PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 20 de julio de 2017

 Blog de Patricio Pron

¿Cómo se transforma uno en un escritor? / Diez notas sobre el primer libro (y 2)

imagen descriptiva

Una joven Marguerite Duras poniéndose a ello / Crédito de la imagen, desconocido

6

«De la vida de la que surge lo que se escribe no es posible escribir», afirma Tobias Wolff: «transcurre sin el conocimiento del propio escritor, por debajo de las inquietudes y los ruidos de la mente, en profundos pozos sin luz donde los mensajeros fantasmas se esfuerzan por avanzar hacia nosotros, matándose entre sí a lo largo del camino». A pesar de ello, no es raro que las primeras novelas tengan un sesgo autobiográfico y sugieran, paradójicamente, una motivación doble: por una parte, el deseo de inventar, de producir un mundo dentro del mundo por el que se juzgue al autor, en un ámbito en que sean determinantes la inventiva y el ingenio; por otra, la necesidad íntima de contar algo que le ha sucedido al autor, que lo sitúe en el mundo incluso a condición de que lo haga como personaje de una obra literaria. (Rainer Maria Rilke eternizó esta doble motivación en Franz Xaver Kappus, quien, por cierto, y al margen de un puñado de estudiosos, ya sólo es conocido como interlocutor y personaje de las Cartas a un joven poeta.) Todos esos primeros relatos autodiegéticos y en «primera persona» cuyo narrador comparte rasgos con su autor (a veces la edad, casi siempre el género, a menudo la nacionalidad, muchas veces los entusiasmos literarios y/o musicales) en los que las acciones narradas concluyen con una acción última, la de sentarse a escribir lo vivido, ponen esto de manifiesto, y constituyen una trampa en la que los lectores caemos una y otra vez: en realidad, queremos estar allí, viendo la transformación de un sujeto en escritor; en lo posible, revelándonos cómo es esa transformación y qué la motiva. En Alemania existen en la actualidad quince premios literarios destinados a primeros libros y en decenas de otros países y tradiciones literarias los premios que distinguen obra inédita suelen inclinarse por las de debutantes; las «vanity presses» no prosperarían sin ellos ni sin la curiosidad que inspiran los primeros libros al menos desde 1750 (cuando se produjo un desplazamiento de la noción de valor de una obra, que pasó de la imitación al ejercicio de la autoría, con sus nociones adyacentes de originalidad, excepcionalidad y novedad), en su función de corte transversal, de «rito de pasaje», de alumbramiento del nuevo escritor. (Algo en lo que parecen haber creído especialmente Wilhelm Raabe, quien a partir de 1854 celebró cada quince de noviembre su «Federansetzungstag», literalmente el «día en que tomó la pluma», y James Joyce, quien exigió a Sylvia Beach que la publicación de Ulises coincidiese con su cuadragésimo cumpleaños, el dos de febrero de 1922: para ellos, publicar era nacer, y es en ese sentido, y en tanto expresión de deseos, que se entiende la publicación de Ingrid Babendererde. Reifeprüfung 1953 [Ingrid Babendererde. Examen final, 1953], el primer libro de Uwe Johnson, en 1985, cuando su autor llevaba un año muerto.)
 
 
7
 
(Por lo demás, Alemania parece un país verdaderamente obsesionado con los primeros libros: en 1894 Karl Emil Franzos publicó una selección de testimonios titulada Die Geschichte des Erstlingswerkes [La historia de la primera obra] que incluía afirmaciones de Paul Heyse, Theodor Fontane y otros, y Renatus Deckert lo imitó en 2007 con una selección llamada Das erste Buch [El primer libro] de la que participaron Martin Walser, Hans Magnus Enzensberger, Elfriede Jelinek y otros. Es raro encontrar este tipo de obras fuera del ámbito germanohablante, quizás debido a que sólo en él se atribuye valor a la primera obra como algo más que como argumento de venta.)
 
 
8

En la literatura se juega siempre algo de la índole de la afirmación personal, sostienen algunos (erróneamente, puesto que, como afirmó Simone Weil, «todas las obras de arte de mérito llevan inscritas de alguna manera el talento individual de su creador, sus particularidades mas concretas y específicas; las obras maestras, sin embargo, siempre tienen algo de anónimo»), y en ella, al menos en sus primeras manifestaciones, ocupa un lugar central el miedo a desnudarse ante desconocidos. Buena parte de los primeros libros oscila entre un extremo y el otro, pese a lo cual, o precisamente a raíz de ello, no son pocas las voces que intentan convertir el rito de pasaje del primer libro en un asunto puramente práctico; el escritor estadounidense Odie Lindsey, por ejemplo, recomendaba a sus lectores en un artículo reciente que «antes de dedicarse a la escritura como carrera profesional» se aseguraran que no lo hacen «simplemente por padecer agorafobia o estar deprimidos». A continuación (sostenía) se deben seguir los siguientes pasos: «escribir una mala novela breve», «no publicar la mala novela breve», «buscarse un agente» y aceptar el hecho de que «la industria editorial tiene tiempos geológicos»; la coronación del proceso sería la publicación del primer libro y una emoción subyacente («egoísta, familiar, tan vitalmente pueril») que ni siquiera el cinismo o su transformación en un asunto de índole práctica podrían disimular.
 
 
9

A pesar de lo que se cree habitualmente (y contra la opinión consuetudinaria de que sería posible producir algo de la nada, y que esa producción tendría el carácter de un alumbramiento), no hay primeros gestos en literatura, sino una suma de ellos que son considerados fundacionales con el tiempo y de forma retrospectiva. Al obtener el Premio Pulitzer por su novela All the Light We Cannot See (2014), Anthony Doerr admitió el hecho de que su camino hacia esa consagración estuvo pavimentado por proyectos fallidos (una novela sobre salmones, media novela sobre un farero, al menos una docena de historias breves); sin All the Light We Cannot See y el Pulitzer, todos ellos podrían ser computados como fracasos; con la publicación de su novela y la obtención del premio, adquieren el carácter de contraparte necesaria, la penumbra sobre la que se recorta, más nítidamente, un haz de luz. El escritor jamaicano Marlon James, autor de una Breve historia de siete asesinatos (2014) por la que obtuvo el Man Booker Prize, contó, por su parte, que «llegó un momento en el que mis novelas inéditas superaban en número a las publicadas: una de ellas era narrada por prostitutas jamaicanas; la segunda, por dos mellizos albinos cantantes de góspel que escapaban de un asesino serial que también era su mánager». «Pienso que es importante no obsesionarse con ideas del tipo "esta pieza 'funciona', esta otra es un 'fracaso'"», observó Doerr: «En última instancia, tenemos que hacer cosas con esas entidades poco confiables y tramposas llamadas palabras como si se tratase de un juego, y jugar tan bien como podamos porque estamos jugando, no necesariamente porque un cierto resultado nos espera al final del juego». Sin embargo, en palabras del escritor Bill Cheng, autor de Southern Cross the Dog, uno de los debuts literarios más celebrados de 2014, «la identidad del escritor está tan relacionada con la escritura de un libro que éste acaba autoflagelándose cuando las cosas no funcionan. Yo no creo haber aprendido mucho de mis proyectos abortados o abandonados, pero quizás ése es el punto: sólo se aprende de lo que se termina».


10

En la virtualidad de esos libros escritos pero no publicados, en todas esas obras que preceden a la transformación del escritor en escritor (pero la hacen posible) hay ansiedad, indulgencia y prisas, por supuesto, pero también el entusiasmo y la insatisfacción que desembocarán en un estilo, de allí que Cheng tenga razón: en el tránsito de la condición de escritor inédito a editado, sólo se sabe qué tipo de escritor se va a ser cuando se escribe y como resultado de lo que se ha escrito. Ricardo Piglia sostuvo que, después de publicar su primer libro, cada escritor debe «tratar de no convertirse en "un escritor"»; es decir, en uno más. A modo de advertencia, Lindsey ha afirmado que «transformarse en un escritor significa (a veces) transformarse en un cliché»; pero es difícil imaginar un estadio en el que el escritor no esté en un devenir hacia la condición de escritor y en el que la escritura no constituya una herramienta de exploración de esa condición. Es posible que la historia de la literatura consista, en ese sentido, y únicamente, en una sucesión de primeros libros: precedidos por otros, o no, parapetados en una situación ambigua en la que el autor narra pero también se narra, detenido en el gesto de comenzar una y otra vez de nuevo exhibiendo las inseguridades del debutante que quizás el escritor sea siempre. Marguerite Duras afirmó alguna vez, brillantemente: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos: sólo lo sabemos después; antes, es la cuestión más peligrosa que podemos plantearnos».
 
 
(Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid y Ciudad de México, marzo de 2017.)

[Publicado el 15/6/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: Disidencias, Tobias Wolff, Rainer Maria Rilke, James Joyce, Anthony Doerr, Bill Cheng, Ricardo Piglia, Marlon James, Wilhelm Raabe, Odie Lindsey, Uwe Johnson, Martin Walser, Hans Magnus Enzensberger, Elfriede Jelinek, Karl Emil Franzos, Simone Weil, Margu]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

El espejo que rompimos en Berlín / 8 libros para entender la caída del Muro

imagen descriptiva

Un fragmento de la instalación de Yadegar Asisi "Die Mauer" / Crédito de la fotografía, de su autor /

1. Uwe Johnson, Dos puntos de vista (Trad. Iván de los Ríos. Madrid: Errata Naturae, 2011)
 
168 kilómetros de extensión, empalizadas de una altura media de entre 3,40 y 4,20 metros, casi 112 kilómetros de muros de cemento y ladrillo, 44,50 kilómetros de valla metálica y medio kilómetro de fachadas de antiguas casas, 300 torres de vigilancia, 31 puestos de operaciones, 259 kilómetros de zona de patrullaje con perros y 20 búnkeres: ninguna de estas cifras es mencionada en Dos puntos de vista, y, sin embargo, como afirmó Max Frisch, "nadie mostró mejor los síntomas de esta enfermedad llamada Muro de Berlín" que Uwe Johnson, quien [...] una cicatriz y una marca indeleble.
  
2. Frederick Taylor, El muro de Berlín (Trad. Antoni Puigròs Jaume. Barcelona: RBA, 2009)
 
[...] algunos años después, la huída masiva de ciudadanos de la RDA llevó a sus autoridades a crear el Muro, que devino ícono de un mundo dividido, que se cobró unas ochenta víctimas a lo largo de su historia, que tenía que proteger a los alemanes del Este (en la RDA se lo llamaba "muro de protección antifascista") y que sólo los retenía, a veces con su anuencia (véase la antología de Ibon Zubiaur Al otro lado del Muro. La RDA en sus escritores).
 
3. Jean-Marc Gonin y Olivier Guez, La caída del muro de Berlín (Trad. Manuel Talens. Madrid: Alianza, 2009)
 
Aparentemente (sólo aparentemente) menos ambiciosa que la de Taylor (y que el libro de William F. Buckley La caída del Muro de Berlín, de 2004, que algunos consideran el mejor, o el segundo mejor, libro sobre dicho acontecimiento) e igualmente exhaustiva, la obra de estos periodistas franceses relata [...] y completaba los términos esbozados en la primera página de ese comunicado), sino un relato coral cuyos narradores (periodistas, artistas, sacerdotes, espías, soldados, políticos y manifestantes anónimos) fueron protagonistas de unos días cuya importancia sólo pudieron comprender mucho tiempo después.
 
4. Julia Franck, Zona de tránsito (Trad. Belén Santana López. Barcelona: Tusquets, 2007)
 
En Conjeturas sobre Jakob, su obra más conocida, Uwe Johnson contó la historia de un personaje que "era extranjero en el Oeste y en el Este ya no se sentía en casa"; algo similar le sucede a los de este libro, en el que su autora aprovecha las experiencias acumuladas durante su huída al Oeste junto con su familia cuando era una niña para narrar la vida de los refugiados en los campos de internamiento de Berlín Occidental y el tipo de descubrimientos y las decepciones que se producían al cruzar "al otro lado". Julia Franck es también la antóloga de Grenzübergänge [Pasos de frontera], una selección de textos acerca del mismo tema de autores como Günter Grass, Thomas Brussig y Roger Willemsen, el único que se permite no una crítica de la Reunificación alemana, pero sí del modo en que se la llevó a cabo.
 
 
5. Ingo Schulze, Historias simples (Trad. Lina Almaín. Barcelona: Destino, 2000)
 
Un puñado de relatos excelentes que narran la vida cotidiana a la sombra del Muro bajo la influencia de Raymond Carver y Ernest Hemingway: su aparente falta de ambición y el talento narrativo exhibido en ellas las conecta con la novela de Thomas Brussig La avenida del sol (Trad. Rosa Pilar Blanco. Madrid: Siruela, 2001), en la que una chaqueta, un disco de los Rolling Stones contrabandeado que puede, literalmente, salvar una vida y una adolescencia bajo un régimen de terror que, sin embargo, los personajes añoran por ser la única que tuvieron, son narrados con una comicidad contagiosa que hacen del libro de Brussig algo tan recomendable como su adaptación cinematográfica (dir. Leander Haußmann, 1999) y otros dos filmes alemanes: la comedia Good Bye Lenin! (dir. Wolfgang Becker, 2003) y el drama La vida de los otros (dir. Florian Henckel von Donnersmarck, 2006).
 
6. Uwe Tellkamp, La torre (Trad. Carmen Gauger. Barcelona: Anagrama, 2011)
 
Como puso de manifiesto hace dos años la instalación Die Mauer [El Muro] del artista berlinés Yadegar Asisi, éste no sólo fue un muro, sino también un espejo, una superficie de refracción de las contradicciones, las desigualdades, las ambiciones y los orgullos de ambos lados, el occidental y el oriental. En esa superficie se miran los personajes de Nuevas vidas (Trad. Carles Andreu Saburit. Barcelona: Destino, 2008), también de Ingo Schulze, cuya ambición y excesos la ponen en una serie con esta monumental obra de Uwe Tellkamp (887 páginas) que aborda los últimos siete años de la RDA a través de los integrantes de una familia de Leipzig, los Hoffmann. Ninguno de ellos es un héroe, pero, precisamente por ello, por la mezcla de adecuación y de resistencia que caracteriza sus vidas, La torre es quizás el relato más honesto acerca de la vida interior de los habitantes de la RDA que se ha escrito hasta el presente.
 
7. Eugen Ruge, En tiempos de luz menguante (Trad. Richard Gross. Barcelona: Anagrama, 2013)
 
Mucho de esa vida interior se pone de manifiesto, también en En la ciudad del mañana, el diálogo entre el arquitecto Hermann Henselmann y la escritora Brigitte Reimann que documenta el tipo de intercambios que se producía en la RDA entre intelectuales (Trad. Ibon Zubiaur. Madrid Errata Naturae, 2014). Esa vida interior también aparece en esta novela de Ruge, quien hace que sus personajes orbiten en torno al 9 de noviembre de 1989, a sus antecedentes y a sus consecuencias. El 9 de noviembre de 1989 es precisamente el día en que el patriarca de la familia de En tiempos de luz menguante cumple años, pero también el día en que su mundo y el de sus personajes se derrumba; pero el arco temporal de esta novela es mayor, de 1945 hasta un presente en el que la RDA ya no existe excepto en las conciencias de sus antiguos habitantes.
 
8. Jana Hensel, Zonenkinder [Los niños de la zona] Reinbeck bei Hamburg: Rowohlt, 2002
 
La [...] tarea de recomponer el espejo roto para ver qué hubo o qué hay allí, sugiere Hensel, todavía nos llevará décadas.
 
 
[En Babelia, suplemento de cultura del diario El País. Madrid, 29 de octubre de 2014.]

[Publicado el 10/2/2015 a las 17:30]

[Etiquetas: Uwe Johnson, Frederick Taylor, Jean-Marc Gonin, Olivier Guez, Julia Franck, Ingo Schulze, Uwe Tellkamp, Eugen Ruge, Jana Hensel]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

A la sombra del muro / "Dos puntos de vista" de Uwe Johnson

imagen descriptiva

[...]
 
En su obra más conocida (Conjeturas sobre Jakob, 1959), Uwe Johnson había contado ya la historia de un personaje que "era extranjero en el Oeste y en el Este ya no se sentía en casa"; algo similar le sucede a los personajes de esta Dos puntos de vista, cuya publicación (que devuelve al lector español la posibilidad de leer a uno de los mejores escritores alemanes de la segunda mitad del siglo XX y uno de los miembros más notorios del renovador Grupo 47) debería ser complementada con la de la magnífica Ingrid Babendererde. Reifeprüfung 1953 (Ingrid Babendererde: bachillerato 1953, de 1985), en la que Johnson realizó un retrato penetrante de la década de 1950 en la (una vez más) así llamada República Democrática.
 
Aun cuando el final de esta Dos puntos de vista no carezca de trivialidad y el Muro de Berlín ya sea cosa del pasado, existen buenas razones para leer este libro: las que convoca siempre la gran literatura, pero también las que (como indica el pie de imprenta de este libro) se derivan de la existencia en nuestros días de otros muros que devuelven en otros sitios las disociaciones y las separaciones y el terror que viven los personajes de este libro.
 
 
Uwe Johnson
Dos puntos de vista
Trad. Iván de los Ríos
Madrid: Errata Naturae, 2011
 
Publicado originalmente en ABC Cultural. Noviembre 26 de 2011.
 
[El próximo viernes: Visual art: John Cage en conversación con Joan Retallack]

[Publicado el 14/12/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Uwe Johnson, Novela, Errata Naturae]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres