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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 11 de diciembre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Todas las comas están en su sitio / "La utilidad del deseo" de Juan Villoro

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A las afirmaciones (tan habituales) de que se escribiría para explicar, contar y/o intervenir en "la realidad" John Barth opuso el argumento de que ésta no existe (agregando que el objetivo de la literatura es demostrarlo), y ciertos filósofos del lenguaje, que no hay nada fuera de él. Quizás para el extraordinario escritor, y soberbio estilista, austríaco Karl Kraus "la realidad" fuera sólo una errata: lamentando la Batalla de Shanghái de 1932, declaró que "si las comas hubieran estado en su sitio, nunca se habría llegado a esa destrucción".
 
A esto último lo recuerda Juan Villoro en un libro en el que (como es frecuente en los suyos) todas lo están. La utilidad del deseo reúne ensayos y conferencias escritos entre 2010 y 2016 y, en ese sentido, constituye una continuación de una trayectoria ensayística que (además de prólogos y artículos dispersos, así como una ingente cantidad de intervenciones públicas y crónicas) está constituida por tres libros, Efectos personales (2001), De eso se trata (2008) y La máquina desnuda (2009). Para el autor, Kraus fue el "excepcional testigo de una sociedad hipócrita, un infierno cubierto de azúcar glas donde las enfermedades morales eran acalladas por los valses de Johann Strauss", alguien cuyas ideas "tan contundentes como intrépidas [...] no hubieran trascendido de no haber significado una airada renovación del idioma". Es decir, de la realidad.

La utilidad del deseo recoge ensayos dedicados a Ramón López Velarde, el "precursor del teatro mexicano moderno" Rodolfo Usigli, Crónica de una muerte anunciada (que Villoro define como el "gran tributo" a Sófocles de Gabriel García Márquez), Jorge Ibargüengoitia ("sus textos periodísticos avanzan como una tertulia donde las revelaciones sobre los ausentes conducen al liberador efecto de la risa"), Carlos Monsiváis ("Su copiosa bibliografía es la prédica de un juez, irreverente y autocrítico, pero seguro de su autoridad, que condena o absuelve") y los paralelos entre la correspondencia de Juan Carlos Onetti, Manuel Puig y Julio Cortázar. Los intereses de Villoro se distribuyen entre una "orilla europea" y "la orilla latinoamericana"; a la segunda le corresponden los textos mencionados: a la primera, un largo prólogo a Robinson Crusoe de Daniel Defoe, unos "apuntes sobre literatura rusa", ensayos sobre Nicolai Gógol, Fiódor Dostoievski ("haber ‘muerto' durante unos minutos lo llevó a un pacto peculiar: el sufrimiento como problema, la escritura como solución"), Karl Kraus y Peter Handke.

La doble vertiente geográfica de los ensayos que conforman el libro es afín a la biografía de su autor, que nació en Ciudad de México pero fue escolarizado en alemán, residió durante años en la así llamada República Democrática de Alemania pero ahora reparte su tiempo entre Ciudad de México y Barcelona y es hijo de un importante filósofo mexicano, Luis Villoro, quien, sin embargo, nació en la Ciudad Condal. Al referirse a "la orilla latinoamericana" y "la orilla europea", el autor no establece jerarquías entre las dos ni nos dice cuál de ellas es la que le resulta más próxima, y su libro se beneficia de esta indiferencia a los compartimentos estancos por ejemplo en el descubrimiento de las inesperadas coincidencias entre López Velarde y James Joyce. Villoro es uno de los escritores hispanoamericanos que mejor piensa la literatura en este momento, así como alguien cuyos intereses persisten en el tiempo, permitiendo al lector asistir (de libro en libro) a cambios sutiles pero significativos en su valoración de ciertos autores y obras; nunca vacila, pero tampoco renuncia a extraviarse, convencido de que "es posible viajar entre líneas, hallar valores entendidos, establecer correspondencias, extraviarse voluntariamente en una foresta mental en pos de ideas, imágenes, adjetivos". Los mejores pasajes del libro (el prólogo a Robinson Crusoe, el perfil de Gógol, la conferencia sobre López Velarde, la recuperación de Ibargüengoitia y la conmovedora evocación de Monsiváis) son producto de una visión predeterminada de la literatura como realidad, pero también de esos extravíos.

Villoro se mira en los espejos (deformantes) de la elegancia epigramática de Karl Kraus, el humorismo extraordinariamente serio de Jorge Ibargüengoitia y el rigor intelectual de Ricardo Piglia, a quien le dedicó dos ensayos de La máquina desnuda. Aunque tiende a los juicios apodícticos ("La literatura no es un lenguaje privado: es la ilusión de un lenguaje privado", por ejemplo), por lo general es extraordinariamente sagaz, penetrante y muy persuasivo, un autor que concibe la literatura como "la apuesta inconmensurable de que alguien llegue a esta línea", la última de un texto y la primera del mundo. Villoro narra aquí cómo ciertos autores llegaron a esa línea y a la vez se ocupa de tres actividades que ejerció (la escritura de libros para niños, la traducción, el periodismo), ofreciendo de paso claves para la lectura de su propia obra, en particular de Conferencia sobre la lluvia (2013) y de El testigo, Premio Herralde de Novela de 2004.

 


Juan Villoro
La utilidad del deseo
Barcelona: Anagrama, 2017

 

Babelia/El País, noviembre de 2017.

[Publicado el 23/11/2017 a las 17:00]

[Etiquetas: Juan Villoro, Ensayo, Anagrama]

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Una literatura "verdadera" / "¿Hay vida en la Tierra?" de Juan Villoro

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Acerca de Juan Villoro hemos hablado en un par de ocasiones ya (el plural, por supuesto, es mayestático), pero es posible que no lo hayamos hecho acerca de su trabajo como columnista en la prensa periódica, una actividad y un género que a menudo son denostados por producir supuestamente prosa de circunstancias, mercenaria y constreñida [...]. Buena parte del columnismo periodístico es (naturalmente) prosa de circunstancias, mercenaria y constreñida, innecesaria, puramente ingeniosa; pero una mínima parte de ella no lo es. Roberto Merino y Leonardo Sanhueza, Rafael Gumucio, Ignacio Vidal-Folch, Guillermo Sheridan y Roger Bartra, por mencionar sólo algunos, escriben lo que, más allá de los prejuicios, es literatura con mayúsculas, y lo mismo se puede decir de ¿Hay vida en la Tierra?, la reunión de cien columnas de Juan Villoro que la editorial Anagrama publica (por fin: la edición mexicana del libro es de 2012) en España.
 
[...] 

En su diario de viaje por Túnez de abril de 1914, Paul Klee menciona el cumplido que le habría hecho el también pintor (y también suizo) Louis Moilliet: "Hasta que te conocí, pintaba como quien mira por una ventana". No sabemos cómo se pinta "como quien mira por una ventana", pero sí sabemos (y nos resulta evidente, aunque no siempre sepamos cómo explicarlo) que a lo que se refirió Moilliet fue a la diferencia sustancial entre aquello que en pintura (y en literatura, por supuesto) nos parece que está vivo y aquello que no lo está, lo que nos parece verdadero y lo que sólo podemos tomar por falso. Acerca de Villoro y de este nuevo/viejo libro se puede decir lo mismo: está escrito del otro lado de la ventana, donde suceden las cosas y no hay sitio para lo falso.
 
[...] 
 
 
Juan Villoro
¿Hay vida en la Tierra?
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 10/4/2015 a las 12:45]

[Etiquetas: Juan Villoro, Miscelánea, Anagrama]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

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Traidores

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Ilustración de Fernando Vicente

Aunque existe una pequeña tradición literaria cuyo tema central es el denuesto de los traductores y cuyo lema habitual es la frase italiana "traduttore, traditore" [traductor, traidor], lo cierto es que algunos lectores se lo debemos todo. Yo fui uno de ellos y conocí a muchos así: éramos pobres como ratas pero amábamos unos libros que no podíamos leer en el original porque no teníamos dinero para aprender ningún idioma extranjero. Yo creía con devoción en Francisco Porrúa, Enrique Pezzoni, Juan José del Solar, Miguel Sáenz, Elvio E. Gandolfo, Marcelo Covián, Jesús Zulaika, Gabriel Ferrater, Francisco Abelenda, Jorge Berlanga y Marcial Souto; estaba convencido de que estos traductores sólo traducían a escritores que valieran la pena, y a menudo su nombre en las primeras páginas interiores de un libro (injustamente, nunca en su portada) era razón suficiente para pedir prestado el libro en alguna biblioteca pública o robarlo en alguna librería, incluso aunque no supiera nada de su autor. A menudo también, esos libros eran un descubrimiento, que no hubiera podido hacer sin los ejercicios de ventriloquía de los mencionados: Jorge Berlanga "era" para mí Charles Bukowski, Francisco Abelenda y después Marcial Souto "fueron" creo que todo Ray Bradbury, Jesús Zulaika prestó una voz escueta a Raymond Carver, Enrique Pezzoni "fue" Herman Melville, sin Elvio E. Gandolfo probablemente jamás hubiera sabido quiénes eran los beats, Miguel Sáenz "fue" Thomas Bernhard y W. G. Sebald entre otros. Una vez más, a menudo estos traductores eran también excelentes escritores ellos mismos y, como en el caso de Guillermo Cabrera Infante, Elvio E. Gandolfo y Enrique Pezzoni, les leí como autores poco después de haberles leído como traductores y resultaron tan importantes para mí como los autores que ellos mismos habían traducido.

No sé absolutamente nada sobre teoría de la traducción, pero conozco a algunos traductores cuyo trabajo disfruto como lector y de los cuales aprendo, como Javier Calvo, Juan Villoro, Eduardo Hojman, Marcelo Cohen, Helena Cortés y Ramón González. A veces también soy traducido: Burkhard Pohl, Claudia Ballhause, Sybille Martin y Kerstin Cornils me han prestado su voz en alemán y François Monti en francés. Janet Hendrickson me ha traducido al inglés y, a todos los efectos, considero mi traductora al inglés a la extraordinaria Mara Faye Lethem. A veces, también, traduzco yo mismo, y lo hago todas las veces con más dudas que certezas y con el temor de convertirme yo mismo en un traidor pese a haber sido tan felizmente traicionado tantas veces en el pasado. Un mundo sin traductores sería un mundo donde las diferencias de procedencia, de ingresos y de clase social que determinan el acceso a la literatura serían aún más notables y, por lo tanto, un mundo un poco más injusto. Sería un mundo, también, donde yo nunca hubiera descubierto a escritores como Arno Schmidt, Ernest Hemingway, James Joyce, Raymond Carver, Alain Robe-Grillet, Flannery O'Connor y muchos otros. Naturalmente, y por esto, también sería un mundo donde yo no escribiría. Creo que hay un "día del traductor" pero desconozco cuál es y prefiero que este diario de lecturas quede al margen de la tontería de los aniversarios. Aprendí algunos de los idiomas que no podía leer cuando era un adolescente pobre y debía robar libros; sin embargo, sigo leyendo traducciones con entusiasmo y sin ningún interés particular en cotejarlas con sus originales, que a veces también leo. Supongo que la traducción es un ejercicio de ventriloquía y carece de importancia que, de alguna manera, y para muchos puristas, sea un engaño. Algunos preferimos ser engañados, y llamamos a eso literatura. Aquí, una vez más, hay un adolescente pobre que vuelve a maravillarse ante su descubrimiento.

[Publicado el 17/5/2010 a las 13:00]

[Etiquetas: Disidencias, Elvio E. Gandolfo, Enrique Pezzoni, Juan José del Solar, Miguel Sáenz, Guillermo Cabrera Infante, Jesús Zulaika, Francisco Abelenda, Jorge Berlanga, Marcial Souto, Javier Calvo, Juan Villoro, Eduardo Hojman, Marcelo Cohen, Ramón González, Bu]

[Enlace permanente] [9 comentarios]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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