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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de julio de 2014

 Blog de Patricio Pron

"La casa de hojas", Mark Z. Danielewski / Diario de lectura 4

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"The Art of Clean Up" del fantástico Ursus-Wehrli 4. Crédito, del autor.

20/11/2013, 11.21 (hasta la página 500)
 
01. Así van las cosas en la casa de hojas: Karen ha decidido empacar para regresar a Nueva York con los niños; todos los objetos de Feng Shui que había dispuesto en la casa han desaparecido. Navidson regresa sorpresivamente al cuarto día de ausencia, trayendo las cintas de Holloway. El dormitorio se derrumba sobre sí mismo y un agujero empieza a tragárselo todo, incluyendo el piso de la sala de estar, de la que Navidson y Reston consiguen escapar prácticamente de milagro. Aunque Navidson había prometido que regresaría a Nueva York con Karen y los niños, lo que hace es volver a la casa tras hacerse cargo de las cosas de su hermano e inicia (mejor pertrechado que en ocasiones anteriores) la quinta expedición al pasillo. Karen tiene un rollo con un actorcillo, pero después decide que le corresponde ir a buscar a Navidson, y regresa a la casa; antes ha editado el material audiovisual dejado por Navidson: uno de los cortos que prepara incluye los testimonios de personas que han visto supuestamente el primer montaje, entre ellos Stephen King (el más sensato), Jacques Derrida, Camille Paglia Stanley Kubrick, Harold Bloom, Anne Rice y Hunter S. Thompson (nada de ello aporta mucho, sin embargo). También un corto con imágenes de Navidson y de su vida juntos que el narrador define como un "laberinto de amor" en contraposición al "laberinto de oscuridad" que representaría la casa. A continuación se trazan los orígenes de un manuscrito de 1610 en el que se hablaría del carácter singular del terreno en el que estaría asentada la casa (tampoco aporta mucho).
 
02. Una observación sobre Karen, que explicaría algunos rasgos del personaje:
 
"[...] un fin de semana de otoño en que su madre estaba de viaje, el hombre [el padre de Karen y de Linda, que es quien cuenta la historia] se llevó a las dos chicas a una vieja granja, donde obligó a Karen (de catorce años) a meterse en un pozo y la dejó allí mientras violaba a Linda. Después obligó a Linda a meterse en el pozo y le hizo lo mismo a Karen" (347).
 
03. Truant se vuelve (aun más) loco en las páginas 337-338 (la página 297 ya lo mostraba perdiendo el control), pero su locura (y de forma invertida en relación al cuerpo central de la novela) no es convincente porque no afecta a la forma, es puro tema. Tambor lo invita a visitarla y él no lo hace: Truant no abandona su apartamento, tiene pesadillas, baja nueve kilos, le cortan el teléfono y la electricidad, compra armas. A Lude le da una paliza El Hombre de Gdansk. Truant queda contaminado por el uso de la ese alta (similar a una efe) en vez de ese en el documento antiguo que ha leído: al salir a la calle se encuentra un cartel con la misma característica.
 
04. (Esto último recuerda el hecho de que las intervenciones de Truant a menudo tienen la forma de cuentos breves, no todos ellos muy buenos.)
 
05. Naturalmente, el pasaje de la destrucción de la casa imita al final de "La caída de la casa Usher" de Edgar Allan Poe; como tal, y por el hecho de que es un recurso narrativo visto ya decenas de veces (comenzando por Poe), no provoca ninguna impresión particular, o al menos no la impresión que se suponía que debía provocar.
 
06. Al parecer, faltan cuarenta páginas del texto (lo que es una buena manera de deshacerse de una explicación poco atractiva sobre mineralogía en la que el narrador se ha enredado por su cuenta. Posiblemente esta sea la principal virtud de La casa de hojas, su capacidad para absorberlo todo, incluyendo el error, y justificarlo con su propia forma.
 
07. El significante vacío y cómo éste es llenado permanentemente:
 
"En muchos sentidos, la casa de Navidson funciona como un enorme tanque de aislamiento. Desprovisto de luz, de cambios de temperatura y de noción alguna del tiempo, el individuo empieza a crear su propio [] [] [] [] [] [] [] [] sensorial, y [] []pendiendo de la duración de su estancia empieza a proyectar más y más de [] [] [] [] [] [] [] [] personalidad en las paredes desnudas y los []asillos vacíos" (330).
 
08. A la pregunta de por qué Navidson regresa a la casa se proponen tres respuestas: "el Alegato Kellog-Antwerk", "Los Criterios Bister-Frieden-Josephson" y "La Teoría Haven-Slocum", que proponen visiones alternativas centradas en el deseo de posesión, la aniquilación de sí mismo y el beneficio social implícito. Nada de esto agrega mucho al libro. Tampoco la edición facsimilar de la supuesta carta que Navidson deja a Karen antes de regresar a la casa ni los tres sueños de Navidson (uno de ellos, desaparecido) que aparecen a continuación. En este último caso, la pregunta es cómo puede el narrador saber de esos sueños si hasta el momento no ha dado muestras de poder acceder a la interioridad del personaje (siendo esa imposibilidad de acceso a su conciencia una de las razones por las que el libro "se sostiene" como investigación). Se trata de una transgresión de la focalización predominante, curiosa en un libro tan bien pensado como éste, pero claramente un error del autor. (Nuevamente, aquí el tema es cómo, al igual que la casa, el libro lo absorbe absolutamente todo, incluyendo lo inverosímil, lo incorrecto en sus propios términos o lo banal, como en el caso de la imitación del cuento de Poe.)
 
09. Truant abandona el manuscrito y se marcha. Karen regresa a la casa y se instala en ella: no hay ningún rastro de Navidson, pero un día se materializan en el dormitorio de los niños su mochila, su ropa y su saco de dormir, así como cartuchos y cajas de película de dieciséis milímetros y una docena de cintas, que Karen ve. Mientras las ve, a sus espaldas, la casa vuelve a convertirse en oscuridad.
 
10. En las cintas se ve cómo Navidson recorre cientos y cientos de kilómetros de pasillos que presentan las irregularidades e imposibilidades físicas habituales en la casa. Llega a un abismo en el que hay una especie de garita; duerme allí y al despertar descubre que la puerta de la garita se ha esfumado. Empieza a subir por unas escaleras hasta una especie de cámara circular y luego más alto por una especie de tubo por el que repta hasta llegar a la nada más absoluta, en la que no sabe si cae o asciende.
 
11. La casa de hojas se traga (y obliga a su lector a tragar) hasta lo más ridículo, como la supuesta lista de Cassandra Rissman LaRue de "siete encarnaciones (y seis correlatos) para convertirse en Artista [sic]", que incluyen el coraje, la visión, la fuerza, la paciencia, la inteligencia y la experiencia (420). La lista es ridícula y la inclusión sólo se puede justificar en términos de ironía posmoderna, pero el hecho es que la lista no es real: fue imaginada por Danielewski, no existe fuera de su libro (y, además, no siempre el lector está de ánimo para ironías).
 
12. En la página 468, la razón del título del libro (o una de ellas): mientras cae o flota en el vacío, Navidson lee un libro llamado La casa de hojas cuyo autor no es mencionado.
 
13. Lude muere en un accidente de motocicleta, Truant continúa escribiendo en el manuscrito (otra inconsistencia del libro, ya que se supone que el personaje ha dejado el libro atrás). Las experiencias de Truant se parecen o se hacen eco de las de Navidson en una especie de rapto lírico. Truant mata a El Hombre de Gdansk, o eso cree. A partir de octubre lee su diario del período de mayo a octubre; el diario, nuevamente, es algo cursi: "[...] no capto nada más que las palabras ociosas de un viento de primavera que escribe versos ilegibles en las crestas de las pequeñas olas" (499; varios ejemplos más en esa línea).

[Publicado el 31/10/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, Diario de lectura, Novela, Alpha Decay, Pálido Fuego]

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"La casa de hojas", Mark Z. Danielewski / Diario de lectura 3

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"The Art of Clean Up" del fantástico Ursus-Wehrli 3. Crédito, del autor.

19/11/2013, 18.53 (hasta la página 299)
 
01. Continúa la acumulación de objetos culturales en torno al texto, que funciona como una especie de boca omnívora y hambrienta; muy interesante la mención del filme snuff ficcional "La Belle nicoise et le beau chien", cuya condición de documentación y no de ficción habría sido descubierta después de que el filme recibiera premios en Cannes y Sundance. (Al parecer, el filme habría pasado por "falso" por la calidad de su recreación de la realidad, mientras que el filme de Navidson sería ficcional pero habría pasado por verdadero porque su recreación de la realidad era imperfecta, lo que parece una especie de reflexión acerca de los vínculos entre la ficción y la realidad en nuestros tiempos.) (Antes o después se dice que el filme tiene que ser "verdadero" porque la declaración anual de la renta de Navidson y su familia demuestran que el fotógrafo nunca habría podido pagar los efectos especiales necesarios para la realización de su filme.)
 
02. Navidson, su hermano Tom y su amigo Reston penetran en el pasillo para rescatar a los exploradores; la escalera se ha encogido; Tom acampa al pie de la misma; Navidson y Reston bajan.
 
03. Acerca de la hipótesis de que la casa daría cuenta de los sentimientos y temores de sus habitantes:
 
"Si uno acepta la lectura de Dahl, hay que concluir que la criatura de Holloway no viene de la casa, sino de la mente de Holloway; que el cuarto diminuto en cuyo interior se encuentra atrapado Wax es un reflejo de su estado de agotamiento y desesperación, y que el rápido descenso que lleva a cabo Navidson refleja su conocimiento de que la Escalinata de Caracol no carece de fondo. Tal como comenta el doctor Haugeland:
 
La epistemología de la casa sigue correspondiéndose totalmente con su tamaño. Al fin y al cabo, uno siempre aborda lo desconocido con mayor cautela la primera vez. Por eso parece mucho más extensa de lo que literalmente es. El conocimiento del terreno en la segunda visita contrae de forma espectacular esta noción de la distancia.
 
¿Quién no ha ido alguna vez a pasear por un parque poco familiar y le ha parecido que era enorme, pero luego ha ido por segunda vez y ha descubierto que en realidad el parque era mucho más pequeño de lo que inicialmente había percibido? (166)
 
04. Una digresión fragmentaria sobre la historia bíblica de los mellizos Jacob y Esaú. (Recuerdo que hace un par de años Robert Crumb dibujaba magníficamente a este último en su Génesis.) Una transcripción guionada de los parlamentos de Tom en el filme, con chistes sencillamente terribles.
 
05. Para imaginar que alguien pueda considerar que este libro supone algún tipo de novedad (más allá de la puramente formal) habría que hacer el esfuerzo de concebir a alguien que no ha leído nada, absolutamente nada, que desconoce tradiciones como la de la poesía visual o la narrativa de vanguardia o está cegado por el fetichismo de la forma y el fundamentalismo de la novedad. También habría que imaginar a alguien que le otorgase alguna credibilidad, pero esto es más difícil todavía. No hay nadie así, no existe nadie que pudiese creerle a un lector así de ciego.
 
06. El relato del mes que Truant y su amigo Lude pasaron con unas cien dosis de éxtasis compradas al por mayor: su sexo (tan bien narrado como esquemático) es de una tristeza pavorosa ("contaminada de dolor. Cargada de flores venenosas", 264) y concluye con el relato de la muerte de un perro abandonado.
 
07. Javier Calvo nació en Barcelona en 1973; es decir, tiene cuarenta años. Acabo de chequearlo.

[Publicado el 30/10/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, Diario de lectura, Novela, Alpha Decay, Pálido Fuego]

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"La casa de hojas", Mark Z. Danielewski / Diario de lectura 2

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"The Art of Clean Up" del fantástico Ursus-Wehrli 2. Crédito, del autor.

18/11/2013, 11.00 (hasta la página 149)
 
01. A continuación la familia regresa a la casa tras una breve excursión fuera y descubre que a ésta se le ha añadido una habitación, descubrimiento al que se le suma uno posterior: el de un pasillo cuya puerta de ingreso se encuentra en una de las paredes exteriores de la vivienda: al atravesar la puerta, sin embargo, no se accede al jardín sino a un pasillo gélido, que Navidson explorará en los siguientes días (contra la voluntad de su mujer) sólo para descubrir que éste es increíblemente largo y helado, que consta de innumerables bifurcaciones y que estas bifurcaciones cambian de sentido a espaldas del visitante. Navidson contrata a un puñado de exploradores profesionales y estos llevan a cabo cuatro expediciones al pasillo acompañados de cámaras de filmación, en las que descubren una larga escalera que se hunde en las profundidades.
 
02. Así contada, la historia resulta poco interesante; pero con la novela sucede lo mismo que pasa con la casa: o no entras en ella o entras en ella por completo. Muy posiblemente a algunos lectores les sucederá lo primero y a otros lo segundo; a mí me ha pasado esto último, y lo interesante es que me ha sucedido a pesar de que la novela se pone zancadillas a sí misma (y al lector) a cada paso: citas de Martin Heidegger, pasajes ensayísticos sobre los acertijos, el eco, los laberintos, las leyes físicas, Andrea Palladio, los vínculos entre fotografía y verdad (apoyados en bibliografía presumiblemente falsa), listas de fotógrafos, de arquitectos (y sus mecenas), de menaje para el hogar, de documentalistas y de filmes y libros de terror, bibliografía sobre el Feng Shui, una historia de la arquitectura articulada en torno a sus ejemplos más salientes y narrada de forma retrospectiva, partituras musicales, pasajes de texto dispuestos en la página de casi todos los modos imaginables, notas a pie de página con la forma de anillos concéntricos, etcétera. Johnny Truant (a lo largo de la novela, al menos hasta donde he leído, hay tres narradores: Zampanò, Truant, que glosa en notas a pie de página el texto de Zampanò, y los Editores, que comentan a los dos) afirma:
 
"Tal como yo lo veo, si hay algo que te irrita, tienes que saltártelo y ya está. Me importa un pimiento cómo leáis todo esto. No pienso quitar los pasajes de divagaciones, ni tampoco esas frases suyas extrañamente compuestas, ni siquiera algunas partes de la trama que chirrían. Simplemente hay demasiado en juego. Puede que sea una decisión incorrecta, pero al carajo, es la que yo tomo. Lo más probable es que el mismo Zampanò habría insistido en introducir correcciones y cambios, puesto que era el crítico más severo de sí mismo, pero con el tiempo yo he llegado a pensar que a menudo los errores, y en especial los errores escritos, son las únicas huellas que deja una vida solitaria: sacrificarlos equivale a perder los ángulos de la personalidad, el acertijo de un alma. En este caso, un alma muy vieja. Y un acertijo muy viejo" (31).
 
Johnny Truant sabe (y esto lo sabe Mark Z. Danielewski, por supuesto) que son también esos errores los que convierten a La casa de hojas en algo único, no en algo novedoso (no lo es) sino en algo único.
 
03. Aquí una cita, en la que el narrador describe el documental de Navidson:
 
"Es un plano hermoso. De hecho[,] la composición y el elegante equilibrio de colores, por no mencionar el suntuoso contraste de luces y sombras, son tan exquisitos que nos distraen de cualquier asunto relativo a la casa o a lo que está teniendo lugar en ella. Resulta un ejemplo perfecto del talento sin par de Navidson, e ilustra por qué pocas personas, o quizá nadie, podrían haber logrado lo que logró él, especialmente hacia el final" (29).
 
No es la única nota en la que el autor elogia extensivamente la obra de uno de sus personajes; la diferencia entre esta cita y la siguiente ("Tasha K. Wheelston fue la primera en descubrir esta estructura meticulosamente compuesta", 102), si acaso (y la razón por la que la primera no irrita al lector y esta segunda sí) es que la primera puede pasar por el comentario a un filme sólo existente en la ficción y que la segunda, al hablar del texto (aun con la coartada de que quien habla es un personaje), puede ser leída como el elogio del autor a su propio texto, y por consiguiente a sí mismo. Varias novelas españolas recientes fracasan por no saber realizar esta distinción.
 
04. Los pasajes ensayísticos, las citas caprichosas (y a menudo mal traducidas), las listas, son deliberadamente irritantes, aunque las salva la que parece su intención programática y una cierta ironía: Danielewski parece venir a decir que en el estado actual de la cultura es imposible citar mal (no ha leído a varios autores hispanohablantes contemporáneos, me temo), y que, por consiguiente, las citas, los pasajes ensayísticos y las listas deben ser considerados sencillamente ruido (y nuestra cultura sigue sin saber qué hacer con el ruido en forma de mensajes de correo electrónico no deseados, publicidad intrusiva, la quincalla de la subjetividad en las redes sociales, etcétera), o elementos pictóricos utilizados por el autor para equilibrar la página o para desequilibrarla. (Una constatación parcial de esto se puede encontrar en el papel predominante que ocupa el aspecto visual de la página en La casa de hojas.)
 
05. Una ironía más: Zampanò da cuenta del análisis minucioso y obsesivo de un filme que no pudo haber visto porque es ciego.
 
06. De hecho, son dos novelas: la primera es la de Zampanò y "El expediente Navidson", que recurre al (viejo) expendiente del manuscrito encontrado y es principalmente ensayística y filológica; la segunda es la de Truant (su infancia conflictiva, los años pasados en orfelinatos y centros de detención de menores, su trabajo como asistente de tatuador, su consumo de estupefacientes, sus salidas nocturnas y encuentros sexuales, su amor por una estríper llamada "Tambor"; el modo en que la oscuridad del manuscrito de Zampanò empieza a colarse en su vida en forma de alucinaciones, agorafobia y pérdida de control); esta última recurre al (viejo) expediente del narrador poco confiable. Ambas novelas son distintas y requieren habilidades y recursos diferentes por parte del autor y del lector, que posiblemente deba escoger si prefiere la primera o la segunda. La segunda es más lírica, por cierto, y demuestra que Danielewski es un magnífico poeta, en la línea de la poesía de la experiencia epifánica de ciertos autores beat.
 
07. Esa segunda novela demuestra (también) que muy pocos cuentan el sexo tan bien como Danielewski, que no ahorra al lector detalles sórdidos pero singularmente tiernos.
 
08. Al parecer, todo gira en torno a la disolución de los vínculos afectivos que habían unido hasta el momento a los habitantes de la casa, y cómo ésta "refleja" esa disolución, los miedos (Karen es claustrofóbica, por ejemplo), ansiedades y estados de ánimo de quienes la habitan.
 
09. ¿Qué es "Delial"?
 
10. Notas a pie de página que pasan al borde izquierdo y derecho de la página o se insertan en el texto principal, invertidas especularmente, "cabeza abajo", acumulación de tres líneas de notas "simultáneas", peculiaridades del párrafo, tachaduras, mala traducción... El texto de Zampanò se "desintegra" formalmente a consecuencia de la desintegración de la conciencia de su narrador; el problema, sin embargo, es que esa desintegración (que permite al lector inferir que Zampanò se está volviendo "loco") es puramente formal y no de contenido: a excepción de esas rarezas formales, el narrador mantiene un enorme control sobre su narrativa, lo que resulta por lo menos singular.
 
11. Alguien debería proponer a Javier Calvo para el premio nacional de traducción: su obra como traductor siempre fue magnífica (y es gracias a ella que los lectores hispanohablantes conocemos a decenas de autores, de David Foster Wallace a Chuck Palahniuk), pero el tamaño y la dificultad de La casa de hojas hacen que la obtención del premio tuviese el carácter que poseen las cosas que se consiguen tras haber realizado un enorme esfuerzo, un carácter que gusta mucho a quienes otorgan premios, por alguna razón, como si hacer un trabajo difícil día tras día tras día no fuese ya mérito suficiente.
 
12.
 
"[M]ás bien, la confusión que sufren los exploradores de laberintos se debe al hecho de tener seriamente restringida y fragmentada la visión hacia delante y hacia atrás, mientras que los espectadores de laberintos[,] que ven todo el trazado, ya sea desde arriba o en un diagrama, quedan deslumbrados por la complejidad de su arte. Lo que uno ve depende de dónde esté [...]" (113).
 
(La cita anterior es lo más cerca que el autor está de explicar el funcionamiento de su obra hasta el momento. La casa es un libro y éste es un laberinto, y, aunque esto es algo que puede decirse de cualquier libro, lo cierto es que, al recordarlo, Danielewski propone su libro como una metáfora del acto de leer; la cuestión formal del libro, por otra parte, viene a decir que el modo en que leemos no es el único posible, pero lo más interesante es la primera parte del argumento, ya que adhiere al principio rector de La casa de hojas, que consiste en emplear metáforas sociales y explorar sus posibilidades narrativas.
 
13.
 
"Desde el inicio mismo de El expediente Navidson, estamos metidos en un laberinto, deambulando de fotograma en fotograma, deseando asomarnos al siguiente corte con la esperanza de encontrar una solución, un centro, un sentido de la totalidad, solamente para descubrir otra secuencia que lleva en una dirección completamente distinta, un discurso que no para de delegar, que promete la posibilidad de un descubrimiento pero al mismo tiempo se disuelve en forma de ambigüedades caóticas demasiado borrosas para que nunca se las pueda comprender del todo" (114),
 
y, sin embargo, La casa de hojas (que parece ser el verdadero objeto del comentario, más que el documental de Navidson) es singularmente lineal y comprensible, como si el autor se hubiese propuesto escribir el primer libro pero hubiese acabado realizando el segundo, que funciona como adecuación o simplificación de procedimientos vanguardistas, de allí probablemente su éxito: éste ratifica el desplazamiento de ciertos procedimientos de la alta cultura al ámbito del consumo de masas, tal vez facilitado por su adopción por (o por su concordancia con los procedimientos de) la Red.
 
14. Nota: Averiguar qué edad tiene Javier Calvo.
 
15. En la página 126 aparece otra (posible) explicación del "misterio" de la casa allí donde uno de los exploradores, Jed, descubre que se le han deshecho los cordones de los zapatos, se le han caído varias tiras de velcro del abrigo y le han desaparecido algunos botones. "Da un poco de miedo" dice Wax, su compañero, "[s]e diría que[,] si dejas de pensar en algo, desaparece" (126). (Claro que esto explicaría la disolución de la casa en tanto hogar a raíz de que sus miembros ya no piensan en sí mismos como una familia, pero no la aparición de pasillos y habitaciones a la casa, que constituye un movimiento de ampliación y no de reducción.)
 
16. "La juventud siempre intenta llenar el vacío, mientras que el viejo aprende a vivir con él", escribe Zampanò; desafortunadamente, por cierto, este libro ha sido escrito por un autor joven y no por uno mayor, y las listas parecen chistes que se hubiesen extendido demasiado, o hubiesen sido contados en exceso.
 
17. (Aunque lo cierto es que esos chistes han dado lugar a una enorme cantidad de bibliografía: decenas de ensayos queriendo determinar qué es cierto y qué no lo es en La casa de hojas, como si la inflación textual que Danielewski parodia fuese inevitable debido al vaciamiento, o al gesto de vaciamiento, del sentido y de la intencionalidad en La casa de hojas: sólo alguien muy ocioso o un obsesivo compulsivo podría tomarse el trabajo de intentar dar con todas las referencias en la novela, entre otras cosas porque esas referencias son dudosas, pero también porque esto significaría que quien llevase a cabo la búsqueda no habría entendido que su autor la considera superflua en nuestros tiempos.)
 
18. Aquí una idea para novelistas urgidos de un tema sobre el que escribir (ya no se puede escribir ni una sola novela más sobre "la crisis", amigos; de hecho, no se puede leer casi ninguna): alguien encuentra y edita el manuscrito de un viejo loco que acaba de morir recientemente y que ha dedicado buena parte de su vida a intentar hallar las fuentes de una novela llamada La casa de hojas, sobre la que ha escrito una extensa y muy documentada glosa, cuya oscuridad ha acabado desatándose sobre el mundo. Esa oscuridad también afecta al descubridor del manuscrito, que se vuelve paulatinamente loco. (A esa novela la puede suceder otra en la que alguien intente descifrar todas las referencias en el libro anterior, que intentaba descifrar todas las referencias en La casa de hojas, y así hasta el infinito o hasta que los editores se retiren, si no lo hacen antes que los lectores.)

[Publicado el 29/10/2013 a las 12:00]

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"La casa de hojas", Mark Z. Danielewski / Diario de lectura 1

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"The Art of Clean Up" del fantástico Ursus-Wehrli 1. Crédito, del autor.

Nota: Al igual que decenas de otros textos de su extensión (algo más de 700 páginas), La casa de hojas de Mark Z. Danielewski puede ser reseñada (como se hace habitualmente) al final de su lectura y soslayando los cambios de humor y las opiniones divergentes de quien lee la obra durante días sin conocer su final, o esas opiniones y fluctuaciones pueden ser tematizadas. En este caso, interesa algo más esta segunda posibilidad, de modo que en los próximos cinco días se irán publicando impresiones parciales y apuntes tomados durante esa lectura a modo de diario fragmentario y ensayístico, y a manera de experimento. Para evitar indiscreciones acerca del contenido argumental del libro, o "spoilers", no se incluyen aquí los resúmenes que acompañaban originalmente a las notas, pero (incluso así) parece conveniente advertir a los lectores para los que cuestiones como el suspenso o la intriga sean importantes que no lean estas notas si no desean conocer el contenido argumental del libro.
 
 
17/11/2013, 1.30 (hasta la página 25)
 
01. Johnny Truant rememora (en una habitación de hotel, cubierto de sangre) cómo su vida cambió cuando descubrió el manuscrito de Zampanò, un anciano vecino de su amigo Lude; Truant leyó el manuscrito pese a las advertencias dejadas a lo largo del libro por su autor, cuya obra "El expediente Navidson" gira en torno a un documental confeccionado por el periodista del mismo nombre, alguna vez ganador de un Pulitzer. A pesar de los reclamos de originalidad, la obra es (contada así) otra historia de manuscrito encontrado, aunque en este caso el manuscrito es especial:
 
"[...] cientos y cientos de páginas. Marañas interminables de palabras, que a veces se retorcían para formar algo coherente y a veces no llevaban a nada, a menudo desmontándose, siempre ramificándose hacia otros textos con los que me encontraría más adelante, garabateados sobre servilletas viejas, en los bordes rotos de un sobre; una vez incluso en el dorso de un sello de correos; cualquier cosa menos dejar un trozo de papel vacío; cada fragmento cubierto por completo por la estela de años y años de pronunciamientos de tinta; superpuestos los unos a los otros, tachados, corregidos; escritos a mano y a máquina: legibles e ilegibles; impenetrables y lúcidos: rasgados, manchados y reparados con cinta adhesiva [...]" (xvii).
 
Al leer el manuscrito encontrado, sin embargo, la impresión es de un exceso de coherencia y formalismo que vuelve implausible la existencia del texto como manuscrito "enmarañado"; de hecho, las notas a pie de página y la minuciosidad de las referencias bibliográficas (todas imaginarias, algunas graciosas) señalan un enorme control de la narrativa por parte de su autor que contradice las afirmaciones anteriores. Ese control hace, de algún modo, que resulten implausibles las afirmaciones del narrador acerca de su obsesión con el manuscrito, que no pasa de ser un texto singular.
 
02. Al parecer, Danielewski ironiza en él sobre el hecho de que todo producto cultural vaciado de sentido es inmediatamente llenado de él por críticos y académicos (de hecho, quienes han escrito sobre el proyecto audiovisual de Navidson lo han hecho debido a que éste parece no tener ningún sentido), pero no hay nada irónico en el hecho de que el fingimiento de la carencia de sentido de su obra tenga a los lectores de La casa de hojas escribiendo sobre ella, incluyendo a mí mismo. Quizás este sea el rasgo más notable de la ficción contemporánea, y el interés en la obra de Danielewski provenga del hecho de que ha sabido beneficiarse del horror contemporáneo al vaciado de sentido y al vacío en general.
 
03. El asunto no es tanto aquí lo que se narra sino el tipo de efectos que lo narrado produce en dos lectores (Zampanò y Truant) y los que puede producir en el lector que no habita el mundo ficcional de ambos.
 
04. Aquí una buena cita con la que terminar por el caso de que La casa de hojas no convenza: "Por supuesto, la curiosidad mató al gato, y aunque se supone que satisfacerla lo trajo de vuelta, seguía estando el problema del hombre de la radio que no paraba de darme más y más información innecesaria. Pero no me importó. Me limité a apagarla" (xviii).

[Publicado el 28/10/2013 a las 17:00]

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La lección alemana / "Ha vuelto" de Timur Vermes

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Ha vuelto ha generado desde su publicación en Alemania en noviembre de 2012 un notable revuelo, ha vendido algo más de medio millón de ejemplares y ha sido portada de docenas de revistas y de suplementos culturales incapaces de ocultar su entusiasmo por esta sátira acerca de la sociedad alemana actual en la que Adolf Hitler aparece en un solar abandonado en las proximidades de la antigua Cancillería y se transforma, mediante una suma de candor y cálculo, en estrella televisiva con partido político propio.
 
Aunque su propio autor ha admitido haberse sentido sorprendido por el éxito de Ha vuelto, éste parece fácilmente explicable (y predecible) en un país profundamente interesado en su pasado nacionalsocialista y, en particular, en la figura de Hitler, de la que los alemanes nunca parecen tener suficiente. No hay nada objetable en ello: el concepto de "Vergangenheitsbewältigung" (la superación del pasado mediante su revisión permanente), que articula la visión alemana de su historia nacional, requiere que las nuevas interpretaciones se produzcan de manera continua en forma de documentales y libros, así como de la discusión en todos los ámbitos de la sociedad. A resultas de esa "Vergangenheitsbewältigung", Hitler sigue estando presente en la sociedad alemana y su figura es el espacio en el que se disputa la batalla por el sentido histórico; así, el primer tomo de la monumental biografía de Volker Ullrich (2013) proponía recientemente una nueva interpretación de la personalidad del Führer de acuerdo a la cual éste habría sido menos insignificante desde el punto de vista intelectual y más hábil de lo que sus biógrafos vienen sosteniendo desde hace décadas.
 
A esa interpretación adhiere también Ha vuelto, en la que Hitler es, ante todo, un buen observador, así como alguien dotado de una enorme capacidad para beneficiarse de los materiales sociales a su disposición; por supuesto, sus observaciones a menudo son erróneas (al despertar ve a unos niños jugando al fútbol y llama a uno de ellos "Joven Hitleriano Ronaldo" por el nombre que aparece estampado en su espalda; el Führer interpreta la práctica del reciclado como la consecuencia de la escasez de materias primas producida por la guerra y cree que el escaso dominio del alemán por parte de ciertos jóvenes de origen turco es el resultado de una política destinada a que la mano de obra extranjera no acceda a los derechos reservados a los alemanes); todas ellas, sin embargo, tienen un fondo de verdad y Hitler sabe qué hacer para beneficiarse de ellas; de hecho, la situación no puede ser más positiva para él, ya que "a la cabeza del país estaba una mujer fondona con el poder de irradiación optimista de un sauce llorón, una mujer que se desacreditaba ella misma por haber participado en la pesadilla bolchevique del este alemán durante treinta y seis años sin que su entorno hubiese podido percibir en ella el menor asomo de malestar" (135).
 
Agresiva, indignada, incrédula, hostil, la sátira literaria requiere personajes únicos, y es evidente que Hitler lo es; si Ha vuelto es una magnífica sátira no lo es en menor medida porque, a diferencia de los textos satíricos que forman parte del canon (piénsese en Utopía de Tomás Moro, Erewhon de Samuel Butler, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, Rebelión en la granja de George Orwell, entre otros), no hay aquí ningún disimulo retórico y ninguna voluntad de exotismo: Vermes habla explícitamente de la Alemania contemporánea y lo hace obligando al lector a aprobar los juicios de Hitler, lo que, para una sociedad como la alemana, es terrible: simpatizar con el Hitler algo ridículo (pero antisemita, misógino, anticomunista, xenófobo, chauvinista) de Ha vuelto equivale a aceptar la posibilidad de que el nacionalsocialismo no sea únicamente un incidente del pasado alemán sino un cúmulo de opiniones que compartimos y expresamos diariamente. Más aún (y esto hace que el apoyo prestado por la prensa a la novela de Vermes parezca desconcertante), lo que Ha vuelto viene a demostrar al narrar el ascenso meteórico de Hitler gracias a su presencia en la televisión es que los medios de comunicación masiva y la Red son el ámbito natural para el pensamiento totalitario ya que (como reconoce admirativamente el antiguo Führer) ambos han normalizado la delación, el engaño, la vigilancia y el control de los individuos que fueron parte fundamental de sus políticas de 1933 a 1945 con las trágicas consecuencias por todos conocidas. Precisamente por ello, y aunque fallida como novela (demasiado extensa, monótona en muchos pasajes, escrita en un lenguaje meramente funcional), Ha vuelto es una obra valiosa, que arroja sombras sobre el presente no sólo alemán y contribuye de ese modo a esa "superación del pasado mediante su revisión permanente" que es la forma que tiene Alemania de no repetir la historia y la mejor lección que ese país tiene para dar a sus vecinos; la pregunta, sin embargo, es si estos están dispuestos a aprender de ella.
 
 
[Publicado originalmente en Opinión de El País. Madrid, 19 de octubre de 2013. 

[Publicado el 24/10/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Timur Vermes, Novela, Seix Barral, Disidencia]

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La vuelta de Ricardo Piglia / Acerca de "El camino de Ida"

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A menudo celebrado como el poema "nacional", y bien conocido por Ricardo Piglia (que escribió sobre él en varias ocasiones), Martín Fierro se compone de dos libros autónomos: el primero, de 1872, conocido como "la ida" y "la vuelta", de 1879: "la ida" narra las injusticias que fuerzan a su protagonista a vivir de espaldas a la sociedad, a salvo en las tolderías de los aborígenes de una sociedad que empezaba a parcelar los terrenos y a expulsar a los nómadas como el propio Fierro, y (aunque nunca es mencionada en ella) parece el subtexto de la nueva novela de Ricardo Piglia, El camino de Ida, cuyo tema es la investigación que inicia Emilio Renzi para determinar los vínculos entre Ida Brown, la experta en Joseph Conrad que lo invita a dar clases en una prestigiosa universidad de la costa este estadounidense, y Thomas Munk, un matemático que extrae de la novela de Conrad El agente secreto la idea de que debe asesinar a científicos y académicos para obtener un mayor eco para sus ideas anticapitalistas.
 
La universidad innominada de la novela está inspirada, por supuesto, en la de Princeton, donde Piglia dio clases durante quince años; Thomas Munk, en Theodore Kaczynski, "Unabomber", el matemático y filósofo ludita que envió dieciséis cartas bomba entre 1978 y 1995 matando a tres personas e hiriendo a otras veintitrés: al igual que Unabomber, Munk lee El agente secreto y decide "completar políticamente ciertas tramas no resueltas"; como Martín Fierro, busca en la vida no industrializada y en la soledad del campo un modo de vida más justo. Ida Brown, que tiene una relación breve y clandestina con Renzi antes de morir en un accidente improbable, recuerda indirectamente a Renzi que no hay sitio donde escapar, y que ni siquiera los campus universitarios "pensados para dejar afuera la experiencia y las pasiones" están al margen de la Historia.
 
Ricardo Piglia ha creado en las últimas décadas (más específicamente desde Respiración artificial en 1980) una de las voces más inmediatamente reconocibles de la literatura argentina, caracterizada por el estilo breve de las frases, el carácter apodíctico de muchas de las afirmaciones de los personajes, la recuperación de las técnicas de la novela policiaca para la gran literatura, la lectura de la tradición; incluso, la utilización de títulos compuestos por un objeto y un modificador directo (Plata quemada, Formas breves, Nombre falso). Todas esas características estaban presentes en mayor o menor medida en su última novela, Blanco nocturno, que era fiel al estilo de su autor pero también señalaba un cierto agotamiento de la fórmula. El camino de Ida, por el contrario, integra los elementos que aún no se han agotado en el estilo de Piglia y les da una nueva dirección. Aquí aparecen las citas como "señales de tránsito" que puntúan y orientan la trama, la relectura de la tradición literaria argentina (especialmente del aporte a ella de escritores provenientes de otras tradiciones), la aproximación sesgada a los asuntos políticos de la época (más específicamente, en este caso, la pregunta acerca de qué es un terrorista, que está en el fondo de nuestro rechazo de cualquier forma de disidencia, a la que rápidamente se la califica como tal, y a la discusión sobre el pasado argentino reciente), la concepción de la realidad como texto a "descifrar", etcétera. A ellos, Piglia les suma aquí el extrañamiento de la extranjería, la experiencia amorosa, el registro de toda una zona de experiencia (su vida como profesor) que había mantenido al margen de su ficción. "Bienvenido al cementerio donde vienen a morir los escritores" dice Ida a Renzi en las primeras páginas de este libro, pero El camino de Ida no es ningún cementerio; por el contrario, supone el regreso de Piglia a la primera escena de los escritores en español y la demostración de cuán viva está su obra y cuánto tiene aún para darle a sus lectores.
 
 
Ricardo Piglia
El camino de Ida
Barcelona: Anagrama, 2013
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural (Madrid, 5 de octubre de 2013) y en "Lo que está y no se usa nos fulminará", en el blog de la librería argentina Eterna Cadencia (Buenos Aires, 8 de octubre de 2013).]

[Publicado el 22/10/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Ricardo Piglia, Anagrama, Novela]

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Preguntas (VIII) / David Foster Wallace: Legado

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Pregunta: "Patricio, ¿cuál es, según tú, el legado que deja la obra de Foster Wallace? Saludos y gracias" (Javier G, desde Santiago de Chile).

Respuesta: A cinco años de su muerte, lo que parece más evidente es que el legado de David Foster Wallace permite explicar evoluciones posteriores en la narrativa no sólo estadounidense: el retorno de la novela extensa, casi decimonónica (Jonathan Franzen), la recuperación de la novela experimental (Mark Z. Danielewski), la reivindicación del artículo periodístico largo como género literario (póngase aquí el escritor de preferencia del lector, por ejemplo cualquier cronista latinoamericano), incluso la novela de la depresión y la apatía que se pretende anti o post-novela (Tao Lin). No es poca cosa, aunque pienso que el legado de Foster Wallace tiene su mejor concreción en los filmes de Wes Anderson, en particular el magnífico The Royal Tenembaums (2001). Las grandes novelas del autor de La broma infinita dieron carta de ciudadanía a los idiotas, los depresivos y los raros que pueblan la mayor parte de los filmes del cineasta tejano. Gracias por tu pregunta (y a los comentaristas de artículos anteriores, particularmente a "acrobático adobe").

 

 

[Publicado originalmente en La Tercera. Santiago de Chile, 12 de setiembre de 2013.] 

[Publicado el 17/10/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: David Foster Wallace, Preguntas]

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La ley del zoológico / "Silvio José, Destronado" de Paco Alcázar

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Silvio José Pereda tiene cuarenta y cinco años, no tiene trabajo y vive con sus padres; de hecho, podría pasar por el retrato robot de una importante cantidad de españoles en esta crisis económica de no ser por algunas de sus (llamémoslas así) "peculiaridades": viste permanentemente un pijama amarillo de topos grises, está obsesionado con Steven Segal y con la telebasura, sólo se alimenta de salchichas "Chisparritas", de pizzas "rancheras", pepinillos agridulces y polos "Pantera Rosa" y esclaviza a sus padres, a los que tiene a su entera disposición; cuando éstos se las arreglan para echarlo de su casa, Silvio José inicia un recorrido por los bajos fondos que incluye la recogida de cobre en un basural (donde se habla un lenguaje mínimo que gira en torno a esa actividad económica, como si la pobreza material redundara en pobreza lingüística, cosa que de hecho sucede), el desempeño como conejillo de indias de la industria farmacéutica y como portero displicente y sádico de un edificio (en cuyas casas se cuela cuando lo cree conveniente), la convivencia con Gerardo, un arquitecto que ha conseguido sustituir la heroína por las cortezas de cerdo y cambia de aspecto cuando, con la mejor de las intenciones, la madre de Silvio hace que las deje (incluso se le cae un diente, le adelgaza la cara y la chaqueta se le convierte en un chándal); con Isabel, la actriz que se enamora de un cuarentón que anda en patinete y habla como adolescente; con Eloy, su hermano, que participa de todas las promociones comerciales; con el "Sr. Yoyoyowitz", un portugués vendedor de drogas cuya familia practica el canibalismo; y con Salvador, el publicista de éxito que lo ha dejado todo atrás para vivir en el bosque.
 
En palabras de este último, Silvio José es "una mezcla de animal doméstico y maldición bíblica". En su peculiar "odisea" (a la que hace referencia implícita la contraportada del libro), Silvio José resulta tan irritante como querible, tan imbécil como dotado de una verbigracia y una capacidad excepcionales para el retruécano; en su "odisea", también, Silvio José alterna y a menudo usa y choca con Sebastián Cubero, profesor de autoescuela y "poeta infantil" que suele andar por las alcantarillas, autor de "María Rosa, la mantis religiosa"; el director del zoológico, inventor de una teoría sobre la necesidad de alimentarnos de especies en peligro de extinción para salvarlos de la misma y creador de "la ley del zoológico", una ley que sólo comprenden quienes trabajan en él y a la que tienen que adherirse incondicionalmente; Federico, el hombre que recibe órdenes de su Geyperman; el Doctor de la Cuadra, que trata a todos los personajes de la serie; Francisco Hermoso, el profesor de plástica y parapsicólogo que hace hacer a sus alumnos ovnis de arcilla.
 
Paco Alcázar tiene un talento extraordinario para la injuria (siempre a flor de labios, bajo el espeso bigote de Silvio José) y una capacidad aparentemente ilimitada para imaginar situaciones grotescas y terribles. Que el mundo allí afuera también parezca disponer de esta última no debería distraernos, sin embargo: Silvio José es un personaje extraordinario (que recuerda mucho al Ignatius J. Reilly de La conjura de los necios; lo cual, qué duda cabe, es un elogio), y si su vida se parece tanto a las que ilustran los reportajes de actualidad sobre la crisis española, esto es debido a que la realidad, y no Paco Alcázar, es una pésima contadora de historias: suya es realmente la ley del zoológico, bajo cuyo imperio vivimos todos desde hace tiempo.
 
 
Paco Alcázar
Silvio José, Destronado
Bilbao: Astiberri, 2013

[Publicado el 15/10/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: Paco Alcázar, Cómic, Astiberri]

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Suspendidos en el tiempo en una fotografía escolar / "El carapálida" de Luis Chitarroni

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Luis Chitarroni nació en Buenos Aires en 1958; es el autor de los ensayos Los escritores de los escritores (1997) y Mil tazas de té (2008) y de la novela Peripecias del no (2007); también de la colección de biografías breves de escritores imaginarios y reales Siluetas (1992). Al menos desde finales de la década de 1980, su nombre ha estado vinculado con las cosas más interesantes que suceden en la literatura argentina, pero Chitarroni siempre ha conseguido aparecer al margen de la fotografía y ligeramente borroso, como un fantasma o como la sombra terrible que (famosamente) preside la literatura de ese país, la explica y le da sentido.
 
Quienes comenzamos a leerlo en la década de 2000 hemos sido más o menos conscientes de esa presencia (quienes no lo son aún ignoran el hecho de que, al leer libros de editoriales como Sudamericana o la extraordinaria La Bestia Equilátera, en realidad están leyendo la biblioteca de Chitarroni, que fue, y, en el caso de LBE, es, editor en ambas), pero también hemos padecido una dificultad: la de conseguir El carapálida, su primera novela, publicada en 1997 y fuera de circulación hasta hace algunas semanas, cuando la editorial Interzona (en la que es su segunda o tercera etapa) la incluyó en una colección destinada a rescatar obras clave de la literatura argentina reciente.
 
El carapálida es la historia de un puñado de niños que comparten el último año de la educación primaria en una escuela pública argentina en 1971; el relato se articula en torno a la fotografía de fin de curso (por orden del nuevo director del colegio, ese tipo de personas que ahora se suele desdeñar calificándolas de "sesenta y ochistas", ha sido tomada al comienzo del año escolar), pero la fotografía está incompleta: en ella falta el carapálida, el niño algo distante que amaba el rock y ha sido atropellado por un coche cuando iba camino de la escuela.
 
El carapálida no está ("Es una suerte no estar, porque hasta el olvido recuerda" dice el carapálida, o no, 205); pero su ausencia está en todas partes en esta novela y hace posible los pequeños milagros que la constituyen: la sucesión de nombres descabellados (y, por consiguiente, perfectamente verosímiles en Argentina: Bonfiglioli, Maderna, Kerestezachi, Barulli, Cefirelli de Proietto), las teorías conspirativas sobre los Beatles y la sexualidad de algunas de las madres de los alumnos, la violencia verbal de las maestras, el tesauro de palabras desaparecidas (zegelin, olfa, ortiva, plasticola, pazguato), el chirriar de las tizas sobre el pizarrón, los talentos que individualizaban y establecían un sitio en la jerarquía de entonces (silbar, con dedos o sin ellos; escupir con precisión de frente y de costado, eructar: "muestras dignas sólo del museo de ceniza del horror infantil", 71), el descubrimiento de la potencia (llamémosla "fáctica") de frases como "el que lo dice lo es" y "a mí me rebota y a vos te explota" con las que se revierten los insultos, la visita escolar al escritor.
 
El carapálida nos devuelve "esa música abstracta, primaria de la infancia" (21), pero no lo hace de forma nostálgica; el suyo es un gesto de incredulidad (realizado con una voz única: nadie narra como Chitarroni en Argentina): alguna vez todo esto sucedió, un instante antes de que todo cambiara otra vez, y después otra, y nosotros estuvimos allí, suspendidos en el tiempo en una fotografía escolar, preguntándonos cuándo acabaría todo eso, cuándo empezaría lo demás. Una gran novela.
 
 
Luis Chitarroni
El carapálida
Buenos Aires: Interzona, 2013
 
[Publicado originalmente en "Lo que está y no se usa nos fulminará", nueva sección en el blog de la librería porteña Eterna Cadencia, 12 de setiembre de 2013.] 

[Publicado el 11/10/2013 a las 10:30]

[Etiquetas: Luis Chitarroni, Novela, Interzona]

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La falta de originalidad / Wilfrido H. Corral sobre el supuesto declive de la novela (Cita)

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Ilustración de Bjørn Rune Lie. Crédito, del autor.

"Soporífero: la endogamia académica de teorías sobre teorías de la novela. Infructuoso: corear que se recicla su muerte. Ingenuo: defender una forma que nunca ha necesitado valedores. Irónico: hablar de su vida e innovación cuando resucita sin ayuda. Tedioso: debatir si un practicante tiene más derecho que un crítico para hablar de estos asuntos. [...] Si uno comienza a quejarse de la falta de originalidad en torno al tema, ¿cuándo se deja de hacerlo?"
 
 
Wilfrido H. Corral
Letras Libres 144, septiembre de 2013

[Publicado el 09/10/2013 a las 11:00]

[Etiquetas: Wilfrido H. Corral, Luis Goytisolo, Citas]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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