El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Demasiado jodidamente sensibles para este mundo

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A finales de la década de 1970, Robert Crumb y su esposa Aline Kominsky comenzaron a escribir en colaboración una serie de cómics titulados Dirty Laundry (literalmente, "la ropa sucia") cuya producción estaba presidida por dos imperativos: cada uno se dibujaría a sí mismo y sólo se hablaría de su vida cotidiana como pareja. Ninguna de estas contraintes carecía de inconvenientes, sin embargo: la primera, debido a que el dibujo simple y poco sofisticado de Kominsky casaba muy mal con el virtuosismo de su marido (lo que la llevó a recibir críticas brutales por parte de los fanáticos del dibujante norteamericano); la segunda, a raíz de que esa vida de pareja no carecía de dificultades, algo fácilmente anticipable si uno considera el retrato que Crumb ha hecho de sí mismo una y otra vez a lo largo de su obra, y que lo muestra como un perverso lastrado por manías y complejos de índole sexual, pusilánime, excéntrico, depresivo e infiel (claro que su mujer no le va a la zaga, al menos del modo en que se presenta a sí misma como egocéntrica, obsesiva, prepotente y adicta al ejercicio físico y a las compras).
 
"Siento vergüenza haciendo esto delante de la gente", afirma el personaje dibujado por Kominsky en una de las primeras colaboraciones de la pareja (9), publicadas recientemente por la editorial barcelonesa La Cúpula; con el tiempo, esa vergüenza iría cediendo su lugar a una especie de exhibición arrogante, en la que la pareja mostraría un amplio repertorio de parafilias y prácticas sexuales (felaciones, sexo anal, mordiscones, ataduras, golpes y un largo etcétera), pero también sus dudas, su vida cotidiana (mudanzas, reparaciones, problemas con el correo, viajes) y sus conflictos amorosos. El resultado podría ser irritante [1], pero, por el contrario, es singularmente conmovedor, ya que Crumb y Kominsky permanecen juntos en nombre de un amor y de una ternura que se intensifican con los años y a pesar de todos sus enfrentamientos, sardónicamente expresados en los comentarios que uno y otro autor dedican a la obra de su colaborador: "la Bunch es tonta y no tiene oído", dice Crumb (78); "¡Siempre supone que puede hacer las cosas mejor que cualquiera!" añade Kominsky (179); Crumb se describe como "demasiado jodidamente sensible para este mundo" (201) y acusa a su esposa: "¡rotulas como si empleases un palo!" (251), etcétera.
 
Hacia el final del libro (ya instalados en el pueblecito del sur de Francia cercano a Nîmes donde viven desde hace veinte años) Crumb y Kominsky ponen punto final a su colaboración tras haber aprendido algo acerca de la vida (al parecer), y eso es extraordinario, como lo es el hecho de que (habiendo puesto rostro a la corrupción de la sociedad estadounidense y de haber denunciado sus excesos farmacológicos y sus convenciones morales a lo largo de medio siglo), Robert Crumb haya podido refugiarse de su devastador nihilismo en una relación peculiar (y sin embargo, ¿qué relación no lo es, de alguna manera?) pero singularmente bella y productiva. En un momento de este libro, él y su mujer se despiden en la cama hasta el día siguiente: "Adiós. Me voy a Bunchlandia. ¡Es tan divertida!" dice el personaje de Kominsky, y Crumb replica: "Yo me voy a Boblandia... Boblandia es deprimente..." (74). De ambos estados de ánimo está compuesto este libro, aunque invite sobre todo a la admiración y a la alegría. Lev Tolstoi escribió alguna vez que "todas las familias felices se parecen entre sí" pero "las infelices son desgraciadas a su propia manera". Crumb y Kominsky demuestran aquí que también las que son felices pueden ser singulares.
 
 
[1] "La gente que nos lee quiere risas, quiere chistes, quiere algo que anime sus corazones... No quieren saber nada de tus lúgubres e introspectivos complejos neuróticos...", advierte Kominsky a Crumb (10). Bueno, no exactamente.
 
 
Robert Crumb y Aline Kominsky-Crumb y Sophie Crumb
¡Háblame de amor!
Trad. Francisco Pérez Navarro
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2011
 
[La semana próxima: Dos crónicas sobre el dinero y el esoterismo televisivo español]

[Publicado el 25/5/2012 a las 10:15]

[Etiquetas: Robert Crumb, Aline Kominsky-Crumb, Sophie Crumb, La Cúpula, Cómic]

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Más allá de las interpretaciones dogmáticas

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El artista canadiense Chester Brown rompió con su novia en junio de 1996 y, desde entonces y hasta el presente, frecuentó a decenas de prostitutas del área de Toronto (Canadá), donde vive; según cuenta en estas Memorias en cómic de un putero, lo hizo movido inicialmente por la necesidad ("Tengo dos deseos contrapuestos", le dice a una amiga al comienzo de la obra, "el deseo de practicar sexo, contra el deseo de no tener novia", 16), pero más tarde, por la convicción de que el tipo de relación que establecía con ellas podía ser tan satisfactorio, sincero e íntimo como una relación de pareja y carecer, a su vez, de los inconvenientes de lo que llama aquí "la monogamia posesiva" (hacia el final del libro, el autor afirma "El amor romántico es una gilipollez. No pienso malgastar más mi tiempo persiguiéndolo", 125).
 
A lo largo de Pagando por ello, Brown narra sus primeras experiencias con prostitutas y la reacción de sus amistades ante este hecho con un estilo austero y ni remotamente erótico pese al tema; no duda en exhibirse a sí mismo pero es singularmente respetuoso con las prostitutas a las que conoció, cuyos nombres cambia y de las que nunca exhibe el rostro: el resultado no es su cosificación en tanto objetos de deseo, sino un retrato inusualmente íntimo y humano de mujeres que realizan de forma voluntaria un oficio que Brown considera necesario y que, por carecer de rostro, dotan a sus experiencias de un carácter universal.
 
En ese sentido, Pagando por ello no sólo es la memoria de un cliente de prostitutas que anuncia su subtítulo, sino también una cierta discusión en torno al amor romántico, no particularmente sofisticada pero sí muy honesta, y una defensa de la prostitución y de su legalización, que el autor llama aquí "descriminalización" y que discute largamente en la muy documentada sección de apéndice y notas que cierra el volumen. Allí, el autor no niega la existencia del tráfico de personas y de la prostitución infantil y el hecho de que muchas prostitutas son forzadas a ejercer su oficio, pero sostiene que nunca tuvo ningún encuentro con una meretriz que se encontrase en una situación de explotación y argumenta que ese tipo de situaciones sería más fácil de controlar si la prostitución dejase de pertenecer al ámbito de las actividades ilegales. Más allá de la postura que cada lector tenga en relación a la prostitución y al comercio carnal (y de la objeción de que lo narrado aquí por Brown tiene principalmente que ver con la práctica de ese oficio en un país desarrollado y en un marco socioeconómico más bien alto), resulta imposible negar el hecho de que, si alguien posee la suficiente experiencia para opinar sobre el tema, ése es Chester Brown.
 
Pagando por ello (título que el autor confiesa no apreciar particularmente debido a que parece connotar un cierto castigo al menos potencial para prostitutas y clientes) es un buen ejemplo de un texto potencialmente capaz de enriquecer la discusión sobre el tema que aborda, regularmente empobrecida por las interpretaciones dogmáticas y basadas en la falta de experiencia de primera mano de quienes las sostienen, ya en nombre de la moralidad religiosa, ya en el de un liberalismo estrechamente vinculado con la clase social de pertenencia. Aparte es un placer para lectores de cómics: vale la pena "pagar por ello" si lo que uno compra es este libro y no una satisfacción pasajera.
 
 
Chester Brown
Pagando por ello. Memorias en cómic de un putero
Intr. Robert Crumb
Barcelona: La Cúpula, 2011
 
[El próximo miércoles: Perros, gatos y lémures: los escritores y sus animales de varios autores]

[Publicado el 05/12/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Chester Brown, Robert Crumb, Cómic, La Cúpula]

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Tan original como inclasificable

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A pesar de que fue Justin Green quien produjo el que es considerado de forma canónica el primer cómic autobiográfico (el ya discutido aquí Binky Brown conoce a la Virgen María), quien realmente dio forma al subgénero y lo dotó de una dimensión desusada fue el guionista estadounidense Harvey Pekar; su American Splendor es ineludible para comprender la transformación del cómic en un medio de una sofisticación y una calidad que contrastan y eventualmente superan las de la narrativa sin imágenes, pero el hecho de que sea considerado actualmente un imprescindible no debería hacernos olvidar que hacia mediados de la década de 1970, cuando comenzó a publicar American Splendor, Pekar partía del peor de los escenarios posibles: no sabía dibujar, por lo que dependía de la buena voluntad y del entusiasmo de sus amistades, tenía más de treinta años en una escena dominada por los jóvenes, rechazaba el modo de vida que predominaba en el medio underground (en particular las drogas) y tenía un trabajo rutinario y esclavizante como empleado administrativo en un hospital de la poco interesante ciudad de Cleveland, en Ohio.
 
Alentado por Robert Crumb, Pekar comenzó sin embargo a autoeditarse en 1976, y lo hizo convirtiendo todas sus desventajas en potencias. American Splendor carece de todo esplendor y no es en absoluto un cómic patriótico, lo que muestra que la ironía es deliberadamente, y desde su título mismo, el procedimiento predominante en la serie; en ella, Pekar narra su vida cotidiana como empleado del hospital, coleccionista de discos de jazz y amante de mujeres principalmente desleales y excéntricas, pero (más aun) lo hace fijándose en aquellos momentos en los que no sucede demasiado y deteniéndose antes de que sus historias arrojen cualquier tipo de enseñanza. A la ironía como principal recurso para convertir las desventajas de carecer de una vida interesante que permita extraer de ella algo "digno" de ser contado en un cómic autobiográfico, Pekar le suma la desdramatización de los escasos hechos significativos en su vida cotidiana; el retrato que emerge de las páginas de American Splendor (de la que, por cierto, se hizo una extraordinaria adaptación cinematográfica en 2003) es el de un artista enfermizo, colérico y atormentado por nimiedades que es incapaz de establecer relaciones amorosas razonablemente placenteras.
 
Que, a pesar de ello, Pekar resulte encantador y que American Splendor sea una lectura tan absorbente se debe principalmente a la autenticidad que emana de sus páginas, que resulta de las historias narradas, explícitamente autobiográficas: en palabras de su autor, la serie es
 
"una autobiografía escrita al mismo tiempo que sucede. El tema [de la serie] es seguir con vida. Conseguir un trabajo, encontrar pareja, tener un lugar donde vivir, dar con una salida creativa. La vida es una guerra de desgaste. Tienes que estar activo en todos los frentes. Es una cosa tras otra. He tratado de controlar un universo caótico. Y es una batalla perdida. Pero no puedo dejarlo. Lo he intentado, pero no puedo".
 
También, de la colaboración de Pekar con artistas especializados en un cierto realismo grotesco, particularmente Gregg Budgett y Gary Dumm. Los mejores momentos de la serie son sin embargo aquellos en los que Pekar colabora con Crumb, dos de los autores más excéntricos de la cultura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Una lectura superficial podría concluir que los dibujantes de los que se rodeó Pekar dibujaban "mal" y que él mismo carecía de talento para narrar un cómic (de hecho, sus historias a menudo no requieren en absoluto de un tratamiento visual, al punto de que asumen la forma de monólogos en los que la acción de los personajes es irrelevante). Aun admitiendo esto, no debería dejar de decirse que cualquier lectura que profundice en American Splendor verá en ella cómo esas desventajas en relación a otras obras (en particular respecto a los cómics autobiográficos que comenzarían a ser escritos a comienzos de la década de 1990 por autores como Daniel Clowes, Peter Bagge y Eddie Campbell) elevan a American Splendor a una dimensión en la que las categorías habitualmente utilizadas para determinar qué es bueno y qué es malo en cómic pierden relevancia. Tan original como inclasificable, la obra de Harvey Pekar es una de las experiencias más inolvidables con las que puede encontrarse un lector de cómics; también, una de las imprescindibles.
 
 
Harvey Pekar
American Splendor
Barcelona: La Cúpula, 2011
 
 
[El próximo viernes: Disturbios de J.G. Farrell]

[Publicado el 27/7/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Harvey Pekar, Robert Crumb, Cómic, La Cúpula]

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El cómic, una literatura realmente de vanguardia

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Fragmento de la Acme Novelty Library. Crédito: Chris Ware

Aunque algunos lectores consideren la afirmación una mera ocurrencia, lo cierto es que el mejor reportaje periodístico publicado este año en España es un cómic, Notas al pie de Gaza de Joe Sacco; también lo son la mejor pieza de literatura experimental, El destino del artista de Eddie Campbell, y la mejor autobiografía, Stitches, una infancia muda de David Small. A diferencia de lo que sucede con la adaptación de obras literarias a este medio artístico, que parece haber sido ya normalizada por nuestros hábitos de lectura, Notas al pie de Gaza y los otros libros mencionados pueden resultar desconcertantes para un lector poco inclinado a considerar que la narrativa gráfica "es" literatura, ya que se trata de un ensayo periodístico concebido como cómic cuya existencia sin la apoyatura de las viñetas resulta difícil de imaginar. Notas al pie de Gaza no es exactamente una novela gráfica pero tampoco un reportaje periodístico, un testimonio o un ensayo histórico en el sentido convencional.

Al igual que otros grandes libros como Operación masacre de Rodolfo Walsh (1957), The Armies of the Night de Norman Mailer (1969) o In Cold Blood de Truman Capote (1966), el libro de Joe Sacco pone en entredicho las convenciones narrativas de su tiempo y al hacerlo se pone a la vanguardia. Algo similar sucede con las obras ya mencionadas de Eddie Campbell y David Small y con decenas de otros títulos de reciente publicación en España cuya extraordinaria calidad literaria obliga a revisar prejuicios entre aquellos lectores que aún consideren el cómic un entretenimiento infantil más deudor de la cultura del espectáculo que de la alta literatura. Aunque aún pueden encontrarse novelas gráficas y cómics que, en palabras de Andrés Ibáñez, "buscan conscientemente el hálito de la ‘literatura'", es decir, "hablan demasiado y utilizan demasiados adjetivos",  el esplendor de esta forma de narrativa es la manifestación de que sus obras ya no procuran ser literatura sino que lo son más allá de cualquier etiqueta y llegando más lejos que mucha literatura pretendidamente vanguardista.

 

Uno

"[...] el cómic está entrando ahora en la época de sus Duchamp y sus Picasso, de sus Joyce y Proust. Nunca antes un dibujante de cómics había tenido la oportunidad de llegar tan lejos", sostiene Santiago García en La novela gráfica, la primera obra monográfica de extensión dedicada al género en España. García escribió la obra como tesis para la obtención del título de doctor en artes, pero, contra lo que es prescriptivo en la literatura académica, no se detiene en exceso a discutir el término equívoco pero aceptado de forma consuetudinaria con el que titula su obra; según el autor se trata simplemente de "un tipo de cómic adulto moderno que reclama lecturas y actitudes distintas del cómic de consumo tradicional". A pesar de dar cuenta de estas "lecturas y actitudes distintas", el autor parece partir de la tesis implícita de que el tránsito del cómic tradicional a la novela gráfica no se produjo tanto en el ámbito de su recepción como en el de sus condiciones de producción; más específicamente, en la aparición del concepto de autor en una actividad caracterizada tradicionalmente por la producción industrial y por lo tanto serializada y prácticamente anónima. La transición de un modelo industrial de producción a otro basado en la libertad del creador individual tuvo como epítome al cómic underground del período de 1968 a 1975 y a lo que entre 1980 y 2000 fue llamado el cómic "alternativo", un fenómeno que coincidió con la pérdida de relevancia normativa y económica de las grandes editoriales de cómic y sus intentos de incorporar a los autores underground con la finalidad de revitalizar el negocio, los cambios en la forma de comercialización, el deseo de los autores de abordar historias de largo aliento y la aparición de tres autores que contribuirían decisivamente a la transformación del cómic en un objeto cultural prestigioso: Art Spiegelman, Robert Crumb y los hermanos Gilbert y Jaime Hernández.

 

Dos

Art Spiegelman es el autor de la extraordinaria Maus (1989) y de Breakdowns: retrato del artista como joven %@&*!, Be a nose! y La fiesta salvaje (2009), las cuales se caracterizan por la experimentación con las convenciones que presiden la distribución del espacio y del tiempo en el cómic, beben de influencias tan heterogéneas como la revista MAD y el cine de vanguardia y se distancian de la ortodoxia narrativa de Maus que acercaría a su autor al gran público. Más convencional es la amplia producción de "Los Bros" Hernández, que comprende obras como La educación de Hopey Glass (2008) y los tres volúmenes de la serie Locas (2006 y 2007), de Jaime, y los dos volúmenes de las series Río Veneno (1996 y 2000) y Palomar (2005 y 2009), de Gilbert. A pesar de ser hermanos, y aunque sus obras guarden cierta similitud por el uso de los contrastes acusados en el aspecto gráfico y por la importancia otorgada a las narraciones corales centradas en mujeres en el argumental, Gilbert y Jaime son autores profundamente individuales. El primero de ellos es el creador de Palomar, el pueblo ficticio "al sur de la frontera" en el que transcurren la mayor parte de sus obras, cuya invención ha llevado a que algunos críticos le relacionen con Gabriel García Márquez (aunque su forma de narrar, sustentada en un uso magistral de la elipsis, difiera radicalmente de la del colombiano, basada en la redundancia y en la repetición), al tiempo que Jaime, que tiene un estilo más urbano y centrado en la vida de las adolescentes en los suburbios de una ciudad de Los Ángeles futurista, ha sido considerado en ocasiones un miembro periférico de la llamada Generación X. La obra de Robert Crumb es, por su parte, deudora de algunas experiencias personales incluso aunque aparentemente carezca de fondo biográfico: el suicidio de Charles, su hermano mayor y principal mentor, su amor por los cómics de las décadas de 1940 y 1950, su descubrimiento tardío del sexo y sus experiencias con las drogas, su fracaso matrimonial, su terror al compromiso y su transformación en un personaje de sí mismo; también, de una mirada descarnada al fondo patológico de la cultura popular norteamericana de la segunda mitad del siglo XX.

 

Tres

La aparición de contenidos autobiográficos, la emergencia de autores como Daniel Clowes, el recientemente fallecido Harvey Pekar y Dave McKean y la pluralidad son para Santiago García las señas de identidad del período que posibilitaría la consolidación de la novela gráfica. En este último período campea lo que el autor llama "el cómic de vanguardia", cuyos exponentes más notables son Chris Ware, Dash Shaw, Seth, Craig Thompson, Gary Panter y Martin Vaughn-James. Sin embargo, ninguno de estos autores podría haber accedido a la publicación sin la labor del imprescindible Chris Ware (1967), autor del sentimental Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo (2003) y del Catálogo de novedades basado en The Acme Novelty Library que Reservoir Books publicó en 2009 en una muy cuidada edición; su recreación irónica de las revistas populares de la década de 1940 y 1950 con sus anuncios publicitarios y su línea clara apenas es el punto de partida de una experimentación con las formas, la tipografía e incluso las técnicas de impresión que aproximan la obra de Ware al arte abstracto y al diseño más actual. Según García, la "reinvención del lenguaje del cómic en la que está embarcado Ware" pasa por "la recuperación del valor de la página como elemento visual, como unidad gráfica que no sólo se lee, sino que se mira" y por "el cuestionamiento de la jerarquía del dibujo y la palabra [...] y el valor del diseño y la materialidad del libro como objeto". Su reinvención del lenguaje del medio artístico carece de paralelos en lo que habitualmente ha sido llamado la literatura "alta", incluso en aquella que reivindica el legado de las vanguardias históricas, y su ejemplo debería ser la excusa para reflexionar acerca de un período histórico en el que el cómic, considerado por algunos el pariente pobre e infantil de la literatura "seria", ha llegado mucho más lejos que ésta en su renovación.

 

Cuatro

Sin embargo, este esplendor del cómic y de la novela gráfica carecería de relevancia de no ser porque la labor de editoriales como Sins Entido, Apa Apa, Astiberri, Glénat, Norma, La Cúpula, Diábolo, Ponent Mon y Reservoir Books permite al lector español acceder a él, así como a la muy rica tradición del cómic japonés, que vive un momento de auge editorial en España, y a la obra de autores locales; la variedad y eclecticismo del cómic español, que lo hacen merecedor de un artículo propio, son también resultado de la labor de estas editoriales.  A sus autores, pero también a ellas, le debemos obras tan diversas y significativas como Mi año de Morvan Taniguchi, cuyo personaje es una niña que padece el síndrome de Down, Medz Yeghern: La gran catástrofe de Paolo Cossi, sobre el genocidio armenio, y Por qué he matado a Pierre de  Alfred y Olivier Ka, centrada en los abusos a un niño por parte de un sacerdote (todos en Ponent Mon), Rebétiko de David Prudhomme, la historia singular de un músico en la Grecia de la década de 1930 (Sins Entido), Una vida en China de Pierre Ôtié y Li Kunwu, que aborda los años de la Revolución Cultural, Los cuatro ríos de Fred Vargas y Edmond Baudoin, Cuerda de presas, de Jorge García y Fidel Martínez, sobre las presas políticas del franquismo, la trilogía de Jason Lutes Berlín, elegida por la revista Time como una de las diez mejores novelas gráficas de todos los tiempos, María y yo de Miguel Gallardo, en la que el autor narra su vida junto a una hija autista, y el conmovedor Arrugas de Paco Roca acerca de la demencia senil y el Alzheimer, que le valió entre otros el Premio Nacional del Cómic 2008 (todos en Astiberri).

 

Cinco

A diferencia de lo que pudo creerse en otras épocas, leer cómics o novelas gráficas en la actualidad no supone aparcar el pensamiento crítico, como creía el poeta español Pedro Salinas, quien en 1948 mostró su perplejidad ante la popularidad de las tiras cómicas en la prensa "donde el leer es innecesario, el pensar, superfluo; y el lenguaje humano, pobre servidor de los dibujos". Algo más de sesenta años después, un crítico del Chicago Tribune recomendaba una muestra de Chris Ware a "los muchos adultos que han sufrido un retraso en su desarrollo provocado por los cómics"; se trata de la persistencia de unos prejuicios en torno a un medio artístico que, a diferencia de sus detractores y de sus juicios, se ha transformado. La novela gráfica es la auténtica literatura de vanguardia de estos tiempos en los que, a veces, el futuro parece una cosa del pasado.

 

Publicado originalmente en Revista de Libros 174. Junio de 2011.

[El próximo miércoles: La flor roja de Vsévolod Garshín]

[Publicado el 13/6/2011 a las 12:21]

[Etiquetas: Cómic, Joe Sacco, Eddie Campbell, David Small, Santiago García, Art Spiegelman, Robert Crumb, Gilbert Hernández, Jaime Hernández, Chris Ware]

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"Best of" 2009: Cómic (I)

Vicente Molina Foix es uno de los protagonistas del panorama del cómic de 2009, quizás de forma involuntaria; la polémica tras la publicación de un artículo del escritor, crítico y cineasta español en la revista Tiempo alcanzó cotas insospechadas de virulencia y tuvo lugar casi exclusivamente en El Boomeran(g) (por ejemplo, aquí). A esa polémica (que bien vista no era exactamente sobre los cómics sino más bien sobre la extensión del juicio generalizado en la apreciación del arte) me tocó también contribuir (aquí). Más allá de la polémica, sin embargo, y puesto que el arte secuencial o narrativa gráfica es parte sustancial de la experiencia lectora de muchos de nosotros, y ya que 2009 fue un año realmente bueno para los cómics gracias especialmente a las muy cuidadas ediciones de Reservoir Books, va aquí un resumen por fuerza incompleto de lo mejor del año pasado, que debe incluir:

George Sprott (1864-1975), de Seth (Trad. Ernest Riera Arbussà. Barcelona: Reservoir Books, 2009): Gregory Gallan (Seth) narra aquí la historia de un oscuro documentalista y presentador televisivo canadiense, cuya vida es narrada de forma fragmentaria a través del testimonio de sus allegados y centrada en una serie de fechas claves, entre las que se cuentan el día de su muerte, que es narrado prácticamente minuto a minuto. Seth aprovecha las convenciones del género biográfico pero no lleva a cabo una biografía ficticia al uso; antes bien, escoge no mostrar cuando debería hacerlo, y profundiza en la vida de un personaje mucho más ambiguo moralmente de lo que el lector cree en primera instancia evitando caer en la truculencia o en la manifestación explícita, a la manera del iceberg que aparece como símbolo de toda la obra en una de las primeras viñetas. La alternancia de tiempos y de personas y su puesta a un mismo nivel (aquí, la grilla televisiva del día de la muerte del personaje tienen tanta importancia como el testimonio de una hija bastarda o de sus colaboradores o la historia del local donde dictaba semanalmente una conferencia) son todo un ejemplo de cómo narrar una vida sin caer en las convenciones, mostrando los materiales de una biografía pero no nunca dándole a esta biografía una forma acabada. La obra, de una rara y anticuada perfección formal, está impregnada de distancia y de melancolía: George Sprott apenas deja huella en sus contemporáneos y el retrato que estos trazan de él es el de una persona principalmente antipática, fría, egoísta, mentirosa y obsesionada consigo misma, cuya muerte, sin embargo, es lamentada por el lector como una oportunidad perdida. Una obra maestra.

La fiesta salvaje, de Joseph Moncure March (texto) y Art Spiegelman (pról. e ilustr.) (Trad. Damián Alou Ramis. Barcelona: Reservoir Books, 2009): La fiesta salvaje fue publicada en 1928 en una edición de setecientos cincuenta ejemplares censurada de inmediato en varios estados; como suele pasar casi siempre, la censura contribuyó a su popularidad: La fiesta salvaje se convirtió en un libro de culto, que despertó la vocación literaria de autores como William S. Burroughs y llevó a Louis Untermeyer a escribir que "no tengo ni la menor idea de si es buena o mala poesía. De hecho, ni siquiera estoy seguro de que sea poesía" (VII). Para Spiegelman, "el poema le debe por igual al lenguaje y la chispa de la prensa sensacionalista, a la letra y ritmos del hot-jazz, y al montaje y primeros planos de las películas mudas, así como a cualquier otra forma narrativa en verso anterior, y sobre todo a los limericks subidos de tono" (VII). Lo fascinante de La fiesta salvaje es su forma, primitiva y casi infantil, que deja al lector vacilando sobre qué postura adoptar ante el relato, y la facilidad (aquí reproducida con lo que uno imagina que fueron enormes dificultades por parte del traductor) con la que el autor hilvana su historia de sexo y jazz y muerte prácticamente sin cortes, en una forma que, de alguna manera, se corresponde con la elección de la lengua, que pasa de la alta a la baja sin transiciones. Muy buenas ilustraciones de Spiegelman, entre el cómic pop y el grabado expresionista.

Génesis, de Robert Crumb (Trad. Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga. Barcelona: La Cúpula, 2009): Contra lo que podía esperarse, Crumb no ironiza sobre el Libro del Génesis; por el contrario, le trata con una seriedad que no excluye la reproducción literal del texto y una adaptación gráfica respetuosa y, en algunos pasajes, de un virtuosismo sorprendente: así, por ejemplo, el autor se las arregla para darle rostro a todos los personajes bíblicos e incluso encuentra una forma de representar gráficamente el comienzo del mundo. En la memoria del lector quedan las sensuales mujeres que Crumb dibuja aquí muy en su línea, con piernas cortas y gruesas y pezones siempre erguidos, y los ojos desconcertados de Noé cuando Dios le advierte de sus planes. La adaptación de Crumb, acompañada aquí de unas notas en las que procura explicar su interpretación de ciertos pasajes, apelando principalmente al libro Sara la sacerdotisa, de Savina Teubal (1989), recuerda al lector cuán buenos son personajes como Noé, Abraham, Rebeca, Tamar y, sobre todo, Jacob.

[Sigue el próximo miércoles] 

[Publicado el 01/3/2010 a las 10:54]

[Etiquetas: Vicente Molina Foix, Cómic, Seth, Joseph Moncure March, Art Spiegelman, Robert Crumb]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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