye que la diferencia individual no es reductible a forma y por eso no hay ciencia de los individuos, asunto en el que no anda muy lejos la genética contemporánea, obligada a referirse a secuencias del genoma no codificadores de proteínas por cuya azarosa iteración dos individuos se distinguen (de ahí la dificultad para pasar de mapas genómicos de especies a determinación genómica de individuos) . Aristóteles introdujo la crucial distinción entre la entidad en potencia y la entidad en acto, aspecto por el cual es parcialmente redimido en el seno de la teoría que, por otro lado, con mayor radicalidad pone en tela de juicio los pilares mismos del aristotelismo. Aristóteles nos ayuda a percibir la causa que provoca la representación trágica y (aun no siendo ateniense) con su Constitución de Atenas nos da las claves del esfuerzo consistente en forjar un ámbito configurado por la ley.
En fin, sin la tarea de Aristóteles catalogando y mostrando los vínculos entre los problemas de sus predecesores, quizás no hubiéramos siquiera tenido acceso real a esos pensadores hoy llamados presocráticos. Por todo ello sería por así decirlo de mal nacidos reivindicar la actitud filosófica y no mostrar agradecimiento a Aristóteles. Y sin embargo...
[Publicado el 13/12/2011 a las 09:00]
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En un momento de estas reflexiones evocaba al Erwin Schrödinger, profesor en el Trinity College de Dublin, que renunciaba a proseguir su curso de doctorado en física a fin de retomar la reflexión primordial sobre el término mismo que da origen a la disciplina. Lo designado por el término griego Physis ocupó entonces el pensamiento de Schrödinger, pero sorprendente no la Physis descrita en sus rasgos universales y omni-aplicables por aquel que fue llamado El filósofo y podría, como ya he señalado, ser quizás con mayor razón ser llamado El científico.
No es en Aristóteles en quien el físico cuántico busca claves para los interrogantes a los que le ha conducido su propio trabajo, a la vez teórico y experimental. Schrödinger busca más bien ayuda en aquellos de los que Aristóteles fue historiador y cuyo pensamiento vinculó de tal manera que el conjunto pudiera ser considerado como secuencia de eslabones precursores de un sistema. Aspecto este que ya plantea un problema, pues un sistema es algo que sólo puede ser construido en base a principios que no cabe asegurar que se dieran antes precisamente de que Aristóteles los erigiera en soporte del ser y del conocimiento (de ahí que el propio Corpus de Aristóteles, en el que se fragua la idea de sistema, no llegue como tal a constituir uno).
No es claro que puedan ser considerados como partes de un sistema en embrión esos pensadores pre-socráticos en los que busca refugio Schrödinger. Quien como el físico austriaco percibe que la naturaleza no obedece realmente (no podría hacerlo) a aquello que nuestro deseo de certeza había erigido en regla (erigido en análogo al imperativo de los dioses)...no puede buscar confort en el legado de Aristóteles. No es a la Atenas luminosa que la mirada retrospectiva de Schrödinger se dirige, sino a Elea o Éfeso... e incluso a lugares más arcaicos. Schrödinger retorna a territorios del pensamiento dónde no siempre lo que ahora es marca lo que será, ni lo que parece advenir tiene necesariamente causa. No se trata de territorios de la sinrazón, sino por el contrario, territorios dónde la razón, liberada de ámbitos que la circunscriben, tiene la libertad de desplegar la pluralidad de sus epifanías, territorios en los que el pensar y el decir se entrelazan para recrear la naturaleza de las cosas.
[Publicado el 08/12/2011 a las 09:00]
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Lo difícil de todas las proclamas cargadas de buenas intenciones es que se den las condiciones sociales de su cumplimiento. Baste mencionar el articulado de la Constitución Española según el cual todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna. Sin embargo tratándose del evocado derecho universal se da el problema añadido de que ni siquiera se toma realmente en serio lo que implica una educación integral, una educación que garantice el desarrollo efectivo de la personalidad.
Pues bien, nada más adecuado al respecto que recordar la tesis platónica según la cual la educación no ha de sustituirse a las capacidades innatas sino fertilizarlas, ayudar a que se desplieguen las facultades intelectivas y creativas que caracterizan al ser humano entre las demás especies animales. Sin duda no todo ser humano puede consagrar su vida a la investigación científica o a la tarea artística, pero sin embargo todos y cada uno de los humanos se halla concernido por ellas, y tiene derecho a que se le ayude a reconocer que efectivamente es así, que lo que se dirime en estas tareas del espíritu también es cosa suya. Entre otras cosas, misión de la filosofía es recordar este derecho.
El motor de la filosofía no es tanto explorar desconocidos rasgos del mundo como restaurar una actitud ante aspectos (del entorno o de nosotros mismos) que eventualmente pueden ser ya conocidos, pero que no por ello dejan de ser sorprendentes. Para un investigador en física los principios del formalismo cuántico pueden constituir algo sabido, pero el simple ciudadano al que se ha dicho que en tales principios se pone en tela de juicio la idea que nos hacemos del mundo, tiene todo el derecho a exigir una educación general que no los obvie, que le haga partícipe de lo que en ellos se juega.
Afirmar la universalidad de la disposición filosófica implica que las interrogaciones fundamentales, que tantos por circunstancias sociales se han visto forzados a repudiar de sus vidas, están al alcance de toda persona tensada por lo desconocido e inquieta sobre su ser y su entorno. No se exige de entrada ser una persona culta y menos aun una persona erudita. La filosofía tiene sus problemas específicos, archivados en los grandes textos de su historia, pero tales problemas son el resultado de que el ser humano ha experimentado siempre una suerte de estupor ante la naturaleza y ante su propia existencia, estupor que le lleva a interrogarse, traduciendo sus vacilaciones y respuestas en conceptos y símbolos.
Pues, al igual que Descartes, Kant, Heisenberg o Einstein ¿quien no se ha preguntado alguna vez si hay o no hay una realidad física exterior, que seguirá tras su eventual desaparición y la desaparición de todos los demás humanos, los cuales en apariencia tienen una percepción de tal realidad coincidente con la suya? Los instrumentos para responder en uno u otro sentido a esta pregunta cubren hoy miles y miles de páginas de sesudas revistas filosóficas o científicas y han sido esgrimidos como armas por algunos de los eruditos más importantes. Pero la pregunta sigue siendo elemental y toda persona es susceptible de sentirse interpelada por la misma, hasta el punto quizás de que, si su vida material se lo permitiera, acuciada por tal interrogación, empezaría a dotarse de los elementos de información precisos para abordarla. Cosa que ya ha hecho alguna vez, al menos en una etapa tan ingenua como luminosa en la que la vida no estaba extraviada entre querellas evitables y expectativas ilusorias.
Es un desprecio a los ciudadanos considerar la vida del espíritu como cosa de minorías exquisitas y designar para el común la alternancia entre un trabajo puramente mecánico (cuando lo hay) y un ocio estéril. Obviamente asunto tiene implicaciones políticas y por eso el mero hecho de reivindicar una educación que empuje a una actitud filosófica es ya una cuestión de compromiso. Cuando hace unos meses un importante Consejero de gobierno autonómico promulgaba una educación superior pública adaptada al mercado, explicitando que el propenso al estudio de la cultura griega habría de "pagarse el lujo", no sólo estaba despreciando a Eurípides y Aristóteles, sino también a Euclides, es decir, la matriz de nuestra cultura. Curioso contraste con la actitud que pude percibir recientemente en Brasil, país en el que se piensa como comprador potencial de deuda y refugio para diplomados víctimas del desempleo en la Europa meridional, pero en el que un congreso dedicado a la recepción de la cultura helena reunía a 900 universitarios de todo el país. Brasil con la cuna de la filosofía, cabría decir, en un momento en que Grecia sólo es evocada para repudiar su pretendida falta de rigor en la aplicación de los dictados del poder de las finanzas.
Por cierto que en un paseo junto cercano al barrio cariota de Catete, se despliegan a intervalos, en paneles fijos, los artículos fundamentales de la declaración de derechos humanos, incluido el referente a la educación al que arriba aludo. Desgraciadamente en Brasil tampoco se cumpla tal articulado. La misma ciudad de Río no sólo mantiene bolsas gigantescas de indigencia material, y con ello inevitablemente espiritual, sino que se halla amenazada por el espejismo -vinculado a acontecimientos deportivos- que convirtió en su día a Barcelona en uno de los faros mundiales de la especulación, pero el mero hecho de que se recuerde en una vía pública incita quizás a la resistencia, resistencia a un mundo que esclaviza, empantana en problemas sin sentido (agigantando por ejemplo lo aleatorio de un resultado deportivo) y excluye de nuestras vidas las interrogaciones esenciales.
Lo democrático de la filosofía reside la tesis, enunciada por Aristóteles, de que todos podemos instalarnos en la actitud interrogativa, a poco que nos liberemos de las barreras sociales que lo dificultan y que impiden realizar nuestra naturaleza de seres tallados por la razón y el lenguaje.
[Publicado el 06/12/2011 a las 09:00]
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La técnica y el ser del hombre: del control del fuego a la medida cuántica XVI
La techné a la que se refiere Aristóteles no es una modalidad más compleja de una potencialidad que en su generalidad compartiríamos con otros animales, sino la expresión de las facultades que singularizan al ser humano en el registro animal.
La historia de la techné pasa por múltiples escisiones: opuesta a la ciencia por un lado, opuesta al arte por otro lado, sin que pueda decirse que tales polaridades esten firmemente establecidas. Herrero se ha podido decir del escultor Eduardo Chillida, y las conjeturas meramente teóricas de un Max Planck o de un Antton Zeilinger multiplican su impacto cuando surge el experimento técnico al que desde su propia formulación están apelando.
En fin la disciplina científica que mayormente determina nuestra época no sólo vincula intrinsecamente el aspecto experimental y el aspecto técnico sino que en esta vinculación se pone de relieve que el technités que nosotros constituimos es quizás la condición misma de posibilidad de que se den las propiedades que la técnica accede a medir, dando apoyo así a la vieja idea de que el hombre es efectivamente medida de todas las cosas.
En un momento en el que tanto la homología genética entre el ser humano y otras especies animales como por la existencia de complejos maquinales que dan base a la idea de inteligencia artificial se buscan razones para poner en entredicho la subversión que supuso la aparición de la especie humana en el marco de la historia evolutiva y la irreductibilidad del lenguaje humano (por ende del pensamiento vinculado al mismo), la persistencia de las aporías que desde hace casi cien años llenan de estupefacción a los grandes de la reflexión cuántica se erige en soporte para el mantenimiento de posiciones humanistas.
Uno de los problemas a los que se encuentra confrontada la teoría cuántica es el de que también el instrumento con el cual medimos, al hallarse constituido por partículas elementales, puede ser objeto de la medición (lo cual acarrea entre otras cosas que el instrumento meramente indicativo se halle intrincado en aquello que indica- gato de Schrödinger en relación al dispositivo susceptible de descarga mortífera). Para evitar la remisión al infinito von Neumann se atrevió a afirmar la irreductibilidad a la medición cuántica de aquello que el denominaba conciencia humana. La causa del colapso de la función de onda ( la aparición pues de un gato vivo o de un gato muerto, con exclusión de ambas cosas a la vez) no sería otra que el observador consciente. El término conciencia probablemente no era el más adecuado (quizás simplemente en razón de que von Neumann no estaba al corriente de las dialécticas filosófico científicas en torno al mismo), pero lo que el gran científico quería enfatizar tiene aun vigencia:
No cabe reducir a mera presencia en el orden natural la fuente misma de toda reducción. No cabe hacer del hombre un mero correlato del conocimiento, o sea un objeto, no hay pues ciencia del hombre y - en los términos que he ido plantando ultimamente esta reflexión- no cabe moldear por la técnica al technitès.
La interpretación de la Mecánica cuántica conocida como Many Worlds, múltiples mundos, es hoy muy popular entre los físicos en razón de que pese a su barroquismo tiene la ventaja de que cada uno de lo mundos que postula recupera las características de nuestro mundo clásico. Mas valen múltiples mundos que responden a lo que el sentido común atribuye al mundo de siempre, que un sólo mundo en el que no funcionan los principios de contigüidad, realismo, localidad etcétera, parecen decirse. Pues bien,
Si nos preguntamos en que difiere nuestro mundo -convertido de nuevo en clásico- de los otros mundos una respuesta mínima es que los otros son meramente postulados mientras que el nuestro es constatado, constatado por ese complejo unificado de facultades que constituyen el espíritu humano, al que a menudo nos referimos con el término conciencia (que en realidad representa tan sólo una rasgo- no siempre presente de tal complejo).
Los otros mundos son postulados pero no son correlato de nuestra realidad conceptual y lingüística, no son objeto concretamente de las mediciones cuánticas.
Todo lo que es posible es ciertamente real: tal es el soporte de la teoría de los múltiples mundos; sin embargo no todo lo que es real es actual, es decir por los instrumentos de medida dispuestos en última instancia por la condición humana. Una sentencia a menudo citada a este respecto es la del gran físico John Archibald Wheeler: "no phenomenon is a real phenomenon until it is an observed phenomenon"
[Publicado el 24/11/2011 a las 09:00]
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La técnica y el ser del hombre: del control del fuego a la medida cuántica XV
XV Nuevas perspectivas en la ciencia...permanencia de la interrogación filosófica
En 1968, a la par que se fraguaba en París la atmósfera que conducía a los acontecimientos culturales y sociales conocidos como Mayo del 68, en la también por entonces políticamente convulsa california se confirmaba una hipótesis científica de primera magnitud. A lo largo de la década de los cincuenta (en experimentos realizados mediante radiaciones que iban de 100 a 1000 mega-electrón voltios por electrón) se había consolidado la conjetura de que la apariencia homogénea de neutrones y protones escondía una estructura compleja. Pero sólo en el evocado 1968, gracias al acelerador de electrones de Stanford (que permitía alcanzar niveles energéticos de 10000 mega-electrón voltios) se conseguía penetrar en el núcleo del átomo y descubrir que efectivamente la ausencia de carga del neutrón no es sino la expresión del equilibrio entre partículas más elementales, los llamados quarks, las cuales sí se hallan positiva o negativamente cargadas; por su parte la carga positiva del protón no expresaba sino una composición no desequilibrada entre tales partículas elementales,.
Se repetía así la historia "leibniziana" de descubrir la pluralidad de lo aparentemente puntual desde el punto de vista cualitativo. Y el avance se completaba me atrevo a decir que dialecticamente con el descubrimiento de las anti-partículas, entidades con las mismas características que las partículas (masa, magnitud, movimiento rotacional y monto de carga eléctrica), pero con el signo de la carga opuesto.
Al nivel de las partículas elementales seguían en 1968 dándose grandes incógnitas a las que nadie ha respondido. Nunca se ha conseguido localizar un quark fuera del lazo que le víncula a otros quarks, forjando protones o neutrones, es decir nunca se ha conseguido apartarlo de ese reducidísimo universo que es la magnitud de un protón o electrón y nadie ha podido explicar si es una partícula realmente elemental o si su masa (sorprendemente grande, pues 10 veces la del electrón con quien de momento comparte la condición de soporte último de la organización de la materia) es ya un conglomerado de desconocidas partículas. Pese a la persistencia de terrenos ignotos, desde la época en que se avanzaban las hipótesis de la teoría cuántica sobre la estructura de la naturaleza (las conjetura por Bohr sobre la estructura del átomo de hidrógeno por ejemplo) en el plano estrictamente científico, el progreso ha sido enorme. Y sin embargo... en lo referente a lo esencial la interrogación no sólo persiste sino que los elementos de perplejidad se han acentuado.
En esos mismos años cincuenta en los que el progreso tecnológico permitía introducirse en los universos diminutos de las partículas, el físico Hught Everett, intentaba responder al auténtico escándalo que para los cimientos de nuestra concepción del orden natural plantea la Mecánica Cuántica, avanzando una interpretación que recupera el mundo de siempre (es decir, un mundo en el cual las mismas causas conducen a los mismos efectos, la única forma de influir sobre un objeto separado es estableciendo algún lazo de contiguidad con el mismo, un gato o bien esta vivo o bien está muerto, etcétera) al precio...de sostener que paralelamente al nuestro existen tantos mundos como posibilidades se contemplaban, mundos eso sí tan "clásicos" como el nuestro.
Y no sólo los progresos propiamente científicos no han venido a zanjar las interrogantes filosóficos sobre la esencia del orden natural que plantea la Mecánica Cuántica, sino que los han agravado. Así los múltiples experimentos que siguieron al efectuado en 1981 por el físico francés Alain Aspect y sus colaboradores, no han hecho sino corroborar que comportamiento de las partículas elementales no da soporte a lo que siempre hemos considerado ser el mundo natural, y que Einstein intentaba salvar con hipótesis realmente filosóficas que la ciencia ha venido a desmantelar. Pues resulta que en presencia de determinados fenómenos o bien decimos que las cosas no tienen propiedades independientemente de la constatación que los físicos (y alguno ve tras ellos el nosotros designativo del hombre que sería efectiva medida de todas las cosas) efectuamos de que las tienen, o bien la propiedad que una cosa tiene podría ser alterada por el hecho de que se efectúa una modificación en la propiedad de una segunda cosa alejada de la primera y sin contiguidad de ningún tipo con la misma.[Publicado el 22/11/2011 a las 09:00]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
09/2/2012 22:24
Agradecería muchísimo si me...
Publicado por: Héctor Jaimes Paredes
09/2/2012 13:00
Sí, ese perro muerto de Hegel...
Publicado por: pepedamian
05/2/2012 16:46
P, el fragmento de la película...
Publicado por: Un bárbaro
05/2/2012 12:01
En los pocos países donde la...
Publicado por: p
03/2/2012 13:52
Publicado por: Un bárbaro
30/1/2012 02:41
We have full server of 4Story...
Publicado por: sdfsdfsdf
28/1/2012 12:18
También yo, allá al principio de...
Publicado por: pepedamian
28/1/2012 09:59
Monotonía de lluvia tras los...
Publicado por: Dácil
27/1/2012 15:02
En primer lugar, quisiera decir...
Publicado por: Nanci
25/1/2012 01:01
El otro día volví a ver Robin...
Publicado por: p
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