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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 18 de septiembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Preguntas (VIII) / David Foster Wallace: Legado

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Pregunta: "Patricio, ¿cuál es, según tú, el legado que deja la obra de Foster Wallace? Saludos y gracias" (Javier G, desde Santiago de Chile).

Respuesta: A cinco años de su muerte, lo que parece más evidente es que el legado de David Foster Wallace permite explicar evoluciones posteriores en la narrativa no sólo estadounidense: el retorno de la novela extensa, casi decimonónica (Jonathan Franzen), la recuperación de la novela experimental (Mark Z. Danielewski), la reivindicación del artículo periodístico largo como género literario (póngase aquí el escritor de preferencia del lector, por ejemplo cualquier cronista latinoamericano), incluso la novela de la depresión y la apatía que se pretende anti o post-novela (Tao Lin). No es poca cosa, aunque pienso que el legado de Foster Wallace tiene su mejor concreción en los filmes de Wes Anderson, en particular el magnífico The Royal Tenembaums (2001). Las grandes novelas del autor de La broma infinita dieron carta de ciudadanía a los idiotas, los depresivos y los raros que pueblan la mayor parte de los filmes del cineasta tejano. Gracias por tu pregunta (y a los comentaristas de artículos anteriores, particularmente a "acrobático adobe").

 

 

[Publicado originalmente en La Tercera. Santiago de Chile, 12 de setiembre de 2013.] 

[Publicado el 17/10/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: David Foster Wallace, Preguntas]

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La ley del zoológico / "Silvio José, Destronado" de Paco Alcázar

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Silvio José Pereda tiene cuarenta y cinco años, no tiene trabajo y vive con sus padres; de hecho, podría pasar por el retrato robot de una importante cantidad de españoles en esta crisis económica de no ser por algunas de sus (llamémoslas así) "peculiaridades": viste permanentemente un pijama amarillo de topos grises, está obsesionado con Steven Segal y con la telebasura, sólo se alimenta de salchichas "Chisparritas", de pizzas "rancheras", pepinillos agridulces y polos "Pantera Rosa" y esclaviza a sus padres, a los que tiene a su entera disposición; cuando éstos se las arreglan para echarlo de su casa, Silvio José inicia un recorrido por los bajos fondos que incluye la recogida de cobre en un basural (donde se habla un lenguaje mínimo que gira en torno a esa actividad económica, como si la pobreza material redundara en pobreza lingüística, cosa que de hecho sucede), el desempeño como conejillo de indias de la industria farmacéutica y como portero displicente y sádico de un edificio (en cuyas casas se cuela cuando lo cree conveniente), la convivencia con Gerardo, un arquitecto que ha conseguido sustituir la heroína por las cortezas de cerdo y cambia de aspecto cuando, con la mejor de las intenciones, la madre de Silvio hace que las deje (incluso se le cae un diente, le adelgaza la cara y la chaqueta se le convierte en un chándal); con Isabel, la actriz que se enamora de un cuarentón que anda en patinete y habla como adolescente; con Eloy, su hermano, que participa de todas las promociones comerciales; con el "Sr. Yoyoyowitz", un portugués vendedor de drogas cuya familia practica el canibalismo; y con Salvador, el publicista de éxito que lo ha dejado todo atrás para vivir en el bosque.
 
En palabras de este último, Silvio José es "una mezcla de animal doméstico y maldición bíblica". En su peculiar "odisea" (a la que hace referencia implícita la contraportada del libro), Silvio José resulta tan irritante como querible, tan imbécil como dotado de una verbigracia y una capacidad excepcionales para el retruécano; en su "odisea", también, Silvio José alterna y a menudo usa y choca con Sebastián Cubero, profesor de autoescuela y "poeta infantil" que suele andar por las alcantarillas, autor de "María Rosa, la mantis religiosa"; el director del zoológico, inventor de una teoría sobre la necesidad de alimentarnos de especies en peligro de extinción para salvarlos de la misma y creador de "la ley del zoológico", una ley que sólo comprenden quienes trabajan en él y a la que tienen que adherirse incondicionalmente; Federico, el hombre que recibe órdenes de su Geyperman; el Doctor de la Cuadra, que trata a todos los personajes de la serie; Francisco Hermoso, el profesor de plástica y parapsicólogo que hace hacer a sus alumnos ovnis de arcilla.
 
Paco Alcázar tiene un talento extraordinario para la injuria (siempre a flor de labios, bajo el espeso bigote de Silvio José) y una capacidad aparentemente ilimitada para imaginar situaciones grotescas y terribles. Que el mundo allí afuera también parezca disponer de esta última no debería distraernos, sin embargo: Silvio José es un personaje extraordinario (que recuerda mucho al Ignatius J. Reilly de La conjura de los necios; lo cual, qué duda cabe, es un elogio), y si su vida se parece tanto a las que ilustran los reportajes de actualidad sobre la crisis española, esto es debido a que la realidad, y no Paco Alcázar, es una pésima contadora de historias: suya es realmente la ley del zoológico, bajo cuyo imperio vivimos todos desde hace tiempo.
 
 
Paco Alcázar
Silvio José, Destronado
Bilbao: Astiberri, 2013

[Publicado el 15/10/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: Paco Alcázar, Cómic, Astiberri]

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Suspendidos en el tiempo en una fotografía escolar / "El carapálida" de Luis Chitarroni

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Luis Chitarroni nació en Buenos Aires en 1958; es el autor de los ensayos Los escritores de los escritores (1997) y Mil tazas de té (2008) y de la novela Peripecias del no (2007); también de la colección de biografías breves de escritores imaginarios y reales Siluetas (1992). Al menos desde finales de la década de 1980, su nombre ha estado vinculado con las cosas más interesantes que suceden en la literatura argentina, pero Chitarroni siempre ha conseguido aparecer al margen de la fotografía y ligeramente borroso, como un fantasma o como la sombra terrible que (famosamente) preside la literatura de ese país, la explica y le da sentido.
 
Quienes comenzamos a leerlo en la década de 2000 hemos sido más o menos conscientes de esa presencia (quienes no lo son aún ignoran el hecho de que, al leer libros de editoriales como Sudamericana o la extraordinaria La Bestia Equilátera, en realidad están leyendo la biblioteca de Chitarroni, que fue, y, en el caso de LBE, es, editor en ambas), pero también hemos padecido una dificultad: la de conseguir El carapálida, su primera novela, publicada en 1997 y fuera de circulación hasta hace algunas semanas, cuando la editorial Interzona (en la que es su segunda o tercera etapa) la incluyó en una colección destinada a rescatar obras clave de la literatura argentina reciente.
 
El carapálida es la historia de un puñado de niños que comparten el último año de la educación primaria en una escuela pública argentina en 1971; el relato se articula en torno a la fotografía de fin de curso (por orden del nuevo director del colegio, ese tipo de personas que ahora se suele desdeñar calificándolas de "sesenta y ochistas", ha sido tomada al comienzo del año escolar), pero la fotografía está incompleta: en ella falta el carapálida, el niño algo distante que amaba el rock y ha sido atropellado por un coche cuando iba camino de la escuela.
 
El carapálida no está ("Es una suerte no estar, porque hasta el olvido recuerda" dice el carapálida, o no, 205); pero su ausencia está en todas partes en esta novela y hace posible los pequeños milagros que la constituyen: la sucesión de nombres descabellados (y, por consiguiente, perfectamente verosímiles en Argentina: Bonfiglioli, Maderna, Kerestezachi, Barulli, Cefirelli de Proietto), las teorías conspirativas sobre los Beatles y la sexualidad de algunas de las madres de los alumnos, la violencia verbal de las maestras, el tesauro de palabras desaparecidas (zegelin, olfa, ortiva, plasticola, pazguato), el chirriar de las tizas sobre el pizarrón, los talentos que individualizaban y establecían un sitio en la jerarquía de entonces (silbar, con dedos o sin ellos; escupir con precisión de frente y de costado, eructar: "muestras dignas sólo del museo de ceniza del horror infantil", 71), el descubrimiento de la potencia (llamémosla "fáctica") de frases como "el que lo dice lo es" y "a mí me rebota y a vos te explota" con las que se revierten los insultos, la visita escolar al escritor.
 
El carapálida nos devuelve "esa música abstracta, primaria de la infancia" (21), pero no lo hace de forma nostálgica; el suyo es un gesto de incredulidad (realizado con una voz única: nadie narra como Chitarroni en Argentina): alguna vez todo esto sucedió, un instante antes de que todo cambiara otra vez, y después otra, y nosotros estuvimos allí, suspendidos en el tiempo en una fotografía escolar, preguntándonos cuándo acabaría todo eso, cuándo empezaría lo demás. Una gran novela.
 
 
Luis Chitarroni
El carapálida
Buenos Aires: Interzona, 2013
 
[Publicado originalmente en "Lo que está y no se usa nos fulminará", nueva sección en el blog de la librería porteña Eterna Cadencia, 12 de setiembre de 2013.] 

[Publicado el 11/10/2013 a las 10:30]

[Etiquetas: Luis Chitarroni, Novela, Interzona]

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La falta de originalidad / Wilfrido H. Corral sobre el supuesto declive de la novela (Cita)

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Ilustración de Bjørn Rune Lie. Crédito, del autor.

"Soporífero: la endogamia académica de teorías sobre teorías de la novela. Infructuoso: corear que se recicla su muerte. Ingenuo: defender una forma que nunca ha necesitado valedores. Irónico: hablar de su vida e innovación cuando resucita sin ayuda. Tedioso: debatir si un practicante tiene más derecho que un crítico para hablar de estos asuntos. [...] Si uno comienza a quejarse de la falta de originalidad en torno al tema, ¿cuándo se deja de hacerlo?"
 
 
Wilfrido H. Corral
Letras Libres 144, septiembre de 2013

[Publicado el 09/10/2013 a las 11:00]

[Etiquetas: Wilfrido H. Corral, Luis Goytisolo, Citas]

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El Arca de Noé comunista / "La promesa de Kamil Modrácek" de Jirí Kratochvil

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Jiří Kratochvil nació en Brno (República Checa) en 1940 y es en Brno (la bella ciudad en la confluencia de los ríos Svitava y Svratka), y más precisamente en sus sótanos, donde transcurre La promesa de Kamil Modráček, una novela que tiene como protagonista a un arquitecto que, tras conocer el encarcelamiento y posterior suicidio en la cárcel de su hermana, asume que ese suicidio ha sido inducido y decide vengarse encerrando de por vida al teniente Láska, su responsable en las fuerzas de seguridad del país, en las galerías subterráneas que ha descubierto bajo su vivienda. Modráček acondiciona esas galerías, compra una jaula dorada para alojar a su prisionero, secuestra al teniente, éste se vuelve loco y su captor (de algún modo) también: comienza a secuestrar a otras personas que podrían delatarlo, que podrían sospechar algo de lo que poco a poco se convierte en su único interés, el acondicionamiento de las galerías subterráneas para alojar a más y más personas (veintiuna, de todas las profesiones y ámbitos, todas relacionadas con Modráček) que completan una peculiar Arca de Noé comunista, que es cárcel y también utopía.
 
Aunque es posible que un resumen de este tipo haga justicia a La promesa de Kamil Modráček en tanto que novela policiaca, lo cierto es que la obra es mucho más que ello y que su interés y su valor radican precisamente en todo aquello que excede este resumen: en el personaje de Daniel Kočí, el detective privado que resuelve casos menores a espaldas de los servicios de seguridad del régimen comunista y encuentra una oportunidad para promocionarse (pero también su condena) cuando se lo comisiona para hallar al teniente Láska; en la excepcional capacidad para el símil de su autor (algo es tan blasfemo "como si alguien en una iglesia decidiera cambiar la pila del agua bendita por una escupidera", a la muerte se la oye "patear tras la puerta impacientemente, como si la muy cabrona necesitara ir al baño"); en su humor (negro, grotesco), y en el talento que exhibe Kratochvil para narrar una historia relativamente predecible de tal forma que no parezca predecible al lector (de hecho, el autor checo incluye al final del relato una vuelta de tuerca en la forma de la hija cantante del teniente Láska que obliga a revisar el libro y la distribución de víctimas y victimarios que se ha hecho en él).
 
Notablemente, lo que excede el resumen hecho previamente y constituye el atractivo principal de La promesa de Kamil Modráček es el tipo de lectura alegórica que puede hacerse de ella, en el marco de la cual esta novela sería tanto una ficción acerca del singular destino del arquitecto del mismo nombre como una reflexión acerca del régimen de terror instaurado por el comunismo en la antigua Checoslovaquia. Allí, en la posibilidad de esa lectura, que Kratochvil nunca desalienta, se encuentran los principales méritos de este libro, en el que los sótanos de la ciudad de Brno son escenario de las pulsiones más secretas de sus habitantes, en el que alguien secuestra a personas porque el sistema tiene secuestrado a sus habitantes desde hace años (y no los aloja en una jaula dorada precisamente), en el que la suspicacia y la sospecha no son aditamentos requeridos por un cierto tipo de literatura de género sino la forma más habitual de relación entre las personas, en el que un miembro de las fuerzas de seguridad se vuelve loco porque el sistema está loco y es criminal, en el que el monólogo interior (se suceden a lo largo del libro, y sería interesante, y una tarea pendiente, el estudiar quién narra y cuándo en este libro) es el único tipo de diálogo que pueden establecer sus habitantes, en el que (como sostiene su autor) "todas las utopías constituyen a la vez campos de concentración".
 
 
Jiří Kratochvil
La promesa de Kamil Modráček
Trad. Elena Buixaderas
Madrid: Impedimenta, 2013
 
[Publicado originalmente en ABC Cultural, 27 de julio de 2013.]

[Publicado el 07/10/2013 a las 12:15]

[Etiquetas: Jiří Kratochvil, Novela, Impedimenta]

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Actualizaciones (IV) / Joaquín Reyes / Willy McKey

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Una obra de Sean Mackaoui. Más, aquí: http://www.mackaoui.com/.

1
 
No es imposible que el afortunado poseedor de alguno de los quinientos ejemplares de Paisajeno del escritor venezolano Willy McKey se pregunte qué es exactamente lo que tiene entre las manos y qué significa este objeto en el que confluyen la escritura automática, el diseño gráfico, la apropiación, la lectura de los mapas como textos, la poesía, la reflexión poética y filosófica acerca de esa perplejidad llamada Venezuela, las citas provenientes de lo que aún llaman algunos cultura baja y cultura alta, las voces que monologan y se entrelazan hasta en tres niveles de lectura. Para averiguarlo, el lector tiene que leerlo, y, para cuando lo ha hecho ya, resulta que es demasiado tarde, y el lector comprende que es mejor así, que las mejores distancias son las que se recorren sin brújula. Que no sea esta noticia esa brújula, que Paisajeno siga siendo para el lector un territorio desconocido, y que lo recorra así, como un Yukón o un Sáhara de la mente.
 
 
2
 
Quien desee saber qué dicen las piedras al contemplar el Monte Rushmore, por qué razón no pueden entrar en discotecas y cuáles son sus problemas con el chiste del hombre que tenía un agujero en el bolsillo del pantalón, tiene que leer Realidad a la piedra, una pequeña pero excelente selección de viñetas del español Joaquín Reyes: soy fan.
 
 
Willy McKey
Paisajeno
Caracas: Ex Libris, 2011
Joaquín Reyes
 
Joaquín Reyes
Realidad a la piedra
Barcelona: Reservoir Books, 2013

[Publicado el 03/10/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Willy McKey, Joaquín Reyes, Poesía, Cómic, Ex Libris, Reservoir Books]

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Novela familiar / "En tiempos de luz menguante" de Eugen Ruge

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En 2001 cayeron dos torres en la ciudad de Nueva York y a Markus Umnitzer, uno de los protagonistas de En tiempos de luz menguante, le detectaron un cáncer inmanejable y de resolución inmediata: hacía doce años que había caído el Muro de Berlín y, con él, la así llamada República Democrática de Alemania (RDA), pero los doce años previos a esa caída le habían parecido "desproporcionadamente más largos que los doce años después" (28).
 
En mayor o menor medida, En tiempos de luz menguante narra esos doce años previos al final de la RDA girando en torno a los integrantes de una familia y a una fecha señalada: el 1 de octubre de 1989, cuando el Muro se derrumbaba al mismo tiempo que la familia celebraba el cumpleaños de su patriarca. Era el último de Wilhelm Powileit, el camarada de Karl Liebknecht que se había exiliado en México y regresado a la RDA, donde era celebrado como uno de los "padres fundadores" y "camarada de la primera hora" del país. A su lado, en el cumpleaños, se encuentran Charlotte Powileit, su mujer; Kurt Umnitzer, su hijo, el historiador de la RDA que duda del papel de su padre y descree en silencio de la historia que debe narrar como verdadera (y de la que es víctima su propio hermano, cuyo rastro se perdió en el destierro de diez años en la estepa rusa al que fueron condenados los dos por un desliz de Kurt en una carta); Melitta, la madre de Markus y mujer de Alexander Umnitzer, el hijo "rebelde" de Kurt que escapa de la RDA en la primera oportunidad que se le presenta; y Nadiesda Ivánovna, madre de Irina, madre a su vez de Alexander, una rusa que puede contarse entre las víctimas de la Historia. La narración se centra principalmente en la tarde de ese 1 de octubre de 1989 y de los eventos que tuvieron lugar en la que acabaría siendo la última reunión familiar pero, también, en hitos íntimos de la RDA y en su transformación de dulce promesa a triste realidad represiva, saltando de 1952 a 1959, 1961, 1966, 1973, 1976, 1979, 1991 y 1995 mientras persigue los pensamientos y las acciones de sus personajes y los recuerdos de Markus, enfermo en México, meditando acerca del sitio del que sus bisabuelos abandonaron para ir a construir un país que ya no existe excepto como nostalgia.
 
En tiempos de luz menguante es una muy correcta novela sobre la RDA narrada con una prosa funcional y con cambios de la perspectiva narrativa que consiguen generar cierto suspenso sin necesidad de recurrir a trucos más sofisticados; recuerda poderosamente a Lagerfeuer (Zona de tránsito en español), la novela con la que Julia Franck obtuvo el Deutscher Buchpreis de 2007 (En tiempos de luz menguante lo obtuvo en 2011, como si la repetición de argumentos y tratamientos fuese garantía de la repetición de reconocimientos y premios). Eugen Ruge nació en Sosva (Urales) en 1954 y es dramaturgo.
 
 
Eugen Ruge
En tiempos de luz menguante
Trad. Richard Gross
Barcelona: Anagrama, 2013

[Publicado el 01/10/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Eugen Ruge, Novela, Anagrama]

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Preguntas (VII) / Acerca de la representación del tiempo en literatura

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Él tampoco tiene tiempo.

PREGUNTA: En La vida interior de las plantas de interior hay cuentos que narran diferentes hechos que se suceden en un momento preciso, otros con el tiempo en reversa, hay cuentos con un tiempo indefinido y otros con una suerte de eternización. ¿Por qué la "obsesión" con el tiempo? (Patricio Zunini, Buenos Aires)
 
RESPUESTA: Cuando escribes libros de cuentos lo haces con una intención menos programática que las novelas y solo cuando te sientas a ponerlos juntos empiezas a notar que tenían afinidades, que allí había un programa. En este caso, descubrí que una de esas vinculaciones entre los cuentos del libro, y algo que había estado interesándome sin que yo mismo lo supiera, era el tiempo. Es evidente que durante los años en que escribí estos textos estuve pensando en cómo es representado el tiempo en literatura y de qué modo podía yo hacerlo sin incurrir en las formas tradicionales de representación. No soy un entusiasta de la experimentación por la experimentación misma, pero tenía mucho interés en hacer cosas que no había hecho antes y una de ellas era otorgarme una mayor libertad para jugar con el tiempo de los relatos. Posiblemente haya dos tipos de escritores: aquellos que son estilistas y que libro tras libro procuran perfeccionar una voz y aquellos que procuran saltar su propia sombra y hacer cosas que no habían hecho antes. Supongo que yo pertenezco más al segundo grupo.
 
Más preguntas, aquí.
 
 
Publicadas originalmente en el blog de la librería Eterna Cadencia. 2 de agosto de 2013. 

[Publicado el 26/9/2013 a las 12:45]

[Etiquetas: Preguntas]

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Las paradojas de la vida del artista / "Melodías animadas" de Robert Crumb

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Una de las páginas de "Melodías animadas" de Robert Crumb. Crédito, del autor.

No es poco habitual que los artistas se sientan fuera de lugar en la época que les ha tocado vivir; sucede a menudo, además, que su nostalgia de tiempos que, por pasados habrían sido (famosamente) mejores, se convierta en fuente de inspiración. Buena parte de los problemas de los artistas (y es sabido, gracias a los filmes de Hollywood, que los artistas siempre tienen problemas, que son un imán para los problemas y que además son inseguros y frágiles) deriva del hecho de que el artista recurre al pasado para producir una obra que espera sea valorada y celebrada en el presente. Es decir, en una época que desprecia y en cuyos valores no cree: si el artista pasa desapercibido a sus contemporáneos, siempre puede refugiarse en su convicción de que su época está equivocada; si, por el contrario, es apreciado, comprende que está haciendo algo mal, pero también entiende (porque tiene que pagar impuestos, porque tiene niños o porque vive en un país que está privatizando la educación y la sanidad, como España) que tiene que seguir haciéndolo mal para que su relevancia aumente, y se siente tan frustrado y deprimido como si su época le diese la espalda.
 
Quienes hayan leído ya a Robert Crumb o hayan visto los magníficos documentales The Confessions of Robert Crumb (1987) y Crumb (1994) saben que el autor estadounidense no es una excepción a esta regla formulada con cierta displicencia: el creador de Mr. Natural y Fritz The Cat desprecia los productos culturales de su época y añora especialmente la música y el arte estadounidenses de la primera mitad del siglo XX (juguetes, carteles publicitarios, grabaciones antropológicas de blues, country, bluegrass, folk, etcétera), que colecciona y que incluso interpreta con agrupaciones musicales como los Cheap Suit Serenaders y, más recientemente, Les Primitifs du Futur (el libro de conversaciones con Peter Poplaski Recuerdos y opiniones [Trad. Miquel Izquierdo, José Moreno y Alex Gibert. Barcelona: Global Rhythm, 2008] incluía un cedé con algunas de sus grabaciones).
 
El interés de Crumb por la música popular estadounidense y, en particular, por las primeras grabaciones de blues (todo lo que suele ser llamado "americana" y, más específicamente, "roots music") no es reciente, sin embargo: estas Melodías animadas, décimo tercer volumen de las obras completas del autor, han sido publicadas originalmente entre 1970 y 1999 pero Crumb parece haber dejado de dibujarlas con regularidad en 1984 después de la aparición de las que son las dos mejores, "La maldición vudú de Jelly Roll Morton" y "Patton", esta última acerca del magnífico bluesman Charley Patton. Ambas consiguen transmitir la sensación de peligro inminente que provocan en el oyente las grabaciones de los dos músicos, pero, en general, todas las historias reunidas aquí (y por las que circulan artistas en su mayoría desconocidos para el gran público, como los magníficos Skip James, Memphis Minnie, Mississippi John Hurt, Son House, Blind Lemon Jefferson, Big Joe Turner, etcétera) son excelentes, con la posible excepción de "Be Bop Cubistas", probablemente el punto más bajo en la extensa producción del autor.
 
"En los años 20 y 30", sostiene Crumb, "antes de la explosión de la cultura de masas y de que aparecieran los instrumentos eléctricos, florecieron en Estados Unidos y Europa gran número de compañías discográficas que producían toda clase de música en discos de 78 rpm. Había música bailable, blues, country, folk, jazz, y grupos que tocaban instrumentos anticonvencionales. En aquellos días, el público aún se sabía las letras de las canciones, y la relación entre músico y oyente era más intensa. Hacia los años 40, los músicos profesionales se desembarazaron de todo lo marginal, así como de gran parte de la imaginación y el ingenio" (5).
 
No hay nada contradictorio en la afirmación precedente, pero sí en el hecho de que haya sido hecha precisamente por Robert Crumb, uno de los artistas que, desde el cómic underground norteamericano de comienzos de la década de 1970, más hizo por la desaparición de las restricciones formales y temáticas que caracterizaban a la sociedad de su época y a su producción artística. La nostalgia de Crumb es por un mundo ya completamente desaparecido y recuerda en mucho al interés de Bob Dylan por las canciones de una época que él como nadie contribuyó a dejar atrás al poner de manifiesto en la década de 1960 que el rock and roll y la música pop también podían ser el vehículo de ideas complejas y relevantes desde el punto de vista político y estético. Ambos artistas recuperaron en un momento u otro lo que habían dejado atrás, pero lo hicieron cuando todo ello había sido destruido, como si ambos sintiesen una cierta culpa por haber contribuido a su destrucción o fuesen conscientes de estar atrapados en una de las tantas paradojas en la vida de un artista; o como si estas Melodías animadas fuesen el testimonio de la trayectoria única de un artista que, sabiendo de la aceptación de su trabajo por parte de una sociedad en cuyos criterios de valor no cree, hubiese decidido darle la espalda a esa época y seguir su propio camino.
 
 
Robert Crumb
Melodías animadas
Trad. Narcís Fradera y Francisco Pérez Navarro
Pról. Gilbert Shelton
Barcelona: La Cúpula [Obras Completas 13], 2013

[Publicado el 24/9/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Robert Crumb, La Cúpula, Cómic]

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Primeras páginas (I) / "Poesía, pop y contracultura en España" de Antonio Orihuela

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La práctica totalidad de los objetos que nos rodean están directamente influenciados por el arte; nuestras viviendas, nuestras ciudades y hasta nuestros comportamientos se han vuelto, en el transcurso del siglo XX, artísticos. El desarrollo tecnológico, aplicado a la producción y a unas cada vez más coercitivas y globales formas de trabajo (fordismo, taylorismo, toyotismo...), ha configurado un universo de objetos e imágenes con los que, finalmente, hemos terminado dando forma a nuestras vidas y creyendo que la verdadera vida es lo que los medios de formación de masas dicen que es.
 
Si hasta el siglo XIX no se supo qué era la explotación, desde los años sesenta del siglo XX nos hemos olvidado de ella. Viviendo sumidos, cuando no directamente abstraídos, en ese universo de objetos e imágenes que han sustituido a la verdadera vida nos hemos entregado al Capital que, travestido de imágenes es, todavía hoy, el rostro que, a pesar de estar en todas partes y de organizar en torno a sí todos los medios de vida y todas las ilusiones, no puede verse.
 
Bastó que en Occidente, a partir de los años cincuenta, se consiguiera alcanzar el grado de acumulación suficiente como para que el Capital se convirtiera definitivamente en imagen, para que comenzara entonces la sociedad del espectáculo, el tiempo en el que los individuos serían vividos por las imágenes; la época en la que al trabajador se le exigirá una colaboración adicional para ser explotado también como consumidor (ser consumidor terminará convirtiéndose en la exigencia para que el trabajo exista), y que, en tanto consumidor, olvide el origen de su explotación y aprenda a vivirla como un fenómeno desgajado de sí a cambio de poder sentirse partícipe de la cultura y la sociedad burguesa que lo disolvió como clase y transformó el proletariado en la actual sociedad de masas donde los individuos desclasados, aislados y amedrentados, son incapaces de pensar otras formas de relacionarse y otra vida que no sea la que se les ofrece mediada por la propaganda o el espectáculo. Las mejoras en su nivel de vida, lejos de traer el socialismo, desarrollaron una sociedad consumista y represiva.
 
Para completar este trabajo de dominación, la sociedad industrial dictó qué tipo de estética sería la que animaría nuestro modelo social. Vanguardia y producción industrial comenzaron a andar juntas a mediados del siglo XIX y ya no se separarán. Atraviesan las Exposiciones Universales, la cadena de montaje fordista, llega hasta el romanticismo de acero del Tercer Reich, a los realismos socialista y capitalista, y continúan en los tiempos del Imperio.
 
La relación entre cultura y economía, entre los que fabrican la realidad y los que controlan su producción, entre quienes ejercen el poder y quienes proporcionan ilusiones, entre quienes generan imágenes y quienes las reproducen industrialmente, conformará una nueva sociedad, la del consumo de masas, y un nuevo Arte: el arte para las masas. La obra de arte abandona su unicidad y se verifica a través de su reproducción masiva; el pop glorifica el reino de la abundancia. La iconografía de la vida cotidiana, sus objetos domésticos, las imágenes de los tebeos y películas, los envases de productos alimenticios, las prendas de vestir, etc. Todo lo que había sido exaltado y revalorizado por la publicidad y los medios masivos de comunicación, encuentra también un lugar en el mundo del arte y, de pronto, la fanfarria de la cacharrería hace retroceder la solemnidad historicista del canon.
 
Y mientras tanto, ¿qué hacen los artistas? Pues se limitan a constatar la fragmentación cultural de la sociedad y a ritualizar lo que, en el mercado de lo masivo, no es más que producción industrial y expansión tecnológica sobre la vida social y colectiva. Hasta los materiales con los que podrá contar en cada momento el nuevo artista serán definidos por la producción industrial.
 
La producción industrial transforma los hábitos y las capacidades cognitivas se reeducan hacia una percepción dinámica e instantánea fundada sobre la sensación de inmediatez y simultaneidad que encuentra su versión condensada en la publicidad. Ella es la que crea y configura la experiencia estética contemporánea como ninguna otra técnica. La belleza es la velocidad, afirmarán los futuristas, y siguiendo esta estela encontramos que es en el acontecimiento, el happening, el suceso, la acción y el espectáculo donde se concentra hoy la fuerza del arte. No en sus realizaciones sino en sus procesos, en cosificar lo transitorio y afirmar la transitoriedad de la propia obra de arte. No es que ya no sea posible expresar lo nuevo, sino que lo nuevo se convierte en un momento de lo fugaz y lo precario.
 
Espantados comprobamos que, como los productos industriales, también las producciones artísticas de la sociedad industrial tienen fecha de caducidad y, desde finales del siglo XIX, los ismos se sucederán.
 
Hablar de cultura visual de masas no significa que la cultura haya sido apropiada por las masas, sino que la cultura ha sido destruida para engendrar en su lugar el ocio, es decir, el consumo organizado por el mercado de las unidades de tiempo libre. Este es el fenómeno más representativo del Arte de nuestro siglo, su ligazón absoluta a los intereses económicos de las empresas que producen cultura de masas y que, de paso, deja definitivamente libre al artista, responsable de naufragar en sus propios criterios o bien convertirse en un apéndice de la mercadotecnia.
 
Si hubo, pues, alguna revolución en el mundo del arte del siglo XX esta no se dio, desde luego, en lo que formalmente reconocemos como Arte, sino que fue obra de la lógica combinada de la tecnología y el mercado de masas para producir y consumir imágenes y objetos culturales de todo el mundo, eso sí, en forma de puré predigerido para un público infantilizado e incapaz de elaborar para sí mismo acontecimientos sociales relevantes.
 
 
Antonio Orihuela nació en Moguer (Huelva) en 1965 y es poeta y ensayista. De acuerdo a la nota biobiográfica que acompaña Poesía, pop y contracultura en España, "sus artículos y ensayos muestran las relaciones causales que se dan entre el actual sistema del capitalismo global postmoderno y las formas de expresión cultural, especialmente la poesía". En las últimas páginas de este recorrido por el ascenso y la caída de la contracultura española que va de la poesía experimental de la década de 1960 a la penetración de la heroína, el autor realiza el siguiente diagnóstico sobre la realidad española: "Tras treinta años de democracia, nuestro infantilismo ha alcanzado cotas difícilmente imaginables. España es el primer país europeo en consumo de alcohol y drogas. También somos el país con mayor número de presos y policías; por el contrario, estamos entre los países que menos presupuesto público dedican a la educación y, en consecuencia, entre los que menos leen y donde el fracaso escolar y la putrefacción de la vida intelectual han alcanzado sus cotas más altas. [...] Campeones mundiales en fútbol, inmoralidad, incivismo e irresponsabilidad, hemos de reconocer que tanto el franquismo sociológico que heredamos como el izquierdismo y la progresía unidos han realizado a conciencia su trabajo, que no era otro que convertirnos en el país basura por excelencia y con ello, convertir a España, finalmente, en una potencia capitalista de primera fila" (138-139).
 
 
Antonio Orihuela
Poesía, pop y contracultura en España. Poéticas de la Cultura de Masas en el Tardofranquismo y la Transición
Córdoba: Berenice, 2013
Pp. 13-17

[Publicado el 20/9/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Antonio Orihuela, Ensayo, Primeras Páginas, Berenice]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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