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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 23 de mayo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Al menos circunstancialmente / "George Orwell fue amigo mío" de Adam Johnson

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Un programador informático utiliza su talento para la reanimación computarizada de aquello que alguna vez ofreció consuelo y ahora está muerto. Un repartidor de UPS recorre el estado de Luisiana tras el paso del huracán Katrina; su padre está muriendo al otro lado del país, su antigua novia lo ha dejado al cuidado del hijo de ambos, su nueva novia habla de él en tercera persona en las reuniones de Alcohólicos Anónimos y tiene un plan. Una mujer se ve enfermar de cáncer, se ve hacerle frente, ve a su marido y a sus hijos seguir adelante sin ella. Un antiguo responsable de una prisión de la (cínicamente llamada) República Democrática de Alemania convierte una recreación del pasado en una confrontación directa con él; un desplazamiento voluntario lo pone (por primera vez) en el lugar de las víctimas. Un pedófilo se interesa por las niñas de una vecina alcohólica que las ha abandonado y toma una o dos decisiones. Un par de disidentes norcoreanos aspiran a un golpe de suerte en Seúl mientras procuran discernir qué han perdido en su fuga y cómo recuperarlo.

No es un dato menor que muchos de los personajes de Adam Johnson (Dakota del Sur, 1967) sean desplazados, estén gravemente enfermos o perdidos; tampoco, que el carácter anticipatorio de algunos de sus relatos (por ejemplo de "Nirvana", en el que el protagonista "revive" mediante un holograma a un presidente estadounidense recientemente asesinado) sea anecdótico: los cuentos de George Orwell fue amigo mío son rabiosamente contemporáneos, son (presumiblemente) los relatos de ficción más lúcidos acerca del presente que se puedan leer en este momento. A pesar de El huérfano, su novela anterior (y no mucho más que la demostración de que Johnson había leído a Cormac McCarthy y podía imitarlo con cierta altura), y del hecho de que buena parte de estos relatos fueron publicados originalmente en revistas norteamericanas (lo que significa que fueron sometidos al tipo de revisión editorial que, en la medida en que tiene como finalidad evitarle problemas legales a las publicaciones y apunta a la estandarización de la expresión y los temas en nombre de la "claridad" del texto y la satisfacción de las audiencias, tiende a volver intercambiable y generalmente poco relevante lo que se publica en ellas); pese incluso al National Book Award, que le fue concedido a este libro en 2015 (y casi nunca premia lo mejor de la producción literaria norteamericana, sino las hypes y el consenso middlebrow), George Orwell fue amigo mío es ya, posiblemente, el mejor libro de relatos que se haya publicado este año en España. Nadie como Adam Johnson parece estar escribiendo mejor en este momento acerca de ese entumecimiento (magníficamente abordado en "Nirvana") que es el rasgo predominante de la sensibilidad contemporánea, y muy pocos parecen estar en mejores condiciones que Adam Johnson de ponerle un fin al menos circunstancial a ese entumecimiento con una literatura lúcida, arriesgada, relevante, viva.

 

Adam Johnson

George Orwell fue amigo mío

Trad. Carles Andreu

Barcelona: Seix Barral, 2017

[Publicado el 09/5/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Adam Johnson, Cuentos, Seix Barral]

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No muere en silencio / "En el corazón del corazón del país" de William H. Gass

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"No hay autoridad que mande sobre nuestras distracciones, nos exija adulación, necesite nuestras expansiones o nuestras mentiras mnemotécnicas", escribió William H. Gass en cierta ocasión, y agregó: "La fama no es una puta que uno pueda ordenar por teléfono. El público se gasta el dinero en el cine, llena los estadios de vítores y baila al ritmo de ruido organizado mientras los libros mueren en silencio, y más rápidamente que sus autores".
 
No hay mucho que objetar a esta afirmación, por supuesto; sin embargo, Gass la hizo en 1981, cuando los relatos a los que precedía (se trata del prefacio "revisado y expandido" a la edición de 1989 de En el corazón del corazón del país) tenían ya varias décadas: si la "sorprendente cantidad de tiempo" (son sus palabras) que habían vivido hasta entonces desafiaba su convicción de que los libros mueren antes que sus autores (una convicción que Leonard Michaels compartía al menos parcialmente, y que formuló diciendo que "los escritores mueren dos veces, primero sus cuerpos, luego su obra; pero lo mismo producen, libro tras libro, como pavos reales desplegando sus colas, una maravillosa llamarada de color que muy pronto es arrastrada por el polvo"), el hecho de que estos relatos puedan ser leídos hoy en día sin tener que echar sobre ellos la mirada condescendiente del historiador de la literatura sólo pone de manifiesto que (en ocasiones, y sólo si son realmente buenos) también los relatos duran.
 
En el corazón del corazón del país fue publicado en 1968; en 1985 tuvo una edición española, en Alfaguara y con traducción de Ana Antón Pacheco: a pesar de que Gass es uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX, esto es todo lo que hay para decir acerca de su relación con los lectores hispanohablantes. Se trata, es evidente, de un problema de comunicación, y un problema de comunicación es precisamente lo que tienen algunos de los personajes de estos relatos, por ejemplo el adolescente que protagoniza "El chico de Pedersen", que sostiene diálogos circulares de una violencia no sólo verbal con su padre y su hermano mayor en torno a agravios infligidos los unos a los otros en el pasado y sobre la llegada de un niño de una propiedad vecina que hace estallar la situación por los aires con toda la fuerza de su imaginería religiosa. (Su irrupción en el pesebre de la casa y su aparente resurrección de entre los muertos suponen, al final, la concreción de la promesa cristiana de salvación al menos para el protagonista de la historia.)
 
Tampoco parece poder comunicarse adecuadamente el personaje de "Carámbanos", un vendedor de casas que vive solo, es humillado por sus excéntricos compañeros de oficina, va a perder su trabajo; si el personaje sólo parece contentarse con la belleza de las figuras que el frío y la nieve hacen crecer frente a su ventana, con las que, de alguna manera, se identifica (en el mejor momento del relato el personaje se ve a sí mismo como una casa vacía y en venta), también lo hace la protagonista de "El orden de los insectos", quien no puede ocultar su fascinación por unos seres que concitan en torno a su observación una atención y una inteligencia que tal vez ésta no pueda volcar en otros ámbitos, en los que no son requeridas porque no se esperan de una mujer.
 
Gass tiene un estilo poético y algo moroso (y muy bien volcado al español aquí por Rebeca García Nieto) que resulta funcional a la narración de unos relatos en los que prácticamente no hay progresión narrativa (es lo que sucede en "La señora Ruin", un texto acerca de las formas en que unas personas se obsesionan por otras si éstas últimas viven en su proximidad, y que constituye la contracara perversa de esa epifanía del Medio Oeste que es el cuento que da título al volumen, un largo poema en prosa que celebra al "hombre común" al que cantó Walt Whitman); si uno le suma a ello cierta aparente pérdida de control por parte del narrador en muchos de los relatos y la inestabilidad propia de un discurso libre indirecto continuamente interrumpido por las vacilaciones de los personajes, el resultado podría parecer de difícil lectura. Sin embargo, pocos libros son tan placenteros de leer como En el corazón del corazón del país, pocos ofrecen al lector en cada párrafo una frase inmejorable, una idea extraordinaria, un adverbio eficaz, una metáfora que produce una conexión inesperada entre dos elementos inconexos entre los cuales salta una chispa que tarda en apagarse. Es muy de celebrar que, contra la afirmación de su autor, este libro no muriera en silencio y ni antes ni después de quien lo escribió, y que una nueva editorial independiente española lo traiga por fin a sus lectores.
 
 
William H. Gass
En el corazón del corazón del país
Trad. Rebeca García Nieto
Madrid: La Navaja Suiza, 2016

[Publicado el 14/4/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: William H. Gass, Cuento, La Navaja Suiza]

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¿Cómo se escribe un libro de relatos? / Una encuesta

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De hecho, todo es una cuestión de orden / Imagen, Ursus Wehrli /

Unos días atrás, el escritor español Matías Candeira me envió unas preguntas acerca de la forma en que doy forma a mis libros de relatos; no es una pregunta inhabitual: van aquí las respuestas, para quienes tengan interés en el asunto y como adelanto de Lo que está y no se usa nos fulminará, el nuevo libro.
 
-¿Qué consideras importante a la hora de ordenar un libro de relatos? ¿Cuáles sueles preferir, en este sentido? (si te parece conveniente que haya unidad, o eliges los mejores relatos que tienes y los unes)
 
A mí me gustan los libros de cuentos que funcionan como libros; es decir, que tienen una unidad de alguna índole, no necesariamente temática. En ese sentido, cuando pienso en publicar uno me importa tanto que reúna cuentos "buenos" (hasta donde yo puedo escribirlos) como que esos cuentos funcionen y se relacionen entre sí; de hecho, a veces dejo cuentos fuera porque sencillamente no "funcionan" dentro del libro.
 
-¿Alguna vez has planificado con antelación el tema o la idea rectora de alguno de tus libros de relatos, y has trabajado a partir de ahí?
 
No, pero es inevitable que, si reúnes cuentos que has escrito durante un período de tiempo relativamente reducido, estos estén presididos por alguna idea rectora que es producto de los intereses y las lecturas que has tenido durante ese período. De hecho, me parece que reunir los cuentos casi siempre te confronta con el hecho de que, la mayor parte de las veces, y sin saberlo, tu vida como escritor ha estado presidida durante algún tiempo por una idea rectora que ni siquiera conocías.
 
-¿Te parece que hay, asimismo, un tema común a todos ellos? ¿Responden a intereses muy diferentes?
 
Algunas veces sí; otras veces no. Y lo de reunir cuentos que tengan algo en común es una cuestión de grado: deben tenerlo, pero no tanto.
 
-¿Hay alguno de tus libros de cuentos que tenga un interés especial para ti desde el punto de vista de cómo lo has construido y ordenado?
 
Bueno, todos ellos han sido ordenados siguiendo criterios distintos, no siempre comprensibles para alguien que no sea yo. "La vida interior de las plantas de interior" y "Lo que está y no se usa nos fulminará" fueron armados siguiendo lógicas completamente distintas, por ejemplo.
 
-¿En alguno de tus libros, has modificado argumentalmente o estilísticamente los relatos -ya terminados- para que casaran mejor unos con otros? ¿Los has interconectado con algún personaje que se repita?
 
En "Lo que está y no se usa nos fulminará" sí lo hice, aunque quizás con demasiada sutileza como para que sea una característica destacable del libro. Y en "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" hay dos versiones de un mismo relato que, por razones obvias, no hubiese tenido ningún sentido publicar si no hubiesen ido juntas en un volumen.
 
-Si un relato es de tu agrado, ¿hay algún motivo que te pueda llevar a desecharlo a la hora de incluirlo en la selección final? ¿Algún caso en concreto que me puedas contar?
 
Sí. La versión argentina de "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" tiene un cuento menos, "Es el realismo", que en ese momento pensé que no casaba bien con el conjunto y necesitaba un tratamiento fuera del volumen.
 
-En el caso de alguno de tus libros, ¿has seguido una metodología concreta a la hora de escoger en qué orden iban? (el primero y el último los mejores, etc.)
 
Por lo general hay una intuición no muy racional ni explicable por la cual unos cuentos funcionan juntos de una manera y no de otra. A veces es una simetría entre el principio y el final; a veces los cuentos se articulan en torno a un relato central, algo más largo que los demás o que me parece más importante que los otros por alguna razón. A veces el método para ordenarlos es distinto.
 
-¿Alguno de tus editores ha trabajado contigo alguno de tus libros de cuentos, cambiando sustancialmente estos después de ese proceso?
 
No, pero Mónica Carmona tuvo la inteligencia de observar que "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" tenía que tener ese título y no el de "El libro alemán", que era el de trabajo. Me lo sugirió y yo lo pensé un poco y acepté; le agradezco mucho que haya tenido la valentía de proponerme el cambio, y hoy en día me resulta imposible pensar en el libro como "El libro alemán": desde entonces, para mí (como para los demás) es "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan".
 
-¿Crees que es importante seguir una filosofía respecto a la unidad del libro, o te parece irrelevante si la calidad de los relatos es suficiente?
 
Pienso que las dos cosas deben ir juntas: por mejor que sea la forma en que ordenas un libro, si los cuentos son malos el libro no tiene salvación, y viceversa.

[Publicado el 05/3/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Entrevistas; Cuento]

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Antologías futuras / "Imposible salir de la Tierra" de Alejandra Costamagna

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A la promesa de un puesto de trabajo (escasamente habitual en América Latina, y no siempre fiable; en la mayor parte de las ocasiones, no precisamente legal) se le agrega, en el caso de dos jóvenes, una exigencia: la de que se presenten "culeaditas y comiditas por favor": a las hermanas del relato "Cachipún" (en el nuevo libro de Alejandra Costamagna) el primer requisito les resulta más fácil de satisfacer que el segundo, pero incluso así, se requieren ciertos preparativos para su cumplimiento, que consisten en determinar (mediante el método de "piedra, papel y tijera") cuál de ellas se acostará con el hermano y cuál con el tío, menos agraciado que el primero y, por supuesto, mayor.
 
A pesar de que su tema es el incesto, "Cachipún" es el relato más "ligero" de Imposible salir de la Tierra, cuyos protagonistas intentan suicidarse o se suicidan, tienen que asistir a entierros familiares, son víctimas de los celos, se enamoran y son brutalmente rechazados, padecen los peligros inherentes a la descendencia y a la unidad familiar, son señalados, enferman gravemente, pierden (literalmente) la cabeza. A excepción de la joven excitable y despechada de "La epidemia de Traiguén", que persigue a su antiguo empleador (y amante) hasta Japón, donde provoca una o dos muertes, los personajes del libro tienen destinos banales y generalmente tristes: sin embargo, y como sucedía en el muy buen libro anterior de Costamagna (Animales domésticos, 2011), no hay nada triste en la lectura de Imposible salir de la Tierra, que es posiblemente el mejor libro de su autora hasta la fecha y uno de los más extraordinarios volúmenes de cuentos que haya escrito un/a autor/a de su generación.
 
Alejandra Costamagna (Chile, 1970) ha publicado cuatro novelas (la más reciente es Dile que no estoy, 2007), un libro de crónicas (Cruce de peatones, 2012) y cinco libros de relatos entre los que se encuentran Animales domésticos (del que se reproducen dos en esta edición, "Agujas de reloj" y "Nadie nunca se acostumbra") y Había una vez un pájaro (2013). Imposible salir de la Tierra pareciese ratificar una percepción generalizada entre sus lectores, la de que la autora ha encontrado en el cuento "su" territorio; de hecho, tres de los recogidos aquí estarán con total seguridad en las antologías futuras de lo mejor que han producido los autores latinoamericanos de inicios de este siglo, a despecho de otros nombres más populares (a menudo, sólo en virtud de su adhesión a unas convenciones literarias que vuelven su producción inane, tranquilizadora, adecuada para su deglución en suplementos literarios y premios), "Imposible salir de la Tierra", "Cuadrar las cosas", "Naturalezas muertas".
 
 
Alejandra Costamagna
Imposible salir de la Tierra
Ciudad de México: Almadía, 2016

[Publicado el 13/2/2017 a las 15:00]

[Etiquetas: Alejandra Costamagna, Almadía, Cuentos]

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El espacio que ocupan / "Miel del desierto" de Edith Pearlman

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A menudo los personajes de Edith Pearlman (Providence, Rhode Island, 1936) no tienen nombre o tienen uno que el lector olvida; lo que les otorga personalidad (y por consiguiente, sentido) es su relación con los espacios: el torreón desde el cual un hombre espía a una pedicura (y la consulta de la pedicura, desde la que ésta puede ver perfectamente el torreón), una habitación demasiado pequeña en la que una niñera hace un descubrimiento involuntario, el bar de un hotel, el dormitorio de un profesor que yace junto a su esposa, la biblioteca de un crucero por el Caribe, un hospital que parece un castillo, el "salón monocromático" de una pareja que necesita algo más de color en su vida, un anticuariado por el que circulan personas no mucho más jóvenes que los objetos exhibidos en él, un internado para señoritas; la vida de la Ingrid (de "Piedra") sólo adquiere interés cuando ésta deja Nueva York por una ciudad del sur de los Estados Unidos, las amigas de la narradora de "Calle sin salida" se definen exclusivamente por el valor potencial de las casas que ocupan ("estilo victoriano, necesitada de restauración") y el centro emocional de "Niños soñados" no es sólo el tipo de saber que la niñera posee por venir "de otro lugar", sino también la destrucción lenta pero deliberada de la casa de enfrente. Aunque los personajes de Pearlman exhiben profesiones singulares (pedicuras, anestesiólogos, anticuarios, escritores de "ficciónhistoriografía", sic), sus vidas rotas y malamente recompuestas, sus destinos algo banales en los que imperan la soledad y la vejez, llevan a que su única singularidad esté precisamente en la forma en que se constituyen en relación con el espacio que ocupan. Algo de todo ello (quizás la ironía de la autora, o su tendencia a los finales melancólicos pero felices) recuerda a la literatura de O'Henry y ratifica el hecho de que, a pesar de que su tema es a menudo el transcurso irreversible del tiempo, los cuentos de Pearlman procuran situarse "fuera de su época", en la carencia deliberada de referentes temporales que caracteriza a la cuentística norteamericana canónica de la primera mitad del siglo XX. Al final, personajes y autora de estos cuentos se parecen más de lo que posiblemente desearían a esa planta en "Bendito Harry" que nadie sabe cómo llegó allí y a la que se alimenta con café, enjuague bucal, ceniza de tabaco y comida para peces y, sin embargo, resiste y prospera.
 
 
Edith Pearlman
Miel del desierto
Trad. Ramón Buenaventura
Madrid: Alianza de Novelas, 2017

[Publicado el 24/1/2017 a las 10:15]

[Etiquetas: Edith Pearlman, Cuentos, Alianza]

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Cargas de profundidad / "El amor cruel" de Juan Terranova

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A la manera de una sombra que se proyectase sobre el cuerpo que la produce, ocultándolo, la polémica acompaña a Juan Terranova dondequiera que el escritor argentino vaya. Que al autor de libros como Música para rinocerontes no parece incomodarle esa situación no debería ocultar un hecho evidente para sus lectores: que Terranova da lo mejor de sí cuando escribe ficción; es decir, cuando pelea las únicas batallas que valen la pena para un escritor y abandona los fuegos de artificio por las cargas de profundidad.
 
No hay confrontaciones submarinas en El amor cruel, es cierto; pero sí la constatación de que los personajes de Terranova siempre se desplazan por unas profundidades sólo aparentemente plácidas: desde el proyectorista que se entretiene apuntando a los espectadores de un cine con una escopeta hasta la cuidadora de casas ajenas que presencia algo incómodo e incomprensible, los personajes del libro conjuran con el sexo breve y circunstancial, el hábito de arrojar cosas desde edificios, la obsesión y la deriva del flâneur por ciudades postapocalípticas o al borde de la esquizofrenia una preocupación central de la vida moderna: cómo reconocer y combatir el vacío en el marco de las sociedades de la profusión y la abundancia fingidas o reales.
 
A Terranova se le puede objetar cierta prisa por alcanzar sus fines: el hecho de que todos los relatos de este libro hayan sido escritos en modo autodiegético (es decir, en "primera persona") parece ratificar, por ejemplo, cierto desinterés suyo por las formas narrativas; se le puede cuestionar por su a menudo poco elegante defensa del sentido común en oposición a la corrección política y/o por la irregularidad de su trabajo. Más difícil resulta superarlo en su terreno y con sus armas, por ejemplo con su extraordinaria capacidad de observación y su raro talento para la síntesis que lo hacen describir la esquina de Lavalle y Pellegrini en Buenos Aires como "un estuario" o "la entrada de un delta" (10) (sólo quien haya frecuentado esa esquina sabe de la extraordinaria agudeza de esa descripción), definir el complejo de Edipo de cierto personaje como un objeto "grande y compacto como una Biblia de escritorio" (18), dar cuenta del hecho de que el calor que siente el personaje le "envuelve la cara como una bolsa de nylon" (32) o ver "una erótica" en el lanzamiento de catorce matafuegos por parte de un anónimo y (digámoslo así) pertinaz habitante de un edificio de Mataderos (la anécdota es real).
 
En todo ello y en algunos de los relatos de El amor cruel está el mejor Juan Terranova; lo que equivale a decir, lo más interesante de lo más interesante que la literatura argentina contemporánea tiene para ofrecer a sus lectores en este momento.
 
 
Juan Terranova
El amor cruel
La Paz: El Cuervo, 2016

[Publicado el 05/12/2016 a las 17:30]

[Etiquetas: Juan Terranova, Cuentos, El Cuervo]

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Un destino inusual / "Cuentos completos" de Grace Paley

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A menudo eclipsada por las de otras extraordinarias escritoras de su generación, la figura de Grace Paley sigue siendo singular al tiempo que necesaria para la comprensión de la evolución del cuento norteamericano durante el siglo XX; de hecho, esa evolución es intrínseca a su obra, en la que ésta pone de manifiesto cómo, en el tránsito de Batallas de amor (1959) a Enormes cambios en el último minuto (1974), la autora pasó del viñetismo de escuela neoyorquina a la manera de Eudora Welty a las formas más abiertas del relato breve que caracterizarían la obra de autores como Donald Barthelme, Alice Munro y Richard Ford.
 
No se trata sólo de una cuestión estética: en el tránsito de "Adiós y buena suerte" (la historia de la joven que vende entradas en un teatro, se enamora del galán casado de la compañía, lo pierde con el final de ésta, lo reencuentra y termina su soliloquio para ir a casarse con él), en Batallas de amor, y, digamos, "La corredora de fondo", de Enormes cambios en el último minuto (un cuento en el que una mujer visita la casa de su infancia en el que ahora es un barrio violento habitado por afroamericanos y debe quedarse durante algún tiempo en él, compartiendo sus antiguas habitaciones con una madre negra y sus hijos), no hay únicamente un tránsito del realismo a formas cercanas al simbolismo y al absurdo que serían afines a autores posteriores, sino también una actitud consecuente con el activismo político de la autora, que incluyó el rechazo sin atenuantes al intervencionismo militar estadounidense, la proliferación de armas nucleares y la guerra de Vietnam, pero también la lucha por el fin de las divisiones raciales en los Estados Unidos y los derechos de las mujeres, en particular los de las más desfavorecidas.
 
Si su activismo político y su actividad como profesora de escritura creativa en sitios como el prestigioso Sarah Lawrence College y la Universidad de Columbia impidieron a Paley escribir más, lo cierto es que su obra provoca, al margen de su brevedad (sólo tres libros de cuentos y tres volúmenes de poesía), la impresión de un mundo cohesionado y sin fisuras, íntegro: incapacitada para escribir una novela (como ella misma afirmó), la recurrencia de personajes y situaciones de libro en libro otorgan a su obra el carácter de una novela fragmentaria y posmoderna y la ponen por delante de su tiempo; su último libro, Más tarde, el mismo día (1985), parece, de hecho, inusualmente moderno, y su autora, nuestra contemporánea: un destino inusual si consideramos el carácter misógino de su obra inicial (en la que las mujeres sólo quieren casarse y ser mantenidas por sus maridos), pero consecuente con las decisiones de sus personajes tardíos, por ejemplo esa mujer que "con la hirviente energía de la edad madura, corre y corre. Busca las casas y las calles donde transcurrió su niñez. Vive en ellas. Como si fuera aún una niña, aprende lo que va a pasar mañana en el mundo" (317).
 
 
Grace Paley
Cuentos completos
Trad. José Manuel Álvarez Flórez, Susana Contreras, Enrique Hegewicz, César Palma y Ángela Pérez
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 22/7/2016 a las 15:45]

[Etiquetas: Grace Paley, Cuento, Anagrama]

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No es intercambiable / "Estrómboli" de Jon Bilbao

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La frase podría parecer una coquetería, pero no lo es: al comienzo de "El castigo más deseado", uno de los cuentos que conforman Estrómboli, el nuevo libro de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), su narrador afirma: "si pusiera por escrito aquel episodio [...], no daría como resultado más que una ristra de tópicos" (193).
 
"El castigo más deseado" relata una competición de pesca en la que el narrador es testigo del final de una amistad y algo más doloroso, la pérdida de un hijo y la decepción; si se exceptúan sus últimos párrafos, es uno de los mejores cuentos del libro: no se detiene en pasajes innecesarios y apenas incurre (a pesar de la advertencia de su narrador) en los tópicos y frases hechas que lastran otros relatos de Estrómboli, en los que las personas se enjugan "el sudor del labio superior" cuando beben (85) y se secan los labios pasándose "el dorso de la mano por la boca" (92) o admiten haberse quedado "mudos" cuando alguien les dice algo (96), los obreros que se quitan sus cascos de protección les sacan brillo "frotándolos con la manga" (145), las personas que quieren parecer amistosas dan "palmaditas en el hombro" (145), los ríos son "angostos" y discurren "sobre un lecho rocoso" (168), las personas que se enfadan cruzan los brazos (184), etcétera.
 
Jon Bilbao es considerado por muchos el mejor cuentista español del momento; si el consenso no fuese suficiente, bastaría mencionar la larga lista de premios obtenidos por el autor en los últimos años (el Ojo Crítico de Narrativa, el Tigre Juan, el Euskadi de Literatura, el Otras Voces, Otros Ámbitos) para constatar su posición de preeminencia en una escena en la cual, en virtud de la percepción errónea de que el cuento sería un género minoritario en España, éste concita entusiasmos acríticos y no siempre fundados. No es lo que sucede con los que genera el autor, cuyos relatos seducen con los argumentos (menos habituales de lo que podría pensarse) de una ambientación eficaz y unos personajes descolocados y por consiguiente susceptibles de generar identificación en su lector: un joven español en Reno que se obsesiona fatalmente con un vecino motociclista, un hombre que pierde a su hijo en un accidente en un río y tiempo después regresa a él para recuperar una o dos cosas, un desempleado que participa de un concurso televisivo y debe decidir (por lo menos retrospectivamente) si deja atrás un miedo infantil y si dejarlo atrás vale la pena.
 
Los cuentos de Estrómboli cumplen con solvencia lo que se proponen, aunque es evidente que sus diálogos son algo afectados (su intensidad paroxística recuerda de a ratos la de las discusiones de telenovela, con la prescriptiva alternancia de planos y el recurso de dar la espalda al interlocutor para que los actores compartan plano) y que "la atención al detalle" de la que se nos habla en los paratextos de la obra resulta irritante en ocasiones, en especial si se considera la gratuidad de estos, como en el cuento que da título a la colección: "Él vestía pantalones chinos, polo, cazadora de aviador y mocasines. Ella había pasado una hora y media acicalándose en el hotel. Llevaba un liviano vestido de primavera y unas sandalias de tacón poco apropiadas para los senderos de grava volcánica del archipiélago de las Eolias. Para que la brisa marina no le estropeara el peinado, se había envuelto la cabeza en un fular. Completaban el conjunto unas gafas de sol con la montura adornada con brillantes falsos" (221-222), todo lo cual no parece muy relevante para la caracterización de los personajes excepto de una forma superficial.
 
(Algo similar sucede en el relato "Como en un idioma desconocido", donde la descripción de la planta nuclear en construcción no ayuda al lector a "verla", sino que, paradójicamente, lo impide, convirtiéndola en una sucesión de términos técnicos tan irritantes como la repetición caprichosa del nombre de la empresa constructora; pero casi todos los cuentos del libro presentan este rasgo, por ejemplo "Estrómboli", donde se nos informa que el entrante que el personaje ordena consiste en "una ensalada de rúcula, gorgonzola y pollo con avellanas cuyos ingredientes se hallaban meticulosamente dispuestos en una armoniosa montañita de comida", 228.)
 
En algún sentido, estas desviaciones constituyen los rasgos de personalidad literaria más salientes de unos relatos en los que es dificultoso distinguir (y en ese caso valorar) una voz propia. Uno tiene la impresión, leyendo Estrómboli, de que ha leído todo esto antes en relatos de Raymond Carver, Tobias Wolff, John Cheever y otros estadounidenses imprescindibles (aquí hacen acto de presencia todos los rasgos salientes del cuento realista moderno norteamericano, incluyendo los personajes disfuncionales, el objetivismo y la adopción de construcciones gramaticales sencillas), lo cual no es un problema necesariamente, excepto por el hecho de que, en la ausencia de personalidad de estos relatos y su acumulación de términos a menudo técnicos, estos cuentos generan la impresión de que se está ante una traducción no siempre lograda. (Algo notablemente singular, ya que Bilbao es un traductor excelente.)
 
Quizás uno de los problemas más visibles de la narrativa contemporánea en español sea el carácter "intercambiable" de los textos que la componen: el libro A podría haber sido escrito por B, por C o por D; la novela policiaca E es reemplazable por la F, la G y la H, etcétera. Lo habitual es, sencillamente, correr el proverbialmente tupido velo sobre obras y autores y dedicarse a cosas más interesantes; sin embargo, hay algo en la obra de Bilbao que no es "intercambiable" y es precisamente por ello y en nombre de ello que escribir sobre ella, incluso apuntando sus defectos más evidentes, es una forma de contribuir a la preservación de lo que hay en ella de singular e importante, que se pone de manifiesto en pasajes como el de las manzanas que caen corriente abajo en "El peso de tu hijo en oro" o el hombre que salva pollos y les teje suéteres de "Una boda en invierno". (Este último caso, por cierto, apunta a las muchas coincidencias e inverosimilitudes de estos cuentos: el personaje siniestro al que el narrador de "Siempre hay algo peor" le entrega una bolsa de dinero lo atropella un camión esa misma noche, resolviendo el problema no sólo narrativo de qué hacer a continuación con él; a pesar de que ha pasado un tiempo considerable desde el accidente, el padre de "El peso de tu hijo en oro" encuentra entre la maleza y las rocas un dedo de su hijo, al parecer reconocible, no descompuesto ni roído por los animales; los pollos de "Una boda en invierno" sobreviven porque sus órganos están contenidos por un suéter, sin cicatrización ni infección de las que se informe al lector.
 
 
Jon Bilbao
Estrómboli
Madrid: Impedimenta, 2016

[Publicado el 03/6/2016 a las 13:00]

[Etiquetas: Jon Bilbao, Cuento, Impedimenta]

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Frente al ventanal de la historia / "Hombres felices" de Felipe R. Navarro

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"Todos tememos la soledad, la locura, la muerte" se lee en el epígrafe de uno de los nuevos relatos de Felipe R. Navarro; la frase es de Harold Bloom y no parece especialmente ingeniosa, pero describe bien la vida interior de los personajes de Hombres felices, segundo libro de su autor tras Las esperas (2000): un hombre que padece un pequeño trastorno oftalmológico y se viene abajo, un empleado de gasolinera despedido a raíz de un cuadro de Edward Hopper, un viajero que regresa a Ítaca pero no mata a los pretendientes, alguien enamorado de una piedra, un hombre apesadumbrado por la decadencia de su automóvil, un profesor que se distrae de la corrección de exámenes recordando a un padre severo y a un abuelo senil que fue feliz por una tarde.
 
Los cuentos de Hombres felices se caracterizan por una suma muy personal de economía narrativa y digresión: la digresión es el rasgo saliente de una prosa iterativa y con destellos de lirismo ("Contempla el terreno al otro lado. Es similar el valle de la vertiente opuesta, los cambios de color, las masas arbóreas, es similar: pero no es el mismo. No es el mismo. Estira el cuello, con los ojos cerrados; esboza una sonrisa con los ojos cerrados"); la economía narrativa, por su parte, afecta principalmente a la anécdota, que por lo general es mínima: una conversación, un recuerdo o la presentación de una situación que se extiende a lo largo del relato y que el narrador (un observador siempre innominado, sentado "frente al ventanal de la historia") trata de comprender.
 
La suma de lirismo y renuncia al desarrollo de las posibilidades narrativas de una situación determinada convierte a estos relatos, con sus arrebatos y pequeñas epifanías, en una celebración de esos momentos en los que "nada sucede: la gente comenta feliz, aparentemente, el nuevo estado de los ascensores, comenta las noticias o lee sin más las noticias, no habla, solo mira, se abre la puerta, se despiden", y es posible que deje en el lector una impresión similar; pero también, en su proximidad con el poema en prosa, es responsable de los mejores momentos del libro: "Un modelo", "Apuntes para una celebración", "Amarillo limón", "Tarde de circo" y "¿Hacia dónde abre esta ventana?".
 
 
Felipe R. Navarro
Hombres felices
Madrid: Páginas de Espuma, 2016
 
Babelia/El País, 13 de febrero de 2016. 

[Publicado el 12/4/2016 a las 12:15]

[Etiquetas: Felipe R. Navarro, Cuentos, Páginas de Espuma]

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La soledad de las parejas / "Colgando de un hilo" de Dorothy Parker

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"Según se vean, tonterías de jovencita o la peor angustia de la humanidad": son los problemas que afligen a Sylvie Peyton, la joven que se confiesa a una amiga mayor porque no sabe que la experiencia no aporta claridad en asuntos amorosos, en uno de los relatos que conforman Colgando de un hilo. En los demás, los problemas son similares, y afectan a la joven que espera la llamada de su novio, a la que intenta arrancarle unas palabras de amor a una mala conexión telefónica y a un joven poco interesado en ellas (el teléfono ocupa un lugar importante en estos cuentos, de allí el título de la colección y su acierto), al joven que se recupera de una borrachera en la que se le ha declarado a una chica que no va a dejarlo ir, a la mujer que espera a un esposo que regresa del frente de la Segunda Guerra Mundial (y sólo desea darse un baño), a la que intenta superar el abandono de su marido.
 
Aunque algunas de estas situaciones ya no nos parezcan contemporáneas (allí están la joven que no "puede" levantarse de una silla en una fiesta porque se le ha roto la liga, el chico que busca bares donde beber pese a la Prohibición y esas jóvenes que padecen su soltería aunque no han cumplido los treinta), el deseo de ser amado, el de amar y la imposibilidad de saber cómo hacerlo, y la soledad, que están en su origen no son cosas que hayan perdido vigencia, de la misma manera en que no la ha perdido la dificultad de los personajes para decir las palabras "correctas", constreñidos como están por las convenciones y el temor al rechazo.
 
Dorothy Parker fue una maestra de la economía narrativa y del cuento: en los que adoptan la forma de un monólogo ("Revelación", por ejemplo), el lector asiste perplejo a la manera en que la autora se las arregla para desarrollar, simultáneamente, una situación y una voz; en los que se componen casi exclusivamente de diálogos (como "El último té"), es asombroso que nada parezca faltar y que la tragedia esté toda allí, frívola o relevante, ante los ojos del lector. Aunque en el relato "La liga", Parker diga de sí misma que es "terrible" y "venenosa", los relatos de Colgando de un hilo (entre los que no se encuentran dos de los mejores de la autora: "Arreglo en blanco y negro" y el canónico "Una rubia imponente") muestran que no era ajena a la ternura y a la compasión por sus personajes y que conocía esa "soledad de las parejas" que daba nombre a otra colección de relatos suyos y a buena parte de la experiencia amorosa, en su época, pero también en la nuestra. En ese sentido, se equivoca quien sólo tenga un interés historiográfico en estos cuentos, ilustrados con talento pero sin mucha inspiración por el italiano Simone Massoni.
 
 
Dorothy Parker
Colgando de un hilo
Trad. Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí
Ilustr. Simone Massoni
Barcelona: Lumen, 2015
 
Babelia, 14 de diciembre de 2015. 

[Publicado el 13/1/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Dorothy Parker, Cuento, Lumen]

[Enlace permanente] [10 comentarios]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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