El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Algunas palabras sobre el "canon" de Carlos Fuentes

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Nos gusta pensar en la cultura como en una instancia situada al margen de los conflictos de nuestra sociedad, pero es precisamente en la cultura (es decir, en el ámbito de las representaciones de lo que somos y de lo que deseamos ser) donde esos conflictos son dirimidos; en ese sentido, la cultura debe ser concebida como el ámbito en el que las clases sociales, los géneros sexuales y las razas establecen qué representaciones (con sus correspondientes valoraciones ideológicas y estéticas) resultan particularmente útiles para crear una visión integradora del pasado y del presente de nuestra sociedad, pero también para proyectar su futuro. En su ensayo "Canon y símbolos políticos. Aspectos de la cultura postautoritaria en Argentina", Martin Traine recuerda cómo el canon de la literatura latinoamericana fue tomado por asalto "ya en la segunda mitad de los años setenta" con la finalidad de "ir democratizando y ampliando" sus contenidos como parte de un proyecto político de integración y representación de las mayorías excluidas del territorio. En el ámbito de la literatura latinoamericana, el asalto a las instituciones se manifestó también en el surgimiento del tipo de novelística sofisticada y experimental que produjo textos de la importancia de Paradiso de José Lezama Lima, Pedro Páramo de Juan Rulfo, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa o Boquitas pintadas de Manuel Puig; también, naturalmente, textos como La región más transparente y Aura.
 
Que la derrota de ese proyecto político parece haber sido absoluta en el ámbito de la cultura queda de manifiesto en varias circunstancias, entre las cuales una de las más importantes es la emergencia de cánones y listas personales que pretenden ofrecer una versión normalizada del pasado literario; ignorando el hecho de que "la literatura culta ya no es el centro de la cultura dominante" (como afirma Ellen Spielmann), estas listas tienen una doble naturaleza: por una parte, son expresión de la nostalgia de un período (imaginario o no) en el que aún no había tenido lugar el descentramiento de autoridades que resulta de la democratización del acceso a la producción y al consumo de los bienes culturales en nuestra sociedad; por otra, estas listas son (en palabras de José María Pozuelo Yvancos) la "legitimación proyectiva de unas prácticas que obtienen por ello la condición de normativas". En otras palabras, las listas existen no como resultado de la existencia de autoridades en la materia literaria sino para apuntalar la ficción de que esas autoridades existen y tienen algo importante que decir (y un papel que jugar) en la conformación del pasado y del futuro de la literatura, algo particularmente puesto de manifiesto en el hecho de que esas listas adoptan habitualmente el nombre de "canon" a pesar de que el término designa un cierto consenso en torno a los textos que, por su naturaleza, no puede ser instaurado por un solo individuo.
 
John Guillory afirma en Cultural capital. The problem of literary canon formation que "el problema de la conformación del canon" debe ser entendido como "el problema de la constitución y distribución del capital cultural"; es decir, que el canon no es sino la instancia en la que los diferentes estratos del sistema literario dirimen sus conflictos en procura de ampliar y ganar ascendente sobre la sociedad y su representación de sí misma. Puesto que el "canon" de Carlos Fuentes no parece tener una motivación y una finalidad diferentes, entiendo que no requiere mayor comentario (al menos no más que otros cánones posibles resultado de otras tantas visiones de la sociedad que participan del conflicto); aun así, quizás valga la pena decir algunas cosas sobre él: la primera, que su periodización cronológica y su listado de autores ya fallecidos no constituyen ninguna novedad para quien alguna vez se haya interesado siquiera superficialmente en el tema, pero que su caracterización de la literatura argentina como "variada y fervorosa" y de la chilena como "sui géneris" (signifique esto lo que signifique) sí lo es; más importante aun: que su "canon" se limita a los textos de lo que se denomina habitualmente la "alta" literatura y es por lo tanto blanco y casi exclusivamente masculino, y también, que excluye géneros tan importantes para explicar la riqueza y diversidad de la literatura latinoamericana como la producida en lenguas indígenas, la no ficción y la crónica, la novela policiaca y lo que Emir Rodríguez Monegal llamaba las "formas olvidadas" del folletín, el cuento popular y la poesía anecdótica.
 
A pesar de que periódicamente se invita a abandonar la noción de canon a raíz de lo que Daniel Lagmanovich denominó "su carácter excluyente y elitista", esta parece resultar necesaria a una sociedad a cada paso más urgida de una versión idealizada de sí misma que omita la existencia de los conflictos que se dirimen en ella; a pesar de ello, nuestra sociedad no debería olvidar que la representación de sí misma y la puesta en escena de su futuro no están en manos de ninguna autoridad y de ningún proyecto colectivo o individual de acumulación de capital simbólico sino en las suyas propias y que (afortunadamente, a la luz del que Carlos Fuentes concibe como "el canon del siglo XXI", con al menos cuatro nombres discutibles o francamente rechazables) el futuro aún está por ser escrito y (al menos todavía) no es propiedad de nadie.
 
 
Publicado en La Tercera. Santiago de Chile, setiembre de 2011.
 
 
[El próximo miércoles: La celebración de Rui Tenreiro]

[Publicado el 26/9/2011 a las 12:00]

[Etiquetas: Carlos Fuentes, Canon, Disidencias]

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"Ensayos de formas de ensayar"

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La novela Amuleto de Roberto Bolaño (1999) y el libro de Elena Poniatowska La noche de Tlatelolco (1971) son apenas dos de las recreaciones literarias de la sangrienta represión que tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México el dos de octubre de 1968 y que pasó a la historia con el nombre de la Matanza de Tlatelolco. Esa fecha y la del diez de junio de 1971 (en la que otra manifestación fue brutalmente reprimida), le sirven al ensayista y poeta mexicano Gabriel Zaid para establecer una cesura en la historia de su país e instalar en ella un grupo de "ensayos de formas de ensayar" (13) reunido más tarde en Cómo leer en bicicleta y reeditado poco tiempo atrás por DeBolsillo.

Aquí Zaid escribe sobre autores y sobre textos recurriendo a los recursos formales y las marcas de género de la monografía científica, el estudio estilístico, el análisis astrológico, la receta de cocina, el anuncio en el periódico, el cuento policiaco, el soneto monorrimo, la demostración de un teorema, la literatura postal y el collage. No hay nada gratuito en este juego: por una parte, y como afirma el propio autor, "mis propósitos eran exploratorios: ensayar con el ensayo mismo, como género de creación. Estaba harto de leer ensayos sobre literatura escritos sin la menor consciencia de su propia literatura" (12); por otra, se trataba de poner en cuestión los criterios de validación del ensayo literario y el poder que instituía esos criterios en un contexto político y social de contestación del poder y cuestionamiento de las relaciones entre la cultura y el Estado mexicanos. Zaid comenzó por hacerse

una lista negativa, de las diecisiete o no sé cuántas cosas que me fastidiaban. ¿Sería posible escribir una reseña que no empezara por la palabra Yo? ¿Sería posible no decir jamás: el mejor libro de su género en los últimos cuatro meses y medio? ¿Sería posible criticar limitándose a las cosas públicas y demostrables públicamente, sin conocer siquiera a las personas? ¿Me dejarían pasar críticas a personas con poder literario o político, en vez de las ordinarias valentías contra los poderes abstractos (el Sistema, la Burguesía) o figuras menores, remotas caídas o difuntas? (12-13).

Las de Zaid son preguntas conocidas por todos los críticos literarios; lo importante aquí, sin embargo, no es sólo que el mexicano las hace explícitas sino también que la solución que propone a ellas se caracteriza por su voluntad innovadora y por su elegancia formal; también, por su extraordinario sentido del humor. Así, y ante la evidencia de que la producción académica supera cuantitativamente la de los textos que le sirven de excusa, Zaid propone como medidas a aplicar el uso de "una píldora adecuada o un guante de castidad para escribir", prohíbe títulos como "‘El tiempo, el espacio, la muerte y todo lo demás en las obras completas de Gutiérrez Hermosillo'" o la escritura de trabajos monumentales como "Diferencias metodológicas entre Jones y Parkinson, al criticar el planteamiento de Wallace, sobre las referencias constantes en la crítica norteamericana de los siglos XXI y XXII a la supuesta influencia del ‘Nocturno a Rosario' en el suicidio de Hart Crane" (16-17). Quien esto escribe puede asegurar, tras haber pasado buena parte de los ocho años que duró su estancia en Alemania leyendo ensayos académicos, que esta última medida ha sido tomada ya y con éxito moderado.

Zaid es consciente de estar "en el país mejor subdesarrollado del mundo" (19) y dedica sus ensayos más logrados a escritores mexicanos como Carlos Monsiváis y Carlos Fuentes o de estancia mexicana como Max Aub, traza un prodigioso y muy imitable análisis matemático de las antologías de poesía, se detiene en el signo astrológico de los autores escogidos y en su demografía particular, reseña una Enciclopedia de México que dedica una página y media a Juana Inés de la Cruz y nueve a la garrapata o destaca el hecho de que en la antología de la ya desafortunadamente olvidada María del Carmen Millán se dediquen ochenta líneas a Octavio Paz y treinta y siete a Juan Rulfo pero noventa y tres a la (una vez más) ya desafortunadamente olvidada María del Carmen Millán; sin embargo, algunos de sus temas exceden el ámbito de la literatura de ese país: su ensayo "sobre la producción de elogios rimbombantes" es excelente, su historia del autor que reunió en un tomo las solapas que había escrito a lo largo de su vida recuerda a otros escritores de producción literaria igualmente escueta, su artículo sobre el "párrafo intercambiable, por el cual hay quien cobra dos y tres veces, habiendo trabajado una sola" (64) es maravillosamente vitriólico, como también lo es su descripción del mecenas ideal:

Lo ideal [...] sería un huerfanito, sin compromisos de ningún tipo, con un talento de lector prodigio y una inteligencia crítica excepcional, que (habiendo iniciado una brillante carrera literaria) recibiese de pronto una herencia fabulosa y sin ataduras de un tío abuelo desconocido, y que en ese momento renunciase a escribir su propia obra para ocuparse de estimular a los demás. Los jóvenes necesitan estímulo porque están empezando. Los consagrados porque nadie atiende su obra. Los mediocres porque... pobrecitos, ¿no? (94-95).

Es sorprendente al tiempo que terriblemente triste comprobar que buena parte de las miserias de la escena literaria mexicana de las que Zaid da cuenta en su libro siguen produciéndose, allí pero también aquí, donde incluso se han creado instituciones para legitimarlas, razón por la cual Cómo leer en bicicleta parece más pertinente que nunca. También lo es la crítica de esas miserias aun cuando gocen de las simpatías de ciertos lectores cándidos o ingenuos. ¿Se puede producir el tipo de crítica literaria y cultural que Gabriel Zaid realiza aquí sin el contexto político de contestación en el que fue producida en primera instancia? Posiblemente no. ¿Es necesaria? Sí. Quizás este libro publicado originalmente en 1975 pueda traernos desde el pasado las claves para hacer la crítica del presente. Un libro imprescindible.

 

 

Gabriel Zaid

Cómo leer en bicicleta

Barcelona: DeBolsillo, 2010

 

[Próximo viernes: El invierno del dibujante de Paco Roca]

[Publicado el 09/3/2011 a las 11:49]

[Etiquetas: Gabriel Zaid, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Max Aub, María del Carmen Millán, Ensayo, DeBolsillo]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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