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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 31 de octubre de 2014

 Blog de Patricio Pron

La literatura o la vida / "El club de los asesinos de letras" de Sigismund Krzyzanowski

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Un escritor puede dejar de escribir por decenas de razones; también porque, obligado a escoger entre la literatura y la vida (una obligación que viene de antiguo y que soslaya el hecho de que la literatura, y su lectura, son una parte de la vida, acaso la mejor de ella), escoge la vida, ya que "si en el estante de una biblioteca hay un libro de más es porque en la vida hay un hombre de menos" (5).
 
Quien dice esto es alguien que ha dejado de escribir. Nunca sabremos su nombre, sólo que es miembro de un club de escritores que no escriben, que "asesinan" las letras que hubiesen sido impresas en unos libros que no verán la luz. La tradición del club en la literatura es larga y entronca con la de la sociedad secreta, que le presta algunos de sus elementos y la mayor parte de sus posibilidades narrativas (piénsese en El club de los negocios raros de Gilbert K. Chesterton, por ejemplo), pero es inusual que diga algo acerca de la vida del autor que escribe sobre él; sin embargo, El club de los asesinos de letras es lo más cerca que estaremos nunca de comprender quién fue Sigismund Krzyzanowski, que escribió alrededor de tres mil quinientas páginas de gran calidad literaria pero no publicó ni una sola de ellas a lo largo de su vida.
 
Al igual que en otras obras con el club como tema, la de Krzyzanowski tiene un carácter episódico apenas disimulado: sus capítulos (que se corresponden en mayor o menor medida con cada intervención de los miembros) funcionan, en ese sentido, como relatos breves. En el primero, el escritor que ha dejado de escribir cuenta cómo tuvo que vender sus libros para poder desplazarse junto al lecho de su madre enferma y de qué manera, desde entonces, le bastó contemplar la estantería vacía para que se le ocurriesen nuevas historias mediante la combinación de los títulos desaparecidos ("uno a uno, fui cogiendo mis libros imaginarios, los fantasmas que llenaban el vacío entre los tableros negros de mi antigua estantería y, sumergiendo sus letras invisibles en tintas más ordinarias, los fui convirtiendo en manuscritos y los manuscritos en dinero", afirma, 10). En el segundo, una operación matemática (Guildenstern y Rosencrantz se multiplican en Guilden, Stern, Rosen y Crantz, y Ofelia en O y Felia) otorga nuevas posibilidades a la pieza de William Shakespeare Hamlet. En el cuarto se reúnen los pasajes evangélicos en los que Jesús prefiere no hablar para sugerir la posibilidad de un quinto evangelio, un "Evangelio del silencio" pendiente de reconstrucción. En el quinto, un cadáver es utilizado para confeccionar una especie de autómata manipulado mediante una máquina de escribir.
 
Las claves de interpretación de El club de los asesinos de letras se vuelven algo más visibles cuando un personaje, al escuchar la historia del evangelio del silencio, propone a su autor el título de "Autobiografía" (75). La literatura como palimpsesto, la imposibilidad de hablar del silencio sin desvirtuarlo ("¿Para qué vas a callar al silencio?" dice una canción argentina), la posibilidad de que todo lo escrito sea fútil son temas que Krzyzanowski desarrolla a la manera de Jorge Luis Borges, convirtiendo una idea acerca de la ficción en una ficción ella misma, pero, detrás de todas estas visiones (negativas, podríamos llamarlas) de la literatura, existen circunstancias vitales en el caso del autor soviético que se ponen de manifiesto en clave simbólica en el sexto relato del libro, donde un régimen totalitario obtiene mediante la innovación tecnológica una forma eficaz de adquirir la soberanía de los cuerpos de sus ciudadanos, eliminando la disidencia y obteniendo una fuerza laboral sumisa y eficaz ("máquinas éticas", 98); parece evidente que ese régimen fue para Krzyzanowski el soviético (*): parece evidente, también, que publicar El club de los asesinos de letras hubiese sido una condena a muerte para su autor: en ese sentido, y al igual que su personaje, Krzyzanowski tuvo que escoger entre la literatura y la vida, y escogió la segunda.
 
Leída en esa clave, la advocación de esta novela al silencio (y los vínculos con la vida de su autor, que hizo de ese silencio el precio a pagar para mantenerse con vida en los tiempos que le tocaron vivir) adquiere un significado político y biográfico. Los asesinos de letras de la novela escogen el silencio literario por razones diversas y no siempre explícitas, pero su silencio también es una forma de resistencia. Fue la que practicó Krzyzanowski, quien (como afirman sus editores españoles no sin ironía) "tuvo la fortuna de morir en su cama en plena época estalinista".
 
 
(*) La asociación resulta aun más evidente si se considera la historia de Sag, quien "escribía relatos en sus ratos de ocio. Naturalmente, en secreto y ‘para su propio disfrute', pues encontrar a ‘otros' interesados en este siglo de los ex [los ciudadanos despojados de su voluntad], cuando la literatura estaba tan cercenada como los ‘mundos interiores', era simple y llanamente misión imposible. Pues bien, en una novela de Sag titulada, creo, ‘El desconectado', se contaba la historia de una especie de intelectual genial que durante una revuelta ocurrida en su insignificante ciudad llegó a crear su propio sistema, descubriendo nuevas ideas y pensamientos. Apresado, se le incluyó en un colectivo de autómatas condenado a realizar, sin parar, un día tras otro, un trabajo de lo más simple que consistía en cinco o seis operaciones repetitivas y alienantes, de tal modo que se sentía incapaz de comunicar a la humanidad su idea de salvación. En un mundo donde la acción y el pensamiento, las ideas y su materialización, eran parcelas aisladas y sin ninguna conexión entre sí, él era precisamente un ‘desconectado'" (114-115).
 
 
Sigismund Krzyzanowski
El club de los asesinos de letras
Trad. Rafael Cañete
Barcelona: Ediciones del Subsuelo, 2012

[Publicado el 14/1/2014 a las 10:45]

[Etiquetas: Sigismund Krzyzanowski, Novela, Ediciones del Subsuelo]

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Revirtiendo la mirada antropológica / "El libro de la selva de Londres" de Bhajju Shyam

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Shyam expresa su idea de un avión con un elefante que vuela en un mundo del revés. Crédito, del autor.

En el año 2002 el artista pástico Bhajju Shyam fue invitado a realizar unas pinturas murales en un restaurante indio del barrio de Islington, en Londres; pasó dos meses en la capital inglesa, pintando y observando la ciudad, que no había visitado antes. Shyam pertenece a la comunidad tribal gond, afincada en el centro de la India; sus miembros suelen ser despreciados por los demás hindúes y rara vez tienen la oportunidad de viajar: Shyam, que la tuvo, fue convencido por Sirish Rao y Gita Wolf para que plasmase las impresiones de su viaje. El resultado es uno de los libros más hermosos de 2013.
 
"Al arte gond no le interesan ni el realismo, ni la perspectiva, ni la luz, ni la tridimensionalidad. Más que representar, expresa, y su energía surge de las líneas fluidas, de los complejos dibujos geométricos y de los símbolos que vinculan a los seres vivos con el funcionamiento del cosmos", afirman los autores. Shyam se pinta, por ejemplo, más grande que un tren porque éste "en sí no me interesaba nada", describe el paisaje aéreo de Inglaterra como un sari rodeado de agua, la lluvia inglesa como un tatuaje, el metro como una serpiente, el autobús como un perro fiel, los ingleses como murciélagos, el Big Ben como un "templo dedicado al tiempo" con forma de gallo. "Traté de comprender a los londinenses", afirma. "Me pareció que lo más importante era que gobernaban sus propios deseos. Mientras no fuera ilegal, podían hacer lo que les viniera en gana".
 
La facilidad para desplazarnos ha hecho que ningún lugar sea ya exótico; los viajes se han convertido en una oportunidad de ratificar impresiones preexistentes y el descubrimiento parece ser deliberadamente evitado por quien participa de esa forma del ocio inane a la que llamamos turismo. Es tanto lo que se ha dicho sobre Londres, y tantas veces las que se ha visitado la ciudad y se la ha retratado, que parece imposible poder decir algo nuevo sobre la capital inglesa. Shyam lo consigue, sin embargo: el suyo es un idioma único, recostado en una tradición pictórica de la que sabemos poco y parece a punto de desaparecer (los autores mencionan en su prólogo el hecho de que los artistas gond están comenzando a utilizar pinturas industriales y a ingresar en el mercado del arte, lo que supone cambios tanto en la concepción como en la función de su arte). La suya es una visión excepcional, absolutamente única, que revierte la mirada antropológica y pone de manifiesto que el exotismo está en casa si se mira con los ojos adecuados y con la humildad y el talento de un artista notable.
 
 
Bhajju Shyam (con Sirish Rao y Gita Wolf)
El libro de la selva de Londres
Trad. Carlos Mayor
Madrid: Sexto Piso, 2013

[Publicado el 09/1/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Bhajju Shyam, Ilustrado, Sexto Piso]

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Lo mejor / La decepción de 2013

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Jane Maynsfield sabe bien dónde esconder unas uvas. Crédito de la imagen, desconocido.

Jota Erre (Sexto Piso) no pretende "reflejar" la realidad de ninguna manera, no parece haber sido fácil de escribir y no es fácil de leer; por todo ello, esta novela de William Gaddis ofrece un notable contraste con buena parte de lo que se publica estos días y es, por lo tanto, y en mi opinión, el mejor libro publicado en 2013. Jota Erre es un auténtico "ocho mil" literario: requiere tiempo y esfuerzo, pero compensa los que se inviertan en él con la visión de un paisaje nunca visto antes y eso lo diferencia de la principal decepción de este año, La casa de hojas (Pálido Fuego, Alpha Decay).

Gaddis publicó su novela en 1975; Mark Z. Danielewski la suya en 2000. A pesar de ello, la primera aún parece joven, mientras que la segunda ha envejecido notablemente (de hecho, quizás haya nacido vieja), tal vez debido a que los juegos tipográficos de La casa de hojas no pueden disimular el hecho de que su autor tiene muy poco que contar y no parece saber muy bien cómo hacerlo. La suya es una expresión menor de la experimentación literaria que autores como Gaddis, John Barth y Donald Barthelme llevaron a lo más alto mucho antes de que esa experimentación diera paso a una cierta pseudoliteratura concebida para aquellos a los que la literatura de verdad atemoriza y expulsa o sencillamente no les parece lo suficientemente contemporánea (como si estar al día fuese algún tipo de mérito).

 

 

Publicado en ABC Cultural, 30 de diciembre de 2013.

[Publicado el 07/1/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, William Gaddis, Alpha Decay, Sexto Piso, Novela]

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Actualizaciones (VII) / Fernando R. de la Flor / William Blake / James Joyce

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Tres títulos para que el lector salte de alegría. Crédito, Andy Shupe.

1
 
Los visitantes regulares a este diario de lecturas saben de sobra de mi interés por el ensayo literario: no, por cierto, por lo que se comercializa como tal estos días (y que, en el mejor de los casos, es periodismo y en el peor, publirreportaje), sino por el que considero el verdadero ensayo literario, ese tipo de texto que contribuye a la discusión acerca de la literatura y los libros y los modos en que ambos condicionan nuestras relaciones sociales y las formas que adquieren nuestros diálogos. Quizás la mía sea una posición minoritaria (al menos parece poco extendida entre los editores de colecciones de ensayo, y algún día alguien deberá escribir sobre qué pudo haber sucedido para que los sellos de ensayo que amamos y cuyos catálogos nos formaron se hayan convertido en el orgulloso hogar de títulos como "692 libros que tienes que leer antes de morir y no vas a leer nunca", "Veterinarias con encanto" o el ya clásico "Yo antes era filósofo pero ahora escribo autoayuda"). No importa. Los responsables de la editorial Periférica parecen compartir esa posición y acaban de apostar por uno de los mejores ensayistas españoles contemporáneos, Fernando R. de la Flor.
 
En Contra (post)modernos De la Flor revisa la vida y la obra de tres poetas españoles que, en su opinión, encarnan la disidencia, la provincia y la carencia: Miguel Espinosa, Claudio Rodríguez y Antonio Gamoneda. El resultado de su estudio es la certeza adquirida de que los enfrentamientos que se libraron en el campo literario español durante las últimas décadas no carecieron de víctimas y pudieron haber finalizado de formas muy distintas a como lo han hecho; también, como todo buen texto en su género, Contra (post)modernos pone de manifiesto la necesidad que tenemos de leer buenos ensayos y cómo estos son tan, tan distintos de los ensayos mediocres o malos, que (desafortunadamente) pululan.
 
 
2
 
A menudo, los editores españoles (no sólo los de ensayo) confiesan en conversaciones informales y mayormente en privado que en este momento no están publicando los libros que quisieran sino los que pueden, ya que las realidades del mercado no les permiten mucho más. No deja de ser posible que sea así: de hecho, muchos de esos editores son magníficos lectores y poseen un gusto literario notable, que (por consiguiente) hace que la incorporación a su catálogo de la mémoire de autor local joven (y barato), la novela hipertrofiada y no exenta de relleno ("ambiciosa" en la jerga editorial), la trilogía erótica de circunstancias y la novela premiada de presentadora de televisión o director de suplemento cultural parezca incomprensible. Que la crisis económica y del consenso acerca de qué supone que un libro sea bueno afecta a todos los editores por igual parece evidente; sin embargo, y por alguna razón, hay editoriales como Atalanta que parecen estar al margen de esa crisis.
 
Atalanta ha publicado en los últimos años libros tan notables como los dos tomos de la Decadencia y caída del imperio romano de Edward Gibbon, la Imagen del mito de Joseph Campbell y la Antología universal del relato fantástico realizada por su director, Jacobo Siruela, a los que añade ahora el primer volumen de los extraordinarios, absolutamente excepcionales Libros proféticos de William Blake, profusa y enigmáticamente ilustrados por su propio autor: a excepción de la Antología [...] y (tal vez) del libro de Gibbon, todos estos títulos no destacan de antemano por su potencial comercial; por otra parte, son libros fundamentales. Que Atalanta parezca capear las turbulencias del presente con tanta solvencia (produciendo libros bellamente ilustrados y de confección irreprochable, imprescindibles todos ellos para la formación del criterio lector) tal vez se deba precisamente a la que parece ser su debilidad: la escasa comercialidad de sus propuestas. Quizás ese sea su principal reclamo comercial en un momento en que otras editoriales intentan (y fracasan) una y otra vez en sus esfuerzos por dar con un multiventas, con el resultado de que sólo producen pseudoliteratura para pseudolectores; es decir, para aquellos a los que la experiencia de la verdadera literatura (que requiere una inversión objetiva de tiempo y esfuerzo) atemoriza o repele. Atalanta (sometida a las mismas realidades del mercado que a otros les sirven de justificación o excusa) sigue, sin embargo, un camino distinto, y cualquier lector encontrará que es un placer poder recorrer ese camino junto a ella.
 
 
3
 
Un tiempo atrás, una encuesta a los usuarios de la red social Goodreads señalaba al Ulises de James Joyce como uno de los cinco clásicos más abandonados por sus usuarios; la encuesta quizás merezca una reflexión más detallada, pero lo que me interesa aquí es señalar el hecho de que, contra la que parece una opinión mayoritaria entre los usuarios de Goodreads (que habla pésimamente acerca de su capacidad como lectores, por cierto), Ulises es posiblemente la novela más importante del siglo XX y, en mi opinión, una de las más divertidas. Al tiempo que Gallo Nero publica su Joyce en París o el arte de vender el Ulises (una selección de textos y fotografías que incluye un prólogo de Simone de Beauvoir, un ensayo exhaustivo de Catherine Turner sobre la historia editorial del libro de Joyce y un texto de Gisèle Freund acerca de las circunstancias en que fotografió a Joyce, casi ciego ya, en 1938), el James Joyce Centre de Dublín ha dado comienzo a la publicación de su adaptación en novela gráfica a cargo de Robert Berry. Hasta el momento se han publicado los capítulos 1, 2, 4 y 5, que pueden leerse en su página web. Es difícil decir algo al respecto, debido en particular al amateurismo de la ilustración y a la naturaleza principalmente lingüística del libro, sin la cual éste se convierte en otra cosa, probablemente inferior. El James Joyce Centre de Dublín ofrece, por otra parte, una muy valiosa guía del lector, que incluyo aquí a modo de invitación a leer el gran, gran libro del escritor irlandés.
 
 
Fernando R. de la Flor
Contra (post)modernos
Cáceres: Periférica, 2013
 
William Blake
Libros proféticos I
Intr. Patrick Harpur
Trad. Bernardo Santano
Girona: Atalanta, 2013
 
AA. VV.
Joyce en París o el arte de vender el Ulises
Pról. Simone de Beauvoir
Trad. Regina López Muñoz
Madrid: Gallo Nero, 2013

[Publicado el 03/1/2014 a las 10:30]

[Etiquetas: Fernando R. de la Flor, William Blake, James Joyce, Ensayo, Poesía, Miscelánea, Periférica, Atalanta, Gallo Nero]

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La invitación a compartir un desafío / 2014

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Un par de años atrás el escritor estadounidense Dave Morice (aka Dr. Alphabet) completó en una serie de cien sesiones de escritura frente al público el que puede considerarse, a falta de constatación, el poema más largo del mundo. Poetry City Marathon fue escrito entre julio y octubre de 2010 a razón de cien páginas por día y fue una de las acciones organizadas para celebrar la designación de Iowa por parte de la UNESCO como "ciudad de la literatura". El resultado es un volumen de 10.119 páginas (véase fotografía) del que sólo existe un ejemplar físico: el libro puede descargarse, sin embargo, en la Red.
 
A lo largo de estos dos años he leído aproximadamente una vigésima parte del libro, atraído no tanto por la singularidad de su extensión como por el desafío que ésta supone para el lector. Allí donde un autor asume el desafío de escribir una obra de extensión desmesurada (y la palabra "extensión" puede ser reemplazada aquí por "complejidad", "sofisticación", "novedad" o cualquier otra que se desee), éste invita a su lector a que comparta el desafío. El autor se eleva por sobre sus capacidades (por decirlo de alguna forma) y en su gesto hay una invitación al lector para que éste también vaya más allá de lo que puede, que mejore sus habilidades como lector y perfeccione esa habilidad suya de traer palabras al mundo. Aunque aún me queda mucho por leer, no tiro la toalla, y regreso cada cierto tiempo a Poetry City Marathon. Me parece que, en su desafío, el libro de Dave Morice tiene algo para enseñarnos.
 
Feliz 2014 para todos.

[Publicado el 30/12/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Tres poemas de Stephen Dunn / Cita

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PERROS VIEJOS
 
Estos Trotskys de las relaciones,
la revolución perpetua por lema,
de corazones impacientes
peligrosos para toda satisfacción.
 
Los entiendo a la perfección
y también el porqué alguien al que hayan dejado atrás
puede viajar hasta México,
con un pico, para acabar de una vez con todo.
 
Es propio del hombre, al fin y al cabo, querer
ponerle punto final a todo.
Y empezar después de nuevo.
 
«Ya que un perro viejo no aprende bien»,
dijo Dinah Washington,
«lo mejor es comprarse un perro nuevo».
Estaba justificando sus ocho maridos,
 
y dando razones para el noveno.
 
De haber conocido a alguno de sus perros
sin duda entendería por qué podría
haberse conformado con tumbarse en el sofá
y salir a dar breves paseos.
Jamás he deseado nada tan a menudo
como las veces que he querido sublevarme,
adentrarme corriendo en la noche.
Enamorarse produce tanta ansiedad,
dice un amigo, gracias a Dios existe el sexo
como sosiego esporádico.
 
Se dedica a vivir episodios diferentes
con una mujer distinta cada vez.
Eso lo entiendo, también,
 
igual que entiendo hacer, año tras año,
las mismas pocas cosas
en la misma casa con la misma persona,
asentado e inquieto, inmerso en el largo camino.
 
 
NUESTROS PADRES
 
                           Para mi hermano.
 
Nuestros padres murieron al menos dos veces,
la segunda cuando olvidamos sus anécdotas,
o no pudimos figurarnos cuántas veces ansiaron el amor,
o se sintieron inútiles, o anhelaron algo de justicia
en este mundo. En la tumba, su necesidad
por nosotros es pura, están perdidos sin nosotros.
La luna de miel que pasaron en La Habana subsiste o no
subsiste. Aquellos últimos días de agosto en las Catskills...
 
Podemos tomar la decisión de hacerlos felices.
¿Qué es el pasado sino un trabajo inconcluso,
pantanoso, fecundo, seductoramente revisable?
 
Uno de nosotros ha dedicado su vida a desarrollar un respeto
por la debilidad de las palabras, el otro por aquello
a lo que hay que aferrarse; quizá tengamos una oportunidad.
 
Tratamos de contar qué sucedió en aquella primera casa
en la que fuimos, como casi todos los niños, los únicos
necesitados sobre la Tierra. Recordamos
qué se nos prohibía, a quién le daban el trozo más grande.
 
Nuestros padres, mientras, debían de desear algo
a cambio de nuestra parte. Sabemos lo que es, ¿no es cierto?
Ya llevamos vivos el tiempo suficiente.
 
 
FANTASMA
 
Es la última hora de uno de los últimos días
de junio, mi mujer está durmiendo,
Bob Dylan va a noventa millas por hora
hacia una calle sin salida,
y hace un momento -bendita sea la mente
que trabaja en contra de sí misma-
Hegel concedía que la filosofía
siempre llega demasiado tarde.
Aquí a través de la gatera
viene nuestro gato naranja,
la boca vacía, un poco desamparado.
Topillos y ratones, no oséis relajaros.
Solitarios y soñadores, es hora de probar
la oscuridad, de visitar las guaridas.
Estoy esperando ese clic
del cásete o el final del capítulo,
el que llegue primero -como uno
de esos tratos que haces contigo mismo-.
Es el clic. Ahora llevaré a la cama
este cuerpo y el fantasma
de lo que una vez fue, inseparables
como resultan ser estos días, humo
alzándose de un fuego pertinaz.
Nocturna luz, sé mi guía.
Puedo andar a tientas solamente hasta ahí.
 
 
Stephen Dunn
En otro momento
Trad. y pról. Andrés Catalán y Ben Clark
Salamanca: Delirio, 2013

[Publicado el 27/12/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Stephen Dunn, Poesía, Delirio]

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Desde la periferia del territorio / "Atlas de islas remotas" de Judith Schalansky

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"La sola idea de viajar me llena de asco", escribió Fernando Pessoa, y agregó: "ya he visto todo lo que no he visto jamás. Ya he visto todo lo que no he visto aún" (En: Denken mit Fernando Pessoa. Sätze, Reflektionen, Verse und Prosastücke, über Leben und Traum, Seele und Herz, Vernunft und Absurdes, Ästhethisches und Mystisches. Zúrich: Diogenes Verlag, 2009. Mi traducción.) Quizás algo similar (un rechazo deliberado a los viajes, que sólo permitirían ver "todo lo que se ha visto ya"; es decir, lo que nunca se ha visto) le suceda a la joven escritora alemana Judith Schalansky (Greifswald, 1980), quien, en el frontispicio de su Atlas de islas remotas, asegura que éste trata acerca de "cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré".
 
Lo que dice Schalansky no es completamente cierto, sin embargo, ya que la presencia física es sólo una de las maneras de visitar una isla, que puede ser frecuentada también en los textos y en los mapas: si (de alguna manera) la literatura es un cierto tipo de viaje, Schalansky (y, con ella, su lector) sí ha "estado", sí ha ido a las islas de las que habla en su libro (todas ellas distantes a miles de kilómetros de la tierra firme y escasamente visitadas) porque ha leído sobre ellas, se ha documentado y las ha dibujado, apropiándoselas: también, porque ha sido testigo de la creación de comunidades utópicas como las de la isla de Floreana y la de Tristán de Acuña, del papel cumplido por islas como la Rodolfo y la de Pedro I en la siempre dramática exploración de los polos, de la malograda expedición de la Académie des sciences en 1874 cuya finalidad era contemplar un fenómeno astronómico desde la isla de Campbell, del ensayo nuclear francés en la isla de Fangataufa, del juicio realizado a los descendientes de los marinos de la Bounty por violación.
 
La tradición popular ha querido ver en los Viajes extraordinarios de Julio Verne una sustitución simbólica de los que su autor no habría llevado a cabo (en realidad, Verne no viajó ni más ni menos que el resto de los miembros de su clase social de pertenencia en la Francia de su tiempo; posiblemente, incluso más); del autor de La vuelta al mundo en ochenta días se dice que se lo inventaba "todo", pero sus obras suelen estar profusamente documentadas, aunque escritas para que el equilibrio entre invención y documentación recaiga del lado de la primera: en nuestros tiempos, son sólo documentación (a menudo, documentación de un futuro que no llegó nunca y del que los libros de Verne son ruina). En realidad, los lectores de la época de Verne preferían creer que su autor inventaba; los de nuestros tiempos (más habituados a la idea del autor como curador, moderador o antólogo) prefieren las historias reales a las inventadas, posiblemente debido a una hipertrofia del texto autobiográfico y a un entusiasmo incomprensible por lo que llamamos "la realidad".
 
Atlas de islas remotas es, en ese sentido, un texto moderno. No importa el carácter poético de muchos de los que lo componen: las historias que cuenta Schalansky aquí (la del desplazamiento de los nativos de la isla Diego Garcia por parte de las autoridades locales de Reino Unido, la del episodio de canibalismo de la isla St. Paul, la de la famosa isla de los ciegos al color, la de la economía social de los habitantes de Tikopia) son ciertas y parecen venir a indicar que la profusión de información y la aceleración de su circulación en virtud de las nuevas tecnologías, que han llevado a un empequeñecimiento figurativo de las distancias y a la ficción de que nada está ya "lejos", han llevado también a que en nuestros tiempos sólo se pueda producir literatura desde y para la periferia del territorio que conforma nuestra cultura, como si las islas fueran el reservorio de una literatura que aún no ha sido bastardeada por el imperativo de haber sucedido realmente para tener algún valor.
 
Leí Atlas de islas remotas hace unos tres o cuatro años, tras su publicación en Alemania en 2009; al releerlo ahora, mi impresión no es tanto la de estar releyendo un libro como revisitando un paisaje; un territorio que también es parte del muy interesante proyecto artístico multidisciplinario de Judith Schalansky cuyo antecedente directo es Fraktur mon amour, el compendio tipográfico con el que la autora (que también es diseñadora) se dio a conocer en 2006 y El cuello de la jirafa, su novela publicada en español por Random House Mondadori en 2013.
 
 
Judith Schalansky
Atlas de islas remotas
Trad. Isabel G. Gamero
Madrid: Nórdica y Capitán Swing, 2013

[Publicado el 25/12/2013 a las 17:15]

[Etiquetas: Judith Schalansky, Miscelánea, Nórdica, Capitán Swing]

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Iván de la Nuez contra el panfleto / Cita

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De lo que sí reniega este libro es de la fiebre extendida por el panfleto que nos ha azotado en los últimos años. Una aversión originada, seguramente, en ese marxismo-juvenil-antillano intoxicado por todo tipo de manuales y libelos, si bien las causas de esta renuncia no sólo deban facturarse exclusivamente a tales orígenes. El presente es suficiente estímulo para renegar del panfleto. En particular, de todos los clones de Stéphane Hessel y de su expeditivo ¡Indignaos!.
 
Cuando publicó su libro en 2010, Hessel ya era nonagenario -había nacido en 1917, el mismo año de la revolución bolchevique-, y acarreaba una larga historia como combatiente de la resistencia francesa, superviviente de los campos de concentración y redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.
 
¡Indignaos! se convirtió de inmediato en un best seller, al punto de que no fue un panfleto más, sino el panfleto que todo joven debía blandir frente al secuestro de la política por parte de los poderes financieros.
 
Cuando salió el libro, ya circulaban, tan sólo en España, decenas de textos que enfrentaban el presente con imaginación, profundidad y, en caso de necesidad, vitriolo para aderezarlos. Es el caso de La Economía no existe, de Antonio Baños (2009) o Fin de ciclo, de Isidro López y Emmanuel Rodríguez (2010). Pero ¡Indignaos! barrió con cualquier tendencia anterior y, sobre todo, funcionó como una compuerta. Una vez abierta, la avalancha desbordó las librerías con incontables imitadores abonados al libro anti-sistema, el manifiesto de urgencia, el manual de batalla...
 
Si esto ocurría con las ediciones de papel, el revival del panfleto en Internet fue, literalmente, inabarcable.
 
Desde que Marx y Engels lanzaran en 1848 el Manifiesto Comunista, y medio siglo más tarde Zola esgrimiera el Yo acuso, este género con raíces en el libelo romano no había conocido una remoción tan brutal.
 
Y es que, para funcionar, el panfleto debe obedecer a unas claves. Se da por sentado que desvele una verdad oculta y que se lance contra el poder (aunque la figura del panfleto oficial tiene larga historia). Se sobrentiende que sea efectivo y hasta autoritario: ¡Uníos!-¡Reacciona!-¡Actúa!-¡Yo acuso!-¡Indignaos!-¡Comprometeos!
 
Más que responder a las dudas, sobre todo debe disiparlas.
 
El panfleto es a la política lo que la autoayuda a la psicología. Ofrece un oasis y una certidumbre. No hay buen panfleto que no resulte euforizante.
 
Aunque no le falten buenas intenciones, el panfleto abona el terreno perfecto para los oportunistas. Y si bien es verdad que el género nos ha proporcionado alguna obra maestra, hurgando un poco nos percatamos de que las que califican como tal son, en realidad, textos travestidos. El contrato social es un panfleto disfrazado de ensayo como el Manifiesto Comunista es un ensayo disfrazado de panfleto.
 
La fiebre panfletaria ha conseguido incluso modificar el criterio editorial sobre el ensayo, así que no pocos editores -con el "potencial de venta" y no la toma del Palacio de Invierno en su horizonte- se han lanzado en tromba por un género que le ofrece al lector una confirmación y no una perplejidad. A partir de ahí, las montañas de libros con esa autoayuda ideológica cuyo cóctel mezcla sin problemas a Paulo Coelho con la lucha de clases.
 
Que el Manifiesto Comunista siga siendo el panfleto más vendido, deja sin embargo en dificultades esa apuesta comercial. ¿Tanto remar para llegar al punto de partida?
 
Y es que el verdadero damnificado del apogeo del panfleto no ha sido el capitalismo, sino el ensayo: un texto armado con interrogantes tiene todas las de perder ante un texto que se parapeta entre signos de admiración. Las certezas venden más que las dudas; regla básica del panfleto y también, por cierto, del mercado contemporáneo.
 
Este libro ha elegido pasearse por la franja de las preguntas. Así que, a cada paso, interroga esas reapariciones comunistas, casi siempre súbitas, que encuentra en el camino. Como del panfleto, El comunista manifiesto rehúye de la clasificación de Non-fiction con la que el mundo anglosajón ha contaminado al ensayo. Una definición en negativo que parece estar en posesión de La Verdad (de Toda la Verdad y Nada Más que la Verdad). Non-fiction es el muro contra el que, de vez en cuando, cualquier seguidor de Montaigne está obligado a chocar. Sobre todo si entiende el ensayo en su aserción teatral, como una aproximación previa e imperfecta a una realidad que no está constituida del todo. (No es todavía la función real). O si piensa que ensayar, más que un oficio, es una actitud. Algo que está más allá de un género literario y que incluye el boceto, el borrador y el plano. El entrenamiento deportivo y el experimento en el laboratorio.
 
Afinar el piano y afilar la navaja...
 
 
Iván de la Nuez
El comunista manifiesto: Un fantasma vuelve a recorrer el mundo
Pról. Josep Ramoneda
Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2013

[Publicado el 23/12/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Iván de la Nuez, Galaxia Gutenberg, Ensayo]

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Cocinar, limpiar y tener hijos / Disidencia

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No muchos conocían el nombre de Bridget Christie cuando la británica (Gloucester, 1975) obtuvo hace algunas semanas el premio a la mejor pieza humorística del festival Fringe de Edimburgo. Que otro de las ganadores fuese el espectáculo de la neoyorquina Adrienne Truscott "Buscándoselo: una violación femenina unipersonal acerca de la comedia, protagonizada por un coño y poco más" puede ofrecer al lector alguna pista acerca del carácter irreverente del festival, pero no de la calidad de "Un Bic para ella", el monólogo que Christie escribió a raíz de la comercialización hace un año de unos bolígrafos de la compañía Bic diseñados (o al menos eso decía la información promocional) para "adaptarse confortablemente a la mano de la mujer" y "escribir suavemente".
 
De mayores dimensiones que los convencionales, los bolígrafos "para ella" presentaban una cubierta acolchada en colores rosa y púrpura, y su comercialización produjo el enfado de cientos de personas, entre ellas muchas mujeres que se las arreglaron, a pesar de no tener un teclado adaptado a las que son (a ojos de los responsables de Bic) sus limitaciones, para escribir reseñas furibundas en Amazon, aunque la compañía no ha retirado de circulación el producto (que, por cierto, cuesta el doble que el bolígrafo "para hombres"). No todo era indignación, sin embargo. Algunas de las reseñas eran extraordinariamente divertidas, como la de "Ingrid Moon", que afirmaba, con profusión de signos de admiración: "¡Estos bolígrafos realmente me han hecho sentir liberada! ¡Al fin mis delicadas necesidades y gustos femeninos han sido considerados!"; otro comentarista, que firmaba "Sparklepony", contaba: "Fue ver estos bolígrafos y querer tenerlos, así que le pedí a mi marido que me los comprara, pero él se negó diciendo que tener uno me iba a hacer Pensar y que entonces iba a tener Ideas Propias. Quizás hasta quisiera comenzar a Escribir, lo que iba a distraerme de mis obligaciones como esposa, como Cocinar, Limpiar y Tener Hijos. Por supuesto estaba Absolutamente En Lo Cierto: ninguna de estas actividades requiere tener bolígrafo."
 
De ironía tiraba también Bridget Christie en su espectáculo, pero éste no proponía ninguna respuesta a la que es la principal pregunta alrededor del tema: ¿Cómo es posible que la idea de un bolígrafo "para mujeres" haya atravesado todas las instancias de decisión que pueden imaginarse en una empresa de la importancia de Bic para acabar llegando al consumidor final? Si de algo puede presumir el capitalismo es de su excepcional capacidad para construir relatos: las necesidades creadas, el deseo de adquirir un determinado producto como forma de acceder a un estado más elevado o agradable de la existencia, la obsolescencia programada y la idea de que Internet es un ámbito de expresión individual democrático, gratuito y abierto a todos, e incluso el concepto mismo de que los grandes relatos habrían terminado con el supuesto Fin de la Historia (es decir, todos los grandes relatos menos el capitalista), son, en sí mismos, ficciones; construcciones narrativas destinadas a que el consumidor (entendido aquí como lector) siga "leyendo". En ese sentido, el "Bic para ella" es el desliz de un escritor experto, el detalle que, por implausible, interrumpe la "suspensión de la incredulidad" que es, famosamente, el sentido de la ficción. A ese detalle le debemos el descubrimiento de que, desafortunadamente, los directivos de ciertas empresas no piensan muy diferente que Lord Henry Wotton, el cínico personaje de El retrato de Dorian Gray, quien afirma allí: "Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen con mucho encanto." Como sostiene Christie en su monólogo "ahora sabemos por qué escribían tan mal las hermanas Brönte" (y uno puede agregar aquí decenas de otras grandes escritoras, incluyendo las hispanohablantes, que siguen teniendo que abrirse camino en un mundo de hombres que mayormente sólo las tolera si se limitan a la exhibición "decorativa" de una intimidad sensible): no tenían el bolígrafo adecuado. Christie no sólo demuestra que el feminismo puede ser divertido; también pone de manifiesto que sigue siendo necesario, y este también es un problema literario: es decir, un problema político.
 
 
[Publicado originalmente en Babelia, 30 de noviembre de 2013]

[Publicado el 20/12/2013 a las 11:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Derivas del fantástico rioplatense / "La visita" de Mariana Graciano

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Un naranja chillón que recuerda cierta tendencia de la moda de la década de 1980 (y su rescate en nuestros días) preside la portada de LA VISITA, el primer libro de la escritora argentina MARIANA GRACIANO publicado por la editorial madrileña Demipage; como, por lo demás, la portada es exactamente igual a cualquier otra de las de Demipage, el resultado es raro, y así, consecuente con los cuentos de Graciano, que convierten la rareza de eso que consuetudinariamente llamamos "normalidad" en su tema.
 
La visita (que recuerda a FELISBERTO HERNÁNDEZ y a ADOLFO BIOY CASARES, y a los fantasmas afines de FRANCISCO TARIO, SILVINA BULLRICH y JUAN JOSÉ ARREOLA) inaugura la publicación de una colección de autores surgidos del taller de escritura creativa que ANTONIO MUÑOZ MOLINA imparte en la University of New York y viene precedido de una "invitación" del escritor español insertada a modo de separata. Quizás el lector de este diario de lecturas tenga una opinión formada acerca de este tipo de prescripción (en cuyo caso, está invitado a formularla a modo de comentario), pero, en cualquier caso, lo que se puede decir de los cuentos de MARIANA GRACIANO es que no necesitan ningún tipo de recomendación y que interesarán mucho a aquellos que prestan atención a las derivas de la tradición fantástica rioplatense, de la que el libro de Graciano es un muy buen ejemplo.
 
 
Mariana Graciano
La visita
Madrid: Demipage, 2013

[Publicado el 18/12/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Mariana Graciano, Cuento, Demipage]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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