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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de agosto de 2017

 Blog de Patricio Pron

Mejor que antes, mejor que después / "Buenas noches, dulces sueños" de Jirí Kratochvil

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Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches "son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas": a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno "el tiempo cero", ese momento "en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido".

Buenas noches, dulces sueños transcurre durante esas cuarenta y ocho horas. El director de un hospital convence a un antiguo empleado de una fábrica textil para que lo ayude a buscar a un infiltrado, un paracaidista estadounidense que debería estar escondido en algún lugar de Brno y disponer de la penicilina que tan desesperadamente necesitan sus pacientes; durante su vagabundeo por la ciudad escapan de un pintor colaboracionista que regentea un polígono de tiro, se hacen de una escalera para espiar la planta superior de las casas, asisten a una boda de enanos de circo, traban relación con un detective privado que dispone de una amplia red de cornudos, se cruzan una y otra vez con un joven judío que un amigo de sus padres salvó de la deportación y el asesinato. Una gata parlante que una gitana le ha entregado asiste al joven (el tercer protagonista del relato) en el cumplimiento de una misión cuyas consecuencias sólo se harán visibles en 1960; el joven acoge en la antigua casa de sus padres a un grupo de personas que han perdido su hogar, se ve involucrado en la recogida de cadáveres, muere y es enterrado, resucita, descubre un lago bajo el sótano de su vivienda, conoce a una funámbula.

Jiří Kratochvil nació en Brno en 1940; su obra (de la que también pueden encontrarse en español En mitad de la noche un canto y La promesa de Kamil Modrácek, ambas novelas publicadas por Impedimenta) bebe de la tradición del humorismo centroeuropeo, pero también, y de manera muy destacada, de ciertos autores extraterritoriales del realismo mágico (Günter Grass, Milan Kundera, Salman Rushdie) que emplearon o emplean el elemento fantástico para poner en cuestión la racionalidad de la Historia. En Buenas noches, dulces sueños hay una aguda conciencia de ésta como relato (en no menor medida gracias a las numerosas intrusiones autoriales en el texto), pero también la constancia de que el "tiempo cero" en el que la historia centroeuropea se detuvo a la espera de que se decidiera "como será este mundo de la posguerra" fue, con todas sus dificultades, mejor que lo que había sucedido antes, pero también que lo que vendría después.

 
Jiří Kratochvil
Buenas noches, dulces sueños
Trad. Elena Buixaderas
Madrid: Impedimenta, 2017
 
[Babelia/El País, 10 de julio de 2017.] 

[Publicado el 03/8/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Jiří Kratochvil, Novela, Impedimenta]

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Todas las pérdidas / "Conjunto vacío" de Verónica Gerber

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Convertir un tronco en una enorme lámina en la que se lea el pasado, pintar vetas sobre una plancha de madera que ya tiene vetas, clasificar las pertenencias de una mujer que pudo ser algo y no lo fue, esperar: solemos dejar para después todo aquello que parece carecer de otro propósito que el de poner a prueba nuestra paciencia, pero no deberíamos dejar para después este libro sutil y urgente de Verónica Gerber, artista visual y escritora (así como editora de la importante cooperativa editorial mexicana Tumbona Ediciones) que nació en Ciudad de México en 1981 de padres exiliados por la más reciente dictadura argentina.

Conjunto vacío es una colección de principios truncos, finales abruptos y desapariciones que orbitan en torno a algunas pérdidas: la de una madre y la de un hogar que posiblemente no se haya tenido nunca, pero también las de los proyectos sentimentales, el sentido de pertenencia a un país, la idea de orden que nos permita concebir nuestra existencia como algo más que los "fragmentos desordenados" y el "conjunto que se va vaciando poco a poco" que ésta es realmente. Uno de los méritos de Gerber (y uno nada menor: esta es su primera novela) es haber sabido hacer con esas pérdidas algo muy distinto a una novela doliente; de hecho, Conjunto vacío es a menudo ligera y juguetona, una novela que se pregunta por la posibilidad de encontrar nuevas formas literarias y plásticas de narrar el viejo dolor.

Aunque resulta tentador pensar en ella como el reflejo invertido de Mudanza, el libro en el que Gerber reflexionaba acerca de cinco escritores que abandonaron la literatura para convertirse en artistas visuales, y en la autora como una artista visual que se convierte en escritora, lo cierto es que, por una parte (y esto es lo que Mudanza y Conjunto vacío ponen de manifiesto, cada uno a su manera), ambas prácticas no son dicotómicas (en algún sentido, ni siquiera son dos cosas "distintas"), y, por otra, el interés por las escrituras ilegibles y los gráficos que subyace a este libro no oculta una voluntad de no decir: la voluntad aquí es la de decir, por fin y para siempre. Y Gerber lo consigue con este libro, publicado ya (también) por la editorial mexicana Almadía y la argentina Sigilo y Premio Internacional de Literatura Aura Estrada de 2014.

 
Verónica Gerber Bicecci
Conjunto vacío
Logroño: Pepitas de Calabaza, 2017

[Publicado el 01/8/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Verónica Gerber, Novela, Pepitas de Calabaza]

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Hans Fallada / Una literatura de fuerzas históricas

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"Zambullirse en el ocaso, allí donde no existen ni el fracaso ni los remordimientos" es lo que busca en el alcohol un comerciante llamado Erwin Sommer mientras pierde su tienda y a su esposa (y los zapatos); una "alegre calma" es lo que encuentra en la heroína el escritor Hans Fallada. Mientras trabajaba en la adaptación gráfica de la novela de Fallada El bebedor, el ilustrador alemán Jakob Hinrichs tuvo la certeza de que el hundimiento de Sommer, su protagonista, debía ser contado de forma paralela a la biografía de su autor: al igual que su personaje, éste había sido un adicto, y había engañado y mentido mientras recorría Berlín en busca del siguiente estímulo.

Hans Fallada tuvo una vida difícil antes y después de convertirse en un autor de éxito: nacido Rudolf Ditzen en 1893, se enfrentó a su familia por su rechazo a seguir la profesión paterna, pasó parte de su juventud en instituciones psiquiátricas y/o en prisión, practicó oficios relativamente contradictorios (agricultor, periodista, contable), purgó tres años de cárcel por un delito de malversación, vivió permanentemente endeudado y su éxito (que comenzó en 1933 con la adaptación cinematográfica de su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué?) se vio ensombrecido por el ascenso al poder del nacionalsocialismo. Algo más de veinte años antes (en 1911), Fallada y un amigo habían sellado un pacto suicida que escenificarían como un duelo; su amigo erró el disparo, pero Fallada no, y es probable que nunca haya podido recuperarse del todo de ello. Aunque se declaraba apolítico, su reticencia a integrarse en las instituciones que el nacionalsocialismo creó para controlar la producción literaria en Alemania lo enfrentó con las autoridades, que lo tacharon de "pornógrafo"; Fallada se refugió en una casa de campo en las afueras de Berlín, pero también hasta allí fue perseguido por sus adicciones, los nazis y el rechazo de intelectuales en el exilio como Thomas Mann, que le reprochaban las concesiones que hacía para ver publicados en el país unos libros indistinguibles de las condiciones en que habían sido producidos: El bebedor fue escrito en la cárcel, a la que Fallada había ido a parar después de ser acusado de intentar asesinar a su ex esposa estando borracho, y Pesadilla (la historia de un escritor llamado Doll que lucha con su adicción y la culpa en el Berlín de la inmediata posguerra), en un hospital, durante una desintoxicación.

Una de las claves del enorme éxito que Fallada disfrutó en su época es que sus personajes son personas "corrientes" que se enfrentan a situaciones fuera de lo común; esas situaciones, que no eran desconocidas para sus lectores del período, facilitaban su identificación con personajes como el "pequeño hombre" de la novela homónima, que perdía su empleo en unos grandes almacenes durante la espeluznante crisis económica de entreguerras y se veía confrontado con la violencia callejera, la traición de otros en su situación, el temor al futuro. Pero también con Anna y Otto Quangel (protagonistas de Solo en Berlín), unos trabajadores berlineses que (la historia es real) se rebelaron en 1943 contra el régimen nazi después de que su hijo muriera en la guerra: esto último no es precisamente algo que la mayoría de sus lectores hubiera hecho, pero sí lo que a partir de 1945 ésta deseaba (o decía desear) haber hecho, y aquello de lo que los libros de Fallada le proveían a modo de compensación simbólica por la falta de una resistencia decidida al gobierno nacionalsocialista.

No sólo por razones estilísticas, la obra de Fallada (que murió de sobredosis en 1947) debe ser leída conjuntamente con las de Arnold Zweig, Irène Némirovsky, Sándor Márai y Joseph Roth, entre otros autores de una literatura deliberadamente documental que ya es, ella misma, un documento. Pero, aunque esta es la forma en que ha sido leída desde su muy exitosa recuperación en los Estados Unidos en 2009 (seguida de su "desembarco" en España con la publicación por parte de Maeva de Solo en Berlín y de El hombre que quería llegar lejos, Pequeño hombre, ¿y ahora qué? y Este corazón te pertenece; Seix Barral publicó El bebedor y En mi país desconocido), la obra de Fallada excede su condición de testimonio: al fin y al cabo, también nuestros tiempos son excepcionales. Al apropiarse de ella confundiéndola deliberadamente con la vida de su autor, Jakob Hinrichs pone de manifiesto una vez más que toda obra literaria de relevancia habla acerca de su creador, de un modo u otro. Pero también, que (y ésta es quizás la principal enseñanza que puede extraerse de la obra de Hans Fallada) las decisiones que toman los personajes en las novelas pueden y deben leerse como resultado de fuerzas históricas que existen al margen de los libros, en un presente de la escritura del que el alcohol y las drogas no son refugio suficiente o por mucho tiempo. Ni para los personajes ni para sus autores.


Hans Fallada
Pesadilla
Trad. Rosa Pilar Blanco
Madrid: Maeva, 2017

Jakob Hinrichs
El bebedor
Trad. Marta Armengol Royo
Madrid: Maeva, 2017

Peter Walther
Hans Fallada. Die Biographie
Berlín: Aufbau Verlag, 2017
 
[Babelia/El País,  5 de julio de 2017.]

[Publicado el 26/7/2017 a las 10:45]

[Etiquetas: Hans Fallada, Jakob Hinrichs, Novela, Cómic, Maeva]

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Monstruos perfectos / "Los días de la peste" de Edmundo Paz Soldán

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Nunca completamente agotadas sus fantasías de exterminio, los países latinoamericanos pertenecen a ese tipo de naciones cuyos habitantes sólo son iguales frente a la enfermedad, la religión y el crimen. En Los Confines (un territorio fronterizo de un país innominado, y por ello mismo perfecta, terriblemente reconocible) esa religión es la del culto a Ma Estrella o La Innombrable, cuyo propósito es la venganza y cuyo atributo es un cuchillo entre los dientes; el culto a Ma Estrella es tolerado y a continuación prohibido; durante su prohibición estalla una epidemia en La Casona.

La Casona no reduce el número de hechos criminales, los multiplica; no pone coto a la violencia, la propaga; no corrige a los criminales, los perfecciona: en ese sentido, es una de esas típicas cárceles latinoamericanas que, por una parte, se constituyen (con una economía que es tanto monetaria como del deseo, que permite obtener drogas, alojamiento y protección pero no contiene la violencia desatada de carceleros y policías) en una versión miniaturizada de la sociedad que se extiende al otro lado de sus muros; por otra parte (y especialmente cuando la epidemia empieza a afectar a quienes no están presos), La Casona pone de manifiesto algo que resulta evidente para cualquiera que haya vivido alguna vez en un país latinoamericano: que (allí) los que no están presos también viven en la cárcel.

"¿Qué son los virus sino seres fantasmales, fantasmas puros que flotan en el mundo esperando poseer una célula humana para corporizarse y hacerse vida?", se pregunta uno de los personajes: cuando esos "monstruos perfectos" se apoderan de los cuerpos de los presos y la prohibición del culto religioso impide esperar una redención o una venganza, La Casona se ve sumida en una guerra sin bandos, exactamente igual que la sociedad a la que supuestamente protege. Edmundo Paz Soldán lo narra con su solvencia habitual en esta (su onceava) novela en una lengua que incorpora usos dialectales de decenas de países de América Latina y resulta extraordinariamente atractiva y plástica.

 
Edmundo Paz Soldán
Los días de la peste
Barcelona: Malpaso, 2017

[Publicado el 24/7/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Edmundo Paz Soldán, Novela, Malpaso]

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Oh, el proverbial "lector común"... / "El meteorólogo" de Olivier Rolin

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Vivimos en la mejor de las épocas, sostienen algunos; pero son las peores las que producen buenos libros. Una de las más terribles de la historia tuvo lugar (es sabido) bajo el régimen de terror que Iosif Stalin impuso en la Unión Soviética entre 1922 y 1953: veinte millones de personas murieron de hambre, fueron deportadas, fusiladas o condenadas a trabajos forzados durante ese período. Nada devuelve la vida a las víctimas, por supuesto; pero algo del dolor de la Historia se ve (al menos parcialmente) morigerado cuando se considera la extraordinaria literatura que esa época produjo, como El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov, la poesía de Anna Ajmátova y Ósip Mandelshtam, Vida y destino de Vasili Grossman, o los libros de Aleksandr Solzhenitsyn Archipiélago Gulag, Un día en la vida de Iván Denísovich y Pabellón del cáncer, escritos algo después pero producto del internamiento de su autor en un campo entre 1945 y 1953.

El meteorólogo de Olivier Rolin vuelve los ojos sobre ese período trágico de la historia europea, pero lo hace en una época distinta a la que alumbró las obras de Solzhenitsyn y los otros autores mencionados. Protagonista del libro es Alekséi Feodósievich Vangengheim, jefe del Servicio Meteorológico de la Unión Soviética y víctima de la represión posiblemente a raíz de envidias de sus colaboradores: en 1934 Vangengheim fue enviado a un campo de trabajo en el Mar Blanco, fusilado tres años después y (como muchos otros) rehabilitado tras la muerte de Stalin.

Olivier Rolin nació en Boulogne-Billancourt (Altos del Sena) en 1947. Publicó nueve libros de viajes, dos ensayos y catorce novelas, entre ellas Tigre de papel (2001), Meroé (2001) y La invención del mundo (2005), las tres traducidas al español. Rolin comparte con Patrick Deville, Emmanuel Carrère y otros escritores franceses contemporáneos un interés por la "no ficción" que, revestido a menudo de un compromiso moral con las víctimas de la Historia, responde en realidad a los condicionantes socioculturales (y económicos) que determinan en nuestros tiempos la preferencia por una literatura cada vez más alejada de la ficción, que el proverbial "lector común" ya no cree relevante. Al igual que Carrère y como Deville (y sus decenas de imitadores hispanohablantes) Rolin escribe para ese "lector común": se esfuerza en lograr cierta plasticidad en sus descripciones, escenifica la situación de enunciación ("Yo estoy escribiendo aquí [...]" etcétera), tiende a la generalización, no escatima juicios morales que lo presentan en el lado "correcto" de la Historia, es pedagógico (el lector no necesita tener ningún conocimiento previo acerca del gulag soviético para leer su último libro y es posible que después de hacerlo crea que ya sabe sobre el tema), su prosa es "clásica" en el sentido francés; el ritmo, adecuado.

Algo más de veinte años atrás, Rolin hacía suya una frase de Italo Calvino para acotar el terreno de lo que pretendía como escritor con La invención del mundo, cuya edición francesa es de 1993: "La literatura no puede vivir salvo si se le asignan objetivos desmesurados o incluso imposibles de alcanzar. Si queremos que [...] siga desempeñando su función, es necesario que los poetas y escritores se lancen a empresas que nadie podía imaginar". Dos décadas después, la promesa de una literatura arriesgada y de imaginación ha sido reemplazada por algo más acorde con las demandas de nuestra época, un tipo de reportaje de revista dominical de periódico que algunos puedan confundir con la literatura. El meteorólogo no carece de interés, por supuesto: la convivencia de personajes algo estrafalarios en el gulag está bien presentada, la conciencia del personaje (que nunca dejó de creer en el sistema soviético y en la posibilidad de que éste se diese cuenta del error que había cometido en su persona) es descrita correctamente y las ilustraciones que acompañan el volumen (extraídas de las cartas del protagonista a su hija) son conmovedoras; pero, de manera más general, el único mérito que posee este libro es el mismo que corresponde atribuirles a Carrère y a los otros escritores de "no ficción" en su línea: narran una historia, de principio a final, una cosa después de la otra, de tal forma que se entienda todo. No es mucho, si se lo piensa bien.


Olivier Rolin
El meteorólogo
Trad. Miguel Aguayo
Barcelona: Libros del Asteroide, 2017

[Publicado el 02/6/2017 a las 12:37]

[Etiquetas: Olivier Rolin, Novela, Libros del Asteroide]

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Una lección moral / "El enfermero de Lenin" de Valentín Roma

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Quizás el padre del narrador se ha vuelto loco: insulta a los médicos, ataca a las enfermeras, desatiende deliberadamente las instrucciones que le dan, rechaza el tratamiento, exige que se lo llame Vladímir Ilich Uliánov: cree (o dice creer) que "es" Lenin dirigiéndose a su Palacio de Invierno personal para tomarlo por asalto.
 
Valentín Roma (Ripollet, 1970) es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, director del Centro de la Imagen La Virreina y uno de los comisarios de arte jóvenes más importantes de Europa; en su segundo libro (el primero fue Rostros, en 2011) recurre a las convenciones del diarismo para convocar en torno a la enfermedad del padre un puñado de elementos narrativos (parece inapropiado llamarlos "historias" porque a menudo sólo son referencias o imágenes) que se tienen lugar o no durante los veintiún días que "Lenin" permanece en el hospital pero pueden iluminar (al menos potencialmente) ese período: una cita de Mark Strand, la búsqueda en Google del nombre "Volodia", un sueño con Alexander Kluge, el recuerdo de un congreso sobre la obra de María Zambrano, listas de "libros de tema hospitalario", un juicio a Dios de 1918, la visita a la casa de los abuelos poco antes de que ésta sea demolida, una versión heavy metal de "La Internacional" a cargo de la banda china Tang Dynasty, un texto de Pier Paolo Pasolini, una conversación de señas entre Diego Rivera y Varvara Stepánova sobre el futuro de la vanguardia, comunistas que confunden la revolución con el amor y el amor con el Estado, un juego de cartas, la historia de Sebastián "Chano" Rodríguez Veloso, una reflexión sobre las migrañas del Lenin histórico como dispositivo de producción textual, la historia del amigo del narrador que perdió ambos brazos al subir a un poste de electricidad por una apuesta.
 
Nada de esto apunta a la dispersión, sin embargo, y El enfermero de Lenin no es (afortunadamente) el tipo de libro que el especialista en arte suele endilgar al lector con cierta frecuencia. Al margen de su asunto de superficie, el tema de este libro es la búsqueda de una forma de afrontar las pérdidas: del padre o de la "idea del padre", de la juventud, del sentido de la Historia. Marshall Berman escribió que "venimos de las ruinas, pero no estamos en ruinas todavía", y el libro de Roma es una acumulación de escombros: de lo que pudimos haber sido, de las bravuconadas, de los trabajos que tuvimos y no conservamos, los amoríos, los suburbios que nos hicieron sagaces y desconfiados, nuestros temores infantiles, nuestras lecturas, nuestro rencor de clase, nuestras madres, de todas aquellas cosas que se nos ofrecieron gratuitamente y el precio que tuvimos que pagar por ellas.
 
Ante los derrumbes (del sujeto, del cuerpo, de la Historia) las actitudes difieren de tal manera que tal vez sólo la literatura pueda dar cuenta de todas ellas: si el catolicismo sólo ofrece algo de consuelo y un espectáculo de masas (las infaustas Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid tienen lugar en el período narrado y son sujeto de la narración también), sólo la ideología aparece como un elemento vertebrador de la experiencia. En la (aparente) locura del padre del narrador hay también una lección moral, la de que en el confinamiento, frente al derrumbe del cuerpo y el fracaso de lo que nos sostenía y daba sentido a nuestra experiencia (también a las pérdidas), se impone el regreso a la ideología, a ese puñado de certezas que (en el peor de los casos) sólo son acertadas porque las compartimos con otros; ante el fin del sentido de la Historia, la convicción de que hay que adoptar otras identidades, y de que hay un tren en la estación de Zúrich y que ese tren no ha partido todavía.
 
 
Valentín Roma
El enfermero de Lenin
Cáceres: Periférica, 2017

[Publicado el 18/5/2017 a las 17:12]

[Etiquetas: Valentín Roma, Novela, Periférica]

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Tragedia balcánica / "Yugoslavia, mi tierra" de Goran Vojnovic

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A padres e hijos los distancian a veces los malentendidos y casi siempre el dinero: a menudo (también), agravios sólo conocidos por las partes ofendidas. "Mi padre ocupaba en mi memoria el lugar de una figura lejana [...] cuya silueta se vislumbraba allí lejos, cerca del horizonte", afirma Vladan: tenía doce años cuando su madre le informó que había muerto. Vladan tiene un trabajo anodino en Liubliana y una novia de la que no sabe demasiado; también la suma de orfandades que resulta de la pérdida de la ciudad en la que creció y debió abandonar cuando comenzó la Guerra de los Balcanes, del padre, de esa madre que decidió empezar de nuevo sin él, de su abuelo materno y de su familia paterna, de su país. Un día descubre, sin embargo, que el padre vive, lo cual no es sencillo ni aceptable: el general Nedeljko Borojević se esconde del Tribunal Penal Internacional de La Haya, que lo acusa de ser el responsable de una matanza de civiles.
 
Goran Vojnović nació en Liubliana en junio de 1980 y es, por lo tanto, integrante de esa generación que tuvo (tuvimos) en la Guerra de los Balcanes nuestro Vietnam particular, con sus figuraciones del infierno en la Tierra y de la impotencia de la comunidad internacional. Yugoslavia, mi tierra (2012), su primera novela traducida al español (por Simona Škrabec, quien además es autora del excelente glosario final), adquiere la forma de una búsqueda del padre y de la identidad no solamente familiar: Vladan recorre ciudades principalmente bosnias (Brčko, Bijeljina) mientras avanza y retrocede en el tiempo para narrar el modo en que su vida se vio dramáticamente afectada por la ausencia del padre, ese padre que se decía hijo natural de "gitanos" y adoptivo de un serbio y de una húngara ("se inventó esa historia para dar algo de decoro a la triste realidad de que era un huérfano", conjetura el narrador) y perpetró crímenes en nombre de un país que, siendo el único capaz de dar cabida a todas las nacionalidades que podía reclamar como propias (el narrador enumera, "en mi clase había siete eslovenos, dos croatas, tres musulmanes, ocho serbios, un macedonio, un kosovar y una pareja de estúpidos que no querían confesar cómo se llamaban sus padres y escondían su origen para que los otros no se burlaran de ellos"), ya no existía mucho antes de comparecer en el campo de batalla.
 
A lo largo de su pesquisa Vladan tropieza con vecinas, antiguos camaradas de su padre, personajes públicos, mafiosos de mayor o menor importancia, funcionarios de aduanas; lo que encuentra en todos ellos (cuya locuacidad es sospechosa y apunta a una tendencia a la retórica sentimental y un carácter algo implausible de las acciones que son los principales defectos de esta novela) es una certeza incómoda: que "la memoria del dolor es incurable". El personaje atribuirá la causa de ese dolor a lo que llama el "infantilismo balcánico"; su padre, en cambio, hablará del "destino". Vojnović no consigue ofrecer una explicación narrativa más eficaz de la tragedia balcánica; a cambio, entrega una novela en la que "las víctimas se convierten en verdugos y los verdugos en víctimas": es posible que el lector crea (con razón) que ya la ha leído antes, en muchas otras ocasiones.
 
 
Goran Vojnović
Yugoslavia, mi tierra
Trad. Simona Škrabec
Barcelona: Libros del Asteroide, 2017
 
Publicado originalmente en Babelia/El País, 23 de marzo de 2017. 

[Publicado el 27/4/2017 a las 11:13]

[Etiquetas: Goran Vojnović, Novela, Libros del Asteroide]

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La vida no es bella / "El invisible" de Ge Fei

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Cui (nunca sabremos su nombre de pila) tiene cuarenta y ocho años de edad y malvive preparando sistemas de reproducción de música para audiófilos: su único amigo (de la infancia, ahora un empresario textil) le desprecia, sus clientes le tratan con condescendencia o sencillamente lo humillan, su mujer lo abandonó tras haberle sido infiel con varios hombres, su hermana pretende casarlo con una mujer enferma; finalmente, lo echa de su casa. Y sin embargo, hacia el final de su historia, Cui está seguro (y afirma) que "si uno puede aprender a cerrar de vez en cuando los ojos y olvidar la manía de quejarse de todo y de todos, de golpe uno puede descubrir que la vida en realidad es una cosa muy bella".
 
Nacido en 1964 en la provincia china de Jiangsu, Ge Fei (cuyo nombre real es Liu Yong) es uno de los escritores más conocidos de su país, donde se lo considera un autor experimental. El invisible no es una obra de ese tipo, sin embargo; su tema es la dificultad de llevar una vida decente en una sociedad en la que la irrupción del capitalismo ha dejado a millones de personas como su protagonista sin una certeza moral a la que aferrarse. Los fabricantes de sistemas de reproducción de música no son más de veinte en todo Pekín; "debe ser una de las profesiones más insignificantes en la China actual", dice Cui, y agrega: "Lo raro es que, aunque en el ambiente todos nos conocemos, no tenemos trato entre nosotros. Ni nos serruchamos el piso ni nos doramos la píldora, ni hacemos jamás comentarios desubicados sobre el oficio de los otros colegas [...]. La mayor parte de la sociedad ignora completamente nuestra existencia, lo cual no está nada mal. Nosotros, a su vez, ocultos en nuestro rincón oscuro, satisfechos con nuestra vida de hombres invisibles, tenemos razones más que suficientes para despreciar a esta sociedad".
 
No sabemos mucho acerca de China, lo cual hace dificultoso decir algo acerca de su literatura. (En 2015, la editorial argentina Adriana Hidalgo contribuyó a paliar ese déficit con una antología de narrativa china actual seleccionada y traducida, también, por Miguel Ángel Petrecca.) A pesar de ello, o más bien por esa razón, El invisible es, con su laconismo y sus soluciones argumentales inesperadas, una lectura fascinante: la invisibilidad de la que presume su protagonista y el hecho de que sus clientes le abran las puertas de sus casas para que les instale sus equipos de audio lo convierten en un valioso testigo de las visiones de ciertos sectores de la sociedad china acerca de su país y de los desafíos que presenta a esos sectores un capitalismo que en las últimas décadas ha sido en China especialmente voraz.
 
"Soy una persona a la que le gusta mantener su percepción de las cosas en la superficie", afirma Cui; en una sociedad en la que, como dictamina otro personaje, "no hay ni una sola persona que pueda llevar una vida decente", su preferencia por no profundizar en las cosas lo salva. "En un mundo sucio y mediocre, la suerte es la única religión"; al final Cui tiene un golpe de fortuna asociado con el que quizás sea un fantasma y quizás no, de allí su opinión acerca de la belleza de la vida. Pero la novela está lejos de darle la razón a su protagonista, y traza un pronóstico pesimista para China y para los que, inevitablemente, acabaremos siendo sus súbditos económicos.
 
 
Ge Fei
El invisible
Trad. Miguel Ángel Petrecca
Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2016
 
 
[Publicado originalmente en Babelia/El País, marzo de 2017.] 

[Publicado el 06/4/2017 a las 12:00]

[Etiquetas: Ge Fei, Novela, Adriana Hidalgo]

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Una espléndida narración fallida / "El hijo cambiado" de Joy Williams

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A Pearl (nunca conoceremos su apellido) le tira "más el vino que las rosas, como dicen algunos"; en no menor medida debido a ello, su vida es rara: vive en una isla frente a la Costa Este estadounidense, rodeada de niños sin padre que Thomas (uno de los pocos adultos de la zona) cría con una mezcla de misticismo y dejadez y de los que se desembarazada cuando se convierten en adolescentes. Thomas es el hermano de Walker, quien sorprendió a Pearl robando en unos grandes almacenes y se la llevó con él a la isla; Pearl escapó, pero Walker dio con ella y Sam, el bebé de ambos: cuando regresaban, el avión en el que volaban cayó a tierra, y al accidente sólo sobrevivió Pearl y (quizás) su niño. Ahora Sam tiene siete años y Pearl teme que se esté convirtiendo en un animal salvaje o en el inventor de una religión infantil que tiene su centro en las historias sobre Aaron y Emma (Adán y Eva, naturalmente), los primeros habitantes de la isla; Sam está bajo la influencia de "la anciana", pero a la anciana sólo la ve Pearl: al final, por supuesto, habrá sangre, durante una tormenta.
 
Una parte considerable de los estudios literarios de las últimas décadas tiene como objeto el discurso libre indirecto, esa modalidad de lo que habitualmente denominamos el "punto de vista" de la narración en la que el discurso del narrador y el del personaje "se funden" de manera que al lector le resulta imposible determinar si lo que lee se corresponde con la realidad objetiva de la situación narrada (que únicamente el narrador conoce en su totalidad) o si está leyendo lo que el personaje ve y piensa, su propia interpretación de esa realidad. No importa que el debate acerca de la naturaleza y el uso del procedimiento esté lejos de darse por concluido: el lector es perfectamente consciente cuando se encuentra frente a un discurso libre indirecto y sabe jugar el juego que le propone. Y sin embargo, no siempre las cosas salen como deberían. El hijo cambiado es un caso estándar de discurso libre indirecto, por ejemplo; su lector acepta rápidamente que la concatenación de acontecimientos implausibles y la percepción alterada del narrador son resultado de la superposición de su discurso con el del personaje. ¿Cómo pudo dar Walker con Pearl y Sam después de su huída a Florida? ¿Cómo sobrevivieron los dos últimos al accidente aéreo? ¿Por qué regresó Pearl? ¿Quién es "la anciana"? ¿Qué quiere Thomas? ¿Qué fuerzas impredecibles guían los comportamientos de niños y adultos en la isla? Sólo aceptando que se encuentra frente a un discurso indirecto libre puede el lector suspender su incredulidad a la espera de que un giro en la narración esclarezca por fin qué hechos son reales y cuáles no.
 
El hijo cambiado fue publicada originalmente en 1978 y vilipendiada por la crítica; antes de ello, Williams había producido un muy buen debut, Estado de gracia (1973): publicaría dos novelas más, incluyendo Los vivos y los muertos (2002), y algunos de los mejores libros de cuentos que se hayan publicado en Estados Unidos en las últimas décadas (a pesar de no ser la "autora más asombrosa y genial de la narrativa norteamericana actual" que la hipérbole editorial quiere hacernos creer). Su novela está repleta de los símiles y comparaciones inusitados que constituyen lo más destacado del estilo de su autora (en su primer encuentro con Thomas, éste le parece a Pearl "un sol oscuro y frío", por ejemplo), pero Williams no es infalible y en El hijo cambiado cae frecuentemente en la cursilería, lo que explica el rechazo de la crítica en el momento de su primera publicación (y su entusiasmo frente a su reedición en 2016): Pearl desea rodear a Walker con los brazos y "arrojarse abrazada a él por el borde de ese instante y sumergirse en la nada", sueña con un pene "bífido, como la lengua de una serpiente, de suerte que le permitiera ejecutar todos los actos del amor a un tiempo", bebe "con la esperanza de que la embriaguez diera paso a una claridad que le abriera las puertas al amor verdadero", etcétera.
 
El hijo cambiado podría ser una espléndida narración en torno a una joven librada a las fuerzas irreprimibles de la naturaleza y del inconsciente de no ser, precisamente, por la cursilería de pasajes como los anteriores, por el hecho de que el relato es demasiado extenso para su anécdota y porque su discurso libre indirecto es fallido. Al fin y al cabo, ¿cómo puede Pearl conocer la historia de Lincoln con Shelly, "ver" al primero masturbándose en la intimidad, saber de las vidas de Aaron y Emma?
 
 
Joy Williams
El hijo cambiado
Pról. Rick Moody
Trad. David Paradela
Barcelona: Alpha Decay, 2017

[Publicado el 30/3/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: Joy Williams, Novela, Alpha Decay]

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La repetición / "Mac y su contratiempo" de Enrique Vila-Matas

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"Repetición con distancia crítica": la muy conocida expresión con la que Linda Hutcheon definió a la parodia parece (pese a no aparecer con asiduidad en las críticas que ha recibido hasta el momento) la mejor forma de definir Mac y su contratiempo, el nuevo libro de Enrique Vila-Matas. Por una parte, porque la repetición es tematizada una y otra vez por su narrador y protagonista, un pequeño constructor cuya quiebra permite, por fin, acariciar el sueño postergado de "convertirse en escritor"; por otra parte, porque la novela es la reescritura de un libro anterior de su autor, Una casa para siempre (1988); para finalizar, porque la obra revisita algunos de los temas más recurrentes en la obra de Vila-Matas (la atribución falsa; la falsificación; la negación de la escritura como forma de escritura; la imposibilidad de saber de antemano qué se escribirá, y de qué manera; el conflicto entre realidad e impostura).
 
A la repetición de la serie temática le sigue, ineludiblemente, la de las figuras tutelares de su autor (M. Duras, S. Beckett, P. Valéry, M. Fernández, W. Benjamin, S. Kierkegaard, B. Malamud, D. Barnes, M. Schwob, F. Pessoa, W. Gombrowicz, G. Perec), que éste atribuye a Mac repitiendo anécdotas y citas ya empleadas en sus libros; y sin embargo, la repetición (que pareciese así la mera continuidad de un proyecto literario y unos gustos personales) pone de manifiesto la distancia crítica de la que hablaba Hutcheon allí donde Mac es un personaje risible: por un lado, porque sus citas son las del pequeño empresario barcelonés deseoso de fingir unas lecturas más amplias (y sofisticadas) que las que tiene, como si Mac no supiera (y no sabe: su eficacia como personaje radica precisamente en el hecho de que el lector nunca olvida su condición de constructor fracasado) qué hacer con esas citas, excepto formularlas; por otro, porque sus gustos en materia de literatura contemporánea son pueriles, simple concesión a los nombres más valorados en suplementos culturales y concejalías de cultura.
 
A diferencia de la mayor parte de los principiantes, Mac sabe que lo es (en uno de los pasajes más logrados del libro, habla de "la alegría del que se sabe inédito y está celebrando el arranque de un diario de aprendizaje"); como todos ellos, tiene una relación enfermiza con ciertos textos (en su caso, con unos horóscopos de periódico que atribuye a cierta mujer que conoció en el pasado y cree que sólo están dirigidos a él). La nueva novela de Enrique Vila-Matas resulta fascinante allí donde su autor demuestra su muy conocido talento para la paradoja ("escribir es dejar de ser escritor"; "quizás en lo del reloj no haya repetición, me digo, sino una misma hora cayendo a todas horas"; "Soteras me preguntó si había oído hablar de los que veían una película dos veces, pero la segunda no la entendían"; "sólo importa la obra, pero finalmente la obra no está ahí más que para conducir a la búsqueda de la obra"), pero también donde se niega a sí misma. Al final hay aventura y algo parecido a un conocimiento adquirido; al final, también, se pone de manifiesto que este libro sobre la repetición (su personaje lo hace con "Walter y su contratiempo", el libro de cuentos de un vecino escritor al que admira) es una negación de la posibilidad de repetir, previa y afortunadamente formulada por cierto poeta simbolista llamado Pierre Menard, del que sabemos muy poco y, al mismo tiempo, lo sabemos todo ya, y 'repetida' por Enrique Vila-Matas en este libro.
 
 
Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Barcelona: Seix Barral, 2017

[Publicado el 22/3/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Enrique Vila-Matas, Novela, Seix Barral]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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