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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 23 de noviembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Augusto Pinochet (1915-2006) / Retrato del dictador como artista cachorro

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Al llegar al poder en 1922, Benito Mussolini ordenó que se retirase de circulación Claudia Particella, la novela que había publicado en 1910, porque su anticlericalismo podía perjudicarlo. No fue el único político del siglo XX con ambiciones literarias, por supuesto: Saddam Hussein publicó bajo pseudónimo cuatro novelas y una cierta cantidad de poemas sobre cuyo valor literario existen opiniones encontradas; Saparmyrat Nyýazow, primer presidente de Turkmenistán, es el autor de un tratado moral titulado Libro del alma que debe ser memorizado por estudiantes y aspirantes a funcionario en ese país y del que en una ocasión envió un ejemplar al espacio mediante un cohete para ilustración de eventuales formas de vida extraterrestres; Muamar el Gadafi publicó en 1993 el libro La huida en el infierno (en el que podía leerse la siguiente declaración, que destaca la humanidad del líder libio: "Soy un ser humano como vosotros. Me gustan las manzanas") y en 2003 un opúsculo titulado Isratin: el libro blanco en el que proponía la solución pacífica al conflicto desatado por la ocupación israelí de Palestina mediante la creación de un Estado mixto denominado «Isratina».
 
Resulta singular que todos estos políticos, que detentaron un poder prácticamente absoluto en los países que gobernaron, se viesen movidos a probarse en el ámbito literario. Una respuesta posible al enigma que esto plantea puede encontrarse en un deseo de adquisición del prestigio humanista que se desprendería de la escritura de obras literarias; otra, en la ambición de ser no sólo temido sino también admirado. Lo que parece haberlos impulsado es, sin embargo, la conciencia de una cierta incapacidad intelectual: el deseo de disimularla y, en lo posible, corregirla.
 
 
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Esta parece haber sido, al menos, la motivación de Augusto Pinochet Ugarte. "Desde sus años de cadete militar, cuando debía esforzarse el doble que sus compañeros para conseguir logros que no superaban la medianía", escribe Juan Cristóbal Peña, "Pinochet resintió una adversidad que muy probablemente juzgaba injusta". El futuro dictador chileno fue un estudiante mediocre que fracasó dos veces en su propósito de ingresar a la Escuela Militar (lo consiguió a la tercera) y tampoco destacó allí: se graduó de subalférez con el décimo tercer mejor promedio entre treinta y un alumnos y de alférez con el décimo primero al año siguiente; al ingresar finalmente en la Academia de Guerra, el joven Pinochet era considerado "un oficial tropero, con condiciones especiales para la vida de cuartel y el mando de soldados", pero también como un alumno de inteligencia sólo "satisfactoria" que necesitaba mejorar su dicción para ser tomado en serio.
 
Fue precisamente la Academia de Guerra, donde Pinochet consiguió un puesto como profesor auxiliar gracias a la intercesión del general Gregorio Rodríguez Tascón, el lugar que escogió para disimular sus falencias intelectuales mediante la escritura. En 1953 publicó una Síntesis geográfica de Chile, Argentina, Bolivia y Perú y dos años después una Síntesis geográfica de Chile, en 1967 una obra titulada Geografía militar y a continuación Geopolítica: en todos los casos se trataba de obras divulgativas construidas laboriosamente a partir de apuntes de clases en los que no se citaban las fuentes ni se incluía bibliografía; el último de ellos, plagia abundante y descaradamente una obra de Rodríguez Tascón, quien nunca perdonó a su alumno.
 
03
 
A comienzos de la década de 1970 Pinochet "era consciente del menosprecio intelectual que Allende y otros políticos de la Unidad Popular sentían por él", afirma Peña. El sangriento golpe militar del 11 de setiembre de 1973 adquiere, tras esta afirmación, un carácter distinto: Pinochet parece no sólo haber querido obtener el poder sino también poner punto final a una rencilla intelectual y castigar a quienes lo habían menospreciado. En el gobierno continuó publicando libros, los cuales (a diferencia de sus obras anteriores) trascendieron el círculo de los interesados en asuntos militares y recibieron reseñas atemorizadas y obsecuentes en los principales medios de prensa chilenos: Ensayo sobre un estudio preliminar de una geopolítica de Chile en el año 1965 (1979), El día decisivo (su memoria personal del golpe), una selección de exabruptos titulada Política, politiquería y demagogia (a la que la revista La Bicicleta describió como el resultado de "una nueva fulgurante estrella de las letras nacionales, de un narrador con voz encendida de poeta, de un maestro sin par en el uso de la metáfora de alto vuelo, de un semidiós del punto y coma y la frase intercalada", todo ello aparentemente sin ironía) y los discursos de Patria y democracia [sic]. Más tarde, tras su derrota en el plebiscito de 1988 y su sustitución por el demócrata cristiano Patricio Alwyn (Pinochet mantuvo el cargo de comandante en jefe del Ejército hasta 1998 y a continuación se hizo designar senador vitalicio), publicó Camino recorrido (que incluye una frase ya famosa acerca de la ciudad de Arequipa: "Una gran visión de belleza, tal como si fuera una ciudad de leyenda espolvoreada de azúcar flor"), primer tomo de unas memorias personales y políticas a las que siguieron otros dos más publicados en 1991 y 1993.
 
 
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"La secreta vida literaria de Augusto Pinochet" que narra Juan Cristóbal Peña en su libro homónimo (continuación, por lo demás, del ensayo "Viaje al fondo de la biblioteca de Pinochet") no se limitó a la escritura de libros, sin embargo: una investigación por enriquecimiento ilícito iniciada en 2006, poco antes de su muerte, reveló que su biblioteca personal se componía de unos cincuenta y cinco mil volúmenes entre "primeras ediciones, antigüedades y rarezas" que había adquirido con dinero público o sencillamente robado de instituciones gubernamentales cuya tasación alcanzó los tres millones de dólares. Buena parte de esos títulos componía una de las bibliotecas de textos marxistas más importante de América Latina.
 
Al igual que en muchos otros dictadores del siglo XX, Augusto Pinochet parece haber tenido una actitud ambivalente en relación a los libros y a la literatura: destruyó la Editora Nacional Quimantú, encarceló y asesinó o forzó al exilio a decenas de escritores e intelectuales chilenos e instauró la censura editorial, pero también escribió incesantemente, acumuló libros, convirtió el Premio Nacional en un coto privado de los autores afines al régimen (a uno de los cuales, el hoy desconocido Enrique Campos Menéndez, le pagó con él la reedición de un libro suyo sobre la guerra del Pacífico), se esforzó por que lo visitase Jorge Luis Borges y lo consiguió el 22 de setiembre de 1976 (a Borges esto le costó el Premio Nobel de Literatura, como se sabe), aceptó con satisfacción ditirambos como el de Manuel Araya Villegas, quien afirmó: "si don Augusto Pinochet se hubiera dedicado a la literatura en forma exclusiva, se habría destacado como un connotado escritor en América".
 
El escritor chileno Rafael Gumucio sostiene en Historia personal de Chile: De Almagro a Bachelet (Santiago de Chile: Hueders, 2013) que "todo (atentados, fracasos, conspiraciones) lo sobrellevó Pinochet. Sólo una herida nunca pudo cerrarse: la de sentirse íntimamente fuerte, bello, marcial y brillante, y ver sin embargo en el espejo a un hombre sin gracia y sin cuello, la sombra de un funcionario público cazurro y tramposo". Quizás la aspiración de ocultar esa herida esté en el fondo de sus decisiones políticas; en no menor medida, sin embargo, esas decisiones parecen haber sido el resultado de la aspiración de ser un escritor: Juan Cristóbal Peña menciona que el 11 de setiembre de 1973, en la hora de su triunfo, Pinochet prefirió no sumarse a las celebraciones de sus subordinados; se retiró a su despacho y ordenó que le trajeran al escritor Álvaro Puga para hablar de literatura: cuando Puga se retiraba, Pinochet le dedicó dos libros suyos.
 
 
Juan Cristóbal Peña
La secreta vida literaria de Augusto Pinochet
Santiago de Chile: Debate, 2013
 
[Publicado originalmente en El Cultural de El País de Montevideo. 14 de marzo de 2014.] 

[Publicado el 15/4/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Juan Cristóbal Peña, Augusto Pinochet, Ensayo, Debate]

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El enciclopedismo irónico / "Artistas sin obra" de Jean-Yves Jouannais

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Gustave Flaubert demostró hace más de un siglo que la acumulación enciclopédica conduce a la ignorancia y al absurdo: Bouvard y Pécuchet aspiran a una totalidad que se amplía, y la novela de la que son protagonistas es publicada inconclusa; Flaubert muere de una "congestión cerebral". Los tres (digámoslo así) demuestran que hay ambiciones ridículas por desmesuradas, dando paso a un enciclopedismo irónico que actualmente está detrás de las manifestaciones más interesantes de nuestra cultura; por ejemplo "L'Encyclopédie des guerres", la "acumulación azarosa de novelas, tratados y ensayos" acerca de los conflictos bélicos a la que Jean-Yves Jouannais está abocado desde 2009, y que es resultado del mismo gesto acumulativo al tiempo que desencantado que hizo posible exhibiciones como "L'Idiotie dans l'art du xxe siècle" (2000) y, particularmente, el libro de 1997 Artistas sin obra "I would prefer not to", que Acantilado publica ahora en traducción de Carlos Ollo Razquin y con el prólogo que Enrique Vila-Matas escribió para la reedición del libro en 2009.
 
Artistas sin obra se ocupa de aquellos que interrumpieron su actividad artística o nunca la iniciaron, en un gesto de negación del arte que, a modo de corriente subterránea de negatividad y silencio, recorre toda su historia en los últimos dos siglos y de la que ya se ocupó Vila-Matas en la magnífica Bartleby y compañía (2001). Este libro de Jouannais es todo lo que una enciclopedia "seria" no debería ser: caprichosa, carente de rigor sistemático, mistificadora (de lo que se derivó la interesante exposición "Félicien Marbœuf, 1852-1924") y vaga en su planteamiento, por lo que el lector se queda sin saber tras la lectura qué entiende el autor por un artista, y qué no. Todo ello la convierte, naturalmente, en el tipo de obra que requiere la complicidad del lector; a modo de contraprestación, las vidas de algunos de los escritores más interesantes de la literatura europea de las últimas décadas, algunos ya favoritos de esta casa: Jacques Vaché, Armand Robin, Félix Fénéon, Roland Barthes, Jacques Rigaut, Roberto Bazlen, Joseph Joubert, etcétera.
 
 
Jean-Yves Jouannais
Artistas sin obra "I would prefer not to"
Trad. Carlos Ollo Razquin
Pról. Enrique Vila-Matas
Barcelona: Acantilado, 2014

[Publicado el 10/4/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Jean-Yves Jouannais, Enrique Vila-Matas, Ensayo, Acantilado]

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Algunas fábulas de la incomunicación / "Máscara" de Stanislaw Lem

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En su relato "El amigo", Stanisław Lem narra la historia de la construcción por parte de un extraño anciano y de su ayudante de un "catalizador" para hacer corpórea una cierta conciencia superior, Dios o una especie de absoluto tecnológico; la máquina (por supuesto) no funciona, pero durante unos breves instantes permite que el narrador sea absorbido por esa conciencia
 
Escuché, por vez primera, mi voz interior, un terrible rugido sobre mi cabeza, un aullido dirigido a mí, un espantoso balbuceo, un diluvio de palabras tan rápidas que la garganta humana no sería capaz de emitir: peticiones, hechizos, promesas, premios, súplicas de piedad; aquella voz resonaba en mi cabeza y llenaba el sótano entero (150).
 
Se trata posiblemente de uno de los pasajes menos logrados de la obra de Lem, pero también de una demostración de su valentía y de su inteligencia, que le hicieron tratar de narrar incluso aquello que el autor polaco consideraba inenarrable: una conciencia indiferente a la existencia humana, un absoluto fuera del tiempo.
 
A lo largo de los cuentos de Máscara Lem trasciende las visiones estereotipadas de la ciencia ficción para sostener que la innovación tecnológica supone un retroceso del conocimiento, debido a que reduce el ansia de saber al tiempo que crea máquinas que, en su perfección y complejidad, pueden un día considerar innecesario resolver los problemas humanos: incluso aunque esto no fuese así, el conocimiento que surgiría del avance científico sería, en última instancia, incomunicable. La incomunicación entre formas de vida disímiles, por cierto, está presente en "La rata en el laberinto" (donde la situación de los encerrados en una nave espacial caída sobre la Tierra cuya "consciencia" intenta comunicarse con ellos es equiparada con la de la rata que debe encontrar el final del laberinto en las pruebas de laboratorio), en "El martillo" (en el que el ordenador de una nave espacial prolonga el viaje mediante cálculos erróneos para no separarse de su tripulante) y en otros textos del libro, pero especialmente en "El diario", que reúne los pensamientos de una especie de satélite independizado de sus creadores. Existe un conocimiento, paree decir Lem, pero éste es demasiado grande para la especie humana: si ésta lo adquiere, el conocimiento la destruye.
 
Digámoslo una vez más: Lem no es un autor de ciencia ficción (de hecho, cuando se aboca a ello suena inevitablemente paródico, como en "La invasión de Aldebarán"), sino un autor de ficción especulativa que explora la innovación tecnológica (en lo que coincide con los autores de la ciencia ficción) para poner en cuestión un presente "construido con exclusiones, negaciones y diversas suposiciones, cada una más opaca que la anterior" que convierten el conocimiento científico en "una fantasmagoría" (252). A Lem no le interesa el futuro, y no es curioso que la única referencia explícita que se hace a él en Máscara venga a decir que lo único que no se previó es que nada cambiaría; tampoco manifiesta ningún entusiasmo por la conformación de leyes: por el contrario, cree (como el narrador de "El diario") que "en los intersticios, en los nexos, donde la casualidad y la necesidad conviven fraternalmente, han surgido multitud de formas sumamente interesantes" (269). Lem opera como el protagonista de su cuento "Moho y oscuridad", cubriendo con un pañuelo un objeto prácticamente invisible (pequeño, inquietante, carente de por qué y de cometido, como muchos de los elementos en la obra del escritor polaco) para poder verlo, y es precisamente esa paradoja de cubrir para revelar la que mejor define su método de trabajo. No es necesario decir que ese trabajo es uno de los más interesantes de la literatura del siglo XX.
 
 
Stanisław Lem
Máscara
Trad. Joanna Orzechowska
Madrid: Impedimenta, 2013

[Publicado el 08/4/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Stanisław Lem, Cuento, Impedimenta]

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Realidad chanante / Nosotros caminamos en sueños 5

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A menudo me pregunto qué reacciones provocó la emisión el 5 de mayo de 2002 del primer episodio de La Hora Chanante; por entonces no vivía en España, de modo que mi descubrimiento del humor "chanante" se produjo en dos sentidos: hacia atrás, viendo fragmentos del programa mencionado en YouTube (una plataforma con la que los "chanantes" tienen una relación de amor-odio), y hacia adelante, con Muchachada Nui, Museo Coconut y los proyectos individuales de sus componentes. Mi perspectiva, en ese sentido, está viciada: para cuando llegué a España (en marzo de 2008), expresiones como "gayer", "repeinao", "gambitero", "entreteto", "a cascoporro", "pataliebre", etcétera formaban parte ya del habla cotidiana española, y la revolución de La Hora Chanante parecía haber dejado paso a una nueva normalidad.
 
Esa normalidad, por supuesto, era sólo aparente, ya que no hay nada normal en el humor "chanante", entre otras cosas porque no parece tener como punto de partida el humor tradicional (televisivo o teatral, poco importa), sino las prácticas de las vanguardias históricas, más específicamente el "détournement" situacionista. La repetición con distancia crítica opera, por ejemplo, en "Retrospecter", en un tipo de imitación cuya legitimación no radica en la fidelidad sino en el distanciamiento del personaje (un distanciamiento que, paradójicamente, establece un trato íntimo con el personaje imitado, como cuando cierto escritor español compara una novela suya con El hombre sin atributos de Robert Musil y se jacta: "Si no tiene atributos, dudo de que sea un hombre. Yo, por lo menos, tengo unos cojonazos..."), en la atribución de ideas retrógradas a personajes adorables como El Bonico del tó y Marcial Ruiz Escribano. La reciente edición de la totalidad de los programas de Muchachada Nui en DVD permite pensar acerca de estas cosas y hacer una constatación, tal vez banal: la de que la realidad española se ha vuelto chanante y que sólo el arte (disfrazado en este caso de comedia, y de muy buena comedia) puede ponerla en jaque.
 
 
Publicado en Nosotros caminamos en sueños, sección mensual de El País Semanal. Marzo de 2014.

[Publicado el 03/4/2014 a las 10:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Los sueños que siempre terminan transformándose en pesadillas / "El móvil perpetuo. Historia de un invento" de Paul Scheerbart

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A pesar de no haber pertenecido a los círculos expresionistas y dadaístas, el escritor alemán Paul Scheerbart fue muy valorado en ellos: los expresionistas simpatizaban con su rechazo al naturalismo y con la preeminencia en su obra de una imaginación poco habitual cuyos temas eran las sociedades utópicas y la vida en otros planetas y que recurría a la ironía y a la exageración humorística para cuestionar los valores dominantes; los dadaístas, por su parte, aprendieron mucho de poemas suyos como "Kikakoku! Ekoraláps!", que carecen de todo sentido más allá (tal vez) de uno musical.
 
Ni expresionistas ni dadaístas supieron nunca, sin embargo, si Scheerbart hablaba en serio o no cuando afirmaba haberse propuesto la creación de una máquina de movimiento perpetuo; posiblemente ni siquiera él mismo lo supiera. El móvil perpetuo: historia de un invento (publicado por Gallo Nero en su bella colección "piccola", una de las más interesantes del panorama español) es la historia de una especie de fiebre que asaltó a Scheerbart desde el 27 de diciembre de 1907 hasta el 12 de julio de 1910 y que lo llevó a creer una y otra vez que había conseguido dar con uno de los descubrimientos más deseados de su época: el de una máquina que funcionase por sí sola y sin necesidad de combustible. La máquina, por supuesto, nunca funcionó, cosa que parece haber aliviado al escritor alemán, que sabía que su creación habría supuesto la desaparición de la sociedad de su época mediante la introducción de la iluminación permanente de las ciudades, la desaparición de las fronteras políticas debido a una aceleración del desplazamiento, la abolición del dinero, del trabajo, de la lucha de clases y de la religión (también de la producción literaria, porque, como afirma, "no creo que una época de auge económico favorezca a la literatura", 36).
 
Para Scheerbart (y esto lo vincula con las vanguardias históricas que tanto lo admiraron), se trataba de fusionar arte y vida, de estetizar la experiencia mediante la transformación del paisaje. A diferencia de las vanguardias históricas, sin embargo, el escritor alemán comprendió que era necesario que ese proyecto fracasase para que su triunfo se produjese en el ámbito de la estética. Esto y una muerte temprana (en 1915, en un manicomio) le ahorraron adherir al fascismo o al comunismo, que son los regímenes que traicionaron las ilusiones de transformación social de sus colegas vanguardistas, muy posiblemente para nuestro beneficio.
 
Paul Scheerbart puede haber estado loco: el de la invención de una máquina de movimiento perpetuo era uno de los delirios más frecuentes en la época, como recuerda André Blavier en su excepcional Les Fous littéraires (en el que lo incluye), y algunas frases suyas parecen ratificar esto ("Yo no creo que sea yo quien hace todo esto", 24; "Era muy extraño que yo no fuese capaz de saber por qué los prototipos no funcionaban", 67). A pesar de ello, y aunque su obra puede ser descartada desde el punto de vista técnico, no puede ser dejada de lado si se la considera en términos literarios, por su calidad y porque apunta a un asunto central: el de la literatura como depositaria de los proyectos fallidos, de las utopías, de los sueños que siempre terminan transformándose en pesadillas.
 
 
Paul Scheerbart
El móvil perpetuo. Historia de un invento
Trad. Esther Cruz Santaella
Madrid: Gallo Nero, 2014

[Publicado el 01/4/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Paul Scheerbart, Miscelánea, Gallo Nero]

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Querellas literarias / Nosotros caminamos en sueños 4

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"No es que quiera escribir: lo que quiero es estar en polémicas literarias". Una viñeta del New Yorker.

"Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red en el suelo" afirmó Robert Frost; otro poeta, el gran Philip Larkin, dijo: "La idea de expresar sentimientos en líneas cortas con sonidos similares al final me parece tan ridícula como la de que haya mangos en la luna". El enfrentamiento entre la poesía y la prosa es antiguo, y es improbable que alguien lo tome en serio actualmente. "Todo lo que no es prosa es verso y todo lo que no es verso es prosa" afirmó Molière en 1671, zanjando el tema. En tiempos posteriores, la energía destinada a la querella entre poesía y prosa se ha volcado en la resolución siempre demorada de otros conflictos (igualmente absurdos) como la supuesta supremacía de la novela sobre el cuento y la del verso libre sobre la poesía rimada, que es de lo que hablaban Frost y Larkin.
 
Unos días atrás, sin embargo, una noticia ponía en cuestión la afirmación anterior: en la región de Sverdlovsk, en Rusia, un hombre apuñaló a otro después de que éste afirmara que "la única literatura verdadera es la prosa". Al parecer, el asesino era un amante de la poesía; al parecer, también, ambos habían bebido. Quizás el enfrentamiento se debiese a los excesos etílicos de ambos hombres, tal vez fuese el resultado de la siempre insondable alma rusa (de hecho, también en Rusia y también recientemente, un hombre baleó a otro tras haber discutido acerca del filósofo Immanuel Kant, en la que es, pienso, una actitud muy poco kantiana pero bastante rusa). Aunque la noticia parezca sorprendente en tiempos en que la literatura ha perdido por completo su prestigio y su importancia en términos sociales, el hecho es que algunos pensamos que la literatura es una de las pocas cosas por las que vale la pena vivir y matar. No estamos solos: quienes desprecian la literatura olvidan a menudo que todas las grandes religiones y los principales movimientos políticos han sido fundados y legitimados por libros, y que sus muertos son incontables y han muerto por cosas tan poco importantes como una polémica literaria.
 
 
Publicado originalmente en El País Semanal, en la columna "Nosotros caminamos en sueños". Madrid, febrero de 2014.

[Publicado el 28/3/2014 a las 11:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Actualizaciones IX / Marie-Luise Scherer, Mason Currey, Stephen Collins

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Una página de "La gigantesca barba que era el mal", de Stephen Collins. Crédito, del autor.

Quienes hayan leído al espléndido Copi recordarán a las ancianas que pueblan algunos de sus cuentos y, particularmente, su obra gráfica: intrigantes, violentas, lúbricas, de una fealdad en la que Copi se recrea como si quisiese poner de manifiesto que su fealdad es principalmente moral. Me acordé de ellas leyendo el primero de los textos de La bestia de París y otros relatos de Marie-Luise Scherer, que narra los asesinatos de ancianas cometidos por dos inmigrantes antillanos en la década de 1980: si las ancianas del relato de Scherer sólo guardan una relación irónica con las de Copi, Paulin y Mathurin, los asesinos homosexuales, parecen calcados de las "locas" con las que el escritor argentino de lengua principalmente francesa ridiculizaba a la homofobia y a la vinculación entre sexualidades alternativas, enfermedad mental y crimen en Francia, donde el Ministerio de Salud sólo retiró a la homosexualidad de su lista de trastornos mentales en 1981. "La bestia de París" no es el mejor relato del libro, sin embargo: hay un magnífico retrato de Philippe Soupault, el único surrealista que no se comportó como un comerciante de la revolución literaria ni como un constructor de panteones.
 
 
2
 
Afirma Mason Currey que su interés en las rutinas de los artistas "habla más bien sobre la producción que sobre el significado" de su obra (15). Rituales cotidianos puede ser leído, sin embargo, como una desmentida de la afirmación anterior; es decir, como la demostración de que la producción artística es su propio significado y su finalidad última. De hecho, los artistas que aparecen aquí (la lista es larga: desde William Faulkner a James Joyce, de Edith Sitwell a Jonathan Franzen) se parecen, como observó V. S. Pritchett en cuanto a que nunca pararon de trabajar, no perdieron un minuto. Algunos recurrieron a ayudas químicas (W. H. Auden, por ejemplo), otros al alcohol (Patricia Highsmith, Francis Scott Fitzgerald, John Cheever); hay quienes trabajaron de noche y quienes de día, y los que desarrollaron rutinas excéntricas que fueron (por sí mismas) una obra artística. Ninguno de ellos (con las excepciones de T. S. Eliot y Henry Green/Henry Yorke) buscó una comodidad y una estabilidad que son siempre la condena del talento individual, ya que el dinero no es un obstáculo ajeno a la literatura sino una parte sustancial de la misma. Rituales cotidianos viene a recordarnos esto en una época en que sólo se concibe la producción artística como una actividad posterior a la resolución de los problemas materiales, y a menudo como un escollo. Además es un libro extremadamente divertido.
 
 
3
 
A diferencia de lo que sostienen algunos, no hay nada liberador en la irrupción de lo reprimido. El ilustrador y autor británico Stephen Collins, habitual del dominical de The Guardian y de otras publicaciones, ha encontrado para expresar esto una metáfora apropiada: la de una barba que crece irreprimible, desmesuradamente, trastocando la vida de su poseedor y la de la sociedad en la que éste vive, un "Aquí" que existe como reverso de un "Allí" del que nada sabemos. "Aquí", sin embargo, es "Allí" en determinadas circunstancias, y el orden superficial de nuestra sociedad esconde un desorden primitivo y un temor que no son individuales, no componen la estructura de una personalidad individual e intransferible, sino colectivos, como una oscuridad que anidase en nosotros. Al final, esa oscuridad emerge, como una pregunta a los lectores de esta magnífica y perturbadora novela gráfica.
 
 
Marie-Luise Scherer
La bestia de París y otros relatos
Trad. José Aníbal Campos
Madrid: Sexto Piso, 2014
 
Mason Currey
Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas
Trad. José Adrián Vitier
Madrid: Turner, 2014
 
Stephen Collins
La gigantesca barba que era el mal
Trad. Natalia Mosquera
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2014

[Publicado el 26/3/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Marie-Luise Scherer, Crónica, Sexto Piso, Mason Currey, Miscelánea, Turner, Stephen Collins, Cómic, La Cúpula]

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Catástrofes aéreas / Nosotros caminamos en sueños 3

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"...un área de turbulencias. Se ruega a los señores pasajeros que..." Crédito de la imagen, Jason Allen.

A excepción de la televisión española, sólo hay un sitio en el que se pueda ser testigo de un porcentaje singularmente alto de situaciones desagradables en escasos centímetros cuadrados, y ese sitio es un avión. Volar es, en ese sentido, no solamente una pesadilla recurrente, en particular desde la aparición de las compañías de bajo coste (y la adecuación de las demás a las escasas expectativas que estas generan en sus pasajeros), sino también una fuente inagotable de historias, casi todas sórdidas. En junio de 2007, el estadounidense Gregg Rottler decidió que las suyas podían ser de interés y creó una página web dedicada a las experiencias aéreas desagradables. Flights From Hell no es una hoja de reclamaciones ni un espacio para la denuncia; tampoco de autoayuda: su propósito es servir a la transformación de la experiencia personal en colectiva: es decir, en literatura. Los testimonios recogidos en la página abundan en el tipo de situaciones que los viajeros regulares conocen o conocemos bien y dibujan un perfil poco favorecedor de la especie humana: niños que vomitan o lloran ante la mirada impasible de sus padres, baños fuera de servicio a poco de despegar el avión o apestosos tras la visita de ancianas de aspecto inocente, vecinos de asiento decididos a convertir la conversación sobre nimiedades en su principal entretenimiento durante un vuelo intercontinental, adolescentes alcoholizados que gritan, personas indiferentes ante su olor corporal, viajeros que roncan o tosen permitiéndonos conocer qué han comido recientemente, azafatas que ordenan a los pasajeros que "cierren la puta boca", cancelaciones, ancianas que se quejan continuamente, comida irreconocible (más allá de la habitual descripción de "chicken or pasta"), niños que golpean el asiento delantero o saltan en el suyo, pilotos ineptos, gente que se come su propia barba o se corta las uñas de los pies, personas obesas que reclaman más espacio, alemanes que transportan jamones, franceses incluso. Ahora que las vacaciones navideñas han acabado (y todos tenemos nuevas catástrofes aéreas que contar) quizás sea el momento de rebautizar la del ocio turístico como industria de la humillación a gran escala.
 
 
Publicado originalmente en El País Semanal, en la sección "Nosotros caminamos en sueños". Madrid, enero de 2014.

[Publicado el 24/3/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Unos temas habituales, un tratamiento no habitual / "Canciones de amor y de lluvia" de Sergi Pàmies

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Sergi Pàmies nació en París en 1960 pero su obra pertenece a una de las literaturas más desconocidas en España, la catalana. Que esa literatura sea utilizada a menudo como parte de un reclamo soberanista no la hace más popular, por supuesto (al tiempo que soslaya el hecho de que las lenguas y sus literaturas han sido concebidas como herramientas de comunicación y no de segregación y a modo de fronteras), pero lo que importa aquí es que la catalana es una de las literaturas más extraordinariamente pujantes que se producen en el sur de Europa y que, entre todos sus muchos y muy buenos autores, destaca Sergi Pàmies, que publicó su primer libro en 1986, que ganó, entre otros, el premio Ciutat de Barcelona, que es autor del libro La bicicleta estática (del que hablé en algún lugar hace cierto tiempo).
 
Los temas de Sergi Pàmies son los habituales (la soledad, la ruptura amorosa, la muerte de los padres, los rituales cotidianos, la mediocridad de nuestras existencias), pero su tratamiento no es en absoluto habitual. Pàmies escribe con una contención y una simpleza que ocultan su total dominio de lo que está relatando y en cuentos como "Autobiográfico" o "El coloquio" se permite narrar lo que no piensa narrar en un giro metaficcional que le da magníficos resultados. Canciones de amor y de lluvia tiene varios cuentos extraordinarios (los mencionados, "La llave del sueño", "Breve historia del arte"), pero su centro (magnético, inolvidable) es "El nicho", un cuento conmovedor incluso para quienes, como yo, estamos acostumbrados a llevar una lápida en el maletero dondequiera que vayamos.
 
 
Sergi Pàmies
Canciones de amor y de lluvia
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 20/3/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Sergi Pàmies, Cuento, Anagrama]

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Rodrigo Fresán contra el final de la literatura / "La parte inventada"

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Algunos años atrás presencié una conversación entre el escritor argentino Rodrigo Fresán y un puñado de jóvenes autores latinoamericanos en el marco de la cual Fresán fue cuestionado por su deseo explícito de escribir "una gran novela". Años después, y en el contexto de una literatura latinoamericana deliberada y mayoritariamente "ingrávida", carente de peso y de ambición (también de trascendencia), aquella conversación adquiere el carácter de un momento importante ante la enorme ambición de La parte inventada, en la que aparece ficcionalizada ligeramente y como la manifestación de unos tiempos francamente malos para la literatura, pero tampoco mejorables.
 
La parte inventada es la primera novela de Fresán desde El fondo del cielo, publicada en 2009. Su tema es el destino de la literatura en una época de superficialidad y subordinación a una industria del entretenimiento de la que la literatura es un apartado dificultoso y poco redituable; su tono (inevitablemente) es funerario. La novela tiene como protagonista a El Escritor, alguien que conoció cierto éxito algunos años atrás y que decide desaparecer. Su desaparición (cuyas motivaciones sólo se conocen en extenso en la última sección de la novela) es considerada desde diferentes perspectivas que corresponden a las siete secciones del libro (las cuales, a su vez, responden a los que serían los "únicos" siete temas de la literatura según algunos) y que dan cuenta de los intereses y las preocupaciones habituales de Fresán: una infancia frágil caracterizada por la soledad y la acechanza de un peligro inminente, la vocación como una decisión infantil (que El Escritor toma aquí cuando consigue librarse de morir ahogado), la familia como la caja de resonancia de los peligros del exterior más que como un refugio (en La parte inventada, unos Karma que parecen los antecedentes disparatados de los Mantra de la novela homónima de 2001), la literatura del siglo XIX como cumbre máxima y ejemplo a imitar, el azar, las vidas de los escritores como espejos deformantes, la necesidad de desaparecer, de dejarlo todo atrás para ser uno con la obsesión y con la literatura, el interés por la ciencia ficción (que conecta este libro con el anterior El fondo del cielo), la enfermedad, la memoria sentimental de discos y libros cuya significación es tanto estructural como subjetiva (y el homenaje a los maestros: Pink Floyd, Bob Dylan, The Kinks, John Irving, Kurt Vonnegut, William Burroughs, Francis Scott Fitzgerald, etcétera), la amistad (que siempre se articula en torno a un interés común, a menudo literario, que condena a algunos y salva a otros), el amor, el final de la literatura.
 
A pesar de esto último, en la novela hay una vitalidad y una ambición extraordinarias que refutan el diagnóstico (recurrente en el libro) de que la literatura estaría viviendo su final: Fresán ha escrito una novela de una potencia tal que permite pensar que esta sobrevivirá (a las especulaciones editoriales, a la proliferación de textos y de autoridades que se produce en la Red y a un tiempo cuyos escritores parecen haberse resignado a la producción de pseudoliteratura para pseudolectores) si textos como este continúan siendo escritos. La parte inventada es una novela excelsa en la que se alternan una joven loca, la hermana de El Escritor, que afirma haber bebido la leche de una vaca verde y haber sido embarazada por su novio en coma; un joven que realiza un documental sobre la desaparición de El Escritor y desearía ser escritor él también para seducir a La Chica; un amigo de El Chico que escribió una obra genial y muere al escuchar un chiste de surrealistas; un viejo amigo de El Escritor que, entre el arte y la vida, escoge la vida y a su hijo; el propio Escritor, que exhibe una libreta de apuntes que es como su propia vida: una sucesión de falsos comienzos y de argumentos inacabados. Nada ligero, nada ingrávido para aquellos lectores a los que la literatura interesa al tiempo que desalienta: una ambición decimonónica puesta al servicio de la escritura de una novela rabiosamente contemporánea.
 
La parte inventada ofrece al lector de Rodrigo Fresán lo que este espera y un poco más: la acumulación de noticias dispersas, la digresión deliberada que determina que la narración avance mediante la sucesión de escollos, la superposición de elementos de la cultura pop y la alta literatura, el humor melancólico, la prolepsis, el ensayismo literario como recurso narrativo (y nadie piensa la literatura estos días como Fresán), etcétera. A todos estos elementos, su nueva novela suma algo poco habitual en la obra del escritor argentino radicado en Barcelona: una rabia y una resolución que faltaban en sus libros anteriores. En La parte inventada (566 páginas) no hay nada innecesario; su extensión es la que su autor requiere para hacer algo muy difícil en estos tiempos: demostrar que la literatura es aquello que convierte nuestra vida en algo más que una agotadora preparación para la muerte, en la única parte de ella que tiene "alguna estructura, alguna belleza" para algunos de nosotros.
 
 
Rodrigo Fresán
La parte inventada
Barcelona: Literatura Random House, 2014

[Publicado el 18/3/2014 a las 10:20]

[Etiquetas: Rodrigo Fresán, Novela, Literatura Random House]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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