PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 27 de junio de 2017

 Blog de Patricio Pron

De aquellos polvos / "La carrera por el segundo lugar" de William Gaddis

imagen descriptiva

Unánimemente considerado uno de los novelistas estadounidenses más importantes del siglo XX, autor de una obra en la que el lector se adentra (si lo hace, y debería hacerlo) con iguales cantidades de fascinación y hartazgo, William Gaddis recordó, al recibir el National Book Award de 1994, que cierto juez estadounidense ordenó que quemaran sus papeles tras su muerte porque "dijo que no era asunto de nadie cómo había llegado hasta ahí, y yo siento lo mismo", aunque también admitió, agoreramente, que "ahora las universidades tienen interés en comprar eso que llaman los archivos, así que [los escritores] empezamos a guardar cualquier basura que salga de la máquina de escribir. ¡Alguna de esas basuras incluso puede acabar aquí!".
Autor de Los reconocimientos (1955) y Jota Erre (1975), entre otros, Gaddis no podía escribir "basura", por supuesto; pero parece poco probable que hubiese aprobado la publicación de La carrera por el segundo lugar, la selección de materiales provenientes de su archivo realizada en 2002 por el profesor estadounidense Joseph Tabbi porque, como éste recuerda en su muy buena introducción, "siempre se negó a dar explicaciones sobre sus libros". Gaddis puede estar tranquilo, sin embargo: ninguno de los materiales seleccionados (artículos para la prensa, guiones de cortometrajes educativos y promocionales concebidos para ser leídos por ejecutivos de empresas como Eastman Kodak e IBM, la única pieza deliberadamente autobiográfica que escribió el autor, resúmenes de proyectos, discursos, etcétera) ofrece explicación alguna sobre sus libros. A cambio, su selección pone de manifiesto algunas de las características más relevantes del estilo de la ficción del autor de Gótico carpintero (1985), como el barroquismo de la forma y una cierta inclinación por la sátira y el tratamiento grotesco de personajes y diálogo, aunque tampoco es particularmente útil como primer acercamiento a su obra, una impresión que se vuelve más pronunciada allí donde el escritor regresa sobre sus libros, recupera personajes como Jota Erre, en una extraordinaria pieza de sátira gubernamental, o vuelve sobre su interés por la pianola que juega un papel destacado en su novela Los reconocimientos. Gaddis no es apropiado para los lectores con prisas, ciertamente: pero quizás la publicación de estos materiales se haya demorado en demasía, en particular si se piensa en el hecho de que es improbable que el lector recuerde a personas tan escasamente dignas de que se lo haga como Dan Quayle, Billy Graham o Newt Gingrich, mencionadas aquí.
 
No muy útil como introducción a la obra de Gaddis, el interés de La carrera por el segundo lugar se deriva de dos aspectos de la selección: la naturaleza de las reflexiones reunidas en ella (sobre la extraordinaria Erewhon de Samuel Butler, la idea de autor, las condiciones materiales de vida de los escritores en el capitalismo norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, la demanda de sinceridad en la literatura de ese país o la deshumanización y la automatización de la producción artística) y la atención puesta en ella a la política estadounidense: al recordarnos que los lodos de la Administración Trump y su uso de la mentira política (así como la adhesión que estas prácticas generan en una parte importante de la población estadounidense) vienen de unos "polvos" que ya estaban en el aire en la década de 1980 bajo la forma del regreso del fundamentalismo religioso a la vida política, el fracaso del sistema y el incremento consiguiente del nacionalismo, la concesión de las herramientas legislativas al beneficio privado y la depreciación del sistema público de educación, Gaddis no sólo se revela como un extraordinario observador de su tiempo, sino que también pone de manifiesto la capacidad crítica de la literatura concebida como contrapoder, como conciencia crítica de las democracias que, como la suya y la nuestra, flirtean en ocasiones con el suicidio sin detenerse siquiera a pensar en ello.
 
 
William Gaddis
La carrera por el segundo lugar
Intr. y Not. Joseph Tabbi
Trad. Mariano Peyrou
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017
 
 
Publicado originalmente en Babelia/El País, 7 de noviembre de 2016. 

[Publicado el 28/3/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: William Gaddis, Ensayo, Sexto Piso]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Lo mejor / La decepción de 2013

imagen descriptiva

Jane Maynsfield sabe bien dónde esconder unas uvas. Crédito de la imagen, desconocido.

Jota Erre (Sexto Piso) no pretende "reflejar" la realidad de ninguna manera, no parece haber sido fácil de escribir y no es fácil de leer; por todo ello, esta novela de William Gaddis ofrece un notable contraste con buena parte de lo que se publica estos días y es, por lo tanto, y en mi opinión, el mejor libro publicado en 2013. Jota Erre es un auténtico "ocho mil" literario: requiere tiempo y esfuerzo, pero compensa los que se inviertan en él con la visión de un paisaje nunca visto antes y eso lo diferencia de la principal decepción de este año, La casa de hojas (Pálido Fuego, Alpha Decay).

Gaddis publicó su novela en 1975; Mark Z. Danielewski la suya en 2000. A pesar de ello, la primera aún parece joven, mientras que la segunda ha envejecido notablemente (de hecho, quizás haya nacido vieja), tal vez debido a que los juegos tipográficos de La casa de hojas no pueden disimular el hecho de que su autor tiene muy poco que contar y no parece saber muy bien cómo hacerlo. La suya es una expresión menor de la experimentación literaria que autores como Gaddis, John Barth y Donald Barthelme llevaron a lo más alto mucho antes de que esa experimentación diera paso a una cierta pseudoliteratura concebida para aquellos a los que la literatura de verdad atemoriza y expulsa o sencillamente no les parece lo suficientemente contemporánea (como si estar al día fuese algún tipo de mérito).

 

 

Publicado en ABC Cultural, 30 de diciembre de 2013.

[Publicado el 07/1/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, William Gaddis, Alpha Decay, Sexto Piso, Novela]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

Bibliotecas de autor: la pérdida de la biografía

imagen descriptiva

Biblioteca de una fábrica rusa abandonada. Fotógrafo: desconocido.

Jean-Claude Carrière y Umberto Eco dedicaron recientemente el último capítulo de sus diálogos Nadie acabará con los libros (2010) a plantear la difícil cuestión de qué hacer con sus bibliotecas personales cuando ambos hayan muerto: para el francés, son sus hijas y su mujer las que deberán tomar una decisión al respecto; el italiano, en cambio, no quiere que la suya se disperse. "Mi familia podrá donarla a una biblioteca pública o venderla en una subasta. En ese caso debería venderse completa", afirmó.
 
La pregunta de cómo preservar la a menudo copiosa biblioteca de un escritor no sólo preocupa a los propios autores, a sus viudas y a un puñado de instituciones, sino también a algunos lectores como Annecy Liddell. Algún tiempo atrás, la joven neoyorquina estaba hojeando ejemplares en una librería de segunda mano cuando encontró una copia usada de la novela de Don DeLillo White Noise que compró por un dólar. Al llegar a su casa, Liddell descubrió que el antiguo propietario del volumen había apuntado su nombre en una de las primeras páginas y decidió buscarlo en la Red. El suyo no era el nombre de un lector común.
 
David Markson (1927-2010) fue un autor estadounidense de novela experimental no particularmente exitoso a pesar de que David Foster Wallace sostuvo en varias ocasiones que consideraba su novela Wittgenstein's Mistress (rechazada por cincuenta y cuatro editores antes de su publicación en 1988 en un pequeño sello y traducida al español al año siguiente con el título de La amante de Wittgenstein) "probablemente el punto más alto de la ficción experimental en este país". Markson rozó el éxito cuando su novela The Ballad of Dingus Magee; Being the Immortal True Saga of the Most Notorious and Desperate Bad Man of the Olden Days, His Blood-Shedding, His Ruination of Poor Helpless Females, & Cetera (La balada de Magee Dingus, tratándose de la saga verídica e inmortal del más notorio y desesperado villano de los viejos tiempos, su derramamiento de sangre, su ruina de pobres mujeres desamparadas, y etcétera, 1965) fue adaptada al cine con el título de Dirty Dingus Magee ("Juego de niños" en América Latina) y la actuación protagónica de Frank Sinatra en 1970, pero nunca fue un autor popular. Algunos de sus títulos son Miss Doll, Go Home (1965), Going Down (1970), Springer's Progress (1977), This Is Not a Novel (2001) y The Last Novel (2007); adecuadamente, su última novela. Ninguna de estas obras ha sido traducida al español.
 
Dos
Liddell descubrió que Markson no sólo había escrito su nombre en el ejemplar de White Noise; de hecho, el volumen estaba repleto de sus anotaciones, particularmente de las palabras "no" y "boring" (aburrido). La joven divulgó su descubrimiento en Facebook y en Twitter, y muy pronto las redes sociales y su poder de convocatoria hicieron el resto: los interesados en la obra del escritor estadounidense hallaron que toda su biblioteca, compuesta de unos dos mil quinientos libros (el escritor publicó en 1996 un libro titulado Reader's Block pero nunca parece haber padecido ese bloqueo), había sido liquidada tras su muerte, unos meses atrás, y se encontraba disponible en The Strand, la inmensa librería del centro de Nueva York donde Liddell había comprado el libro de DeLillo. 
 
La historia se vuelve interesante a partir de este punto: tras realizar ese descubrimiento, los lectores de Markson decidieron tratar de reunir sus libros para determinar cuáles habían sido las principales influencias y las lecturas preferidas del escritor; comenzaron a utilizar la Red para coordinar viajes a la librería en busca de ejemplares, publicaron listas de sus adquisiciones, escanearon sus notas y procuraron disuadir a aquellos compradores de la librería que sólo estaban interesados en las obras y no en las notas de Markson. También procuraron esclarecer cómo toda la biblioteca de uno de los escritores más sofisticados de su tiempo había terminado en cajas de a un dólar el ejemplar. Buena parte de esa biblioteca, y lo que ella tenía para decir acerca de su antiguo propietario y de su obra, se salvó gracias a ellos.
 
Dos
Aunque el rescate de la biblioteca de David Markson es un acontecimiento singular y extraordinario, la pérdida de su biblioteca no lo es. A la muerte de Herman Melville, una librería compró su biblioteca por ciento veinte dólares pero sólo aprovechó algunos libros: a los de teología los destruyó para vender el papel; a pesar de que su biblioteca se perdió, actualmente sabemos que Melville releyó Paraíso perdido mientras trabajaba en Moby Dick y que el libro más anotado de su colección era una edición de los poemas de John Milton que fue subastada y vendida en 1980 a un precio de cien mil dólares. Los libros de Stephen Crane tuvieron una suerte incluso más disparatada: fueron subastados en las escaleras de ingreso de un juzgado de Florida para pagar deudas tras la muerte de su viuda. Los nueve mil ejemplares de la biblioteca personal de Ernest Hemingway permanecen en su villa cubana sin que puedan ser consultados por los especialistas por decisión del gobierno de ese país. Al igual que el autor de El viejo y el mar, Mark Twain solía afirmar que carecía de formación literaria y que prácticamente no leía, pero los ejemplares que han sido rescatados de la pérdida de su biblioteca muestran a un lector voraz y analítico. Quizás para evitar este tipo de revelaciones póstumas, John Updike solía donar los libros que leía a una iglesia, la que a su vez los vendía con fines benéficos. Muchas otras bibliotecas de autor desaparecieron en alguno de los genocidios y persecuciones del siglo XX, que fue pródigo en ambos.
 
Tres
En el ejemplar que perteneciera a John Updike de la novela de Tom Wolfe A Man in Full (Todo un hombre, 1988), rescatada por un librero inglés, Updike apuntó observaciones como "un cliché en cada frase", "monotonía en los adjetivos" y otros juicios negativos que no se vieron reflejados en la muy laudatoria reseña del libro que escribió para el New Yorker. Como muestra este ejemplo, la biblioteca de un escritor permite tener un acceso invalorable a su formación, a sus métodos de trabajo y a esa relación tan particular que se establece entre lo que un escritor lee y lo que escribe, así como a la forma en la que se relaciona con sus pares y con los lectores; es, de alguna forma, una autobiografía, pero esa autobiografía suele desaparecer con su muerte, principalmente por razones económicas: cuesta tanto dinero conservar y poner a disposición de los estudiosos la biblioteca privada de un escritor que pocas instituciones y prácticamente ningún particular pueden permitírselo; cuando lo hacen, sin embargo, apenas pueden hacerse cargo de los manuscritos y la correspondencia, aunque universidades de prestigio como la de Harvard suelen disputarse objetos de dudosa importancia para la historia de la literatura como un rizo de Lord Byron o los marcadores de los partidos de golf disputados por John Updike, ambos en propiedad de esta institución.
 
La puesta a disposición de los lectores de las bibliotecas de escritores por parte de universidades estadounidenses y de Francia y Reino Unido principalmente, interesadas casi excluyentemente en autores de esas tradiciones literarias, tiene como consecuencia práctica, además, que sean esos autores los sujetos de las mejores biografías y las mejores obras críticas, lo que profundiza la ya de por sí enorme brecha existente entre la atención que reciben esas literaturas y la que se le otorga a literaturas periféricas como la hispanoamericana. Aquí, pero eso ya lo sabíamos, nadie se hace cargo de los libros.
 
Cuatro
En su ejemplar de la última novela de William Gaddis Agape Agape (Ágape se paga, 2002) Markson anotó "Monótono. Tedioso. Repetitivo. Una sola nota, todo el tiempo. Tema desmesuradamente duro + trapos viejos. Alas, Willie". Quizás Markson fue injusto con la obra póstuma de Gaddis, pero lo que importa es que la oportunidad de ver a un escritor recortando con tanta virulencia un espacio de gusto personal que es el espacio en el que se desarrollará su obra futura es tan valiosa que resulta extraordinario que al menos una de esas oportunidades no se haya perdido por completo. Al igual que las bibliotecas particulares de Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Juan Benet y tantos otros autores fundamentales de la literatura en español que parecen haberse perdido irremediablemente a pesar de ser motor y parte de su obra, también la de David Foster Wallace, el escritor que admiraba a David Markson, ha desaparecido casi completamente: en 2008, su viuda y su agente literaria donaron a la biblioteca y museo Harry Ransom Center de la Universidad de Texas sus papeles personales y unos doscientos libros con anotaciones, incluyendo dos novelas de Markson; otras treinta cajas de libros fueron donados a la caridad; por razones prácticas, nadie hizo una lista de esas obras.

 
Publicado originalmente en El Cultural de El País de Montevideo. Julio 22 de 2011.
 
[El próximo miércoles: American Splendor de Harvey Pekar]

[Publicado el 25/7/2011 a las 10:39]

[Etiquetas: Don DeLillo, David Markson, John Updike, William Gaddis, David Foster Wallace]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres