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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 29 de marzo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Pasos a campo abierto / Dos poemas de Amalia Iglesias Serna

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DECIR UNA GUERRA
 
No se oxidan las latas de conserva
en los gabanes de los soldados muertos.
 
Alguien escondido en la despensa
raciona el azúcar a los niños,
sigue encendida la hoguera donde arden las cosas de la casa.
 
Apenas quedan pedazos memorables,
sus labios dicen palabras como estraperlo,
pólvora, racionamiento, maquis, milicianos.
 
Las trincheras casi intactas más arriba del monte,
círculos de piedra sobre piedra,
parecen restos de crómlech o improvisadas cabañas infantiles
y más lejos un campo de regaliz, retamas, manzanillas
y grandes serpientes plegadas como una bola,
uróboros deslizándose por las linderas.
 
Escondidos en la cueva,
escucharon durante horas aullar al perro sobre una tumba.
La figura del santo atravesaba los pastizales
para cambiar de bando cada noche.
En El Dueso un hombre con los dedos mutilados
gritó su nombre para llevarlo a fusilar;
pero los presos dijeron que ya no estaba.
 
Muchos años después
quedaban leyendas de tesoros abandonados en la huida,
polvorines enterrados en lugares secretos,
casas en ruinas, y campos de cultivo regados de metralla.
 
Alguien sembró patatas a oscuras en un rincón del huerto,
alguien las desenterró pocas horas después.
A escondidas robaban el arroz a las gallinas.
EI pan era muy negro.
Se alimentaba de cortezas de naranja.
Cómo perdura el hambre en la memoria.
 
 
LAS HUELLAS DE LOS OSOS
 
Si la belleza es verdad y la verdad belleza
para mirar de frente los espejos sin fondo,
la ausencia que perdura después de su intemperie,
los signos que descifran plenitud a su paso.
 
Es nuestro este momento tendido entre los siglos
y el tiempo en su trineo nos lleva mundo abajo.
En la ladera nevada el blanco nos escribe
cotillo desdibujado en nuestros ojos,
después los valles que fermentan los nombres,
la forma fértil de duda o de quimera
y el instante para ser feliz sin simulacro.
 
No queda vértigo en los rojos escaramujos de diciembre.
Solo en nuestras pupilas perduran los lugares,
los gestos que nos miran detrás de los deshielos.
 
Yo quiero ser alguna vez de la memoria
en el blanco corazón del paraíso,
las huellas de los osos que sin estar estaban,
pasos a campo abierto, sin nostalgia ni excusa.
 
 
* Nacida en Menaza (Aguilar de Campoo, Palencia) en 1962, Amalia Iglesias Serna es autora de Un lugar para el fuego (1984), Memorial de Amauta (1987); Dados y dudas (1995) y Lázaro se sacude las ortigas (2oo6). Los poemas presentados aquí forman parte de La sed del río, XIX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca; con los caligramas de Tótem espantapájaros (Madrid: Abada, 2016), La sed del río es el retorno de su autora a la primera línea de la poesía española contemporánea tras diez años de ausencia.
 
 
Amalia Iglesias Serna
La sed del río
Madrid: Reino de Cordelia, 2016
Pp. 29-31 y 85-86

[Publicado el 10/1/2017 a las 14:30]

[Etiquetas: Amalia Iglesias Serna, Poesía, Citas]

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Ramón Andrés / Un poema y doce aforismos

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Ramón Andrés (Pamplona, 1955) / Crédito de la imagen, de su autor

LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA ABIERTA EN LA PÁGINA 46

 

Si decimos que el pájaro resume
las ramas al volar en su sonido,
si decimos
que alguien junta el tiempo
para aprender que es vano conjugarlo,
es porque el pájaro no sabe
que el cielo es suyo y suyo es lo abierto;
podría sentir que sin aire
batiría más libre la distancia.
Y así pensamos lo anterior,
el recordarlo invierte la raíz
y hace que el fruto sea
nostalgia del adentro,
pues al nacer los árboles
mueren
en la lluvia interior de su corteza,
lo mismo que las casas son declive
en la niebla que suman estos valles.

Podemos encontrarnos
en medio de algún nombre,
decir qué pueblos
caben bajo las nubes de este frente
que entra por Légate,
qué parte es del quitar,
y cuál del ofrecer.
Esto lleva a hablar y a existir
lo menos en los días,
a mostrar que somos vacío,
como es vacío el cauce,
y no por ello dejan de crecer las cosechas,
como el viento es también vacío
y no por ello olvida
despertar y esparcirnos por el mundo.

 

...

 

"Pensar significa, casi siempre, apropiarse".

"Todo está escrito in memoriam".

"Vertedero. Obligados a vivir en la incesante acción, convertimos el presente en un desecho. Ni siquiera somos contemporáneos nuestros".

"Atrapados, pertenecemos más a la Historia que a la Naturaleza".

"He procurado, fuera de la amistad, librarme de todo aquel que se autoproclama sincero".

"Un buen libro es siempre una impugnación".

"Babel. La falta de entendimiento entre los hombres no es la diferencia de lenguas, sino la imposibilidad de erigir algo en silencio"

"El escéptico lo es porque ha tenido en cuenta los extremos"

"Se vive desde la inminencia de una catástrofe que nunca ocurrirá y que, sin embargo, nos ha devastado".

"Somos lo que no hemos construido. De cuanto en verdad hemos edificado, apenas queda rastro".

"Lo que te pertenece, te destruye".


En:
Ramón Andrés
Poesía reunida. Aforismos
Ed. Andreu Jaume
Barcelona: Lumen, 2016
Pp. 84-85, 171, 173, 179, 192, 201, 226, 305, 315, 318, 328, 339.

[Publicado el 25/10/2016 a las 14:30]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Poesía, Aforismo, Lumen, Andreu Jaume]

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Los mojones de un camino / "Poesía reunida. Aforismos" de Ramón Andrés

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Ramón Andrés (Pamplona, 1955) es autor de un imprescindible Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012) así como del que posiblemente sea el libro definitivo sobre su tema (Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente, 2015), además de responsable de ensayos sobre el silencio, Johannes Vermeer y Baruch Spinoza; de forma casi privada, a raíz de su desinterés por la sociabilidad literaria y el carrusel de premios y distinciones, Andrés es también un muy buen poeta, así como un aforista extraordinario, de una inteligencia y una claridad desconcertantes en el contexto de un género que, por lo general, incurre o bien en la tautología o bien en el chiste inocuo. Bajo la edición siempre eficaz de Andreu Jaume, Lumen recupera ahora (por fin) estos dos últimos aspectos de lo que en la "Nota de edición" es llamado (acertadamente) "un trayecto intelectual, uno de los más radicales y hondos de la tradición española contemporánea" (7).
 
Su recuperación tiene lugar, sorprendentemente, mediante el recurso a una inversión del orden temporal: una selección breve de poemas publicados entre 1987 y 2000 es precedida por Siempre génesis, un libro posterior, escrito entre 2013 y 2015 que muestra la recurrencia de algunos motivos de la obra precedente y la renuncia del autor al desarrollo narrativo y la rigidez métrica. (Por otra parte, no se nos dice nada de lo que Andrés pudo haber escrito entre 2000 y 2013: para algunos lectores, entre los que me cuento, este vacío constituye el núcleo invisible del libro.)
 
En la disposición de los aforismos (entre cuyos temas se encuentran la música, la muerte, la memoria, el amor, la religiosidad pagana, el Siglo de las Luces, los libros, las etimologías, el nacionalismo, el transcurso del tiempo, el desplazamiento, el silencio, los prejuicios) se recurre a un mecanismo similar: los de Punto de fuga (2012-2015) preceden a las etimologías razonadas de Malas raíces y a continuación se reproducen los de Los extremos (2011). Las consecuencias que pueden extraerse de ello son numerosas: por una parte, la constatación de la coherencia y unidad de la obra de Ramón Andrés, que impide establecer separaciones en su obra excepto las que se derivan de la extensión y la intención de sus textos; por otra, el papel central que ocupa en ella el pensamiento, aquí en su forma aforística; por último, la confirmación de que ese pensamiento ha ido despojándose pero no perdiendo inteligencia ni fuerza. En la brevedad y contundencia de su poesía y de sus aforismos hay un trayecto (no en vano el autor retrotrae el origen del término a "aphorízein", "los mojones de un camino o un terreno", 249), y sería una enorme pérdida para el lector si éste se negase a recorrerlo. "No existe el término medio: la cultura nos confina, o nos libera" (322), afirma Andrés: estas líneas no pueden hacer justicia de las muchas formas en que este libro contribuye a la liberación de las constricciones que imponen el prejuicio y el pensamiento consuetudinario.
 
 
Ramón Andrés
Poesía reunida. Aforismos
Ed. Andreu Jaume
Barcelona: Lumen, 2016
 
(El próximo viernes: Un poema y doce aforismos de R.A.) 

[Publicado el 18/10/2016 a las 14:15]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Poesía, Aforismo, Lumen, Andreu Jaume]

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El profeta castigado por Dios / "Poesía completa" de Stefan George

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Meado por los perros, lamido por las vacas / Stefan George (1868-1933) /

Un giro imprevisto del destino llevó a Stefan George, el hombre que aspiraba a vivir un "instante eterno" al margen de su época, a ver en 1933 cómo su sexagésimo quinto cumpleaños era celebrado oficialmente por el Partido Nacionalsocialista y Joseph Goebbels le ofrecía la dirección de la Academia de Poesía. Goebbels había sido introducido a su obra por Friedrich Gundolf, un profesor judío de la universidad de Heidelberg, pero esta no es la única contradicción de la historia: pese a ser considerado un reaccionario y un profeta del nacionalsocialismo (en no menor medida por su exigencia de un líder fuerte y de la germanización de Alemania), George no aceptó la propuesta y se mantuvo alejado de las celebraciones. Años después, Gundolf definiría su obra como el "renacimiento de la poesía y la lengua alemanas", Theodor Adorno y Georg Lukács verían en ella, por el contrario, una manifestación de la alienación del sujeto moderno, y Gottfried Benn, Paul Zech y Paul Celan admitirían su magisterio, pero, antes, George escapó a Suiza. "Si Dios alguna vez castigó a un profeta porque sus profecías se cumplieran, ése fue él", afirmó Walter Benjamin: murió en Locarno en diciembre de 1933.
 
George había demostrado desde adolescente un interés excluyente en la literatura, un talento inusual para las lenguas (aprendió una decena de manera autodidacta) y un rechazo al ejercicio de cualquier profesión. En un viaje a París a los veinte años de edad conoció a Paul Verlaine y a Stéphane Mallarmé, quienes, al hilo de la obra crítica de Edgar Allan Poe que Charles Baudelaire había introducido en Francia en años anteriores, sostenían que la poesía debía carecer de propósito, tener como único objeto el lenguaje y dar la espalda a los hechos de su época.
 
Resultado de esta visión de un "arte por el arte mismo" fueron los primeros libros del autor (inusuales en su intensidad emocional y rigor formal) y la creación en 1892 de Blätter für die Kunst, la publicación en torno a la cual se conformaría su Círculo de admiradores. El Círculo supuso la realización de la que fue su única utopía política, al margen de las interpretaciones nacionalsocialistas: una visión aristocrática y esteticista de la vida defendida por un pequeño grupo de jóvenes (Hugo von Hofmannsthal, Ernst Kantorowicz y el ya mencionado Gundolf, entre otros) reunidos en torno a un homoerotismo platónico y a la admiración por la obra del poeta.
 
La conformación del Círculo llevó al aumento del didactismo en la poesía de George, en un primer movimiento de apertura que, sin embargo, se limitó a los acólitos. Estos imitaban los temas del maestro y sus manierismos (un tratamiento heterodoxo de las mayúsculas y los signos de puntuación, el predominio de un uso elevado de la lengua, el rechazo a géneros considerados prosaicos como el drama y la narrativa, etcétera) e incluso no presentaban obstáculos a la publicación de sus poemas de forma anónima o con la firma de George. Al menos a partir de El tapiz de la vida (1899) el poeta desarrolló para ellos una doctrina de ribetes esotéricos que alcanzó su punto más álgido con la muerte de uno de los miembros del Círculo, un joven de catorce al que George dedicó Maximin (1906), en el que lo presentaba como una divinidad de la que el poeta era, a la vez, profeta y discípulo.
 
Al tiempo que su obra se desprendía de las constricciones formales que lo habían caracterizado y adquiría tintes mesiánicos, su poesía adhería más y más, en un segundo movimiento de apertura, a un clima social de fin de época que tendría su plasmación más trágica y evidente en el estallido de la Primera Guerra Mundial: George fue el primero que, contraviniendo la euforia reinante, anunció la derrota alemana en su poema "La guerra", de 1917. Fue el tono desencantado de sus libros del período (El séptimo anillo, La estrella de la alianza), así como la utopía de una "sociedad del espíritu" representada por el Círculo, la que lo llevó a convertirse en el ídolo de una juventud decepcionada por la guerra y la inestabilidad política de la República de Weimar. Algunos de sus integrantes vieron en su poesía un antídoto al nihilismo imperante, pero otros vieron en ella su confirmación, y en ese sentido no es sorprendente que el poeta se haya distanciado de sus lectores cuando éstos, en otro giro imprevisto del destino, devinieron nacionalsocialistas y se arrojaron a los brazos del desastre y el crimen.
 
La poesía de George (publicada ahora en una magnífica versión de José Luis Reina Palazón que continúa y completa lo hecho por Carmen Gómez García en 2011 con la traducción de una selección de sus textos bajo el título de Nada hay donde la palabra se quiebra) profetizó ese desastre, pero no lo hizo para celebrarlo, como se creyó en su momento, sino a la manera de una advertencia desoída por todos. No por todos, en realidad; de hecho, uno de los miembros del Círculo pasó a la historia: Claus von Stauffenberg fue fusilado al día siguiente de que fracasase su atentado contra Adolf Hitler del 20 de julio de 1944 y poco después de haberse manifestado a favor de una "Alemania secreta" que por entonces, más que una realidad, era sólo, y desafortunadamente, la paráfrasis de un verso de su antiguo maestro. Stefan George, que había querido vivir y escribir al margen de su época se encontraba, una vez más, y contra su deseo, en el centro de ella.
 
 
Stefan George
Poesía completa
Trad. e Intr. José Luis Reina Palazón
Ourense: Linteo, 2015
 
 
[Babelia, 1 de junio de 2016.] 

[Publicado el 30/6/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Stefan George, José Luis Reina Palazón, Poesía, Linteo]

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Tres poemas de "Crónica natural" de Andrés Barba (Cita)

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CANGREJOS
 
A los cangrejos había que echarlos vivos a la paella.
Verdes cangrejos de criadero marino
que en las bolsas
o no en las bolsas 
en el papel de estraza, 
un papel gris satinado que resbalaba en las manos, 
iban arañando como las inocentes
víctimas de un thriller mensajes cifrados 
a los cangrejos libres de este mundo. 
Eran en realidad (descontando 
las verduras, que siempre están vivas)
lo único vivo de la bolsa de la compra.
Respiraban el triste vapor
húmedo del marisco y las ñoras
en su encierro desesperado.
No para ti, tú sonreías y bromeabas
Mira.
No pensarás ya ni ahora ni nunca
que eran simples cangrejos
cangrejos sin más, de criadero, verdes
aunque de eso tengo que enterarme bien.
Todos los queríamos llevar y ninguno
los quería comer,
eran casi siempre tres, cuatro como mucho
y siempre había uno más grande (siempre
en realidad hay uno más grande, en todo)
el padre -decíamos- de los otros dos o tres
y si el padre era uno entonces los otros dos
o tres
eran una familia de cangrejos.
Había que echarlos vivos 
no sé cómo habría podido hacerse de otro modo,
lo debían presentir desde la asfixia,
se movían de pronto con más rapidez los bigotes 
de sus bocas, las patitas 
hacían dibujos en su lengua incomprensible
cuando tú los alzabas: Mira 
entre carcajadas antes de echarlos vivos.
Reíamos de vergüenza y de nervio
la muerte familiar de la familia
de cangrejos verdes de criadero
que trataban de huir de la paella con saltos
de alfiler, las horas de sus vidas golpeadas
con la cuchara de madera, saltaban
(en todo esto: risas)
chocando unos con otros
olvidando ya que eran una familia,
pisándose, usando el cuerpo moribundo de uno
para alzarse sobre el caldo hirviente.
¿Eras tú o nosotros quien golpeaba 
para que rindieran la esencia?
Padre dominical con tu cuchara en la mano,
nunca fue tan animoso un holocausto 
de domingo.

 

TRASLADO

¿De dónde venía y a dónde iba yo? De un amor de buhardilla
a tu antigua casa recién pintada.
Como un solitario que estrena un hogar en el que otro
ha sido feliz
me abatía la luz blanca de las habitaciones
la estantería de obra, los electrodomésticos pequeños y nuevos
de uso individual.
Habías venido al rescate más que como un padre
como un camarada 
con furgoneta y nocturnidad, en pleno centro de Madrid.
Me ayudaste a cargar el colchón, las cajas de libros, las maletas.
Te recuerdo en la calle Bailén, en el Palacio Real.
Tu presencia hacía que me sintiera muy joven;
cualquier mujer podía ser mi amor,
cualquier casa, mi casa.
Me contaba mis aventuras mentalmente
como prodigios que sucederían con seguridad,
trataba de parecer resuelto.
No sé cómo lo habilitabas todo.
Tu vida era el peso de las cajas de libros.
Me gustaba que me vieras disconforme, decidido, 
actuaba en lo recóndito para mi padre.
Las dejamos todas en la casa nueva, ya de noche.
Al día siguiente nos esperaban allí,
impregnadas del olor a pintura.
Eran -qué sé yo- unas veinte; 
en la sombra de la noche parecían más.
Tú preguntaste con orgullo: ¿Los has leído todos?
Yo mentí con altivez:
Claro.
Los ordenamos luego por idiomas:
los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos, 
los portugueses, los rusos, los españoles.
Sacabas un libro de la caja, leías la contraportada
y lo llevabas a un montoncito.
Me daba miedo cada vez que te equivocabas.
No quería saber más que tú.
 
 
VEJEZ
 
A plena luz del día,
en un cajero del barrio te atracó
un muchacho. Llevabas cien euros en la mano.
Te dijo dámelos y se los diste.
La extrañeza tenía en ti un aire pasmado
y elegante;
te aproximabas inclinando la cabeza
como si no hubieses entendido
una palabra, decías: ¿perdón?
No luchaste, ni siquiera fingiste que pudieras
luchar,
como un sonámbulo extendiste
la mano con el dinero y el muchacho se fue
corriendo o sin correr, mirándote o no.
Era un día agradable de principios de verano.
Había gente en la calle, se escuchó
una risa y el tintineo de unos vasos de cerveza
en la terraza que había a veinte metros.
Te preguntaste con vergüenza si te habrían visto.
Era un muchacho como otro cualquiera:
joven. Atacaba como el depredador
que elige entre las víctimas al animal más torpe.
Sentiste como si el tiempo te zarandeara
sin piedad junto al cajero
envuelto en los alegres ruidos de la conversación
en el calor de la brisa y las pelusas de polen.
Esa tarde habías quedado
para dar un paseo por la feria del libro.
El hombre que iba a pasear y el que seguía pasmado
eran distintos ahora.
Por la modesta suma de cien euros
aquel muchacho se lo había llevado consigo.
Al subir a casa llamaste por teléfono,
Soy un viejo, dijiste.
No eres ningún viejo.
¿Soy un viejo, te parezco un viejo? Preguntaste de nuevo.
Pero no me dejaste contestar.
 
 
Andrés Barba (Madrid, 1975), se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong), a la que siguieron dos libros de nouvelles, La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord Sud), así como seis novelas más que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación en España: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, Octubre, Muerte de un caballo (Premio Juan March) y En presencia de un payaso, todos ellos publicados en España por la editorial Anagrama. En colaboración con Javier Montes recibió el Premio Anagrama de ensayo por La ceremonia del porno y es también autor, de los ensayos recogidos en Caminar en un mundo de espejos y, junto al pintor Pablo Angulo, del Libro de las caídas y Lista de desaparecidos. En poesía, su ópera prima es Crónica natural (finalista del Premio Jaime Gil de Biedma), publicada por Visor, de la que proceden los poemas reproducidos aquí.

 

[Publicado el 18/12/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: Andrés Barba, Poesía, Citas, Visor]

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Actualizaciones XII / Libros de Pierre Rahbi, Sebastián Astorga y Gabriel Zanetti y cuentos de amor victorianos

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1
 
Marta Salís traza aquí, sin proponérselo (explícitamente), un recorrido por la historia del concepto de amor en la época victoriana: desde la resignación ante el impedimento que constituyen las normas sociales hasta su cuestionamiento, evidente pero nunca plenamente expresado, que acompaña la fractura social que se produce con el ascenso del individualismo, en no menor medida debido a la disolución de los vínculos sociales, que provoca la llegada a las ciudades. Naturalmente, todo esto ha sido dicho ya narrado en buena medida por Raymond Williams en su imprescindible El campo y la ciudad, pero los relatos (de autores como Mary Shelley, Elizabeth Gaskell, Charles Dickens, Wilkie Collins, Thomas Hardy, Henry James, Arthur Conan Doyle, Rudyard Kipling, D.H. Lawrence y otros) ponen a prueba la tesis del gran intelectual galés y conforman una antología de lo más interesante de la literatura de la época.
 
En esta literatura amorosa se pone de manifiesto la sentimentalidad de una sociedad y una época refractarias a la expresión de los sentimientos, lo que hace que estos adquieran una fuerza subversiva; en ese sentido, el amor es, en ellos, casi siempre, una catástrofe, en especial allí donde tropieza con los límites impuestos por el sistema de clases y la aspiración al ascenso social. No son una catástrofe, sin embargo, sus manifestaciones literarias, especialmente "Amy Foster" de Joseph Conrad, "Georgie Porgie" de Rudyard Kipling y "Algunas formas de amar" de Charlotte Mew.
 
 
Marta Salís (sel. y trad.)
Cuentos de amor victorianos
Barcelona: Alba, 2015
 
 
2
 
Por alguna razón "dejé pasar" este texto hace dos años; leído ahora (recuperado en algún sentido), estoy impresionado por el hecho de que buena parte de sus temas, y lo esencial de su propuesta, conforman el tipo de asuntos en el que he estado pensando durante todo este tiempo, sin la claridad y la inteligencia (por supuesto) del autor de este libro.
 
Pierre Rabhi nació en Kenadsa (Argelia) en 1938 y fue obrero antes de convertirse, en torno a 1961, en uno de los pioneros de la agricultura ecológica: desde esa fecha, Rabhi ha sido testigo de buena parte de los desarrollos sociales y tecnológicos que, contra su deseo y en oposición a su proyecto vital e intelectual, nos han convertido en víctimas más o menos voluntarias de un modelo económico irracional e insustentable; también ha contemplado (naturalmente) como ese modelo, el de un capitalismo destructivo para la mayor parte de sus actores, entraba en crisis sin ser puesto realmente en cuestión.
 
A pesar de todo ello, y aunque Hacia la sobriedad feliz está escrito con la crisis más reciente del capitalismo en mente y desde la posición de quien desde hace décadas se opone activamente a él, su autor no se arroga ninguna superioridad moral sobre sus lectores. A diferencia de buena parte de los "gurúes" de las formas alternativas de vida, tampoco ofrece recetas. Hacia la sobriedad feliz es una brillante reflexión acerca de qué perdemos cuando subordinamos nuestros intereses a la producción de capital financiero y a la búsqueda de una estabilidad (económica, y por consiguiente afectiva) a la que el propio sistema que nos promete su realización se opone deliberadamente; también es una invitación a pensar qué perderíamos si, en lugar de perseguir la acumulación de bienes materiales con la esperanza de que estos consigan llenar alguna vez el vacío, llevásemos a cabo una "autolimitación voluntaria" de nuestro consumo.
 
La propuesta de una moderación sin ascetismo y una retirada parcial del sistema que implique una transformación sin revolución del mundo posiblemente parezcan poca cosa al lector acostumbrado a propuestas más radicales (y, por consiguiente, más difíciles de realizar; lo que también significa, más justificativas del inmovilismo). Hacia la sobriedad feliz tiene raíces en el pensamiento estoico y en la práctica agrícola de su autor, pero no es necesario ser estoico ni marcharse al campo para llevar a cabo lo que este libro sugiere: la promesa al final de este recorrido es la de la ansiada, y tan necesaria, libertad.
 
 
Pierre Rabhi
Hacia la sobriedad feliz
Trad. Marisa Morata Hurtado
Madrid: Errata Naturae, 2013
 
 
3
 
La literatura chilena es, desde luego, muy rica; también es increíblemente diversa, y tiene la particularidad de producir excepciones a una regla difícil de percibir o sencillamente inexistente. Si toda literatura nacional se articula mediante la imitación de dos o tres luminarias, y teniéndolas (Nicanor Parra, Roberto Merino y Roberto Bolaño, y antes Pablo Neruda y Gabriela Mistral), la chilena parece constituir una excepción a la regla en sí misma, por cuanto está conformada por textos que no se parecen a nada, que constituyen el centro de su propia galaxia.
 
Uno de esos textos es (son, en realidad se trata de dos piezas autónomas) Prohibiciones y Títulos de Sebastián Astorga (Santiago de Chile, 1980) y Gabriel Zanetti (ídem, 1983). En su serialización (de títulos de libros imaginarios la primera; de negaciones y prohibiciones en la segunda), el libro no conforma serie con otros títulos chilenos; en su nihilismo ("El kétchup/ Los tatuajes/ El budismo zen/ Peter Frampton", comienza "Prohibiciones") también define el patrimonio no solamente material de una generación de chilenos. Sus "no" dejan paso a un "sí" rotundo.
 
 
Sebastián Astorga y Gabriel Zanetti
Prohibiciones y Títulos
Santiago de Chile: Lecturas, 2014

[Publicado el 29/10/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: Pierre Rahbi, Sebastián Astorga, Gabriel Zanetti, Joseph Conrad, Rudyard Kipling, Charlotte Mew, Cuento, Ensayo, Poesía, Alba, Errata Naturae, Lecturas]

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"Eso" de Inger Christensen (Cita)

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La poeta danesa Inger Christensen (1935-2009) /

EL ESCENARIO
conexidades

 

...l'horreur liée à la vie
comme un arbre à la lumière
Georges Bataille
 
3
 
En vista de las imposibles relaciones
que reinan entre la nada y el todo
o sólo entre la nada y algo
o aun sólo entre la nada y la palabra nada
y debido al absoluto silencio del idioma
sobre todo lo que no ocurre
ya sea en el mundo o no en el mundo
debe abandonarse esa posición.
Es abandonada y deja tras ella
ya sea un idioma que es una consecuencia del mundo
ya sea un mundo que es una consecuencia del idioma
ya sea un cielo mar y montañas
ya sea un cielo mar y montañas pintadas
ya sean aves que despiertan / asesinatos que tienen lugar
ya sea una piedra que vuela sobre las montañas
es realmente desesperante
es realmente imposible
En vista de esas imposibles relaciones
que existen entre ya sea y ya sea
o sólo entre ya sea y ambos
o aun sólo entre ya sea y las palabras ya sea
y debido al absoluto silencio del idioma
sobre todo lo que no ocurre
ya sea en el ya sea o no en el ya sea
debe adoptarse esa posición
¡Entonces estamos como al principio!
Esto es una crítica de la ficción
porque es una crítica de las ansias de mundo
 
 
EL TEXTO
continuidades
 
7
 
Hoy todos los pacientes nos hemos puesto de acuerdo para decir que nevaba. Nos colocamos todos junto a las ventanas pegando las caras contra los cristales y regocijándonos con la nieve y la describíamos y soñábamos con lo maravilloso que sería ponernos a jugar con ella. Entretanto el sol resplandecía y los médicos estaban confusos sobre nuestro acuerdo y no sabían si debían actuar como si estuvieran locos y decir que nevaba o actuar como si estuvieran locos y decir que no nevaba. Mientras tanto vimos que el personal salía al jardín y allí se ponía a dar vueltas corriendo y hacía como si todo estuviese lleno de nieve. No sé si fue nuestra agitación lo que había ayudado o si ellos estaban aprovechando la confusión general para tomarse un descanso y salir y retozar y gozar del sol. Pero ahora eso no tiene importancia. Porque la prensa llegó a nuestro lugar y fotografió al personal que corría por todas partes tirando bolas de nieve y patinaban y hacían muñecos de nieve y se revolcaban unos con otros en la nieve. En los periódicos escribían que todo el personal se había vuelto loco. Llevaban flores en el pelo y tierra y hierba por todas partes. Es una de esas cosas que ejercen presión sobre el mundo. Y uno de ellos rió directamente a la cámara de televisión y gritó Me gustaría tanto amar vuestro dolor. Aunque las cosas quizá vuelvan a la normalidad mañana no creo que ninguno de ellos lo olvide.
 
 
[...]
cómo
dirigirse
directamente
y entrar en
tu corazón
de otra forma
que no sea este
idioma paralelo
que no
existe
y nunca
existirá
yo tengo miedo
Empieza
Empieza de nuevo
Empieza en mí
Empieza en el mundo
Empieza en un mundo tras otro
Empieza muy lejos fuera del mundo
Empieza en el miedo
y fuera del miedo
en el miedo que está dominado por el miedo
y el miedo que no está dominado por el miedo
continúa
como empezó por pura casualidad
en el miedo
y no se puede hacer más que decir las cosas como son
tenemos miedo
No es casualidad
No es el mundo
Es aleatorio
Es el mundo
Es la totalidad en una masa de diferentes gentes
Es la totalidad en una masa diferente
Es la totalidad en una masa
Es la totalidad
Eso es
Eso
 
 
La autora

Inger Christensen nació en Vejle (Dinamarca) el 16 de enero de 1935 y murió en Copenhague el 2 de enero de 2009. Es considerada la escritora danesa más importante de su generación y fue una candidata habitual al premio Nobel de Literatura, que no ganó. Publicó (entre otros) los poemas de Lys [Luz] (1962), Graes [Hierba] (1963) y Alfabeto (1981), las novelas Azorno (1967) y La habitación pintada (1976), varios libros para niños y los ensayos de Hemmelighedstilstanden [El secreto de Estado] (2000).
 
Eso (Trad. Francisco J. Uriz. Madrid y Ciudad de México: Sexto Piso, 2015) fue una pequeña revolución cuando fue publicado en Dinamarca en 1969, dando lugar a su apropiación por parte de los lectores, su aclamación por parte de la crítica e incluso la incorporación de muchas de sus expresiones al uso coloquial. Sus editores lo consideran principalmente una cosmogonía, pero Eso también es otras cosas: una celebración de todo lo que existe, una disquisición sobre el origen del lenguaje, un ejercicio de crítica política, la constitución de un ritmo semejante a una letanía en el que el lector es arrastrado como si el poema fuese un oleaje, un cuestionamiento de las instituciones, también las psiquiátricas, una reflexión aguda y dolorosa acerca de la destrucción del empleo, un poema de amor; es, finalmente (y como todo gran poema), una experiencia que tiene lugar "donde idioma y mundo se tocan fructifican de- / forman o sea lo que sea lo que se hacen mutuamente" (89), y es conveniente, o sería conveniente, que no dejemos esa experiencia a otros.

 

[Publicado el 05/8/2015 a las 11:30]

[Etiquetas: Inger Christensen, Poesía, Cita, Sexto Piso]

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No sólo escapismo / "El Levante" de Mircea Cartarescu

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Mircea Cărtărescu escribió El Levante en torno a 1987; por entonces era profesor de instituto y vivía en un piso sin calefacción en Bucarest con un hijo recién nacido, una esposa, ninguna confianza ya en las potencias de la ficción. Muy pronto estallaría la revolución cuyo símbolo serían los cadáveres de Nicolae y Elena Ceauşescu, pero (por supuesto) el escritor no lo sabía, y su reacción ante una realidad de pobreza y estrecheces fue puro escapismo: concebir una ficción que careciera de ambas, que conjurara el hecho de que, como dice uno de los personajes de este libro, "el país ha sido saqueado y las poblaciones se han convertido en ruinas, y entre estas ruinas proliferan serpientes".
 
En El Levante todo es opulencia, un lenguaje que no elude los lugares comunes del folletín decimonónico, la caracterización de los personajes, sus acciones. El poeta Manoil se alía al pirata Yogurta el Tuerto y a su hijo, al que conoce de Cambridge (¡!), al espía Languedoc Brillant y al inventor Leónidas Antropófago para derrocar la tiranía en Rumania. En un folletín (evidentemente) la lucha tendría un final feliz, pero El Levante no es exactamente un folletín, sino más bien una reescritura del género presidida por la ironía posmoderna cuyo modelo es el capítulo "Los bueyes del sol" del Ulises. "Me he propuesto escribir una epopeya y crear una flor a partir de unas hojas muertas y olvidadas", dice su autor, pero El Levante no es exactamente una epopeya tampoco, sino más bien un largo poema cómico en prosa sin demasiada comicidad en el que el narrador interviene en el relato, apela a su lector, llama la atención sobre sus anacronismos (el napalm, el maíz, las figuras de Ernesto Guevara y George Steiner), incluye poemas y juegos tipográficos y no es nada austero a la hora de concebir prodigios: de una gota de sangre surge un niño que recita poemas nacionalistas; en otro pasaje brotan azucenas de unos botones de oro; el ojo del narrador aparece en el cielo provocando el terror de sus personajes; al voltear el catalejo con el que se los observa, los barcos quedan boca abajo y se hunden en el mar, etcétera.
 
"Todo es real en mi libro, al igual que en el mundo del que procedo", afirma el narrador; cuando éste se vuelve personaje, el lector comprende que El Levante es puro escapismo y también algo más serio, un juego intertextual del tipo de los que practicaron Jorge Luis Borges, Luigi Pirandello y Miguel de Unamuno. También es un canto a Rumania, ese país al que "la mano de Dios" (contra lo que se dice en este libro) no parece haber acariciado todavía.
 
 
Mircea Cărtărescu
El Levante
Trad. Marian Ochoa de Eribe
Pról. Carlos Pardo
Madrid: Impedimenta, 2015
 
 
[Publicado originalmente en Babelia, 26 de febrero de 2015.] 

[Publicado el 01/5/2015 a las 12:45]

[Etiquetas: Mircea Cărtărescu, Novela, Impedimenta, Poesía]

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“Cuarteto ruso” / Un poema de José Carlos Llop / Cita

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Joseph Brodsky ante el cadáver de Anna Ajmátova, en 1989 / Crédito de la imagen, desconocido

I

Si digo la poesía del siglo XX,
digo Milosz, Brodsky, Zagajewski
y sitúo a Auden detrás,
como un Old Master o un árbol
que en el verano ruso
diera sombra a los tres
en una escena digna de Chéjov.
No he olvidado a Eliot
-de hecho, nunca olvido a Eliot-:
él es el pensamiento poético
del siglo -una mente atrapada
en ámbar- y sin él ninguno
de esos nombres sería
lo que es. Pero he dicho
el siglo XX y en él no hay Bach.
Shostakovich ocuparía su lugar
acorde con la niebla
que se apodera del mundo
cuando es Dolor quien reina,
déspota y cruel
como sólo lo es
el fruto oscuro del hombre.
Y el siglo XX es Dolor
y en él y contra él
sólo la poesía deja su testimonio.
Aquí Eliot sería un poeta
de gabinete -un teórico
de salón y eso que tampoco olvido
The Waste Land- y si vuelvo a decir
los nombres -Auden, Milosz,
Brodsky y Zagajewski-,
si vuelvo a decir Shostakóvich
en vez de Bach, sólo otro nombre
destaca por encima de los demás
y a los demás nutre como la tierra
y es una mujer. Digo Ajmátova,
Anna, y su Réquiem
y después he de callar.
Todos hemos de callar,
antes incluso de que lo hiciera Celan.
En ella está el gran silencio
-comparable al silencio de Dios-
que nos habla como sólo la poesía
sabe y puede hablar.
En ella está el espíritu
de Tsvietáieva y de Mandelstam,
como está la voz silenciada
de todos y cada uno de los hombres
que forman el Dolor que fue
el siglo XX. '¿Puede usted
describir este horror?'
Y yo le dije: 'sí, puedo hacerlo'
El resto son lugares:
la calle Fontanka, en Leningrado,
Tashkent, Komarovo,
Tsárkoie Seló, ya sin eco alguno
de Chéjov: sólo el vacío.


II

¿Por qué el dolor es más trascendente
en la escritura que el recuerdo
de los días tranquilos? ¿Qué pasaje
de los Evangelios dejó más huella
en la memoria: la pasión de Cristo
o la metáfora de los pájaros
y los lirios del campo? ¿La parábola
de los talentos -tan cruel como exacta-
o la resurrección de Lázaro?
¿Qué queda de las guerras: la victoria
o el resentimiento? ¿Caravaggio
o los hogareños flamencos?
¿La muerte en Brueghel el Viejo
o los sensuales lujos de Jan de Velours?
¿La Novena de Beethoven o el Réquiem
de Mozart? ¿Dónde la respuesta:
en Emily Dickinson o en Anna Ajmátova?
Una y otra son la cara y la cruz
de la misma vieja moneda, que es la vida.
Detrás de Ajmátova están los ángeles
de Rilke y cuando visitas la casa
donde habitaron esos ángeles,
las Elegías Duinesas, y nombras
a su anfitriona, la princesa Marie
von Thurn und Taxis-Hohenhole,
se corre el peligro de olvidar
-son las palabras quienes facilitan
esa treta- que sólo es la muerte
la que habita estos poemas. La misma
que en La tierra baldía, la misma también
que en los versos de Anna Ajmátova.
A eso se le llama genealogía y es tan cierta
como máscara de yeso son los apellidos
que gustaban a Rilke, o el castillo
de Duino y su extraña belleza.


III

Un frasco de mermelada de naranja
es el sol mediterráneo en el invierno
ruso. Frente a él, el champán
es una derrota. Lo deduje
de las palabras de Nadezha
Mandelstam, cuando Chatwin
la visitó. El aire olía a queroseno
y a pan rancio y ella lo recibió
en su cama. Su nariz era un arma,
escribió él, y un cigarrillo colgaba
de su labio inferior. La mermelada
es mi infancia, le dijo, y un pecho
se le salió del camisón.
¿Hay algún gran poeta en tu país?,
preguntó. Verdaderamente grande,
de la estatura de Eliot o Joyce...
Chatwin sugirió un nombre: Auden,
el que habría pronunciado yo.
Auden no es lo que yo llamaría
un gran poeta, respondió Nadezha.
Su vida, el recuerdo de Siberia,
los poemas de su marido, la muerte
y su lenguaje poderoso,
no le dejaban interpretar los versos
de Auden más allá de la fruslería.
Otra vez se impuso el silencio
y en él volvía a estar el Réquiem
de su amiga Ajmátova.
Entonces, como respuesta
a ese silencio que todo lo cubre
como un espeso manto de nieve,
él le habló del cuadro blanco
que colgaba sobre su cama,
un Weissberg blanco sobre blanco,
unas pocas botellas blancas
sobre un fondo blanco puro.
Tal vez sea eso, dijo ella, todo
lo que hoy puede hacerse
en Rusia: ¡pintar en blanco!
No es difícil pensar
que se refería a la escritura.


IV

He visto el cadáver de Anna Ajmátova
expuesto en una iglesia ortodoxa,
como hoy estaba expuesto el cuerpo
del patriarca de la iglesia copta
en el trono de San Marcos
de una vieja basílica oriental.
Al lado de Ajmátova estaba Brodsky,
que también conoció Siberia,
aunque Siberia ya no fuera entonces
el infierno que había sido
en los años previos a la II Guerra:
en aquel tiempo sonreían sólo los muertos.
Una mala crítica podía significar
la muerte; los celos, el destierro
y la sombra de la envidia
era la delación y era el crimen.
Él organizó la ceremonia del entierro.
Él fue, de alguna manera,
uno de sus herederos predilectos.
La actitud de Brodsky
es la de quien sabe que los muertos
son superiores a los vivos
y que por mucho que los honremos,
nuestros actos son minucias
y cábalas de salón frente a ellos.
Esto también lo aprendió de Ajmátova
y así lo dejó escrito una tarde
de invierno, en Venecia:
ninguna autocompasión, tampoco
superioridad y menos aún,
identificación. Sólo personas
que conocimos, individuos
a los que respetar y no usar:
ni siquiera con la belleza
de las palabras usarlos,
para engrandecer el destino
de la poesía. Como la blancura
en el cuadro de Weissberg.
Así se dirige Ajmátova
a sus muertos en el Réquiem
y sólo es amor lo que hay detrás.
 
 
José Carlos Llop
La vida distinta
Valencia: Pre-Textos, 2014

[Publicado el 31/12/2014 a las 12:45]

[Etiquetas: José Carlos Llop, Poesía, Pre-Textos, Cita]

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Las dos tareas del arte son idénticas / "La vida distinta" de José Carlos Llop

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José Carlos Llop nació en Mallorca en 1956; creo que es uno de los poetas contemporáneos más importantes del español. Publicó nueve libros de poemas, desde Drakul-Lettre (1983) hasta Cuando acaba septiembre (2011), cuatro colecciones de ensayos literarios, dos libros de no ficción, cinco novelas, tres libros de relatos y cinco volúmenes de unos diarios con los que La vida distinta guarda una relación estrecha. En algún sentido, esta "vida distinta" del poeta mallorquín no lo es tanto, ya que en ella aparece buena parte de los temas que le interesan y suelen hacerse presentes en sus libros: las genealogías, las lecturas, los viajes, las epifanías cotidianas, y también el lenguaje sólo superficialmente simple de todas sus obras.

Los poemas de Llop se despliegan durante la lectura pero alcanzan toda su fuerza cuando, días después, son recordados ante la contemplación de un objeto o la vivencia de un hecho a los que, habiendo hablado de ellos, han modificado; en su doble circulación (de la literatura a la vida y de la segunda a la primera), estos poemas ratifican el que es uno de sus principales argumentos, la inexistencia de una frontera entre ambos: la poesía de José Carlos Llop pone de manifiesto la imposibilidad de concebir una vida que no haya sido condicionada por las lecturas que se han hecho en su transcurso, así como la de imaginar esas lecturas sin la biografía a la que han transformado.

 


 
ESCOLIO

Las dos tareas del arte son idénticas:
aproximación a la divinidad
y destierro del miedo a la muerte.
Lo escribió Jünger en su diario a los 92 años,
dos antes de que muriera Bruce Chatwin,
que tenía sólo 48 y era enero y nevó.
Cuando Chatwin estaba a punto de morir
escribió en pocos días su novela, Utz:
la vida de un delicado coleccionista
de porcelanas Meissen,
en la gris Praga comunista.
Por sus páginas rondaba
la sombra del emperador Rodolfo.
Fue una escritura febril
y al mismo tiempo una escritura delicada,
sin la grandeza, tal vez, del réquiem mozartiano,
pero latiendo por debajo el mismo espíritu
testamentario y un sentido de la belleza
que sólo proporciona la muerte inminente.
Porque si, al principio, la muerte
acechaba a oscuras -como las termitas-,
luego se instaló a plena luz del día,
como un inquietante inquilino,
que saluda muy amable a las visitas
y susurra en voz baja
sus maldades contra el anfitrión.
Fue entonces cuando Chatwin
difuminó los límites entre ficción
y fantasía. Lo he visto alguna vez:
no hay cobijo donde guarecerse
y el hombre -ya sin horizonte-
niega el destino que había asumido
y se entrega a esa negación con el arte,
o su simulacro, y así la fortalece,
fortaleciéndose a sí mismo en su delirio.
¿Una falsa fe? Es posible,
pero cuando aparece
es porque no hay otra donde agarrarse:
el vacío que nos acompaña
ya se ha apoderado del tiempo
como un déspota o un huno.
Allí en ese territorio de légamos
y lotos -lotófago no sería epitafio
equivocado- se encontró con Jünger,
a quien había despreciado
en un viejo artículo
de la New York Review of Books,
pero no lo nombró.
Se imaginó escribiendo una novela
rusa, con templos y popes y casullas
y una extraña ópera sobre el salón
de Florence Gould durante la Ocupación
-el mismo salón de la avenida
Malakoff, que Jünger, tantas
veces en esos años, frecuentó.
Y decidió regalar a sus amigos,
fragmentos de su colección particular:
un cuenco de alfarería china
con manchas azules; una primera
edición de Flaubert; una caja
japonesa de laca, del siglo XVI;
una taba egipcia de turquesa,
que era su talismán; un cuchillo
aborigen y un vestido de Fortuny...
Aquí su generosidad fue otra forma
de narcisismo y su último refugio
(una pose de esteta que unía
las dos tareas citadas por Jünger),
la oscura liturgia del rito ortodoxo,
y la luz de sus velas, sus cánticos
que estremecen como un dios antiguo.
Había escrito cinco novelas y un puñado
de largos artículos o ensayos breves
por los que desfilaron sus fantasmas
-todos ellos: viajes, arte y literatura-,
pero su mejor libro fue el teatro de su vida
e incluso ahí, sin saberlo, acertó con tino:
su notario sería otro novelista, apellidado
como el gran bardo de Inglaterra.
Esto, es sólo una nota a pie de página.

 

 


 
José Carlos Llop
La vida distinta
Valencia: Pre-Textos, 2014

 

[Publicado el 29/12/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: José Carlos Llop, Poesía, Pre-Textos, Cita]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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