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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 23 de octubre de 2018

 Blog de Patricio Pron

Sentido y sensibilidad / "Algunas formas de amor" de Charlotte Mew

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Charlotte Mew no fue especialmente prolífica: en su postfacio a este libro de cuentos, Liborio Barrera enumera «algunos ensayos, menos de un centenar de poemas y ni una veintena de relatos». Nació en Londres en 1869 y murió en esa ciudad cincuenta y ocho años después, vivió toda su vida en la casa familiar en Bloomsbury (lo que la sitúa en la vecindad geográfica pero no estética del grupo en torno a Virginia Woolf) y sus interlocutores fueron Joseph Conrad, Ezra Pound y Thomas Hardy. Pese a ello sólo publicó un libro en vida (el excelente The Farmer's Bride, 1916) y ocupó una posición marginal entre sus contemporáneos.

A ello contribuyó indudablemente su rechazo a la literatura de su época, de la que su obra es extemporánea: sus poemas son clásicos en hechura y ponen de manifiesto una visión no necesariamente idealizada pero sí anacrónica de la cotidianeidad en los pequeños pueblos ingleses y sus cuentos (cinco de los cuales son publicados aquí) pertenecen al tipo de realismo victoriano de tema romántico que los modernistas, sus contemporáneos, rechazaron explícitamente. "La esposa de Mark Stafford" narra la historia de una joven que rompe su compromiso con un ingeniero para casarse con un filósofo a cuyo lado brilla en los salones londinenses; cuando el ingeniero regresa de una estancia en España, la joven escapa con él pero muere poco antes de abandonar Inglaterra. En "Algunas formas de amor" un joven marcha a la guerra tras habérsele declarado a una mujer que le promete que hablarán cuando vuelva; regresa enamorado de otra pero se siente obligado a cumplir la palabra empeñada incluso aunque a su primer interés amoroso sólo le queda un año de vida. El narrador de "El amigo del novio" se enamora de la prometida de un asociado y se debate entre la atracción y la lealtad hasta que decide tomar medidas; pese a ello, llega tarde. Etcétera.

Mew tiene un estilo sensible y delicado ("nada resultaba evidente, sólo sutil, como un cambio de temperatura en el aire", escribe) en el que predominan los circunloquios y la expresión afectada. Se trata de un estilo especialmente apropiado para dar cuenta de la distancia entre los deseos de los personajes y lo que estos se permiten decir en la conversación social, como sucede en los diálogos de "Algunas formas de amor", en el final de "Una puerta abierta" y en un cuento excepcional, "Mortal fidelidad", en el que el intercambio en torno a lo que "se debe hacer" entre un sepulturero y una viuda reciente acaba convirtiéndose en una propuesta de matrimonio. Pero si estos cuentos destacan por algo es por sus personajes femeninos: la voluble y fatua Kate Stafford del primero de los relatos del libro, la joven de "Una puerta abierta" para quien "la vida no era emocionante, nunca lo había sido; pero ya no era ni levemente entretenida", la Laurence Armitage del mismo cuento, que rechaza un matrimonio conveniente para misionar en África, la Evelyn de "El amigo del novio": todas se debaten entre unas convenciones que inhiben su personalidad y las posibilidades que se derivan del cambio social, en particular tras la Primera Guerra. Una de ellas afirma, por ejemplo: "Yo nunca he vivido [...], al menos no desde que era niña; mi modista y mis compromisos no me dejan tiempo"; cuando más tarde cree haber hallado su "voz", pide disculpas a su interlocutor por si hace "mal uso de ella". A sabiendas de que ese hallazgo la condenaba, Charlotte Mew se suicidó bebiendo media botella de desinfectante en 1928.

 
Charlotte Mew
Algunas formas de amor
Trad. Ángeles de los Santos
Postfacio Liborio Barrera
Cáceres: Periférica, 2018

 
(Babelia, septiembre de 2018.)

[Publicado el 03/10/2018 a las 18:28]

[Etiquetas: Charlotte Mew, Cuentos, Periférica]

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Quemar después de leer / “No soy así y otros cuentos” de Kjell Askildsen

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Kjell Askildsen nació en el sur de Noruega en 1929 y publicó su primer libro (A partir de ahora te acompañaré a tu casa) en 1953. Ni siquiera la recepción crítica de los grandes autores carece de contradicciones (de hecho, sólo consiste en ellas), y la de su primer libro de relatos breves es un ejemplo de ello: su autor fue celebrado por la crítica como un maestro y, al mismo tiempo, repudiado por “inmoral”.

Algo en la no muy extensa obra de Askildsen (cuatro volúmenes de relatos breves entre 1953 y 1996) sigue siendo incómodo para el lector a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación y del hiato que se produjo en la vinculación entre literatura y moral hasta tiempos recientes. A menudo los personajes del escritor noruego rehúyen la compañía de otros, especulan con la posibilidad del incesto y/o lo llevan a cabo, desconocen el amor filial (varios de los relatos tienen como tema el retorno al hogar familiar tras la muerte del progenitor, que en todos los casos deja más o menos indiferentes a los deudos), se entregan inescrupulosamente a los placeres del alcohol y del tabaco, no tienen profesión ni antecedentes, se constituyen como sujetos no productivos, escasamente fiables, poco solícitos, deseosos de eludir sus responsabilidades: en cuanto pueden, escapan.

Los relatos de Askildsen no abundan en descripciones de los personajes, carecen de referencias de lugar y de tiempo, prácticamente no tienen argumento, y, por consiguiente, les faltan las revelaciones y los desenlaces que algunos lectores consideran prescriptivos en la narrativa breve; de hecho, muchos tienen premisas singularmente parecidas y que pueden distribuirse en tres núcleos: el de la pareja cuyos miembros se encuentran en abierta hostilidad uno con el otro, el del anciano solitario y desilusionado cuya vida cotidiana es una sucesión de tropiezos y el ya mencionado del hijo que regresa a la casa paterna para asistir a un velorio.

Al margen de la observación de similitudes y diferencias a la que se prestan los relatos que la componen, la de Askildsen (con su laconismo, su desdén por las convenciones y la sensación que transmite de que algo terrible ha sucedido sin que se nos diga qué ni cómo) es una narrativa de la negación, lo cual ha llevado a que se lo compare con Franz Kafka, Ernest Hemingway y Albert Camus (también con Raymond Carver, en un claro anacronismo) y que se lo apode “el Samuel Beckett noruego”. Algunas fuentes sostienen que, después de leer A partir de ahora te acompañaré a tu casa, el padre de Askildsen, un político local, repudió al hijo y quemó públicamente su obra: incluso aunque no sea cierta, la anécdota resume una forma verosímil (y posiblemente deseada por su autor) de responder a estos cuentos.

Como afirmó el escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill en su prólogo a la publicación por parte de Lengua de Trapo de estos cuentos en 2010, el resultado de esa negación es un estilo. Askildsen “puede narrarlo todo y de la mejor manera con personajes sin rostro ni más rasgos físicos que el detalle indispensable, con nombres que se olvidan de inmediato, sin tonos de voz; representando diálogos reducidos al mínimo y muy a menudo sin saltos de párrafo ni comillas; con emociones transmitidas por una palabra o por un impulso a actuar; con climas y estaciones indicadas apenas por la luz o por ínfimas señales del cuerpo o del espacio natural; con tragedias resumidas por la simple evocación de una imagen visual y un clímax erótico logrados por el leve desplazamiento de una mano, o con odio significado por el movimiento de un cuerpo que sale a prender un cigarrillo”.

 

 

Kjell Askildsen

No soy así y otros cuentos

Trad. Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

Madrid: Nórdica, 2018

[Publicado el 20/9/2018 a las 10:39]

[Etiquetas: Kjell Askildsen, Cuentos, Nórdica]

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La "primera persona" / "Vértigo" de Joanna Walsh

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Robinson Crusoe es tanto el héroe como el narrador de su historia, recuerdan David Herman, Manfred Jahn y Marie-Laure Ryan; en obras posteriores en las que se emplea lo que comúnmente se denomina la "primera persona" las cosas, sin embargo, no resultan tan claras, y Vértigo (como El opoponax de Monique Wittig, Sabático de John Barth y otros ejemplos de narrativa postmoderna) vuelve a proponer todas las viejas preguntas acerca de quién o qué es el origen de la narración, qué limitaciones impone a su relato la parcialidad de su "punto de vista", cuáles son las razones por las que habla y ante quién lo hace, qué cosa es (en última instancia) el "yo" que habita el relato.

Joanna Walsh nació en Reino Unido en 1970, es ilustradora, una figura ineludible en las redes sociales (es la creadora en Twitter del archivístico y reivindicativo @read_women, por ejemplo) y la autora de libros desafiantemente singulares como Fractals (2013), Grow A Pair y Hotel (ambos de 2015) y Worlds from the Word's End (2017); a excepción de Hotel, todos ellos son colecciones de relatos, y también lo es Vértigo (2016), aunque la continuidad aparente de la figura de su narrador (la "primera persona" del párrafo anterior) permite pensar en el libro como en una obra unitaria presidida por la voz de una mujer que observa a las parisinas que se apiñan en Le Bon Marché un día de verano, atestigua la desidia de los camareros de un chiringuito en la playa y la impaciencia de un hombre que puede ser (o no) su pareja, visita un paisaje en ruinas habitado por otras mujeres en lo que parece un lugar de veraneo, espera con angustia que un niño regrese de la sala de operaciones, ve a su marido reflejado en las opiniones de sus amantes y desea recuperarlo, huye de varias fiestas, se mete en el mar porque "no se puede hacer nada más" en una playa, etcétera.

En la literatura de Walsh las cosas nunca se revelan por completo, ni la naturaleza de sus narradores, ni el sentido de la experiencia que narran y/o su localización precisa; por el contrario, el estilo es deliberadamente elusivo, una especie de escritura automática que de a ratos adquiere el aspecto de un poema en prosa o de un soliloquio precipitado, a veces dirigido a una segunda persona. "El vértigo es la sensación de que, si me caigo, no caeré sobre la tierra, sino en el vacío", afirma la narradora del relato que da nombre al volumen. Al igual que ella, las "heroínas" y "narradoras" de este libro son conscientes de que "algo malo está sucediendo" pero no son capaces de verbalizarlo.

Vértigo se plantea la dificultad inherente al hecho de afirmar qué es ese "algo" al tiempo que está sucediendo. Walsh y su libro destacan en el marco de una literatura anglosajona presidida por la aceptación prácticamente universal de los imperativos de claridad y concisión de las escuelas de escritura creativa; no es un mérito menor, pero el lector se pregunta cuánto mejor hubiera sido este (buen) libro de haber sabido su autora quién y por qué "habla" en estos relatos y/o si hubiese recurrido en ellos al equilibrio entre opacidad y transparencia, entre digresión y sentido de propósito, que preside su (excelente) ensayismo para publicaciones como The Guardian y Granta, entre otras.

 
Joanna Walsh
Vértigo
Trad. Vanesa García Cazorla
Cáceres: Periférica, 2018
 
 
[Babelia/El País,  abril de 2018]

[Publicado el 05/6/2018 a las 13:15]

[Etiquetas: Joanna Walsh, Cuento, Periférica]

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Porque fui monstruo / "Besos humanos" de Francisco Ferrer Lerín

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Un hombre despierta con la espalda "comida por los ácaros" y tienen que amputársela, otro se empeña en fracasar de todas las maneras posibles, una joven fantasea con ser asfixiada hasta el desmayo en la sacristía de la catedral de Jaén, una bibliotecaria solícita constata que una operación de próstata no ha tenido efectos indeseados: los personajes de Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) se entregan a todos sus impulsos y deseos con la solemnidad de quien cumple con una tarea asignada por otro, un deber. Por una parte, el relato que hacen de sus acciones explora a menudo la posibilidad de que haya algún tipo de motivación personal para ellas; por otra, esa motivación está siempre ausente o es de carácter absurdo. En el mundo de Ferrer Lerín se mata, se copula, se ingieren mazapán de Cádiz y patatas fritas, se observa y se habitan edificios de la burguesía y pueblos abandonados como si todo ello agotase su significado en su realización, o como si ésta fuera tan extenuante que excluyese la posibilidad siquiera de un pensamiento que reconcilie al sujeto con sus acciones.
 
Varias catástrofes convirtieron el siglo XX en uno de los más terribles que se recuerden, pero también tuvieron como resultado una literatura que exploró la enajenación del sujeto respecto del resultado de sus actos; en algún sentido, éste fue el rasgo más saliente del período: a través de la burocratización de los procedimientos administrativos (incluidos los necesarios para el funcionamiento de los campos de concentración y de trabajo que están entre las más notables innovaciones de la época), la implementación de la cadena de montaje a la producción industrial, el perfeccionamiento de las técnicas de preservación de la información y de su transmisión a distancia, a través del encuadre y del montaje cinematográficos y del desarrollo de tecnologías militares que posibilitan la guerra a distancia, el siglo XX (junto con sus prolegómenos y postrimerías) crearon un abismo tan considerable entre el sujeto y el producto de sus acciones que éste ha devenido mayoritariamente incomprensible para él; de forma paralela, la psiquiatría (primero, y el psicoanálisis más tarde) han proyectado esa escisión también al ámbito de la conciencia. Toda la literatura del siglo XX es una manifestación del malestar que se deriva de ese doble hiato: el sujeto (llámese "Alfred Biberkopf", "Nadja", "Molloy" o "K") no puede saber cuáles son las consecuencias de sus actos, pero tampoco puede comprender realmente cuál es su origen, ya que esos actos responden a una interioridad (un "subconsciente" o una cierta "predisposición genética") a la que éste no tiene acceso.

Naturalmente, esa escisión tiene su antecedente y su manifestación más frecuente en los sueños, y Ferrer Lerín (que lo sabe) atribuye a menudo sus historias a la experiencia onírica, de lo que sirve de testimonio Mansa chatarra, la antología de sus textos que José Luis Falcó editó para la zaragozana Jekyll & Jill en 2014: en esos relatos (algunos reproducidos también aquí), la inminencia de una catástrofe, la anomalía constituida por monstruos que a menudo son el propio narrador, su hieratismo y su indiferencia ante los hechos que narran (a menudo su propia muerte) daban cuenta del carácter soñado del relato. Sin embargo, ese carácter no agota la producción del autor, en la que también se ponen de manifiesto tendencias como el automatismo, el "humor negro" de la tradición recogida por André Breton en su antología de entreguerras, cierta abstracción, un uso singular de la fotografía, el interés por la exploración de la experiencia sexual por parte de los surrealistas, la teratología y (en general) la entrada enciclopédica, una inclinación natural por la onomástica grotesca (los personajes en la obra de Ferrer Lerín se llaman "Nabo Gordo", "Marcona", "Ravioli", "Verdenal", "Manarras", "Panotxa"), la reescritura de los géneros y una serie de influencias que el autor resume en "La jornada laboral de un poeta barcelonés", lo más parecido a una poética que ofrece.

Leer a Ferrer Lerín es ser testigo de una obra que, como recuerda Ignacio Echevarría en su epílogo a este volumen, "obvia las distinciones genéricas, transita sin escrúpulos del verso libre a la prosa, del informe y del documento a lo ficticio u onírico, de lo apócrifo o impersonal a lo autobiográfico, de la apropiación literal de textos ajenos a la invención más desatada" (164); una literatura, en definitiva, que tiende a la perturbación sin dejar por ello de poner de manifiesto una extraordinaria, contagiosa alegría. En la "felicidad olvidada" del Ferrer Lerín que sueña en el relato "La vida" (y que en "El muro", un relato de Mansa chatarra, despertaba tan sólo para descubrir que el que soñaba no era él), pero sobre todo en su celebración de la anomalía y en la renuncia a cualquier justificación o coartada, hay una demostración de su gozosa pertenencia a la tradición así como una forma de continuar extrayendo de ella literatura y sentido. Ferrer Lerín es un monstruo, pero su monstruosidad es la de la literatura que prefiere no someterse a otra voluntad que la propia; en eso, también, su autor (cuya "Partida de nacimiento" debe ser tomada muy en serio a la hora de su lectura) es uno de los narradores españoles más jóvenes del momento.

 
Francisco Ferrer Lerín
Besos humanos
Ed. y Epíl. Ignacio Echevarría
Barcelona: Anagrama, 2018

 
[Letras Libres, mayo de 2018.]

[Publicado el 29/5/2018 a las 13:15]

[Etiquetas: Francisco Ferrer Lerín, Cuento, Miscelánea, Anagrama]

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Interiores demasiado iluminados / "Narrativa completa" de Hermann Ungar

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Albert Camus afirmó en 1947 que "siempre hay una explicación social para lo que vemos en el arte; sólo que ésta no explica nada de importancia"; más o menos por la misma época, el escritor austríaco Heimito von Doderer sostenía que "los burgueses y pequeñoburgueses faltos de talento de ambos sexos son aún más inescrutables y misteriosos que el genio más sublime" y ésta última es la "explicación social" que mejor se adecúa y más conviene a la literatura del escritor judío de lengua alemana Hermann Ungar (Boskovice, Moravia, 1893 - Praga, 1929). Naturalmente, y como advertía Camus, tampoco explica demasiado.
 
Ungar nació sólo dos años antes de que Sigmund Freud ajustase cuentas con la neurastenia, por entonces la enfermedad de moda, y veintiún años antes de que estallase la Primera Guerra Mundial, de la que participó voluntariamente y en la que fue herido. La neurastenia daría paso a la neurosis y, poco después, a la "neurosis de guerra" ("Kriegsneurose", "Shellshock", "Invalides du Courage", etcétera), que Ungar no padeció: tras la contienda bélica trabajó como abogado y director teatral, agregado comercial checoslovaco en Berlín y escritor, en este último caso para admiración de Thomas Mann y Stefan Zweig pero también con escándalo. Ungar no sólo dedicó la totalidad de su obra a los criminales, los sadomasoquistas, los familiares incestuosos, los enajenados y los manipuladores, sino que, al hacerlo, procuró iluminar también su interioridad (quizás excesivamente) para que se pusiese de manifiesto que ésta no difería demasiado de la de sus lectores.
 
Narrativa completa reúne toda esa obra otorgándole un sitio preferencial a Los mutilados ("el" gran libro de Ungar) y a La clase, el otro texto de extensión del autor. La primera narra la historia del empleado de banco Franz Polzer (otros personajes llevan nombres como "Fanta" y "Milka", aunque esto es coincidencia); Polzer está hastiado de la puntualidad y del orden que persigue de manera enfermiza, pero le aterran lo inesperado y lo insólito, que entran indefectiblemente en su vida cuando es seducido por la viuda en cuya casa alquila una habitación: a partir de ese momento, el mundo de Polzer (quien, por una parte, aprendió desde niño a encontrar placer en los castigos físicos que le aplicaba su padre, y, por otra, siente repulsión hacia el sexo) se precipita en una espiral de perversiones propias y ajenas; es decir, se vuelve interesante. La segunda novela tiene como protagonista a Josef Blau, un maestro de escuela obsesionado con su "posición" que se precipita en el abismo por temor a ser humillado por sus alumnos, contra quienes el autor advierte: "El ser humano, decían, estaba dotado de bondad y comprensión; en tal caso, los chicos de catorce años no eran seres humanos".
 
Josef Blau es el personaje típico de Ungar: poco avispado, pusilánime, conformista, de una religiosidad exacerbada y confusa, dictatorial, misógino (obliga a su mujer a utilizar faldas hasta los pies y más tarde a raparse la cabeza para no ser deseada por otros hombres, pese a lo cual está convencido de que ésta tiene un affaire con otro profesor del instituto), paranoico, débil. La suya podría ser una más de las historias que Freud y Breuer (quien comparte nombre de pila con Blau) reunieron en sus Estudios sobre la histeria de 1895. A Ungar, que estudió psicología, le interesaba acceder a la motivación "profunda" de sus personajes. Estos constituían ejemplos extremos de la forma en que una sexualidad reprimida en nombre de las instituciones del matrimonio y la religión, pero (sobre todo) de la respetabilidad burguesa, enloquecía literalmente a los sujetos. Sus personajes (un hombre que lleva hasta las últimas consecuencias el proyecto de destruir a una mujer que fue indiferente a su despertar sexual, un joven que comete un asesinato para vengar las ofensas padecidas por un padre alcohólico, un sirviente revolucionario que cree posible rebelarse a través de la obediencia) humillan y son humillados. Lo hacen sobre el fondo de una época cuyos estándares no sólo morales están cambiando aceleradamente (y no son capaces de comprender, lo que constituye la verdadera "explicación social" de la obra de Ungar) y en un lenguaje histriónico en el que abundan los pasajes introspectivos que cierto tipo de imaginación hispanohablante asocia a la "Gran Tradición" de la novela centroeuropea: "Porque también en mí estaban la inseguridad y el desasosiego de un temor constante, como si cada hora pudiera traerme la humillación definitiva que me dejaría sin fuerzas para sobrevivir a esta hora que me desenmascara, me descubre, me pone en evidencia, revela mi mentira y mi crimen. También yo, criminal fugitivo", etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.

 
Hermann Ungar
Narrativa completa
Trads. Ana María de la Fuente, Ana María de la Torre e Isabel García Adánez
Madrid: Siruela, 2017
 
Babelia/El País, noviembre de 2017. 

[Publicado el 01/12/2017 a las 13:45]

[Etiquetas: Hermann Ungar, Siruela, Novela, Cuentos]

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El futuro / "El gaucho y el caballo" de Pablo Katchadjian

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Pablo Katchadjian adquirió una celebridad incómoda en torno a 2009 cuando María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, lo demandó por un supuesto delito de defraudación de sus derechos sobre la propiedad intelectual a raíz de "El Aleph engordado", un "experimento literario" en palabras de su autor en el que éste "aumentó" el famoso cuento de Borges llevándolo de cuatro mil a casi diez mil palabras.

Al margen de lo que se piense de ella, el resultado más visible y pernicioso de la demanda de Kodama es que ha conseguido que la visibilidad adquirida por Katchadjian impida recordar cuán extraordinario escritor es. De ello da prueba este El gaucho y el caballo, una selección de cuentos y ensayos breves publicada a finales del año pasado.

Los cuentos de Katchadjian conjuran una serie de referentes aparentemente contradictorios (Jacobo de la Vorágine, Franz Kafka, Luciano de Samósata, César Aira, Samuel Beckett, otra vez Borges) en piezas breves que se preguntan por el sentido de lo que narran al tiempo que esa narración tiene lugar. ("El pasaje de una acción a la otra siempre tiene explicación, pero esto sólo cuando se lo quiere explicar. O nunca tiene explicación y por eso tratar de explicarlo o de que tenga sentido es inútil y tonto. O sí, siempre tiene explicación y por eso tratar de explicarlo es inútil y tonto", etcétera.) A menudo sus personajes han vivido tragedias o se dirigen hacia ellas; en ocasiones se ven atrapados en situaciones que sólo se resuelven en la irresolución. (En uno de los relatos del libro, un rey es juzgado por su sucesor, quien ordena arrojar su cadáver al río, los castores utilizan sus restos mortales para construir una represa, que provoca una inundación que llega al castillo del segundo rey, éste muere ahogado y su cadáver va a parar a manos de los castores, quienes construyen una represa mayor, etcétera.)

Ninguno de estos personajes habita un territorio en el que abunden las marcas nacionales, pero las catástrofes que se suceden en estos relatos y la eficacia con la que sus personajes se conducen ante ellas hacen plausible pensar en la historia argentina reciente como su escenario privilegiado y su tema excluyente, también la aceptación resignada de un trágico sinsentido con la que los personajes sobreviven a los tiempos que deben testimoniar.

Katchadjian revisita así la práctica específicamente argentina de hablar de su país sin hacerlo en absoluto (años de censura) y proyecta su literatura nacional hacia el futuro, sin que parezca importarle demasiado si también van a enjuiciarlo por ello quienes se consideran sus propietarios.

 

Pablo Katchadjian
El gaucho y el caballo
Buenos Aires: Blatt & Ríos, 2016

Publicado originalmente (en inglés) en el Times Literary Supplement. Londres, septiembre de 2017.

[Publicado el 12/10/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: Pablo Katchadjian, Cuento, Blatt&Ríos]

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Viajes Imaginarios 3 / Una sucesión de acontecimientos aislados / "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" de Jorge Luis Borges / Fake News

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"Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres", cita Adolfo Bioy Casares; cuando alguien (llamémoslo Jorge Luis Borges, por ponerle un nombre cualquiera) le pregunta de dónde ha sacado la frase, éste le responde que del artículo sobre Uqbar de The Anglo-American Cyclopedia: van a la enciclopedia, buscan el artículo, no lo encuentran. Pero no se olvidan del asunto. Al día siguiente Bioy Casares revisa su ejemplar de The Anglo-American Cyclopedia y da con él fácilmente: allí está Uqbar (y su país imaginario, Tlön), con sus ríos y montañas. Cuando visitan una biblioteca para obtener más información, esa misma noche, no encuentran nada, sin embargo: ni una sola referencia.

"Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" fue publicado en la revista Sur en mayo de 1940 e incluido en uno de los libros seminales de Borges, Ficciones (1944); su tema es, para Jaime Alazraki, el "creciente escepticismo" de la ciencia del siglo XX, y, para Frances Weber, "la naturaleza conjetural de todo conocimiento y representación": sus protagonistas intentan obtener información sobre Uqbar, pero cada nuevo descubrimiento que realizan (el undécimo tomo de "A First Encyclopaedia of Tlön", la inscripción "Orbis Tertius" estampada en él, un objeto cónico de extraordinario peso) vuelve más compleja, más difícil de responder, la pregunta inicial. Una sociedad secreta "de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas" bautizada como "Orbis Tertius" ha estado creando durante siglos a Tlön para demostrar la superioridad del idealismo filosófico sobre el materialismo; también ha inventado un país al que atribuir esa creación, y ese país es Uqbar.

Uqbar y Tlön pertenecen a ese tipo de regiones que sólo existen en libros y a las que se llega leyendo. (Cosa que no las vuelve imaginarias, por supuesto, sino reales de una forma ligeramente distinta a, digamos, Bután.) Muy rápidamente, la segunda excede esa condición, sin embargo: un día Borges encuentra una brújula con una inscripción en la lengua de Tlön; más tarde, tropieza con una de sus imágenes religiosas; un tiempo después, un periodista estadounidense descubre los cuarenta volúmenes de la Primera Enciclopedia de Tlön: no pasa demasiado tiempo antes de que su "idioma primitivo" sea introducido en las escuelas, su historia ("armoniosa y llena de episodios conmovedores") reemplaza a la enseñada hasta el momento, las disciplinas científicas son reformadas al hilo del nuevo saber. El mundo deviene Tlön, y la fabulación de "una dispersa dinastía de solitarios" reemplaza a la verdad y a la historia.

Vivimos tiempos confusos pero (quizás) también incorregibles. "¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado?", se pregunta Borges. "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" es un cuento acerca de la imposibilidad de saber y la necesidad imperiosa de hacerlo en momentos históricos que (como el nuestro) están presididos por la incertidumbre. Fue la estratega republicana Kellyanne Conway la que a comienzos de este año acuñó el término "hechos alternativos" para defender la afirmación (falsa) de que el acto de asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos había sido el más popular de la historia; antes y después de ello (y al tiempo que se ponía de manifiesto la compleja relación de Trump y sus seguidores con la realidad), los "hechos alternativos" y las "Fake-News" comenzaron a multiplicarse: Conway afirmó que Barack Obama había paralizado el otorgamiento de visas a refugiados iraquíes (falso) y que dos inmigrantes habían perpetrado una inexistente "masacre de Bowling Green", la noticia (falsa) de que Hillary Clinton sería parte de una red de pederastia dirigida desde una pizzería de Washington DC (¡!) llevó a que un joven abriese fuego en ella en diciembre de 2016, etcétera.

Ni la falsificación histórica ni el uso deliberado de la mentira política son nuevos, por supuesto (el término "Fake-News" fue empleado por primera vez en 1994 en relación a la noticia de que Microsoft habría comprado la Iglesia Católica, por ejemplo); pero sí la escala que estos han alcanzado con la emergencia de los agregadores de noticias y el recurso a las redes sociales para informarse por parte de numerosos usuarios, así como con la crisis de resultados y propósito de la prensa tradicional. Y tampoco son fenómenos estadounidenses: casi cualquier país con tendencias totalitarias o trazas dictatoriales (China, Rusia, Filipinas, Polonia, Israel, Irán, Siria, Hungría) se vale de ellos, y tampoco escasean en países como Italia, Reino Unido (donde fueron decisivos en la votación por el Brexit), Francia y España: desde hace algún tiempo, el periódico francés Libération dedica una sección diaria al desmentido de noticias falsas, y El País cuenta con un blog que hace lo mismo, Hechos.

No es fácil exagerar la necesidad de herramientas como estas, pero tampoco es sencillo calcular su impacto: el "creador de noticias falsas" Paul Horner declaró al Washington Post que únicamente se puede informar de aquello en lo que las personas quieren creer; según varios estudios científicos, sólo otorgamos credibilidad a las noticias que refuerzan nuestras ideas preconcebidas en lugar de cuestionarlas. En Tlön, escribe Borges, el tiempo es pensado como una sucesión de acontecimientos aislados, lo que inhibe toda posibilidad de acción; esa inhibición es la que vivimos en nuestros días y sus consecuencias son el final de todo aquello en lo que creíamos, todas las posibilidades esbozadas en una Declaración Universal de los Derechos Humanos que todavía espera ser puesta en práctica. Desde algún lugar en la imaginación de unos hombres, Tlön se aproxima bajo el disfraz bien conocido de la mentira, la manipulación y el engaño.
 

Jorge Luis Borges
"Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"
Ficciones
Barcelona: Debolsillo, 2016
 
Babelia/El País, agosto de 2017. 

[Publicado el 26/9/2017 a las 17:30]

[Etiquetas: Jorge Luis Borges, Cuento, Debolsillo, Fake News]

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Al menos circunstancialmente / "George Orwell fue amigo mío" de Adam Johnson

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Un programador informático utiliza su talento para la reanimación computarizada de aquello que alguna vez ofreció consuelo y ahora está muerto. Un repartidor de UPS recorre el estado de Luisiana tras el paso del huracán Katrina; su padre está muriendo al otro lado del país, su antigua novia lo ha dejado al cuidado del hijo de ambos, su nueva novia habla de él en tercera persona en las reuniones de Alcohólicos Anónimos y tiene un plan. Una mujer se ve enfermar de cáncer, se ve hacerle frente, ve a su marido y a sus hijos seguir adelante sin ella. Un antiguo responsable de una prisión de la (cínicamente llamada) República Democrática de Alemania convierte una recreación del pasado en una confrontación directa con él; un desplazamiento voluntario lo pone (por primera vez) en el lugar de las víctimas. Un pedófilo se interesa por las niñas de una vecina alcohólica que las ha abandonado y toma una o dos decisiones. Un par de disidentes norcoreanos aspiran a un golpe de suerte en Seúl mientras procuran discernir qué han perdido en su fuga y cómo recuperarlo.

No es un dato menor que muchos de los personajes de Adam Johnson (Dakota del Sur, 1967) sean desplazados, estén gravemente enfermos o perdidos; tampoco, que el carácter anticipatorio de algunos de sus relatos (por ejemplo de "Nirvana", en el que el protagonista "revive" mediante un holograma a un presidente estadounidense recientemente asesinado) sea anecdótico: los cuentos de George Orwell fue amigo mío son rabiosamente contemporáneos, son (presumiblemente) los relatos de ficción más lúcidos acerca del presente que se puedan leer en este momento. A pesar de El huérfano, su novela anterior (y no mucho más que la demostración de que Johnson había leído a Cormac McCarthy y podía imitarlo con cierta altura), y del hecho de que buena parte de estos relatos fueron publicados originalmente en revistas norteamericanas (lo que significa que fueron sometidos al tipo de revisión editorial que, en la medida en que tiene como finalidad evitarle problemas legales a las publicaciones y apunta a la estandarización de la expresión y los temas en nombre de la "claridad" del texto y la satisfacción de las audiencias, tiende a volver intercambiable y generalmente poco relevante lo que se publica en ellas); pese incluso al National Book Award, que le fue concedido a este libro en 2015 (y casi nunca premia lo mejor de la producción literaria norteamericana, sino las hypes y el consenso middlebrow), George Orwell fue amigo mío es ya, posiblemente, el mejor libro de relatos que se haya publicado este año en España. Nadie como Adam Johnson parece estar escribiendo mejor en este momento acerca de ese entumecimiento (magníficamente abordado en "Nirvana") que es el rasgo predominante de la sensibilidad contemporánea, y muy pocos parecen estar en mejores condiciones que Adam Johnson de ponerle un fin al menos circunstancial a ese entumecimiento con una literatura lúcida, arriesgada, relevante, viva.

 

Adam Johnson

George Orwell fue amigo mío

Trad. Carles Andreu

Barcelona: Seix Barral, 2017

[Publicado el 09/5/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Adam Johnson, Cuentos, Seix Barral]

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No muere en silencio / "En el corazón del corazón del país" de William H. Gass

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"No hay autoridad que mande sobre nuestras distracciones, nos exija adulación, necesite nuestras expansiones o nuestras mentiras mnemotécnicas", escribió William H. Gass en cierta ocasión, y agregó: "La fama no es una puta que uno pueda ordenar por teléfono. El público se gasta el dinero en el cine, llena los estadios de vítores y baila al ritmo de ruido organizado mientras los libros mueren en silencio, y más rápidamente que sus autores".
 
No hay mucho que objetar a esta afirmación, por supuesto; sin embargo, Gass la hizo en 1981, cuando los relatos a los que precedía (se trata del prefacio "revisado y expandido" a la edición de 1989 de En el corazón del corazón del país) tenían ya varias décadas: si la "sorprendente cantidad de tiempo" (son sus palabras) que habían vivido hasta entonces desafiaba su convicción de que los libros mueren antes que sus autores (una convicción que Leonard Michaels compartía al menos parcialmente, y que formuló diciendo que "los escritores mueren dos veces, primero sus cuerpos, luego su obra; pero lo mismo producen, libro tras libro, como pavos reales desplegando sus colas, una maravillosa llamarada de color que muy pronto es arrastrada por el polvo"), el hecho de que estos relatos puedan ser leídos hoy en día sin tener que echar sobre ellos la mirada condescendiente del historiador de la literatura sólo pone de manifiesto que (en ocasiones, y sólo si son realmente buenos) también los relatos duran.
 
En el corazón del corazón del país fue publicado en 1968; en 1985 tuvo una edición española, en Alfaguara y con traducción de Ana Antón Pacheco: a pesar de que Gass es uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX, esto es todo lo que hay para decir acerca de su relación con los lectores hispanohablantes. Se trata, es evidente, de un problema de comunicación, y un problema de comunicación es precisamente lo que tienen algunos de los personajes de estos relatos, por ejemplo el adolescente que protagoniza "El chico de Pedersen", que sostiene diálogos circulares de una violencia no sólo verbal con su padre y su hermano mayor en torno a agravios infligidos los unos a los otros en el pasado y sobre la llegada de un niño de una propiedad vecina que hace estallar la situación por los aires con toda la fuerza de su imaginería religiosa. (Su irrupción en el pesebre de la casa y su aparente resurrección de entre los muertos suponen, al final, la concreción de la promesa cristiana de salvación al menos para el protagonista de la historia.)
 
Tampoco parece poder comunicarse adecuadamente el personaje de "Carámbanos", un vendedor de casas que vive solo, es humillado por sus excéntricos compañeros de oficina, va a perder su trabajo; si el personaje sólo parece contentarse con la belleza de las figuras que el frío y la nieve hacen crecer frente a su ventana, con las que, de alguna manera, se identifica (en el mejor momento del relato el personaje se ve a sí mismo como una casa vacía y en venta), también lo hace la protagonista de "El orden de los insectos", quien no puede ocultar su fascinación por unos seres que concitan en torno a su observación una atención y una inteligencia que tal vez ésta no pueda volcar en otros ámbitos, en los que no son requeridas porque no se esperan de una mujer.
 
Gass tiene un estilo poético y algo moroso (y muy bien volcado al español aquí por Rebeca García Nieto) que resulta funcional a la narración de unos relatos en los que prácticamente no hay progresión narrativa (es lo que sucede en "La señora Ruin", un texto acerca de las formas en que unas personas se obsesionan por otras si éstas últimas viven en su proximidad, y que constituye la contracara perversa de esa epifanía del Medio Oeste que es el cuento que da título al volumen, un largo poema en prosa que celebra al "hombre común" al que cantó Walt Whitman); si uno le suma a ello cierta aparente pérdida de control por parte del narrador en muchos de los relatos y la inestabilidad propia de un discurso libre indirecto continuamente interrumpido por las vacilaciones de los personajes, el resultado podría parecer de difícil lectura. Sin embargo, pocos libros son tan placenteros de leer como En el corazón del corazón del país, pocos ofrecen al lector en cada párrafo una frase inmejorable, una idea extraordinaria, un adverbio eficaz, una metáfora que produce una conexión inesperada entre dos elementos inconexos entre los cuales salta una chispa que tarda en apagarse. Es muy de celebrar que, contra la afirmación de su autor, este libro no muriera en silencio y ni antes ni después de quien lo escribió, y que una nueva editorial independiente española lo traiga por fin a sus lectores.
 
 
William H. Gass
En el corazón del corazón del país
Trad. Rebeca García Nieto
Madrid: La Navaja Suiza, 2016

[Publicado el 14/4/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: William H. Gass, Cuento, La Navaja Suiza]

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¿Cómo se escribe un libro de relatos? / Una encuesta

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De hecho, todo es una cuestión de orden / Imagen, Ursus Wehrli /

Unos días atrás, el escritor español Matías Candeira me envió unas preguntas acerca de la forma en que doy forma a mis libros de relatos; no es una pregunta inhabitual: van aquí las respuestas, para quienes tengan interés en el asunto y como adelanto de Lo que está y no se usa nos fulminará, el nuevo libro.
 
-¿Qué consideras importante a la hora de ordenar un libro de relatos? ¿Cuáles sueles preferir, en este sentido? (si te parece conveniente que haya unidad, o eliges los mejores relatos que tienes y los unes)
 
A mí me gustan los libros de cuentos que funcionan como libros; es decir, que tienen una unidad de alguna índole, no necesariamente temática. En ese sentido, cuando pienso en publicar uno me importa tanto que reúna cuentos "buenos" (hasta donde yo puedo escribirlos) como que esos cuentos funcionen y se relacionen entre sí; de hecho, a veces dejo cuentos fuera porque sencillamente no "funcionan" dentro del libro.
 
-¿Alguna vez has planificado con antelación el tema o la idea rectora de alguno de tus libros de relatos, y has trabajado a partir de ahí?
 
No, pero es inevitable que, si reúnes cuentos que has escrito durante un período de tiempo relativamente reducido, estos estén presididos por alguna idea rectora que es producto de los intereses y las lecturas que has tenido durante ese período. De hecho, me parece que reunir los cuentos casi siempre te confronta con el hecho de que, la mayor parte de las veces, y sin saberlo, tu vida como escritor ha estado presidida durante algún tiempo por una idea rectora que ni siquiera conocías.
 
-¿Te parece que hay, asimismo, un tema común a todos ellos? ¿Responden a intereses muy diferentes?
 
Algunas veces sí; otras veces no. Y lo de reunir cuentos que tengan algo en común es una cuestión de grado: deben tenerlo, pero no tanto.
 
-¿Hay alguno de tus libros de cuentos que tenga un interés especial para ti desde el punto de vista de cómo lo has construido y ordenado?
 
Bueno, todos ellos han sido ordenados siguiendo criterios distintos, no siempre comprensibles para alguien que no sea yo. "La vida interior de las plantas de interior" y "Lo que está y no se usa nos fulminará" fueron armados siguiendo lógicas completamente distintas, por ejemplo.
 
-¿En alguno de tus libros, has modificado argumentalmente o estilísticamente los relatos -ya terminados- para que casaran mejor unos con otros? ¿Los has interconectado con algún personaje que se repita?
 
En "Lo que está y no se usa nos fulminará" sí lo hice, aunque quizás con demasiada sutileza como para que sea una característica destacable del libro. Y en "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" hay dos versiones de un mismo relato que, por razones obvias, no hubiese tenido ningún sentido publicar si no hubiesen ido juntas en un volumen.
 
-Si un relato es de tu agrado, ¿hay algún motivo que te pueda llevar a desecharlo a la hora de incluirlo en la selección final? ¿Algún caso en concreto que me puedas contar?
 
Sí. La versión argentina de "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" tiene un cuento menos, "Es el realismo", que en ese momento pensé que no casaba bien con el conjunto y necesitaba un tratamiento fuera del volumen.
 
-En el caso de alguno de tus libros, ¿has seguido una metodología concreta a la hora de escoger en qué orden iban? (el primero y el último los mejores, etc.)
 
Por lo general hay una intuición no muy racional ni explicable por la cual unos cuentos funcionan juntos de una manera y no de otra. A veces es una simetría entre el principio y el final; a veces los cuentos se articulan en torno a un relato central, algo más largo que los demás o que me parece más importante que los otros por alguna razón. A veces el método para ordenarlos es distinto.
 
-¿Alguno de tus editores ha trabajado contigo alguno de tus libros de cuentos, cambiando sustancialmente estos después de ese proceso?
 
No, pero Mónica Carmona tuvo la inteligencia de observar que "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" tenía que tener ese título y no el de "El libro alemán", que era el de trabajo. Me lo sugirió y yo lo pensé un poco y acepté; le agradezco mucho que haya tenido la valentía de proponerme el cambio, y hoy en día me resulta imposible pensar en el libro como "El libro alemán": desde entonces, para mí (como para los demás) es "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan".
 
-¿Crees que es importante seguir una filosofía respecto a la unidad del libro, o te parece irrelevante si la calidad de los relatos es suficiente?
 
Pienso que las dos cosas deben ir juntas: por mejor que sea la forma en que ordenas un libro, si los cuentos son malos el libro no tiene salvación, y viceversa.

[Publicado el 05/3/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Entrevistas; Cuento]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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