El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Prácticas del relevo

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A poco de comenzado su ensayo La fábrica del lenguaje, S.A., el escritor mexicano Pablo Raphael afirma de forma categórica que "los libros que se imprimen hoy no tienen la menor importancia como factor de cambio social" y que "la literatura y la sociedad están rotas" (21). Un cierto ensayismo reciente, escrito principalmente por autores nacidos en torno a la década de 1970, nos tiene acostumbrados a este tipo de juicios taxativos, pero la diferencia entre esta afirmación y las que pueblan ese ensayismo consiste en que su autor no la realiza para poner punto y final a una discusión en torno a los vínculos entre literatura y sociedad, sino a manera de invitación a esa discusión y con la finalidad de "plantear una serie de hipótesis que buscan hacer más preguntas que respuestas" y proponer un "ejercicio para definir el espacio público en el que estamos y algunos de los principios por donde se mueven los temas, estéticas, moldes y modelos de la literatura que pertenecen a un relevo (real o ficticio)" (29).
 
 
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Pablo Raphael nació en Ciudad de México en 1970 y es autor de las ficciones de Agenda del suicidio y Armadura para un hombre solo, además de crítico, por lo que la suya no es en absoluto una mirada distante sobre su objeto de estudio; por su propio carácter, tampoco una objetiva (cualquier cosa que esto sea), pero el ejercicio que propone se ve beneficiado por la particular naturaleza de su situación: por una parte, el escritor mexicano se sabe partícipe de la escena literaria de su país y, por lo tanto, de la hispanoamericana; por el otro, admite las contradicciones de esa escena, caracterizada por el desinterés de buena parte de sus miembros por los efectos políticos de sus obras, su individualismo, el carácter adversativo de la mayor parte de los intercambios entre sus integrantes, el entusiasmo por los neologismos y el pensamiento de baja intensidad, el desdén por la tradición literaria y la aceptación acrítica de las reglas del mercado literario. Como afirma, "la mía se trata de una generación que apenas se lee y que se insulta muchísimo" (49) y que ha dado paso al surgimiento de tres figuras: "los directores de marketing convertidos en autores, los escritores sin obra que hacen política 'literaria' y los burócratas culturales fascinados con la administración de las becas, las fotos de coctel, los bicentenarios y las exposiciones que organiza el Estado" (50).
 
Ante este panorama, el de una literatura mayoritariamente torpe y anclada firmemente en la inopia estética y ética (y, por lo tanto, política), cuyo problema Raphael resume con maestría cuando afirma que "el lenguaje ha dejado de ser el mediador entre los hechos y lo que se narra" (38), el ensayista mexicano reivindica un tipo de literatura caracterizada por "el equilibrio entre contexto histórico, poética, ideología, trama y aparato textual" (78); también, una literatura que indague en la posibilidad de que exista un equivalente en su ámbito a iniciativas como la democracia deliberativa, la planificación participativa y los presupuestos consensuados que enarbolan los colectivos antiglobalización y "altermundistas" en el de la política. Para Raphael, se trata de proponer alternativas en un período histórico en el que "conceptos como generación, nacionalidad, geografía o género han dejado de servir como coordenadas para definir el estado actual del arte" (29) y producir con ellas una literatura y una crítica que sea "la principal protagonista en la redacción de una nueva lexis" (112), es decir, de un nuevo lenguaje para que los ciudadanos discutan la naturaleza de sus relaciones.
 
 
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Resulta difícil encontrar objeciones a este esfuerzo por devolver a la literatura del presente el sitio que antaño ocupó en la puesta en escena del futuro; más fácil resulta plantear reparos menores a entusiasmos puntuales del autor por ciertos escritores, ciertas publicaciones minoritarias e incluso a su interés por cierta literatura performativa y en la Red, pero el objeto de este libro parece ser precisamente ése, el de estimular un disenso necesario. Se trata de "anticipar respuestas, pensar en la necesidad de refrescar el lenguaje y hacer del poder de la palabra un elemento activo para recomponer el tejido social y corregir el vacío institucional provocado por la abulia, el abstencionismo y la tradición individualista que tiene condicionada a la sociedad" (279) y a la literatura, que es su causa y su consecuencia. El filósofo inglés Herbert Spencer afirmó en cierta ocasión que "la finalidad de la educación no es el conocimiento sino la acción". Pablo Raphael ha escrito un libro que parece responder a esa consigna y que funciona como el reverso inteligente del ensayismo al que hacía mención más arriba. Aun admitiendo lo certero del retrato devastador que Raphael realiza de su generación literaria (que es también la mía), su ensayo ofrece razones para el optimismo por cuanto señala la constitución de un espacio de disidencia para quienes no se conforman (no nos conformamos, cabría decir) con el estado de cosas en la literatura y no sólo en ella. Muy posiblemente La fábrica del lenguaje, S.A. sea el primer ensayo de importancia en español escrito por un autor nacido después de 1970.
 
 
Pablo Raphael
La fábrica del lenguaje, S.A.
Barcelona: Anagrama, 2011
302 páginas
 
 
Publicado originalmente en ABC Cultural. 10 de marzo de 2012.
 
[El próximo viernes: Trasfondo de Patricia Ratto]

[Publicado el 09/5/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Pablo Raphael, Ensayo, Anagrama]

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El novelista ingenuo

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Aunque Orhan Pamuk obtuvo en 2006 el Premio Nobel de Literatura, la primera de sus vocaciones fue otra; más específicamente, la pintura, que abandonó a los veintitrés años de edad. Ésta parece constituir, sin embargo, su entusiasmo más persistente: buena parte de los símiles y comparaciones a los que el escritor turco recurre en este El novelista ingenuo y el sentimental para explicar por qué leemos y qué nos sucede cuando lo hacemos proviene del ámbito de ese entusiasmo juvenil.
 
Pamuk parte aquí de la distinción establecida por Friedrich Schiller entre el artista ingenuo (es decir, intuitivo) y el sentimental o reflexivo (aquel en el que la producción artística está acompañada de un esfuerzo por comprender su funcionamiento) para reflexionar en torno a cuestiones medulares de la literatura como la verosimilitud, la construcción del personaje, la relación entre los hechos narrados y la experiencia personal de los autores, la presentación del tiempo en narrativa, la distinción aristotélica entre el mostrar y el contar, etcétera. En todos los casos, el autor de la reciente Nieve (2011) se recuesta en su experiencia para responder a estas preguntas, ofreciendo una interpretación personal de su trabajo; en todos los casos, también, es inusualmente claro.
 
Ahora bien, esta claridad, que sabrán apreciar la mayoría de los lectores de El novelista ingenuo y el sentimental, resultará levemente irritante para el lector que esté familiarizado con la teoría literaria, para el que este libro no parece concebido; ese lector se preguntará por qué razón Pamuk ha basado las seis conferencias que componen este libro en Aspectos de la novela de E.M. Foster (1927) y Teoría de la novela de György Lukács (1916) omitiendo aportes más recientes y específicos, también se preguntará a qué se debe que el cuerpo central de la bibliografía a la que el escritor turco regresa una y otra vez aquí esté limitado a obras del siglo XIX como Anna Karénina, Guerra y paz (que considera "el paradigma de cómo se debe leer una novela"), Rojo y negro, La educación sentimental y otros. También se preguntará por la distinción entre autores "verbales" y "visuales" que realiza el autor (y que de tan difícil constatación parece) y por ese "centro secreto", "real e imaginario," que "distingue a las novelas de otras narraciones literarias" y que no parece haber sido observado antes por ningún otro crítico.
 
En el concepto tan esquivo de un "centro secreto" (que el autor atribuye en algunos casos a cierta complejidad de los personajes, en otros a la capacidad del texto de "explicar" la vida y, al menos en un pasaje, denomina "el tema real de la novela") se puede encontrar precisamente la que es la principal falencia de este libro, vinculable por lo demás a la primera vocación de su autor: un cierto impresionismo que resulta útil y notablemente eficaz para dar cuenta de percepciones recurrentes de los lectores pero no explica por qué estos tienen esas percepciones y no otras.
 
En realidad, todos los lectores tenemos recurrentemente la impresión de que el texto que estamos leyendo tiene un "centro secreto" y muchos de nosotros podemos coincidir al menos parcialmente con el escritor turco cuando afirma que "el valor de una novela reside en su poder para provocar una búsqueda de un centro que también podemos proyectar ingenuamente sobre el mundo [...] la verdadera medida del valor debe residir en el poder de la novela para evocar la sensación de que la vida es exactamente así", pero la deliberada omisión de toda profundización al respecto por parte de Pamuk en un libro destinado a explicar ciertos fenómenos literarios y no meramente a glosarlos parece demostrar que, contra la muy sensata afirmación de su autor (para quien "ser un novelista es el arte de ser ingenuo y reflexivo al mismo tiempo"), su visión de la literatura (presidida, por lo demás, por las presencias tutelares de Fiódor Dostoievski, Lev Tolstói, Marcel Proust y Thomas Mann) coincide más con el primero que con el segundo de los extremos que alguna vez señalara Schiller.
 
 
Orhan Pamuk
El novelista ingenuo y el sentimental
Trad. Roberto Falcó Miramontes
Barcelona: Mondadori, 2011
 
 
[El próximo miércoles: Santiago Snap! Subculturas de Francisca Pinochet]

[Publicado el 28/11/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Orhan Pamuk, Ensayo, Mondadori]

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Enrique Vila-Matas, el último lector

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En "Gombrowicz en seis horas y cuarto" Enrique Vila-Matas recuerda que en sus comienzos "no quería ser como Juan Benet o [Rafael] Sánchez Ferlosio. Quería ser un escritor no-español, y a ser posible raro y del país más extraño que encontrara". Naturalmente, el autor de El mal de Montano ha conseguido convertirse en ese escritor, y en la actualidad habita un país que lleva su nombre y del que es el principal habitante (aunque no el único), un país al que se accede exclusivamente mediante la lectura.
 
En ese sentido, Juan Villoro recuerda en un artículo de 2005 publicado posteriormente en Vila-Matas portátil (Candaya, 2007) que la estética del autor de Dublinesca "depende en primera y última instancia de la lectura" y que "resulta casi imposible asomarse a [Vladimir] Nabokov, [Franz] Kafka, [Robert] Walser, [Witold] Gombrowicz o [Fernando] Pessoa desde el mirador de la narrativa hispánica sin revisarlos al modo de Vila-Matas". La observación de Villoro no es accesoria, sino que apunta a características esenciales de la obra no solamente ensayística del escritor español como su celebración de la lectura y su concepción del autor como alguien decidido no a inventar sino a dar cuenta de sus descubrimientos; la literatura hispanohablante debe a Jorge Luis Borges y posteriormente a Enrique Vila-Matas la ampliación del repertorio de posibilidades que resulta de esa concepción. Al igual que Borges, el autor de Suicidios ejemplares ha hecho pasar tímida y cortésmente buena parte de sus hallazgos por las citas de autores heterogéneos que conforman una singular biblioteca íntima y se ha dedicado a promover esa biblioteca con entusiasmo. Vila-Matas parece haber encontrado muy pronto un estilo idóneo para ello, compuesto de anécdotas inventadas, atribuciones erróneas y situaciones disparatadas y posiblemente falsas que le permiten abordar cuestiones complejas vinculadas con la literatura (la desaparición del autor, la preponderancia del proyecto, la tarea del lector, los vínculos entre ficción y realidad, etcétera) de una manera nada solemne; en ese sentido, su obra ensayística adquiere una forma zigzagueante y fingidamente casual que recuerda mucho al género francés de la "causerie" por su brevedad y su humorismo pero carece de su carácter circunstancial, ya que, como demuestran los ensayos selectos de Una vida absolutamente maravillosa, esa obra ensayística anticipa temas y argumentos de la obra ficcional del autor (si es que ambas pueden deslindarse) y la explica. Un ejemplo escogido al azar es el del pequeño ensayo "El bolsillo secreto": aquí Vila-Matas recuerda un pasaje de La ocupación del suelo de Jean Echenoz, a continuación menciona una fotografía de la casa natal de Georges Perec, luego una cita de Gérard de Nerval, más tarde evoca un sueño, después cita a Edmond Jabés y a continuación recuerda el bolsillo secreto que los judíos conversos llevaban en un pliegue de la manga izquierda y en el que apuntaban sus plegarias esenciales, lo que lo lleva a regresar a La ocupación del suelo y a concluir con la que es la idea central del texto, la de que ciertos libros "son escritos para bolsillos secretos" (26).
 
Una vida absolutamente maravillosa tiene algo más de quinientas páginas y en ella los textos (extraídos de libros como El traje de los domingos de 1995, Para acabar con los números redondos de 1997, Desde la ciudad nerviosa de 2000 y El viento ligero de Parma de 2004 y de publicaciones como Babelia y Letras Libres) poseen mayoritariamente esa forma, lo que otorga a la selección un carácter inevitablemente monótono, pero esta es la única pega que se le puede poner al volumen, ya que, por una parte, éste reúne textos imprescindibles del autor español que permanecían dispersos hasta el momento y, por otra, está repleto de hallazgos: la historia del doble de Guy de Maupassant, la del asalto a Notre-Dame de París por el letrista Michel Mourre, la de la extraordinaria fortuna final de obras literarias que alguna vez estuvieron a punto de titularse "Trimalchio en West Egg" o "Pansy", un gran chiste de Bohumil Hrabal, los encuentros entre Franz Kafka y el matrimonio Nabokov en el tranvía, la historia del continuador del novelista ficticio Jack Torrance, el impulso inicial para la escritura de Bartleby y compañía o el vínculo entre la literatura y el alcohol.
 
Que este Una vida absolutamente maravillosa es uno de los textos fundamentales de la obra de Enrique Vila-Matas queda también de manifiesto en la medida en que permite conocer más profundamente la biblioteca personal del autor y su interés por ciertas literaturas nacionales: por las páginas de esta edición al cuidado de Andreu Jaume circulan autores como los mencionados por Villoro, pero también Raymond Roussel, Gustave Flaubert, James Joyce, Louis-Ferdinand Céline, César Aira, Paul Auster, Pío Baroja, Samuel Beckett, Walter Benjamin, Adolfo Bioy Casares, Maurice Blanchot, Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges, Anthony Burgess, André Breton, Italo Calvino, Álvaro de Campos, Elias Canetti, Truman Capote, Anton Chejov, Julio Cortázar, Charles Dickens, Marcel Duchamp, Roland Barthes, Jules Renard, Marguerite Duras, William Faulkner, Macedonio Fernández, Gabriel García Márquez, Ramón Gómez de la Serna, Graham Greene, Ernest Hemingway, Patricia Highsmith, Georg Christoph Lichtenberg, Claudio Magris, Stéphane Mallarmé, Katherine Mansfield, Michel de Montaigne, Augusto Monterroso, Dorothy Parker, Octavio Paz, Ricardo Piglia, Sergio Pitol, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Arthur Rimbaud, Alejandro Rossi, Francis Scott Fitzgerald, W.G. Sebald Stendhal, Laurence Sterne, Italo Svevo, Antonio Tabucchi, Ramón María del Valle-Inclán, Oscar Wilde y Bruno Schulz, algunos de los cuales los lectores que nos formamos en la década de 1990 descubrimos gracias a él. Una vida absolutamente maravillosa viene a probar  también que (contra lo que podía creerse) el interés de Vila-Matas como lector no se limita a la literatura francesa, sino que se extiende a la hispanoamericana, la alemana y la italiana y (al igual que El viajero más lento: el arte no terminar nada de 1992, editado estos días por Seix Barral y también relevante, aunque carezca de notas y de índice onomástico y no haya sido actualizado) también a dar cuenta de un territorio enorme al tiempo que íntimo que forma parte de la geografía personal de quienes somos sus lectores.
 
 
Enrique Vila Matas
Una vida absolutamente maravillosa: ensayos selectos
Edición al cuidado de Andreu Jaume
Barcelona: Debolsillo, 2011
 
Enrique Vila Matas
El viajero más lento: el arte no terminar nada
Barcelona: Seix Barral, 2011
 
 
Publicado originalmente en Letras Libres, noviembre de 2011.
 
 
[Mañana: "Un pezón descubierto puede financiar la publicación de un libro revolucionario", cita]

[Publicado el 16/11/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Enrique Vila Matas, Debolsillo, Seix Barral, Ensayo]

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Una ética literaria para la vida

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Aunque desde su mismo subtítulo el nuevo libro del escritor español Rafael Chirbes equipara los términos "leer" y "escribir", Por cuenta propia presenta una relación asimétrica entre ambos. En estos dieciocho textos escritos a partir de 2002, Chirbes se interesa más por el primero de estos términos sin soslayar, sin embargo, la productividad del acto de leer. Así, Por cuenta propia se convierte en un mapa de lecturas del que emergen varias cuestiones.
 
Una de ellas, y probablemente las más obvia, es la del precursor. A menudo la obra crítica de los escritores de ficciones tiene como finalidad excluyente recortar un fragmento del pasado literario que otorgue sentido e importancia (en otras palabras, que constituya un "espacio de lectura") para la obra propia, y Por cuenta propia no escapa a este uso específico del ensayo: de hecho, Chirbes dedica todo un apartado a esta cuestión, titulado significativamente "Maestros", y en uno de sus mejores textos compara favorablemente a La Celestina con El Quijote, al destacar que "[c]omo más tarde hará Cervantes con la novela de caballerías, Rojas somete a una relectura la tradición, y aniquila todo el corpus de convenciones literarias del medievo, con su trasunto moral" (46).
 
A Chirbes le interesa del texto de Fernando de Rojas "el manejo de los materiales literarios como palanca para romper un acuerdo a la vez estilístico y social" (46). La equiparación entre gusto literario y orden social que realiza aquí el autor remite a los referentes principales de su forma de comprender la literatura, Raymond Williams y Terry Eagleton, cuyo interés en la creación del gusto estético como forma de control social permea todo el libro. Chirbes no establece distinciones entre los enfrentamientos que tienen lugar en el campo de la literatura y aquellos que se producen en la sociedad; por el contrario, da cuenta de cómo las cuestiones estéticas están supeditadas a las políticas, como sucede en el caso de Benito Pérez Galdós, desprestigiado tras el final de la Guerra Civil Española por el uso que la República había hecho de su obra y reivindicado más tarde por "un activo e inquieto núcleo de novelistas [...] para proclamar la reconstrucción de una narrativa de corte realista y cargada con un decidido afán de denuncia" (120-121).
 
La reivindicación de Galdós practicada por el autor en uno de los mejores ensayos del libro recorta el grupo de escritores al que Chirbes se siente afín: Juan Marsé, Ramiro Pinilla, Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa y Luis Martín Santos, a los que en el apartado titulado "Contemporáneos" suma a Carmen Martín Gaite, Manuel Vázquez Montalbán ("su Crónica sentimental de España me había enseñado que el sórdido mundo de mi infancia, las películas vistas en sesiones dobles, los cuplés, los tebeos, eran materiales para la construcción de una cultura de los de abajo", 170) y Andrés Barba. Esta reivindicación apunta también al tipo de literatura que el autor rechaza: "lo literario como valor autónomo", "el tema del yo con mayúsculas" (124), "una literatura que reclama su derecho a librarse de todo vínculo con el entorno" (127), aquella que "agoniza por una sobredosis de inteligencia" (212).
 
A este tipo de literatura Chirbes le contrapone otro, remanente de un período histórico en el que "la novela anunciaba aún cierta verdad que estaba a punto de llegar" (207) y cuyos representantes son, para el autor, James Joyce, Michail Bulgákov, Alfred Döblin, John Steinbeck, William Faulkner, Upton Sinclair y John Dos Passos. Chirbes procura con ello reivindicar la función de los textos como expresión de un programa ético de acción práctica ("algo que reconciliara la política con la vida" lo llama en otro lugar, 173), de allí que no deba sorprender que Por cuenta propia proyecte estas cuestiones en un apartado dedicado a asuntos mayormente políticos: la recuperación de la memoria por parte del partido gobernante para "volver a comprarse la legitimidad malgastada" (217) la manipulación de la figura de Max Aub por parte del mismo, la ilusión retrospectiva de una "resistencia interior" al franquismo (223), la desaparición de la figura del obrero de la discusión en torno a lo público, etcétera.
 
Aunque algunos lectores considerarán que estos textos constituyen una desviación del tema que preside el libro, lo cierto es que, en la concepción de la literatura que emerge de la obra, estos textos son necesarios, por cuanto recortan el fondo del que ésta emerge; pese a ello, el libro se crece ante los ojos del lector allí donde Chirbes se ocupa principalmente de literatura. En "Después de la explosión", por ejemplo, donde el autor evalúa la aparición de la Primera Guerra Mundial y la conmoción que ésta dejó en sus contemporáneos en obras de autores como Marcel Proust, Thomas Mann, Italo Svevo, Henri Barbusse, Robert Graves y Jaroslav Hašek; en el ensayo en el que se ocupa de Los trabajos de Persiles y Segismunda de Cervantes o en los pasajes en los que literatura y sociedad se iluminan mutuamente. "La narrativa se ha convertido en un arte inane: se ha reconciliado con el público, precisamente porque dice poco de lo público" (266) escribe el autor poco antes de destinar el epílogo a dar cuenta de su relación con Jorge Herralde, su editor de toda la vida. Por cuenta propia, pero también Crematorio y las otras obras del autor, son ejemplo de la posibilidad de otro tipo de literatura, una literatura ética que se plasme en los libros pero proyecte sus efectos mucho más allá de ellos.
 
 
Rafael Chirbes
Por cuenta propia. Leer y escribir
Barcelona: Anagrama, 2010
 
[Publicado originalmente en Revista de Libros de Caja Madrid. Octubre de 2010]
 
 
[El próximo miércoles: Visiones de la ayahuasca, cita]

[Publicado el 24/8/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Rafael Chirbes, Ensayo, Anagrama]

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Un futuro que se conjuga en presente

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Vivimos en una época tan sólo comparable con las de la industrialización, del Renacimiento y la de las migraciones que condujeron a la caída del Imperio Romano; la radicalidad de los cambios a los que debemos enfrentarnos diariamente nos hace añorar la normalidad, la estabilidad y la seguridad de otras épocas y nos llena de un temor al futuro actualizado periódicamente por los artículos alarmistas de la prensa: dos tercios de los europeos aseguran estar convencidos de que la próxima generación lo tendrá más difícil aún de lo que lo tuvieron ellos. A partir de este temor de contornos imprecisos, el economista Heinrik Müller, autor de varios libros acerca de su disciplina y redactor jefe de la influyente revista alemana Managers Magazin, traza un diagnóstico de nuestra época haciendo énfasis en lo que considera "siete escaseces" a las que tendremos que enfrentarnos en los próximos años: de población económicamente activa en las sociedades europeas envejecidas, de fuerza de trabajo cualificada y capaz de proponer soluciones imaginativas a los nuevos retos socioeconómicos, de tiempo en nuestra frenética vida cotidiana, de energía, suelo habitable y agua y de un orden político en el plano internacional que pueda ofrecer soluciones consensuadas a estos problemas. Müller no es un pesimista, sin embargo. A estas "siete escaseces" el autor contrapone "siete virtudes" que considera fundamentales para la solución de los conflictos futuros: una nueva ética del trabajo que no escinda la actividad económica de la vida privada y de la realización personal, austeridad, creatividad, apertura a la innovación y a las influencias procedentes del extranjero, solidaridad (debido a que, en opinión del autor, los riesgos personales que entrañará la vida profesional en el futuro sólo serán tolerables con el respaldo familiar y social a los actores de la vida económica), cooperación en los planos nacional e internacional y originalidad en los planteamientos. "Podría ser peor" (299) es el consuelo y la advertencia realizados por Müller en la obra. El autor tiene una gran capacidad para traducir al lenguaje del lector medio una serie de problemas económicos de gran complejidad y el interés de éste por la obra no decae nunca. De a ratos, Die sieben Knappheiten se detiene en demasía en la situación alemana, pero quizás sea lo más cerca que estemos nunca de conocer el futuro.

 

Henrik Müller
Die sieben Knappheiten: Wie sie unsere Zukunft bedrohen und was wir ihnen entgegensetzen können [Las siete escaseces: cómo amenazan nuestro futuro y qué podemos oponerles]
Frankfurt am Main: Campus Verlag, 2010

 

[El próximo viernes: El comité invisible, cita]

[Publicado el 25/5/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Henrik Müller, Ensayo, Campus Verlag]

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"Aportar luz al mundo"

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El erudito inglés William Blades fue el primero en estudiar de forma sistemática la destrucción de los libros; lo hizo en 1881 en su obra Enemies of books, en la que determinó que las principales amenazas para los libros eran el fuego, el agua, el gas y el calor, el polvo, la negligencia, la ignorancia, la maldad, los insectos, los gusanos de los libros, los coleccionistas, la servidumbre, los libreros y los niños. Algo más de un siglo después, las amenazas siguen siendo las mismas y quizás tan sólo debiéramos agregar a ellas los totalitarismos y las guerras, que hemos tenido en grandes cantidades desde que Blades publicara su obra. A esas amenazas está dedicada la Nueva historia universal de la destrucción de libros del poeta y ensayista venezolano Fernando Báez, que había publicado una versión previa de este libro en el año 2004 con el título de Historia universal de la destrucción de libros.
 
Entre una y otra edición median "doce años de trabajo; y seis años más de correcciones", como afirma el autor en sus "Agradecimientos" (397), pero también varias guerras que, como la de Irak (cuya devastación el autor conoció de primera mano al visitar el país en varias ocasiones), supusieron pérdidas cuantiosas e irreparables del patrimonio bibliográfico de la humanidad. No son acontecimientos singulares ni novedosos, sin embargo: Báez demuestra en esta obra que la destrucción de los libros (ya por causas naturales, ya debido a la acción del hombre) se remonta a los comienzos de su existencia, y traza un recorrido de la historia de su destrucción que es también el de nuestra historia con los libros desde su aparición hasta nuestros días.
 
A este mérito de la obra hay que sumarle el de la gran erudición de su autor (su bibliografía es sencillamente apabullante) y su capacidad para resumir la que es una historia extensa en un número relativamente razonable de páginas. Báez ha expandido y actualizado su obra en relación a la edición de 2004 con nuevos capítulos dedicados a la destrucción de libros en China y en África y un capítulo dedicado a la "hoguera de las vanidades" de Savonarola y la ampliación de los capítulos correspondientes a la destrucción de libros por parte de los regímenes totalitarios en Argentina y Chile en las décadas de 1970 y 1980, un nuevo capítulo sobre la destrucción de bibliotecas imaginarias y una actualización de la discusión sobre la aparición del libro electrónico y la pervivencia del libro de papel, entre otras novedades. Por las páginas de esta Nueva historia universal de la destrucción de libros circulan las figuras recurrentes de las tablillas sumerias, los libros griegos y romanos perdidos, la Biblioteca de Alejandría y su destrucción, los rollos del Mar Muerto, los Evangelios "apócrifos", la tarea silenciosa realizada por los monjes en la Edad Media, la destrucción de las bibliotecas de Bagdad, la quema del Corán en la Reconquista, la eliminación de los códices prehispánicos en América, la Inquisición española y la censura inglesa, la destrucción de libros durante la Revolución Francesa y durante la Guerra Civil Española, el bibliocasto nazi, las pérdidas de la Segunda Guerra Mundial y la Revolución Cultural china y el comunismo en la Unión Soviética y los esfuerzos por crear la devastación cultural durante la Guerra de los Balcanes, en Chechenia y en Palestina y, más recientemente, la quema de Coranes por parte del pastor estadounidense Terry Jones; también, sin embargo, figuras como la de Antonio Rodríguez-Moñino (1910-1970), quien se desempeñó durante la República como vocal de la Junta de Incautación y, como tal, salvó de la destrucción numerosos archivos y bibliotecas antes de ser juzgado y depurado tras la guerra.
 
A pesar de una cierta aridez y la aparición de errores que hubieran sido fácilmente evitables mediante una edición más cuidadosa del libro ("Else Lasker-Schuler" por "Else Lasker-Schüler", 287; "Charles Bukowsky" por "Charles Bukowski", 317; "Norberto Galazo" por "Noberto Galasso" y "Gladys Anega" por "Gladys Onega", 334; "Henri Lefevre" por "Henri Lefebvre", 332; etcétera), Nueva historia universal de la destrucción de libros es un libro valioso y extraordinariamente necesario en estos tiempos. El sabio judío Nachman de Bratslav (1772-1811), que quemó uno de sus libros, afirmó, a modo de justificación, que "quemar un libro es aportar luz al mundo" (231), pero es probable que no estuviese en lo cierto: es cada uno de los libros que ha sobrevivido a la historia de su destrucción el que ilumina el mundo; también, obras de referencia ineludible como esta Nueva historia universal de la destrucción de libros de Fernando Báez, que llega a las librerías con el apoyo entusiasta de Noam Chomsky, Umberto Eco y Alberto Manguel.
 
 
Fernando Báez
Nueva historia universal de la destrucción de libros
Barcelona: Destino, 2011
 
[El próximo miércoles: La bicicleta estática de Sergi Pàmies]

[Publicado el 09/5/2011 a las 11:58]

[Etiquetas: Fernando Báez, Ensayo, Destino]

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A vueltas con los multiventas

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No sabemos qué cosa es un best seller, pero podemos reconocer uno de inmediato. Aunque ingente, la producción crítica en torno a los libros multiventas tampoco establece precisiones, y sus autores a menudo ni siquiera consiguen ponerse de acuerdo en relación a la pregunta de si el best seller es un género literario (y, por lo tanto, un tipo de texto literario con un repertorio de procedimientos y convenciones) o si su condición de best seller es resultado simplemente de su buen funcionamiento en el mercado y, por lo tanto, es exterior a los textos agrupados en esa categoría e indiferente a su contenido.

El periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán (responsable de libros de Culturas de La Vanguardia actualmente) oscila inteligentemente entre ambas posiciones: por una parte (y siguiendo a Al Zuckerman) enumera sus características, que serían la puesta en juego de un tema "importante", "personajes más grandes que la vida", el planteamiento de "cuestiones dramáticas en forma de intriga", "un concepto original", "puntos de vista múltiples" y "escenarios interesantes" (en este sentido, es interesante que el autor invoque ciertas características intrínsecas a las obras al hablar de "best sellers de calidad" como los escritos por Umberto Eco, Milan Kundera, Patrick Süskind y Jostein Gaarder, entre otros); por la otra, incorpora a su campo de estudio libros tan heterogéneos como Matar a un ruiseñor de Harper Lee (1960), Diario de Ana Frank (1947), Cien años de soledad de Gabriel García Márquez (1967) y Piense y hágase rico de Napoleon Hill (1937), cuya única afinidad se encuentra en el hecho de que (como dice programáticamente el autor) son libros "que se venden mucho y de forma rápida" (27).

Vila-Sanjuán se propone determinar desde cuándo hay best sellers, qué incidencia social han tenido y cuál podría ser su canon, pero responde más bien a la primera y a la tercera de estas preguntas (desafortunadamente, la premisa de acuerdo a la cual, en palabras de John Sutherland, "los best sellers se ajustan a su momento cultural tan estrechamente como un guante bien ceñido. Y, típicamente, a ningún otro momento", 70, no es plenamente seguida a lo largo del libro). En el primer caso, lo hace repasando la historia de los libros más populares en Occidente desde la Edad Media (La leyenda áurea de Santiago de la Vorágine, el anónimo Cantar de Roldán, El Lazarillo de Tormes, el Quijote, la Enciclopedia de Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, Ivanhoe de Walter Scott, La cabaña del tío Tom de Harriet Beecher Stowe, etcétera), dando cuenta de la llegada de los primeros datos fiables respecto a la venta de libros en torno a finales del siglo XIX y revisando los principales aportes críticos en torno al fenómeno (Michael Korda, John Sutherland, Donald Ray Richards, Xavier Moret, Arthur T. Vanderbilt II y otros). En el segundo caso, mediante el análisis y el resumen de setenta obras literarias consideradas de forma canónica best sellers (Los misterios de París de Eugenio Sue, El prisionero de Zenda de Anthony Hope, Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez, Grand Hotel de Vicki Baum, Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, Las sandalias del pescador de Morris West, La casa de los espíritus de Isabel Allende, El alquimista de Paulo Coelho y la trilogía Millennium de Stieg Larsson, entre otros); en este último caso, los resúmenes no sólo solventan las carencias de quienes no somos lectores de multiventas, sino que también permiten establecer continuidades y repeticiones que (aunque el autor nunca explica por qué, si se trata de una cuestión puramente genérica, muchos libros que reúnen las características temáticas y formales de un best seller no se convierten en éxitos de ventas) posibilitan al lector trazarse una idea clara de qué cosa es un best seller (en otras palabras, cuál es su genericidad) incluso aunque esto nunca se diga de forma explícita a lo largo del libro.

A este, que es uno de los méritos de la obra de Vila-Sanjuán, hay que sumarle la capacidad de su autor para presentar al lector aspectos complejos del negocio editorial como la promoción de los autores y su construcción como figuras públicas de forma amena y didáctica; también, el de poner cifras concretas a lo que a menudo no son más que simples intuiciones y voz a los editores, que explican de forma clara y con un grado inusual de franqueza la forma en que un puñado de libros de los últimos años (Soldados de Salamina de Javier Cercas, La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, La catedral del mar de Ildefonso Falcones y El tiempo entre costuras de María Dueñas) llegaron a convertirse en multiventas. Un mérito adicional del libro es que su autor no sólo presta atención a lo que sucede en el ámbito angloparlante sino que presta atención también al fenómeno en Francia, Italia y Alemania; uno más, y no el menos importante, es su defensa del best seller.

Código best seller es una continuación natural de Pasando página. Autores y editores en la España democrática (2003), en el que el autor se ocupaba de las obras de éxito en ese período. Aunque el agente literario Andrew Wylie comparó famosamente los libros multiventas y la comida basura afirmando que ambos "te hacen gordo y perezoso y te acaban matando" (64), Código best seller viene a probar que la reflexión en torno a sus principales mecanismos es, por el contrario, muy saludable.

 

 

Sergio Vila-Sanjuán

Código Best Seller. Las lecturas apasionantes que han marcado nuestra vida

Pról. José Antonio Marina

Madrid: Temas de Hoy, 2011

 

[El próximo lunes: El Estado Mental]

[Publicado el 29/4/2011 a las 11:51]

[Etiquetas: Sergio Vila-Sanjuán, Temas de Hoy, Ensayo]

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La obviedad de lo escrito

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Crédito: desconocido.

"Todos los ambientes deben ser evitados, ya que a cada uno de ellos parece haberle sido encargado neutralizar una verdad. Los ambientes literarios están allí para asfixiar la obviedad de lo escrito. [...] Se deben evitar especialmente los ambientes culturales y activistas. Ambos son los morideros en los que encallan tradicionalmente todos los deseos de revolución. La tarea de los ambientes culturales es encontrar las intensidades que brotan y sustraerle a uno el sentido de lo que uno hace mediante su exhibición; la finalidad de los ambientes activistas es quitarle a uno la energía para hacer" (79).
 
 
De Der kommende Aufstand [La sublevación que viene] de El Comité Invisible (Trad. Elmar Schmeda. Hamburg: Nautilus, 2010). Mi traducción.
 
 
[Mañana: Dinero gratis de Carlo Padial]

[Publicado el 07/4/2011 a las 12:35]

[Etiquetas: Comité Invisible, Ensayo, Nautilus]

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Economías de la literatura

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Los demasiados libros: Instalación de Alicia Martín en la Casa de América de Madrid en 2003. Crédito: desconocido.

Al igual que las grandes exhibiciones de estupidez, las de inteligencia nos dejan perplejos, un fenómeno que afecta a la crítica literaria en la medida en que ésta se ve en ocasiones en la obligación de discutir textos que la superan en profundidad y en brillantez; ante esos textos (pocos, desafortunadamente), la crítica literaria enmudece o se limita a la enumeración de lugares comunes. Quizás podamos aquí tentar una vía intermedia.
 
Uno
Gabriel Zaid nació en 1934 en Monterrey (México) y es ingeniero mecánico, aunque es conocido casi exclusivamente como poeta, ensayista y crítico literario. Fue miembro del consejo de la revista Vuelta entre 1976 y 1992, de la Academia Mexicana de la Lengua (institución que queremos imaginar más eficiente y acertada que su homóloga española) entre 1986 y 2002 y del Colegio Nacional desde 1984, y es colaborador regular de la hispanomexicana Letras Libres. Precisamente de esta revista provienen los artículos que conforman la edición corregida y aumentada realizada el año pasado de Los demasiados libros, quizás su obra más conocida.
 
Dos
Los demasiados libros (sobre el que hemos hablado previamente aquí)  reúne ensayos en torno a la cuestión nada pueril de la proliferación de los títulos, "entre los excesos de la grafomanía y los excesos del comercialismo, entre el caos de la diversidad y la concentración del mercado" (11). Zaid recorre la historia del libro y del cuestionamiento a su proliferación insensata que se remonta a sus mismos orígenes y lo hace de forma sobria y documentada y sin eludir unas comparaciones que provocan vértigo y de las que aquí sólo reproduciremos una: hasta el año 2010, la humanidad ha producido unos sesenta millones de títulos; en el hipotético caso de que se dejase de escribir y de publicar, un lector necesitaría leer cuatro libros por semana (es decir, doscientos al año y diez mil al cabo de medio siglo) durante unos improbables trescientos mil años para agotarlos; si se limitara a leer sólo la lista de los autores y títulos (por otra parte, una práctica nada inhabitual entre ciertos críticos literarios) tendría que dedicar veinte años. Zaid no es partidario de ninguna de las dos cosas, y tampoco se limita a lamentar este estado de cosas (aunque admite que la proliferación de los libros reduce nuestra capacidad de absorberlos); por el contrario, lo que hace es proponer soluciones imaginativas y valientes al problema de cómo seguir leyendo. El autor pone en cuestión tópicos de largo arraigo en la crítica cultural que sostienen que el libro es un medio masivo o que le atribuyen una influencia desmedida, reivindica las ventajas del libro por sobre las nuevas tecnologías que en los últimos tiempos pretenden establecer su fecha de caducidad y lanza opiniones que requieren de la mayor honestidad por parte del lector para ser aceptadas: "El problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir" (55).
 
Tres
A pesar de que la crítica literaria y cultural constituye de algún modo una trama de citas y de figuras recurrentes que acaban adquiriendo el carácter de tópicos, Zaid nunca deja de sorprender al lector; por ejemplo, cuando da cuenta del costo económico de leer:
 
Para una persona que gane el salario mínimo en los Estados Unidos, dos horas dedicadas a leer una novela de diez dólares valen tanto como el libro. Si gana diez o cien veces más, su tiempo vale diez o cien veces más que el libro. A esto hay que sumarle el tiempo necesario para enterarse de que el libro existe y puede interesarle, más el tiempo de ir a buscarlo, ir a comprarlo o encargarlo, ver si llegó, hacer un paquete para devolverlo (si es el caso), verificar el cargo (y en su caso el abono) en su tarjeta de crédito o cuenta de cheques. También cuesta el espacio en el librero y el sillón de lectura. Pero lo decisivo es el tiempo (70).
 
El autor no recurre a esta constatación para justificar el desinterés de ciertas personas por la lectura sino para explicar la tendencia editorial a la concentración de títulos de mucha venta y proponer como solución un modelo de negocio adecuado para transacciones pequeñas y diversas que respete la necesaria diversidad de títulos, una idea en la que profundiza en otros textos.
 
Una buena librería general que ofrezca 30.000 títulos no tiene ni el 1% de los que hay en venta. Bajo el supuesto de que todos los otros tuvieran la misma demanda, la probabilidad de no tener alguno es superior al 99%. Si [...] llegara un desconocido cono los ojos vendados a encargarse de la librería y, ante cualquier solicitud, respondiera: "No lo tenemos", acertaría en el 99% de los casos. (89)
 
Zaid se pregunta "¿qué es un libro bueno y excelente donde nadie sabe que está, o nadie va a pedirlo?" y se responde: "no vale ni el papel en que está impreso: es basura dispersa por las calles, flotante en el mar. Su contenido útil se reduce a la celulosa recuperable" (92). La solución pasa, según el autor, por una política de pequeñas reimpresiones y de impresiones bajo demanda que minimice el riesgo económico de la edición y facilite el acceso de los lectores a los textos y la operación a pequeña escala por parte de editoriales pequeñas y editores independientes.
 
Más provocadoramente, el autor también propone un "Plan Nacional Regulador de la Oferta y la Demanda" que no nos parece completamente descabellado; por él,
 
[...] toda persona que pretenda ser leída tendría que registrarse y demostrar lo que ha leído. Por cada mil poemas (cuentos, artículos, libros) leídos, tendría derecho a publicar un poema (cuento, artículo, libro). La proporción iría ajustándose, hasta lograr el equilibrio de la oferta con la demanda. (81)
 
Cuatro
Zaid no es nostálgico; si acaso, de las comunidades locales en las que tiene lugar esa conversación que el autor llama "la literatura". Resulta extraordinario leer a un autor que (a diferencia de otros) no se siente particularmente compelido a requerir la intervención del Estado en el mercado del libro; la sorpresa que provoca su postura se ve aumentada por la contundencia y por la brillantez con la que el autor sostiene su planteamiento y por la aparición de autores que, en nombre de sus derechos de autor, reivindican en los últimos tiempos una ley represiva y de improbable aplicación. Esos autores y todos aquellos que quieran serlo deberían leer este libro y los otros libros publicados por DeBolsillo recientemente: El secreto de la fama (donde se ocupa de la naturaleza de la cita y su particular economía en contextos como los del periodismo y la gestión cultural, donde no se lee, las posibilidades de la nota al pie, lo que entendemos por obras completas y la importancia de la figura de Platón en su creación con las obras completas de Antímaco en el siglo IV antes de Cristo, el escaso beneficio que extrae el autor de la publicación póstuma de sus materiales inéditos, la noción de autor, la existencia social de la literatura, la psicología del bestseller, el fragmentarismo, la noción de valor, etcétera) y Cómo leer en bicicleta. Una obra rigurosa que celebra la felicidad de la lectura y la provoca.
 
 
Gabriel Zaid
Los demasiados libros
Barcelona: DeBolsillo, 2010
 
Gabriel Zaid
El secreto de la fama
Barcelona: DeBolsillo, 2010
 
 
[Mañana: Richard Yates de Tao Lin (cita)]

[Publicado el 04/4/2011 a las 12:18]

[Etiquetas: Gabriel Zaid, Ensayo, DeBolsillo]

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El texto detrás del horror

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Las callejuelas de Tánger, la plaza central de Varsovia, los puestos callejeros de la croata Split y el barrio de Karakoy en Estambul se parecen muy poco entre sí excepto por el hecho inquietante de que en todos esos lugares se puede comprar libremente y sin ningún tipo de restricción Mein Kampf o "Mi lucha", el libro que Adolf Hitler escribió en la prisión de Landsberg y que durante décadas fue considerado la Biblia de los nacionalsocialistas y el texto fundamental para acceder a su pensamiento. Aun cuando en 1945 todo haya hecho presumir que la obra iba a ser olvidada, la historia de Mein Kampf no culminó con la muerte de su autor y la desaparición del régimen de terror que anunciaba; como constata el francés Antoine Vitkine, Mein Kampf
 
[...] nunca dejó de ser un bestseller. A partir de 1945, el libro de referencia del nazismo se vende en el extranjero por millones de ejemplares. Según la revista norteamericana Cabinet, se habrían vendido veinte mil ejemplares anuales en versión inglesa. En Francia, un editor de otra época continúa difundiéndolo, con toda legalidad. En algunos países figura en las listas de los títulos más vendidos: en Turquía se agotaron ochenta mil ejemplares en un solo año; en India es objeto de un entusiasmo sin precedente; en Rusia, en Indonesia, en Egipto o en Líbano, su éxito es indiscutible (8).
 
Dos
A pesar de que Mi lucha ya había sido estudiado y glosado en decenas de oportunidades, estaba pendiente todavía una historia del libro que tuviese en cuenta su producción y su circulación tanto en su época como después de 1945, y éste es precisamente el propósito de Vitkine, quien articula su estudio en torno a varias preguntas recurrentes, todas las cuales carecen de una respuesta simple: ¿cómo es posible que aún hoy se dé por buena la afirmación de que buena parte de la población alemana permitió la llegada al poder del nacionalsocialismo por no conocer su programa político si ese programa era anunciado claramente y sin ambages en una obra tan popular como Mi lucha? ¿Fue éste un libro tan leído como comprado y exhibido? ¿Qué hacer con Mi lucha tras la desaparición del régimen nazi? ¿Se debe prohibir la publicación y lectura del libro o, por el contrario, se la debe permitir e incluso fomentar? ¿Por qué razón el contenido de Mi lucha sigue atrayendo lectores incluso más de sesenta años después de que se conociera la terrible existencia de los campos de exterminio? / Ninguna de estas preguntas es retórica y ni una sola de ellas tiene una respuesta fácil. Vitkine se entrega a una tarea de desmontaje del libro que incluye la constatación de que, a pesar de tratarse de una obra escrita sólo por Adolf Hitler, en su redacción final intervinieron, entre otros, Rudolf Hess, el crítico musical del periódico nacionalsocialista Völkischer Beobachter, su editor e incluso un sacerdote de provincias; reseña su poco adecuado título original ("Cuatro años y medio de lucha contra las mentiras, la estupidez y la cobardía"); vincula la escritura del libro a un intento de, en palabras del historiador Ulrich Herbert, "resumir, exagerar y modernizar todo lo que flota en el mercado de las ideas políticas de extrema derecha" (27); resume sus características estilísticas principales hablando de
 
la pesadez del estilo, la abundancia de digresiones, la ausencia de argumentación estructurada, el énfasis de la connotación romántica, el entrelazamiento de los elementos biográficos y de las aseveraciones políticas, todo lo cual forma esa mezcla extraña de defensa personal, profecías, obsesiones y afectación científica (29);
 
enumera las palabras que más se reiteran a lo largo del libro ("judío", 466 veces; "raza", 323; "Alemania", 306; "guerra", 305; "marxismo", 194; "Francia", 120; "nacionalsocialismo", 65); da cuenta con cifras plausibles de las enormes ganancias económicas obtenidas por Hitler con la venta del libro en diferentes formatos y ediciones tanto en Alemania como en el extranjero (y sus adaptaciones infantiles, de títulos tan sugerentes como Madre, háblanos de Adolf Hitler y No te fíes más del zorro de la llanura que del juramento del judío) y de los beneficios económicos de hacer su lectura obligatoria a miembros del Partido, funcionarios del Estado, miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército; su uso como elemento de adoctrinamiento de la juventud alemana y sus traducciones expurgadas en países como Estados Unidos y Francia antes de la guerra. El autor de "Mein Kampf" Historia de un libro concluye que la obra de Adolf Hitler sí fue leída por los alemanes (si no en su totalidad y en su versión original, sí en alguna de las adaptaciones populares, resúmenes y obras de divulgación que, como El pueblo y la raza: extractos de Mein Kampf, tuvieron una amplia circulación en su momento) y, aunque pudo no haber sido la principal causa de los crímenes de guerra y el exterminio judío perpetrado por los nazis, su contenido sirvió para legitimar las decisiones tomadas por las decenas de funcionarios del régimen que fueron los autores materiales de los crímenes cometidos.
 
Tres
La lectura de Mein Kampf atraviesa toda la sociedad alemana bajo el nazismo y Antoine Vitkine se vale de ello para ofrecer un retrato de esa sociedad que la atraviesa y la explica en el que es el principal aporte de su obra; para el autor, la obra representa "la negación de la sociedad democrática, de las libertades fundamentales, de la Ilustración, del progresismo, del mestizaje, de la igualdad entre los individuos" (246). Igualmente interesante, aunque tal vez más discutible por sus implicaciones y las consecuencias que el autor extrae de ellas, es la historia de Mein Kampf tras la caída del régimen nazi y la prohibición de la difusión y de la venta de la obra en Alemania. Al ser Adolf Hitler oficialmente residente en Baviera, el gobierno alemán confió a ese Estado la administración de sus derechos de autor y la persecución legal de quienes intentasen difundir Mein Kampf, una prohibición de improbable ejecución, más aun con la aparición de la Red (sus archivos descargables y sus tiendas online en las que se pueden adquirir ejemplares impresos en el extranjero, donde la prohibición no tiene vigencia), y que Vitkine considera innecesaria y fundamentalmente errónea.
 
El autor menciona el hecho sorprendente de que el libro es uno de los tres títulos más comprados por clientes alemanes en Amazon.com, a la que vez que uno de los más vendidos de la librería alemana de Ibiza y recorta todo un nuevo público lector para Mein Kampf en el que confluyen anarquistas, espíritus críticos con los Estados Unidos y su política exterior y con Occidente en general, sectores de nacionalismo exacerbado, antisemitas y, especialmente en los países árabes, una simpatía por el libro surgida de su condena al judaísmo; una simpatía paradójica, ya que fue el exterminio judío anunciado en el libro el que hizo posible y legitimó a ojos de la comunidad internacional la ocupación israelí de Palestina.
 
Cuatro
El autor extrapola siete "lecciones" del libro y de su historia que pueden resumirse en la necesidad de no subestimar ningún proyecto totalitario y antidemocrático, la de fortalecer las instituciones democráticas de manera que ningún grupo político pueda beneficiarse de sus fallas como hizo el nazismo, aprovechar el texto para discutir el antisemitismo en el ámbito europeo y no sólo alemán y volver sobre él para "no olvidarlo nunca. [...] Mein Kampf nos concierne a todos" (246). A partir del 31 de diciembre de 2015, los derechos de la obra pasarán al dominio público; es improbable que la tarea de desmitificarla condenando a un tiempo sus ideas haya sido completada hasta entonces, pero el libro de Antoine Vitkine da un paso acertado en esa dirección.
 
 
Antoine Vitkine
"Mein Kampf": Historia de un libro
Trad. Marco Aurelio Galmarini
Barcelona: Anagrama, 2011
 
 
[El próximo miércoles: Psiquiátrico: 1. El frenopático, de Lisa Mandel]

[Publicado el 21/3/2011 a las 12:21]

[Etiquetas: Antoine Vitkine, Adolf Hitler, Ensayo, Anagrama]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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