Dos miradas sobre un objeto que es y no es el mismo (cita)

Una ilustración de Sean Mackaoui (http://www.mackaoui.com/)
¿Generación del bicentenario? ¿Escritores 2.0? En tensión con los sucesos del 2001, la caída de las torres y el nacimiento del kirchnerismo en el 2003, los primeros narradores del siglo XXI ya pueden ser presentados como un largo aunque poroso e inestable corpus. ¿Quiénes son? ¿Qué escribe? Blogs, novelas, redes sociales, editoriales independientes y dependientes, mesas redondas, lecturas públicas. ¿Alrededor de qué soportes y que lugares se nuclean los autores que están escribiendo hoy? Proponemos aquí un acercamiento crítico a la complejidad de lo que está sucediendo, prescindiendo hasta donde es posible de la farragosa historia de la literatura y del siglo XX, pero no por eso dejaremos de marcar pertenencias, continuidades e influencias. Como Hegel, que pretendía ser contemporáneo de sí mismo, este acercamiento no exime la polémica y el goce de la lectura, sino que los convoca.
Encuentro ILa antología como dispositivo generacional. Maximiliano Tomas edita La joven guardia en el 2005. ¿Cuántos malentendidos se pueden leer en la frase "los mejores autores de la nueva literatura argentina"? Antologías varias. ¿Cómo se construye una antología? ¿Cómo se lee?Encuentro IIFélix Bruzzone y Patricio Pron. Genealogías de la muerte: la figura del desaparecido, el sobreviviente y el vástago del Proceso de Reorganización Nacional bajo la política de Derechos Humanos del kirchnerismo. Momificaciones y vitalismos en el nuevo hit de la novela argentina. 76, de Félix Bruzzone y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron.Encuentro IIILas teorías salvajes de Pola Oloixarac: esquizofrenia del conocimiento, realidad política, cultura universitaria y lívido nerd. Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued, abulia, drogas y federalismo. Un manual para dejar atrás la urgencia de la denuncia, o mejor dicho, su impostura. Mecanismos para salir del laberinto asfixiante de la última dictadura argentina, también llamada Proceso de Reorganización Nacional. Iván Moiseff habla de fantasmas. El Nunca más leído por Mariana Enriquez como una novela de Stephen King.Encuentro IVLos años noventa, la década prohibida. Construcciones de una década que el progresismo y el kirchnerismo prefieren mantener cerrada bajo la llave de la maldición. Un mundo que se acaba narrado desde adentro. Un mundo que nace contado desde afuera. Los años felices, de Sebastián Robles. Pinamar y Varadero y Habana Maravillosa, de Hernán Vanoli.Encuentro VLas reescrituras de los maestros. Todo elogio incluye una injuria. Ironía y homenaje en La última de César Aira de Ariel Idez y El Aleph engordado de Pablo Katchadjian. María Kodama como un personaje de Aira y también como un personaje de Idez. Juicios de valor, juicios críticos y juicios penales.Encuentro VI2001, odisea de las voces. Una literatura donde la crisis se transforma en incubadora de nuevos híbridos textuales y una literatura donde la crisis se vivifica a través de la mímesis del registro lumpen. Argentina entre la Era Digital y la Edad de Piedra. "Una mañana con el Hombre del Casco Azul", de Washington Cucurto.Encuentro VIIEl asesino de chanchos de Luciano Lamberti y Cielos de Córdoba de Federico Falco. narradores minimalistas cordobeses. Lo rural, lo urbano, las sierras, la ciudad. La búsqueda del grado cero de la narración y la forma. Influencias maceradas en lo argentino que no es lo porteño.Encuentro VIIIVioleta Gorodischer y Romina Paula. Mujeres que deconstruyen la institución familiar y mujeres que instituyen la voz de la histeria. Consumos, hábitos y terrores del Yo Femenino. Variaciones del lugar de lo siniestro. Los años que vive un gato, de Violeta Gorodischer. ¿Vos me querés a mí?, de Romina Paula.BibliografíaBusqued, Carlos. Bajo este sol tremendo, Anagrama, 2009.Bruzzone, Félix. 76, Tamarisco, 2008.Cucurto, Washington. "Una mañana con el hombre del casco azul", en La joven guardia, Norma, 2005.Falco, Federico. Cielos de Córdoba, Editorial Nudista, 2011.Gorodischer, Violeta. Los años que vive un gato, Tamarisco, 2011.Idez, Ariel. La última de César Aira, Pánico el Pánico, 2012.Katchadjian, Pablo. El Aleph Engordado, IAP. 2010.Lamberti, Luciano. El asesino de chanchos, Tamarisco, 2010.Oloixarac, Pola. Las teorías salvajes, Entropía, 2008.Paula, Romina. ¿Vos me querés a mí?, Entropía, 2005.Pron, Patricio. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, RHM, 2012.Robles, Sebastián. Los años felices, Pánico el Pánico, 2011.Tomas, Maximiliano (Compilador). La joven guardia, Norma, 2005.Vanoli, Hernán. Varadero y Habana Maravillosa, Tamarisco, 2010.Vanoli, Hernán. Pinamar, Interzona, 2010.
[Publicado el 28/8/2012 a las 12:45]
[Etiquetas: Juan Terranova, Nicolás Mavrakis, Raquel Garzón]
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Un día en la vida del joven escritor argentino (cita)

Dios crea al joven escritor argentino. Ilustración: Pedro Strukelj (http://pedrostrukelj.blogspot.com.es/)
"Después me invitaron a un programa de radio. Eran tres conductores que casi se peleaban por hablar. Y también había una chica pintándose las uñas de los pies. Nadie había leído nada de lo que yo había escrito. No digo un libro, ni siquiera me habían buscado en Google. Uno intentó presentarme y dijo algo así como 'Ahora, vamos a hablar de la fantasía, de la imaginación, tenemos con nosotros a un joven escritor argentino'.
Me hicieron un par de preguntas absurdas.
-Escribir es muy difícil -dije yo.
Creo que es verdad."
[Publicado el 08/6/2012 a las 11:15]
[Etiquetas: Juan Terranova, Cita]
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Tres modos de mirar (y contarlo)

[Publicado el 24/6/2011 a las 10:28]
[Etiquetas: Andrea Jeftanovic, Giovanna Rivero, Juan Terranova, Juan Cruz, Miscelánea, Bartleby]
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Sin rastros de la naturaleza del mal

[Publicado el 06/1/2011 a las 12:00]
[Etiquetas: Salvador Luis, Mariana Enríquez, Juan Terranova, Matías Candeira, Juan Carlos Márquez, Leonardo Cabrera, Ediciones Baladí, Antología]
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Juan Terranova: contra la tontería literaria argentina (y II)

El caníbal puede ser leída como una reescritura de Respiración artificial (1980), la importante novela de Ricardo Piglia; aquí también el relato se articula en torno a una conversación entre Terranova, un escritor joven que trabaja en la universidad, y Villegas, un escritor mayor y desengañado que vive en pensiones miserables y ofrece una visión cínica de la literatura. Aquí también hay una desaparición, la de Villegas, que propicia que Terranova pueda entregar un manuscrito a un editor haciéndolo pasar por una obra del otro de manera de ver el libro publicado y quedarse con el adelanto; esa "traición" conecta con la otra referencia de este libro, El juguete rabioso de Roberto Arlt (1926), con la salvedad de que aquí la traición es sólo del personaje a sí mismo: finalmente, es él quien se deja "robar" el manuscrito por el autor mayor a sabiendas de que esa es la "única" posibilidad de acceder al mercado literario con la que cuenta un autor joven y desconocido. Al apropiarse del nombre del mayor para ver su obra publicada, el escritor joven realiza el gesto de canibalismo que preside el título y, contra la aparente simplicidad del relato, revela que detrás de él hay una notable reflexión sobre los modos de circulación de la literatura en nuestra sociedad. En esa reflexión hay desacuerdos y convergencias con lo que Piglia ha escrito sobre el tema, pero es el hecho mismo de que este sea el tema principal de toda la obra de Terranova el que determina (pese a El ignorante) su adscripción a los modos de pensar la literatura del escritor argentino.
En esa adscripción puede verse una clara divergencia entre la generación de Terranova y las anteriores: para Terranova y para algunos escritores de su edad, el acceso a la escritura no está supeditado a la muerte del padre sino tan sólo a su ingesta, que le mantiene vivo en el interior de lo nuevo. ¿Y qué es lo nuevo? La convicción de que la literatura (argentina, cabría agregar) carece de valor social por cuanto su escasa circulación le impide competir con otros discursos sociales por el monopolio de la construcción de realidad. Su carácter minoritario y su elitismo convierten a la literatura en el pariente pobre de la cultura del espectáculo y de la prensa, o mejor aún, de ese punto de convergencia entre el espectáculo y la información que es la prensa sensacionalista. Para Villegas, "quizás la ficción[,] para poder subsistir hoy en día[,] deba dejar de rotularse como tal. Es lo que hace el diario. Y esto más allá de si los sucesos son reales o imaginados" (23). "Pero, entonces toda esa mierda sensacionalista, esa escritura frívola, despreocupada, los titulares escandalosos", balbucea su interlocutor. "Eso es oro, pibe, oro en polvo", le responde el otro (22).
"La literatura debe recomponer el panorama de lo real, o resignarse a pasar desapercibida. Es preciso incorporar las técnicas de los medios de comunicación, sondearlas y explotarlas en la lectura recogida. Es necesario que crucemos al terreno del ‘enemigo' y le arrebatemos sus armas" (29), afirma Villegas. Para lograrlo, propone la escritura de una novela basada en recortes periodísticos en los que puede percibirse una capacidad de ficcionalización superior que la de la literatura contemporánea, y que en esta muy cuidada edición española del texto son recogidas a dos columnas y con otra tipografía: "Terrible ritual con violación" (16), "Violenta detención de narcos con extraño hallazgo" (17), "Enano prende fuego a la carpa del circo donde trabaja" (19), "Taxista eunuco se mata en un choque" (23), etcétera.
"Yo no subestimo el trabajo con el lenguaje", sostiene Villegas. "Todo lo contrario. Los que escriben en los diarios, ellos, y no otros, son los verdaderos artesanos del lenguaje. Ellos tallan la madera. La tallan como pueden y con otros fines. Después llegamos nosotros y ponemos el migitorio [sic] en el pedestal" (77).
La idea no es nueva: la literatura de los siglos XIX y XX tiene una larga tradición de cruces entre periodismo y literatura. Lo que sí es novedoso es el programa de recuperación del valor social de la literatura que propone Terranova; éste ya no está basado en la calidad estética como criterio determinante de "literariedad" -detentado por una élite ilustrada que, al menos en Argentina, siempre ha estado del lado del poder- sino en su uso social y en su capacidad de producir realidad. "No se puede seguir escribiendo como en el siglo XIX" (19), afirma Villegas, quien sostiene también que Piglia es "ese que siempre pone un par de boludos como nosotros hablando sobre la vida en un café, símbolo inequívoco del intelectual argentino" (62).
Más allá del epígrafe cínico de su personaje, Terranova demuestra en El caníbal que es uno de los alumnos más consecuentes del autor de El último lector (2005) ya que se ocupa de trabajar las relaciones entre literatura y política, un tema que no interesó, o interesó escasamente, a los escritores argentinos que le preceden. Terranova revisa la tesis principal de Piglia de acuerdo a la cual el Estado es un productor de ficciones para decir que es la prensa la que produce ficciones que pasan por realidad. No se trata de una diferencia intelectual sino principalmente generacional: Terranova es parte de una generación que ha visto fracasar al Estado argentino muchas veces en su intento de construir ficciones de circulación social; allí donde lo consiguió durante un breve período, durante la Guerra de Malvinas, el contraste entre lo que se había dicho y lo que había sucedido realmente fue tan brutal que el Estado argentino y la prensa quedaron completamente desacreditados. "¿Existe la realidad?", se pregunta el narrador, y se contesta: "No, la realidad no existe en sus propios términos. Existe en los términos que le imprimen los que poseen los medios de comunicación" (90).
05. Terranova sabe de qué habla: como periodista está al corriente de las miserias y las grandezas de este oficio. Autor de dos libros de crónicas que no he leído -La virgen del cerro (2007) y Peregrinaciones (2008)-, compilador de las antologías Hablar de mí (2009), de narrativa autobiográfica argentina reciente, y Buenos Aires Escala 1:1 (2008), de relatos sobre barrios de Buenos Aires, y de las novelas recientes Lejos de Berlín y Los amigos soviéticos (ambas de 2009), Terranova es el siguiente gran secreto de la literatura argentina a descubrir por los lectores españoles. Su literatura, desprolija y contundente, se ha liberado de la simpatía forzada y la corrección formal que preside los gestos siempre sonrientes de casi todos los escritores argentinos jóvenes conocidos en España; contra ellos, El caníbal resulta un antídoto muy bienvenido.
[Publicado originalmente en Quimera 317. Abril de 2010]
[Publicado el 12/5/2010 a las 12:00]
[Etiquetas: Juan Terranova, Novela, Ediciones Baladí]
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Juan Terranova: contra la tontería literaria argentina (I)

Juan Terranova poco antes de convertirse en Thomas Pynchon (crédito: Samanta Schweblin)
Juan Terranova nació en Buenos Aires en diciembre de 1975; sin conocer con exactitud en qué día exactamente, uno puede suponer que ese día algunas personas murieron y otras fueron secuestradas y torturadas, varios edificios volaron por los aires y los militares arrancaron otra hoja del calendario en el que ya habían marcado una fecha, el 24 de marzo de 1976, la del Golpe de Estado que daría paso a la dictadura más sangrienta que ha conocido Argentina. No es difícil conjeturarlo: todos los de 1975 nacimos en un día así y, tal vez, lo único importante es saber si ese hecho tuvo alguna consecuencia en nuestra decisión de transformarnos en escritores.
Es probable que ése sea el caso de Terranova, quien publicó su primer libro en 1999, Notas de un viaje a Italia. En 2001 publicó El coleccionista, una miscelánea de textos críticos y ficcionales y después las novelas El caníbal (2002) y El bailarín de tango (2003). Muy pocos leyeron esos libros, lo que significa que solamente algunos de los ochocientos treinta y seis lectores de literatura argentina sabían que escribía libros; para la mayor parte de ellos, Terranova era simplemente el principal contribuidor de un blog que tuvo varias versiones y que acabó llamándose elconejodelasuerte.blogspot.com. A través del posteado en él, Terranova fue construyendo una figura autorial caracterizada por la velocidad de escritura, la desprolijidad, la atención a los hechos del día y la provocación, aspectos todos que acabarían siendo centrales en su recepción crítica para bien y para mal. La simultaneización de las experiencias de lectura y escritura que es propia de la circulación de literatura en la Red impidió a muchos ver que Terranova era, además, el escritor más interesante del momento y uno de los pocos que se proponía hablar de las relaciones entre literatura y política y sabía lo que hacía.
02. El ignorante (2004) no contribuyó a aclarar el malentendido. En el poema, una especie de Howl! ginsbergiano para la Argentina contemporánea, Terranova criticaba duramente a la institución universitaria argentina (encargada tradicionalmente de determinar qué debe ser leído en ese país y cómo) y proponía, en una entrevista incluída a modo de prólogo (real o imaginaria, poco importa), una interpretación generacional del presente diferente de la de la década de 1970 y también de la de una "generación intermedia" a la que consideraba "fallida" porque sus miembros "tienen todos cuarenta años y siguen siendo ‘jóvenes escritores'. Son muy verticales y básicamente no operaron ni una ruptura, ni una crítica con visión de continuidad[,] sino que se diluyeron, se diluyeron en sus mayores. Se quedaron con los espacios que les indicaban los viejos revolucionarios y así, por supuesto, los cagaron. [...] Yo creo que es una generación muy débil, que no va a pasar a la historia, ni siquiera como generación fallida. Y eso que produjeron textos muy legibles, algunas novelas excelentes y mucha investigación capitalizable" (17).
Según Terranova, "insultar es un acto retórico y estético muy fuerte. Pertenece a la familia de ciertos géneros orales que me apasionan, la mentira piadosa, la mentira política, el rumor, la anécdota de bar, los chismes" (11-12). En El ignorante, el autor cultivaba abundantemente el género, en párrafos dedicados a Miguel Bonasso, Eduardo "Tato" Pavlovsky, Ricardo Piglia ("con esas lecturas tan bien hechas, sin duda es un tipo muy nocivo", 20), David Viñas, Noé Jitrik y Beatriz Sarlo. Una lectura superficial de esos pasajes sólo podía ratificar la fama de "petardista", "tirabombas" o "rompepelotas" [tocacojones] de Terranova, y esa es la lectura que fue hecha principalmente. Sin embargo, detrás de los insultos se perfilaba la construcción minuciosa de una figura de autor cuyas líneas principales son la búsqueda de controversias, el abordaje de temas cercanos a la cultura popular como la pornografía o la música punk y la actitud irreverente, a los que debe sumarse la curiosidad por explorar formas narrativas poco utilizadas en la literatura argentina contemporánea, como en el caso de El pornógrafo (2005), una novela escrita a la manera de varias conversaciones de chat sostenidas por dos jóvenes amigos, uno fotógrafo de prensa y el otro ginecólogo, ambos en guardia nocturna permanente.
03. La ambición formal de El pornógrafo aparecía también en Mi nombre es Rufus (2008), la historia de un grupo de música punk argentino imaginario de la década de 1990 contada por su guitarrista. La historia no era particularmente interesante (a sus protagonistas les sucede lo que a todos: se juntan, tocan, se drogan, se pelean, se separan, etcétera) pero lo intesante aquí era la cuestión formal: el carácter episódico (a menudo los fragmentos numerados no tenían más de una o dos frases) y la forma en que Terranova enhebraba fragmentos narrativos con opiniones y comentarios suponían el primer intento serio en la literatura argentina contemporánea de lograr una escritura que se liberase del mandato de continuidad, homogeneidad y unidad ontológica que preside la literatura "seria" pero no aquella que es producida para su circulación en la Red.
04. "Los blogs comparten con los libros el encanto trágico de la lectura entendida como una pasión narcisista. La web nos transforma a todos en Madame Bovary, pero a muy pocos en Flaubert", escribió Terranova en el prólogo a una antología reciente. En El ignorante había afirmado: "Ahora nos toca recuperar la idea de presente. Comprender que la vitalidad y la actualidad son valores importantes" (29). El interés en los modos alternativos de circulación social de la literatura en la Red y el interés por el presente aparecían ya, sin embargo, en El caníbal.
[Concluye el próximo miércoles]
[Publicado el 10/5/2010 a las 12:07]
[Etiquetas: Juan Terranova, Novela]
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Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Fotografía: Unai Pascual
Ficción
La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

15/5/2013 14:22
Publicado por: Juan José Oña
14/5/2013 11:24
Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi
14/5/2013 00:57
se pueden filtrar comentarios en...
Publicado por: a.
14/5/2013 00:04
el blog huele cada vez más a...
Publicado por: a.
13/5/2013 18:36
Estimado "p", a mí los cuentos...
Publicado por: P
13/5/2013 18:03
Yo leí Rayuela también a los 16...
Publicado por: p
13/5/2013 17:45
Más razón que un santo. Vaya...
Publicado por: a.
13/5/2013 16:26
Patricio aunque hemos tenido...
Publicado por: juan andres
13/5/2013 14:53
Ciertamente si usted ha tenido...
Publicado por: Uno que pasaba por aquí
11/5/2013 01:11
Publicado por: Lilia
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