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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 29 de marzo de 2017

 Blog de Patricio Pron

Prácticas de restitución / "Últimas noticias de la escritura" de Sergio Chejfec

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"La máquina de escribir ofrece la ventaja de ocultar el manuscrito y, con ello, el carácter. En [ella,] todos los hombres tienen el mismo aspecto", escribió (como recuerda Sergio Chejfec en este libro) el filósofo alemán Martin Heidegger. La cita es previa al surgimiento de la textualidad inmaterial de nuestros días, pero anticipa su sensación de pérdida. ¿Qué falta con la popularización del procesador de textos como herramienta hegemónica de escritura, la publicación electrónica y el almacenaje en la nube? A esa ausencia se le pueden dar varios nombres (según Heidegger, se trataría de la individualidad; para Chejfec, es "la presencia aurática" de la escritura manual), pero lo que importa es que la "condición incompleta" de la textualidad inmaterial contemporánea ha generado esfuerzos de recuperación en los que, como sostiene el escritor argentino, "el manuscrito o algunos de los atributos más fuertemente vinculados con él son directa o indirectamente convocados por la escritura digital, a modo de reparación de una incompletud".
 
Últimas noticias de la escritura propone un recorrido por aquellas propuestas literarias y plásticas (estéticas en general) que, poniendo de manifiesto una voluntad de restitución de una cierta textualidad centrada en la noción de "original" y en la escritura "a mano", escenifican su coexistencia no siempre pacífica con otra textualidad (digital y por consiguiente sin materialidad, y más reciente) que mira el manuscrito como recurso legítimo para recuperar lo perdido y completar lo incompleto. La instalación del argentino Fabio Kacero "Fabio Kacero autor del Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote", las performances de transcripción tipográfica de Tim Youd, unos relatos de Agustín Fernández Mallo, una exhibición pública de originales de Marcel Proust y la puesta en escena de las supuestas circunstancias de escritura en El entenado de Juan José Saer; pero también, la producción de originales falsos por parte de Juan Gelman para satisfacer la demanda de las universidades extranjeras, los libros de Lorenzo García Vega, la poesía visual de Carlos Gradin realizada con el buscador de Google, el subrayado del Tratado contra el método de Paul Feyerabend de Ezequiel Alemian, la inclusión de una página de Joseph Conrad (con sus marcas de lectura) en El camino de Ida de Ricardo Piglia, la exposición de libros intervenidos por escritores argentinos en la muestra "Leídos" de Esteban Feune de Colombi, el surgimiento de formas literarias ingenuamente imitativas de la interfaz electrónica que apuntarían a nuevas maneras de realismo, la publicación de El original de Laura de Vladimir Nabokov, los intentos de restitución del original por parte de los artistas plásticos Fernando Bryce y Mirtha Dermisache, la concepción del libro como soporte artístico en algunas obras de William Kentridge: todas estas piezas y acciones artísticas señalarían, en palabras del autor de estas Últimas noticias de la escritura, el "agotamiento de la escritura serial por la pérdida de irradiación derivada de la cancelación definitiva de la letra escrita como actividad refleja de la propia escritura". Es decir, serían tanto un intento (más o menos irónico, poco importa) de restitución de una cierta materialidad textual y de la presencia del autor en el texto a través de los trazos de su escritura como una reflexión acerca de lo que se perdería con la hegemonía de la textualidad inmaterial de los procesadores de texto, el almacenamiento en la Red y la publicación electrónica.
 
Sergio Chejfec nació en Buenos Aires en 1956 y es considerado uno de los escritores más radicalmente innovadores de la literatura argentina contemporánea; esto significa (entre otras cosas) que no es Mario Vargas Llosa, lo que es una suerte para él y para sus lectores: allí donde uno esperaría un ejercicio de nostalgia y un rechazo conservador al hecho de que una forma de concebir la literatura está siendo desplazada por otra, Chejfec propone un recorrido sobre el que, a diferencia del autor de La civilización del espectáculo, no adopta una postura moral. Si bien habla con nostalgia de la escritura en esténcil, la fotocopia y el uso de máquinas de escribir manuales y electrónicas (así como de una libreta que, encontrada casi al azar un día, devolvió al autor el placer y los problemas de la escritura manual y lo llevó a reflexionar sobre la materialidad de la producción de los textos), también se refiere a su escritura en blogs y afirma creer que, en su "promesa de olvido y persistencia al mismo tiempo", la publicación electrónica se lleva "mejor" con su escritura que la física. El suyo no es un enjuiciamiento moral del enfrentamiento entre dos tipos de textualidad sino un mapa para orientarse en el escenario inevitablemente inestable y en transformación de ese conflicto; quienquiera que haya alguna vez intentado tratar de comprender qué sucede con la literatura y con nuestra propia producción literaria frente a su proliferación y a la pérdida de su materialidad (que Chejfec denomina las "cuestiones vinculadas con el estatuto de la escritura en momentos en que las modalidades digitales cambian el sentido y el concepto de original físico") sabe cuán dificultoso es orientarse en ese escenario. Sergio Chejfec lo hace con la solvencia de sus mejores libros (Lenta biografía, Los planetas, Mis dos mundos, La experiencia dramática, Modo linterna) y un magnetismo que recuerda a los que parecen ser sus principales modelos de ensayista: Walter Benjamin, Jacques Rancière y Georges Didi-Huberman.
 
 
Sergio Chejfec
Últimas noticias de la escritura
Madrid: Jeckyll & Jill, 2015
 
Letras Libres, marzo de 2016. 

[Publicado el 31/3/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Sergio Chejfec, Ensayo, Jeckyll & Jill]

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Sin la ceguera del prejuicio / "Semper Dolens" de Ramón Andrés

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"¡La muerte, los impuestos y los partos! ¡Nunca es buen momento para ninguno de los tres!", hizo exclamar Margaret Mitchell a Scarlett O'Hara. En el ámbito de la literatura (y específicamente del ensayo), el veto de la autora de Lo que el viento se llevó sólo parece seguir vigente en relación a la muerte y en especial a la voluntaria, sin embargo: sobre ella se escribe comparativamente poco.
 
A pesar de que en torno al suicidio confluyen cuestiones de enorme relevancia como la historia del sujeto, la historia social, su religiosidad, su concepción de la dignidad personal, el control que el Estado ejerce sobre sus ciudadanos, la vigilancia médica y una comprensión no siempre muy elaborada de quiénes somos y quiénes deseamos ser (o dejar de ser), y en consonancia con las restricciones que la prensa suele imponerse a sí misma para evitar la imitación, el suicidio permanece en las sombras, en el terreno de lo inconfesable y de lo que sólo se puede callar. Más allá del famoso (y no muy logrado, en mi opinión) libro de Al Alvarez El dios salvaje (1972, reeditado recientemente por la, por otra parte, muy buena editorial chilena Hueders) y de la excelente (pero inhallable) Historia del suicidio en Occidente de Ramón Andrés (2003), no hay muchos libros sobre el tema, pero el mejor de ellos, el de Andrés (Pamplona, 1955), es reeditado ahora por Acantilado en una edición corregida, ampliada y actualizada que desmiente a Mitchell y a su personaje.
 
"No hay, no puede haber teorías nuevas sobre el suicidio", advierte Andrés al comienzo de su obra; si el autor no se propone teorizar sobre ese acto que "despierta sentimientos contrarios en quien lo afronta: la victoria sobre el prójimo, o la derrota de sí", lo que sí se propone es narrar la historia de las visiones del suicidio desde sus primeros antecedentes en Egipto y Mesopotamia hasta la actualidad, pasando por la tolerancia de judíos, egipcios y romanos (así como de los primeros cristianos), su empleo como manifestación de desacuerdo y rechazo y/o de locura en la tradición griega, las aberrantes prácticas medievales de exorcismo y punición del suicida, el estudio del "humor melancólico", la vinculación (errónea, estadísticamente hablando) entre producción artística y tendencias suicidas, la difícil definición de "eutanasia" (y el ejercicio de este derecho, tan difícil de concebir para algunos): en palabras de su autor, el suicidio ha sido "estigmatizado por la Iglesia a lo largo de la Edad Media, juzgado con arbitrariedad entre los siglos XVI y XVII, absorbido por la medicina y la literatura durante las dos siguientes centurias, y confiscado por la sociología y la psiquiatría de los siglos XX y XXI". Historiarlo es pues, inevitablemente, narrar la historia de la alternancia de actitudes ante la muerte de sí (por lo general, su aceptación ha alternado con el rechazo a la práctica, y viceversa: por qué esto es así es uno del los temas centrales del libro), pero también poner de manifiesto, mediante esa alternancia, que nuestras actitudes ante él no son mejores que las que le precedieron y están históricamente fundadas, de tal forma que nuestro rechazo al suicidio no es "natural" ni tiene que ser inamovible. Esta conclusión tácita del libro de Andrés contribuye a una comprensión, si no de la naturaleza del suicidio, sí de las actitudes ante él, que desmiente la humildad de las aspiraciones de su autor y constituye uno de sus mejores servicios a los lectores.
 
Esta Historia del suicidio en Occidente es de una erudición deslumbrante (una característica que comparte con otros libros del autor, como el excelente Diccionario de música, mitología, magia y religión que Acantilado publicó en 2012) y su visión tiene mucho de desacralizadora: al parecer, hemos estado suicidándonos desde el comienzo de la especie (aunque no profundiza en el tema, Andrés acierta al exponer el hecho fundamental de que sólo para la especie humana la muerte "natural" lo es, puesto que lo "natural" en la naturaleza es sufrir un accidente o ser devorado por un depredador mucho antes de alcanzar la vejez) y es improbable que dejemos de hacerlo. La muerte voluntaria está presente en los mitos fundacionales de las civilizaciones mesopotámicas, egipcia y griega, ocupa una parte importante de la historia egipcia (cuya soberanía termina con la vida de Cleopatra), judía (el suicidio colectivo de Masada es en la actualidad uno de los relatos seminales de los israelíes), romana (en la que constituyó un privilegio de las élites políticas) y cristiana, es uno de los capítulos más importantes de la filosofía occidental (la muerte de Sócrates) y es el trasfondo de algunas de las manifestaciones culturales más interesantes de la Edad Media como la de la nave de los locos (en la que también navegaban los suicidas) y las danzas en cementerios; también está en el origen de los primeros tratados "psicológicos" (que lo atribuyeron a la locura, a la "bilis negra" o melancolía y a la acción del demonio), ocupa una parte importante de la filosofía occidental (sobre él escribieron Tomás Moro, Blaise Pascal, John Donne y otros; la refutación parcial de las tesis sociológicas de Émile Durkheim sobre el suicidio es, por otra parte, uno de los capítulos más brillantes de la obra) y es uno de los asuntos políticos más disputados de nuestro tiempo, en particular en relación a la pregunta de si la ayuda prestada por razones humanitarias a quienes deciden poner fin a su vida debe ser castigada o no.
 
Sólo una aproximación al tema sin la ceguera del prejuicio podía hacer justicia a uno de los aspectos centrales de nuestra cultura: la determinación de sí, y la de Ramón Andrés lo es. Esto y su propuesta tácita de acabar con el concepto peyorativo (y relativamente reciente) de "suicidio" y reemplazarlo por el de "muerte voluntaria" son sólo algunos de sus muchos méritos y los de este libro extraordinario.
 
 
Ramón Andrés
Semper Dolens. Historia del suicidio en Occidente
Barcelona: Acantilado, 2015.
 
Letras Libres, enero de 2016.

[Publicado el 29/3/2016 a las 11:30]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Ensayo, Acantilado]

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24 de marzo de 1976 / 24 de marzo de 2016

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"Hacemos historia como un enfermo hace una enfermedad", Léon Werth.

[Publicado el 24/3/2016 a las 11:45]

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Todo esto antes / "Departamento de especulaciones" de Jenny Offill

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Acerca de la narradora de esta novela, sus alumnos dicen: "Es buena profesora, pero se pierde DEMASIADO en anécdotas. Nadie puede decir que sea una persona organizada. [...] Se comporta como si escribir no tuviera reglas" (51). Al igual que su creadora, Jenny Offill, la narradora de Departamento de especulaciones, da clases de escritura creativa; a diferencia de ella, y como cualquier persona inteligente (a excepción, por supuesto, de quienes se ganan la vida como profesores de esa disciplina), duda de que se pueda enseñar a escribir a alguien por más que se lo intente.
 
A los cursos de escritura creativa se les ha echado la culpa de la mayor parte de los males que afectan a la narrativa estadounidense contemporánea, pero es posible que sólo sea directamente responsable de dos de ellos: la desconcertante, disuasoria repetición de técnicas y procedimientos narrativos de autor en autor y la instalación de la idea (errónea, por supuesto) de que la fragmentación constituiría algún tipo de narrativa contrahegemónica.
 
A la idea errónea del carácter "rompedor" de la narrativa fragmentaria le debemos la celebración algo excesiva el año pasado de Lancha rápida de Renata Adler, un libro cuya novedad es la de la fecha de su publicación, 1976; desde la suya, Departamento de especulaciones ha reemplazado a Adler en la consideración del público "arriesgado", aunque hay poco de riesgo en la novela de Offill, que participa plenamente de una de las tendencias estéticas y comerciales más exitosas en los Estados Unidos en este momento. Esta historia integral de una relación amorosa (desde el enamoramiento hasta algo parecido a un segundo encuentro, con estancias intermedias en las primeras vacaciones de pareja, la boda, la búsqueda de trabajo, el primer piso, el nacimiento de la hija, las fiestas, la infidelidad, la superación de la misma, la reconstrucción de la pareja en un entorno semirrural, el tironeo entre las metas personales y los objetivos profesionales, el élan vital contemporáneo) no carece de calidad literaria y tiene un primer y un último párrafo absolutamente notables. En el medio, la novela de Offill consigue llevar a su lector de una página a otra gracias a una narración sólo pretendidamente aleatoria y desordenada. En Departamento de especulaciones hay bastante talento y un control absoluto de la narrativa, así como algunas ideas realmente poderosas (acerca de la soledad de los animales, sobre el matrimonio como un intento de supervivencia en el espacio, etcétera), pero también algo que propicia en el lector la impresión de que ya ha leído todo esto antes, también en el deslumbrante Artefactos importantes de Leanne Shapton (2010), en el libro de Adler ya mencionado y/o en ciertas obras de Miranda July y Dave Eggers.
 
Esto no quita méritos a Jenny Offill, pero pone (o debería poner) en perspectiva el carácter supuestamente excepcional de la obra. Que este no es tal era de esperar al conocer quiénes son sus entusiastas en el ámbito hispanohablante, pero (en cualquier caso) uno sólo puede preguntarse qué hubiera podido ser este libro si el talento de su autora no hubiese sido domesticado con clases de escritura creativa, recibidas y dadas.
 
 
Jenny Offill
Departamento de especulaciones
Trad. Eduardo Jordá
Barcelona: Libros del Asteroide, 2016

[Publicado el 22/3/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Jenny Offill, Novela, Libros del Asteroide]

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Un recorrido por las ruinas / "Las tierras arrasadas" de Emiliano Monge

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Algo en la alegoría (en su profusión deliberada de sentidos y en el modo en que esos sentidos se solapan unos a otros apuntando a la certeza habitual de la alegoría; la de que no hay certeza alguna porque cuando se dice, se dice otra cosa) siempre parece quedar sin haber sido dicho, como si la profusión fuese una estrategia retórica utilizada para admitir tácitamente la imposibilidad de decirlo todo en literatura. A raíz de ello, y por lo general, las alegorías suelen ser breves, pese a lo cual, Las tierras arrasadas, la nueva novela del escritor mexicano Emiliano Monge (y posiblemente el texto más alegórico de la literatura latinoamericana reciente) es una obra relativamente extensa: 342 páginas en las que se narran un secuestro masivo de inmigrantes, las humillaciones y vejaciones a las que se somete a estos, una traición, una historia de amor, la transformación de una víctima en victimario, las voces de quienes cruzan la frontera y la pierden, una noche y un día y otro día de la larga noche que es la historia mexicana contemporánea.
 
En su extensión, y en la crudeza de sus descripciones (más aún, en su carácter de texto que mira donde otros apartan la vista, o ven y no dicen), Las tierras arrasadas parece apuntar contra su condición de alegoría; pero la alegoría se pone de manifiesto en los nombres de sus personajes (Epitafio, Sepelio, Mausoleo, Padre Nicho, Cementeria, Ausencia, Elsordodelamente, etcétera), en los de las referencias geográficas (aquí hay un Purgatorio y un Infierno) y en las referencias a La divina comedia que recorren el libro, así como en su carácter iterativo: esta historia, parece decir Las tierras arrasadas, ha sucedido y seguirá produciéndose, y el libro en el que es narrada es, pese a su crudeza, una alegoría de la misma forma que la esclavitud impuesta a los inmigrantes que cruzan la frontera mexicana y su asesinato es una alegoría de México y de su política, como si (se podría pensar) Emiliano Monge hubiese querido darle carnadura ficcional a aquella afirmación de Walter Benjamin según la cual la alegoría es al pensamiento lo que las ruinas a los objetos. (O, en este caso, a los países.)
 
 
Emiliano Monge
Las tierras arrasadas
Barcelona: Literatura Random House, 2016

[Publicado el 17/3/2016 a las 12:00]

[Etiquetas: Emiliano Monge, Novela, Literatura Random House]

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Los perros románticos / "Reyes de Alejandría" de José Carlos Llop

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La Rue de l'Odéon tiene poco más de trescientos metros y se encuentra en el sexto distrito de París: comienza en la Place de l'Odéon y culmina en el Boulevard Saint-Germain; entre sus habitantes célebres se encuentran Thomas Paine, Sylvia Beach y Camille Desmoulins, y es también por esta calle por la que transita en Reyes de Alejandría José Carlos Llop, uno de los escritores más extraordinariamente personales de la literatura española contemporánea.
 
En realidad, el tránsito es doble: por los trescientos metros de la Rue de l'Odéon, pero también (y más importante aún) por el recuerdo de una época que su autor describe como un tiempo "en el que nada de lo que ocurriera era suficiente, ni demasiado" (58), presidida por una Mallorca cosmopolita y provinciana a la vez, por los flirteos con "el Partido" y la vigilancia de la policía de costumbres, la devoción por Ezra Pound, la liberalidad de Barcelona, la muerte de Francisco Franco, las sombras de la RAF y las Brigadas Rojas, las mujeres, los bares, los viajes y una música (posiblemente la mejor del siglo XX) que no sólo se escuchaba, sino en la que se habitaba como en una casa con vistas.
 
A lo largo de Reyes de Alejandría desfilan los nombres y las lecturas que definieron la sensibilidad literaria de una generación (Walt Whitman, Jorge Luis Borges, Maurice Blanchot, Michel Foucault, Gabriel Ferrater, León Trotski), pero también algunos de los miembros más conspicuos de esa generación (Jaume Sisa, Ocaña, Pau Riba, Leopoldo María Panero, Pere Gimferrer); perros románticos todos ellos, que, como los galgos liberados tras el cierre del Canódromo de Barcelona, "murieron atropellados, acabaron en las perreras municipales o en manos de desalmados" (89) después de disfrutar de una libertad dolorosamente breve.
 
Si es inherente a la juventud que ésta siempre acabe (parece decir Llop), quizás la suya haya merecido un final mejor y no el que le tocó: la transformación de la mayor parte de sus miembros en cadáveres bellos y jóvenes o en íconos de la respetabilidad literaria. Naturalmente, es un final triste, pero su tristeza se ve morigerada (si acaso) por el monumento, el cenotafio, que ha edificado para ella José Carlos Llop durante sus paseos por la Rue de l'Odéon, en un tono mayormente lírico y extático y una prosa deslumbrantemente repleta de aciertos y fulguraciones.
 
 
José Carlos Llop
Reyes de Alejandría
Madrid: Alfaguara, 2016

[Publicado el 15/3/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: José Carlos Llop, Alfaguara, Novela]

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Desayuno de campeones / "Cronomoto" de Kurt Vonnegut, Jr

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"Mientras estuviera garabateando su libreta con un bolígrafo y la cabeza gacha podía olvidar toda la mierda de la vida", dice Kurt Vonnegut, Jr. acerca de J. Kilgore Trout: es decir, acerca de sí mismo. Un supuesto encuentro en 2001 le sirve para una conversación con su álter ego habitual acerca del "cronomoto" (traducción literal aunque algo cacofónica del "timequake" original), el extraño espasmo del tiempo que tiene lugar el 13 de febrero de 2001 y obliga a los seres humanos a repetir todas sus acciones desde el 17 de febrero de 1991, desde echarse una sopa en los pantalones a escribir un relato, en la novela que Vonnegut, en 1996, a sus setenta y cuatro años de edad, no pudo o no quiso escribir.
 
Vonnegut no pudo convertir su (brillante) idea en una novela; pero, gracias a ello, Cronomoto es algo más interesante: un vehículo para el humor y la humanidad de su pensamiento. No importa si el tema es el teatro y el destino, la práctica cada vez menos habitual entre escritores de descartar los cuentos fallidos, la psiquiatría, la Segunda Guerra Mundial (que llama "el segundo intento frustrado de suicidio de la civilización occidental"), su hija de trece años, la (discutible) diferencia entre escritores "martillo" y "flecha", la enfermedad y la muerte de sus hermanos, George Bernard Shaw, el humor a costa de los más débiles o la amistad, la perplejidad del autor ante el mundo y la vida es la misma que está presente en toda su obra y, como en Que levante mi mano quien crea en la telequinesis y otros mandamientos para corromper a la juventud (publicado por Malpaso en 2014), prescinde de una historia para sostenerse.
 
En ese sentido, Cronomoto es un texto heterodoxo y esencialmente digresivo; tiene cuentos magníficos (el de la tripulación de un bombardero estadounidense juzgada por haberse negado a arrojar una tercera bomba atómica, el del descubrimiento del bingo por parte de la jerarquía nacionalsocialista en el búnker de Berlín, etcétera), pero resulta algo irritante en su dispersión y posiblemente sólo sea capaz de suscitar interés en los fanáticos. Sin embargo, es un desayuno eficaz para comenzar un día de platos más sustanciosos como Matadero Cinco o Cuna de gato, esas "peculiares combinaciones horizontales de veintiséis símbolos fonéticos, diez cifras y unos ocho signos de puntuación con tinta y sobre pulpa de madera blanqueada y alisada" con las que Vonnegut hizo felices a sus lectores antes y después del seísmo temporal que imaginó y no pudo convertir en una novela.
 
"Es inconcebible", afirma aquí, "que un mero cerebro humano, apenas un desayuno para perros, un kilo y medio de esponja empapada en sangre, pueda componer por sí solo ‘Stardust' y, mucho menos, la Novena sinfonía de Beethoven"; su consejo es, pues, creer en milagros como el de la palabra escrita. Al fin y al cabo, "todas las personas vivas y muertas son pura coincidencia".
 
 
Kurt Vonnegut, Jr
Cronomoto
Trad. Carlos Gardini
Barcelona: Malpaso, 2015
 
 
Babelia/El País, 26 de enero de 2016.

[Publicado el 10/3/2016 a las 13:00]

[Etiquetas: Kurt Vonnegut, Jr, Malpaso, Novela]

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A modo de introducción / "Apuntes sobre el suicidio" de Simon Critchley

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Además del hecho de que todos ellos fueron artistas en un sentido amplio, Paul Celan, Kurt Cobain, Édouard Levé, Dorothy Parker, Hunter S. Thompson y Virginia Woolf comparten (por supuesto) su condición de suicidas; también el hecho de que todos aparecen en estos Apuntes sobre el suicidio cuyo autor se propone "examinar el suicidio de cerca, con detenimiento, tal vez con cierta frialdad [...] Tal vez lo que veamos cuando lo observemos de cerca sea nuestro propio reflejo distorsionado" (14).
 
La reedición corregida y ampliada del libro de Ramón Andrés Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente (Acantilado) y la traducción de Salustiano Masó del de William Styron Esa visible oscuridad (Hueders), ambos publicados en 2015, parecen señalar que (por fin) el suicidio y sus causas empiezan a gozar de cierta respetabilidad como objeto de estudio. Simon Critchley, por ejemplo, se aproxima a él a través de una reflexión filosófica que da cuenta de las visiones que sobre el suicidio se tuvieron en la cultura grecorromana, en la teología cristiana y por parte del materialismo, el derecho penal anglosajón y el psicoanálisis; si el autor insiste en su "prohibición teológica" (43) que permearía aún hoy nuestra cultura, también desmonta con habilidad los argumentos legales y/o religiosos que condenan el suicidio, aborda la naturaleza de la nota de suicidio, el suicidio altruista y el que tiene lugar tras una masacre (como ha sucedido en numerosas ocasiones en los Estados Unidos en los últimos años) y lo evalúa en el marco de la crisis económica.
 
El resultado, por supuesto, no es una invitación al suicidio (incluso aunque su autor esté en contra de su penalización, en una postura perfectamente razonable), sino un texto a favor de la libertad que tenemos (aun) de poner fin a nuestra vida si lo deseamos y si el dolor es insoportable. Muy próximo a las tesis del filósofo escocés David Hume (cuyo Sobre el suicidio es reproducido en el mismo volumen) en lo que hace a éste, y a la obra de Albert Camus en lo que respecta a la idea de una "indiferencia clarividente" para soportar y comprender el mundo (así como a Emil Cioran en relación a la idea de que sólo los optimistas decepcionados se suicidan), Critchley no dice nada nuevo sobre el suicidio, pero lo dice brevemente y con cierta gracia, lo que lo convierte sus Apuntes sobre el suicidio en una buena introducción a un tema que los lectores harán bien en profundizar en el extraordinario libro de Ramón Andrés ya mencionado.
 
(Al margen de lo cual, por cierto, el autor de Tomás el oscuro es Maurice Blanchot, y no "Thomas" como se dice en página 49.)
 
 
Simon Critchley
Apuntes sobre el suicidio
Seguido de "Sobre el suicidio" de David Hume
Trad. Albert Fuentes
Barcelona: Alpha Decay, 2016

[Publicado el 08/3/2016 a las 14:00]

[Etiquetas: Simon Critchley, Ensayo, Alpha Decay]

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¿La literatura o la vida? / Nosotros caminamos en sueños 39

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Oliver Sacks tampoco deseaba distinguir entre la literatura y la vida / (Pero aparcaba cuando la primera parecía imponerse a la segunda) / Crédito de la imagen, de su autor

"El arte es superior a todo y un libro de poesía vale más que un ferrocarril", escribió Gustave Flaubert en alguna ocasión; en otra, sin embargo, propuso "fundir todas las estatuas y hacer con ellas monedas, vestirse con las telas de los cuadros, calentarse con los libros".
 
No fue el único escritor que se enfrentó a la pregunta sobre si la vida vale más que la literatura. Jack Kerouac afirmando que prefería viajar a escribir, André Malraux anteponiendo la acción política a la literaria, Theodor W. Adorno sosteniendo que no se podía escribir después de Auschwitz, Rodolfo Walsh convenciéndose de que era el tiempo del periodismo y no el de la ficción ponen de manifiesto que los escritores dicen siempre preferir la vida pero se quedan (irremediablemente) con la literatura.
 
Algo nos obliga a escoger desde hace siglos entre ambas, y la antigüedad de esa exigencia es tan sorprendente como su aceptación, ya que literatura y vida (o experiencia) son una y la misma cosa: la escritura y la lectura son formas específicas de la experiencia; más aun, son un tipo de experiencia que, en tanto actividad principalmente individual (y si la literatura leída y escrita está a la altura), refuerza nuestra autonomía y nos reconcilia con nuestra propia soledad (en la que siempre se piensa mejor), que contribuye a la conformación de un juicio personal y a la práctica de poner en cuestión las ideas recibidas, que pone de manifiesto que no existe una sola vida ni una sola forma de hacer las cosas.
 
"Me parece haber aprendido en los libros todo lo que sé de la vida", escribió Jean Paul Sartre en alguna ocasión. ¿Cómo interpretar estas palabras si no, precisamente, como la demostración de que dividir literatura y vida, y escoger entre ellas, es imposible?
 
 
El País Semanal, 19 de enero de 2016. 

[Publicado el 03/3/2016 a las 14:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Al abrir la boca para reír, devoramos a los otros / "La risa caníbal" de Andrés Barba

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Al principio, La risa caníbal parece un libro extemporáneo, innecesario incluso. ¿Quién podría tener interés por una reflexión acerca de un fenómeno inasible cuya naturaleza consiste en la suspensión de esa reflexión y su perplejidad? ¿Qué necesidad habría de escribir "otro" libro sobre el humor? ¿Qué actualidad podría tener una obra cuyas referencias son Aristóteles, Plauto, Hegel, Aristófanes, Diógenes de Sinope, Luciano de Samosata?
 
Al menos desde el atentado a la publicación francesa Charlie Hebdo del 7 de enero pasado, sin embargo, esa actualidad es absoluta; en cuanto a las otras objeciones, todas ellas son dejadas de lado por el lector tan pronto como éste se enfrenta al texto. En los hechos, La risa caníbal (que comienza con la luminosa afirmación de que "cada vez que un hombre abre la boca para reír está devorando a otro hombre" y con la equiparación de risa y amenaza, 11) es un libro especialmente necesario y que pretende responder preguntas cuya respuesta es compleja, como compleja es la naturaleza del humor y los desafíos a los que éste se enfrenta a manos de la corrección política y el integrismo, que lo prohíben o lo convierten en su caricatura pudorosa. En el libro, Charles Chaplin ríe a carcajadas en un cine mientras presencia El triunfo de la voluntad, Adolf Hitler se hace proyectar dos veces El gran dictador en su residencia de Obersalzberg, Gerard Damiano toma el pulso a su tiempo y produce Garganta profunda, el ventrílocuo Edgar Bergen humilla a su hija haciéndola enfrentarse a su famoso muñeco, Tristan Tzara cifra en la destrucción y el grito el gesto último del cinismo filosófico, George W. Bush descubre que el sentido de la justicia es que sea justa, The Onion explora los límites del humor después del 11S, los cristianos de París inciensan sus iglesias con zapatos viejos durante la Fiesta de los Locos y Jerry Lewis se arrepiente de filmar una película cómica sobre el Holocausto: todos ellos permiten al autor de La risa caníbal abordar cuestiones como el impedimento de aceptar la existencia de mujeres humoristas como producto de una visión estrictamente sexual de su género, el chiste como "superficie pura" sobre la que resbala el sentido sin poder penetrar realmente en él, el carácter mayormente trágico de la vida de los cómicos, la ventriloquía, la naturaleza humorística de la filosofía cínica, la relación entre andares y comicidad, la pregunta de qué papel ocupa la víctima (de la Shoah, del 11S, del genocidio israelí en Palestina) en el humor, la diferencia sutil pero importante que existe entre reírse de una religión y hacerlo de sus practicantes.
 
"No todos los chistes son iguales", sostiene Andrés Barba. "Hablar de ellos, y más aún explicarlos, es la antimateria por excelencia del humor, y sin embargo no existe una sola persona que no haya tenido alguna vez en su vida la experiencia de haber sido completamente seducido por la eficacia de un buen contador de chistes" (44). Aunque la advertencia es lógica, no es necesaria en el contexto de La risa caníbal, porque en ella su autor no explica los chistes: nos explica a nosotros y a nuestra cultura en su relación con ellos.
 
 
Andrés Barba
La risa caníbal. Humor, pensamiento cínico y poder
Barcelona: Alpha Decay, 2016

[Publicado el 01/3/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: Andrés Barba, Ensayo, Alpha Decay]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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