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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 23 de abril de 2014

 Blog de Patricio Pron

La figura humana casi en su totalidad / "Plano americano" de Leila Guerriero

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"Nadie puede dudar que la crónica latinoamericana tiene oficio y músculo entrenado para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento, lo asesino, lo suicida [...], pero en cambio tiene cierto déficit a la hora de contar historias que no riman con catástrofe y tragedia", afirmó alguna vez la periodista argentina Leila Guerriero; como si estuviese dispuesta a subsanar ella misma a esa omisión, la autora de Los suicidas del fin del mundo (2005) y Frutos extraños (2009 y 2012) ha reunido en Plano americano textos que la distancian de los que fueron sus temas anteriores (la "catástrofe" y "tragedia" a las que hacía referencia) para instalarla en el ámbito de lo que, a falta de un nombre mejor, quizás pudiésemos llamar "perfil biográfico". En Plano americano (ese tipo de encuadre cinematográfico en el que se muestra la figura humana casi en su totalidad al tiempo que es posible vislumbrar parte del fondo de la imagen) Guerriero se ocupa de escritores como Rodolfo Enrique Fogwill, Idea Vilariño y Nicanor Parra ("un hombre [que] podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento", 13), artistas plásticos como Guillermo Kuitca, periodistas de moda como Felisa Pinto (responsable de una singular "frivolidad en serio", 121) y culturales como el magnífico Homero Alsina Thevenet (autor de una "prosa de hueso y latigazos" del que Guerriero es la mejor heredera, 137); también, cineastas como Lucrecia Martel, fotógrafas como Sara Facio y orfebres como Marcial Berro, así como el cantautor Facundo Cabral, la artista plástica Marta Minujín, los escritores Juan José Millás, Ricardo Piglia y Hebe Uhart, entre otros.
 
Notablemente, lo más valioso de la aproximación propuesta a estos personajes no es la información que aporta (aunque, por supuesto, el lector tiene aquí toda la que necesita), sino la enorme capacidad de su autora para dar cuenta del detalle significativo que ilumina a su retratado, así como su estilo, fingidamente desordenado y compuesto de frases breves y a menudo poéticas, repeticiones y ritornelos que otorgan a sus perfiles un ritmo particular. Guerriero dosifica con extraña habilidad la información narrativa y, como el título de este volumen anticipa, presenta a sus retratados sólo de forma incompleta, como si estos no pudiesen o no permitiesen ser aprehendidos por completo. Entre todos estos retratos parciales y ensombrecidos, que parecen el resultado de la misma curiosidad que llevó a su autora a editar en 2011 el libro de perfiles Los malditos (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2011), destacan los de los escritores argentinos Martín Kohan y Aurora Venturini y, especialmente, el único texto inédito de Plano americano (la mayor parte vio la luz previamente en publicaciones como el suplemento cultural Babelia del diario El País de España, la revista colombiana El Malpensante y la chilena Paula, ADN del diario La Nación de Argentina y la revista Sábado de El Mercurio de Chile): un excelente perfil de Roberto Arlt que supera a muchas de sus biografías y posiblemente llegue tan lejos como se pueda llegar, ya muertos la mayor parte de sus contemporáneos, en la comprensión del más contradictorio y oscuro e incomprensible de los escritores argentinos.
 
Aunque posiblemente vaya a ser esgrimido como argumento a favor en la monótona y algo redundante discusión acerca de las supuestas relaciones entre literatura y periodismo por parte de aquellos que opinan que esa relación existe, Plano americano es un libro que (más allá de sus muchas erratas y de la ausencia de un índice onomástico que le hubiese venido muy bien) no contribuye a esa discusión sino que más bien la clausura, ya que demuestra que, si el mal periodismo y la mala literatura se parecen al tiempo que se distinguen entre sí, el buen periodismo y la buena literatura son una y la misma cosa, y que Leila Guerriero sabe escribir esa cosa (se la llame como se la quiera llamar) como ningún otro entre los periodistas latinoamericanos contemporáneos.
 
 
Leila Guerriero
Plano americano
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2013
 
[Publicado originalmente en Letras Libres. Junio de 2013] 

[Publicado el 11/6/2013 a las 10:33]

[Etiquetas: Leila Guerriero, Ediciones Universidad Diego Portales, Perfiles]

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"Ciento cincuenta y dos" / Un poema de Fruela Fernández / Cita

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Fruela Fernández (Langreo, Asturias: 1982). Crédito de la imagen, desconocido.

Ciento cincuenta y dos

parados menos

el mes de abril -

 

sencillos casi

de nombrar,

de saludar.

 

Grama en el cauce

desecado del río,

un tren maxi-combi.

 

Kilómetros

de partido

conservador,

de golondrino duro -

 

es menos árbol,

más zarza

la mimosal,

 

más terciario

el solar.

 

Una linde de tejas socarradas.

 

A veces

la Virgen de los azulejos.

 

Un outlet y otro outlet

entre los conceptuales

brotes verdes.

 

Es fácil llegar

con vista oscurecida,

 

es fácil volverse temporero,

gastando de autobús

la rabadilla,

corvando

la piel

según el plástico.

 

Fruela Fernández

Folk

Valencia: Pre-Textos, 2013

Pp. 24-25. 

[Publicado el 07/6/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Fruela Fernández, Poesía, Pre-Textos]

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Un paseo por la literatura (gráfica canadiense) / "La G. N. B. Doble C" de Seth

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A pesar de la elegancia de las imágenes de Seth, que siempre es notable, de su talento para adoptar formas rígidas (en este caso, la plancha de nueve viñetas) y un estilo de dibujo "antiguo" sin resultar él mismo antiguo o rígido, y a su excepcional talento para narrar historias aparentemente simples pero de una simbología y una erudición asombrosas, La G. N. B. Doble C no es un libro plenamente logrado.
 
A este paseo por la sede de la imaginaria Hermandad de Historietistas del Gran Norte canadiense, que es también una historia del cómic de ese país (del que fue y del que no fue, ya que buena parte de las referencias que aparecen en la obra son imaginarias y han llevado a que se multipliquen en la Red las instrucciones y las aclaraciones acerca de quién es quién aquí), le sobran anécdotas y le falta un sentido claro de hacia dónde se dirige la narración, algo de lo que Seth parece haber sido consciente en el transcurso de la escritura de la obra, como cuenta en su prólogo (en el que, además, la define como un "capricho").
 
La G. N. B. Doble C amplía el universo narrativo de obras como Wimbledon Green y la extraordinaria George Sprott, pero posiblemente sólo interese a aquellos completistas que consideren (con razón o sin ella) que ese universo necesitaba una ampliación y un complemento, y a los fanáticos de la, por lo demás, magnífica obra del escritor canadiense.
 
 
Seth
La G. N. B. Doble C
La Hermandad de Historietistas del Gran Norte
Trad. Julia Osuna Aguilar
Madrid: Sins entido, 2013

[Publicado el 05/6/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: Seth, Cómic, Sins entido]

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Acerca de la crítica literaria / Preguntas (V)

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Ilustración de Ignacio Minaverry. Crédito, del autor.

PREGUNTA: Uno revisa tu blog y no deja de sorprender la cantidad de libros que reseñas, y en general son libros que recién se acaban de publicar. Varios de esos textos los publicas primero en diarios o revistas... ¿Te gustaría, alguna vez, recopilar todas esas reseñas? ¿A qué críticos sigues? Te lo pregunto porque siempre se habla del momento complicado que está viviendo la crítica literaria en general, la falta de espacios, etcétera... ¿Cómo ves tú todo eso desde el lugar de alguien que escribe reseñas casi semanalmente, pero también desde el lugar de alguien que escribe libros y es reseñado...? (Diego Zúñiga, desde Santiago de Chile.)
 
RESPUESTA: No parece fácil decir nada al respecto: por una parte, es evidente que la crítica literaria ha ido perdiendo espacios en las últimas décadas (la prensa escrita, particularmente) al tiempo que ganaba otros como la Red; por otra, parece claro que, en tanto el crítico literario hispanohablante tiene cada vez más dificultades para profesionalizarse y debe ejercer su oficio paralelamente a otros, a menudo puramente alimenticios, la calidad de su trabajo tiende a ser inferior (un crítico que no puede dedicarse de forma exclusiva a la crítica literaria tiene menos tiempo para formarse, para perfeccionarse y para leer y escribir). Naturalmente, ese empobrecimiento acaba afectando a los escritores, que poco a poco se habitúan a reflejarse en un espejo deficiente y distorsionado, con lo que la miseria de la crítica literaria acaba arrastrando a la miseria a todo lo demás, incluyendo a los lectores, de tal forma que la crítica literaria (y aquí llegamos al punto que me interesa) adquiere el carácter de una resistencia y una toma de posición ética ante un estado de cosas calamitoso y poco esperanzador. Me gusta y me interesa esa posición (que, por ser ética, es también política) y trato de que mi trabajo como crítico literario vaya precisamente en esa dirección, convencido como estoy de que un empobrecimiento de la discusión sobre los vínculos entre literatura y sociedad (que es "todo" el tema de la crítica literaria que me interesa) siempre acabará redundando en un empobrecimiento de nuestra posibilidad de construir visiones alternativas de futuro en el ámbito de la política, en el de las sexualidades alternativas, en el de nuestra moral, etcétera.
 
 
Publicada en 60 Watts. Santiago de Chile, 10 de mayo de 2013. El resto de las preguntas (y las respuestas), aquí.
 
(Las preguntas deben dirigirse a blog@elboomeran.com.)

[Publicado el 03/6/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Preguntas, Disidencias]

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El espejo tembloroso / "Mi hermana y yo" de J. R. Ackerley

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Al entrar en la habitación que ocupara su hermana hasta su intento de suicidio, J. R. Ackerley observó "la total ausencia de signos que mostraran una historia personal". "No había ni un solo recuerdo ni una sola fotografía que pareciera querer honrar aquella persona que había vivido cincuenta años" (102) anotó en su diario con cierta sorpresa, aunque resulta poco sorprendente que aquella mujer veleidosa, divorciada de un marido al que se había negado a querer y distanciada de un hijo que vivía con su padre, incapaz de encontrar un empleo y torpe en el trato con las personas, no tuviese a nadie a quien recordar. Mi hermana y yo, la obra que reúne las entradas del diario del escritor británico en las que éste habló de su hermana entre 1948 y 1957, gira en torno a ese vacío y a su significado. Para Ackerley, su hermana era "maleducada, interesada, vanidosa, egoísta, hipocondríaca, perezosa, irresponsable, inútil, ignorante y falta de talento" (21), pero también la víctima de una incapacidad vital con la que podía identificarse él, que sólo sentía auténtico afecto por su perra Queenie y prefería mantener sus relaciones personales (con Siegfried Sassoon, con E. M. Forster) en los límites de una muy superficial y rígida cortesía.
 
"Pensaba que ojalá estuviese muerta, y al segundo siguiente pensaba que no, que no podía esperar semejante cosa" (84) afirma Ackerley poco después de enterarse de que su hermana ha intentado suicidarse inhalando gas tras una discusión con él y poco antes de que ésta inicie un periplo que incluirá internaciones en manicomios, terapias de electrochoque y una incómoda convivencia con su hermano. "Recuerdo odiar muy intensamente a mi hermana durante aquella época de Sheen Road, recuerdo desear que muriera", afirma; cuando ésta decide satisfacer ese deseo suyo, el muy misógino Ackerley comprende que "desde el principio hubo indicios de que las cosas acabarían así" ya que "a medida que iban cayendo personajes en la función, cada vez nos íbamos quedando más solos el uno frente al otro" (109).
 
Narrada con notable plasticidad y elegancia bien recreadas por el escritor español Andrés Barba en esta edición, Mi hermana y yo (que sigue a la publicación de Mi perra Tulip y Mi padre y yo) es un testimonio duro y muy bello de la incapacidad de su autor por comprender las motivaciones y la contradictoria personalidad de su hermana, pero también el testimonio de que esa incapacidad conducía a que (trágicamente) los dos hermanos orbitaran el uno en torno del otro como los insectos alrededor de una lámpara, hasta caer rendidos. Al final (y como quizás resulte evidente al lector perspicaz desde el comienzo de la obra), Mi hermana y yo demuestra ser no tanto un libro sobre la hermana de Ackerley sino sobre el propio autor ("¿Cómo soy realmente? ¿Cómo me comporto cuando estoy normal? ¿Qué hago en secreto? ¿Qué me oculto a mí mismo para evitarme la responsabilidad de tener que husmear en las profundidades", se pregunta; 171), al que su hermana prestó hasta su muerte un espejo tembloroso y desafiante.
 
 
J. R. Ackerley
Mi hermana y yo
Trad. y pról. Andrés Barba
Edición, notas y epíl. Francis King
Madrid: Sexto Piso, 2013
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural. 25 de mayo de 2013.] 

[Publicado el 30/5/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: J. R. Ackerley, Miscelánea, Sexto Piso]

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Archivo Bolaño / La musealización de la vanguardia

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Una imagen de la exhibición "Arxiu Bolaño". Crédito, desconocido.

1. A la tecla F8 se le asignan varias funciones, la principal de las cuales es iniciar el sistema operativo en modo seguro; es la única tecla que falta en el ordenador de Roberto Bolaño que se exhibe en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) en el marco de la muestra "Arxiu Bolaño: 1977-2003", y su ausencia es significativa: de hecho, no parece haber nada seguro en la obra del escritor chileno, que hizo de la incertidumbre, las omisiones y desapariciones la materia principal de una obra polimorfa y aun parcialmente inédita, cuya exhibición en Barcelona como resultado de la clasificación del inmenso legado del autor (más de catorce mil páginas, ochenta y cuatro libretas, ciento sesenta y siete entrevistas, alrededor de mil cartas recibidas y copias de las enviadas, veintiséis cuentos y cuatro novelas inéditas y papeles dispersos, todos los cuales, según Carolina López, viuda del autor, están "pendientes de valoración", aunque se desconoce quién realizará esa valoración y cuándo se tendrán los resultados de la misma) parece tanto la ratificación de su vitalidad como un intento singular de ponerle freno.
 
2. La exhibición "Arxiu Bolaño: 1977-2003" pone el énfasis precisamente en los inéditos: "Diario de bar", "Lento palacio de invierno", "Las alamedas luminosas", "La Universidad Desconocida", "Las rodillas de un autor de SF atrás" (todos de 1979), "El náufrago" y "Ellos supieron perder" (del período 1979-1982), "La Virgen de Barcelona" (1980), "El espectro de Rudolf Amand Philippi" (1982), "Adiós, Shane" y "D.F., La Paloma, Tobruk" (1983), "Diorama" (1983-1984), "El espíritu de la ciencia ficción" (1984), "El maquinista" (1986), "Última entrevista en Bocacero" (1995-1996), "Sepulcros de vaqueros" (1996), "Todo lo que la gente cuenta de Ulises Lima" (1996-1997), "Noticias de Chile" (1997), "Vuelve el Man a Venezuela" (1999), "Corrida" (1999-2000), "Comedia del horror de Francia" (2001), "Dos señores de Chile" (2001). La enumeración puede parecer tediosa (y lo es), pero también lo es la lectura de los extractos exhibidos de los manuscritos originales: a excepción de algunos carteles introductorios que glosan las obras (en catalán únicamente, lo que provoca consternación en los visitantes extranjeros a la exhibición), no hay nada aquí que permita inferir si el observador se encuentra frente a una novela o a un relato, si el relato o novela es inconcluso o fue completado por su autor y si éste lo consideraba un texto de calidad o un descarte. A este primer inconveniente que presenta la exhibición se suma uno si acaso menos relevante, el de que las fotografías exhibidas son ya bien por conocidas por el lector de Bolaño y muy pocas de ellas (el escritor chileno con Mario Santiago en Ciudad de México en 1975; con Bruno Montané, A. G. Porta y Daniel Goldín en Barcelona en marzo de 1979; en Gerona en 1984; en París con sus hijos y su mujer) permiten acceder a la intimidad del autor. A consecuencia de ello, "Arxiu Bolaño" parece articularse en torno a la indeterminación de sus responsables acerca de si se debía hacer accesible al gran público el Bolaño íntimo o si era más pertinente poner en primer plano su labor como escritor. El resultado de esa indeterminación es que la exhibición ofrece poca información acerca de ambos: listados alfabéticos de autores, pintores, músicos, cineastas y obras extraídos de las libretas del autor, una selección de títulos de autores de ciencia ficción (Ursula K. Le Guin, Fritz Leiber, James Tiptree, Jr.) procedentes de su biblioteca personal, pasajes digitalizados de entrevistas y artículos accesibles fácilmente en la Red, filmaciones de los domicilios donde Bolaño vivió durante su estancia europea (que esta exhibición aborda sin hacer referencia sino de pasada al período mexicano y sin aportar ni un solo testimonio de su infancia en Chile), audiovisuales inspirados por la obra de Bolaño y los tiempos que le tocaron vivir, comenzando por el que da comienzo a la exhibición, en el que se superponen imágenes de la Matanza de Tlatelolco de 1968, la caída de Salvador Allende en 1973 y El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl (1935), y culminando en la oscuridad, de la que emerge una espiral que lo devora todo: a las muertas de Santa Teresa, a 2666, a Roberto Bolaño, al visitante.
 
3. A pesar de esta notable escasez de información acerca de la intimidad de Bolaño, y de la difícil interpretación de los manuscritos (que constituirían la parte más estrechamente vinculada con su obra de la muestra), "Arxiu Bolaño" es particularmente interesante si se repara en el aspecto material de la producción del escritor chileno: las hojas sueltas en las que se esbozan obras de la importancia de 2666, las libretas que Bolaño utilizó a lo largo de su vida para mezclar ficción y autobiografía, la peculiar caligrafía del autor de Los detectives salvajes (que de a ratos adquiere el aspecto de un "micrograma" walseriano inusualmente prolijo), sus resúmenes de partidas de juegos de rol (y un ejemplar del juego de mesa The Third Reich, que aparece en la novela del mismo título), la máquina de escribir eléctrica en la que transcribía sus manuscritos para luego pasarlos a ordenador, sus dibujos (rostros en los que puede leerse la advertencia "ojo", manos, estrellas de cinco puntas) y unos grafismos destinados a expresar brevemente su estado de ánimo. Más interesantes aún resultan aquellos materiales que permiten conocer algo de la génesis de los libros de Bolaño y son, ellos sí, parte del puzle que el visitante a esta muestra aspira a recomponer: el listado de personajes de Los sinsabores del verdadero policía que incluye a los de 2666 (ratificando la hipótesis de lectura de acuerdo a la cual la primera novela sería el borrador o "centro secreto" de la segunda), la libreta con los poemas visuales populares del tipo de "¿Qué está detrás de la pared?" que Bolaño parece haber extraído de la revista mallorquina Neón de Suro y que aparecerán en las últimas y conmovedoras páginas de Los detectives salvajes, los correos intercambiados con su editor acerca del progreso del libro y el plano de Santa Teresa.
 
4. "Arxiu Bolaño" ha sido comisariada por Juan Insua y Valerie Miles y se propone como "una primera exploración" de ese archivo, así como un obsequio "para las nuevas generaciones de lectores"; sin embargo no es la primera exploración del legado de Bolaño (que ha dado ya como resultado la publicación póstuma de libros como Entre paréntesis, La Universidad Desconocida, 2666 y El secreto del mal a cargo del crítico español Ignacio Echevarría y, posteriormente, de Los sinsabores del verdadero policía y El Tercer Reich) ni hace un favor a las "nuevas generaciones", ya que ni se adentra en la personalidad del escritor chileno (su generosidad, su sentido del humor, su crueldad, su inteligencia) ni da cuenta de lo que la crítica chilena Patricia Espinosa denominó alguna vez "la intransigencia revolucionaria de sus textos". A pesar de proponerla como un "caso abierto" (en una deriva de la idea de que no hay nada realmente seguro en relación a ella), la exhibición clausura la potencia subversiva de la obra de Bolaño mediante su musealización, ratificando el que es el destino inevitable de la obra vanguardista, así como la suerte de la que Bolaño (que escribió en 1977 aquello de "Déjenlo todo, nuevamente", equiparando esa musealización con la "(certeza de que todo está nombrado, desvelado) (Miedo a descubrir) (Miedo a los desequilibrios no previstos)") parece haber intentado liberarse durante toda su vida. Al parecer, sin conseguirlo.
 
 
[Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid y Ciudad de México, mayo de 2013.]

[Publicado el 27/5/2013 a las 10:45]

[Etiquetas: Roberto Bolaño]

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La enfermedad como texto literario

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1
 
"Cuando salí del hospital, el primer impulso que tuve consistió en escribir sobre mi enfermedad" (33) afirmó Anatole Broyard. Al extraordinario crítico literario norteamericano se le había detectado en agosto de 1989 un cáncer de próstata y él (que consideraba que sólo hay "un puñado de libros de veras grandes sobre este asunto: La muerte de Ivan Ilich, de [Lev] Tolstoi; La montaña mágica, de Thomas Mann; casi todo [Franz] Kafka; Bajo el volcán, de Malcolm Lowry", 33) decidió que debía dejar testimonio a pesar de la imposibilidad de alcanzar esas cumbres: "Morir es dejar de ser humanos, deshumanizarse" escribió, "y a mi entender el lenguaje, el habla, los relatos o narraciones son las formas más eficaces de mantener viva nuestra condición humana. Guardar silencio es, de forma literal, cerrar la tienda de la propia humanidad" (43).
 
Broyard parece haber creído que el escribir sobre su enfermedad la mantendría a raya, en particular si ésta era "leída" como un texto literario; siendo él un crítico habituado a hablar de literatura, quizás esta convicción le resultara tranquilizadora (toda su vida había hablado de libros, se había "ganado la vida" de esa forma y sabía cómo hacerlo), pero tal vez tampoco fuera un gran consuelo. No importa: el autor se "embriagó" de ella hasta el último momento (murió en octubre de 1990) y produjo estas páginas asombrosas, que su viuda ordenó póstumamente y que aparecen ahora por primera vez en español en traducción de Miguel Martínez-Lage.
 
 
2
 
A diferencia de muchos relatos sobre la enfermedad (piénsese en el extraordinario y reciente Leben [Vida] de David Wagner), el de Broyard no pone el énfasis en los aspectos degradantes de la misma (aunque tampoco los oculta): la suya es una reflexión acerca de la enfermedad y la muerte como experiencias significativas ("¿No podía obedecer ese dolor a un programa? ¿Es posible que un hombre experimente tal emaciación sin que tenga sentido?", 148) y ejercicios de estilo (ante el hecho de que los pacientes al borde de la muerte reportan experiencias similares vinculadas con música, parientes fallecidos, figuras demoníacas o túneles, por ejemplo, el autor se lamenta de que muramos "de acuerdo con los tópicos", 109), así como la afirmación de que es necesario experimentar la enfermedad hasta en sus más mínimos detalles para estar realmente vivo cuando uno muera.
 
Broyard lo estuvo, pero su mejor aporte acerca del tema se remonta a algunos años antes de su diagnóstico, cuando escribió el puñado de ensayos breves que aparecen aquí bajo el título de "La literatura de la muerte": esos ensayos demuestran lo extraordinario crítico que fue, su elegancia y su inteligencia, así como el tamaño de la pérdida ocasionada por su muerte y sólo parcialmente reparada con estos textos.
 
 
Anatole Broyard
Ebrio de enfermedad
Trad. Miguel Martínez-Lage
Ed. Alexandra Broyard
Pról. Oliver Sacks
Segovia: La Uña Rota, 2013

[Publicado el 24/5/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Anatole Broyard, Ensayo, La Uña Rota]

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Las dudas de una duda

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Gilbert K. Chesterton fue "pagano a los doce años, y un completo agnóstico a los dieciséis" a pesar de conservar "una vaga reverencia por una deidad cósmica y un gran interés histórico por el fundador del cristianismo. Pero lo consideraba un hombre, aunque tal vez pensara, incluso entonces, que tenía ciertas ventajas sobre sus críticos modernos" (111). Ortodoxia (1908) y las opiniones de su autor se lo deben todo, paradójicamente, a esos críticos, que sembraron en el segundo "las primeras y descabelladas dudas de una duda" y a los que, a pesar de que Chesterton les había dedicado un ensayo anterior (Herejes, también publicado por Acantilado algunos años atrás), vuelve a criticar aquí: los científicos (en los que se da la combinación de "raciocinio expansivo y exhaustivo con un sentido común reducido", 27), los materialistas y los idealistas ("la misma locura aqueja por igual a quien se niega a dar crédito a nada que no sean sus sentidos y a quien se niega a dar crédito a nada que no sean sus sentidos, aunque la prueba de ello no sea un error en sus argumentaciones sino lo manifiestamente equivocado de sus vidas", 33), los escépticos ("del mismo modo que una generación podría impedir la existencia de la siguiente, ingresando en un convento o saltando al mar, un grupo de pensadores podría, hasta cierto punto, impedir el pensamiento enseñándole a la siguiente generación que el pensamiento humano carece de validez", 41), los místicos, los evolucionistas ("el darwinismo puede utilizarse para apoyar dos moralidades absurdas, pero ninguna sensata", 147), los relativistas, los anarquistas, los optimistas y los pesimistas, los socialistas ("les he escuchado con horrible atención, con espantosa fascinación. Pues era como ver a un hombre serrando con energía la rama en la que está sentado", 154), los relativistas y los interesados en el pragmatismo, el colectivismo y el concepto nietzscheano de voluntad ("puedo ver el choque inevitable de las filosofías de Schopenhauer y Tolstói, de Nietzsche y de Shaw con tanta claridad como vería desde un globo aerostático el choque inevitable de dos trenes. Todos van camino de la nada y del manicomio, pues la locura puede definirse como el uso de la actividad mental para alcanzar la impotencia mental, y ellos casi la han alcanzado", 54-55).
 
Volver a criticar aquí estos sistemas de pensamiento a y sus defensores parece un capricho del autor, pero no es un capricho inmotivado, ya que (por una parte) Chesterton necesita desacreditar las ideas de su época para instalar la suya bajo una luz más favorable, y (por otra) porque Ortodoxia es la historia de cómo, partiendo de esas ideas (y a través de "especulaciones sinceras y solitarias", 7), su autor comenzó a creer en su presunto opuesto; es decir, en la fe cristiana. Lo hizo, según afirma, al descubrir que "la vida era tan preciosa como desconcertante" (70): "siempre había vivido la vida como un relato; y donde hay un relato hay un narrador" (79). Chesterton comprendió, afirma, que "en cierto sentido, todo bien era un resto de un desastre primordial que debíamos atesorar y guardar como si fuese sagrado. El hombre ha salvado el bien igual que Crusoe salvó sus bienes del naufragio. Todo eso pensaba a pesar de que las ideas de mi época no me animaban a pensarlo. Y en todo ese tiempo ni me acordé siquiera de la teología cristiana" (84-85).
 
A pesar de su título (una más de las paradojas y las ironías que constituyen lo más notorio del estilo literario de su autor), Ortodoxia tiene muy pocos puntos en común con las visiones consuetudinarias del cristianismo, de allí que sorprenda que todavía hoy se lo considere una apología de esa religión: de hecho, tan sólo podría ser considerada una obra proselitista si sus lectores fuesen todos como su autor y creyesen en la necesidad de la religión como inspiradora de "una actividad ética y una reforma social" (175); no siéndolo, es improbable que este libro vaya a convertir a nadie al cristianismo, pero es muy posible que convierta a muchos a la religión chestertoniana, que no exige más a su acólito que el culto a la inteligencia, a la ironía y a la sofisticación. Quizás realmente haya que agradecer a algún dios por ello.
 
 
G. K. Chesterton
Ortodoxia
Trad. Miguel Temprano García
Barcelona: Acantilado, 2013
 
[Publicado parcialmente en ABC Cultural, 4 de mayo de 2013.] 

[Publicado el 22/5/2013 a las 12:45]

[Etiquetas: Gilbert K. Chesterton, Ensayo, Acantilado]

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Bien está...

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Crédito de la imagen, Matías Sarlo.

...lo que bien acaba.

[Publicado el 20/5/2013 a las 09:30]

[Etiquetas: Miscelánea]

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Acerca de "el cielo por asalto" (cita)

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La portada de la edición alemana de "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (Rowohlt, 2013).

Algunas semanas atrás, en Bremen y (particularmente) en Hamburgo, a raíz de la publicación de la edición alemana de El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, algunos periodistas me preguntaban acerca del título de la novela (una pregunta sencilla: se trata de un verso de Dylan Thomas, del poema "I fellowed sleep" que puede leerse en la Poesía completa del autor traducida en 2004 por Margarita Ardanaz Morán para la editorial española Visor) y sobre el pasaje en el libro en el que ese verso aparece (en la página 186 de las ediciones española y mexicana del libro y en la 221 de la edición argentina) y en el que la razón de la utilización de ese verso como título queda explícita en su asimilación con otra cita, que lo completa: "[...] y porque lo que habían hecho era digno de ser contado porque su espíritu, no las decisiones acertadas y equivocadas que mis padres y sus compañeros habían tomado, sino su espíritu mismo, iba a seguir subiendo en la lluvia hasta tomar el cielo por asalto".
 
Acerca de esa frase ("el cielo por asalto") escribe aquí el filósofo y novelista argentino José Pablo Feinmann, que explica todo esto (el origen de la frase, sus resonancias) mejor de lo que yo lo hice allí, en Bremen y particularmente en Hamburgo, algunas semanas atrás:
 
 
La frase "el cielo por asalto" es la más hermosa que escribió Karl Marx. "Estos parisienses que toman el cielo por asalto." No es parte de El capital. Ni de los Gründrisse. Ni del Manifiesto. No podría serlo: surge, como una estrella jubilosa y única, de un hecho posterior a la redacción de esas obras maestras. No pertenece a un libro. Está en una carta que le escribió a su amigo Kugelman, desde Londres, el 12 de abril de 1871. Apesta para el paladar de los anticomunistas. Es una frase subversiva. Tomar el cielo por asalto es apoderarse del poder de la sociedad burguesa, es ponerlo en manos del proletariado y, desde ahí, partir en busca de una sociedad más justa, sin desigualdades. Como la esencia del capitalismo es la desigualdad, tomar el cielo por asalto es quebrar su lógica y trastrocarla por otra que proponga la igualdad entre los hombres. La política, la jurídica y la económica. "El cielo" es la sociedad capitalista porque ésta siempre se ha postulado como "lo mejor". O lo "menos malo". O, de todos los mundos posibles, como postulaba Leibniz y lo burlaba Voltaire, el mejor de todos, el que Dios nos ha cedido generosamente luego de haber analizado a los otros y descubrir que éste, el nuestro, es el superior y entregárnoslo. Tomar "el cielo por asalto" es adueñarse de él. Hacerlo propio. Ahora, el cielo es nuestro. De quienes hemos vivido casi en el infierno o, sin más, en él. Se nos hacía difícil pensar que esto podía ocurrir. Siempre nos parecieron demasiado poderosos los dueños del cielo. Siempre nos enseñaron que era de ellos, que les pertenecía por derecho divino o por linaje histórico o por tener las armas necesarias para defenderlo de cualquiera que se lo quisiera arrebatar. De esta forma, hemos aprendido las reglas del cielo. El cielo no se toca. El cielo tiene dueño. Cualquier intento de cuestionar el orden que reina en el cielo será castigado severamente, con la vida a veces. Prohibido escupir en el cielo. Robar es escupir en el cielo. Negarse a cumplir las órdenes de las autoridades constituidas es escupir en el cielo. No trabajar es escupir en el cielo. Quejarse por el salario recibido es escupir en el cielo. Matar -sobre todo a un miembro de la clase poseedora, de la clase superior- es escupir en el cielo. Desobedecer cualquier orden de un policía es escupir en el cielo, ya que en todo policía se encarna el orden celeste. [...] Los dueños del cielo serán siempre los mismos. O sus socios, o sus familiares o sus descendientes. Hombres de sana ambición y laboriosidad pueden llegar a compartir algo del cielo con sus dueños, siempre que éstos lo encuentren beneficioso para los intereses del cielo, que son los de todos, los de la patria. Pero propiedad de los poseedores del cielo. El cielo tiene propietarios. Cada vez hay menos propietarios y más no propietarios. Esta desigualdad es propia del cielo. Al ser el derecho de la propiedad el elemento esencial del cielo no todos pueden ser iguales en él. Algunos tendrán muchas propiedades, otros tendrán menos y la enorme mayoría no las tendrá. O tendrá sólo las necesarias para su subsistencia, sin la cual no podrían trabajar para los poseedores del cielo. Se ha comprobado que los muertos no trabajan. El cielo tiene creencias en las que todos deben creer, leyes que todos deben cumplir y una jerarquía que nadie debe alterar. Todo ser humano puede ser feliz en el cielo. Sólo tiene que aceptar el lugar que en él le ha tocado. Algunos, como se ha visto, pueden modificarlo. Sólo algunos. Cuando son muchos los que quieren modificar el orden del cielo, sus naturales poseedores consideran esa acción como la más perniciosa para el cielo, pues quiere subvertir el orden que en él reina. Reaccionarán con extrema violencia. Porque subvertir el orden que reina en el cielo es la acción más destructiva que pueda emprenderse contra él. Quienes lo hagan morirán o serán sometidos a terribles castigos de los que tal vez no salgan con vida. Es decir, también morirán. Subvertir el orden del cielo, pretender apoderarse de él, asaltarlo por medio de la fuerza y las ideas perniciosas, es pretender matarlo. ¿Qué otra cosa sino la muerte merecen quienes perpetren semejante agravio? Se prohíbe asaltar el cielo. Está terminantemente prohibido tomar el cielo por asalto.
 
[...]
 
El 25 de mayo de 1973 se estuvo demasiado cerca de asaltar el cielo. O se lo asaltó como nunca antes se lo había hecho ni se volvería a hacer. Eso lo hizo la izquierda peronista. Eso lo hizo toda la gente que fue a esa plaza porque estaba harta de gobiernos de garcas y militares o de gobiernos civiles cómplices o débiles y complacientes. Nunca se vio en los balcones de la Rosada a un hombre como Salvador Allende. Que eso lo hizo la izquierda peronista significa que eso no lo hizo Perón. Tampoco jóvenes idiotas que creían ciegamente en él. Tampoco jóvenes que no sabían qué era el peronismo. Ellos eran el peronismo. Ellos fueron la cara más combativa del peronismo. Fue la interpretación que una década de rebeldías, que valoraba la violencia en la lucha política como algo normal, dio de un fenómeno del pasado: el peronismo. ¿Qué importa lo que pensara Perón? ¿Era Perón el dueño del peronismo? [...] Los grandes protagonistas fueron los hijos de la clase media antiperonista que se rebelaron contra sus padres, contra todo lo que les habían dicho desde que vinieron al mundo. Que se rebelaron porque los jóvenes son así: no obedecen a los padres. Salvo los que los heredan en la conducción de sus empresas. En fin, ésos. Pero la Jotapé [Juventud Peronista] era una multitud incalculable de jóvenes y no tan jóvenes que, como la Comuna, quiso tomar el cielo por asalto. Y asustó al poder como nadie en la Argentina. ¿Qué le fue mal? ¿Y a quién no le fue mal? ¿Cómo piensan que le fue a la Comuna? [...]
 
 
En:
José Pablo Feinmann
Sin fecha 

[Publicado el 17/5/2013 a las 12:15]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía


 
 

 

Ficción

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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