El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

El crítico involuntario

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Günter Grass según Fernando Vicente

En esta casa somos admiradores del trabajo del ilustrador español Fernando Vicente, cuyo blog y cuya página web solemos visitar regularmente y en ocasiones saqueamos, como sabe todo lector de esta bitácora. A diferencia de las de otros dibujantes, las ilustraciones de Vicente se caracterizan porque, de algún modo, ya están "editorializadas", es decir, surgen de lo que uno imagina son las lecturas del ilustrador y, aunque funcionan como caricaturas al uso, consisten en algo mucho menos superficial que la exageración de uno o dos rasgos físicos: en ellas hay caricatura, y esta a menudo es muy fina, pero también hay un conocimiento amplio del mundo íntimo y no sólo personal del autor retratado.
 
Así, su retrato de Mario Vargas Llosa recurre a la referencia ineludible a la sonrisa permanente del autor de La casa verde, pero el lector también puede reparar en la poltrona en la que se sienta el personaje, cuya elegancia y carencia de modernidad funcionan como clave de lectura. Sucede algo similar con los ojos desproporcionados de Juan Carlos Onetti en su retrato respectivo, la navaja de Luis Buñuel, los laureles de Juan Gelman, los ojos de Milan Kundera, el brazalete inconveniente de Louis-Ferdinand Céline, el humo del habano de Guillermo Cabrera Infante, el compañero nocturno de Evelyn Waugh y la sombra de Günter Grass, entre otros. También en el magnífico retrato de Roberto Bolaño que convierte al escritor chileno y a su máquina de escribir en objeto de un imposible manual de anatomía.
 
En sus ilustraciones de escritores, reunidas ahora en el volumen Portraits, Fernando Vicente practica unas operaciones de lectura que no distinguen demasiado su labor de la del crítico literario, de allí que mi impresión así como la de muchos otros lectores al leer los artículos a los que estos retratos sirvieron de ilustración en el suplemento Babelia del diario El País era que estos servían de apoyo a la ilustración de Vicente y no al revés como sucede habitualmente en la prensa. La pequeña y casi clandestina pero muy interesante editorial madrileña Blur Ediciones ha puesto a disposición de los lectores una selección de esas ilustraciones, una cincuentena de opiniones de uno de los críticos literarios más avezados del momento (y, quizás, uno de los más involuntarios) en un tomo pequeño que puede encontrarse en librerías especializadas y que es un placer ineludible para amantes de la literatura.
 
 
Fernando Vicente
Portraits
Pról. Arnal Ballester
Madrid: Blur Ediciones, 2009

[Publicado el 26/7/2010 a las 11:59]

[Etiquetas: Fernando Vicente, Ilustración, Blur]

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La vieja aspiración a la novedad (I)

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Ilustración de Fernando Vicente

En abril de 2003, Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) publicó un artículo en la revista Contrastes titulado "Hacia un nuevo paradigma: poesía postpoética", reeditado en diciembre de 2004 en la revista Lateral. Fernández Mallo era autor ya del poemario Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), al que seguirían Creta lateral travelling (2004) y Carne de píxel (Premio Ciudad de Burgos de Poesía, 2007), y gozaba de un prestigio considerable como poeta. A ese prestigio acabaría sumándole el éxito de público tras la edición de Nocilla Dream (Candaya, 2006), primera entrega de una trilogía que completarían Nocilla Experience (Alfaguara, 2008) y Nocilla Lab (Alfaguara, 2009).

La recepción crítica de estas obras instaló a Fernández Mallo como el autor de referencia de un grupo de escritores nacidos principalmente en la década de 1970 y unidos por relaciones de amistad y de intercambio intelectual y por una estrategia de intervención colectiva en el mercado literario. Los "nocilleros" -o "mutantes", como también se les llamó tras la publicación de la antología de ese título (Berenice, 2007)- no poseen un programa estético común pero coinciden en adherir al propuesto por Fernández Mallo, los elementos de cuya "narrativa postpoética", consistente en "crear artefactos híbridos entre la ciencia y lo que tradicionalmente llamamos literatura" (Nocilla Experience 57, cursivas del autor), estaban ya presentes casi en su totalidad en Nocilla Dream: ausencia de linealidad, apropiación a través de la cita de discursos provenientes principalmente de las ciencias naturales, fragmentación, ensayismo, cita apócrifa, utilización de gráficos y fotografías, reescritura, intertextualidad y rechazo a las convenciones que distribuyen la información narrativa en las unidades canónicas de introducción, nudo y desenlace; en el plano argumental, preferencia por los paisajes de circulación como fronteras, estepas y desiertos por los que deambulan personajes solos que parecen desplazarse de ninguna parte a ninguna otra en procura de un sentido siempre esquivo, ausencia absoluta de humor, interés por elementos de las ciencias naturales -en particular por la teoría de las catástrofes, la del caos y la de conjuntos y la de sistemas complejos-, cuyas directrices sirven para comprender los destinos de los personajes, por la técnica cinematográfica, por la cultura popular "alta" -The Smiths, Siniestro Total, David Lynch, Radiohead, Francis Ford Coppola, Sr. Chinarro-, equiparación mediante la cita de textos heterogéneos como artículos de periódicos, miscelánea en la Red, anuncios publicitarios, diálogos de filmes y otros, interés por el arte conceptual, el minimalismo, el land art, etcétera.

Nocilla Dream aparecía pues como una serie de historias vinculadas las unas con las otras e interrumpidas por fragmentos ensayísticos breves cuya narración parecía pretender emular ciertas experiencias de percepción contemporáneas en un mundo textualizado y saturado de información recibida de forma simultánea y no jerarquizada. La novedad relativa de estos elementos y de este punto de vista bastó para que Nocilla Dream fuera vista como una novela experimental por un sector importante de la crítica y para que su autor monopolizara el prestigio del que, en el estado actual de la literatura, disfruta toda aquella obra que es investida de los atributos de "lo nuevo".

Ahora bien, ni Nocilla Dream ni ninguna de las otras dos obras de la trilogía de Fernández Mallo es esencialmente novedosa: la ausencia de linealidad y el fragmentarismo han sido practicados ya por las vanguardias históricas y caracterizan a la literatura posmoderna -piénsese en The making of the americans (1925), de Gertrude Stein, o en Rayuela (1963), de Julio Cortázar, personaje de Nocilla Experience-, el interés por las ciencias naturales caracteriza a la así llamada "hard science fiction" y está presente en novelas como A fall of moondust (1961), de Arthur C. Clarke, la cita apócrifa, la intertextualidad y la reescritura paródica han sido practicadas por Jorge Luis Borges, por mencionar sólo a un autor, y la importancia otorgada a la visualidad de los textos es ya parte de la tradición literaria desde aproximadamente los Calligrammes (1918) de Guillaume Apollinaire y la poesía visual; en cuanto a la apropiación de elementos de la cultura pop, hay numerosos ejemplos desde la Beat Generation en adelante[1]. Según Juan Bonilla, autor del prólogo de Nocilla Dream, en éste Fernández Mallo corre un "riesgo" al tratar "de abrir sendas, de aventurarse por caminos no trillados" (9) mediante el uso de "herramientas que la narrativa rara vez se atreve a usar" (8) como el collage y lo que Bonilla llama "el zapping literario". Sin embargo, esta afirmación sólo puede ser hecha a expensas de la omisión voluntaria o involuntaria de autores cuya propuesta relativiza la pretensión de novedad de Fernández Mallo: Antonio Muñoz Molina, Félix de Azúa, Javier Marías, Ray Loriga, Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán, Javier Calvo y otros. Esta omisión ha contribuido a la recepción de la trilogía Nocilla, pero su tramposa pretensión de novedad opera mediante una distorsión según la cual la literatura española está presidida aún por el realismo á lo Miguel Delibes y es impermeable a las tendencias más recientes en la narrativa escrita en otros idiomas, una distorsión que obliga a reescribir la historia literaria a espaldas de los hechos.

 

[Acaba el próximo miércoles]


[1] La contradicción entre la pretensión de novedad y la ausencia de ésta en la trilogía Nocilla no debe ser atribuida a ignorancia por parte de su autor. En sus libros, Fernández Mallo menciona una cantidad importante de textos y autores que le sirven de referencia: Jorge Luis Borges, Italo Calvino, Félix de Azúa, Juan Benet, el filme Hana-Bi de Takeshi Kitano, Centuria, de Giorgio Manganelli, Mil mesetas, de Deleuze y Guattari, Mi filosofía de A a B y de B a A, de Andy Warhol, La música del azar, de Paul Auster, el documental El desencanto (dir. Jaime Chávarri, 1976), El mono gramático de Octavio Paz, Emile Cioran, Georges Perec, el poema en prosa de Rafael Courtoisie Estado sólido, De rerum natura, de Lucrecio, algunos poemas de Hans Magnus Enzensberger, el Tractatus Logicus-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein, Poemas plagiados, de Esteban Peicovich, y canciones de Sr. Chinarro y Antonio Vega.

[Publicado el 26/4/2010 a las 12:15]

[Etiquetas: Agustín Fernández Mallo, Candaya, Alfaguara, Revista de Libros, Fernando Vicente]

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Acerca del juicio literario

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Ilustración de Fernando Vicente

Uno de los aspectos más interesantes y problemáticos del blog en tanto soporte a la vez que formato narrativo es la simultaneización de las experiencias de lectura y escritura que propicia, es decir, la posibilidad que ofrece de leer y comentar de forma casi simultánea. Esta simultaneización a la que hago referencia supone ventajas obvias a la hora de contribuir a la creación de una comunidad de lectores pero conlleva ciertos riesgos, de los cuales, el más importante es tal vez el hecho de que, al precipitarnos de la lectura al comentario, queda poco o ningún espacio para la reflexión, tan necesaria en el ámbito de la circulación de ideas. Esta aceleración del juicio literario afecta tanto a los comentaristas como al autor de un blog, y puede generar lecturas frescas y espontáneas pero también malentendidos de difícil solución. Naturalmente, esos malentendidos son parte de aquello en lo que consiste la literatura (hablaré de ello en otra ocasión, creo), pero suponen un obstáculo para la comunicación si no son corregidos a tiempo. En virtud de ello, y a raíz de que, pese a lo relativamente breve de la existencia de este mapa de lecturas que propongo aquí, se han producido ya un par de ellos, quisiera hacer algunas aclaraciones.

Antes de discutir uno de estos malentendidos, el suscitado por mi artículo "Ligas literarias", quisiera hacer referencia a un error habitual en el juicio literario, que consiste en supeditar las opiniones acerca de un libro a las que se tienen acerca de su autor. Este tipo de lecturas constituye no sólo un problema para la recepción de la literatura sino un enorme malentendido, porque no juzga a los libros por su calidad intrínseca sino por la calidad (llamémosla "humana") de sus autores y supone, en primer lugar, que es posible conocer a un autor a través de sus libros (lo que es falso), y, en segundo lugar, que la calidad de los libros es una emanación de la de sus autores. No creo necesario recordar la gran cantidad de escritores que fueron unos auténticos cabrones "pero" escribieron libros excelentes, sino sólo hacer referencia a que ese "pero" no forma parte del conjunto de ideas que preside este blog. En otras palabras, hay escritores que son unos cabrones y hay libros excelentes y a veces sucede que unos son autores de los otros. Los juicios morales, aunque respetables, no tienen efecto aquí, como por lo demás sucede o debería suceder en general en el ámbito de la crítica profesional; y esta, que es una constatación del criterio que preside estas lecturas (además de una invitación a los lectores a aceptarlo), es también una promesa renovada: aquí no hablamos bien de los libros cuyos autores nos caen bien ni hablamos mal de los libros cuyos autores nos caen mal, y seguirá siendo así. La promesa es pues continuar distinguiendo entre un autor y su obra, que es autónoma, y aspirar a que tanto las críticas positivas como las negativas sean entendidas como críticas a los libros mismos y no a sus autores.

Dicho esto, abordo la cuestión mencionada arriba. "Ligas literarias" es, naturalmente, una ironía; o un chiste muy serio, que es otra forma de verlo. Naturalmente también, no hay nada peor que explicar un chiste, pero supongo que no he sido todo lo claro que debía y que la explicación es pertinente. La existencia de "ligas" en la literatura es absolutamente descabellada y no conozco a nadie que la defienda. La idea misma es absurda y, de ser expresada de otra forma que no fuera irónicamente, dejaría en ridículo a su defensor. Más aun, puede decirse que el estado calamitoso de la literatura contemporánea se debe a la aceptación acrítica de esa idea, que es una idea proveniente del mundo de la economía (según la cual, los autores que venden muchos libros o reciben mayor atención en la prensa serían mejores que quienes son anónimos o desconocidos o están al comienzo de su carrera). Uno de los comentaristas de ese artículo decía, y tenía razón, que tan sólo importa el ejercicio de la escritura. No puedo estar más de acuerdo. Sin ironías de por medio ya, esperaba decir (y veo que no lo he hecho adecuadamente) que la razón para ser un escritor es escribir con la convicción de que se tiene algo para decir y se sabe cómo hacerlo, y que, en ese sentido, no existe ninguna diferencia entre un escritor "consagrado" o un novato o alguien que renuncia a lo que (desde fuera, y absurdamente) es llamado "la carrera literaria", y que es una carrera de ninguna parte a ninguna otra. La búsqueda de verdad y sentido que debería estar en el fondo de la literatura es la misma para todos, y por esa razón la idea de la existencia de unas "ligas literarias" es ridícula. "Escribir es un acto de libertad" sostenía otra de las comentaristas, y no puedo sino darle la razón: la liberación que supone la práctica de la escritura consiste también en dejar de lado las categorías económicas o pseudosociológicas con las que a veces es vista la literatura. En el caso de existir, la de unas "ligas literarias" sería la más absurda de esas categorías. Vayan aquí mis disculpas a aquellos que no lo hayan entendido así y a aquellos que, en ocasión de otros textos, hayan querido entender que el juicio crítico sobre sus libros era un juicio a sus personas.

[Publicado el 07/4/2010 a las 12:13]

[Etiquetas: Disidencias, Fernando Vicente]

[Enlace permanente] [19 comentarios]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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