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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 19 de diciembre de 2018

 Blog de Patricio Pron

"And Now for Something Completely Different" / "Mala pinta" de Spike Milligan

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"Una buena mañana de cierto mes de junio", los habitantes de la pequeña localidad irlandesa de Puckoon despiertan "en medio de una inesperada ola de calor"; todo lo demás sigue como siempre: los sombreros de los ancianos florecen, las ancianas se levantan la falda para airearse, los cortadores de turba afrontan su extinción, Murphy se apoya en un muro, el cura acude al banco para recaudar fondos para su iglesia ("No sea necio, padre. Baje esa pistola", le pide el director) y un perro intenta seducir a Dan Milligan, un hombre de piernas escuálidas ("una especie de chismes delgados, blancos y peludos") que vive "de su pensión y de su ingenio, ambas cosas irremediablemente insuficientes". Los miembros de la Comisión Fronteriza intentan establecer, mientras tanto, los límites de la República entre amenazas no necesariamente inherentes a tamaña responsabilidad, como las enfermedades estacionales, las caseras, el desengaño amoroso y las dentaduras postizas puestas del revés; los pubs cierran en una hora, de manera que la Comisión alcanza rápidamente un acuerdo. Pero la decisión de que la nueva frontera atraviese el camposanto de Puckoon desatará una serie de hechos medianamente previsibles: un incidente ferroviario que deriva en un coito interrumpido, la reducción drástica del espacio disponible para los clientes del pub local, la llegada al pueblo de un policía chino que tiene algo que decir sobre la caza furtiva, un funeral que termina con el muerto tomado por un borracho más y conducido de regreso a su cama, un complot del IRA para contrabandear explosivos que termina con los complotados infiltrando un grupo de boy scouts, un tráfico de cadáveres del lado protestante al católico que orquesta el cura, la persecución de una pantera huída del circo, una representación teatral de "Julio César" que termina con la demolición de una residencia para ancianos y varias detenciones por exhibicionismo.

Spike Milligan (1918-2022) fue uno de los espíritus más heterodoxos y libres del humorismo británico; creador del seminal The Goon Show junto a Harry Secombe, Michael Bentine y Peter Sellers, autor de limericks y numerosos (y encantadores) libros para niños, así como de unas extraordinarias memorias de guerra en seis volúmenes, Milligan escribió "Puckoon" (el título original de esta Mala pinta) en 1963 inspirándose en Bajo el bosque lácteo de Dylan Thomas. No sólo por esta razón, su novela da la impresión de a ratos de una sucesión de historias que no contribuyen necesariamente al asunto principal del libro; todo confluye en un gran final, sin embargo, y Mala pinta resulta una lectura deliciosa: sus diálogos son excepcionales, el narrador parece permitírselo todo (los perros del libro tienen sueños "óseos", las millas son "métricas", la pequeña localidad es "microcefálica", por ejemplo), sobre la vida y la muerte de sus personajes planean "el pequeño vicio, el fallo minúsculo, la vanidad revelada" que, según John Gregory Dunne, son la característica principal de la comedia irlandesa, esa extraordinaria invención hecha de "debilidad y desgracias".

Compleméntese con otros grandes ejemplos del género publicados recientemente, como las tres novelas de Flann O'Brien que Antonio Rivero Taravillo reunió este año para Nórdica bajo el título de El cultivo de la patata en Irlanda y los cuentos de Kevin Barry de Oscura yace la isla traducidos por Dídac Gurguí para Rayo Verde. Los tres valen mucho la pena.


Spike Milligan
Mala pinta
Trad. Julia Osuna
Barcelona: Blackie Books, 2018

[Publicado el 05/12/2018 a las 12:00]

[Etiquetas: Spike Milligan, Novela, Blackie Books, Flann O'Brien, Kevin Barry, John Gregory Dunne]

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¿Qué pasaría si…? / "La muerte del piyayo" de Miguel Noguera

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No sabemos realmente que es el "piyayo" a cuya muerte se alude en el título de este libro, aunque un poema del malagueño José Carlos de Luna lo describe como "un viejecillo renegro, / reseco y chicuelo; / la mirada de gallo / pendenciero / y hocico de raposo / tiñoso... / que pide limosna por ‘tangos' / y maldice cantando ‘fandangos' / gangosos": el poema alude al cantaor y guitarrista Rafael Flores Nieto, pero es imposible saber si era a éste a quien el suegro de Miguel Noguera hacía referencia cuando afirmaba reiteradamente que en la televisión pasarían "La muerte del piyayo".
 
Al mismo tiempo, tampoco sabemos si Miguel Noriega es un dibujante, un escritor o ambas cosas: por más elaborados que sean, sus dibujos no son precisamente deslumbrantes, y sus ideas son esbozos sin desarrollo narrativo. Acerca de la comicidad de su obra, es incluso más difícil decir algo, ya que en los textos de este libro (al igual que en los que conformaron Hervir un oso, Ultraviolencia, Ser madre hoy, Mejor que vivir y La vieja tigresa o el erotismo en la senectud, los libros anteriores del autor) hay una inteligencia difícilmente apreciable en la suspensión del juicio que se produce en la risa, así como una renuncia deliberada a los mecanismos más habituales del chiste como el diálogo, la caracterización y el remate.
 
Esto no significa que los textos de Noguera no sean graciosos (lo son en gran medida), sino que su comicidad parece más afín a la de autores que, como César Aira y Mario Bellatin (o Miguel Brieva), no son humoristas ni aspiran a serlo. En los textos de La muerte del piyayo hay avistamientos (como el del expendedor de velas "ya encendidas" en una iglesia), reflexiones mayor o menormente absurdas ("El abuelo le muestra a su nieto la clásica ilusión óptica del dedo índice que se parte por la mitad mientras le dice 'Mira cómo te engaña el yayo'. ¿Quién dice eso? Si el yayo engaña, ¿conserva autoridad para denunciar el engaño?"), iluminaciones breves e intensas ("Si pillamos a un abogado lamiendo el gozne de una puerta, ¿cuánto le costaría recuperar nuestra confianza?"), inventos lanzados al rostro del lector para que éste resuelva las dificultades técnicas que su autor no se ha tomado la molestia de considerar (un libro voluminoso que produzca al ser recogido el impacto que tendrá en nuestro conocimiento su lectura, un puntero "menos preciso que el dedo y más corto que la mano", una aplicación de móvil que informe en tiempo real de "accidentes con estilográficas que revientan y cafés que se derraman", un libro electrónico sobre cuyo texto se proyecte un juego, interrumpiendo uno al otro de forma permanente, una piedra a modo de marcapáginas), cuentos breves (como el del hombre que sueña la tabla de contenidos del sueño que tendrá a continuación, brillante), una extraña obsesión por la violencia ciberpunk y los chorros (de agua y de orina), una serie de ideas, en fin, presididas por la única pregunta importante en la literatura: "¿Qué pasaría si...?".
 
¿Qué pasaría, por ejemplo, si un fantasma "se le apareciera a un tipo en el bosque y justo en ese momento llega un ovni que no tiene nada que ver con el asunto y los abduce a los dos, al tipo y al fantasma"? A este último, "se le acumulan los pasmos en la bandeja de entrada", y algo similar nos sucede ante las ideas bizarras (en el sentido de valientes) y extraordinariamente fascinantes de Miguel Noguera.
 
 
Miguel Noguera
La muerte del piyayo
Barcelona: Blackie Books, 2016

[Publicado el 07/6/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Miguel Noguera, Miscelánea, Blackie Books]

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Libro de libros / Un fragmento de "La poesía de los números" de Daniel Tammet / Cita

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Daniel Tammet nació el 31 de enero de 1979. A él le gusta decir que 31, 19 y 79 son números primos, pero eso es porque considera que los números primos son poéticos. Para este matemático prodigioso cada número hasta la cifra de 10.000 tiene su propia forma, color, textura y emoción. Es posible, también, que gracias a esta capacidad batiera en 2004 un récord europeo al recitar 22.514 decimales del número pi, el más enigmático de todos, en cinco horas.
 
Lo hizo, en realidad, con el objetivo de recaudar fondos para dar visibilidad a las personas que sufren epilepsia. Su padre murió de esa enfermedad. Esa crisis desató otro efecto: se le acabaría diagnosticando Asperger, pero solo un 1% de los diagnosticados con este trastorno autista padecen también el Síndrome del Sabio (o son savants), caracterizado por una memoria prodigiosa, unas habilidades con las artes innatas, una capacidad de cálculo casi paranormal. Él, ademas, es sinestésico, así que puede escuchar colores o palpar sabores. [De la información provista por los editores.]
 
 
He caminado estando dormido, y he hablado estando dormido, pero nunca he escrito dormido. El escritor islandés Gyrdir Eliasson describe en su cuento corto "Naturskriftir" ('Escritura nocturna') a un personaje cuyo bloqueo creativo desaparece tan pronto se apagan las luces. En un cuaderno que tenía en la mesilla de noche empieza entonces a escribir palabras, frases e incluso historias enteras mientras sueña.
 
Cada día transcurría de idéntica manera: no podía escribir... pero por la noche escribía, casi cada noche. Su mujer sabía que no hay que despertar a los noctígrafos, de modo que se quedaba tumbada en la cama y observaba la expresión de su espalda y la asombrosa confianza con la que escribía con el cuaderno sobre las rodillas. (La traducción es mía).
 
Hay algo en el cuento de Eliasson que me resulta familiar. Creo que tiene que ver con enfrentarse a ese infinito que es todo libro, escrito o por escribir, incluido el «Libro de la vida»: las infinitas combinaciones posibles que conforman nuestros días. ¿Cómo escoge el autor la palabra exacta, la frase precisa, la imagen más adecuada de entre las incontables posibilidades imaginables? ¿Cómo imagina cada persona una existencia nueva, cómo reconfigura las decisiones que componen otro destino?
 
Consultándolo con la almohada. ¿Y por qué no? En nuestros sueños esta el infinito. Liberados de las inhibiciones de la vigilia, las palabras, las imágenes y las emociones circulan y se combinan libremente en nuestras mentes. A lo largo de los siglos, el inconsciente ha creado algunas de las obras más extraordinarias de la literatura: Goethe y Coleridge son solo dos de sus seudónimos.
 
Los sueños escapan a todo escrutinio, por ser este siempre finito: demasiado a menudo se desvanecen a la estrecha luz del día. Al despertar no nos queda sino el dulce rumor de la lluvia y los ecos distantes de una canción, una nariz aquí, una sonrisa allá, un vestigio de tristeza o un destello de alegría, un vacío sugerente y cautivador. Como un libro, como una vida: ¿dónde empieza la explicación? Un sueño no tiene principio, y consecuentemente tampoco tiene centro ni final.
 
Soñé que entraba en una casa y encontraba a todos sus habitantes tendidos en el suelo. Tumbados, sí, pero hablaban y reían y comían juntos. Tumbados, y no sentados. Era como una escena sacada de un libro que no había leído y que no había sido escrito. ¿Cuántas escenas así ocupan nuestros sueños, nuestras vidas, las páginas de un libro? Una infinidad.
 
Al igual que el «noctígrafo» de Elíasson, Antón Chéjov llevó siempre un cuadernillo de notas a lo largo de su destacada carrera, aunque cabe suponer que escribiría sobre todo cuando estaba despierto. Sus páginas, repletas de observaciones cotidianas de su existencia, han conservado destellos de las infinitas permutaciones de la vida «ordinaria».
 
«En vez de sábanas, manteles sucios».
 
«En la factura conservada por el hostelero se indicaba, entre otras cosas: "Chinches: quince kopeks"».
 
«Si quieres que te amen las mujeres, sé original, conozco a un hombre que llevaba botas de fieltro en verano y en invierno, y las mujeres caían rendidas a sus pies».
 
Esta infinita variedad inspiró muchos de los cuentos de Chéjov. En «El billete de lotería», una pareja de clase media imagina la vida que vivirían si ganaran el gordo de la lotería.
 
La posibilidad de ganar les obsesionaba...
 
-Y si hemos ganado -dijo él-, ¡la nuestra será una vida nueva, será una transformación! [...] Una serie de imágenes se agolparon en su mente, cada una más agradable y poética que la anterior. Y en todas ellas se veía bien alimentado, sereno, sano: se sentía calentito, ¡incluso acalorado! [...] -Sí, estaría bien comprar una finca -dijo su esposa, soñando también [...] Ivan Dmitrich se detuvo a contemplar a su esposa. -Debería ir al extranjero, Masha, ¿sabes? -dijo. Y empezó a pensar en lo agradable que sería viajar a finales de otoño al sur de Francia, ¡a Italia! ¡A la India!
 
Medio siglo después que su compatriota, Vladimir Nabokov (también precoz tomador de notas) compuso sus novelas en dos alfabetos y tres idiomas (ruso, francés e inglés). De su pluma fluyeron infinidad de anagramas, juegos de palabras y neologismos. Nabokov comparaba la composición de una historia con juntar las piezas de un rompecabezas.
 
La realidad es un asunto muy subjetivo [...] Uno puede acercarse mucho, muchísimo, a la realidad, pero nunca llega a estar lo suficientemente cerca, porque la realidad es una sucesión infinita de pasos, de niveles de percepción, de dobles fondos, y como tal es inagotable, inalcanzable. Es posible saber cada día más sobre algo, pero nunca podremos saberlo todo sobre ese algo: es un ejercicio fútil.
 
Como un rompecabezas, como un sueño, las novelas de Nabokov iban surgiendo de manera no lineal: a menudo, lo último que escribía de una historia era la parte central. No era raro que escribiese el capítulo ocho de un borrador antes que el capítulo siete o que el capítulo tres. Era habitual también que escribiese sus cuentos nuevos al revés, empezando por las últimas lineas.
 
Lolita, la más famosa y escandalosa novela de Nabokov, empezó a gestarse sobre una larga serie de tarjetas de ocho por doce centímetros. Lo primero que hizo fue esbozar las escenas finales de la historia. En fichas posteriores, Nabokov anotó no solo párrafos de texto, sino también ideas para el argumento y otros fragmentos de información; en una de esas tarjetas incluyó una tabla estadística sobre el peso y la estatura media de las chicas jóvenes; en otra, una lista de canciones de jukebox; en otra, la ilustración de un revólver.
 
De vez en cuando, Nabokov reordenaba sus fichas, buscando la combinación de escenas más prometedora. El número de permutaciones debía de ser inmenso. Tres de las tarjetas de Nabokov podrían haberse ordenado de seis maneras distintas: (1, 2, 3), (1, 3, 2), (2, 1, 3), (2, 3, 1), (3, 1, 2), (3, 2, 1), mientras que con diez tarjetas (el equivalente a dos o tres páginas impresas en el libro) se habrían podido obtener más de tres millones y medio de secuencias posibles. Componer tan solo cuatro o cinco páginas (es decir, el contenido de unas quince tarjetas) le habría obligado a elegir entre más de 1,3 billones de variaciones. Lolita ocupa sesenta y nueve capítulos y más de trescientas cincuenta páginas, lo que significa que el número de versiones posibles supera (por márgenes casi inimaginables) el número de átomos que componen el universo.
 
Por supuesto, muchas de estas posibles Lolitas no habrían sido viables. Pero aun así, entre las versiones desconcertantes, incongruentes y torpes deben de existir algunas alternativas legibles.
 
¿Cuántas? ¿Cien? ¿Mil? ¿Un millón? Más. Muchas más. Los editores podrían producir las suficientes como para que cada lector del planeta tuviese su propia versión de Lolita. En una, el famoso dístico que abre la novela («Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía») aparecería a mitad de la página treinta y nueve (sustituido quizá por una frase que Nabokov situó en el segundo capítulo: «Mi muy fotogénica madre murió en un accidente absurdo [picnic, rayo]...»). En la edición de otro lector, esos mismos versos aparecerían al principio de la página 117. Esta Lolita empezaría así: «Vi su rostro en el cielo, extrañamente nítido, como si emitiese un débil resplandor». En una tercera versión, el dístico original serviría como cierre de la narración.
 
Qué sé yo, quizá se hayan publicado algunas de esas incontables versiones, cada una con sus sutiles pero llamativos cambios. Eso explicaría, quizá, que el critico del Atlantic Monthly dijese que el libro era «una de las novelas serias más divertidas que he leído», al tiempo que Los Angeles Times la declaraba «una pequeña obra maestra [...] una novela cómica casi perfecta» y el New York Times Book Review la considerara «técnicamente brillante [...] humor con mayúsculas»; mientras que Kingsley Amis vio en ella un libro tendente al «tedio, fatuidad e irrealidad» y Orville Prescott, en las páginas del New York Times, juzgó el argumento «tedioso, tedioso, tedioso».
 
¿Qué Lolita habían leído?
 
Juntos, el escritor y el lector componen un cuento infinito. El argentino Julio Cortázar creó una novela en la que este principio queda explícito. Rayuela se publicó hace ahora cincuenta años, no mucho después de Lolita. Contiene 155 capítulos (algo más de 550 páginas) que pueden leerse de dos maneras muy diferentes. El lector puede optar por empezar en el primer capítulo y leer el libro en orden hasta el capítulo cincuenta y seis (se acepta que los capítulos de las 200 páginas restantes son «prescindibles»), o bien puede empezar por el capítulo setenta y tres, pasar luego al capítulo uno, leer también el dos y saltar al capítulo ciento dieciséis, para volver al capítulo tres, adelantarse hasta el ochenta y cuatro y seguir saltando adelante y atrás de acuerdo con el «Tablero de dirección» que se incluye al principio del libro.
 
En uno de los capítulos «prescindibles», Cortázar describe el objetivo del libro.
 
Parecería que la novela usual malogra la búsqueda al limitar al lector a su ámbito, más definido cuanto mejor sea el novelista. Detención forzosa en los diversos grados de lo dramático, psicológico, trágico, satírico o político. Intentar en cambio un texto que no agarre al lector pero que lo vuelva obligadamente cómplice al murmurarle, por debajo del desarrollo convencional, otros rumbos más esotéricos.
 
Como cómplices de Cortázar, seguimos al bohemio argentino protagonista de la novela por las calles de París mientras examina su vida y los inabarcables caminos que puede seguir. Podemos empezar el libro en el capítulo uno, así: «¿Encontraría a la Maga?». O bien en el capítulo setenta y tres: «Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette...».
 
Pasar las páginas, leer historias diferentes. Por ejemplo, el lector que empiece en el primer capítulo pronto llegará a esta frase del capítulo cuarto: «La Maga se quedaba triste, juntaba una hojita al borde de la vereda y hablaba con ella un rato». Para otro lector, sin embargo, ese «capítulo cuarto» es en realidad el séptimo de la historia y le precede el sexto, que lleva por título «capítulo 84». En este puede leerse: «Me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, [...] habrá hojas que no veré». Este pasaje enriquece la percepción que tiene el lector de la mujer que pocas páginas más adelante recogerá una hoja de la acera y empezará a hablar con ella.
 
Una de las consecuencias de leer de esta manera es el sentimiento de desorientación; el lector que avanza dando saltos no tiene la sensación de haber terminado el libro, porque lee las últimas palabras de la página final del libro bastante antes de llegar a la conclusión de la historia. Más adelante, llegado ya al capítulo centésimo quincuagésimo tercero (titulado «capítulo 131»), avanza al capítulo siguiente (titulado «capítulo 58») y descubre que debe volver al capítulo 131. Se establece entonces un bucle infinito entre los dos capítulos «finales». Y lo que es peor: suponiendo que haya llevado la cuenta, el lector comprobará que los capítulos leídos de esta forma solo suman 154. Uno de los capítulos («capítulo 55») no figura en la lista.
 
La estructura de Rayuela exige que el lector dé su propio sentido a la historia. Habrá quien decida leer los capítulos consecutivamente, pero en orden descendiente, empezando en el 155. Otro optará por leer los capítulos pares antes que los impares: dos, cuatro, seis, ocho... Uno, tres, cinco, siete... Un tercero hará lo mismo pero al revés, leyendo primero los impares y luego los pares. Un cuarto leerá solo los capítulos que sean números primos: dos, tres, cinco, siete, once, trece, diecisiete, diecinueve, veintitrés, veintinueve, treinta y uno..., hasta acabar en el ciento cincuenta y uno (en total, treinta y seis capítulos). Un quinto lector empezará por el primer capítulo, continuará en el tercero (1 + 2), pasará luego al sexto (1 + 2 + 3), y luego al décimo (1 + 2 + 3 + 4) y así sucesivamente.
 
Justo cuando el valiente lector ha llegado al final de una historia leída de una manera, otro sistema de lectura lo llama para que retome sus páginas y empiece de nuevo. El libro de capítulos ascendentes se convierte en un libro de capítulos descendentes. El libro de capítulos pares se convierte en un libro de capítulos impares. Cada lectura es diferente; cada lectura aporta algo nuevo. Es imposible sumergirse dos veces en el mismo libro.
 
Esto me recuerda la idea de Nabokov según la cual nadie puede leer un libro, solo puede releerlo. «Un buen lector, un lector serio, un lector activo y creativo es un relector». Las lecturas iniciales, continúa explicando Nabokov, son siempre trabajosas, «el proceso de aprender en términos espaciotemporales de qué trata el libro, es lo que se interpone entre nosotros y la apreciación artística».
 
Pensemos en las innumerables historias de Chéjov, en las innumerables ediciones de Lolita y Rayuela, al alcance de cualquier lector pero nunca vistas, nunca amadas, nunca leídas. Flaubert, en una carta dirigida a su amante, escribía: «Qué sabios seríamos si conociésemos bien solamente cinco o seis libros». Me parece que incluso esa cifra es una exageración. Para aprender un número infinito de cosas nos bastaría con conocer a la perfección un solo libro.
 
 
En:
Daniel Tammet
La poesía de los números
Trad. Pablo Álvarez Ellacuria
Barcelona: Blackie Books, 2015

[Publicado el 17/6/2015 a las 12:30]

[Etiquetas: Daniel Tammet, Ensayo, Blackie Books]

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Una nación de adorables embaucadores / "El monstruo de Hawkline" de Richard Brautigan

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Richard Brautigan publicó El monstruo de Hawkline (que sus editores denominan "un western gótico") en 1974; algunos meses después vio la luz oficialmente The Basement Tapes, las grabaciones que Bob Dylan y los integrantes de The Band habían realizado entre junio y octubre de 1967 y circulaban en ediciones piratas desde hacía años.
 
Al igual que en The Basement Tapes, la narrativa de El monstruo de Hawkline es una mezcla de laconismo y verborragia de vendedor ambulante de biblias; como en el disco de Dylan, también (o, por el caso, como en las canciones de Tom Waits), el libro de Brautigan está poblado de elementos excéntricos: agentes de la ley con una idea por lo menos singular de las obligaciones de su cargo, vendedores de caballos con pata de madera, una cocinera a la que llaman "Ma", un científico que lleva a cabo incomprensibles experimentos en un sótano helado, caminos que serpentean "como la letra de un agonizante" (60), muertos "tan muertos que necesitas dos tumbas para enterrarlos" (31), pueblos que sólo tienen "tres bares, un café, una tienda grande, una herrería y una iglesia" (44), etcétera.
 
[...] 
 
Richard Brautigan
El monstruo de Hawkline. Un western gótico
Trad. Damià Alou
Barcelona: Blackie Books, 2014

[Publicado el 27/1/2015 a las 12:30]

[Etiquetas: Richard Brautigan, Blackie Books, Novela]

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"Rayuela" antes de "Rayuela" / Enrique Jardiel Poncela sobre la narración no lineal (Cita)

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Enrique Jardiel Poncela (1901-1952). Crédito de la imagen, desconocido.

Advertencia importantísima
 
(Que no hace falta leer)
 
El lector va a observar que la numeración de los capítulos de la presente novela no guarda un completo orden correlativo; que empieza por el 20; que el 4 aparece antes que el 3, etc., etc. Ello obedece a que, a veces, se interrumpe la narración por la necesidad de referir sucesos anteriores. Esta forma de novelar, interpolando el pasado en el presente, es clásica. Lo que hasta ahora no se había hecho y yo he encontrado natural hacer es numerar con arreglo a la cronología de los acontecimientos que se narran.
 
Por lo demás, el hilo de la historia se desarrolla normalmente y su lectura tal como aparece es sencilla, rítmica y apropiada para lectores tranquilos y sedentarios.
 
Sin embargo, existen lectores inquietos y de imaginación ardiente.
 
A ellos les repugnará la forma normal de leer, y les recomiendo, encantado, dos sistemas nuevos, que son los siguientes:
 
1.º Leer saltando de capítulo a capítulo, buscando el 1 y luego el 2, luego el 3, etc., y
 
2.º Desencuadernar el ejemplar, alterar las páginas hasta situar ordenadamente los capítulos, mandarlo encuadernar de nuevo y, ya encuadernado de modo correlativo, emprender la lectura.
 
Finalmente, aún hay otro sistema: coger el libro sin leerlo y arrojarlo por el balcón.
 
Pero no está bien que yo recomiende este último sistema.
 
Ya lo recomendarán mis compañeros."
 
 
Enrique Jardiel Poncela
La tournée de Dios. Novela casi divina
Barcelona: Blackie Books, 2010
Pág. 37

[Publicado el 15/8/2013 a las 12:30]

[Etiquetas: Enrique Jardiel Poncela, Cita. Blackie Books]

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Para curar la sed de los vivos / "Cómo caza un dromedario" de Víctor Nubla

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Jorge Luis Borges (y antes de él John Wilkins y antes incluso un enciclopedista chino mencionado por Franz Kuhn) concibieron sistemas de interpretación del mundo singulares pero no por ello menos atrabiliarios que los que presiden nuestra comprensión de lo que nos rodea. Víctor Nubla (Barcelona, 1956) aporta en su último libro algunos otros de esos sistemas: "por medio de los números de las matrículas de los coches" (99), "tomando como base el número de palabras que pronuncia nuestro interlocutor en cada párrafo" (101), "a partir de la hora en un reloj" (102), "por la diferencia entre lo que nos dicen y su relación con lo que esperan que comprendamos" (104), "según la forma de entrar y salir de casa" (106), "por la forma en que un escarabajo se mueve sobre una toalla de color naranja" (111), "por la disposición del poso del café en una taza de té" (113) y "por el sonido del timbre del teléfono"; también, por la forma de leer su libro.
 
Aunque se habla a menudo y con cierta soltura de la riquísima tradición de excéntricos y raros en la literatura española, la adscripción de un autor a esa tendencia parece funcionar (en esa particular conversación que entabla un crítico con sus lectores) como una invitación a no leerlo; siendo notablemente rara, sería una pena que la obra de Víctor Nubla (que es principalmente músico y está especializado en la improvisación y la experimentación electrónica) no fuera leída. Cómo caza un dromedario tiene pasajes extraordinarios de un surrealismo que no parece buscar su material en el inconsciente sino en la racionalización de todo aquello que nos rodea: la radio, la bicicleta, los perros, los atletas chinos, la rueda, los paraguas, las moscas, el queso, la humedad. Nubla arroja sobre todo ello una mirada nueva y (de alguna manera) redentora: "Voy a hacer del lenguaje un arma (paulatinamente). Del arma haré agua, para curar la sed de los vivos" dice el narrador de uno de sus relatos (155).
 
No importa que sea un esturión, ya que la frase podría haber sido formulada por el autor mismo. Aquellos que (con cierta razón) conciban la literatura española como un vasto desierto, deberían beber de estas aguas.
 
 
Víctor Nubla
Cómo caza un dromedario
Barcelona: Blackie Books, 2012
 
[El próimo miércoles: Intervenciones de Michel Houellebecq]

[Publicado el 18/6/2012 a las 12:00]

[Etiquetas: Víctor Nubla, Miscelánea, Blackie Books]

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Una de las pocas cosas que la literatura no puede darnos

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[...]

Quizás los lectores no se merezcan todo esto, ni siquiera los crédulos que buscan autenticidad donde sólo hay ignorancia o artificio. Estaba pensando en estas cosas unos días atrás mientras leía "Porculo", la magnífica novela de Stagg R. Leigh. Stagg R. Leigh no existe, pero tampoco existe Thelonius Ellison, el autor que se esconde tras ese pseudónimo; sin embargo, ambos son falsos de forma diferente, y uno de ellos es "auténtico".

Thelonius Ellison es un escritor negro cuyos libros, que recuerdan ligeramente al Nouveau Roman francés y a la narrativa posmoderna norteamericana, no son considerados "lo bastante negros" (4) por los lectores que desean que se les hable de la experiencia "auténtica" de ser negro en los Estados Unidos. Un crítico, por ejemplo, afirma sobre una de sus de sus obras que

[...]

 

Percival Everett
X
Trad. Marta Alcaraz Burgueño
Barcelona: Blackie Books, 2011 

[El próximo miércoles: El futuro de la literatura (esta semana)]

[Publicado el 06/6/2011 a las 12:29]

[Etiquetas: Percival Everett, Novela, Blackie Books, Disidencias]

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Confesiones de un capullo

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[...]

A pesar de lo que podría parecer a simple vista, y afortunadamente, estas Lamentaciones de un prepucio no son las confesiones de un capullo. Shalom Auslander (Monsey, Nueva York, 1970) narra en ellas la historia de su particular relación con el Dios de sus padres y cómo el judaísmo ortodoxo practicado por estos creó en él un temor a Dios asfixiante y prolongado. Al comenzar su relato, Auslander vive con su mujer en una casa en Woodstock, trabaja en una agencia de publicidad y es más o menos feliz tras haber expulsado a su familia y a sus creencias de su vida, pero esa felicidad se acaba cuando su mujer le anuncia que está embarazada; a partir de ese momento, los incidentes más o menos triviales de un embarazo y los temores recurrentes de los padres primerizos (además de la indecisión en torno a si circuncidar al recién nacido o no hacerlo) lo llevan a vivir en un estado de confrontación permanente con Dios: ante cada desastre o sombra de calamidad, Auslander se desembaraza del manuscrito contra Dios en el que está trabajando; en su lugar, se aboca a contar su relación con Dios, cuyos orígenes no puede recordar pero cuyo momento más importante tiene lugar cuando, a los ocho años, y tras enterarse por sus estrictos profesores de religión de que los pecados de un hijo menor de edad se trasladan al padre, decide pecar para que Dios mate al suyo. Auslander se atiborra de golosinas que no son kosher, blasfema, reniega de sus padres (un carpintero en una cultura que privilegia la inteligencia por sobre la habilidad manual y una madre obsesionada con "la muerte y la decoración", 133), fantasea con chicas y penetra en los secretos de una revista llamada "Orientales afeitadas": sus experiencias no son diferentes de las de cualquier niño estadounidense de clase media, pero lo que las convierte en excepcionales es lo que podríamos llamar "la experiencia judía" de ellas, de acuerdo a la cual, todas estas cosas adquieren el carácter de una prueba que Dios pone a sus elegidos. Acerca de esa elección, que Auslander lamenta, éste afirma:

[...]

 
Shalom Auslander
Lamentaciones de un prepucio
Trad. Damià Alou
Barcelona: Blackie Books, 2010

[Publicado el 20/12/2010 a las 12:00]

[Etiquetas: Shalom Auslander, Blackie Books, Novela]

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La libertad de Richard Brautigan

[...]

Aunque La Pesca de la trucha en América fue escrito hace casi medio siglo (publicado en 1967, Brautigan lo escribió en 1961, durante la excursión con su mujer y su hija que narra precisamente en el libro), el suyo será un descubrimiento trascendental, bello y desconcertante, para los lectores españoles, que podrán preguntarse tras leerlo qué cosa es de todas formas la pesca de la trucha en América. Una respuesta personal y tal vez equivocada es que la pesca de la trucha en América es la libertad, para vivir y para contar lo que se ha vivido.

 

Richard Brautigan
La pesca de la trucha en América
Trad. Pablo Álvarez Ellacuria
Barcelona: Blackie Books, 2010

[Publicado el 03/5/2010 a las 12:36]

[Etiquetas: Palabras clave: Richard Brautigan, Relato, Blackie Books]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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