El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

"Anestesia local" de Günter Grass: Prólogo

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El estudiante de bachillerato Philipp Scherbaum tiene diecisiete años y la firme decisión de prender fuego a su perro Max para protestar contra la guerra de Vietnam; su plan es rociar al animal con combustible y prenderle fuego frente al coqueto café Kempinski, en la Kurfürstendamm de Berlín, para que las ancianas que toman su café con torta puedan conocer de primera mano qué sucede cuando alguien o algo es rociado con napalm, como hace el ejército estadounidense en el sudeste asiático con la anuencia de la República Federal de Alemania. Naturalmente, Scherbaum no está solo: su amiga Veronika Lewand, también estudiante de bachillerato, lo introduce en la escena berlinesa de izquierdas y lo alienta; su profesora de matemáticas, Irmgard Seifert, cree ver en él una voluntad de redención que le viene bien para purgar su pasado (simpatizó con el nacionalsocialismo) y también lo apoya; su profesor de literatura y confidente, Eberhard Starusch, por el contrario, pierde la cabeza tratando de disuadirlo: le muestra ilustraciones de la quema de seres humanos a lo largo de la historia, le propone que lleve a cabo su acción en Bonn -donde se encuentra la sede del gobierno federal en la Alemania dividida de 1967-, amenaza con denunciarlo, incluso se ofrece para secundarlo en su acción prendiendo fuego él también a un perro (que previamente debe comprar, criar, etcétera) y le sugiere que escriba poesía, pero el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum se mantiene firme.

No es que Starusch no simpatice con el malestar de su alumno frente a la guerra de Vietnam o que pretenda desentenderse de lo que sucede a su alrededor: de hecho, en su juventud fue líder de una banda de adolescentes de Danzig que se oponía al reclutamiento en las Juventudes Hitlerianas y al régimen nacionalsocialista en general (lo que aparece en la así llamada «Trilogía de Danzig»: El tambor de hojalata, El gato y el ratón y Años de perro), y en la actualidad es un socialdemócrata entusiasta, aunque quizás algo fabulador y con una tendencia acusada a reescribir una y otra vez su pasado, mejorándolo; pero tampoco es un revolucionario, de manera que la iniciativa de su alumno lo pone en la dolorosa disyuntiva de estar de acuerdo con los argumentos a favor de una acción y, sin embargo, estar en contra de esa acción, movido por el afecto a su alumno pero también por su papel como representante del orden establecido. No es un gran problema, pero tampoco es un problema menor, y Anestesia local se articula en torno a esa disyuntiva.

 

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Günter Grass escribió Anestesia local en 1969, cuando una nueva promoción de activistas políticos surgidos del movimiento estudiantil cuestionaba ese orden establecido por considerarlo una continuación del pasado nacionalsocialista al tiempo que se alejaba de aquellos intelectuales que (como el propio autor) consideraban que su intervención en la vida política debía ser activo, pero de ningún modo contrario a las bases de ese orden establecido, a sus instituciones y a sus formas de representación.

Unos cuatro años atrás, en 1965, Grass había participado activamente en la campaña presidencial del candidato de la socialdemocracia, el alcalde de Berlín Willy Brandt, a través de la «Wahlkontor deutscher Schriftsteller» (literalmente, la «agencia electoral de los escritores alemanes»), una organización dedicada a la creación de eslóganes y de textos literarios en apoyo a Brandt en la que habían participado Hans Werner Richter (iniciador y «eminencia gris» del Gruppe 47) y el editor Klaus Wagenbach al igual que los escritores Nicolas Born, Peter Härtling, Hubert Fichte,  Hermann Peter Piwitt, Günter Herburger, Hans Christoph Buch y Peter Schneider entre otros (Peter Weiss, Martin Walser y Heinrich Böll habían rechazado la invitación a participar). Que uno de los escritores alemanes más populares del momento hiciera campaña a favor de un candidato específico generó una cierta controversia: por una parte, Grass fue atacado por exceder el marco de lo que un escritor supuestamente debía ser y decir; por otra, se lo acusó de no comprender que (según algunos) el sistema no debía ser modificado mediante la elección de un candidato u otro sino destronado. Un año antes de la publicación de Anestesia local, por ejemplo, el escritor alemán había publicado la pieza teatral «Davor» [antes] cuyo argumento y personajes coinciden casi literalmente con la segunda parte de Anestesia local y ésta había sido señalada como «la obra de integración de un autor completamente integrado y corrompido».

 

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Atacado tanto por la derecha como por la izquierda, Grass hizo entonces algo relativamente desusado: en vez de proponer una solución personal al problema de qué hacer y respaldarla con su prestigio y con la supuesta autoridad moral que (según ciertos lectores crédulos) los escritores tendrían a raíz de su oficio, el autor de El tambor de hojalata escribió Anestesia local, una obra que no ofrece hojas de ruta para el descontento, pero sostiene (y en esto es contundente) que ese descontento es necesario para dejar de lado el embotamiento y la indiferencia al dolor propio y ajeno de nuestras sociedades. Grass recurre aquí a la ironía y al humor (aunque hace decir a uno de sus personajes que «la risa impide la acción», hay mucho humorismo en Anestesia local y un cierto carácter juguetón que permite ver la historia del individuo y de la sociedad como un largo y muy poco fiable programa de televisión que incluye comerciales, concursos de preguntas y respuestas, noticias de sucesos truculentos y demás) al igual que a su extraordinaria capacidad para la alegoría al presentar las tribulaciones de sus protagonistas; así, el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum escribe:

«Por supuesto, mi padre no fue nazi. Mi padre sólo fue encargado de la defensa antiaérea. Un encargado de la defensa antiaérea no es, por supuesto, un antifascista. Un encargado de la defensa antiaérea no es nada. Soy hijo de un encargado de la defensa antiaérea, por consiguiente soy hijo de un nada. Ahora mi padre es demócrata, como antes fuera encargado de la defensa antiaérea.»

Grass ridiculiza aquí la determinación de los alemanes de negar su participación personal en los hechos trágicos del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, así como en otra parte se burla suavemente de los círculos izquierdistas que demoran la acción en nombre de un radicalismo y una oposición a los compromisos que son puramente retóricos. Al hacerlo, realiza varios paralelismos: entre la violencia política del pasado nacionalsocialista y la del presente movimiento estudiantil, entre su generación y la que le sigue («"[...] nuestra generación fracasó. Pero, ¿no fue acaso una huida cómoda poner esperanzas en nosotros, esperar de nosotros la fórmula de liberación? Nosotros, a quienes se había sacrificado, no podíamos ofrecernos en sacrificio. Nosotros, marcados ya a los diecisiete por un sistema criminal, no podíamos cambiar los tiempos, nosotros no"»), entre la cirugía dental y las propuestas legitimadoras de la violencia política, entre la anestesia aplicada por el dentista y la de sus conciudadanos; también, entre la enfermedad individual y la social. Detrás de estos paralelismos hay un diagnóstico y una pregunta; el primero consiste en afirmar que

«[...] los individuos establecidos en mitad de sus treinta o sus cuarenta apenas encuentran tiempo para recordar sus derrotas. Hemos aprendido a reconocer la situación. A servirnos de los codos. A adaptarnos a la necesidad. A permanecer flexibles. A no comprometernos. Tácticos taimados, y también especialistas activos, que persiguen lo posible e inclusive -si no se producen resistencias inesperadas- lo consiguen. Pero esto es todo.»

En cuanto a la pregunta, es la siguiente: «¿Qué quiere decir decidirse a actuar, convertir algo en acción?» Se trata de responder a la pregunta de si existen alternativas o si, como creían sus contemporáneos más radicales (a los que Grass llamó en cierta ocasión «fascistas con piel de marxista»), la única acción posible es la violenta. En ese sentido, no es difícil apreciar que las simpatías del autor no están tanto con el profesor de literatura Eberhard Starusch ni con el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum (aunque Grass parece comprender sus motivaciones y, de alguna manera, respetarlas) sino con el dentista innominado que atiende a Starusch y le receta anestésicos de baja intensidad que le permitan sobrellevar las intervenciones quirúrgicas a las que lo somete; para él, se trata de llevar a cabo pequeñas acciones correctivas y no necesariamente violentas basadas en la evidencia empírica de tal modo que éstas contribuyan a la curación del individuo, antes que de una intervención brutal y definitiva.

 

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Al igual que para su paciente, para el dentista innominado del libro Vietnam es «a lo sumo el resultado de una política equivocada o la manifestación necesaria de un sistema social corrompido», una situación claramente menos idealista que la del estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum, quien «no indaga los motivos: ve seres humanos convertidos en antorchas vivientes y quiere hacer algo en contra, lo que sea». En el marco de la década de 1960 (a la que Grass se refiere implícitamente al hablar de «Brigadas tan numerosas como se quiera de buldóceres allanaban centros comerciales, almacenes de depósito, depósitos de piezas de recambio, almacenes frigoríficos en los que sudaban montañas de mantequilla [...]. Grandes almacenes caían de rodillas y se prendían fuego mutuamente. Y por encima de todo eso se oía cantar: burn, warehouse, burn») y en el cénit del movimiento estudiantil, un programa así sólo podía ser tildado de reformista y rechazado por una gran mayoría de los lectores, pero es precisamente contra esa mayoría contra la que estaba dirigida la llamada a la sensatez por parte del dentista, quien afirma aquí que el cambio «es producto de reformas lentas y aun a menudo tardías, y no de la violencia necia, capaz únicamente de crear la nada». En Anestesia local su autor no deja de simpatizar con los intentos de oponerse a lo establecido, pero rechaza el uso de la violencia, así como la idea del sacrificio personal y del «dolor como medio de conocimiento». Aun cuando esta crítica se propone implícitamente como una reorientación del movimiento estudiantil a partir del interés en un cambio social compartido por el autor y por los activistas y su rechazo al fascismo, resulta difícil no leer la siguiente declaración del dentista como algo más que la explicitación de las opiniones de un personaje hastiado de

«[...] su fastidio, su bostezar frente a mejoras ciertamente insignificantes pero útiles con todo, su afán de cortar nudos con un golpe rápido y sin embargo a ciegas, su deseo desenfrenado de un hundimiento lo más pomposo posible, su trasnochada hostilidad contra la civilización, que disfrazada de progresista quisiera volver a los tiempos del cine mudo, su impotencia para trabajar en silencio y activamente a favor del bienestar de la humanidad, su pedagogía, dispuesta a cambiar incondicionalmente la nada por una utopía y uno de estos pequeños castillos en el aire por la nada retumbante, su agitación, su cerebelo caprichoso, su satisfacción maliciosa cuando algo va mal y sus reiteradas exhortaciones a la violencia, todo esto lo denuncia.»

El enfrentamiento entre el dentista y su paciente que se produce en Anestesia local es pues el que sostienen reformistas y revolucionarios; allí donde «el médico aconseja practicar moderación y confiar en la evolución permanente», el paciente (y su estudiante) exigen «determinados cambios radicales y una actitud revolucionaria», de tal modo que la novela se convierte en una alegoría de ese enfrentamiento, en el marco del cual, Grass (contra la opinión general en su época) opta por los primeros. El autor de La ratesa hace decir al estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum que a ciertas ideas se las debería «congelar, para poder descongelarlas algún día, pensarlas hasta el fin y traducirlas en acción...» Ahora que los tiempos parecen haber cambiado (sin acabar con las razones para una intervención política que parece cada día más urgente) Anestesia local trae algunas de esas ideas para que sean pensadas «hasta el fin» por una nueva promoción de personas y, por fin, convertidas en acción; así, el padre del narrador de este libro le ha dicho en una ocasión que «"El futuro de la humanidad está en la construcción de puentes"», lo que puede ser leído de forma literal o como una invitación (y posiblemente toda Anestesia local lo sea) a pensar alternativas hoy que los ríos parecen desbordados.

 

Prólogo a
Günter Grass
Anestesia local
Trad. Carlos Gerhard
Madrid: Capitán Swing, 2012

[Publicado el 30/1/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Günter Grass, Prólogos]

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"Una noche con Claire" de Gaito Gazdánov: Un prólogo

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I

Karl Marx y Friedrich Engels afirmaron en su Manifiesto del Partido Comunista de 1848 que la burguesía había hecho "de la dignidad personal un simple valor de cambio" y "sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio". Años después, y glosando este pasaje, el ensayista estadounidense Marshall Berman escribió que una de las características salientes de la existencia en la modernidad es el hecho de que las personas

[...] miran la lista de precios en busca de respuestas a preguntas que no son meramente económicas, sino metafísicas: preguntas acerca de qué merece la pena, qué es honorable, incluso qué es real. Cuando Marx dice que los otros valores son convertidos en valores de cambio, lo que quiere decir es que la sociedad burguesa no borra las antiguas estructuras del valor, sino que las incorpora. [...] Así, cualquier forma imaginable de conducta humana se hace moralmente permisible en el momento en que se hace económicamente posible y adquiere "valor"; todo vale si es rentable. En esto consiste el nihilismo moderno.

A la confrontación individual de ese desplazamiento de los valores determinado por la emergencia de la sociedad burguesa está dedicada una buena parte de la literatura de la modernidad, cuyos personajes deambulan a la búsqueda de un sentido a una existencia que ya no puede ser comprendida con "las antiguas estructuras del valor"; sus personajes se ven obligados a conducirse con los antiguos ante la falta de valores nuevos que oponerles y comprueban que la consecuencia de sus actos no se corresponde con sus motivaciones y que el abismo entre la realidad y los valores con los que la juzgan se ensancha y conduce a la frustración. A los personajes que famosamente encarnan esta disyuntiva en la literatura de la modernidad puede agregarse ahora a Sosédov, el protagonista y narrador de esta historia del injustamente minoritario escritor ruso Gaito Gazdánov.

 

II

Una noche con Claire narra de forma evidente la historia de amor entre Sosédov y Claire, una joven francesa de la que se enamora en su juventud (significativamente, ese encuentro, "aquello a lo que mi vida gradual y lentamente me había conducido", sucede en junio de 1917, apenas unos meses después de la Revolución) pero con la que no puede unirse sino hasta diez años después de conocerla; de manera menos visible, la historia de la novela es la de la imposibilidad de alcanzar la felicidad aquí y ahora con unos valores pertenecientes a un período histórico anterior y la de la desaparición de las normas y los valores que hicieron imposible ese amor de juventud. Un día Claire cae enferma y, al cuidar de ella, Sosédov accede a una intimidad a la que se resistió largo tiempo por temor a las convenciones sociales; para que esto suceda ha sido necesario que el protagonista de la historia confrontase la validez de esas convenciones y de los valores de los que emergían mediante una experiencia frustrante como estudiante y la participación en la Guerra Civil rusa en el bando derrotado, experiencias que lo conducen a la constatación personal de lo que Marshall Berman denomina "la terrible realidad desnuda del 'hombre desguarnecido'" tras la pérdida de los valores que le permitían saber "qué merece la pena, qué es honorable, incluso qué es real". A esa pérdida, Sosédov la experimenta sin embargo desde la infancia con su imposibilidad de establecer un vínculo efectivo con el mundo que le rodea, que reemplaza por "una realidad pasada, reconstituida" por la imaginación que es la del sistema zarista y sus valores: "[...] al igual que en mi infancia imaginaba mis aventuras en un barco pirata, del que me había hablado mi padre, del mismo modo luego creé reyes, conquistadores y bellas mujeres, olvidando que las bellezas a veces eran cocottes, los conquistadores, asesinos, y los reyes, unos bobos" afirma, y agrega: "Dentro de mí quedaba un único sentimiento, que había madurado finalmente y que ya no me abandonaría, un sentimiento de tristeza lejana y transparente, limpia y completamente pura".

 

III

"Ingresé en el ejército blanco porque me encontraba en su territorio, porque era lo correcto; y si en esa época Kislovodsk hubiera estado ocupado por el ejército rojo, sin duda hubiera ingresado en el ejército rojo" afirma Sosédov en un pasaje del libro. No hay ningún cinismo en la afirmación: su participación en la guerra como soldado de artillería en un tren blindado no responde a ninguna motivación ideológica y a ningún convencimiento específico sino sólo a la certidumbre de que lo que hace es lo que debe hacer, una decisión tomada con la misma distancia afectiva resultante de la disociación entre los hechos y su interpretación con la que Sosédov observa el mundo que le rodea e incluso su "vida interior" y que no aprovecha nada de lo que aconseja al narrador el realista y cínico tío Vitali, uno de los personajes más extraordinarios de la obra:

Escúchame -dijo mientras tanto Vitali-, en el futuro próximo te tocará ver muchas indignidades. Verás como matan a gente, como los cuelgan, como los fusilan. Nada nuevo, nada importante, ni demasiado interesante. Pero mira lo que te aconsejo: no te conviertas en un hombre de convicciones, no saques conclusiones, no juzgues y procura ser lo más discreto posible. Y recuerda que la mayor felicidad en la tierra es pensar que has comprendido algo, aunque sea poco, de la vida que te rodea. No comprenderás nada, sólo te parecerá que lo comprendes; y cuando lo recuerdes, pasado el tiempo, comprenderás que lo habías entendido incorrectamente. [...] Y sin embargo, es lo más importante y lo más interesante de esta vida.

A pesar de su título, quizás incluso a pesar de la voluntad manifiesta de su autor, los pasajes más extraordinarios del libro coinciden con la guerra, que Gazdánov, que participó en ella en el mismo bando que su protagonista, narra con un lirismo inusual gracias al cual, por ejemplo, las piernas torcidas de los ahorcados metidas en calzones blancos parecen "las velas de unas barcas atrapadas en la tormenta". El relato que Sosédov realiza de la guerra, y que no está exento de cierto humor sombrío, ratifica una de las características de la modernidad según Berman, para quien "cualquier forma imaginable de conducta humana se hace moralmente permisible en el momento en que se hace económicamente posible". Una noche con Claire comparte con otros grandes textos sobre la guerra como Viaje al fondo de la noche (Voyage au bout de la nuit, 1932) de Louis-Ferdinand Céline, Sin novedad en el frente (Im Westen nichts neues, 1929) de Erich Maria Remarque, Tempestades de acero (In Stahlgewittern, 1920) de Ernst Jünger y El miedo (La peur, 1930) de Gabriel Chevallier una visión del conflicto bélico como situación absurda y carente de todo sentido pero también como resultado de la aplicación de los principios de la viabilidad económica a la matanza, que no puede ser juzgada con los valores de la época que la precedió. A diferencia de las obras anteriores, sin embargo, la de Gaito Gazdánov se caracteriza por el extraordinario talento del autor ruso para la evocación, que le granjeó en su momento el entusiasmo de Máximo Gorki y Vladislav Khodasevich y la comparación con el francés Marcel Proust:

[...] en invierno de ese año me hicieron ir a parar al tren blindado y llegar al cabo de unas noches al sur; pero este viaje aún sigue en mi interior, y, seguramente, hasta el momento de mi muerte volveré de vez en cuando a sentirme delante de las ventanas iluminadas, atravesando el espacio y el tiempo a la vez, pasarán fugaces los ahorcados, alejándose bajo las blancas velas hacia la inexistencia, de nuevo se arremolinará la nieve y la sombra del tren que desaparece, deslizándose, a sacudidas, corriendo veloz a través de los largos años de mi vida.

 

IV

Gaito Gazdánov nació en San Petersburgo el 23 de noviembre de 1903 como Georgi Ivanovich Gazdanov en una familia proveniente de Osetia; se crió en Siberia y en Ucrania. A los dieciséis años de edad se unió al Ejército Blanco y después del final de la Guerra Civil abandonó Rusia y se refugió en París tras vivir algún tiempo en Turquía y en Bulgaria. En la capital francesa, a la que llegó en 1923, fue estibador en el Sena, operario en Citroën, asistente en la editorial Hachette, estudiante en la Sorbonne y taxista nocturno, una actividad que ejerció entre 1928 y 1953 y paralelamente a la cual escribió cuatro novelas, una de las cuales, Caminos nocturnos (Ночные дороги, 1941), tiene por tema el submundo parisino y esa misma actividad. Gazdánov fue una figura recurrente de la populosa colonia rusa en París y un colaborador asiduo de publicaciones literarias como la prestigiosa Sovremennye Zapiski (Letras Contemporáneas), para las que escribió primero historias breves y luego novelas inspiradas en sus experiencias como soldado y emigrante. El autor es vinculado habitualmente al así llamado "Russkij Montparnasse", un círculo de escritores rusos cuyas principales influencias eran Marcel Proust, Franz Kafka, André Gide y James Joyce y que proponía la profundización en la psicología del personaje como una forma de apartarse de la tradición literaria rusa. A pesar de que alguna vez se le consideró un escritor francés en esa lengua, los temas de Gazdánov y su concepción de la literatura siguieron siendo rusos en el exilio y, a diferencia de su compatriota Vladimir Nabokov, el autor nunca escribió en otra lengua que el ruso a pesar de que es evidente que su obra se vio influida por la literatura francesa. Esto es especialmente visible en Una noche con Claire (Вечер у Клэр, 1929), que elabora literariamente la experiencia rusa, y en La historia de un viaje (История одного путешествия, 1934), que se ocupa de la emigración. Gazdánov se unió a la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y más tarde publicó El espectro de Alexander Wolf (Призрак Александра Вольфа, 1948), El retorno de Buda (Возвращение Будды, 1949) y Peregrinos (Пилигримы, 1953); en ellas la trama policíaca era puntuada por pausas reflexivas acerca de la muerte, el destino o la suerte que llevaron a que, tras la traducción de una de sus novelas al francés en 1951, los críticos lo compararan con Albert Camus y lo vincularan, al menos marginalmente, con el existencialismo. En 1953 comenzó a trabajar en una emisora de propaganda antisoviética financiada por el Congreso de los Estados Unidos llamada Radio Sbovoda (Liberación), en la que permanecería hasta su muerte el 5 de diciembre de 1971. Entre 1955 y 1966 (es decir, durante más de una década) el autor no publicó ni un solo libro pero a partir de la segunda de estas fechas escribió y publicó tres: El despertar (Пробуждение, 1965), Evelina y sus amigos (Эвелина и ее друзья, 1968), y la inconclusa La revolución (Pеволюции, 1972). Ninguna de estas obras ha sido traducida al español; de hecho, la obra de Gaito Gazdánov era absolutamente desconocida en el ámbito hispanohablante hasta la publicación en 2010 de Caminos nocturnos en traducción de James y Marian Womack.

 

V

Quizás, al igual que el protagonista de Una noche con Claire, Gazdánov se haya sentido un perro que come los desperdicios de un vertedero, pero quizás él haya entendido que ese vertedero era el de toda una época que tocaba a su fin. Después de marcharse al exilio, el escritor no volvió a pisar nunca más el país del que se imaginó separado por una "barrera de fuego tras la cual se hallaba la nieve y sonaban las últimas señales nocturnas de Rusia". Sus obras nunca fueron publicadas en la URSS y su nombre sólo volvió a ser puesto entre los de los mejores escritores rusos de su generación cuando cayó el régimen soviético y comenzó a ser editado; Olga Orlova le dedicó una biografía en 2003 y en 2009 se publicó su obra completa en cinco volúmenes. En Una noche con Claire, Sosédov evoca una escena infantil particularmente significativa: "recuerdo un retrato de Dostoievski en el primer tomo de sus obras. Me quitaron ese libro y lo escondieron; pero rompí la puerta de cristal del armario y de entre el gran número de libros saqué precisamente el tomo con el retrato". Tal vez toda la buena literatura llegue a nosotros con el estruendo de un cristal que se rompe, pero hay que celebrar que ya no sea necesaria ninguna violencia para acceder a los libros de Gaito Gazdánov.

 

 

 

Gaito Gazdánov
Una noche con Claire
Trad. María García Barris
Madrid: Nevsky Prospects, 2011

 

 

[Mañana: Enrique Vila-Matas sobre lo auténtico en literatura]

[Publicado el 11/4/2011 a las 12:04]

[Etiquetas: Gaito Gazdánov, Novela, Nevsky Prospects, Prólogos]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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