El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

"Un territorio cuyo mapa ya estaba casi trazado"

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Póster original de la primera adaptación cinematográfica de la novela de Stanislaw Lem, a cargo de Andrey Tarkovskiy (1972).

No es raro escuchar decir a los lectores de Stanisław Lem que la obra del escritor polaco no pertenece al ámbito supuestamente "menor" de la ciencia ficción, un argumento posiblemente erróneo pero ratificado por el siempre irascible Lem, quien (en numerosas ocasiones, pero particularmente en su ensayo "Un visionario entre charlatanes") renegó públicamente del género, entre otras razones, por su incapacidad para anticipar el futuro.
 
Claro que la visión prospectiva no es la única que caracteriza a la ciencia ficción: dos expertos como Peter Nicholls y Darko Suvin señalan respectivamente como sus señas de identidad más características la "ruptura conceptual" en el caso del primero y el "entendimiento de las condiciones sociales de existencia" en el del segundo que también caracterizan la obra de Lem, le agradase esto a él o no. Recientemente publicada por Impedimenta en la primera traducción que se realiza directamente del polaco (a cargo de Joanna Orzechowska, que se convierte de este modo en una de las voces más persistentes que ha tenido Lem en nuestro idioma), Solaris parece una prueba contundente de que al desencuentro entre Stanisław Lem y la ciencia ficción le debemos algunos de los mejores textos de ciencia ficción del siglo pasado.
 
Solaris es un planeta peculiar, por cuanto carece de tierra firme y está cubierto de un inmenso océano que parece conformar un organismo viviente dotado de inteligencia. Kris Kelvin es enviado a la estación de observación que lo sobrevuela para esclarecer los motivos de la conducta de sus tres tripulantes, pero al llegar descubre que uno de ellos se ha suicidado y que los otros dos miembros de la tripulación y él no son los únicos ocupantes de la nave: un día ve caminando por el pasillo a una mujer negra desnuda; otro día, encuentra a su lado a su esposa: pero su mujer se ha suicidado años antes.
 
No conviene revelar qué está detrás de esas apariciones y del terror primero y la ternura después que Kelvin siente por su esposa (sea ella o no la presencia que lo acompaña en Solaris), pero importa decir que Lem confronta aquí a sus personajes con sus miedos y sus anhelos más íntimos y crítica despiadadamente el proyecto totalitario de comprender el universo mediante métodos cognitivos que se dicen científicos, al tiempo que parece sugerir la pregunta de cómo espera nuestra civilización poder establecer una comunicación con otras formas de vida si sus propios integrantes carecen de las herramientas para comunicarse entre sí.
 
Acerca del segundo punto: Javier Fernández afirma en su ensayo "Cremoterapia e investigación: La ciencia según Lem" (Quimera 323 [2010] 28-33) que la obra del escritor polaco es "un ataque integral, un derribo en toda regla" a la aspiración al conocimiento científico que debe "entenderse también como un reproche al régimen comunista" en la medida en que éste se apoyaba "en el carácter supuestamente objetivo de la ciencia para explicarse a sí mismo como la consecuencia ineludible del progreso histórico" (30). Es precisamente ese carácter político de la obra de Lem el que explica y justifica su uso de la ciencia ficción: al igual que otro gran escritor polaco, el humorista Sławomir Mrożek, Lem se valió de un género considerado "menor" para dar cuenta de lo que Darko Suvin denominaba arriba "las condiciones sociales de existencia" sorteando la censura y no despertando las iras del gobierno; de esa manera, su cuestionamiento al sistema de pensamiento que fundaba el régimen totalitario bajo el que vivía pasó desapercibido para muchos lectores, más atentos al carácter especulativo y escéptico de su obra, que propone preguntas como qué es real o qué es la naturaleza.
 
Que Lem renegara de la ciencia ficción puede deberse precisamente al desinterés de cierta parte del público del género para evaluar el contenido político y contestatario de su obra, pero también (y como el propio autor afirmó) al hecho de que alcanzó "las fronteras de un territorio cuyo mapa ya estaba casi trazado". Aun hoy, la obra de Stanisław Lem agrega provincias y galaxias de inusual belleza y complejidad a ese mapa que ya creíamos agotado: con las excepciones notables de Philip K. Dick y J.G. Ballard, nunca la ciencia ficción había contado con un autor como él, que la cuestionase y procurase deshacerse de ella y, de ese modo, le devolviese su calidad y su dignidad y la hiciera imprescindible. Un ineludible.
 
 
Stanisław Lem
Solaris
Trad. Joanna Orzechowska
Pról. Jesús Palacios
Madrid: Impedimenta, 2011
 
 
[El próximo miércoles: Serán ceniza... de María Virginia Jaua]

[Publicado el 24/10/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Stanisław Lem, Novela, Ciencia ficción, Impedimenta]

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Museo de almas

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El hospital de la transfiguración fue escrita por Stanisław Lem en 1948. A pesar de lo que suele decirse habitualmente, no es su primera obra: el autor polaco había publicado dos años antes la novela breve El hombre de Marte, que permanece inédita en español. Una nota previa a cargo del editor Enrique Redel da cuenta de las particulares condiciones de su publicación, que se vio demorada ocho años debido a que la censura obligaba periódicamente a su autor a reescribir párrafos y capítulos completos debido a "la naturaleza contrarrevolucionaria y decadente del libro" (12), cuyo protagonista es Stefan Trzyniecki, un joven que comienza a trabajar en un hospital psiquiátrico poco antes de la invasión alemana de Polonia. Allí, Trzyniecki asiste a la tragedia de la nación polaca, a la que el carácter rutinario de la vida en el hospital y lo idílico del paisaje sirven de contraste brutal por un breve período, interrumpido por la llegada de las autoridades alemanas encargadas de exterminar a los pacientes en el marco del programa nacionalsocialista de eutanasia de pacientes mentales y discapacitados conocido como Aktion T4 (del que participaron también médicos polacos, circunstancia referida explícitamente por Lem en esta novela y, muy posiblemente, la razón principal de que las autoridades soviéticas considerasen "impropia" su publicación).
A partir de ese punto, la violencia aparece en la novela con su rostro banal y terrible, pero hasta ese momento Lem ha conseguido que el lector conciba la amenaza que se cierne sobre el hospital y sus ocupantes (tanto pacientes como médicos y empleados) sólo a la manera de una asfixiante y omnipresente duda. "En la blancura hasta ahora uniforme del paisaje irrumpía el caos, presagio de cambios" (22), escribe al final del segundo párrafo de la obra; la frase es tanto una descripción objetiva como un programa de acción y una anticipación de lo que vendrá. También es la manifestación de una prosa fascinante plagada de detalles opacos e incomprensibles en la que todo debe ser leído con sospecha. Un ejemplo:
Stefan pensó que la preocupación de los hombres por la durabilidad de las tumbas derivaba de una creencia que se remontaba a tiempos inmemoriales, según la cual -sin reparar en los preceptos religiosos, a pesar del hecho cierto de la putrefacción y contrariando la razón- los muertos, en el fondo de la tierra, mantenían algún tipo de existencia, tal vez molesta o incluso espantosa, pero al fin y al cabo una existencia, que duraría hasta que desaparecieran de la superficie los símbolos que los distinguían (27).
Aunque se tiende a sobreestimar la importancia de los detalles en narrativa, estos son fundamentales en la obra de Lem, ya que es de ellos de donde proviene el enrarecimiento de la situación con el que el autor consigue el ambiente ligeramente absurdo que caracteriza su obra. Así, la distancia entre un loco y un cuerdo se establece en la práctica hospitalaria mediante una serie de preguntas que el médico hace al paciente: "‘¿Cómo se llama?', ¿Qué diferencia hay entre un cura y un monje?', ‘¿Para qué sirve una ventana?' ‘¿Qué se hace en una iglesia?'...". "Los manicomios son los museos de las almas", afirma el poeta nihilista Sekułowski (207); cuando los médicos del hospital intentan salvar algunas de esas almas ocultando a los enfermos o haciéndolos pasar por médicos ante las autoridades nazis, es el propio Sekułowski quien los traición, y los enfermos son exterminados; con ellos, también desaparece la finalidad principal de la estancia del protagonista y de los otros médicos en el hospital, y todos son arrojados a una Polonia ocupada que (y esta es tal vez la argumentación principal de Lem y otra de las razones por las que la publicación de este libro fue considerada impropia "desde el ‘punto de vista ideológico'", 13) no difiere mucho de la realidad del hospital y su locura y el dolor de sus enfermos. A pesar de que podría ser vinculada con La montaña mágica de Thomas Mann, El hospital de la transfiguración va más allá en sus objetivos que la novela del alemán al no convertir el sanatorio en una versión miniaturizada de la sociedad y el marco para la conversación filosófica de sus personajes sino en un escenario en el que queda en entredicho la viabilidad del proyecto científico de Occidente y se manifiesta el carácter absurdo de la vida en sus sociedades, de las que la celebración de una fiesta en el hospital constituye un retrato grotesco pero fidedigno:
El santo de Pajączkowski cayó en domingo. El jefe se presentó aquel día muy atildado, vestido con una bata recién planchada y luciendo los pequeños carámbanos de su rala barbilla cuidadosamente peinados y engominados. La esquizofrénica del ala de convalecientes recitó un poema en su honor, y él la correspondió guiñándola los ojos tras sus gafas como un pajarito viejo. Después cantó una alcohólica y, para fin de fiesta, estaba prevista la actuación de un coro de psicópatas. Sin embargo, los miembros de la coral decidieron saltarse el programa y se abalanzaron sobre el viejecito para mantearlo. Se oyeron gritos y jadeos, incluso apareció una mujer-tetera, convencida de que era un personaje de Poe. Tras rescatar al viejecito de las manos de los enfermos, el cortejo de médicos [...] se dirigió hacia las salas de hombres, donde un hipocondríaco convencido de padecer cáncer se lanzó gallardamente a recitar unas poesías. Pero fue interrumpido por tres paralíticos que se pusieron a cantar a coro Se murió el pobre en un hospital. Más tarde disfrutaron todos de un modesto banquete en el desván del edificio de los médicos y, para terminar, Pajpak intentó pronunciar un discurso patriótico, pero no le salió. El viejecito, poseído por su convulsión negativa, se deshizo en lágrimas sobre su copa, derramó la kminkóvka sobre la mesa y luego, por fin, para satisfacción de todos, se sentó. (115-116)

Stanisław Lem
El hospital de la transfiguración
Trad. Joanna Bardzińska
Pról. Fernando Marías
Madrid: Impedimenta, 2008
 
 
NOTA:  La Editorial Impedimenta, en colaboración con la Fundación Adolfo Domínguez, Fabryka Sztuki y Nophoto, presentan desde hoy y hasta el próximo 23 de setiembre la exposición "Solaris. Truth. Illusion. Fashion Multimedia Instalation" en la quinta planta de la Fundación Adolfo Domínguez (Serrano, 5, Madrid). Precisamente el 23 de setiembre , en el mismo sitio, Enrique Redel (editor de Impedimenta), Joanna Orzechowska (traductora), Roberto Valencia (escritor) y yo conversaremos sobre la obra de Lem en una mesa redonda con el título de "Stanisław Lem. Escritor. Filósofo. Visionario".
 
 
[El próximo lunes: El fin de semana de Bernhard Schlink]

[Publicado el 16/9/2011 a las 10:30]

[Etiquetas: Stanisław Lem, Novela, Impedimenta]

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"Esto no puede ser verdad"

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Mircea Cǎrtǎrescu nació en Bucarest en 1956 y publicó su primer libro en 1980, un volumen de poesía titulado Faruri, vitrine, fotografii [Faros, escaparates, fotografías] al que siguieron otros seis poemarios y una obra en prosa que comprende doce libros de ficción y dos tomos de diarios, los más importantes de los cuales son Nostalgia (1993), Travesti (1994), La enciclopedia de los dragones (2002), Por qué nos gustan las mujeres (2006) y los tres volúmenes de la trilogía Cegador (1996-2007). Que el autor rumano fue inicialmente poeta queda de manifiesto a lo largo de buena parte de su obra (o, al menos, de aquellos de sus libros que han sido traducidos ya al español: Por qué nos gustan las mujeres, Cegador y El Ruletista), pero especialmente en Travesti, del que la editorial madrileña Impedimenta publica un adelanto editorial con traducción y (excelente) prólogo de Marian Ochoa de Eribe a la espera de dar a la luz en setiembre la obra completa.
 
Travesti es la historia de un escritor de treinta y cuatro años que se esfuerza por superar el dolor y las dudas que lo embargan desde que en un campamento de verano diecisiete años atrás sufriera lo que Ochoa de Eribe denomina en su prólogo "un trauma erótico" (8): su violación a manos de un compañero del liceo disfrazado de mujer. Más que esta anécdota terrible, sin embargo, el verdadero centro de la novela está en los arrebatos alucinatorios que provoca en el protagonista ese hecho (y otro vinculado con una cierta particularidad de sus órganos sexuales de la que no diremos nada aquí), que lo llevan continuamente a desplegar un relato que oscila sin distinguirlos necesariamente entre los estados de la vigilia, la fabulación y el sueño. El narrador y protagonista de Travesti sabe que "tanto el infierno como el paraíso eran aliados y que luchaban juntos en la destrucción del ser" (49); del mismo modo, vigilia y sueño no constituyen compartimentos estancos en la obra de Cǎrtǎrescu, sino que son aspectos (no necesariamente inextricables) de una idéntica búsqueda de la identidad.
 
Es en ese sentido que debe leerse la advertencia que realiza su traductora al español de que el escritor rumano (aun siendo posmoderno en el sentido usual de la palabra) pertenece al ámbito del "onirismo", una tendencia "propia y original del la literatura rumana" (12) que permitió a los autores de ese país escapar (al menos provisional y parcialmente) de la censura comunista. A esa censura se vio sometido también "El Ruletista", el relato de Nostalgia (publicado originalmente con el título de "El sueño") en el que un escritor de éxito necesitado de estímulos asiste en sótanos y teatros a la exploración de los límites de la realidad y del azar de un hombre que sobrevive a ocho partidas de ruleta rusa sólo para doblar la apuesta colocando dos balas en el revólver y no una y luego tres y después cuatro y así hasta completar las seis de la carga del arma y aun así sobrevivir. Naturalmente, ante situaciones de este tipo lo habitual es pensar "esto no puede ser verdad", y es un hecho que no lo es, pero Cǎrtǎrescu se vale de esa reacción natural para dar una vuelta de tuerca al relato que incide absolutamente en su valoración: convencido de que la extraordinaria suerte del Ruletista lo convierte en un "personaje" sólo verosímil en el marco de un relato de ficción (y no en la vida "real"), el narrador de esta historia decide que la vida que ha tomado por "real" es ficticia y que él también es un personaje y, por lo tanto, no morirá jamás. Al tomar su decisión, el narrador de "El Ruletista" se garantiza la inmortalidad a costa de poner en entredicho la ontología del mundo en el que vive y revelar su condición ficcional, pero, al hacerlo, también sugiere que el mundo que los lectores tomamos por real puede ser igualmente ficticio. Algunos dirán que todas las obras literarias de calidad arrojan ese diagnóstico sobre nuestras vidas, pero sólo algunas lo hacen de forma tan conmovedora como este "El Ruletista", que fue censurado en su momento por el Estado más eficaz en la construcción de ficciones que haya conocido el siglo XX.
 
 
Mircea Cǎrtǎrescu
El Ruletista
Trad. e Intr. Marian Ochoa de Eribe
Madrid: Impedimenta, 2010
 
Mircea Cǎrtǎrescu
Travesti
Trad. e Intr. Marian Ochoa de Eribe
Madrid: Impedimenta, 2011
 
 
[El próximo lunes: Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer y Hoteles de Maximiliano Barrientos]

[Publicado el 12/8/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Mircea Cǎrtǎrescu, Cuento, Novela, Impedimenta]

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Muertos que se esfuman

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A la nostalgia recurrente de un mundo ordenado y racional le debemos la existencia de los partidos de derecha, los tertulianos televisivos y cierta novela policiaca, tres fenómenos aparente disímiles pero que comparten la fantasía de que todo puede ser entendido; esta fantasía encuentra su expresión en cierta novela policiaca cuyo lector participa con la lectura de la convicción (asumida implícitamente por el detective que la protagoniza) de que existe una explicación racional a una serie de crímenes o de hechos misteriosos, que estos poseen un autor o autores y que éste o éstos serán castigados al final del relato, restituyendo la situación a un estado de cosas previo a los hechos que dieron origen a la investigación narrada. Que este tipo de novela policiaca provoque en el lector la impresión de que el crimen es individual y no social y que es posible racionalizarlo y darle un castigo tal vez explique el hecho de que la novela policiaca se encuentre en el centro del sistema literario, que surge de y se dirige a la perpetuación de los valores que legitiman las instituciones de nuestra sociedad; por lo demás, la popularidad de este género quizás provenga del hecho de que la suya es una visión del mundo capaz de ofrecer cierto consuelo a quienes conocen, a menudo por experiencia propia, que el mundo carece de sentido (excepto uno perverso) y que entre las causas y las consecuencias de nuestras acciones se extiende un abismo incomprensible.

 

Dos

La investigación de Stanisław Lem (1921-2006) participa, al menos formalmente y durante buena parte de sus casi doscientas cincuenta páginas, de la fantasía constituyente de cierta novela policiaca de la que hablo de que es posible explicar racionalmente un conjunto de hechos ominosos. En este libro del escritor polaco (séptimo suyo y cuarto publicado por Impedimenta) esos hechos conforman una serie de desapariciones de cadáveres en morgues, salas de disecciones y depósitos de un sector muy reducido de la periferia londinense; a esas desapariciones las ha precedido en todos los casos una serie de señales consistentes en inexplicables cambios de postura de los cuerpos; en casi todas ellas, con los cuerpos han desaparecido textiles o ropa. Scotland Yard comisiona para la investigación al joven teniente Gregory, que se aferra al raciocinio para la resolución del caso; para él "siempre existe una determinada correlación [...] que da pie a hablar de consecuencias y de causas" en una serie de hechos (26), incluso aunque esa serie parezca incomprensible. Gregory evalúa diferentes alternativas para la resolución del caso (la necrofilia, el robo de los cadáveres con finalidad científica, la locura, el intento de crear una nueva religión, un virus), pero ninguna de estas hipótesis interpretativas le sirve para aclarar el misterio; más aún, y como constata, "cuantos más hechos minuciosamente medidos, fotografiados y apuntados" acumula, tanto mayor es "el sinsentido que se deriva de la estructura resultante" (59).

Cuando los hechos vuelven a repetirse, ese sinsentido acaba atrapando al propio investigador, que comienza a desconfiar de sus superiores y, en particular, de uno de sus colegas, un médico de mentalidad científica que cree que el misterio de la desaparición de los cadáveres es irrelevante: "¿Por qué las piedras caen? Por la fuerza de gravedad. ¿Qué es la fuerza de gravedad? No lo sabemos, pero somos capaces de describir su regularidad. Las piedras caen siempre, la gente se acostumbra a ello. El acontecimiento, sin dejar de resultar ininteligible para la comprensión del día a día, se vuelve habitual por la fuerza. Si los cuerpos de los humanos o de los animales se alejaran habitualmente y con frecuencia del lugar en que se produce la muerte, si esto ocurriera siempre, a la policía no le interesarían los casos acaecidos en Norfolk" (136-137). A pesar de ello, Gregory sigue intentando comprender, convencido de que "si nos tomáramos en serio [...] estas historias, la tierra se abriría bajo nuestros pies, el suelo se tornaría gelatinoso, la gente podría empezar a aparecer y a desaparecer y la policía debería deshacerse de sus uniformes cuanto antes, dispersarse, esfumarse..." (158).

 

Tres

En la imprescindible The Encyclopedia of Science Fiction (1979), el escritor y crítico australiano Peter Nicholls sostiene que la "acción principal y la retribución emocional de muchas obras de ciencia ficción es la ruptura conceptual" (33); Darko Suvin afirma por su parte (en Metamorphoses of Science Fiction, 1979) que el elemento característico del género es "el extrañamiento cognitivo" de la realidad empírica del lector mediante una nueva perspectiva consistente desde el punto de vista lógico introducida con la finalidad de que el lector gane en entendimiento racional de sus condiciones sociales de existencia.

La investigación de Lem participa tanto de la ruptura conceptual señalada por el primero como del extrañamiento cognitivo del segundo, y el lector comprende muy pronto que la investigación a cargo del teniente Gregory no es una pesquisa acerca de la desaparición de unos cadáveres en la zona metropolitana de Londres sino un intento de comprender un mundo cuya naturaleza (a diferencia de la que preside ontológicamente la novela policiaca) no es homogénea ni comprensible.

"¿Y si el mundo no fuera un rompecabezas desordenado ante nuestros ojos, sino una sopa en la que flotan, sin ton ni son, ciertos tropezones que, de vez en cuando y al azar, se juntan para constituir una unidad? ¿Y si todo lo que existe fuera fragmentario, prematuro, abortado, si los acontecimientos tuviesen un final sin un principio, [...] mientras nosotros seguimos empeñados en clasificar, en pescar y reconstruir hasta conseguir ver todo [...] sin tener en cuenta que, en realidad, somos parciales?" (230) se dice Gregory.

"La religión, la filosofía son el pegamento, no paramos de recomponer y recoger los restos que se arrastran hacia la estadística para aglutinarlos en un sentido global, para que se conviertan en una sola voz, como campana de nuestra gloria. Mientras, lo único que realmente existe es la sopa. El orden matemático no es sino nuestra plegaria dirigida a la pirámide del caos", sostiene, y de esa forma resume nuestras condiciones sociales de existencia con mayor acierto de lo que la naturaleza afirmativa de cierta novela policiaca que le sirve de modelo le hubiera permitido.

Quizás algunos lectores de esa novela encuentren que La investigación les decepciona; para todos los otros, que saben que "un número infinito de cosas se burla de nuestro afán por el orden" (231), éste es el libro.

 

 

Stanisław Lem
La investigación
Trad. Joanna Orzechowska
Madrid: Impedimenta, 2011
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural. Mayo 7 de 2011]
 
 
[El próximo miércoles: Die sieben Knappheiten de Henrik Müller]

[Publicado el 23/5/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Stanisław Lem, Novela, Impedimenta]

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Placeres privados

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Philippe Jullian dijo de la palabra "esnob" que "empieza como un silbido y acaba como una pompa de jabón" y le dedicó un Diccionario del esnobismo en 1958; el escritor francés sabía de lo que hablaba. Jullian es autor de una obra abundante en la que destacan las biografías de Oscar Wilde y Gabriele D'Annunzio, ensayos sobre el simbolismo y el Art Nouveau y una obra de ficción en la que exploró temas como el homoerotismo, el sadomasoquismo y el travestismo con un estilo sensual y decadente, y tuvo un final digno de un escritor esnob: se suicidó en 1977 después de que ardiera su casa de campo y su sirviente marroquí fuera asesinado en una riña. La Real Academia Española (institución de gustos diferentes a los del francés, aparentemente) define a su vez "esnob" como "persona que imita con afectación las maneras, opiniones [...] de aquellos a quienes considera distinguidos", pero esto (para un esnob) tiene menos importancia.
 
Uno
Fabrice Gaignault no propone por su parte ninguna definición personal del término en su Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son que publica estos días la editorial Impedimenta con un prólogo del mallorquín José Carlos Llop y extraordinarias ilustraciones de Sara Morante. El escritor y periodista ofrece en él, sin embargo, un recorrido por la literatura principalmente francesa del que se puede inferir que las actitudes que caracterizan la producción de la literatura para esnobs son el desprendimiento, la rareza, la ironía, el cinismo y la desconfianza de las opiniones mayoritarias. En este Diccionario de literatura para esnobs aparecen autores tan fascinantes como la plagiaria Kathy Acker, el improbable Guy D'Arcangues, el movedizo y despiadado Jules Amédée Barbey d'Aurevilly, el desaparecido Ambrose Bierce, el extraordinario Christian Bourgois (editor del Modelo matemático de la morfogénesis de René Thom, del que confesó no haber entendido siquiera el título), el proctológico Renaud Camus, la socialité Fleur Cowles, el olvidado Maurice Dekobra, el futurista Arnaldo Ginna (inventor de un aparato para medir el ingenio al que nos gustaría echarle un ojo), el apátrida Gregor von Rezzori, el polemista Dominique De Roux, el aventajado Maurice Sachs y el accidentado Denton Welch (publicado recientemente en España), pero el libro también incluye instituciones del esnobismo como la Academia Francesa, el Aston Martin, la autoficción, el círculo de Bloomsbury, los cafés italianos, el Chelsea Hotel, el suéter de cuello vuelto, El gran Gatsby, las revistas Granta, McSweeney's y Nouvelle Revue Française, la exclusiva residencia para escritores de Santa Maddalena, el suicidio y la ciudad de Tánger.
 
Dos
Gaignault reserva a sus lectores algunas sorpresas como la aparición del multiventas Harold Robbins y la de William Shakespeare y la evocación de la popular colección de novelas infantiles Signe de Piste; también, la constatación de que diciembre de 1994 fue un buen mes para los escritores suicidas franceses y la omisión de autores que uno hubiera supuesto inamovibles en un diccionario de estas características: el extraordinario escritor, fotógrafo y suicida Édouard Levé, el maravilloso Copi, el desafortunado Guy Hocquenghem o el poco prolífico Fernand Combet. Sin embargo, todo el libro está escrito desde la sorpresa y en procura de ella, como en la recomendación entusiasta del libro de Robert Benchley Psicología del pingüino, en la afirmación de que los afamados coloquios de Cerisy-La-Salle acerca de Alain Robbe-Grillet y Roland Barthes son la demostración de que "el mundo universitario fue víctima de una especie de locura" y la reproducción del siguiente diálogo entre Winston Churchill y una dama hostil: "¡Si fuera su esposa, echaría veneno en su taza de té!", a lo que Churchill habría respondido: "Si yo fuera su esposo, lo bebería".
 
Tres
"Cada esnob literario tiene su jardín secreto, su autor incógnito y por supuesto esencial", sostiene Gaignault en el prefacio a la obra; que su autor no lo es queda de manifiesto en lo que Llop llama en su prólogo "una traición al esnobismo: el desvelamiento de un placer privado". Al carácter privado y personal de ese placer le debemos el que quizás sea el único aspecto en el que pueda ponerse reparos a esta obra, que es el de la escasa presencia de escritores hispanohablantes en ella. Por las páginas de este Diccionario de literatura para esnobs desfilan Max Aub (de quien Gaignault prefiere el perturbadoramente gracioso Crímenes ejemplares), José Carlos Llop, Enrique Vila-Matas (al que la "hacendada" francesa Marguerite Duras debe su fama por haber sido su casera durante algunos años), el colombiano Nicolás Gómez Dávila y la argentina Silvina Ocampo, a la que Gaignault dedica una entrada inexplicablemente entusiasta. Quizás uno de los principales méritos de la obra reside pues en la tarea pendiente de completarla con los nombres de los hispanohablantes que formen parte del "jardín secreto" del lector, al que nosotros sugerimos aquí algunos: Macedonio Fernández, Juan Rodolfo Wilcock, César Aira, C.E. Feiling, Felisberto Hernández, Mario Levrero, Armonía Somers, Marcelo Mellado, Martín Adán, Alberto Laiseca, Marcelo Cohen, por nombrar sólo a un puñado de hispanoamericanos.
 
Cuatro
El Diccionario de literatura para esnobs obliga a preguntarse dónde se encuentra el esnobismo literario en nuestros días; también, a interrogarse acerca de si, con su devoción por autores cuyo interés principal fue el de producir una obra personal al margen de la opinión mayoritaria y la ratificación del mercado, los esnobs literarios no son los últimos que comprenden qué cosa es la literatura. "Es muy de temer que el esnobismo literario no sea hoy sino lo que no tiene cabida en las innumerables casillas que nos tienen cada vez más formateados" apunta Gaignault en su prólogo. A la rareza de unos autores inclasificables nunca dispuestos a ceder a la opresión de las multitudes, esto es, a escritores que decidieron hacer su trabajo (que es siempre el de escribir a la contra), está dedicado este libro, algunos de cuyos personajes son el muy digno Emanuel Bove, que se negó a ser publicado bajo la Ocupación y desapareció al final de la guerra, y el desafortunado Maurice Rollinat, que conoció el fracaso literario, vio morir a su esposa de rabia y, al fallecer a los cincuenta y seis años de edad, había sido olvidado hasta tal punto que se lo confundió con un pescador muerto por esas fechas. Quizás ambos rediman a la literatura de los escritores mediocres y los advenedizos y los trepadores.
 
 
Fabrice Gaignault
Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son
Trad. Wenceslao-Carlos Lozano
Pról. José Carlos Llop
Ilustr. Sara Morante
Madrid: Impedimenta, 2011
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural. Madrid, febrero 19 de 2011.]
 
[Próximo viernes: Ellos mismos, de Joaquín Reyes]
 
 
[NOTA: Este blog ha sido nominado por la Revista de Letras al premio al mejor blog español de crítica literaria. Quienes lo deseen, pueden votarlo aquí.]

[Publicado el 23/2/2011 a las 10:36]

[Etiquetas: Fabrice Gaignault, José Carlos Llop, Sara Morante, Miscelánea, Impedimenta]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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