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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 29 de marzo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Antologías futuras / "Imposible salir de la Tierra" de Alejandra Costamagna

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A la promesa de un puesto de trabajo (escasamente habitual en América Latina, y no siempre fiable; en la mayor parte de las ocasiones, no precisamente legal) se le agrega, en el caso de dos jóvenes, una exigencia: la de que se presenten "culeaditas y comiditas por favor": a las hermanas del relato "Cachipún" (en el nuevo libro de Alejandra Costamagna) el primer requisito les resulta más fácil de satisfacer que el segundo, pero incluso así, se requieren ciertos preparativos para su cumplimiento, que consisten en determinar (mediante el método de "piedra, papel y tijera") cuál de ellas se acostará con el hermano y cuál con el tío, menos agraciado que el primero y, por supuesto, mayor.
 
A pesar de que su tema es el incesto, "Cachipún" es el relato más "ligero" de Imposible salir de la Tierra, cuyos protagonistas intentan suicidarse o se suicidan, tienen que asistir a entierros familiares, son víctimas de los celos, se enamoran y son brutalmente rechazados, padecen los peligros inherentes a la descendencia y a la unidad familiar, son señalados, enferman gravemente, pierden (literalmente) la cabeza. A excepción de la joven excitable y despechada de "La epidemia de Traiguén", que persigue a su antiguo empleador (y amante) hasta Japón, donde provoca una o dos muertes, los personajes del libro tienen destinos banales y generalmente tristes: sin embargo, y como sucedía en el muy buen libro anterior de Costamagna (Animales domésticos, 2011), no hay nada triste en la lectura de Imposible salir de la Tierra, que es posiblemente el mejor libro de su autora hasta la fecha y uno de los más extraordinarios volúmenes de cuentos que haya escrito un/a autor/a de su generación.
 
Alejandra Costamagna (Chile, 1970) ha publicado cuatro novelas (la más reciente es Dile que no estoy, 2007), un libro de crónicas (Cruce de peatones, 2012) y cinco libros de relatos entre los que se encuentran Animales domésticos (del que se reproducen dos en esta edición, "Agujas de reloj" y "Nadie nunca se acostumbra") y Había una vez un pájaro (2013). Imposible salir de la Tierra pareciese ratificar una percepción generalizada entre sus lectores, la de que la autora ha encontrado en el cuento "su" territorio; de hecho, tres de los recogidos aquí estarán con total seguridad en las antologías futuras de lo mejor que han producido los autores latinoamericanos de inicios de este siglo, a despecho de otros nombres más populares (a menudo, sólo en virtud de su adhesión a unas convenciones literarias que vuelven su producción inane, tranquilizadora, adecuada para su deglución en suplementos literarios y premios), "Imposible salir de la Tierra", "Cuadrar las cosas", "Naturalezas muertas".
 
 
Alejandra Costamagna
Imposible salir de la Tierra
Ciudad de México: Almadía, 2016

[Publicado el 13/2/2017 a las 15:00]

[Etiquetas: Alejandra Costamagna, Almadía, Cuentos]

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El espacio que ocupan / "Miel del desierto" de Edith Pearlman

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A menudo los personajes de Edith Pearlman (Providence, Rhode Island, 1936) no tienen nombre o tienen uno que el lector olvida; lo que les otorga personalidad (y por consiguiente, sentido) es su relación con los espacios: el torreón desde el cual un hombre espía a una pedicura (y la consulta de la pedicura, desde la que ésta puede ver perfectamente el torreón), una habitación demasiado pequeña en la que una niñera hace un descubrimiento involuntario, el bar de un hotel, el dormitorio de un profesor que yace junto a su esposa, la biblioteca de un crucero por el Caribe, un hospital que parece un castillo, el "salón monocromático" de una pareja que necesita algo más de color en su vida, un anticuariado por el que circulan personas no mucho más jóvenes que los objetos exhibidos en él, un internado para señoritas; la vida de la Ingrid (de "Piedra") sólo adquiere interés cuando ésta deja Nueva York por una ciudad del sur de los Estados Unidos, las amigas de la narradora de "Calle sin salida" se definen exclusivamente por el valor potencial de las casas que ocupan ("estilo victoriano, necesitada de restauración") y el centro emocional de "Niños soñados" no es sólo el tipo de saber que la niñera posee por venir "de otro lugar", sino también la destrucción lenta pero deliberada de la casa de enfrente. Aunque los personajes de Pearlman exhiben profesiones singulares (pedicuras, anestesiólogos, anticuarios, escritores de "ficciónhistoriografía", sic), sus vidas rotas y malamente recompuestas, sus destinos algo banales en los que imperan la soledad y la vejez, llevan a que su única singularidad esté precisamente en la forma en que se constituyen en relación con el espacio que ocupan. Algo de todo ello (quizás la ironía de la autora, o su tendencia a los finales melancólicos pero felices) recuerda a la literatura de O'Henry y ratifica el hecho de que, a pesar de que su tema es a menudo el transcurso irreversible del tiempo, los cuentos de Pearlman procuran situarse "fuera de su época", en la carencia deliberada de referentes temporales que caracteriza a la cuentística norteamericana canónica de la primera mitad del siglo XX. Al final, personajes y autora de estos cuentos se parecen más de lo que posiblemente desearían a esa planta en "Bendito Harry" que nadie sabe cómo llegó allí y a la que se alimenta con café, enjuague bucal, ceniza de tabaco y comida para peces y, sin embargo, resiste y prospera.
 
 
Edith Pearlman
Miel del desierto
Trad. Ramón Buenaventura
Madrid: Alianza de Novelas, 2017

[Publicado el 24/1/2017 a las 10:15]

[Etiquetas: Edith Pearlman, Cuentos, Alianza]

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Cargas de profundidad / "El amor cruel" de Juan Terranova

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A la manera de una sombra que se proyectase sobre el cuerpo que la produce, ocultándolo, la polémica acompaña a Juan Terranova dondequiera que el escritor argentino vaya. Que al autor de libros como Música para rinocerontes no parece incomodarle esa situación no debería ocultar un hecho evidente para sus lectores: que Terranova da lo mejor de sí cuando escribe ficción; es decir, cuando pelea las únicas batallas que valen la pena para un escritor y abandona los fuegos de artificio por las cargas de profundidad.
 
No hay confrontaciones submarinas en El amor cruel, es cierto; pero sí la constatación de que los personajes de Terranova siempre se desplazan por unas profundidades sólo aparentemente plácidas: desde el proyectorista que se entretiene apuntando a los espectadores de un cine con una escopeta hasta la cuidadora de casas ajenas que presencia algo incómodo e incomprensible, los personajes del libro conjuran con el sexo breve y circunstancial, el hábito de arrojar cosas desde edificios, la obsesión y la deriva del flâneur por ciudades postapocalípticas o al borde de la esquizofrenia una preocupación central de la vida moderna: cómo reconocer y combatir el vacío en el marco de las sociedades de la profusión y la abundancia fingidas o reales.
 
A Terranova se le puede objetar cierta prisa por alcanzar sus fines: el hecho de que todos los relatos de este libro hayan sido escritos en modo autodiegético (es decir, en "primera persona") parece ratificar, por ejemplo, cierto desinterés suyo por las formas narrativas; se le puede cuestionar por su a menudo poco elegante defensa del sentido común en oposición a la corrección política y/o por la irregularidad de su trabajo. Más difícil resulta superarlo en su terreno y con sus armas, por ejemplo con su extraordinaria capacidad de observación y su raro talento para la síntesis que lo hacen describir la esquina de Lavalle y Pellegrini en Buenos Aires como "un estuario" o "la entrada de un delta" (10) (sólo quien haya frecuentado esa esquina sabe de la extraordinaria agudeza de esa descripción), definir el complejo de Edipo de cierto personaje como un objeto "grande y compacto como una Biblia de escritorio" (18), dar cuenta del hecho de que el calor que siente el personaje le "envuelve la cara como una bolsa de nylon" (32) o ver "una erótica" en el lanzamiento de catorce matafuegos por parte de un anónimo y (digámoslo así) pertinaz habitante de un edificio de Mataderos (la anécdota es real).
 
En todo ello y en algunos de los relatos de El amor cruel está el mejor Juan Terranova; lo que equivale a decir, lo más interesante de lo más interesante que la literatura argentina contemporánea tiene para ofrecer a sus lectores en este momento.
 
 
Juan Terranova
El amor cruel
La Paz: El Cuervo, 2016

[Publicado el 05/12/2016 a las 17:30]

[Etiquetas: Juan Terranova, Cuentos, El Cuervo]

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Frente al ventanal de la historia / "Hombres felices" de Felipe R. Navarro

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"Todos tememos la soledad, la locura, la muerte" se lee en el epígrafe de uno de los nuevos relatos de Felipe R. Navarro; la frase es de Harold Bloom y no parece especialmente ingeniosa, pero describe bien la vida interior de los personajes de Hombres felices, segundo libro de su autor tras Las esperas (2000): un hombre que padece un pequeño trastorno oftalmológico y se viene abajo, un empleado de gasolinera despedido a raíz de un cuadro de Edward Hopper, un viajero que regresa a Ítaca pero no mata a los pretendientes, alguien enamorado de una piedra, un hombre apesadumbrado por la decadencia de su automóvil, un profesor que se distrae de la corrección de exámenes recordando a un padre severo y a un abuelo senil que fue feliz por una tarde.
 
Los cuentos de Hombres felices se caracterizan por una suma muy personal de economía narrativa y digresión: la digresión es el rasgo saliente de una prosa iterativa y con destellos de lirismo ("Contempla el terreno al otro lado. Es similar el valle de la vertiente opuesta, los cambios de color, las masas arbóreas, es similar: pero no es el mismo. No es el mismo. Estira el cuello, con los ojos cerrados; esboza una sonrisa con los ojos cerrados"); la economía narrativa, por su parte, afecta principalmente a la anécdota, que por lo general es mínima: una conversación, un recuerdo o la presentación de una situación que se extiende a lo largo del relato y que el narrador (un observador siempre innominado, sentado "frente al ventanal de la historia") trata de comprender.
 
La suma de lirismo y renuncia al desarrollo de las posibilidades narrativas de una situación determinada convierte a estos relatos, con sus arrebatos y pequeñas epifanías, en una celebración de esos momentos en los que "nada sucede: la gente comenta feliz, aparentemente, el nuevo estado de los ascensores, comenta las noticias o lee sin más las noticias, no habla, solo mira, se abre la puerta, se despiden", y es posible que deje en el lector una impresión similar; pero también, en su proximidad con el poema en prosa, es responsable de los mejores momentos del libro: "Un modelo", "Apuntes para una celebración", "Amarillo limón", "Tarde de circo" y "¿Hacia dónde abre esta ventana?".
 
 
Felipe R. Navarro
Hombres felices
Madrid: Páginas de Espuma, 2016
 
Babelia/El País, 13 de febrero de 2016. 

[Publicado el 12/4/2016 a las 12:15]

[Etiquetas: Felipe R. Navarro, Cuentos, Páginas de Espuma]

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Catalanes perdidos en Cataluña / "Vente a casa" de Jordi Nopca

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En el primer relato de Vente a casa, un joven que visita al objeto de su interés amoroso por primera vez en su casa observa su biblioteca, conformada por textos de Amélie Nothomb, Paul Auster, Doris Lessing, Fiódor Dostoievski, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Quim Monzó y Sergi Pàmies. El joven ha seducido a su anfitriona mediante el sencillo recurso de llevarle todas las tardes una taza de chocolate caliente; la biblioteca puede ser también la del escritor y periodista Jordi Nopca (Barcelona, 1983), en cuyo caso faltan aquí textos de Enrique Vila-Matas, Jordi Puntí, Niccolò Ammaniti, Peter Stamm (personaje y testigo involuntario de una venganza en "Navaja suiza") y Arto Paasilinna.
 
Muchos de los cuentos de Vente a casa tributan a los autores de la biblioteca de "No te vayas" tanto como a su prolongación hipotética en su exploración de la responsabilidad personal, su amor por la literatura, por las coincidencias y las pérdidas, y en su humorismo sutil y melancólico. ¿Quiénes son los personajes de Jordi Nopca? Un peluquero de perros al que su novia ha abandonado para irse a Klagenfurt (un destino improbable para cualquiera excepto para un extremista austríaco, por cierto) y descubre que un pequeño perro puede ser compañía suficiente, así como que las compañías nunca duran. Un escritor decidido a humillar a su traductor que fracasa una y otra vez en su propósito en el transcurso de una noche. Una pareja de jóvenes en el precariado que se destruye a la misma velocidad en que lo hace la ciudad de Barcelona, y por razones similares. Un joven que en algunas horas pierde su trabajo, las llaves de su casa y su novia; otro que se enamora de una joven en los baños de la Casa Asia y por razones principalmente escatológicas. Una pareja sin trabajo que sólo halla refugio en las incertezas de un cierto "método" ofrecido por un peluquero y en la mentira; otra que prepara una vacación en Suiza con la lectura no siempre satisfactoria de escritores de esa nacionalidad. Unos chinos que regentean el bar de la Filmoteca y presencian una vida barrial que es más desconcertante y misteriosa que la de los filmes que se exhiben en ella. Un padre que quiere aprender a tocar el saxo y unos ancianos cuyos vecinos del piso de abajo conjuran espíritus.
 
Todos ellos son demasiado listos y sensibles para aquello a lo que se enfrentan (trabajos provisorios y frustrantes, relaciones amorosas basadas en el reproche mutuo, bares de karaoke), demasiado inseguros para tomar las decisiones que los convertirían en adultos y demasiado adultos para el desparpajo juvenil, demasiado conscientes de su sitio en el mundo para abrigar la esperanza de una vida mejor. Son catalanes perdidos en Cataluña; aunque, por supuesto, y especialmente en los últimos tiempos, también Cataluña está perdida en Cataluña: en España y en casi cualquier otro sitio, pero sobre todo en Cataluña.
 
 
Jordi Nopca
Vente a casa
Trad. Jordi Nopca
Barcelona: Libros del Asteroide, 2015

[Publicado el 29/4/2015 a las 10:30]

[Etiquetas: Jordi Nopca, Cuentos, Libros del Asteroide]

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Cambios de piel / "1986. Cuentos completos" de Rodrigo Rey Rosa

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¿A qué denominamos "autor"? La pregunta es inevitable ante una "obra completa", puesto que la completud que se le atribuye y la noción de "obra" sólo se sostienen si se define al autor como una especie de invariante que otorga sentido (o un sentido supletorio) a un conjunto de textos: que esa invariante no existe, y que, por consiguiente, no es posible hablar de "obra" (y menos aún de "obra completa") es puesto de manifiesto una vez más por estos cuentos del escritor Rodrigo Rey Rosa (Ciudad de Guatemala, 1958).
 
Además de algunos no publicados previamente en libro, 1986 reúne relatos procedentes de todos los libros de Rey Rosa: El cuchillo del mendigo (1985), El agua quieta (1989), Cárcel de árboles (1991), Lo que soñó Sebastián (1994), Ningún lugar sagrado (1998) y Otro zoo (2005). Los primeros tres presentan a un autor cuya admiración por Jorge Luis Borges lo convierte en un epígono. En la mayor parte de los cuentos de El cuchillo del mendigo, El agua quieta y Cárcel de árboles aparecen las que podríamos denominar las obsesiones borgeanas: la ceguera, los tigres, el sueño, los espejos, los nombres de Dios, su revelación, el doble, el infinito, la venganza, etcétera. El "primer" Rey Rosa se vale en ellos de una economía de recursos y un uso de la elipsis que benefician a sus cuentos; los perjudican, en cambio, cierto deseo de exotismo, cierta atmósfera deliberadamente onírica, cierto afán de trascendencia y (lo que es más importante) el recuerdo de los que los inspiraron, como "Las ruinas circulares", "El Aleph", "La forma de la espada", "El sur" y otros.
 
Lo que soñó Sebastián y Ningún lugar sagrado no abandonan por completo las inquietudes metafísicas de los cuentos del "primer" Rey Rosa, pero las someten a una actualización que el lector agradece. El "segundo" Rey Rosa es, de lejos, el mejor: un autor maduro y en posesión de una serie de recursos que utiliza con precaución, de forma minimalista. A este Rey Rosa es a quien se refieren buena parte de los textos de apoyo de esta edición, en los que se destacan su "máxima economía de estilo" (Edgardo Dobry), su carácter "contenido, parco, intrigante" (Raphaëlle Rérolle), "despojado hasta el máximo" (Pere Gimferrer), "parco, delicado y rotundo" (Javier Rodríguez Marcos). No es accesorio que algunos de los mejores cuentos del libro se encuentren en esta etapa: "La peor parte", "Cabaña" y "Hasta cierto punto".
 
El "tercer" Rey Rosa (en Otro zoo y en los relatos inéditos en libro) es el más actual y se caracteriza por el exceso descriptivo y por cierto amaneramiento, por ejemplo en los diálogos implausibles entre padre e hija de "Otro zoo", "Gracia" y "El hijo de Ash". Los cuentos de este período refuerzan tres constantes de la producción de Rodrigo Rey Rosa: un cierto carácter experimental (en los cuentos "Entrevista en Ronda" y "Desventajas de la santidad", que participan del subgénero de la entrevista imaginaria), su interés por las relaciones de poder y una aproximación al presente, en particular al presente centroamericano, especialmente productiva allí donde se trabaja con materiales reales; en ese sentido, es posible que "1986" y "Gorevent" (basados respectivamente en una historia contada por su protagonista al escritor y en una noticia de prensa, como algunos de los que aparecen en Ningún lugar sagrado) sean los mejores cuentos del volumen.
 
1986 (que su autor dice entregar a la imprenta con "resignación" y "hartas reservas") no está a la altura de las novelas de Rodrigo Rey Rosa, en especial El material humano y Los sordos (2009 y 2012 respectivamente), pero tiene el mérito de echar por tierra la ficción confortable de la invariante que denominamos "autor". Que Rodrigo Rey Rosa haya mudado de piel varias veces y siga haciéndolo es la buena noticia que traen estos cuentos, a cuyo lector el escritor guatemalteco pide (con enorme acierto) "indulgencia". Los seguirá un volumen recopilatorio de sus novelas.
 
 
Rodrigo Rey Rosa
1986. Cuentos completos
Madrid: Alfaguara, 2014
 
[Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid, marzo de 2015.] 

[Publicado el 21/4/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: Rodrigo Rey Rosa, Cuentos, Alfaguara]

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Un puñado de imágenes destinadas a la desaparición

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Cees Nooteboom nació en La Haya en 1933; a partir de la publicación de su primera novela (Philip y los otros, 1957), produjo una obra extensa y variada que comprende novelas y nouvelles, volúmenes de poesía, libros de viaje, piezas teatrales y colecciones de artículos y ensayos, y cuyo último capítulo es este Los zorros vienen de noche, un volumen de cuentos que la exquisita editorial madrileña Siruela publica ahora como parte de su apuesta (sostenida desde 1992) por la obra del escritor holandés.
 
Los zorros vienen de noche reúne ocho relatos cuyos temas son el amor y la pérdida, pero también la amistad y el pasado: un hombre mayor regresa a Venecia a evocar una historia de amor que protagonizó allí años antes; una pareja es testigo de un accidente terrible en una playa española que la une momentáneamente y le recuerda lo frágil que es la existencia; un cónsul honorario holandés en Liguria se suicida lenta y minuciosamente mientras se aferra a la felicidad y a un secreto; una anciana inglesa en una localidad turística española conoce el amor y la humillación; una pareja rompe a raíz de unas tortugas; un narrador evoca a un grupo de amigos con los que compartía largas sesiones de póker y viajes y el amor de una mujer. Nooteboom narra estas historias con gran contención y respeto por el sufrimiento y la dignidad de sus personajes; también, con una prosa llena de hallazgos poéticos: el mar penetra en una cueva en la costa "como un gran soplo seguido de una aspiración, un gigante invisible mascando y escupiendo, la naturaleza tocando simultáneamente cien órganos" (74) y una mujer es como
 
"[...] una Madonna. La misma sombra en la parte izquierda del rostro que no presagiaba nada bueno, unos ojos mirando hacia dentro que habían visto ya cien veces la futura tragedia del niño que sostenía en su regazo, y luego el propio niño, un viejo filósofo consciente de que la mano amorosa de su madre no lograría salvarle de la muerte" (23).
 
En uno de los relatos, y refiriéndose a la vida ridícula y trágica del cónsul honorario, Nooteboom habla de "episodios hilarantes de una tristeza estructurada" (59), una definición apropiada para estos relatos que parecen preguntarse (como en otro de los cuentos)
 
"¿De qué medios disponemos en realidad para penetrar en la vida de otra persona, para descifrar sus secretos, descubrir sus pensamientos, mirar detrás de sus máscaras? Nada más que de la miseria heredada de las malas películas y de las novelas mediocres, de los tópicos psicológicos de las revistas, sofás imaginarios en los que jamás quisiéramos tumbarnos, espejos en los que no se refleja ninguna verdad porque la mentira es siempre más fuerte" (64).
 
A través del poder evocador de las fotografías (que recorre buena parte de los cuentos de Los zorros vienen de noche y especialmente los magníficos "Paula" y "Paula II"), Nooteboom nos recuerda que una de las principales tareas de la literatura es salvar de la pérdida un puñado de imágenes destinadas de otro modo a la desaparición, los "episodios hilarantes de una tristeza estructurada" que es nuestra propia vida. A diferencia de muchos escritores (que, al narrar el amor y la pérdida, incurren en esa "miseria heredad de las malas películas y de las novelas mediocres" y en "los tópicos psicológicos de las revistas"), Cees Nooteboom viene a demostrar que las pérdidas personales de un escritor y de sus personajes pueden constituir también la ganancia de sus lectores y que este no es el menos importante de los milagros de la literatura.
 
 
Cees Nooteboom
Los zorros vienen de noche
Trad. Isabel-Clara Lorda Vidal
Madrid: Siruela, 2011
 
 
[El próximo viernes: Ossip Mandelstam, cita]

[Publicado el 09/11/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Cees Nooteboom, Cuentos, Siruela]

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El interior inexpugnable

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Quizás los comienzos del amor sean todos similares, pero los finales tienden a ser siempre distintos y esto tal vez explique por qué los primeros son tan poco interesantes desde el punto de vista literario y los segundos propician textos excelentes; los cuatro que recoge El final del amor del español Marcos Giralt Torrente están entre ellos.
 
Narrados con la sutileza que es uno de los rasgos de estilo más salientes de su autor y con una prosa que recuerda la de sus textos más recientes como la magnífica novela autobiográfica Tiempo de vida (2010), los cuentos de El final del amor aparecen vinculados por su tema, que es el de la fragilidad de las relaciones amorosas y la inevitabilidad de su fracaso; también, por estar narrados en lo que habitualmente llamamos "primera persona" (es decir, por un narrador autodiegético) que es testigo de los hechos que narra pero nunca su principal actor: un español que viaja con su pareja a una isla africana del Océano Índico y ve descomponerse su relación y la de unos alemanes que los acompañan azarosamente; un joven que presencia el matrimonio de una prima con un diletante adinerado y su vagabundeo por varios países y finalmente es testigo de su divorcio tácito y aparentemente inmotivado y su final; un niño que vive un amor infantil y años después conoce el reverso terrible de ese amorío; un hijo adolescente que presencia la separación de sus padres y las relaciones turbulentas y desgraciadas en las que ambos se involucran a continuación.
 
Al escoger narradores testigos, Giralt Torrente consigue dosificar la información narrativa ofreciendo respuestas conjeturales a los enigmas de los relatos y afirmaciones (sobre las que el propio narrador duda habitualmente) acerca de los finales que presencia; de ese modo, evita las explicaciones unívocas del fracaso amoroso (habitualmente incorrectas) y se permite una distancia afectiva con los hechos narrados (a lo que también contribuye el tiempo transcurrido entre el período en que tuvieron lugar y el presente de la narración en el que son recordados) que le impide caer en el dramatismo y por la que se cuelan la ironía y la introspección; por lo demás, ambas permiten afirmar que el verdadero tema de los relatos de El final del amor no es tanto el fracaso de algunas parejas sino la constitución de una voz narrativa cuyo propósito y principio aparece en la frase de uno de los mejores relatos del volumen, "Cautivos" (el otro posiblemente sea "Última gota fría"): "creemos que tenemos un interior inexpugnable, en el que nos acorazamos, y resulta que también es inexpugnable para nosotros" (87). A la exploración de ese interior inaccesible está destinada buena parte de la obra de Giralt Torrente, una de las ineludibles de la literatura española contemporánea.
 
El final del amor obtuvo el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero.
 
 
Marcos Giralt Torrente
El final del amor
Madrid: Páginas de Espuma, 2011
 
 
[El próximo viernes: Cárcel de amor de Sergi Puyol, Cuentos de Pete el Leñador de Lilli Carré y Pobre marinero de Sammy Harkham]

[Publicado el 07/9/2011 a las 11:00]

[Etiquetas: Marcos Giralt Torrente, Páginas de Espuma, Cuentos]

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Algunas instrucciones para tiempos inciertos

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Freiherr Adolph Franz Friedrich Ludwig Knigge (1752-1796) publicó en 1788 Über den Umgang mit Menschen, un libro de consejos sobre cómo comportarse en sociedad cuyas actualizaciones periódicas desde entonces y sus numerosos epígonos han dado forma a la tradición germanoparlante de los libros de modales o "Benimmbücher". A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, las tres partes en las que Knigge dividía Über den Umgang mit Menschen (literalmente, "Acerca del trato con las personas", aunque la editorial Gestión lo publicó en 2007 con el título de Los nuevos símbolos del estatus: muéstramelos y te diré quién eres) ilustran el alcance y los propósitos de los libros de modales en general ("sobre el trato con las personas", "sobre el trato con uno mismo", "sobre el trato con personas con diferentes maneras de ser, temperamentos y humores del espíritu y del corazón"), pero también (y particularmente) los de El arte de no decir la verdad de Adam Soboczynski.
 
El escritor germanoparlante de origen polaco (Toruń, 1975) narra aquí treinta y tres historias sobre personajes a los que, como afirma, el azar pone una y otra vez piedras en el camino: alguien que está enamorado de alguien que no está enamorado de él o de ella, el empleado de una compañía inmobiliaria que responde demasiado vehementemente el correo electrónico de un colaborador y pierde la simpatía de su jefe, una diseñadora gráfica que convive durante seis años con un escritor fracasado y lo abandona poco antes de que éste obtenga un éxito imprevisto y absoluto, un profesor que es descubierto en un intercambio no sólo académico con una colega, etcétera. El interés de estas historias (narradas con una elegancia fuera de lo habitual que afortunadamente no se ha perdido con la excelente traducción de Francesc Rovira) no se agota en lo anecdótico, sin embargo: su autor las concibe como parábolas destinadas a ilustrar al lector en el uso correcto del engaño, al que considera el arte imprescindible de nuestros tiempos. Así, el libro de Soboczynski se incorpora irónicamente a la tradición inaugurada por Knigge, pero también a la de obras de grandes moralistas como el Oráculo manual y arte de prudencia (1647) de Baltasar Gracián (uno de los autores más citados aquí) o El príncipe (1531) de Niccolò Machiavelli, a los que actualiza; al hacerlo, suma su nombre a una serie (Knigge, Gracián, Maquiavelo) cuyos autores, al igual que el de El arte de no decir la verdad, procuran ofrecer a sus lectores unas instrucciones para comprender y actuar eficazmente en los períodos de incertidumbre que les ha tocado vivir.
 
Así, las enseñanzas del autor, que aparecen como epígrafes a los capítulos del libro, son simples: cómo no parecer arrogante, cómo y cuándo disculparse, cuándo fingir fragilidad y cuándo ser simpático, cómo abandonar con dignidad un puesto de trabajo, cuándo ser gracioso y cuándo mantener la distancia, cómo ser cortés o paciente, por qué mantenerse delgado, etcétera. El arte de no decir la verdad no es exactamente un libro humorístico (aunque las situaciones que narra son de a ratos absurdas e inducen a la risa) pero sí un libro profundamente irónico y un estado de la Nación para la sociedad europea actual, con su descontento y su falta de certezas, que este libro ofrece a quienes decidan ser sus (afortunados) lectores.
 
 
Adam Soboczynski
El arte de no decir la verdad
Trad. Francesc Rovira
Barcelona: Anagrama, 2011
 
 
[El miércoles: Hiperhíbridos de Pablo Gallo]

[Publicado el 18/7/2011 a las 12:18]

[Etiquetas: Adam Soboczynski, Cuentos, Anagrama]

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Una depresión del terreno

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Una hondonada es una depresión del terreno, de allí que no sorprenda que precisamente en una se encuentre Knockemstiff, la pequeña localidad en el Estado de Ohio donde nació y creció Donald Ray Pollock (1954) y donde tienen lugar los relatos de su primer libro. Quizás a raíz de esa fatalidad topográfica, los habitantes de Knockemstiff son seres indolentes y fracasados cuyo pasado es duro y sórdido y su presente es atroz: padres que se avergüenzan de sus hijos, hijos que se avergüenzan de sus padres, camioneros aficionados a las anfetaminas, alcohólicos dispuestos a beber cualquier cosa, niños incestuosos, violadores de discapacitados, empleados de gasolineras por las que nadie pasa, jóvenes que se masturban con las muñecas de sus hermanas, ancianas que mueren de cáncer, adictos a las anfetaminas y al pegamento, padres violentos que golpean a sus mujeres y a sus hijos, habitantes de caravanas desvencijadas, madres que obligan a sus hijos a participar de representaciones íntimas de terror lúbrico, jóvenes que quieren escapar del Estado y sin embargo no dejan de orbitar en torno a él como una polilla que se precipita hacia la luz, fisicoculturistas atiborrados de esteroides, retardados, una joven que come barras de pescado descompuestas, asesinos, empleados aburridos de la fábrica de papel que contamina la zona, mujeres mayores que drogan a hombres solteros y los violan, ancianos paralizados e indefensos incluso ante a sus propias deyecciones, parados, hijos que no hablan con sus padres, mujeres gordas cuya única actividad consiste en ver televisión, fumadores compulsivos, madres solteras, ladrones y tipos con placas de metal en la cabeza que temen a la lluvia.
 
Knockemstiff es un libro duro y desgarrador, el efecto de cuyas historias de personajes fracasados y violentos se ve aumentado por el hecho de que los relatos que lo componen están vinculados unos con otros y sus personajes aparecen en ellos una y otra vez en un arco temporal que va desde la década de 1940 hasta el presente; esa repetición de nombres y motivos contribuye al efecto desolador del conjunto, ya que permite vislumbrar (como sucede en relatos como "La vida real" y "Los combates") que cada uno de los episodios de violencia de un padre hacia un hijo apenas es uno más en una serie a la que el propio hijo contribuirá en su momento y que la vida cotidiana en Knockemstiff consiste en la repetición. A pesar de que, como afirma Kiko Amat, "Al lado de esto, Lars von Trier y Michael Haneke parecen Frank Capra y Walt Disney bailando una polca" (18), lo cierto, sin embargo, es que Knockemstiff es también (a su manera) un libro extraordinariamente divertido. Donald Ray Pollock tiene un gran talento para hallar una especie de comicidad sutil en el desamparo de sus personajes y la forma en que estos intentan vivir una vida que no comprenden ni desean pero a la que se aferran de todos modos; también, una notable capacidad para crear voces narrativas ricas en matices que (de manera casi milagrosa) consiguen que una treintena de relatos narrados en lo que vulgarmente llamamos "primera persona" no resulte monótona; finalmente, también un talento inusual para las primeras frases: "Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años" ("La vida real", 35), "Cuando los del pueblo lo llamaban ‘tarado', lo que en realidad querían decir era ‘solitario'" ("El destino del pelo", 85), "Me desperté creyendo que había vuelto a mearme en la cama, pero no era más que una mancha pegajosa de cuando Sandy y yo habíamos follado la noche antes" (225) y otros.
 
Pollock es un insospechado maestro de la caracterización de personajes y situaciones a través de las metáforas y símiles que los primeros utilizan para referirse a las segundas: un hijo recuerda que "hasta cuando tenía un buen día, hablar con mi padre era como verse atrapado en un ascensor en compañía de un caníbal a quien hubieran dejado en ayunas" (145), alguien tiembla como un perro "que cagara cuchillas de afeitar" (186), en la noche, un cigarrillo encendido brilla "como una luz de freno en medio de la cara arrugada" de un personaje (236) y otro percibe que "el mundo se ilumina, como si alguien acabara de arrancarme los párpados" (253). A este mérito debe sumársele un conocimiento de primera mano del ámbito en el que se desenvuelven sus personajes, que le impide tener con ellos cualquier tipo de compasión; a diferencia de Chuck Palahniuk (con quien podría comparárselo, al igual que con Raymond Carver, John Fante, Flannery O'Connor, Charles Bukowski y otros), Pollock no es condescendiente con sus personajes ni procura redimirlos porque sabe que la redención es una experiencia ajena a la clase social de sus personajes y a la que estos ni siquiera podrían ponerle un nombre. "Como éramos quienes éramos, ya sabía lo que íbamos a hacer", admite unos personajes, y el lector sólo necesita saber que lo que harán será terrible. Tan terrible (pero tan fascinante y narrado de forma tan extraordinaria) que Knockemstiff es desde este momento uno de los mejores libros que vayan a publicarse en español en 2011. Una revelación.
 
 
Donald Ray Pollock
Knockemstiff
Trad. Javier Calvo
Pról. Kiko Amat
Barcelona: Libros del Silencio, 2011
 
 
[El próximo viernes: Roger Chartier y la "revolución electrónica", cita]

[Publicado el 18/5/2011 a las 13:15]

[Etiquetas: Donald Ray Pollock, Cuentos, Libros del Silencio]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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