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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de octubre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Viajes Imaginarios 4 / Los inconvenientes de un cerebro demasiado grande / "Galápagos" de Kurt Vonnegut, Jr. / Cambio Climático

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Ilustr. Matt Lubchansky /

Un año después de que todo hubiera comenzado, Noé descendió del arca; el 1 de diciembre de 1986, el capitán Adolf von Kleist varó el Bahía de Darwin en un bajío. Noé transportaba "una pareja de todo ser viviente" y a su familia; von Kleist, más prosaicamente, viajaba junto a una viuda del Medio Oeste norteamericano, unas niñas caníbales, una japonesa que tendría una hija enteramente cubierta de pelo y uno o dos cadáveres. En los dos casos, la Humanidad tendría que arreglárselas con lo que había para empezar de nuevo, pero los resultados fueron ligeramente diferentes.

Galápagos es considerada una de las mejores novelas de Kurt Vonnegut, lo cual no parece deberse tanto a la historia que narra (y en la que confluyen los antecedentes personales de los pasajeros del que es denominado el "Crucero del Siglo para el Conocimiento de la Naturaleza" y su accidentada celebración mientras estalla una crisis económica particularmente aguda, Perú le declara la guerra a Ecuador, las Bolsas caen, etcétera) sino al diagnóstico de los problemas de su tiempo, y la solución que propone su autor. Galápagos fue publicada en un momento en que Estados Unidos era gobernado por Ronald Reagan y las sectas del milenarismo evangélico, el enfrentamiento con la Unión Soviética hacía plausible una guerra nuclear en cualquier momento, la propagación del virus de la inmunodeficiencia seguía sin ser controlada, la destrucción medioambiental empezaba a hacerse evidente y el mundo parecía dirigirse hacia el lugar en el que se encuentra en este momento. A lo largo de su trayectoria como escritor, Vonnegut (de ninguna forma el más pesimista de los autores norteamericanos) siempre había argumentado que la experiencia humana es lo suficientemente valiosa como para, pese a todo, ser salvada. En Matadero cinco, por ejemplo, ni siquiera el atroz bombardeo sobre Dresde de febrero de 1945, la cautividad y la guerra (que el autor conocía de primera mano) lo llevaban a cuestionar esta certeza. Los extraterrestres que secuestraban al protagonista podían presumir de una visión fatalista del mundo (para ellos todo lo que sucedió, sucede y sucederá), pero, por supuesto, el autor de la novela no era un extraterrestre: Vonnegut se encogía de hombros, perdonaba e invitaba a la humanidad a seguir adelante.

Dieciséis años después de Matadero cinco (1969), la convicción subyacente a Galápagos (1985) es otra, sin embargo. Un millón de años después de que la especie humana se haya extinguido casi por completo (a excepción de los descendientes del Bahía de Darwin), el narrador de la historia concluye que su destrucción se debió simplemente a la hipertrofia de las capacidades intelectuales que la apartaron de los homínidos y la crearon en primer lugar. Un cerebro demasiado grande puede resultar una ventaja competitiva en relación con otras especies, pero, superado el límite de la subsistencia, también puede volverse contra su poseedor bajo el ropaje de la crueldad, el cinismo, la violencia, el engaño, la codicia, la "infundada autoconfianza". Vonnegut pone a trabajar a la ley de Selección Natural de Charles Darwin en su propio e irónico beneficio; un millón de años después del naufragio en Galápagos, la humanidad surgida de él se ha adaptado a las condiciones del medio: la piel se ha cubierto de una pelambre como la de los fócidos, las manos se han convertido en aletas, el cráneo se ha adaptado para ofrecer una menor resistencia al agua; por consiguiente, ya no hay sitio en él para un cerebro desarrollado, no hay lugar para los nombres propios, la memoria o la historia personal. La Humanidad continúa pero sin constituir un peligro para el mundo; es decir, para sí misma. Mejor así, dice el narrador.

Galápagos no es exactamente una advertencia, ya que realizar una presupone el convencimiento de que ésta será escuchada y de que todavía se está a tiempo. Por alguna razón, hacia 1985 Vonnegut no parece haberlo creído ya, y sólo cabe especular con qué distinta hubiese sido la novela si su autor hubiera conocido las recientes noticias que parecen indicar que ya no hay tiempo para advertencias: según un estudio reciente, la así denominada sexta extinción de las especies (cuyo origen está en al "exceso de población humana y su crecimiento continuo, así como al consumo excesivo, especialmente por parte de los ricos") ha comenzado ya y será de mayor gravedad de lo previsto; un iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados se ha desprendido de la Antártida el mes pasado poniendo de manifiesto que el deshielo de los cascos polares no es una fantasía científica; las temperaturas alcanzan hitos históricos en 2017 por tercer año consecutivo, con nevadas insólitas y calor extenuante en numerosas partes del globo; Estados Unidos acaba de salir de un Acuerdo climático de mínimos para no verse impedido de explotar hasta el agotamiento sus recursos naturales, incluyendo el Ártico. A Vonnegut le parecía inimaginable (aunque posible) que la Selección Natural produjese "un ejemplar que no tuviera miedo de nada, aun cuando había tanto que temer". Pero los ha producido, y somos nosotros. Galápagos es un lugar al que sería mejor no ir, pero al que es evidente que nos dirigimos.

 
Kurt Vonnegut, Jr.
Galápagos
Trad. Rubén Masera y F. Abelenda
Barcelona: Minotauro, 2009

[Publicado el 28/9/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Novela, Minotauro, Kurt Vonnegut, Jr., Cambio Climático]

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Viajes Imaginarios 2 / Que siga siendo sólo un cuento / "El cuento de la criada" de Margaret Atwood / Totalitarismo

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No es fácil desplazarse por Gilead: el tráfico está reglamentado y en las ciudades hay barricadas custodiadas por Ángeles que impiden el acceso de una zona a otra a las personas sin autorización. Gilead (Galaad en español) está en Nueva Inglaterra, la región estadounidense que alguna vez albergó los estados de Connecticut, Rhode Island, Massachusetts, New Hampshire, Vermont y Maine, pero en la actualidad es difícil saber cuáles son sus límites. Por otra parte, no parece haber mucho para hacer allí, excepto presenciar ajusticiamientos y partidos de fútbol, que constituyen el único resabio de la vida pública que existió antes de Gilead: ya no hay periódicos, la lectura está prohibida a las mujeres y los hombres sólo pueden leer la Biblia, todas las universidades ha sido cerradas y la divulgación del conocimiento científico es penalizada con la muerte, la producción artística se circunscribe a la de las manualidades con las que las mujeres en sus hogares dan una segunda vida a los objetos que ya no sirven, no hay dinero y el mercado negro es remoto y peligroso; de hecho, apenas hay algo para comer, el alcohol está prohibido y el café sólo puede ser disfrutado por la élite.

Un puñado de personas considerará todo esto suficientemente disuasorio. Para las demás, una mala noticia: Gilead no existe, fue creado por Margaret Atwood para una novela escrita en 1984 y adaptada en una popular serie de televisión hace unos meses. El cuento de la criada es el relato de Defred (es decir, "de Fred": en Gilead las mujeres son propiedad de los hombres), una joven que alguna vez tuvo una familia y un trabajo pero los perdió tras el asesinato del Presidente y la toma del poder por parte de fundamentalistas religiosos, quienes recortaron las libertades civiles en nombre de la seguridad. Defred intentó escapar a Canadá con su marido y con su hija, pero fue capturada en la frontera y enviada a reeducación; y ahora es Criada, parte de una rígida sociedad de clases que las Criadas deben perpetuar: los accidentes nucleares y la contaminación (así como la represión de la sexualidad) han reducido la capacidad reproductiva de la población a mínimos (aunque esto es "culpa de las mujeres": legalmente, en Gilead no hay hombres estériles), y la élite recurre a mujeres "reeducadas" como Defred para aparearse. Una vez al mes, las Criadas yacen con los Comandantes bajo la mirada de sus Esposas; el resto del tiempo, esperan: en algún sentido, como criadas, son un recipiente vacío, pero las otras opciones que se les presentan son incluso peores.

Defred pertenece a una generación de mujeres que todavía es capaz de recordar cómo se vivía antes de Gilead, de allí su ambigüedad ante los acontecimientos. Por una parte, le "parece mentira que antes las mujeres perdieran tanto tiempo y energías [...] pensando en ellas, preocupándose por ellas, escribiendo sobre ellas". Por otra, se niega a aceptar que el mundo que conoció ya no existe, y se aferra a todo aquello que se lo recuerde: roba mantequilla para hidratarse el rostro (los cosméticos están prohibidos), piensa en los hombres, recuerda, se niega a creerse "un desperdicio". Cuando en el centro de reeducación se le dice que "será más sencillo para las que vengan después de vosotras", que "aceptarán sus obligaciones de buena gana", Defred piensa: "porque no habrán conocido otra cosa", pero, por supuesto, no pone en riesgo su vida diciéndolo en voz alta.

Una de las razones por las que El cuento de la criada resulta un libro tan inquietante es que pone ejemplarmente de manifiesto la facilidad con la que una democracia liberal puede dejar paso a una dictadura teocrática si existe un enemigo lo suficientemente importante (Atwood, visionaria, escogió el terrorismo islámico) y se consigue que la población "mantenga la calma"; otra, que la adaptación a una sociedad de vigilancia y represión extremas es más habitual que la resistencia a ella.

El cuento de la criada es la historia de la pérdida de unas libertades que creemos inalienables. Aunque fue publicado hace algo más de treinta años y el régimen que lo inspiró (la así llamada República Democrática de Alemania) ya no existe, el libro es leído en nuestros días como una obra completamente actual en no menor medida debido a que los acontecimientos recientes parecen poner de manifiesto que Gilead ya no es sólo una distopía literaria (o "una advertencia", según su autora) sino una posibilidad: veintidós millones de personas perderán toda prestación médica en los próximos diez años si el Senado estadounidense aprueba la nueva ley de salud; China y otros países continúan asesinando a sus disidentes políticos; la libertad de prensa está en riesgo en la mayor parte del planeta y Turquía anuncia que el año próximo dejará de enseñar la teoría de la evolución en las escuelas. No son las únicas señales de que no importa que no sea posible ir a Gilead, ya que Gilead viene a nosotros: el gobierno estadounidense acaba de anunciar que en breve controlará en los aeropuertos los libros que lleven los pasajeros. "Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando", afirma Defred: ojalá lo siga siendo un tiempo más.

 
Margaret Atwood
El cuento de la criada
Trad. Elsa Mateo Blanco
Barcelona: Salamandra, 2017
 
Babelia/El País, agosto de 2017. 

[Publicado el 21/9/2017 a las 17:15]

[Etiquetas: Margaret Atwood, Novela, Salamandra, Totalitarismo]

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Viajes Imaginarios 1 / La evolución lógica del ser humano / "Erewhon" de Samuel Butler / Tecnología

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John Osborne (1929-1994) / Crédito de la imagen, de su autor /

No es fácil llegar al país de Erewhon, pero es más difícil abandonarlo: hombres y mujeres son increíblemente bellos, las ciudades son magníficas, la comida es abundante. ¿Por qué marcharse? Una posible respuesta tal vez pueda ser derivada de ciertas prácticas y costumbres de los habitantes del país: los erewhonianos consideran que estar enfermo es delito y que la comisión de un delito es una enfermedad (condenarán a trabajos forzosos a un tísico, pero compadecerán a quien haya desfalcado y le ofrecerán sus condolencias); sostienen que traer hijos al mundo es un crimen y sólo lo toleran si el recién nacido (o un adulto que se atreva a firmar por él) exime de responsabilidad a los padres por escrito; afirman que es inútil instruir a los niños porque es posible que en el mundo haya más cosas de las que ya se conocen, así que se limitan a introducirlos en la Hipotética, una ciencia de la argumentación en torno a situaciones que no se han producido. En Erewhon también se considera un delito ser pobre, una secta propone que una semana gobiernen los mayores y otra los jóvenes, toda persona está obligada a pensar como las demás y (lo que es más importante) están prohibidas las máquinas.

Samuel Butler nació en 1835 en el condado inglés de Nottingham y no tuvo suerte en prácticamente nada de lo que se propuso, excepto en los negocios; de una estancia de diez años en Nueva Zelanda (1859 a 1870), en la que se dedicó a la crianza de ovejas, se trajo un considerable patrimonio, así como los textos que reuniría en Erewhon, o al otro lado de las montañas, que publicó de forma anónima en 1872 y resultó un libro bastante exitoso hasta que el público descubrió que había sido escrito por él y no por Edward Bulwer-Lytton, el autor de Los últimos días de Pompeya. "Erewhon" es el anagrama de la palabra inglesa "nowhere" o "ningún lugar" y varias cosas no necesariamente opuestas: un relato de viajes, una sátira de la sociedad victoriana y una utopía que deviene distopía, posiblemente la primera que se haya escrito. Una parte considerable de su atractivo se deriva de lo excéntricas que nos resultan las prácticas de los erewhonianos; pero también, y en especial, de la percepción de que éstas constituyen una versión sólo un poco exagerada de una hipocresía y un afán de lucro que tendemos a asociar con la sociedad victoriana pero más bien constituyen lo que ésta nos ha dejado en herencia: en Erewhon "cuando alguien genera una fortuna superior a 20.000 libras esterlinas al año se le exime de pagar impuestos, considerando que ha realizado una obra de arte" y la función de los profesores es asegurarse de que los alumnos "piensen tal y como nosotros pensamos, o al menos, como consideramos oportuno decir que pensamos", por ejemplo.

A poco de haber llegado, el narrador de Erewhon descubre que lo que creyó una utopía es, de hecho, su contrario; pero lo que hay más allá de las fronteras de este país imaginario (el lector lo sabe) no es mejor, y es esa constatación la que otorga al libro todo su interés, así como el rechazo de los erewhonianos a las máquinas que constituye la razón por la que el libro fue admirado por Aldous Huxley, George Orwell, William Gaddis y Gilles Deleuze entre otros. Butler pone en boca de un profesor de Hipotética un argumento que en realidad se articula en y discute con la teoría evolutiva de Charles Darwin, con quien el autor tuvo una relación complicada y finalmente hostil: "No podemos esperar un desarrollo intelectual o físico de la humanidad que contrarreste el avance mucho más rápido al que las máquinas parecen destinadas"; se trata de detener ese avance antes de que sea demasiado tarde.

El argumento resuena poderosamente estos días, en los que buena parte de nuestros intercambios personales, nuestras elecciones (también) políticas y los modos en que hacemos nuestro trabajo parecen ser más un producto de algún algoritmo que de nuestros deseos y necesidades. "Las máquinas se han cebado en la indigna debilidad que el hombre muestra por los beneficios materiales", escribe Butler; la humanidad acepta "cualquier trato que le proporcione mejor comida y ropa a precios más baratos" incluso si éste supone adherir a su lógica, adoptar su veleidad como única regla de comportamiento, ser el órgano reproductor de la máquina.

John Osborne afirmó alguna vez que "el ordenador es la evolución lógica del ser humano: una inteligencia sin moral"; los expertos sostienen que la única variable no perfectible de la máquina es el hombre, lo que ha llevado a Paul Virilio a diagnosticar que "el hombre empieza a estar de más" en el mundo de la máquina y a Frank Schirrmacher a advertir de que la cesión voluntaria de nuestras facultades intelectuales a los ordenadores conlleva una pérdida de libertad y autonomía que no sólo supone cambios cognitivos e invierte las relaciones de subordinación entre hombre y máquina sino que también puede estar en el origen de un nuevo totalitarismo. Samuel Butler dice en Erewhon que "hubo un tiempo en que se dio una raza de hombres que conocían mejor el futuro que el pasado y que murieron al cabo de un año a causa de la infelicidad producida por ese conocimiento". Él, sin embargo, vivió bastante más: murió en 1902, a la edad de sesenta y seis años.

 
Samuel Butler
Erewhon, o al otro lado de las montañas
Trad. Andrés Cotarelo Jiménez
Pról. Ramón Cotarelo
Madrid: Akal, 2012
 
 
Babelia/El País, agosto de 2017. 

[Publicado el 19/9/2017 a las 17:30]

[Etiquetas: Samuel Butler, Novela, Akal, Tecnología]

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Nadie no podrá / "Eisejuaz" de Sara Gallardo

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Nacida en Buenos Aires en 1931 y muerta en esa ciudad en 1988, Sara Gallardo estuvo casada dos veces, vivió en siete u ocho países, tuvo cuatro hijos y publicó once libros, cinco de ellos novelas: Enero (1958), Pantalones azules (1963), Los galgos, los galgos (1968), Eisejuaz (1971) y La rosa del viento (1979). Leopoldo Brizuela (que prologó su Narrativa breve completa en 2009) llamó a su obra "una de las más reconocidas (y peor apreciadas) de su tiempo" en no menor medida debido a que, aunque popular (su autora fue una de las periodistas argentinas más leídas de finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970), Gallardo nunca consiguió conciliar para el público la imagen de escritora frívola perteneciente a la clase alta que cultivaba en sus artículos y la (en palabras de Martín Kohan) "originalidad radical" de su obra literaria, también de Eisejuaz.

Eisejuaz es un miembro de la etnia wichí, un "mataco" que se cree habitado por los espíritus de la naturaleza a la que rezaron su padre y los suyos pero (a su vez) se esfuerza por ser un buen cristiano; en ese sentido, habita en una frontera que atraviesa constantemente: la que divide la vida en el monte (en la que recae una y otra vez, obligado por las circunstancias) y la de la ciudad, que redujo a las comunidades indígenas a la explotación y la pobreza, el pasado que se tuvo y el futuro del que ya no se dispone, la religiosidad pagana y la cristiana, que el personaje parece no comprender del todo. Al igual que Hazel Motes (el personaje de la novela de 1952 de Flannery O'Connor Sangre sabia, que pretende fundar la "Iglesia de Cristo sin Cristo" y tiene una relación problemática pero en última instancia salvífica con la fe, y que tal vez haya ejercido una influencia en Gallardo o quizás no), Eisejuaz es religioso de una manera que pone en cuestión la noción misma de religión, y su trayectoria es la de las terribles consecuencias que sus acciones tienen en los demás y en él mismo. Eisejuaz desea creer, pero ese deseo se ve obstaculizado por la frontera no sólo física en la que habita: los dioses crueles de la naturaleza siguen allí, y el Dios cristiano retribuye cada gesto de caridad con dolor y pérdida. Ni siquiera en el último momento de su vida deja de ser un hombre piadoso, sin embargo; pero esa piedad es dañina, para él y para los suyos.

Gallardo conoció al hombre que inspiró el personaje de Eisejuaz en la provincia argentina de Salta en 1967; si éste resulta inolvidable es también (y principalmente) a raíz de la lengua que concibió para este monólogo de enfermedad y muerte: una lengua de dobles negaciones ("Nada le hablé", "Nadie no podrá"), desplazamientos gramaticales ("No se comemos gente pero sabemos matar"), silencios y formulaciones elípticas y de rara plasticidad que, al tiempo que rechaza implícitamente las formas tradicionales de representación del habla rural argentina, convierte a Eisejuaz en un profeta incendiario, que se despide del mundo con las palabras "La piedra que fui se ablandó; dejó libre el hueco. Aquel barro que él fue se lavó. Ya cumplimos. Queda el camino limpio. ¿Qué diré ahora? Diré: Bueno. Como la semilla en su ceguera, sin conocer el árbol de mañana".

Algo en esa lengua recuerda las obras de Juan Rulfo, Mario de Andrade, Antonio Di Benedetto y João Guimarães Rosa: Sara Gallardo (popular en vida, olvidada a continuación, recuperada final y afortunadamente en los últimos años) no fue menos talentosa que esos autores, y Eisejuaz (que la pequeña editorial boliviana Dum Dum trae ahora tras su recuperación en 2001 en la serie Clásicos de la Biblioteca Argentina dirigida por Ricardo Piglia y su publicación en la editorial argentina El Cuenco de Plata en 2013) es una extraordinaria oportunidad de comprobarlo.

 
Sara Gallardo
Eisejuaz
Pról. Mónica Velásquez Guzmán
Santa Cruz de la Sierra: Dum Dum Editora, 2017
 
En Babelia/El País, julio de 2017.

[Publicado el 15/9/2017 a las 19:15]

[Etiquetas: Sara Gallardo, Novela, Dum Dum]

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Una forma de inhibición / "Toda una vida" de Robert Seethaler

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"Lo directamente autobiográfico en una novela es algo miserable; es la manera en que los necios egocéntricos pretenden inflarse hasta convertirse en artistas", escribió Heimito von Doderer, a pesar de lo cual, la necesidad de narrar lo que le ha sucedido a su autor constituye uno de los motores más poderosos de la escritura, y, a menudo (también y particularmente en la literatura contemporánea), su tema excluyente.

Nacido en Viena en 1966, Robert Seethaler parece carecer de esa necesidad o tener el firme propósito de no ceder a ella: Toda una vida (publicada originalmente en 2014) no lo tiene como personaje y se remonta a un período anterior a su nacimiento. Su protagonista es Andreas Egger, quien vive en un pueblo del sur montañoso de Alemania y tiene algo menos de treinta años cuando en 1933 se suma a la cuadrilla de trabajadores que instalan un teleférico para turistas. Egger desarrolla un interés romántico por Marie, la camarera de la posada local, la felicidad conyugal es absoluta, la catástrofe que le pondrá fin también lo es. La guerra llega al pueblo en noviembre de 1942, Egger es reclutado, pasa ocho años en un campo soviético de prisioneros, regresa al pueblo, asiste a un funeral, presencia la llegada del hombre a la Luna, rescata a unos turistas que se encontraban perdidos, tiene una aventura amorosa, asiste con cierto asombro a su decadencia física, se refugia en un establo abandonado en las montañas: ninguno de estos hechos es más importante que el otro, pero la totalidad de ellos constituye "toda una vida", vivida de forma trágica y natural y también concluida por causas naturales.

La de Seethaler es el tipo de novela "de personaje" que se da a menudo en la narrativa alemana contemporánea, pero ni su tema ni su forma parecen de esta época; por el contrario, hay una cierta modestia en su narración que casa bien con la naturaleza y los tiempos de su protagonista. Egger es un testigo de los cambios dramáticos que tuvieron lugar durante una parte importante del siglo XX, pero no parece pensar nada acerca de ellos; de hecho, parece incapaz de comprender que su existencia es una forma de inhibición. En la novela suceden varias catástrofes, se presentan giros imprevistos y hay bastante dramatismo, pero todo ello es presentado por el autor con una discreción y un laconismo que resultan fascinantes, absolutamente conmovedores en su intensidad, su brevedad, su recordatorio de que la literatura puede constituir el testimonio de una vida, pero no tiene necesariamente que serlo de la de su autor.

 
Robert Seethaler
Toda una vida
Barcelona: Salamandra, 2017

[Publicado el 12/9/2017 a las 11:15]

[Etiquetas: Robert Seethaler, Novela, Salamandra]

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Mejor que antes, mejor que después / "Buenas noches, dulces sueños" de Jirí Kratochvil

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Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches "son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas": a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno "el tiempo cero", ese momento "en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido".

Buenas noches, dulces sueños transcurre durante esas cuarenta y ocho horas. El director de un hospital convence a un antiguo empleado de una fábrica textil para que lo ayude a buscar a un infiltrado, un paracaidista estadounidense que debería estar escondido en algún lugar de Brno y disponer de la penicilina que tan desesperadamente necesitan sus pacientes; durante su vagabundeo por la ciudad escapan de un pintor colaboracionista que regentea un polígono de tiro, se hacen de una escalera para espiar la planta superior de las casas, asisten a una boda de enanos de circo, traban relación con un detective privado que dispone de una amplia red de cornudos, se cruzan una y otra vez con un joven judío que un amigo de sus padres salvó de la deportación y el asesinato. Una gata parlante que una gitana le ha entregado asiste al joven (el tercer protagonista del relato) en el cumplimiento de una misión cuyas consecuencias sólo se harán visibles en 1960; el joven acoge en la antigua casa de sus padres a un grupo de personas que han perdido su hogar, se ve involucrado en la recogida de cadáveres, muere y es enterrado, resucita, descubre un lago bajo el sótano de su vivienda, conoce a una funámbula.

Jiří Kratochvil nació en Brno en 1940; su obra (de la que también pueden encontrarse en español En mitad de la noche un canto y La promesa de Kamil Modrácek, ambas novelas publicadas por Impedimenta) bebe de la tradición del humorismo centroeuropeo, pero también, y de manera muy destacada, de ciertos autores extraterritoriales del realismo mágico (Günter Grass, Milan Kundera, Salman Rushdie) que emplearon o emplean el elemento fantástico para poner en cuestión la racionalidad de la Historia. En Buenas noches, dulces sueños hay una aguda conciencia de ésta como relato (en no menor medida gracias a las numerosas intrusiones autoriales en el texto), pero también la constancia de que el "tiempo cero" en el que la historia centroeuropea se detuvo a la espera de que se decidiera "como será este mundo de la posguerra" fue, con todas sus dificultades, mejor que lo que había sucedido antes, pero también que lo que vendría después.

 
Jiří Kratochvil
Buenas noches, dulces sueños
Trad. Elena Buixaderas
Madrid: Impedimenta, 2017
 
[Babelia/El País, 10 de julio de 2017.] 

[Publicado el 03/8/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Jiří Kratochvil, Novela, Impedimenta]

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Todas las pérdidas / "Conjunto vacío" de Verónica Gerber

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Convertir un tronco en una enorme lámina en la que se lea el pasado, pintar vetas sobre una plancha de madera que ya tiene vetas, clasificar las pertenencias de una mujer que pudo ser algo y no lo fue, esperar: solemos dejar para después todo aquello que parece carecer de otro propósito que el de poner a prueba nuestra paciencia, pero no deberíamos dejar para después este libro sutil y urgente de Verónica Gerber, artista visual y escritora (así como editora de la importante cooperativa editorial mexicana Tumbona Ediciones) que nació en Ciudad de México en 1981 de padres exiliados por la más reciente dictadura argentina.

Conjunto vacío es una colección de principios truncos, finales abruptos y desapariciones que orbitan en torno a algunas pérdidas: la de una madre y la de un hogar que posiblemente no se haya tenido nunca, pero también las de los proyectos sentimentales, el sentido de pertenencia a un país, la idea de orden que nos permita concebir nuestra existencia como algo más que los "fragmentos desordenados" y el "conjunto que se va vaciando poco a poco" que ésta es realmente. Uno de los méritos de Gerber (y uno nada menor: esta es su primera novela) es haber sabido hacer con esas pérdidas algo muy distinto a una novela doliente; de hecho, Conjunto vacío es a menudo ligera y juguetona, una novela que se pregunta por la posibilidad de encontrar nuevas formas literarias y plásticas de narrar el viejo dolor.

Aunque resulta tentador pensar en ella como el reflejo invertido de Mudanza, el libro en el que Gerber reflexionaba acerca de cinco escritores que abandonaron la literatura para convertirse en artistas visuales, y en la autora como una artista visual que se convierte en escritora, lo cierto es que, por una parte (y esto es lo que Mudanza y Conjunto vacío ponen de manifiesto, cada uno a su manera), ambas prácticas no son dicotómicas (en algún sentido, ni siquiera son dos cosas "distintas"), y, por otra, el interés por las escrituras ilegibles y los gráficos que subyace a este libro no oculta una voluntad de no decir: la voluntad aquí es la de decir, por fin y para siempre. Y Gerber lo consigue con este libro, publicado ya (también) por la editorial mexicana Almadía y la argentina Sigilo y Premio Internacional de Literatura Aura Estrada de 2014.

 
Verónica Gerber Bicecci
Conjunto vacío
Logroño: Pepitas de Calabaza, 2017

[Publicado el 01/8/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Verónica Gerber, Novela, Pepitas de Calabaza]

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Hans Fallada / Una literatura de fuerzas históricas

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"Zambullirse en el ocaso, allí donde no existen ni el fracaso ni los remordimientos" es lo que busca en el alcohol un comerciante llamado Erwin Sommer mientras pierde su tienda y a su esposa (y los zapatos); una "alegre calma" es lo que encuentra en la heroína el escritor Hans Fallada. Mientras trabajaba en la adaptación gráfica de la novela de Fallada El bebedor, el ilustrador alemán Jakob Hinrichs tuvo la certeza de que el hundimiento de Sommer, su protagonista, debía ser contado de forma paralela a la biografía de su autor: al igual que su personaje, éste había sido un adicto, y había engañado y mentido mientras recorría Berlín en busca del siguiente estímulo.

Hans Fallada tuvo una vida difícil antes y después de convertirse en un autor de éxito: nacido Rudolf Ditzen en 1893, se enfrentó a su familia por su rechazo a seguir la profesión paterna, pasó parte de su juventud en instituciones psiquiátricas y/o en prisión, practicó oficios relativamente contradictorios (agricultor, periodista, contable), purgó tres años de cárcel por un delito de malversación, vivió permanentemente endeudado y su éxito (que comenzó en 1933 con la adaptación cinematográfica de su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué?) se vio ensombrecido por el ascenso al poder del nacionalsocialismo. Algo más de veinte años antes (en 1911), Fallada y un amigo habían sellado un pacto suicida que escenificarían como un duelo; su amigo erró el disparo, pero Fallada no, y es probable que nunca haya podido recuperarse del todo de ello. Aunque se declaraba apolítico, su reticencia a integrarse en las instituciones que el nacionalsocialismo creó para controlar la producción literaria en Alemania lo enfrentó con las autoridades, que lo tacharon de "pornógrafo"; Fallada se refugió en una casa de campo en las afueras de Berlín, pero también hasta allí fue perseguido por sus adicciones, los nazis y el rechazo de intelectuales en el exilio como Thomas Mann, que le reprochaban las concesiones que hacía para ver publicados en el país unos libros indistinguibles de las condiciones en que habían sido producidos: El bebedor fue escrito en la cárcel, a la que Fallada había ido a parar después de ser acusado de intentar asesinar a su ex esposa estando borracho, y Pesadilla (la historia de un escritor llamado Doll que lucha con su adicción y la culpa en el Berlín de la inmediata posguerra), en un hospital, durante una desintoxicación.

Una de las claves del enorme éxito que Fallada disfrutó en su época es que sus personajes son personas "corrientes" que se enfrentan a situaciones fuera de lo común; esas situaciones, que no eran desconocidas para sus lectores del período, facilitaban su identificación con personajes como el "pequeño hombre" de la novela homónima, que perdía su empleo en unos grandes almacenes durante la espeluznante crisis económica de entreguerras y se veía confrontado con la violencia callejera, la traición de otros en su situación, el temor al futuro. Pero también con Anna y Otto Quangel (protagonistas de Solo en Berlín), unos trabajadores berlineses que (la historia es real) se rebelaron en 1943 contra el régimen nazi después de que su hijo muriera en la guerra: esto último no es precisamente algo que la mayoría de sus lectores hubiera hecho, pero sí lo que a partir de 1945 ésta deseaba (o decía desear) haber hecho, y aquello de lo que los libros de Fallada le proveían a modo de compensación simbólica por la falta de una resistencia decidida al gobierno nacionalsocialista.

No sólo por razones estilísticas, la obra de Fallada (que murió de sobredosis en 1947) debe ser leída conjuntamente con las de Arnold Zweig, Irène Némirovsky, Sándor Márai y Joseph Roth, entre otros autores de una literatura deliberadamente documental que ya es, ella misma, un documento. Pero, aunque esta es la forma en que ha sido leída desde su muy exitosa recuperación en los Estados Unidos en 2009 (seguida de su "desembarco" en España con la publicación por parte de Maeva de Solo en Berlín y de El hombre que quería llegar lejos, Pequeño hombre, ¿y ahora qué? y Este corazón te pertenece; Seix Barral publicó El bebedor y En mi país desconocido), la obra de Fallada excede su condición de testimonio: al fin y al cabo, también nuestros tiempos son excepcionales. Al apropiarse de ella confundiéndola deliberadamente con la vida de su autor, Jakob Hinrichs pone de manifiesto una vez más que toda obra literaria de relevancia habla acerca de su creador, de un modo u otro. Pero también, que (y ésta es quizás la principal enseñanza que puede extraerse de la obra de Hans Fallada) las decisiones que toman los personajes en las novelas pueden y deben leerse como resultado de fuerzas históricas que existen al margen de los libros, en un presente de la escritura del que el alcohol y las drogas no son refugio suficiente o por mucho tiempo. Ni para los personajes ni para sus autores.


Hans Fallada
Pesadilla
Trad. Rosa Pilar Blanco
Madrid: Maeva, 2017

Jakob Hinrichs
El bebedor
Trad. Marta Armengol Royo
Madrid: Maeva, 2017

Peter Walther
Hans Fallada. Die Biographie
Berlín: Aufbau Verlag, 2017
 
[Babelia/El País,  5 de julio de 2017.]

[Publicado el 26/7/2017 a las 10:45]

[Etiquetas: Hans Fallada, Jakob Hinrichs, Novela, Cómic, Maeva]

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Monstruos perfectos / "Los días de la peste" de Edmundo Paz Soldán

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Nunca completamente agotadas sus fantasías de exterminio, los países latinoamericanos pertenecen a ese tipo de naciones cuyos habitantes sólo son iguales frente a la enfermedad, la religión y el crimen. En Los Confines (un territorio fronterizo de un país innominado, y por ello mismo perfecta, terriblemente reconocible) esa religión es la del culto a Ma Estrella o La Innombrable, cuyo propósito es la venganza y cuyo atributo es un cuchillo entre los dientes; el culto a Ma Estrella es tolerado y a continuación prohibido; durante su prohibición estalla una epidemia en La Casona.

La Casona no reduce el número de hechos criminales, los multiplica; no pone coto a la violencia, la propaga; no corrige a los criminales, los perfecciona: en ese sentido, es una de esas típicas cárceles latinoamericanas que, por una parte, se constituyen (con una economía que es tanto monetaria como del deseo, que permite obtener drogas, alojamiento y protección pero no contiene la violencia desatada de carceleros y policías) en una versión miniaturizada de la sociedad que se extiende al otro lado de sus muros; por otra parte (y especialmente cuando la epidemia empieza a afectar a quienes no están presos), La Casona pone de manifiesto algo que resulta evidente para cualquiera que haya vivido alguna vez en un país latinoamericano: que (allí) los que no están presos también viven en la cárcel.

"¿Qué son los virus sino seres fantasmales, fantasmas puros que flotan en el mundo esperando poseer una célula humana para corporizarse y hacerse vida?", se pregunta uno de los personajes: cuando esos "monstruos perfectos" se apoderan de los cuerpos de los presos y la prohibición del culto religioso impide esperar una redención o una venganza, La Casona se ve sumida en una guerra sin bandos, exactamente igual que la sociedad a la que supuestamente protege. Edmundo Paz Soldán lo narra con su solvencia habitual en esta (su onceava) novela en una lengua que incorpora usos dialectales de decenas de países de América Latina y resulta extraordinariamente atractiva y plástica.

 
Edmundo Paz Soldán
Los días de la peste
Barcelona: Malpaso, 2017

[Publicado el 24/7/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Edmundo Paz Soldán, Novela, Malpaso]

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Oh, el proverbial "lector común"... / "El meteorólogo" de Olivier Rolin

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Vivimos en la mejor de las épocas, sostienen algunos; pero son las peores las que producen buenos libros. Una de las más terribles de la historia tuvo lugar (es sabido) bajo el régimen de terror que Iosif Stalin impuso en la Unión Soviética entre 1922 y 1953: veinte millones de personas murieron de hambre, fueron deportadas, fusiladas o condenadas a trabajos forzados durante ese período. Nada devuelve la vida a las víctimas, por supuesto; pero algo del dolor de la Historia se ve (al menos parcialmente) morigerado cuando se considera la extraordinaria literatura que esa época produjo, como El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov, la poesía de Anna Ajmátova y Ósip Mandelshtam, Vida y destino de Vasili Grossman, o los libros de Aleksandr Solzhenitsyn Archipiélago Gulag, Un día en la vida de Iván Denísovich y Pabellón del cáncer, escritos algo después pero producto del internamiento de su autor en un campo entre 1945 y 1953.

El meteorólogo de Olivier Rolin vuelve los ojos sobre ese período trágico de la historia europea, pero lo hace en una época distinta a la que alumbró las obras de Solzhenitsyn y los otros autores mencionados. Protagonista del libro es Alekséi Feodósievich Vangengheim, jefe del Servicio Meteorológico de la Unión Soviética y víctima de la represión posiblemente a raíz de envidias de sus colaboradores: en 1934 Vangengheim fue enviado a un campo de trabajo en el Mar Blanco, fusilado tres años después y (como muchos otros) rehabilitado tras la muerte de Stalin.

Olivier Rolin nació en Boulogne-Billancourt (Altos del Sena) en 1947. Publicó nueve libros de viajes, dos ensayos y catorce novelas, entre ellas Tigre de papel (2001), Meroé (2001) y La invención del mundo (2005), las tres traducidas al español. Rolin comparte con Patrick Deville, Emmanuel Carrère y otros escritores franceses contemporáneos un interés por la "no ficción" que, revestido a menudo de un compromiso moral con las víctimas de la Historia, responde en realidad a los condicionantes socioculturales (y económicos) que determinan en nuestros tiempos la preferencia por una literatura cada vez más alejada de la ficción, que el proverbial "lector común" ya no cree relevante. Al igual que Carrère y como Deville (y sus decenas de imitadores hispanohablantes) Rolin escribe para ese "lector común": se esfuerza en lograr cierta plasticidad en sus descripciones, escenifica la situación de enunciación ("Yo estoy escribiendo aquí [...]" etcétera), tiende a la generalización, no escatima juicios morales que lo presentan en el lado "correcto" de la Historia, es pedagógico (el lector no necesita tener ningún conocimiento previo acerca del gulag soviético para leer su último libro y es posible que después de hacerlo crea que ya sabe sobre el tema), su prosa es "clásica" en el sentido francés; el ritmo, adecuado.

Algo más de veinte años atrás, Rolin hacía suya una frase de Italo Calvino para acotar el terreno de lo que pretendía como escritor con La invención del mundo, cuya edición francesa es de 1993: "La literatura no puede vivir salvo si se le asignan objetivos desmesurados o incluso imposibles de alcanzar. Si queremos que [...] siga desempeñando su función, es necesario que los poetas y escritores se lancen a empresas que nadie podía imaginar". Dos décadas después, la promesa de una literatura arriesgada y de imaginación ha sido reemplazada por algo más acorde con las demandas de nuestra época, un tipo de reportaje de revista dominical de periódico que algunos puedan confundir con la literatura. El meteorólogo no carece de interés, por supuesto: la convivencia de personajes algo estrafalarios en el gulag está bien presentada, la conciencia del personaje (que nunca dejó de creer en el sistema soviético y en la posibilidad de que éste se diese cuenta del error que había cometido en su persona) es descrita correctamente y las ilustraciones que acompañan el volumen (extraídas de las cartas del protagonista a su hija) son conmovedoras; pero, de manera más general, el único mérito que posee este libro es el mismo que corresponde atribuirles a Carrère y a los otros escritores de "no ficción" en su línea: narran una historia, de principio a final, una cosa después de la otra, de tal forma que se entienda todo. No es mucho, si se lo piensa bien.


Olivier Rolin
El meteorólogo
Trad. Miguel Aguayo
Barcelona: Libros del Asteroide, 2017

[Publicado el 02/6/2017 a las 12:37]

[Etiquetas: Olivier Rolin, Novela, Libros del Asteroide]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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