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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 1 de noviembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Catástrofes aéreas / Nosotros caminamos en sueños 3

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"...un área de turbulencias. Se ruega a los señores pasajeros que..." Crédito de la imagen, Jason Allen.

A excepción de la televisión española, sólo hay un sitio en el que se pueda ser testigo de un porcentaje singularmente alto de situaciones desagradables en escasos centímetros cuadrados, y ese sitio es un avión. Volar es, en ese sentido, no solamente una pesadilla recurrente, en particular desde la aparición de las compañías de bajo coste (y la adecuación de las demás a las escasas expectativas que estas generan en sus pasajeros), sino también una fuente inagotable de historias, casi todas sórdidas. En junio de 2007, el estadounidense Gregg Rottler decidió que las suyas podían ser de interés y creó una página web dedicada a las experiencias aéreas desagradables. Flights From Hell no es una hoja de reclamaciones ni un espacio para la denuncia; tampoco de autoayuda: su propósito es servir a la transformación de la experiencia personal en colectiva: es decir, en literatura. Los testimonios recogidos en la página abundan en el tipo de situaciones que los viajeros regulares conocen o conocemos bien y dibujan un perfil poco favorecedor de la especie humana: niños que vomitan o lloran ante la mirada impasible de sus padres, baños fuera de servicio a poco de despegar el avión o apestosos tras la visita de ancianas de aspecto inocente, vecinos de asiento decididos a convertir la conversación sobre nimiedades en su principal entretenimiento durante un vuelo intercontinental, adolescentes alcoholizados que gritan, personas indiferentes ante su olor corporal, viajeros que roncan o tosen permitiéndonos conocer qué han comido recientemente, azafatas que ordenan a los pasajeros que "cierren la puta boca", cancelaciones, ancianas que se quejan continuamente, comida irreconocible (más allá de la habitual descripción de "chicken or pasta"), niños que golpean el asiento delantero o saltan en el suyo, pilotos ineptos, gente que se come su propia barba o se corta las uñas de los pies, personas obesas que reclaman más espacio, alemanes que transportan jamones, franceses incluso. Ahora que las vacaciones navideñas han acabado (y todos tenemos nuevas catástrofes aéreas que contar) quizás sea el momento de rebautizar la del ocio turístico como industria de la humillación a gran escala.
 
 
Publicado originalmente en El País Semanal, en la sección "Nosotros caminamos en sueños". Madrid, enero de 2014.

[Publicado el 24/3/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Unos temas habituales, un tratamiento no habitual / "Canciones de amor y de lluvia" de Sergi Pàmies

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Sergi Pàmies nació en París en 1960 pero su obra pertenece a una de las literaturas más desconocidas en España, la catalana. Que esa literatura sea utilizada a menudo como parte de un reclamo soberanista no la hace más popular, por supuesto (al tiempo que soslaya el hecho de que las lenguas y sus literaturas han sido concebidas como herramientas de comunicación y no de segregación y a modo de fronteras), pero lo que importa aquí es que la catalana es una de las literaturas más extraordinariamente pujantes que se producen en el sur de Europa y que, entre todos sus muchos y muy buenos autores, destaca Sergi Pàmies, que publicó su primer libro en 1986, que ganó, entre otros, el premio Ciutat de Barcelona, que es autor del libro La bicicleta estática (del que hablé en algún lugar hace cierto tiempo).
 
Los temas de Sergi Pàmies son los habituales (la soledad, la ruptura amorosa, la muerte de los padres, los rituales cotidianos, la mediocridad de nuestras existencias), pero su tratamiento no es en absoluto habitual. Pàmies escribe con una contención y una simpleza que ocultan su total dominio de lo que está relatando y en cuentos como "Autobiográfico" o "El coloquio" se permite narrar lo que no piensa narrar en un giro metaficcional que le da magníficos resultados. Canciones de amor y de lluvia tiene varios cuentos extraordinarios (los mencionados, "La llave del sueño", "Breve historia del arte"), pero su centro (magnético, inolvidable) es "El nicho", un cuento conmovedor incluso para quienes, como yo, estamos acostumbrados a llevar una lápida en el maletero dondequiera que vayamos.
 
 
Sergi Pàmies
Canciones de amor y de lluvia
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 20/3/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Sergi Pàmies, Cuento, Anagrama]

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Rodrigo Fresán contra el final de la literatura / "La parte inventada"

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Algunos años atrás presencié una conversación entre el escritor argentino Rodrigo Fresán y un puñado de jóvenes autores latinoamericanos en el marco de la cual Fresán fue cuestionado por su deseo explícito de escribir "una gran novela". Años después, y en el contexto de una literatura latinoamericana deliberada y mayoritariamente "ingrávida", carente de peso y de ambición (también de trascendencia), aquella conversación adquiere el carácter de un momento importante ante la enorme ambición de La parte inventada, en la que aparece ficcionalizada ligeramente y como la manifestación de unos tiempos francamente malos para la literatura, pero tampoco mejorables.
 
La parte inventada es la primera novela de Fresán desde El fondo del cielo, publicada en 2009. Su tema es el destino de la literatura en una época de superficialidad y subordinación a una industria del entretenimiento de la que la literatura es un apartado dificultoso y poco redituable; su tono (inevitablemente) es funerario. La novela tiene como protagonista a El Escritor, alguien que conoció cierto éxito algunos años atrás y que decide desaparecer. Su desaparición (cuyas motivaciones sólo se conocen en extenso en la última sección de la novela) es considerada desde diferentes perspectivas que corresponden a las siete secciones del libro (las cuales, a su vez, responden a los que serían los "únicos" siete temas de la literatura según algunos) y que dan cuenta de los intereses y las preocupaciones habituales de Fresán: una infancia frágil caracterizada por la soledad y la acechanza de un peligro inminente, la vocación como una decisión infantil (que El Escritor toma aquí cuando consigue librarse de morir ahogado), la familia como la caja de resonancia de los peligros del exterior más que como un refugio (en La parte inventada, unos Karma que parecen los antecedentes disparatados de los Mantra de la novela homónima de 2001), la literatura del siglo XIX como cumbre máxima y ejemplo a imitar, el azar, las vidas de los escritores como espejos deformantes, la necesidad de desaparecer, de dejarlo todo atrás para ser uno con la obsesión y con la literatura, el interés por la ciencia ficción (que conecta este libro con el anterior El fondo del cielo), la enfermedad, la memoria sentimental de discos y libros cuya significación es tanto estructural como subjetiva (y el homenaje a los maestros: Pink Floyd, Bob Dylan, The Kinks, John Irving, Kurt Vonnegut, William Burroughs, Francis Scott Fitzgerald, etcétera), la amistad (que siempre se articula en torno a un interés común, a menudo literario, que condena a algunos y salva a otros), el amor, el final de la literatura.
 
A pesar de esto último, en la novela hay una vitalidad y una ambición extraordinarias que refutan el diagnóstico (recurrente en el libro) de que la literatura estaría viviendo su final: Fresán ha escrito una novela de una potencia tal que permite pensar que esta sobrevivirá (a las especulaciones editoriales, a la proliferación de textos y de autoridades que se produce en la Red y a un tiempo cuyos escritores parecen haberse resignado a la producción de pseudoliteratura para pseudolectores) si textos como este continúan siendo escritos. La parte inventada es una novela excelsa en la que se alternan una joven loca, la hermana de El Escritor, que afirma haber bebido la leche de una vaca verde y haber sido embarazada por su novio en coma; un joven que realiza un documental sobre la desaparición de El Escritor y desearía ser escritor él también para seducir a La Chica; un amigo de El Chico que escribió una obra genial y muere al escuchar un chiste de surrealistas; un viejo amigo de El Escritor que, entre el arte y la vida, escoge la vida y a su hijo; el propio Escritor, que exhibe una libreta de apuntes que es como su propia vida: una sucesión de falsos comienzos y de argumentos inacabados. Nada ligero, nada ingrávido para aquellos lectores a los que la literatura interesa al tiempo que desalienta: una ambición decimonónica puesta al servicio de la escritura de una novela rabiosamente contemporánea.
 
La parte inventada ofrece al lector de Rodrigo Fresán lo que este espera y un poco más: la acumulación de noticias dispersas, la digresión deliberada que determina que la narración avance mediante la sucesión de escollos, la superposición de elementos de la cultura pop y la alta literatura, el humor melancólico, la prolepsis, el ensayismo literario como recurso narrativo (y nadie piensa la literatura estos días como Fresán), etcétera. A todos estos elementos, su nueva novela suma algo poco habitual en la obra del escritor argentino radicado en Barcelona: una rabia y una resolución que faltaban en sus libros anteriores. En La parte inventada (566 páginas) no hay nada innecesario; su extensión es la que su autor requiere para hacer algo muy difícil en estos tiempos: demostrar que la literatura es aquello que convierte nuestra vida en algo más que una agotadora preparación para la muerte, en la única parte de ella que tiene "alguna estructura, alguna belleza" para algunos de nosotros.
 
 
Rodrigo Fresán
La parte inventada
Barcelona: Literatura Random House, 2014

[Publicado el 18/3/2014 a las 10:20]

[Etiquetas: Rodrigo Fresán, Novela, Literatura Random House]

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Una reflexión sobre las prácticas / Patricia Espinosa acerca de la crítica literaria contemporánea (Cita)

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Un aspecto interesante para caracterizar el actual estado de la crítica literaria en medios masivos, es el predominio de valores liberales. En efecto, se aprecia un marcado repliegue o retirada, esperamos que definitiva, de la derecha fascista. La crítica se orienta a cuestionar prioritariamente la calidad estética del texto literario y, en segundo término, el tratamiento de sus temáticas. No existe un texto crítico que hoy en día sea capaz de legitimar pedofilia, homofobia, misoginia o discriminación de género o étnica. El problema no reside ahí, sino en la elección del libro y en los modos cómo la crítica literaria se tiende a volver en un simple eslabón más en la de la estrategia publicitaria del libro. Y si bien esto vale mayoritariamente para los diseños propagandísticos de la gran editorial transnacional, también lo es para las tácticas de posicionamiento de las editoriales autogestionadas. De este modo, afirmo que la mayor tensión de la crítica literaria en medios masivos en la actualidad es la inclinación constante de la crítica a convertirse en parte de la estrategia publicitaria. La gran pregunta que se debe formular a los críticos literarios el día de hoy es por qué y cómo elige los libros a criticar, cuál es su política de selección y cuáles son sus fundamentos. Al interior de la hegemonía de lo políticamente correcto, son las prácticas y no los discursos los que deben ser sometidos a un análisis más detenido.
 
 
En
Patricia Espinosa
Ojo en Tinta, octubre de 2013

[Publicado el 13/3/2014 a las 10:45]

[Etiquetas: Patricia Espinosa, Citas]

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Actualizaciones (VIII) / Claudia Apablaza / Álvaro Bisama / Federico Falco

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Un par de pecios chilenos; otro, de la vecina Córdoba. Crédito de la imagen, desconocido.

1
 
Nueve cuentos, una "Tentativa De Escribir un Corpus Teórico-Emocional de Otros Textos" y un intento de exploración personal componen Todos piensan que soy un faquir, el sexto libro de la escritora chilena Claudia Apablaza (Rancagua, Chile, 1978). Acerca de la tentativa y del intento se puede decir mucho pero es pertinente no decir nada porque presentan ideas complejas y muy atractivas que merecen ser leídas en el contexto de los relatos y que aquí sólo serían devaluadas mediante la descontextualización y la sinopsis. Respecto a los cuentos, lo siguiente: por una parte, parecen los soliloquios de una irónica y joven obsesionada consigo misma, con su cuerpo, con las demandas de adecuación a su entorno, con la obligación (entendida también como obligación propia) de ser feliz; por otra parte, y pese a lo que pudiera desprenderse de lo anterior, Todos piensan que soy un faquir no participa de la chic lit ni de ningún otro subgénero de una literatura cada vez más fragmentada: bajo una apariencia deliberadamente liviana, los temas tratados aquí son la construcción del sujeto en un momento histórico en el que esa construcción parece imposible si ese sujeto no internaliza una violencia institucionalizada en la forma de aparatos tecnológicos que irrumpen en su sensibilidad y la suplantan y en una moral que demanda, por sobre todas las cosas, que acepte y sea feliz con la exigencia de un perfeccionamiento de sí mismo que no termina nunca. Hay algo muy serio en todo el humor y en la falsa liviandad del libro de Apablaza.
 
 
2
 
Álvaro Bisama (Valparaíso, 1975) publicó su primer libro en 2006, contribuyendo a la aparición en la narrativa chilena del tipo de cultura pop minoritaria que otros autores interesados por el pop como Alberto Fuguet habían desdeñado. En esa obra inicial de Bisama (las novelas Caja negra y Música marciana, de 2006 y 2008 respectivamente) parecía ponerse de manifiesto la evidencia de que un país marginal y subsidiario en términos económicos y culturales sólo podía participar de la cultura global abundando en las historias marginales de cineastas underground, escritores malditos, asesinos en serie, extraterrestres, zombis, vampiros, etcétera. "Yo decidí escribir con esta caligrafía hecha de desechos, con estas imágenes que quizás a nadie le interesan", decía el narrador de Música marciana; posiblemente, también el propio Álvaro Bisama, que desde entonces parece haber comprendido que pocos países pueden competir con la producción incesante de rarezas estadounidense como lo hace Chile, cuyos cineastas y escritores son raros sin que exista una norma de la que se aparten o un centro consuetudinario alrededor del que giren. En Ruido, su última novela, narra la historia de uno de esos "raros" chilenos, Miguel Ángel Poblete (aka "el vidente de Villa Alemana"), un joven marginal adicto al pegamento que afirmó haber hablado con la Virgen en un cerro en las afueras de Valparaíso, se cambió de sexo y murió pretendiendo ser una princesa rusa. Ruido es también la historia medianamente autobiográfica de la infancia y adolescencia de su autor en lo que en Chile llaman "la provincia": el vasto afuera de Santiago en el que no existe la norma, sólo la desviación. Bisama narra esa desviación sin adherir a las convenciones de la ciencia ficción y del relato fantástico (convenciones que, por su naturaleza misma, desactivaban las potencias de sus libros anteriores) y de esa manera produce el que hasta el momento es su mejor libro: una constatación de que Chile participa de la cultura global sin necesidad de la subsidiaridad y una estética de los desechos del imperio.
 
 
3
 
¿Puede un mal prólogo perjudicar seriamente a una obra? Naturalmente puede. Algunos libros, sin embargo, se sobreponen incluso a esa circunstancia, quizás la peor de las posibles en el ámbito de la edición. Si los cuentos de Federico Falco (publicados originalmente en 2010, aunque la edición española incluye un cuento nuevo, "El hombre de los gatos") no hubiesen sido ya elogiados por Beatriz Sarlo (también por conocedores de la literatura argentina reciente), la evidencia de su calidad podría ser vista en la curiosa circunstancia de que se imponen a un mal comienzo, avanzan sobre el lector, lo acosan.
 
 
Claudia Apablaza
Todos piensan que soy un faquir
Santiago de Chile: Edícola, 2013
 
Álvaro Bisama
Ruido
Santiago de Chile: Alfaguara, 2012
 
Federico Falco
La hora de los monos
Madrid: Salto de Página, 2014

[Publicado el 11/3/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Claudia Apablaza, Álvaro Bisama, Federico Falco, Cuento, Novela, Alfaguara, Edícola, Salto de Página]

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Probóscides nasales / Una concisa introducción a la producción de mala literatura a cargo de Nick Page (Cita)

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Puedo imaginar que, llegado este punto, muchos de mis lectores están muriéndose por hincarle el diente a un poco de mala literatura escrita por ellos mismos. A continuación he reunido una lista de prácticas recomendadas, las cuales, si son usadas de forma diligente, transformarán cualquier texto en algo memorablemente horrible.
 
 
Partes del cuerpo
 
Ojos: siempre deben ser "esferas" y, en casos extremos, "instrumentos esféricos". Pueden ser "brillantes" y estar parpadeando o moviéndose de cualquier otra forma similar; si llenos de lágrimas, deben ser "lagos lagrimales" o "fuentes chorreantes".
 
Muslos: Posiblemente lo mejor sea dejarlos en paz, pero, si tienen que ser mencionados, entonces deben ser "dictatoriales".
 
Labios: Utiliza "rubí" en lugar de "rojo". "Rubíes elásticos" tiene un significado apropiadamente oscuro.
 
Piernas: No hay nada poético en las piernas. Usa "las extremidades más al sur".
 
Senos: Las posibilidades son infinitas; sólo trata de no obsesionarte.
 
Cabello: "Negro azabache", "de ébano" o "amarillo". Siempre debe ser un "torrente que se desliza corriente abajo", idealmente en "trenzas cubiertas de lentejuelas".
 
Nariz: Usa en su lugar "probóscide nasal".
 
 
Ruidos
 
Campanas: Se sugiere que hagan "dong", "bong" y, ocasionalmente, "ting". Las campanas grandes pueden hacer "D-O-N-G", pero sólo si es absolutamente necesario.
 
Máquinas: Pueden ser imitadas colocando en cualquier orden las palabras "thud", "cranch", "crunch", "rud", "dubber dub" y "rub".
 
Palomas: Pon "Hyüeéps", pero vas a tener que confiar en mí para ello.
 
 
Sexo
 
El sexo es demasiado místico / poética / complicado para hacer referencia a él de manera directa. La mayor parte de los escritores malos prefiere evitar directamente el tema, pero, si tienes que hablar de él sí o sí, utiliza eufemismos como "ella acarició tiernamente mi poni" o "la sombra del minarete de Yani destellaba". Está permitido "acariciar" siempre que se haga "de forma envolvente" o, en caso de apuro, "confusamente".
 
Los pechos pueden "subir y bajar", "latir", "relucir" o "florecer como rododendros".
 
Se pueden utilizar plantas de forma simbólica, en particular los rododendros y el hinojo.
 
 
Niños
 
Los niños en la mala literatura deben ser o estar:
 
a) Bonitos, de pelo rizado, angelicales y hablar "un poquitito así".
 
b) Lisiados, demacrados e hijos de padres alcohólicos.
 
c) Muertos, preferiblemente atropellados por un tren, aunque también están permitidas algunas enfermedades prolongadas y debilitadoras.
 
 
Autobiografía
 
Si escribes sobre ti mismo trata de incluir la mayor cantidad posible de detalles. Recuerda que el lector se siente fascinado por absolutamente todo lo que ha sucedido en tu vida, hasta el más mínimo detalle. (Lo mismo ocurre con las indicaciones escénicas.)
 
 
Críticos
 
En la medida de lo posible deben ser ignorados. Si tienes que hacer referencia a ellos, se permite el uso cuidadoso de algunas de las siguientes expresiones: "idiotas cubiertos de gusanos", "ácaros bastardos con cabeza de burros", "denunciantes árabes", "escoria alcohólica e ignorante" o "roedores del Estado". Sin embargo, la mayoría de los escritores escoge estar por encima de sus detractores, recordando que, cuanto más les critican, mayor es su genio.
 
 
En
Nick Page
In search of the world's worst writers: A celebration of triumphantly bad literature
Londres: HarperCollins, 2000
pp. 279-281

[Publicado el 06/3/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Nick Page, Citas]

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A la genialidad por el camino equivocado / "En busca de los peores escritores del mundo: Una celebración de la literatura triunfantemente mala" de Nick Page

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William Gladstone, Primer Ministro británico, Anticristo e hipnotista. Crédito de la imagen, desconocido.

Dedicado al "selecto grupo de pioneros de la literatura cuya escritura es tan mala que los ha llevado a alcanzar la genialidad por el camino equivocado" (ix), la razón por la que este libro de Nick Page es tan difícil de leer es que los autores que incluye son realmente pésimos: George Wither (cuya obra es "notable sobre todo por su volumen, fluidez y chatura: usualmente carece de toda calidad literaria y a menudo cae en la poesía barata y en la imbecilidad", según el Dictionary of National Biography), Timothy Dexter (quien, habiendo sido acusado de no emplear adecuadamente los signos de puntuación en sus obras, mandó incluir en una de ellas una página llena de puntos, comas, guiones y signos de exclamación pidiendo a sus lectores que "salpimentasen" con él el libro a su gusto); Solyman Brown (dentista y poeta de tema odontológico), James Henry Powell, escritor abonado a los desastres y enfermedades; Francis Saltus Saltus, poeta decadentista reacio al alcohol (su poema al cacao es meritorio, aunque desconcertante en el contexto de los poemas a la absenta y al chancro sifilítico de sus compañeros decadentistas); William MacGonagall, poeta de las catástrofes marítimas; Joseph Gwyer, vendedor de patatas de sintaxis torturada; Thomas Urquhart, quien escribió un tratado matemático incomprensible (aquí, un fragmento citado por Nick Page: "In amblygonosphericalls, which admit both of an extrinsecall and intrinsecall demission of the perpendicular, nineteen severall parts are to be considered... The axioms of plain triangles are four, viz. Rulerst, Eproso, Grediftal and Bagrediffiu. The directory of this second axiome is Pubkegdaxesh, which declareth that there are seven enodandas grounded on it, to wit, four rectangular, Upalem, Ekarul, Egalem, and three obliquangular, Danarele, Xemenoro and Shenerolem", 7), una propuesta para la creación de un lenguaje universal cuyas palabras significarían lo mismo del derecho y del revés (es decir, serían palíndromas) y una obra genealógica que remonta los orígenes de su familia hasta Adán y Eva; el magnífico "Lord" Timothy Dexter, quien se candidateó como emperador mundial desde Newburyport, Massachusetts; William Nathan Stedman, poeta y dramaturgo que dedicó una de sus obras a denunciar que William Gladstone era el Anticristo y gobernaba el mundo mediante el uso de sus poderes hipnóticos (Stedman se imaginaba montado en una "carroza alada" con "la espada de la Verdad en una mano y el látigo de la sátira en la otra", lo que, apropiadamente, supone que su carroza iba sin control).
 
In search of the world's worst writers tiene antecedentes importantes como Queer books de Edmund Pearson (1929), The stuffed owl, editado por D. B. Wyndham-Lewis y Charles Lee en 1930, The worst English poets de Christopher Adams (1958), The joy of bad verse, editado por Nicholas T. Parson en 1988, y la antología de Kathryn y Ross Petras Very bad poetry (1997); singularmente, sin embargo, carece de continuadores, y uno no puede si no preguntarse si la falta de autores que hayan seguido sus pasos en los últimos trece años no tiene algún tipo de vinculación con la emergencia de Internet: efectivamente (y esta es una hipótesis de trabajo que tal vez merezca más explicaciones y una mayor fundamentación), la popularización de la Red y de la escritura practicada en ella (incluso la periodística) parece habernos habituado a un tipo de literatura no sólo de ficción caracterizada por los criterios escogidos por Page para delimitar su ámbito de estudio: "trama improbable, ortografía inadecuada, sintaxis tortuosa, gran cantidad de personajes muertos o lisiados, autopromoción descarada y valor sólo para el entretenimiento masivo" (xiii). De ser correcta la hipótesis, la multiplicación de este tipo de "mala literatura" en la Red (y fuera de ella, desafortunadamente), nos imposibilitaría reconocerla allí donde la vemos: disimulada en una época de maniobras promocionales, malos críticos, peores suplementos literarios, la deyección de escritores que no se forman y escriben libros para lectores que no leen.
 
 
Nick Page
In search of the world's worst writers: A celebration of triumphantly bad literature
Londres: HarperCollins, 2000
 
[El jueves próximo: Una concisa introducción a la producción de mala literatura a cargo de Nick Page] 

[Publicado el 04/3/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Nick Page, Disidencias]

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La vieja lagartija tiene nueva cola / "Za Za, rey de Ibiza" de Ray Loriga

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"Grosses Kino" [un gran cine] es la expresión que utilizan más a menudo los alemanes para referirse a cierto tipo de libros que ofrece a su lector una experiencia similar a la de ver un filme, en particular si este reúne los elementos heterogéneos de una historia de amor, una intriga enrevesada, algo de acción, una locación atractiva.
 
No importa que Ray Loriga no conozca la expresión (tampoco si la conoce, por el caso), sino el hecho de que Za Za, emperador de Ibiza reúne todos esos elementos en una novela que gira en torno a un antiguo vendedor de drogas retirado al que la vida le cambia cuando un barco también llamado Za Za ancla en el puerto ibicenco y varios personajes estrafalarios (un joven al que llaman "Carlos el Viejo", un cartagenero, un enano, una gogó que adivina el futuro) lo toman por el dueño de la embarcación. En realidad, ésta no es de su propiedad y no debe su nombre al antiguo dealer sino a una droga que produce la felicidad total y absoluta ("la droga perfecta. El maná, el santo grial, el sudario de Cristo y la puta arca perdida", 118) y de la que todos quieren el monopolio. Lo ejercerá Za Za, a modo de hombre de paja, condenado (como una especie de capitán Ahab, pero uno pletórico) a no volver a tocar tierra jamás.
 
Ray Loriga publicó Lo peor de todo, su primera novela, en 1992; le siguieron otras ocho, incluyendo las notables Tokio ya no nos quiere (1999) y El hombre que inventó Manhattan (2004), tres libros de relatos, un musical y guiones cinematográficos para Pedro Almodóvar y Carlos Saura, entre otros: no es necesario mencionar que Loriga también dirigió dos películas (La pistola de mi hermano y Teresa, el cuerpo de Cristo) para que sus lectores recuerden la importancia del lenguaje cinematográfico en su obra. Su nueva novela podría pasar, en ese sentido, por un guión que no fue filmado de no ser por la plasticidad de la frase del autor, que tiende al epigrama y a la sentencia. "Con frecuencia el nuevo rabo no corresponde a la vieja lagartija" (55) se dice en este libro, pero esta es sólo una verdad a medias: Za Za, emperador de Ibiza nos devuelve a Ray Loriga, pero lo hace ampliando su registro (que aquí se aproxima al humorismo más trepidante) y, por consiguiente, lo que sabíamos de él y de su obra: así, la vieja lagartija tiene ahora una nueva cola. "Grosses Kino", pues.
 
 
Ray Loriga
Za Za, emperador de Ibiza
Madrid: Alfaguara, 2014

[Publicado el 27/2/2014 a las 11:15]

[Etiquetas: Ray Loriga, Novela, Alfaguara]

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Novelas de la crisis (de la novela) / Una disidencia

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Ilustración de David Shrigley. Crédito, del autor.

No hay libros que no den cuenta de la época en que fueron escritos, pero, a pesar de ello, se nos dice que estos "deben" reflejar su tiempo, en particular si ese tiempo es francamente mejorable. Vale la pena pensar en esta contradicción en un momento en que un puñado de autores y de editores ha decidido que la crisis económica que afecta a España "tiene" que ser plasmada en su literatura, con la consiguiente publicación de novelas (la lista es larga, pero el lector puede acceder a ella mediante una simple consulta en la Red) sobre la quiebra de Lehman Brothers, el despido, el desahucio, el paro, la pérdida de poder adquisitivo, el ennui juvenil, el desencanto generacional, el servicio doméstico, la sensación de final de época.
 
Ninguna de estas novelas es particularmente buena, desafortunadamente; ninguna de ellas permite siquiera imaginar que sus autores se han propuesto algo más que "contar" lo que ven a su alrededor (es decir, son novelas "reflexivas" en el sentido más lato del término); ninguna de ellas resuelve la contradicción existente en el hecho de que, si la crisis económica no fuese importante, no haría falta hablar de ella: puesto que lo es, nadie necesita leer sobre ella para comprenderla excepto las clases altas, que quizás sean el público al que los autores de "novelas de la crisis" desean interpelar (lo que explicaría muchas cosas); ninguna de ellas avanza siquiera un poco en el esclarecimiento de las causas de la crisis ni propone alternativas a la vulgar distinción entre víctimas y victimarios que preside la discusión sobre ella; ninguna (finalmente) aporta nada que la prensa (en crisis también, por cierto) no haya dicho ya ni ofrece una solución al que es su principal problema a la hora de hablar de la crisis: la necesidad de encontrar una forma de hacerlo que vaya más allá de la alternancia de estadísticas, que no pueden plasmar el drama de las personas afectadas, y casos, que no dan cuenta del carácter colectivo del problema.
 
Ante este panorama, los autores de "las novelas de la crisis" siempre podrán escudarse legítimamente en la idea de que la literatura constituye alguna clase de contrapoder, ya que ésta es la forma en que ha sido concebida habitualmente por las élites ilustradas (las cuales nunca han conseguido demostrar que sea efectivamente un contrapoder, ni en América Latina ni en España); también podrán escudarse en sus intenciones, que son buenas (con la salvedad de que las intenciones de un escritor y el resultado de sus esfuerzos nunca guardan mucha relación).
 
Para intentar comprender la inoperancia política de "las novelas de la crisis", y su incapacidad para producir efectos en ese ámbito, es necesario trascender los juicios personales acerca de sus autores y pensar que, ante el hecho de que la proliferación de textos en nuestra sociedad ha llevado a que ya no exista un idioma común para narrar la experiencia social, es precisamente la literatura (independientemente de cuáles sean las ideas de sus autores y el tema de sus obras) la que puede crear ese idioma, que no está creando debido a que no molesta, no inquieta, no interviene en las zonas de confluencia (y por lo tanto, y necesariamente, de conflicto) entre literatura y sociedad para revelar las tensiones que operan sobre una relación sólo aparentemente normalizada. Ninguna de las novelas a las que hago referencia aquí trata de ir más allá de y contra la institución literaria desertando de las principales ideas que imperan en ella, incluyendo la idea de que la literatura "debe" o "tiene que" y, por lo tanto, caen del lado de lo predecible y lo inocuo, puesto que la tarea específicamente política de la literatura es un cierto tipo de deserción y de rechazo, por ejemplo ante la demanda de su disponibilidad para el consumo.
 
En ese sentido, la proliferación de las "novelas sobre la crisis" hace pensar poderosamente en una estrategia comercial, aunque otra posible explicación para su multiplicación en estos tiempos se relacione con la incomprensión de sus autores del funcionamiento de la literatura y de la forma en que esta se vincula con la sociedad, puesto que (como decía) es inevitable que todo fenómeno social encuentre su plasmación en los textos que son escritos bajo su influencia, comenzando por la lista de la compra: de ser cierto lo primero, sus autores serían unos cínicos; de ser verdad lo segundo, ignorarían su oficio. No sé cuál de las dos opciones es la peor, pero el hecho es que, al tiempo que proliferan las "novelas de la crisis", se habla de la "crisis de la novela" y de su declive en términos de importancia social. No parece difícil pensar que ambos fenómenos están vinculados y que la miseria de la literatura es principalmente la de su desafortunado lector, obligado a leer una literatura redundante, lo que constituye un problema literario; es decir, un problema político.

[Publicado el 25/2/2014 a las 11:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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"Tenía en su mano un librito abierto" / "Los Modlin" de Paco Gómez

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Quizás algunos lleguen a los Modlin a través de la obra de un documentalista y otros (los más afortunados) mediante un libro titulado Los Modlin. No importa. El fotógrafo español Paco Gómez, por ejemplo, llegó a ellos de forma casual, al encontrarse en un contenedor de basura en la calle del Pez cientos de fotografías, negativos y contactos que mostraban a tres personas en poses incomprensibles y en obras fantasmagóricas que, queriendo anticipar el Apocalipsis bíblico, narraban uno personal.
 
Acerca de los Modlin se debe decir lo menos posible, ya que su historia habla por sí misma; su voz (si su historia la tiene) habla en susurros, sin embargo, y nunca lo cuenta todo. Paco Gómez narra con solvencia (con una solvencia inusual para quien no es un escritor profesional ni pretende serlo), pero en la historia de Margaret y Elmer Modlin y de su hijo Nelson quedan cabos sueltos, imágenes desechadas, falsos comienzos, finales en los que nada concluye, testimonios que nunca conoceremos de personas que no quisieron hablar, los restos de tres o más vidas que se cruzaron con las de Henry Miller, Francisco Franco y Roman Polanski, y ahora con las nuestras gracias a una investigación de diez años en la que Gómez entrevistó a casi todos aquellos quienes tuvieron relación con los Modlin, recorrió los lugares que estos frecuentaron, vio cientos de filmes en los que Elmer Modlin participó, estudió la obra de su mujer Margaret (autoproclamada la mejor pintora del siglo XX), entró en las ruinas de la que fue su casa.
 
"La obsesión de bucear en las vidas ajenas viene de la imposibilidad de hacerlo en la mía", afirma Gómez (12), pero esto no es cierto; Los Modlin es un ejercicio de introspección que explora los temas de la vocación artística, la memoria, la mortalidad y la locura con una profundidad que posiblemente pase desapercibida a algunos en el marco de un relato que es, digámoslo así, "trepidante". Una pintora extravagante capaz de titular uno de sus cuadros "Generalísimo Franco, tú que vives al abrigo del Altísimo, y habitas a la sombra del Omnipotente", un actor secundario y posiblemente no muy bueno traumatizado por lo que vio en Nagasaki tras el estallido de la bomba atómica, un hijo condenado por su belleza y la excentricidad de sus padres: pueden ser los personajes de una novela, pero son los de una investigación que, si bien se lee como una, es tan ensayística como lírica, tan poética como rigurosamente documental. No importa el género al que se desee adscribirlo: Los Modlin es un libro subyugante, un imprescindible cuya historia es tan notable como la de sus desgraciados protagonistas, que conocieron la vocación artística y la pobreza y la locura y fueron devorados por ellas.
 
 
Paco Gómez
Los Modlin
Madrid: Fracaso Books, 2013

[Publicado el 20/2/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Paco Gómez, Fracaso Books]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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