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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de octubre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Mercedes Cebrián / Tres poemas de "Malgastar"

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Derecho a la información
 
En virtud del artículo 20 de la Constitución del 78
no han de ocultarnos lo que sucede
a nuestro alrededor y sin embargo yo sólo puedo
intuir, mirar por la mirilla desde fuera,
pensar que quizá sí o quizá no,
sumar las pistas, honrarlas como añicos
de una vasija griega, exhumar
los rasgos de esa cara con la que me topé
en plena excavación.
 
El testimonio oral me ayudaría tanto
a la reconstrucción, porque no creo en los cuerpos
sino en su parloteo, en el dispositivo que produce la charla.
 
Alguien me dijo un día: "no te vuelvo a contar nada
porque después te acuerdas
de lo que te conté".
Pensé que eso era bueno y resultó
que no. "Es como si un análisis de sangre,
de tan exagerado, se hubiese convertido
en transfusión". Esa fue su respuesta.
 
La explicación no se parece en nada al tenedor
que pedimos al ver unos palillos en la mesa.
Si finalmente llega, el asunto es más bien
qué hacer con todo eso. La información la imagino
caliente y en la mano, como esos polluelos
que se caen por error del nido tras nacer. Si son
puro temblor, si son muy feos. Me recuerdan a mí,
con el pico muy abierto
en busca de algo más.
 
 
Adopción (quasi una fantasia)
 
La orfandad cobra formas insólitas
hoy día: ya no es niño harapiento y tiznado,
ya no es bebé pasado por el torno. El apellido Expósito
es capaz de un trayecto vital
como otro cualquiera.
 
He aquí la fantasía del adoptador: "le voy a dar un hogar
cálido y confortable donde no haya tristeza; le voy a dar
la mejor educación", pero la niña china
viene mal ensamblada de fábrica y el milagro
no es tal. Made in China el dolor. Se superpone
el cariño de la pareja nueva
con una vida previa. Es el pasado de la niña
un palimpsesto incómodo.
 
 
Una persona menos por aquí
 
Qué cosas miró y cómo; quién le abombó
el cristalino para mirar así
y no de otra manera. Fue el resultado,
la consecuencia de aquello fratricida que tanta fama dio
a nuestro país. Tantas fotografías de la contienda
y de lo posterior, tantas chicas y chicos
con mellas en los dientes, tantos zapatos crónicamente sucios.
 
Vivió en el peor gris, pero a ella le gustó el gris en que vivió,
las llaves del sereno entrechocando
como una sonaja que da seguridad en la metrópoli
de la alpargata seca.
 
Y luego se hizo causa: la causa
de mi caminar fuente de burlas. Fue, por lo tanto origen, resultado
y secuela, y todo eso alternando entre ella y ella misma.
 
Algunos de sus collares no diferían mucho
de los de Doña Carmen
Polo. Otros eran imitación
de los de Tita Thyssen.
Fue a China: no le gustó ver a los chinos escupir
por doquier. En cambio los fiordos, mucho mejor, pero
carísima la cerveza en Bergen.
Tuvo suerte: no le faltaron los dientes de delante, solo unas
cuantas muelas. Disimuló. El colesterol bien: pudo comer lechazo
y gambas con gabardina mientras quiso,
hasta casi el final. (Ese podría ser el epitafio
para alguien español).
 
 
Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) ha publicado ficción, poesía y ensayo. Su último libro es el poemario Malgastar (La bella Varsovia, 2016). Sus relatos, poemas y ensayos han aparecido en Revista de Occidente, Letras Libres, Eñe y Diario de Poesía (Argentina), y en antologías como Cuento español actual (Cátedra, 2014). Colabora asiduamente con los suplementos El Viajero y Babelia de El País y Cultura/s de La Vanguardia. Asimismo, ha traducido al castellano a Georges Perec y Alan Sillitoe. Ha sido becaria de literatura en la Residencia de Estudiantes de Madrid y en la Academia de España en Roma, así como escritora residente en el Civitella Ranieri Center de Perugia. Tiene un Máster en Estudios Hispánicos por la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.)

[Publicado el 04/4/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Mercedes Cebrián, Poesía, Citas]

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Pasos a campo abierto / Dos poemas de Amalia Iglesias Serna

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DECIR UNA GUERRA
 
No se oxidan las latas de conserva
en los gabanes de los soldados muertos.
 
Alguien escondido en la despensa
raciona el azúcar a los niños,
sigue encendida la hoguera donde arden las cosas de la casa.
 
Apenas quedan pedazos memorables,
sus labios dicen palabras como estraperlo,
pólvora, racionamiento, maquis, milicianos.
 
Las trincheras casi intactas más arriba del monte,
círculos de piedra sobre piedra,
parecen restos de crómlech o improvisadas cabañas infantiles
y más lejos un campo de regaliz, retamas, manzanillas
y grandes serpientes plegadas como una bola,
uróboros deslizándose por las linderas.
 
Escondidos en la cueva,
escucharon durante horas aullar al perro sobre una tumba.
La figura del santo atravesaba los pastizales
para cambiar de bando cada noche.
En El Dueso un hombre con los dedos mutilados
gritó su nombre para llevarlo a fusilar;
pero los presos dijeron que ya no estaba.
 
Muchos años después
quedaban leyendas de tesoros abandonados en la huida,
polvorines enterrados en lugares secretos,
casas en ruinas, y campos de cultivo regados de metralla.
 
Alguien sembró patatas a oscuras en un rincón del huerto,
alguien las desenterró pocas horas después.
A escondidas robaban el arroz a las gallinas.
EI pan era muy negro.
Se alimentaba de cortezas de naranja.
Cómo perdura el hambre en la memoria.
 
 
LAS HUELLAS DE LOS OSOS
 
Si la belleza es verdad y la verdad belleza
para mirar de frente los espejos sin fondo,
la ausencia que perdura después de su intemperie,
los signos que descifran plenitud a su paso.
 
Es nuestro este momento tendido entre los siglos
y el tiempo en su trineo nos lleva mundo abajo.
En la ladera nevada el blanco nos escribe
cotillo desdibujado en nuestros ojos,
después los valles que fermentan los nombres,
la forma fértil de duda o de quimera
y el instante para ser feliz sin simulacro.
 
No queda vértigo en los rojos escaramujos de diciembre.
Solo en nuestras pupilas perduran los lugares,
los gestos que nos miran detrás de los deshielos.
 
Yo quiero ser alguna vez de la memoria
en el blanco corazón del paraíso,
las huellas de los osos que sin estar estaban,
pasos a campo abierto, sin nostalgia ni excusa.
 
 
* Nacida en Menaza (Aguilar de Campoo, Palencia) en 1962, Amalia Iglesias Serna es autora de Un lugar para el fuego (1984), Memorial de Amauta (1987); Dados y dudas (1995) y Lázaro se sacude las ortigas (2oo6). Los poemas presentados aquí forman parte de La sed del río, XIX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca; con los caligramas de Tótem espantapájaros (Madrid: Abada, 2016), La sed del río es el retorno de su autora a la primera línea de la poesía española contemporánea tras diez años de ausencia.
 
 
Amalia Iglesias Serna
La sed del río
Madrid: Reino de Cordelia, 2016
Pp. 29-31 y 85-86

[Publicado el 10/1/2017 a las 14:30]

[Etiquetas: Amalia Iglesias Serna, Poesía, Citas]

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Acerca de los "Diarios tempranos" de José Donoso / Escribe Cecilia García-Huidobro / Cita

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No se sabe exactamente cuándo empezó Donoso a escribir los diarios.
 
Probablemente haya sido en su viaje a Punta Arenas en 1945, a los veinte años. Pero el primero de ellos que se conserva, rotulado por él mismo como «A», es de 1950 y lo escribió durante su estadía como estudiante en la Universidad de Princeton, a donde llegó gracias a una beca de la Doherty Foundation que le ayudó a conseguir Inés del Río, doña Momo, la madre de su amigo Fernando Balmaceda.
 
Está escrito en su mayor parte en inglés y, entre otras cosas, elabora bocetos para lo que serán los dos primeros cuentos que publicó, en una revista de la universidad, MSS, «The Poisoned Pastries» y «The Blue Woman», y otros que nunca publicó, como «Tea» o «Maundy Thursday». Había varias revistas en Princeton y MSS intentaba abrirse camino gestionada por los propios estudiantes.
 
Así lo relata Robert Keeley, compañero y amigo de Donoso además de director de la publicación, en un texto que publicó tras la muerte del escritor: MSS Revisited. Para financiarla decidieron vender suscripciones, y en ello Pepe desplegó todo tipo de estrategias, desde instalarse con una mesa a venderlas hasta hacer puerta a puerta a los alumnos en sus dormitorios. Según Keeley, «el elemento más efectivo de su capacidad de venta era su persistencia, su habilidad para convencer a cautelosos estudiantes de años superiores que según él cometerían un grave error si es que la rechazaban. Generalmente se invitaba solo a la pieza, sin preguntar; tomaba posición en algún asiento desocupado y daba la impresión de que no podía irse de la residencia hasta que le colaboraran. Un dólar no es tanto dinero cuando se necesita para conseguir paz y calma. De esa forma José vendió más de doscientas suscripciones, mucho más que todos los demás miembros de MSS juntos. Alcanzamos un total de trescientas cincuenta y decidimos continuar» (Keeley, 1998).
 
Una experiencia que debe haber sido muy útil cinco años después cuando publicó su primer libro, Veraneo y otros cuentos, autoedición que financió recurriendo a un sistema semejante de venta anticipada para conseguir el dinero que le permitiera pagar la impresión. Era uno de esos pocos momentos en que Donoso veía confluir su vocación literaria con esa atracción por lo socialité que siempre lo acompañó, ya que de la venta participaban sus amigos, familia y toda una red de contactos de esa clase social que su obra se ocupó de retratar descarnadamente. Su primera novela, Coronación, siguió el mismo camino de comercialización. Aunque la publicó la editorial Nascimento, le entregaron 700 ejemplares como derecho de autor, con la salvedad de que debía venderlos de manera informal. Nuevamente se activó la red.
 
[...]
 
Me pregunto cómo interpretar el hecho de que el primer cuaderno de Donoso fuese en realidad un notebook. ¿Es casualidad? ¿Usó el inglés como exploración de un lenguaje propio, como máscara encubridora? ¿Sencillamente porque se encontraba en Princeton?
 
Puede ser que esa lengua no fuera precisamente un exilio para él, como pudo haber apostado inicialmente. El desplazamiento vital de Donoso no parece emerger del dilema de en qué lengua escribir.
 
Si lo tuvo, lo despejó pronto. En cualquier caso, el idioma estuvo siempre entre las inquietudes de nuestro autor. En 1970, por ejemplo, apunta en su cuaderno: «Quizás si hallara en español un ejemplo de escritor que influyera en mi estilo, como Virginia Woolf influye en inglés, sería fácil. Pero [es] evidente que soy poco sensible al idioma español y su belleza. Daría mi vida por escribir en inglés. Pero tampoco puedo» (Cuaderno 43, Universidad de Princeton). A lo mejor en sus estadías en Buenos Aires había leído a Oliverio Girondo, a quien también en algún momento le incomodó el castellano y llegó a decir que «hasta Darío, no existía un idioma tan rudo y maloliente como el español» (Girondo, 2014: 82). Como fuere, lo suyo serán las mudanzas, la impostura, la usurpación. El trasvasije de una lengua a otra, de una lectura a muchas.
 
No volvería a escribir en inglés en los casi cincuenta años que mantuvo el diario, aunque solía, al igual que en la conversación, salpicar sus textos de expresiones y frases en ese idioma. Los escribirá en español y los mantendrá casi hasta su muerte el año 1996. La última entrada es de noviembre de 1995, aunque ya se habían espaciado mucho: hay un solo registro ese año y casi no hay de 1994, en cambio en 1993 escribe bastante, sobre todo durante su estadía en Washington.
 
 
Del "Prólogo" de Cecilia García-Huidobro a:
José Donoso
Diarios tempranos. Donoso In Progress, 1950-1965
Cecilia García-Huidobro (Ed.)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2016
Pp. 20-22

[Publicado el 11/11/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: José Donoso, Cecilia García-Huidobro, Citas, Prólogos]

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"¿Sabremos algún día quién eres?" / Una entrevista a Elena Ferrante / Cita

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"Anonimity" / Una obra de Chaney Trotter / Crédito, de su autora /

¿Nunca te has arrepentido de tu decisión de ser anónimo/a? Al fin y al cabo, las reseñas tienden a ocuparse más del "misterio de Elena Ferrante" que de la calidad de tus libros. Al poner el énfasis en tu supuesta personalidad, ¿los resultados no son lo opuesto de lo que esperabas?
 
No, no me arrepiento. Según lo veo yo, tratar de acceder a la personalidad de un escritor escarbando en las historias que ofrece, los personajes que pone en escena, los paisajes, los objetos, en entrevistas como esta (siempre, y sólo, breves) y recurriendo a la tonalidad de su escritura no es otra cosa que una buena manera de leer. Lo que llamas "el énfasis" me parece honesto si se basa en las obras y en la energía de las palabras; muy distinto es el de los medios de comunicación, la preeminencia del ícono del autor sobre su trabajo. En el último caso, el libro funciona como la camiseta de una estrella de la música pop, la cual, sin el aura de la persona que aparece en ella, se vuelve completamente insignificante: ése es el énfasis que no me gusta.
 
¿Te molesta que se sospeche que tu trabajo es el producto de varias personas?
 
Me parece un buen ejemplo para la conversación que estamos teniendo. Estamos habituados a derivar la coherencia de las obras de la de su autor, no la del autor de la de sus obras; un hombre o una mujer ha escrito unos libros y esto nos parece suficiente para convertir esto en parte integrante de la obra: hablamos con simpleza sobre los orígenes del escritor, sobre sus libros exitosos y aquellos que no lo son tanto; decimos que ha encontrado su voz inmediatamente, que ha experimentado con diferentes géneros y estilos; reconocemos unos temas recurrentes, unas circunstancias, una evolución o una involución. En contrapartida, tenemos Mentira y sortilegio y Araceli, pero no una escritora llamada Elsa Morante. Estamos tan poco habituados a comenzar por los textos, por mirar en ellos en busca de coherencia o disparidad que el caso contrario nos confunde rápidamente. Habituados a la supremacía del autor, cuando no hay autor, o ha sido removido, comenzamos a ver distintas "manos", no sólo en el tránsito de un libro a otro, sino también de página en página.
 
Entonces, ¿Sabremos algún día quién eres?
 
Soy Elena Ferrante: he publicado seis libros en veinte años. ¿No te parece suficiente?
 
 
En:
Elena Ferrante
Frantumaglia: Bits and Pieces of Uncertain Origin
Trad. Ann Goldstein
Nueva York: Europa Editions, 2016

[Publicado el 13/9/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Elena Ferrante, Citas]

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"Nuestra mayor ambición fue ser como lapas y parásitos" / "La repetición" de Ivica Djikic / Cita

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Anka se sentó al ordenador en su habitación, para cederle enseguida el sitio a Dijana, cuyo móvil empezó a sonar nada más sentarse. La llamaba fray Ljubo.
 
-Justamente estaba abriendo el correo -dijo ella.
 
-Fray Ivo quiere hablar contigo. -La voz de fray Ljubo sonaba formal. Se comportaba como un niño ofendido. Como Marko, también solía retirarse de repente y minar todos los accesos. Al hacerlo fray Ljubo parecía aún más infantil que Marko.
 
-¿Puedes llamarme al fijo?
 
Le dictó los números que Anka le iba indicando con los dedos de las manos. El teléfono rojo y plano de la marca Iskra sonó estridente sobre el escritorio barato. Fray Ljubo se limitó a pasarle el auricular a fray Ivo. Le preguntó por su salud, le hizo comentarios sobre la nieve, que este invierno abundaba, le preguntó cómo le iba en Zagreb. Por su parte Dijana le preguntó cómo se encontraba, le habían dicho que estaba delicado. El sacerdote se rió, a su edad ya no se podía estar bien.
 
-Quiero dictarle un nuevo prólogo, Dijana -fray Ivo fue al grano-, que sustituirá al anterior. ¿Tiene usted papel y lápiz?
 
-¿Un prólogo nuevo? ¿No resultaría más sencillo que fray Ljubo lo teclee y me lo envíe por correo electrónico?
 
-Para mí resulta vital dictarle cada una de mis palabras, que usted sepa que son mías. Hágale este último favor a un viejo fraile bosnio...
 
Sin mucho entusiasmo Dijana sacó de su bolso un lápiz y un bloc de notas. Anka estaba estirada en su cama con los ojos cerrados.
 
-Título: A modo de prólogo. Nosotros en Šćit de Rama... ¿Está escribiendo?
 
-Sí.
 
-...Nunca nadie nos ha necesitado o lo que todavía es más dañino en ocasiones alguien nos necesitó por poco tiempo y al ser ingenuos como somos nada más sentir que alguien se percataba de nuestra existencia nos convertimos en perros dispuestos a morder y matar y a llevar una vida de perros y que nos rechazaran asumiendo ser una carga tanto para los nuestros como para los de fuera porque nunca hemos llegado a entendernos a nosotros mismos y los otros ni lo intentaron nuestra mayor ambición fue ser siempre como lapas y parásitos que por unas migajas bautizan a los niños perdedores durante décadas nuestro sufrimiento y rabia no pudieron dar más de sí que un par o tres de poetas y el mismo número de bandoleros y unos cuantos mitos no hemos aprendido otra cosa que a ser más desconfiados y tozudos que nadie no rectificar en el error bien al contrario cortarle la cabeza o proclamar traidor a cualquiera que nos diga lo que no queremos oír y por ello sufrimos orgullosos y aguantamos de manera masoquista los vencedores nos intentaron echar con fuego y agua y nosotros resistimos solo para poder ir desapareciendo con elegías de prados floridos y campanas de iglesias nos quedamos para poder autoinfligirnos daño herir a los más cercanos la destrucción siempre fue nuestra respuesta a los desafíos del mundo la destrucción sin un ápice de reflexión
 
-¿Voy demasiado rápido, Dijana, se le cansa la mano?
 
-Siga usted...
 
... pues no puede haber reflexión allí donde reinan los plañidos o los juramentos guerreros para ver el mal en ti no basta con tener una buena alma hace falta una inteligencia que no esté ofuscada destruir los puentes hacia los prójimos es nuestra primera reacción no conocemos otra cosa que el instinto por eso no nos necesita nadie los salvajes de la frontera entre el mundo oriental y occidental han convertido la iglesia en su nido de ametralladoras ustacha sobre esta tierra partisana incendiada vergonzosa e inútilmente vivirá nuestra fe desviada durante varios siglos las vigas devoradas por el fuego en lugar de San Pedro son los fundamentos de nuestra iglesia y nuestra identidad la esencia de nuestra visión del mundo justificamos de mil maneras a los ustacha que tranquilamente observaban cómo los chetniks nos degollaban en octubre de 1942 nunca perdonamos a los partisanos que incendiaran el campanario y mataran a dos hermanos en paz descansen y si alguien discrepaba yo nunca había sido tan valiente como para ser uno de ellos estaba condenado a ser objeto de chismorreos y humillaciones maltrato burocrático y aspavientos en las altas y profundas esferas y así hasta el día de hoy con el beneplácito de la bendita madre Iglesia los más inteligentes y más sabios entre nosotros son utilizados por cualquier don nadie y sinvergüenza para demostrar a costa de otros la autenticidad de su propia fe nosotros honramos a nuestros verdugos convertimos en santos a los débiles e inútiles que nos han convencido de que cuidarían muy bien de nosotros justamente los mismos que siempre nos traicionaban mentían y engañaban y cada vez pensábamos que no volverían a hacerlo pero luego vimos que sí podían y que sí iban a hacerlo porque no saben ni les importa lo mismo en 1942 que en 1992 y para siempre nosotros seremos una especie de estructura volátil y medio primitiva que se debate entre lo que podría haber sido y lo que ha quedado de ella entre sí misma y sus negligentes tutores...
 
-Fray Ivo, por favor, un momento...
 
-... entre el sentido común y...
 
-Un momento, fray Ivo, me duele la mano...
 
-Ay, perdone, Dijana, por qué no me lo ha dicho...
 
-¿Queda mucho?
 
-No tanto...
 
-Me parece que ahora la nieve cae con más fuerza.
 
-Aquí también, por lo que puedo ver. No salga hasta que amaine.
 
-Podemos seguir...
 
-Bien, bien... Dictaré más despacio. ¿Dónde estábamos?
 
-«... entre sí misma y sus negligentes tutores entre el sentido común y...»
 
-... entre el sentido común y las visiones sonámbulas de nuestros líderes y dirigentes somos las sobras de de la historia y de la congoja bastaría una sola pequeña guerra más en la que por supuesto estaríamos del bando equivocado para que nos fuéramos diluyendo hasta volvernos irreconocibles nuestra especificidad humana e identitaria será objeto de una investigación histórica extravagante y de la ficcionalización la ficción nos encaja mejor la prueba de ello es al fin y al cabo el libro que por desgracia tiene ahora entre sus manos y cuya publicación no puedo impedir en deferencia hacia otras y queridas personas que invirtieron mucho esfuerzo en él... Dijana, aquí sobre todo pienso en usted y en fray Ljubo, quiero que lo sepa.
 
-¡Pero fray Ivo, este es un prólogo completamente diferente! ¡Con un sentido completamente distinto! De hecho, difícil de entender...
 
-Espere, Dijana, por favor...
 
-Fray Ivo, perdone, pero no podemos publicar el libro con un prólogo como este. Podemos no publicar el libro, ¡pero no podemos publicar el libro con este prólogo! ¿Qué dice al respecto fray Ljubo? ¿Está allí con usted?
 
-Déjese de fray Ljubo, nosotros dos ya arreglaremos lo nuestro. ¿No es así, fray Ljubo?
 
-¡Pásemelo!
 
-Dijana, querida, le ruego que abreviemos el asunto y lo simplifiquemos, porque en cualquier momento puedo volver a encontrarme mal. Puede publicar el libro con este prólogo, que dicho sea de paso no ha terminado de escuchar, o no publicarlo en absoluto. Yo rezaré con todas mis fuerzas para que se decida por lo segundo.
 
-He escuchado lo suficiente.
 
-¿No quiere escucharlo hasta el final?
 
-No, he entendido de qué se trata.
 
-Si es así fray Ljubo le enviará el texto completo por correo electrónico. Por si acaso. Adiós.
 
-¿Significa eso que ya no cuenta con que vaya a Šćit?
 
-Hay temporal, hay mucha nieve y yo estoy delicado. Nos hemos entendido. Usted es una mujer inteligente. Adiós.
 
Dijana colgó el auricular del viejísimo teléfono de la mesa de Anka y soltó una palabrota en voz alta. Durante todo ese tiempo Anka permaneció estirada en la cama, vestida. No dijo nada. Esperaba a que Dijana dijera algo, pero esta se había cubierto la cara con las manos.
 
-¿Tienes frío? ¿Quieres que suba el calefactor?
 
-No, está bien así -dijo Dijana y se enderezó-. ¿Puedo hacer una llamada?
 
-Sí, por supuesto. ¿Estás bien?
 
-Fray Ivo ha cambiado el prólogo. Este maldito prólogo nuevo le quita todo el sentido al libro. Dos años de trabajo... -dijo.
 
Marcó el número de fray Ljubo. El teléfono sonó largo rato antes de que él contestara desganado. Hablaba en voz baja y neutra, como hablan los políticos exitosos, de forma tranquila y distanciada, justo lo opuesto al nerviosismo de ella. Le iba repitiendo que todo iría bien, que lo más importante ahora era la salud de fray Ivo y que el resto se arreglaría de una forma u otra, no hacía falta vivir las cosas como una tragedia. La estaba castigando. La castigaba por la nieve que había borrado las carreteras, razón por la que ella no había podido llegar a Šćit, la castigaba por no haber leído todavía su mensaje, por haber sido tan firme a la hora de ignorar educadamente su encanto, por el que él estaba dispuesto a dar un vuelco a su vida. Disfrutaba castigándola. Dijana no le podía decir qué opinaba sobre su comportamiento, porque Anka estaba presente. Colgó. Volvió a taparse la cara con las manos.
 
 
Ivica Djikić
La repetición
Trad. Maja Drnda y Christian Martí
Barcelona: Sajalín, 2016
Pp. 48-53
 
(Nacido en Tomislavgrad, Bosnia-Herzegovina, en 1977, Ivica Djikić es considerado una de los autores más originales de la nueva literatura balcánica. Periodista desde los diecinueve años, ha sido redactor y coeditor del periódico político-satírico Feral Tribune, galardonado con varios premios internacionales por su independencia y actitud crítica frente al gobierno de Croacia durante la guerra de los Balcanes. Debutó como escritor con Cirkus Columbia [Sajalín, 2011], novela que obtuvo en 2004 el prestigioso premio Selimović a la mejor obra de ficción de Croacia, Serbia y Bosnia-Herzegovina, y fue adaptada al cine por Danis Tanović. Su segunda novela, Soñé con elefantes [Sajalín, 2013], ganó el premio Hrvatski Telekom a la mejor novela publicada en 2011 en Croacia. Es autor, además, de un libro de relatos y de dos polémicas biografías: la del ex presidente de Croacia Stipe Mesić y la del general Ante Gotovina. Su última obra publicada es una novela documental sobre la masacre de Srebrenica. En la actualidad vive en Zagreb y es redactor jefe de Novosti, semanario de la comunidad serbia de Croacia.)

[Publicado el 31/8/2016 a las 18:45]

[Etiquetas: Ivica Djikić, Novela, Sajalín, Citas]

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Literatura y cierta idea de proletariado / "Mierda bonita" de Pablo Gisbert / Cita

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La claridad de El Roto / Crédito, de su autor.

Dos amigas están hablando y una de ellas le dice a la otra: Desde hace un tiempo veo a grandes escritores, políticos de todas las corrientes, poetas, músicos, cineastas importantes y prestigiosos intelectuales ensalzando la idea de pueblo, la idea de proletariado. Que sepas que todos esos, todos esos que lo veneran, lo adoran y constantemente lo aplauden, no han vivido nunca entre el pueblo, no han vivido nunca entre el proletariado. Se han pasado la vida poetizando sobre él, cantándolo, teorizándolo, especulándolo, divinizándolo, pero sin él. Porque estos artistas, políticos e intelectuales no han visto realmente lo asqueroso del pueblo, lo bajo de sus emociones, la tristeza del proletariado, lo perverso de sus vidas. Porque los que poetizan, politizan e intelectualizan el pueblo no han comido nunca en sus mesas, no han dormido nunca en sus camas, no han caminado por donde ellos caminan, no han cagado en sus lavabos, no han cocinado en sus cocinas y, sobre todo, nunca han hablado con ellos. Porque si hubieran hecho alguna de esas cosas, sabrían que el pueblo, por sobornable y corrupto, se merece todo el dolor que pueda soportar. Los que venimos del pueblo, los que hemos sido criados y educados por ellos, por el proletariado, los que hemos dormido en literas, vivido en casas pequeñas y usado ropa de otros, sabemos que ahí no hay nada poético ni artístico ni entrañable ni sano ni bueno. Hay una proyección nostálgica y sentimental, una emoción blandengue que hace agua por todas partes y que no deja pensar. La idea de pueblo es triste y, sobre todo, está muy manoseada. Todo el mundo habla y la manipula, como estoy haciendo yo ahora mismo. El proletariado es lo peor que le ha pasado a la Historia. El proletariado llena las playas, los ejércitos, los centros comerciales, los puticlubs, las iglesias y las fábricas. ¿Qué puede salir de todo esto? Y después oyes cómo hablan, ves cómo se ríen, cómo se emborrachan, cómo expresan cariño, y se entiende todo. Y he decidido alejarme de ellos porque no me hace ningún bien pensar qué pasará cuando vuelvan, otra vez, a lo que fueron en un principio, y pasen de ser ciudadanos a ser, otra vez, esclavos. Y me da pena.
 
 
En:
Pablo Gisbert
Mierda bonita
Segovia: La Uña Rota, 2016
Pp. 107-108

[Publicado el 05/5/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Pablo Gisbert, Dramaturgia, La Uña Rota, Citas]

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Tres poemas de "Crónica natural" de Andrés Barba / Cita

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CANGREJOS
 
A los cangrejos había que echarlos vivos a la paella.
Verdes cangrejos de criadero marino
que en las bolsas
o no en las bolsas 
en el papel de estraza, 
un papel gris satinado que resbalaba en las manos, 
iban arañando como las inocentes
víctimas de un thriller mensajes cifrados 
a los cangrejos libres de este mundo. 
Eran en realidad (descontando 
las verduras, que siempre están vivas)
lo único vivo de la bolsa de la compra.
Respiraban el triste vapor
húmedo del marisco y las ñoras
en su encierro desesperado.
No para ti, tú sonreías y bromeabas
Mira.
No pensarás ya ni ahora ni nunca
que eran simples cangrejos
cangrejos sin más, de criadero, verdes
aunque de eso tengo que enterarme bien.
Todos los queríamos llevar y ninguno
los quería comer,
eran casi siempre tres, cuatro como mucho
y siempre había uno más grande (siempre
en realidad hay uno más grande, en todo)
el padre -decíamos- de los otros dos o tres
y si el padre era uno entonces los otros dos
o tres
eran una familia de cangrejos.
Había que echarlos vivos 
no sé cómo habría podido hacerse de otro modo,
lo debían presentir desde la asfixia,
se movían de pronto con más rapidez los bigotes 
de sus bocas, las patitas 
hacían dibujos en su lengua incomprensible
cuando tú los alzabas: Mira 
entre carcajadas antes de echarlos vivos.
Reíamos de vergüenza y de nervio
la muerte familiar de la familia
de cangrejos verdes de criadero
que trataban de huir de la paella con saltos
de alfiler, las horas de sus vidas golpeadas
con la cuchara de madera, saltaban
(en todo esto: risas)
chocando unos con otros
olvidando ya que eran una familia,
pisándose, usando el cuerpo moribundo de uno
para alzarse sobre el caldo hirviente.
¿Eras tú o nosotros quien golpeaba 
para que rindieran la esencia?
Padre dominical con tu cuchara en la mano,
nunca fue tan animoso un holocausto 
de domingo.

 

TRASLADO

¿De dónde venía y a dónde iba yo? De un amor de buhardilla
a tu antigua casa recién pintada.
Como un solitario que estrena un hogar en el que otro
ha sido feliz
me abatía la luz blanca de las habitaciones
la estantería de obra, los electrodomésticos pequeños y nuevos
de uso individual.
Habías venido al rescate más que como un padre
como un camarada 
con furgoneta y nocturnidad, en pleno centro de Madrid.
Me ayudaste a cargar el colchón, las cajas de libros, las maletas.
Te recuerdo en la calle Bailén, en el Palacio Real.
Tu presencia hacía que me sintiera muy joven;
cualquier mujer podía ser mi amor,
cualquier casa, mi casa.
Me contaba mis aventuras mentalmente
como prodigios que sucederían con seguridad,
trataba de parecer resuelto.
No sé cómo lo habilitabas todo.
Tu vida era el peso de las cajas de libros.
Me gustaba que me vieras disconforme, decidido, 
actuaba en lo recóndito para mi padre.
Las dejamos todas en la casa nueva, ya de noche.
Al día siguiente nos esperaban allí,
impregnadas del olor a pintura.
Eran -qué sé yo- unas veinte; 
en la sombra de la noche parecían más.
Tú preguntaste con orgullo: ¿Los has leído todos?
Yo mentí con altivez:
Claro.
Los ordenamos luego por idiomas:
los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos, 
los portugueses, los rusos, los españoles.
Sacabas un libro de la caja, leías la contraportada
y lo llevabas a un montoncito.
Me daba miedo cada vez que te equivocabas.
No quería saber más que tú.
 
 
VEJEZ
 
A plena luz del día,
en un cajero del barrio te atracó
un muchacho. Llevabas cien euros en la mano.
Te dijo dámelos y se los diste.
La extrañeza tenía en ti un aire pasmado
y elegante;
te aproximabas inclinando la cabeza
como si no hubieses entendido
una palabra, decías: ¿perdón?
No luchaste, ni siquiera fingiste que pudieras
luchar,
como un sonámbulo extendiste
la mano con el dinero y el muchacho se fue
corriendo o sin correr, mirándote o no.
Era un día agradable de principios de verano.
Había gente en la calle, se escuchó
una risa y el tintineo de unos vasos de cerveza
en la terraza que había a veinte metros.
Te preguntaste con vergüenza si te habrían visto.
Era un muchacho como otro cualquiera:
joven. Atacaba como el depredador
que elige entre las víctimas al animal más torpe.
Sentiste como si el tiempo te zarandeara
sin piedad junto al cajero
envuelto en los alegres ruidos de la conversación
en el calor de la brisa y las pelusas de polen.
Esa tarde habías quedado
para dar un paseo por la feria del libro.
El hombre que iba a pasear y el que seguía pasmado
eran distintos ahora.
Por la modesta suma de cien euros
aquel muchacho se lo había llevado consigo.
Al subir a casa llamaste por teléfono,
Soy un viejo, dijiste.
No eres ningún viejo.
¿Soy un viejo, te parezco un viejo? Preguntaste de nuevo.
Pero no me dejaste contestar.
 
 
Andrés Barba (Madrid, 1975), se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong), a la que siguieron dos libros de nouvelles, La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord Sud), así como seis novelas más que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación en España: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, Octubre, Muerte de un caballo (Premio Juan March) y En presencia de un payaso, todos ellos publicados en España por la editorial Anagrama. En colaboración con Javier Montes recibió el Premio Anagrama de ensayo por La ceremonia del porno y es también autor, de los ensayos recogidos en Caminar en un mundo de espejos y, junto al pintor Pablo Angulo, del Libro de las caídas y Lista de desaparecidos. En poesía, su ópera prima es Crónica natural (finalista del Premio Jaime Gil de Biedma), publicada por Visor, de la que proceden los poemas reproducidos aquí.

[Publicado el 18/12/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: Andrés Barba, Poesía, Citas, Visor]

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El gato según Giuseppe Scaraffia / En "Los grandes placeres" / Cita

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Ilustr. André Duranton /

A menudo, los dueños, aun amándolos, no saben nada de sus gatos. Cuando después de parir dos mininos se descubrió que Charles Chaplin, su gato remendado, era una hembra, Katherine Mansfield le contó a Virginia Woolf: «Estaba allí sin reaccionar mientras yo le acariciaba la tripita diciéndole: No es nada malo, viejo mío. ¡Antes o después tenía que sucederle también a un macho!».
 
Marina Tsvietáieva presumía de la atracción magnética que ejercía sobre los gatos, que, de hecho, no se le resistían. De un gato enorme que había encontrado en un hotel francés, decía: «Sobre las cosas esenciales sentimos de igual manera».
 
Ernst Jünger prefería los gatos a los perros porque «los gatos, sobre todo los siameses, olfatean la cultura, la necesitan como el aire que respiran». El gato no disturba el sueño y las reflexiones; es más, favorece ambas cosas con su aire de esfinge. «Su presencia sienta bien a la vida tranquila y contemplativa.» Un dato confirmado por Patricia Highsmith: «Un gato transforma una casa en un hogar. Un escritor no está nunca solo en su compañía, aun cuando esté bastante solo en su trabajo».
 
La reserva, de hecho, es una cualidad fundamental de los gatos, discretos incluso en sus expansiones sexuales. Graham Green observó asombrado a dos apareándose en la calle. «La gata, con los ojos entornados, emitía pequeños silbidos de satisfacción», pero, en cuanto advirtió la mirada de un extraño, se liberó del amplexo para refugiarse en la sombra. Cuan- do un fuerte afecto liga los animales a los humanos, el gato se eleva sobre las patas posteriores y aprieta la nariz contra la mejilla del dueño o le acaricia la mejilla con una pata. Se lo hacía Princesa a Henry James, quien acostumbraba a trabajar con un gato encima del hombro.
 
Los gustos de los gatos son imprevisibles. El gato color galleta de James Joyce prefería el pan con mantequilla. Hay que saber regañarlos cuando, por una acción mecánica, arañan a quien está jugando con ellos. Un día, Cocteau, en lugar de castigar a un siamés, lo regañó primero, y luego lo mimó sin parar hasta que el culpable acabó restregándose arrepentido entre las piernas de su víctima. El escritor, por otra parte, tenía en su apartamento nada menos que tres gatos: Nana, Tire-bouchon y Chifounette.
 
Según una difundida teoría había que elegir nombres que contuvieran un «crujido». Perfecto, por lo tanto, Mouche, el nombre de la gata de Hugo. «Poner nombre a un gato», sostenía Eliot, «es una empresa difícil.» En su opinión, se necesitaban, al menos, tres. Uno para usar a diario, otro más digno -«¿Cómo podría si no mantener el rabo perpendicular, enseñar los bigotes o sentirse orgulloso?»- y un tercero secreto, que sólo el animal conoce «aunque no lo confiesa nunca».
 
El comportamiento de un gato durante un viaje es imponderable. Bébert, el célebre gato de Céline permanecía tan tranquilo en el morral de su dueño mientras éste se fugaba de Francia con los colaboracionistas. Hasta cuando el escritor le ofreció su comida caducada, se apartó todo digno después de haberla olido con aire asqueado. «Se dejaría matar antes que tocar esta porquería... ¡Probablemente es más delicado, más aristocrático que nosotros, zafios sacos de mierda, que nos empapuzamos una y otra vez con las porquerías más repugnantes!»
 
En sus paseos cotidianos, el felino entabla amistad con los desconocidos que va a visitar. Sigmund Freud cuenta las visitas regulares de una gata blanca que, después de que hubiera entrado por la ventana, se acurrucaba sobre el célebre diván de sus pacientes, se dejaba acariciar y se bebía a conciencia la taza de leche que el psicoanalista le preparaba antes de que reemprendiera su paseo.
 
Contrariamente a lo que se cree, el gato puede ser fiable. El de Ernest Hemingway le hacía de nodriza en París al hijo recién nacido de su dueño. Quizá por ello, en memoria de aquella singular ama de cría, el escritor cubrió el jardín de su casa en Cuba de minúsculos montículos coronados con una pequeña cruz en memoria de los peludos difuntos. Pocos gatos son capaces de pasear con su dueño como hacen habitualmente los perros, pero el de Georges Simenon, Christmas, al que había encontrado por la calle el día de Navidad, «cuando paseábamos nos seguía, saltando de vez en cuando dentro de un jardín, para luego volver a alcanzarnos». Por su parte, Charles Dickens tenía, de pequeño, un gato que apagaba las velas cuando el padre del autor, absorto en la lectura, se olvidaba de acariciarlo.
 
La libertad del gato fascinaba a Guy de Maupassant: «Se va por ahí cuando le parece, puede dormir en cualquier cama, verlo todo, sentirlo todo, conocer todos los secretos, las costumbres o las vergüenzas de la casa. Se encuentra a gusto en todas partes».
 
Raymond Chandler, decepcionado por la pereza de su viejo persa negro, que había dejado de llevarle serpientes, admitía: «He amado a los gatos toda la vida y nunca he sido capaz de comprenderlos». André Malraux amaba tanto a los gatos como para dibujar su delicada silueta junto a su firma. «No recuerdo haber estado nunca sin un gato», confesaba Gabriele D'Annunzio. Aunque, al contrario que Baudelaire o Gautier, no los consideraba animales sagrados, disfrutaba de las cualidades que, a su juicio, tenían en común con las mujeres: «Los movimientos, la facilidad para la traición, la elasticidad moral y material, las carantoñas». Colette no cultivaba edulcoradas ilusiones sobre su bondad. Reconocía en el gato doméstico la majestad y la crueldad del tigre real, pero sabía hasta qué punto, a diferencia de los hombres, podía ser fiel. Para ella «el tiempo pasado con un gato no es nunca tiempo perdido». De un animal se podía aprender mucho. «Le debo a los gatos una especie de honorable disimulo, un gran autocontrol, una aversión por los sonidos brutales y la necesidad de callar durante mucho tiempo.»
 
Una opinión compartida por Hippolyte Taine, quien declaró: «He conocido muchos gatos y muchos filósofos, pero la sabiduría de los gatos es infinitamente superior».
 
 
EL AUTOR
 
Giuseppe Scaraffia nació en Turín en 1950. Se doctoró en Filosofía con una tesis sobre la idea de felicidad en Diderot y actualmente es profesor de Literatura francesa en la Universidad de La Sapienza de Roma. Sus sugerentes ensayos transitan siempre, de manera feliz, entre la erudición y la divulgación. Ha publicado numerosos libros, como La donna fatale (1987), Il mantello di Casanova (1989), Miti minori (1995), Gli ultimi dandies (2002), Sorridi, Gioconda! (2008) o Le signore della notte. Storie di prostitute, artisti e scrittori (2011). En español puede leerse también Diccionario del dandi (1981; Machado Libros, 2009).
 
Los grandes placeres (Trad. Francisco de Julio Carrobles. Cáceres: Periférica, 2015) reúne una serie de breves y deliciosos ensayos acerca de asuntos tales como los bouquinistas del Sena, el boxeo, la calvicie, las postales, el champán, las drogas, la frivolidad, la glotonería, los mapas, los senos, la sobriedad, el suicidio, los tatuajes, el café, los perros, las deudas, la ebriedad, la excentricidad, el sentimiento de culpa, el espiritismo, la higiene de los escritores, etcétera.

[Publicado el 27/7/2015 a las 10:45]

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"Paradojas de lo cool. Micropropuesta para una posible lectura política de lo literario" de Alberto Santamaría / Cita (y 2)

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Fotografía de Christopher Payne /

Lo político como posibilidad
 
En el suplemento cultural del diario El País, Babelia, de 17 de septiembre de 2011, hallamos un texto firmado por Amelia Castilla, quien dialoga con el escritor Isaac Rosa acerca de su última novela: La mano invisible. Escribe: "Rosa considera que la influencia ideológica de la novela supera la del ensayo o la poesía". Así la premisa capital parece evidente: la existencia clara de una influencia ideológica de la nove la. Aquí el problema no es tanto el concepto de ideología sino el de influencia. En este caso el concepto de influencia presupone un estado de vacío que el novelista es capaz de rellenar desde un principio básico de verticalidad: en lo alto de la pirámide intelectual está el novelista que influye en el lector. De esta forma el escritor opera como el cirujano ofreciendo una verdad desde lo alto. Aceptando esta pre misa, creer en la influencia de la novela fuera de los márgenes "del mundo literario" me parece hoy una postura llamativamente delirante. Se trata de una postura aislacionista, casi formalista, que obvia, evidentemente, la relegada posición de la novela -como medio- frente a dispositivos mediales más efectivos a la hora de influir. ¿Cómo medir la capacidad de influencia ideológica de una novela frente a otros medios? La novela que pretende ser crítica y política influye únicamente en el universo consensual donde se acepta. En este sentido, no crea ningún tipo de disenso más allá del necesariamente autoimpuesto para ser etiquetada como "política" (dentro de un marco político-literario que necesita esos gestos de cara al mercado). En este sentido puede ser una narrativa política pero no crítica, es decir, básica mente consensual. Este tipo de novelas (como en otras de corte diferente que han aparecido los último meses, tales como Ejército enemigo de Alberto Olmos) son generadoras de tensiones en el interior de la política de la novela pero no son artísticamente políticas. Es decir, generan reflexiones que se encierran en el interior de la política literaria (formada por instituciones, críticos, suplementos, blogs, etc.) pero no generan un arte político, en tanto que son básica mente consensuales, o responden a una lógica con-sensual donde, por ejemplo, el excluido -figura hoy que sustituye a la difuminada figura de "el pueblo "- que está fuera debe ser metido dentro a través de la contribución de la novela (o del arte), es decir, a través de una pedagogía narrativa. El propio Rosa -cuya calidad literaria aquí no cuestionamos- añade: "La narrativa de ficción es más eficaz que otras formas de escritura en el sentido de intervenir en el debate social a la hora de denunciar, sobre todo, por la recepción que tiene, la manera de ser leída, el propio potencial de la narrativa y que otros géneros intentan apropiarse. Vemos cada vez más ensayos de base narrativa, historiadores que parece escriban una novela histórica, filósofos que cuentan una historia. [...] Ahora mismo se podrían escribir novelas sobre las condiciones de vida de los trabajadores". Señala Rosa una eficacia de la novela a la hora de denunciar, pero evidentemente esa denuncia (y la injusticia derivada) es de sobra conocida por quienes sufren cada día esa injusticia. En este sentido podemos situar frente a las palabras de Rosa lo expuesto por Jacques Ranciére en Sobre políticas estéticas: "Los explotados no suelen necesitar que les expliquen las leyes de explotación. Porque no es la incomprensibilidad del estado de cosas existente lo que alimenta la sumisión, sino la ausencia del sentimiento positivo de una capacidad de transforma ción". De esta forma, suponer que los trabajadores, por leer una novela en la que se les retrate, van a transformar su sentimiento hacia la explotación es excesivo, o excesivamente utópico (cuando no ridículo). Igualmente es excesivo suponer que la novela ya sea "por la recepción que tiene" (¿el mercado editorial? ¿la crítica?, es decir, de nuevo, la política literaria), o "por la manera de ser leída" (¿?), o por "el propio potencial de la narrativa" (¿potencial económico? ¿potencial mediático?, es decir, de nuevo, política literaria no literatura política) es más efectiva. Y otra cuestión: ¿por qué se apropian otros géneros de la narrativa, siempre suponiendo que la narración fuese patrimonio de la novela? Entre otras respuestas caben dos: o bien porque vende más (política literaria) o bien, como extensión de lo anterior, como pedagogía. Entonces podemos preguntarnos, ¿habla Rosa de ideología o de pedagogía?, ¿habla de narrativa o de pedagogía? Esa sería otra (u otras) duda(s). ¿Podemos hablar de una influencia pedagógica de la novela hoy? De este modo cuando se habla de nove la política en realidad se habla de la política de la novelística, que suprime su condición crítica a favor de su condición pedagógica, o de influencia pedagógica donde el "yo" impone su criterio autorial/consensual con el propio mundo de la novela. Tal vez citando de nuevo a Ranciére podemos apuntar que la posibilidad de una novela política y crítica puede venir filtrada, al contrario de lo expuesto por Rosa, por la fuga del sistema novelístico; una fuga hacia un sistema en el que lo no-literario cumpla un papel importante. Introducir lo no literario (el documento, la imagen, el archivo) en la literatura, huyendo del dogma novelístico. Sin embargo, señala el mismo Ranciére, este tipo de arte provocaría la fractura de la política de la novela con todas sus instituciones ya que "la realización de esta obra implica la desaparición total del autor, la anulación de su voz y de su estilo. [...] Implica la casi indiscernibilidad de su escritura". La paradoja es clara: una novela política sólo puede existir sobre la fractura de cierto sentido de la política de la novela y sus instituciones. En efecto, la novela ahora "llamada política" por la misma política literaria de los suplementos, politiza en un sentido meramente literario (o como mucho pedagógico). La novela "llamada política" puede entenderse como "el añadido" crítico que necesita todo consenso - toda sociedad consensual- siendo, así mismo, una necesidad de la política literaria del momento, pero difícilmente puede entenderse como literatura política con intención de criticar o transformar nada.
 
Un caso práctico de entretenimiento cool (o el apropiacionismo como fetiche)
 
"Lo que me interesa ahora es crear relatos fantásticos, que permitan al lector entrar desde la primera página en un mundo que no existe, librarse de la tensión de tener que creer en lo que va pasar, como sucede en las novelas de realismo duro. Los géneros de ficción puros, el terror, la fantasía, el western, permiten disfrutar de la historia, y yo los mezclo todos". Estas palabras pronunciadas por un novelista español (en realidad, muchos podrían suscribirlas) a la hora de presentar su última novela -una apropiación lúdica de cierta literatura pulp desarrollada durante el régimen franquista- dan buena cuenta de esa intención de entertainment cool de cierta literatura basada en la introducción del lector en un mundo que no existe, liberador de tensiones y basado en un "yo mezclo todo". Un carnaval de estilos con un objetivo efectista, que fetichiza el estilo y que hace de lo ecléctico su regla. Un carnaval de estilos que en tanto se impone como lectura delirante del apropiacionismo carece (en la desactivación dada por su tránsito de lo crítico a lo lúdico) de carácter cuestionador de la institución literaria así como del contexto histórico-político del que surgen esos estilos. Se trata de una operación (nostálgica-posmoderna) basada en lo que podemos entender como estética del centro comercial, donde la mezcla genera momentos de ingeniosidad, de entretenimiento incluso, aunque su carácter literario se sustenta sobre un "liberarse de tensiones". Del mismo modo que transitamos por un centro comercial, abducidos y desconcertados de un espacio a otro, de un escaparate a otro, aquí vamos pasando las páginas y observamos las diversas mercancías estilísticas que se nos ofrecen; siendo su objetivo declarado el "hacernos pasar un buen rato". En un sentido peculiarmente similar, Arturo Pérez Reverte (desde otro tipo de entretenimiento) lleva su particular acto apropiacionista en el marco de la saga del capitán Alatriste, donde asistimos al proceso extremo de mercantilización del estilo. O dicho de otro modo, el estilo -tanto en un caso como en el otro- es lo que se convierte en fetiche en estas obras, aparentemente disímiles entre sí. Extraídos los estilos de su intención contextual se convierten los estilos en fetiches fácilmente manejables, disponibles históricamente para, a través del disfraz de "lo ecléctico", revivir como estilos zombis necesarios para el desarrollo del mercado, que necesita cíclicamente lo que Benjamin Buchloh denomina "el retorno de lo nuevo" entendido este retorno como la aceptación de una "vanguardia de pacotilla" y su "carnaval de estilos", que deshistoriza todo estilo con fines lúdicos y acríticos. Es decir, que la "validez independiente de estos elementos [...] y su intercambiabilidad indican que el nuevo lenguaje [...] se ha reificado como estilo, ya no cumple ninguna intención, sino que remite a sí mismo como mercancía estética inmersa en un discurso disfuncional". Estamos ante un ejemplo -aunque en nuestra literatura hoy es abundante- de una forma de entender el apropiacionismo que toma de éste sólo (y estrictamente su carácter de estilo -tal y como hacen los medios de comunicación de masas, la publicidad (apropiacionismo tipo "Corte inglés"), así como los medios propios del poder político-, estilo bañado a su vez por cierta ironía entre cínica y melancólica, provocando un apropiacionismo domesticado, que nada cuestiona, ni siquiera a la propia institución literaria, sino que busca de ésta su conformidad como rareza, en tanto que a la institución le gusta, como ha apuntado Julián Stallabrass. "flirtear con lo bajo". El traslado de lo crítico a lo lúdico provoca una penosa indiscernibildad. De esta forma, como ha señalado con cierta dosis de melancolía Eloy Fernández Porta, el mainstream es una incógnita -pero no algo a cuestionar-, que aparece "como factor de oposición que ocasionalmente puede abrir un espacio". Y esa "ocasión" es, paradójicamente, lo que pervierte toda posibilidad crítica. Si en las diversas resurrecciones del ready-made duchampiano había una intención cuestionadora, en esta resurrección hispana del apropiacionismo sólo queda su efecto, su darse (sampleado) como producto "vanguardista" sin vanguardia. Este sentido apropiacionista (desactivado) fundado en el efectista mezclar todo (por el simple hecho de mezclar) es, precisamente, sobre el que alertaba Lyotard, hace ya décadas, cuando escribía: "el secreto de un éxito artístico, lo mismo que el de un éxito comercial, radica en una dosificación entre lo sorprendente y lo "bien conocido", entre la información y el código. Tal es la innovación en las artes: se retoman fórmulas confirmadas por éxitos precedentes, se las desequilibra por medio de combinaciones con otras fórmulas en principio incompatibles y de amalgamas de citas, ornamentaciones, pastiches. [...] De tal modo, se cree expresar el espíritu del tiempo, cuando no se hace sino reflejar el del merca do. La sublimidad ya no está en el arte, sino en la especulación sobre el arte". De esta forma -es hora de decirlo- el problema reside en que este entretenimiento (cool, pero entretenimiento) nostálgicamente posmoderno no es muy entretenido. Podemos subrayar ahora, en este sentido y a modo de conclusión, las palabras del artista Gavin Turk: "En realidad, creo que el trabajo del arte es muy difícil en la actualidad porque se ha alineado con la industria del entretenimiento y, como entretenimiento, no es especialmente entretenido".

[Publicado el 24/7/2015 a las 13:15]

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"Paradojas de lo cool. Micropropuesta para una posible lectura política de lo literario" de Alberto Santamaría / Cita (1)

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Fotografía de Christopher Payne /

Alberto Santamaría nació en Torrelavega en 1976 y es profesor de análisis del discurso artístico y crítica de arte en la Universidad de Salamanca y poeta; editó a José de Ciria y Escalante, Luis Felipe Vivanco y Leandro Fernández de Moratín, entre otros, y publicó los ensayos El idilio americano. Ensayos sobre la estética de lo sublime (2005) y El poema envenenado. Tentativas sobre estética y poética (Premio Internacional de Crítica Literaria Amado Alonso, 2008), así como los volúmenes de poesía El orden del mundo (2003), El hombre que salió de la tarta (2004), Notas de verano sobre ficciones del invierno (2005), Pequeños círculos (2009) e Interior metafísico con galletas (2012). Este artículo fue publicado originalmente en la revista Quimera en 2012 y es, en mi opinión, una de las contribuciones más brillantes que se hayan producido hasta el momento a un debate que todavía es necesario acerca de las relaciones entre literatura, política y mercado.
 
 
Walter Benjamin y el escritor retrasado
 
Walter Benjamin, en noviembre de 1930, escribía lo siguiente: "Los escritores son uno de los grupos humanos más retrasados en el análisis de su experiencia social". Este texto/diagnóstico es el principio de un breve trabajo de Benjamin titulado "Crítica de las editoriales" en el que se asombra ante el hecho de que "no se haya nunca elaborado un estudio sociológico (por no hablar de una crítica) de estas instituciones". Considera necesaria una decidida y continua reflexión por parte de los escritores sobre las editoriales donde sus obras tienen cabida. Para Benjamin es sorprendente el hecho de que apenas pase por la cabeza de un escritor reflexionar sobre el origen, ampliación y desarrollo del marco económico en el cual se insertan sus obras, un hecho que no ocurre en otras disciplinas, donde los artistas se cuestionan acerca de los procesos y derivas de su trabajo, elaborando a su vez un análisis de su experiencia. A diferencia de ciertos artistas visuales, donde ese cuestionamiento deviene en ocasiones piedra angular de su trabajo, el escritor parece retrasado o perdido oportunamente, situándose fuera de ese cuestionamiento. El propio Benjamin más adelante añade: "A veces [los escritores] son capaces de negociar provechosamente con los editores, pero igual que en la mayor parte de los casos no saben explicarse la función social de su trabajo, en su comportamiento frente a la editorial nunca reflexionan sobre la función de la misma". A esto se referirá indirectamente cuatro años más tarde igualmente Benjamin al inicio de El autor como productor. Este texto de 1934 fue leído en París, como es conocido, en el Instituto para el Estudio del Fascismo y al inicio señala cómo desde Platón "la cuestión del derecho a la existencia de los escritores no ha sido planteada casi nunca con vigor semejante: pero hoy de nuevo se plantea". Entre la escritura de estos dos textos ("Crítica de las editoriales" [1930] y "El autor como productor" [1934]) se produce la quema de libros en Dresde, el 10 de mayo de 1933. Ese día, entre los libros que ardieron para alegría de los filo-nazis se encontraban obras de Walter Benjamin. Por otra parte, el autor de la proclama de la quema de libros fue Will Vesper, a quien Benjamin, en carta a Herbert Belmore, en julio de 1910, había definido como autor de un par de poemas buenos, aunque le achaca su tardío des cubrimiento de la poesía de Holderlin. [Quedémonos con este nombre: Will Vesper.]
 
Caso Bertelsmann / Berlusconi
 
El 10 de junio 1998 Thomas Middelhoff, recién nombrado presidente de Bertelsmann AG, fue galar donado en Nueva York con el Premio Vernon A. Walters. Este premio fue creado por Atlantic Bridge, una organización fundada para promover las relaciones germano-estadounidenses, y por el Armonk Institute, instituto organizado por el presidente del Comité Judío Americano. Unos meses antes de recibir este premio, el grupo Bertelsmann había adquirido la prestigiosa editorial Random House, convirtiéndose así en la mayor empresa editorial estadounidense. En la conferencia que Middelhoff pronunció como agradecimiento al premio afirmó en varias ocasiones el orgullo de pertenecer a "una de las pocas empresas no-judías clausurada por el régimen nazi". Esta idea la repitió obstinadamente y con vehemencia durante varias semanas. Según la lectura de Middelhoff, Bertelsmann habría sido censura da por los nazis en 1944 por la difusión y publicación de libros subversivos. Middelhoff se mostró orgulloso de este hecho en varias ocasiones y en diferentes entrevistas. Hacía incluso alarde de esa tradición ética de su empresa. Pero, ¿por qué esta insistencia? ¿Por qué tanta necesidad de mostrar la valentía de una editorial en tiempos de guerra habiendo pasado más de cincuenta años de su conclusión? ¿Acaso escondía algo? He ahí el tema. Durante su estancia en Estados Unidos el máximo responsable entonces de Random House insistió, en todas y cada una de las entrevistas concedidas, en la profundidad ética y la limpieza moral de su empresa. Pero, ¿por qué? Había un motivo insoslayable: semanas antes de la compra de Random House comenzaron a surgir las sospechas de que la historia de los Bertelsmann no era tan limpia como se suponía. Las sospechas giraban en torno a los fondos conseguidos durante la guerra, y que, por lo tanto, la base económica de su imperio no se asentaba simplemente -como querían hacer creer- sobre el trabajo moralmente intachable de una familia de protestantes muy religiosos. Así que cuando Middelhoff recogió el premio éste ya conocía las primeras voces que cuestionaban -aun que pretendía acallarlas- esta versión oficial. Éste es el caso del periodista Hersch Fischler, o de los periodistas del Neue Zurcher Zeitung, quienes revelaron de modo aun primitivo los vínculos de Heinrich Mohn, padre del actual patriarca de Random House, con la alta jerarquía nazi, gracias a lo cual pudieron con vertirse en la mayor editorial durante la guerra y amasar una inmensa fortuna que les serviría para mantener su imperio hasta nuestros días. Sí. La historia no era tan heroica. Toda una serie de dudas, vacíos e incongruencias en la propia historia familiar, hacían chirriar las bases de una empresa que tenía la ética como seña de identidad. ¿Cómo era posible que una pequeña editorial de libro conservador-religioso amasara tal fortuna, lograse una posición tan elevada y llegase a publicar veinte millones de libros de la noche a la mañana? Todas éstas y otras dudas provocaron que se le encargase a un comité independiente, dirigido por Saúl Friedlander, el estudio de esas posibles y estrechas relaciones entre Bertelsmann y el Tercer Reich, con la confianza de que las historias narradas por el viejo Heinrich Mohn sobre la intachabilidad moral de su editorial fuesen ciertas. Sin embargo, no iba a ser así. Dos años más tarde se reunieron cerca de seiscientas páginas con todos los datos recabados. Datos y resultados que fueron abrumadores. Sí. Es cierto: no sólo había relación sino una implicación importante entre la editorial Bertelsmann y el Tercer Reich. La editorial había sido cerrada en 1944 -eso sí era cierto-, pero no por su oposición subversiva al régimen nazi (como había contado Heinrich Mohn), sino por todo lo contrario: un elevado abastecimiento al régimen había dejado a la fábrica sin papel. Sin embargo, el mito creció en otro sentido.
 
Así que durante cincuenta años -mientras el grupo editorial crecía y amasaba una inmensa fortuna- se mantuvo en secreto el oscuro pasado del imperio mediático. La comisión independiente llegó (entre 2000 y 2002) a la irrebatible conclusión -tal y como aparece en el informe "Bertelsmann y el Tercer Reich"- de que la editorial se había enriquecido haciendo negocios con los nazis, a través de la publicación de libros antisemitas, así como panfletos y carteles que mostraban su fidelidad al régimen, beneficiándose de forma indirecta del trabajo forzado de los judíos.
 
El ultrarreligioso y antisemita patriarca Heinrich Mohn había dirigido la empresa durante los 12 años de dictadura nazi, y consiguió contratos que transformaron una pequeña editorial de libro religioso en una gran empresa mediática. Con casi 20 millones de libros publicados, Bertelsmann se convirtió en el principal proveedor del ejército alemán. Según el informe, muchos de esos libros que aparecían bajo títulos como Historias excitantes, se repartían entre los soldados en el frente y contenían propaganda nacionalista, antibolchevique y racista. El estudio de Friedlander demuestra que Heinrich Mohn contribuyó con dinero y generosidad a la causa nazi. Del mismo modo, palabras como resistencia o subversión, de las que se jactaba Middelhoff, no se encontraron por ninguna parte.
 
Tras conocerse los devastadores resultados de la investigación, la empresa Random House pidió perdón públicamente: "Lamentamos haber hecho negocios con libros durante la Segunda Guerra Mundial que son totalmente incompatibles con los valores que defiende Bertelsmann", decía un comunicado firma do por el presidente del grupo, Gunter Thielen. Sin embargo, el largo silencio de Reinhard Mohn sobre el pasado de la compañía provocó malestar entre algunos altos ejecutivos. "Si sabía algo, y no creo que no estuviera al corriente de lo que su padre publicaba, ¿por qué no dijo nada cuando fue publicada la historia oficial del grupo en 1985?", afirmó un alto ejecutivo de Random House, poniendo en boca pro pia lo que otros muchos pensaban. "Es algo desconcertante porque los empleados se sentían orgullosos de trabajar en una empresa con altos valores éticos", añade. [¿Y Will Vesper? No olvidamos a Will Vesper. Este poeta nazi, lector de la proclama de la quema de libros, fue el autor predilecto de la casa Bertelsmann durante el periodo nazi.]
 
En el otro extremo de la cuerda Random House Mondadori se sitúa Silvio Berlusconi, accionista -de sobra conocido- que posee la mitad de la empresa. Como reveló en su día el diario La Repubblica, el gigante editorial gozó del beneficio de una normativa a su medida que le permitió resolver una deuda con el fisco, de cerca de 20 años de antigüedad, por apenas la sexta parte del monto original. El decreto, debidamente aprobado por Berlusconi, permitía que las editoriales liquidasen sus deudas pagando sólo el 5% de lo que debían originalmente. Gracias a esta trampa legal, Mondadori (dirigida por Marina Berlusconi) pagó sólo 8,6 millones de euros de los cientos de millones que debía al estado. Sin embargo, en julio de 2011, la suerte le deja de sonreír. Tal y como recoge el diario El País: "El Tribunal de Apelación de Milán ha rebajado hoy a 560 millones de euros la sanción impuesta al grupo empresarial del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, en concepto de resarcimiento al conglomerado CIR [...] por los daños patrimoniales causados en la pugna por el control de la histórica editorial Mondadori". En todo este proceso, que tiene a Silvio Berlusconi como símbolo y rostro de la editorial, algunos escritores italianos se plantaron. Es el caso del ensayista Vito Mancuso, quien tras publicar varias obras con Mondadori se preguntaba acerca de si es factible escribir ensayos sobre ética, política o moral "si después publico mis libros con una empresa que tiene un concepto bastante singular no sólo de la ética, sino también del derecho". Mancuso habla incluso de una situación de "tempestad en su con ciencia", pues reconoce las ventajas profesionales de seguir con Mondadori, pero no desea "tener nada que ver con quien especula con los apoyos políticos de los que goza". En varias declaraciones invita, de paso, a otros exitosos autores (como Roberto Saviano, quien paradójicamente había publicado Camorra en Mondadori), a enfrentar ese mismo dilema. Curiosamente, meses más tarde, Saviano se enfrentará al problema anticipado por Mancuso, pero desde otra perspectiva. Durante la ceremonia en la cual a Saviano se le concede el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Génova, éste dedicó su discurso a los fiscales de Milán responsables de la investigación contra el primer ministro italiano por abuso de menores de edad, afirmando que "están viviendo momentos difíciles sólo por haber hecho su trabajo de magistrados". Inmediatamente Marina Berlusconi, hija del premier y presidenta de Mondadori, aseguró al respecto: "Me horroriza literalmente que una persona como Saviano, que siempre declaró querer dedicar toda su energía a la batalla por el respeto de la libertad, la dignidad de las personas y de la legalidad, llegue a pisotear y por lo tanto negar todo lo que siempre ha proclamado". Esto deriva en una efusiva respuesta de Saviano en la que afirmaba que no era compatible su visión de la literatura con los presupuestos éticos de tal empresa. De este modo Saviano abandonó Mondadori, afirmando que no se ajustaba a su idea de lo que debía representar, no sin antes defender la honradez con la que trabajan en la editorial editores, correctores, etc. Otro autor que salió de Mondadori fue, por ejemplo, Gustavo Zagrebelsky, reconocido jurista italiano, que señaló que el conflicto nace de los valores que encarna Berlusconi. "un tema gravísimo, aún irresuelto".
 
Esta exposición de los hechos no pretende ser una crítica, sino el principio de una pregunta. Quizá debería haber abierto una interrogación al principio. Mondadori -que es tomado aquí sólo como un ejemplo llamativo- ha publicado algunos de los títulos más importantes e interesantes de la literatura contemporánea en España, y este hecho es innegable. Por lo tanto, no se trata de censurar -evidentemente-, ni de cuestionar el valor de lo literario -como bien señala Saviano- sino de plantear (y plantar) una reflexión más allá de lo estrictamente literario, más allá del formalismo al que últimamente parecemos estar destinados y que sólo se plantea cuestiones aislacionistas sobre el medio obviando toda historicidad y todo contexto. Evidentemente no tengo la respuesta, y no creo que exista una sola. Lo que sí sería deseable es que se abriera la posibilidad de debatir sobre el tema más amplio de las relaciones entre literatura y mercado. La pregunta, insisto, sería: ¿debemos analizar, a la hora de escribir, nuestra situación en el marco de la experiencia social? [Ahora bien, quizá nada de esto sea necesario, quizá nada de esto importe.]
 
 
[Continúa y concluye el próximo jueves.]

[Publicado el 22/7/2015 a las 13:15]

[Etiquetas: Alberto Santamaría, Ensayo, Citas]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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