PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 23 de septiembre de 2017

 Blog de Patricio Pron

En el gesto hay un mandato / "De la finitud", Günter Grass

imagen descriptiva

[...]
 
No todo son pérdidas, sin embargo: quedan la contemplación de la naturaleza, el dibujo (los incluidos en De la finitud están entre lo mejor de la obra gráfica del Premio Nobel), la relectura (principalmente de tres autores imprescindibles para comprender su obra: Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen, Jean Paul y François Rabelais), la gestión anticipada de sus restos mortales bajo la forma de dos féretros de madera que protagonizan uno de los hilos conductores del libro y una historia delirante de robos y devoluciones, el deseo de continuar vivo incluso a sabiendas de que esto significa ser, una vez más, testigo de todo aquello contra lo que Grass se ha manifestado siempre: la especulación financiera, el consumismo, las guerras, la derecha, el sufrimiento de los inocentes.
 
Los desplazamientos habituales entre el pasado y el presente que constituyen una de las características centrales de la obra de Grass tampoco aparecen en De la finitud; a cambio, hay un imperio absoluto del presente, ante un pasado que se desdibuja y un futuro inimaginable. "Hay tantas cosas nuevas, todavía ignotas, que trepan por el horizonte y quieren ser admiradas, tocadas, utilizadas", se lamenta Grass: ante la certeza de la muerte, él sólo pretende "buscar la salida, flotando ligero, / como las plumas, que escapan al azul".
 
De la finitud (traducido una vez más con su excepcional solvencia por Miguel Sáenz) tiene esa ligereza deseada por su autor para poner el punto final, pero no hay nada ligero ni en sus temas ni en la convicción de que, como sostiene Grass, "el libro os sobrevivirá, a vosotros, los monigotes, los que aplicáis empulgueras, vosotros los hipócritas civilizados y remunerados cantantes de coro, vosotros los que ladráis pero sólo sois valientes en manada, vosotros los superlistos analfabetos universitarios y verdugos telegénicos". En el gesto hay también un mandato: Günter Grass (que nunca se traicionó, que fue siempre fiel a una idea personal de lo que significa ser un escritor, que nunca aceptó ningún cargo público ni permaneció cerca del poder por demasiado tiempo) escribió un último libro poético y conmovedor, íntimo y político, necesario. Uno de sus mejores libros.
 
 
Günter Grass
De la finitud
Trad. Miguel Sáenz, con la colaboración de Grita Loebsack
Madrid: Alfaguara, 2016

[Publicado el 16/8/2016 a las 14:30]

[Etiquetas: Günter Grass, Miscelánea, Alfaguara]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Mirar / Nosotros caminamos en sueños 44

imagen descriptiva

Alguna vez Hermann Melville creyó necesario disuadir a las personas "moderadas y escrupulosas" de echar una mirada a un libro: ese libro era Moby Dick y su autor estaba tan orgulloso de su calidad literaria como convencido de que la exposición a él podía ser dañina.
 
Vivimos en una sociedad en la que la imagen goza de un prestigio especial y la compulsión a mirar lo preside todo, pese a lo cual sólo pocas veces recordamos los peligros que rodean esa compulsión. A dañar y a convertirnos en cómplices apuntan los vídeos de decapitaciones de ISIS y probablemente también el cine "snuff"; las imágenes de niños sirios ahogados en las costas de Europa constituyen un ejemplo de que mirar es asumir una posición, en particular si sólo se mira y no se actúa; pero estas imágenes (que apuntan a que mirar es también ser herido por lo que se mira) son reemplazadas a menudo por imágenes que constituyen superficies pulidas y tranquilizadoras, pantallas que nos separan de la realidad y nos protegen a cambio de que aceptemos consumir lo que se nos indica y hacer lo que se nos dice, incapaces de creer que en una época de la imagen estemos ciegos a lo relevante.
 
"Mirar", sostiene el filósofo alemán Byung-Chul Han, es ser sujeto de un potencial daño, someterse a la posibilidad de ser herido. "Sin herida no hay verdad, ni siquiera percepción", afirma el autor. Mirar es establecer una relación con otro que nos resulta ajeno, pero sin el cual no hay experiencia del mundo. También es contemplar la posibilidad de que el acto de mirar deje de ser una acción principalmente pasiva para imaginar el mirar como un acto al borde de lo político y de lo ético, del que posiblemente emerjamos heridos, pero más vivos que en una existencia con los ojos cerrados a la que parecemos abocados si no hacemos algo al respecto.

[Publicado el 12/8/2016 a las 13:15]

[Etiquetas: Disidencias]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Una 'maxima moralia' / "Breviario de saberes inútiles" de Simon Leys

imagen descriptiva

[...]
 
En su "abecé gideano", acusa al autor de Los monederos falsos de haber sobreestimado a Georges Simenon y afirma que André Malraux no era "un buen escritor" (en el ensayo que le dedica a continuación ya lo llama directamente "farsante"); no fundamenta sus afirmaciones ni (por supuesto) define a esa rarísima especie, el escritor "bueno", de cuya existencia (ahistórica, trascendental, moral en el peor sentido del término) sólo parecen tener pruebas ciertos críticos. Acerca de Gide dice sentir "compasión" por lo que considera "el contraste (extremo y trágico) entre, por una parte, el esplendor de su inteligencia y su cultura, la nobleza de una mente abierta a todos los anhelos humanos, y, por otra, la tiranía grotesca y atroz de sus obsesiones". (Una afirmación al menos singular, ya que parece evidente que son precisamente esas obsesiones las que convirtieron a Gide, y a casi cualquier otro, en escritor.) Llama "sabio" a Evelyn Waugh por frases suyas que en el mejor de los casos son cínicas y, en el peor, triviales; sugiere la coincidencia deliberada "de un movimiento que apoya la eutanasia y de un movimiento a favor del matrimonio homosexual" y a continuación las define mediante una cita como "fuerzas destructivas". Sostiene, por último, que "poesía es captar la realidad, hacer un inventario del mundo visible, dar nombres a todas las criaturas", todo lo cual constituye una definición muy pobre de una forma literaria.
 
Leys es un moralista católico: su opinión sobre Barthes, por ejemplo, es por completo moral y presupone su superioridad en ese sentido sobre el autor de S/Z; el problema de ese juicio es que, por una parte, Leys nunca debió tomar las decisiones que tomó Barthes; por otra, no escribió sus libros.
 
Pero hay una objeción mayor que se puede hacer a juicios como los que vierte sobre Barthes (o, por el caso, sobre Edward Said, de quien hace en este libro una crítica profundamente deshonesta desde el punto de vista intelectual), y es que sus juicios morales no explican (ni analizan ni facilitan el análisis de) las obras de Barthes. Aun en sus mejores momentos, Leys es "selectivo" y "arbitrario" (aunque él prefirió ver estos defectos en la obra de Said antes que en la propia); nunca es fascinante y ni siquiera es divertido: le irá magníficamente bien entre cierta parte de los lectores.
 
 
Simon Leys
Breviario de saberes inútiles
Trad. José Manuel Álvarez-Flórez y José Ramón Monreal
Barcelona: Acantilado, 2016

[Publicado el 09/8/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Simon Leys, Ensayo, Acantilado]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Escritores/Pontífices / Nosotros caminamos en sueños 43

imagen descriptiva

Más grande que la vida misma (y decidido a que lo sepas) / El escritor/pontífice /

"¿Qué opina sobre el proceso de paz en nuestro país?". Escuché esa pregunta con escasas variantes de boca de decenas de periodistas durante una estancia reciente en Colombia. En el origen de la pregunta había algo de pereza de los periodistas (es más fácil preguntarle a un escritor acerca de hechos de conocimiento público que hacerlo sobre su obra), pero también, y en mayor medida, una habituación a una figura de escritor recurrente de cuya existencia somos responsables (también) quienes escribimos libros.
 
Esa figura es la del escritor/pontífice que se levanta por las mañanas en su apartamento en alguna capital europea y decide que va a explicarle al mundo cómo se hacen las cosas; por ejemplo, a los colombianos cómo deben llevar adelante su proceso de paz. En los hechos, no importa que el escritor no sea un experto en el tema que aborda y/o en el país acerca del que habla; no importa siquiera que no haya pisado nunca antes el país: el no ser un experto otorga a lo que dice (paradójicamente) cierta autoridad moral.
 
La palabra "pontífice" viene del latín "pontifex" y significa "el que construye puentes"; fue uno de los títulos que ostentaban los emperadores romanos y en la actualidad es de uso del Papa. En la figura del escritor/pontífice su significado original se trastoca, sin embargo, ya que el escritor que pontifica destruye los puentes que lo unen, por una parte, con la realidad, y, por otra, con la comunidad de lectores de la que forma parte y de la que se escinde en nombre de una superioridad moral difícil de creer. Escribir libros (incluso ser un magnífico escritor) no convierte a una persona en experta en cuestiones de política internacional: donde habla el escritor, debería hablar el experto. ¿Qué podía decir yo sobre el proceso de paz en Colombia y a quién podía importarle? Ante los escritores que creen tener todas las respuestas, el lector hará bien en preferir a los que proponen preguntas.

[Publicado el 03/8/2016 a las 13:45]

[Etiquetas: Disidencias]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

"El cuerpo hace de sí su propio enemigo" / "Fruta podrida" de Lina Meruane

imagen descriptiva

[...]
 
No hay más allí, por otra parte; excepto la sintaxis de Meruane, una deriva verbal aparentemente caprichosa y conformada por acumulación y repeticiones cuya referencia inmediata es la prosa de Diamela Eltit. En Sangre en el ojo hay buenos ejemplos de ella; por ejemplo el que sigue:
 
Llegamos al segundo piso y nos tiramos en la cama y tiramos lejos los zapatos enarenados. Olíamos a mar, a marisco, a calcetines sucios, a los pies transpirados de Ignacio. ¿Estás cansado? Sí, dijo, exhausto. Y luego prendió un cigarrillo que acabó siendo para ambos y aspirando lentamente de la colilla empezó a decirme, entre pausas, aspirando las palabras, que esa tarde. En ese almuerzo. Entre esas machas y ese chupe de locos. Y la cebolla picada y las hallullas, Ignacio, no debíamos olvidarlas. Entonces, dijo. ¿Entonces?, dije. Entonces empecé a pensar, dijo. (Qué tendría que hacer para que dejaras de pensar tanto, todo el tiempo.) Lo pensé nebulosamente primero y lo seguí pensando con más claridad después de pasar el peaje, mientras conducía contigo al lado, dijo, las ideas vagando de un punto a otro, con la sensación de ir conduciendo en el aire. Y entonces. Entonces emergió la palabra posibilidad. La frase existe la posibilidad, aunque ya sé, remota. Remota, dije yo, todavía es remota. Y ya lo sé, no deberíamos pensar en esto, en esto que hemos hablado tantas veces. Solo que una cosa es hablar de algo, pensé yo, y otra muy distinta es de pronto abrir los ojos (110-111).
 
A la altura de Fruta podrida la sintaxis de la autora no estaba todavía formada por completo, sin embargo, y en la novela hay momentos sonrojantes: unos buitres "oteando la carnosa pulpa del campo", unas costuras que "empezaban a dilatarse", un resplandor "intenso" que "amarillea" los párpados de una de las protagonistas y resulta ser "el agónico brillo de la tarde que doraba los últimos frutales afuera", todo ello sólo en la primera página.
 
En sus momentos menos logrados, Fruta podrida recuerda el agotamiento que la obra de Eltit arrastra desde hace décadas; en los mejores, nos recuerda que es una narradora a seguir de cara a futuros libros que estén a la altura de Cercada, su mejor novela hasta el momento.
 
 
Lina Meruane
Fruta podrida
Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2015

[Publicado el 01/8/2016 a las 15:00]

[Etiquetas: Lina Meruane, Eterna Cadencia, Novela]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Siete intentos (fallidos) de responder a la pregunta de cómo y por qué escribí #NDTL

imagen descriptiva

1
 
Escribí No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles durante un período de aproximadamente un año, de septiembre de 2014 a agosto de 2015, y a raíz de un interés personal por los futuristas italianos y por las preguntas que estos se hicieron. Los futuristas fueron la primera vanguardia, la que abrió literalmente las sendas que recorrerían posteriormente dadaístas, surrealistas y el arte contemporáneo y la que más lejos llegó en sus aspiraciones de integrar arte y vida así como en su asalto al poder, ya que el fascismo adoptó como política de Estado muchas de sus ideas. Naturalmente, los futuristas salieron escaldados de su relación con el poder; pero esto puede decirse de todos los intelectuales y artistas que alguna vez flirtearon con él. En su experiencia hay algo parecido a una advertencia que es desoída una y otra vez, de manera que hablar acerca de ellos es hacerlo (también) sobre los vínculos entre literatura y política y literatura y vida: el tipo de cosas en las que quienes somos lectores no podemos dejar de pensar. Es decir, podemos pensar en otras cosas, pero siempre volvemos a estos temas.
 
 
2
 
En realidad (y contra lo dicho anteriormente), esta es una novela sobre las formas de la violencia política que hemos experimentado a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos de XXI. En No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles tres personas con vínculos de sangre adoptan modalidades distintas de la violencia política en tres momentos muy específicos de la historia: hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, durante la insurrección popular que recibiría el nombre de "La Resistencia"; en 1977, durante la así denominada "crisis del petróleo" (la primera crisis económica de la Europa de posguerra), en el marco de la cual se produjo también un aumento del disenso y el surgimiento de una nueva generación de activistas políticos; y en 2014, durante las manifestaciones contra la reforma laboral que tuvieron lugar en Milán en diciembre de ese año, en un momento en que la violencia es principalmente económica y ejercida sólo de formas aparentemente más sutiles. ¿Es la violencia política una forma legítima de transformación de la sociedad? En ese caso, ¿qué le otorga su legitimidad? ¿De qué formas pueden (y tal vez deban) actuar las personas para dejar de ser espectadoras de sus vidas y convertirse en participantes activos en ellas? Quizás, en lo que hace a nuestra relación con la historia, sencillamente caminemos en círculos: los tres personajes principales de esta novela se hacen estas preguntas, generación tras generación; pero lo que me parece importante es que esas preguntas son también las que nos hacemos muchos de nosotros, en este momento y por razones similares.
 
 
3
 
A pesar de lo cual, la pregunta central de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, y la que le dio origen, es otra. ¿En qué momento y de qué formas el arte se convirtió en política y la política en crimen a lo largo del siglo XX?
 
 
4
 
Aunque el origen de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es (si lo pienso bien) distinto a lo dicho antes. En 2010, mi esposa y yo visitamos La Sebastiana, la casa de Pablo Neruda en Valparaíso; allí, y debido al énfasis puesto en la participación de Neruda en el congreso de escritores antifascistas de julio de 1937 en apoyo a la República española, me pregunté si no sería interesante "imaginar" un congreso de signo contrario, celebrado algo después, en algún otro sitio de Europa. Al principio, sólo me atraía la simetría; después, y mientras me documentaba para escribir el libro, una certeza incómoda: la de constatar que las discusiones y las visiones acerca del escritor y sus tiempos eran exactamente las mismas en uno y otro bando de la contienda, como si las continuidades tácitas hubiesen sido más importantes que las diferencias hechas explícitas. Las preguntas que arrojaban esas continuidades iban a permear inevitablemente el libro: ¿Qué vínculo real existe entre las ideas políticas de un autor y el carácter político de sus textos? ¿Qué hacer con todos aquellos autores cuyas ideas políticas nos resultan afines, pero cuya obra es profundamente conservadora? ¿Qué hacer, por ejemplo, con los vanguardistas, cuya obra es radicalmente revolucionaria, pero cuyas opiniones personales acerca de temas como la igualdad de los sexos, las razas y las clases sociales fueron conservadoras, reaccionarias incluso?
 
 
5
 
¿Quién ha dicho "imaginar"? Mientras el libro estaba en imprenta, leí tardíamente un artículo de Francisco Urondo recogido en Obra periodística. Crónicas, entrevistas y perfiles 1952-1972 (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2013). En él, Urondo reseñaba un congreso internacional del PEN Club celebrado en septiembre de 1936 en Buenos Aires con la presencia de Victoria Ocampo, Jules Romains, Alfonso Reyes, José Ortega y Gasset, Henri Michaux, Stefan Zweig y F.T. Marinetti, entre otros. El congreso estuvo presidido por las invectivas de este último y por el divorcio entre fascistas y antifascistas, y el talento escénico del italiano inclinó la balanza a favor de los primeros. Según Urondo, Marinetti se despidió de Buenos Aires anunciando un congreso de escritores fascistas a celebrarse en Italia en fecha a determinar. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es ese congreso que Marinetti no pudo o no quiso organizar finalmente. Una vez más, la naturaleza imitaba al arte.
 
 
6
 
No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles tiene, sin embargo, un origen distinto, que se hunde evidentemente en las ideas políticas de mis padres y los otros activistas políticos de su generación, en sus visiones de la voluntad como herramienta de transformación y en la proyección de esa voluntad en mis libros, en mi trabajo como escritor.
 
 
7
 
Aunque, en realidad, el origen de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles está en otro sitio (como suele suceder siempre, lo que hace que hablar sobre el "por qué" de una obra esté condenado, siempre, e inevitablemente, al fracaso), en un libro acerca de cómo perciben las formas las personas no videntes. En su privación de la vista, los ciegos recurren al tacto, que, a diferencia de la vista, es un órgano que asimila estímulos consecutivos y no simultáneos, y por consiguiente, cuando los dibujan, los ciegos a menudo presentan los objetos como una sucesión de percepciones sin jerarquía aparente. ¿Un vaso? Una boca, paredes convexas, un culo o fondo. ¿Un libro? Una portada, una contraportada, cuatro cantos de texturas distintas. Pensé que podía ser una forma adecuada de narrar algo que ya existía en mi cabeza como un objeto, poliédrico y (en algún sentido) inasible, flotando en una especie de vacío imaginario en el que todos los estímulos mencionados antes, todos los falsos comienzos y las intuiciones y las preguntas que estas proponían apuntaban en dirección a la escritura de un libro: cada una de las caras de ese objeto que es No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles es uno de los libros que componen la novela; deben ser aprehendidos de forma consecutiva, pero sólo tras haberlos percibido uno tras otro puede el lector hacerse a la idea de la forma del objeto, flotando en el vacío imaginario pero ya, por fin, menos inasible de las ideas, donde la voluntad se hace acción directa y obra y las preguntas se transforman de algún modo en respuestas.
 
 
[Publicado originalmente en el períodico de La Central. Madrid y Barcelona, mayo y junio de 2016.]

[Publicado el 27/7/2016 a las 13:15]

[Etiquetas: Disidencias]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Un destino inusual / "Cuentos completos" de Grace Paley

imagen descriptiva

[...]
 
No se trata sólo de una cuestión estética: en el tránsito de "Adiós y buena suerte" (la historia de la joven que vende entradas en un teatro, se enamora del galán casado de la compañía, lo pierde con el final de ésta, lo reencuentra y termina su soliloquio para ir a casarse con él), en Batallas de amor, y, digamos, "La corredora de fondo", de Enormes cambios en el último minuto (un cuento en el que una mujer visita la casa de su infancia en el que ahora es un barrio violento habitado por afroamericanos y debe quedarse durante algún tiempo en él, compartiendo sus antiguas habitaciones con una madre negra y sus hijos), no hay únicamente un tránsito del realismo a formas cercanas al simbolismo y al absurdo que serían afines a autores posteriores, sino también una actitud consecuente con el activismo político de la autora, que incluyó el rechazo sin atenuantes al intervencionismo militar estadounidense, la proliferación de armas nucleares y la guerra de Vietnam, pero también la lucha por el fin de las divisiones raciales en los Estados Unidos y los derechos de las mujeres, en particular los de las más desfavorecidas.
 
Si su activismo político y su actividad como profesora de escritura creativa en sitios como el prestigioso Sarah Lawrence College y la Universidad de Columbia impidieron a Paley escribir más, lo cierto es que su obra provoca, al margen de su brevedad (sólo tres libros de cuentos y tres volúmenes de poesía), la impresión de un mundo cohesionado y sin fisuras, íntegro: incapacitada para escribir una novela (como ella misma afirmó), la recurrencia de personajes y situaciones de libro en libro otorgan a su obra el carácter de una novela fragmentaria y posmoderna y la ponen por delante de su tiempo; su último libro, Más tarde, el mismo día (1985), parece, de hecho, inusualmente moderno, y su autora, nuestra contemporánea: un destino inusual si consideramos el carácter misógino de su obra inicial (en la que las mujeres sólo quieren casarse y ser mantenidas por sus maridos), pero consecuente con las decisiones de sus personajes tardíos, por ejemplo esa mujer que "con la hirviente energía de la edad madura, corre y corre. Busca las casas y las calles donde transcurrió su niñez. Vive en ellas. Como si fuera aún una niña, aprende lo que va a pasar mañana en el mundo" (317).
 
 
Grace Paley
Cuentos completos
Trad. José Manuel Álvarez Flórez, Susana Contreras, Enrique Hegewicz, César Palma y Ángela Pérez
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 22/7/2016 a las 15:45]

[Etiquetas: Grace Paley, Cuento, Anagrama]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Alumno aplicado / "Música infiel y tinta invisible" de Elvis Costello

imagen descriptiva

[...]
 
Pero Música infiel y tinta invisible no es un libro solipsista: en él, Costello va y viene en el tiempo y en sus recorridos es ocasionalmente hijo, novio o marido, es decir, articula su identidad en relación a otros, en particular en relación a un padre cantante que contempla con curiosidad y admiración. Si esto no fuese suficiente, aquí también está la extraordinaria discoteca del creador de My Aim Is True, una de las más completas de la música contemporánea: leer este libro es, en ese sentido, conformar una lista mental singularmente amplia y variada de canciones por escuchar, discografías por conocer, músicos sobre los que regresar.
 
[...]
 
 
Elvis Costello
Música infiel y tinta invisible
Trad. Damià Alou, Rocío Gómez de los Riscos y Antonio Padilla
Barcelona: Malpaso, 2016

[Publicado el 19/7/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Elvis Costello, Autobiografía, Malpaso]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

¿A dónde se dirige una mujer cuando tiene problemas? / Los relatos de Amy Hempel

imagen descriptiva

La escritora estadounidense Amy Hempel /

1
 
Uno de los relatos más hermosos que he leído en mi vida se titula "Breathing Jesus" y su protagonista es una mujer que inserta una moneda de veinticinco céntimos de dólar en una máquina para que un muñeco a tamaño natural de Jesús le respire unos instantes en el rostro.
 
No hay nada de hermoso en la situación, por supuesto: el muñeco es sólo una más de las atracciones de una feria recorrida por ociosos y aburridos; su milagro es banal, un artificio mecánico y mediocre revestido de kitsch religioso. De la belleza de la mujer, por otra parte, no hay ni rastro; es como todas las otras mujeres de los relatos de Amy Hempel: lúcida, sensible, locuaz y a la vez lacónica; su vecino la ha dejado al cuidado de su perra y la perra se ha perdido y posiblemente haya muerto, y la mujer se dirige a la feria para que el Jesús mecánico le eche su aliento en el rostro y para respirar junto con él y pedirle que la perra vuelva. «Uno tiene que creer que las cosas irán bien», dice, y agrega: «yo no lo creo, pero hay que hacerlo». Absurda, milagrosamente, la perra regresa.
 
 
2
 
¿A dónde se dirige una mujer cuando tiene problemas? Una parte considerable de las batallas libradas en los últimos dos siglos no sólo por las mujeres ha tenido como objetivo que ese lugar exista; pero esas batallas nunca se ganan por completo, y, al margen de los progresos realizados, la de que exista algo más que el consuelo comienza una y otra vez cuando a una mujer se la despoja de sus derechos, se la violenta, se la estigmatiza o se la humilla.
 
«Había lecciones para aprender donde quiera que mirases, lo que no significa que esas lecciones hayan sido aprendidas», sostiene la protagonista de otro cuento de Hempel; una parte importante de la literatura de los últimos doscientos años -a veces silenciada, casi siempre omitida pero incluso así triunfante a su manera y fundamental para quienes somos sus lectores- está destinada a enseñarnos una de esas lecciones, que ser mujer no consiste sencillamente en una elección de ropa interior y que vivir aquí y ahora como mujer -y en todas las épocas y todos los lugares, pero también aquí y ahora- requiere algo más que el consuelo que ofrece el aliento mecánico de un Jesús de pacotilla.
 
Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Jean Rhys, Susan Sontag, Renata Adler, Camille Paglia, Alison Bechdel, Elizabeth Strout, Alice Munro, Chimamanda Ngozi Adichie, Amy Hempel. No sólo son autoras feministas: todas ellas ponen de manifiesto que la literatura ha sido durante siglos el ámbito de intervención escogido por algunas mujeres -el campo de batalla, podría decirse- para la adquisición de unos derechos que nunca están completamente adquiridos, que se recuperan diaria y dificultosamente. Para muchas mujeres, la literatura ha sido, y sigue siendo, el único lugar al que ir cuando se tienen problemas, el sitio donde buscar reparación pero también razones para seguir adelante. «Cuéntame cosas que no me importe olvidar», pide la protagonista de otro de los relatos de Hempel, pero a esto es preferible no olvidarlo.
 
 
[En El Duende, edición aniversario. Madrid, junio de 2016.]

[Publicado el 15/7/2016 a las 13:14]

[Etiquetas: Amy Hempel, Relatos]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La Argentina en pedazos / Un perfil de Andrés Di Tella

imagen descriptiva

El documentalista argentino Andrés Di Tella / Crédito de la imagen, de su autor

[...]
 
No hay forma de "fijarlos", y es precisamente del carácter inesperado de los cruces que propone y de las derivas que la conforman de donde la obra extrae su fuerza. Hachazos, por ejemplo, es tanto la historia de Claudio Caldini, cineasta secreto (y, en algún sentido, inasible), como la de una escena de cine experimental desbaratada por la última dictadura militar argentina y la deriva vital de uno de sus principales animadores; 327 cuadernos, por otra parte, es inicialmente un filme sobre el diario de Ricardo Piglia, pero luego "es" el diario y más tarde la documentación de la destrucción de ese diario.
 
A excepción de su muy premiado corto Reconstruyen crimen de la modelo (1990), un ejercicio de "found footage" en el que se pone en escena la recreación de la recreación de un hecho delictivo (en una superposición de ficción y realidad que desdibuja los límites entre ambas instancias), y de Montoneros, una historia, la totalidad de las obras de Di Tella lo muestra implicado en la tarea de reunir los materiales para el filme, otorgarles sentido, ordenarlos en una secuencia narrativa que siempre es frágil, que carece mayoritariamente de comienzo y por lo general no termina nunca en un sentido convencional. Los filmes de Di Tella traicionan siempre, por otra parte, su premisa inicial: El país del diablo, por ejemplo, comienza con el intento de comprender las motivaciones que llevaron a Estanislao Zeballos (uno de los más decididos auspiciantes de la campaña de exterminio de la población aborigen argentina que, bajo el eufemismo de "Campaña del Desierto", tuvo lugar entre 1878 y 1885) a interesarse por la cultura de los derrotados, pero a continuación pasa a convertirse en un "travelogue" por el sur de la provincia de Buenos Aires y La Pampa, una excursión a los remanentes de la "zanja de Alsina" (el sistema defensivo que debía extenderse por seiscientos kilómetros desde los Andes hasta el Océano Atlántico para contener las incursiones de los aborígenes y del que, en realidad, sólo se construyeron unos pocos e ineficaces kilómetros), una visita a un museo en la ciudad de La Plata donde se exhiben los cráneos recogidos por Zeballos y (más interesante todavía) en una panorámica de un país en el que la campaña de exterminio de la población aborigen tiene lugar aún hoy, en el presente, en un enfrentamiento no sólo dialéctico entre quienes intentan restituir algunas prácticas y el lenguaje de los derrotados y quienes comparan a los aborígenes con "animales salvajes" o sostienen el relato consensual de acuerdo con el cual la "zanja de Alsina" era la frontera física entre la "civilización" argentina y una barbarie informe.
 
Aunque nació en noviembre de 1958 en Buenos Aires, Di Tella pasó buena parte de su infancia y adolescencia en el extranjero, acompañando a su padre (Torcuato di Tella, sociólogo, creador del "Instituto Di Tella", uno de los nombres más importantes de la cultura argentina del siglo XX) y estudiando: la suya es, por consiguiente, una mirada excepcionalmente dotada para desarticular y romper los relatos en los que se funda (como todos los países) el suyo, pero lo hace sin pomposidad, en una tarea de esclarecimiento de su propia identidad y de su doble extranjería que arroja sus mejores resultados en filmes como Fotografías, donde el intento de comprender a su madre, de origen indio, y las razones por las que ésta nunca le habló de su país natal, atraviesa la revelación de que uno de los libros seminales de la literatura argentina, Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes (1926), está inspirado en la figura de los gurúes hindúes.
 
¿Qué significa ser argentino?, es la pregunta recurrente en la obra de Andrés Di Tella; más explícitamente, y como su autor dice también en Fotografías, "¿Qué tengo que ver con todo esto?". La respuesta es simple y complicada a la vez, y no se limita a Argentina. En el filme, cuando Di Tella le muestra a su hijo por primera vez las marionetas que heredó de su madre, éste le dice: "Son muñecos malignos. Guardalos, mejor". Pero es evidente que el cineasta no tiene intención de quitarlos de la vista: por el contrario, los exhibe como un misterio que oculta otro misterio; como los pedazos con los que el niño deberá construir una nacionalidad y una herencia.
 
 
[En Babelia/El País. 6 de julio de 2016.]
 
(El diálogo público en la Casa de América de Madrid entre Andrés Di Tella y el autor de este artículo puede seguirse aquí.)

[Publicado el 12/7/2016 a las 12:18]

[Etiquetas: Andrés Di Tella, Audiovisual]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres