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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 23 de octubre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Tantas veces Pedro / Alejandra Costamagna* sobre "Poco hombre" de Pedro Lemebel / Cita

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Pedro Lemebel (1952-2015) / Crédito de la fotografía, de su autor/a /

1. Lengua suelta

Me gustaba la cara que ponían los alumnos cuando leían por primera vez a Pedro Lemebel. Cuando lo escuchaban, en realidad, porque yo llevaba sus perlas, sus cicatrices y sus locos afanes, y de repente me lanzaba a leerlos en voz alta. Hablaba por su diferencia, yo. Por la diferencia de Pedro, que había cambiado su apellido paterno, Mardones, por el materno, Lemebel. Hablaba también yo por la diferencia de estos colegiales que llegaban a los talleres gratuitos de una corporación cultural en Santiago de Chile, buscando un lugar donde afilar sus plumas prematuras y dar un norte a sus vagabundeos comunes. Era todavía el siglo veinte y Pedro Lemebel, el agitador, el artista visual, el performer, el autor de libros de crónicas como La esquina es mi corazón, Loco afán o De perlas y cicatrices movía montañas con una fe propia: con el puro tesón del que defiende lo que es. Me acuerdo de la cara de estos colegiales cuando escuchaban que ser pobre y maricón era peor, que había que ser ácido para soportarlo. O que en la jarana ochentera, en la particular bohemia de los tiempos de la dictadura en Chile, había quienes bailaban "movilizadamente iracundos". Luego se largaban a escribir, los colegiales, y les brotaban unos textos atrevidos, llenos de rabia y de vida. Me gustaba también la cara que ponían otros alumnos de un taller más bien pijo, en el barrio alto. Pero esas caras me gustaban por otras razones. Ellos no sabían cómo reaccionar cuando escuchaban la crónica "Noche payasa", donde Lemebel cuenta la historia de una travesti que en, plena dictadura y a cinco minutos del toque de queda, se encuentra con el cuidador de un circo (un "macho man", dice Lemebel que piensa la travesti. Aunque en realidad Lemebel no dice travesti, sino "una loca patinadora incansable en su búsqueda de cumbia cachera"). El asunto es que pasan unas horas de fogoso amor entre las carpas del circo y el cuidador cae rendido de sueño. Y cuando la loca quiere irse, se da cuenta de que sus zapatillas han desaparecido. Y la única solución es calzarse unos enormes zapatos de payaso e irse corriendo y zapateando, de árbol en árbol, sorteando el toque de queda. Los alumnos pijos sacaban unas risas que no eran risas exactamente, sino una especie de pudor carcajeado. Y se ruborizaban también con el beso plantado por Lemebel a Joan Manuel Serrat en un encuentro con universitarios en Santiago, esa "sed carmesí de una boca chupona", que queda estampada en la crónica "El beso de Joan Manuel (tu boca me sabe a hierba)". Y se movían muy incómodos en sus asientos, los mismos alumnos pijos, con el relato de las veladas literarias en la casa de Mariana Callejas, "una inocente casita de doble filo", dice Lemebel, "donde literatura y tortura se coagularon en la misma gota de tinta y yodo, en una amarga memoria festiva que asfixiaba las vocales del dolor". Se refiere al taller literario que funcionó a mediados de los años setenta en la casa de una chilena de derechas, casada con un químico norteamericano. Y mientras los integrantes del taller, varios escritores de lo que en los años noventa se conocería como la Nueva Narrativa Chilena, hablaban animadamente de literatura, en otro piso de la casa el norteamericano, de nombre Michael Townley, programaba atentados, torturaba a detenidos políticos y experimentaba con armas químicas en ratas y humanos. Pero vuelvo a los alumnos de mi taller, que no funcionaba en ninguna casa de tortura, menos mal. Y digo que me gustaba ver esas caras contrariadas y ver que luego apuntaban, como que no quiere la cosa, los datos de este escritor hijo de panadero y ama de casa, nacido en 1952 en un barrio periférico de Santiago, un "piojal de la pobreza chilena", como lo describe él mismo, cercano a un río de flujo pestilente; este escritor tan sedicioso, tan lengua suelta que terminaba hechizándolos. Recuerdo la mujer que un día llegó a clases con un libro forrado en un papel con florcitas. Le pregunté qué estaba leyendo, qué había bajo esa envoltura. Eran las crónicas de sidario de Lemebel, que la mujer no se atrevía a llevar a cuero pelado en la cartera. En realidad, me lo confesó después, era para que su marido no la pillara leyendo a este escritor marica. Digo "marica" y no "gay", porque Lemebel tenía cierta reticencia con el término "gay". Más bien con lo que él llamaba "el modelo importado del estatus gay" que, lejos de confrontar al poder, se sumaría a sus mecanismos de dominio. Como sea, la palabra de Pedro Lemebel era una herramienta subversiva. Es posible leer sus libros, pienso hoy, como el retrato fragmentado de un país lleno de grietas. Lemebel sacaba su voz aleonada -como el mago que saca un conejo de adentro de un sombrero- para dibujar los contornos de un Chile homofóbico, clasista, segregado. Hacía aparecer lo que no veíamos. Y alumbraba esas orillas que conocía en cuero y carne muy propios. "Ojo de loca no se equivoca": así firmaba la columna dominical que mantuvo por años en el diario La Nación. Y nos prestaba esos ojos de loca para que nosotros, sus lectores dispersos, pudiéramos mirar lo que las luces y los brillos de un país enceguecido se empeñaban en ocultar. El conejo adentro del sombrero. Él vagabundeaba por sus orillas, que eran geográficas, pero también literarias. A través de sus crónicas urbanas, Lemebel no sólo borraba las esquemáticas fronteras entre los géneros, sino que revitalizaba la literatura local y daba sentido ciudadano a las palabras que nos propinaba en la cara.

 
2. Darle rodeos a los machitos de la esquina

Así parte presentándose el escritor en su "Manifiesto", subtitulado "Hablo por mi diferencia". Escúchenlo:

"No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?".

El texto completo, este manifiesto que estampa de una vez la bravura de Lemebel, fue leído por el autor como intervención en un acto político de la izquierda chilena en septiembre de 1986. Llevaba puestos unos zapatos de taco alto y su rostro había sido maquillado con una inmensa hoz negra, que iba del labio a la ceja izquierda. Diez años más tarde el texto sería parte de su libro Loco afán, crónicas de sidario. Y hoy es una de las setenta y tres crónicas reunidas en Poco hombre, el volumen curado por el crítico Ignacio Echevarría, que recoge textos de los libros La esquina es mi corazón, de 1995; el mencionado Loco afán, de 1996; De perlas y cicatrices, de 1998; Zanjón de la Aguada, de 2003; Adiós mariquita linda, de 2004; Serenata cafiola, de 2008 y Háblame de amores, de 2012. El libro fue publicado por ediciones Universidad Diego Portales en octubre de 2013, en Chile, un año y tres meses antes de la muerte del escritor, cuando ya había perdido la voz por un invasivo cáncer de faringe. La voz. Perder la voz para alguien como Pedro Lemebel es perderlo casi todo, porque sus textos abrevan del registro oral. Él era su voz; él leía sus textos en voz alta, a sala llena, con sus tacones y sus plumas -si la ocasión ameritaba-, en performances que han quedado en la memoria de su fanaticada. Él mismo decía que había llegado a la escritura sin quererlo, que iba para otro lado: "quería ser cantora, trapecista o una india pájara trinándole al ocaso", ha dicho. "Pero la lengua se me enroscó de impotencia y en vez de claridad o emoción letrada produje una jungla de ruidos". Varias de las crónicas de este volumen fueron escritas para ser leídas en radio Tierra, la emisora de un centro de estudios feministas, a mediados de los años noventa. Antes de eso, Lemebel había publicado una colección de relatos aún bajo el apellido Mardones. Y desde comienzos de los años noventa publicaba textos híbridos, entre el periodismo y la literatura, en la revista Página Abierta. Y antes, antes de todo eso, en 1987, el autor había formado el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis con su amigo Francisco Casas. Eran los últimos destellos de la dictadura y luego vendría el tímido amanecer de la democracia. Y las Yeguas irrumpían en actos, lanzamientos de libros o exposiciones con sus performances y acciones de arte. Cabalgar desnudos sobre un caballo blanco; besar en la boca y en público a un candidato a senador que luego ocuparía la presidencia del país; bailar cueca, el baile nacional chileno, sobre un mapa de Sudamérica lleno de vidrios; representar a Frida Kahlo en dos cuerpos de torso desnudo, con sondas de transfusiones de sangre y pintura al óleo sobre el pecho. Hasta que en 1997 ya no hubo más intervenciones colectivas y cada yegua siguió por su lado.


3. Vagabundaje lemebeliano

Ya lo han visto: yo debía hablar de un libro y estoy hablando de un escritor. Pero en este caso ambos van de la mano. Los libros, este libro de Pedro Lemebel, es el propio Lemebel. Son los tantos Pedros que hablan por su voz. Podemos leer Poco hombre, entonces, como una autobiografía involuntaria. Y también podemos leerlo como un libro de historia del Chile reciente. El lado B de esa historia, el lado disidente. Un libro en clave nocturna, bohemia, periférica, iconoclasta. El hablante de estas crónicas es un vagabundo de las letras locales, uno que está siempre "en la vereda del frente", que habita los callejones insomnes de las "marilobas", que no le teme a coquetear con la cursilería, que se apropia de la palabra escrita para generar una voz directamente hermanada con los códigos orales. "Yo recojo esos excedentes y los animo con el mariconaje embriagado de mis letras", nos advierte por ahí. Pedro Lemebel barre, todo el tiempo, la agresión de ciertas palabras signadas por la homofobia. El poco hombre, el mariquita, el coliza. El que saca esos vocablos de su contexto ordinario para adueñárselos y hacer con ellos un ramito de flores vivarachas. El que convierte la escritura en un lugar de disputa. El mago que ilumina los escombros y visibiliza lo que estaba oculto: ése es Pedro Lemebel. El que lo dice clarito en la prensa, con estas palabras: "El tema", dice, "es cómo seguir siendo alterador de un sistema tan cooptador. Bueno, tengo tretas, artimañas y mañas para entrar a palacio por la puerta de servicio, dejar los alacranes venenosos y salir como si nada". Pedro Lemebel, a fin de cuentas, como el que vaga y escribe para llevar a cabo su diferencia y sacar al sol esos cachitos de "india pájara, trinándole al ocaso".

 
* Alejandra Costamagna (Chile, 1970) es periodista y doctora en Literatura. Ha publicado las novelas En voz baja (1996), Ciudadano en retiro (1998), Cansado ya del sol (P2002) y Dile que no estoy (2007); los libros de cuentos Malas noches (2000), Últimos fuegos (2005), Naturalezas muertas (2010), Animales domésticos (2011), Había una vez un pájaro (2013) e Imposible salir de la Tierra (2016), y el compilado de crónicas Cruce de peatones (2012). En 2003 obtuvo la beca del International Writing Program de la Universidad de Iowa, Estados Unidos. Su obra ha sido traducida al italiano, francés y coreano. En Alemania le fue otorgado el Premio Literario Anna Seghers 2008 al mejor autor latinoamericano del año. Este texto fue leído en el marco de las Converses Litèraries a Formentor celebradas entre el 22 y el 24 de septiembre de 2017.

[Publicado el 02/10/2017 a las 12:00]

[Etiquetas: Alejandra Costamagna, Pedro Lemebel, Cita]

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"El hombre que bebía demasiado" / Thomas Harris / Cita

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EL HOMBRE QUE BEBÍA DEMASIADO

 

Et tu bois cet alcool brûlant comme ta vie
Ta vie que tu bois comme une eau-de-vie.
Apollinaire

 

Hubo una madrugada sentada sobre mi pecho oprimiendo
con sus nalgas oxidadas mi duermevela y un cielo que se sacudía
de todas sus constelaciones como un perro sus pulgas friolentas
en esa misma madrugada sin techo que cobijara sus fantasmas
       desfallecidos,
una madrugada como diosa oquedal sobreviviente a la matanza
       del paganismo,
una madrugada así donde creí que inventaba la sed.
Recuerdo mis manos temblorosas
en el acuario lívido de esa madrugada
donde nadaban como peces jabonosos
buscando una botella en cuyo fondo vacío
se resumían las formas del Universo.
Recuerdo mis manos en la tembladera,
incapaces de pacer como dos mansas bestias
sobre cuerpo de mujer ninguno, dos flores marinas
agitadas por el alcanfor de la sed,
dos nenúfares, dos corales, mis temblorosas manos,
en esa madrugada donde yo inventaba la sed, la primera sed.
Yo soy el hombre de la primera sed
porque inventé en mí la sed.

Yo soy el hombre de la primera sed,
antes de mí ninguna sed se expandió
hasta el tamaño de la bola del mundo,
hasta el tamaño de las inaccesibles constelaciones,
del tamaño de Orión, de Omega, de Alfa Centauro,
mi sed galopó aguijándole los ijares sudorosos a Alfa Centauro,
acezante, relinchando,
media hombre, media caballo, centauro
jadeante, espumosa,
ola que no halla costa donde morir su hervor,
mi sed se desató con la primera explosión,
con cualquiera de los inicios del Universo,
de Génesis en Génesis errabundos por libros sagrados de
       mustias civilizaciones.

Al principio, era apenas una humedad
insinuada en las raíces primordiales de los helechos,
pero se desató como esas tormentas de agosto al sur del mundo,
esos aguaceros sin más aviso
que el viento norte y el aroma a plesiosaurio
sobrenadando las nubes grises,
esas tormentas que desatan a la multitud
despavorida en las ciudades
entre las luces de los autos
y los reflejos que confunden lo real y lo aparente,
lo dual y el reflejo, el cristal, el espejo y lo reflejado.
Y se expandió mi sed por los núcleos informes,
que hervían amalgamados en los pantanos
del Primer Día de la Creación y ardí de garganta en garganta
de los primeros organismos insinuados en lo informe,
antes del mismo ADN ya estaba posada mi sed
en su taburete de cristal glauco, acuoso,
en el tiempo bárbaro de las licuefacciones,
y se vino espirituosa por los hipotéticos
torrentes sanguíneos de la humanidad recién apareándose,
se metió entre esas cópulas niñas, torpes, hermafroditas,
de sexos entreverados con el barro,
hasta desembocar en los torrentes sanguíneos
en istmos temblorosos,
de glóbulo en glóbulo,
una viuda vinagre montada en un esparadrapo,
un ponche orgánico,
mi sed se detuvo en la garganta de los primeros desesperados,
en praderas fetales,
mi sed navegó sobre los dones de todos los diluvios
       menguantes.
Mi sed con alma propia
muda desolada agreste
oscilante con la perplejidad del bruto
exasperada
entre las ferias y los malecones.
Yo soy el hombre que tuvo sed una mañana mustia
de un mes derruido
en una hora detenida
en un segundo coagulado
en un instante reseco de un día varado en el Mar Muerto.
Había madrugadas, había noches, había tardes, había
       mediodías,
en los que despertaba en una playa
una playa de zarzas incendiándose,
y abría mi boca y mi garganta
era una especie de vulva reseca,
el sexo del cadáver de una muchacha muerta en esa playa,
el sexo de una muchacha
muerta hacía algunos días semienterrada en la arena,
(una muchacha asesinada por un padre celoso)
cubierta de huiros,
aristas de botellas rotas y percebes en sus muslos,
del que emergían corales, esporas, pedúnculos,
sargazos de alcohol puro
que comenzaban a trepar como hiedra
por unos acantilados de cartón piedra, falsos,
hacia un cielo de nubes pedregosas,
hacia un sol blanco,
un ojo nublado cuyo iris era mi propia garganta desflecada
que cubría el panorama numinoso inverso de la playa
donde el día anterior se había librado una batalla sangrienta,
un desembarco atroz,
y eran cadáveres o sandías reventadas, podridas,
papel higiénico, astillas,
algas mustias, un pequeño monstruo marino
adobando sus vísceras al sol, hojas de afeitar ensangrentadas,
y los pájaros costeros correteando sobre mi cuerpo,
persiguiendo los flujos y reflujos de la resaca,
la madre resaca, la resaca madre.

Porque hay borracheras, como hay mujeres,
que pueden cambiar nuestra vida.

Porque hay borracheras, como viajes,
que pueden quedar tatuadas en nuestro destino.

Porque hay borracheras, como viejos sabios,
que pueden susurrarnos koanes
en nuestros oídos.

Para desvanecerse a la mañana siguiente,
donde sólo es real la sed.

 

En:
Thomas Harris
En el mismo río (antología personal)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2017

[Publicado el 08/8/2017 a las 15:00]

[Etiquetas: Thomas Harris, Poesía, Ediciones Universidad Diego Portales, Cita]

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"Teoría de la poesía" / Un poema de Clemens J. Setz

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El escritor austríaco Clemens J. Setz / Crédito de la imagen, de su autor/a /

Una cantidad infinita de monos
Con máquinas de escribir, se dice,
Podría llegar a producir en algún momento
Todas las obras de Shakespeare.
 
Y a continuación la obra de Dante,
Joyce después, Goethe, Kafka,
Dickens,
Dostoievski.
 
Más tarde, después de un par de meses,
Algunos textos propios sobre cosas como
Patas, árboles y
El eterno retorno.
 
Más tarde, de nuevo, algo de Dostoievski
Y todo Shakespeare, una vez más, desde el comienzo,
Línea por línea.
Y en medio textos sobre árboles,
Sobre patas, sobre bananas,
Y sobre el eterno retorno.
 
 
Clemens J. Setz *
Die Vogelstrausstrompete [La trompeta de avestruz]
Berlín: Suhrkamp, 2014.
Pág. 51
 
 
*Nació en Graz (Austria) en 1982, estudió matemática y germanística, obtuvo numerosos premios por su libro de relatos Die Liebe zur Zeit des Mahlstädter Kindes [El amor en los tiempos del Niño de Mahlstadt] (2011) y las novelas Indigo (2012) y Die Stunde zwischen Frau und Gitarre [Las horas entre una mujer y una guitarra] (2015): sólo la habitual incomunicación entre las escenas literarias española y germanohablante (y los malentendidos que se derivan de ésta) explica por qué Setz, uno de los escritores europeos más importantes de su generación, no ha sido publicado en español hasta la fecha.

[Publicado el 20/4/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Clemens J. Setz, Poesía, Cita]

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Mercedes Cebrián / Tres poemas de "Malgastar"

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Derecho a la información
 
En virtud del artículo 20 de la Constitución del 78
no han de ocultarnos lo que sucede
a nuestro alrededor y sin embargo yo sólo puedo
intuir, mirar por la mirilla desde fuera,
pensar que quizá sí o quizá no,
sumar las pistas, honrarlas como añicos
de una vasija griega, exhumar
los rasgos de esa cara con la que me topé
en plena excavación.
 
El testimonio oral me ayudaría tanto
a la reconstrucción, porque no creo en los cuerpos
sino en su parloteo, en el dispositivo que produce la charla.
 
Alguien me dijo un día: "no te vuelvo a contar nada
porque después te acuerdas
de lo que te conté".
Pensé que eso era bueno y resultó
que no. "Es como si un análisis de sangre,
de tan exagerado, se hubiese convertido
en transfusión". Esa fue su respuesta.
 
La explicación no se parece en nada al tenedor
que pedimos al ver unos palillos en la mesa.
Si finalmente llega, el asunto es más bien
qué hacer con todo eso. La información la imagino
caliente y en la mano, como esos polluelos
que se caen por error del nido tras nacer. Si son
puro temblor, si son muy feos. Me recuerdan a mí,
con el pico muy abierto
en busca de algo más.
 
 
Adopción (quasi una fantasia)
 
La orfandad cobra formas insólitas
hoy día: ya no es niño harapiento y tiznado,
ya no es bebé pasado por el torno. El apellido Expósito
es capaz de un trayecto vital
como otro cualquiera.
 
He aquí la fantasía del adoptador: "le voy a dar un hogar
cálido y confortable donde no haya tristeza; le voy a dar
la mejor educación", pero la niña china
viene mal ensamblada de fábrica y el milagro
no es tal. Made in China el dolor. Se superpone
el cariño de la pareja nueva
con una vida previa. Es el pasado de la niña
un palimpsesto incómodo.
 
 
Una persona menos por aquí
 
Qué cosas miró y cómo; quién le abombó
el cristalino para mirar así
y no de otra manera. Fue el resultado,
la consecuencia de aquello fratricida que tanta fama dio
a nuestro país. Tantas fotografías de la contienda
y de lo posterior, tantas chicas y chicos
con mellas en los dientes, tantos zapatos crónicamente sucios.
 
Vivió en el peor gris, pero a ella le gustó el gris en que vivió,
las llaves del sereno entrechocando
como una sonaja que da seguridad en la metrópoli
de la alpargata seca.
 
Y luego se hizo causa: la causa
de mi caminar fuente de burlas. Fue, por lo tanto origen, resultado
y secuela, y todo eso alternando entre ella y ella misma.
 
Algunos de sus collares no diferían mucho
de los de Doña Carmen
Polo. Otros eran imitación
de los de Tita Thyssen.
Fue a China: no le gustó ver a los chinos escupir
por doquier. En cambio los fiordos, mucho mejor, pero
carísima la cerveza en Bergen.
Tuvo suerte: no le faltaron los dientes de delante, solo unas
cuantas muelas. Disimuló. El colesterol bien: pudo comer lechazo
y gambas con gabardina mientras quiso,
hasta casi el final. (Ese podría ser el epitafio
para alguien español).
 
 
Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) ha publicado ficción, poesía y ensayo. Su último libro es el poemario Malgastar (La bella Varsovia, 2016). Sus relatos, poemas y ensayos han aparecido en Revista de Occidente, Letras Libres, Eñe y Diario de Poesía (Argentina), y en antologías como Cuento español actual (Cátedra, 2014). Colabora asiduamente con los suplementos El Viajero y Babelia de El País y Cultura/s de La Vanguardia. Asimismo, ha traducido al castellano a Georges Perec y Alan Sillitoe. Ha sido becaria de literatura en la Residencia de Estudiantes de Madrid y en la Academia de España en Roma, así como escritora residente en el Civitella Ranieri Center de Perugia. Tiene un Máster en Estudios Hispánicos por la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.)

[Publicado el 04/4/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Mercedes Cebrián, Poesía, Citas]

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Pasos a campo abierto / Dos poemas de Amalia Iglesias Serna

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DECIR UNA GUERRA
 
No se oxidan las latas de conserva
en los gabanes de los soldados muertos.
 
Alguien escondido en la despensa
raciona el azúcar a los niños,
sigue encendida la hoguera donde arden las cosas de la casa.
 
Apenas quedan pedazos memorables,
sus labios dicen palabras como estraperlo,
pólvora, racionamiento, maquis, milicianos.
 
Las trincheras casi intactas más arriba del monte,
círculos de piedra sobre piedra,
parecen restos de crómlech o improvisadas cabañas infantiles
y más lejos un campo de regaliz, retamas, manzanillas
y grandes serpientes plegadas como una bola,
uróboros deslizándose por las linderas.
 
Escondidos en la cueva,
escucharon durante horas aullar al perro sobre una tumba.
La figura del santo atravesaba los pastizales
para cambiar de bando cada noche.
En El Dueso un hombre con los dedos mutilados
gritó su nombre para llevarlo a fusilar;
pero los presos dijeron que ya no estaba.
 
Muchos años después
quedaban leyendas de tesoros abandonados en la huida,
polvorines enterrados en lugares secretos,
casas en ruinas, y campos de cultivo regados de metralla.
 
Alguien sembró patatas a oscuras en un rincón del huerto,
alguien las desenterró pocas horas después.
A escondidas robaban el arroz a las gallinas.
EI pan era muy negro.
Se alimentaba de cortezas de naranja.
Cómo perdura el hambre en la memoria.
 
 
LAS HUELLAS DE LOS OSOS
 
Si la belleza es verdad y la verdad belleza
para mirar de frente los espejos sin fondo,
la ausencia que perdura después de su intemperie,
los signos que descifran plenitud a su paso.
 
Es nuestro este momento tendido entre los siglos
y el tiempo en su trineo nos lleva mundo abajo.
En la ladera nevada el blanco nos escribe
cotillo desdibujado en nuestros ojos,
después los valles que fermentan los nombres,
la forma fértil de duda o de quimera
y el instante para ser feliz sin simulacro.
 
No queda vértigo en los rojos escaramujos de diciembre.
Solo en nuestras pupilas perduran los lugares,
los gestos que nos miran detrás de los deshielos.
 
Yo quiero ser alguna vez de la memoria
en el blanco corazón del paraíso,
las huellas de los osos que sin estar estaban,
pasos a campo abierto, sin nostalgia ni excusa.
 
 
* Nacida en Menaza (Aguilar de Campoo, Palencia) en 1962, Amalia Iglesias Serna es autora de Un lugar para el fuego (1984), Memorial de Amauta (1987); Dados y dudas (1995) y Lázaro se sacude las ortigas (2oo6). Los poemas presentados aquí forman parte de La sed del río, XIX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca; con los caligramas de Tótem espantapájaros (Madrid: Abada, 2016), La sed del río es el retorno de su autora a la primera línea de la poesía española contemporánea tras diez años de ausencia.
 
 
Amalia Iglesias Serna
La sed del río
Madrid: Reino de Cordelia, 2016
Pp. 29-31 y 85-86

[Publicado el 10/1/2017 a las 14:30]

[Etiquetas: Amalia Iglesias Serna, Poesía, Citas]

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Acerca de los "Diarios tempranos" de José Donoso / Escribe Cecilia García-Huidobro / Cita

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No se sabe exactamente cuándo empezó Donoso a escribir los diarios.
 
Probablemente haya sido en su viaje a Punta Arenas en 1945, a los veinte años. Pero el primero de ellos que se conserva, rotulado por él mismo como «A», es de 1950 y lo escribió durante su estadía como estudiante en la Universidad de Princeton, a donde llegó gracias a una beca de la Doherty Foundation que le ayudó a conseguir Inés del Río, doña Momo, la madre de su amigo Fernando Balmaceda.
 
Está escrito en su mayor parte en inglés y, entre otras cosas, elabora bocetos para lo que serán los dos primeros cuentos que publicó, en una revista de la universidad, MSS, «The Poisoned Pastries» y «The Blue Woman», y otros que nunca publicó, como «Tea» o «Maundy Thursday». Había varias revistas en Princeton y MSS intentaba abrirse camino gestionada por los propios estudiantes.
 
Así lo relata Robert Keeley, compañero y amigo de Donoso además de director de la publicación, en un texto que publicó tras la muerte del escritor: MSS Revisited. Para financiarla decidieron vender suscripciones, y en ello Pepe desplegó todo tipo de estrategias, desde instalarse con una mesa a venderlas hasta hacer puerta a puerta a los alumnos en sus dormitorios. Según Keeley, «el elemento más efectivo de su capacidad de venta era su persistencia, su habilidad para convencer a cautelosos estudiantes de años superiores que según él cometerían un grave error si es que la rechazaban. Generalmente se invitaba solo a la pieza, sin preguntar; tomaba posición en algún asiento desocupado y daba la impresión de que no podía irse de la residencia hasta que le colaboraran. Un dólar no es tanto dinero cuando se necesita para conseguir paz y calma. De esa forma José vendió más de doscientas suscripciones, mucho más que todos los demás miembros de MSS juntos. Alcanzamos un total de trescientas cincuenta y decidimos continuar» (Keeley, 1998).
 
Una experiencia que debe haber sido muy útil cinco años después cuando publicó su primer libro, Veraneo y otros cuentos, autoedición que financió recurriendo a un sistema semejante de venta anticipada para conseguir el dinero que le permitiera pagar la impresión. Era uno de esos pocos momentos en que Donoso veía confluir su vocación literaria con esa atracción por lo socialité que siempre lo acompañó, ya que de la venta participaban sus amigos, familia y toda una red de contactos de esa clase social que su obra se ocupó de retratar descarnadamente. Su primera novela, Coronación, siguió el mismo camino de comercialización. Aunque la publicó la editorial Nascimento, le entregaron 700 ejemplares como derecho de autor, con la salvedad de que debía venderlos de manera informal. Nuevamente se activó la red.
 
[...]
 
Me pregunto cómo interpretar el hecho de que el primer cuaderno de Donoso fuese en realidad un notebook. ¿Es casualidad? ¿Usó el inglés como exploración de un lenguaje propio, como máscara encubridora? ¿Sencillamente porque se encontraba en Princeton?
 
Puede ser que esa lengua no fuera precisamente un exilio para él, como pudo haber apostado inicialmente. El desplazamiento vital de Donoso no parece emerger del dilema de en qué lengua escribir.
 
Si lo tuvo, lo despejó pronto. En cualquier caso, el idioma estuvo siempre entre las inquietudes de nuestro autor. En 1970, por ejemplo, apunta en su cuaderno: «Quizás si hallara en español un ejemplo de escritor que influyera en mi estilo, como Virginia Woolf influye en inglés, sería fácil. Pero [es] evidente que soy poco sensible al idioma español y su belleza. Daría mi vida por escribir en inglés. Pero tampoco puedo» (Cuaderno 43, Universidad de Princeton). A lo mejor en sus estadías en Buenos Aires había leído a Oliverio Girondo, a quien también en algún momento le incomodó el castellano y llegó a decir que «hasta Darío, no existía un idioma tan rudo y maloliente como el español» (Girondo, 2014: 82). Como fuere, lo suyo serán las mudanzas, la impostura, la usurpación. El trasvasije de una lengua a otra, de una lectura a muchas.
 
No volvería a escribir en inglés en los casi cincuenta años que mantuvo el diario, aunque solía, al igual que en la conversación, salpicar sus textos de expresiones y frases en ese idioma. Los escribirá en español y los mantendrá casi hasta su muerte el año 1996. La última entrada es de noviembre de 1995, aunque ya se habían espaciado mucho: hay un solo registro ese año y casi no hay de 1994, en cambio en 1993 escribe bastante, sobre todo durante su estadía en Washington.
 
 
Del "Prólogo" de Cecilia García-Huidobro a:
José Donoso
Diarios tempranos. Donoso In Progress, 1950-1965
Cecilia García-Huidobro (Ed.)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2016
Pp. 20-22

[Publicado el 11/11/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: José Donoso, Cecilia García-Huidobro, Citas, Prólogos]

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"¿Sabremos algún día quién eres?" / Una entrevista a Elena Ferrante / Cita

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"Anonimity" / Una obra de Chaney Trotter / Crédito, de su autora /

¿Nunca te has arrepentido de tu decisión de ser anónimo/a? Al fin y al cabo, las reseñas tienden a ocuparse más del "misterio de Elena Ferrante" que de la calidad de tus libros. Al poner el énfasis en tu supuesta personalidad, ¿los resultados no son lo opuesto de lo que esperabas?
 
No, no me arrepiento. Según lo veo yo, tratar de acceder a la personalidad de un escritor escarbando en las historias que ofrece, los personajes que pone en escena, los paisajes, los objetos, en entrevistas como esta (siempre, y sólo, breves) y recurriendo a la tonalidad de su escritura no es otra cosa que una buena manera de leer. Lo que llamas "el énfasis" me parece honesto si se basa en las obras y en la energía de las palabras; muy distinto es el de los medios de comunicación, la preeminencia del ícono del autor sobre su trabajo. En el último caso, el libro funciona como la camiseta de una estrella de la música pop, la cual, sin el aura de la persona que aparece en ella, se vuelve completamente insignificante: ése es el énfasis que no me gusta.
 
¿Te molesta que se sospeche que tu trabajo es el producto de varias personas?
 
Me parece un buen ejemplo para la conversación que estamos teniendo. Estamos habituados a derivar la coherencia de las obras de la de su autor, no la del autor de la de sus obras; un hombre o una mujer ha escrito unos libros y esto nos parece suficiente para convertir esto en parte integrante de la obra: hablamos con simpleza sobre los orígenes del escritor, sobre sus libros exitosos y aquellos que no lo son tanto; decimos que ha encontrado su voz inmediatamente, que ha experimentado con diferentes géneros y estilos; reconocemos unos temas recurrentes, unas circunstancias, una evolución o una involución. En contrapartida, tenemos Mentira y sortilegio y Araceli, pero no una escritora llamada Elsa Morante. Estamos tan poco habituados a comenzar por los textos, por mirar en ellos en busca de coherencia o disparidad que el caso contrario nos confunde rápidamente. Habituados a la supremacía del autor, cuando no hay autor, o ha sido removido, comenzamos a ver distintas "manos", no sólo en el tránsito de un libro a otro, sino también de página en página.
 
Entonces, ¿Sabremos algún día quién eres?
 
Soy Elena Ferrante: he publicado seis libros en veinte años. ¿No te parece suficiente?
 
 
En:
Elena Ferrante
Frantumaglia: Bits and Pieces of Uncertain Origin
Trad. Ann Goldstein
Nueva York: Europa Editions, 2016

[Publicado el 13/9/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Elena Ferrante, Citas]

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"Nuestra mayor ambición fue ser como lapas y parásitos" / "La repetición" de Ivica Djikic / Cita

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Anka se sentó al ordenador en su habitación, para cederle enseguida el sitio a Dijana, cuyo móvil empezó a sonar nada más sentarse. La llamaba fray Ljubo.
 
-Justamente estaba abriendo el correo -dijo ella.
 
-Fray Ivo quiere hablar contigo. -La voz de fray Ljubo sonaba formal. Se comportaba como un niño ofendido. Como Marko, también solía retirarse de repente y minar todos los accesos. Al hacerlo fray Ljubo parecía aún más infantil que Marko.
 
-¿Puedes llamarme al fijo?
 
Le dictó los números que Anka le iba indicando con los dedos de las manos. El teléfono rojo y plano de la marca Iskra sonó estridente sobre el escritorio barato. Fray Ljubo se limitó a pasarle el auricular a fray Ivo. Le preguntó por su salud, le hizo comentarios sobre la nieve, que este invierno abundaba, le preguntó cómo le iba en Zagreb. Por su parte Dijana le preguntó cómo se encontraba, le habían dicho que estaba delicado. El sacerdote se rió, a su edad ya no se podía estar bien.
 
-Quiero dictarle un nuevo prólogo, Dijana -fray Ivo fue al grano-, que sustituirá al anterior. ¿Tiene usted papel y lápiz?
 
-¿Un prólogo nuevo? ¿No resultaría más sencillo que fray Ljubo lo teclee y me lo envíe por correo electrónico?
 
-Para mí resulta vital dictarle cada una de mis palabras, que usted sepa que son mías. Hágale este último favor a un viejo fraile bosnio...
 
Sin mucho entusiasmo Dijana sacó de su bolso un lápiz y un bloc de notas. Anka estaba estirada en su cama con los ojos cerrados.
 
-Título: A modo de prólogo. Nosotros en Šćit de Rama... ¿Está escribiendo?
 
-Sí.
 
-...Nunca nadie nos ha necesitado o lo que todavía es más dañino en ocasiones alguien nos necesitó por poco tiempo y al ser ingenuos como somos nada más sentir que alguien se percataba de nuestra existencia nos convertimos en perros dispuestos a morder y matar y a llevar una vida de perros y que nos rechazaran asumiendo ser una carga tanto para los nuestros como para los de fuera porque nunca hemos llegado a entendernos a nosotros mismos y los otros ni lo intentaron nuestra mayor ambición fue ser siempre como lapas y parásitos que por unas migajas bautizan a los niños perdedores durante décadas nuestro sufrimiento y rabia no pudieron dar más de sí que un par o tres de poetas y el mismo número de bandoleros y unos cuantos mitos no hemos aprendido otra cosa que a ser más desconfiados y tozudos que nadie no rectificar en el error bien al contrario cortarle la cabeza o proclamar traidor a cualquiera que nos diga lo que no queremos oír y por ello sufrimos orgullosos y aguantamos de manera masoquista los vencedores nos intentaron echar con fuego y agua y nosotros resistimos solo para poder ir desapareciendo con elegías de prados floridos y campanas de iglesias nos quedamos para poder autoinfligirnos daño herir a los más cercanos la destrucción siempre fue nuestra respuesta a los desafíos del mundo la destrucción sin un ápice de reflexión
 
-¿Voy demasiado rápido, Dijana, se le cansa la mano?
 
-Siga usted...
 
... pues no puede haber reflexión allí donde reinan los plañidos o los juramentos guerreros para ver el mal en ti no basta con tener una buena alma hace falta una inteligencia que no esté ofuscada destruir los puentes hacia los prójimos es nuestra primera reacción no conocemos otra cosa que el instinto por eso no nos necesita nadie los salvajes de la frontera entre el mundo oriental y occidental han convertido la iglesia en su nido de ametralladoras ustacha sobre esta tierra partisana incendiada vergonzosa e inútilmente vivirá nuestra fe desviada durante varios siglos las vigas devoradas por el fuego en lugar de San Pedro son los fundamentos de nuestra iglesia y nuestra identidad la esencia de nuestra visión del mundo justificamos de mil maneras a los ustacha que tranquilamente observaban cómo los chetniks nos degollaban en octubre de 1942 nunca perdonamos a los partisanos que incendiaran el campanario y mataran a dos hermanos en paz descansen y si alguien discrepaba yo nunca había sido tan valiente como para ser uno de ellos estaba condenado a ser objeto de chismorreos y humillaciones maltrato burocrático y aspavientos en las altas y profundas esferas y así hasta el día de hoy con el beneplácito de la bendita madre Iglesia los más inteligentes y más sabios entre nosotros son utilizados por cualquier don nadie y sinvergüenza para demostrar a costa de otros la autenticidad de su propia fe nosotros honramos a nuestros verdugos convertimos en santos a los débiles e inútiles que nos han convencido de que cuidarían muy bien de nosotros justamente los mismos que siempre nos traicionaban mentían y engañaban y cada vez pensábamos que no volverían a hacerlo pero luego vimos que sí podían y que sí iban a hacerlo porque no saben ni les importa lo mismo en 1942 que en 1992 y para siempre nosotros seremos una especie de estructura volátil y medio primitiva que se debate entre lo que podría haber sido y lo que ha quedado de ella entre sí misma y sus negligentes tutores...
 
-Fray Ivo, por favor, un momento...
 
-... entre el sentido común y...
 
-Un momento, fray Ivo, me duele la mano...
 
-Ay, perdone, Dijana, por qué no me lo ha dicho...
 
-¿Queda mucho?
 
-No tanto...
 
-Me parece que ahora la nieve cae con más fuerza.
 
-Aquí también, por lo que puedo ver. No salga hasta que amaine.
 
-Podemos seguir...
 
-Bien, bien... Dictaré más despacio. ¿Dónde estábamos?
 
-«... entre sí misma y sus negligentes tutores entre el sentido común y...»
 
-... entre el sentido común y las visiones sonámbulas de nuestros líderes y dirigentes somos las sobras de de la historia y de la congoja bastaría una sola pequeña guerra más en la que por supuesto estaríamos del bando equivocado para que nos fuéramos diluyendo hasta volvernos irreconocibles nuestra especificidad humana e identitaria será objeto de una investigación histórica extravagante y de la ficcionalización la ficción nos encaja mejor la prueba de ello es al fin y al cabo el libro que por desgracia tiene ahora entre sus manos y cuya publicación no puedo impedir en deferencia hacia otras y queridas personas que invirtieron mucho esfuerzo en él... Dijana, aquí sobre todo pienso en usted y en fray Ljubo, quiero que lo sepa.
 
-¡Pero fray Ivo, este es un prólogo completamente diferente! ¡Con un sentido completamente distinto! De hecho, difícil de entender...
 
-Espere, Dijana, por favor...
 
-Fray Ivo, perdone, pero no podemos publicar el libro con un prólogo como este. Podemos no publicar el libro, ¡pero no podemos publicar el libro con este prólogo! ¿Qué dice al respecto fray Ljubo? ¿Está allí con usted?
 
-Déjese de fray Ljubo, nosotros dos ya arreglaremos lo nuestro. ¿No es así, fray Ljubo?
 
-¡Pásemelo!
 
-Dijana, querida, le ruego que abreviemos el asunto y lo simplifiquemos, porque en cualquier momento puedo volver a encontrarme mal. Puede publicar el libro con este prólogo, que dicho sea de paso no ha terminado de escuchar, o no publicarlo en absoluto. Yo rezaré con todas mis fuerzas para que se decida por lo segundo.
 
-He escuchado lo suficiente.
 
-¿No quiere escucharlo hasta el final?
 
-No, he entendido de qué se trata.
 
-Si es así fray Ljubo le enviará el texto completo por correo electrónico. Por si acaso. Adiós.
 
-¿Significa eso que ya no cuenta con que vaya a Šćit?
 
-Hay temporal, hay mucha nieve y yo estoy delicado. Nos hemos entendido. Usted es una mujer inteligente. Adiós.
 
Dijana colgó el auricular del viejísimo teléfono de la mesa de Anka y soltó una palabrota en voz alta. Durante todo ese tiempo Anka permaneció estirada en la cama, vestida. No dijo nada. Esperaba a que Dijana dijera algo, pero esta se había cubierto la cara con las manos.
 
-¿Tienes frío? ¿Quieres que suba el calefactor?
 
-No, está bien así -dijo Dijana y se enderezó-. ¿Puedo hacer una llamada?
 
-Sí, por supuesto. ¿Estás bien?
 
-Fray Ivo ha cambiado el prólogo. Este maldito prólogo nuevo le quita todo el sentido al libro. Dos años de trabajo... -dijo.
 
Marcó el número de fray Ljubo. El teléfono sonó largo rato antes de que él contestara desganado. Hablaba en voz baja y neutra, como hablan los políticos exitosos, de forma tranquila y distanciada, justo lo opuesto al nerviosismo de ella. Le iba repitiendo que todo iría bien, que lo más importante ahora era la salud de fray Ivo y que el resto se arreglaría de una forma u otra, no hacía falta vivir las cosas como una tragedia. La estaba castigando. La castigaba por la nieve que había borrado las carreteras, razón por la que ella no había podido llegar a Šćit, la castigaba por no haber leído todavía su mensaje, por haber sido tan firme a la hora de ignorar educadamente su encanto, por el que él estaba dispuesto a dar un vuelco a su vida. Disfrutaba castigándola. Dijana no le podía decir qué opinaba sobre su comportamiento, porque Anka estaba presente. Colgó. Volvió a taparse la cara con las manos.
 
 
Ivica Djikić
La repetición
Trad. Maja Drnda y Christian Martí
Barcelona: Sajalín, 2016
Pp. 48-53
 
(Nacido en Tomislavgrad, Bosnia-Herzegovina, en 1977, Ivica Djikić es considerado una de los autores más originales de la nueva literatura balcánica. Periodista desde los diecinueve años, ha sido redactor y coeditor del periódico político-satírico Feral Tribune, galardonado con varios premios internacionales por su independencia y actitud crítica frente al gobierno de Croacia durante la guerra de los Balcanes. Debutó como escritor con Cirkus Columbia [Sajalín, 2011], novela que obtuvo en 2004 el prestigioso premio Selimović a la mejor obra de ficción de Croacia, Serbia y Bosnia-Herzegovina, y fue adaptada al cine por Danis Tanović. Su segunda novela, Soñé con elefantes [Sajalín, 2013], ganó el premio Hrvatski Telekom a la mejor novela publicada en 2011 en Croacia. Es autor, además, de un libro de relatos y de dos polémicas biografías: la del ex presidente de Croacia Stipe Mesić y la del general Ante Gotovina. Su última obra publicada es una novela documental sobre la masacre de Srebrenica. En la actualidad vive en Zagreb y es redactor jefe de Novosti, semanario de la comunidad serbia de Croacia.)

[Publicado el 31/8/2016 a las 18:45]

[Etiquetas: Ivica Djikić, Novela, Sajalín, Citas]

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Literatura y cierta idea de proletariado / "Mierda bonita" de Pablo Gisbert / Cita

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La claridad de El Roto / Crédito, de su autor.

Dos amigas están hablando y una de ellas le dice a la otra: Desde hace un tiempo veo a grandes escritores, políticos de todas las corrientes, poetas, músicos, cineastas importantes y prestigiosos intelectuales ensalzando la idea de pueblo, la idea de proletariado. Que sepas que todos esos, todos esos que lo veneran, lo adoran y constantemente lo aplauden, no han vivido nunca entre el pueblo, no han vivido nunca entre el proletariado. Se han pasado la vida poetizando sobre él, cantándolo, teorizándolo, especulándolo, divinizándolo, pero sin él. Porque estos artistas, políticos e intelectuales no han visto realmente lo asqueroso del pueblo, lo bajo de sus emociones, la tristeza del proletariado, lo perverso de sus vidas. Porque los que poetizan, politizan e intelectualizan el pueblo no han comido nunca en sus mesas, no han dormido nunca en sus camas, no han caminado por donde ellos caminan, no han cagado en sus lavabos, no han cocinado en sus cocinas y, sobre todo, nunca han hablado con ellos. Porque si hubieran hecho alguna de esas cosas, sabrían que el pueblo, por sobornable y corrupto, se merece todo el dolor que pueda soportar. Los que venimos del pueblo, los que hemos sido criados y educados por ellos, por el proletariado, los que hemos dormido en literas, vivido en casas pequeñas y usado ropa de otros, sabemos que ahí no hay nada poético ni artístico ni entrañable ni sano ni bueno. Hay una proyección nostálgica y sentimental, una emoción blandengue que hace agua por todas partes y que no deja pensar. La idea de pueblo es triste y, sobre todo, está muy manoseada. Todo el mundo habla y la manipula, como estoy haciendo yo ahora mismo. El proletariado es lo peor que le ha pasado a la Historia. El proletariado llena las playas, los ejércitos, los centros comerciales, los puticlubs, las iglesias y las fábricas. ¿Qué puede salir de todo esto? Y después oyes cómo hablan, ves cómo se ríen, cómo se emborrachan, cómo expresan cariño, y se entiende todo. Y he decidido alejarme de ellos porque no me hace ningún bien pensar qué pasará cuando vuelvan, otra vez, a lo que fueron en un principio, y pasen de ser ciudadanos a ser, otra vez, esclavos. Y me da pena.
 
 
En:
Pablo Gisbert
Mierda bonita
Segovia: La Uña Rota, 2016
Pp. 107-108

[Publicado el 05/5/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Pablo Gisbert, Dramaturgia, La Uña Rota, Citas]

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Tres poemas de "Crónica natural" de Andrés Barba / Cita

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CANGREJOS
 
A los cangrejos había que echarlos vivos a la paella.
Verdes cangrejos de criadero marino
que en las bolsas
o no en las bolsas 
en el papel de estraza, 
un papel gris satinado que resbalaba en las manos, 
iban arañando como las inocentes
víctimas de un thriller mensajes cifrados 
a los cangrejos libres de este mundo. 
Eran en realidad (descontando 
las verduras, que siempre están vivas)
lo único vivo de la bolsa de la compra.
Respiraban el triste vapor
húmedo del marisco y las ñoras
en su encierro desesperado.
No para ti, tú sonreías y bromeabas
Mira.
No pensarás ya ni ahora ni nunca
que eran simples cangrejos
cangrejos sin más, de criadero, verdes
aunque de eso tengo que enterarme bien.
Todos los queríamos llevar y ninguno
los quería comer,
eran casi siempre tres, cuatro como mucho
y siempre había uno más grande (siempre
en realidad hay uno más grande, en todo)
el padre -decíamos- de los otros dos o tres
y si el padre era uno entonces los otros dos
o tres
eran una familia de cangrejos.
Había que echarlos vivos 
no sé cómo habría podido hacerse de otro modo,
lo debían presentir desde la asfixia,
se movían de pronto con más rapidez los bigotes 
de sus bocas, las patitas 
hacían dibujos en su lengua incomprensible
cuando tú los alzabas: Mira 
entre carcajadas antes de echarlos vivos.
Reíamos de vergüenza y de nervio
la muerte familiar de la familia
de cangrejos verdes de criadero
que trataban de huir de la paella con saltos
de alfiler, las horas de sus vidas golpeadas
con la cuchara de madera, saltaban
(en todo esto: risas)
chocando unos con otros
olvidando ya que eran una familia,
pisándose, usando el cuerpo moribundo de uno
para alzarse sobre el caldo hirviente.
¿Eras tú o nosotros quien golpeaba 
para que rindieran la esencia?
Padre dominical con tu cuchara en la mano,
nunca fue tan animoso un holocausto 
de domingo.

 

TRASLADO

¿De dónde venía y a dónde iba yo? De un amor de buhardilla
a tu antigua casa recién pintada.
Como un solitario que estrena un hogar en el que otro
ha sido feliz
me abatía la luz blanca de las habitaciones
la estantería de obra, los electrodomésticos pequeños y nuevos
de uso individual.
Habías venido al rescate más que como un padre
como un camarada 
con furgoneta y nocturnidad, en pleno centro de Madrid.
Me ayudaste a cargar el colchón, las cajas de libros, las maletas.
Te recuerdo en la calle Bailén, en el Palacio Real.
Tu presencia hacía que me sintiera muy joven;
cualquier mujer podía ser mi amor,
cualquier casa, mi casa.
Me contaba mis aventuras mentalmente
como prodigios que sucederían con seguridad,
trataba de parecer resuelto.
No sé cómo lo habilitabas todo.
Tu vida era el peso de las cajas de libros.
Me gustaba que me vieras disconforme, decidido, 
actuaba en lo recóndito para mi padre.
Las dejamos todas en la casa nueva, ya de noche.
Al día siguiente nos esperaban allí,
impregnadas del olor a pintura.
Eran -qué sé yo- unas veinte; 
en la sombra de la noche parecían más.
Tú preguntaste con orgullo: ¿Los has leído todos?
Yo mentí con altivez:
Claro.
Los ordenamos luego por idiomas:
los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos, 
los portugueses, los rusos, los españoles.
Sacabas un libro de la caja, leías la contraportada
y lo llevabas a un montoncito.
Me daba miedo cada vez que te equivocabas.
No quería saber más que tú.
 
 
VEJEZ
 
A plena luz del día,
en un cajero del barrio te atracó
un muchacho. Llevabas cien euros en la mano.
Te dijo dámelos y se los diste.
La extrañeza tenía en ti un aire pasmado
y elegante;
te aproximabas inclinando la cabeza
como si no hubieses entendido
una palabra, decías: ¿perdón?
No luchaste, ni siquiera fingiste que pudieras
luchar,
como un sonámbulo extendiste
la mano con el dinero y el muchacho se fue
corriendo o sin correr, mirándote o no.
Era un día agradable de principios de verano.
Había gente en la calle, se escuchó
una risa y el tintineo de unos vasos de cerveza
en la terraza que había a veinte metros.
Te preguntaste con vergüenza si te habrían visto.
Era un muchacho como otro cualquiera:
joven. Atacaba como el depredador
que elige entre las víctimas al animal más torpe.
Sentiste como si el tiempo te zarandeara
sin piedad junto al cajero
envuelto en los alegres ruidos de la conversación
en el calor de la brisa y las pelusas de polen.
Esa tarde habías quedado
para dar un paseo por la feria del libro.
El hombre que iba a pasear y el que seguía pasmado
eran distintos ahora.
Por la modesta suma de cien euros
aquel muchacho se lo había llevado consigo.
Al subir a casa llamaste por teléfono,
Soy un viejo, dijiste.
No eres ningún viejo.
¿Soy un viejo, te parezco un viejo? Preguntaste de nuevo.
Pero no me dejaste contestar.
 
 
Andrés Barba (Madrid, 1975), se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong), a la que siguieron dos libros de nouvelles, La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord Sud), así como seis novelas más que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación en España: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, Octubre, Muerte de un caballo (Premio Juan March) y En presencia de un payaso, todos ellos publicados en España por la editorial Anagrama. En colaboración con Javier Montes recibió el Premio Anagrama de ensayo por La ceremonia del porno y es también autor, de los ensayos recogidos en Caminar en un mundo de espejos y, junto al pintor Pablo Angulo, del Libro de las caídas y Lista de desaparecidos. En poesía, su ópera prima es Crónica natural (finalista del Premio Jaime Gil de Biedma), publicada por Visor, de la que proceden los poemas reproducidos aquí.

[Publicado el 18/12/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: Andrés Barba, Poesía, Citas, Visor]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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