
"Está a punto de moverse porque intuye que, si se mueve, algo puede cambiar en este cuento. El hombre que antes de que diera comienzo esta narración entró en el granero [,] vio a un muchacho contrariado y distraído, y después a un muchacho ya menos distraído y ya menos muchacho que se lanza a por una escopeta esquinada, ese hombre, quiere tomar las riendas de este cuento. Pero el cuento, este y no otro, debe continuar siendo como se planeaba. Es decir, para que este cuento sea el mismo y no sea otro en el que se escuche'No temas, Jack'
es Jack quien debe tenerlo todo bajo control, o ni siquiera hace falta tanto. Es suficiente con que sostenga el arma como la está sosteniendo desde que todo esto empezó. [...] Unas gotas de sudor. En la frente de Jack. Eso es lo máximo que puede permitirse este cuento: un cuerpo empapado en sudor..." (20-21)
Al igual que en "No temas, Jack", los otros cuentos de Los ensimismados están habitados por personajes que se saben producto de la ficción (simétricamente, también los trasuntos de personas reales que aparecen en ellos están siempre a punto de desbarrancarse en la ficción, como en el relato "Robert & Geena"). Aquí, la elección del verbo no es casual: los personajes de estos relatos los "habitan" como si fuesen casas, la disposición de cuyos muebles (y su uso de ellos) no pudieran ser determinados por ellos mismos, lo que les permite contemplarlos con familiaridad al tiempo que con extrañamiento. Al hacerlo, los personajes echan sobre ellos una mirada que reproduce la que (al menos en ocasiones) el propio narrador parece echar sobre sus personajes: una mirada desapasionada pero no necesariamente indiferente, ya que estos (los personajes) se saben responsables de que los cuentos que protagonizan concluyan de forma conveniente; es decir, de acuerdo a reglas que no conocen pero cuya existencia intuyen, como hace el ladrón desafortunado de "Robert & Geena", que (de hecho) insulta al narrador por haberle dado ese destino y no otro:
"Piensa eso, mientras corre, y piensa también, cuando se agacha, en lo imposible de haber cambiado nada, y en la culpa, la responsabilidad, la condena -piensa, pero es apenas una fracción de segundo- de saber lo que va a ocurrir, y saber también que alguien más lo sabe, que siempre hay alguien más ahí que sabía lo que iba a pasar, lo que le iba a suceder a él. Y deja de pensar cuando se cumple lo que tenía que ocurrir y su cuerpo tiembla entreverándose de plomo, y el hilo de sangre sale por su boca y sus ojos se quedan abiertos, mirando hacia ti, preguntándote si lo sabías todo por qué has dejado que ocurriera de igual forma, cabrón. Se quedan abiertos y azules y eléctricos tal como sabías que iba a ocurrir. Por qué has llegado hasta el final, si era la historia de siempre. Pero eso ya no es Robert quien lo piensa." (35)
Al igual que sus personajes (una adolescente dispuesta a seducir al dueño del garito donde toca, dos amigas que discuten sobre la decadencia física de una de ellas, dos personas que viven una historia de amor que comienza con unas clases de conducción y culmina en un accidente, etcétera), Paul Viejo parece tener "problemas con la ficción" (el título de uno de sus relatos) que lo llevan a merodear sus cuentos sin penetrar necesariamente en ellos; de hecho, el modo verbal dominante a lo largo del libro es el condicional: los personajes harían una cosa u otra o pensarían o dirían esto o aquello si el cuento que habitan debiera ceñirse a las convenciones. Afortunadamente (y estos son los supuestos "problemas con la ficción" de Paul Viejo), ninguno de sus cuentos lo hace, y gracias a ello el lector experimenta el placer que resulta de la doble perspectiva que ofrecen estos relatos, que cuentan una historia al tiempo que proponen instrucciones sobre cómo contarla. A esta doble perspectiva el lector le debe (particularmente en la segunda sección del libro) las incertidumbres y las trampas en las que cae una y otra vez, por ejemplo, en el cuento "Derrapar", donde lo que el lector cree al comienzo que es una charla entre el trasunto del autor y uno de sus personajes resulta en realidad un diálogo de dos personajes sobre el autor.
Refiriéndose a su pareja, el narrador del cuento "Cada noche" afirma que "las chicas de su edad siempre quieren acción, las mujeres más mayores quieren acción, y hasta las viejas la quieren" (88). Naturalmente, esto es cierto y no sólo válido para las lectoras: todos queremos acción, y los cuentos de Paul Viejo tienen muy poca, de allí que su narrador en ese relato se atormenta al saberse incapaz de contar a su pareja el cuento convencional que esta le pide para conciliar el sueño, ya que los suyos (admite) son "ventanas rotas, fotos rotas, juegos incompletos, rompecabezas a los que a veces les faltan fichas y donde tan importante es lo que se cuenta en el cuento como lo que no se quiere o no se sabe o no se debe contar" (90).
Quizás el lector no necesitase esta manifestación explícita de una poética que recurre habitualmente a la omisión y a la elipsis. No importa. Más importante que esto es que, a diferencia de algunos de sus colegas, y como el narrador de "Cada noche", Paul Viejo no sabe contar cuentos convencionales, ese tipo de cuentos que agradan a los lectores que prefieren hacerse los muertos y aprecian los fenómenos de feria o los ajuares funerarios; también, que los cuentos convencionales son siempre cuentos prescindibles ("literatura sin vida" los llama el comentarista anónimo de "Sin salir de Marta"), y que es una gran noticia para sus lectores que Paul Viejo no sepa escribirlos. A estos sólo les queda esperar (con alegría, con agradecimiento y con perplejidad) que no aprenda nunca.
Paul Viejo
Los ensimismados
Madrid: Páginas de Espuma, 2011
[El próximo miércoles: Yo soy una vez Yo y una vez Tú de Paul Zech]
[Publicado el 14/5/2012 a las 13:00]
[Etiquetas: Paul Viejo, Cuento, Páginas de Espuma]
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Un puñado de imágenes destinadas a la desaparición

"[...] una Madonna. La misma sombra en la parte izquierda del rostro que no presagiaba nada bueno, unos ojos mirando hacia dentro que habían visto ya cien veces la futura tragedia del niño que sostenía en su regazo, y luego el propio niño, un viejo filósofo consciente de que la mano amorosa de su madre no lograría salvarle de la muerte" (23).
"¿De qué medios disponemos en realidad para penetrar en la vida de otra persona, para descifrar sus secretos, descubrir sus pensamientos, mirar detrás de sus máscaras? Nada más que de la miseria heredada de las malas películas y de las novelas mediocres, de los tópicos psicológicos de las revistas, sofás imaginarios en los que jamás quisiéramos tumbarnos, espejos en los que no se refleja ninguna verdad porque la mentira es siempre más fuerte" (64).
[Publicado el 09/11/2011 a las 12:00]
[Etiquetas: Cees Nooteboom, Cuentos, Siruela]
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[Publicado el 07/9/2011 a las 11:00]
[Etiquetas: Marcos Giralt Torrente, Páginas de Espuma, Cuentos]
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[Publicado el 15/8/2011 a las 12:00]
[Etiquetas: Maximiliano Barrientos, Novela, Cuento, Periférica]
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[Publicado el 12/8/2011 a las 12:00]
[Etiquetas: Mircea Cǎrtǎrescu, Cuento, Novela, Impedimenta]
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[Publicado el 05/8/2011 a las 10:30]
[Etiquetas: Antonio Di Benedetto, Fernando Spiner, Cuento, Adriana Hidalgo]
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Algunas instrucciones para tiempos inciertos

[Publicado el 18/7/2011 a las 12:18]
[Etiquetas: Adam Soboczynski, Cuentos, Anagrama]
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"Es en la Gran Ciudad donde pasan cosas extraordinarias de manera inesperada. Doblas una esquina e inyectas la varilla del paraguas en el ojo de tu viejo amigo de Kootenai. Te dispones a pisar la hierba para arrancar una clavelina en el parque... y... ¡zas! Te atacan unos bandidos, te llevan en ambulancia al hospital, te casas con la enfermera, te divorcias; te metes en jaleos por si echabas de menos los altibajos, te arruinas, te casas con una heredera, recoges tu colada y pagas tus deudas en el club, todo en un abrir y cerrar de ojos. Vas por la calle y unos dedos te hacen señas para que acudas, un pañuelo se pierde para ti, un ladrillo te cae encima, el cable del ascensor o tu banco quiebran, tienes discrepancias con el menú del día o con tu mujer, y el destino te zarandea como si fueses los trocitos de corcho en el vino que un camarero inexperto acaba de abrir. La ciudad es un niño con mucha energía, tú eres una mancha roja en su juguete, y al final te chupan" (104-105).
[Publicado el 27/6/2011 a las 12:00]
[Etiquetas: O. Henry, Mark Twain, Cuento, Traspiés]
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[Publicado el 18/5/2011 a las 13:15]
[Etiquetas: Donald Ray Pollock, Cuentos, Libros del Silencio]
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Honesto, profundo, ligero, irónico, tierno

[Publicado el 11/5/2011 a las 12:30]
[Etiquetas: Sergi Pàmies, Cuento, Anagrama]
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Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Ficción
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

30/5/2012 14:35
Espléndido artículo sobre como...
Publicado por: abracadabra
30/5/2012 09:49
Demasiado tarde comprende uno lo...
Publicado por: paco grana
28/5/2012 10:53
Francisco Manuel Granado Castro...
Publicado por: francisco granado castro
25/5/2012 20:47
Adición a las emociones: he...
Publicado por: un subreal
25/5/2012 11:50
Fantástico. Gracias a todos por...
Publicado por: P
24/5/2012 20:00
¿Y qué tal nombres? Gustavo...
Publicado por: LucianoLV
24/5/2012 18:01
1 Un tipo le cuenta al otro: ...
Publicado por: Ya sabés quién
24/5/2012 14:37
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23/5/2012 15:41
Entra un hombre en un café y......
Publicado por: Más claro, agua
23/5/2012 15:12
Dos conocidos en una piscina. ...
Publicado por: me ha entrado la risa tonta...ay
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