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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 23 de octubre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Trazar un mapa es pensar / "El cartógrafo" de Juan Mayorga

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No parece posible cartografiar la ausencia, aquello que (habiendo estado allí) ya no está; y sin embargo, esto es precisamente lo que se propone una mujer que recorre las calles de Varsovia: su mapa no va a ser completado jamás, por su naturaleza y porque las ausencias del pasado que cartografía (e incluyen un misterio: el de una niña que dibujó el gueto y podría ser o no una anciana que se enfrentó al régimen soviético años después, y pagó por ello) se acumulan, no dejan de aparecer nunca.
 
Juan Mayorga nació en Madrid en 1965 y es uno de los mejores dramaturgos europeos contemporáneos; también es uno de los pocos que ha merecido, a una edad relativamente temprana, la publicación de su teatro completo hasta la fecha, así como de sus ensayos reunidos. (Por otra parte, su trabajo es una manifestación palmaria de que en toda obra de relevancia la distinción entre ficción y no ficción, entre creación y ensayo, es meramente consuetudinaria.) Aunque el tema de El cartógrafo es la reclusión y el asesinato de los judíos de Varsovia (con lo que Mayorga vuelve sobre su interés por los hechos trágicos del siglo XX europeo), de lo que se habla aquí, en realidad, es de la representación como apropiación de la experiencia y de los lugares en los que ha tenido lugar. "Hasta que los dibujamos, los lugares dan miedo. Cuando los hemos dibujado, y el camino que lleva hasta él, sólo entonces nos sentimos dueños del lugar", dice uno de los personajes (25). La obra de Juan Mayorga responde a la pregunta principal del arte del último siglo, la de qué hacer con el dolor de la Historia, que el dramaturgo español responde ‘benjaminianamente': cartografiar es pensar, trazar un mapa de la tragedia histórica es aceptar que esa tragedia nos pertenece, dibujar un mapa es habitar un mapa, en procura de dar en él con esos pliegues en los que confluyen la conciencia de la Historia y la promesa de que algún día podamos otorgarle un sentido.
 
 
Juan Mayorga
El cartógrafo
Epíl. Alberto Sucasas
Segovia: La Uña Rota, 2017

[Publicado el 11/4/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Juan Mayorga, Dramaturgia, La Uña Rota]

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Traidores / "Misión del ágrafo" de Antonio Valdecantos

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[...]
 
Antonio Valdecantos, que nació en Madrid en 1964 y es profesor de filosofía en la Universidad Carlos III de esa ciudad desde 1996, responde a estas preguntas con una afirmación única, la de que no es la agrafía lo excepcional, sino su traición a expensas de la palabra escrita. Al hilo de su hipótesis, el autor sigue los avatares de la figura del escritor que no escribe, que escribe en el aire con sus palabras [...]; observa sus sospechas en la presencia de otros ágrafos, describe la digresión que es propia de su estilo, señala como tarea del lector "detectar lugares en que la agrafía podría haber estallado y referir el proceso que pudo llevar al abandono total de la escritura" (44), culpa del fenómeno a una reflexión excesiva acerca de lo leído por el ágrafo y de lo que podría decir que no haya sido dicho ya pero éste no dirá nunca. El ágrafo sabe que "aun en el caso milagroso de que la prosa (o el verso) le llegaran a surgir con fluidez, lo resultante se precipitaría por el sumidero del mercado, donde, en el mejor de los casos, habría de competir con material libresco verdaderamente repugnante" (55), afirma Valdecantos.
 
[...]
 
Acerca de ella y de la no escritura, Antonio Valdecantos ha escrito, paradójicamente, uno de los libros del año, una obra cuyo centro no es sólo lo no dicho, sino también (y sobre todo) lo que todo eso no dicho tiene todavía para decir a sus imposibles lectores.
 
 
Antonio Valdecantos
Misión del ágrafo
Segovia: La Uña Rota, 2016

[Publicado el 12/5/2016 a las 13:00]

[Etiquetas: Antonio Valdecantos, Ensayo, La Uña Rota]

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Literatura y cierta idea de proletariado / "Mierda bonita" de Pablo Gisbert / Cita

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La claridad de El Roto / Crédito, de su autor.

Dos amigas están hablando y una de ellas le dice a la otra: Desde hace un tiempo veo a grandes escritores, políticos de todas las corrientes, poetas, músicos, cineastas importantes y prestigiosos intelectuales ensalzando la idea de pueblo, la idea de proletariado. Que sepas que todos esos, todos esos que lo veneran, lo adoran y constantemente lo aplauden, no han vivido nunca entre el pueblo, no han vivido nunca entre el proletariado. Se han pasado la vida poetizando sobre él, cantándolo, teorizándolo, especulándolo, divinizándolo, pero sin él. Porque estos artistas, políticos e intelectuales no han visto realmente lo asqueroso del pueblo, lo bajo de sus emociones, la tristeza del proletariado, lo perverso de sus vidas. Porque los que poetizan, politizan e intelectualizan el pueblo no han comido nunca en sus mesas, no han dormido nunca en sus camas, no han caminado por donde ellos caminan, no han cagado en sus lavabos, no han cocinado en sus cocinas y, sobre todo, nunca han hablado con ellos. Porque si hubieran hecho alguna de esas cosas, sabrían que el pueblo, por sobornable y corrupto, se merece todo el dolor que pueda soportar. Los que venimos del pueblo, los que hemos sido criados y educados por ellos, por el proletariado, los que hemos dormido en literas, vivido en casas pequeñas y usado ropa de otros, sabemos que ahí no hay nada poético ni artístico ni entrañable ni sano ni bueno. Hay una proyección nostálgica y sentimental, una emoción blandengue que hace agua por todas partes y que no deja pensar. La idea de pueblo es triste y, sobre todo, está muy manoseada. Todo el mundo habla y la manipula, como estoy haciendo yo ahora mismo. El proletariado es lo peor que le ha pasado a la Historia. El proletariado llena las playas, los ejércitos, los centros comerciales, los puticlubs, las iglesias y las fábricas. ¿Qué puede salir de todo esto? Y después oyes cómo hablan, ves cómo se ríen, cómo se emborrachan, cómo expresan cariño, y se entiende todo. Y he decidido alejarme de ellos porque no me hace ningún bien pensar qué pasará cuando vuelvan, otra vez, a lo que fueron en un principio, y pasen de ser ciudadanos a ser, otra vez, esclavos. Y me da pena.
 
 
En:
Pablo Gisbert
Mierda bonita
Segovia: La Uña Rota, 2016
Pp. 107-108

[Publicado el 05/5/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Pablo Gisbert, Dramaturgia, La Uña Rota, Citas]

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El 'Estado de la Nación' española / "Mierda bonita" de Pablo Gisbert

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Una de las contradicciones más llamativas de la literatura española contemporánea (al menos vista desde aquí, desde la extranjería en su interior) es que la pretensión de sus autores de romper con determinadas instituciones políticas y culturales surgidas de lo que es denominado consuetudinariamente "La Transición" es vehiculizada por esas mismas instituciones y llevada a cabo sin poner en cuestión los valores y los hábitos que las determinan en mayor medida; en ese sentido, y con la posible excepción de Rafael Chirbes (quien escribió deliberadamente desde los márgenes, no sólo los geográficos), la mayor parte de los autores que cuestionan los vínculos entre lo político y lo literario tal como éstos han sido comprendidos en España en las últimas décadas lo hacen desde los periódicos y las editoriales mayoritarios que fijaron esa comprensión y se beneficiaron de ella, desde una posición de superioridad moral de la literatura que no presenta ninguna variación en los últimos ochenta o noventa años, sin cuestionar la autoridad y la propiedad de los textos, abundando en la posición del autor pontífice que sube periódicamente a un púlpito por completo imaginario para arrojar migajas de verdad y sabiduría a una masa anónima y supuestamente hambrienta de ellas, con la pretensión de hacer a unos vínculos que (desde el punto de vista materialista-histórico desde el cual, inevitablemente, un lector como el que escribe esto piensa esos vínculos) no descansan en visiones morales sino en las condiciones económicas que los producen: como si los autores que cuestionan la Transición española hubiesen aprendido de y perseverasen en la naturaleza de ese proceso tan particular, que fue el tránsito de lo mismo a lo mismo.
 
 
2
 
Naturalmente, esto no tiene ninguna importancia. (Es decir, tiene una importancia relativa en España y carece por completo fuera de ella, donde la mayor parte de los lectores ni siquiera puede decir en qué siglo transcurrió la celebérrima Transición.) Pero viene a la mente cuando, de forma inesperada, el lector tropieza con un texto que sí pone en cuestión los valores y las instituciones políticas y culturales de dicho proceso y lo hace sin atribuirse ninguna superioridad moral, como sucede en la obra de Pablo Gisbert.
 
[...] 

Pablo Gisbert (Ontinyent, 1982) resuelve esta disyuntiva mediante la alternancia de los narradores y la acumulación; poco importa que esos narradores hablen todos de la misma manera, de una forma que desafía la verosimilitud: en ello parece haber un cuestionamiento de las convenciones del realismo teatral que casa bien con la acumulación deliberada de anécdotas y personajes en las piezas: un joven que viaja a Berlín para ser penetrado por hombres anónimos, uno cuya madre muere mientras él está en una discoteca, una perra que asiste al ridículo de su dueño, un espectador teatral inusualmente honesto que dialoga con un dramaturgo tras una representación teatral, un joven inmovilizado en un hospital, dos amigas que recorren ARCO, Spencer Tunick haciendo fotos en el "Denkmal für die ermordeten Juden Europas" de Berlín, una madre obsesionada con el porno, Michel Houellebecq con una prostituta marroquí, desempleados griegos, Paul B. Preciado asistiendo a un espectáculo erótico, ancianos noruegos pasando sus vacaciones en Lanzarote, Blixa Bargeld pensando en la realidad en una cafetería de Florencia, dos amigas que conversan con heavys en una playa, una travestí brasileña que entabla una relación muy particular con el matrimonio barcelonés que la contrata, una chica que sólo se acuesta con jóvenes negros del barrio madrileño de Lavapiés, uno obsesionado con introducirse objetos por el ano, etcétera.
 
[...]
 
En ese sentido, ninguno de los personajes de estas piezas se encuentra en situación de producir sentido de las situaciones que vive, ni uno solo de ellos logra comprender lo que le sucede ni transformarlo porque están cansados y tienen miedo ("en el momento en que existe una persona que vende su vida a 5,50 la hora, / existirán los locos. / Que sepas que esa persona, / esa gente, / se está volviendo loca. / Está completamente destrozada. / Y, por supuesto, / ten miedo / porque pueden hacerte cualquier cosa", 103); si en ello hay una tragedia nacional, también hay una demostración del magnífico funcionamiento de unas instituciones que muy pocos autores españoles contemporáneos cuestionan de forma eficaz. Es lo que hace Pablo Gisbert, cuya obra se suma a la de otros tres dramaturgos notables publicados por La Uña Rota: Angélica Liddell, Juan Mayorga y Rodrigo García.
 
 
Pablo Gisbert
Mierda bonita
Segovia: La Uña Rota, 2016

[Publicado el 03/5/2016 a las 13:30]

[Etiquetas: Pablo Gisbert, Dramaturgia, La Uña Rota]

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Carta de amor a una ciudad / "Cuando Kafka hacía furor (Memorias del Greenwich Village)" de Anatole Broyard

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Lo que narró en Cuando Kafka hacía furor es, en cambio, su introducción en los círculos intelectuales del Greenwich Village neoyorquino después de su regreso de la Segunda Guerra Mundial, su relación amorosa con la pintora Sheri Martinelli ("Donatti" en el libro), sus esfuerzos por convertirse en librero, su aprendizaje del sexo, la literatura, la soledad y la traición y sus encuentros con sus contemporáneos. Que Broyard sólo podía ser eclipsado por estos resulta evidente cuando se enumera los que conoció personalmente en 1946: W.H. Auden ("parecía un hombre que huyese de un edificio en llamas"), Erich Fromm ("era bajito y rechoncho; tenía la cara ancha, y a mí me recordaba a una gallina empollando sus huevos"), Anaïs Nin ("se pintaba los labios con suma precisión y llevaba las cejas depiladas y dibujadas, con lo que daba la impresión de haber escrito su propio rostro"), el historiador del arte Meyer Schapiro, Delmore Schwartz, Dylan Thomas ("ya no era el querubín guapo, [...] sino un hombre hinchado por el alcohol y quizá por la pena, o por la poesía. Parecía como un juguete inflable al que hubiesen inflado más de la cuenta").
 
Broyard tenía un talento extraordinario para las descripciones. En Cuando Kafka hacía furor estas brillan, como resultado de la gran capacidad de introspección del autor. Al final de la lectura, sin embargo, tan sólo queda en el lector la emoción con la que habla de los libros ("nuestro clima, nuestro entorno, nuestra ropa"), su evocación del sexo en 1947 como incomodidad y misterio y la sensación de que ha leído una carta de amor a una ciudad y a un tiempo ("era como París en los años veinte, con la diferencia de que estábamos en nuestra ciudad [...] y compartíamos la aventura de intentar ser escritores o pintores, de empezar a serlo") que no son los nuestros. Quizás el problema (además de lo sorprendentemente descuidada de esta edición) sea que no hay nada menos interesante que una carta de amor que no hemos escrito y de la que no somos los destinatarios.
 
 
Anatole Broyard
Cuando Kafka hacía furor (Memorias del Greenwich Village)
Trad. Catalina Martínez Muñoz
Segovia: La Uña Rota, 2015
 
[En Babelia/El País. Madrid, 24 de agosto de 2015.]

[Publicado el 25/9/2015 a las 12:00]

[Etiquetas: Anatole Broyard, Testimonio, La Uña Rota]

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Leer con los ojos cerrados / "Un mundo propio. Diario de sueños" de Graham Greene

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Puesto que murió en 1991, la pregunta de si Greene soñó o no en sus dos últimos años de vida (y, en caso afirmativo, por qué no puso también esos sueños posteriores por escrito) es inevitable; también la constatación de que, si bien el autor afirma aquí que no solía tener pesadillas, el libro está lleno de ellas, que lo muestran en momentos de peligro en escenarios bélicos o protagonizando incómodas situaciones. Aquí hay sueños en los que Greene sorprende al Papa durmiendo, dialoga con Robert Graves, Jean Cocteau, T.S. Eliot, D.H. Lawrence o Jean Paul Sartre (quien le comenta: "Habla usted francés muy bien, pero [...] no entiendo una palabra de lo que dice", 35), encaja con deportividad una pulla de Nikita Jrushchov, es nombrado arzobispo de Westminster, descubre a un antecesor de Jesús llamado absurdamente "Mouskie", mantiene una conversación con un perro en horas bajas, cambia su opinión sobre el actor Peter Ustinov cuando éste le sirve el desayuno en la cama, orina gambas y cigalas, viaja en tren a un pueblo llamado "Horden" donde habita la felicidad.
 
[...]
 
A sabiendas de esto (y en oposición a buena parte de los libros de relatos oníricos que existen), Greene narra sus sueños como anécdotas diurnas, de tal modo que el lector puede leer, para su asombro, frases como la que sigue: "El 28 de abril de 1988 me vi embarcado en un desagradabilísimo viaje por río a Bogotá en compañía de Henry James". En ella, la vivencia onírica está vinculada con la fecha "real" en que se produjo el sueño, lo que otorga a este y a los otros pequeños relatos oníricos del libro un carácter desconcertante y no exento de ironía. Naturalmente, el autor de Retrato de una dama murió en 1916; y posiblemente hubiese preferido no ser narrado, ya que, como escribió en una ocasión, contar un sueño es equivalente a perder un lector. Un mundo propio pone de manifiesto, sin embargo, que no siempre es así, y que la vida nocturna de una persona puede ser de interés en la vida diurna de otra, en particular si quien está despierto es un buen lector y, quien duerme, un autor de la importancia y del talento de Greene. A Un mundo propio se lo lee con los ojos cerrados por la sorpresa.
 
 
Graham Greene
Un mundo propio. Diario de sueños
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino
Segovia: La Uña Rota, 2014
 
[En Babelia, suplemento de cultura del diario El País. Madrid, 3 de enero de 2015.]

[Publicado el 19/2/2015 a las 17:30]

[Etiquetas: Graham Greene, Miscelánea, La Uña Rota]

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El fantasma / “Diario de 1926” de Robert Walser

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A ese último período se remonta este Diario de 1926, que no es precisamente un diario, que tal vez no fue escrito en 1926 y que carece de tema. Vale decir: en este libro se habla de una cierta Erna, de la viuda que alguna vez le alquiló una habitación en su casa a Walser, de un compañero de colegio del escritor, de una visita que éste hizo al fisco, etcétera, pero el verdadero tema de este Diario de 1926 (si tiene alguno) es la imposibilidad de una literatura sin autor. A lo largo del libro, Walser se pregunta qué se dirá de él, si se lo considerará "frívolo o superficial" (8), se detiene ante "una duda nada desdeñable" (13) y dice encontrarse "en un mar de dudas" (22), no se "atreve" (14), habla de "obstáculos" (20), se detiene a evaluar lo que ha escrito, se pregunta "cómo decirlo" (11), considera posible fracasar en su objetivo y eso lo hace "temblar de desprecio" hacia sí mismo (20), sostiene que su obra está llena de "falsedades" (34), le atribuye "chapucería o elaboración romántica" excesiva (67), vuelve "a empezar" (46), se pregunta si debe "seguir adelante" (56), se echa en cara su "inseguridad" e "irresolución" (70), renuncia a la intención y al esfuerzo (75).
 
[...]
 
 
Robert Walser
Diario de 1926
Trad. Juan de Sola
Segovia: La Uña Rota, 2013

[Publicado el 09/7/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Robert Walser, Miscelánea, La Uña Rota]

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La enfermedad como texto literario / "Ebrio de enfermedad" de Anatole Broyard

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"Cuando salí del hospital, el primer impulso que tuve consistió en escribir sobre mi enfermedad" (33) afirmó Anatole Broyard. Al extraordinario crítico literario norteamericano se le había detectado en agosto de 1989 un cáncer de próstata y él (que consideraba que sólo hay "un puñado de libros de veras grandes sobre este asunto: La muerte de Ivan Ilich, de [Lev] Tolstoi; La montaña mágica, de Thomas Mann; casi todo [Franz] Kafka; Bajo el volcán, de Malcolm Lowry", 33) decidió que debía dejar testimonio a pesar de la imposibilidad de alcanzar esas cumbres: "Morir es dejar de ser humanos, deshumanizarse" escribió, "y a mi entender el lenguaje, el habla, los relatos o narraciones son las formas más eficaces de mantener viva nuestra condición humana. Guardar silencio es, de forma literal, cerrar la tienda de la propia humanidad" (43).

[...]
 
Broyard lo estuvo, pero su mejor aporte acerca del tema se remonta a algunos años antes de su diagnóstico, cuando escribió el puñado de ensayos breves que aparecen aquí bajo el título de "La literatura de la muerte": esos ensayos demuestran lo extraordinario crítico que fue, su elegancia y su inteligencia, así como el tamaño de la pérdida ocasionada por su muerte y sólo parcialmente reparada con estos textos.
 
 
Anatole Broyard
Ebrio de enfermedad
Trad. Miguel Martínez-Lage
Ed. Alexandra Broyard
Pról. Oliver Sacks
Segovia: La Uña Rota, 2013

[Publicado el 24/5/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Anatole Broyard, Ensayo, La Uña Rota]

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Nueva biografía de Samuel Beckett / La imposibilidad de decir

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Al levantar el teléfono y escuchar atentamente unos instantes, Suzanne Deschevaux-Dumesnil, la pareja de Samuel Beckett, se volvió hacia él y exclamó: "Quelle catastrophe!" Era el 23 de octubre de 1969 y acababan de comunicarle que Beckett había obtenido el Premio Nobel de Literatura, pésimas noticias (naturalmente) para quien había hecho del fracaso uno de los argumentos centrales de su obra. Ese mismo día, el escritor irlandés recibió un telegrama de Jérôme Lindon, su editor en Francia: "A pesar de todo, te han otorgado el Premio Nobel. Mi consejo es que te escondas". No tenía que decírselo dos veces: Beckett había estado escondiéndose prácticamente toda su vida.
 
 
1
 
Samuel Beckett nació el 13 de mayo de 1906 (él decía que el 13 de abril, Viernes Santo y, por consiguiente, día de crucifixión), pero decía tener recuerdos anteriores, de la vida uterina:

[...]
 
"Escribir es imposible, aunque aún no es imposible en medida suficiente" le escribió por entonces a un amigo. Beckett ya no volvería a escribir otra novela, pero aún produciría algunas piezas teatrales más (Fin de partida, tras superar un bloqueo creativo de cuatro años de duración; Los que caen, que inició una interesante colaboración entre Beckett y la BBC; Rescoldos; Días felices; Pasos; Comedia; Film, el extraordinario corto que dirigió Alan Schneider y protagonizó un Buster Keaton que, al leer el guión, dijo que no era muy divertido pero que se podía arreglar con algunos gags de su cosecha, que Beckett no le dejó incluir; Yo no; Rumbo a peor; La última cinta de Krapp; el libreto de la ópera de Morton Feldman neither), explorando a su vez la dirección teatral al encargarse de asesorar y, en ocasiones, de montar él mismo las obras.
 
Quienes trabajaron bajo las órdenes de Beckett recuerdan sobre todo su insistencia en que los actores debían prescindir de todo énfasis (es decir, en que no debían actuar) y en que debían acogerse a un férreo patrón rítmico dictado por él (el escritor siempre había estado interesado en la música y había sido un pianista más que destacable).
 
[...]
 
 
Anthony Cronin
Samuel Beckett, el último modernista
Trad. Miguel Martínez-Lage
Segovia: La Uña Rota, 2012
 
[Publicado en El Cultural de El País de Montevideo, 30 de noviembre de 2012.]

[Publicado el 05/12/2012 a las 12:15]

[Etiquetas: Anthony Cronin, Samuel Beckett, La Uña Rota, Biografía]

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Retrato del artista como joven imbécil / "Samuel Beckett, el último modernista" de Anthony Cronin

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[...]
 
No son pegas menores, y bastarían para no recomendar su lectura (si es que estos apuntes tuvieran la voluntad de recomendar algo, lo que no es el caso); sin embargo (y a pesar de una primera mitad del libro en la que, sencillamente, Beckett se comporta como un imbécil sin que ni siquiera la enorme indulgencia del biógrafo consiga disculparlo del todo), esta biografía de Cronin acaba venciendo las resistencias del lector por el mero hecho de que la trayectoria vital de su biografiado es absolutamente única: la voluntad de vivir con rectitud una vida que no tiende a beneficiar a los rectos, la vocación espartana de prescindir de todo lo superfluo hasta llegar al desnudamiento y al silencio, la necesidad de expresar sumada a la certeza de que es imposible hacerlo, todo ello consigue despertar en el lector una admiración y un respeto por Beckett incluso mayor que los que el lector sentía antes de leer esta obra (y lo dice alguien para quien Beckett y James Joyce siempre han sido como su padre y su madre). Por ello (y por los pasajes en los que aparece Joyce, el más extraordinario de los villanos de la literatura), pero no sólo por ello, vale la pena leer este libro "demasiado largo y demasiado detallado" de Anthony Cronin, traducido por Miguel Martínez-Lage, uno de los traductores más excepcionales de los últimos tiempos.
 
 
Anthony Cronin
Samuel Beckett, el último modernista
Trad. Miguel Martínez-Lage
Segovia: La Uña Rota, 2012

[Publicado el 16/8/2012 a las 12:47]

[Etiquetas: Anthony Cronin, Samuel Beckett, Biografía, La Uña Rota]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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