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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 23 de octubre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Siete direcciones para seguir este verano / (Y una más) / Babelia

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La literatura

Danilo Kiš, Homo poeticus. Ensayos y entrevistas. Trad. Luisa Fernanda Garrido y Thomir Pištelek. Barcelona: Acantilado, 2017.

Acerca de los puntos cardinales suele decirse que son tres (norte y sur), pero una afirmación similar y no menos acertada sería que son nueve: la literatura, los sueños, el humor, los espíritus, la amistad, el pasado, el presente y el futuro. Del primero de ellos se ocupa magistralmente Danilo Kiš en esta selección por la que desfilan Jorge Luis Borges, Roland Barthes, Charles Baudelaire y Lautréamont, pero también las ideas y las prácticas de uno de los narradores europeos más importantes del siglo XX.

Los sueños
 
Michel Leiris, Noches sin noche y algunos días sin día (Trad. David M. Copé. Pról. Philippe Ollé-Laprune. Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017.

Michel Leiris adquirió el hábito de tomar nota de sus vivencias oníricas en 1923; sin embargo, pronto descubrió que éstas no servían para la "novela de aventuras" que tenía pensado escribir con ellas: a cambio, lo que publicó bajo el título de Noches sin noche y algunos días sin día es algo bastante más interesante, una invitación a vivir con los ojos cerrados.

El humor
 
Terry Eagleton, Santos y eruditos. Trad. Teresa Arijón. Buenos Aires: El Cuenco de Plata, 2017.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento", el revolucionario irlandés James Connolly recuerda la época en que frecuentó a Ludwig Wittgenstein y a Nikolai, el hermano de Mijaíl Bajtín; si el sentido de la ficción es detener el tiempo (como sucede aquí), también lo es contribuir a la discusión de ideas, y hay muchas en este libro; también mucho humor, algo nada sorprendente si se considera detenidamente la obra del gran (y muy serio) ensayista que Eagleton es.

Los espíritus

Victor Hugo, Lo que dicen las mesas parlantes. Conversaciones con los espíritus en la isla de Jersey. Trad. Cloe Masotta. Terrades, Girona: Wunderkammer, 2016.

El autor de Los miserables fue introducido al espiritismo por Delphine de Girardin en septiembre de 1853. Lo que dicen las mesas parlantes lo muestra "comunicándose" con William Shakespeare, "El Océano", Jesucristo, "La Muerte" y Platón, casi siempre con resultados calamitosos para todas las partes, incluida la de ultratumba.

La amistad

Stephen Spender, Christopher Isherwood y W.H. Auden. Diario de Sintra. Trad. David Paradela. Madrid: Gallo Nero, 2017.

Stephen Spender, Christopher Isherwood y W.H. Auden fueron tres de los escritores ingleses más importantes del siglo XX y fueron amigos. En 1935 se instalaron en una casa en Sintra, donde escribieron este diario colectivo; en él hay un anhelo de libertad compartido, pero también varios dramas y la constatación de que ni siquiera las mejores amistades sobreviven a las pruebas de la política y del tiempo, mucho menos las amistades entre escritores.

El pasado

James Boswell, Una visita a Voltaire y Rousseau. Trad. José Manuel de Prada-Samper. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2017.

A falta de otros talentos (que tuvo), el más importante del que dispuso Boswell fue el de saber rodearse: conoció a muchas personas y, casualmente, casi todas ellas eran famosas. A su amistad con el Dr. Johnson le debemos una de las obras más importantes de la literatura, su Vida de Samuel Johnson; pero sus visitas a Voltaire y a Rousseau son igualmente extraordinarias.

El presente

Adam Johnson, George Orwell fue amigo mío. Trad. Carles Andreu. Barcelona: Seix Barral, 2017.

Los personajes de George Orwell fue amigo mío son nuestros contemporáneos (también) en su incapacidad de comprender qué sucede a su alrededor; se trata de los relatos de ficción más lúcidos acerca del presente que se hayan podido leer en unos meses en los que se han publicado otros muy buenos libros de cuentos, como los de Edith Pearlman, Nicolás Cabral y (un rescate) En el corazón del corazón del país de William H. Gass.

El futuro

Chimamanda Ngozi Adichie, Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo. Trad. Cruz Rodríguez Juiz. Barcelona: Literatura Random House, 2017.

Chimamanda Ngozi Adichie ofrece aquí argumentos inapelables para pensar en la forma en que educamos a nuestros hijos, y lo hace con discreción y nobleza. Más que los otros libros mencionados, éste de Adichie apunta en una dirección, sea ésta un punto cardinal o no: su lectura permite orientarse en un mapa de cuya interpretación depende el futuro de todos nosotros, hombres y mujeres.
 
 
Publicado originalmente en Babelia/El País, junio de 2017. 

[Publicado el 29/6/2017 a las 18:00]

[Etiquetas: Danilo Kiš, Michel Leiris, Terry Eagleton, Victor Hugo, Stephen Spender, Christopher Isherwood, W.H. Auden, James Boswell, Chimamanda Ngozi Adichie, Acantilado, Sexto Piso, El Cuenco de Plata, Wunderkammer, Gallo Nero, Ediciones Universidad Diego Portales]

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Narra un sueño y pierde un lector / Libros de Michel Leiris, Graham Greene, Fogwill, Inka Martí

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Fotograma de "Inception" (dir. Christopher Nolan, 2010) /

Michel Leiris vivió a lo largo de una existencia relativamente prolongada al menos dos vidas, como todos nosotros: una diurna, en cuyo transcurso participó de la revolución surrealista, realizó numerosos viajes en su condición de etnógrafo y destacó como uno de los escritores franceses más importantes del siglo, y otra nocturna, en la que visitó a su hermano en un hospital del cual éste era el único paciente, fue disparado a través de un cañón u obligado a permanecer en lo alto de una columna por una prostituta. "Ninguna persona viva sabe lo suficiente para escribir", afirmó Ezra Pound; pero Leiris, que produjo bastante (incluyendo la novela surrealista Aurora y los textos autobiográficos Edad de hombre y La regla del juego), no se resignó a esperar un cambio de situación que le permitiera (improbablemente) escribir, sino que lo hizo acerca de lo que no sabía ni comprendía por completo, y entre el 15 de marzo de 1923 y el 7 de noviembre de 1960 mantuvo un diario de sueños.
 
Noches sin noche y algunos días sin día no es el primer libro de ese tipo que se publica recientemente en España: Atalanta editó hace seis años el Cuaderno de noche de Inka Martí, dos años atrás La Uña Rota publicó el de Graham Greene, Un mundo propio, y Alfaguara sacó en 2013 La gran ventana de los sueños de Rodolfo Enrique Fogwill. (A los que debe sumarse Duermevela, el diario onírico de la compositora barcelonesa María Rodés, publicado en 2015.)
 
Si los sueños de Martí (que ésta tuvo entre 2000 y 2011; los de Fogwill no están datados y los del autor de El poder y la gloria se produjeron entre 1965 y 1989) tenían lugar en escenarios líquidos poblados de figuras inquietantes como ese bebé "con el pelo muy negro" que emergía de la coronilla de un cadáver y los de Fogwill manifestaban su habitual dominio de saberes diversos y en oposición (las instituciones políticas, el fuego, "los griegos", la masturbación, la navegación a vela, el fetiche tecnológico, la función de los chistes en los velorios, la naturaleza del recuerdo, los colores), los de Greene consistían en situaciones incómodas pero en absoluto ajenas a un mundo de celebridades y líderes políticos en el que éste supo desenvolverse como un pez en el agua: en ellos, el autor británico sorprendía al Papa durmiendo, bromeaba con Nikita Kruschev y era nombrado arzobispo de Westminster.
 
Quizás en mayor medida que los diarios de sueños de Greene y de Martí (que comparten un cierto carácter atemporal), Noches sin noche y algunos días sin día es claramente un hijo de su tiempo: por una parte, porque está poblado de contemporáneos de su autor (Max Jacob, Giorgio de Chirico, Robert Desnos, André Breton, Georges Bataille, André Gide); por otra, porque su proyecto es el de la utilización de los materiales producidos por el inconsciente que caracterizó al surrealismo; finalmente, porque su propósito es el de analizar los sueños que tiene, al margen de su interés literario. Si la pérdida de vidas humanas provocada por la Guerra Civil estadounidense provocó un entusiasmo inédito por el estudio de los sueños como herramienta de comunicación con los muertos en ese país y en su ámbito de influencia (es la tesis de Alicia Puglionesi en un ensayo reciente), los surrealistas concibieron las experiencias oníricas como el producto de una existencia subterránea que debía ser liberada mediante la escritura automática, el sueño diurno o el análisis al hilo de la publicación en 1899 del famoso libro de Sigmund Freud acerca de La interpretación de los sueños.
 
Leiris publicó su diario nocturno por primera vez en 1945, cuando el proyecto surrealista alcanzaba su cénit, pero también tras una guerra mundial que había puesto de manifiesto que los terrores nocturnos del individuo eran muchísimo menos angustiantes que las grandes pesadillas de la Historia. A diferencia de Martí (quien continúa el proyecto de su Cuaderno de noche en su perfil de la red social Facebook), Graham Greene abandonó su diario de sueños en 1989 aunque vivió dos años más. Leiris, que murió en 1990, lo interrumpió en 1960, lo que no parece tanto el producto de una hipotética falta de experiencias oníricas en los últimos años de vida de ambos autores como la constatación de que, contra lo esbozado en noviembre de 1924 por el autor francés (quien se proponía escribir una "novela de aventuras" con el material de su diario) y pese a que, como reconoció Greene, algunos de sus libros (más específicamente Campo de batalla y El cónsul honorario) surgieron de sueños, el diario no serviría tanto como reservorio de temas y personajes para la producción de literatura sino que sería literatura por derecho propio, surgida del pozo oscuro del que toda literatura proviene y liberada de producir una interpretación. ¿De qué otra manera leer, si no como literatura, relatos como el siguiente (de Leiris): "Una tarde, al entrar en mi habitación, me encuentro a mí mismo sentado en la cama. De un puñetazo, acabo con el fantasma que me ha robado la apariencia. En ese momento, mi madre asoma por el umbral de una puerta en el preciso instante en que su doble, una réplica exacta del original, entra por la puerta que hay justo enfrente. Grito con fuerza, pero mi hermano acude, también él acompañado de su doble, que me ordena callar diciendo que voy a asustar a mi madre"?
 
Henry James afirmó que cada vez que un escritor contaba un sueño perdía un lector, pero casos como el de estas Noches sin noche y algunos días sin día y los otros mencionados ponen de manifiesto que, por el contrario, narrar los sueños es contribuir a una literatura específica que tiene sus autores (los sueños ocupan un lugar relevante en textos recientemente publicados de escritores tan distintos entre sí como Fleur Jaeggy, Lorenzo García Vega, Haven Kimmel, Jacobo Siruela, Haruki Murakami, Mircea Cǎrtǎrescu, Rodrigo Fresán, Paco Gómez, Lydia Davis y David B.) y sus lectores; estos últimos, a la espera de que se concrete la brillante intuición de Miguel Noguera del hombre que, antes de soñar sueña la tabla de contenidos del sueño que tendrá a continuación.
 
 
Graham Greene
Un mundo propio. Diario de sueños
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino
Segovia: La Uña Rota, 2014
 
Inka Martí
Cuaderno de noche
Pról. Jacobo Siruela. Girona: Atalanta, 2011
 
Rodolfo Enrique Fogwill
La gran ventana de los sueños
Barcelona y Buenos Aires: Alfaguara, 2013
 
Michel Leiris
Noches sin noche y algunos días sin día
Trad. David M. Copé
Pról. Philippe Ollé-Laprune
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017
 
 
(Publicado originalmente en Babelia-El País. Madrid, 8 de mayo de 2017.) 

[Publicado el 16/5/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Michel Leiris, Graham Greene, Rodolfo Enrique Fogwill, Miguel Noguera, Inka Martí, Miscelánea, Sexto Piso]

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De aquellos polvos / "La carrera por el segundo lugar" de William Gaddis

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Unánimemente considerado uno de los novelistas estadounidenses más importantes del siglo XX, autor de una obra en la que el lector se adentra (si lo hace, y debería hacerlo) con iguales cantidades de fascinación y hartazgo, William Gaddis recordó, al recibir el National Book Award de 1994, que cierto juez estadounidense ordenó que quemaran sus papeles tras su muerte porque "dijo que no era asunto de nadie cómo había llegado hasta ahí, y yo siento lo mismo", aunque también admitió, agoreramente, que "ahora las universidades tienen interés en comprar eso que llaman los archivos, así que [los escritores] empezamos a guardar cualquier basura que salga de la máquina de escribir. ¡Alguna de esas basuras incluso puede acabar aquí!".
Autor de Los reconocimientos (1955) y Jota Erre (1975), entre otros, Gaddis no podía escribir "basura", por supuesto; pero parece poco probable que hubiese aprobado la publicación de La carrera por el segundo lugar, la selección de materiales provenientes de su archivo realizada en 2002 por el profesor estadounidense Joseph Tabbi porque, como éste recuerda en su muy buena introducción, "siempre se negó a dar explicaciones sobre sus libros". Gaddis puede estar tranquilo, sin embargo: ninguno de los materiales seleccionados (artículos para la prensa, guiones de cortometrajes educativos y promocionales concebidos para ser leídos por ejecutivos de empresas como Eastman Kodak e IBM, la única pieza deliberadamente autobiográfica que escribió el autor, resúmenes de proyectos, discursos, etcétera) ofrece explicación alguna sobre sus libros. A cambio, su selección pone de manifiesto algunas de las características más relevantes del estilo de la ficción del autor de Gótico carpintero (1985), como el barroquismo de la forma y una cierta inclinación por la sátira y el tratamiento grotesco de personajes y diálogo, aunque tampoco es particularmente útil como primer acercamiento a su obra, una impresión que se vuelve más pronunciada allí donde el escritor regresa sobre sus libros, recupera personajes como Jota Erre, en una extraordinaria pieza de sátira gubernamental, o vuelve sobre su interés por la pianola que juega un papel destacado en su novela Los reconocimientos. Gaddis no es apropiado para los lectores con prisas, ciertamente: pero quizás la publicación de estos materiales se haya demorado en demasía, en particular si se piensa en el hecho de que es improbable que el lector recuerde a personas tan escasamente dignas de que se lo haga como Dan Quayle, Billy Graham o Newt Gingrich, mencionadas aquí.
 
No muy útil como introducción a la obra de Gaddis, el interés de La carrera por el segundo lugar se deriva de dos aspectos de la selección: la naturaleza de las reflexiones reunidas en ella (sobre la extraordinaria Erewhon de Samuel Butler, la idea de autor, las condiciones materiales de vida de los escritores en el capitalismo norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, la demanda de sinceridad en la literatura de ese país o la deshumanización y la automatización de la producción artística) y la atención puesta en ella a la política estadounidense: al recordarnos que los lodos de la Administración Trump y su uso de la mentira política (así como la adhesión que estas prácticas generan en una parte importante de la población estadounidense) vienen de unos "polvos" que ya estaban en el aire en la década de 1980 bajo la forma del regreso del fundamentalismo religioso a la vida política, el fracaso del sistema y el incremento consiguiente del nacionalismo, la concesión de las herramientas legislativas al beneficio privado y la depreciación del sistema público de educación, Gaddis no sólo se revela como un extraordinario observador de su tiempo, sino que también pone de manifiesto la capacidad crítica de la literatura concebida como contrapoder, como conciencia crítica de las democracias que, como la suya y la nuestra, flirtean en ocasiones con el suicidio sin detenerse siquiera a pensar en ello.
 
 
William Gaddis
La carrera por el segundo lugar
Intr. y Not. Joseph Tabbi
Trad. Mariano Peyrou
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017
 
 
Publicado originalmente en Babelia/El País, 7 de noviembre de 2016. 

[Publicado el 28/3/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: William Gaddis, Ensayo, Sexto Piso]

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Un mundo de dolor / "Loco" de Rainald Goetz

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Al margen de las instituciones que afirman preservarla, y del complejo entramado de pastillas, terapias y discursos que la convierten en su objeto, nadie parece saber qué cosa es la "salud mental"; el psicoanalista británico Darian Leader afirmó en 2013, por ejemplo, que la credibilidad otorgada al concepto "no sólo afianza la falsa dicotomía entre salud y enfermedad, sino que también eclipsa el aspecto creativo y positivo de los fenómenos psicóticos". Antes de ello, en 1983, el artista y escritor alemán Rainald Goetz (Múnich, 1954) publicó Loco, cuyo tema es la trayectoria que describe el joven psiquiatra Raspe desde su ingreso a un hospital muniqués como médico hasta su pérdida de confianza en la psiquiatría y su caída en la locura.
 
Loco es uno de los textos más importantes de la literatura alemana de la segunda mitad del siglo XX; sin embargo, no lo es tanto por su mensaje (que resulta opaco) como por su plasticidad, que le permite incorporar soliloquios de pacientes, entrevistas médicas, protocolos de visita, conversaciones telefónicas con familiares de los "enfermos", exposiciones, debates televisivos entre especialistas, delirios verbales, observaciones de la vida cotidiana en un hospital psiquiátrico europeo, la descripción de una sesión de electroshock, imágenes encontradas, fragmentos de un guión cinematográfico, discusiones políticas acerca de la locura y el poder, prescripciones, diálogos imaginarios y descripciones de conciertos punk, todo ello en lo que sólo podemos llamar (por su amplitud) una "novela".
 
En ella Raspe traza un recorrido algo predecible que va desde su idealismo de médico joven al cinismo de quien pierde la cabeza a consecuencia de la exposición a una institución psiquiátrica que, al menos en la novela, sólo puede "enfermar" a quien se le acerque; si en la predictibilidad de ese recorrido hay un elemento histórico (en algún sentido, Loco podría ser leído como un "Bildungsroman"), también lo hay en las discusiones de algunos de sus personajes y en la incertidumbre que los embarga: en 1983 ya resultan palpables los terribles resultados de los movimientos de liberación del paciente psiquiátrico que se produjeron en torno a 1968 y adquirieron el nombre genérico de "antipsiquiatría" y todavía no se ha dado con las drogas que morigeran y potencialmente combaten el síntoma psiquiátrico; en esa situación, la falta de certezas en la profesión médica es total, y Goetz acierta en su relato de ella.
 
Su principal acierto, sin embargo, está en el hecho de que la multitud de textualidades que convoca, permiten a Loco reconocer en la locura lo que ésta es, una profusión de discursos en conflicto. Confusa y de a ratos irritante, la novela de Goetz (la primera suya que se publica en español) es, en algún sentido, como un síntoma psiquiátrico: su fragmentarismo responde a una idea escindida, irreconciliable, de la realidad y actúa por acumulación, con una verborrea que supone la pérdida absoluta del control de la narrativa por parte de quien narra. Ni siquiera los surrealistas, con su interés en las formas de desautomatización del pensamiento racional, se acercaron tanto como lo hizo Rainald Goetz a la experiencia de narrar la locura experimentándola. Quien no haya tenido nunca que padecer un episodio psiquiátrico, quien haya permanecido del lado de una "salud mental" que nadie puede definir y posiblemente no exista, tiene en este libro una entrada privilegiada a un mundo de dolor del que no saldrá igual que como haya entrado.
 
 
Rainald Goetz
Loco
Trad. Eduardo Gil Bera
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2016

[Publicado el 20/1/2017 a las 15:00]

[Etiquetas: Rainald Goetz, Novela, Sexto Piso]

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Ligera, pero crucialmente / "Los viernes en Enrico's" de Don Carpenter

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[...]
 
Pese a lo cual el autor nunca dejó de defender la obra de Carpenter, lo que llevó a sus albaceas a proponerle algunos años atrás la evaluación y la posibilidad de completar la novela en la que éste se encontraba trabajando en el momento de su muerte. Lethem se sintió "eufórico y asustado" cuando recibió el manuscrito de Los viernes en Enrico's: "¿y si el libro no era bueno o no era lo bastante bueno? Muchos escritores resbalan hacia el final", pensó. No era el caso de Carpenter, por fortuna: "La voz estaba en su lugar, la arquitectura era sólida, los propósitos arteros de Carpenter estaban bien representados a lo largo de la novela", constató Lethem. "Saber que el libro existía, que Carpenter lo había sacado adelante, estuviera destinado a su publicación o no, hacía el mundo ligera, pero crucialmente más grande", escribe.
 
Según sus palabras, su intervención en el manuscrito fue mínima. "Más que nada, saqué cosas", afirma. "El libro demostraba su integridad por la forma en que se negaba a ser alterado, igual que una casa podría demostrar su solidez cuando se habita un tiempo en ella".
 
[...] 
 

Don Carpenter (y Jonathan Lethem)
Los viernes en Enrico's
Trad. Javier Guerrero
Madrid: Sexto Piso, 2015

[Publicado el 27/10/2015 a las 10:34]

[Etiquetas: Don Carpenter, Jonathan Lethem, Sexto Piso, Novela]

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"Eso" de Inger Christensen (Cita)

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La poeta danesa Inger Christensen (1935-2009) /

EL ESCENARIO
conexidades

 

...l'horreur liée à la vie
comme un arbre à la lumière
Georges Bataille

3

En vista de las imposibles relaciones
que reinan entre la nada y el todo
o sólo entre la nada y algo
o aun sólo entre la nada y la palabra nada
y debido al absoluto silencio del idioma
sobre todo lo que no ocurre
ya sea en el mundo o no en el mundo
debe abandonarse esa posición.
Es abandonada y deja tras ella
ya sea un idioma que es una consecuencia del mundo
ya sea un mundo que es una consecuencia del idioma
ya sea un cielo mar y montañas
ya sea un cielo mar y montañas pintadas
ya sean aves que despiertan / asesinatos que tienen lugar
ya sea una piedra que vuela sobre las montañas
es realmente desesperante
es realmente imposible
En vista de esas imposibles relaciones
que existen entre ya sea y ya sea
o sólo entre ya sea y ambos
o aun sólo entre ya sea y las palabras ya sea
y debido al absoluto silencio del idioma
sobre todo lo que no ocurre
ya sea en el ya sea o no en el ya sea
debe adoptarse esa posición
¡Entonces estamos como al principio!
Esto es una crítica de la ficción
porque es una crítica de las ansias de mundo


EL TEXTO
continuidades

7

Hoy todos los pacientes nos hemos puesto de acuerdo para decir que nevaba. Nos colocamos todos junto a las ventanas pegando las caras contra los cristales y regocijándonos con la nieve y la describíamos y soñábamos con lo maravilloso que sería ponernos a jugar con ella. Entretanto el sol resplandecía y los médicos estaban confusos sobre nuestro acuerdo y no sabían si debían actuar como si estuvieran locos y decir que nevaba o actuar como si estuvieran locos y decir que no nevaba. Mientras tanto vimos que el personal salía al jardín y allí se ponía a dar vueltas corriendo y hacía como si todo estuviese lleno de nieve. No sé si fue nuestra agitación lo que había ayudado o si ellos estaban aprovechando la confusión general para tomarse un descanso y salir y retozar y gozar del sol. Pero ahora eso no tiene importancia. Porque la prensa llegó a nuestro lugar y fotografió al personal que corría por todas partes tirando bolas de nieve y patinaban y hacían muñecos de nieve y se revolcaban unos con otros en la nieve. En los periódicos escribían que todo el personal se había vuelto loco. Llevaban flores en el pelo y tierra y hierba por todas partes. Es una de esas cosas que ejercen presión sobre el mundo. Y uno de ellos rió directamente a la cámara de televisión y gritó Me gustaría tanto amar vuestro dolor. Aunque las cosas quizá vuelvan a la normalidad mañana no creo que ninguno de ellos lo olvide.


[...]
cómo
dirigirse
directamente
y entrar en
tu corazón
de otra forma
que no sea este
idioma paralelo
que no
existe
y nunca
existirá
yo tengo miedo
Empieza
Empieza de nuevo
Empieza en mí
Empieza en el mundo
Empieza en un mundo tras otro
Empieza muy lejos fuera del mundo
Empieza en el miedo
y fuera del miedo
en el miedo que está dominado por el miedo
y el miedo que no está dominado por el miedo
continúa
como empezó por pura casualidad
en el miedo
y no se puede hacer más que decir las cosas como son
tenemos miedo
No es casualidad
No es el mundo
Es aleatorio
Es el mundo
Es la totalidad en una masa de diferentes gentes
Es la totalidad en una masa diferente
Es la totalidad en una masa
Es la totalidad
Eso es
Eso


La autora

 

 

Inger Christensen nació en Vejle (Dinamarca) el 16 de enero de 1935 y murió en Copenhague el 2 de enero de 2009. Es considerada la escritora danesa más importante de su generación y fue una candidata habitual al premio Nobel de Literatura, que no ganó. Publicó (entre otros) los poemas de Lys [Luz] (1962), Graes [Hierba] (1963) y Alfabeto (1981), las novelas Azorno (1967) y La habitación pintada (1976), varios libros para niños y los ensayos de Hemmelighedstilstanden [El secreto de Estado] (2000).

Eso (Trad. Francisco J. Uriz. Madrid y Ciudad de México: Sexto Piso, 2015) fue una pequeña revolución cuando fue publicado en Dinamarca en 1969, dando lugar a su apropiación por parte de los lectores, su aclamación por parte de la crítica e incluso la incorporación de muchas de sus expresiones al uso coloquial. Sus editores lo consideran principalmente una cosmogonía, pero Eso también es otras cosas: una celebración de todo lo que existe, una disquisición sobre el origen del lenguaje, un ejercicio de crítica política, la constitución de un ritmo semejante a una letanía en el que el lector es arrastrado como si el poema fuese un oleaje, un cuestionamiento de las instituciones, también las psiquiátricas, una reflexión aguda y dolorosa acerca de la destrucción del empleo, un poema de amor; es, finalmente (y como todo gran poema), una experiencia que tiene lugar "donde idioma y mundo se tocan fructifican de- / forman o sea lo que sea lo que se hacen mutuamente" (89), y es conveniente, o sería conveniente, que no dejemos esa experiencia a otros.

 

[Publicado el 05/8/2015 a las 11:30]

[Etiquetas: Inger Christensen, Poesía, Cita, Sexto Piso]

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Actualizaciones XI / "Estrictamente bipolar" de Darian Leader y "Pista resbaladiza" de Roberto Merino

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1
 
Estrictamente bipolar no reúne las magníficas historias clínicas que constituían uno de los principales alicientes para la lectura del libro anterior del psicoanalista británico Darian Leader, ¿Qué es la locura?. A cambio, profundiza en su proyecto de volver la vista a la psicología clásica para evitar la confusión que rodea a unos términos (aquí la "manía" y la "depresión") a los que la historia del psicoanálisis y la psiquiatría han acabado dotando de un significado ambiguo. Al aumento del diagnóstico de bipolaridad en las últimas décadas, Leader opone la denuncia del carácter económicamente construido de una enfermedad que, en realidad, debería ser llamada "trastorno maníaco-depresivo", y propone (una vez más) no pensar en el trastorno como el problema del paciente, sino como en su solución: una solución precaria y en último término dañina, pero que requiere ser entendida si se quiere conseguir aquello tan difícil que algunos llaman "curar".
 
 
2
 
A lo largo de la última década, Roberto Merino se ha convertido en un imprescindible de lo que muchos denominan la "crónica latinoamericana": al margen de lo que se piense acerca de la existencia (o no) de dicho término, y con independencia de lo que se pueda decir de su repetición maniática (que en ocasiones no es sino la demarcación de un nicho de mercado, un "kiosco" propio, y otras veces, el resultado de una cierta ingenuidad esperanzada), el caso es que Merino es uno de los autores que mejor ha narrado la ciudad en la última década, y lo ha hecho en textos generalmente breves en el periódico chileno Las Últimas Noticias empleando a menudo un tono intimista, alejado de la gritería del "aquí estoy yo" tan habitual entre los "cronistas latinoamericanos" (perdón).
 
Pista resbaladiza reúne una selección de esos textos realizada por Andrés Braithwaite: en ellos, la escritura periódica y sin programa no es sinónimo de dispersión; por el contrario, en los textos de Pista resbaladiza hay una unidad indisoluble, que es la de la mirada del sujeto que camina por la ciudad y lo narra (y la narra) con una de las prosas más extraordinarias del español contemporáneo.
 
 
Darian Leader
Estrictamente bipolar
Trad. María Tabuyo y Agustín López Tobajas
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2015
 
Roberto Merino
Pista resbaladiza
Ed. Andrés Braithwaite
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2014

[Publicado el 13/3/2015 a las 17:00]

[Etiquetas: Darian Leader, Roberto Merino, Andrés Braithwaite, Ensayo, Crónica, Sexto Piso, Ediciones Universidad Diego Portales]

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Los que hablan con los muertos / Una cita de John Gray

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El objetivo de la SPR era examinar los fenómenos paranormales de "un modo imparcial y científico". Estos sabios victorianos creían que debía investigarse lo paranormal utilizando métodos científicos, y demostraron su seriedad poniendo al descubierto el carácter fraudulento de los golpes en las mesas, el ectoplasma, la fotografía de espíritus y cosas similares. Pero nunca se dedicaron al conocimiento científico en toda su amplitud. Se centraron principalmente en la cuestión que preocupaba a casi todos ellos: si la muerte es el final del individuo humano consciente. Prosiguieron sus investigaciones infatigablemente, comunicando sus descubrimientos a otros investigadores -si hay que dar crédito a la escritura automática, textos producidos sin conciencia consciente en los que otra personalidad parece estar guiando la pluma-, incluso después de muertos.
 
Myers murió en enero de 1901 en una clínica de Roma, donde había ingresado a sugerencia de William James con el fin de recibir un tratamiento experimental para la enfermedad de Bright. Según el médico que trato a Myers, este y James habían hecho "el pacto solemne" de que "el que muriera primero debía enviar un mensaje al otro cuando pasara a lo desconocido"; ellos creían en la posibilidad de semejante comunicación. James, que ya se encontraba también en la clínica recibiendo tratamiento, se sentía tan afligido que no era capaz de permanecer en la habitación donde Myers se estaba muriendo. Aun así, intentó recibir el mensaje que su amigo había prometido enviar:
 
se sentó pesadamente en una silla junto a la puerta abierta, con su cuaderno sobre las rodillas, la pluma en la mano, para tomar nota del mensaje con su habitual exactitud metódica... Cuando salí, William James seguía sentado con la espalda apoyada en el respaldo, cubriéndose la cara con las manos, el cuaderno abierto sobre las rodillas. La página estaba en blanco.
 
Otra tentativa también acabó en desengaño, cuando en diciembre de 1904 se abrió un sobre cerrado que Myers había dejado al investigador psíquico sir Oliver Lodge. La carta no correspondía a los mensajes automáticos que, según se afirmaba, se habían estado recibiendo de Myers, aunque contenía una referencia a un episodio de los años de formación de Myers, mantenido en secreto mucho tiempo, que ocuparía un lugar destacado en posteriores textos.
 
Los esfuerzos de Sidgwick y Myers para comunicarse desde la tumba habían quedado en nada. Eso no le hizo perder las esperanzas y lo siguió intentando.
 
Myers se encontraba entre varios ostensibles autores de una serie de escritos automáticos interconectados producidos a lo largo de varias décadas por médiums de diferentes partes del mundo, al parecer con el fin de demostrar el hecho de que la personalidad humana sobrevivía a la muerte del cuerpo. Otro presunto autor de los textos fue Edmund Gurney, músico de talento, estudioso de los clásicos y miembro fundador de la SPR. Gurney se sumió en la desolación cuando perdió a tres de sus hermanas ahogadas en un accidente en el Nilo, y murió en 1888 a la edad de cuarenta y un años mientras utilizaba cloroformo, probablemente por accidente. Un tercer hombre fue el propio Sidgwick, uno de los más eminentes sabios de la época victoriana. Entre otros supuestos comunicadores se encuentran Francis Maitland Balfour, biólogo de Cambridge y hermano de Arthur Balfour, que murió en un accidente de escalada en 1882; Annie Marshall, esposa de un primo de Myers de la que Myers se había enamorado, que se suicidó en 1876; Mary Lyttelton, de la que Arthur Balfour había estado enamorado, que murió de tifus en 1875; y Laura Lyttelton, cuñada de Mary, que murió de parto en 1886.
 
Al parecer la correspondencia interconectada con escritura automática empezó en 1901, cuando el primero de varios practicantes de escritura automática, todos mujeres salvo un médium profesional, empezó a recibir textos que afirmaban proceder de Myers. Entre las escritoras automáticas se encontraban la señora Verral, esposa de un estudioso de los clásicos de Cambridge; la hija de aquella, Helen, esposa de W. H. Salter, abogado que llego a presidente de la SPR; "La señora Holland", seudónimo utilizado por los investigadores psíquicos para ocultar la identidad de Alice Fleming, esposa del oficial del Ejercito británico John Fleming, destinado en India, y hermana de Rudyard Kipling, de quien se creía que había escrito sola o con Kipling algunos de los primeros relatos indios de este; "la señora Willett", seudónimo de Winifred Coombe-Tennant, sufragista y representante británica en la Liga de Naciones, que se introdujo en la escritura automática mientras intentaba comunicarse con una hermana muy querida que había muerto; y la única médium profesional, la señora Piper.
 
Fue la señora Verrall quien, el 5 de marzo de 1901, recibió el primer texto descifrable. Aunque en aquella época dudaba de la realidad de la supervivencia, había empezado a practicar la escritura automática aquel año, pues creía que si Myers había sobrevivido ella podía ser un canal para sus comunicaciones post mortem. En el transcurso de los años siguientes, otros practicantes de la escritura automática también recibieron textos que afirmaban que su autor era Myers. En 1902, la señora Verrall recibió mensajes que parecían estar vinculados con los recibidos por la señora Piper, a la sazón en América, y en 1903 "la señora Holland", a la sazón en India, envió un texto dirigido a la señora Verrall, que se hallaba en Cambridge. "La señora Holland", que en 1898 sufrió una crisis nerviosa que la familia Kipling atribuyó a sus experimentos con la escritura automática, había abandonado la practica durante varios años. La reanudó después de leer el libro de Myers Human Personality and Its Survival of Bodily Death [Personalidad humana y su supervivencia a la muerte del cuerpo], en el que Myers había sugerido que lo único que algún día podría demostrar la supervivencia mas allá de toda duda razonable era recibir alguna prueba evidente de la intención de un grupo de gente que actuara desde más allá de la tumba.
 
Poco después, "la señora Holland" empezó a recibir textos firmados "FWHM". Pronto destacados investigadores psíquicos empezaron a creer que Myers estaba implicado en el experimento que había propuesto en su libro. En 1908, Eleanor Sidgwick, esposa de Henry Sidgwick y también una destacada investigadora psíquica, preguntó:
 
¿Nos hemos puesto en contacto con mentes que han sobrevivido a la muerte corporal, y nos empeñamos en proporcionar pruebas de su funcionamiento mediante la escritura automática? Si esta [...] hipótesis fuera verdadera, significaría que la cooperación inteligente entre otros que encarnaron mentes humanas y las nuestras, en experimentos de un nuevo tipo que pretendían demostrar que la existencia continuaba, es posible.
 
Los investigadores psíquicos, aun cuando estaban firmemente convencidos, sabían que ninguno de los fenómenos que estudiaban demostraba que la supervivencia fuera una realidad. Sólo las comunicaciones claramente interconectadas recibidas a través de varios canales durante un periodo de tiempo podían demostrar que las mentes post mortem funcionaban. El resultado fue un conjunto de textos profundamente desconcertantes, en los que -como escribió un investigador psíquico que lo estudió con atención- "el material que iba a ser investigado experimentaba consigo mismo".
 
La teoría de que los textos contenían correspondencia automática interconectada con el fin de demostrar que hay vida después de la muerte fue presentada por vez primera en junio de 1908 por Alice Johnson, miembro de la SPR y conocida por su actitud crítica:
 
La característica de estos casos -o al menos de algunos- es que el texto de un automatista no es nada parecido a una reproducción literal mecánica de frases del otro; ni siquiera recibimos la misma idea expresada de maneras diferentes, como podría ser si se tratara de telepatía directa entre ellos. Lo que recibimos es un producto fragmentado en un texto, que parece no tener ningún punto o significado en particular, y otro texto fragmentado en el otro igualmente sin sentido aparente; pero cuando los juntamos, vemos que se complementan, y que aparentemente hay una idea que subyace en ambos, pero que esta expresada sólo en parte en cada uno. [...] Ahora bien, aceptando la posibilidad de la comunicación, se puede suponer que durante los últimos años cierto grupo de personas ha estado intentando comunicarse con nosotros, que estamos lo bastante instruidos para conocer todas las objeciones que escépticos razonables han planteado contra todas las pruebas previas y somos lo bastante inteligentes para comprender completamente toda la fuerza de estas objeciones. Puede suponerse que estas personas han inventado un nuevo plan -el plan de los escritos automáticos interconectados- para refutar las objeciones de los escépticos.
 
Los automatistas, investigadores y autores ostensibles de los textos, aunque a veces se hallaban separados por miles de kilómetros, estaban vinculados en muchos aspectos. La señora Verral conocía a Sidgwick, Myers y Gurney, mientras que las señoras Salter y Piper conocían a Myers, que se casó con una hermana de la esposa de Winifred Coombe-Tennant. Todos los automatistas eran conocidos de los principales comunicadores, en grados diversos. La esposa de Sidgwick, Eleanor, que llegó a ser presidenta de la SPR y estudio extensamente la correspondencia automática interconectada, era la hermana mayor de Arthur Balfour, mientras que Gerald Balfour, asimismo presidente de la SPR, que analizó a fondo la correspondencia automática interconectada mientras desempeñaba un papel oculto en ella, era el hermano menor de Arthur Balfour. Jean Balfour, nuera de Gerald Balfour, se convirtió en la archivista principal de los textos.
 
Las personas que participaban en la correspondencia automática interconectada pertenecían al estrato más alto de la sociedad eduardiana. Muchos de ellos habían sufrido pérdidas terribles; algunos habían tenido relaciones personales ocultas durante mucho tiempo. Los textos se convirtieron en un vehículo para las pérdidas personales no resueltas, y para el amor secreto.
 
Algunas de estas miles de páginas que manaban de los automatistas se referían a la supervivencia, como por ejemplo las relaciones de la mente con el cerebro. Sin embargo, el proyecto que fue revelado en los escritos automáticos iba más allá de la demostración de que la mente humana sobrevivía a la muerte. Los textos también eran el vehículo para dar a conocer un programa de salvación del mundo, que suponía un vinculo entre dos de las personas mas íntimamente involucradas en su producción: un Relato y un Plan, como decían los textos, para influir en la historia y salvar a la humanidad del caos.
 
El hecho de que en la investigación psíquica estuvieran involucradas figuras destacadas planteaba un gran reto al materialismo científico. Darwin no dudaba en absoluto de la amenaza que representaba. El hombre que él reconocía como codescubridor de la selección natural, Alfred Russel Wallace, había llegado a la conclusión de que la mente humana no podía haberse desarrollado simplemente como consecuencia de la evolución. La reacción de Wallace al espiritismo fue de mucha credulidad en algunos aspectos; por ejemplo, era un ardiente defensor de la "fotografía del espíritu". Peor aún, desde el punto de vista de Darwin, describía el espiritismo como "una ciencia basada únicamente en hechos", declarando que el sabía que "las inteligencias no humanas existen, que hay mentes desconectadas de un cerebro físico, que hay, por lo tanto, un mundo espiritual... y que este conocimiento no puede sino modificar mis opiniones en cuanto al origen y la naturaleza de las facultades humanas".
 
Darwin fue presa del desaliento cuando, en abril de 1869, en un artículo aparecido en el Quarterly Review, Wallace sugirió que la mente humana solo podía ser obra de una "Inteligencia Anuladora". Antes de que se publicara el artículo, Darwin había escrito a Wallace: "Siento una inmensa curiosidad por leer el Quarterly: espero que no haya masacrado usted demasiado a su propio hijo, que es también mío". Esto era precisamente lo que Wallace había hecho.
 
[...]
 
Todo sugiere que Balfour era capaz de mostrar diferentes caras de su personalidad a diferentes personas, mientras mantenía algo oculto. En ese caso la historia de que se le había partido el corazón con la muerte de Mary Lyttelton podría ser un engaño cuidadosamente ideado, otro ejemplo de la hipocresía esotérica que su contemporáneo de Cambridge y cuñado Sidgwick se había esforzado tanto por justificar.
 
Aun así, Balfour consideraba que valía la pena explorar la posibilidad de que la fallecida Mary Lyttelton pudiera estar intentando ponerse en contacto con él a través de médiums. No llegó a esta opinión enseguida. En 1912, los textos habían pedido que el hermano de Arthur, Gerald, se sentara con la médium "señora Willett" mientras escribía sus textos automáticos.
 
Al parecer, fue entonces cuando la médium y Gerald Balfour llegaron a la conclusión de que los textos producidos por tres médiums, dos en Gran Bretaña y uno en India, durante un periodo de más de diez años, contenían indicios de la personalidad de Mary Lyttelton y de su amor por Balfour.
 
Sin embargo, hasta 1916 Arthur Balfour no accedió (a petición, segun se informó, de los textos) a participar en las sesiones. Los textos empezaron entonces a mencionar a Mary Lyttelton por el nombre. Según Jean Balfour, sólo después de una sesión en casa de Balfour en Londres le habló a su hermano, que no conocía el episodio, de la caja en la que había depositado un mechón de pelo de Mary Lyttelton en 1875.
 
Jean Balfour interpretó el largo periodo durante el cual los textos habían omitido mencionar a Mary o a Arthur Balfour de cualquier modo explícito como prueba de un plan por parte de los autores de los textos:
 
Los investigadores afirmaron que para ellos estaba claro, según el estudio de los textos, que los "comunicadores" preferían que los automatistas no supieran ni la historia a la que se estaban refiriendo ni quiénes eran los personajes que intervenían en ella, y en especial no debían percibir quién era el receptor del mensaje; en realidad, los comunicadores con frecuencia manifestaban que éste era su deseo, y utilizar símbolos era la única manera de estar seguros de ello.
 
Repasando los textos durante un periodo de una década, los intérpretes llegaron a la conclusión de que contenían textos automáticos interconectados en los que no habían reparado que se referían a la relación entre Mary Lyttelton y Arthur Balfour. Esta fue la prueba de la intención desde el más allá que Sidgwick y Myers habían reconocido que necesitaban para demostrar la supervivencia. Balfour llegó a esta conclusión:
 
Los textos realmente parecen sostener la afirmación hecha por los comunicadores ostensibles de que eran obra de un grupo en el otro mundo que operaba a través de un grupo de médiums con la intención de obtener el escrutinio y la comprensión de otro grupo vivo. Nada similar ha aparecido jamás en la historia de los sucesos psíquicos.
 
Algunos investigadores psíquicos han aceptado esta afirmación y sostienen que los textos automáticos interconectados constituyen la prueba mas firme de supervivencia que probablemente jamás se encuentre. Sin embargo, en este caso como en otros, los textos automáticos interconectados son una mezcla de alusiones literarias y sentimentalismo familiar, y cualquier interpretación será con toda probabilidad sumamente especulativa.
 
Como ejemplo, uno de los primeros textos producidos el 9 de octubre de 1902 contenía el siguiente párrafo:
 
Los soñadores ven la mayor parte de la verdad [...] en visiones doradas del amanecer. Pueden decirte que esto es cierto [...]. La púrpura real de samita perfumada cuando tú en algún lugar ves semejantes cosas en un cofre entonces crees y algunos otros también. Púrpura pero no elegante vestimenta en un cofre reluce y hay un perfume. Es algo apartado con cuidado que en otro tiempo alguien vistió. Está lejos de ti tú jamás lo viste pero Arthur sabe a qué me refiero. Él vio que lo vestían... ¿A la oscura torre vino quién? Pregúntale a él quién. ¿Y dónde? La torre era oscura y fría pero todos la amábamos; él recordará.
 
Al principio este pasaje no se entendía y muchos años después se interpretó que se refería a Whittingehame Tower, una antigua parte de la finca familiar de los Balfour ("la torre oscura"), la "púrpura" real era una referencia al mechón de pelo de Mary Lyttelton, la samita (tejido de seda) una alusión al poema de Tennyson "La muerte de Arturo", en el que la espada Excalibur se describe como vestida con samita blanca, alusión que se repitió en los textos ocho años más tarde, cuando apareció una cita mas completa de Tennyson refiriéndose a la "Doncella Bienaventurada", que al final se creyó que se refería a Mary Lyttelton.
 
Es una interpretación ingeniosa, como mínimo. Arthur Balfour parece al fin haberse convencido de que los textos podrían contener mensajes de Mary Lyttelton, pero sólo hacia el final de su vida. En 1926, como respuesta a un mensaje que aparecía en el texto y que supuestamente procedía de Mary, le envió un mensaje en el que escribió:
 
Básicamente él lo comprende y valora profundamente [...]. Es seguro que no necesita que le digan que "la muerte no es el fin". Sin embargo hay en su mensaje una nota casi de dolor que lo deja perplejo. Por primera vez ella parece encontrar en él un cambio que, sin negar que es superficial, señala con intensidad. Él no sabe nada. Más de medio siglo ha transcurrido ya. Nacimientos y muertes se han sucedido como una corriente continua. La hora del encuentro no puede retrasarse mucho. Durante todo este periodo él no ha tenido acceso a la mente de ella excepto a través de las intervenciones de otros, ni asomo de intuición de su presencia, aunque él no duda de su realidad. Debido a su absoluta falta de dotes psíquicas, él no posee intuición de esa "proximidad indecible" de la que habla el mensaje con tan profunda convicción, y que él concibe como de infinito valor. Más mensajes serían de gran ayuda.
 
Puede que Balfour llegara a aceptar que los textos contenían comunicaciones de Mary Lyttelton. Sin embargo, no daba muestras de ser consciente de la presencia póstuma de ella, ni confirmó la versión de su vida dada en la historia. En octubre de 1929, cuando se estaba muriendo, "la señora Willett" lo visitó, entró en trance y le transmitió un último mensaje de Mary Lyttelton. "Dile que él me da alegría". Se dijo que Balfour quedó "profundamente impresionado". Como comenta su biógrafo R. J. Q. Adams, sin embargo, jamás se sabrá si se creyó el mensaje o simplemente admiró la actuación.
 
 
En
John Gray *
La Comisión para la Inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte
Trad. Carme Camps
Madrid: Sexto Piso, 2014
 
* John Gray (Inglaterra, 1948) está considerado uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo. Ha sido profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Oxford y de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. Entre sus obras destacadas se encuentran Misa negra. Religión apocalíptica y la muerte de la utopía, Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales. En 2013 Sexto Piso publicó El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos.

[Publicado el 01/9/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: John Gray, Ensayo, Cita, Sexto Piso]

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Actualizaciones IX / Marie-Luise Scherer, Mason Currey, Stephen Collins

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Una página de "La gigantesca barba que era el mal", de Stephen Collins. Crédito, del autor.

Quienes hayan leído al espléndido Copi recordarán a las ancianas que pueblan algunos de sus cuentos y, particularmente, su obra gráfica: intrigantes, violentas, lúbricas, de una fealdad en la que Copi se recrea como si quisiese poner de manifiesto que su fealdad es principalmente moral. Me acordé de ellas leyendo el primero de los textos de La bestia de París y otros relatos de Marie-Luise Scherer, que narra los asesinatos de ancianas cometidos por dos inmigrantes antillanos en la década de 1980: si las ancianas del relato de Scherer sólo guardan una relación irónica con las de Copi, Paulin y Mathurin, los asesinos homosexuales, parecen calcados de las "locas" con las que el escritor argentino de lengua principalmente francesa ridiculizaba a la homofobia y a la vinculación entre sexualidades alternativas, enfermedad mental y crimen en Francia, donde el Ministerio de Salud sólo retiró a la homosexualidad de su lista de trastornos mentales en 1981. "La bestia de París" no es el mejor relato del libro, sin embargo: hay un magnífico retrato de Philippe Soupault, el único surrealista que no se comportó como un comerciante de la revolución literaria ni como un constructor de panteones.
 
 
2
 
Afirma Mason Currey que su interés en las rutinas de los artistas "habla más bien sobre la producción que sobre el significado" de su obra (15). Rituales cotidianos puede ser leído, sin embargo, como una desmentida de la afirmación anterior; es decir, como [...] y a menudo como un escollo. Además es un libro extremadamente divertido.
 
 
3
 
A diferencia de lo que sostienen algunos, no hay nada liberador en la irrupción de lo reprimido. El ilustrador y autor británico Stephen Collins, habitual del dominical de The Guardian y de otras publicaciones, ha encontrado para expresar esto una metáfora apropiada: la de una barba que crece irreprimible, desmesuradamente, trastocando la vida de su poseedor y la de la sociedad en la que éste vive, un "Aquí" que existe como reverso de un "Allí" del que nada sabemos. "Aquí", sin embargo, es "Allí" en determinadas circunstancias, y el orden superficial de nuestra sociedad esconde un desorden primitivo y un temor que no son individuales, no componen la estructura de una personalidad individual e intransferible, sino colectivos, como una oscuridad que anidase en nosotros. Al final, esa oscuridad emerge, como una pregunta a los lectores de esta magnífica y perturbadora novela gráfica.
 
 
Marie-Luise Scherer
La bestia de París y otros relatos
Trad. José Aníbal Campos
Madrid: Sexto Piso, 2014
 
Mason Currey
Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas
Trad. José Adrián Vitier
Madrid: Turner, 2014
 
Stephen Collins
La gigantesca barba que era el mal
Trad. Natalia Mosquera
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2014

[Publicado el 26/3/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Marie-Luise Scherer, Crónica, Sexto Piso, Mason Currey, Miscelánea, Turner, Stephen Collins, Cómic, La Cúpula]

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Revirtiendo la mirada antropológica / "El libro de la selva de Londres" de Bhajju Shyam

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Shyam expresa su idea de un avión con un elefante que vuela en un mundo del revés. Crédito, del autor.

En el año 2002 el artista pástico Bhajju Shyam fue invitado a realizar unas pinturas murales en un restaurante indio del barrio de Islington, en Londres; pasó dos meses en la capital inglesa, pintando y observando la ciudad, que no había visitado antes. Shyam pertenece a la comunidad tribal gond, afincada en el centro de la India; sus miembros suelen ser despreciados por los demás hindúes y rara vez tienen la oportunidad de viajar: Shyam, que la tuvo, fue convencido por Sirish Rao y Gita Wolf para que plasmase las impresiones de su viaje. El resultado es uno de los libros más hermosos de 2013.

[...]
 
 
Bhajju Shyam (con Sirish Rao y Gita Wolf)
El libro de la selva de Londres
Trad. Carlos Mayor
Madrid: Sexto Piso, 2013

[Publicado el 09/1/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Bhajju Shyam, Ilustrado, Sexto Piso]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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