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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 5 de diciembre de 2016

 Blog de Patricio Pron

Estamos preocupados / "Enemigos de lo real" de Vicente Molina Foix

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"Un buen escritor no es per se un buen crítico, del mismo modo que un buen borracho no es automáticamente un buen camarero", afirmó Jim Bishop. A la afirmación (cierta), se la puede rebatir, sin embargo, con la mención de decenas de autores que fueron ambas cosas, muy buenos críticos y excelentes escritores: Virginia Woolf, T.S. Eliot, W.H. Auden, Vladimir Nabokov, Clive James (por mencionar sólo a anglosajones).
 
A la tradición anglosajona, también, pertenece una parte considerable de los autores sobre los que escribe Vicente Molina Foix (Elche, 1946) en su nuevo libro, Enemigos de lo real. Esta reunión de ensayos presenta una doble cronología: la que va desde Montaigne hasta el presente (en realidad, hasta poco antes de él, ya que el autor ha evitado deliberadamente hablar aquí de personas vivas) y otra, oculta, que va desde 1969 (fecha de publicación del primer texto de la selección, el dedicado al excepcional periodista y escritor cubano Calvert Casey) hasta 2016.
 
Montaigne señala la irrupción y el comienzo de la forma de comprender al individuo y su producción intelectual que es la que permea por completo la visión de Molina Foix acerca de estos asuntos: en Enemigos de lo real los autores son evaluados individualmente y en su mayoría de espaldas a cualquier atisbo de sociología de la literatura. En el centro de esa forma de concebir al individuo se encuentra, por supuesto, la obra de William Shakespeare, y Molina Foix dedica precisamente al autor de Macbeth diez ensayos; junto con Henry James y Vicente Aleixandre (uno de los personajes centrales de El abrecartas, la novela con la que su autor ganó el Premio Nacional de Literatura en 2007), Shakespeare es el "enemigo de lo real" que más atención recibe en un volumen en el que también aparecen, y mucho, autores fundamentales de la literatura española de los últimos cincuenta años a los que Molina Foix conoció personalmente, leyó y consideró sus maestros y sus pares: Juan Benet (sobre cuya prácticamente desconocida faceta como humorista se explaya), Luis García Hortelano, Guillermo Cabrera Infante, Carmen Martín Gaite, Jaime Gil de Biedma y Jaime Salinas.
 
Quizás se escriba distinto de quienes se conoció, pero quien esto escribe no cree haber reconocido pudor o condescendencia del autor en su trato con estos contemporáneos. Quien esto escribe, también, cree haber encontrado el corazón perturbador y triste de la selección en el arco que va desde el ensayo acerca del Marqués de Sade (una superstición literaria propia de la generación de Molina Foix) hasta el excelente texto dedicado por éste a la literatura del SIDA: en ese recorrido se pone de manifiesto una visión de la trayectoria vital como adquisición permanente y progresiva de libertades individuales que provocó numerosas bajas en las filas de la generación a la que perteneció el autor de la reciente (con Luis Cremades) El invitado amargo.
 
A diferencia de buena parte de sus colegas españoles, cuya visión de la crítica literaria es consensual (y la de lo que la crítica literaria debería decir, meramente impresionista), Molina Foix se ha formado en la tradición anglosajona de la crítica, y en su Enemigos de lo real pone de manifiesto que la afirmación de Bishop, al menos en su caso, no es cierta. A la espera de la edición corregida y ampliada de una selección de sus textos sobre la pintura y de sus escritos sobre cine (ha sido crítico cinematográfico durante años y es también guionista y cineasta), estos "escritos sobre escritores" parecen darle la razón a Noël Coward, sin embargo, quien afirmó: "Los críticos nunca me preocupan, excepto cuando tienen razón". Vicente Molina Foix, quien ha tenido muchas veces razón en los últimos cuarenta años, debería preocuparnos.
 
 
Vicente Molina Foix
Enemigos de lo real (Escritos sobre escritores)
Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2016

[Publicado el 21/4/2016 a las 15:15]

[Etiquetas: Vicente Molina Foix, Ensayo, Galaxia Gutenberg]

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Verdad incómoda / "Una entre muchas" de Una

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"Hay demasiadas novelas miserables, y demasiada miseria. Este libro no es uno de esos", advierte la narradora de Una entre muchas a su lector; sin embargo, su historia no puede ser más dura: entre los diez y los dieciséis años de edad (es decir, entre 1975 y 1981) la autora fue abusada sexualmente por tres hombres adultos.
 
1975 fue (además) el año en que se hicieron públicos los primeros asesinatos del que sería llamado "el Destripador de Yorkshire", quien abusó sexualmente de y asesinó a treinta mujeres e hirió gravemente a otras nueve entre ese año y 1981 (la historia será recordada por los lectores de las novelas del Cuarteto de Red Riding de David Peace); investigaciones internas de la policía de ese condado demostraron más tarde que los agentes habían tenido al asesino en sus manos prácticamente desde el comienzo de la investigación, pero que una serie de errores y prejuicios llevaron a que éste se librase una y otra vez de estar entre los principales sospechosos: la convicción de que el asesino no debía tratarse de una persona "normal" y de que, al igual que Jack El Destripador (sobre el cual la prensa británica modeló su figura), éste sólo escogía como sus víctimas a prostitutas.
 
Muy posiblemente, la suposición de que el asesino de Yorkshire "sólo" se interesaba en las meretrices haya traído algo de calma a la traumatizada sociedad civil del condado, pero la inexistencia de pruebas para sostener esa hipótesis y el hecho de que no todas las víctimas ejercían la prostitución constituían, como demuestra la autora, una expresión del gesto incluso más inquietante (y desafortunadamente habitual) de culpar del abuso sexual a la víctima y no al victimario, como si la violencia sexual constituyese un castigo en cierto sentido previsible y supuestamente merecido por el ejercicio de una actividad que, como la prostitución, la sociedad condena pero a la que recurre con frecuencia. La autora sabe de lo que habla: cuando los abusos de los que había sido objeto se hicieron conocidos, su padre la insultó y sus compañeros de colegio comenzaron a llamarla "guarra" y a apartarse de ella como si los abusos de los que había sido víctima hubiesen sido provocados por ella de algún modo.
 
"La verdad es horrible, pero", sostiene Una, "debemos aprender de ella [...] Entonces, ¿cuál es la verdad? Tal vez sea algo como esto: La gente ordinaria es capaz de practicar una violencia extraordinaria. Las mujeres y las niñas no son ni vírgenes ni putas. Nada de eso tiene gracia". En otro sitio, la autora afirma: "Los que sobreviven son la prueba viviente y parlante de que los efectos de la violencia sexual son superables", pero la suya no es ni pretende ser una historia de superación, sino más bien el testimonio de lo que fue crecer bajo la sombra del "Destripador de Yorkshire" y en un contexto de desempleo masivo, protestas por la pérdida de derechos laborales, violencia pública (IRA) y privada, alcoholismo y violencia doméstica, hipocresía (los increíbles abusos sexuales del presentador televisivo Jimmy Savile corresponden a este período), ineptitud policial y machismo, al que la autora debió sumar el dolor de haber sido abusada.
 
Una entre muchas (una solución inteligente de traductor y editores a las dificultades de traducción del título original, "Becoming Unbecoming") es, pues, un testimonio, pero también una advertencia a los lectores de que la violencia sexual adquiere muchos rostros en nuestra sociedad y que la permea por completo; sus recursos y bibliografía final pueden hacer pensar que se trata de un texto destinado al uso práctico, pero Una entre muchas es también un extraordinario tour de force en el que su autora recurre a metáforas visuales del abuso y de la culpa de extremada delicadeza (árboles, insectos, vestidos para muñecas de papel, crisálidas) para narrar una verdad incómoda pero a la que es necesario (de hecho, es muy necesario) que prestemos atención.
 
 
Una
Una entre muchas
Trad. Santiago García
Bilbao: Astiberri, 2016
 
Babelia/El País, 7 de marzo de 2016. 

[Publicado el 19/4/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Una, Cómic, Astiberri]

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Pero Clément Cadou sí existe / Nosotros caminamos en sueños 41

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Clément Cadou, 'À rebours' de sí mismo /

Unos años atrás alguien preguntaba en un foro de internet si cierto personaje de un libro de Enrique Vila-Matas había existido "realmente". No había nada reprochable en la pregunta: Bartleby y compañía (el libro en cuestión) se mueve entre la erudición y la burla, entre lo real y lo que no lo fue y pudo haber sido; pero sí lo era la respuesta desencantada del lector: después de enterarse de que Cadou no había existido, el libro (decía) le parecía "menos interesante".
 
¿Qué lleva a algunos a pensar que si "no le pasó al autor", si "no es verdad", lo narrado es menos "interesante" que si ese fuera el caso? Muy posiblemente, el exceso de supuesta realidad en ciertos formatos televisivos y el error de pensar que la literatura sirve sólo a la expresión de una experiencia. Una consecuencia directa de esto es la incapacidad por parte de muchos lectores de reconocer y disfrutar de la mejor literatura debido a su exigencia de que el escritor no invente; pero peor incluso que ello es el error (también frecuente) de creer posible diferenciar la realidad de lo que no lo es en un momento en que la sobreexposición a versiones contradictorias provenientes de los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales hacen esto dificultoso o imposible.
 
La mejor literatura contemporánea extrae de esa dificultad toda su fuerza, pero también pone de manifiesto una verdad esencial: en tanto el producto de la imaginación del autor produce efectos reales, esa imaginación es también real. Clément Cadou, el escritor que deviene pintor de sillas en Bartleby y compañía, es (por lo tanto) real, o tan real como la existencia de su creador y del lector mismo. Alguien debería decírselo a éste mientras todavía esté a tiempo.
 
 
El País Semanal, 1 de marzo de 2016.

[Publicado el 15/4/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Frente al ventanal de la historia / "Hombres felices" de Felipe R. Navarro

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"Todos tememos la soledad, la locura, la muerte" se lee en el epígrafe de uno de los nuevos relatos de Felipe R. Navarro; la frase es de Harold Bloom y no parece especialmente ingeniosa, pero describe bien la vida interior de los personajes de Hombres felices, segundo libro de su autor tras Las esperas (2000): un hombre que padece un pequeño trastorno oftalmológico y se viene abajo, un empleado de gasolinera despedido a raíz de un cuadro de Edward Hopper, un viajero que regresa a Ítaca pero no mata a los pretendientes, alguien enamorado de una piedra, un hombre apesadumbrado por la decadencia de su automóvil, un profesor que se distrae de la corrección de exámenes recordando a un padre severo y a un abuelo senil que fue feliz por una tarde.
 
Los cuentos de Hombres felices se caracterizan por una suma muy personal de economía narrativa y digresión: la digresión es el rasgo saliente de una prosa iterativa y con destellos de lirismo ("Contempla el terreno al otro lado. Es similar el valle de la vertiente opuesta, los cambios de color, las masas arbóreas, es similar: pero no es el mismo. No es el mismo. Estira el cuello, con los ojos cerrados; esboza una sonrisa con los ojos cerrados"); la economía narrativa, por su parte, afecta principalmente a la anécdota, que por lo general es mínima: una conversación, un recuerdo o la presentación de una situación que se extiende a lo largo del relato y que el narrador (un observador siempre innominado, sentado "frente al ventanal de la historia") trata de comprender.
 
La suma de lirismo y renuncia al desarrollo de las posibilidades narrativas de una situación determinada convierte a estos relatos, con sus arrebatos y pequeñas epifanías, en una celebración de esos momentos en los que "nada sucede: la gente comenta feliz, aparentemente, el nuevo estado de los ascensores, comenta las noticias o lee sin más las noticias, no habla, solo mira, se abre la puerta, se despiden", y es posible que deje en el lector una impresión similar; pero también, en su proximidad con el poema en prosa, es responsable de los mejores momentos del libro: "Un modelo", "Apuntes para una celebración", "Amarillo limón", "Tarde de circo" y "¿Hacia dónde abre esta ventana?".
 
 
Felipe R. Navarro
Hombres felices
Madrid: Páginas de Espuma, 2016
 
Babelia/El País, 13 de febrero de 2016. 

[Publicado el 12/4/2016 a las 12:15]

[Etiquetas: Felipe R. Navarro, Cuentos, Páginas de Espuma]

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Los vislumbres / Nosotros caminamos en sueños 40

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Raymond Seurat no parece haber sido un escritor amable: en su novela , por ejemplo, llama al lector "chupasesos, babosa de baba podrida y bicho carroñero" y amenaza con romperle la cara, lo cual posiblemente el lector merezca, al menos en ocasiones.
 
No es sabido que Seurat haya cumplido nunca sus amenazas, y es improbable que algún lector le haya respondido, ya que el creador de Tú nunca existió: autor y libro son un invento del extraordinario escritor polaco Stanisław Lem, quien, en libros como Vacío perfecto y Magnitud imaginaria, concibió una "Biblioteca del Siglo XXI" de libros inexistentes o que sólo existen (prologados, reseñados) en su obra, como promesa o advertencia a los lectores.
 
Lem no fue el único escritor que imaginó libros y autores que nunca existieron: Carnovsky de Nathan Zuckerman, Los bajos fondos de Berlín de Benno von Archimboldi o El evangelio del espacio exterior de Kilgore Trout son libros que nunca podremos leer, de los que no sabremos nada excepto lo que sus verdaderos autores (Philip Roth, Roberto Bolaño y Kurt Vonnegut, respectivamente) quisieron que supiésemos: un vislumbre.
 
Una parte importante de los lectores desconfía de lo que la crítica ha llamado "metaliteratura" y hace bien, ya que deberíamos sospechar de toda literatura estabilizada y asimilada por la crítica y el mercado. Pero esa "metaliteratura" cumple una función esencial al recordarnos que toda literatura se mueve entre lo real y lo que no lo es, entre lo que puede ser y no es (o casi es), en una manifestación de que las cosas son más complejas (y, por consiguiente, mucho más interesantes) de lo que parecen; pero, también, de que nadie ha dicho todavía la última palabra y todo está aún por ser hecho.
 
 
El País Semanal, 9 de febrero de 2016.

[Publicado el 07/4/2016 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Visiones de una 'Tierra Hueca' / "Mundo subterráneo" de Varios Autores

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Athanasius Kircher formuló en 1665, cuando no existían los medios científicos para ponerla a prueba, una hipótesis por completo descabellada: la de que la tierra sería hueca y estaría habitada en su interior. Su supervivencia tres siglos y medio después, cuando esos medios ya existen y la ciencia sostiene que la Tierra no es ni puede ser hueca, quizás sorprendiese al jesuita alemán. Sin embargo, si se ingresa la expresión "Hollow Earth" en Google, se obtienen más de cuatro millones y medio de resultados.
 
La supervivencia fuera del ámbito científico de la hipótesis de Kircher ha sido celebrada recientemente por un volumen de ensayos, que pone de manifiesto la excepcional capacidad de la idea de una tierra hueca para reflejar las ansiedades de nuestra cultura, sus angustias y aspiraciones. En Mundo subterráneo (La Felguera, 2015) Grace Morales, Josep Lapidario y Javier Calvo, entre otros autores, discuten asuntos como la teratología marina, las cartografías infernales y el urbanismo subterráneo, demostrando que la idea sigue siendo inusualmente productiva para los escritores. A pesar de lo cual, y aunque el libro incluye un extenso fragmento del tratado de Kircher, el libro no explica la supervivencia de la hipótesis, ni las sucesivas variaciones que ésta ha experimentado en los últimos siglos, asunto del que sí se ocupa David Standish en La Tierra Hueca: La larga y curiosa historia de la concepción de países extraños, criaturas fantásticas, civilizaciones avanzadas y máquinas maravillosas bajo la superficie de la Tierra (Da Capo Press, 2006). Allí Standish habla de libros como Symzonia, considerada la primera utopía escrita en territorio estadounidense, así como de la especulación científica en torno al tema de las obras de Edmond Halley, John Leslie (quien creía que el interior del planeta estaba iluminado por dos soles llamados Plutón y Proserpina) y John Cleves Symmes, autor de la hipótesis de que las puertas a las profundidades se encontrarían en dos enormes fosas en los polos.
 
A lo largo de su historia, la Tierra Hueca habría sido, en ese sentido, y alternativamente, una excusa para abordar los más variados temas. Así, en la fantasía pulp de 1892 La diosa de Atvatabar, la existencia de un submundo ofrecía la oportunidad para continuar con la adquisición estadounidense de territorio. Para Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym) y Howard P. Lovecraft ("En las montañas de la locura") constituía el asiento de un horror impredecible, y para los franceses Alejandro Dumas padre (Isaac Laquédem) y Julio Verne (Viaje al centro de la Tierra) era un buen lugar donde dar cuenta de las teorías de la evolución de las especies y el origen del hombre. El submundo también ha servido como repositorio de las ansiedades generadas por la tímida adquisición de derechos por parte de las mujeres occidentales, como en Mizora, la novela de Mary E. Bradley Lane de 1881 donde éstas han exterminado a los hombres. También En el centro de la Tierra del popular Edgar Rice Burroughs, donde una raza de pterosaurios inteligentes y violentos llamados "Mahar" infunde un terror mayor en los personajes cuando estos descubren que todos los Mahar son hembras. Antes de transformarse en el lugar en el que los nazis estarían agazapados a la espera de una nueva oportunidad para conquistar el mundo y aterrizarían los ovnis, la tierra hueca fue, además, el ámbito para la promoción de ideas de pureza racial y religiosa de algunos autores: en Symzonia, por ejemplo, los habitantes del mundo subterráneo son vegetarianos, no beben alcohol, practican la democracia y son blancos e inmensamente ricos, y en La narración de Arthur Gordon Pym los salvajes tienen negros hasta los dientes, pese a lo cual nadie llegó más lejos en sus visiones infraterrenas que el estadounidense Cyrus Reed Teed, quien en torno a 1869 decidió que la Tierra es cóncava y hueca y que nosotros vivimos en su interior, revelación que lo llevó a fundar una religión bastante popular en su época a la que llamó "Koreshianismo".
 
Si estas visiones no bastasen para explicar la persistencia de la idea de la Tierra Hueca pese a toda evidencia científica en su contra, quizás esta se pueda encontrar en una cierta resistencia remanente a logros científicos que habrían expulsado del mundo el misterio. Así, la celebración nostálgica de la Tierra Hueca y de las visiones artísticas que produjo en Mundo subterráneo y la creencia inconsistente de que la ciencia y los medios de comunicación nos estarían mintiendo, que abunda en las cloacas de internet (donde, por cierto, la idea de la Tierra Hueca compite con la de que la Tierra Plana), serían formas de satisfacer el deseo de que no todo sea lo que parece y se nos dice que es en una época de impotencia y frustración ante amenazas incomprensibles, pero muy reales. Al igual que en la también subterránea Alicia en el país de las maravillas, el submundo constituye un reflejo de aquello que se encontraría arriba, en nuestro mundo, pero ese reflejo no está tan distorsionado como parece a simple vista: de hecho, en términos simbólicos, los dos mundos no pueden parecerse más.
 
 
Ideas/El País, 22 de enero de 2016.

[Publicado el 05/4/2016 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias, La Felguera]

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Prácticas de restitución / "Últimas noticias de la escritura" de Sergio Chejfec

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"La máquina de escribir ofrece la ventaja de ocultar el manuscrito y, con ello, el carácter. En [ella,] todos los hombres tienen el mismo aspecto", escribió (como recuerda Sergio Chejfec en este libro) el filósofo alemán Martin Heidegger. La cita es previa al surgimiento de la textualidad inmaterial de nuestros días, pero anticipa su sensación de pérdida. ¿Qué falta con la popularización del procesador de textos como herramienta hegemónica de escritura, la publicación electrónica y el almacenaje en la nube? A esa ausencia se le pueden dar varios nombres (según Heidegger, se trataría de la individualidad; para Chejfec, es "la presencia aurática" de la escritura manual), pero lo que importa es que la "condición incompleta" de la textualidad inmaterial contemporánea ha generado esfuerzos de recuperación en los que, como sostiene el escritor argentino, "el manuscrito o algunos de los atributos más fuertemente vinculados con él son directa o indirectamente convocados por la escritura digital, a modo de reparación de una incompletud".
 
Últimas noticias de la escritura propone un recorrido por aquellas propuestas literarias y plásticas (estéticas en general) que, poniendo de manifiesto una voluntad de restitución de una cierta textualidad centrada en la noción de "original" y en la escritura "a mano", escenifican su coexistencia no siempre pacífica con otra textualidad (digital y por consiguiente sin materialidad, y más reciente) que mira el manuscrito como recurso legítimo para recuperar lo perdido y completar lo incompleto. La instalación del argentino Fabio Kacero "Fabio Kacero autor del Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote", las performances de transcripción tipográfica de Tim Youd, unos relatos de Agustín Fernández Mallo, una exhibición pública de originales de Marcel Proust y la puesta en escena de las supuestas circunstancias de escritura en El entenado de Juan José Saer; pero también, la producción de originales falsos por parte de Juan Gelman para satisfacer la demanda de las universidades extranjeras, los libros de Lorenzo García Vega, la poesía visual de Carlos Gradin realizada con el buscador de Google, el subrayado del Tratado contra el método de Paul Feyerabend de Ezequiel Alemian, la inclusión de una página de Joseph Conrad (con sus marcas de lectura) en El camino de Ida de Ricardo Piglia, la exposición de libros intervenidos por escritores argentinos en la muestra "Leídos" de Esteban Feune de Colombi, el surgimiento de formas literarias ingenuamente imitativas de la interfaz electrónica que apuntarían a nuevas maneras de realismo, la publicación de El original de Laura de Vladimir Nabokov, los intentos de restitución del original por parte de los artistas plásticos Fernando Bryce y Mirtha Dermisache, la concepción del libro como soporte artístico en algunas obras de William Kentridge: todas estas piezas y acciones artísticas señalarían, en palabras del autor de estas Últimas noticias de la escritura, el "agotamiento de la escritura serial por la pérdida de irradiación derivada de la cancelación definitiva de la letra escrita como actividad refleja de la propia escritura". Es decir, serían tanto un intento (más o menos irónico, poco importa) de restitución de una cierta materialidad textual y de la presencia del autor en el texto a través de los trazos de su escritura como una reflexión acerca de lo que se perdería con la hegemonía de la textualidad inmaterial de los procesadores de texto, el almacenamiento en la Red y la publicación electrónica.
 
Sergio Chejfec nació en Buenos Aires en 1956 y es considerado uno de los escritores más radicalmente innovadores de la literatura argentina contemporánea; esto significa (entre otras cosas) que no es Mario Vargas Llosa, lo que es una suerte para él y para sus lectores: allí donde uno esperaría un ejercicio de nostalgia y un rechazo conservador al hecho de que una forma de concebir la literatura está siendo desplazada por otra, Chejfec propone un recorrido sobre el que, a diferencia del autor de La civilización del espectáculo, no adopta una postura moral. Si bien habla con nostalgia de la escritura en esténcil, la fotocopia y el uso de máquinas de escribir manuales y electrónicas (así como de una libreta que, encontrada casi al azar un día, devolvió al autor el placer y los problemas de la escritura manual y lo llevó a reflexionar sobre la materialidad de la producción de los textos), también se refiere a su escritura en blogs y afirma creer que, en su "promesa de olvido y persistencia al mismo tiempo", la publicación electrónica se lleva "mejor" con su escritura que la física. El suyo no es un enjuiciamiento moral del enfrentamiento entre dos tipos de textualidad sino un mapa para orientarse en el escenario inevitablemente inestable y en transformación de ese conflicto; quienquiera que haya alguna vez intentado tratar de comprender qué sucede con la literatura y con nuestra propia producción literaria frente a su proliferación y a la pérdida de su materialidad (que Chejfec denomina las "cuestiones vinculadas con el estatuto de la escritura en momentos en que las modalidades digitales cambian el sentido y el concepto de original físico") sabe cuán dificultoso es orientarse en ese escenario. Sergio Chejfec lo hace con la solvencia de sus mejores libros (Lenta biografía, Los planetas, Mis dos mundos, La experiencia dramática, Modo linterna) y un magnetismo que recuerda a los que parecen ser sus principales modelos de ensayista: Walter Benjamin, Jacques Rancière y Georges Didi-Huberman.
 
 
Sergio Chejfec
Últimas noticias de la escritura
Madrid: Jeckyll & Jill, 2015
 
Letras Libres, marzo de 2016. 

[Publicado el 31/3/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Sergio Chejfec, Ensayo, Jeckyll & Jill]

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Sin la ceguera del prejuicio / "Semper Dolens" de Ramón Andrés

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"¡La muerte, los impuestos y los partos! ¡Nunca es buen momento para ninguno de los tres!", hizo exclamar Margaret Mitchell a Scarlett O'Hara. En el ámbito de la literatura (y específicamente del ensayo), el veto de la autora de Lo que el viento se llevó sólo parece seguir vigente en relación a la muerte y en especial a la voluntaria, sin embargo: sobre ella se escribe comparativamente poco.
 
A pesar de que en torno al suicidio confluyen cuestiones de enorme relevancia como la historia del sujeto, la historia social, su religiosidad, su concepción de la dignidad personal, el control que el Estado ejerce sobre sus ciudadanos, la vigilancia médica y una comprensión no siempre muy elaborada de quiénes somos y quiénes deseamos ser (o dejar de ser), y en consonancia con las restricciones que la prensa suele imponerse a sí misma para evitar la imitación, el suicidio permanece en las sombras, en el terreno de lo inconfesable y de lo que sólo se puede callar. Más allá del famoso (y no muy logrado, en mi opinión) libro de Al Alvarez El dios salvaje (1972, reeditado recientemente por la, por otra parte, muy buena editorial chilena Hueders) y de la excelente (pero inhallable) Historia del suicidio en Occidente de Ramón Andrés (2003), no hay muchos libros sobre el tema, pero el mejor de ellos, el de Andrés (Pamplona, 1955), es reeditado ahora por Acantilado en una edición corregida, ampliada y actualizada que desmiente a Mitchell y a su personaje.
 
"No hay, no puede haber teorías nuevas sobre el suicidio", advierte Andrés al comienzo de su obra; si el autor no se propone teorizar sobre ese acto que "despierta sentimientos contrarios en quien lo afronta: la victoria sobre el prójimo, o la derrota de sí", lo que sí se propone es narrar la historia de las visiones del suicidio desde sus primeros antecedentes en Egipto y Mesopotamia hasta la actualidad, pasando por la tolerancia de judíos, egipcios y romanos (así como de los primeros cristianos), su empleo como manifestación de desacuerdo y rechazo y/o de locura en la tradición griega, las aberrantes prácticas medievales de exorcismo y punición del suicida, el estudio del "humor melancólico", la vinculación (errónea, estadísticamente hablando) entre producción artística y tendencias suicidas, la difícil definición de "eutanasia" (y el ejercicio de este derecho, tan difícil de concebir para algunos): en palabras de su autor, el suicidio ha sido "estigmatizado por la Iglesia a lo largo de la Edad Media, juzgado con arbitrariedad entre los siglos XVI y XVII, absorbido por la medicina y la literatura durante las dos siguientes centurias, y confiscado por la sociología y la psiquiatría de los siglos XX y XXI". Historiarlo es pues, inevitablemente, narrar la historia de la alternancia de actitudes ante la muerte de sí (por lo general, su aceptación ha alternado con el rechazo a la práctica, y viceversa: por qué esto es así es uno del los temas centrales del libro), pero también poner de manifiesto, mediante esa alternancia, que nuestras actitudes ante él no son mejores que las que le precedieron y están históricamente fundadas, de tal forma que nuestro rechazo al suicidio no es "natural" ni tiene que ser inamovible. Esta conclusión tácita del libro de Andrés contribuye a una comprensión, si no de la naturaleza del suicidio, sí de las actitudes ante él, que desmiente la humildad de las aspiraciones de su autor y constituye uno de sus mejores servicios a los lectores.
 
Esta Historia del suicidio en Occidente es de una erudición deslumbrante (una característica que comparte con otros libros del autor, como el excelente Diccionario de música, mitología, magia y religión que Acantilado publicó en 2012) y su visión tiene mucho de desacralizadora: al parecer, hemos estado suicidándonos desde el comienzo de la especie (aunque no profundiza en el tema, Andrés acierta al exponer el hecho fundamental de que sólo para la especie humana la muerte "natural" lo es, puesto que lo "natural" en la naturaleza es sufrir un accidente o ser devorado por un depredador mucho antes de alcanzar la vejez) y es improbable que dejemos de hacerlo. La muerte voluntaria está presente en los mitos fundacionales de las civilizaciones mesopotámicas, egipcia y griega, ocupa una parte importante de la historia egipcia (cuya soberanía termina con la vida de Cleopatra), judía (el suicidio colectivo de Masada es en la actualidad uno de los relatos seminales de los israelíes), romana (en la que constituyó un privilegio de las élites políticas) y cristiana, es uno de los capítulos más importantes de la filosofía occidental (la muerte de Sócrates) y es el trasfondo de algunas de las manifestaciones culturales más interesantes de la Edad Media como la de la nave de los locos (en la que también navegaban los suicidas) y las danzas en cementerios; también está en el origen de los primeros tratados "psicológicos" (que lo atribuyeron a la locura, a la "bilis negra" o melancolía y a la acción del demonio), ocupa una parte importante de la filosofía occidental (sobre él escribieron Tomás Moro, Blaise Pascal, John Donne y otros; la refutación parcial de las tesis sociológicas de Émile Durkheim sobre el suicidio es, por otra parte, uno de los capítulos más brillantes de la obra) y es uno de los asuntos políticos más disputados de nuestro tiempo, en particular en relación a la pregunta de si la ayuda prestada por razones humanitarias a quienes deciden poner fin a su vida debe ser castigada o no.
 
Sólo una aproximación al tema sin la ceguera del prejuicio podía hacer justicia a uno de los aspectos centrales de nuestra cultura: la determinación de sí, y la de Ramón Andrés lo es. Esto y su propuesta tácita de acabar con el concepto peyorativo (y relativamente reciente) de "suicidio" y reemplazarlo por el de "muerte voluntaria" son sólo algunos de sus muchos méritos y los de este libro extraordinario.
 
 
Ramón Andrés
Semper Dolens. Historia del suicidio en Occidente
Barcelona: Acantilado, 2015.
 
Letras Libres, enero de 2016.

[Publicado el 29/3/2016 a las 11:30]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Ensayo, Acantilado]

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24 de marzo de 1976 / 24 de marzo de 2016

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"Hacemos historia como un enfermo hace una enfermedad", Léon Werth.

[Publicado el 24/3/2016 a las 11:45]

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Todo esto antes / "Departamento de especulaciones" de Jenny Offill

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Acerca de la narradora de esta novela, sus alumnos dicen: "Es buena profesora, pero se pierde DEMASIADO en anécdotas. Nadie puede decir que sea una persona organizada. [...] Se comporta como si escribir no tuviera reglas" (51). Al igual que su creadora, Jenny Offill, la narradora de Departamento de especulaciones, da clases de escritura creativa; a diferencia de ella, y como cualquier persona inteligente (a excepción, por supuesto, de quienes se ganan la vida como profesores de esa disciplina), duda de que se pueda enseñar a escribir a alguien por más que se lo intente.
 
A los cursos de escritura creativa se les ha echado la culpa de la mayor parte de los males que afectan a la narrativa estadounidense contemporánea, pero es posible que sólo sea directamente responsable de dos de ellos: la desconcertante, disuasoria repetición de técnicas y procedimientos narrativos de autor en autor y la instalación de la idea (errónea, por supuesto) de que la fragmentación constituiría algún tipo de narrativa contrahegemónica.
 
A la idea errónea del carácter "rompedor" de la narrativa fragmentaria le debemos la celebración algo excesiva el año pasado de Lancha rápida de Renata Adler, un libro cuya novedad es la de la fecha de su publicación, 1976; desde la suya, Departamento de especulaciones ha reemplazado a Adler en la consideración del público "arriesgado", aunque hay poco de riesgo en la novela de Offill, que participa plenamente de una de las tendencias estéticas y comerciales más exitosas en los Estados Unidos en este momento. Esta historia integral de una relación amorosa (desde el enamoramiento hasta algo parecido a un segundo encuentro, con estancias intermedias en las primeras vacaciones de pareja, la boda, la búsqueda de trabajo, el primer piso, el nacimiento de la hija, las fiestas, la infidelidad, la superación de la misma, la reconstrucción de la pareja en un entorno semirrural, el tironeo entre las metas personales y los objetivos profesionales, el élan vital contemporáneo) no carece de calidad literaria y tiene un primer y un último párrafo absolutamente notables. En el medio, la novela de Offill consigue llevar a su lector de una página a otra gracias a una narración sólo pretendidamente aleatoria y desordenada. En Departamento de especulaciones hay bastante talento y un control absoluto de la narrativa, así como algunas ideas realmente poderosas (acerca de la soledad de los animales, sobre el matrimonio como un intento de supervivencia en el espacio, etcétera), pero también algo que propicia en el lector la impresión de que ya ha leído todo esto antes, también en el deslumbrante Artefactos importantes de Leanne Shapton (2010), en el libro de Adler ya mencionado y/o en ciertas obras de Miranda July y Dave Eggers.
 
Esto no quita méritos a Jenny Offill, pero pone (o debería poner) en perspectiva el carácter supuestamente excepcional de la obra. Que este no es tal era de esperar al conocer quiénes son sus entusiastas en el ámbito hispanohablante, pero (en cualquier caso) uno sólo puede preguntarse qué hubiera podido ser este libro si el talento de su autora no hubiese sido domesticado con clases de escritura creativa, recibidas y dadas.
 
 
Jenny Offill
Departamento de especulaciones
Trad. Eduardo Jordá
Barcelona: Libros del Asteroide, 2016

[Publicado el 22/3/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Jenny Offill, Novela, Libros del Asteroide]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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