El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Entre el distrito negro y el Nuevo Mundo

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Paul Zech murió en Buenos Aires en 1946 en la miseria; había nacido en Briesen bei Thorn (hoy Wabrzézno, Polonia) en 1881 como el tercero de veintidós hermanos y, después de trabajar como minero en Bélgica y Francia y participar en la Primera Guerra Mundial y hacerse pacifista, se había convertido en uno de los poetas y dramaturgos alemanes más importantes de su época. En 1918 había obtenido el prestigioso Premio Kleist, en 1919 doce de sus poemas habían aparecido en Menschheitsdämmerung [Crepúsculo de la Humanidad], la antología definitiva del expresionismo realizada por Kurt Pinthus, y en 1926 Erwin Piscator había montado su obra El barco embriagado [Das trunkene Schiff], basada en la vida y la obra de Arthur Rimbaud, en la Volksbühne de Berlín.
 
Pero Zech tenía una personalidad contradictoria y difícil y había acabado distanciándose de sus amigos y valedores. A pesar de que más tarde argumentaría que su exilio se debió a razones políticas (una de las tantas ocasiones en que el autor embelleció su biografía o la reescribió por completo), el hecho es que en marzo de 1933 había sido despedido de la biblioteca en la que trabajaba y que estaba procesado por un hurto de unos dos mil libros y por el uso indebido del título de doctor y sobre él pesaban varias acusaciones de plagio de obras que había publicado para solventar su siempre inestable economía y que habían llevado a que lo expulsaran del órgano colegial de los escritores alemanes. Aunque no había sido perseguido por razones políticas, su última poesía es política y critica explícitamente al nacionalsocialismo y a sus principales figuras; la primera, en cambio, se inspiraba en la naturaleza: Waldpastelle (Cuadros del bosque al pastel, 1910), Schollenbruch (Desterronamiento, 1912), Der Wald (El bosque, 1920); y la de su período intermedio es declaradamente expresionista: Das schwarze Revier (El distrito negro, 1913), Die eiserne Brücke (El puente de hierro, 1913), Die rot durchrasten Nächte (Las noches raudamente atravesadas en rojo, 1914), Der feurige Busch (El arbusto ígneo, 1919) y otros. Al morir en Buenos Aires, donde había malvivido colaborando en la prensa alemana en el exilio y especialmente en el Argentinisches Tageblatt, Zech había sido olvidado por sus lectores alemanes; las dos colecciones que publicó en Argentina (Bäume am Rio de la Plata [Árboles en el Río de la Plata], 1930, y Neue Welt. Verse der Emigration [Nuevo mundo: versos de la emigración], 1939) pasaron desapercibidas y son un saldo exiguo para un autor alguna vez prolífico que escribió cientos de poemas, treinta y tres dramas, más de cien trabajos en prosa, numerosos ensayos literarios y una docena de novelas.
 
 
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A pesar de ello, su obra permaneció prácticamente inédita en español hasta la aparición de Yo soy una vez Yo y una vez Tú, la antología bilingüe que le ha dedicado Héctor A. Piccoli. El académico y poeta argentino recorre en ella el camino menos transitado al realizar una traducción prodigiosa que no se contenta con la literalidad sino también con la adopción de ciertas soluciones formales empleadas por el autor alemán, especialmente su uso del soneto; se trata, como apunta, de salvar "aunque sea parcialmente, los elementos cohesivos esenciales del poema" mediante una traducción que, sin violentar el sentido del original alemán, lo adecúa a la tradición literaria en español en un ejercicio insólito pero muy logrado de traslación. También, de periodizar la producción de Zech, que Piccoli distribuye en apartados que se corresponden con los acontecimientos principales de la vida del alemán: la estancia en Elberfeld hasta 1912, la residencia en Berlín y la participación en la Primera Guerra Mundial, la posguerra, el período berlinés de 1920 a 1933 y el exilio argentino. Su selección de los poemas sigue la realizada por Henry A. Smith en 1983 con el título de Paul Zech: Vom Schwarzen Revier zur neuen Welt [Paul Zech: Del distrito negro al nuevo mundo] y permite observar en la obra del autor alemán la influencia de Rainer Maria Rilke y la de cierta tradición baladística alemana habitualmente dedicada a narrar hechos trágicos en un estilo narrativo y accesible a todos los públicos. Los temas de Zech son el trabajo en las minas y la vida en la gran ciudad, que el autor contrapone a una naturaleza idealizada; para el autor, sólo la hermandad entre todos los hombres puede salvar al hombre individual de lo que el ensayista estadounidense Marshall Berman llamó en una ocasión "la terrible realidad desnuda del 'hombre desguarnecido'", que Paul Zech conoció bien.
 
 
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Además de poeta, ensayista y narrador, Zech fue un mentiroso: muchos de sus poemas fueron publicados bajo pseudónimo o atribuidos por su autor al francés León Deubel o a François Villon. También su obra miscelánea sobre la etnografía argentina era completamente imaginaria y sólo supuestamente basada en viajes al interior del país que su autor nunca había realizado y de los que emergía una imagen idealizada de la naturaleza argentina y de sus habitantes; sus leyendas locales son completamente falsas, no así su novela autobiográfica Michael M. irrt durch Buenos Aires (Michael M. vaga por Buenos Aires, 1985), en la que el autor se compadece ante la eventualidad de tener que vivir en un país miserable y estúpido. Al igual que buena parte de la obra que produjo en su exilio, Michael M. [...] fue publicada tras su muerte, cuando Zech alcanzó el éxito que probablemente mereciera: fue un pequeño multiventas en la República Democrática de Alemania, donde era considerado un autor antifascista (lo que, por otra parte, no era completamente descabellado, ya que había trabajado en la prensa de los socialdemócratas y había tenido una participación importante en la República de los Consejos), su volumen Die lasterhaften Balladen und Lieder des Herrn François Villon (Las baladas y canciones libertinas del señor François Villon, 1930) vendió en el Oeste más de trescientas mil copias y tuvo veintinueve ediciones y el importante crítico Marcel Reich-Ranicki incluyó dos de sus poemas en su versión personal del canon de la literatura alemana Der Kanon. Hoy en día es considerado, aunque marginal, todo un clásico de esa literatura.
 
 
ASTILLERO

Si recorres aguas arriba el puerto,
oh, cómo ronca y gime: astillero y laminado,
rieles y chimeneas, galpón y acelerado
ritmo de máquinas en un coro más que yerto.

Como rompiente silba de vapor blanco espuma
saliendo de canales y la grúa se queja,
colosal, en el remolque. De humo la guedeja
en que crepita un fuego que jamás se esfuma.

Cascos se elevan en filas toscas, como rocas.
Hormigas trepan costillas de acero:
la ralea de esclavos, que el vértigo no apoca.

Muy debajo de ellos, su caos el mundo estiba
y sobre ellos, en punzó soleado desde arriba,
se cierra el horizonte: un puño de carnicero.


TERRUÑO

En minas de carbón, en fábricas de color
mi puesto, yo era un extraño, una cifra anotada,
entre Dios y Baal una cosa arrojada
y un débil entre otros débiles al por mayor.

Y de un lugar a otro me convertí en viajero;
pero más que la fábrica unida a mí, jamás
fue la vida. República u orden imperial,

terruño era: ¡vagar! ¡Como un viento ancho sendero!
¡Y yo pertenecía siempre a todos, no a mí!
Mundo: hombres, paisaje, cual breviario leí,
mudo, y mucho he erigido, mucho pulverizado.

Ahora estoy sedentario, creyente y consumido.
Dos nietos juegan: ¡Córreme! Y está tibio el nido.
Y si un mendigo llama, ladrar no oirá al llamado.


¿ALEMANIA? - DEBERÍA ESTAR YA TAN ATRÁS...

¿Alemania? - Debería estar ya tan atrás
como un año perdido en la distancia,
como los rostros ya sin gravedad,
como un ser que ha sido de un sueño la sustancia.

Alemania... ¿qué no habría que enterrar,
y dónde no que descender, para no sentir
de lo que hemos perdido, nada más?
Tan fría, no puede en la noche una piedra dormir.

Más de lo que creemos tardan los muertos
en desprendernos, alejándonos de sí.
Se nos adelantan. Ya están allí,

Donde aún vemos bosques, como nubes, inciertos.
Ellos son los que derivan, ellos son las millas
que aún nos faltan, para ir a casa de prisa.


EPITAFIO

Éste que descansa en tierra extraña,
con gusano y raíz y el suceso original
de llegar a ser, de andar y de resucitar:
también él fue entraña de nuestra entraña.
Y lo que de disgusto siempre nos dio motivo
en su carácter, obra y objetivo
no fue otra cosa, en realidad,
que el reflejo de nosotros y de nuestra edad.

 

Paul Zech
Yo soy una vez Yo y una vez Tú
Trad. Héctor A. Piccoli
Rosario: Serapis, 2010

 

Publicado originalmente en El Cultural de El País de Montevideo. 16 de marzo de 2012.

[Publicado el 16/5/2012 a las 12:00]

[Etiquetas: Paul Zech, Héctor A. Piccoli, Poesía, Serapis]

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"Libre libre / no me siento libre libre": Una vida de José "Pepe" Sales (cita)

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Josep "Pepe" Sales i Coderch vivió apenas treinta y nueve años: nació en Barcelona en 1954 como el octavo de once hijos de una pareja excepcionalmente religiosa (y singularmente afín a la concepción) y murió en Vallclara en 1994 tras un periplo durante el que fue estudiante del La Salle Bonanova (el colegio donde parecen haber estudiado todos, absolutamente todos, en Barcelona), presidiario durante doce meses en la prisión barcelonesa de La Modelo por posesión de hachís, heroinómano desde 1975, conejillo de Indias de un tratamiento fallido para abandonar esa droga algún tiempo después, homosexual desde 1979, fundador del grupo de rock Bocanegra, compositor y poeta, pintor (hacia el final de su vida, con su propia sangre), residente por un breve período en Nueva York, pionero del videoarte y portador de VIH desde 1988, cuando el diagnóstico de esa enfermedad era de forma ineludible una condena a muerte.
 
De todo esto habló "Pepe" Sales en unos textos cuya principal virtud radica en su honestidad y en la forma en que (a la manera de la obra de autores como Jean Genet, Pier Paolo Pasolini y William Burroughs, entre otros) constituyen el paroxismo de ese tipo de literatura de la experiencia tan habitual en la literatura hispanohablante y que en muchos casos parece haber sido escrita a manera de paliativo por quienes no han tenido experiencia alguna. Albert Pla (quien ya había difundido anteriormente la obra del poeta español Josep Maria Fonollosa) publicó en 2004 Cançons d'amor i droga, un disco con sus piezas originales al que acompañaba una selección de temas traducidos al español bajo el título de Un regalito para Espanya. A excepción de los discos bocanegrau (1986) y Bloc de lírica dura. Homenatge a Pepe Sales (2005) de Víctor Bocanegra y del libro Sense re, sense remei (LaBreu Edicions, 2009), que reúne el poemario completo de Sales (así como una parte de su dietario y de su correspondencia), el disco de Pla y el registro audiovisual del espectáculo del mismo nombre que realizó con Judit Farrés en 2004 son todo su legado. Una página web bajo su nombre ofrece abundante material gráfico, principalmente fotografías y reproducciones de algunas de sus pinturas, pero poca información biográfica, de allí que resulte tan interesante el documental de TV3 Pobres pobres que els donguin pel cul que puede verse (en catalán) en la página web de esa televisión autonómica. En Youtube se puede ver además parte del espectáculo de Pla y Farrés dirigido por Álex Rigola: más específicamente, las canciones "Adelaida", "Viva Espanya" y "Mi camello", todas ellas parte de una obra imprescindible escrita en el sitio donde se aparta a los diferentes y a los inconstantes y a los enfermos tempranos, que es el sitio donde vivió José "Pepe" Sales y del que merece ser rescatado por una nueva promoción de lectores.
 
 
Tres textos de Josep "Pepe" Sales
 
Libre libre

Libre, libre
no me siento libre libre.
En la calle me siento un extraño
pues tengo mi amor en la trena.
Diez años cumpliendo condena
por un delito que no cometió.
Porque fui yo.
Pero era amor, lo juro, amor.
Y yo era el menor, yo era el menor.
Y se me parte el pecho de pena
comunicando en el locutorio.
Pues no hay delito ni trato peor
que el del violador.
Y ese fui yo.
Pero era amor, lo juro, amor.
Y yo era el menor, yo era el menor.
Libre, libre
no me siento libre libre.

 

Era Perkins

Són sis picos en cadena
que ens vigilen a la trena
per què no marxem
si som innocents

És tot verd el meu xabolo
s'anomena la lechuga
tancat dalt del palomar
jo vull marxar

És un xota el tal fulano
quinze dies de xupano
per què no marxem
si som innocents

Només queda fer el majara
jo no pago aquesta mort
sóc innocent
jo vull marxar

Fugim tots de la Modelo
la justicia és un camelo
perquè no marxem
si som innocents

Era Perkins, era Perkins
era Perkins, l'assassí

 

Quando corpus morietur
-dos dos dos u-

Cinc dos dos u és l'habitació
on estem ingressats el Cecilio i jo
Estem espantats, tothom ha callat
es troba molt greu, molt malament
I la seva mare el gronxa com gronxen les dones als nins
I la seva mare el gronxa com dormen les mares als fills
I la seva mare el gronxa com fèia la Mare de Déu
I la seva mare el gronxa com feu la Madonna a la creu
Diu el doctor que el Cecilio ja és mort
però la seva cara em sommriu
Diu el doctor que fa estona que és mort
però la seva mare li diu,
és just si va néixer
que mori als meus braços
com féu la Madonna a la creu
I la seva mare el gronxa com gronxen les dones als nins
I la seva mare el gronxa com dormen les mares als fills
I la seva mare el gronxa com fèia la Mare de Déu
I la seva mare el gronxa com feu la Madonna a la creu
Aquest sentiment se t'ha caducat
fes-te tatuar Mamà
Però a l'últim moment hi ha necessitat
consol i pietat
I la seva mare el gronxa com gronxen les dones als nins
I la seva mare el gronxa com dormen les mares als fills
I la seva mare el gronxa com fèia la Mare de Déu
I la seva mare el gronxa com feu la Madonna a la creu

[Publicado el 29/3/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: José 'Pepe' Sales, Poesía, Cita]

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"En un campo de fútbol / que se asoma al vacío y a la nada" (cita)

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Eduardo Jordá nació en Palma de Mallorca en 1956 y es autor de la novela Pregúntale a la noche (2007) y de los cuentos de Playa de los alemanes (2006) y el libro de viajes Norte Grande (2002), además de los volúmenes de poesía Ciudades de paso (2001), La estación de las lluvias (2001), Tres fresnos (2003), Mono aullador (2005) e Instante (2007), así como de la antología personal Pero sucede (2010). Algunos de los temas de su poesía son la naturaleza, los avatares del tiempo y de la memoria y los horrores del siglo XX, sobre los que el poeta vuelve en el reciente Tulipanes rojos (IX Premio Emilio Alarcos); aquí esos temas son abordados a raíz de asuntos y situaciones nimios tan sólo en apariencia: la visita a un campo de fútbol modesto, el hallazgo de dos cuervos muertos en la casa, la luz en una ventana, el descubrimiento de rasgos familiares en el rostro de los hijos, la contemplación de pinturas y fotografías, las visitas a islas y a cabos, un torrente: su naturaleza no es poética por sí misma sino en virtud de que la mirada que se deposita sobre ella lo es. Esa mirada es la de un poeta mediterráneo (alguien debería escribir algún día sobre esa cualidad intangible al tiempo que perfectamente apreciable en poetas mallorquines como José Luis Llop y el propio Jordá) que escoge (y esto es singular) formular preguntas en lugar de arriesgar certezas ("‘Quizá' es ahora la única palabra / que tiene sentido", escribe en el poema "Vladimir Holan"), que susurra en vez de gritar y prefiere la búsqueda de la belleza a su hallazgo definitivo; una mirada (también) que busca esa belleza incluso en la Crónica del gueto de Varsovia del admirable historiador judío Emanuel Ringelblum (1900-1944) o en el soliloquio de un miembro de un Sonderkommando judío en un campo de concentración, en uno de los poemas más contundentes de este libro.
 
 
Cabo Sardão
 
     Estamos esta tarde mi hijo y yo
     mirando el cielo
     desde el banquillo visitante
     -tan viejo ya como un cesto de mimbre-
     en el campo de fútbol
que hay en Cabo Sardão:
     el más extraño que conozco,
     el más deshabitado que conozco,
     junto a un faro
     y casi asomado al precipicio
     barrido por el viento
     que llega del océano.
 
     "¿Qué loco juega aquí?",
pregunta mi hijo.
     Yo sólo sé
que aquí juega un equipo muy modesto,
     sin gradas,
     sin césped,
     sin espectadores,
     sin vestuarios:
     Cabo Sardão Futebol.
     Desde hoy será por siempre nuestro equipo.
     Y cuando nos vamos,
     pienso que así sucede el arte:
a solas
en un campo de fútbol
que se asoma al vacío y a la nada.
 
Y si metes un gol en plena escuadra,
nunca hay espectadores
ni aplausos;
tan sólo el vasto cielo indiferente
y ese viento que aúlla en los escollos.
 
 
Eduardo Jordá
Tulipanes rojos
IX Premio Emilio Alarcos
Madrid: Visor, 2011

[Publicado el 12/3/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Eduardo Jordá, Poesía, Visor]

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Un libro sin héroes

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Algún tiempo atrás la editorial salmantina El Desvelo publicó el libro de Sigfried Sassoon Contraataque en traducción de Eva Gallud Jurado; más recientemente, Acantilado ha publicado los Poemas de guerra de Wilfred Owen traducidos y anotados por Gabriel Insausti.

Quizás fuese interesante conjeturar las razones de este repentino interés (al menos editorial) por los así denominados "war poets"; como este no parece el sitio más adecuado para hacerlo, tan sólo podemos constatar el hecho de que estos poemas de Owen, reunidos en 1920 por el propio Sassoon (que fue su amigo y colaborador) y por Edith Sitwell, se ocupan de los mismos temas que los de Sassoon: el entusiasmo inicial de la marcha hacia el frente; la sórdida vida cotidiana en las trincheras; el aturdimiento durante los combates; el sinsentido de la propaganda bélica; las heridas infligidas deliberadamente para obtener la baja; la descomposición de los cadáveres de soldados y animales en la tierra de nadie entre las trincheras; el terror producido por los ataques con gas; el estruendo y el barro; el enloquecimiento de los soldados; la hipocresía de los civiles que, cómodamente instalados en la retaguardia, promueven el ardor bélico y el sacrificio de los jóvenes; la amistad entre los combatientes; el remordimiento; "el triste camino despiadado / que conduce del día hacia la noche" (45); es decir, "la verdad nunca dicha, / la pena de la guerra" (17).

Allí acaban las semejanzas entre ambas obras, sin embargo: los poemas de Owen se caracterizan por un lirismo y un tono elegíacos mayores que los que se encuentran en los poemas de Sassoon. A raíz de ello, su poesía parece más sofisticada y menos sincera que la de este último (allí están por ejemplo sus referencias a Percy Bysshe Shelley y Dante Alighieri, sin equivalentes en la obra del otro), aunque no menos lograda; de a ratos, también, más optimista: "He hallado a la belleza / en esos juramentos que el coraje confirma, / He oído música entre el estruendo del combate / y he hallado paz donde las bombas escupían / fuego." (25).

Al igual que los otros "war poets", Owen dejó atrás el tipo de poesía sensual y decadente que imperaba en los años de su formación para escribir una poesía subordinada a la finalidad de ofrecer una visión alternativa a la propaganda bélica de su época (es decir, una poesía ética); como señala Insausti en sus notas al poema "La parábola del joven y el anciano", Owen señaló "a la generación de sus padres como responsable de la carnicería de la guerra, al alentar frívolamente el entusiasmo de los jóvenes mediante el lenguaje heroico, la propaganda y los alistamientos irregulares" (95). Al hacerlo, señalaba también a autores como Thomas Hardy y Rudyard Kipling (a los que parodia en el poema "La despedida") como los valedores literarios de una visión heroica de la guerra que carecía de asidero en la realidad; a ellos, y a los civiles insuflados de ardor bélico en la retaguardia, les dice, hablando de los soldados con los que combatió: "[...] no oiréis su risa nunca. / No dejarán mis chanzas que creáis / que han sido bien felices. Merecen vuestras lágrimas. / No merecéis vosotros su alegría." (25)

Wilfred Owen nació en Oswestry en 1893 y estudió en la Universidad de Londres; a partir de 1913 vivió en Francia, pero en 1915 se alistó en el ejército y sirvió entre junio de 1916 y el mismo mes de 1917; escribió sus poemas de guerra entre el verano de ese año y el otoño de 1918. A pesar de haber sido enviado a casa por "invalidez transitoria", Owen estuvo de regreso en el frente catorce meses después de su baja y murió allí en noviembre de 1918 en el canal de Sambre. Entre sus admiradores se encuentran W.H. Auden, Stephen Spender y Cecil Day Lewis. Su vocación literaria había sido promovida por el poeta francés Laurent Tailhade poco antes de que estallara la guerra que los convertiría inevitable y desgraciadamente en enemigos.

 

TRES POEMAS

 

PREFACIO

Este libro no trata de héroes. La poesía inglesa aún no
está preparada para hablar de ellos.
     Tampoco trata de hazañas, territorios ni nada que tenga
que ver con la gloria, el honor, el poder, la majestad,
el dominio o la fuerza, sino con la guerra.
     Sobre todo, lo que no me interesa es la poesía.
     Mi tema es la guerra y la pena de la guerra.
     La poesía está en la pena.
     Pero estas elegías de ninguna manera pueden ser un
consuelo para la presente generación. Tal vez lo sean
para la siguiente. Todo lo que un poeta puede hacer
hoy es alertarles. Por eso los verdaderos poetas deben
decir la verdad.
     (Si hubiese creído que las palabras de este libro fuesen
a perdurar, habría empleado nombres propios, pero
si su espíritu sobrevive-esto es, si sobrevive a Prusia-,
mi propósito y esos nombres habrán alcanzado
campos más verdes que los de Flandes...).


LAS POSIBILIDADES

La noche antes del jaleo-m'acuerdo bien-
le dimos al palique y así nos enteramos.
«Amigo-dijo Jimmy, que sabía lo suyo-,
sólo pueden pasarte cinco cosas:
te desmayas, te hieren-grave o leve-
6 te tumban o te salvas con tu miedo».

A uno de nosotros lo partió un cañonazo.
A otro lo acertaron y perdió las dos piernas.
Un tercero-en palabras que usan los hipócritas-
quiso el azar que lo pillara Fritz.
Yo no tuve un rasguño, a Dios sean dadas,
pero más le daré si otra vez cae una herida.
En cambio, el pobre Jim no está vivo ni muerto.
«Una de cinco», nos decía; él tuvo todas:
herido, muerto, prisionero, todo el lote
le tocó de una vez. Jim está loco.


LA PARÁBOLA DEL JOVEN Y EL ANCIANO

Se alzó pues Abraham, cruzó los bosques.
Llevó consigo fuego y un cuchillo.
Y mientras caminaban ambos juntos,
preguntó así Isaac, el primogénito:
«Padre, veo que llevas hierro y fuego,
pero ¿el cordero para el sacrificio?».
Abraham ató al joven con cordajes
y construyó trincheras, parapetos...
Al sacar su cuchillo, de repente,
un ángel lo llamó del Cielo y dijo:
«Retira ya tu mano del muchacho,
no le hagas ningún daño. Hay un carnero
que es presa de ese arbusto por los cuernos;
ofrécelo mejor en sacrificio».

Pero el viejo rehusó, mató a su hijo
y, uno a uno, a los jóvenes de Europa.

 

Wilfred Owen
Poemas de guerra
Ed., trad. y notas Gabriel Insausti
Barcelona: Acantilado, 2011
Pp. 15, 67 y 35

[Publicado el 06/2/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Wilfred Owen, Acantilado, Poesía]

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El libro de los cambios

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Wallace Stevens nació en Reading (Pennsylvania) en 1879 y murió en Hartford (Connecticut) en 1955, un año después de que sus Poemas completos obtuvieran el Premio Pulitzer. Al igual que T.S. Eliot, participó de la escena vanguardista estadounidense, a la que contribuyó decisivamente con obras como Harmonium (1923), El hombre de la guitarra azul (1937), Las auroras de otoño (1950), La roca (1954) y este Ideas de orden (1936).
 
De acuerdo con Daniel Aguirre (que firma un prólogo brillante a la obra, así como la espléndida versión en español de este y de todos los otros libros de Stevens publicados anteriormente por Lumen), Ideas de orden "representaría un intento por articular las ‘voces' que trae al poeta la turbulenta coyuntura histórica de los años treinta" (9) con el surgimiento de los fascismos europeos y la sensación de encontrarse ante "‘una civilización moribunda'" (10). "Si la realidad del momento elimina ideas establecidas, el poeta responde imaginativamente incorporando en el discurrir de sus poemas los cambios que percibe" (11); esos cambios no aparecen en el poema de forma explícita y a la manera de un interés por asuntos políticos y sociales, sino como la ampliación de las modulaciones estilísticas y las formas del poema.
 
Según Aguirre, "el aire aforístico, las implicaciones teóricas, la insinuación de formas lógicas mediante el lenguaje figurativo revelan un cambio de estilo también en los nuevos poemas" (14), pero ese cambio ("elemento que caracteriza la obra de Stevens hasta sus composiciones finales", de acuerdo con el prologuista, 16) es tanto estilístico como político y señala que es precisamente en las formas (en las "ideas de orden" del título) donde debe encontrarse el carácter político de las obras literarias, más que en las declaraciones (bienintencionadas o malintencionadas, poco importa) de sus autores y en su argumento.
 
Los poemas de Ideas de orden son pues una literatura política de primer orden que no menciona siquiera una vez de manera explícita su carácter de tal pero surge de y se inspira en tiempos sórdidos y turbulentos; esto la hace inusualmente actual, pero incluso aquellos que no lean libros para tratar de comprender su época deberían prestar atención a este de Wallace Stevens por asuntos tales como el enorme talento de su autor para titular ("La idea de orden en Cayo Hueso", "Desnudez en la capital", "Como adornos en un cementerio de negros", "Una salida de sol de escama de pez") y la intensidad y la belleza de sus mejores poemas: "Los placeres del mero circular", "Una postal desde el volcán", "Tristes compases de un vals alegre", reproducido a continuación.
 
 
Tristes compases de un vals alegre
 
La verdad es que llega un momento
en que nosotros no podemos ya apenarnos más por una música
que como mucho es un sonido inmóvil.
 
Llega un momento en que el vals
ya no es más un modo del deseo, un modo
de revelar deseo, y está vacío de sombras.
 
Han acabado demasiados valses.Y luego
aquí está ese Hoon de mente montaraz
para quien el deseo no fue nunca de vals,
 
quien encontró todo orden y forma en soledad,
para quien las hechuras nunca fueron figuras de hombres.
A él ahora se le han esfumado sus formas.
 
Aquí no hay orden ni en mar ni en sol.
Las hechuras perdieron su fulgor.
Lo que aquí hay son estas súbitas turbas de hombres,
 
estas súbitas nubes de rostros y de brazos,
una inmensa supresión, en libertad,
estas voces que claman sin saber para qué,
 
si no es para ser felices, sin saber cómo,
imponiendo unas formas que ellas no pueden describir,
requiriendo un orden más allá de su habla.
 
Han acabado demasiados valses. Con todo, las hechuras
por las que claman las voces podrían, ellas también,
ser modos del deseo, modos de revelar deseo.
 
Demasiados valses... La épica de la incredulidad
prorrumpe más a menudo, y pronto, pronto será constante.
Pronto un escéptico armonioso en una música escéptica
 
unirá estas figuras de hombres y sus hechuras
fulgirán otra vez en movimiento, la música
estará en movimiento y colmada de sombras.
 
 
Wallace Stevens
Ideas de orden
Versión Daniel Aguirre
Barcelona: Lumen, 2011
 
[El próximo lunes: Veneno de Peer Meter y Barbara Yelin y  Haarmann: el carnicero de Hannover, un asesino en serie  de Meter e Isabel Kreitz]

[Publicado el 09/12/2011 a las 10:15]

[Etiquetas: Wallace Stevens, Poesía, Lumen]

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Tres poemas de Ossip Mandelstam, cita

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Georgy Chulkov, Mariya Petrovykh, Anna Akhmatova y Ossip Mandelstam. Autor y fecha: desconocidos.

Ajmátova

De perfil -¡ay, qué pena!-
a los indiferentes miraba.
Cayando de los hombros, se hizo piedra
la estola pseudoclásica.
Voz agorera -amargo hechizo-
libera las entrañas del alma:
Del mismo modo -Fedra furibunda-
en un tiempo que fue Raquel se alzaba.

 

Estancias

1

Yo no quiero entre jóvenes de estufa
cambiar del alma la última moneda,
sino, como al koljós va el campesino,
yo entro en el mundo, y en la gente buena.
Del Ejército Rojo amo el plisado capote
manga sencilla y lisa, largo hasta los talones,
y el corte emparentado a una nube del Volga
y así se ajuste bien a los hombros y el pecho,
al ensancharlo no pierda la forma,
y se deslice como en verano el tiempo.

2

Condenada costura, incidente insensato,
nos separaron y ahora, entiende:
Debo vivir y respirar bolchevizando,
y, ante la muerte, mejorando,
¡y quedarme además y jugar con la gente!

 

LXXVIII

Para que un amigo del viento y de las gotas
guardara dentro sus pedruscos de arena,
arañaron los reyes muchedumbre de garzas
y de botellas en botellas.
Se adornaba con selecta piel de perro
la vergüenza estatal de los egipcios,
a los muertos les daba de todo
y como una pirámide se yergue sin sentido.
Otra cosa es mi amado consanguíneo,
cantor reconciliado penitente,
tu rechinar de dientes se oye aún,
pedigüeño del polvo indiferente.
Al desgarrar un haz de posesiones
caprichosas en dos herencias,
despidiéndose da su gritería al mundo,
que es como una profunda calavera,
al lado de la gótica el pícaro vivía
y a unos derechos de telaraña escupía,
escolar descarado, ángel ladrón,
incomparable François Villon.
Bandido del clero celestial,
sentarse a su lado no es deshonra,
y frente al propio mundo que se acaa
cantarán las alondras...

 

Ossip Mandelstam
Poesía
Trad. Aquilino Duque
Madrid: Vaso roto, 2010 

 

[El próximo lunes: Apuntes de Providencia]

[Publicado el 11/11/2011 a las 10:00]

[Etiquetas: Ossip Mandelstam, Poesía, Cita]

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"No somos ni profetas ni menos precursores"

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Ossip Mandelstam (en ruso Осип Эмильевич Мандельштам) anunció en un poema de 1916 que moriría en San Petersburgo, por entonces Petrópolis: "En la límpida Petrópolis moriremos, / donde sobre nosotros reina Proserpina. / En cada sollozo bebemos el aire de los muertos / y es cada hora la de nuestra agonía [...]" (153). No murió allí, sin embargo, sino en un campo de trabajo cercano a Vladivostok, mientras cumplía una condena a cinco años de trabajos forzados por "actividades antisoviéticas". Mandelstam, que había nacido en Varsovia el 15 de enero de 1891 y se había forjado una reputación considerable durante su juventud como miembro destacado de la escena literaria de San Petersburgo (de cuyo movimiento "acmeísta" fue uno de los representantes principales junto a Nikolái Gumiliov y a Anna Ajmátova) cumplía allí su segunda condena, ya que ocho años antes, en 1934, había sido castigado con el destierro en los Urales a raíz de un poema contra Iósif Stalin. Mandelstam, que había publicado previamente los volúmenes de poemas La piedra (1913) y Tristia (1922), intentó suicidarse (unos años antes había escrito: "ten, corazón, del corazón vergüenza / que al fundamento de la vida te ata", 31), pero sobrevivió e incluso compuso los poemas que reuniría más tarde en Cuadernos de Vorónesh (1937) y en Cuadernos de Moscú (éste último publicado póstumamente); son sus mejores poemas, pero están lastrados por el peso de un único poema, uno terrible por su valentía, que no aparece en esta Poesía que publica ahora Vaso Roto en la traducción de Aquilino Duque, pero es su sombra y su justificación. El poema que condujo a su autor al exilio y posteriormente a la muerte y a la fosa común es el siguiente:
 
 
Los que estamos vivos no hollamos más el suelo,
Hablamos de tal modo que nadie puede escucharnos a diez pasos,
 
Pero allí donde aún se nos oye hablar...
Lo que decimos se refiere al montañés del Kremlin.
 
Sus dedos son gruesos y tan gordos como los gusanos,
y su palabra pesa un quintal, así que él cae,
 
Su bigote ríe, antena de cucarachas,
la palanca de cambios brilla tan sublimemente.
 
La gentuza de cuello estrecho del líder lo rodea,
él juguetea con serviles cuasi hombres,
 
que silban, maúllan o lloriquean.
Él solo marca el ritmo con el martillo.
 
Ordena pisotear a golpes de herradura:
en el vientre, en la frente, en los ojos... en la tumba.
 
El matar le sabe a frambuesas...
y el pecho del osetio se hincha.
 
(Mi traducción del alemán.)
 
 
Cuando lo escribió, Mandelstam había abandonado ya el acmeísmo para avanzar hacia posiciones cercanas al simbolismo y el futurismo, que son los que presiden su última poesía; en ella aparecen los motivos recurrentes de la naturaleza (que aquí, a diferencia de lo que sucedía en sus primeros libros, ya no es vista como el ámbito bucólico de la evocación de un cierto paraíso perdido sino como el del esfuerzo humano) y de las mujeres de la mitología clásica (Fedra, Casandra, Elena, Psiquis), pero también el descontento y la elusión de todo tipo de comentario político como los que aparecían en su primera poesía (por ejemplo en "El decembrista" de 1917, que concluía: "Todo se enmarañó y, al irse enfriando, / a quien contárselo no hay, / todo se enmarañó, y es dulce repetir: / Rusia, Leteo, Lorelei", 165; o en "A Casandra", del mismo año: "con los carros blindados en la plaza / yo veo a un hombre que / con carbones ardientes a los lobos asusta: / ¡la libertad, la igualdad, la ley!", 179). En esos últimos poemas aparece también el lugar del destierro: "Abandóname, suéltame, Vorónesh: / pasarás sin mirarme, me darás por perdido, / me dejarás de lado, me mandarás volver, / Vorónesh bendito, Vorónesh cuervo, cuchillo..." (243).
 
Al final, su poesía sigue siendo contemplativa pero se vuelve más y más abstracta hasta volverse prácticamente ininteligible ("sólo la prosa de la tinta del aire, / ilegible, ligera...", 289), como si el poeta hubiese olvidado que la lengua es el ámbito común de unos intercambios imposibles en una sociedad fracturada, aterrorizada y dispersa. Ossip Mandelstam (de quien, por cierto, Acantilado publica también estos días Armenia en prosa y verso) murió el 27 de diciembre de 1938 y fue rehabilitado en 1956 por el asunto de 1938 y en 1987 por el caso de 1934. Buena parte de su obra tan sólo sobrevivió gracias a que algunos amigos suyos y sobre todo su esposa, la memorizaron. Quizás hablaba sobre sí mismo pero también sobre todos los poetas cuando escribió: "Y yo pensé: no hacen falta discursos. / No somos ni profetas ni menos precursores, / no amamos el edén ni el infierno tememos, / y en el opaco día ardemos como hachones." (69).
 
 
Ossip Mandelstam
Poesía
Trad. Aquilino Duque
Madrid: Vaso roto, 2010
 
 
[El próximo miércoles: Los zorros vienen de noche de Cees Noteboom]

[Publicado el 07/11/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Ossip Mandelstam, Poesía, Vaso Roto]

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El sentido de un final

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Aunque algunos lectores prestan especialmente atención a sus comienzos, lo cierto es que son los finales de los poemas los que parecen contribuir más deliberadamente a crear el tipo de experiencia sensible que acaba convirtiéndose en todo el mensaje que el poema tiene para nosotros. En su estudio clásico El sentido de un final (1967), Frank Kermode sostuvo que los finales caracterizados por una clausura proceden de la inclinación natural del lector a convertir la simple contingencia de los eventos en una forma en la que confluyen orden y significado; orden y significado caracterizan también los poemas de Cuando acaba septiembre.
 
José Carlos Llop, su autor, es posiblemente uno de los poetas españoles contemporáneos más elegantes y uno de los que mejor concluye sus poemas, a menudo con una frase contundente ("Contemplemos / ahora, perdidos entre los brezales fríos, / las sombrías colinas y las nieblas azules, / el fin de nuestra civilización. Los ciervos, / hace tiempo que se han extinguido", "Tiempos modernos", 12), pero también a veces mediante un cierto regreso al tema inicial (por ejemplo en el poema "Marcial regresa a Hispania", que comienza con el verso "He venido a mi tierra a esperar la muerte" y concluye: "[...] los emisarios de la muerte, / galopando sobre la nieve, avanzan.", 30-31).
 
Quizás sea a esa estructura ligeramente circular a la que haya que atribuir el ritmo pausado y fingidamente sencillo que preside la mayoría de las obras y que recuerda al flujo y reflujo de las mareas mediterráneas (ese mar cuyos "barcos llevan la herrumbre / de la Eneida en su casco" en el poema "Beirut Song"). Llop canta al paisaje mediterráneo (como en el magnífico poema en catalán "Formentera") y a sus mitos, pero también a la pérdida de los seres queridos y del paisaje, unidos por largos años de paseos ("En el bosque") o en la contemplación desde una ventana (en el poema "21-I-2011"). Los temas son aquí pues el amor, la muerte y el tiempo, pero también la literatura, que aparece en poemas por los que circulan Edward Gibbon, Thomas Hardy, Constantino Cavafis, Cyril Connolly, Evelyn Waugh, Leonard Cohen, W.H. Auden, Robert Graves, Emily Dickinson y Lawrence Durrell (de hecho, la misma naturaleza imita aquí a los pintores: Gauguin, Tiépolo, Turner), sobre los que el autor mallorquín escribe "como una forma de agradecer lo vivido" ("Puerto de pescadores") y sin procurar distinguir entre literatura y vida "si es que ambas no son la misma cosa" ("Cavafis").
 
Meditativa y melancólica, la poesía de José Carlos Llop es ese "lugar donde ocurren las cosas" que para el autor es "el tiempo" ("Cavafis") y está sometida a sus flujos y a sus reflujos marinos; también, como el tiempo, es necesaria.
 
 
José Carlos Llop
Cuando acaba septiembre
Barcelona: Lumen, 2011
 
 
[Mañana: El hacedor (de Borges), cita]

[Publicado el 05/10/2011 a las 12:17]

[Etiquetas: José Carlos Llop, Poesía, Lumen]

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"Fatzer, ven": Un poema de Bertolt Brecht, cita

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Fotografía de Bob Adelman.

Fatzer, ven


Abandona tu puesto.
Se han logrado las victorias. Se han logrado
Las derrotas:
Abandona ahora tu puesto.
Vuelve otra vez a las profundidades, vencedor.
El júbilo invade el campo de batalla.
No estés más en él.
Aguanta el griterío de la derrota donde es más fuerte:
En las profundidades.
Abandona tu antiguo puesto.
Acalla tu voz, orador.
Están borrando tu nombre de las tablillas. Tus órdenes
No se cumplen. Permite
Que aparezcan nuevos nombres en las tablillas y
Se obedezcan nuevas órdenes.
(Tú, que no mandas ya
¡No incites a la desobediencia!)
Abandona el antiguo puesto.
No has bastado
No has terminado
Ahora tienes la experiencia y basta
Ahora puedes comenzar:
Abandona el puesto.
Tú, que dominabas los altos cargos
Enciende tu cocina.
Tú, que no tenías tiempo para comer
Prepárate la sopa.
Tú, sobre quien tanto se ha escrito
Aprende el abecedario.
Empieza inmediatamente:
Ocupa el nuevo puesto.
El vencido no escapa
A la sabiduría.
¡Agárrate bien y húndete! ¡Teme! ¡Pero húndete! Al fondo
Te aguarda la lección.
Demasiado preguntado
Participa en la inestimable
Enseñanza de la masa:
Ocupa el nuevo puesto.

 

Bertolt Brecht
Obra inacabada
Trad. Miguel Sáenz
Epíl. Vicente Hernando
Segovia: La Uña Rota, 2011 

 

[Mañana: Un asesinato que todos cometemos de Heimito von Doderer]

[Publicado el 20/9/2011 a las 13:00]

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“Tus estrellos son dos ojas, / tus rosos son como labias”: Cita

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El escritor y político colombiano José Manuel Marroquín. Óleo de Ricardo Acevedo Bernal (1903).

José Manuel Marroquín fue presidente de Colombia entre 1900 y 1904; también (y contra el sentido común, que indica que debería escogerse a los presidentes en el ámbito de otras profesiones) fue escritor. Publicó buena parte de su obra bajo los pseudónimos Gonzalo González de la Gonzalera, Pedro Pérez de Perales y El Parlanchín Entremetido (sic) y fue autor de un Tratado completo de ortografía castellana (1858), de unas Lecciones elementales de retórica y poética (1882) y un Diccionario ortográfico (1888); afortunadamente, también de varias obras historiográficas y de las novelas Blas Gil (1896), Entre primos y El moro (ambas de 1897), la última considerada su mejor obra, y Amores y leyes (1898). También fue poeta ocasional, de lo que dan testimonio el conocido poema "La perrilla" y el desopilante "La serenata", que reproducimos a continuación en la versión recogida por Ricardo Bada en un artículo publicado en el último número de la Revista de Occidente. Quizás haya que achacarle a su interés por la poesía absurda una gestión gubernamental pésima para Colombia: Marroquín derrocó al octogenario Manuel Antonio Sanclemente, con el que había llegado al poder, y lo encarceló y mandó torturarlo hasta que firmara su dimisión, se vio envuelto en una guerra civil silenciosa con facciones revolucionarias y perdió Panamá.
La serenata
Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pajaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marrarían
v que la aurorada rosa
los extensos cloros campa,
periantio líquidas viertas
cual yo lagrimo derramas
y (fiando de tirito
si bien el abrasa aliñada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega earnalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia.
¡Oh, venlánate a tu asoma!
¡Persiane un poco la abra
v suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de músicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Ésas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne corno el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar ¡unto a tus cantas
¡y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas!
[El próximo lunes: Disidencia]

[Publicado el 19/8/2011 a las 11:30]

[Etiquetas: José Manuel Marroquín, Ricardo Bada, Poesía, Cita]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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