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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 23 de mayo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Sobre "Psicofármacos que matan y denegación organizada" de Peter Gøtzsche

imagen descriptiva

Peter Gøtzsche (Næstved, 1949) es un médico y catedrático danés especializado en el diseño metodológico de ensayos clínicos quien, pese a haber publicado más de setenta ensayos en revistas especializadas, es conocido principalmente por dos libros en los que arremetió contra la mamografía como método preferente de diagnóstico del cáncer de mama y las complicidades de médicos y autoridades sanitarias con la industria farmacéutica. (Libros del Lince publicó este último en 2014; véase Medicamentos que matan y crimen organizado). No es improbable que su nuevo libro provoque una polémica similar a la que acompañó a los anteriores; su tesis principal es que vivimos un período en el que el aumento de la prescripción de neurolépticos no está necesariamente motivado por un incremento de las enfermedades mentales, sino por la connivencia de los profesionales psiquiátricos con una industria farmacéutica que produce y comercializa medicamentos avalados por ensayos clínicos parciales, mal concebidos y/o tendenciosos.
 
Gøtzsche es (véase arriba) experto en el diseño de esos ensayos, y su demostración caso tras caso tras caso de que los de la industria farmacéutica son fallidos es elocuente y ratifica por completo su tesis; sin embargo, sus conclusiones en torno a la eficacia y a la utilidad de los neurolépticos no pueden ser consideradas sin tener en cuenta las numerosas contradicciones que ponen de manifiesto, y que pueden resumirse de la siguiente forma:
 
1. Aunque el autor denuncia (acertadamente) el diseño y la realización de los ensayos clínicos con psicofármacos, se apoya en las conclusiones de dichos ensayos cuando estos ratifican sus ideas;
 
2. Su rechazo total y absoluto a los diagnósticos de los psiquiatras se fundamenta en casos grotescos y lamentables que constituyen la excepción y no la regla de la práctica médica, y, aunque tiene una base real (efectivamente no hay herramientas razonables de diagnóstico; efectivamente, ese diagnóstico es estigmatizante; efectivamente, a menudo el consumo de un neuroléptico conduce al consumo de otros que palian los efectos secundarios que el primero ha provocado), el hecho es que a menudo es el propio paciente el que exige un diagnóstico a su médico, y lo hace con la convicción de que éste, y el tratamiento consiguiente, facilitarán su recuperación;
 
3. Atribuir a la medicación el suicidio de los pacientes tratados con antidepresivos (como hace Gøtzsche) soslaya el hecho de que, en las condiciones en que el sujeto se encuentra, es imposible determinar si sus acciones son resultado de su enfermedad o del tratamiento contra esa enfermedad (cosa que el autor admite cuando acusa a la psiquiatría de "malinterpretar los daños producidos por los fármacos al confundirlos con síntomas de la enfermedad", 328);
 
4. Su convicción de que los neurolépticos provocan daño cerebral parece tan infundada como la afirmación contraria, según la cual la depresión, el así llamado "déficit de atención" y la esquizofrenia lo provocarían;
 
5. Su convicción de que "no está claro que los antidepresivos sean efectivos para la depresión" (21) contradice la experiencia de miles de personas que se han sometido a un tratamiento con ellos (dicho lo cual, esto no significa que los medicamentos sean eficaces en virtud de las sustancias que contienen; la experiencia de muchos pacientes psiquiátricos pone de manifiesto que lo que realmente cura es la prescripción de un medicamento específico por parte de una figura de autoridad);
 
6. Sostener que "todos" los consumidores de antidepresivos suben de peso, tienen problemas de movilidad, desarrollan apatía, se marean y pierden deseo sexual es asumir que "todos" ellos reciben dosis altas de los medicamentos prescriptos, lo cual no es cierto;
 
7. Su afirmación de que "muy pocas personas están seriamente deprimidas" (23) en nuestra sociedad y que "hoy somos más privilegiados que nunca, nuestras vidas son menos estresantes, la seguridad social ha mejorado mucho y hay menos personas pobres" (58) puede ser válida en el entorno de los profesionales liberales europeos de clase media alta de un país como Dinamarca, pero soslaya la alta incidencia de la depresión en sociedades quebradas económica y moralmente como la española y la importancia práctica de la enfermedad para millones de personas en situaciones de precariedad material y simbólica (de allí la enorme cantidad de "bajas por depresión" en nuestros días, que no ponen de manifiesto una recurrencia epidemiológica sino el hecho de que la forma en que el trabajo es realizado en la sociedad occidental en este momento es frenopático, enferma y condena a la enfermedad, y, a largo plazo, mata);
 
8. Afirmar que "la psiquiatría no es más que una pseudociencia" y que la teoría del desequilibrio químico es un "falso mito" que "debería acabar en los tribunales pues no es más que un fraude al consumidor" (285) es negarse a considerar las cosas desde otro punto de vista, que es precisamente lo que el autor más critica a los psiquiatras.
 
A pesar de todo lo cual, Gøtzsche tiene razón: es cierto que lo que denomina "el sobrediagnóstico y la sobremedicación" son un fenómeno evidente y requieren un correctivo (debido en buena medida a que no hay herramientas razonables de diagnóstico, a que ese diagnóstico resulta estigmatizante y a que a menudo es formulado por médicos que no se han tomado el tiempo de escuchar a sus pacientes); también es cierto que muchos médicos (no todos, por supuesto; pero esta es una salvedad que el autor no se molesta en hacer) están "comprados" por la industria farmacéutica o tienen una actitud ingenua frente a ella; es cierto, también, que los antidepresivos tienen unos efectos secundarios realmente terribles y son adictivos en mayor grado (agrego) que las drogas ilegales que el Estado persigue en nombre del bienestar general; es cierto que el trastorno por déficit de atención con hiperactividad que está siendo diagnosticado a tantos niños en la actualidad es más el producto de nuestro desinterés y/o de nuestro fracaso a la hora de lidiar con niños y adolescentes con capacidades intelectuales por encima de la media que un auténtico problema de salud mental; es cierto que los médicos psiquiatras deberían explicarle mejor a sus pacientes los riesgos en que incurren cuando inician un tratamiento con psicofármacos (también es cierto, en mi opinión, que, si esos pacientes no son impostores, y se encuentran realmente enfermos, estos aceptarán lo que sea con tal de poner fin a su dolor), y es cierto que la psicoterapia es eficaz en el tratamiento de la depresión y debería ser prescripta más a menudo que los psicofármacos; también es cierto, por último, que nuestro sistema de salud está mal diseñado y provoca daños en ocasiones irreversibles.
 
Sin embargo, y pese a todo esto, la lectura de Psicofármacos que matan y denegación organizada deja una sensación ambigua, la de que su autor incurre muchas veces en las interpretaciones sesgadas y las medias verdades que conforman una parte considerable del bagaje psiquiátrico, y que lo hace con una alarmante inclinación por el amarillismo y la teoría conspirativa; también que el libro adolece de lo mismo que critica: un exceso de dogmatismo y una notable falta de empatía hacia las personas que padecen una enfermedad mental. (Recomendarles a éstas que si padecen "algún tipo de trastorno mental" eviten "a toda costa" ir al psiquiatra es de una irresponsabilidad notable, por ejemplo; también lo es recomendarles que, antes de comprar un psicofármaco, busquen información sobre él en internet, donde los bulos están a la orden del día, 402.)
 
Al final, también Gøtzsche ignora "las opiniones y las preferencias de los pacientes" (329), a los que les niega un "saber de sí" que a menudo es lo único que estos tienen: soslaya o prefiere soslayar que, aunque su diagnóstico sea falso y los psicofármacos con que se lo trata no sean los adecuados, el dolor mental es real y no es el producto de los medicamentos, como sabe cualquiera que haya padecido ese dolor en algún momento de su vida. Por ello, Psicofármacos que matan y denegación organizada es una contribución necesaria a una discusión mayormente pendiente, pero de ninguna forma la última palabra acerca del tema.
 
 
Peter C. Gøtszche
Psicofármacos que matan y denegación organizada
Trad. Pau Gros Calsina
Barcelona: Libros del Lince, 2016

[Publicado el 18/4/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: Peter C. Gøtszche, Ensayo, Libros del Lince]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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