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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 30 de julio de 2016

 Blog de Patricio Pron

A contracorriente / "Ornamento" de Juan Cárdenas

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Al principio son cuatro mujeres, que narran sus alucinaciones a un médico que estudia una nueva droga; al final, es una de ellas, la número cuatro (que se convierte en amante del médico y de su mujer, que vive con ellos y luego desaparece) la que es la droga: inflexible en su exigencia y en su promesa de una satisfacción improbable a la necesidad.
 
Juan Cárdenas (Popayán, 1978), quien (por cierto, y por si esto importa) no fue parte de la "lista Granta" de mejores narradores en español menores de cuarenta años, autor de Zumbido y Los estratos, entre otros libros, es desde hace algunos años (y como pone de manifiesto su ausencia en dicha lista), efectivamente, uno de los mejores narradores en español menores de cuarenta años, un privilegio que comparte con escasos "Granta": Andrés Barba, Javier Montes, Antonio Ortuño, Alejandro Zambra, etcétera.
 
Ornamento (su tercera novela hasta la fecha) es la historia de la invención y la colocación en el mercado de una droga, pero también es la historia de su creador y de cómo éste asiste en condición de testigo (como producto de un desdoblamiento que no es infrecuente en las experiencias alucinógenas) de sus propios actos, que lo llevan a interesarse en la número cuatro, incorporarla en la vida de su pareja y buscarla cuando ésta escapa e intentar recomponer una relación rota por la intrusión y por el hartazgo. Es también (y por sobre todo) un vehículo para la exploración de confluencias: la de la innovación, el carácter empresarial, la violencia y el mercado que están detrás de una cultura del narcotráfico que (esto es lo que parece venir a decir Cárdenas) vertebra la sociedad colombiana. Ornamento dice (o parece decir) que la droga (que en un pasaje del libro el narrador asimila a la producción artística contemporánea) es el único objeto que permea la rigidez de los estratos de la sociedad latinoamericana, y que en su producción y en su consumo confluyen dos fuerzas más poderosas que las instituciones: el capitalismo y el deseo.
 
Cárdenas escribe con Ornamento un capítulo más de una trayectoria brillante aunque breve en la que los magisterios son selectos y visibles: si Zumbido señalaba la influencia de Felisberto Hernández, Antonio Di Benedetto y Maurice Blanchot (y Los estratos, la de César Aira y Julio Cortázar), la nueva novela del colombiano permite pensar en él como uno de los mejores alumnos del argentino Rodolfo Fogwill, de quien parece haber aprendido cómo narrar toda una época (su política, su economía, su régimen de visibilidad, su sexualidad) evitando los rígidos (aunque mucho más comerciales) parámetros del gran friso y la literatura de guía de viajes.
 
En ese sentido (también) la suya es una obra a contracorriente de los modos dominantes de la narrativa latinoamericana producida por la más reciente generación literaria, con su aspiración a que la narración de la (pequeña) historia personal disimule la incapacidad de escribir la (gran) novela, pero con la misma pretensión (que preside la literatura latinoamericana al menos desde la aparición del Boom y, específicamente, las relaciones comerciales entre esa literatura y el exterior) de ser pensada en términos nacionales y como explicación de los mismos que justificaba la producción (mejor o peor, pero cada vez menos literaria) de los grandes nombres de la generación precedente. Cárdenas narra América Latina sin necesidad de recurrir a personas que vuelan, conversaciones de mujeres en cocinas, historias de haciendas colombianas o (peor aún) la imitación provinciana de la Weltliteratur centroeuropea del siglo pasado: no es necesario ser un lector voraz de literatura latinoamericana (o de lo que en España es publicado bajo ese nombre) para tomar conciencia de la disidencia (y la posible soledad) que hay en ese gesto, y de su necesidad como correctivo de una visión distorsionada.
 
 
Juan Cárdenas
Ornamento
Cáceres: Periférica, 2015

[Publicado el 21/12/2015 a las 12:00]

[Etiquetas: Juan Cárdenas, Novela, Periférica]

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Tres poemas de "Crónica natural" de Andrés Barba (Cita)

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CANGREJOS
 
A los cangrejos había que echarlos vivos a la paella.
Verdes cangrejos de criadero marino
que en las bolsas
o no en las bolsas 
en el papel de estraza, 
un papel gris satinado que resbalaba en las manos, 
iban arañando como las inocentes
víctimas de un thriller mensajes cifrados 
a los cangrejos libres de este mundo. 
Eran en realidad (descontando 
las verduras, que siempre están vivas)
lo único vivo de la bolsa de la compra.
Respiraban el triste vapor
húmedo del marisco y las ñoras
en su encierro desesperado.
No para ti, tú sonreías y bromeabas
Mira.
No pensarás ya ni ahora ni nunca
que eran simples cangrejos
cangrejos sin más, de criadero, verdes
aunque de eso tengo que enterarme bien.
Todos los queríamos llevar y ninguno
los quería comer,
eran casi siempre tres, cuatro como mucho
y siempre había uno más grande (siempre
en realidad hay uno más grande, en todo)
el padre -decíamos- de los otros dos o tres
y si el padre era uno entonces los otros dos
o tres
eran una familia de cangrejos.
Había que echarlos vivos 
no sé cómo habría podido hacerse de otro modo,
lo debían presentir desde la asfixia,
se movían de pronto con más rapidez los bigotes 
de sus bocas, las patitas 
hacían dibujos en su lengua incomprensible
cuando tú los alzabas: Mira 
entre carcajadas antes de echarlos vivos.
Reíamos de vergüenza y de nervio
la muerte familiar de la familia
de cangrejos verdes de criadero
que trataban de huir de la paella con saltos
de alfiler, las horas de sus vidas golpeadas
con la cuchara de madera, saltaban
(en todo esto: risas)
chocando unos con otros
olvidando ya que eran una familia,
pisándose, usando el cuerpo moribundo de uno
para alzarse sobre el caldo hirviente.
¿Eras tú o nosotros quien golpeaba 
para que rindieran la esencia?
Padre dominical con tu cuchara en la mano,
nunca fue tan animoso un holocausto 
de domingo.

 

TRASLADO

¿De dónde venía y a dónde iba yo? De un amor de buhardilla
a tu antigua casa recién pintada.
Como un solitario que estrena un hogar en el que otro
ha sido feliz
me abatía la luz blanca de las habitaciones
la estantería de obra, los electrodomésticos pequeños y nuevos
de uso individual.
Habías venido al rescate más que como un padre
como un camarada 
con furgoneta y nocturnidad, en pleno centro de Madrid.
Me ayudaste a cargar el colchón, las cajas de libros, las maletas.
Te recuerdo en la calle Bailén, en el Palacio Real.
Tu presencia hacía que me sintiera muy joven;
cualquier mujer podía ser mi amor,
cualquier casa, mi casa.
Me contaba mis aventuras mentalmente
como prodigios que sucederían con seguridad,
trataba de parecer resuelto.
No sé cómo lo habilitabas todo.
Tu vida era el peso de las cajas de libros.
Me gustaba que me vieras disconforme, decidido, 
actuaba en lo recóndito para mi padre.
Las dejamos todas en la casa nueva, ya de noche.
Al día siguiente nos esperaban allí,
impregnadas del olor a pintura.
Eran -qué sé yo- unas veinte; 
en la sombra de la noche parecían más.
Tú preguntaste con orgullo: ¿Los has leído todos?
Yo mentí con altivez:
Claro.
Los ordenamos luego por idiomas:
los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos, 
los portugueses, los rusos, los españoles.
Sacabas un libro de la caja, leías la contraportada
y lo llevabas a un montoncito.
Me daba miedo cada vez que te equivocabas.
No quería saber más que tú.
 
 
VEJEZ
 
A plena luz del día,
en un cajero del barrio te atracó
un muchacho. Llevabas cien euros en la mano.
Te dijo dámelos y se los diste.
La extrañeza tenía en ti un aire pasmado
y elegante;
te aproximabas inclinando la cabeza
como si no hubieses entendido
una palabra, decías: ¿perdón?
No luchaste, ni siquiera fingiste que pudieras
luchar,
como un sonámbulo extendiste
la mano con el dinero y el muchacho se fue
corriendo o sin correr, mirándote o no.
Era un día agradable de principios de verano.
Había gente en la calle, se escuchó
una risa y el tintineo de unos vasos de cerveza
en la terraza que había a veinte metros.
Te preguntaste con vergüenza si te habrían visto.
Era un muchacho como otro cualquiera:
joven. Atacaba como el depredador
que elige entre las víctimas al animal más torpe.
Sentiste como si el tiempo te zarandeara
sin piedad junto al cajero
envuelto en los alegres ruidos de la conversación
en el calor de la brisa y las pelusas de polen.
Esa tarde habías quedado
para dar un paseo por la feria del libro.
El hombre que iba a pasear y el que seguía pasmado
eran distintos ahora.
Por la modesta suma de cien euros
aquel muchacho se lo había llevado consigo.
Al subir a casa llamaste por teléfono,
Soy un viejo, dijiste.
No eres ningún viejo.
¿Soy un viejo, te parezco un viejo? Preguntaste de nuevo.
Pero no me dejaste contestar.
 
 
Andrés Barba (Madrid, 1975), se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong), a la que siguieron dos libros de nouvelles, La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord Sud), así como seis novelas más que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación en España: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, Octubre, Muerte de un caballo (Premio Juan March) y En presencia de un payaso, todos ellos publicados en España por la editorial Anagrama. En colaboración con Javier Montes recibió el Premio Anagrama de ensayo por La ceremonia del porno y es también autor, de los ensayos recogidos en Caminar en un mundo de espejos y, junto al pintor Pablo Angulo, del Libro de las caídas y Lista de desaparecidos. En poesía, su ópera prima es Crónica natural (finalista del Premio Jaime Gil de Biedma), publicada por Visor, de la que proceden los poemas reproducidos aquí.

 

[Publicado el 18/12/2015 a las 10:45]

[Etiquetas: Andrés Barba, Poesía, Citas, Visor]

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La vida está en otra parte / "Otoño" de Jon McNaught

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No parece una profesión particularmente atractiva, y sus vinculaciones con la de los escritores son escasas, pero la de auxiliar de geriatría aparece más y más habitualmente en la literatura contemporánea: ejercen esa profesión el informante anónimo cuyo (brutal) testimonio Lydia Brakebusch reproduce en su pieza "Vom Verschwinden des Lebens" [De la desaparición de la vida] en el último número de la revista alemana Dummy, el narrador y protagonista innominado de Sophia, der Tod und ich [Sophia, la muerte y yo] del debutante Thees Uhlmann y también Mark, el joven que protagoniza "Elmview", la primera de estas historias otoñales de Jon McNaught.
 
A excepción del ejercicio de su profesión, hay poco que vincule a los tres personajes: el informante anónimo de Lydia Brakebusch es alguien perplejo por el maltrato al que son sometidos los ancianos en nombre del incremento del rendimiento económico de las empresas que ofrecen servicios de geriatría, y el protagonista del libro de Uhlmann es alguien que no piensa demasiado en su trabajo, aunque obtiene de él (y de la presión a la que lo somete un anciano polaco, uno de sus pacientes) una cita con su nieta, la maravillosa, insobornable Sophia. Mark sí parece reflexionar acerca de lo que lo rodea, y hay un momento extraordinario de interrupción narrativa y vacilación del personaje cuando éste se entera de que una de las mujeres alojadas en la residencia en la que trabaja ha muerto por la noche; pero esos pensamientos no tienen espacio en la obra de McNaught, que tiende a la economía, y, por consiguiente, no tenemos acceso a ellos: de Mark sólo conoceremos los gestos de una exterioridad rutinaria (dar cabezadas en el autobús nocturno, preparar café para la cocinera, lavar los platos, mirar por la ventana, pelar patatas, arrastrar un carro con el desayuno de los pacientes, servir los almuerzos) y el contraste entre ellos y una naturaleza que sigue sus propio camino en las calles que rodean la residencia y en el documental que ven los ancianos mientras comen.
 
Si ese contraste podría provocar la impresión de que la residencia para ancianos es, en su connotación de sitio en el que la vida es prolongada de forma artificial, despojando al sujeto de sus hábitos y de aquellas particularidades de su existencia anterior que lo convertían en un individuo, un sitio donde la naturaleza no tiene lugar (excepto en su manifestación brutal como cesación de la vida), "Sunset Ridge", la segunda historia del libro, parece decir que el distanciamiento entre la vida humana y la que tiene lugar en la naturaleza (incluso en la naturaleza del suburbio, con su superposición de cercas, casas unifamiliares, cables de electricidad y coches) se produce en una edad más temprana.
 
Jake, su protagonista, va al colegio secundario y se hace con algo de dinero repartiendo la prensa por la tarde; su amigo Ryan y él hablan de coches y de videojuegos, pero en general no hablan mucho: para Jake, el otoño no llega cuando se producen sus primeras señales, sino cuando el cartel que anuncia las "rebajas de verano" es reemplazado por el de "oportunidades de otoño". Hay algo intranquilizador en la visión de una ardilla aplastada por un coche, en la que Jake se detiene, pero es más inquietante aun que toda esa (no) existencia sea reemplazada, cuando Jake llega a su habitación, por la existencia artificial y violenta del videojuego: en ella, sí, Jake puede detenerse a contemplar una bandada de pájaros; en ella, también, hay alguien a quien tiene que ayudar y alguien que se alegra de tenerlo a su lado.
 
Jon McNaught narra todo esto con solvencia, con una paleta de colores deslavados y una economía narrativa que recuerda a la de la obra de Chris Ware y de Seth. Otoño no es un texto triste, pero tampoco es el "homenaje a la belleza que supone el simple hecho de estar vivo" que describe Ware en la contraportada de esta edición, ya que lo que McNaught parece venir a decir es que el enriquecimiento de la experiencia, en algún sentido, la devalúa, y que la prolongación de la vida en las instituciones para enfermos y ancianos la suprime. Se trata de una reflexión lacónica y no exenta de melancolía, y quizás también de una invitación a volver a hacer nuestros, si esto es posible, los tiempos de una naturaleza a la que le hemos dado la espalda durante demasiado tiempo.
 
 
Jon McNaught
Otoño. Dos historias otoñales
Trad. Belén Arévalo
Madrid: Impedimenta, 2015

[Publicado el 15/12/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: Jon McNaught, Cómic, Impedimenta]

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Voces del fin del trabajo / Nosotros caminamos en sueños 36

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Una viñeta de El Roto, el excepcional Andrés Rábago /

En algunas semanas concluirá el proyecto Work With Sounds, que tiene desde hace dos años a seis museos europeos registrando sonidos en extinción: una sierra cortando una rama, el ordeñe manual, un zapatero en su taller, la impresión de billetes de tren. Se trata de sonidos que desaparecen en una Europa en la que el trabajo manual cede su sitio a la producción industrial en países periféricos y a la precariedad.
 
El del trabajo no parece un tema que interese especialmente a los escritores hispanohablantes, posiblemente debido a que (como observó Javier Marías hace algunos años) estos ven la literatura como una alternativa a su ejercicio. Trabajar cansa, se dice (en la barra de un bar en Madrid pude leer recientemente, como justificación del aspecto físico de sus empleados, que "Trabajar afea" también), pero al menos desde el comienzo de la crisis sabemos que no hacerlo, o hacerlo precariamente, mata.
 
A las vidas inverosímiles del precariado están dedicados libros recientes como Yo, precario de Javier López Menacho (que fue encuestador, hombre-anuncio, controlador de máquinas de tabaco y promotor, pero sobre todo es periodista) y Por cuatro duros de la estadounidense Barbara Ehrenreich, quien fue camarera de hotel, mujer de la limpieza, auxiliar de enfermería y empleada de Wal-Mart para averiguar cómo sobreviven millones de personas.
 
¿Cómo ofrecer una respuesta a este estado de cosas cuando la identidad de esas personas como sujetos políticos, habitualmente determinada por su relación con el trabajo, ya no puede articularse? Concibiendo el precariado como una clase social emergente que debe luchar por sus derechos políticos y civiles. Es la propuesta de Guy Standing en Precariado, una llamada a la acción para que los sonidos del trabajo (y quienes los realizamos) no se conviertan, ya definitivamente, en piezas de museo.
 
 
Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección quincenal en El País Semanal. Madrid, 17 de noviembre de 2015.

[Publicado el 11/12/2015 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Muerte accidental / "Vi a un hombre" de Owen Sheers

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Un destornillador: esa pequeña herramienta (por lo demás, completamente inocua), prestada unos días atrás, es la que lleva a Michael a internarse en la casa de sus vecinos después de comprobar que la puerta trasera está abierta. Lo que suceda allí destrozará varias vidas, también la suya.
 
Owen Sheers nació en Suva, en las islas Fiji, en 1974. Su primer libro fue una colección de poesía publicada en 2000, a la que siguieron Resistence (una ucronía en la que, tras el fracaso del desembarco aliado en Normandía, Gales es invadida por los nazis), un oratorio para niños, varias piezas teatrales y decenas de artículos, así como la serie para la BBC4 A Poet's Guide to Britain. El autor creció en Gales y su primera publicación en prosa fue una no-ficción; ambas cosas lo asocian con Michael, el protagonista de Vi a un hombre, quien se define como "un periodista de inmersión" y es galés. En Nueva York, Michael se especializa en los perfiles de personas singulares de la ciudad y publica "Hermanos de barrio", la historia de dos jóvenes dominicanos. El libro es un éxito, y poco después de su publicación Michael conoce a una corresponsal de guerra llamada Catherine: se enamoran, se van a vivir juntos primero a Londres y luego a una casa en Gales, hablan de tener niños, Michael comienza a trabajar en otro libro.
 
Entonces Catherine muere en Pakistán mientras se encuentra haciendo un reportaje y Michael regresa a Londres, a un piso prestado, a intentar superar su pérdida y a comprender cómo seguir adelante. Es allí donde conoce a los Nelson, una familia conformada por Samantha y Josh y sus hijas pequeñas, que lo integran a una vida hogareña no tan idílica como parece pero, incluso así, mucho más de lo que Michael dispondría de otro modo para tratar de reconstruir su vida. Es a su casa a la que entra la tarde en la que, en busca de un objeto tan poco importante como un destornillador, destroza sin quererlo la vida de sus vecinos.
 
En Vi a un hombre Sheers se adentra en unos personajes que deben vivir con un dolor que no han deseado provocar pero que está implícito en sus acciones desde el principio. ¿Por qué Catherine decidió volver a correr riesgos? ¿Por qué Michael subió a la segunda planta de la casa de sus vecinos? ¿Qué vio allí? ¿De qué forma quienes matan pueden justificar ante sí mismos y frente a su familia el asesinato? ¿Es suficiente un eufemismo como "muerte accidental" para ocultar un crimen incluso a quienes lo perpetran? ¿Por qué Josh no estaba en la casa aquel día en que Michael fue a buscar su herramienta? ¿Qué potencias y qué verdades íntimas liberan en nosotros las muertes de las personas que amamos? ¿Cómo se vive con el dolor que esas muertes provocan?
 
Owen Sheers confronta las certezas que nos rodean con el descubrimiento de que, al igual que la ciudad de Las Vegas, en la que transcurre parte de la acción (o Lehman Brothers, la compañía en la que trabaja Josh hasta su caída), esas certezas conforman un decorado siempre frágil. Lo hace con un libro de gran sutileza, con una capacidad de introspección desusada en la narrativa contemporánea y con una sucesión de golpes de mano que no pueden relevarse aquí a costa de exponer el tipo de secretos que la mayor parte de los lectores prefiere no conocer hasta la lectura.
 
 
Owen Sheers
Vi a un hombre
Trad. Javier Calvo
Barcelona: Reservoir Books, 2015
 
 
Publicado parcialmente en Babelia/El País. 10 de noviembre de 2015. 

[Publicado el 09/12/2015 a las 17:15]

[Etiquetas: Owen Sheers, Reservoir Books, Novela]

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Sin recurrir a los caminos más transitados / "Historia alternativa del siglo XX" de John Higgs

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1
 
En 1997 un grupo de empresas conformado por capitales estadounidenses, bolivianos y españoles obtuvo del gobierno boliviano el derecho para la explotación del agua de la ciudad de Cochabamba, incluyendo la de lluvia: a continuación, subió las tarifas en un treinta y cinco por ciento, provocando una ola de protestas en la que un joven de diecisiete años fue asesinado y otras ciento setenta personas fueron heridas por la policía; tres años después, el gobierno se vio obligado a rescindir el contrato y fue demandado por las compañías.
 
La así llamada "guerra del agua" en Bolivia es sólo uno de los muchos episodios en los que, a lo largo del siglo XX, un gobierno se volvió contra los intereses de sus ciudadanos para proteger los de un puñado de empresas. ¿De qué otra forma explicar, por ejemplo, las trabas que el Gobierno español está poniendo al desarrollo de las energías renovables con su impuesto al autoconsumo eléctrico, también conocido como "impuesto al sol"? ¿Puede un gobierno arrogarse la potestad de disponer de recursos como el agua y el sol? ¿A quién beneficia su privatización y (más importante aún) cómo hemos llegado a esto?
 
 
2
 
John Higgs es un periodista británico, autor (entre otros) de una biografía de Timothy Leary y de un libro sobre The KLF: su Historia alternativa del siglo XX parece bastante distinta a sus proyectos anteriores, pero no lo es. En ella, Higgs recorre los principales hitos del siglo, pero lo hace desplazando el foco, de los acontecimientos políticos y los nombres que conforman el sustrato de toda obra historiográfica a las innovaciones tecnológicas, teorías científicas y tendencias demográficas que dieron forma a esos acontecimientos y determinaron la emergencia de esos nombres: desde la teoría de la relatividad hasta el posmodernismo y la catástrofe medioambiental hacia la que nos dirigimos (pasando por la guerra, el individualismo, la teoría de la incertidumbre, el nihilismo, la carrera espacial, la liberación sexual, el surgimiento del adolescente como figura cultural y agente de consumo y la Red), Higgs aborda el desasosiego que supuso la comprobación científica de la validez de puntos de vista antagónicos (lo que supone, también, la aceptación de que estamos imposibilitados de ofrecer una explicación racional, absoluta y libre de paradojas de cómo funciona el mundo) y el modo en que las artes y la sociedad reaccionaron a ello.
 
En su Historia alternativa del siglo XX aparecen los nombres inevitables de T.S. Eliot, Iosif Stalin, Sigmund Freud, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Steve Jobs, Werner Heisenberg, Margaret Thatcher y Adolf Hitler, pero también el Efecto 2000, la canción "My Way", Casablanca, las flappers y el punk, y lo interesante de este libro es el modo en que su autor los sitúa en series: para explicar el individualismo, por ejemplo, Higgs recurre a la obra del esoterista británico Aleister Crowley, al Jay Gatsby de la novela de Francis Scott Fitzgerald y a la obra de Ayn Rand; puede parecer un recorrido caprichoso (también puede parecerlo el que lleva a cabo para explicar el posmodernismo, que pasa de Woody Allen a la New Age y de la obra de Andy Warhol a la de Francis Fukuyama), pero funciona, porque permite al autor resumir y explicar un fenómeno complejo en unas pocas páginas.
 
Desde el auge del movimiento sufragista a los cambios en las modas (para quien desee saberlo, "la cantidad de tela empleada para hacer un vestido medio pasó de dieciocho metros cuadrados antes de la Gran Guerra a seis metros cuadrados", 108), desde la extraña trayectoria de Little Richards hasta la ampliación del vocabulario del siglo XX con los tres neologismos que quizás mejor lo definan ("adolescente", "racismo" y "genocidio"), desde el enfrentamiento entre Beatles y Rolling Stones como resultado del conflicto entre una visión colectiva y otra individualista del placer hasta el neopaganismo de la religión Wicca, desde la comparación entre el comportamiento adolescente y el de las corporaciones empresariales hasta la utopía colectivista de Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury, desde el modernismo artístico al posmodernismo, desde el psicoanálisis a la ciencia ficción y de ésta al neoliberalismo y sus eufemismos acerca de la creación de riqueza y la economía de goteo que están en el origen de situaciones como la que tuvo lugar en Bolivia en relación al agua: todas ellas son, para Higgs, el producto de la misma incertidumbre y del vacío imperante en un mundo en que, ya muerto Dios, el hombre se ve imposibilitado de ocupar su lugar. Para el autor británico, el siglo XX fue testigo de la demolición de aquellas ideas que situaban al ser humano en el centro del universo, pero también de los intentos de otorgar sentido a la experiencia de vivir en él, y su Historia alternativa del siglo XX es un buen ejemplo de que es posible contar todo ello sin recurrir a los caminos más transitados. Un muy buen libro.
 
 
John Higgs
Historia alternativa del siglo XX. Más extraño de lo que cabe imaginar
Trad. Mariano Peyrou
Barcelona: Taurus, 2015

[Publicado el 07/12/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: John Higgs, Ensayo, Taurus]

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Viaje a la semilla / "Pequeño fracaso" de Gary Shteyngart

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Gary Shteyngart tiene veinticuatro años cuando tropieza en la librería neoyorquina The Strand con un libro de fotografías de San Petersburgo, la ciudad en la que vivió cuando ésta se llamaba Leningrado y él, Igor Semiónovich. La inmersión en el pasado que resulta de ese descubrimiento podría parecer, en cierto sentido, una fuga: Shteyngart se está quedando calvo, tiene un trabajo anodino que "exige unos treinta minutos de dedicación al año, en su mayor parte destinados a corregir las pruebas de los folletos que enseñaban a los rusos recién llegados las maravillas del uso del desodorante" (11), debe cinco mil dólares a su banco, trabaja desde hace años en una novela absurdamente titulada "Las pirámides de Praga" y es casi virgen y prácticamente alcohólico; es, en resumen, el "pequeño fracaso" en el que sus padres sabían que se convertiría desde hace años.
 
Sin embargo, el viaje "a la semilla" iniciado por Shteyngart allí y entonces (y terminado aquí y ahora, en este libro que publica la española Libros del Asteroide en la elegante traducción de Eduardo Jordá) no tiene para ofrecer ningún refugio, ya que el pasado no ha sido un sitio mejor. Shteyngart ha sido un niño enfermizo y temeroso desde su nacimiento, víctima frecuente de terribles ataques de asma para los que la medicina soviética sólo conocía una solución, las cataplasmas (cuando, pocos días después de su nacimiento, su madre consultó a una enfermera porque estornudaba mucho, esta sólo pudo recomendarle que le dijera "Jesús", 33), y centro neurálgico de un matrimonio escasamente avenido cuya figura central es (para el narrador, aunque el lector comprende rápidamente que el personaje más importante de este libro es la encantadora, a menudo irritante madre) un padre ingeniero que le contaba historias pero también se volvía contra él a menudo, golpeándolo frecuentemente.
 
Shteyngart encontró refugio en los libros, los ajenos (El maravilloso viaje de Nils Holgersson de Selma Lagerlöf especialmente), pero también en los propios cuando su abuela Galia, que había sido periodista, sobornó al pequeño Igor para que escribiese con lo único de lo que disponía: "Por cada página que escribas, te daré un trocito de queso. Y por cada capítulo que termines, te haré un sándwich con mantequilla y queso", le dijo (78). Un niño famélico terminaba y comenzaba un escritor.
 
A la novela Lenin y el ganso mágico le siguió Vladímir Ilich Lenin conquista Andrómeda, pero también la huída con sus padres a los Estados Unidos en 1979 ("Llegar a América después de haber pasado toda la infancia en la Unión Soviética es algo muy parecido a caerse en un acantilado monocromático y aterrizar en una piscina en tecnicolor", 122), las primeras experiencias estadounidenses (que incluyeron un desusado amor por las cajas de cereales, la amistad de una niña tuerta, la dificultosa convivencia en un piso de sólo una habitación de toda la familia, incluyendo un violento abuelastro alcohólico apodado "Goebbels" por sus amigos, las humillaciones en el colegio judío al que los padres, necesitados de hacerse con una identidad nueva y un nuevo colectivo al que pertenecer, lo enviaron pese a sus protestas, una circuncisión forzosa, la visita al cine de padre e hijo para, por error, terminar viendo Emmanuelle, etcétera). En el centro, siempre, la literatura como refugio: cuando tenía aproximadamente doce años de edad, Shteyngart escribió una especie de space opera titulada El desafio (sic) en la que judíos, árabes y latinos se enfrentaban por la posesión de un planeta llamado Atlanta (ganaban los judíos, naturalmente) y una parodia de los textos escolares denominada "La Ñorá" ("Primero no había nada, sólo un chicle Hubba Bubba. Y el chicle explotó y se formó la tierra. Y el azúcar del chicle se convirtió en polvo. Y una pastilla de edulcorante Nutra Sweet se convirtió en hombre", 200), y ambas lo convirtieron en uno de los niños más populares del colegio; todo lo cual no parece haberle servido de mucho cuando, en The Strand, años después, el narrador echa involuntariamente, y por fin, una vista al pasado.
 
¿Qué convierte a alguien en un escritor? La pregunta sólo puede ser respondida de forma parcial y atendiendo a cada caso de forma individualizada. En el de Shteyngart, el origen parece haber estado en los trozos de queso y el amor de su abuela materna, así como en la extranjería, en la confrontación con unos Estados Unidos que se debatían entre la ligereza y el optimismo y el terror nuclear y en las muchas distracciones y desvíos del camino que el autor de Una súper triste historia de amor verdadero recorrió y que incluyeron un instituto para "genios de las matemáticas", una universidad liberal en la que era posible asistir completamente colgado a un "curso de introducción a los Beatles" dado por alguien tan colgado como sus alumnos ("el Oberlin College se fundó en 1833 con la finalidad de que la gente que no había podido encontrar el amor -los tullidos emocionales y los hombres elefante de todo el mundo- pudieran por fin encontrarlo", admite el autor; 306), algunas novias (incluyendo una que acabaría intentando cometer un asesinato), un trío amoroso y kilogramos de marihuana fumada en soledad y en compañía; también la generosidad del escritor Chang Rae-Lee, que consiguió al joven Shteyngart su primer contrato de publicación.
 
Aunque Pequeño fracaso es la historia de la transformación del niño soviético Igor Semiónovich Shteyngart en el escritor estadounidense de (casi) el mismo nombre, también es la historia de la comprensión de un incidente casi banal vivido en la infancia y recordado, fulminantemente, en The Strand años después, un canto de amor a la ciudad de Nueva York y la historia de un puñado de personas que cambió de bando en el momento más álgido de la Guerra Fría ("A nosotros, los judíos soviéticos, nos invitaron a la fiesta equivocada", reconoce el autor; 253), a pesar de lo cual no es una historia triste ni demasiado seria, ya que, según Shteyngart, "la gente que cree que la literatura debe ser una cosa muy seria [...] es malévola (en el mejor de los casos) o claramente antisemita (en el peor de los casos)" (348). (Naturalmente, de ser esto cierto, es posible que buena parte de la literatura española contemporánea lo sea.) Pequeño fracaso es, finalmente, un libro conmovedor y muy hermoso de uno de los mejores escritores de su generación.
 
 
Gary Shteyngart
Pequeño fracaso
Trad. Eduardo Jordá
Barcelona: Libros del Asteroide, 2015

 


Publicado originalmente en "Lo que está y no se usa nos fulminará", sección mensual en el blog de la librería argentina Eterna Cadencia. Buenos Aires, noviembre de 2015.
 
"Lo que está y no se usa nos fulminará" es el producto del diario de lecturas que Patricio Pron lleva desde el año 2003. Al no estar destinados específicamente para su publicación, los ensayos breves y reseñas escritos allí por su autor suelen permanecer inéditos, pero "lo que está y no se usa nos fulminará", así que Eterna Cadencia publica mensualmente las notas tomadas tras la lectura del que el escritor argentino considere el libro reciente más estimulante publicado en España o de circulación en ese país (Pron vive en Madrid desde 2008), con especial énfasis en lo que significa leer la literatura argentina "desde afuera". Más información en: patriciopron.com.

 

[Publicado el 03/12/2015 a las 12:30]

[Etiquetas: Gary Shteyngart, Autobiografía, Libros del Asteroide]

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El triunfo de una cierta forma de leer / "Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación" de Ricardo Piglia

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A lo largo de los últimos treinta años, la existencia de los diarios de Ricardo Piglia fue motivo de discusión entre los lectores argentinos. ¿Existían? ¿Eran parte de ellos los fragmentos que su autor publicaba periódicamente como tales? ¿Conformaban, como su autor afirmaba, un reservorio y el origen de los temas tratados en su obra, una de las más importantes de la literatura contemporánea en español?
 
Un documental reciente del cineasta argentino Andrés Di Tella titulado 327 cuadernos y la publicación por parte de Anagrama de Años de formación, primera parte de una trilogía titulada Los diarios de Emilio Renzi, parecen poner de manifiesto que la sospecha era infundada, pese a lo cual es inevitable (y un mérito de su autor, en cierto sentido) que las preguntas en torno a la que éste considera su obra más importante sigan siendo formuladas durante y después de su primera entrega.
 
Años de formación narra el período comprendido entre 1957 y 1967, años en que su autor toma la decisión de ser un escritor, deja de lado las primeras lecturas, estudia Historia en la universidad de La Plata, lee a los que serán posteriormente sus autores de referencia (su enumeración parcial es significativa: Albert Camus, Carlo Emilio Gadda, Malcolm Lowry, Cesare Pavese, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges. Dashiell Hammett), se enamora, ve filmes y extrae de ellos lecciones narrativas (la avidez del joven Piglia es, en ese sentido, notable), juega al billar, asiste a partidos de fútbol, escribe sobre Ezequiel Martínez Estrada, participa de las batallas políticas de su época (por el laicismo de la enseñanza universitaria, contra la invasión estadounidense a Santo Domingo y el acoso a Cuba, por la creación siempre frustrada de una izquierda argentina al margen del peronismo, etcétera), se hace anarquista, se hace marxista, se hace trotskista, ayuda a su abuelo a extraer algún tipo de lección de la experiencia de la Primera Guerra Mundial en el frente alpino, vive en pensiones, da clases, establece sus primeras amistades literarias (Juan José Saer, Daniel Moyano, Miguel Briante, Germán García, Rodolfo Walsh), dirige revistas, traduce, escribe sus primeros relatos, publica su primer libro. De fondo, un país que cambia radicalmente y constituye el fermento de la que posiblemente haya sido la época más importante de la historia cultural argentina, en no escasa medida gracias a Piglia y a sus amistades.
 
1957 y 1967 delimitan el período de formación no sólo intelectual de su autor, pero su intrusión en el texto y el exceso de perspectiva otorgan al libro un carácter ambiguo. Mientras lee Años de formación, uno se pregunta qué es exactamente un diario y si éste lo es. No es una pregunta ingenua: si se define el género, por ejemplo, como "un registro personal de experiencias, ideas y reflexiones escrito regularmente" (Kathleen Morner y Ralph Rausch), la respuesta a la pregunta es que este nuevo libro de Ricardo Piglia lo es pese incluso a que la temporalidad convencional del diario (su carácter iterativo) no existe aquí excepto como promesa. En Años de formación leemos a Ricardo Piglia leyéndose, interviniendo su pasado y reescribiéndolo; el libro no es tanto la transcripción de unos cuadernos como una suma de textos intervenidos cuyo tema es la transformación en escritor de su protagonista y cuya selección está supeditada a la idea que su autor tiene acerca de qué es un escritor en 2015; y no en 1957 o en 1967, cuestión que el autor hace explícita cuando afirma que "la verdadera legibilidad siempre es póstuma" queriendo decir posterior o subsiguiente (66).
 
La doble temporalidad de estos textos (escritos por Ricardo Piglia en 1965 o 1967 pero leídos e intervenidos por él en 2015, en una operación curatorial sobre el pasado que le otorga un significado retrospectivo) se pone de manifiesto en el hecho de que aquí aparecen ya los principales temas y procedimientos de la obra "adulta" de Piglia (la sustracción del sentido de la anécdota que permite inferir que existe un segundo relato "oculto" bajo la superficie del primero, la invención al margen de las instituciones y como forma de resistencia política, la reproducción y sus vínculos con lo real, la reflexión sobre las series, el azar y las características gramaticales de un lenguaje hipotético para narrar la experiencia, el fracaso de los proyectos individuales, etcétera), pero también en la atribución de los diarios a Emilio Renzi, el avatar más común de Piglia en sus textos.
 
En ese sentido, Años de formación no debería ser leída como la transcripción de los diarios de Ricardo Piglia de 1957 a 1967 sino, más bien, como los diarios de Ricardo Piglia de 2015, período en el que habría estado leyendo y ordenando sus diarios: el distanciamiento, el extrañamiento de la operación se pone de manifiesto en la atribución a Renzi, pero también en el tránsito de la primera a la tercera persona del singular en la transcripción. Años de aprendizaje son y no son los diarios de Ricardo Piglia y, por consiguiente, ratifican al tiempo que deslegitiman la leyenda de su inexistencia. (¿No era la invención privada y la incertidumbre acerca de su significado uno de los principales temas de la obra de Piglia? ¿Qué podía ser más consecuente con la visión de la literatura de su autor y una especie de lección narrativa que esos diarios no hubiesen existido nunca?) También agregan una complejidad más a su obra. ¿Cómo leer Los diarios de Emilio Renzi? ¿Qué significado atribuir al hecho de que el relato titulado "La moneda griega" (insertado aquí entre los diarios de 1966 y 1967, lo que indica que fue escrito por esa época o aborda sucesos de esos años) se refiera a hechos fechados originalmente en torno a 1970 y sea la reescritura del cuento "Pequeño proyecto de una ciudad futura" publicado por Letras Libres en octubre de 2001? ¿Cómo evitar pensar que en su inclusión hay una cierta lección literaria? ¿De qué forma leer sin sospecha el punto culminante de una obra literaria que ha hecho de la sospecha su principal enseñanza? Los lectores seguiremos preguntándonos esto durante muchos años, en una manifestación más del triunfo de Piglia, cuya obra aborda precisamente estas cuestiones: "las significaciones escondidas en el interior de una serie indiscriminada de acontecimientos" (55) que trazan la silueta de una vida.
 
 
Ricardo Piglia
Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación
Barcelona: Anagrama, 2015
 
 
Publicado originalmente en Letras Libres 169 y 202. Madrid y Ciudad de México, octubre de 2015. 

[Publicado el 01/12/2015 a las 11:30]

[Etiquetas: Ricardo Piglia, Diarios, Anagrama]

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Literatura con por qué / Nosotros caminamos en sueños 35

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John Barth, a quien nunca leerás en Brain Pickings / Crédito de la imagen, de su autor.

Brain Pickings fue fundada en 2006 y es una de las páginas web de literatura más populares del mundo. La labor de difusión de su autora es notable; su importancia, comprobable en el número de títulos publicados tras cada una de sus recomendaciones, digna de mención: si la conversación sobre literatura tiene algún futuro (podría pensarse), éste se parecerá bastante a Brain Pickings.
 
Sin embargo, hay un aspecto inquietante en la aproximación de esta página web a la literatura y es el carácter utilitario que le otorga. En Brain Pickings, los autores "enseñan" cosas a los lectores: la poeta Mary Oliver "enseña" sobre la vida en pareja, Virginia Woolf sobre el dolor como estímulo artístico, Jack Kerouac sobre la importancia de la meditación, Sylvia Plath sobre el trabajo manual, Grace Paley sobre envejecer, Willa Cather sobre la felicidad, Jorge Luis Borges sobre la psicología de las mayorías.
 
"La realidad no existe y el objeto de la literatura es probar esta tesis", afirmó John Barth. No es cierto, pero la frase previene contra su concepción utilitaria. A diferencia de lo que sucede con los libros de autoayuda (y pese a Brian Pickings), ninguno de los textos de relevancia de nuestra cultura puede resumirse a una lección de algún tipo. La literatura es (o debería ser) sin por qué, y también debería carecer de explicación nuestro interés por ciertos textos, como no tienen explicación las cosas que nos dan placer. Renunciar a ese aspecto caprichoso y lúdico de nuestra forma de leer es someter a la literatura a una visión utilitaria, económica, de los textos, y es también olvidar que la literatura de relevancia es, precisamente, una reacción a esa visión, una apuesta por un deseo que no necesita justificación ni explicación alguna.
 
 
Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección quincenal en El País Semanal. Madrid, 27 de octubre de 2015. 

[Publicado el 27/11/2015 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Dios, Patria, Hogar / "El clan" de Pablo Trapero

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Un fotograma del filme / Crédito, de su autor.

"Nunca haré nada que ponga a mi familia en riesgo", afirma Arquímedes Puccio (Guillermo Francella) en El clan. Unos siete años antes de esas palabras (en 1976), y fuera de la ficción, los responsables de la dictadura argentina que había comenzado ese año justificaban la quema de libros de Pablo Neruda y Gabriel García Márquez entre otros autores afirmando que hacían mella en "nuestro más tradicional acervo espiritual: ‘Dios, Patria y Hogar'".
 
Visto desde la Argentina, y desde la perspectiva de alguien que escuchó esas tres palabras durante buena parte de su escolarización, lo interesante del nuevo filme de Pablo Trapero (más que su asombroso y muy eficaz uso de un ídolo juvenil como Peter Lanzani y un actor de comedia como Guillermo Francella cuyo único recurso actoral consiste en no pestañar durante la mayor cantidad de tiempo posible) es, por una parte, el fragmento de historia cultural argentina al que permite acceder de forma casi incidental, un fragmento que incluye canciones, filmes, una cierta jerga juvenil, programas de televisión y radio que posiblemente le resulten indiferentes al espectador español pero con el que el argentino no puede evitar identificarse.
 
Por otra parte, si El Clan resulta tan interesante para un espectador argentino es porque pone de manifiesto que ni el regreso formal a la democracia en 1983 ni la publicación de un testimonio de la contundencia y el rigor del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que daría origen al Nunca más estaban en condiciones de poner un punto final al horror de los años pasados al que, en las imágenes documentales con las que Trapero abre el filme, el presidente Raúl Alfonsín llama el "camino que jamás deberemos transitar en el futuro". A finales de 1983, la democracia argentina condenaba a diversas penas de prisión a cinco de los principales responsables militares de la dictadura, incluyendo a Jorge Rafael Videla y Emilio Massera. Durante la Pascua de 1987, cuatro años después, un levantamiento militar obtenía una importante victoria política al imponer la tesis de que los mandos medios y bajos de las fuerzas armadas debían ser eximidos de dar cuenta de sus actos porque "sólo" habían cumplido órdenes. A la Ley de Obediencia Debida de ese año le siguieron otras dos rebeliones militares al año siguiente y una amnistía general en 1989 para integrantes de las fuerzas armadas condenados, detenidos y procesados por su participación en el terrorismo de Estado, en los alzamientos militares y en la nefasta guerra de Malvinas, así como a los jefes de las organizaciones político militares de la década de 1970, y un indulto a los principales responsables de la dictadura al año siguiente, ambos firmados por el presidente Carlos Menem. En menos de seis años, el consenso en el que se fundaba la democracia argentina (que los hechos del pasado reciente no se repetirían "nunca más") quedaba enterrado en el lodo de la Realpolitik.
 
El clan transcurre entre 1982 y 1985 y apunta a los pactos de silencio y a las continuidades en las que se sostiene cualquier cambio de régimen, también el argentino. La historia de Arquímedes Puccio y del grupo de individuos a las que reclutó para perpetrar secuestros extorsivos en ese período es la de un puñado de personas que, habituadas durante la dictadura a secuestrar a activistas políticos y asesinarlos, continuaron con su actividad durante la democracia transformando su supuesta defensa del país en una actividad trivialmente recaudatoria. Si los crímenes del "clan Puccio" inquietaron a la sociedad argentina en su momento y aún resultan incómodos es porque habían sido llevados a cabo por personas "normales" y contra quienes, como ellos, creían que la sociedad argentina se fundaba en la tríada "Dios, Patria y Hogar". Personas (en su mayoría) que no se habían escandalizado con la evidencia del asesinato, la tortura y la desaparición en nombre de la supuesta defensa de esos valores.
 
La historia de los Puccio ilustra la famosa "banalidad del mal" de la que habló Hannah Arendt y todavía inquieta porque demuestra que las bases en las que se funda una sociedad y las prácticas que son resultado de ellas cambian con mayor lentitud que las instituciones políticas que ésta se otorga. De hecho, fue necesario que transcurriesen veinte años de democracia argentina para que los indultos firmados en 1989 y 1990 fueran considerados contrarios a la Constitución y otros diez para que la Argentina pueda decir, por fin, "nunca más" a un horror que, por fin se sabe, involucró tanto a militares como a civiles. En el medio, la difícil y desagradable aceptación por parte de una sociedad traumatizada de que los asesinos siempre están entre nosotros.
 
 
Publicado originalmente en Cultura del diario El País. Madrid, 12 de noviembre de 2015.

[Publicado el 25/11/2015 a las 12:45]

[Etiquetas: Pablo Trapero]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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