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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 26 de septiembre de 2016

 Blog de Patricio Pron

Muerte accidental / "Vi a un hombre" de Owen Sheers

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Un destornillador: esa pequeña herramienta (por lo demás, completamente inocua), prestada unos días atrás, es la que lleva a Michael a internarse en la casa de sus vecinos después de comprobar que la puerta trasera está abierta. Lo que suceda allí destrozará varias vidas, también la suya.
 
Owen Sheers nació en Suva, en las islas Fiji, en 1974. Su primer libro fue una colección de poesía publicada en 2000, a la que siguieron Resistence (una ucronía en la que, tras el fracaso del desembarco aliado en Normandía, Gales es invadida por los nazis), un oratorio para niños, varias piezas teatrales y decenas de artículos, así como la serie para la BBC4 A Poet's Guide to Britain. El autor creció en Gales y su primera publicación en prosa fue una no-ficción; ambas cosas lo asocian con Michael, el protagonista de Vi a un hombre, quien se define como "un periodista de inmersión" y es galés. En Nueva York, Michael se especializa en los perfiles de personas singulares de la ciudad y publica "Hermanos de barrio", la historia de dos jóvenes dominicanos. El libro es un éxito, y poco después de su publicación Michael conoce a una corresponsal de guerra llamada Catherine: se enamoran, se van a vivir juntos primero a Londres y luego a una casa en Gales, hablan de tener niños, Michael comienza a trabajar en otro libro.
 
Entonces Catherine muere en Pakistán mientras se encuentra haciendo un reportaje y Michael regresa a Londres, a un piso prestado, a intentar superar su pérdida y a comprender cómo seguir adelante. Es allí donde conoce a los Nelson, una familia conformada por Samantha y Josh y sus hijas pequeñas, que lo integran a una vida hogareña no tan idílica como parece pero, incluso así, mucho más de lo que Michael dispondría de otro modo para tratar de reconstruir su vida. Es a su casa a la que entra la tarde en la que, en busca de un objeto tan poco importante como un destornillador, destroza sin quererlo la vida de sus vecinos.
 
En Vi a un hombre Sheers se adentra en unos personajes que deben vivir con un dolor que no han deseado provocar pero que está implícito en sus acciones desde el principio. ¿Por qué Catherine decidió volver a correr riesgos? ¿Por qué Michael subió a la segunda planta de la casa de sus vecinos? ¿Qué vio allí? ¿De qué forma quienes matan pueden justificar ante sí mismos y frente a su familia el asesinato? ¿Es suficiente un eufemismo como "muerte accidental" para ocultar un crimen incluso a quienes lo perpetran? ¿Por qué Josh no estaba en la casa aquel día en que Michael fue a buscar su herramienta? ¿Qué potencias y qué verdades íntimas liberan en nosotros las muertes de las personas que amamos? ¿Cómo se vive con el dolor que esas muertes provocan?
 
Owen Sheers confronta las certezas que nos rodean con el descubrimiento de que, al igual que la ciudad de Las Vegas, en la que transcurre parte de la acción (o Lehman Brothers, la compañía en la que trabaja Josh hasta su caída), esas certezas conforman un decorado siempre frágil. Lo hace con un libro de gran sutileza, con una capacidad de introspección desusada en la narrativa contemporánea y con una sucesión de golpes de mano que no pueden relevarse aquí a costa de exponer el tipo de secretos que la mayor parte de los lectores prefiere no conocer hasta la lectura.
 
 
Owen Sheers
Vi a un hombre
Trad. Javier Calvo
Barcelona: Reservoir Books, 2015
 
 
Publicado parcialmente en Babelia/El País. 10 de noviembre de 2015. 

[Publicado el 09/12/2015 a las 17:15]

[Etiquetas: Owen Sheers, Reservoir Books, Novela]

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Sin recurrir a los caminos más transitados / "Historia alternativa del siglo XX" de John Higgs

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En 1997 un grupo de empresas conformado por capitales estadounidenses, bolivianos y españoles obtuvo del gobierno boliviano el derecho para la explotación del agua de la ciudad de Cochabamba, incluyendo la de lluvia: a continuación, subió las tarifas en un treinta y cinco por ciento, provocando una ola de protestas en la que un joven de diecisiete años fue asesinado y otras ciento setenta personas fueron heridas por la policía; tres años después, el gobierno se vio obligado a rescindir el contrato y fue demandado por las compañías.
 
La así llamada "guerra del agua" en Bolivia es sólo uno de los muchos episodios en los que, a lo largo del siglo XX, un gobierno se volvió contra los intereses de sus ciudadanos para proteger los de un puñado de empresas. ¿De qué otra forma explicar, por ejemplo, las trabas que el Gobierno español está poniendo al desarrollo de las energías renovables con su impuesto al autoconsumo eléctrico, también conocido como "impuesto al sol"? ¿Puede un gobierno arrogarse la potestad de disponer de recursos como el agua y el sol? ¿A quién beneficia su privatización y (más importante aún) cómo hemos llegado a esto?
 
 
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John Higgs es un periodista británico, autor (entre otros) de una biografía de Timothy Leary y de un libro sobre The KLF: su Historia alternativa del siglo XX parece bastante distinta a sus proyectos anteriores, pero no lo es. En ella, Higgs recorre los principales hitos del siglo, pero lo hace desplazando el foco, de los acontecimientos políticos y los nombres que conforman el sustrato de toda obra historiográfica a las innovaciones tecnológicas, teorías científicas y tendencias demográficas que dieron forma a esos acontecimientos y determinaron la emergencia de esos nombres: desde la teoría de la relatividad hasta el posmodernismo y la catástrofe medioambiental hacia la que nos dirigimos (pasando por la guerra, el individualismo, la teoría de la incertidumbre, el nihilismo, la carrera espacial, la liberación sexual, el surgimiento del adolescente como figura cultural y agente de consumo y la Red), Higgs aborda el desasosiego que supuso la comprobación científica de la validez de puntos de vista antagónicos (lo que supone, también, la aceptación de que estamos imposibilitados de ofrecer una explicación racional, absoluta y libre de paradojas de cómo funciona el mundo) y el modo en que las artes y la sociedad reaccionaron a ello.
 
En su Historia alternativa del siglo XX aparecen los nombres inevitables de T.S. Eliot, Iosif Stalin, Sigmund Freud, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Steve Jobs, Werner Heisenberg, Margaret Thatcher y Adolf Hitler, pero también el Efecto 2000, la canción "My Way", Casablanca, las flappers y el punk, y lo interesante de este libro es el modo en que su autor los sitúa en series: para explicar el individualismo, por ejemplo, Higgs recurre a la obra del esoterista británico Aleister Crowley, al Jay Gatsby de la novela de Francis Scott Fitzgerald y a la obra de Ayn Rand; puede parecer un recorrido caprichoso (también puede parecerlo el que lleva a cabo para explicar el posmodernismo, que pasa de Woody Allen a la New Age y de la obra de Andy Warhol a la de Francis Fukuyama), pero funciona, porque permite al autor resumir y explicar un fenómeno complejo en unas pocas páginas.
 
Desde el auge del movimiento sufragista a los cambios en las modas (para quien desee saberlo, "la cantidad de tela empleada para hacer un vestido medio pasó de dieciocho metros cuadrados antes de la Gran Guerra a seis metros cuadrados", 108), desde la extraña trayectoria de Little Richards hasta la ampliación del vocabulario del siglo XX con los tres neologismos que quizás mejor lo definan ("adolescente", "racismo" y "genocidio"), desde el enfrentamiento entre Beatles y Rolling Stones como resultado del conflicto entre una visión colectiva y otra individualista del placer hasta el neopaganismo de la religión Wicca, desde la comparación entre el comportamiento adolescente y el de las corporaciones empresariales hasta la utopía colectivista de Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury, desde el modernismo artístico al posmodernismo, desde el psicoanálisis a la ciencia ficción y de ésta al neoliberalismo y sus eufemismos acerca de la creación de riqueza y la economía de goteo que están en el origen de situaciones como la que tuvo lugar en Bolivia en relación al agua: todas ellas son, para Higgs, el producto de la misma incertidumbre y del vacío imperante en un mundo en que, ya muerto Dios, el hombre se ve imposibilitado de ocupar su lugar. Para el autor británico, el siglo XX fue testigo de la demolición de aquellas ideas que situaban al ser humano en el centro del universo, pero también de los intentos de otorgar sentido a la experiencia de vivir en él, y su Historia alternativa del siglo XX es un buen ejemplo de que es posible contar todo ello sin recurrir a los caminos más transitados. Un muy buen libro.
 
 
John Higgs
Historia alternativa del siglo XX. Más extraño de lo que cabe imaginar
Trad. Mariano Peyrou
Barcelona: Taurus, 2015

[Publicado el 07/12/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: John Higgs, Ensayo, Taurus]

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Viaje a la semilla / "Pequeño fracaso" de Gary Shteyngart

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Gary Shteyngart tiene veinticuatro años cuando tropieza en la librería neoyorquina The Strand con un libro de fotografías de San Petersburgo, la ciudad en la que vivió cuando ésta se llamaba Leningrado y él, Igor Semiónovich. La inmersión en el pasado que resulta de ese descubrimiento podría parecer, en cierto sentido, una fuga: Shteyngart se está quedando calvo, tiene un trabajo anodino que "exige unos treinta minutos de dedicación al año, en su mayor parte destinados a corregir las pruebas de los folletos que enseñaban a los rusos recién llegados las maravillas del uso del desodorante" (11), debe cinco mil dólares a su banco, trabaja desde hace años en una novela absurdamente titulada "Las pirámides de Praga" y es casi virgen y prácticamente alcohólico; es, en resumen, el "pequeño fracaso" en el que sus padres sabían que se convertiría desde hace años.
 
Sin embargo, el viaje "a la semilla" iniciado por Shteyngart allí y entonces (y terminado aquí y ahora, en este libro que publica la española Libros del Asteroide en la elegante traducción de Eduardo Jordá) no tiene para ofrecer ningún refugio, ya que el pasado no ha sido un sitio mejor. Shteyngart ha sido un niño enfermizo y temeroso desde su nacimiento, víctima frecuente de terribles ataques de asma para los que la medicina soviética sólo conocía una solución, las cataplasmas (cuando, pocos días después de su nacimiento, su madre consultó a una enfermera porque estornudaba mucho, esta sólo pudo recomendarle que le dijera "Jesús", 33), y centro neurálgico de un matrimonio escasamente avenido cuya figura central es (para el narrador, aunque el lector comprende rápidamente que el personaje más importante de este libro es la encantadora, a menudo irritante madre) un padre ingeniero que le contaba historias pero también se volvía contra él a menudo, golpeándolo frecuentemente.
 
Shteyngart encontró refugio en los libros, los ajenos (El maravilloso viaje de Nils Holgersson de Selma Lagerlöf especialmente), pero también en los propios cuando su abuela Galia, que había sido periodista, sobornó al pequeño Igor para que escribiese con lo único de lo que disponía: "Por cada página que escribas, te daré un trocito de queso. Y por cada capítulo que termines, te haré un sándwich con mantequilla y queso", le dijo (78). Un niño famélico terminaba y comenzaba un escritor.
 
A la novela Lenin y el ganso mágico le siguió Vladímir Ilich Lenin conquista Andrómeda, pero también la huída con sus padres a los Estados Unidos en 1979 ("Llegar a América después de haber pasado toda la infancia en la Unión Soviética es algo muy parecido a caerse en un acantilado monocromático y aterrizar en una piscina en tecnicolor", 122), las primeras experiencias estadounidenses (que incluyeron un desusado amor por las cajas de cereales, la amistad de una niña tuerta, la dificultosa convivencia en un piso de sólo una habitación de toda la familia, incluyendo un violento abuelastro alcohólico apodado "Goebbels" por sus amigos, las humillaciones en el colegio judío al que los padres, necesitados de hacerse con una identidad nueva y un nuevo colectivo al que pertenecer, lo enviaron pese a sus protestas, una circuncisión forzosa, la visita al cine de padre e hijo para, por error, terminar viendo Emmanuelle, etcétera). En el centro, siempre, la literatura como refugio: cuando tenía aproximadamente doce años de edad, Shteyngart escribió una especie de space opera titulada El desafio (sic) en la que judíos, árabes y latinos se enfrentaban por la posesión de un planeta llamado Atlanta (ganaban los judíos, naturalmente) y una parodia de los textos escolares denominada "La Ñorá" ("Primero no había nada, sólo un chicle Hubba Bubba. Y el chicle explotó y se formó la tierra. Y el azúcar del chicle se convirtió en polvo. Y una pastilla de edulcorante Nutra Sweet se convirtió en hombre", 200), y ambas lo convirtieron en uno de los niños más populares del colegio; todo lo cual no parece haberle servido de mucho cuando, en The Strand, años después, el narrador echa involuntariamente, y por fin, una vista al pasado.
 
¿Qué convierte a alguien en un escritor? La pregunta sólo puede ser respondida de forma parcial y atendiendo a cada caso de forma individualizada. En el de Shteyngart, el origen parece haber estado en los trozos de queso y el amor de su abuela materna, así como en la extranjería, en la confrontación con unos Estados Unidos que se debatían entre la ligereza y el optimismo y el terror nuclear y en las muchas distracciones y desvíos del camino que el autor de Una súper triste historia de amor verdadero recorrió y que incluyeron un instituto para "genios de las matemáticas", una universidad liberal en la que era posible asistir completamente colgado a un "curso de introducción a los Beatles" dado por alguien tan colgado como sus alumnos ("el Oberlin College se fundó en 1833 con la finalidad de que la gente que no había podido encontrar el amor -los tullidos emocionales y los hombres elefante de todo el mundo- pudieran por fin encontrarlo", admite el autor; 306), algunas novias (incluyendo una que acabaría intentando cometer un asesinato), un trío amoroso y kilogramos de marihuana fumada en soledad y en compañía; también la generosidad del escritor Chang Rae-Lee, que consiguió al joven Shteyngart su primer contrato de publicación.
 
Aunque Pequeño fracaso es la historia de la transformación del niño soviético Igor Semiónovich Shteyngart en el escritor estadounidense de (casi) el mismo nombre, también es la historia de la comprensión de un incidente casi banal vivido en la infancia y recordado, fulminantemente, en The Strand años después, un canto de amor a la ciudad de Nueva York y la historia de un puñado de personas que cambió de bando en el momento más álgido de la Guerra Fría ("A nosotros, los judíos soviéticos, nos invitaron a la fiesta equivocada", reconoce el autor; 253), a pesar de lo cual no es una historia triste ni demasiado seria, ya que, según Shteyngart, "la gente que cree que la literatura debe ser una cosa muy seria [...] es malévola (en el mejor de los casos) o claramente antisemita (en el peor de los casos)" (348). (Naturalmente, de ser esto cierto, es posible que buena parte de la literatura española contemporánea lo sea.) Pequeño fracaso es, finalmente, un libro conmovedor y muy hermoso de uno de los mejores escritores de su generación.
 
 
Gary Shteyngart
Pequeño fracaso
Trad. Eduardo Jordá
Barcelona: Libros del Asteroide, 2015

 


Publicado originalmente en "Lo que está y no se usa nos fulminará", sección mensual en el blog de la librería argentina Eterna Cadencia. Buenos Aires, noviembre de 2015.
 
"Lo que está y no se usa nos fulminará" es el producto del diario de lecturas que Patricio Pron lleva desde el año 2003. Al no estar destinados específicamente para su publicación, los ensayos breves y reseñas escritos allí por su autor suelen permanecer inéditos, pero "lo que está y no se usa nos fulminará", así que Eterna Cadencia publica mensualmente las notas tomadas tras la lectura del que el escritor argentino considere el libro reciente más estimulante publicado en España o de circulación en ese país (Pron vive en Madrid desde 2008), con especial énfasis en lo que significa leer la literatura argentina "desde afuera". Más información en: patriciopron.com.

 

[Publicado el 03/12/2015 a las 12:30]

[Etiquetas: Gary Shteyngart, Autobiografía, Libros del Asteroide]

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El triunfo de una cierta forma de leer / "Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación" de Ricardo Piglia

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A lo largo de los últimos treinta años, la existencia de los diarios de Ricardo Piglia fue motivo de discusión entre los lectores argentinos. ¿Existían? ¿Eran parte de ellos los fragmentos que su autor publicaba periódicamente como tales? ¿Conformaban, como su autor afirmaba, un reservorio y el origen de los temas tratados en su obra, una de las más importantes de la literatura contemporánea en español?
 
Un documental reciente del cineasta argentino Andrés Di Tella titulado 327 cuadernos y la publicación por parte de Anagrama de Años de formación, primera parte de una trilogía titulada Los diarios de Emilio Renzi, parecen poner de manifiesto que la sospecha era infundada, pese a lo cual es inevitable (y un mérito de su autor, en cierto sentido) que las preguntas en torno a la que éste considera su obra más importante sigan siendo formuladas durante y después de su primera entrega.
 
Años de formación narra el período comprendido entre 1957 y 1967, años en que su autor toma la decisión de ser un escritor, deja de lado las primeras lecturas, estudia Historia en la universidad de La Plata, lee a los que serán posteriormente sus autores de referencia (su enumeración parcial es significativa: Albert Camus, Carlo Emilio Gadda, Malcolm Lowry, Cesare Pavese, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges. Dashiell Hammett), se enamora, ve filmes y extrae de ellos lecciones narrativas (la avidez del joven Piglia es, en ese sentido, notable), juega al billar, asiste a partidos de fútbol, escribe sobre Ezequiel Martínez Estrada, participa de las batallas políticas de su época (por el laicismo de la enseñanza universitaria, contra la invasión estadounidense a Santo Domingo y el acoso a Cuba, por la creación siempre frustrada de una izquierda argentina al margen del peronismo, etcétera), se hace anarquista, se hace marxista, se hace trotskista, ayuda a su abuelo a extraer algún tipo de lección de la experiencia de la Primera Guerra Mundial en el frente alpino, vive en pensiones, da clases, establece sus primeras amistades literarias (Juan José Saer, Daniel Moyano, Miguel Briante, Germán García, Rodolfo Walsh), dirige revistas, traduce, escribe sus primeros relatos, publica su primer libro. De fondo, un país que cambia radicalmente y constituye el fermento de la que posiblemente haya sido la época más importante de la historia cultural argentina, en no escasa medida gracias a Piglia y a sus amistades.
 
1957 y 1967 delimitan el período de formación no sólo intelectual de su autor, pero su intrusión en el texto y el exceso de perspectiva otorgan al libro un carácter ambiguo. Mientras lee Años de formación, uno se pregunta qué es exactamente un diario y si éste lo es. No es una pregunta ingenua: si se define el género, por ejemplo, como "un registro personal de experiencias, ideas y reflexiones escrito regularmente" (Kathleen Morner y Ralph Rausch), la respuesta a la pregunta es que este nuevo libro de Ricardo Piglia lo es pese incluso a que la temporalidad convencional del diario (su carácter iterativo) no existe aquí excepto como promesa. En Años de formación leemos a Ricardo Piglia leyéndose, interviniendo su pasado y reescribiéndolo; el libro no es tanto la transcripción de unos cuadernos como una suma de textos intervenidos cuyo tema es la transformación en escritor de su protagonista y cuya selección está supeditada a la idea que su autor tiene acerca de qué es un escritor en 2015; y no en 1957 o en 1967, cuestión que el autor hace explícita cuando afirma que "la verdadera legibilidad siempre es póstuma" queriendo decir posterior o subsiguiente (66).
 
La doble temporalidad de estos textos (escritos por Ricardo Piglia en 1965 o 1967 pero leídos e intervenidos por él en 2015, en una operación curatorial sobre el pasado que le otorga un significado retrospectivo) se pone de manifiesto en el hecho de que aquí aparecen ya los principales temas y procedimientos de la obra "adulta" de Piglia (la sustracción del sentido de la anécdota que permite inferir que existe un segundo relato "oculto" bajo la superficie del primero, la invención al margen de las instituciones y como forma de resistencia política, la reproducción y sus vínculos con lo real, la reflexión sobre las series, el azar y las características gramaticales de un lenguaje hipotético para narrar la experiencia, el fracaso de los proyectos individuales, etcétera), pero también en la atribución de los diarios a Emilio Renzi, el avatar más común de Piglia en sus textos.
 
En ese sentido, Años de formación no debería ser leída como la transcripción de los diarios de Ricardo Piglia de 1957 a 1967 sino, más bien, como los diarios de Ricardo Piglia de 2015, período en el que habría estado leyendo y ordenando sus diarios: el distanciamiento, el extrañamiento de la operación se pone de manifiesto en la atribución a Renzi, pero también en el tránsito de la primera a la tercera persona del singular en la transcripción. Años de aprendizaje son y no son los diarios de Ricardo Piglia y, por consiguiente, ratifican al tiempo que deslegitiman la leyenda de su inexistencia. (¿No era la invención privada y la incertidumbre acerca de su significado uno de los principales temas de la obra de Piglia? ¿Qué podía ser más consecuente con la visión de la literatura de su autor y una especie de lección narrativa que esos diarios no hubiesen existido nunca?) También agregan una complejidad más a su obra. ¿Cómo leer Los diarios de Emilio Renzi? ¿Qué significado atribuir al hecho de que el relato titulado "La moneda griega" (insertado aquí entre los diarios de 1966 y 1967, lo que indica que fue escrito por esa época o aborda sucesos de esos años) se refiera a hechos fechados originalmente en torno a 1970 y sea la reescritura del cuento "Pequeño proyecto de una ciudad futura" publicado por Letras Libres en octubre de 2001? ¿Cómo evitar pensar que en su inclusión hay una cierta lección literaria? ¿De qué forma leer sin sospecha el punto culminante de una obra literaria que ha hecho de la sospecha su principal enseñanza? Los lectores seguiremos preguntándonos esto durante muchos años, en una manifestación más del triunfo de Piglia, cuya obra aborda precisamente estas cuestiones: "las significaciones escondidas en el interior de una serie indiscriminada de acontecimientos" (55) que trazan la silueta de una vida.
 
 
Ricardo Piglia
Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación
Barcelona: Anagrama, 2015
 
 
Publicado originalmente en Letras Libres 169 y 202. Madrid y Ciudad de México, octubre de 2015. 

[Publicado el 01/12/2015 a las 11:30]

[Etiquetas: Ricardo Piglia, Diarios, Anagrama]

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Literatura con por qué / Nosotros caminamos en sueños 35

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John Barth, a quien nunca leerás en Brain Pickings / Crédito de la imagen, de su autor.

Brain Pickings fue fundada en 2006 y es una de las páginas web de literatura más populares del mundo. La labor de difusión de su autora es notable; su importancia, comprobable en el número de títulos publicados tras cada una de sus recomendaciones, digna de mención: si la conversación sobre literatura tiene algún futuro (podría pensarse), éste se parecerá bastante a Brain Pickings.
 
Sin embargo, hay un aspecto inquietante en la aproximación de esta página web a la literatura y es el carácter utilitario que le otorga. En Brain Pickings, los autores "enseñan" cosas a los lectores: la poeta Mary Oliver "enseña" sobre la vida en pareja, Virginia Woolf sobre el dolor como estímulo artístico, Jack Kerouac sobre la importancia de la meditación, Sylvia Plath sobre el trabajo manual, Grace Paley sobre envejecer, Willa Cather sobre la felicidad, Jorge Luis Borges sobre la psicología de las mayorías.
 
"La realidad no existe y el objeto de la literatura es probar esta tesis", afirmó John Barth. No es cierto, pero la frase previene contra su concepción utilitaria. A diferencia de lo que sucede con los libros de autoayuda (y pese a Brian Pickings), ninguno de los textos de relevancia de nuestra cultura puede resumirse a una lección de algún tipo. La literatura es (o debería ser) sin por qué, y también debería carecer de explicación nuestro interés por ciertos textos, como no tienen explicación las cosas que nos dan placer. Renunciar a ese aspecto caprichoso y lúdico de nuestra forma de leer es someter a la literatura a una visión utilitaria, económica, de los textos, y es también olvidar que la literatura de relevancia es, precisamente, una reacción a esa visión, una apuesta por un deseo que no necesita justificación ni explicación alguna.
 
 
Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección quincenal en El País Semanal. Madrid, 27 de octubre de 2015. 

[Publicado el 27/11/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Dios, Patria, Hogar / "El clan" de Pablo Trapero

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Un fotograma del filme / Crédito, de su autor.

"Nunca haré nada que ponga a mi familia en riesgo", afirma Arquímedes Puccio (Guillermo Francella) en El clan. Unos siete años antes de esas palabras (en 1976), y fuera de la ficción, los responsables de la dictadura argentina que había comenzado ese año justificaban la quema de libros de Pablo Neruda y Gabriel García Márquez entre otros autores afirmando que hacían mella en "nuestro más tradicional acervo espiritual: ‘Dios, Patria y Hogar'".
 
Visto desde la Argentina, y desde la perspectiva de alguien que escuchó esas tres palabras durante buena parte de su escolarización, lo interesante del nuevo filme de Pablo Trapero (más que su asombroso y muy eficaz uso de un ídolo juvenil como Peter Lanzani y un actor de comedia como Guillermo Francella cuyo único recurso actoral consiste en no pestañar durante la mayor cantidad de tiempo posible) es, por una parte, el fragmento de historia cultural argentina al que permite acceder de forma casi incidental, un fragmento que incluye canciones, filmes, una cierta jerga juvenil, programas de televisión y radio que posiblemente le resulten indiferentes al espectador español pero con el que el argentino no puede evitar identificarse.
 
Por otra parte, si El Clan resulta tan interesante para un espectador argentino es porque pone de manifiesto que ni el regreso formal a la democracia en 1983 ni la publicación de un testimonio de la contundencia y el rigor del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que daría origen al Nunca más estaban en condiciones de poner un punto final al horror de los años pasados al que, en las imágenes documentales con las que Trapero abre el filme, el presidente Raúl Alfonsín llama el "camino que jamás deberemos transitar en el futuro". A finales de 1983, la democracia argentina condenaba a diversas penas de prisión a cinco de los principales responsables militares de la dictadura, incluyendo a Jorge Rafael Videla y Emilio Massera. Durante la Pascua de 1987, cuatro años después, un levantamiento militar obtenía una importante victoria política al imponer la tesis de que los mandos medios y bajos de las fuerzas armadas debían ser eximidos de dar cuenta de sus actos porque "sólo" habían cumplido órdenes. A la Ley de Obediencia Debida de ese año le siguieron otras dos rebeliones militares al año siguiente y una amnistía general en 1989 para integrantes de las fuerzas armadas condenados, detenidos y procesados por su participación en el terrorismo de Estado, en los alzamientos militares y en la nefasta guerra de Malvinas, así como a los jefes de las organizaciones político militares de la década de 1970, y un indulto a los principales responsables de la dictadura al año siguiente, ambos firmados por el presidente Carlos Menem. En menos de seis años, el consenso en el que se fundaba la democracia argentina (que los hechos del pasado reciente no se repetirían "nunca más") quedaba enterrado en el lodo de la Realpolitik.
 
El clan transcurre entre 1982 y 1985 y apunta a los pactos de silencio y a las continuidades en las que se sostiene cualquier cambio de régimen, también el argentino. La historia de Arquímedes Puccio y del grupo de individuos a las que reclutó para perpetrar secuestros extorsivos en ese período es la de un puñado de personas que, habituadas durante la dictadura a secuestrar a activistas políticos y asesinarlos, continuaron con su actividad durante la democracia transformando su supuesta defensa del país en una actividad trivialmente recaudatoria. Si los crímenes del "clan Puccio" inquietaron a la sociedad argentina en su momento y aún resultan incómodos es porque habían sido llevados a cabo por personas "normales" y contra quienes, como ellos, creían que la sociedad argentina se fundaba en la tríada "Dios, Patria y Hogar". Personas (en su mayoría) que no se habían escandalizado con la evidencia del asesinato, la tortura y la desaparición en nombre de la supuesta defensa de esos valores.
 
La historia de los Puccio ilustra la famosa "banalidad del mal" de la que habló Hannah Arendt y todavía inquieta porque demuestra que las bases en las que se funda una sociedad y las prácticas que son resultado de ellas cambian con mayor lentitud que las instituciones políticas que ésta se otorga. De hecho, fue necesario que transcurriesen veinte años de democracia argentina para que los indultos firmados en 1989 y 1990 fueran considerados contrarios a la Constitución y otros diez para que la Argentina pueda decir, por fin, "nunca más" a un horror que, por fin se sabe, involucró tanto a militares como a civiles. En el medio, la difícil y desagradable aceptación por parte de una sociedad traumatizada de que los asesinos siempre están entre nosotros.
 
 
Publicado originalmente en Cultura del diario El País. Madrid, 12 de noviembre de 2015.

[Publicado el 25/11/2015 a las 12:45]

[Etiquetas: Pablo Trapero]

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Mapas / Unas mentiras que dicen la verdad

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Portada de "En el mapa" de Simon Garfield, uno de los exponentes más logrados de la obsesión cartográfica contemporánea.

La necesidad de consolidar el control sobre los territorios de ultramar impulsó la cartografía científica en Europa. Cinco siglos después es difícil hallar una expresión artística que no sea una manifestación a favor o en contra de la omnipresencia de los mapas en nuestra vida. Ya en 1994 la exposición Mapping del MoMA mostró cómo los artistas han estado utilizando los mapas para interrogarse acerca del modo en que representamos el espacio y nos orientamos en él, aunque hoy estemos inmersos en la disolución aparente del espacio producida por la Red.
 
De hecho, ya parece inconcebible desplazarse sin aplicaciones como Google Maps, Tom Tom o Waze. Y sin embargo, las personas siguen perdiéndose: una brasileña de 70 años, por ejemplo, fue asesinada el 4 de octubre pasado cuando su marido y ella entraron por error en Caramujo, una de las favelas más peligrosas de Río de Janeiro; estaban utilizando Waze para dirigirse a la avenida Quintino Bocaiúva, pero la aplicación los condujo a la calle del mismo nombre, situada en la favela.
 
Quizás sea el imperio de la cultura visual lo que está en el fondo de nuestro interés por los mapas. En la cartografía se encuentra el antecedente de esta época, la actual, en la que la información es sometida a una "visualización de datos" y a un "mapeo" constante, sin los cuales, supuestamente, se vuelve incomprensible. Algunas publicaciones recientes -como Mapas curiosos: Un atlas de curiosidades cartográficas (2012) de Frank Jacobs, En el mapa (2012) de Simon Garfield, Atlas de islas remotas (2013) de Judith Schalansky, o la exhibición en línea de la Biblioteca del Congreso de EE UU Explicando y ordenando el cielo (2015)-, con sus imágenes de una cultura intentando narrar visualmente lo que la rodea, tendrían en ese sentido además del atractivo de su belleza, el de la nostalgia subyacente a un mundo en el que ya no quedaría nada por ser explorado.
 
"El espacio está siempre asociado al poder y, por tanto, al control", sostiene la crítica de arte Estrella de Diego en su libro Contra el mapa: disturbios en la geografía colonial de Occidente (2008), un recorrido por las apropiaciones artísticas del lenguaje cartográfico. Según Garfield, "los lugares solo se cartografían por necesidad política, social, comercial o militar", de tal forma que, cuando el interés por los mapas no está revestido de nostalgia (como, por ejemplo, en la plataforma Handmaps.org, en la que se comparten mapas realizados a mano como forma de documentar su desaparición progresiva), su interés radica en la forma en que ponen de manifiesto las relaciones de poder. En este sentido el filósofo y economista británico E. F. Schumacher recuerda cómo en una ocasión, durante una visita a la por entonces Leningrado, descubrió que los mapas no incluían las iglesias de la ciudad: para los cartógrafos soviéticos no importaba tanto la realidad como la representación del poder de un Estado contrario a la religión.
 
En su magnífico Fuera del mapa (2014), Alastair Bonnett se ocupa precisamente de la negación cartográfica de la realidad y de los sitios que no aparecen en los mapas: la Gran Mancha de Basura del Pacífico; la "ciudad fantasma" de Kangbashi, en el interior de Mongolia; o New Moore/Talpatti, una isla en el Golfo de Bengala surgida después de una tormenta que provocó un conflicto entre India y Bangladesh antes de volver a hundirse en el mar en 2010. Si Umberto Eco en su Historia de la tierra y los lugares legendarios (2013) pone de relieve que ciertos sitios son parte constitutiva de nuestra cultura a pesar de que no existan en la "realidad", Bonnett en Fuera del mapa demuestra que los mapas no nos dicen toda la verdad o que, como en el caso narrado por Schumacher, hablan en primer lugar de quién detenta el poder de confeccionarlos. Quizás sea en esa línea, y en tanto crítica a las instituciones políticas y culturales, que debamos interpretar algunos libros recientes como Mapeándolo: Un atlas alternativo de cartografías contemporáneas (2014) editado por Hans Ulrich Obrist (que incluye obras de John Baldessari, Tim Berners-Lee, Louise Bourgeois, Yoko Ono, Damien Hirst y otros), el hilarante Atlas de los prejuicios del búlgaro Yanko Tsvetkov (2015) y Un atlas de cartografía radical de Lize Mogel y Alexis Bhagat (2008), en el que los mapas tienen como finalidad representar gráficamente las disparidades existentes en el mundo en materia de energía, recursos naturales y derechos humanos.
 
"La cartografía digital puede ser fantástica, pero ofrece una visión muy egocéntrica del mundo. Siempre estamos en el centro de nuestros mapas", afirma Garfield. Si, como sostiene Bonnett, somos "topofílicos" y estamos obsesionados con la representación del espacio y su posesión, no es menos cierto que las cartografías no sólo representan ese espacio y que, en esta era de nostalgia, visualidad, solipsismo y confusión de los límites entre aquello que pretende ser real y lo que lo es, se han convertido en un ámbito de resistencia a la omnipresencia de la cartografía digital, así como de interrogación acerca del mundo que creemos conocer.
 
Un año atrás, por ejemplo, Google eliminó de sus mapas la pequeña localidad de Agloe, en el estado de Nueva York. ¿La causa? Agloe no existía: había sido inventada en 1925 por un par de cartógrafos estadounidenses para comprobar con facilidad si sus mapas eran copiados por la competencia, pero su falsificación había durado casi 80 años. Su eliminación de la cartografía digital más popular del momento -acerca de la cual los responsables de Google prefirieron no dar explicaciones- pone de manifiesto que la desconfianza exhibida por los artistas contemporáneos hacia el estatuto de verdad de los mapas no es puramente estética. También prueba que las cosas no son tan simples, ya que, como demostró The New York Times, Agloe sí existe: algunas personas instaladas en la región leyeron su nombre en el mapa y lo tomaron por verdadero. En la actualidad la localidad "inexistente" consiste en un granero, una antigua lechería de color amarillo pálido y un cobertizo de madera. "Los mapas son mentiras con las que se arriba a la verdad", afirmó alguna vez el escritor situacionista Raoul Vaneigem. Determinar qué verdad es ésa y quién lo dice son asuntos de una actualidad absoluta.
 
 
Publicado originalmente en Ideas, suplemento de El País. Madrid, 25 de octubre de 2015. 

[Publicado el 23/11/2015 a las 18:00]

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¿Podemos corregir el pasado? / Nosotros caminamos en sueños 34

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Voluntarios entregan comida a refugiados en Frankfurt am Main la semana pasada / Crédito de la imagen, Frank Rumpenhorst /

Niños recibiendo a los refugiados en las estaciones de trenes con juguetes, adolescentes desplegando carteles de bienvenida, voluntarios movilizándose para ofrecerles cobijo, dueños de restaurante organizándose para entregarles comida. Estas imágenes no forman parte del kitsch periodístico: son algo con lo que uno tropieza en cada esquina en Alemania en estos días. Visitar este país es asistir a una solidaridad conmovedora que contrasta con el desprecio ante el dolor de los demás de otros países y otras ciudadanías.
 
¿Puede un país ‘corregir' su pasado? ¿Puede hacerse perdonar las atrocidades cometidas alguna vez en su nombre? La solidaridad alemana es incomprensible si no se tiene en cuenta el hecho (mayormente omitido por la prensa) de que esa solidaridad responde a las convicciones de una sociedad civil admirable y desafortunadamente inédita fuera de ese país, pero también es producto de la percepción de encontrarse ante una oportunidad histórica, la de 'corregir' el pasado nacionalsocialista.
 
Mientras las imágenes de hombres y mujeres recorriendo Europa a pie para huir de la guerra evocan inevitablemente las de 1945 (brillantemente narradas por Ian Buruma y Keith Lowe, entre otros), las de alemanes recibiendo a refugiados son inéditas, y hablan de la posibilidad de que una sociedad "aprenda" de su pasado. Alemania (que, en virtud de ese mismo pasado, posiblemente no esté en condiciones de ofrecer una solución a largo plazo al problema de los refugiados, que quizás consista en que una alianza internacional ocupe militarmente países como Siria, Libia e Irak y permanezca allí varias décadas, hasta crear instituciones democráticas) pone de manifiesto estos días que la condición de victimario puede dar lugar, décadas después, a una solidaridad con las víctimas que es ejemplar, que es una razón para la esperanza en tiempos tan oscuros como los que vivimos.
 
 
Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección quincenal en El País Semanal. Madrid, 6 de octubre de 2015.

[Publicado el 19/11/2015 a las 13:45]

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Svetlana Alexievich: La escritora de las vidas ordinarias

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Crédito de la imagen, Reuters /

Mujeres
 
Svetlana Alexievich es la decimocuarta mujer que obtiene el premio Nobel de Literatura: sus antecesoras son Selma Lagerlöf (1909), Grazia Deledda (1926), Sigrid Undset (1928), Pearl S. Buck (1938), Gabriela Mistral (1945), Nelly Sachs (1966), Nadine Gordimer (1991), Toni Morrison (1993), Wisława Szymborska (1996), Elfriede Jelinek (2004), Doris Lessing (2007), Herta Müller (2009) y Alice Munro (2013). A lo largo de sus primeros sesenta y cinco años de vida, el Premio fue concedido sólo a seis mujeres; en los últimos veinticuatro, a ocho, lo que parece poner de manifiesto que las cosas están cambiando incluso en la Academia sueca: pero si esto es así, también lo es gracias a la obra de Alexievich, cuyo tema principal es el modo en que, pese a algunas opiniones, nuestra comprensión de la Historia del siglo XX es incompleta y errónea si no conocemos los padecimientos y las luchas de las mujeres durante ese período.
 
 
Conciencia
 
Naturalmente, también la suya propia porque Alexievich nació (el 31 de mayo de 1948) en un sitio que ya no existe, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de la que Bielorrusia formó parte entre 1919 y 1991; su padre era bielorruso y su madre ucraniana, y la ciudad donde nació fue a lo largo del siglo XX, y sucesivamente, austrohúngara, ucraniana occidental, polaca, soviética, alemana, soviética y bielorrusa: su nombre original era Stanislavov, pero ahora se llama Ivano-Frankivsk. Quizás baste con esto para tener una conciencia aguzada de la historia: Alexievich, que estudió periodismo en Minsk, desarrolló esa conciencia a más tardar en 1983, cuando la publicación de los artículos que conformarían su libro La guerra no tiene rostro de mujer (1985) derivó en una acusación pública de "haber mancillado el honor de la Gran Guerra Patriótica" y el despido fulminante del periódico en el que trabajaba: su único "crimen" había sido contar la historia de aquellas mujeres, que por una razón u otra, lucharon junto a los hombres contra la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial.
 
 
Testigos
 
Alexievich volvió al tema en su siguiente libro, Los últimos testigos (1985), en el que narraba la suerte de su familia durante esa guerra y el régimen estalinista posterior; cuatro años después, volvía a verse obligada a comparecer ante un tribunal por la publicación de otro libro, en este caso Jóvenes de latón (1989), acerca de la invasión soviética a Afganistán: para escribirlo, había reunido quinientos testimonios de veteranos de esa guerra y sus familiares, contraviniendo el deseo expreso de las autoridades de que no se hablase del tema, en particular de las violaciones a los derechos humanos cometidas contra la población civil afgana que se convertirían (y esto lo advertía la periodista ya en 1989) en el caldo de cultivo de otras guerras que desde ese país asiático se extenderían a todo el mundo, también a los Estados Unidos.
 
 
Chernóbil
 
En la obra de Svetlana Alexievich el periodismo y la literatura confluyen de una manera no muy diferente a la que caracteriza a buena parte de lo más relevante del periodismo contemporáneo; sin embargo, a diferencia de, por ejemplo, sus pares latinoamericanos (que a menudo hacen del método narrativo un fetiche y de la experiencia del reportaje su único tema), Alexievich es flexible y no pretende ocupar el centro de la escena, incluso aunque es evidente que la historia que narra la afecta de forma personal. Este es el caso de Voces de Chernóbil (1997), una historia oral de las consecuencias de la explosión en la central nuclear ucraniana escrita a partir de alrededor de quinientas entrevistas realizadas a lo largo de diez años de trabajo: en el libro sólo se hace mención circunstancial al hecho de que la hermana de la autora murió y su madre quedó ciega a consecuencia del accidente.
 
 
Decepciones
 
Voces de Chernóbil es la historia de un accidente convertido en catástrofe por la impericia y el desinterés de las autoridades soviéticas por las vidas de sus ciudadanos; la indignación vertida en el libro (y nunca expresada de forma maniquea, al menos no por la autora) resulta especialmente dolorosa para el lector porque viene acompañados de la convicción de que las sociedades post-soviéticas no están en condiciones de aprender de su historia. Aunque Alexievich puso su vida y su reputación en riesgo con la publicación de libros que incidían en los aspectos más controvertidos de la historia soviética, la caída del Telón de Acero no hizo su vida más fácil: desde 1991 ha tenido que vivir en países como Italia, Francia, Alemania y Suecia en condición de refugiada política debido a las amenazas padecidas en su país natal, donde Aleksandr Lukashenko ejerce la jefatura del gobierno desde 1994 en lo que la autora denominó Un tiempo de segunda mano (2013). Su obra, distinguida por fin con el Premio Nobel, es una historia de decepciones, pero no decepciona en su voluntad de narrar las vidas ordinarias de aquellos para quienes, como afirmó James Joyce, la Historia es una pesadilla de la que sigue siendo imposible despertar.
 
 
Publicado originalmente en Babelia/El País. Madrid, 9 de noviembre de 2015.

[Publicado el 17/11/2015 a las 11:45]

[Etiquetas: Svetlana Alexievich]

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Ni siquiera los demonios / "Vil y miserable" de Samuel Cantin

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Al parecer, las cosas sucedieron de la siguiente manera: Dios le hizo una broma telefónica a Satán de la que éste se vengó poniendo en lo alto de su puerta un cubo de arenques; luego Dios se frotó el tridente de Satán en el trasero y a Satán comenzaron a olerle los dedos, lo que llevó a una escalada que culminó con un cataclismo. De ese cataclismo, que terminó con nuestras esperanzas de una vida eterna (e incluso de algún tipo de justicia, si acaso póstuma), tan sólo sobrevivió Lucien Vil, quien escapó del Averno con dos amigos en un parapente y ahora es el responsable de una librería de segunda mano instalada en un local de venta de coches usados. Su dueño es un enano llamado Sylvain Linguine (sic) y tiene una visión: que "los coches son el pasado [y] los libros son el futuro" (36). El plan de Sylvain es dejar de vender automóviles y agrandar la librería, para lo cual compra un lote de libros robados y contrata un asistente para Lucien, el demasiado sensato (para este mundo) Daniel: el problema es que Daniel no cree que Lucien esté hecho para el trabajo.
 
No es su único problema, sin embargo: Lucien está obsesionado con Halloween, tiene un psicólogo violento que lo humilla y hace cuarenta años que no tiene relaciones sexuales; de hecho, el traje de látex que viste permanentemente le impide incluso masturbarse. Cuando sueña que asesina accidentalmente a una joven que ha visto en el autobús y que de su vagina escapa una marmota, su psicólogo le dice: "Guau, Lucien, eres aún más mongolo de lo que pensaba... Quiero decir que sabía que estabas como una cabra, pero este sueño ya es de puto retrasado. Entiendo por qué no tienes novia, en serio. [...] Si creyera en el sistema penal, llamaría a la pasma ya mismo. Les diría ‘venid a enchironar a este tipo, es un lunático peligroso, encerradlo, enterradlo vivo, no sé, que no vuelva a ver la luz del sol jamás de los jamases...' pero, por suerte para ti, no creo en el sistema penal, como sabes..." (114). A cambio, el psicólogo y su novia de dieciséis años le consiguen una cita.
 
Lucien Vil parece uno de esos personajes misóginos y egocéntricos que constituyen lo más interesante de la literatura y el cine cómicos estadounidenses, y también de sus teleseries; pero su autor es (alas) canadiense. Samuel Cantin estudió literatura y cine y es autor de las novelas gráficas Phobies des moments seuls (2011) y Whitehorse (2015), además de esta Vil y miserable: cuando la lees sientes que estás leyendo las excentricidades y pequeñas maldades que un compañero de pupitre muy querido dibuja y escribe para tu exclusivo placer durante una clase muy larga y muy aburrida, en el colegio, antes de que comience esa vida real que ni siquiera los demonios escapados del Averno parecen capaces de comprender y/o de aguantar.
 
 
Samuel Cantin
Vil y miserable
Trad. Natalia Mosquera
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2015

[Publicado el 13/11/2015 a las 16:15]

[Etiquetas: Samuel Cantin, La Cúpula, Cómic]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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