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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Interiores demasiado iluminados / "Narrativa completa" de Hermann Ungar

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Albert Camus afirmó en 1947 que "siempre hay una explicación social para lo que vemos en el arte; sólo que ésta no explica nada de importancia"; más o menos por la misma época, el escritor austríaco Heimito von Doderer sostenía que "los burgueses y pequeñoburgueses faltos de talento de ambos sexos son aún más inescrutables y misteriosos que el genio más sublime" y ésta última es la "explicación social" que mejor se adecúa y más conviene a la literatura del escritor judío de lengua alemana Hermann Ungar (Boskovice, Moravia, 1893 - Praga, 1929). Naturalmente, y como advertía Camus, tampoco explica demasiado.
 
Ungar nació sólo dos años antes de que Sigmund Freud ajustase cuentas con la neurastenia, por entonces la enfermedad de moda, y veintiún años antes de que estallase la Primera Guerra Mundial, de la que participó voluntariamente y en la que fue herido. La neurastenia daría paso a la neurosis y, poco después, a la "neurosis de guerra" ("Kriegsneurose", "Shellshock", "Invalides du Courage", etcétera), que Ungar no padeció: tras la contienda bélica trabajó como abogado y director teatral, agregado comercial checoslovaco en Berlín y escritor, en este último caso para admiración de Thomas Mann y Stefan Zweig pero también con escándalo. Ungar no sólo dedicó la totalidad de su obra a los criminales, los sadomasoquistas, los familiares incestuosos, los enajenados y los manipuladores, sino que, al hacerlo, procuró iluminar también su interioridad (quizás excesivamente) para que se pusiese de manifiesto que ésta no difería demasiado de la de sus lectores.
 
Narrativa completa reúne toda esa obra otorgándole un sitio preferencial a Los mutilados ("el" gran libro de Ungar) y a La clase, el otro texto de extensión del autor. La primera narra la historia del empleado de banco Franz Polzer (otros personajes llevan nombres como "Fanta" y "Milka", aunque esto es coincidencia); Polzer está hastiado de la puntualidad y del orden que persigue de manera enfermiza, pero le aterran lo inesperado y lo insólito, que entran indefectiblemente en su vida cuando es seducido por la viuda en cuya casa alquila una habitación: a partir de ese momento, el mundo de Polzer (quien, por una parte, aprendió desde niño a encontrar placer en los castigos físicos que le aplicaba su padre, y, por otra, siente repulsión hacia el sexo) se precipita en una espiral de perversiones propias y ajenas; es decir, se vuelve interesante. La segunda novela tiene como protagonista a Josef Blau, un maestro de escuela obsesionado con su "posición" que se precipita en el abismo por temor a ser humillado por sus alumnos, contra quienes el autor advierte: "El ser humano, decían, estaba dotado de bondad y comprensión; en tal caso, los chicos de catorce años no eran seres humanos".
 
Josef Blau es el personaje típico de Ungar: poco avispado, pusilánime, conformista, de una religiosidad exacerbada y confusa, dictatorial, misógino (obliga a su mujer a utilizar faldas hasta los pies y más tarde a raparse la cabeza para no ser deseada por otros hombres, pese a lo cual está convencido de que ésta tiene un affaire con otro profesor del instituto), paranoico, débil. La suya podría ser una más de las historias que Freud y Breuer (quien comparte nombre de pila con Blau) reunieron en sus Estudios sobre la histeria de 1895. A Ungar, que estudió psicología, le interesaba acceder a la motivación "profunda" de sus personajes. Estos constituían ejemplos extremos de la forma en que una sexualidad reprimida en nombre de las instituciones del matrimonio y la religión, pero (sobre todo) de la respetabilidad burguesa, enloquecía literalmente a los sujetos. Sus personajes (un hombre que lleva hasta las últimas consecuencias el proyecto de destruir a una mujer que fue indiferente a su despertar sexual, un joven que comete un asesinato para vengar las ofensas padecidas por un padre alcohólico, un sirviente revolucionario que cree posible rebelarse a través de la obediencia) humillan y son humillados. Lo hacen sobre el fondo de una época cuyos estándares no sólo morales están cambiando aceleradamente (y no son capaces de comprender, lo que constituye la verdadera "explicación social" de la obra de Ungar) y en un lenguaje histriónico en el que abundan los pasajes introspectivos que cierto tipo de imaginación hispanohablante asocia a la "Gran Tradición" de la novela centroeuropea: "Porque también en mí estaban la inseguridad y el desasosiego de un temor constante, como si cada hora pudiera traerme la humillación definitiva que me dejaría sin fuerzas para sobrevivir a esta hora que me desenmascara, me descubre, me pone en evidencia, revela mi mentira y mi crimen. También yo, criminal fugitivo", etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.

 
Hermann Ungar
Narrativa completa
Trads. Ana María de la Fuente, Ana María de la Torre e Isabel García Adánez
Madrid: Siruela, 2017
 
Babelia/El País, noviembre de 2017. 

[Publicado el 01/12/2017 a las 13:45]

[Etiquetas: Hermann Ungar, Siruela, Novela, Cuentos]

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"El diablo de las provincias" de Juan Cárdenas / Un fragmento (Cita)

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Más tarde entraron a un estanco de licores que tenía unas pocas mesas en la parte trasera. Generalmente iban allí porque era más barato que emborracharse en cualquier bar. Pidieron una botella de aguardiente en el mostrador de la entrada y pasaron a la trastienda, que estaba a reventar de gente. Incluso había parejas bailando. Se sentaron en los únicos sitios libres, dos butacas arrinconadas contra una pared, y trabaron conversa muy rápido con la gente que estaba en la mesa de al lado, tres cajeras de un banco, dos empleados de la alcaldía y un tipo que hacía los domicilios de un restaurante chino. Se los veía bien desparpajados, el habla chiclosa y caliente por el trago. Una de las cajeras, la más bonita de las tres, dijo que a ella sí le parecía que este era el país más feliz del mundo. Casi todos estuvieron de acuerdo, por distintas razones, pero ella explicó que el principal motivo de esa felicidad era que aquí nadie perdía la fe. Aquí todos tienen fe, hasta el final. El díler, que ya venía con ánimo trascendental, la miraba poniendo ojitos de niño devoto. Yo soy hincha del América, dijo el díler, seductor, yo nunca pierdo la fe. Y además estoy desarrollando una técnica de meditación que me está elevando a otro plano de la realidad. La cajera no le dio ni cinco de bola. Estaba más interesada en el biólogo, al que todos en la mesa trataban con una mezcla de distancia respetuosa y condescendencia, como se suele tratar a los extranjeros. ¿Usted qué opina?, dijo la cajera, ¿este es el país más feliz del mundo? Al biólogo lo sorprendió la pregunta y acabó enredándose en una parrafada sobre la definición de la felicidad. Si no sabemos qué es la felicidad, no podemos saber si somos felices, dijo. Y el pelao que hacía los domicilios del chino se puso una mano en la barbilla para burlarse del biólogo y dijo: interesante, interesante. Ahí intervino uno de los empleados de la alcaldía, el único disidente, para despotricar contra toda la idea de que existen países felices y países infelices. La mierda humana es universal, dijo, a quién se le ocurre hacer una encuesta para medir la felicidad y luego inventarse un ranking por país. Qué gastadera de plata, de tiempo. Son unos imbéciles y más imbéciles nosotros por estar hablando de esto. Otra de las cajeras, que tenía un flequillo rubio en forma de parasol, protestó sin perder el buen humor: la encuesta la hicieron unos científicos, midieron cosas de verdad, datos. Pura paja, la atajó el empleado gruñón, no hay gente feliz, hay gente satisfecha. O sea, gente ignorante y bruta que se conforma con cualquier chichigüa. La cajera bonita insistió en la primacía de la fe. El díler la apoyó con entusiasmo. El biólogo bebía en silencio, avergonzado por la disertación que acababa de soltar. Entonces el de los domicilios tuvo la feliz idea de sacar a bailar a la tercera cajera, que no había dicho nada de nada y era bajita y rechoncha, y eso bastó para cerrar el tema de la felicidad pero no el de la fe.


En
Juan Cárdenas
El diablo de las provincias
Cáceres: Periférica, 2017

[Publicado el 28/11/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Juan Cárdenas, Novela, Cita, Periférica]

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Una educación / "El nervio óptico" de María Gainza

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A la serie de grandes personajes familiares de la literatura latinoamericana reciente (la abuela de Rafael Gumucio en Mi abuela, Marta Rivas González, la de Alejandro Zambra en algunos de los relatos de Mis documentos, la progenitora del narrador de Canción de tumba de Julián Herbert) María Gainza suma en éste, su segundo libro, la de la madre de la narradora de El nervio óptico: frívola, agorera, revestida de la apariencia de control que otorgan la educación de clase alta y el dinero pero frágil y marcada por las pérdidas. Como la abuela de Zambra, la madre de El nervio óptico podría responder, ante la opinión de que hace frío, “sobre todo que no hace calor”; sin embargo exclama “¡Pero qué horror, hija, las cosas que leés!” o Se refugia en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires cada vez que se produce un desastre.

A pesar de lo cual, la madre no es la protagonista del libro de Gainza, cuyo tema (puede decirse) es también su forma: un cierto modo de mirar y las maneras en que éste se solapa con la vida. El nervio óptico tiene como protagonistas a un puñado de pintores (Alfred de Dreux, Cándido López, Gustave Courbet, Rothko, Henri Rousseau, Augusto Schiavoni, El Greco, etcétera) que no pertenecen a ningún grupo ni conforman un canon: “sólo” los vincula la forma en que Gainza los mira y la historia de la constitución de esa mirada, con la que las pequeñas biografías de los artistas que reúne el libro tienen una relación compleja, a menudo de contigüidad, a veces irónica; descubrir por qué la autora relata la historia de dos japonesas que toman clases de español en Buenos Aires “junto con” la vida de Henri de Toulouse-Lautrec y, no (por ejemplo) con la de su compatriota Tsuguharu Fouijita, es uno de los muchos placeres que este libro ofrece a su lector.

Gainza tiene un talento especial para las metáforas y las comparaciones (en su libro llueve “como en la Biblia”, el coche es una “salita privada de pensar”, unos anteojos rotos “parecen las patas de un mosquito amazónico”, una mujer exuberante aprieta a sus clientes contra sus pechos “como a terneros guachos”). El nervio óptico no es exactamente una novela, aunque tampoco un libro de cuentos (pese a que las piezas que lo conforman pueden leerse de manera autónoma); no es una autoficción, o lo es sin que importe cuál es su relación con la verdad, que el libro no tematiza. Podría ser leído como uno de esos libros en los que se apela a las potencias salvíficas del arte, pero es demasiado sofisticado (y su autora excesivamente inteligente) para eso. María Gainza narra su proximidad con ciertos autores y obras y la forma en que su mirada (“la mirada artística” en este libro) es producto tanto de una educación específica como de las circunstancias que se derivan de la pertenencia a una generación, las incomodidades de una vida argentina, una familia. Aunque aparentemente frívolo y limitado a las banalidades de su clase, no hay nada frívolo ni banal en el libro de Gainza, posiblemente uno de los mejores de este año.

 

María Gainza

El nervio óptico

Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 17/11/2017 a las 19:30]

[Etiquetas: María Gainza, Novela, Anagrama]

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Extremadamente peligroso / "El desertor" de Siegried Lenz

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Thomas Mann dijo en 1953 de sus primeros textos que eran "raros, originales, sugestivos: algo completamente nuevo". Sin embargo, Siegfried Lenz no obtuvo ningún beneficio inmediato de la aprobación del Premio Nobel: por entonces vivía en Stuttgart en lo que quedaba de la casa de sus padres (que había sido destruida durante la guerra) y trabajaba como secretario. A Lenz, que había nacido el 17 de marzo de 1926 en Prusia Oriental y había pertenecido a las Juventudes Hitlerianas desde los trece años de edad y combatido en la guerra a partir de 1943, la suerte le sonreiría únicamente dos años después. Los relatos de ¡Qué bello era Suleyken! (1955) fueron un éxito de ventas, pero su consagración como uno de los escritores alemanes más importantes de la posguerra llegó trece años más tarde, cuando el autor publicó Lección de alemán (1968), la historia de una amistad rota por la guerra y la inflexibilidad de un hombre de principios.
 
Lección de alemán fue discutida y celebrada a partes iguales (en primer lugar) debido a que Lenz había encontrado en la historia de la relación entre el pintor Max Ludwig Nansen (inspirado en la figura de Emil Nolde) y su amigo de la infancia, el policía Jens Ole Jepsen, quien recibe la orden de requisar sus cuadros e impedir que siga pintando, una manera eficaz de hacer visible el conflicto interior de aquellos alemanes que se habían visto obligados a perpetrar hechos atroces durante la guerra a raíz de su sentido del deber: para Lenz, la catástrofe moral de la adhesión al nacionalsocialismo y sus consecuencias tenía su origen en el autoritarismo paterno, una visión que (como observó Marcel Reich-Ranicki) era compartida por la oposición extraparlamentaria alemana y el movimiento estudiantil de la época.

Pero Lección de alemán fue también un éxito debido a la excepcional habilidad de su autor para narrar de manera simple y atractiva la vida de unos personajes complejos. Lenz compartía con contemporáneos suyos como Günter Grass, Heinrich Böll y Martin Walser la convicción de que la literatura debía contribuir a la discusión pública del pasado reciente; pero, a diferencia de ellos (y precisamente a raíz de esa convicción), nunca se permitió riesgos formales que pudieran alejarlo del público, y permaneció fiel a los autores que más lo habían marcado (entre ellos Ernest Hemingway) y a un estilo personal que se caracteriza por el dinamismo de la acción, la vivacidad de los diálogos, la descripción sensual de la naturaleza, un equilibrio logrado entre humorismo y tragedia, un vocabulario limitado pero usado con eficacia.

A lo largo de su carrera, Lenz publicó catorce novelas, ciento veinte cuentos, numerosas novelas breves o nouvelles y decenas de piezas teatrales; muchas de sus obras fueron adaptadas al cine y la televisión y se dice que vendió veinticinco millones de ejemplares. Quizás haya sido su condición de escritor popular en un momento en que la edición "seria" desconfiaba de la popularidad excesiva la que haya dificultado su recepción en España, donde (a excepción de la publicación de Lección de alemán en 1973 y de varios intentos de Tusquets y Debate entre 1988 y 1993) Lenz sólo pudo ser leído y celebrado como el maestro que fue a partir de la década siguiente.

Nada nuevo para un escritor que tropezó con dificultades extraordinarias en sus inicios. Su novela El desertor, por ejemplo, fue rechazada en 1951 por la editorial Hoffmann und Campe, que consideraba su publicación "extremadamente peligrosa en las circunstancias actuales". Los editores se referían con ello a las posibles dificultades que podía representar para las relaciones con el Bloque Soviético esta novela cuyo protagonista huye del bando alemán sólo para descubrir, al pasar a combatir con los rusos, que la crueldad y la violencia irracional están presentes en los dos bandos en conflicto y en la paz posterior. Proska (su protagonista) es el héroe prototípico de Lenz: alguien que se debate entre su sentido del deber y su visión de sí mismo, entre la culpa y la memoria, entre la verdad objetiva de los hechos y una "verdad subjetiva" de igual o mayor importancia. Sin embargo, no es esta la única razón por la que El desertor es un libro típico de Lenz: la novela tiene el trasfondo autobiográfico que es característico de toda su obra, ya que el autor desertó él mismo cuando se le ordenó que fusilase a un compañero de armas. Tras ser rechazada, Lenz (que murió el 7 de octubre de 2014) no volvió a mencionarla, pero tampoco la destruyó: dos años después de su muerte, Hoffmann und Campe, la misma editorial que la rechazó en su momento, publicó la novela en lo que constituyó una especie de triunfo póstumo del autor alemán.

 


Siegfried Lenz
El desertor
Trad. Consuelo Rubio Alcover
Madrid: Impedimenta, 2017

[Publicado el 10/11/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Siegfried Lenz, Novela, Impedimenta]

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Viajes Imaginarios 4 / Los inconvenientes de un cerebro demasiado grande / "Galápagos" de Kurt Vonnegut, Jr. / Cambio Climático

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Ilustr. Matt Lubchansky /

Un año después de que todo hubiera comenzado, Noé descendió del arca; el 1 de diciembre de 1986, el capitán Adolf von Kleist varó el Bahía de Darwin en un bajío. Noé transportaba "una pareja de todo ser viviente" y a su familia; von Kleist, más prosaicamente, viajaba junto a una viuda del Medio Oeste norteamericano, unas niñas caníbales, una japonesa que tendría una hija enteramente cubierta de pelo y uno o dos cadáveres. En los dos casos, la Humanidad tendría que arreglárselas con lo que había para empezar de nuevo, pero los resultados fueron ligeramente diferentes.

Galápagos es considerada una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut, lo cual no parece deberse tanto a la historia que narra (y en la que confluyen los antecedentes personales de los pasajeros del que es denominado el "Crucero del Siglo para el Conocimiento de la Naturaleza" y su accidentada celebración mientras estalla una crisis económica particularmente aguda, Perú le declara la guerra a Ecuador, las Bolsas caen, etcétera) sino al diagnóstico de los problemas de su tiempo, y la solución que propone su autor. Galápagos fue publicada en un momento en que Estados Unidos era gobernado por Ronald Reagan y las sectas del milenarismo evangélico, el enfrentamiento con la Unión Soviética hacía plausible una guerra nuclear en cualquier momento, la propagación del virus de la inmunodeficiencia seguía sin ser controlada, la destrucción medioambiental empezaba a hacerse evidente y el mundo parecía dirigirse hacia el lugar en el que se encuentra en este momento. A lo largo de su trayectoria como escritor, Vonnegut (de ninguna forma el más pesimista de los autores norteamericanos) siempre había argumentado que la experiencia humana es lo suficientemente valiosa como para, pese a todo, ser salvada. En Matadero cinco, por ejemplo, ni siquiera el atroz bombardeo sobre Dresde de febrero de 1945, la cautividad y la guerra (que el autor conocía de primera mano) lo llevaban a cuestionar esta certeza. Los extraterrestres que secuestraban al protagonista podían presumir de una visión fatalista del mundo (para ellos todo lo que sucedió, sucede y sucederá), pero, por supuesto, el autor de la novela no era un extraterrestre: Vonnegut se encogía de hombros, perdonaba e invitaba a la humanidad a seguir adelante.

Dieciséis años después de Matadero cinco (1969), la convicción subyacente a Galápagos (1985) es otra, sin embargo. Un millón de años después de que la especie humana se haya extinguido casi por completo (a excepción de los descendientes del Bahía de Darwin), el narrador de la historia concluye que su destrucción se debió simplemente a la hipertrofia de las capacidades intelectuales que la apartaron de los homínidos y la crearon en primer lugar. Un cerebro demasiado grande puede resultar una ventaja competitiva en relación con otras especies, pero, superado el límite de la subsistencia, también puede volverse contra su poseedor bajo el ropaje de la crueldad, el cinismo, la violencia, el engaño, la codicia, la "infundada autoconfianza". Vonnegut pone a trabajar a la ley de Selección Natural de Charles Darwin en su propio e irónico beneficio; un millón de años después del naufragio en Galápagos, la humanidad surgida de él se ha adaptado a las condiciones del medio: la piel se ha cubierto de una pelambre como la de los fócidos, las manos se han convertido en aletas, el cráneo se ha adaptado para ofrecer una menor resistencia al agua; por consiguiente, ya no hay sitio en él para un cerebro desarrollado, no hay lugar para los nombres propios, la memoria o la historia personal. La Humanidad continúa pero sin constituir un peligro para el mundo; es decir, para sí misma. Mejor así, dice el narrador.

Galápagos no es exactamente una advertencia, ya que realizar una presupone el convencimiento de que ésta será escuchada y de que todavía se está a tiempo. Por alguna razón, hacia 1985 Vonnegut no parece haberlo creído ya, y sólo cabe especular con qué distinta hubiese sido la novela si su autor hubiera conocido las recientes noticias que parecen indicar que ya no hay tiempo para advertencias: según un estudio reciente, la así denominada sexta extinción de las especies (cuyo origen está en al "exceso de población humana y su crecimiento continuo, así como al consumo excesivo, especialmente por parte de los ricos") ha comenzado ya y será de mayor gravedad de lo previsto; un iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados se ha desprendido de la Antártida el mes pasado poniendo de manifiesto que el deshielo de los cascos polares no es una fantasía científica; las temperaturas alcanzan hitos históricos en 2017 por tercer año consecutivo, con nevadas insólitas y calor extenuante en numerosas partes del globo; Estados Unidos acaba de salir de un Acuerdo climático de mínimos para no verse impedido de explotar hasta el agotamiento sus recursos naturales, incluyendo el Ártico. A Vonnegut le parecía inimaginable (aunque posible) que la Selección Natural produjese "un ejemplar que no tuviera miedo de nada, aun cuando había tanto que temer". Pero los ha producido, y somos nosotros. Galápagos es un lugar al que sería mejor no ir, pero al que es evidente que nos dirigimos.

 
Kurt Vonnegut, Jr.
Galápagos
Trad. Rubén Masera y F. Abelenda
Barcelona: Minotauro, 2009

[Publicado el 28/9/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Novela, Minotauro, Kurt Vonnegut, Jr., Cambio Climático]

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Viajes Imaginarios 2 / Que siga siendo sólo un cuento / "El cuento de la criada" de Margaret Atwood / Totalitarismo

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No es fácil desplazarse por Gilead: el tráfico está reglamentado y en las ciudades hay barricadas custodiadas por Ángeles que impiden el acceso de una zona a otra a las personas sin autorización. Gilead (Galaad en español) está en Nueva Inglaterra, la región estadounidense que alguna vez albergó los estados de Connecticut, Rhode Island, Massachusetts, New Hampshire, Vermont y Maine, pero en la actualidad es difícil saber cuáles son sus límites. Por otra parte, no parece haber mucho para hacer allí, excepto presenciar ajusticiamientos y partidos de fútbol, que constituyen el único resabio de la vida pública que existió antes de Gilead: ya no hay periódicos, la lectura está prohibida a las mujeres y los hombres sólo pueden leer la Biblia, todas las universidades ha sido cerradas y la divulgación del conocimiento científico es penalizada con la muerte, la producción artística se circunscribe a la de las manualidades con las que las mujeres en sus hogares dan una segunda vida a los objetos que ya no sirven, no hay dinero y el mercado negro es remoto y peligroso; de hecho, apenas hay algo para comer, el alcohol está prohibido y el café sólo puede ser disfrutado por la élite.

Un puñado de personas considerará todo esto suficientemente disuasorio. Para las demás, una mala noticia: Gilead no existe, fue creado por Margaret Atwood para una novela escrita en 1984 y adaptada en una popular serie de televisión hace unos meses. El cuento de la criada es el relato de Defred (es decir, "de Fred": en Gilead las mujeres son propiedad de los hombres), una joven que alguna vez tuvo una familia y un trabajo pero los perdió tras el asesinato del Presidente y la toma del poder por parte de fundamentalistas religiosos, quienes recortaron las libertades civiles en nombre de la seguridad. Defred intentó escapar a Canadá con su marido y con su hija, pero fue capturada en la frontera y enviada a reeducación; y ahora es Criada, parte de una rígida sociedad de clases que las Criadas deben perpetuar: los accidentes nucleares y la contaminación (así como la represión de la sexualidad) han reducido la capacidad reproductiva de la población a mínimos (aunque esto es "culpa de las mujeres": legalmente, en Gilead no hay hombres estériles), y la élite recurre a mujeres "reeducadas" como Defred para aparearse. Una vez al mes, las Criadas yacen con los Comandantes bajo la mirada de sus Esposas; el resto del tiempo, esperan: en algún sentido, como criadas, son un recipiente vacío, pero las otras opciones que se les presentan son incluso peores.

Defred pertenece a una generación de mujeres que todavía es capaz de recordar cómo se vivía antes de Gilead, de allí su ambigüedad ante los acontecimientos. Por una parte, le "parece mentira que antes las mujeres perdieran tanto tiempo y energías [...] pensando en ellas, preocupándose por ellas, escribiendo sobre ellas". Por otra, se niega a aceptar que el mundo que conoció ya no existe, y se aferra a todo aquello que se lo recuerde: roba mantequilla para hidratarse el rostro (los cosméticos están prohibidos), piensa en los hombres, recuerda, se niega a creerse "un desperdicio". Cuando en el centro de reeducación se le dice que "será más sencillo para las que vengan después de vosotras", que "aceptarán sus obligaciones de buena gana", Defred piensa: "porque no habrán conocido otra cosa", pero, por supuesto, no pone en riesgo su vida diciéndolo en voz alta.

Una de las razones por las que El cuento de la criada resulta un libro tan inquietante es que pone ejemplarmente de manifiesto la facilidad con la que una democracia liberal puede dejar paso a una dictadura teocrática si existe un enemigo lo suficientemente importante (Atwood, visionaria, escogió el terrorismo islámico) y se consigue que la población "mantenga la calma"; otra, que la adaptación a una sociedad de vigilancia y represión extremas es más habitual que la resistencia a ella.

El cuento de la criada es la historia de la pérdida de unas libertades que creemos inalienables. Aunque fue publicado hace algo más de treinta años y el régimen que lo inspiró (la así llamada República Democrática de Alemania) ya no existe, el libro es leído en nuestros días como una obra completamente actual en no menor medida debido a que los acontecimientos recientes parecen poner de manifiesto que Gilead ya no es sólo una distopía literaria (o "una advertencia", según su autora) sino una posibilidad: veintidós millones de personas perderán toda prestación médica en los próximos diez años si el Senado estadounidense aprueba la nueva ley de salud; China y otros países continúan asesinando a sus disidentes políticos; la libertad de prensa está en riesgo en la mayor parte del planeta y Turquía anuncia que el año próximo dejará de enseñar la teoría de la evolución en las escuelas. No son las únicas señales de que no importa que no sea posible ir a Gilead, ya que Gilead viene a nosotros: el gobierno estadounidense acaba de anunciar que en breve controlará en los aeropuertos los libros que lleven los pasajeros. "Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando", afirma Defred: ojalá lo siga siendo un tiempo más.

 
Margaret Atwood
El cuento de la criada
Trad. Elsa Mateo Blanco
Barcelona: Salamandra, 2017
 
Babelia/El País, agosto de 2017. 

[Publicado el 21/9/2017 a las 17:15]

[Etiquetas: Margaret Atwood, Novela, Salamandra, Totalitarismo]

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Viajes Imaginarios 1 / La evolución lógica del ser humano / "Erewhon" de Samuel Butler / Tecnología

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John Osborne (1929-1994) / Crédito de la imagen, de su autor /

No es fácil llegar al país de Erewhon, pero es más difícil abandonarlo: hombres y mujeres son increíblemente bellos, las ciudades son magníficas, la comida es abundante. ¿Por qué marcharse? Una posible respuesta tal vez pueda ser derivada de ciertas prácticas y costumbres de los habitantes del país: los erewhonianos consideran que estar enfermo es delito y que la comisión de un delito es una enfermedad (condenarán a trabajos forzosos a un tísico, pero compadecerán a quien haya desfalcado y le ofrecerán sus condolencias); sostienen que traer hijos al mundo es un crimen y sólo lo toleran si el recién nacido (o un adulto que se atreva a firmar por él) exime de responsabilidad a los padres por escrito; afirman que es inútil instruir a los niños porque es posible que en el mundo haya más cosas de las que ya se conocen, así que se limitan a introducirlos en la Hipotética, una ciencia de la argumentación en torno a situaciones que no se han producido. En Erewhon también se considera un delito ser pobre, una secta propone que una semana gobiernen los mayores y otra los jóvenes, toda persona está obligada a pensar como las demás y (lo que es más importante) están prohibidas las máquinas.

Samuel Butler nació en 1835 en el condado inglés de Nottingham y no tuvo suerte en prácticamente nada de lo que se propuso, excepto en los negocios; de una estancia de diez años en Nueva Zelanda (1859 a 1870), en la que se dedicó a la crianza de ovejas, se trajo un considerable patrimonio, así como los textos que reuniría en Erewhon, o al otro lado de las montañas, que publicó de forma anónima en 1872 y resultó un libro bastante exitoso hasta que el público descubrió que había sido escrito por él y no por Edward Bulwer-Lytton, el autor de Los últimos días de Pompeya. "Erewhon" es el anagrama de la palabra inglesa "nowhere" o "ningún lugar" y varias cosas no necesariamente opuestas: un relato de viajes, una sátira de la sociedad victoriana y una utopía que deviene distopía, posiblemente la primera que se haya escrito. Una parte considerable de su atractivo se deriva de lo excéntricas que nos resultan las prácticas de los erewhonianos; pero también, y en especial, de la percepción de que éstas constituyen una versión sólo un poco exagerada de una hipocresía y un afán de lucro que tendemos a asociar con la sociedad victoriana pero más bien constituyen lo que ésta nos ha dejado en herencia: en Erewhon "cuando alguien genera una fortuna superior a 20.000 libras esterlinas al año se le exime de pagar impuestos, considerando que ha realizado una obra de arte" y la función de los profesores es asegurarse de que los alumnos "piensen tal y como nosotros pensamos, o al menos, como consideramos oportuno decir que pensamos", por ejemplo.

A poco de haber llegado, el narrador de Erewhon descubre que lo que creyó una utopía es, de hecho, su contrario; pero lo que hay más allá de las fronteras de este país imaginario (el lector lo sabe) no es mejor, y es esa constatación la que otorga al libro todo su interés, así como el rechazo de los erewhonianos a las máquinas que constituye la razón por la que el libro fue admirado por Aldous Huxley, George Orwell, William Gaddis y Gilles Deleuze entre otros. Butler pone en boca de un profesor de Hipotética un argumento que en realidad se articula en y discute con la teoría evolutiva de Charles Darwin, con quien el autor tuvo una relación complicada y finalmente hostil: "No podemos esperar un desarrollo intelectual o físico de la humanidad que contrarreste el avance mucho más rápido al que las máquinas parecen destinadas"; se trata de detener ese avance antes de que sea demasiado tarde.

El argumento resuena poderosamente estos días, en los que buena parte de nuestros intercambios personales, nuestras elecciones (también) políticas y los modos en que hacemos nuestro trabajo parecen ser más un producto de algún algoritmo que de nuestros deseos y necesidades. "Las máquinas se han cebado en la indigna debilidad que el hombre muestra por los beneficios materiales", escribe Butler; la humanidad acepta "cualquier trato que le proporcione mejor comida y ropa a precios más baratos" incluso si éste supone adherir a su lógica, adoptar su veleidad como única regla de comportamiento, ser el órgano reproductor de la máquina.

John Osborne afirmó alguna vez que "el ordenador es la evolución lógica del ser humano: una inteligencia sin moral"; los expertos sostienen que la única variable no perfectible de la máquina es el hombre, lo que ha llevado a Paul Virilio a diagnosticar que "el hombre empieza a estar de más" en el mundo de la máquina y a Frank Schirrmacher a advertir de que la cesión voluntaria de nuestras facultades intelectuales a los ordenadores conlleva una pérdida de libertad y autonomía que no sólo supone cambios cognitivos e invierte las relaciones de subordinación entre hombre y máquina sino que también puede estar en el origen de un nuevo totalitarismo. Samuel Butler dice en Erewhon que "hubo un tiempo en que se dio una raza de hombres que conocían mejor el futuro que el pasado y que murieron al cabo de un año a causa de la infelicidad producida por ese conocimiento". Él, sin embargo, vivió bastante más: murió en 1902, a la edad de sesenta y seis años.

 
Samuel Butler
Erewhon, o al otro lado de las montañas
Trad. Andrés Cotarelo Jiménez
Pról. Ramón Cotarelo
Madrid: Akal, 2012
 
 
Babelia/El País, agosto de 2017. 

[Publicado el 19/9/2017 a las 17:30]

[Etiquetas: Samuel Butler, Novela, Akal, Tecnología]

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Nadie no podrá / "Eisejuaz" de Sara Gallardo

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Nacida en Buenos Aires en 1931 y muerta en esa ciudad en 1988, Sara Gallardo estuvo casada dos veces, vivió en siete u ocho países, tuvo cuatro hijos y publicó once libros, cinco de ellos novelas: Enero (1958), Pantalones azules (1963), Los galgos, los galgos (1968), Eisejuaz (1971) y La rosa del viento (1979). Leopoldo Brizuela (que prologó su Narrativa breve completa en 2009) llamó a su obra "una de las más reconocidas (y peor apreciadas) de su tiempo" en no menor medida debido a que, aunque popular (su autora fue una de las periodistas argentinas más leídas de finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970), Gallardo nunca consiguió conciliar para el público la imagen de escritora frívola perteneciente a la clase alta que cultivaba en sus artículos y la (en palabras de Martín Kohan) "originalidad radical" de su obra literaria, también de Eisejuaz.

Eisejuaz es un miembro de la etnia wichí, un "mataco" que se cree habitado por los espíritus de la naturaleza a la que rezaron su padre y los suyos pero (a su vez) se esfuerza por ser un buen cristiano; en ese sentido, habita en una frontera que atraviesa constantemente: la que divide la vida en el monte (en la que recae una y otra vez, obligado por las circunstancias) y la de la ciudad, que redujo a las comunidades indígenas a la explotación y la pobreza, el pasado que se tuvo y el futuro del que ya no se dispone, la religiosidad pagana y la cristiana, que el personaje parece no comprender del todo. Al igual que Hazel Motes (el personaje de la novela de 1952 de Flannery O'Connor Sangre sabia, que pretende fundar la "Iglesia de Cristo sin Cristo" y tiene una relación problemática pero en última instancia salvífica con la fe, y que tal vez haya ejercido una influencia en Gallardo o quizás no), Eisejuaz es religioso de una manera que pone en cuestión la noción misma de religión, y su trayectoria es la de las terribles consecuencias que sus acciones tienen en los demás y en él mismo. Eisejuaz desea creer, pero ese deseo se ve obstaculizado por la frontera no sólo física en la que habita: los dioses crueles de la naturaleza siguen allí, y el Dios cristiano retribuye cada gesto de caridad con dolor y pérdida. Ni siquiera en el último momento de su vida deja de ser un hombre piadoso, sin embargo; pero esa piedad es dañina, para él y para los suyos.

Gallardo conoció al hombre que inspiró el personaje de Eisejuaz en la provincia argentina de Salta en 1967; si éste resulta inolvidable es también (y principalmente) a raíz de la lengua que concibió para este monólogo de enfermedad y muerte: una lengua de dobles negaciones ("Nada le hablé", "Nadie no podrá"), desplazamientos gramaticales ("No se comemos gente pero sabemos matar"), silencios y formulaciones elípticas y de rara plasticidad que, al tiempo que rechaza implícitamente las formas tradicionales de representación del habla rural argentina, convierte a Eisejuaz en un profeta incendiario, que se despide del mundo con las palabras "La piedra que fui se ablandó; dejó libre el hueco. Aquel barro que él fue se lavó. Ya cumplimos. Queda el camino limpio. ¿Qué diré ahora? Diré: Bueno. Como la semilla en su ceguera, sin conocer el árbol de mañana".

Algo en esa lengua recuerda las obras de Juan Rulfo, Mario de Andrade, Antonio Di Benedetto y João Guimarães Rosa: Sara Gallardo (popular en vida, olvidada a continuación, recuperada final y afortunadamente en los últimos años) no fue menos talentosa que esos autores, y Eisejuaz (que la pequeña editorial boliviana Dum Dum trae ahora tras su recuperación en 2001 en la serie Clásicos de la Biblioteca Argentina dirigida por Ricardo Piglia y su publicación en la editorial argentina El Cuenco de Plata en 2013) es una extraordinaria oportunidad de comprobarlo.

 
Sara Gallardo
Eisejuaz
Pról. Mónica Velásquez Guzmán
Santa Cruz de la Sierra: Dum Dum Editora, 2017
 
En Babelia/El País, julio de 2017.

[Publicado el 15/9/2017 a las 19:15]

[Etiquetas: Sara Gallardo, Novela, Dum Dum]

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Una forma de inhibición / "Toda una vida" de Robert Seethaler

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"Lo directamente autobiográfico en una novela es algo miserable; es la manera en que los necios egocéntricos pretenden inflarse hasta convertirse en artistas", escribió Heimito von Doderer, a pesar de lo cual, la necesidad de narrar lo que le ha sucedido a su autor constituye uno de los motores más poderosos de la escritura, y, a menudo (también y particularmente en la literatura contemporánea), su tema excluyente.

Nacido en Viena en 1966, Robert Seethaler parece carecer de esa necesidad o tener el firme propósito de no ceder a ella: Toda una vida (publicada originalmente en 2014) no lo tiene como personaje y se remonta a un período anterior a su nacimiento. Su protagonista es Andreas Egger, quien vive en un pueblo del sur montañoso de Alemania y tiene algo menos de treinta años cuando en 1933 se suma a la cuadrilla de trabajadores que instalan un teleférico para turistas. Egger desarrolla un interés romántico por Marie, la camarera de la posada local, la felicidad conyugal es absoluta, la catástrofe que le pondrá fin también lo es. La guerra llega al pueblo en noviembre de 1942, Egger es reclutado, pasa ocho años en un campo soviético de prisioneros, regresa al pueblo, asiste a un funeral, presencia la llegada del hombre a la Luna, rescata a unos turistas que se encontraban perdidos, tiene una aventura amorosa, asiste con cierto asombro a su decadencia física, se refugia en un establo abandonado en las montañas: ninguno de estos hechos es más importante que el otro, pero la totalidad de ellos constituye "toda una vida", vivida de forma trágica y natural y también concluida por causas naturales.

La de Seethaler es el tipo de novela "de personaje" que se da a menudo en la narrativa alemana contemporánea, pero ni su tema ni su forma parecen de esta época; por el contrario, hay una cierta modestia en su narración que casa bien con la naturaleza y los tiempos de su protagonista. Egger es un testigo de los cambios dramáticos que tuvieron lugar durante una parte importante del siglo XX, pero no parece pensar nada acerca de ellos; de hecho, parece incapaz de comprender que su existencia es una forma de inhibición. En la novela suceden varias catástrofes, se presentan giros imprevistos y hay bastante dramatismo, pero todo ello es presentado por el autor con una discreción y un laconismo que resultan fascinantes, absolutamente conmovedores en su intensidad, su brevedad, su recordatorio de que la literatura puede constituir el testimonio de una vida, pero no tiene necesariamente que serlo de la de su autor.

 
Robert Seethaler
Toda una vida
Barcelona: Salamandra, 2017

[Publicado el 12/9/2017 a las 11:15]

[Etiquetas: Robert Seethaler, Novela, Salamandra]

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Mejor que antes, mejor que después / "Buenas noches, dulces sueños" de Jirí Kratochvil

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Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches "son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas": a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno "el tiempo cero", ese momento "en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido".

Buenas noches, dulces sueños transcurre durante esas cuarenta y ocho horas. El director de un hospital convence a un antiguo empleado de una fábrica textil para que lo ayude a buscar a un infiltrado, un paracaidista estadounidense que debería estar escondido en algún lugar de Brno y disponer de la penicilina que tan desesperadamente necesitan sus pacientes; durante su vagabundeo por la ciudad escapan de un pintor colaboracionista que regentea un polígono de tiro, se hacen de una escalera para espiar la planta superior de las casas, asisten a una boda de enanos de circo, traban relación con un detective privado que dispone de una amplia red de cornudos, se cruzan una y otra vez con un joven judío que un amigo de sus padres salvó de la deportación y el asesinato. Una gata parlante que una gitana le ha entregado asiste al joven (el tercer protagonista del relato) en el cumplimiento de una misión cuyas consecuencias sólo se harán visibles en 1960; el joven acoge en la antigua casa de sus padres a un grupo de personas que han perdido su hogar, se ve involucrado en la recogida de cadáveres, muere y es enterrado, resucita, descubre un lago bajo el sótano de su vivienda, conoce a una funámbula.

Jiří Kratochvil nació en Brno en 1940; su obra (de la que también pueden encontrarse en español En mitad de la noche un canto y La promesa de Kamil Modrácek, ambas novelas publicadas por Impedimenta) bebe de la tradición del humorismo centroeuropeo, pero también, y de manera muy destacada, de ciertos autores extraterritoriales del realismo mágico (Günter Grass, Milan Kundera, Salman Rushdie) que emplearon o emplean el elemento fantástico para poner en cuestión la racionalidad de la Historia. En Buenas noches, dulces sueños hay una aguda conciencia de ésta como relato (en no menor medida gracias a las numerosas intrusiones autoriales en el texto), pero también la constancia de que el "tiempo cero" en el que la historia centroeuropea se detuvo a la espera de que se decidiera "como será este mundo de la posguerra" fue, con todas sus dificultades, mejor que lo que había sucedido antes, pero también que lo que vendría después.

 
Jiří Kratochvil
Buenas noches, dulces sueños
Trad. Elena Buixaderas
Madrid: Impedimenta, 2017
 
[Babelia/El País, 10 de julio de 2017.] 

[Publicado el 03/8/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Jiří Kratochvil, Novela, Impedimenta]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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