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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 23 de septiembre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Cinco poemas de Milagros Abalo (Santiago de Chile, 1982)

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Crédito de la imagen, de su autor /

(Del libro Esto es)

El albergue
Y de repente todo desaparece ahí
donde había una pequeña casa a orillas
de lo que fue tiempo atrás un río cristalino
lleno de piedras y peces y árboles al viento
antes del desierto, del avance del desierto
que nos está comiendo vivos bajo el sol
de su absoluta sequedad, del agua que no
volverá, aunque un día solo un día volvió
a correr como el Mapocho llevándoselo todo
los sacos de arena en cada puerta
las casas, los autos, las flores, las
los muertos en el cementerio de barro
y más barro hasta las rodillas
y el olor a mierda de los días venideros
en el albergue donde fuimos a parar.
Todo vuelve a desaparecer ahí, como la vida
desaparece en doscientos segundos
donde hicieron un edificio de veinte pisos color pastel
con áreas verdes recreativas y gimnasio, y sueños
sobre todo sueños hechos realidad
el gran sueño de Chile en su casa propia
justo cuando se movió la tierra, se movió
y las ventanas reventaron, las murallas,
los postes se doblaron en una oscuridad
y un grito de llanto allá fue lo último que se escuchó.
Cuando todo desaparece amaneciendo al final
en un ay ahí donde el fuego incitado por el viento
y por el sol, como se queman los recuerdos
todo quemó y una página en blanco ahora somos
en el tiempo detenido una vez más.


El baile de los estorninos
Apareció de la nada como nos parece
que aparece todo lo que viene del cielo
o todo lo que termina ahí.
Poco antes de la puesta de sol, una bandada
de negros estorninos abriéndose con su brillo
salpicado en un ir y venir alrededor en silencio
acaso la sombra del viento que no se rompe
sino delicadamente
se alejan los pájaros retrocediendo
en todo el espesor de su encuentro
y vuelta, vuelta y vuela, cambiando de forma
como nube en puntillismo corriendo, yéndose
a perder al final, en la cola ensombrecida
de una novia que descubre el cielo al mirar.


(Del libro La normalidad de una familia)

Familias decorosas
La nana les lleva el desayuno
en las lozas como nieve
de los domingos perfectos en la Casa de campo
una foto de las vacaciones en el lago
al canto del gallo vehemente
a primera hora de la mañana
y a fin de mes le mezquinan un par de chauchas
y debe callárselo todo.

Hombres correctos del club social
mujeres de extraordinaria vanidad
que no entablan relaciones con sus hijos
encerrados en hielo sus malditos corazones
mientras menos se dice mejor.

Les ponen María para frenar súbitas fiebres
nocturnas (ya no hay conventos)
y al crepúsculo persiste la culpa
del despertar, creen que la homosexualidad
es una enfermedad y el menor de los hermanos
nadie hace preguntas
se pega cabezazos en ese callejón.

En el futuro serán los protagonistas de la historia
de la debilidad o la idéntica copia de ellos
Los Privilegiados
que abren el diario oficial de Santiago de Chile
y de las páginas sociales dicen no conocer
a nadie, se ríen de los apellidos impronunciables
que se meten en sus colegios católicos
y llevándose las manos a los ojos con agitación
sueltan la perorata que silenciosamente
debemos tolerar

Aspiran a tener nuestras tierras
por eso nos reventaron con la Reforma
envenenados por el resentimiento
que les calcifica los huesos.
¡Y vomitamos el caviar de los siúticos!
Pero les advierto
jamás los dejaremos ser socios del club
y aunque tenemos los ojos cafés de todo el mundo
nuestro pelaje rechina al sol vespertino
que se encoge para vernos salir de la Iglesia
porque mi luz es el autocontrol de la sangre.

Como si nada, después de almuerzo
se acuestan a dormir su siesta sin sueños
las familias decorosas de falsas mortificaciones
que a living cerrado
donde cuelgan retratos mortuorios, tulipanes para decorar
se consuela con mensajes bíblicos
cuando en casas de puta la Negra Pati
inicia a los niños y en menos de una hora
les calcina la idea que tenían del amor.


Se han perdido esas tradiciones
la de llevar flores a las tumbas que han quedado
como rocas por donde alguna vez pasó el mar.


(Inédito)

Las flores del reino
Una nueva palabra que después recordará
u olvidará este día breve
aparece girando en la boca de quien no dice
aún no aprende a decir en la tierra de su infancia
manos hundidas antes que palabras.

Hundirá su sexo en otro sexo cuando esa tierra
amanezca puntualmente endurecida de preguntas

¿serán mis palabras las de un perro
que escarba como el niño la tierra
o de una paloma que pasa a nuestro lado en su arrullo?

nunca he conocido el poder de la palabra*,

escrita en un muro
tantas veces
en un libro pude ver

es casa, es fuego, es piedra
a piedra, es calle, es árbol
es tiempo arriba de ese árbol
o las flores de un reino sobre la mesa
donde sentados tocan sus manos
se apagan las luces y bailan borrachos.
                                                             Ahí, en ese borde
todo vuelve a girar
y salen del cuerpo las palabras
cayendo como polvo, ceniza
o semilla
en las raíces de una tierra
que en otras palabras se cierra muda.

* Rodolfo Hinostroza 

 

Milagros Abalo (Santiago de Chile, 1982) es editora, y profesora universitaria. Ha publicado los libros de poemas La normalidad de una familia (Las Cortaderas libros, 2012) y Esto es (Hueders, 2016).

[Publicado el 20/6/2017 a las 17:30]

[Etiquetas: Milagros Abalo, Poesía, Las Cortaderas, Hueders]

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Esgrimas verbales / "Antología del retrato" de E. M. Cioran

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[...]
 
Si las "naderías sutiles" contribuyeron, según el rumano, a la creación de un "producto de invernadero" que, "al rechazar todo desenfreno, de ninguna manera era capaz de producir una obra de una originalidad total, con todo lo que ello implica de impuro, de espantoso y de irresistible" (23), el retratismo de autores como Frédéric-Melchior Grimm, Madame de Rémusat, François-René de Chateaubriand, Charles Augustin Sainte-Beuve o el ya mencionado Saint-Simon es, sin embargo (y pese a la opinión de su antologador), extraordinario: en la corte, sus autores habían hecho de la observación un recurso vital para la supervivencia política, y de la esgrima verbal, una forma excelsa de resolución de los conflictos políticos. Reunidos aquí, sus textos (que Cioran cree caracterizados por "un verbo vigilado y censurado por quién sabe qué inquisición de la nitidez", 23) se leen como una literatura quizás remanente, pero no por ello menos fascinante.
 
A la fascinación de leer a Chautebriand hablando sobre Joseph Joubert ("un egoísta que no se ocupaba más que de los demás", lo describe; 176) sólo para, a continuación (y en un rasgo de malicia por parte del antologador), leer a Joubert hablando sobre Chautebriand ("prefería los errores a las verdades porque los errores eran más suyos", 181), o de ver a Jean-Jacques Rousseau siendo juzgado por un incidente banal en un teatro y no por el extraordinario edificio intelectual que levantó, la lectura de esta Antología del retrato añade la de una aproximación a una sociedad en la que, como afirma Cioran, "la maledicencia era de rigor": Saint-Simon atribuyendo al duque de Noailles "toda suerte de recursos en la mente, pero todos para el mal" (42), Grimm despachando a Bernard Le Bovier de Fontenelle con un "la sabiduría de una mente fría no vale las tonterías de un genio ardiente" (60), Etienne Dumont acusando al conde de Mirabeau de haber plagiado la frase (muy acertada) de Nicolas de Chamfort "la facilidad es un bonito talento a condición de no usarlo" (101), a Madame Vigée Le Brun recordando que al señor Le Pelletier de Morfontaine le olían mucho los pies y ella tuvo que viajar con él en un coche cerrado en una ocasión (lo que describe como una "triste experiencia", 139).
 
 
E.M. Cioran (ed.)
Antología del retrato. De Saint-Simon a Tocqueville
Trad. Santiago Espinosa
Santiago de Chile: Hueders, 2015

[Publicado el 28/5/2016 a las 13:45]

[Etiquetas: Emil Cioran, Rafael Gumucio, Miscelánea, Hueders]

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"La desesperación más allá de la desesperación" / "Esa visible oscuridad" de William Styron

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[...]
 
Quizás la hipótesis correcta sea la segunda; si, por el contrario, es la primera, debemos adjudicar parte del mérito de que la depresión ya no sea un estigma, o un secreto, a Styron, quien contó su experiencia en la conferencia en la Universidad John Hopkins de Baltimore en 1989 que daría origen al ensayo en Vanity Fair que a su vez sería la base de este libro. En Esa visible oscuridad, Styron no sólo da cuenta de su experiencia, en un relato cuyo mayor mérito (que resultará evidente a cualquiera que haya padecido una depresión, con sus consecuencias paralizadoras del juicio) es la gran capacidad del autor para la introspección pese a la enfermedad; Styron también discute en él la elección del término "depresión" para designarla (el autor, que lo cree demasiado anodino, propone en su reemplazo expresiones como "tormenta en el cerebro" o "crisis nerviosa", 42), revisa suicidios que le afectaron profundamente (como los de Romain Gary, Abbie Hoffman, Randall Jarrell y Primo Levi, entre otros escritores), cuestiona la ligereza con la que aun hoy se suele medicar a los pacientes, las ventajas y desventajas de la hospitalización (pasó siete semanas en un hospital psiquiátrico), recuerda la importancia que tuvo para su recuperación el apoyo de su esposa.
 
[...] 
 

William Styron
Esa visible oscuridad
Trad. Salustiano Masó
Santiago de Chile: Hueders, 2015

[Publicado el 27/5/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: William Styron, Ensayo, Hueders]

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Los inverosímiles / "Fuera de campo: Retratos de escritores chilenos" de Manuel Vicuña

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Muy posiblemente, el lector de este diario de lecturas desconozca quiénes fueron Carlos Pezoa Véliz, Tancredo Pinochet, Joaquín Edwards Bello, Marta Vergara, Alfredo Gómez Morel, Eugenio Lira Massi y Mauricio Wacquez, excepto que sea chileno; aunque también es posible que lo desconozca habiendo nacido en ese país. A modo de resumen apresurado se puede decir que el primero fue un poeta decadentista y muy pobre, que el segundo fue un reportero de inclinaciones socialistas y reformistas, que el tercero fue el principal cronista de la clase alta chilena de principios del siglo XX y (por consiguiente) un traidor a esa clase, que Marta Vergara fue una periodista de profundas convicciones comunistas que devinieron anticomunistas pero igualmente profundas poco tiempo después, que Alfredo Gómez Morel fue un delincuente que escribió una trilogía autobiográfica, que Eugenio Lira Massi fue un periodista político "duro" que murió en el exilio después del golpe de Estado de setiembre de 1973 y que Mauricio Wacquez fue un esteta libertino que amaba los placeres extremos. El ensayista chileno Manuel Vicuña (Santiago, 1970) cuenta sus vidas en un libro (Fuera de campo: Retratos de escritores chilenos) que se propone como un recorrido alternativo por la literatura de ese país; como todos, ese recorrido no está exento de atajos y de desviaciones, pero, en cualquier caso, Vicuña realiza una tarea notable al, por una parte, no desdeñar los textos a favor de las vidas de sus biografiados (a menudo apasionantes), y, por otra, no desestimar esas vidas en beneficio de su lectura de los textos.
 
Fuera de campo es un magnífico ejemplo del tipo de precario equilibrio que el género del "perfil literario" requiere, y es particularmente notable por el hecho de que (en realidad) Chile es más pródigo en escritores excéntricos que en aquellos que se acogen a la norma y que, en ese sentido, la lista de "raros" es enorme. Podría haber incluido otras vidas y obras inverosímiles (las de Stella Díaz Varín, María Carolina Geel, José Santos González Vera, Braulio Arenas, Ludwig Zeller, Cristián Huneeus, Guillermo Deisler, Eugenio Dittborn, Francisco Rivas, Juan Luis Martínez; o las de los contemporáneos Paulo de Jolly, Kato Ramone, Germán Marin y Raúl Zurita, por ejemplo), pero las que reúne amplían el ámbito de lo que sabemos acerca de la literatura chilena con la incorporación del que posiblemente sea uno de los primeros poetas hispanohablantes al que los límites entre cultura baja y cultura alta le resultaron indiferentes (Carlos Pezoa Véliz, cuya "literatura impura exhibe el inframundo de la nación, el desecho del orden republicano", 22); de una escritora desclasada, uno de cuyos amigos, el pintor Pedro Luna, "había robado las cortinas de felpa de la oficina del director de la Escuela [de Bellas Artes] para hacerse una chaqueta digna de un artista" (Marta Vergara, 79); la de un escritor que ejerció también los oficios improbables de "pintor de letreros en negocios del barrio Independencia, jugador profesional de billar, decorador de vitrinas, envasador de pólvora y alfileres en una fábrica de pesca y caza, almacenero, peoneta, obrero de la construcción y empleado público" (Eugenio Lira Massi, 123-124), y otro que escribió una enciclopedia sobre pesca deportiva en seis tomos que nunca se editó y lo llevó a la miseria (Mauricio Wacquez). Fuera de campo está a la altura de la intensidad y el compromiso literario y vital de sus excéntricos biografiados y completa adecuadamente otros panoramas de la literatura chilena; los más recientes y estimulantes, las antologías y el Canon del notable Camilo Marks, los Textos de frontera reunidos por Beatriz García-Huidobro y Andrea Jeftanovic y la revista/intervención Gutiérrez de Andrés Braithwaite.
 
 
Manuel Vicuña
Fuera de campo: Retratos de escritores chilenos
Santiago de Chile: Hueders, 2014
 
[El próximo jueves, el perfil de Mauricio Wacquez a cargo de Vicuña] 

[Publicado el 05/8/2014 a las 11:15]

[Etiquetas: Manuel Vicuña, Hueders, Ensayo]

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Arte y Terror / "La orquesta de cristal" de Enrique Lihn

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[...]
 
Algo de todo esto lo vincula con Osvaldo Lamborghini y, especialmente, con Néstor Perlongher, cuyo "neobarroso" parece el mejor modo de ubicar esta rareza en algún lugar del mapa de la literatura latinoamericana, en el que carece de antecedentes y de secuelas, como si su argumento (una orquesta invisible interpreta una pieza sin sonido para un auditorio incapaz de recordar posteriormente si ha escuchado algo, si ha visto "algo") hubiese prestado su forma a la recepción de la novela. A la "transparencia" de los instrumentos que componen la orquesta se superpone la opacidad del lenguaje, que se eleva en un esfuerzo por alcanzar lo sublime sólo recompensado por un hundimiento en el ridículo: la excelencia es "innegable", sobre los "cimientos de oro" se "levantan materialmente las más cumplidas e incluso extravagantes construcciones del espíritu", la imaginación es "deletérea, vapor délfico en el que muy a menudo se envuelve el destino de algunos seres privilegiados" y en el que "ni el más mínimo residuo de la tan mentada idea de utilidad empaña el brillo del astro que fulge en su alambique", etcétera (21-23). La orquesta de cristal recuerda, en algún sentido, a Jorge Luis Borges (en él hay algo parecido a una sociedad secreta, una serie de exégetas que pudieron o no pudieron haber escuchado la obra, expertos en saberes minoritarios y casi privados, una bibliografía dudosa y una aproximación irónica a las obligaciones del filólogo), pero su estilo se aparta deliberadamente de lo sublime borgeano para poner de manifiesto, mediante esta hipertrofia del lenguaje y la irresolución de la cuestión de quién narra (un asunto que recorre todo el libro), que los discursos que las primeras vanguardias históricas propusieron en París como "lo nuevo" se encuentran ahora (y ahora es 1976 en Chile, pero también en Argentina) en manos de los representantes de "lo viejo": las maestras normales con aspiraciones de ejercer la crítica literaria, los políticos de provincias y los poetas chilenos que no ven (y así termina la novela) que los responsables de El Terror están golpeando a la puerta y que la mejor interpretación de la orquesta de cristal no es la de un preludio sino la de un preludio "acompañado de los ruidos amenazadores provenientes del salón de recibo, ahora más y más próximos" (97), como si un arte políticamente inane fuese el acompañamiento inevitable y la legitimación de un terror absoluto.
 
 
Enrique Lihn
La orquesta de cristal
Pról. Roberto Merino
Santiago de Chile: Hueders, 2013
 
[En "Lo que está y no se usa nos fulminará", sección mensual en la página web de la librería porteña Eterna Cadencia. Buenos Aires, 10 de mayo de 2014.]

[Publicado el 08/7/2014 a las 17:49]

[Etiquetas: Enrique Lihn, Novela, Hueders]

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"Una provincia cagona y con miedo" / "Los platos rotos" de Rafael Gumucio

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El escritor chileno Rafael Gumucio. Crédito de la imagen, desconocido.

Rafael Gumucio tenía menos de veintitrés años de edad cuando decidió que contaría la historia de su país; es decir, la historia de una "provincia cagona y muerta de miedo" (16) llamada Chile. Era el año 2003 y Los platos rotos se convirtió en un hito, entre otras razones, por la contundencia con la que su autor echaba por tierra los mitos nacionales, desde La Araucana de Alonso de Ercilla (que define como "una especie de Eneida a la española, compuesta en delirantes octavas reales y con el muy militar objetivo de honrar una deserción", 24) hasta la inmolación de Salvador Allende.
 
[...] 

Los platos rotos no tiene como propósito la difamación, incluso aunque es evidente que ninguno de sus personajes sale bien parado: de fondo hay un análisis nada complaciente de la forma en que la historia chilena ha contribuido a la constitución de una sociedad marcada por la desigualdad, por el prejuicio, por una conciencia de sí articulada sobre mitos y errónea. Así, Gumucio escribe (acerca de la frase "Porque no tenemos nada, lo queremos todo"):
 
[...] 
 
 
Rafael Gumucio
Historia personal de Chile: De Almagro a Bachelet
Santiago de Chile: Hueders, 2013
 
[El próximo jueves, "Más fuego (Una alegoría)" de Rafael Gumucio]

[Publicado el 04/2/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Rafael Gumucio, Ensayo, Hueders]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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