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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 19 de diciembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Kurt Wolff sobre la edición / Cita

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El editor alemán Kurt Wolff (1867-1963). Crédito de la imagen, desconocido.

"Uno edita o bien los libros que considera que la gente debería leer, o bien los libros que piensa que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente al gusto del público, no cuentan."

 

 

Kurt Wolff

Autores, libros, aventuras. Observaciones y recuerdos de un editor, seguidos de la correspondencia del autor con Franz Kafka

Trad. Isabel García Adánez

Barcelona: Acantilado, 2010

[Publicado el 23/1/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Kurt Wolff, Cita]

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A paso de cangrejo, Oh insensatez / Dos artículos para El País Semanal

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Los jurados de "Masterpiece". ¿No los conoce? Yo tampoco. Crédito de la imagen, desconocido.

A paso de cangrejo
 
 
A usted, amable lector o lectora de estos sueños, le puede gustar Tom Waits o no gustarle, pero una cosa es segura: usted no le gusta a él. Desde hace años, el músico californiano ha hecho del desplante su forma habitual de relacionarse con la prensa y con el público, lo que lo ha convertido en alguien impredecible y, por consiguiente, necesario, sobre todo si se tiene en cuenta que muy pocos de los songwriters de importancia superan los sesenta años de edad sin sentirse tentados de vivir exclusivamente de y para su leyenda. Piénsese en el recientemente fallecido Lou Reed, en Van Morrison e incluso en Leonard Cohen: en los últimos años todos ellos han ofrecido la emoción del reconocimiento pero no el vértigo de la búsqueda. Tom Waits sí, pero es difícil determinar si esa búsqueda se orienta hacia el futuro o hacia el pasado. Un tiempo atrás, en este periódico, Waits daba cuenta de los músicos que más lo habían influido, entre ellos Thelonious Monk, Gary Davis, Harry Partch, Hank Ballard, Howlin' Wolf y Little Walter: notablemente, ninguno de ellos está vivo. Al igual que Bob Dylan, Waits avanza a paso de cangrejo; es decir, con la vista vuelta atrás, y al hacerlo nos recuerda no sólo que no hay nada nuevo bajo el sol sino también que la grandeza artística radica en poder mirar el pasado como un repositorio inabarcable de formas y de temas en el que se encuentra, también, el secreto de lo nuevo, y que la tarea del verdadero artista (la de aquel que desea ser algo más que su propio monumento fúnebre) es traerlo todo, de algún modo, de regreso a casa.
 
 
 
*
 Oh, insensatez
 
 
Nunca ha existido un consenso en torno a la cuestión de qué aspecto debe tener un escritor, aunque parece haber cierta unanimidad en relación al hecho de que, en general, es alguien de no muy buen ver. No importa: entre las múltiples demandas que la literatura realiza a sus creadores nunca ha estado la belleza, a pesar de lo cual en las últimas décadas ha aumentado la presión para que los autores posean cualidades que no guardan relación alguna con su disciplina (el atractivo físico, el carisma), conformando una tendencia que sitúa a la literatura a la estela del cine y de la música pop y que hace posible iniciativas como la de "Masterpiece", el concurso televisivo que la editorial Bompiani ha creado recientemente para escoger a la próxima estrella de la literatura italiana.
 
La dinámica y la composición de "Masterpiece" es similar a la de cualquier otro "casting" televisivo: hay doce candidatos, un "coach" y tres jurados de mérito por lo menos discutible. A los participantes se los somete a pruebas (escribir en vivo, adoptar un punto de vista u otro, leer en voz alta, etcétera) de cuya evaluación se encargan los jurados; el público vota (pagando, por supuesto); el ganador (que se conocerá en febrero del año próximo) verá su primer libro publicado en Bompiani en una tirada de cien mil ejemplares.
 
Según las estadísticas, sólo el 46 por ciento de los italianos dice haber leído un libro en 2012 (la cifra real posiblemente sea inferior). Los concursantes de "Masterpiece" son de diferentes edades y procedencias, pero todos comparten su habilidad para desenvolverse ante las cámaras; también el hecho de que ninguno de ellos ha demostrado hasta ahora tener algo que decir y saber cómo hacerlo, que es la única demanda que se debería hacer a un escritor. No es difícil pensar que el estado actual de la literatura (no sólo italiana) es resultado de esta insensatez, la de creer que un escritor es algo más que alguien que escribe libros.
 
 
Publicados en la sección
"Nosotros caminamos en sueños"
El País Semanal
Diciembre de 2013 y enero de 2014

[Publicado el 21/1/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Literatura y moral / "Las reputaciones" de Juan Gabriel Vásquez

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Ricardo Rendón murió en octubre de 1931 en Bogotá; había nacido unos treinta y siete años atrás e iba a ser considerado el caricaturista político colombiano más importante del siglo XX. No muchos parecen recordarlo hoy en día, sin embargo, y es la constatación de ese olvido la que asalta a Javier Mallarino cuando éste se está haciendo lustrar los zapatos y ve al fantasma de Rendón cruzar la calle. No hay aquí diálogo entre muertos y vivos; nadie va a conocer el hielo en una tarde remota (a pesar de la nacionalidad de su autor, su tradición no es la del realismo mágico): el fantasma de Rendón, visto o imaginado, desaparece al doblar una esquina y Mallarino sigue su camino, que lo conduce al Teatro Colón (a la sala principal, no al foyer), donde recibe el homenaje de la sociedad bogotana. Digámoslo así: es la gran noche de Mallarino, la manifestación del "poder terrible" que se esforzó por obtener y del que en ese momento disfruta: "a sus sesenta y cinco años, la misma clase política que tanto había atacado y acosado y despreciado desde su trinchera, de la cual se había burlado sin miramientos ni respeto por lazos de amistad o de familia [...] había decidido poner la gigantesca maquinaria colombiana de la lambonería [adulación] al servicio de un homenaje que por primera vez en la historia, y quizá por última, tenía a un caricaturista como destinatario".
 
Al igual que la figura de Rondón (con su mensaje de que la obra de un caricaturista muere y se agota cuando se extingue el recuerdo de aquellos a quienes dibujó), en la gran noche de Javier Mallarino se cuelan también los remordimientos, sin embargo, el enfrentamiento con la censura, las amenazas sufridas, el fracaso de su matrimonio, el abandono de su hija y una joven: la joven se llama Samanta Leal y quiere saber qué sucedió con ella, qué le hicieron una tarde de 1982 en la casa de Mallarino, durante una fiesta, y arrastrará con ella al caricaturista al pasado, a la convicción de que durante años disfrutó de un poder excesivo y a varias decisiones que (aunque suene manido) cambiarán la vida de Mallarino para siempre.
 
Juan Gabriel Vásquez nació en Bogotá en 1973 y es autor de las novelas Los informantes, Historia secreta de Costaguana y El ruido de las cosas al caer, entre otros libros. Aunque la figura del protagonista de su nueva obra parece inspirada en la de Rondón (en una nota final, el autor reconoce asimismo su deuda con otros caricaturistas como Vladimir Flórez "Vladdo", Andrés Rábago "El Roto", Antonio Caballero, Héctor Osuna y José María Pérez González "Peridis"), esa inspiración no parece estar vinculada tanto con la vida el caricaturista colombiano como con su muerte: Rondón se suicidó en público, proyectando sobre su éxito y su autoridad una sombra de duda que no podía sino fascinar a Vásquez, cuyos temas han sido desde su primer libro el pasado y la proyección de sus sombras sobre el presente, el olvido y la provisionalidad de nuestro juicio moral.
 
Estas son también las inquietudes que recorren Las reputaciones, cuyo tema principal es el de los riesgos que entraña la alianza entre la autoridad moral y la masividad de la prensa. A lo largo de este libro no queda claro si Vásquez condena el poder excesivo que nuestras sociedades otorgan (u otorgaron) a la prensa o si lamenta el hecho de que ese poder esté en retroceso (de hecho, el narrador afirma: "En esos tiempos, estar suscrito a un periódico era esperar, cada mañana, la transformación del mundo, a veces como sacudida brutal de todo lo conocido, a veces como sutil puerta de acceso a una realidad desplazada", siendo lo más importante aquí el tiempo verbal y la expresión "en esos tiempos"); sí queda claro, sin embargo, que Las reputaciones es uno de los mejores libros de su autor. Vásquez ha conseguido aquí rehuir mayoritariamente la solemnidad que (a modo de sombra incómoda) persigue a toda literatura que trata con la cuestión moral (la caricatura es, por supuesto, una ilustración a la que se agrega un juicio moral de alguna índole) o se propone alcanzar la perfección estilística.
 
Las reputaciones es una obra de una belleza y una plasticidad formales notables (con la posible excepción de los diálogos entre los personajes, en general, y el soliloquio de Samanta Leal, en particular), el perfeccionamiento de una fórmula narrativa que ha hecho de su autor uno de los escritores latinoamericanos más importantes del momento y ha imbuido a su obra de un carácter clásico. Es precisamente en el mundo de la literatura clásica (más aun, pienso: en el del clasicismo literario francés) donde se deben buscar las raíces del estilo de Vásquez, la hondura de los temas que aborda, la caracterización de sus personajes, su visión del mundo, su humanismo (que lleva a hacerle decir a su protagonista: "Lo importante en nuestra sociedad no es lo que pasa, sino quién cuenta lo que pasa. ¿Vamos a dejar que sólo nos lo cuenten los políticos? Sería un suicidio, un suicidio nacional. No, no podemos confiar en ellos, no podemos quedarnos con su versión. Nos toca buscar otra versión, la de otra gente con otros intereses: la de los humanistas. Eso es lo que yo soy: un humanista. No soy un chistógrafo. No soy un pintamonos. Soy un dibujante satírico.")
 
La suya es, en ese sentido, una visión humanista de los vínculos entre verdad histórica y representación (sea esta obra de un caricaturista o la de un escritor, que Vásquez considera implícitamente similares) en el marco de la cual la literatura tendría por finalidad exagerar, ficcionalizar y narrar la verdad histórica para hacerla comprensible; se trata de la misma forma de entender la literatura que compartieron Honoré de Balzac y Victor Hugo (y sus herederos más evidentes en el ámbito latinoamericano, que son también los maestros de Vásquez: Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes), y no importa lo que se piense sobre ella: la obra de Juan Gabriel Vásquez demuestra que esa visión puede continuar produciendo libros estéticamente valiosos y que, por consiguiente, está lejos de haberse agotado.
 
 
Juan Gabriel Vásquez
Las reputaciones
Madrid: Alfaguara, 2013
 
 
Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid y Ciudad de México, diciembre de 2013. 

[Publicado el 16/1/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Juan Gabriel Vásquez, Alfaguara, Novela]

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La literatura o la vida / "El club de los asesinos de letras" de Sigismund Krzyzanowski

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Un escritor puede dejar de escribir por decenas de razones; también porque, obligado a escoger entre la literatura y la vida (una obligación que viene de antiguo y que soslaya el hecho de que la literatura, y su lectura, son una parte de la vida, acaso la mejor de ella), escoge la vida, ya que "si en el estante de una biblioteca hay un libro de más es porque en la vida hay un hombre de menos" (5).
 
Quien dice esto es alguien que ha dejado de escribir. Nunca sabremos su nombre, sólo que es miembro de un club de escritores que no escriben, que "asesinan" las letras que hubiesen sido impresas en unos libros que no verán la luz. La tradición del club en la literatura es larga y entronca con la de la sociedad secreta, que le presta algunos de sus elementos y la mayor parte de sus posibilidades narrativas (piénsese en El club de los negocios raros de Gilbert K. Chesterton, por ejemplo), pero es inusual que diga algo acerca de la vida del autor que escribe sobre él; sin embargo, El club de los asesinos de letras es lo más cerca que estaremos nunca de comprender quién fue Sigismund Krzyzanowski, que escribió alrededor de tres mil quinientas páginas de gran calidad literaria pero no publicó ni una sola de ellas a lo largo de su vida.
 
Al igual que en otras obras con el club como tema, la de Krzyzanowski tiene un carácter episódico apenas disimulado: sus capítulos (que se corresponden en mayor o menor medida con cada intervención de los miembros) funcionan, en ese sentido, como relatos breves. En el primero, el escritor que ha dejado de escribir cuenta cómo tuvo que vender sus libros para poder desplazarse junto al lecho de su madre enferma y de qué manera, desde entonces, le bastó contemplar la estantería vacía para que se le ocurriesen nuevas historias mediante la combinación de los títulos desaparecidos ("uno a uno, fui cogiendo mis libros imaginarios, los fantasmas que llenaban el vacío entre los tableros negros de mi antigua estantería y, sumergiendo sus letras invisibles en tintas más ordinarias, los fui convirtiendo en manuscritos y los manuscritos en dinero", afirma, 10). En el segundo, una operación matemática (Guildenstern y Rosencrantz se multiplican en Guilden, Stern, Rosen y Crantz, y Ofelia en O y Felia) otorga nuevas posibilidades a la pieza de William Shakespeare Hamlet. En el cuarto se reúnen los pasajes evangélicos en los que Jesús prefiere no hablar para sugerir la posibilidad de un quinto evangelio, un "Evangelio del silencio" pendiente de reconstrucción. En el quinto, un cadáver es utilizado para confeccionar una especie de autómata manipulado mediante una máquina de escribir.
 
Las claves de interpretación de El club de los asesinos de letras se vuelven algo más visibles cuando un personaje, al escuchar la historia del evangelio del silencio, propone a su autor el título de "Autobiografía" (75). La literatura como palimpsesto, la imposibilidad de hablar del silencio sin desvirtuarlo ("¿Para qué vas a callar al silencio?" dice una canción argentina), la posibilidad de que todo lo escrito sea fútil son temas que Krzyzanowski desarrolla a la manera de Jorge Luis Borges, convirtiendo una idea acerca de la ficción en una ficción ella misma, pero, detrás de todas estas visiones (negativas, podríamos llamarlas) de la literatura, existen circunstancias vitales en el caso del autor soviético que se ponen de manifiesto en clave simbólica en el sexto relato del libro, donde un régimen totalitario obtiene mediante la innovación tecnológica una forma eficaz de adquirir la soberanía de los cuerpos de sus ciudadanos, eliminando la disidencia y obteniendo una fuerza laboral sumisa y eficaz ("máquinas éticas", 98); parece evidente que ese régimen fue para Krzyzanowski el soviético (*): parece evidente, también, que publicar El club de los asesinos de letras hubiese sido una condena a muerte para su autor: en ese sentido, y al igual que su personaje, Krzyzanowski tuvo que escoger entre la literatura y la vida, y escogió la segunda.
 
Leída en esa clave, la advocación de esta novela al silencio (y los vínculos con la vida de su autor, que hizo de ese silencio el precio a pagar para mantenerse con vida en los tiempos que le tocaron vivir) adquiere un significado político y biográfico. Los asesinos de letras de la novela escogen el silencio literario por razones diversas y no siempre explícitas, pero su silencio también es una forma de resistencia. Fue la que practicó Krzyzanowski, quien (como afirman sus editores españoles no sin ironía) "tuvo la fortuna de morir en su cama en plena época estalinista".
 
 
(*) La asociación resulta aun más evidente si se considera la historia de Sag, quien "escribía relatos en sus ratos de ocio. Naturalmente, en secreto y ‘para su propio disfrute', pues encontrar a ‘otros' interesados en este siglo de los ex [los ciudadanos despojados de su voluntad], cuando la literatura estaba tan cercenada como los ‘mundos interiores', era simple y llanamente misión imposible. Pues bien, en una novela de Sag titulada, creo, ‘El desconectado', se contaba la historia de una especie de intelectual genial que durante una revuelta ocurrida en su insignificante ciudad llegó a crear su propio sistema, descubriendo nuevas ideas y pensamientos. Apresado, se le incluyó en un colectivo de autómatas condenado a realizar, sin parar, un día tras otro, un trabajo de lo más simple que consistía en cinco o seis operaciones repetitivas y alienantes, de tal modo que se sentía incapaz de comunicar a la humanidad su idea de salvación. En un mundo donde la acción y el pensamiento, las ideas y su materialización, eran parcelas aisladas y sin ninguna conexión entre sí, él era precisamente un ‘desconectado'" (114-115).
 
 
Sigismund Krzyzanowski
El club de los asesinos de letras
Trad. Rafael Cañete
Barcelona: Ediciones del Subsuelo, 2012

[Publicado el 14/1/2014 a las 10:45]

[Etiquetas: Sigismund Krzyzanowski, Novela, Ediciones del Subsuelo]

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Revirtiendo la mirada antropológica / "El libro de la selva de Londres" de Bhajju Shyam

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Shyam expresa su idea de un avión con un elefante que vuela en un mundo del revés. Crédito, del autor.

En el año 2002 el artista pástico Bhajju Shyam fue invitado a realizar unas pinturas murales en un restaurante indio del barrio de Islington, en Londres; pasó dos meses en la capital inglesa, pintando y observando la ciudad, que no había visitado antes. Shyam pertenece a la comunidad tribal gond, afincada en el centro de la India; sus miembros suelen ser despreciados por los demás hindúes y rara vez tienen la oportunidad de viajar: Shyam, que la tuvo, fue convencido por Sirish Rao y Gita Wolf para que plasmase las impresiones de su viaje. El resultado es uno de los libros más hermosos de 2013.
 
"Al arte gond no le interesan ni el realismo, ni la perspectiva, ni la luz, ni la tridimensionalidad. Más que representar, expresa, y su energía surge de las líneas fluidas, de los complejos dibujos geométricos y de los símbolos que vinculan a los seres vivos con el funcionamiento del cosmos", afirman los autores. Shyam se pinta, por ejemplo, más grande que un tren porque éste "en sí no me interesaba nada", describe el paisaje aéreo de Inglaterra como un sari rodeado de agua, la lluvia inglesa como un tatuaje, el metro como una serpiente, el autobús como un perro fiel, los ingleses como murciélagos, el Big Ben como un "templo dedicado al tiempo" con forma de gallo. "Traté de comprender a los londinenses", afirma. "Me pareció que lo más importante era que gobernaban sus propios deseos. Mientras no fuera ilegal, podían hacer lo que les viniera en gana".
 
La facilidad para desplazarnos ha hecho que ningún lugar sea ya exótico; los viajes se han convertido en una oportunidad de ratificar impresiones preexistentes y el descubrimiento parece ser deliberadamente evitado por quien participa de esa forma del ocio inane a la que llamamos turismo. Es tanto lo que se ha dicho sobre Londres, y tantas veces las que se ha visitado la ciudad y se la ha retratado, que parece imposible poder decir algo nuevo sobre la capital inglesa. Shyam lo consigue, sin embargo: el suyo es un idioma único, recostado en una tradición pictórica de la que sabemos poco y parece a punto de desaparecer (los autores mencionan en su prólogo el hecho de que los artistas gond están comenzando a utilizar pinturas industriales y a ingresar en el mercado del arte, lo que supone cambios tanto en la concepción como en la función de su arte). La suya es una visión excepcional, absolutamente única, que revierte la mirada antropológica y pone de manifiesto que el exotismo está en casa si se mira con los ojos adecuados y con la humildad y el talento de un artista notable.
 
 
Bhajju Shyam (con Sirish Rao y Gita Wolf)
El libro de la selva de Londres
Trad. Carlos Mayor
Madrid: Sexto Piso, 2013

[Publicado el 09/1/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Bhajju Shyam, Ilustrado, Sexto Piso]

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Lo mejor / La decepción de 2013

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Jane Maynsfield sabe bien dónde esconder unas uvas. Crédito de la imagen, desconocido.

Jota Erre (Sexto Piso) no pretende "reflejar" la realidad de ninguna manera, no parece haber sido fácil de escribir y no es fácil de leer; por todo ello, esta novela de William Gaddis ofrece un notable contraste con buena parte de lo que se publica estos días y es, por lo tanto, y en mi opinión, el mejor libro publicado en 2013. Jota Erre es un auténtico "ocho mil" literario: requiere tiempo y esfuerzo, pero compensa los que se inviertan en él con la visión de un paisaje nunca visto antes y eso lo diferencia de la principal decepción de este año, La casa de hojas (Pálido Fuego, Alpha Decay).

Gaddis publicó su novela en 1975; Mark Z. Danielewski la suya en 2000. A pesar de ello, la primera aún parece joven, mientras que la segunda ha envejecido notablemente (de hecho, quizás haya nacido vieja), tal vez debido a que los juegos tipográficos de La casa de hojas no pueden disimular el hecho de que su autor tiene muy poco que contar y no parece saber muy bien cómo hacerlo. La suya es una expresión menor de la experimentación literaria que autores como Gaddis, John Barth y Donald Barthelme llevaron a lo más alto mucho antes de que esa experimentación diera paso a una cierta pseudoliteratura concebida para aquellos a los que la literatura de verdad atemoriza y expulsa o sencillamente no les parece lo suficientemente contemporánea (como si estar al día fuese algún tipo de mérito).

 

 

Publicado en ABC Cultural, 30 de diciembre de 2013.

[Publicado el 07/1/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, William Gaddis, Alpha Decay, Sexto Piso, Novela]

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Actualizaciones (VII) / Fernando R. de la Flor / William Blake / James Joyce

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Tres títulos para que el lector salte de alegría. Crédito, Andy Shupe.

1
 
Los visitantes regulares a este diario de lecturas saben de sobra de mi interés por el ensayo literario: no, por cierto, por lo que se comercializa como tal estos días (y que, en el mejor de los casos, es periodismo y en el peor, publirreportaje), sino por el que considero el verdadero ensayo literario, ese tipo de texto que contribuye a la discusión acerca de la literatura y los libros y los modos en que ambos condicionan nuestras relaciones sociales y las formas que adquieren nuestros diálogos. Quizás la mía sea una posición minoritaria (al menos parece poco extendida entre los editores de colecciones de ensayo, y algún día alguien deberá escribir sobre qué pudo haber sucedido para que los sellos de ensayo que amamos y cuyos catálogos nos formaron se hayan convertido en el orgulloso hogar de títulos como "692 libros que tienes que leer antes de morir y no vas a leer nunca", "Veterinarias con encanto" o el ya clásico "Yo antes era filósofo pero ahora escribo autoayuda"). No importa. Los responsables de la editorial Periférica parecen compartir esa posición y acaban de apostar por uno de los mejores ensayistas españoles contemporáneos, Fernando R. de la Flor.
 
En Contra (post)modernos De la Flor revisa la vida y la obra de tres poetas españoles que, en su opinión, encarnan la disidencia, la provincia y la carencia: Miguel Espinosa, Claudio Rodríguez y Antonio Gamoneda. El resultado de su estudio es la certeza adquirida de que los enfrentamientos que se libraron en el campo literario español durante las últimas décadas no carecieron de víctimas y pudieron haber finalizado de formas muy distintas a como lo han hecho; también, como todo buen texto en su género, Contra (post)modernos pone de manifiesto la necesidad que tenemos de leer buenos ensayos y cómo estos son tan, tan distintos de los ensayos mediocres o malos, que (desafortunadamente) pululan.
 
 
2
 
A menudo, los editores españoles (no sólo los de ensayo) confiesan en conversaciones informales y mayormente en privado que en este momento no están publicando los libros que quisieran sino los que pueden, ya que las realidades del mercado no les permiten mucho más. No deja de ser posible que sea así: de hecho, muchos de esos editores son magníficos lectores y poseen un gusto literario notable, que (por consiguiente) hace que la incorporación a su catálogo de la mémoire de autor local joven (y barato), la novela hipertrofiada y no exenta de relleno ("ambiciosa" en la jerga editorial), la trilogía erótica de circunstancias y la novela premiada de presentadora de televisión o director de suplemento cultural parezca incomprensible. Que la crisis económica y del consenso acerca de qué supone que un libro sea bueno afecta a todos los editores por igual parece evidente; sin embargo, y por alguna razón, hay editoriales como Atalanta que parecen estar al margen de esa crisis.
 
Atalanta ha publicado en los últimos años libros tan notables como los dos tomos de la Decadencia y caída del imperio romano de Edward Gibbon, la Imagen del mito de Joseph Campbell y la Antología universal del relato fantástico realizada por su director, Jacobo Siruela, a los que añade ahora el primer volumen de los extraordinarios, absolutamente excepcionales Libros proféticos de William Blake, profusa y enigmáticamente ilustrados por su propio autor: a excepción de la Antología [...] y (tal vez) del libro de Gibbon, todos estos títulos no destacan de antemano por su potencial comercial; por otra parte, son libros fundamentales. Que Atalanta parezca capear las turbulencias del presente con tanta solvencia (produciendo libros bellamente ilustrados y de confección irreprochable, imprescindibles todos ellos para la formación del criterio lector) tal vez se deba precisamente a la que parece ser su debilidad: la escasa comercialidad de sus propuestas. Quizás ese sea su principal reclamo comercial en un momento en que otras editoriales intentan (y fracasan) una y otra vez en sus esfuerzos por dar con un multiventas, con el resultado de que sólo producen pseudoliteratura para pseudolectores; es decir, para aquellos a los que la experiencia de la verdadera literatura (que requiere una inversión objetiva de tiempo y esfuerzo) atemoriza o repele. Atalanta (sometida a las mismas realidades del mercado que a otros les sirven de justificación o excusa) sigue, sin embargo, un camino distinto, y cualquier lector encontrará que es un placer poder recorrer ese camino junto a ella.
 
 
3
 
Un tiempo atrás, una encuesta a los usuarios de la red social Goodreads señalaba al Ulises de James Joyce como uno de los cinco clásicos más abandonados por sus usuarios; la encuesta quizás merezca una reflexión más detallada, pero lo que me interesa aquí es señalar el hecho de que, contra la que parece una opinión mayoritaria entre los usuarios de Goodreads (que habla pésimamente acerca de su capacidad como lectores, por cierto), Ulises es posiblemente la novela más importante del siglo XX y, en mi opinión, una de las más divertidas. Al tiempo que Gallo Nero publica su Joyce en París o el arte de vender el Ulises (una selección de textos y fotografías que incluye un prólogo de Simone de Beauvoir, un ensayo exhaustivo de Catherine Turner sobre la historia editorial del libro de Joyce y un texto de Gisèle Freund acerca de las circunstancias en que fotografió a Joyce, casi ciego ya, en 1938), el James Joyce Centre de Dublín ha dado comienzo a la publicación de su adaptación en novela gráfica a cargo de Robert Berry. Hasta el momento se han publicado los capítulos 1, 2, 4 y 5, que pueden leerse en su página web. Es difícil decir algo al respecto, debido en particular al amateurismo de la ilustración y a la naturaleza principalmente lingüística del libro, sin la cual éste se convierte en otra cosa, probablemente inferior. El James Joyce Centre de Dublín ofrece, por otra parte, una muy valiosa guía del lector, que incluyo aquí a modo de invitación a leer el gran, gran libro del escritor irlandés.
 
 
Fernando R. de la Flor
Contra (post)modernos
Cáceres: Periférica, 2013
 
William Blake
Libros proféticos I
Intr. Patrick Harpur
Trad. Bernardo Santano
Girona: Atalanta, 2013
 
AA. VV.
Joyce en París o el arte de vender el Ulises
Pról. Simone de Beauvoir
Trad. Regina López Muñoz
Madrid: Gallo Nero, 2013

[Publicado el 03/1/2014 a las 10:30]

[Etiquetas: Fernando R. de la Flor, William Blake, James Joyce, Ensayo, Poesía, Miscelánea, Periférica, Atalanta, Gallo Nero]

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La invitación a compartir un desafío / 2014

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Un par de años atrás el escritor estadounidense Dave Morice (aka Dr. Alphabet) completó en una serie de cien sesiones de escritura frente al público el que puede considerarse, a falta de constatación, el poema más largo del mundo. Poetry City Marathon fue escrito entre julio y octubre de 2010 a razón de cien páginas por día y fue una de las acciones organizadas para celebrar la designación de Iowa por parte de la UNESCO como "ciudad de la literatura". El resultado es un volumen de 10.119 páginas (véase fotografía) del que sólo existe un ejemplar físico: el libro puede descargarse, sin embargo, en la Red.
 
A lo largo de estos dos años he leído aproximadamente una vigésima parte del libro, atraído no tanto por la singularidad de su extensión como por el desafío que ésta supone para el lector. Allí donde un autor asume el desafío de escribir una obra de extensión desmesurada (y la palabra "extensión" puede ser reemplazada aquí por "complejidad", "sofisticación", "novedad" o cualquier otra que se desee), éste invita a su lector a que comparta el desafío. El autor se eleva por sobre sus capacidades (por decirlo de alguna forma) y en su gesto hay una invitación al lector para que éste también vaya más allá de lo que puede, que mejore sus habilidades como lector y perfeccione esa habilidad suya de traer palabras al mundo. Aunque aún me queda mucho por leer, no tiro la toalla, y regreso cada cierto tiempo a Poetry City Marathon. Me parece que, en su desafío, el libro de Dave Morice tiene algo para enseñarnos.
 
Feliz 2014 para todos.

[Publicado el 30/12/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Tres poemas de Stephen Dunn / Cita

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PERROS VIEJOS
 
Estos Trotskys de las relaciones,
la revolución perpetua por lema,
de corazones impacientes
peligrosos para toda satisfacción.
 
Los entiendo a la perfección
y también el porqué alguien al que hayan dejado atrás
puede viajar hasta México,
con un pico, para acabar de una vez con todo.
 
Es propio del hombre, al fin y al cabo, querer
ponerle punto final a todo.
Y empezar después de nuevo.
 
«Ya que un perro viejo no aprende bien»,
dijo Dinah Washington,
«lo mejor es comprarse un perro nuevo».
Estaba justificando sus ocho maridos,
 
y dando razones para el noveno.
 
De haber conocido a alguno de sus perros
sin duda entendería por qué podría
haberse conformado con tumbarse en el sofá
y salir a dar breves paseos.
Jamás he deseado nada tan a menudo
como las veces que he querido sublevarme,
adentrarme corriendo en la noche.
Enamorarse produce tanta ansiedad,
dice un amigo, gracias a Dios existe el sexo
como sosiego esporádico.
 
Se dedica a vivir episodios diferentes
con una mujer distinta cada vez.
Eso lo entiendo, también,
 
igual que entiendo hacer, año tras año,
las mismas pocas cosas
en la misma casa con la misma persona,
asentado e inquieto, inmerso en el largo camino.
 
 
NUESTROS PADRES
 
                           Para mi hermano.
 
Nuestros padres murieron al menos dos veces,
la segunda cuando olvidamos sus anécdotas,
o no pudimos figurarnos cuántas veces ansiaron el amor,
o se sintieron inútiles, o anhelaron algo de justicia
en este mundo. En la tumba, su necesidad
por nosotros es pura, están perdidos sin nosotros.
La luna de miel que pasaron en La Habana subsiste o no
subsiste. Aquellos últimos días de agosto en las Catskills...
 
Podemos tomar la decisión de hacerlos felices.
¿Qué es el pasado sino un trabajo inconcluso,
pantanoso, fecundo, seductoramente revisable?
 
Uno de nosotros ha dedicado su vida a desarrollar un respeto
por la debilidad de las palabras, el otro por aquello
a lo que hay que aferrarse; quizá tengamos una oportunidad.
 
Tratamos de contar qué sucedió en aquella primera casa
en la que fuimos, como casi todos los niños, los únicos
necesitados sobre la Tierra. Recordamos
qué se nos prohibía, a quién le daban el trozo más grande.
 
Nuestros padres, mientras, debían de desear algo
a cambio de nuestra parte. Sabemos lo que es, ¿no es cierto?
Ya llevamos vivos el tiempo suficiente.
 
 
FANTASMA
 
Es la última hora de uno de los últimos días
de junio, mi mujer está durmiendo,
Bob Dylan va a noventa millas por hora
hacia una calle sin salida,
y hace un momento -bendita sea la mente
que trabaja en contra de sí misma-
Hegel concedía que la filosofía
siempre llega demasiado tarde.
Aquí a través de la gatera
viene nuestro gato naranja,
la boca vacía, un poco desamparado.
Topillos y ratones, no oséis relajaros.
Solitarios y soñadores, es hora de probar
la oscuridad, de visitar las guaridas.
Estoy esperando ese clic
del cásete o el final del capítulo,
el que llegue primero -como uno
de esos tratos que haces contigo mismo-.
Es el clic. Ahora llevaré a la cama
este cuerpo y el fantasma
de lo que una vez fue, inseparables
como resultan ser estos días, humo
alzándose de un fuego pertinaz.
Nocturna luz, sé mi guía.
Puedo andar a tientas solamente hasta ahí.
 
 
Stephen Dunn
En otro momento
Trad. y pról. Andrés Catalán y Ben Clark
Salamanca: Delirio, 2013

[Publicado el 27/12/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Stephen Dunn, Poesía, Delirio]

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Desde la periferia del territorio / "Atlas de islas remotas" de Judith Schalansky

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"La sola idea de viajar me llena de asco", escribió Fernando Pessoa, y agregó: "ya he visto todo lo que no he visto jamás. Ya he visto todo lo que no he visto aún" (En: Denken mit Fernando Pessoa. Sätze, Reflektionen, Verse und Prosastücke, über Leben und Traum, Seele und Herz, Vernunft und Absurdes, Ästhethisches und Mystisches. Zúrich: Diogenes Verlag, 2009. Mi traducción.) Quizás algo similar (un rechazo deliberado a los viajes, que sólo permitirían ver "todo lo que se ha visto ya"; es decir, lo que nunca se ha visto) le suceda a la joven escritora alemana Judith Schalansky (Greifswald, 1980), quien, en el frontispicio de su Atlas de islas remotas, asegura que éste trata acerca de "cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré".
 
Lo que dice Schalansky no es completamente cierto, sin embargo, ya que la presencia física es sólo una de las maneras de visitar una isla, que puede ser frecuentada también en los textos y en los mapas: si (de alguna manera) la literatura es un cierto tipo de viaje, Schalansky (y, con ella, su lector) sí ha "estado", sí ha ido a las islas de las que habla en su libro (todas ellas distantes a miles de kilómetros de la tierra firme y escasamente visitadas) porque ha leído sobre ellas, se ha documentado y las ha dibujado, apropiándoselas: también, porque ha sido testigo de la creación de comunidades utópicas como las de la isla de Floreana y la de Tristán de Acuña, del papel cumplido por islas como la Rodolfo y la de Pedro I en la siempre dramática exploración de los polos, de la malograda expedición de la Académie des sciences en 1874 cuya finalidad era contemplar un fenómeno astronómico desde la isla de Campbell, del ensayo nuclear francés en la isla de Fangataufa, del juicio realizado a los descendientes de los marinos de la Bounty por violación.
 
La tradición popular ha querido ver en los Viajes extraordinarios de Julio Verne una sustitución simbólica de los que su autor no habría llevado a cabo (en realidad, Verne no viajó ni más ni menos que el resto de los miembros de su clase social de pertenencia en la Francia de su tiempo; posiblemente, incluso más); del autor de La vuelta al mundo en ochenta días se dice que se lo inventaba "todo", pero sus obras suelen estar profusamente documentadas, aunque escritas para que el equilibrio entre invención y documentación recaiga del lado de la primera: en nuestros tiempos, son sólo documentación (a menudo, documentación de un futuro que no llegó nunca y del que los libros de Verne son ruina). En realidad, los lectores de la época de Verne preferían creer que su autor inventaba; los de nuestros tiempos (más habituados a la idea del autor como curador, moderador o antólogo) prefieren las historias reales a las inventadas, posiblemente debido a una hipertrofia del texto autobiográfico y a un entusiasmo incomprensible por lo que llamamos "la realidad".
 
Atlas de islas remotas es, en ese sentido, un texto moderno. No importa el carácter poético de muchos de los que lo componen: las historias que cuenta Schalansky aquí (la del desplazamiento de los nativos de la isla Diego Garcia por parte de las autoridades locales de Reino Unido, la del episodio de canibalismo de la isla St. Paul, la de la famosa isla de los ciegos al color, la de la economía social de los habitantes de Tikopia) son ciertas y parecen venir a indicar que la profusión de información y la aceleración de su circulación en virtud de las nuevas tecnologías, que han llevado a un empequeñecimiento figurativo de las distancias y a la ficción de que nada está ya "lejos", han llevado también a que en nuestros tiempos sólo se pueda producir literatura desde y para la periferia del territorio que conforma nuestra cultura, como si las islas fueran el reservorio de una literatura que aún no ha sido bastardeada por el imperativo de haber sucedido realmente para tener algún valor.
 
Leí Atlas de islas remotas hace unos tres o cuatro años, tras su publicación en Alemania en 2009; al releerlo ahora, mi impresión no es tanto la de estar releyendo un libro como revisitando un paisaje; un territorio que también es parte del muy interesante proyecto artístico multidisciplinario de Judith Schalansky cuyo antecedente directo es Fraktur mon amour, el compendio tipográfico con el que la autora (que también es diseñadora) se dio a conocer en 2006 y El cuello de la jirafa, su novela publicada en español por Random House Mondadori en 2013.
 
 
Judith Schalansky
Atlas de islas remotas
Trad. Isabel G. Gamero
Madrid: Nórdica y Capitán Swing, 2013

[Publicado el 25/12/2013 a las 17:15]

[Etiquetas: Judith Schalansky, Miscelánea, Nórdica, Capitán Swing]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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