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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 24 de mayo de 2017

 Blog de Patricio Pron

La excepción y la regla / "Nuevas lecturas compulsivas" de Félix de Azúa

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No suele ser habitual que la literatura de calidad surja allí donde la producción crítica es mediocre o escasa: que esta sea precisamente la situación de España en este momento tal vez nos permita inferir más acerca de su literatura contemporánea que un análisis exhaustivo, pero lo que importa es que la afirmación admite matizaciones y que un panorama crítico como el español también incluye excepciones a la regla. Entre las más notables está, por supuesto, Félix de Azúa (Barcelona, 1944), doctor en Filosofía, catedrático de Teoría del Arte, miembro de la Real Academia Española, uno de los escritores y ensayistas europeos más importantes de los últimos cincuenta años.
 
Azúa es el último o penúltimo integrante de una promoción de escritores que rompió decisivamente con el aislamiento que el régimen dictatorial de Francisco Franco y el nacionalismo cultural español habían impuesto a su literatura, así como uno de los pocos intelectuales de ese país auténticamente cosmopolitas, como ponen de manifiesto los autores que aborda en su último libro. En su recopilación de artículos, conferencias y prólogos Nuevas lecturas compulsivas, Azúa escribe sobre Friedrich Hölderlin, Giacomo Casanova, Choderlos de Laclos, T.S. Eliot ("como [Henry] James, fundador de la cultura inglesa contemporánea en mucha mayor medida que los propios ingleses", lo define), Marcel Proust, Benito Pérez Galdós, Thomas Mann, Walter Benjamin, Ernst Jünger, Theodor W. Adorno (su estética, sostiene, "sólo admite la producción de obras que nieguen por completo cualquier modo de consolación, afirmación, admiración o acuerdo. Es el significado de su muy citada frase ‘no puede haber poesía después de Auschwitz', en referencia, por supuesto, a cualquier poesía u obra de arte positiva, afirmativa o armoniosa"), Gabriel García Márquez, Roland Barthes ("no es sólo la banalidad del pensamiento lo que espanta, es también su afectación"), George Orwell: autores de cinco literaturas nacionales, que escribieron en alemán, en francés, en italiano y en español en el transcurso de tres siglos.
 
No son los únicos autores de los que escribe, sin embargo; de hecho, su lista de intereses contemporáneos es intachable: Colm Tóibín, Ian McEwan, Rafael Sánchez Ferlosio, George Steiner, etcétera. Para Azúa, el proyecto de la modernidad ha terminado, pero es evidente que, al menos en lo que hace a su propia producción intelectual (que incluye dos libros fundamentales de la literatura española reciente, Autobiografía sin vida, de 2010, y Autobiografía de papel, 2013), ese proyecto no ha concluido y puede tener lugar incluso en un país como España, tan improbable como esto parece.
 
 
Félix de Azúa
Nuevas lecturas compulsivas
Ed. Andreu Jaume
Madrid: Círculo de Tiza, 2017

[Publicado el 05/5/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Félix de Azúa, Círculo de Tiza, Ensayo]

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No es mercancía inane / "Autobiografía de papel" de Félix de Azúa

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Félix de Azúa nació en 1944 y publicó su primer libro en 1968, a los veinticuatro años y en un período en el que, según afirma, "el ámbito de la escritura artística se mantenía sin cambios esenciales desde los últimos dos siglos, es decir, desde el romanticismo europeo de finales del XVIII (pongamos que desde 1790)"; a partir de ese momento, sin embargo, "nos tocó vivir una transformación que ha desfigurado por completo el aspecto, la forma, las estrategias del arte de escribir, en cosa de treinta años" (20).
 
Autobiografía de papel narra esa transformación recurriendo a una estrategia narrativa muy singular ya empleada previamente en el Diccionario de las artes: narrar el final de la concepción romántica del arte, que él llama "el acabamiento", como una autobiografía en la que no importan las intimidades del sujeto sino la forma en que éste ha habitado su época y ha sido habitado por ella.
 
A lo largo de una trayectoria de casi medio siglo (desde la escandalosa aparición de los Novísimos), Azúa ha ido de la poesía a la novela y de la novela al ensayo y al periodismo, en un recorrido en el que cada desplazamiento respondía a la desilusión con las formas debido a su transformación en mercancía socialmente inane: si en el primero de los casos fue "la imposibilidad de mantener la ambición moderna de una poesía como fuente de conocimiento, en igualdad con la ciencia y la religión" (71), en el segundo fue la dificultad para avanzar en la línea de la negatividad tal como ésta fue definida por Theodor Adorno y la mercantilización de la novela las que pusieron un punto final a su trayectoria en esos géneros. En tanto "cultura literaria central de la democracia total" (145), en contrapartida, el periodismo parece haber ofrecido al autor algunas de las funciones sociales que el arte ha perdido en su opinión, como la de representar el mundo:
 
"La poesía ha extinguido su presencia social y es ahora un intercambio privado de excelentes profesionales cada vez más próximos al artesanado, la novela es un negocio competitivo que ha regresado a la mejor tradición mercantil, el ensayo ha llegado a competir con la novela, pero el periodismo se ha expandido de un modo colosal hasta dominarlo todo y dejar de ser ‘periodismo', es decir, artículo de diario" (143).
 
Se trata, sostiene Azúa, de la forma narrativa por excelencia de "la democracia total", "un estado totalitario feliz" de conectividad permanente y vigilancia técnica (170), que el autor (a diferencia de muchos de sus contemporáneos, que consideran que la cultura universal agoniza si las ventas de sus obras descienden o anuncian el fin de los periódicos, de los libros y del arte en general desde las tribunas que les ofrecen los periódicos, los libros y las exhibiciones de arte, todas industrias medianamente prósperas pese a todo) observa con curiosidad no exenta de ironía: aquí Ferdinand de Saussure es "uno de esos suizos que, como Le Corbusier o Godard, ponen siempre cara de franceses" (38), lo más memorable de la antología de Gerardo Diego Poesía española contemporánea (1931) es "su horrenda encuadernación en verde vejiga" (50) y la novela y la poesía son como "las ruinas clásicas que todos admiramos hasta perder la cabeza, pero en las cuales desde luego no iríamos a vivir con nuestras familias" (79).
 
Anunciada como la segunda parte de la trilogía momentáneamente inconclusa que inició Autobiografía sin vida, Autobiografía de papel es como una extensa conversación bajo una luz crepuscular, una especie de oportunidad aprovechada por su autor para echar la vista atrás sin ninguna nostalgia. A diferencia de los discursos funerarios que leemos en profusión estos días (y que no anuncian sino la muerte de sus propios autores, o al menos la muerte de su curiosidad intelectual y de su compromiso con su época), el de Félix de Azúa está vivo: es vibrante, intelectualmente desafiante, divertido. Uno querría quitarse el sombrero ante su autor tras leerlo, pero (y esto lo observa el propio Azúa) ya no usamos sombreros. Quizás sea mejor así.
 
 
Félix de Azúa
Autobiografía de papel
Barcelona: Literatura Mondadori, 2013

[Publicado el 16/9/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Félix de Azúa, Ensayo, Literatura Mondadori]

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Félix de Azúa sobre Guy Debord y la sociedad del espectáculo (cita)

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El francés Guy Debord (1931-1994), Santo Patrono de este diario de lecturas. Crédito de la imagen: Desconocido.

La expresión «sociedad del espectáculo» fue puesta en circulación en 1967 por Guy Debord, jefe de la Internacional Situacionista (un grupúsculo de extrema izquierda revolucionaria que actuó en Francia e Italia hasta finales de los años setenta) y es la hipótesis artística más radical (o quizá la más funeraria) del fin de siglo. Debord se suicidó el primer día de diciembre de 1994, y me ha parecido que sus ocurrencias debían figurar en este diccionario, ya que es uno de los filósofos del acabamiento de la modernidad con más probabilidades de seguir siendo leído en los próximos diez años, sobre todo porque escribiendo era clasicista y su modelo era Boileau. Sus tesis, de otra parte, ya no pueden variar demasiado.
 
En su primer y famosísimo ensayo de 1967, titulado La sociedad del espectáculo describía Guy Debord a las naciones postindustriales como obras de arte totales en su nivel más bajo, es decir, como obras de entretenimiento y diversión de la calidad más baja y degenerada. El «espectáculo» que exhiben es,
 
el reino autocrático de la economía de mercado, una vez ha accedido al estatuto de soberanía irresponsable, junto con las nuevas técnicas de gobierno que acompañan a su reinado. [1]
 
La «irresponsabilidad» se refiere, claro está, a que no hay ya mecanismos capaces de exigir responsabilidad ninguna a los dominadores del mercado, los cuales, por otra parte, no lo controlan en absoluto, sino que tan sólo se enriquecen (o arruinan) tratando de adivinar sus variaciones. En su estadio último, este totalitarismo de mercado carece de negaciones (ni internas ni externas, pues el islam no puede considerarse una negación), por lo que procede a exponerse a sí misino sin limitación y espectacularmente, sin que nada se interponga entre lo que presenta como verdadero y la verdad verdadera. Todo lo que la sociedad del espectáculo presenta es verdadero, bueno y necesario por el mero hecho de haberlo presentado.
 
Aquellos que censuran, critican o pretenden reformar seriamente lo que se presenta son eliminados de los medios de formación de masas (los media); pero si insisten, son eliminados físicamente. La eliminación física, sin embargo, no es casi nunca necesaria en los países avanzados, aunque es de uso habitual en lugares como México o Rusia, y queda como momento arcaico de la sociedad del espectáculo.
 
[...]
 
Con sus taras seculares, España ha alcanzado ya el espectáculo integral, del que da una versión un poco casposa pero de moderado éxito.
 
Cuando se produce el espectáculo integral, lo verdadero desaparece y lo falso que aparece aparece como lo único verdadero por ausencia de todo lo demás. Un circuito cerrado y obsesivo de informaciones ocultadoras, falsas o deformadoras convierte a lo falso en lo único verdadero, sin posibilidad de comprobación. La historia se desintegra en presentes puros que no dejan huella. Naturalmente, el pasado es también ahistórico, como se ha podido comprobar con la desaparición de la guerra civil española en España, convertida actualmente en una infinidad de espectáculos contradictorios, como se puede comprobar en los libros de texto de las diferentes regiones autonómicas.
 
En tales circunstancias, todo cuanto se exhibe es arte y todo el arte que se exhibe es verdadero. La sociedad ha alcanzado su momento de máxima artisticidad, aunque todo lo que produce seguramente es falso, pero nunca podremos comprobarlo. La comprobación o reprobación sólo podrían venir del personal mediático, pero estos empleados son sumamente prudentes:
 
La avalancha de idioteces que se lanzan espectacularmente sólo podría ser criticada por los mediáticos mediante respetuosas rectificaciones o protestas, pero no suele suceder así, ya que, además de su extrema ignorancia, por solidaridad de oficio y de alma con la autoridad general del espectáculo (y la sociedad que en él se expresa), los mediáticos se sienten en la obligación, para ellos extremadamente placentera, de no apartarse ni un milímetro de una autoridad cuya majestad ha de mantenerse siempre a salvo.[2]
 
Así que en estas sociedades avanzadas cuyo modelo administrativo mejora al de la Mafia, el arte ha alcanzado su máxima racionalidad: el valor artístico lo fija la venta y punto. Ni la crítica, ni el periodismo, ni la universidad harán otra cosa que repetir lo sancionado por el mercado, pero no por ello ha terminado la tarea de los artistas:
 
Desde que el arte ha muerto, sabemos que es sumamente fácil disfrazar de artistas a los policías. [...] Arthur Cravan veía venir ese mundo (cuando escribía en Maintenant: «Pronto ya no veremos por la calle más que artistas y será un trabajo ímprobo encontrar un hombre».[3]
 
De manera que los artistas hacen de policías: dicen quién es artista y quién no lo es, o denuncian a los ciudadanos que detestan las obras de arte que ellos producen, o producen obras de arte que nos orientan moral y pedagógicamente. Recuerdo al lector que muchos artistas son ahora galeristas, críticos de diario, presentadores de televisión, o simplemente burócratas de la administración del espectáculo. Todos ellos están obligados a mantener el orden en y del arte.
 
La falsificación generalizada lo convierte todo en arte. Si lo que se vende como «automóvil de lujo» es un fraude que dura tres años y lo que se vende como «filete de ternera» es veneno hormonal, resulta a todas luces lógico suponer que lo que se vende como «arte actual» o incluso como «arte de vanguardia» no deba ser otra cosa que la falsificación del arte convertida en verdad por ausencia de crítica y de criterio.
 
[1]. G. Debord, La société du spectacle, Buchet-Chastel, París, 1967.
 
[2]. G. Debord, La société du spectacle, Buchet-Chastel, París, 1967.
 
[3]. G. Debord, La société du spectacle, Buchet-Chastel, París, 1967.

[Publicado el 04/6/2012 a las 12:45]

[Etiquetas: Félix de Azúa, Guy Debord, Citas]

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En primera persona

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Poema visual del venezolano Manel Costa

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso". Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, es probablemente uno de los personajes más recordados de la literatura del siglo XX pero también uno de los menos imitados, ya que ningún siglo ha sido tan pródigo en memorias, testimonios y autobiografías. La publicación de una importante cantidad de obras de este tipo en los últimos meses ha devuelto a la autobiografía su visibilidad en los escaparates del negocio literario pero también ha llevado a que se agrupe bajo un mismo rótulo a obras de características muy diferentes, introduciendo una pregunta tácita acerca de qué es lo que se entiende por autobiografía en nuestros tiempos y cuáles son las razones de su proliferación.

A la aparición de nuevas obras de autores extranjeros como Wole Soyinka (Partirás al amanecer, RBA) y  J. M. Coetzee (Verano, Mondadori) y al rescate del Diario del duelo (Paidós) de Roland Barthes se suman obras de autores hispanoamericanos como el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos (Seix Barral, 2007), un desgarrador testimonio sobre el asesinato de su padre y la incapacidad y tal vez el desinterés de la policía colombiana por resolver ese crimen, y la reciente Traiciones de la memoria (Alfaguara), que se articula en torno a un poema atribuido a Jorge Luis Borges que el narrador encontró en uno de los bolsillos de la chaqueta de su padre el día que fue asesinado. Más convencionales desde el punto de vista del género son La novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral) y En la ciudad sumergida de José Carlos Llop (RBA). En ellas la identidad entre autor, narrador y personaje (todos identificados de forma consuetudinaria por el nombre que aparece en la portada) se cumple por completo, aunque, en el caso de la obra de Llop la memoria narrada no es sólo la individual sino también la de los abuelos y los padres y el resultado no es la glosa de una fotografía familiar sino un fresco de la ciudad de Mallorca, la manifestación de sus vínculos con otras ciudades literarias como la Alejandría de Cavafis y el París de Proust y el relato de su desaparición a manos del siempre cruento paso del tiempo. Un fresco (aunque ya no de una ciudad sino de ese paisaje cambiante que es la literatura) es también Egos revueltos de Juan Cruz Ruiz (Tusquets), que recoge anécdotas de su vida como escritor, periodista y editor de algunos de los autores más importantes de los últimos cincuenta años. También Seductors, il.lustrats i visionaris (Edicions 62) de Josep Maria Castellet, cuyos personajes son tanto el autor como Carlos Barral, Gabriel Ferrater y Terenci Moix, y las memorias de la editora y escritora Esther Tusquets Habíamos ganado la guerra (Bruguera, 2007) y Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera).

Más interesantes resultan aquellas obras que afectan a la distribución canónica de los textos entre los subgéneros afines de la autobiografía, la escritura confesional, la novela autobiográfica, la autoficción, el diario y las memorias. Entre este segundo tipo de obras destacan Tiempo de silencio de Marcos Giralt Torrente (Anagrama) y Autobiografía sin vida de Félix de Azúa (Mondadori). El primero es el relato descarnado y emotivo de la relación del autor con su padre, el extraordinario pintor Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte; el libro de Giralt Torrente destaca por su particular cruce entre escritura confesional y autobiografía y por su carácter autoconclusivo, que se diferencia de la necesaria incomplitud que es consustancial a la autobiografía y que surge del hecho mismo de que, en tanto su autor sigue vivo, la autobiografía está necesariamente inacabada. La segunda es una autobiografía ya no del autor mismo sino de lo que éste llama "una vida de imágenes", un fondo común de experiencias estéticas con el que el autor no procura reivindicar su individualidad sino la existencia de un colectivo y de un tipo de sociabilidad que desaparecen en la medida en que el arte pierde su sentido en la sociedad posmoderna. La autobiografía de Félix de Azúa es una despedida de una serie de impresiones amadas que por motivos de economía llamaremos aquí artísticas, pero si aún puede ser adscrita al género sin violentarlo lo es tan sólo porque la omisión de la figura del autor recorta su silueta sobre el tapiz como la de una ausencia.

"El libro de Félix de Azúa no es propiamente autobiografia como narración de una vida, pero su matriz adopta un yo reflexivo que podríamos asociar al de la forma intelectual de los Essais de Montaigne para elucidar el sentido del arte en la sociedad contemporánea" opina José María Pozuelo Yvancos, autor de la fundamental De la autobiografía: teoría y estilos (Crítica, 2005), quien sostiene además que las autobiografías más recientes no suponen grandes cambios en la concepción tradicional del género. "Las que sí han cambiado son las figuraciones del yo en la novela", afirma y menciona como los autores más importantes de esta tendencia a Javier Marías y Enrique Vila-Matas.

Quizás valga la pena preguntarse por esta proliferación reciente de autobiografías en el ámbito hispanohablante y el desafío a las convenciones que preside algunas de ellas. Una respuesta superficial podría reducirse a que el género "está de moda", pero, esté de moda o no, lo que parece haber detrás de su proliferación es la crisis de un cierto tipo de relato que explicó y normalizó el pasado español reciente, con sus estaciones obligatorias en la educación católica, el franquismo, la Transición, etcétera. En ese sentido, el escritor argentino Blas Matamoro, autor del ensayo Novela familiar. El universo privado del escritor (Páginas de Espuma), en el que glosa la vida familiar de unos trescientos sesenta escritores, sostiene que la recuperación de la figura del padre en la escritura autobiográfica "adquiere incontables personificaciones: Dios, la patria, la lengua". Las nuevas versiones del pasado reciente español están basadas en la subjetividad de sus autores, que reivindican un ordenamiento alternativo de ese pasado que no necesariamente lo normaliza ni lo edulcora.

Quizás detrás de esta proliferación esté también la pregunta acerca de cómo se puede narrar la propia vida en un momento histórico en el que gracias o por culpa de la aparición de blogs, redes sociales, mensajería instantánea y otras formas de comunicación la vida y su narración son casi simultáneos; es decir, el interrogante acerca de cómo se puede o debe contar la vida propia tras el declive de la cultura letrada tal como ésta era concebida tradicionalmente. Sean estas las razones de su proliferación o no, las preguntas que el género autobiográfico provoca en sus autores y lectores (la cuestión de la verdad en literatura, la de la mímesis de la realidad, la de la unidad de la identidad, etcétera) parecen hoy en día más pertinentes que nunca. Aquí hay un puñado de autores que han decidido narrar su vida para dotarla de verdad y sentido, y no es improbable que otros los sigan; quizás la autobiografía ha llegado realmente para quedarse.

 

[Publicado originalmente en ABC Cultural. Julio 19 de 2010]

[Publicado el 19/7/2010 a las 13:10]

[Etiquetas: Jerome David Salinger, Héctor Abad Faciolince, José Carlos Llop, Juan Cruz Ruiz, Josep Maria Castellet, Esther Tusquets, Marcos Giralt Torrente, Félix de Azúa, José María Pozuelo Yvancos, Blas Matamoro, Autobiografía]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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