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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 22 de mayo de 2018

 Blog de Patricio Pron

Como la seda / "Leche caliente" de Deborah Levy

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Al dejar atrás el surrealismo de libros como Beautiful Mutants (1986) y Swallowing Geography (1993), la escritora británica Deborah Levy dio con una voz propia y vigorosa a partir de su (excelente) novela Swimming Pool (2011), en la que la irrupción de una joven alocada y frágil en la vida de un poeta traía consigo la culpa y una conciencia exacerbada de fragilidad: una voz singularísima, llena de imágenes sugerentes, de silencios y de omisiones que, sin embargo, son de una terrible elocuencia.

Leche caliente comparte con Swimming Pool esa voz, así como el tema de la exploración de las relaciones personales durante las vacaciones en algún sitio idílico (o en Almería, como sucede aquí) y la revelación progresiva de la fragilidad de los personajes. Rose, la madre, no puede caminar y confía en que el tratamiento del excéntrico doctor Gómez ponga fin a sus dolores; Sofía, la hija, podría pensar en terminar su carrera si no fuera por el trabajo en la cafetería, los reclamos incesantes de su madre, el silencio del padre, una insatisfacción que crece en ella y ni siquiera es calmada por las presencias de una joven alemana y un socorrista español, con quienes vive un romance lleno de descubrimientos.

En Things I Don't Want to Know, Levy escribió: "Para convertirme en ESCRITORA tuve que aprender a INTERRUMPIR, a alzar la voz, a hablar un poco más alto, y luego MÁS ALTO, y después, a hablar simplemente con mi propia voz, que no ES EN ABSOLUTO ALTA". En algún sentido, se trata del mismo aprendizaje que emprenden Rose y Sofia durante el verano almeriense mientras el doctor Gómez intenta curar a la primera y las medusas clavan sus aguijones en la segunda. Los personajes de Leche caliente aprovechan el calor de la estación para liberarse de algo más que de sus ropas y Levy demuestra un talento extraordinario para narrar todo ello con levedad, sentido del humor, gracia, ligereza: como si su escritura fuese esa seda que la joven alemana prefiere trabajar porque "está viva como un pájaro [...] Tengo que atraparla con mi aguja y obligarla a obedecerme" (107).

 
Deborah Levy
Leche caliente
Trad. Cecilia Ceriani
Barcelona: Anagrama, 2018

[Publicado el 18/5/2018 a las 10:45]

[Etiquetas: Deborah Levy, Novela, Anagrama]

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La gran aventura / "Prins" de César Aira

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"Nadie sabe con claridad qué es eso de la literatura, qué es lo que hace un escritor". Lo que hace el que protagoniza Prins, la nueva novela de César Aira, es bastante explícito, sin embargo: escribe novelas góticas "encadenado al gusto decadente de un público inculto". Cuando finalmente el escritor decide abandonar el usufructo de "lo chabacano y adocenado del raquítico producto" de su imaginación, movido como está por "la amargura y la anomia", su problema se convierte en qué hacer con el tiempo disponible. El Armiño, una especie de mendicante, quizás humano y tal vez no, lo induce al consumo de opio, y con él, a la gran aventura de ya no escribir novelas góticas, sino vivirlas.

Al tiempo que la aventura constituye su principal tema, los libros de César Aira son también una aventura para su lector. En ésta confluyen la referencia velada a la construcción de un edificio de la ciudad de Buenos Aires, el amor, la alegoría, la reflexión sobre la pérdida de prestigio de la literatura y quienes la practican, con "amanuenses" o sin ellos. Si la novela gótica constituye "una moda como cualquier otra, y una moda de evasión", ésta es también aquí un molde, una forma predeterminada con la que el texto de Aira tiene una relación ambigua, a veces de adhesión y en ocasiones de rechazo. Al final, su narrador comprende que debe convertirse en un escritor vanguardista, alguien que pueda "poner todas las torpezas y contrasentidos bajo el manto generoso de la originalidad o la transgresión"; pero la auténtica aventura en la obra inclasificable de César Aira consiste en convertir en vanguardistas a sus lectores, y su generosidad en este aspecto sólo es comparable con su entrega a la literatura como reparación frente a la vida: esta es su novela número ciento uno o ciento dos.

 

 César Aira

Prins

Barcelona: Literatura Random House, 2018

[Publicado el 27/4/2018 a las 11:45]

[Etiquetas: César Aira, Novela, Literatura Random House]

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La luz de la Ilustración / "La visita del médico de cámara" de Per Olov Enquist

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"El 5 de abril de 1768 Johann Friedrich Streuensee fue contratado como médico de cámara del rey danés Cristián VII; cuatro años después era ejecutado". La visita del médico de cámara se remonta algo más atrás en el tiempo y narra algunos hechos posteriores, pero la mayor parte de lo relatado en esta novela se desarrolla en los cuatro años de la "revolución danesa" de Streuensee, un Ilustrado de origen alemán que aprovechó la enfermedad mental del joven rey danés para adquirir plenos poderes: los seiscientos treinta y dos decretos que firmó durante ese período garantizaron la libertad de expresión de la prensa así como la de culto, fortalecieron el Estado en detrimento de la nobleza, avanzaron en la mejora de las condiciones sanitarias de los sectores más bajos de la sociedad y en dirección a la abolición de la servidumbre, constituyéndose en una de las primeras puestas en escena de unas ideas que algunos años después acabarían inextricablemente asociadas a la Revolución Francesa. La "época de Streuensee" no terminaría de forma muy distinta, naturalmente: un golpe palaciego separó al médico del rey al tiempo que la reina era enviada al exilio; en 1789 ya no quedaba nada de las reformas que Streuensee había llevado a cabo durante su breve período en el poder, excepto las ideas, que no pudieron ser segadas ni siquiera con la separación pública de la cabeza del Ilustrado del resto de su (según se dice) muy armónico cuerpo.

De Cristián VII, rey de Dinamarca y Noruega y duque de Schleswig y Holstein, sabemos que nació en enero de 1749 y murió en marzo de 1808, que su madre murió cuando tenía dos años de edad y que prácticamente no tuvo contacto con su padre, que una educación brutal y a menudo contradictoria lo sumió en la inseguridad desde pequeño, que posiblemente haya sido esquizofrénico, que sólo una vez copuló con la reina y que era un onanista compulsivo, que se carteó con Voltaire y afirmó que éste era quien "le había enseñado a pensar"; también, que nunca se ocupó de los asuntos del Estado, que delegó en sus ministros y más tarde en el heredero: de Streuensee y de la reina Caroline Matilde sabemos incluso menos, aunque el primero escribió en la cárcel una confesión que posiblemente le haya sido arrancada mediante la coerción y la tortura. De Per Olov Enquist sabemos algo más, por fortuna: que el escritor y periodista sueco nació en septiembre de 1934, que en su juventud destacó en salto de altura, que residió en Los Angeles y en París y que publicó su primera novela, Kristallögat o "El ojo de cristal", en 1961.

La visita del médico de cámara (Destino, 2003) fue escrita en 1999 y es recuperada por Nórdica tras La noche de las tríbadas (2006), La biblioteca del capitán Nemo (2015) y La partida de los músicos (2016). La novela insufla vida a los personajes históricos mediante la recreación de sus diálogos y la narración de sus convicciones y sus dudas por parte de un narrador capaz de penetrar en sus pensamientos; su capacidad no es puesta nunca en cuestión, como tampoco lo es la pretensión de verdad de un texto que, en ese sentido, participa del género de la novela histórica más convencional. Algo en todo ello recuerda a las novelas de Pierre Lemaitre, por ejemplo; pero Enquist es bastante mejor que el francés y su novela consigue (pese a su didactismo, a cierta torpeza en la narración de los encuentros sexuales de los personajes y a algunas repeticiones inexplicables) mostrar cómo la "luz de la Ilustración" sólo iluminó oscuridades.

 
Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Trad. Martín Lexell y Cristina Cerezo
Madrid: Nórdica, 2018

[Publicado el 25/4/2018 a las 13:15]

[Etiquetas: Johann Friedrich Streuensee, Per Olov Enquist, Novela, Nórdica]

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Más poderosa que la ficción / "República luminosa" de Andrés Barba

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32 niños de entre nueve y trece años de edad; 3 altercados; 1 policía abatido por accidente; 3 heridos por arma blanca; 2 muertos; 1 pueblo; 200.000 habitantes; 12 heridos y 3 detenidos en una manifestación; 1 alcalde atemorizado; 4 hermanos que reciben un dictado en sueños; 1 jefe de policía exhausto; 3 padres que buscan a sus hijos.

Todo lo que importa de República luminosa es irreductible a los números. Y sin embargo, esos números juegan un papel destacado en la novela por su reiteración en el relato del narrador (un técnico del ayuntamiento de San Cristóbal, un pueblo ficticio que se recorta sobre el fondo muy real de los del noreste argentino) y porque señalan el límite al que apunta el libro: el significado de determinadas experiencias no puede ser subsumido en el relato; lo que resulta relevante constituye un enigma sin respuesta, una catedral subterránea que ha sido construida para ser habitada pero no para ser explicada a los extraños.

República luminosa guarda un cierto parecido con la obra de Joseph Conrad, cuya Narrativa breve completa (¡1544 páginas!) el autor tradujo recientemente junto a Carmen R. Cáceres; y sin embargo, es una novela inmediatamente reconocible para los lectores de Andrés Barba: algo lenta, susceptible de detenerse en explicaciones (todos los capítulos del libro comienzan con una), sujeta a un estilo lírico en cuyo marco en ocasiones se cometen excesos, pero también muy inteligente y raramente conmovedora. Aunque su autor es considerado por algunos (principalmente) un ensayista (una impresión que refuerzan las disquisiciones del narrador de esta novela acerca de la infancia, el amor, el miedo, la extorsión, la relación entre música y estancamiento, la muerte), en República luminosa hay una refutación parcial del supuesto carácter exclusivamente ensayístico de su obra, ya que la novela tiene una ambición deliberadamente literaria, su alcance es el de las grandes obras de ficción y la tensión narrativa está inteligentemente dosificada para llegar a un final en el que las preguntas vuelven a ser formuladas y una vez más quedan sin respuesta.

"La infancia es más poderosa que la ficción", escribe Barba, y está en lo cierto: puede crear (como aquí) un lenguaje, una civilización en las alcantarillas, un régimen en el que matar y morir sean un juego de niños. Andrés Barba narra con talento ese juego, del que todos (también los adultos) somos parte inevitable.

 
Andrés Barba
República luminosa
XXXV Premio Herralde de Novela
Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 28/2/2018 a las 14:00]

[Etiquetas: Andrés Barba, Novela, Anagrama]

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Demasiado jodidamente buenos para este mundo / "La ópera flotante" y "El final del camino" de John Barth

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Una casa en el estado de Pensilvania, un sueldo de profesor auxiliar, una mujer, tres hijos; John Barth tenía todo ello cuando a los veinticuatro años de edad comprendió que "los mensajes más elementales, que parecen tan evidentes a posteriori, pueden no ser en absoluto claros para el escritor principiante" y que había un par de cosas que, pese a todo, no tenía: inspiración y una dirección a seguir. Llevaba años intentando escribir una novela sobre Maryland ("donde me había criado y donde mi imaginación hundía sus raíces") que sumase a las posibilidades de la literatura oral el legado de modernistas como William Faulkner y James Joyce; pero (como reconoce) si su musa trataba de decirle algo, él no estaba escuchando.

"Sin duda, cierta decepción procedente de esa época difícil, disfrazada de principios filosóficos generales, emerge en La ópera flotante e incluso más en El final del camino", admitiría más tarde: sin embargo, más que "cierta decepción", lo que ambas novelas expresan es un absoluto escepticismo. La primera narra un día en la vida de Todd Andrews, un abogado de provincias que decide suicidarse al final de la jornada; Andrews nunca completó su proyecto de construir un barco, tuvo una actuación discreta y posiblemente inmoral en la guerra, no destacó en la universidad y asistió al suicidio de su padre; desde entonces se mantiene a flote (y a salvo de sí mismo) ocupándose de asuntos sin mayor importancia como su enfrentamiento con el propietario de la empresa Tomates Maravillosos de Morton y un pleito por una herencia en el que están en juego una gran cantidad de dinero y cientos de tarros con excrementos (su resolución depende del resultado de la Guerra Civil Española, o no), pensando en su próstata, manteniendo una relación "singular" con un matrimonio de amigos. El final del camino (la historia de un hombre de treinta años de edad llamado Jacob Horner que padece una especie de parálisis moral y, siguiendo el consejo de un médico ambulante, se establece como profesor de gramática en un pueblo) es incluso más oscura: cuando Horner deja embarazada por accidente a una mujer casada, se precipita en un final trágico.

Barth definió acertadamente La ópera flotante como "una comedia nihilista" y El final del camino como "una catástrofe nihilista: la misma melodía reorquestada en una tonalidad más lúgubre"; sin embargo, se equivocó al pensar que su reedición en 1967 demostraba que "quizá sean algo más que los elementos ‘nihilistas' que las componen", ya que ninguna de las dos novelas está a la altura de El plantador de tabaco. Su autor aspiraba a que fueran "juguetonas, nostálgicas, pesimistas, intelectualmente exuberantes"; pero los soliloquios de sus personajes (todos ellos, demasiado jodidamente buenos para este mundo, al menos en su opinión), sus digresiones acerca del suicidio y la culpa, su inquisición sobre la responsabilidad, el aprendizaje de un desapego que debe culminar con el suicidio y constituye el tema de los dos libros, sólo consiguen interesar como anticipación de las obras que su autor escribiría en el futuro: al margen de sus méritos (en particular de los de La ópera flotante), lo que estas novelas ponen de manifiesto es que, con el tiempo, Barth encontraría formas más eficaces de aproximarse a toda esa desesperanza.

 
John Barth
La ópera flotante. El final del camino
Trad. Mariano Peyrou
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017
 
 
(Babelia/El País, diciembre de 2017.) 

[Publicado el 06/2/2018 a las 15:45]

[Etiquetas: John Barth, Novela, Sexto Piso]

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Interiores demasiado iluminados / "Narrativa completa" de Hermann Ungar

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Albert Camus afirmó en 1947 que "siempre hay una explicación social para lo que vemos en el arte; sólo que ésta no explica nada de importancia"; más o menos por la misma época, el escritor austríaco Heimito von Doderer sostenía que "los burgueses y pequeñoburgueses faltos de talento de ambos sexos son aún más inescrutables y misteriosos que el genio más sublime" y ésta última es la "explicación social" que mejor se adecúa y más conviene a la literatura del escritor judío de lengua alemana Hermann Ungar (Boskovice, Moravia, 1893 - Praga, 1929). Naturalmente, y como advertía Camus, tampoco explica demasiado.
 
Ungar nació sólo dos años antes de que Sigmund Freud ajustase cuentas con la neurastenia, por entonces la enfermedad de moda, y veintiún años antes de que estallase la Primera Guerra Mundial, de la que participó voluntariamente y en la que fue herido. La neurastenia daría paso a la neurosis y, poco después, a la "neurosis de guerra" ("Kriegsneurose", "Shellshock", "Invalides du Courage", etcétera), que Ungar no padeció: tras la contienda bélica trabajó como abogado y director teatral, agregado comercial checoslovaco en Berlín y escritor, en este último caso para admiración de Thomas Mann y Stefan Zweig pero también con escándalo. Ungar no sólo dedicó la totalidad de su obra a los criminales, los sadomasoquistas, los familiares incestuosos, los enajenados y los manipuladores, sino que, al hacerlo, procuró iluminar también su interioridad (quizás excesivamente) para que se pusiese de manifiesto que ésta no difería demasiado de la de sus lectores.
 
Narrativa completa reúne toda esa obra otorgándole un sitio preferencial a Los mutilados ("el" gran libro de Ungar) y a La clase, el otro texto de extensión del autor. La primera narra la historia del empleado de banco Franz Polzer (otros personajes llevan nombres como "Fanta" y "Milka", aunque esto es coincidencia); Polzer está hastiado de la puntualidad y del orden que persigue de manera enfermiza, pero le aterran lo inesperado y lo insólito, que entran indefectiblemente en su vida cuando es seducido por la viuda en cuya casa alquila una habitación: a partir de ese momento, el mundo de Polzer (quien, por una parte, aprendió desde niño a encontrar placer en los castigos físicos que le aplicaba su padre, y, por otra, siente repulsión hacia el sexo) se precipita en una espiral de perversiones propias y ajenas; es decir, se vuelve interesante. La segunda novela tiene como protagonista a Josef Blau, un maestro de escuela obsesionado con su "posición" que se precipita en el abismo por temor a ser humillado por sus alumnos, contra quienes el autor advierte: "El ser humano, decían, estaba dotado de bondad y comprensión; en tal caso, los chicos de catorce años no eran seres humanos".
 
Josef Blau es el personaje típico de Ungar: poco avispado, pusilánime, conformista, de una religiosidad exacerbada y confusa, dictatorial, misógino (obliga a su mujer a utilizar faldas hasta los pies y más tarde a raparse la cabeza para no ser deseada por otros hombres, pese a lo cual está convencido de que ésta tiene un affaire con otro profesor del instituto), paranoico, débil. La suya podría ser una más de las historias que Freud y Breuer (quien comparte nombre de pila con Blau) reunieron en sus Estudios sobre la histeria de 1895. A Ungar, que estudió psicología, le interesaba acceder a la motivación "profunda" de sus personajes. Estos constituían ejemplos extremos de la forma en que una sexualidad reprimida en nombre de las instituciones del matrimonio y la religión, pero (sobre todo) de la respetabilidad burguesa, enloquecía literalmente a los sujetos. Sus personajes (un hombre que lleva hasta las últimas consecuencias el proyecto de destruir a una mujer que fue indiferente a su despertar sexual, un joven que comete un asesinato para vengar las ofensas padecidas por un padre alcohólico, un sirviente revolucionario que cree posible rebelarse a través de la obediencia) humillan y son humillados. Lo hacen sobre el fondo de una época cuyos estándares no sólo morales están cambiando aceleradamente (y no son capaces de comprender, lo que constituye la verdadera "explicación social" de la obra de Ungar) y en un lenguaje histriónico en el que abundan los pasajes introspectivos que cierto tipo de imaginación hispanohablante asocia a la "Gran Tradición" de la novela centroeuropea: "Porque también en mí estaban la inseguridad y el desasosiego de un temor constante, como si cada hora pudiera traerme la humillación definitiva que me dejaría sin fuerzas para sobrevivir a esta hora que me desenmascara, me descubre, me pone en evidencia, revela mi mentira y mi crimen. También yo, criminal fugitivo", etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.

 
Hermann Ungar
Narrativa completa
Trads. Ana María de la Fuente, Ana María de la Torre e Isabel García Adánez
Madrid: Siruela, 2017
 
Babelia/El País, noviembre de 2017. 

[Publicado el 01/12/2017 a las 13:45]

[Etiquetas: Hermann Ungar, Siruela, Novela, Cuentos]

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"El diablo de las provincias" de Juan Cárdenas / Un fragmento (Cita)

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Más tarde entraron a un estanco de licores que tenía unas pocas mesas en la parte trasera. Generalmente iban allí porque era más barato que emborracharse en cualquier bar. Pidieron una botella de aguardiente en el mostrador de la entrada y pasaron a la trastienda, que estaba a reventar de gente. Incluso había parejas bailando. Se sentaron en los únicos sitios libres, dos butacas arrinconadas contra una pared, y trabaron conversa muy rápido con la gente que estaba en la mesa de al lado, tres cajeras de un banco, dos empleados de la alcaldía y un tipo que hacía los domicilios de un restaurante chino. Se los veía bien desparpajados, el habla chiclosa y caliente por el trago. Una de las cajeras, la más bonita de las tres, dijo que a ella sí le parecía que este era el país más feliz del mundo. Casi todos estuvieron de acuerdo, por distintas razones, pero ella explicó que el principal motivo de esa felicidad era que aquí nadie perdía la fe. Aquí todos tienen fe, hasta el final. El díler, que ya venía con ánimo trascendental, la miraba poniendo ojitos de niño devoto. Yo soy hincha del América, dijo el díler, seductor, yo nunca pierdo la fe. Y además estoy desarrollando una técnica de meditación que me está elevando a otro plano de la realidad. La cajera no le dio ni cinco de bola. Estaba más interesada en el biólogo, al que todos en la mesa trataban con una mezcla de distancia respetuosa y condescendencia, como se suele tratar a los extranjeros. ¿Usted qué opina?, dijo la cajera, ¿este es el país más feliz del mundo? Al biólogo lo sorprendió la pregunta y acabó enredándose en una parrafada sobre la definición de la felicidad. Si no sabemos qué es la felicidad, no podemos saber si somos felices, dijo. Y el pelao que hacía los domicilios del chino se puso una mano en la barbilla para burlarse del biólogo y dijo: interesante, interesante. Ahí intervino uno de los empleados de la alcaldía, el único disidente, para despotricar contra toda la idea de que existen países felices y países infelices. La mierda humana es universal, dijo, a quién se le ocurre hacer una encuesta para medir la felicidad y luego inventarse un ranking por país. Qué gastadera de plata, de tiempo. Son unos imbéciles y más imbéciles nosotros por estar hablando de esto. Otra de las cajeras, que tenía un flequillo rubio en forma de parasol, protestó sin perder el buen humor: la encuesta la hicieron unos científicos, midieron cosas de verdad, datos. Pura paja, la atajó el empleado gruñón, no hay gente feliz, hay gente satisfecha. O sea, gente ignorante y bruta que se conforma con cualquier chichigüa. La cajera bonita insistió en la primacía de la fe. El díler la apoyó con entusiasmo. El biólogo bebía en silencio, avergonzado por la disertación que acababa de soltar. Entonces el de los domicilios tuvo la feliz idea de sacar a bailar a la tercera cajera, que no había dicho nada de nada y era bajita y rechoncha, y eso bastó para cerrar el tema de la felicidad pero no el de la fe.


En
Juan Cárdenas
El diablo de las provincias
Cáceres: Periférica, 2017

[Publicado el 28/11/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Juan Cárdenas, Novela, Cita, Periférica]

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Una educación / "El nervio óptico" de María Gainza

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A la serie de grandes personajes familiares de la literatura latinoamericana reciente (la abuela de Rafael Gumucio en Mi abuela, Marta Rivas González, la de Alejandro Zambra en algunos de los relatos de Mis documentos, la progenitora del narrador de Canción de tumba de Julián Herbert) María Gainza suma en éste, su segundo libro, la de la madre de la narradora de El nervio óptico: frívola, agorera, revestida de la apariencia de control que otorgan la educación de clase alta y el dinero pero frágil y marcada por las pérdidas. Como la abuela de Zambra, la madre de El nervio óptico podría responder, ante la opinión de que hace frío, “sobre todo que no hace calor”; sin embargo exclama “¡Pero qué horror, hija, las cosas que leés!” o Se refugia en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires cada vez que se produce un desastre.

A pesar de lo cual, la madre no es la protagonista del libro de Gainza, cuyo tema (puede decirse) es también su forma: un cierto modo de mirar y las maneras en que éste se solapa con la vida. El nervio óptico tiene como protagonistas a un puñado de pintores (Alfred de Dreux, Cándido López, Gustave Courbet, Rothko, Henri Rousseau, Augusto Schiavoni, El Greco, etcétera) que no pertenecen a ningún grupo ni conforman un canon: “sólo” los vincula la forma en que Gainza los mira y la historia de la constitución de esa mirada, con la que las pequeñas biografías de los artistas que reúne el libro tienen una relación compleja, a menudo de contigüidad, a veces irónica; descubrir por qué la autora relata la historia de dos japonesas que toman clases de español en Buenos Aires “junto con” la vida de Henri de Toulouse-Lautrec y, no (por ejemplo) con la de su compatriota Tsuguharu Fouijita, es uno de los muchos placeres que este libro ofrece a su lector.

Gainza tiene un talento especial para las metáforas y las comparaciones (en su libro llueve “como en la Biblia”, el coche es una “salita privada de pensar”, unos anteojos rotos “parecen las patas de un mosquito amazónico”, una mujer exuberante aprieta a sus clientes contra sus pechos “como a terneros guachos”). El nervio óptico no es exactamente una novela, aunque tampoco un libro de cuentos (pese a que las piezas que lo conforman pueden leerse de manera autónoma); no es una autoficción, o lo es sin que importe cuál es su relación con la verdad, que el libro no tematiza. Podría ser leído como uno de esos libros en los que se apela a las potencias salvíficas del arte, pero es demasiado sofisticado (y su autora excesivamente inteligente) para eso. María Gainza narra su proximidad con ciertos autores y obras y la forma en que su mirada (“la mirada artística” en este libro) es producto tanto de una educación específica como de las circunstancias que se derivan de la pertenencia a una generación, las incomodidades de una vida argentina, una familia. Aunque aparentemente frívolo y limitado a las banalidades de su clase, no hay nada frívolo ni banal en el libro de Gainza, posiblemente uno de los mejores de este año.

 

María Gainza

El nervio óptico

Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 17/11/2017 a las 19:30]

[Etiquetas: María Gainza, Novela, Anagrama]

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Extremadamente peligroso / "El desertor" de Siegried Lenz

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Thomas Mann dijo en 1953 de sus primeros textos que eran "raros, originales, sugestivos: algo completamente nuevo". Sin embargo, Siegfried Lenz no obtuvo ningún beneficio inmediato de la aprobación del Premio Nobel: por entonces vivía en Stuttgart en lo que quedaba de la casa de sus padres (que había sido destruida durante la guerra) y trabajaba como secretario. A Lenz, que había nacido el 17 de marzo de 1926 en Prusia Oriental y había pertenecido a las Juventudes Hitlerianas desde los trece años de edad y combatido en la guerra a partir de 1943, la suerte le sonreiría únicamente dos años después. Los relatos de ¡Qué bello era Suleyken! (1955) fueron un éxito de ventas, pero su consagración como uno de los escritores alemanes más importantes de la posguerra llegó trece años más tarde, cuando el autor publicó Lección de alemán (1968), la historia de una amistad rota por la guerra y la inflexibilidad de un hombre de principios.
 
Lección de alemán fue discutida y celebrada a partes iguales (en primer lugar) debido a que Lenz había encontrado en la historia de la relación entre el pintor Max Ludwig Nansen (inspirado en la figura de Emil Nolde) y su amigo de la infancia, el policía Jens Ole Jepsen, quien recibe la orden de requisar sus cuadros e impedir que siga pintando, una manera eficaz de hacer visible el conflicto interior de aquellos alemanes que se habían visto obligados a perpetrar hechos atroces durante la guerra a raíz de su sentido del deber: para Lenz, la catástrofe moral de la adhesión al nacionalsocialismo y sus consecuencias tenía su origen en el autoritarismo paterno, una visión que (como observó Marcel Reich-Ranicki) era compartida por la oposición extraparlamentaria alemana y el movimiento estudiantil de la época.

Pero Lección de alemán fue también un éxito debido a la excepcional habilidad de su autor para narrar de manera simple y atractiva la vida de unos personajes complejos. Lenz compartía con contemporáneos suyos como Günter Grass, Heinrich Böll y Martin Walser la convicción de que la literatura debía contribuir a la discusión pública del pasado reciente; pero, a diferencia de ellos (y precisamente a raíz de esa convicción), nunca se permitió riesgos formales que pudieran alejarlo del público, y permaneció fiel a los autores que más lo habían marcado (entre ellos Ernest Hemingway) y a un estilo personal que se caracteriza por el dinamismo de la acción, la vivacidad de los diálogos, la descripción sensual de la naturaleza, un equilibrio logrado entre humorismo y tragedia, un vocabulario limitado pero usado con eficacia.

A lo largo de su carrera, Lenz publicó catorce novelas, ciento veinte cuentos, numerosas novelas breves o nouvelles y decenas de piezas teatrales; muchas de sus obras fueron adaptadas al cine y la televisión y se dice que vendió veinticinco millones de ejemplares. Quizás haya sido su condición de escritor popular en un momento en que la edición "seria" desconfiaba de la popularidad excesiva la que haya dificultado su recepción en España, donde (a excepción de la publicación de Lección de alemán en 1973 y de varios intentos de Tusquets y Debate entre 1988 y 1993) Lenz sólo pudo ser leído y celebrado como el maestro que fue a partir de la década siguiente.

Nada nuevo para un escritor que tropezó con dificultades extraordinarias en sus inicios. Su novela El desertor, por ejemplo, fue rechazada en 1951 por la editorial Hoffmann und Campe, que consideraba su publicación "extremadamente peligrosa en las circunstancias actuales". Los editores se referían con ello a las posibles dificultades que podía representar para las relaciones con el Bloque Soviético esta novela cuyo protagonista huye del bando alemán sólo para descubrir, al pasar a combatir con los rusos, que la crueldad y la violencia irracional están presentes en los dos bandos en conflicto y en la paz posterior. Proska (su protagonista) es el héroe prototípico de Lenz: alguien que se debate entre su sentido del deber y su visión de sí mismo, entre la culpa y la memoria, entre la verdad objetiva de los hechos y una "verdad subjetiva" de igual o mayor importancia. Sin embargo, no es esta la única razón por la que El desertor es un libro típico de Lenz: la novela tiene el trasfondo autobiográfico que es característico de toda su obra, ya que el autor desertó él mismo cuando se le ordenó que fusilase a un compañero de armas. Tras ser rechazada, Lenz (que murió el 7 de octubre de 2014) no volvió a mencionarla, pero tampoco la destruyó: dos años después de su muerte, Hoffmann und Campe, la misma editorial que la rechazó en su momento, publicó la novela en lo que constituyó una especie de triunfo póstumo del autor alemán.

 


Siegfried Lenz
El desertor
Trad. Consuelo Rubio Alcover
Madrid: Impedimenta, 2017

[Publicado el 10/11/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Siegfried Lenz, Novela, Impedimenta]

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Viajes Imaginarios 4 / Los inconvenientes de un cerebro demasiado grande / "Galápagos" de Kurt Vonnegut, Jr. / Cambio Climático

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Ilustr. Matt Lubchansky /

Un año después de que todo hubiera comenzado, Noé descendió del arca; el 1 de diciembre de 1986, el capitán Adolf von Kleist varó el Bahía de Darwin en un bajío. Noé transportaba "una pareja de todo ser viviente" y a su familia; von Kleist, más prosaicamente, viajaba junto a una viuda del Medio Oeste norteamericano, unas niñas caníbales, una japonesa que tendría una hija enteramente cubierta de pelo y uno o dos cadáveres. En los dos casos, la Humanidad tendría que arreglárselas con lo que había para empezar de nuevo, pero los resultados fueron ligeramente diferentes.

Galápagos es considerada una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut, lo cual no parece deberse tanto a la historia que narra (y en la que confluyen los antecedentes personales de los pasajeros del que es denominado el "Crucero del Siglo para el Conocimiento de la Naturaleza" y su accidentada celebración mientras estalla una crisis económica particularmente aguda, Perú le declara la guerra a Ecuador, las Bolsas caen, etcétera) sino al diagnóstico de los problemas de su tiempo, y la solución que propone su autor. Galápagos fue publicada en un momento en que Estados Unidos era gobernado por Ronald Reagan y las sectas del milenarismo evangélico, el enfrentamiento con la Unión Soviética hacía plausible una guerra nuclear en cualquier momento, la propagación del virus de la inmunodeficiencia seguía sin ser controlada, la destrucción medioambiental empezaba a hacerse evidente y el mundo parecía dirigirse hacia el lugar en el que se encuentra en este momento. A lo largo de su trayectoria como escritor, Vonnegut (de ninguna forma el más pesimista de los autores norteamericanos) siempre había argumentado que la experiencia humana es lo suficientemente valiosa como para, pese a todo, ser salvada. En Matadero cinco, por ejemplo, ni siquiera el atroz bombardeo sobre Dresde de febrero de 1945, la cautividad y la guerra (que el autor conocía de primera mano) lo llevaban a cuestionar esta certeza. Los extraterrestres que secuestraban al protagonista podían presumir de una visión fatalista del mundo (para ellos todo lo que sucedió, sucede y sucederá), pero, por supuesto, el autor de la novela no era un extraterrestre: Vonnegut se encogía de hombros, perdonaba e invitaba a la humanidad a seguir adelante.

Dieciséis años después de Matadero cinco (1969), la convicción subyacente a Galápagos (1985) es otra, sin embargo. Un millón de años después de que la especie humana se haya extinguido casi por completo (a excepción de los descendientes del Bahía de Darwin), el narrador de la historia concluye que su destrucción se debió simplemente a la hipertrofia de las capacidades intelectuales que la apartaron de los homínidos y la crearon en primer lugar. Un cerebro demasiado grande puede resultar una ventaja competitiva en relación con otras especies, pero, superado el límite de la subsistencia, también puede volverse contra su poseedor bajo el ropaje de la crueldad, el cinismo, la violencia, el engaño, la codicia, la "infundada autoconfianza". Vonnegut pone a trabajar a la ley de Selección Natural de Charles Darwin en su propio e irónico beneficio; un millón de años después del naufragio en Galápagos, la humanidad surgida de él se ha adaptado a las condiciones del medio: la piel se ha cubierto de una pelambre como la de los fócidos, las manos se han convertido en aletas, el cráneo se ha adaptado para ofrecer una menor resistencia al agua; por consiguiente, ya no hay sitio en él para un cerebro desarrollado, no hay lugar para los nombres propios, la memoria o la historia personal. La Humanidad continúa pero sin constituir un peligro para el mundo; es decir, para sí misma. Mejor así, dice el narrador.

Galápagos no es exactamente una advertencia, ya que realizar una presupone el convencimiento de que ésta será escuchada y de que todavía se está a tiempo. Por alguna razón, hacia 1985 Vonnegut no parece haberlo creído ya, y sólo cabe especular con qué distinta hubiese sido la novela si su autor hubiera conocido las recientes noticias que parecen indicar que ya no hay tiempo para advertencias: según un estudio reciente, la así denominada sexta extinción de las especies (cuyo origen está en al "exceso de población humana y su crecimiento continuo, así como al consumo excesivo, especialmente por parte de los ricos") ha comenzado ya y será de mayor gravedad de lo previsto; un iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados se ha desprendido de la Antártida el mes pasado poniendo de manifiesto que el deshielo de los cascos polares no es una fantasía científica; las temperaturas alcanzan hitos históricos en 2017 por tercer año consecutivo, con nevadas insólitas y calor extenuante en numerosas partes del globo; Estados Unidos acaba de salir de un Acuerdo climático de mínimos para no verse impedido de explotar hasta el agotamiento sus recursos naturales, incluyendo el Ártico. A Vonnegut le parecía inimaginable (aunque posible) que la Selección Natural produjese "un ejemplar que no tuviera miedo de nada, aun cuando había tanto que temer". Pero los ha producido, y somos nosotros. Galápagos es un lugar al que sería mejor no ir, pero al que es evidente que nos dirigimos.

 
Kurt Vonnegut, Jr.
Galápagos
Trad. Rubén Masera y F. Abelenda
Barcelona: Minotauro, 2009

[Publicado el 28/9/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Novela, Minotauro, Kurt Vonnegut, Jr., Cambio Climático]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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