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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 19 de diciembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

A la genialidad por el camino equivocado / "En busca de los peores escritores del mundo: Una celebración de la literatura triunfantemente mala" de Nick Page

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William Gladstone, Primer Ministro británico, Anticristo e hipnotista. Crédito de la imagen, desconocido.

Dedicado al "selecto grupo de pioneros de la literatura cuya escritura es tan mala que los ha llevado a alcanzar la genialidad por el camino equivocado" (ix), la razón por la que este libro de Nick Page es tan difícil de leer es que los autores que incluye son realmente pésimos: George Wither (cuya obra es "notable sobre todo por su volumen, fluidez y chatura: usualmente carece de toda calidad literaria y a menudo cae en la poesía barata y en la imbecilidad", según el Dictionary of National Biography), Timothy Dexter (quien, habiendo sido acusado de no emplear adecuadamente los signos de puntuación en sus obras, mandó incluir en una de ellas una página llena de puntos, comas, guiones y signos de exclamación pidiendo a sus lectores que "salpimentasen" con él el libro a su gusto); Solyman Brown (dentista y poeta de tema odontológico), James Henry Powell, escritor abonado a los desastres y enfermedades; Francis Saltus Saltus, poeta decadentista reacio al alcohol (su poema al cacao es meritorio, aunque desconcertante en el contexto de los poemas a la absenta y al chancro sifilítico de sus compañeros decadentistas); William MacGonagall, poeta de las catástrofes marítimas; Joseph Gwyer, vendedor de patatas de sintaxis torturada; Thomas Urquhart, quien escribió un tratado matemático incomprensible (aquí, un fragmento citado por Nick Page: "In amblygonosphericalls, which admit both of an extrinsecall and intrinsecall demission of the perpendicular, nineteen severall parts are to be considered... The axioms of plain triangles are four, viz. Rulerst, Eproso, Grediftal and Bagrediffiu. The directory of this second axiome is Pubkegdaxesh, which declareth that there are seven enodandas grounded on it, to wit, four rectangular, Upalem, Ekarul, Egalem, and three obliquangular, Danarele, Xemenoro and Shenerolem", 7), una propuesta para la creación de un lenguaje universal cuyas palabras significarían lo mismo del derecho y del revés (es decir, serían palíndromas) y una obra genealógica que remonta los orígenes de su familia hasta Adán y Eva; el magnífico "Lord" Timothy Dexter, quien se candidateó como emperador mundial desde Newburyport, Massachusetts; William Nathan Stedman, poeta y dramaturgo que dedicó una de sus obras a denunciar que William Gladstone era el Anticristo y gobernaba el mundo mediante el uso de sus poderes hipnóticos (Stedman se imaginaba montado en una "carroza alada" con "la espada de la Verdad en una mano y el látigo de la sátira en la otra", lo que, apropiadamente, supone que su carroza iba sin control).
 
In search of the world's worst writers tiene antecedentes importantes como Queer books de Edmund Pearson (1929), The stuffed owl, editado por D. B. Wyndham-Lewis y Charles Lee en 1930, The worst English poets de Christopher Adams (1958), The joy of bad verse, editado por Nicholas T. Parson en 1988, y la antología de Kathryn y Ross Petras Very bad poetry (1997); singularmente, sin embargo, carece de continuadores, y uno no puede si no preguntarse si la falta de autores que hayan seguido sus pasos en los últimos trece años no tiene algún tipo de vinculación con la emergencia de Internet: efectivamente (y esta es una hipótesis de trabajo que tal vez merezca más explicaciones y una mayor fundamentación), la popularización de la Red y de la escritura practicada en ella (incluso la periodística) parece habernos habituado a un tipo de literatura no sólo de ficción caracterizada por los criterios escogidos por Page para delimitar su ámbito de estudio: "trama improbable, ortografía inadecuada, sintaxis tortuosa, gran cantidad de personajes muertos o lisiados, autopromoción descarada y valor sólo para el entretenimiento masivo" (xiii). De ser correcta la hipótesis, la multiplicación de este tipo de "mala literatura" en la Red (y fuera de ella, desafortunadamente), nos imposibilitaría reconocerla allí donde la vemos: disimulada en una época de maniobras promocionales, malos críticos, peores suplementos literarios, la deyección de escritores que no se forman y escriben libros para lectores que no leen.
 
 
Nick Page
In search of the world's worst writers: A celebration of triumphantly bad literature
Londres: HarperCollins, 2000
 
[El jueves próximo: Una concisa introducción a la producción de mala literatura a cargo de Nick Page] 

[Publicado el 04/3/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Nick Page, Disidencias]

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La vieja lagartija tiene nueva cola / "Za Za, rey de Ibiza" de Ray Loriga

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"Grosses Kino" [un gran cine] es la expresión que utilizan más a menudo los alemanes para referirse a cierto tipo de libros que ofrece a su lector una experiencia similar a la de ver un filme, en particular si este reúne los elementos heterogéneos de una historia de amor, una intriga enrevesada, algo de acción, una locación atractiva.
 
No importa que Ray Loriga no conozca la expresión (tampoco si la conoce, por el caso), sino el hecho de que Za Za, emperador de Ibiza reúne todos esos elementos en una novela que gira en torno a un antiguo vendedor de drogas retirado al que la vida le cambia cuando un barco también llamado Za Za ancla en el puerto ibicenco y varios personajes estrafalarios (un joven al que llaman "Carlos el Viejo", un cartagenero, un enano, una gogó que adivina el futuro) lo toman por el dueño de la embarcación. En realidad, ésta no es de su propiedad y no debe su nombre al antiguo dealer sino a una droga que produce la felicidad total y absoluta ("la droga perfecta. El maná, el santo grial, el sudario de Cristo y la puta arca perdida", 118) y de la que todos quieren el monopolio. Lo ejercerá Za Za, a modo de hombre de paja, condenado (como una especie de capitán Ahab, pero uno pletórico) a no volver a tocar tierra jamás.
 
Ray Loriga publicó Lo peor de todo, su primera novela, en 1992; le siguieron otras ocho, incluyendo las notables Tokio ya no nos quiere (1999) y El hombre que inventó Manhattan (2004), tres libros de relatos, un musical y guiones cinematográficos para Pedro Almodóvar y Carlos Saura, entre otros: no es necesario mencionar que Loriga también dirigió dos películas (La pistola de mi hermano y Teresa, el cuerpo de Cristo) para que sus lectores recuerden la importancia del lenguaje cinematográfico en su obra. Su nueva novela podría pasar, en ese sentido, por un guión que no fue filmado de no ser por la plasticidad de la frase del autor, que tiende al epigrama y a la sentencia. "Con frecuencia el nuevo rabo no corresponde a la vieja lagartija" (55) se dice en este libro, pero esta es sólo una verdad a medias: Za Za, emperador de Ibiza nos devuelve a Ray Loriga, pero lo hace ampliando su registro (que aquí se aproxima al humorismo más trepidante) y, por consiguiente, lo que sabíamos de él y de su obra: así, la vieja lagartija tiene ahora una nueva cola. "Grosses Kino", pues.
 
 
Ray Loriga
Za Za, emperador de Ibiza
Madrid: Alfaguara, 2014

[Publicado el 27/2/2014 a las 11:15]

[Etiquetas: Ray Loriga, Novela, Alfaguara]

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Novelas de la crisis (de la novela) / Una disidencia

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Ilustración de David Shrigley. Crédito, del autor.

No hay libros que no den cuenta de la época en que fueron escritos, pero, a pesar de ello, se nos dice que estos "deben" reflejar su tiempo, en particular si ese tiempo es francamente mejorable. Vale la pena pensar en esta contradicción en un momento en que un puñado de autores y de editores ha decidido que la crisis económica que afecta a España "tiene" que ser plasmada en su literatura, con la consiguiente publicación de novelas (la lista es larga, pero el lector puede acceder a ella mediante una simple consulta en la Red) sobre la quiebra de Lehman Brothers, el despido, el desahucio, el paro, la pérdida de poder adquisitivo, el ennui juvenil, el desencanto generacional, el servicio doméstico, la sensación de final de época.
 
Ninguna de estas novelas es particularmente buena, desafortunadamente; ninguna de ellas permite siquiera imaginar que sus autores se han propuesto algo más que "contar" lo que ven a su alrededor (es decir, son novelas "reflexivas" en el sentido más lato del término); ninguna de ellas resuelve la contradicción existente en el hecho de que, si la crisis económica no fuese importante, no haría falta hablar de ella: puesto que lo es, nadie necesita leer sobre ella para comprenderla excepto las clases altas, que quizás sean el público al que los autores de "novelas de la crisis" desean interpelar (lo que explicaría muchas cosas); ninguna de ellas avanza siquiera un poco en el esclarecimiento de las causas de la crisis ni propone alternativas a la vulgar distinción entre víctimas y victimarios que preside la discusión sobre ella; ninguna (finalmente) aporta nada que la prensa (en crisis también, por cierto) no haya dicho ya ni ofrece una solución al que es su principal problema a la hora de hablar de la crisis: la necesidad de encontrar una forma de hacerlo que vaya más allá de la alternancia de estadísticas, que no pueden plasmar el drama de las personas afectadas, y casos, que no dan cuenta del carácter colectivo del problema.
 
Ante este panorama, los autores de "las novelas de la crisis" siempre podrán escudarse legítimamente en la idea de que la literatura constituye alguna clase de contrapoder, ya que ésta es la forma en que ha sido concebida habitualmente por las élites ilustradas (las cuales nunca han conseguido demostrar que sea efectivamente un contrapoder, ni en América Latina ni en España); también podrán escudarse en sus intenciones, que son buenas (con la salvedad de que las intenciones de un escritor y el resultado de sus esfuerzos nunca guardan mucha relación).
 
Para intentar comprender la inoperancia política de "las novelas de la crisis", y su incapacidad para producir efectos en ese ámbito, es necesario trascender los juicios personales acerca de sus autores y pensar que, ante el hecho de que la proliferación de textos en nuestra sociedad ha llevado a que ya no exista un idioma común para narrar la experiencia social, es precisamente la literatura (independientemente de cuáles sean las ideas de sus autores y el tema de sus obras) la que puede crear ese idioma, que no está creando debido a que no molesta, no inquieta, no interviene en las zonas de confluencia (y por lo tanto, y necesariamente, de conflicto) entre literatura y sociedad para revelar las tensiones que operan sobre una relación sólo aparentemente normalizada. Ninguna de las novelas a las que hago referencia aquí trata de ir más allá de y contra la institución literaria desertando de las principales ideas que imperan en ella, incluyendo la idea de que la literatura "debe" o "tiene que" y, por lo tanto, caen del lado de lo predecible y lo inocuo, puesto que la tarea específicamente política de la literatura es un cierto tipo de deserción y de rechazo, por ejemplo ante la demanda de su disponibilidad para el consumo.
 
En ese sentido, la proliferación de las "novelas sobre la crisis" hace pensar poderosamente en una estrategia comercial, aunque otra posible explicación para su multiplicación en estos tiempos se relacione con la incomprensión de sus autores del funcionamiento de la literatura y de la forma en que esta se vincula con la sociedad, puesto que (como decía) es inevitable que todo fenómeno social encuentre su plasmación en los textos que son escritos bajo su influencia, comenzando por la lista de la compra: de ser cierto lo primero, sus autores serían unos cínicos; de ser verdad lo segundo, ignorarían su oficio. No sé cuál de las dos opciones es la peor, pero el hecho es que, al tiempo que proliferan las "novelas de la crisis", se habla de la "crisis de la novela" y de su declive en términos de importancia social. No parece difícil pensar que ambos fenómenos están vinculados y que la miseria de la literatura es principalmente la de su desafortunado lector, obligado a leer una literatura redundante, lo que constituye un problema literario; es decir, un problema político.

[Publicado el 25/2/2014 a las 11:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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"Tenía en su mano un librito abierto" / "Los Modlin" de Paco Gómez

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Quizás algunos lleguen a los Modlin a través de la obra de un documentalista y otros (los más afortunados) mediante un libro titulado Los Modlin. No importa. El fotógrafo español Paco Gómez, por ejemplo, llegó a ellos de forma casual, al encontrarse en un contenedor de basura en la calle del Pez cientos de fotografías, negativos y contactos que mostraban a tres personas en poses incomprensibles y en obras fantasmagóricas que, queriendo anticipar el Apocalipsis bíblico, narraban uno personal.
 
Acerca de los Modlin se debe decir lo menos posible, ya que su historia habla por sí misma; su voz (si su historia la tiene) habla en susurros, sin embargo, y nunca lo cuenta todo. Paco Gómez narra con solvencia (con una solvencia inusual para quien no es un escritor profesional ni pretende serlo), pero en la historia de Margaret y Elmer Modlin y de su hijo Nelson quedan cabos sueltos, imágenes desechadas, falsos comienzos, finales en los que nada concluye, testimonios que nunca conoceremos de personas que no quisieron hablar, los restos de tres o más vidas que se cruzaron con las de Henry Miller, Francisco Franco y Roman Polanski, y ahora con las nuestras gracias a una investigación de diez años en la que Gómez entrevistó a casi todos aquellos quienes tuvieron relación con los Modlin, recorrió los lugares que estos frecuentaron, vio cientos de filmes en los que Elmer Modlin participó, estudió la obra de su mujer Margaret (autoproclamada la mejor pintora del siglo XX), entró en las ruinas de la que fue su casa.
 
"La obsesión de bucear en las vidas ajenas viene de la imposibilidad de hacerlo en la mía", afirma Gómez (12), pero esto no es cierto; Los Modlin es un ejercicio de introspección que explora los temas de la vocación artística, la memoria, la mortalidad y la locura con una profundidad que posiblemente pase desapercibida a algunos en el marco de un relato que es, digámoslo así, "trepidante". Una pintora extravagante capaz de titular uno de sus cuadros "Generalísimo Franco, tú que vives al abrigo del Altísimo, y habitas a la sombra del Omnipotente", un actor secundario y posiblemente no muy bueno traumatizado por lo que vio en Nagasaki tras el estallido de la bomba atómica, un hijo condenado por su belleza y la excentricidad de sus padres: pueden ser los personajes de una novela, pero son los de una investigación que, si bien se lee como una, es tan ensayística como lírica, tan poética como rigurosamente documental. No importa el género al que se desee adscribirlo: Los Modlin es un libro subyugante, un imprescindible cuya historia es tan notable como la de sus desgraciados protagonistas, que conocieron la vocación artística y la pobreza y la locura y fueron devorados por ellas.
 
 
Paco Gómez
Los Modlin
Madrid: Fracaso Books, 2013

[Publicado el 20/2/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Paco Gómez, Fracaso Books]

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Contra los prejuicios / "Mis documentos" de Alejandro Zambra

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No parece inteligente poner en cuestión los prejuicios, ya que estos son una de las instituciones literarias más sólidas de nuestros días, pero es necesario decir algo acerca de dos de ellos, el primero de los cuales postula la idea de que el cuento sería un género "menor" en relación a la novela; el segundo, la de que los libros de cuentos de los novelistas son caprichos u obras menores.
 
A ambos prejuicios se contraponen algunas evidencias, la más importante de las cuales consiste en el hecho de que el cuento requiere unas habilidades y talentos determinados tanto por parte del autor como del lector que son distintos a los requeridos por la novela: la economía narrativa, la creación de situaciones específicas en pocas páginas, el desplazamiento de la atención del personaje a la acción narrada, en el primer caso, y la digresión, el largo aliento y la elaboración de personajes y situaciones, en el segundo. Es su especificidad la que hace imposible establecer una comparación de grado, de modo que la novela, triunfante, y el cuento, triunfante también, coexisten sin dificultades en la lectura (y en su deriva, la escritura) de muchos de nosotros, a excepción de aquellos amantes de la simplificación y del prejuicio.
 
En cuanto al segundo de ellos (sancionado por la práctica frecuente de que un autor publique sus novelas en una editorial y sus libros de cuentos en otra, generalmente menor), cabe reparar en el hecho de que esos cuentos constituyen a menudo parte sustancial de la poética de un autor. Es el caso de Alejandro Zambra, cuyo Mis documentos continúa una obra que estaba conformada hasta ahora por tres novelas breves (Bonsái, La vida privada de los árboles y Formas de volver a casa) y profundiza en algunas de sus características más salientes: el minimalismo narrativo, el humorismo sutil y algo melancólico, la narración de vidas insignificantes y a menudo rotas, el uso frecuente del material autobiográfico como punto de partida.
 
Los personajes de Mis documentos son niños sabios que sobrellevan la inmadurez de sus progenitores, padres ausentes, parejas que se rompen sin otra violencia que la sentimental, telefonistas nocturnos, personas atrapadas en trabajos anodinos que carecen de futuro; todos ellos experimentan el tipo de pesadumbre que es común a los personajes de las novelas de Zambra, con las que estos cuentos comparten también el recurso a la memoria personal. "Mis documentos", "Camilo", "Instituto Nacional", "Gracias" (la historia real del secuestro del autor y de su pareja en la Ciudad de México) y "Yo fumaba muy bien" están basados en experiencias de su autor y señalan una continuidad entre su novelística y esta primera incursión en el relato breve. Otros textos ("Larga distancia", "Vida de familia" y "Hacer memoria") apuntan en una dirección que quizás sea la que Zambra recorra en el futuro, contrastados ya su calidad y su talento como escritor a partir de la reelaboración de episodios biográficos: el de una mayor ficcionalización de los textos y el de una reflexión sobre la forma (en ese sentido, "Hacer memoria" es un magnífico ejemplo de cómo un escritor dotado puede convertir el encargo de escribir un cuento en algo mucho más interesante que un trámite: en una reflexión acerca de la naturaleza de la escritura).
 
A pesar de los prejuicios y su arraigo entre los lectores crédulos o sencillamente perezosos, Mis documentos no es el libro menor de un novelista sino, por el contrario, la obra de un autor que puede escribir cuentos notables, algunos de los cuales ("Mis documentos", "Vida de familia", "Hacer memoria", "El hombre más chileno del mundo") parecen inescapables para cualquier antología de los mejores cuentos escritos en el ámbito hispanohablante en las últimas décadas. Un escritor que, sin renunciar a los méritos de obras anteriores que lo convirtieron en un imprescindible de la literatura latinoamericana reciente, abre su obra a nuevas formas, algunos temas nuevos, nuevas direcciones por recorrer.
 
 
Alejandro Zambra
Mis documentos
Barcelona: Anagrama, 2013
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural, 1 de febrero de 2014.] 

[Publicado el 18/2/2014 a las 12:45]

[Etiquetas: Alejandro Zambra, Cuento, Anagrama]

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"El frigorífico" / Un poema de Antonio Rivero Taravillo / Cita

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NUESTRO diccionario no cuenta
con voz exacta para su sonido,
una onomatopeya que describa
este ruido que ahora
emite lamentándose.
 
Como tripas sonando
tras mala digestión o hambre de antiguo,
él, que guarda nuestra comida,
suelta la queja de un mamut
que duerme y sueña
en esa glaciación discreta
tras de la puerta blanca.
 
Solloza lastimero,
y te dan ganas
de darle unas pastillas
del cajón silencioso que hay al lado.
 
¿Qué nos quiere decir, tan gemebundo?
¿Por qué musita con sus labios yertos
en su intestino oscuro?
 
¿Nos reprenden la carne, las verduras,
por no estar presos, y seguir
a su costa nuestro destino
de estar afuera y vivos, escuchándolo?
 
 
ANTONIO RIVERO TARAVILLO (Melilla, 1963) ha publicado los libros de poemas Farewell to Poesy (2002), El árbol de la vida (2004) y Lejos (2011), además del cuaderno Bajo otra luz (1989). Entre los autores que ha traducido se encuentran John Keats (Premio Andaluz a la Traducción Literaria), Alfred Tennyson, Robert Graves, Ezra Pound, Christopher Marlowe, John Milton, Jonathan Swift, Flann O'Brien, Liam O'Flaherty, John Donne y Gerard Manley Hopkins, así como la Poesía completa de William Shakespeare y la Poesía reunida de W. B. Yeats, además de antologías de la lírica norteamericana, irlandesa medieval y gaélica escocesa. En prosa, su obra incluye Las ciudades del hombre (1999), Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda «inglés» (2005, Premio Archivo Hispalense), Los siglos de la luz (2006), Viaje sentimental por Inglaterra (2007), Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) (2008, Premio Comillas), Las líneas de otras manos. Esbozos de crítica literaria (2009), Macedonia de rutas (2010) y Afán de permanencia (2011). En 2011 publicó la segunda parte de su biografía de Cernuda: Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963).
 
"El frigorífico" forma parte de su libro de poemas más reciente: La lluvia (Sevilla: Renacimiento, 2013).

[Publicado el 13/2/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Antonio Rivera Taravillo, Renacimiento, Poesía, Cita]

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El futuro abandonado / "El comunista manifiesto" de Iván de la Nuez

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Algunos años después de la caída del Muro de Berlín el francés Eric Lusito recorrió la antigua Unión Soviética visitando instalaciones militares abandonadas; sus fotografías (una selección de las cuales se puede encontrar en su página web, así como en el libro After the wall: Traces of the Soviet empire) parecen ratificar la afirmación de Iván de la Nuez de acuerdo a la cual aquel muro cayó (de alguna manera) tanto hacia el este como hacia el oeste, dejando a ambos lados de su antiguo emplazamiento las ruinas y los restos del "futuro abandonado" que el artista francés registró durante su viaje y que son, en general, las ruinas y los restos sobre los que se asienta el triunfo global del capitalismo (incluso del capitalismo en crisis de nuestros días).
 
El comunista manifiesto no tiene como propósito reflexionar acerca de las consecuencias de la caída del régimen soviético al este del Muro sino en las sociedades occidentales, allí donde la figura de Karl Marx empieza a ser recuperada (de la Nuez menciona, por ejemplo, el éxito de una edición ilustrada reciente del Manifiesto comunista y del "Marxism Festival" londinense) y la apropiación artística de los restos de la producción visual soviética permite pensar que, como sostiene el ensayista cubano, el comunismo "está ‘sucediendo' en Occidente como estética" (28).
No se trata tan sólo de esa apropiación de la figura de Marx (cuyo rostro, nos informa de la Nuez, ha sido escogido recientemente como imagen de las tarjetas de crédito emitidas por la Sparkasse de Chemnitz, Alemania; o de su nombre, registrado como marca por el colectivo hispanoalemán PSJM): lo que sucede, para de la Nuez, es el retorno de una cierta visión "comunista" de la historia que se desdobla en dos territorios vinculados; por una parte, el de la postulación de un sujeto colectivo en textos como ¡Indignaos! de Stéphane Hessel (2010) y en los géneros afines del panfleto y del libro de circunstancias (cuya finalidad, sostiene el ensayista, es disipar las dudas en lugar de responderlas, de allí su pobreza teórica y su puerilidad, que el autor compara con la de los libros de autoayuda); por otra, en el ámbito artístico, a cuyos productores el comunismo ofrece un repertorio de símbolos y figuras potencialmente reescribibles, citables, parodiables.
 
A diferencia de otros autores, de la Nuez no juzga estas producciones artísticas en términos de su adhesión o su distanciamiento de cierta ortodoxia ideológica, ni parece particularmente apenado por la apropiación capitalista de los íconos del comunismo (según afirma, "para la izquierda radical, el fetiche del Che significa una victoria cultural después de una derrota política, Para la derecha radical, el fetiche del Che significa una derrota cultural después de una victoria política", 129); por El comunista manifiesto se pasean el escritor y activista político ruso Eduard Limónov, el dictador (¡y crítico cinematográfico!) Kim Jong Il, Jon McNaughton (pintor "oficial" del Tea Party), Charlie Crane, Joan Fontcuberta y sus falsificaciones, los aficionados al skate en la Alemania comunista, Boris Groys y su Obra de arte total Stalin (2008): la profusión de figuras y de ejemplos a lo largo de este libro permite pensar que, si algo se le puede reprochar a su autor, es que a menudo parezca confundir comunismo con cultura soviética (o con estalinismo, por el caso) y la apropiación artística de los símbolos del comunismo soviético con la adopción de su ideología (prueba de lo cual es su afirmación de que la apropiación artística del marxismo y del comunismo en Occidente "no confirma ni la muerte definitiva [del comunismo] que tranquiliza a los cínicos ni la inmortalidad definitiva que consuela a los nostálgicos", 63).
 
En cualquier caso, El comunista manifiesto es un libro extraordinario, la importancia de cuyos interrogantes debería convertirlo en el primero de muchos acerca de estas cuestiones. De la Nuez acierta al sugerir en él que el "comunismo" de un texto no radica tanto en su uso de la iconografía comunista como en su contribución a la creación de una comunidad de lectores en el marco de la cual se dialogue acerca del "resarcimiento de una posibilidad, acaso minúscula, de vivir de otro modo" (104). Acerca de la urgencia de esos diálogos se refiere el ensayista cuando afirma ver en ciertas producciones artísticas como la del fotógrafo alemán (del Este) Andreas Gursky "una vida colectiva despojada de comunidad, lo que refleja no sólo el fracaso del comunismo, sino también el del capitalismo" (75), un panorama que "ya no dispone de formatos institucionales en los que insertar las nuevas variantes políticas que han aparecido" (143) y requiere, por lo tanto, nuevos y mejores diálogos como los que propicia este libro.
 
 
Iván de la Nuez
El comunista manifiesto: Un fantasma vuelve a recorrer el mundo
Pról. Josep Ramoneda
Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2013
 
[Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid y Ciudad de México, enero de 2013.]

[Publicado el 11/2/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Iván de la Nuez, Galaxia Gutenberg, Ensayo]

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El nacimiento de una nación / "Más fuego (Una alegoría)" de Rafael Gumucio / Cita

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Dos días llevaba quemándose el bosque cuando Schmit y Letelier decidieron cabalgar hacia la pradera cenicienta. Al borde del riachuelo, los arbustos negros beben el agua carbonizada. Schmit cabalga colina abajo. Letelier lo sigue a saltos. A lo lejos, los inquilinos azotan las llamas para atraerlas hacia la selva. Recién ahora, después de dos semanas de quema y tala, el lago está a la vista. Unos días más de fuego y se podrá cabalgar hacia su playa de grandes piedras grises, contemplar el volcán y por los cuatro costados, otros incendios que liberan las laderas de cardos, zarzamoras, lengas y coligües que no permiten ver el sol.
 
De pronto, el caballo de Schmit se encabrita. El suelo está tibio aún por el incendio de anoche. El humo recorre los primeros trigales allá, más allá del río. Schmit, sin embargo, empuja su cabalgadura hacia los grises pastizales, mientras Letelier silba a sus perros. Al bajar otra colina y encontrar por fin la planicie, el caballo de Schmit vuelve a pararse, justo donde acaban las cenizas del pastizal yace un indio semidesnudo, los atavíos ceremoniales de plata colgando del cuello, la piel completamente quemada. Schmit va a desmontar del caballo para rescatarlo cuando el indio le hace un lánguido gesto para que no haga nada.
 
-No se preocupen, soy un símbolo.
 
-¿Cómo dijo? -pregunta Letelier.
 
-Soy un símbolo, pero ya no me acuerdo de qué -insiste el indio.
 
-Pero, ¿qué hace aquí -se indigna Schmit-, si sabe que estamos quemando? Les advertimos a todos que íbamos a quemar. Eso es lo que pasa con la gente como ustedes: no escuchan y se van a meter donde no les importa.
 
-Ya me acordé de qué soy símbolo -dice, desganado, el indio-. Soy el símbolo de la incomprensión.
 
-Bueno, ya que está aclarada su función podríamos pasar -dice Letelier-. Tenemos que parcelar estas tierras.
 
-¿Usted sabe lo que dicen los españoles en estos casos? "Sobre mi cadáver". ¿Quieren ustedes hacerme el favor de pasar sobre mi cadáver?
 
-Primero deberíamos matarlo. Si no, no es usted propiamente un cadáver -repone el siempre práctico Letelier.
 
-Además, perdóneme, pero me parece muy violento que usted me obligue a pasar, así sin previo aviso, sobre su cadáver -agrega Schmit-. Usted no será cristiano, pero yo sí, y pisotear a un muerto me puede costar la vida eterna.
 
-Ya, pues, no sea tan delicado -alega el cacique-. ¿No ve que estoy todo quemado, no ve las llagas que cubren mi cuerpo? Me harán un favor si me matan.
 
-Y sus hijos y su tribu se vengarán -responde, cada vez más indignado, Schmit-. Es lo que pasa con ustedes: no se puede negociar porque son de una mala fe increíble. Quieren esto y después quieren lo otro.
 
-Podemos llegar a un acuerdo -interviene Letelier-. Si el señor en el suelo hace algún gesto amenazante, nosotros podríamos matarlo en defensa propia y pasar sobre su cadáver con toda legitimidad. Y todos tan contentos.
 
El indio arrisca lo que le queda de nariz.
 
-No me tinca. Como estoy de cagado, no me importa que me maten como sea. Pero, siendo como soy, un símbolo, prefiero que me maten de puro crueles que son.
 
-Pero no somos crueles -se defiende Schmit-. Sólo queremos vivir en paz en esta tierra. Alimentar a nuestras familias, construir nuestras casas. Nosotros sólo queremos la paz; son ustedes los que no la quieren. Mírese ahí en el suelo, todo chamuscado, provocándonos. Usted ni siquiera desea morir en paz, ni que yo muera en paz. Usted, en el fondo, odia la paz.
 
-¿Cómo quiere que lo amenace si no puedo ni levantarme? -se resigna el indio.
 
-Bastaría con una amenaza verbal.
 
-Bueno, si es tan necesario... -suspira el herido, en el suelo-. ¡Winkas, salgan de mis tierras ancestrales! -vocifera,y después de proferir su grito de guerra comienza a toser-. ¿Así está bien? Si me prestan un cuchillo los puedo amenazar con él.
 
-Con eso basta -se apiada Letelier, que entonces baja del caballo, se acerca al hombre carbonizado y, tras persignarse, lo encañona con su revólver.
 
-Y eso que le estaba tomando cariño, hombre. Las cosas que me obliga a hacer... -se lamenta, antes de dispararle al cacique en el centro del pecho. Este tose dos veces antes de expirar.
 
Con el pie, Letelier comprueba que su víctima esté bien muerta.
 
-Indignante. Indignante esta gente como juega con los sentimientos de uno -se queja Schmit, antes de obligar a su cabalgadura, que siente una natural repugnancia hacia el olor de la carne quemada, a avanzar sobre los restos del símbolo.
 
 
En
Rafael Gumucio
Historia personal de Chile: De Almagro a Bachelet
Santiago de Chile: Hueders, 2013
pp. 87-89

[Publicado el 06/2/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Rafael Gumucio, Citas]

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"Una provincia cagona y con miedo" / "Los platos rotos" de Rafael Gumucio

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El escritor chileno Rafael Gumucio. Crédito de la imagen, desconocido.

Rafael Gumucio tenía menos de veintitrés años de edad cuando decidió que contaría la historia de su país; es decir, la historia de una "provincia cagona y muerta de miedo" (16) llamada Chile. Era el año 2003 y Los platos rotos se convirtió en un hito, entre otras razones, por la contundencia con la que su autor echaba por tierra los mitos nacionales, desde La Araucana de Alonso de Ercilla (que define como "una especie de Eneida a la española, compuesta en delirantes octavas reales y con el muy militar objetivo de honrar una deserción", 24) hasta la inmolación de Salvador Allende.
 
Gumucio narra la conquista del territorio chileno como una epopeya de delincuentes y mujeres atroces; la independencia como un poema épico sin épica y sin poesía; la prematura y tan comentada tradición democrática chilena como una sucesión de gobiernos liderados por arribistas y oportunistas sin ideología (Manuel Montt, por ejemplo, a quien llama "el ilustre inventor de esa mediocridad elevada a la categoría de virtuosismo, de esa brillante ausencia de brillo que retrata al funcionario chileno. Es el modelo que imitan hasta hoy los vendedores de cortadoras de pasto, de seguros de vida y de perritos de porcelana", 75). "Si hoy apenas entendemos las razones de la guerra, sus contemporáneos las entendieron aun menos", afirma, en una de las explicaciones más completas que se puedan encontrar (por estar incompleta, por admitir que no entiende) de la guerra del Pacífico; a Alexander Selkirk, el personaje que inspiró a Daniel Defoe su Robinson Crusoe, lo eleva a la categoría de mito fundador de una nación de comerciantes obsesionada con el orden (y en la cual "el vino quiere ser francés, el campo andaluz, los empresarios californianos" pero "entre un intento y otro, de pronto se logra algo de autenticidad", 201); a Pablo Neruda y a Gabriela Mistral les cambia el género: ella es la del "resplandor masculino"; él, el de la "acuosidad femenina" (133).
 
Los platos rotos no tiene como propósito la difamación, incluso aunque es evidente que ninguno de sus personajes sale bien parado: de fondo hay un análisis nada complaciente de la forma en que la historia chilena ha contribuido a la constitución de una sociedad marcada por la desigualdad, por el prejuicio, por una conciencia de sí articulada sobre mitos y errónea. Así, Gumucio escribe (acerca de la frase "Porque no tenemos nada, lo queremos todo"):
 
"Esa frase podría coronar cualquier edificio público, cualquier manual chileno de Historia, y todas y cada una de nuestras biografías. Porque es así como nos vemos: un país que, porque no tiene nada, y sólo por eso, lo quiere todo y tiene derecho a todo.
 
"Esa conciencia de escasez y miseria no repara en que más de una vez hemos sido ricos, y que lo seguimos siendo, potencialmente. Chile tiene cobre, litio, oro y un enorme territorio, además de una larga y pobladísima orilla de mar. Pero, en lo profundo de nuestras conciencias, no tenemos nada, o lo poco que tenemos nos lo quitan o lo perdemos. Nos vemos como un país siempre al borde de la emergencia y la ruina, despreciado y a la vez envidiado, rodeado de enemigos y perseguido por la desgracia. Y es mejor así: Perú era rico, y miren dónde está ahora. Nosotros hemos hecho de nuestra pobreza una más de nuestras protecciones" (141).
 
Diez años después de haber sido formulada, y a tenor de la indignación provocada en Chile por un fallo ligeramente desfavorable de La Haya en el marco de una disputa territorial con Perú, la afirmación anterior parece mantener su validez. Esa validez se extiende, por lo demás, al resto del libro, reeditado finalmente (y por fin) por la muy interesante editorial chilena Hueders en una edición ampliada (parcialmente menguada también: faltan dos textos de la primera) que llega hasta nuestros días. En la década que media entre la primera y la segunda edición de Los platos rotos el libro no ha perdido ni un poco de actualidad (entre sus muchos méritos, el de convertir la historia chilena, un tema que sólo interesaría a los habitantes de ese país, en un asunto que concierne a todos los lectores) ni ha surgido ningún otro prosista chileno capaz de superar a Gumucio. Éste, que en estos días, dirige una cátedra dedicada al humor en la Universidad Diego Portales y acaba de publicar en las Ediciones de esa universidad un libro extraordinario en el que profundiza en el cruce entre memoria privada e historia nacional propuesto inicialmente en Los platos rotos, Mi abuela, Marta Rivas González, es uno de los escasos imprescindibles de la literatura latinoamericana.
 
 
Rafael Gumucio
Historia personal de Chile: De Almagro a Bachelet
Santiago de Chile: Hueders, 2013
 
[El próximo jueves, "Más fuego (Una alegoría)" de Rafael Gumucio]

[Publicado el 04/2/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Rafael Gumucio, Ensayo, Hueders]

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¿Quién posee la autoridad de escoger las palabras? / "Notas de un ventrílocuo" de Germán Marín

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Estamos habituados a creer que lo que decimos nos pertenece, que da cuenta de nuestras intenciones y constituye un patrimonio personal (algo que nos define), pero hay buenas razones para pensar que, por el contrario, son los otros los que hablan por nuestro intermedio y que todo acto de comunicación es un número de ventriloquía; y nadie está más convencido de ello que el narrador innominado de las Notas de un ventrílocuo de Germán Marín.
 
Marín nació en Santiago de Chile en 1934. Es autor de la trilogía "Historia de una absolución familiar" compuesta por las novelas Círculo vicioso (1994), Las cien águilas (1997) y La ola muerta (2005), además de otras novelas, y de libros de relatos como Conversaciones para solitarios (1999), Lazos de familia (2001), Basuras de Shangai (2007), Compases al amanecer (2010) y Últimos resplandores de una tarde precaria (2011), así como de la edición prologada y anotada de la obra crítica del poeta Enrique Lihn, El circo en llamas (1997).
 
Notas de un ventrílocuo se aparta formalmente de la obra anterior de su autor, pero no de sus temas, que siempre han sido las relaciones de poder (como Diamela Eltit), el mal (como Roberto Bolaño) y la cicatriz brutal que dejasen en la vida de los chilenos el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973, sus antecedentes y sus derivas (como Raúl Zurita). Todos ellos convergen en este libro, en el que (entre observaciones triviales acerca de sus vecinos en el hotel modesto en el que vive, las mujeres que aún se allanan a acostarse con él, los cambios que han tenido lugar en la ciudad de Santiago en las últimas décadas, la decadencia física propia y de los otros, la soledad, la sucesión de actuaciones más y más humillantes y ante públicos más y más desinteresados) es recuperada la historia del ventrílocuo, la de cómo los hechos posteriores al golpe militar supusieron para él el inicio de un declive que se extiende hasta nuestros días, convertido el ventrílocuo no sólo en una víctima del paso del tiempo y de la aparición de otras formas de entretenimiento sino, también, de la represión de una escena artística (bohemia, menor, nocturna, ajena posiblemente al talento, pero no al entusiasmo) que para algunos era un refugio. Al aceptar actuar frente a militares adecuando sus guiones a sus preferencias y a su visión del mundo, el ventrílocuo ha comprendido que la ventriloquía trasciende su oficio para convertirse en el modo dominante de las relaciones humanas después del golpe, en la forma de administrar el poder: como el resto de sus compatriotas, el ventrílocuo se habitúa a repetir lo que se le dice que debe decir, y admite: "Me parezco a los muñecos que, presentes en mis actuaciones, están guiados por una voz que no es la de ellos" (102).
 
La devastación procede del hecho de que, debido a su profesión, él sabe lo que sucede con los muñecos del ventrílocuo cuando la función ha concluido: son guardados en una caja. Habituado a poner sus palabras en boca de otros (sus muñecos), el ventrílocuo comprende de súbito que sus palabras no le pertenecen a él y que el ventrílocuo también puede ser la marioneta de otro ventrílocuo, y que lo único que diferencia al primero del segundo es el hecho de que el segundo posee la autoridad de hablar y no de ser hablado; es decir, el poder. En esa escena (que, por lo demás, pasa prácticamente desapercibida en un libro en el que Marín se muestra eficazmente digresivo, en un contraste notable con la economía narrativa y la determinación de sus obras anteriores) está la clave de estas Notas de un ventrílocuo, que es un libro acerca del poder y las palabras. Claro que las relaciones de poder son más ambiguas de lo que parece a simple vista y el ventrílocuo también puede ser consciente de su falta de poder, ya que "Ventrílocuo es también ser un escritorzuelo, escondido detrás del protagonista bajo cada palabra que aparece" (84).
 
 
Germán Marín
Notas de un ventrílocuo
Santiago de Chile: Alfaguara, 2013

[Publicado el 30/1/2014 a las 10:00]

[Etiquetas: Germán Marín, Novela, Alfaguara]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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