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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 29 de marzo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Un presente embriagado de presente / "Cronografías" de Graciela Speranza

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No hay ninguna ambigüedad en el título que el artista estadounidense Christian Marclay (California, 1955) escogió para su videoinstalación más conocida: por una parte, porque en los más de diez mil fragmentos audiovisuales que conforman "The Clock" (2010) aparece un reloj; por otra, porque la pieza funciona a todos los efectos como uno, ya que el montaje hace posible que la hora exhibida en ellos sea la hora "real" del espectador: si éste ingresa a la sala de proyección a las 19.29 se encontrará con el fragmento de algún filme en el que un reloj indica que son las 19.29; veinte minutos después se encontrará con una imagen procedente de otro filme en el que se anuncia que son las 19.49, etcétera.
 
"The Clock" demandó a su autor tres años de trabajo, el concurso de varios asistentes, una investigación compulsiva y horas de montaje, pero su resultado es absorbente. La ensayista y narradora argentina Graciela Speranza (Buenos Aires, 1957) tuvo la oportunidad de comprobarlo en dos ocasiones, y el resultado de su inmersión en este ejercicio radical de apropiación cuya duración (24 horas) hace inviable el visionado en un sentido convencional, es el centro de su nuevo libro, al que también (en algún sentido) la videoinstalación de Marclay le presta su forma. Cronografías constituye, al igual que "The Clock", un archivo, una intervención en las formas contemporáneas de representación artística del tiempo y una discusión acerca del modo en que tendemos a pensar en él en un momento histórico en el que la imposibilidad de concebir un futuro viable en un planeta devastado por la acción del capital sin freno y la aceleración de unos flujos de información que requieren toda nuestra atención parecen condenarnos a habitar "un presente embriagado de presente".
 
"La intensificación de la integración de la actividad humana a los parámetros del intercambio electrónico", escribe Speranza, "no sólo vino a exigirnos la disponibilidad, la participación activa, la multiplicación de áreas del tiempo y de la experiencia anexadas a demandas y tareas maquínicas sin pausa [...], sino que ha neutralizado la visión mediante procesos de homogeneización, redundancia y aceleración. El diagnóstico del filósofo francés Bernard Stiegler es aún más desalentador: durante las últimas décadas el uso generalizado de la web ha producido una sincronización en masa de la conciencia y la memoria a través de ‘objetos temporales' que llevan al consumo gregario estandarizado y la miseria simbólica, y llaman a la creación de ‘contraproductos' que reintroduzcan la singularidad de la experiencia cultural y desconecten el deseo de los imperativos del consumo".
 
"Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo", los "contraproductos" reunidos por Speranza en Cronografías ofrecen respuestas parciales a los problemas derivados del exceso de presente: la fantasía del reinicio o reboot del tiempo histórico (Adrián Villar Rojas), la incorporación del tiempo natural a la acción artística (Robert Smithson), la reformulación del orden temporal (Fabio Kacero, Richard McGuire, William Kentridge), el uso de restos y ruinas (Amie Siegel, Anne Carson, Gabriel Orozco, Xu Bing, Tom McCarthy), la ralentización del registro audiovisual (W. G. Sebald, Douglas Gordon), la detención del tiempo (Jorge Macchi), su espacialización (Liliana Porter), la repetición (Pierre Huyghe, Ragnar Kjartansson, Pablo Katchadjian), la fantasía apocalíptica (Dominique Gonzalez-Foerster), los ejercicios mutuamente excluyentes de la expansión y la concisión del relato vital (Jean Echenoz, Karl Ove Knausgaard), etcétera. Al igual que en "The Clock" (donde la concatenación de fragmentos audiovisuales ofrece confluencias inesperadas y momentos de rara belleza en los que el espectador parece dar (por fin) con una historia, las series que pueblan Cronografías contribuyen paradójicamente a un relato unitario, en el que (como en las obras/jardín de Pierre Huyghe Rito de pasaje y Upside Down Tree de Robert Smithson) el presente es visto como un inmenso parque en ruinas, un jardín de senderos que se bifurcan y confluyen conformando un terreno que Speranza cartografía con talento. La ensayista amplía y completa su Atlas portátil de América Latina (2014) en un ambicioso ejercicio de "montaje" cuya finalidad es "abrir el presente a otros tiempos, convertir la mezcla de fascinación y rechazo frente a la instantaneidad del mundo virtual en fuente de tensión creativa".
 
En esa "tensión creativa" proyectada en obras artísticas que "renuevan sus medios, sus formas y sus lenguajes, invierten o enloquecen la flecha del tiempo, se liberan de la tiranía de los relojes, hacen el tiempo" hay, sostiene Speranza siguiendo a Giorgio Agamben, el proyecto políticamente urgente de "cambiar el tiempo"; en el tipo de ensayo que, como Cronografías, piensa "con el arte" en procura de recuperar, entre tanta experiencia estética intercambiable, lo que "no habíamos visto o leído nunca antes", hay (por otra parte) una forma de resistencia y una invitación insoslayable a la obra de una de las mejores ensayistas contemporáneas en español, la más atenta intérprete de un presente que parece incapacitado de "decir" algo relevante sobre sí mismo y, sin embargo, en su obra (por fin) dice.
 
 
Graciela Speranza
Cronografías: Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo
Barcelona: Anagrama, 2017
 
[Publicado originalmente en Babelia/El País. Madrid, 27 de febrero de 2017.] 

[Publicado el 24/3/2017 a las 13:45]

[Etiquetas: Graciela Speranza, Ensayo, Anagrama]

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Muy poco placer culpable / "La charla" de Linda Rosenkrantz

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"Lo llaman experimento cuando ha salido mal", afirmó William S. Burroughs para disuadir del uso del término en relación a su obra; celebrado como "un audaz experimento", este libro de Linda Rosenkrantz no "ha salido mal", sin embargo. (O no de la forma en que pensaba Burroughs.)
 
La charla participa de los esfuerzos por prescindir del narrador que caracterizaron una parte importante de la literatura de las décadas de 1960 y 1970: como en las novelas de Manuel Puig (quizás el referente más cercano al lector hispanohablante, pese a su distancia en el tiempo), aquí se opta por reproducir los diálogos de los personajes sin intervención aparente de la instancia narrativa; a diferencia de las obras del autor de El beso de la mujer araña, por otra parte, las voces de los personajes serían indistinguibles de no estar presididas por la indicación de quién dice qué, el argumento es escaso (dos mujeres jóvenes y un joven homosexual pasan el verano de 1965 en una casa en la playa) y el resultado es algo confuso, ya que la falta de didascalias y/o de intervenciones autoriales que den cuenta de la situación narrada o (más incluso) indiquen a qué velocidad o con qué énfasis son pronunciados los diálogos crea una impresión de monotonía de la expresión que, de hecho (y sumados al contenido de las conversaciones, aparentemente "obsceno" en su momento y hoy simplemente banal: alucinógenos, psicoanálisis, sexo), no contribuye al atractivo de unos personajes limitados al disfrute masturbatorio de sí mismos.
 
Además de cómo "un experimento", La charla es anunciada como "una novela reality", lo cual posiblemente inquiete a quiénes hace algunos años padecieron la moda de las "novelas-teleserie". Al margen de ello, la de Rosenkrantz fue publicada en 1968, lo que significa que la descripción es un anacronismo, aunque también un acierto: La charla deja en el lector el mismo poso que un programa de telerrealidad, aunque (también es necesario decirlo) escasos o nulos momentos de placer culpable.
 
 
Linda Rosenkrantz
La charla
Trad. Jesús Zulaika
Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 16/2/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Linda Rosenkrantz, Novela, Anagrama]

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Pasión no correspondida / "Musa" de Jonathan Galassi

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Algo de la elegancia y la generosidad que quienes hemos tenido la oportunidad de conocer a Jonathan Galassi sabemos que éste posee en grandes cantidades permea o parecería permear Musa, su debut literario. Narrada con la ligereza de quien cuenta un cuento a unos niños, esta fábula con escritores y (sobre todo) editores es, en algún sentido, precisamente, un cuento infantil: el de la infancia de un negocio editorial que ha perdido la inocencia al someterse al juego de los accionistas y la progresión de los dividendos. Parte del placer de su lectura proviene del reconocimiento de nombres de autores, editores y empresas sólo ligeramente disimulados: Musa es una novela en clave, es cierto, aunque la clave está al alcance de cualquier lector medianamente informado; pero incluso aunque esa clave no sea conocida por el lector, éste extraerá el placer de la lectura de este libro de la figura de la brillante y misteriosa Ida Perkins y de los entusiasmos que ésta genera en quienes la rodean, también en el joven editor Paul Dukach: su "pasión no correspondida" está en el centro del relato, y constituye una metáfora eficacísima de una forma de pensar la literatura y lo que ella hace con nosotros, sus amantes, desde que el mundo es mundo.
 
 
Jonathan Galassi
Musa
Trad. Jaime Zulaika
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 15/11/2016 a las 14:45]

[Etiquetas: Jonathan Galassi, Novela, Anagrama]

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"Materiales verdaderos, dicción delirante" / "Los diarios de Emilio Renzi II" de Ricardo Piglia

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A sólo un volumen de que concluya el proyecto autobiográfico de Ricardo Piglia, la pregunta sobre la naturaleza de ese proyecto es inevitable. ¿Qué es (qué son, sería más apropiado decir) estos "Diarios de Emilio Renzi" en cuyo segundo volumen se narran la sociabilidad exacerbada de Ricardo Piglia durante el período comprendido entre 1968 y 1975, un asalto del ejército a un edificio en el que vivía el autor y que pudo tenerlo como objeto o no, las discusiones en torno al "caso Padilla", que fortalecieron en él sus dudas sobre la Revolución Cubana, la articulación de un nuevo canon para la literatura argentina compuesto por Manuel Puig, Juan José Saer y Rodolfo Walsh? ¿Qué género atribuirle a un texto en el que se mezclan las introspecciones y el ejercicio de la contabilidad con pequeñas piezas ensayísticas sobre las novelas de iniciación argentinas, la traducción entendida como práctica social, la narración como toma de decisiones, los tres procedimientos más frecuentes en la obra de Jorge Luis Borges y su doble enunciación, la politicidad de las formas literarias, el "punto de vista" en la obra de Francis Scott Fitzgerald? ¿Cómo leer un libro cuyos personajes recurrentes son presentados con una inicial que facilita su identificación inmediata por parte del lector argentino (Piri L., Rodolfo W., David V., Andrés R., León R., Miguel B., Víctor G., José A., Mario S., Beatriz S., Osvaldo L.) pero cuyo autor se oculta en el pliegue que conforman un pseudónimo y lo que (de no mediar evidencia que afirme lo contrario) un ejercicio de reescritura? En otras palabras, ¿qué implicaciones tiene para los protagonistas de este libro el hecho de que sus personajes aparezcan detenidos en el pasado al tiempo que el narrador puede ejercer sobre esos hechos del pasado un juicio retrospectivo? ¿De qué forma (por fin) leer un texto que recorta una escena intelectual y política, con sus discusiones y sus prácticas, en un momento en el que esa escena no existe y las prácticas han cambiado radicalmente?
 
"Los años felices" de estos Diarios de Emilio Renzi conforman, en palabras de su autor, "una intrincada red de pequeñas decisiones que formaban secuencias diversas, series temáticas" (12); pese a ello, Piglia abandonó rápidamente la idea original de publicarlos "ordenados en series temáticas" debido a que hacerlo suponía la pérdida de "la sensación de caos y confusión que un diario registra" (13). Ambas sensaciones son habituales durante la lectura de esta reunión de "materiales verdaderos [y] dicción delirante" (374), este "archivo o registro de [una] educación sentimental" que constituye "una lectura escrita de una escritura vivida" (79). "Creo que todo lo que escribo es autobiográfico, sólo que no narro los hechos directamente" (23), dice Piglia; las preguntas que la complejidad de su proyecto diarístico generan son el último regalo del autor de Respiración artificial a la literatura argentina y a sus lectores, quienes saben ya que son las preguntas las que impulsan la discusión sobre literatura hacia el futuro.
 
 
Ricardo Piglia
Los diarios de Emilio Renzi II. Los años felices
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 15/9/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Ricardo Piglia, Diarios, Anagrama]

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Un destino inusual / "Cuentos completos" de Grace Paley

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A menudo eclipsada por las de otras extraordinarias escritoras de su generación, la figura de Grace Paley sigue siendo singular al tiempo que necesaria para la comprensión de la evolución del cuento norteamericano durante el siglo XX; de hecho, esa evolución es intrínseca a su obra, en la que ésta pone de manifiesto cómo, en el tránsito de Batallas de amor (1959) a Enormes cambios en el último minuto (1974), la autora pasó del viñetismo de escuela neoyorquina a la manera de Eudora Welty a las formas más abiertas del relato breve que caracterizarían la obra de autores como Donald Barthelme, Alice Munro y Richard Ford.
 
No se trata sólo de una cuestión estética: en el tránsito de "Adiós y buena suerte" (la historia de la joven que vende entradas en un teatro, se enamora del galán casado de la compañía, lo pierde con el final de ésta, lo reencuentra y termina su soliloquio para ir a casarse con él), en Batallas de amor, y, digamos, "La corredora de fondo", de Enormes cambios en el último minuto (un cuento en el que una mujer visita la casa de su infancia en el que ahora es un barrio violento habitado por afroamericanos y debe quedarse durante algún tiempo en él, compartiendo sus antiguas habitaciones con una madre negra y sus hijos), no hay únicamente un tránsito del realismo a formas cercanas al simbolismo y al absurdo que serían afines a autores posteriores, sino también una actitud consecuente con el activismo político de la autora, que incluyó el rechazo sin atenuantes al intervencionismo militar estadounidense, la proliferación de armas nucleares y la guerra de Vietnam, pero también la lucha por el fin de las divisiones raciales en los Estados Unidos y los derechos de las mujeres, en particular los de las más desfavorecidas.
 
Si su activismo político y su actividad como profesora de escritura creativa en sitios como el prestigioso Sarah Lawrence College y la Universidad de Columbia impidieron a Paley escribir más, lo cierto es que su obra provoca, al margen de su brevedad (sólo tres libros de cuentos y tres volúmenes de poesía), la impresión de un mundo cohesionado y sin fisuras, íntegro: incapacitada para escribir una novela (como ella misma afirmó), la recurrencia de personajes y situaciones de libro en libro otorgan a su obra el carácter de una novela fragmentaria y posmoderna y la ponen por delante de su tiempo; su último libro, Más tarde, el mismo día (1985), parece, de hecho, inusualmente moderno, y su autora, nuestra contemporánea: un destino inusual si consideramos el carácter misógino de su obra inicial (en la que las mujeres sólo quieren casarse y ser mantenidas por sus maridos), pero consecuente con las decisiones de sus personajes tardíos, por ejemplo esa mujer que "con la hirviente energía de la edad madura, corre y corre. Busca las casas y las calles donde transcurrió su niñez. Vive en ellas. Como si fuera aún una niña, aprende lo que va a pasar mañana en el mundo" (317).
 
 
Grace Paley
Cuentos completos
Trad. José Manuel Álvarez Flórez, Susana Contreras, Enrique Hegewicz, César Palma y Ángela Pérez
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 22/7/2016 a las 15:45]

[Etiquetas: Grace Paley, Cuento, Anagrama]

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Fuera de lugar / "Varados en Río" de Javier Montes

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Sólo aquellos que han vivido durante algún tiempo en una ciudad vacacional saben del indeseable infierno de quien vive y trabaja allí donde otros descansan y celebran; nuestra búsqueda del Paraíso tras la inmerecida expulsión tiene (uno más) un inconveniente: el Paraíso ya está habitado, y no somos bienvenidos en él.
 
Rosa Chacel, Manuel Puig, Elizabeth Bishop y Stefan Zweig se sintieron fuera de lugar en Río de Janeiro, una de las ciudades más furiosamente bellas y turísticas del mundo: muy posiblemente se hubieran sentido fuera de lugar en cualquier otro sitio, pero el hecho es que lo hicieron en esa ciudad y que Río de Janeiro unió las trayectorias de estos cuatro escritores como no hubiesen podido hacerlo la estilística, el análisis de las influencias o la historia literaria. No todos ellos vivieron en la ciudad brasileña al mismo tiempo y sólo uno de ellos terminó sus días en ella (Zweig, aunque técnicamente murió a sesenta y ocho kilómetros de Río, en Petrópolis), pero todos vivieron en Río circunstancias no necesariamente adversas, pero sí complejas.
 
Rosa Chacel no consiguió hacer un solo amigo en sus treinta y cuatro años de exilio en la ciudad, en los que además padeció la escasez, el abandono de su marido y de su hijo y el fracaso de sus ambiciones como escritora: sin nadie con quien hablar, se volcó por completo en su diario. Manuel Puig fue en Río de Janeiro el anfitrión cordial de los jóvenes César Aira y Graciela Speranza y el no tan cordial de Alan Pauls: atrapado entre el deseo de no "decepcionar" a su madre, una literatura firmemente anclada en la oralidad de su infancia y la liberación de los cuerpos que Río encarna como ninguna otra ciudad del mundo, Puig procuró mantener sus amoríos al margen de la atención de sus amistades, para las que recreó el cine de su infancia en un proyecto delirante pero eficaz de cineclub individual, para un solo socio y beneficiario. Stefan Zweig completó su denuncia del final de una época con la escenificación de un suicidio melodramático (aunque, por supuesto, todo suicidio es melodramático). Elizabeth Bishop debió a la intoxicación con un fruto tropical la que sería una de sus grandes historias de amor y la razón por la que permaneció quince años en Brasil, en una relación amorosa con la extraordinaria arquitecta Lota de Macedo Soares que terminó con peleas, depresiones, excesos alcohólicos y (sí, una vez más) un suicidio, pero también con algunos de los mejores poemas de la literatura estadounidense del siglo XX.
 
De todo ello habla en su nuevo libro Javier Montes (Madrid, 1976), quien también vivió en Río de Janeiro durante algunos años; su aproximación no soslaya esa experiencia individual, pero tampoco la exagera: hábilmente, Montes se mueve entre la crónica de viajes, la crítica literaria y la del arte contemporáneo, la historia y el azar. De a ratos, Varados en Río parece un libro frágil, y lo es por la intensidad y la delicadeza de la mirada que su autor echa sobre unas vidas también frágiles. Para ellas, la entrada en el Paraíso fue también, mayoritariamente, una forma de condena.
 
 
Javier Montes
Varados en Río
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 21/6/2016 a las 13:00]

[Etiquetas: Javier Montes, Ensayo, Anagrama]

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El triunfo de una cierta forma de leer / "Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación" de Ricardo Piglia

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A lo largo de los últimos treinta años, la existencia de los diarios de Ricardo Piglia fue motivo de discusión entre los lectores argentinos. ¿Existían? ¿Eran parte de ellos los fragmentos que su autor publicaba periódicamente como tales? ¿Conformaban, como su autor afirmaba, un reservorio y el origen de los temas tratados en su obra, una de las más importantes de la literatura contemporánea en español?
 
Un documental reciente del cineasta argentino Andrés Di Tella titulado 327 cuadernos y la publicación por parte de Anagrama de Años de formación, primera parte de una trilogía titulada Los diarios de Emilio Renzi, parecen poner de manifiesto que la sospecha era infundada, pese a lo cual es inevitable (y un mérito de su autor, en cierto sentido) que las preguntas en torno a la que éste considera su obra más importante sigan siendo formuladas durante y después de su primera entrega.
 
Años de formación narra el período comprendido entre 1957 y 1967, años en que su autor toma la decisión de ser un escritor, deja de lado las primeras lecturas, estudia Historia en la universidad de La Plata, lee a los que serán posteriormente sus autores de referencia (su enumeración parcial es significativa: Albert Camus, Carlo Emilio Gadda, Malcolm Lowry, Cesare Pavese, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges. Dashiell Hammett), se enamora, ve filmes y extrae de ellos lecciones narrativas (la avidez del joven Piglia es, en ese sentido, notable), juega al billar, asiste a partidos de fútbol, escribe sobre Ezequiel Martínez Estrada, participa de las batallas políticas de su época (por el laicismo de la enseñanza universitaria, contra la invasión estadounidense a Santo Domingo y el acoso a Cuba, por la creación siempre frustrada de una izquierda argentina al margen del peronismo, etcétera), se hace anarquista, se hace marxista, se hace trotskista, ayuda a su abuelo a extraer algún tipo de lección de la experiencia de la Primera Guerra Mundial en el frente alpino, vive en pensiones, da clases, establece sus primeras amistades literarias (Juan José Saer, Daniel Moyano, Miguel Briante, Germán García, Rodolfo Walsh), dirige revistas, traduce, escribe sus primeros relatos, publica su primer libro. De fondo, un país que cambia radicalmente y constituye el fermento de la que posiblemente haya sido la época más importante de la historia cultural argentina, en no escasa medida gracias a Piglia y a sus amistades.
 
1957 y 1967 delimitan el período de formación no sólo intelectual de su autor, pero su intrusión en el texto y el exceso de perspectiva otorgan al libro un carácter ambiguo. Mientras lee Años de formación, uno se pregunta qué es exactamente un diario y si éste lo es. No es una pregunta ingenua: si se define el género, por ejemplo, como "un registro personal de experiencias, ideas y reflexiones escrito regularmente" (Kathleen Morner y Ralph Rausch), la respuesta a la pregunta es que este nuevo libro de Ricardo Piglia lo es pese incluso a que la temporalidad convencional del diario (su carácter iterativo) no existe aquí excepto como promesa. En Años de formación leemos a Ricardo Piglia leyéndose, interviniendo su pasado y reescribiéndolo; el libro no es tanto la transcripción de unos cuadernos como una suma de textos intervenidos cuyo tema es la transformación en escritor de su protagonista y cuya selección está supeditada a la idea que su autor tiene acerca de qué es un escritor en 2015; y no en 1957 o en 1967, cuestión que el autor hace explícita cuando afirma que "la verdadera legibilidad siempre es póstuma" queriendo decir posterior o subsiguiente (66).
 
La doble temporalidad de estos textos (escritos por Ricardo Piglia en 1965 o 1967 pero leídos e intervenidos por él en 2015, en una operación curatorial sobre el pasado que le otorga un significado retrospectivo) se pone de manifiesto en el hecho de que aquí aparecen ya los principales temas y procedimientos de la obra "adulta" de Piglia (la sustracción del sentido de la anécdota que permite inferir que existe un segundo relato "oculto" bajo la superficie del primero, la invención al margen de las instituciones y como forma de resistencia política, la reproducción y sus vínculos con lo real, la reflexión sobre las series, el azar y las características gramaticales de un lenguaje hipotético para narrar la experiencia, el fracaso de los proyectos individuales, etcétera), pero también en la atribución de los diarios a Emilio Renzi, el avatar más común de Piglia en sus textos.
 
En ese sentido, Años de formación no debería ser leída como la transcripción de los diarios de Ricardo Piglia de 1957 a 1967 sino, más bien, como los diarios de Ricardo Piglia de 2015, período en el que habría estado leyendo y ordenando sus diarios: el distanciamiento, el extrañamiento de la operación se pone de manifiesto en la atribución a Renzi, pero también en el tránsito de la primera a la tercera persona del singular en la transcripción. Años de aprendizaje son y no son los diarios de Ricardo Piglia y, por consiguiente, ratifican al tiempo que deslegitiman la leyenda de su inexistencia. (¿No era la invención privada y la incertidumbre acerca de su significado uno de los principales temas de la obra de Piglia? ¿Qué podía ser más consecuente con la visión de la literatura de su autor y una especie de lección narrativa que esos diarios no hubiesen existido nunca?) También agregan una complejidad más a su obra. ¿Cómo leer Los diarios de Emilio Renzi? ¿Qué significado atribuir al hecho de que el relato titulado "La moneda griega" (insertado aquí entre los diarios de 1966 y 1967, lo que indica que fue escrito por esa época o aborda sucesos de esos años) se refiera a hechos fechados originalmente en torno a 1970 y sea la reescritura del cuento "Pequeño proyecto de una ciudad futura" publicado por Letras Libres en octubre de 2001? ¿Cómo evitar pensar que en su inclusión hay una cierta lección literaria? ¿De qué forma leer sin sospecha el punto culminante de una obra literaria que ha hecho de la sospecha su principal enseñanza? Los lectores seguiremos preguntándonos esto durante muchos años, en una manifestación más del triunfo de Piglia, cuya obra aborda precisamente estas cuestiones: "las significaciones escondidas en el interior de una serie indiscriminada de acontecimientos" (55) que trazan la silueta de una vida.
 
 
Ricardo Piglia
Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación
Barcelona: Anagrama, 2015
 
 
Publicado originalmente en Letras Libres 169 y 202. Madrid y Ciudad de México, octubre de 2015. 

[Publicado el 01/12/2015 a las 11:30]

[Etiquetas: Ricardo Piglia, Diarios, Anagrama]

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Las relaciones peligrosas / "Cicatriz" de Sara Mesa

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Sonia conoce a Knut a través de un foro en internet sobre literatura, pero Knut no se llama Knut y no es sólo un lector; a lo largo de la extensa y singular relación que mantendrá con Sonia, Knut será muchas cosas para ella, casi todas a través de su intercambio de correos: su confidente, un prescriptor, una especie de padre, el iniciador de un cortejo largo y no exento de rispideces, un agresor, el lector de sus primeras obras, un proveedor de bienes robados.
 
A partir de 2008 aproximadamente la literatura española ha empezado a interesarse por los intercambios económicos y por el trabajo. No es necesario decir que ese interés se debe al origen social de buena parte de sus autores, que sólo parecieron acceder a la naturaleza económica de la vida social cuando fueron sus economías las que se vieron afectadas por el estado de cosas: mientras no fue así, el mundo del trabajo perteneció a otras clases sociales, enmudecidas por lo común en el ámbito de la literatura. Acerca de la mayor parte de las novelas sobre el tema se puede decir lo siguiente: hablan de la crisis, pero no provocan ninguna crisis, ni el autor ni en sus lectores; se proponen contra las instituciones, pero adhieren al sistema de los géneros literarios, que son lo más institucional que existe en la literatura; se presentan como una intervención en el ámbito del trabajo pero no exigen ningún trabajo, ni a su autor ni (presumiblemente) a su lector; hablan de la economía, pero no intervienen en la discusión sobre la propiedad de los textos, que es la discusión económica por excelencia en el ámbito de la literatura.
 
A diferencia de todos ellos, la nueva novela de Sara Mesa (Madrid, 1976), que es (efectivamente) una novela sobre los intercambios económicos, consigue incomodar a su lector poniendo de manifiesto sin necesidad de sermonearlo de qué modo esos intercambios arrojan consecuencias inesperadas en nuestra existencia. Sonia intuye en la literatura una posibilidad de realización personal, un paréntesis en una vida presidida por un hijo del que es madre soltera, una madre, una abuela enferma, trabajos precarios, la existencia en una ciudad de provincias. Es una especie de Emma Bovary que carece de dinero para poder acceder a ese ámbito de realización. Knut tampoco lo tiene pero sabe robar libros, y la relación postal entre ambos se convierte rápidamente en el envío por parte de Knut (y la recepción cada vez más incómoda por parte de Sonia) de libros, discos, perfumes, vestidos y ropa interior en una progresión que es (también) la de la constitución de una dialéctica del amo y del esclavo en el que las posiciones se intercambian regularmente.
 
Cicatriz admite otras lecturas, entre ellas una que reconociese a su autora el talento y la voluntad de actualizar el legado de la novela epistolar y devolverlo a la primera línea de la literatura española mediante un uso habilísimo del discurso indirecto libre. Otra posible lectura podría incidir en el hecho de que, con sus elipsis, saltos temporales y su fragmentarismo, esta novela de Sara Mesa pone de manifiesto que ni siquiera las narrativas más deliberadamente realistas pueden prescindir en este momento de las contribuciones de las vanguardias históricas y de una sensibilidad contemporánea que tiende al salto de perspectiva y a la fragmentariedad. Otra, que otorgase valor a la construcción de los personajes, debería otorgarle a la autora el mérito de haber creado uno de los personajes más irritantes de la literatura española reciente, sus autores excluidos: Knut, "Tan joven y hablando de los escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo" (74). Una más, hipotética, consistiría en ver en esta novela una defensa de la literatura no como escapismo y rechazo de la vida sino como vehículo para el acceso a una vida mejor, no solamente en términos económicos.
 
Cicatriz viene a decir que las relaciones literarias son, siempre, peligrosas; pero también que en la literatura hay una posibilidad de empoderamiento y de redención que bien justifican asumir riesgos.
 
 
Sara Mesa
Cicatriz
Barcelona: Anagrama, 2015

[Publicado el 06/6/2015 a las 11:45]

[Etiquetas: Sara Mesa, Novela, Anagrama]

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Una literatura "verdadera" / "¿Hay vida en la Tierra?" de Juan Villoro

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Acerca de Juan Villoro hemos hablado en un par de ocasiones ya (el plural, por supuesto, es mayestático), pero es posible que no lo hayamos hecho acerca de su trabajo como columnista en la prensa periódica, una actividad y un género que a menudo son denostados por producir supuestamente prosa de circunstancias, mercenaria y constreñida (en oposición a la literatura "seria", que sería patrimonio de las novelas y, dentro de ellas, de las escritas por un alemán muerto), innecesaria, puramente ingeniosa. Quienes lo sostienen, se equivocan: buena parte del columnismo periodístico es (naturalmente) prosa de circunstancias, mercenaria y constreñida, innecesaria, puramente ingeniosa; pero una mínima parte de ella no lo es. Roberto Merino y Leonardo Sanhueza, Rafael Gumucio, Ignacio Vidal-Folch, Guillermo Sheridan y Roger Bartra, por mencionar sólo algunos, escriben lo que, más allá de los prejuicios, es literatura con mayúsculas, y lo mismo se puede decir de ¿Hay vida en la Tierra?, la reunión de cien columnas de Juan Villoro que la editorial Anagrama publica (por fin: la edición mexicana del libro es de 2012) en España.
 
Los temas de ¿Hay vida en la Tierra? son variados (las dificultades de cambiar de colchón, los inconvenientes de persignarse en un avión a hélice, las de llegar temprano a una fiesta, de apostar, etcétera) y sus personajes (Kenzaburo Oé, una tortuga llamada, muy apropiadamente "Elvira", un "negro" de Twitter, un alcohólico arrepentido, una madre que vende lupas, un escritor a menudo atribulado) también lo son. No lo es, sin embargo, el estilo de Villoro: elegante, preciso, tendiente al aforismo, de una complejidad deliberadamente disimulada bajo la apariencia de una conversación. A diferencia de buena parte de sus colegas en el periodismo literario, Villoro no desciende a los abismos de estupidez en los que se suele caer cuando se intenta ser ingenioso: es inteligente; la diferencia entre una cosa y otra es evidente para cualquier lector.
 
En su diario de viaje por Túnez de abril de 1914, Paul Klee menciona el cumplido que le habría hecho el también pintor (y también suizo) Louis Moilliet: "Hasta que te conocí, pintaba como quien mira por una ventana". No sabemos cómo se pinta "como quien mira por una ventana", pero sí sabemos (y nos resulta evidente, aunque no siempre sepamos cómo explicarlo) que a lo que se refirió Moilliet fue a la diferencia sustancial entre aquello que en pintura (y en literatura, por supuesto) nos parece que está vivo y aquello que no lo está, lo que nos parece verdadero y lo que sólo podemos tomar por falso. Acerca de Villoro y de este nuevo/viejo libro se puede decir lo mismo: está escrito del otro lado de la ventana, donde suceden las cosas y no hay sitio para lo falso. ¿Hay vida en la Tierra? es, en ese sentido, un libro "verdadero". Es otras cosas también, por supuesto: gracioso, adictivo, inquietante en la capacidad de observación de su autor (como es inquietante, e incomprensible, su interés en los Flying Burrito Brothers), siempre alerta, iluminador, pertinente.
 
 
Juan Villoro
¿Hay vida en la Tierra?
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 10/4/2015 a las 12:45]

[Etiquetas: Juan Villoro, Miscelánea, Anagrama]

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Lleno de peligros / "Enseres domésticos" de Vicente Verdú

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Una de las tareas más relevantes, una de las actividades más importantes de la literatura, y la razón principal por la que vale la pena prestarse a sus juegos (a pesar de las decepciones periódicas, pese a la defección de los autores y a los periódicos anuncios de su decadencia y reemplazo a manos de otros medios, bastante habituales entre los periodistas televisivos y los escritores expulsados de la literatura), es la de que la literatura permite pensar. No pensar sólo acerca de los grandes temas de la historia y la condición humana (por lo demás, tan habituales entre los escritores cursis, los autores de novela histórica y los que viven de los dineros públicos), sino también acerca de los más pequeños; o, mejor dicho, acerca de cómo los grandes temas permean completamente los supuestamente más pequeños, que (en ese sentido) son exactamente iguales a los más grandes.
 
La literatura es una forma de pensamiento, y muy pocos piensan en España tan bien (es decir, hace tan buena literatura) como Vicente Verdú. A lo largo de las últimas décadas, Verdú ha ido construyendo una obra ensayística difícil de clasificar por la diversidad de sus temas, pero también por la forma en que los ha abordado: Verdú piensa muchas cosas (el capitalismo, el estilo, los matrimonios, las vecindades que establecemos con quienes nos rodean, las convenciones sociales, el periodismo, la decadencia física) pero lo hace con una rara coherencia; también, con una profundidad y una sagacidad inusuales en un país cuyos filósofos (incluso los más celebrados) no se elevan más allá de las alturas bastante bajas de la autoayuda, incluso de la autoayuda política y ética. A este mérito inusual se le suma otro, y es su sentido del humor, que lo distingue en un escenario de pensadores monótona, patéticamente serios, eleven la vista al cielo cuando hablan o la arrastren por un suelo, que (en mi opinión) es el sitio que corresponde al filósofo y el único al que debería aspirar.
 
Enseres domésticos es otra muestra del talento de su autor para ir contra la corriente de una filosofía que (como la mencionada más arriba) no puede interpelar a sus lectores porque ya no tiene nada que decir o no sabe cómo hacerlo. Aquí, Verdú disecciona cincuenta y cinco prácticas y objetos con los que compartimos una vida en el hogar que algunos creen "dulce" pero que (y Verdú lo muestra magníficamente) en realidad está lleno de peligros: de los que derivan de la convivencia con objetos punzantes o cargados de electricidad (la maquinilla de afeitar, la tostadora), de las múltiples circunstancias en que estos se pueden perder (las llaves), desaparecer (los calcetines, de a pares pero más a menudo de forma individual), romperse (espejos, el teléfono, floreros), provocar enfermedades (las moscas, el polvo), crear problemas (las mascotas, los vecinos) o producir extraños olores (nuevamente: las mascotas, los vecinos), pero sobre todo, del peligro de que no pensemos en los objetos que nos rodean, que constituyen una segunda manifestación de nuestra identidad, una "segunda piel" (por decirlo así) que ni es particularmente doméstica (en el sentido de domesticada) ni muy privada.
 
Enseres domésticos es un libro magnífico que propone una experiencia singular, semejante a la de dejar entrar a un desconocido a la casa de uno para que éste la analice y nos analice, la describa y nos describa. El libro retrata una condición que todos compartimos: la de creernos dueños de unos objetos que en realidad nos poseen a nosotros, determinan nuestros actos, nos definen, son nuestra intimidad, así que vale la pena pensar también (y sobre todo) en ellos. Vicente Verdú lo hace espléndidamente.
 
 
Vicente Verdú
Enseres domésticos. Amores, pavores, sujetos y objetos encerrados en casa
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 18/11/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Vicente Verdú, Ensayo, Anagrama]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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