PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 1 de marzo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Ingravidez / "Ardillas de Pavlov" de Laura Erber

imagen descriptiva

Vivimos, afirman algunos, tiempos "post-históricos", en los que la errancia y la falta de certezas habrían reemplazado a una cierta visión progresiva de la historia y a los esfuerzos individuales y colectivos por encontrar un sentido; al menos desde la victoria en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses de Donald Trump (cuya campaña estuvo presidida por el uso extensivo y deliberado de la mentira política) parece evidente que estos tiempos "post-históricos" han venido para quedarse, de tal manera que la única pregunta que cabe hacerse al respecto (aparte de la que concierne a nuestra suerte en su transcurso) es de qué forma la literatura, post-histórica o no, reflejará estos tiempos de vagabundeo, fragilidad y falta de sentido de la experiencia.
 
Además de la obra de Teju Cole (Kalamazoo, Michigan, 1975), posiblemente el escritor que mejor ha comprendido el signo de los tiempos, la literatura contemporánea reserva dos respuestas mayoritarias a la pregunta acerca de cómo narrar la época: la surgida en los Estados Unidos al hilo del movimiento Black Lives Matter (que reescribe la experiencia individual en el ámbito de lo social en un sentido amplio, no tanto en términos de clase sino más bien de raza y de género) y la que emerge de escritores individuales que, como Valeria Luiselli en su novela Los ingrávidos, hablan de la pérdida del hogar con la levedad y los tonos menores de una literatura radicalmente solipsista.
 
Ardillas de Pavlov de Laura Erber (Río de Janeiro, 1979) pertenece a esta última tendencia; su protagonista, Ciprian Momolescu, hijo de un poeta surrealista rumano que, ante el escaso interés de la Rumania comunista por el surrealismo, devino escritor de cuentos infantiles, lo intenta como artista contemporáneo becado en residencias en Alemania y Dinamarca antes de decidir que un arte que tiene como objeto producir experiencias debe ser sublimado en la experiencia de una vida anónima, en su caso en París. Ciprian aspira tan sólo a encontrar al final de su vida "un lavamanos con una rejilla oscura para drenar sus peores recuerdos" (48); "tantas cosas pueden surgir de las elucubraciones de un joven solitario en un lugar aislado [que] lo más difícil es vivir la vida al por mayor y al por menor y saber que no hay más que falta de sincronía, ovulación y violencia consentida", afirma (46). Su aprendizaje no es el de la decepción (este no es un Bildungsroman ni nada que se le parezca, en no menor medida debido a que, en realidad, y a lo largo de su trayectoria, Ciprian no desea ni consigue aprender nada), sino el producto de una decepción inevitable, ya que "no hay juego, azar, teoría salvavidas, persona o libro que enseñe a soportar este mareo" que es la existencia: "El lugar desde donde hablo es una nada justo en medio de todo" (15).
 
Erber, quien es también artista visual y editora y fue seleccionada por la revista Granta como uno de sus "veinte mejores escritores brasileños jóvenes", tiene talento para el epigrama ("el cansancio es la bebida de los que no beben", 32; "La pobreza que nos mantenía juntos era la misma que nos separaba", 34) y su novela tiene pasajes especialmente logrados; su levedad, su "ingravidez" parece apuntar a lo que la autora denomina "esa extraña forma de inocencia que es la indefinición" (91); sin embargo, ¿es posible ser inocente en estos tiempos post-históricos? Quizás la respuesta sea que, siendo posible, no es deseable. "Soy un chiste que se cuenta por inercia, capricho o vanidad", admite el narrador de Ardillas de Pavlov (14); más tarde, se pregunta: "¿Y por qué les cuento todo esto?" (118). El lector, por supuesto, se pregunta lo mismo bastantes páginas antes. Buena parte del futuro de la literatura se juega en la respuesta que se ensaye a esa pregunta; pero, al menos de antemano, es evidente que la ingravidez literaria no parece la mejor respuesta a la falta de peso de la literatura contemporánea ni la elisión del significado la mejor contribución a la recuperación de un sentido para la experiencia moderna.
 
 
Laura Erber
Ardillas de Pavlov
Trad. Julia Tomasini
Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2016

[Publicado el 17/12/2016 a las 13:00]

[Etiquetas: Laura Erber, Novela, Adriana Hidalgo]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

El mapa y el territorio / "Houellebecq. Una experiencia sensible" de Nicolás Mavrakis

imagen descriptiva

¿Quién o qué es Michel Houellebecq? La pregunta no es tan simple como parece. O lo es: lo que resulta complejo es darle una respuesta. Nicolás Mavrakis (Buenos Aires, 1982) lo intenta ofreciendo el que (de momento, y si no estoy equivocado) es el primer libro en español dedicado al autor de Ampliación del campo de batalla.
 
Quién es, qué hace, cuál es el "efecto Houellebecq" en la literatura contemporánea; el autor responde estas preguntas articulándolas en torno a algunos ejes temáticos: la idea de masculinidad en la obra del autor de Sumisión; su visión de las ciencias físicas y, particularmente, de la biología; su relación con el mercado no sólo literario; sus visiones de la sexualidad, lo Sublime, la poesía. Visto como un poeta (romántico, agregaría él), Houellebecq se convierte aquí en una suma de contradicciones significativas: un poeta que escribe muy buena narrativa y (a su vez) pertenece al reducido y no muy interesante círculo de los best sellers; un autor deliberadamente marginal que, sin embargo, acapara portadas; un inteligentísimo analista del fetichismo de la mercancía que no duda en ofrecerse a sí mismo y a su obra como una mercadería más y se entrega al mercado en distintos formatos como si se tratase de un producto franquiciado; alguien, por fin, que considera seriamente la posibilidad de que el sexo vaya a ser eliminado en un futuro próximo pero hace que las motivaciones de sus personajes sean casi únicamente de índole sexual.
 
Aquí "contradicción" no es error ni invalidez, sino principio articulador de una narrativa que no se limita a la provocación o al escándalo. Acusado habitualmente de "misógino", "racista" o "reaccionario", Houellebecq es, sostiene Mavrakis, todo aquello que esas etiquetas silencian, y es necesario dejar de lado los prejuicios para que la verdad esencial que subyace a su obra se desplace firme pero persistentemente más allá de las preconcepciones y los rótulos. No siempre Mavrakis consigue mostrar esto con claridad: al tiempo que su idea de lo que llama la "feminización del amor" es considerablemente estrecha ("un mundo postpatriarcal donde las mujeres se sintieran satisfechas con la casta compañía de hombres con los que pudieran compartir meriendas nice y películas como Mean Girls", 88), su visión de un vínculo ineludible entre masculinidad y poder ("Cuando se trata de masculinidad, lo que está verdaderamente en juego es el poder", 100) excluye por definición la posibilidad de ejercer el poder de forma "femenina" (en la estrechez de la interpretación, el autor parece coincidir con el feminismo más radical, no necesariamente el más interesante) y su adhesión y/o rechazo a términos como "explotación femenina" (103), feminismo, masculinidad y turismo sexual carece (una objeción que también puede hacerse a la obra de Houellebecq) de un componente de clase sin el cual esos términos no resultan productivos.
 
En sus mejores momentos, sin embargo, Houellebecq. Una experiencia sensible es una introducción seminal a la obra del autor de El mapa y el territorio, una guía de viajes por un territorio que (precisamente) carecía de mapa en español hasta el momento. "En el gesto irónico de Houellebecq ante su propio proyecto [...] puede auscultarse una larga tradición francesa que incluiría nombres y tiempos como los de François Rabelais y Charles Baudelaire", afirma Mavrakis (141); también, se puede agregar, en su obra se encuentran los modos de una negatividad que, no casualmente, ha encontrado un eco especialmente afín en la cultura argentina. "La obra de Michel Houellebecq es útil simplemente porque establece un punto simple: pensar y escribir bien no significa pensar y escribir cosas buenas" (34); es pertinente tomar en cuenta que estas últimas palabras han sido escritas en Buenos Aires, donde la negatividad constituye algo parecido al aire que se respira, no necesariamente para beneficio del sistema respiratorio pero sí de los lectores.
 
 
Nicolás Mavrakis
Houellebecq. Una experiencia sensible
Buenos Aires: Galerna, 2016

[Publicado el 15/12/2016 a las 15:00]

[Etiquetas: Nicolás Mavrakis, Ensayo, Galerna]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

En una lengua extraña / "Había mucha neblina o humo o no sé qué" de Cristina Rivera Garza

imagen descriptiva

Nacida en Matamoros (Tamaulipas, México) en 1964, Cristina Rivera Garza es poeta, ensayista, profesora en la Universidad de Houston y, sobre todo, una de las intelectuales y escritoras más sugerentes y talentosas de la literatura contemporánea en español; sus intervenciones en la red, ensayos suyos como Los muertos indóciles. Necroescritura y desapropiación (2013) o su singular aproximación a Pedro Páramo en su blog "Mi Rulfo mío de mí" no sólo señalan nuevas direcciones para la literatura, sino que proponen (y esto tal vez sea más importante, o al menos más urgente) una reformulación de los vínculos entre las instancias sólo aparentemente divergentes de autor, lector y obra, lo que equivale a decir, una reescritura del sitio que la literatura ocupa en el mundo.
 
Había mucha neblina o humo o no sé qué continúa el proyecto de apropiación de la obra de Juan Rulfo como vehículo de un cuestionamiento radical de la autoría ya esbozado por Rivera Garza en "Mi Rulfo mío de mí", y lo hace en dos sentidos: hacia el interior del texto, subvirtiendo su adscripción a un género u otro mediante la proliferación de estrategias narrativas (Había mucha neblina o humo o no sé qué es principalmente una crónica de viaje, pero incluye poemas, fotografías, análisis literarios, cuentos, reescrituras y apuntes); por otra parte, hacia el exterior del texto, dando cuenta de las condiciones materiales de producción de la obra de Rulfo, lo que supone también (y especialmente en relación al desempeño del autor de El llano en llamas en el proyecto modernizador mexicano, primero como vendedor de neumáticos y más tarde como integrante de la así llamada Comisión del Papaloapan y funcionario en el Instituto Nacional Indigenista) establecer un vínculo entre las mejoras introducidas en la producción de llantas y neumáticos con la ampliación de la red de carreteras en México, el auge del turismo en el país norteamericano y la popularización en él de la cámara fotográfica: todo ello (dice Rivera Garza) hizo posible la obra de Juan Rulfo en la medida en que facilitó los desplazamientos por el país que están en el origen de su literatura. Su obra no surge de la nada, es el resultado del proyecto modernizador mexicano así como su cuestionamiento, un impulso modernizador paradójicamente cohibido por el reconocimiento de que supondría la desaparición de ciertas comunidades y formas de vida que Rulfo celebró en su obra, especialmente en su fotografía.
 
Juan Rulfo como testigo, Juan Rulfo como "facilitador" del desplazamiento forzoso de las comunidades rurales que él entendió como nadie y sobre las que escribió con una piedad todavía conmovedora, Juan Rulfo desplazándose hacia el futuro con la mirada puesta en el pasado como el ‘ángel de la Historia' de Walter Benjamin, Juan Rulfo financiado por la CIA, Juan Rulfo comprándose diez boletos de lotería para salir de pobre (y no ganando nada, por supuesto); Juan Rulfo como pionero de la literatura queer (otro gran hallazgo de la autora): las versiones del autor de Pedro Páramo se solapan en la obra de Rivera Garza contribuyendo a la reversión del proceso de canonización y desactivación política de Rulfo y de su obra que se iniciaron con su silencio. A pesar de ciertas repeticiones a lo largo del texto y de una prosa no siempre eficaz, Rivera Garza hace en este libro algo extraordinario: se apropia de Rulfo (es decir, lo "desapropia", despojando sus textos de la atribución de autoría que los uniforma y desactiva) para, de esa manera, devolvérnoslo. Al final, como en las páginas traducidas al mixe que conforman el último pasaje del libro, Juan Rulfo sigue siendo un enigma, alguien que habló en una lengua extraña; pero esa lengua ya se ha vuelto nuestra, y nosotros somos ella también.
 
 
Cristina Rivera Garza
Había mucha neblina o humo o no sé qué
Ciudad de México: Literatura Random House, 2016

[Publicado el 12/12/2016 a las 15:15]

[Etiquetas: Cristina Rivera Garza, Novela, Literatura Random House]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Hemos nacido en tiempos difíciles / "La mente participativa" de Henryk Skolimowski

imagen descriptiva

"La filosofía académica de nuestro tiempo, escrita por puros cerebros, se ha vuelto ilegible para la gente corriente e incluso para quienes están mejor formados", constata Henryk Skolimowski: se erige "como un curioso monumento en ruinas". Ante las ruinas (se sabe) sólo cabe la contemplación respetuosa y el alivio de no tener que vivir en ellas, pero el autor explora otra vía, la del desplazamiento. Nacido en Polonia en 1930 pero doctorado en Oxford y con una larga experiencia docente en los Estados Unidos, Skolimowski propone desplazar el centro de la discusión filosófica del ámbito del sujeto al de su interacción con el mundo.
 
No se trata de negar la larga y muy rica tradición del pensamiento occidental, cuyo tema ha sido de forma predominante el individuo, sino, afirma el autor, de proponer un nuevo comienzo para el cual éste se inspira en los presocráticos: en su recurso a la imaginación, en la fuerza poética de sus ideas, en su uso de los símbolos, en su condición (por fin) de pioneros, los presocráticos le permiten desembarazarse de un pensamiento filosófico absorto en su propia contemplación para avanzar hacia un modelo presidido por la mente y por la forma en que ésta adquiere un conocimiento del mundo que es, esencialmente, cocreador: al contemplarlo, la mente participa de él y contribuye a su existencia, al tiempo que, como es evidente, se crea a sí misma y al sujeto. Un "nuevo concepto de persona" surge así en reemplazo de modelos "antiguos [que] se han vuelto completamente inservibles"; de acuerdo con él, el hombre es, sencillamente, una cierta sensibilidad en interacción permanente con lo que la rodea. "Nuestros esfuerzos participativos deben favorecer la vida a largo plazo", sostiene Skolimowski, quien es considerado el padre de la ecofilosofía: la supervivencia del mundo y la nuestra dependen de que nuestra sensibilidad "evolucione" (la expresión es del autor) hacia formas de interacción que contemplen la responsabilidad y la compasión hacia todas las criaturas vivientes.
 
"Necesitamos crear formas participativas de vida que vayan más allá de las maneras de participación que ejemplifican el bingo o el carrusel del consumo", afirma Skolimowski. En La mente participativa revisita las concepciones de empiristas y racionalistas, destaca las figuras del filósofo austríaco Karl Popper y de Pierre Teilhard de Chardin, da cuenta de las formas de comprender el mundo que han caracterizado el pensamiento occidental desde su origen, rechaza (por considerar que ya no funcionan, en el sentido de que no permiten vivir "mejor" y/o "evolucionar") tanto la religión como el conocimiento científico y el pensamiento racional (que el autor considera una respuesta a las demandas del medio no más sofisticada ni útil que la que ha garantizado la supervivencia de formas de vida supuestamente "inferiores", como las amebas); también discute la teoría de la verdad como correspondencia, revisa la función de los símbolos en "la evolución del hombre" (en una elección por completo injustificada escoge sólo tres: el Buda sobre la flor de loto, la cruz cristiana y la Śiva danzante), diseña la relación entre la mente y el mundo como una espiral de conocimiento, propone (finalmente) un modelo en el marco del cual el "yo individual" se inserta en el "yo social/cultural", el cual, a su vez, participa del "yo cósmico/universal": de esta serie de participaciones y pertenencias se extrae la naturaleza del hombre pero también la propuesta de una ética participativa que supere el agotamiento de las formas tradicionales de pensamiento filosófico y las categorías monolíticas que contraponen al hombre con la naturaleza y a su esencia de lo que éste hace consigo y con los demás. Al fin y al cabo, "hemos nacido en tiempos difíciles y, de forma justificada, podríamos sentir lástima de nosotros mismos. [...] Los períodos críticos como el nuestro destruyen muchas almas menores, pues suponen un reto para nuestra esencia última, [pero] aquellos que la asuman prevalecerán y darán testimonio de la fibra indestructible de la condición humana".
 
 
Henryk Skolimowski
La mente participativa
Trad. Juan Arnau y Su Lleó
Pról. Jordi Pigem
Girona: Atalanta, 2016
 
 
[Publicado originalmente en Babelia/El País, 16 de noviembre de 2016.] 

[Publicado el 08/12/2016 a las 17:00]

[Etiquetas: Henryk Skolimowski, Ensayo, Atalanta]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Cargas de profundidad / "El amor cruel" de Juan Terranova

imagen descriptiva

A la manera de una sombra que se proyectase sobre el cuerpo que la produce, ocultándolo, la polémica acompaña a Juan Terranova dondequiera que el escritor argentino vaya. Que al autor de libros como Música para rinocerontes no parece incomodarle esa situación no debería ocultar un hecho evidente para sus lectores: que Terranova da lo mejor de sí cuando escribe ficción; es decir, cuando pelea las únicas batallas que valen la pena para un escritor y abandona los fuegos de artificio por las cargas de profundidad.
 
No hay confrontaciones submarinas en El amor cruel, es cierto; pero sí la constatación de que los personajes de Terranova siempre se desplazan por unas profundidades sólo aparentemente plácidas: desde el proyectorista que se entretiene apuntando a los espectadores de un cine con una escopeta hasta la cuidadora de casas ajenas que presencia algo incómodo e incomprensible, los personajes del libro conjuran con el sexo breve y circunstancial, el hábito de arrojar cosas desde edificios, la obsesión y la deriva del flâneur por ciudades postapocalípticas o al borde de la esquizofrenia una preocupación central de la vida moderna: cómo reconocer y combatir el vacío en el marco de las sociedades de la profusión y la abundancia fingidas o reales.
 
A Terranova se le puede objetar cierta prisa por alcanzar sus fines: el hecho de que todos los relatos de este libro hayan sido escritos en modo autodiegético (es decir, en "primera persona") parece ratificar, por ejemplo, cierto desinterés suyo por las formas narrativas; se le puede cuestionar por su a menudo poco elegante defensa del sentido común en oposición a la corrección política y/o por la irregularidad de su trabajo. Más difícil resulta superarlo en su terreno y con sus armas, por ejemplo con su extraordinaria capacidad de observación y su raro talento para la síntesis que lo hacen describir la esquina de Lavalle y Pellegrini en Buenos Aires como "un estuario" o "la entrada de un delta" (10) (sólo quien haya frecuentado esa esquina sabe de la extraordinaria agudeza de esa descripción), definir el complejo de Edipo de cierto personaje como un objeto "grande y compacto como una Biblia de escritorio" (18), dar cuenta del hecho de que el calor que siente el personaje le "envuelve la cara como una bolsa de nylon" (32) o ver "una erótica" en el lanzamiento de catorce matafuegos por parte de un anónimo y (digámoslo así) pertinaz habitante de un edificio de Mataderos (la anécdota es real).
 
En todo ello y en algunos de los relatos de El amor cruel está el mejor Juan Terranova; lo que equivale a decir, lo más interesante de lo más interesante que la literatura argentina contemporánea tiene para ofrecer a sus lectores en este momento.
 
 
Juan Terranova
El amor cruel
La Paz: El Cuervo, 2016

[Publicado el 05/12/2016 a las 17:30]

[Etiquetas: Juan Terranova, Cuentos, El Cuervo]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Pasión no correspondida / "Musa" de Jonathan Galassi

imagen descriptiva

Algo de la elegancia y la generosidad que quienes hemos tenido la oportunidad de conocer a Jonathan Galassi sabemos que éste posee en grandes cantidades permea o parecería permear Musa, su debut literario. Narrada con la ligereza de quien cuenta un cuento a unos niños, esta fábula con escritores y (sobre todo) editores es, en algún sentido, precisamente, un cuento infantil: el de la infancia de un negocio editorial que ha perdido la inocencia al someterse al juego de los accionistas y la progresión de los dividendos. Parte del placer de su lectura proviene del reconocimiento de nombres de autores, editores y empresas sólo ligeramente disimulados: Musa es una novela en clave, es cierto, aunque la clave está al alcance de cualquier lector medianamente informado; pero incluso aunque esa clave no sea conocida por el lector, éste extraerá el placer de la lectura de este libro de la figura de la brillante y misteriosa Ida Perkins y de los entusiasmos que ésta genera en quienes la rodean, también en el joven editor Paul Dukach: su "pasión no correspondida" está en el centro del relato, y constituye una metáfora eficacísima de una forma de pensar la literatura y lo que ella hace con nosotros, sus amantes, desde que el mundo es mundo.
 
 
Jonathan Galassi
Musa
Trad. Jaime Zulaika
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 15/11/2016 a las 14:45]

[Etiquetas: Jonathan Galassi, Novela, Anagrama]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Acerca de los "Diarios tempranos" de José Donoso / Escribe Cecilia García-Huidobro

imagen descriptiva

No se sabe exactamente cuándo empezó Donoso a escribir los diarios.
 
Probablemente haya sido en su viaje a Punta Arenas en 1945, a los veinte años. Pero el primero de ellos que se conserva, rotulado por él mismo como «A», es de 1950 y lo escribió durante su estadía como estudiante en la Universidad de Princeton, a donde llegó gracias a una beca de la Doherty Foundation que le ayudó a conseguir Inés del Río, doña Momo, la madre de su amigo Fernando Balmaceda.
 
Está escrito en su mayor parte en inglés y, entre otras cosas, elabora bocetos para lo que serán los dos primeros cuentos que publicó, en una revista de la universidad, MSS, «The Poisoned Pastries» y «The Blue Woman», y otros que nunca publicó, como «Tea» o «Maundy Thursday». Había varias revistas en Princeton y MSS intentaba abrirse camino gestionada por los propios estudiantes.
 
Así lo relata Robert Keeley, compañero y amigo de Donoso además de director de la publicación, en un texto que publicó tras la muerte del escritor: MSS Revisited. Para financiarla decidieron vender suscripciones, y en ello Pepe desplegó todo tipo de estrategias, desde instalarse con una mesa a venderlas hasta hacer puerta a puerta a los alumnos en sus dormitorios. Según Keeley, «el elemento más efectivo de su capacidad de venta era su persistencia, su habilidad para convencer a cautelosos estudiantes de años superiores que según él cometerían un grave error si es que la rechazaban. Generalmente se invitaba solo a la pieza, sin preguntar; tomaba posición en algún asiento desocupado y daba la impresión de que no podía irse de la residencia hasta que le colaboraran. Un dólar no es tanto dinero cuando se necesita para conseguir paz y calma. De esa forma José vendió más de doscientas suscripciones, mucho más que todos los demás miembros de MSS juntos. Alcanzamos un total de trescientas cincuenta y decidimos continuar» (Keeley, 1998).
 
Una experiencia que debe haber sido muy útil cinco años después cuando publicó su primer libro, Veraneo y otros cuentos, autoedición que financió recurriendo a un sistema semejante de venta anticipada para conseguir el dinero que le permitiera pagar la impresión. Era uno de esos pocos momentos en que Donoso veía confluir su vocación literaria con esa atracción por lo socialité que siempre lo acompañó, ya que de la venta participaban sus amigos, familia y toda una red de contactos de esa clase social que su obra se ocupó de retratar descarnadamente. Su primera novela, Coronación, siguió el mismo camino de comercialización. Aunque la publicó la editorial Nascimento, le entregaron 700 ejemplares como derecho de autor, con la salvedad de que debía venderlos de manera informal. Nuevamente se activó la red.
 
[...]
 
Me pregunto cómo interpretar el hecho de que el primer cuaderno de Donoso fuese en realidad un notebook. ¿Es casualidad? ¿Usó el inglés como exploración de un lenguaje propio, como máscara encubridora? ¿Sencillamente porque se encontraba en Princeton?
 
Puede ser que esa lengua no fuera precisamente un exilio para él, como pudo haber apostado inicialmente. El desplazamiento vital de Donoso no parece emerger del dilema de en qué lengua escribir.
 
Si lo tuvo, lo despejó pronto. En cualquier caso, el idioma estuvo siempre entre las inquietudes de nuestro autor. En 1970, por ejemplo, apunta en su cuaderno: «Quizás si hallara en español un ejemplo de escritor que influyera en mi estilo, como Virginia Woolf influye en inglés, sería fácil. Pero [es] evidente que soy poco sensible al idioma español y su belleza. Daría mi vida por escribir en inglés. Pero tampoco puedo» (Cuaderno 43, Universidad de Princeton). A lo mejor en sus estadías en Buenos Aires había leído a Oliverio Girondo, a quien también en algún momento le incomodó el castellano y llegó a decir que «hasta Darío, no existía un idioma tan rudo y maloliente como el español» (Girondo, 2014: 82). Como fuere, lo suyo serán las mudanzas, la impostura, la usurpación. El trasvasije de una lengua a otra, de una lectura a muchas.
 
No volvería a escribir en inglés en los casi cincuenta años que mantuvo el diario, aunque solía, al igual que en la conversación, salpicar sus textos de expresiones y frases en ese idioma. Los escribirá en español y los mantendrá casi hasta su muerte el año 1996. La última entrada es de noviembre de 1995, aunque ya se habían espaciado mucho: hay un solo registro ese año y casi no hay de 1994, en cambio en 1993 escribe bastante, sobre todo durante su estadía en Washington.
 
 
Cecilia García-Huidobro
"Prólogo"
En:
José Donoso
Diarios tempranos. Donoso In Progress, 1950-1965
Cecilia García-Huidobro (Ed.)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2016
Pp. 20-22

[Publicado el 11/11/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: José Donoso, Cecilia García-Huidobro, Citas, Prólogos]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Una breve contribución al "noble arte del toreo" / Propuesta

imagen descriptiva

Imagen, Andrés Rábago, "El Roto" / (Que se repita)

Ante el aumento de las protestas concitadas por el "noble arte del toreo", y con la finalidad de adecuarlo a los tiempos actuales (con el convencimiento, que subyace a ello, de que la tradición y la historia sólo son lo que el presente dice que son; es decir, lo menos tradicional e histórico que se pueda encontrar), he pensado que sería deseable e incluso conveniente proponer algunas sugerencias para que, con ellas, éste vuelva a tener el favor del público, siempre tan voluble y deseoso de nuevas experiencias. Esas propuestas son las que siguen:
 
1. La corrida pasará a ser celebrada por la noche, previa adecuación de los cosos a los requerimientos técnicos del ocio nocturno.
 
2. A su entrada en la arena, el torero será iluminado con un potente haz de luz blanca que destaque su figura en la oscuridad. Su entrada deberá ser acompañada por música a alto volumen, en lo posible black metal, trash o speed metal: el torero podrá escoger la música de su preferencia e incluso contar con una canción que lo singularice, ya sea porque le gusta y la utiliza en sus espectáculos, o porque ha sido compuesta especialmente para él por un grupo o solista actual. La entrada del torero podrá ser subrayada con la parafernalia habitual a los conciertos de rock: luces estroboscópicas, figuras trazadas con láser e incluso, si la ocasión lo requiere, humo artificial. Es conveniente que, al ingresar, el matador saque la lengua al público y/o agite la mano derecha con los dedos índice y meñique alzados dibujando una cornamenta.
 
3. Con la finalidad de que la renovación sea incluso más evidente, se recomienda que el matador reemplace el traje de luces por pantalones y chaqueta de cuero o camisetas de grupos conocidos. (No de The Smiths ni de Morrisey, por otra parte.) Se recomienda también que esté profusamente tatuado y, en lo posible, tenga barba abundante pero bien cuidada; también puede teñírsela.
 
4. La entrada podrá ser realizada a bordo de una motocicleta de alta gama, y el torero, entrar solo o con un entourage de pinchadiscos, lanzallamas, gogós y enanos. (Si el torero es latino, por el contrario, puede hacerse acompañar de cantantes de reggaetón, mujeres con silicona inyectada en las nalgas y enanos; si es valenciano, sólo con los enanos, que en este caso deben traer consigo una gran paellera rebosante.) Un personal de seguridad especialmente entrenado para la ocasión deberá impedir las avalanchas del público y que éste se lance de cabeza en el mosh pit correspondiente.
 
5. A la espera de que entre el toro, y a falta de picadores y otros asistentes (inexistentes en una economía como la actual, presidida por la autonomía del trabajador y el emprendimiento económico unipersonal), el torero puede a) ensayar con sus acompañantes coreografías creadas al efecto; o, b) manifestar con voz en lo posible gutural sus opiniones acerca de los asuntos más candentes de la coyuntura política. Se recomienda que esas opiniones no estén bien articuladas, se extiendan a lo largo de minutos sin fin y se precipiten en las siguientes afirmaciones, bien conocidas por el público que gusta de los espectáculos taurinos: "Los animalistas son como los nazis", "Las mujeres para qué coño se meten, si tendrían que quedarse en la cocina, donde están mejor calladitas", "Los 'catalanufos' que se independicen de su puta madre", "A mí que me den un chuletón poco hecho y que se metan su tofu por el culo", "Basta de persecución a las tradiciones", "Los taurinos somos los judíos de España; ya sólo nos falta que nos manden a los hornos", etcétera. El torero puede concebir sus propias frases o emplear las que encontrará en los comentarios a cualquier artículo bien pensado acerca de los derechos de los animales.
 
6. Toreros poco dados a las diatribas, independientes o que arrastren algún problema de dicción, pueden ceder el micrófono a su esposa para que ésta se exprese en consonancia con su vocación natural insultando a periodistas y personas que actúen en programas del corazón, a las que ésta les atribuirá ofensas reales o imaginarias.
 
7. Cuando ingrese el toro en la arena, y teniendo en cuenta cómo el torero y/o su esposa y/o su entourage lo hayan hecho hasta ese momento, el público deberá escoger si procede el indulto: si el venerable considera que así es, toro y torero serán dejados libres; si, en opinión del público. el indulto no corresponde, rápidamente se acercará al torero un lancero a caballo que lo ensartará provocándole una muerte lenta y dolorosa.
 
Cada gemido del torero será acompañado de una ovación por parte del público; cuando muera por completo, será atado a un caballo y arrastrado fuera de la arena entre los aplausos y los pañuelos. En ningún momento se tocará al toro, que constituirá el símbolo del espectáculo y el elemento que lo conectará con sus raíces. Esto podrá ser repetido todas las veces que se considere necesario en el transcurso de la velada, siempre recurriendo a un torero distinto, por supuesto. Los indultados podrán recorrer la geografía española, de forma individual o participando de compañías itinerantes. Esto garantizará la pervivencia de unas tradiciones españolas que, con un poco de fortuna, mantendrán a raya un tiempo más las demandas del público y la llegada de la civilización a estas apacibles costas africanas.

[Publicado el 08/11/2016 a las 14:30]

[Etiquetas: Disidencias]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

La justificación del dolor / "Los tres Cristos de Ypsilanti" de Milton Rokeach

imagen descriptiva

Algo más de dos meses después de que el psicólogo estadounidense Milton Rokeach hubiese iniciado el tratamiento grupal de tres esquizofrénicos paranoides, los resultados eran (por decirlo suavemente) decepcionantes: el único cambio que se había producido en su sistema de creencias consistía en que uno de ellos ya no pensaba que Adán fuera negro.
 
Muy poco después, el mismo paciente iba a pasar a exigir que se lo llamase "Estiércol"; al igual que sus compañeros de terapia (todos ellos pacientes del Hospital Estatal de Ypsilanti, en Michigan), "Estiércol" se creía Jesucristo; la idea original de Rokeach al reunirlo con los otros dos "Cristos de Ypsilanti" había sido estudiar el modo en que se articula la identidad y, especialmente, qué sucede con ella cuando es cuestionada por otras personas; se trataba de "azuzar" a unos pacientes contra otros (la expresión es del autor) de manera de inducir un cambio en su sistema de creencias y una retracción del delirio: en términos de sus objetivos, el experimento fue desastroso.
 
"Ante todo, no hagas daño" es el lema médico por excelencia (así como el título de las muy interesantes memorias del neurocirujano británico Henry Marsh, publicadas recientemente por Salamandra); a lo largo de todo su libro, aquí y allá, Rokeach admite haberlo causado a sus pacientes de forma deliberada, por ejemplo manipulándolos mediante "mensajes supuestamente enviados por autoridades relevantes que sólo existían en la imaginación de los Cristos ilusorios" (15). En ese sentido, y aunque Los tres Cristos de Ypsilanti parece, de a ratos, una novela cómica, el lector no puede dudar del dolor real que sintieron sus protagonistas en buena medida debido a las manipulaciones de las que fueron objeto. Cuando uno de ellos, Leon/Estiércol, es llevado a creer que su esposa imaginaria, la "Señora Mujer Yeti", lo visitará en el hospital, y ésta no lo hace, podemos ver el dolor del paciente, que se pasa horas en la sala de su pabellón, rezando y observando en la palma de su mano un pase de salida que no le sirve para nada porque no puede pasear con su mujer, por ejemplo. Rokeach descubrió que, confrontados con una amenaza exterior a la unidad de su delirio, los pacientes psiquiátricos son notablemente hábiles para incorporar esa amenaza a su relato delirante, y que éste resiste cualquier intento de racionalización: para un esquizofrénico que se cree Dios, que haya otros que también lo creen sólo demuestra que los otros están locos, ya que Dios sólo hay uno y es él. Este descubrimiento parece poco relevante en relación al volumen de dolor provocado, pero el relato se lee con facilidad y tiene trazas de novela cómica, en buena medida debido a las conversaciones entre los tres protagonistas, que parecen insufladas de furor y temor beckettianos, por el latín chapucero de uno de los pacientes y la escatología de sus delirios (que lo hacen asimilar a Jesús con penes y testículos), el convencimiento de otro de ellos de que el hospital es un fuerte inglés y de que debe ser extraditado a Reino Unido y/o nombrado asesor del presidente John F. Kennedy, el arreglo al que llegan un día dos de ellos, por el cual uno pasa a ser el Dios del Antiguo Testamento y el otro el del Nuevo, como en una escena de los Monty Python, etcétera. Son estas trazas las que justifican, si no el dolor provocado por Rokeach a sus pacientes (que éste reconoce en un epílogo conmovedor), al menos sí la narración del experimento que le sirvió de marco y su lectura.
 
 
Milton Rokeach
Los tres Cristos de Ypsilanti
Trad. Eduardo Moga
Madrid: Impedimenta, 2016

[Publicado el 03/11/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Milton Rokeach, Ensayo, Impedimenta]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Involuntariamente pertinente / "Vivir entre lenguas" de Sylvia Molloy

imagen descriptiva

Sylvia Molloy recuerda haber visitado a su abuela paterna poco antes de su muerte, a los cuatro años de edad, pero no recuerda en qué lengua le habló. Nacida como hija de hijos de ingleses y franceses en Argentina, la autora habla tres idiomas desde su infancia, todos ellos con resonancias y afectividades distintas: el inglés es la lengua del padre, la de la escolarización y la de una vida adulta vivida casi por completo en Nueva York; el francés es la del desamparo lingüístico de la madre (que no lo hablaba), las canciones de Charles Trenet, los estudios en Francia; el español es la de las conversaciones familiares, el pudor infantil, la ficción. Decidir en qué idioma se dirigió a su abuela paterna no sólo es importante para determinar la naturaleza de su recuerdo (quienquiera que hable más de una lengua habrá comprobado que los suyos se adecúan a su realidad lingüística más inmediata, lo que los tiñe de sospecha) sino también para trazar un ámbito, el de las incertidumbres del bilingüismo.
 
"¿En qué lengua soy?", es la pregunta del bilingüe. No es una pregunta retórica y no es pertinente sólo en relación a la biografía de la autora de Vivir entre lenguas: desde las afectaciones de una sociedad argentina históricamente permeable a la adopción de extranjerismos hasta la impotencia del fontanero polaco que visita su casa y quiere (pero no puede) hablarle en inglés de una experiencia estética, pasando por las conversaciones con sus gallinas (sólo un argentino puede entender por qué la autora llama a una "Curuzú Cuatiá" ni con cuánta justicia les canta el tema musical de un antiguo programa televisivo poblado de vedetes y plumas), los pecios del idioma de la infancia, la lengua privada de los latinoamericanos en los Estados Unidos, los esfuerzos (generalmente vanos) de ciertos padres por ponerle a sus hijos nombres que funcionen en más de una comunidad lingüística, los casos de Jules Supervielle, Joseph Conrad, William Henry Hudson, Ellie Wiesel y otros autores que cambiaron de lengua de escritura, la autora (una de las más notables de las últimas décadas en Argentina, ensayista y académica de excepción y maestra de decenas de escritores latinoamericanos) ofrece, posiblemente sin pensarlo, un libro de lectura particularmente pertinente en España, donde las lenguas son vinculadas a menudo (y forzosamente) a identidades que se desean monolíticas y son encarnadas por fuerzas políticas que las imaginan como fronteras; es decir, como herramientas de exclusión y no como puentes tendidos. "Para el monolingüe no hay sino una lengua desde donde se piensa un solo mundo", afirma Molloy: en la posibilidad de imaginar que las cosas no son necesariamente como se nos dice que son (y que no hay "una" verdad sino una cierta cantidad de puntos de vista no necesariamente en conflicto) radica la importancia política, también en España, del bilingüismo y de su elogio en Vivir entre lenguas.
 
 
Sylvia Molloy
Vivir entre lenguas
Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2016
 
 
(Publicado originalmente en Babelia/El País, 5 de octubre de 2016.)

[Publicado el 01/11/2016 a las 13:15]

[Etiquetas: Sylvia Molloy, Ensayo, Eterna Cadencia]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres