El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Un extraordinario deseo emprendedor

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Georges Manolescu nació en Ploiești (Rumania) en 1871 y murió en Alemania en 1908; tras escapar de su casa con trece años, recorrió Viena, París y los Estados Unidos. Fue arrestado en Niza y en Génova se casó con una condesa alemana haciéndose pasar por un cierto Fürst Lahovary; a continuación abandonó a su esposa y se dedicó a dejar gigantescas listas de gastos en los principales hoteles de Berlín; fue arrestado, declarado loco y encerrado en un asilo en Dalldorf donde escribió dos libros de memorias: Ein Fürst der Diebe (Un príncipe de los ladrones, 1905) y Gescheitert. Aus dem Seelenleben eines Verbrechers (Fracasado. De la vida interior de un criminal, sin fecha). Su vida fue llevada al cine en tres ocasiones (1920, 1929 y 1933) y sus memorias inspiraron a Thomas Mann su Bekenntnisse des Hochstaplers Felix Krull (1954), pero también las visiones literarias del menos conocido Walter Serner.
 
Este último no tuvo una vida menos accidentada que la de Manolescu: nació en Karlovy Vary (actual República Checa) en 1889 en el seno de una familia de judíos asimilados, estudió derecho en la universidad de Viena, conoció de primera mano la escena vanguardista de Berlín (ciudad de la que huyó al comienzo de la Primera Guerra Mundial para no ser reclutado), contribuyó al surgimiento del dadaísmo (redactó su primer manifiesto en 1917), deambuló por Europa, escribió relatos breves, poemas y dos novelas cuyos personajes eran criminales y prostitutas y en 1928 abandonó la literatura y desapareció sin dejar rastro; los nazis dieron con él en 1933, en Praga, donde era maestro de escuela: prohibieron sus libros y lo encerraron con otros en el gueto de esa ciudad, donde permaneció hasta 1942. Ese año fue trasladado con su mujer al campo de concentración de Theresienstadt y allí asesinado. Además de recordársele por ser uno de los miles de escritores exterminados por el nacionalsocialismo, el nombre de Serner es conocido por los lectores principalmente gracias a la que sería su obra maestra, Manual para embaucadores (o para aquellos que pretendan serlo), publicada en 1927 y traducida por primera vez al español sólo recientemente.
 
Manual para embaucadores reúne la mayor parte de las características más notables de los textos vanguardistas, que Juan Albarrán resume en su magnífico prólogo a esta obra: "radicalismo", "negatividad", "beligerancia discursiva" y "tendencia al accionismo" (14). Al arremeter "contra todas las convenciones imperantes en la sociedad de su tiempo" (14), Serner practicó la "autoafirmación" característica de las vanguardias históricas consistente en "la negación de todo lo precedente y circundante, de lo artístico y lo político, de la historia pasada [...] y los proyectos de futuro" (14-15), pero también se propuso desnaturalizar convenciones sociales presididas por el buen gusto y el esteticismo. Así, y tras un breve y un poco farragoso "Manuel fundamental", Serner propone un "Manual práctico" en el que se enseña al lector cómo actuar como un impostor en decenas de situaciones: en un restaurante en el que éste no podrá pagar la consumición ("es aconsejable pedir de cada vino sólo media botella, y de cada botella, dejar un vaso para el camarero", 30), al solicitar en un hotel una habitación para la que se carece de medios, al seducir a una mujer de los bajos fondos o a una rica heredera ("Lleva siempre contigo algunos alfileres, imperdibles, pequeños clavos, cordones y un tubo de pegamento Syndetikon", 168; "Jamás lleves camisas de seda. A no ser que quieras ser tratante de ganado o jefe de sección de unos grandes almacenes", 183), al escapar de acreedores y agentes del Estado ("Es más fácil escabullirse de un perseguidor que de la persecución", 177).
 
El Manual para embaucadores cumple pues con la prescriptiva que indica su título (de hecho, el autor sugiera a sus lectores que lean la obra mientras degustan una cena en un restaurante lujoso; al terminar de leer la obra, habrán aprendido cómo solventar la falta de dinero para pagarla), y lo hace con la advocación de pequeños criminales como Manolescu, con los que el autor no sólo se identifica a sí mismo sino también a la actividad literaria. Como afirma Albarrán,
 
"Serner impugna el sistema burgués del arte, ridiculiza la grandilocuencia de la filosofía y la literatura -'vanas asnadas'-, constata el sinsentido de la vida moderna -'todo es decididamente una estafa'- y sentencia la muerte del arte -'el arte fue siempre una enfermedad infantil'- como única vía para su extensión en la vida" (20).
 
Al equiparar el arte burgués con una estafa y a sus autores con estafadores, Walter Serner no sentencia la muerte de todo el arte, sino sólo la del arte producido como sostén y fundamentación de una vida basada en premisas falsas. "Dadá no produce obras, simplemente se produce a sí mismo como negación que se sigue de la pérdida definitiva de la fe en el arte, en el hombre y en el progreso histórico que había sembrado Europa de cadáveres y trincheras" afirma Albarrán (15). Walter Serner se niega a vincular la escritura con esa vida y, al hacerlo, invita, ya a utilizar las convenciones burguesas para beneficio propio ("El mundo desea ser engañado. Y se pondrá seriamente furioso si no lo haces", 194), ya a buscar otras formas de vivir y de actuar.
 
Uno de los efectos más inesperados de Manual para embaucadores (o para aquellos que pretendan serlo) es el hecho de que (a casi cien años de su primera redacción) todavía sigue produciendo ese "estado de extraordinario deseo emprendedor" (16) que el autor anunció en su Letzte Lockerung (Última relajación, 1918); un deseo emprendedor de escribir y de pensar, lo que equivale a decir, un deseo de darse una cena como la que preside esta obra (ostras portuguesas, trucha en mantequilla, espárragos, camembert) o robar un banco, que es igual que escribir y siempre es mejor que fundarlo.
 
 
Walter Serner
Manual para embaucadores (o para aquellos que pretendan serlo)
Trad. Luisa Gutiérrez Ruiz
Pról. Juan Albarrán
Santander: El Desvelo, 2011

[Publicado el 07/3/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Walter Serner, Miscelánea, El Desvelo]

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"¡Oh Dios, haz que pare!"

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A pesar de haber publicado una gran cantidad de obras a lo largo de su vida, el escritor inglés Siegfried Loraine Sassoon (1886-1967) es recordado tan sólo por los tres volúmenes de su autobiografía, pero, principalmente, por una razón parcialmente ajena a la literatura: su manifiesto rechazo a la Primera Guerra Mundial, en la que se había alistado de forma voluntaria pero a la que se negó a regresar tras un período de permiso, escribiendo una carta a sus superiores que llegó a ser leída en el Parlamento (lo que, por otra parte, no le sirvió para esquivar las trincheras). Que esta razón es sólo parcialmente ajena a la literatura se deriva del hecho de que Sassoon contó la terrible realidad de las trincheras en poemarios que, como este Contraataque, le permitieron participar de la brillante promoción de los "war poets", a la que también pertenecieron Robert Graves y Wilfred Owen.
 
Al igual que ellos, Sassoon practicó una poesía elegíaca, a veces brutalmente honesta pero cuyo horizonte estilístico era el de la poesía de preguerra. Quizás ésta sea la razón de su éxito entre los lectores de su tiempo, ya que, en sustancia, lo que Sassoon hizo fue adoptar las formas de la poesía patriótica (con su énfasis en el orden y la belleza en la expresión) para narrar experiencias de guerra esencialmente nuevas que resultaban desconocidas y posiblemente inimaginables para sus lectores. Leídos ahora sus poemas antibélicos provocan algún desconcierto, ya que solemos vincular la literatura de la Primera Guerra Mundial con los experimentos formales de las vanguardias, a las que el escritor inglés nunca perteneció. En ese sentido, la obra de Sassoon parece inusualmente anticuada en comparación con la de sus contemporáneos Francis Picabia, Kurt Schwitters y Hugo Ball (todos dadaístas), la de los surrealistas como André Bretón o la de los expresionistas como George Trakl, Gottfried Benn y Georg Heym, buena parte de los cuales compartió con Sassoon la tierra de nadie que separaba las trincheras de los bandos en conflicto y una cantidad similar de experiencias. Compárese el siguiente poema del alemán August Stramm (quien, por cierto, cayó en el Frente Ruso en septiembre de 1915) con los que se incluyen al final de este artículo y se tendrá la impresión de que la traducción al ámbito de la literatura del tipo de percepción violenta y fragmentaria que introdujeron en sus víctimas las nuevas tecnologías bélicas fue menos homogénea y menos inmediata de lo que suponíamos:
 
Patrulla
 
Las piedras, enemigas
La ventana sonríe traición
Las ramas estrangulan
Las hojas de montañas de arbustos se sacuden con un susurro
Retumbar
Muerte.
 
(En: Otto F. Best y Hans-Jürgen Schmitt, eds. Die deutsche Literatur in Text und Darstellung. Expressionismus und Dadaismus. Stuttgart: Reclam, 2003. Pág. 82. Mi traducción)
 
La constatación de que, a pesar de centrarse específicamente en la guerra, la obra poética de Sassoon parece no reflejar el tipo de experiencia específica de la contienda bélica, sino que, por el contrario, se aferra a modos y formas de un período previo, no supone ningún juicio de valor, sin embargo: la poesía de Sassoon es sorprendentemente conmovedora, y sus críticas al cómodo patriotismo de sus connacionales, a la incapacidad de los Altos Mandos y a la instrumentalización propagandística de la prensa por parte del gobierno fueron tan pertinentes en su momento como lo son hoy, incluso aunque las formas de la guerra sean diferentes en la actualidad. Quizás fuese posible leer estos poemas como la manifestación de la incapacidad por parte de las víctimas de la Historia para comprender las fuerzas a las que se ven sometidas (en este caso, específicamente, la incapacidad de entender que el período previo a la guerra y sus modos de representación literaria habían llegado a su fin), pero también de la capacidad de extraer de todo ello poesía y belleza a la manera de un testimonio que trascienda su época.
 
 
TRES POEMAS
 
Ataque

Surge al alba enorme y parda la colina
en el salvaje sol púrpura de frente fruncida
ardiendo a través de columnas de humo a la deriva
envolviendo
la amenazadora pendiente arrasada; y, uno a uno,
los tanques se arrastran y vuelcan la alambrada.
La descarga ruge y se eleva. Después, torpemente agachados
con bombas y fusiles y palas y uniforme completo,
los hombres empujan y escalan para unirse al encrespado
fuego.
Filas de rostros grises, murmurantes, máscaras de miedo,
abandonan sus trincheras, pasando por la cima,
mientras el tiempo pasa en blanco apresurado en sus
muñecas
y aguardan, con ojos furtivos y puños cerrados,
luchando por flotar en el barro. ¡Oh Dios, haz que pare! (31)


Suicidio en las trincheras

Conocí a un soldado raso
que sonreía a la vida con alegría hueca,
dormía profundamente en la oscuridad solitaria
y silbaba temprano con la alondra.
En trincheras invernales, intimidado y triste,
con bombas y piojos y ron ausente,
se metió una bala en la sien.
Nadie volvió a hablar de él.
Vosotros, masas ceñudas de ojos incendiados
que vitoreáis cuando desfilan los soldados,
id a casa y rezad para no saber jamás
el inferno al que la juventud y la risa van. (55)


La investidura

Con una lista de caídos en Su mano, Dios
se sienta dando la bienvenida a los héroes que han muerto
mientras ángeles sin pena se alinean a cada lado
tranquilos en pie en los prados Elíseos.
Entonces, tú llegas tímido al jardín a través de las puertas
luciendo un vendaje empapado en sangre en la cabeza
y Dios dice algo amable porque estás muerto
y añoras tu casa, descontento con tu destino.
Si yo estuviera allí, lanzaríamos calaveras como bolas de
nieve a la muerte
o nos fugaríamos para cazar en el Bosque del Diablo
con fantasmas de cachorros que antaño paseamos.
Pero estás solo y la soledad anula
nuestras bromas terrenas; y extrañamente sabio y bueno
vagas desamparado por calles de oro. (63)

 

Siegfried Sassoon
Contraataque
Trad. y pról. Eva Gallud Jurado
Salamanca: El Desvelo, 2011

 [El próximo lunes: Un inédito de El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan]

[Publicado el 08/7/2011 a las 12:52]

[Etiquetas: Siegfried Sassoon, August Stramm, El Desvelo, Poesía]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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