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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de diciembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Tres poemas de Stephen Dunn / Cita

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PERROS VIEJOS
 
Estos Trotskys de las relaciones,
la revolución perpetua por lema,
de corazones impacientes
peligrosos para toda satisfacción.
 
Los entiendo a la perfección
y también el porqué alguien al que hayan dejado atrás
puede viajar hasta México,
con un pico, para acabar de una vez con todo.
 
Es propio del hombre, al fin y al cabo, querer
ponerle punto final a todo.
Y empezar después de nuevo.
 
«Ya que un perro viejo no aprende bien»,
dijo Dinah Washington,
«lo mejor es comprarse un perro nuevo».
Estaba justificando sus ocho maridos,
 
y dando razones para el noveno.
 
De haber conocido a alguno de sus perros
sin duda entendería por qué podría
haberse conformado con tumbarse en el sofá
y salir a dar breves paseos.
Jamás he deseado nada tan a menudo
como las veces que he querido sublevarme,
adentrarme corriendo en la noche.
Enamorarse produce tanta ansiedad,
dice un amigo, gracias a Dios existe el sexo
como sosiego esporádico.
 
Se dedica a vivir episodios diferentes
con una mujer distinta cada vez.
Eso lo entiendo, también,
 
igual que entiendo hacer, año tras año,
las mismas pocas cosas
en la misma casa con la misma persona,
asentado e inquieto, inmerso en el largo camino.
 
 
NUESTROS PADRES
 
                           Para mi hermano.
 
Nuestros padres murieron al menos dos veces,
la segunda cuando olvidamos sus anécdotas,
o no pudimos figurarnos cuántas veces ansiaron el amor,
o se sintieron inútiles, o anhelaron algo de justicia
en este mundo. En la tumba, su necesidad
por nosotros es pura, están perdidos sin nosotros.
La luna de miel que pasaron en La Habana subsiste o no
subsiste. Aquellos últimos días de agosto en las Catskills...
 
Podemos tomar la decisión de hacerlos felices.
¿Qué es el pasado sino un trabajo inconcluso,
pantanoso, fecundo, seductoramente revisable?
 
Uno de nosotros ha dedicado su vida a desarrollar un respeto
por la debilidad de las palabras, el otro por aquello
a lo que hay que aferrarse; quizá tengamos una oportunidad.
 
Tratamos de contar qué sucedió en aquella primera casa
en la que fuimos, como casi todos los niños, los únicos
necesitados sobre la Tierra. Recordamos
qué se nos prohibía, a quién le daban el trozo más grande.
 
Nuestros padres, mientras, debían de desear algo
a cambio de nuestra parte. Sabemos lo que es, ¿no es cierto?
Ya llevamos vivos el tiempo suficiente.
 
 
FANTASMA
 
Es la última hora de uno de los últimos días
de junio, mi mujer está durmiendo,
Bob Dylan va a noventa millas por hora
hacia una calle sin salida,
y hace un momento -bendita sea la mente
que trabaja en contra de sí misma-
Hegel concedía que la filosofía
siempre llega demasiado tarde.
Aquí a través de la gatera
viene nuestro gato naranja,
la boca vacía, un poco desamparado.
Topillos y ratones, no oséis relajaros.
Solitarios y soñadores, es hora de probar
la oscuridad, de visitar las guaridas.
Estoy esperando ese clic
del cásete o el final del capítulo,
el que llegue primero -como uno
de esos tratos que haces contigo mismo-.
Es el clic. Ahora llevaré a la cama
este cuerpo y el fantasma
de lo que una vez fue, inseparables
como resultan ser estos días, humo
alzándose de un fuego pertinaz.
Nocturna luz, sé mi guía.
Puedo andar a tientas solamente hasta ahí.
 
 
Stephen Dunn
En otro momento
Trad. y pról. Andrés Catalán y Ben Clark
Salamanca: Delirio, 2013

[Publicado el 27/12/2013 a las 11:30]

[Etiquetas: Stephen Dunn, Poesía, Delirio]

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Desde la periferia del territorio / "Atlas de islas remotas" de Judith Schalansky

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"La sola idea de viajar me llena de asco", escribió Fernando Pessoa, y agregó: "ya he visto todo lo que no he visto jamás. Ya he visto todo lo que no he visto aún" (En: Denken mit Fernando Pessoa. Sätze, Reflektionen, Verse und Prosastücke, über Leben und Traum, Seele und Herz, Vernunft und Absurdes, Ästhethisches und Mystisches. Zúrich: Diogenes Verlag, 2009. Mi traducción.) Quizás algo similar (un rechazo deliberado a los viajes, que sólo permitirían ver "todo lo que se ha visto ya"; es decir, lo que nunca se ha visto) le suceda a la joven escritora alemana Judith Schalansky (Greifswald, 1980), quien, en el frontispicio de su Atlas de islas remotas, asegura que éste trata acerca de "cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré".
 
Lo que dice Schalansky no es completamente cierto, sin embargo, ya que la presencia física es sólo una de las maneras de visitar una isla, que puede ser frecuentada también en los textos y en los mapas: si (de alguna manera) la literatura es un cierto tipo de viaje, Schalansky (y, con ella, su lector) sí ha "estado", sí ha ido a las islas de las que habla en su libro (todas ellas distantes a miles de kilómetros de la tierra firme y escasamente visitadas) porque ha leído sobre ellas, se ha documentado y las ha dibujado, apropiándoselas: también, porque ha sido testigo de la creación de comunidades utópicas como las de la isla de Floreana y la de Tristán de Acuña, del papel cumplido por islas como la Rodolfo y la de Pedro I en la siempre dramática exploración de los polos, de la malograda expedición de la Académie des sciences en 1874 cuya finalidad era contemplar un fenómeno astronómico desde la isla de Campbell, del ensayo nuclear francés en la isla de Fangataufa, del juicio realizado a los descendientes de los marinos de la Bounty por violación.
 
La tradición popular ha querido ver en los Viajes extraordinarios de Julio Verne una sustitución simbólica de los que su autor no habría llevado a cabo (en realidad, Verne no viajó ni más ni menos que el resto de los miembros de su clase social de pertenencia en la Francia de su tiempo; posiblemente, incluso más); del autor de La vuelta al mundo en ochenta días se dice que se lo inventaba "todo", pero sus obras suelen estar profusamente documentadas, aunque escritas para que el equilibrio entre invención y documentación recaiga del lado de la primera: en nuestros tiempos, son sólo documentación (a menudo, documentación de un futuro que no llegó nunca y del que los libros de Verne son ruina). En realidad, los lectores de la época de Verne preferían creer que su autor inventaba; los de nuestros tiempos (más habituados a la idea del autor como curador, moderador o antólogo) prefieren las historias reales a las inventadas, posiblemente debido a una hipertrofia del texto autobiográfico y a un entusiasmo incomprensible por lo que llamamos "la realidad".
 
Atlas de islas remotas es, en ese sentido, un texto moderno. No importa el carácter poético de muchos de los que lo componen: las historias que cuenta Schalansky aquí (la del desplazamiento de los nativos de la isla Diego Garcia por parte de las autoridades locales de Reino Unido, la del episodio de canibalismo de la isla St. Paul, la de la famosa isla de los ciegos al color, la de la economía social de los habitantes de Tikopia) son ciertas y parecen venir a indicar que la profusión de información y la aceleración de su circulación en virtud de las nuevas tecnologías, que han llevado a un empequeñecimiento figurativo de las distancias y a la ficción de que nada está ya "lejos", han llevado también a que en nuestros tiempos sólo se pueda producir literatura desde y para la periferia del territorio que conforma nuestra cultura, como si las islas fueran el reservorio de una literatura que aún no ha sido bastardeada por el imperativo de haber sucedido realmente para tener algún valor.
 
Leí Atlas de islas remotas hace unos tres o cuatro años, tras su publicación en Alemania en 2009; al releerlo ahora, mi impresión no es tanto la de estar releyendo un libro como revisitando un paisaje; un territorio que también es parte del muy interesante proyecto artístico multidisciplinario de Judith Schalansky cuyo antecedente directo es Fraktur mon amour, el compendio tipográfico con el que la autora (que también es diseñadora) se dio a conocer en 2006 y El cuello de la jirafa, su novela publicada en español por Random House Mondadori en 2013.
 
 
Judith Schalansky
Atlas de islas remotas
Trad. Isabel G. Gamero
Madrid: Nórdica y Capitán Swing, 2013

[Publicado el 25/12/2013 a las 17:15]

[Etiquetas: Judith Schalansky, Miscelánea, Nórdica, Capitán Swing]

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Iván de la Nuez contra el panfleto / Cita

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De lo que sí reniega este libro es de la fiebre extendida por el panfleto que nos ha azotado en los últimos años. Una aversión originada, seguramente, en ese marxismo-juvenil-antillano intoxicado por todo tipo de manuales y libelos, si bien las causas de esta renuncia no sólo deban facturarse exclusivamente a tales orígenes. El presente es suficiente estímulo para renegar del panfleto. En particular, de todos los clones de Stéphane Hessel y de su expeditivo ¡Indignaos!.
 
Cuando publicó su libro en 2010, Hessel ya era nonagenario -había nacido en 1917, el mismo año de la revolución bolchevique-, y acarreaba una larga historia como combatiente de la resistencia francesa, superviviente de los campos de concentración y redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.
 
¡Indignaos! se convirtió de inmediato en un best seller, al punto de que no fue un panfleto más, sino el panfleto que todo joven debía blandir frente al secuestro de la política por parte de los poderes financieros.
 
Cuando salió el libro, ya circulaban, tan sólo en España, decenas de textos que enfrentaban el presente con imaginación, profundidad y, en caso de necesidad, vitriolo para aderezarlos. Es el caso de La Economía no existe, de Antonio Baños (2009) o Fin de ciclo, de Isidro López y Emmanuel Rodríguez (2010). Pero ¡Indignaos! barrió con cualquier tendencia anterior y, sobre todo, funcionó como una compuerta. Una vez abierta, la avalancha desbordó las librerías con incontables imitadores abonados al libro anti-sistema, el manifiesto de urgencia, el manual de batalla...
 
Si esto ocurría con las ediciones de papel, el revival del panfleto en Internet fue, literalmente, inabarcable.
 
Desde que Marx y Engels lanzaran en 1848 el Manifiesto Comunista, y medio siglo más tarde Zola esgrimiera el Yo acuso, este género con raíces en el libelo romano no había conocido una remoción tan brutal.
 
Y es que, para funcionar, el panfleto debe obedecer a unas claves. Se da por sentado que desvele una verdad oculta y que se lance contra el poder (aunque la figura del panfleto oficial tiene larga historia). Se sobrentiende que sea efectivo y hasta autoritario: ¡Uníos!-¡Reacciona!-¡Actúa!-¡Yo acuso!-¡Indignaos!-¡Comprometeos!
 
Más que responder a las dudas, sobre todo debe disiparlas.
 
El panfleto es a la política lo que la autoayuda a la psicología. Ofrece un oasis y una certidumbre. No hay buen panfleto que no resulte euforizante.
 
Aunque no le falten buenas intenciones, el panfleto abona el terreno perfecto para los oportunistas. Y si bien es verdad que el género nos ha proporcionado alguna obra maestra, hurgando un poco nos percatamos de que las que califican como tal son, en realidad, textos travestidos. El contrato social es un panfleto disfrazado de ensayo como el Manifiesto Comunista es un ensayo disfrazado de panfleto.
 
La fiebre panfletaria ha conseguido incluso modificar el criterio editorial sobre el ensayo, así que no pocos editores -con el "potencial de venta" y no la toma del Palacio de Invierno en su horizonte- se han lanzado en tromba por un género que le ofrece al lector una confirmación y no una perplejidad. A partir de ahí, las montañas de libros con esa autoayuda ideológica cuyo cóctel mezcla sin problemas a Paulo Coelho con la lucha de clases.
 
Que el Manifiesto Comunista siga siendo el panfleto más vendido, deja sin embargo en dificultades esa apuesta comercial. ¿Tanto remar para llegar al punto de partida?
 
Y es que el verdadero damnificado del apogeo del panfleto no ha sido el capitalismo, sino el ensayo: un texto armado con interrogantes tiene todas las de perder ante un texto que se parapeta entre signos de admiración. Las certezas venden más que las dudas; regla básica del panfleto y también, por cierto, del mercado contemporáneo.
 
Este libro ha elegido pasearse por la franja de las preguntas. Así que, a cada paso, interroga esas reapariciones comunistas, casi siempre súbitas, que encuentra en el camino. Como del panfleto, El comunista manifiesto rehúye de la clasificación de Non-fiction con la que el mundo anglosajón ha contaminado al ensayo. Una definición en negativo que parece estar en posesión de La Verdad (de Toda la Verdad y Nada Más que la Verdad). Non-fiction es el muro contra el que, de vez en cuando, cualquier seguidor de Montaigne está obligado a chocar. Sobre todo si entiende el ensayo en su aserción teatral, como una aproximación previa e imperfecta a una realidad que no está constituida del todo. (No es todavía la función real). O si piensa que ensayar, más que un oficio, es una actitud. Algo que está más allá de un género literario y que incluye el boceto, el borrador y el plano. El entrenamiento deportivo y el experimento en el laboratorio.
 
Afinar el piano y afilar la navaja...
 
 
Iván de la Nuez
El comunista manifiesto: Un fantasma vuelve a recorrer el mundo
Pról. Josep Ramoneda
Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2013

[Publicado el 23/12/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Iván de la Nuez, Galaxia Gutenberg, Ensayo]

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Cocinar, limpiar y tener hijos / Disidencia

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No muchos conocían el nombre de Bridget Christie cuando la británica (Gloucester, 1975) obtuvo hace algunas semanas el premio a la mejor pieza humorística del festival Fringe de Edimburgo. Que otro de las ganadores fuese el espectáculo de la neoyorquina Adrienne Truscott "Buscándoselo: una violación femenina unipersonal acerca de la comedia, protagonizada por un coño y poco más" puede ofrecer al lector alguna pista acerca del carácter irreverente del festival, pero no de la calidad de "Un Bic para ella", el monólogo que Christie escribió a raíz de la comercialización hace un año de unos bolígrafos de la compañía Bic diseñados (o al menos eso decía la información promocional) para "adaptarse confortablemente a la mano de la mujer" y "escribir suavemente".
 
De mayores dimensiones que los convencionales, los bolígrafos "para ella" presentaban una cubierta acolchada en colores rosa y púrpura, y su comercialización produjo el enfado de cientos de personas, entre ellas muchas mujeres que se las arreglaron, a pesar de no tener un teclado adaptado a las que son (a ojos de los responsables de Bic) sus limitaciones, para escribir reseñas furibundas en Amazon, aunque la compañía no ha retirado de circulación el producto (que, por cierto, cuesta el doble que el bolígrafo "para hombres"). No todo era indignación, sin embargo. Algunas de las reseñas eran extraordinariamente divertidas, como la de "Ingrid Moon", que afirmaba, con profusión de signos de admiración: "¡Estos bolígrafos realmente me han hecho sentir liberada! ¡Al fin mis delicadas necesidades y gustos femeninos han sido considerados!"; otro comentarista, que firmaba "Sparklepony", contaba: "Fue ver estos bolígrafos y querer tenerlos, así que le pedí a mi marido que me los comprara, pero él se negó diciendo que tener uno me iba a hacer Pensar y que entonces iba a tener Ideas Propias. Quizás hasta quisiera comenzar a Escribir, lo que iba a distraerme de mis obligaciones como esposa, como Cocinar, Limpiar y Tener Hijos. Por supuesto estaba Absolutamente En Lo Cierto: ninguna de estas actividades requiere tener bolígrafo."
 
De ironía tiraba también Bridget Christie en su espectáculo, pero éste no proponía ninguna respuesta a la que es la principal pregunta alrededor del tema: ¿Cómo es posible que la idea de un bolígrafo "para mujeres" haya atravesado todas las instancias de decisión que pueden imaginarse en una empresa de la importancia de Bic para acabar llegando al consumidor final? Si de algo puede presumir el capitalismo es de su excepcional capacidad para construir relatos: las necesidades creadas, el deseo de adquirir un determinado producto como forma de acceder a un estado más elevado o agradable de la existencia, la obsolescencia programada y la idea de que Internet es un ámbito de expresión individual democrático, gratuito y abierto a todos, e incluso el concepto mismo de que los grandes relatos habrían terminado con el supuesto Fin de la Historia (es decir, todos los grandes relatos menos el capitalista), son, en sí mismos, ficciones; construcciones narrativas destinadas a que el consumidor (entendido aquí como lector) siga "leyendo". En ese sentido, el "Bic para ella" es el desliz de un escritor experto, el detalle que, por implausible, interrumpe la "suspensión de la incredulidad" que es, famosamente, el sentido de la ficción. A ese detalle le debemos el descubrimiento de que, desafortunadamente, los directivos de ciertas empresas no piensan muy diferente que Lord Henry Wotton, el cínico personaje de El retrato de Dorian Gray, quien afirma allí: "Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen con mucho encanto." Como sostiene Christie en su monólogo "ahora sabemos por qué escribían tan mal las hermanas Brönte" (y uno puede agregar aquí decenas de otras grandes escritoras, incluyendo las hispanohablantes, que siguen teniendo que abrirse camino en un mundo de hombres que mayormente sólo las tolera si se limitan a la exhibición "decorativa" de una intimidad sensible): no tenían el bolígrafo adecuado. Christie no sólo demuestra que el feminismo puede ser divertido; también pone de manifiesto que sigue siendo necesario, y este también es un problema literario: es decir, un problema político.
 
 
[Publicado originalmente en Babelia, 30 de noviembre de 2013]

[Publicado el 20/12/2013 a las 11:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Derivas del fantástico rioplatense / "La visita" de Mariana Graciano

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Un naranja chillón que recuerda cierta tendencia de la moda de la década de 1980 (y su rescate en nuestros días) preside la portada de LA VISITA, el primer libro de la escritora argentina MARIANA GRACIANO publicado por la editorial madrileña Demipage; como, por lo demás, la portada es exactamente igual a cualquier otra de las de Demipage, el resultado es raro, y así, consecuente con los cuentos de Graciano, que convierten la rareza de eso que consuetudinariamente llamamos "normalidad" en su tema.
 
La visita (que recuerda a FELISBERTO HERNÁNDEZ y a ADOLFO BIOY CASARES, y a los fantasmas afines de FRANCISCO TARIO, SILVINA BULLRICH y JUAN JOSÉ ARREOLA) inaugura la publicación de una colección de autores surgidos del taller de escritura creativa que ANTONIO MUÑOZ MOLINA imparte en la University of New York y viene precedido de una "invitación" del escritor español insertada a modo de separata. Quizás el lector de este diario de lecturas tenga una opinión formada acerca de este tipo de prescripción (en cuyo caso, está invitado a formularla a modo de comentario), pero, en cualquier caso, lo que se puede decir de los cuentos de MARIANA GRACIANO es que no necesitan ningún tipo de recomendación y que interesarán mucho a aquellos que prestan atención a las derivas de la tradición fantástica rioplatense, de la que el libro de Graciano es un muy buen ejemplo.
 
 
Mariana Graciano
La visita
Madrid: Demipage, 2013

[Publicado el 18/12/2013 a las 11:45]

[Etiquetas: Mariana Graciano, Cuento, Demipage]

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Actualizaciones (VI) / Jacobo Siruela / Juan Miguel Contreras / Juanjo Sáez

1
 
¿He hablado ya aquí de FRANCISCO TARIO? Quizás lo haga algún día (de hecho, pienso, debería hacerlo), ya que Tario es uno de los mejores autores de esa "otra" literatura mexicana de la que forman parte también Efrén Hernández, Guadalupe Dueñas, Inés Arredondo, Pedro F. Miret y otros. "La noche de Margaret Rose", su cuento más famoso (es decir, el más famoso de la obra de Tario), aparece ahora en la excepcional ANTOLOGÍA UNIVERSAL DE LA LITERATURA FANTÁSTICA editada por Jacobo Siruela para su editorial Atalanta. A los placeres afines del reencuentro y la relectura (la antología reúne textos clásicos de E. T. A. HOFFMANN, Edgar Allan POE, Nathaniel HAWTHORNE, Sheridan LE FANU, M. R. JAMES, Lord DUNSANY y otros), el libro de Siruela añade los del descubrimiento (en las obras de Naiyer MASUD, Robert AICKMAN, María Luisa BOMBAL y otros) y la erudición: muy pocos parecen saber en España tanto del género fantástico como JACOBO SIRUELA, quien precede su antología con un exordio que hubiese justificado la publicación de la obra incluso si ni uno solo de sus cuentos fuese bueno, lo cual no es el caso. Muchos de ellos son simplemente extraordinarios y es fabuloso tenerlos reunidos en un solo volumen.
 
 
2
 
Antes de la publicación de CARDIOPATÍAS, el escritor español JUAN MIGUEL CONTRERAS había escrito las novelas Cuando acabe el invierno (2004) y La muñeca rusa (2012); con la última de ellas, Cardiopatías comparte el personaje de Milos Meisner, celador allí de un asilo para alienados en Praga durante la "Primavera" y traductor aquí de una obra que, en realidad, se compone de cuentos escritos entre 1999 y 2006. Se trata de relatos que, como afirma su autor, "no fingen su extrañeza ante un mundo del que intentan dar cuenta" (13). Tampoco ocultan las lecturas de su autor y sus vivencias (pequeños pueblos españoles, los intentos de escribir) y giran alrededor de un cuento llamado "Imposible Penélope" que no es un cuento y no narra un hecho sucedido en el pasado: es la tragedia de este país y de sus habitantes sucediendo aquí y ahora, otra vez y como desde hace décadas.
 
 
3
 
A pesar de lo que afirman sus editores en su contraportada, el nuevo libro de JUANJO SÁEZ carece de "ternura, risa y humor"; de hecho, y más allá del estilo inmediatamente reconocible por lo personal del autor barcelonés, no hay manera de reconocer en CRISIS (DE ANSIEDAD) al humorista: la historia que narra es excepcionalmente dura, e incluye la pérdida de sus padres, la del trabajo llevado a cabo silenciosamente y a lo largo de toda una vida, la de la crisis económica española, la del hundimiento deliberado del Estado de Bienestar en manos de políticos cínicos y de banqueros corruptos. Ninguna risa por aquí: Juanjo Sáez alcanza en su nuevo libro las profundidades de EL ROTO y, de ese modo, logra producir algo más importante que un libro de humor: un testimonio doloroso y vibrante de nuestra época.
 
 
Jacobo Siruela, ed.
Antología universal de la literatura fantástica
Girona: Atalanta, 2013
 
Juan Miguel Contreras
Cardiopatías
Sin referencia: La Internazional [sic] Samizdat, 2013
 
Juanjo Sáez
Crisis (de ansiedad)
Barcelona: Reservoir Books, 2013

[Publicado el 16/12/2013 a las 12:00]

[Etiquetas: Actualizaciones, Jacobo Siruela, Juan Miguel Contreras, Juanjo Sáez, Atalanta, La Internazional Samizdat, Reservoir Books, Antología, Cuento, Miscelánea]

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Un acertijo muy viejo / "La casa de hojas" de Mark Z. Danielewski

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UNO. Samuel Taylor Coleridge sostuvo en 1817 que la literatura de ficción debe tener como objetivo la suspensión de la incredulidad; ciertos escritores descubrieron más tarde que esa incredulidad podía ser suspendida si se añadía documentación ficcional a la obra. La casa de hojas de Mark Z. Danielewski es deudora de esta concepción de la literatura, que sin embargo subvierte mediante una inflación documental que adquiere el carácter de un obstáculo, ya que su lector debe abrirse paso a través de pequeños ensayos apoyados en bibliografía presumiblemente falsa sobre el eco, los laberintos, las leyes físicas, Andrea Palladio y los vínculos entre fotografía y verdad; listas de arquitectos (y sus mecenas), de documentalistas y de menaje para el hogar; pasajes de texto dispuestos en la página de casi todos los modos imaginables; notas al pie que pasan al borde izquierdo y derecho o se insertan en el texto principal, invertidas especularmente o "cabeza abajo", tachaduras; una digresión fragmentaria sobre la historia bíblica de Jacob y Esaú; textos en varios idiomas; declaraciones apócrifas de Stephen King, Jacques Derrida y Camille Paglia entre otros; poemas, collages y cartas; citas de Marguerite Duras, La Ilíada, Chejov, Plinio El Joven y La epopeya de Gilgamesh principalmente; una sección de "evidencia en contra"; una carta al director; dibujos, etcétera.
 
A diferencia de los textos más connotados de la literatura comercial a la que en realidad pertenece, La casa de hojas no pretende "suspender la incredulidad" del lector, sino que exige que éste sospeche acerca de lo que se le cuenta a lo largo de setecientas páginas, y lo que se le cuenta es la historia del fotógrafo Will Navidson, en cuya casa del Estado de Virginia se materializa una puerta que no estaba allí antes: cuando se la atraviesa, se accede a un pasillo frío y oscuro que no figura en los planos de la propiedad y que no dejará de crecer, dando lugar a un laberinto de túneles y escaleras que, de algún modo, se tragará las vidas de todos los que lo recorran. Navidson hará con el material registrado durante sus exploraciones un documental titulado "El expediente Navidson" y ese documental (ficticio o real, poco importa) será el asunto central de un largo manuscrito dejado tras su muerte por un anciano ciego llamado Zampanò, reconstruido y anotado por un amigo de un vecino suyo, Johnny Truant.
 
DOS. Al parecer, todo gira aquí en torno a la disolución de los vínculos afectivos que habían unido hasta el momento a los habitantes de la casa, y cómo ésta "refleja" esa disolución, los miedos, ansiedades y estados de ánimo de quienes la habitan; aunque la novela también podría tener como tema la locura de la madre de Truant o la asimilación de toda casa con un laberinto y de todo laberinto con un libro, en cuyo caso La casa de hojas sería una metáfora del acto de leer: Danielewski no lo aclara, del mismo modo que tampoco explica por qué, si las peculiaridades formales de su libro pretenden dar cuenta del progresivo deterioro de las facultades de sus narradores, que se están volviendo "locos", ese deterioro no afecta a la narrativa, sobre la que mantiene un control férreo; pero lo que importa aquí es que, al inflar documentalmente su obra al tiempo que la vacía de significado, Danielewski parece ironizar sobre el hecho de que todo producto cultural vaciado es inmediatamente llenado de significado por críticos y académicos, como lo prueba el hecho de que aún se sigan produciendo interpretaciones de su obra algo más de diez años después de su publicación: la Red hierve de ellas, por ejemplo.
 
A pesar de haber sido celebrada tras su publicación original en 2000 como una obra realmente innovadora, la novela de Danielewski es una simple deriva de los caligramas de Guillaume Apollinaire, de la Composición Número 1 de Marc Saporta, los Cien mil millones de poemas de Raymond Queneau y la poesía visual y tipográfica de la primera mitad del siglo XX, cuyos procedimientos el escritor norteamericano simplifica aquí para el consumo de unas mayorías a las que el gesto vanguardista y el experimentalismo (aunque se trate de un experimentalismo gratuito, que es lo que muchos pensarán de La casa de hojas) les resultan seductores, en particular si tienen lugar en una obra en el fondo tan tradicional como ésta (definida en un pasaje como "un acertijo muy viejo"), cuyos principales procedimientos son los habituales del narrador no confiable y el manuscrito encontrado.
 
TRES. Con La casa de hojas sucede lo mismo que pasa con el pasillo de los Navidson: o no entras en él o entras por completo. A algunos lectores les sucederá lo primero y a otros lo segundo, y lo interesante es que a estos últimos les sucederá a pesar de que la novela de Danielewski se pone zancadillas a sí misma (y al lector) a cada paso. En ese sentido, su principal virtud parece ser su capacidad para absorberlo y justificarlo todo, incluyendo lo inverosímil, lo incorrecto en sus propios términos o lo banal, y, por ello, es un libro que puede ser rechazado o aceptado pero no puede ser negado en sus propios términos, lo que es algo inusual y magnífico en una obra literaria, incluso en una que, como La casa de hojas, tiene como mérito excluyente el ejemplificar cuál era en el pasado (y ya no) el futuro de la literatura.
 
Bret Easton Ellis dijo imaginar a "Thomas Pynchon, J.G. Ballard, Stephen King y David Foster Wallace haciendo reverencias a los pies de Danielewski" tras la publicación de La casa de hojas, pero es difícil pensar siquiera que alguno de ellos fuera a inclinarse ante su autor excepto que se le hubiera caído algo (de hecho, Easton Ellis nunca se ha caracterizado precisamente por sus opiniones literarias); trece años después de su aparición, La casa de hojas no justifica entusiasmos similares pero sigue asombrando por su enorme ambición (particularmente bienvenida en una época de intimismo y puerilidad), aunque esa ambición haya arrojado mejores frutos en los autores mencionados antes y en obras posteriores del propio Danielewski como "Only revolutions" y "The fifty year sword".
 
 
Mark Z. Danielewski
La casa de hojas
Trad. Javier Calvo
Barcelona, Málaga: Alpha Decay, Pálido Fuego, 2013
 
[Publicado parcialmente en ABC Cultural, 7 de diciembre de 2013.] 

[Publicado el 13/12/2013 a las 10:45]

[Etiquetas: Mark Z. Danielewski, Novela, Alpha Decay, Pálido Fuego]

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Más contribuciones al insulto literario / (Según David Markson)

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Crédito de la imagen, desconocido.

"La más grande poeta lesbiana desde Safo, llamó Auden a Rilke" (46).
 
"Si su extensión no se considera un mérito[,] no tiene ningún otro, dio Edmund Waller del Paraíso perdido" (48).
 
"Un irlandés traficante de pornografía, llamó Anthony Comstock a George Bernard Shaw" (51).
 
"El simplón de Wordsworth y su poesía pueril, lo y la llamó Byron" (55).
 
"Nietzsche sobre George Sand: Una vaca que escribe" (56).
 
"Tolstoy, cuando le preguntaron si había leído algo reciente de Maurice Maeterlinck: ¿Por qué habría de hacerlo? ¿He cometido un crimen?" (66).
 
"Salaz, maloliente, enfermizo. Dijo Van Wyck Brooks de Joyce" (72).
 
"El tipo de persona que siempre está en algún otro lugar cuando se aprieta el gatillo, fue la descripción que hizo George Orwell de Auden. Orwell sobre Sean O' Casey: Muy estúpido. Sobre Steinbeck: Espurio" (76).
 
"La cumbre del absurdo en la postulación del sinsentido puro, o en el enhebrado de insensatas y extravagantes cantidades de palabras, antes sólo registradas en manicomios, fue alcanzada por Hegel. Dijo Schopenhauer" (80).
 
"Un fanático y un borrachín, llamó Thomas Babington Macaulay a James Boswell" (81).
 
"No hay inmundicia concebible para la mente humana que no haya sido vertida en estas páginas imbéciles. Dio Alfred Noyes del Ulises" (82).
 
"Un pervertido social y moral, llamó Theodore Roosevelt a Tolstoy [sic]. Roosevelt sobre Henry James: Un pequeño y miserable esnob. Sobre Thomas Paine: Un pequeño y despreciable ateo" (111).
 
"El largo martirio de ser pisoteado hasta la muerte por los gansos, llamó Kierkegaard a la lectura de las reseñas de sus libros" (146).
 
"Ulises: Un libro inculto e ineducado, me parece; el libro de un trabajador autodidacta, y todos sabemos lo deprimentes que son. Sí, Virginia [Woolf]" (158).
 
"Ese zopenco de John Stuart Mill, lo denominó Nietzsche" (173).
 
"Lavado de vajilla, llamó Carlyle a las novelas de Jane Austen. Bazofia, llamó Steven Crane a Tennyson" (175).
 
"Una especie de filosofía de dependienta, opinó Lévi-Strauss de gran parte de Sartre. Un antiestilo de colegiala eufórica, acusó Leslie Fiedler a Kerouac" (177).
 
"Qué obra tosca, inmoral, infame y sin sentido es Hamlet, dijo Tolstoy [sic]" (187).
 
 
David Markson
Esto no es una novela
Trad. Laura Wittner
Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2013

[Publicado el 11/12/2013 a las 11:45]

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"Si eres capaz de hacerlo no es alarde" / "Esto no es una novela" de David Markson

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"El Escritor está bastante tentado de dejar de escribir" (11). El escritor se llama David Markson y ha escrito varios libros; está gravemente enfermo y, posiblemente, hastiado de las novelas tradicionales y su atribución del monopolio de la representación del mundo (cuando es evidente que la literatura no representa la realidad sino la reflexión sobre la representación de la realidad), y decide callar.
 
Una de las paradojas del silencio en literatura (Arthur Rimbaud, J.D. Salinger, Robert Walser, Wolfgang Koeppen) es que es necesario que este silencio "hable" de algún modo para producir sentido. A sabiendas de esto, y enfrentado a las que posiblemente sean sus últimas semanas de vida, "El Escritor", en lugar de dejar de escribir, comienza a hacerlo; lo que se propone con ello es producir una novela "sin sucesión de eventos" en la que "así y todo se llegue a algún lado" (14), una novela sin personajes, desmigajada de cualquier paisaje familiar para el lector, "obstinada en sus referencias cruzadas y de críptica sintaxis interconectiva" (147). Una novela, en fin, "sin tema" (20).
 
"No hay obra de arte sin tema", sin embargo (la cita es de José Ortega y Gasset), y el escritor es consciente de ello, de manera que lo que hace es "fingir" que su libro carece de tema y vulnerar la unidad de la obra (de tiempo, a menudo de lugar, la coherencia psicológica, la necesidad de peripecias) para escribir una "novela" conformada por anécdotas literarias ("Roman Jakobson, una vez que Maiakovski le leyó sus poemas nuevos: Muy bueno. Pero no tan bueno como Maiakovski", 38; "El informe en apariencia auténtico de que un médico le practicó una autopsia al abate Prévost tras una apoplejía solo para descubrir que había sido la autopsia lo que lo mató", 39; "La primera traducción inglesa de Madame Bovary la hizo una hija de Karl Marx. Que más tarde se quitaría la vida de manera muy similar a como lo hace Emma", 77), citas ("La más grande poeta lesbiana desde Safo, llamó Auden a Rilke", 46), reflexiones apenas esbozadas ("¿Fue Lorenzo Ghiberti el primer artista de importancia que escribió una autobiografía?", 56; "¿Fue John Searle quien llamó a Jacques Derrida la clase de filósofo que desprestigia la mentira?", 128), nombres de cantantes líricos, una selección de artistas y sus causas de muerte ("Benjamin Britten murió de una enfermedad cardíaca", "Aaron Copland murió de una insuficiencia respiratoria provocada por una neumonía", 55; "Sherwood Anderson murió de peritonitis luego de tragarse un escarbadientes", 46), burlas a la pedantería de Harold Bloom, apuntes sobre la pésima ortografía de algunos autores (la de Wittgenstein, por ejemplo: "anoied", "realy", "excelentely", "affraid", 58), sobre las habilidades musicales de algunos escritores, sobre sus hábitos higiénicos o la carencia de ellos, etcétera.
 
"Si eres capaz de hacerlo no es alarde", afirma el autor siguiendo al jugador estadounidense de béisbol Dizzy Dean (20). Es cierto. No hay alarde en Esto no es una novela (a pesar del desafío de su título) sino un movimiento doble de vaciamiento y de añadido: el vaciamiento es el de las circunstancias, los personajes y las cadenas de acontecimientos que darían sentido a estas pequeñas piezas de narrativa (que, desmigajadas de todo contexto, funcionan como las notas a pie de página de la novela que Markson nunca escribe, o como las reflexiones que lleva a cabo mientras escribe esa novela, que después destruye o simplemente descarta); el añadido es el del texto mismo, que acaba sumándose a la extensa y magnífica obra de David Markson, poco a poco puesta a disposición de los lectores por la extraordinaria editorial argentina La Bestia Equilátera. "Adiós y sean amables" (pero no dejen de leer a Markson).
 
 
David Markson
Esto no es una novela
Trad. Laura Wittner
Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2013

[Publicado el 09/12/2013 a las 10:45]

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Contra el humanismo, una vez más / "El silencio de los animales" de John Gray (Cita)

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La historia y la ciencia demuestran que los seres humanos son como mucho parcial e intermitentemente racionales, pero para los humanistas modernos la solución es simple: los seres humanos serán más razonables en el futuro. Estos entusiastas de la razón no se han dado cuenta de que la idea de que los seres humanos puedan llegar a ser más racionales requiere un acto de fe mayor que la fe que exige cualquier religión. La idea de que Jesus volvió de entre los muertos no es tan contraria a la razón como lo es la idea de que los seres humanos del futuro serán diferentes de lo que siempre han sido, una creencia que requiere una ruptura considerable en el orden de las cosas.
 
En términos generales, el humanismo es la idea de que el animal humano es el receptáculo de un tipo de valor único en el mundo. Los filósofos de la Grecia antigua creían que los seres humanos eran especiales porque tenían una capacidad de razonar de la que carecían otros animales, y algunos de estos filósofos -Sócrates especialmente, al menos en la manera en la que Platón lo describe- creían que a través de la razón los seres humanos podían acceder a un reino espiritual. Otro aspecto del humanismo que está relacionado con esto es la idea de que la mente humana refleja el orden del cosmos. El reino espiritual en el que Sócrates pudo haber creído estaba compuesto de formas eternas, en otras palabras, de proyecciones metafísicas de conceptos humanos. Un tercer aspecto del humanismo es la idea de que la historia es una crónica del avance de la humanidad en el que la racionalidad es cada vez mayor. Este punto de vista es propio del mundo moderno y no puede encontrarse en el razonamiento de los más sabios pensadores del Mundo Antiguo.
 
No todos los que han sido descritos como humanistas profesaban estas ideas. El ensayista del siglo XVI Michel de Montaigne ha sido considerado humanista porque se dedico a aprender de los clásicos y entrego su vida a cultivarse intelectualmente, pero Montaigne se reia de la creencia de que los seres humanos eran superiores a otros animales, rechazaba la idea de que la mente humana fuera reflejo del mundo y ridiculizaba la idea de que fuera la razón lo que permitía vivir bien a los seres humanos. No hay ningún rastro en Montaigne de la creencia en el progreso que mas tarde daría forma al humanismo moderno. Como buen escéptico, Montaigne dejaba abierta una ventana a la fe, pero en sus escritos no hay ninguna de las ideas místicas en las que se apoyan las afirmaciones de que los seres humanos son únicos de Sócrates y Platón.
 
Los humanistas de hoy, que afirman tener una forma de ver las cosas totalmente secular, se mofan del misticismo y de la religión, pero la condición única de los humanos es difícil de defender, e incluso de entender, cuando no viene acompañada de la idea de la transcendencia. Desde un punto de vista estrictamente naturalista -uno en el que el mundo se entienda en sus propios términos, sin referencia a ningún creador o reino espiritual-, no hay una jerarquía de valores en la que los seres humanos se encuentren cerca de la cima. Simplemente hay animales variopintos, cada uno de ellos con sus propias necesidades. La unicidad humana es un mito heredado de la religión que los humanistas han reciclado como ciencia.
 
La hostilidad de los humanistas hacia los mitos es reveladora, puesto que si hay algo común en los seres humanos es la propia creación de mitos. Todas las culturas humanas están animadas en cierta medida por un mito, mientras que nada similar tiene lugar entre los otros animales. Los humanistas están también poseídos por mitos, aunque los mitos que los poseen no tienen nada de la belleza o de la sabiduría de aquellos mitos que ellos mismos desprecian. La idea de que los seres humanos pueden utilizar la razón para elevarse sobre el mundo natural, que en Sócrates y Platón formaba parte de la filosofía mística, se ha renovado en una versión embrollada del lenguaje de la evolución.
 
Muy poco es lo que hay en la corriente actual de teorías evolucionarias de la sociedad que no se pueda encontrar, a veces expresado con mayor claridad, en los escritos de Herbert Spencer, el profeta de la Inglaterra victoriana de lo que mas tarde se denominaría darwinismo social. Spencer creía que la historia humana era una especie de proceso evolutivo, y proponía como destino final del proceso el capitalismo librecambista. Sus discípulos, Sydney y Beatrice Webb, miembros tempranos de la Sociedad Fabiana y admiradores de la Unión Soviética, pensaban que el proceso debía culminar en el comunismo. Con el objetivo de ser mas prudentes, una generación de teóricos ha considerado al "capitalismo democrático" como punto culminante. Como era predecible, ninguna de estas predicciones se ha cumplido.
 
La característica más importante de la selección natural es que es un proceso a la deriva. La evolución no tiene dirección ni punto final, de manera que si el desarrollo social es un proceso evolutivo, es un camino que no va a ninguna parte. Los distintos destinos que las sucesivas generaciones de teóricos han asignado a la evolución no tienen base científica. En todos los casos se trata de la idea del progreso interpretada en términos darwinianos.
 
Con los ajustes de científicos posteriores, la teoría de Darwin supone la selección natural de mutaciones genéticas al azar. Sin embargo, nadie ha propuesto una unidad de selección o un mecanismo a través del cual la evolución funcione socialmente. Desde un punto de vista evolutivo, la mente humana no está inclinada hacia la verdad o la racionalidad, y continuara desarrollándose de acuerdo con el imperativo de la supervivencia. Las teorías según las cuales la racionalidad humana aumenta a través de la evolución de la sociedad tienen hoy tan poco fundamento como cuando Spencer las utilizaba para fomentar el capitalismo librecambista o los hermanos Webb para apoyar el comunismo. Al revivir estas ideas que hace ya mucho tiempo fueron echadas por tierra, los creyentes en el progreso del siglo XXI demuestran, sin ser conscientes de ello, que el progreso en ética y en política no es mas que una ilusión.
 
Para los humanistas, negar que la humanidad pueda vivir sin mitos solo puede entenderse desde un punto de vista pesimista. Asumen que si los seres humanos llegaran a parecerse más a los entes racionales que imaginan, el resultado sería una mejora. Dejemos a un lado la asunción -en si es bastante cuestionable- de que una vida racional tenga que ser una vida exenta de mitos. Racional o no, la vida sin mitos es como la vida sin arte o sin sexo, insípida e inhumana. La realidad, con todos sus horrores, es más deseable. Afortunadamente, no hay necesidad de hacer semejante elección, pues la vida de la razón que los humanistas prevén es solo una fantasía.
 
Si cabe elegir, se elegirá entre mitos. En comparación con el mito del Génesis, el mito secular según el cual la humanidad está en marcha hacia la libertad es mera superstición. Como ensena el relato del Génesis, el conocimiento no puede salvarnos de nosotros mismos. Que sepamos más que antes solo significa que tenemos mayor campo para desplegar nuestra locura, pero -como ensena también el Génesis- no tenemos la posibilidad de deshacernos de lo que sabemos. Si tratamos de recuperar el estado de inocencia, el resultado solo puede ser una locura todavía mayor. El mensaje del Génesis es que en los aspectos fundamentales de la vida humana no puede haber progreso, solamente una lucha sin final contra nuestra propia naturaleza.
 
Cuando los humanistas contemporáneos invocan la idea de progreso, lo hacen mezclando dos mitos diferentes: el mito socrático de la razón y el mito cristiano de la salvación. El cuerpo de ideas resultante es incoherente, pero precisamente ahí radica su atractivo. Los humanistas creen que la humanidad mejora según aumenta el conocimiento, pero la creencia de que el aumento del conocimiento acompaña al avance de la civilización es un acto de fe. Ven la realización del potencial de la humanidad como el objetivo de la historia, cuando una investigación racional demuestra que la historia no tiene objetivo. Ensalzan la naturaleza y al mismo tiempo insisten en que la humanidad -un accidente de la naturaleza- puede sobrepasar los límites naturales que conforman la vida de los otros animales. Absurdo a todas luces, este sinsentido provee de significado a las vidas de las personas que creen haber dejado atrás todos los mitos.
 
No sería razonable esperar que los humanistas dejaran sus mitos. Como la música barata, el mito del progreso levanta los ánimos y entumece el cerebro. El hecho de que no hay indicio alguno de la llegada de la humanidad racional solo hace que los humanistas se aferren mas fervientemente a la convicción de que la humanidad será algún día redimida de la sinrazón. Al igual que los creyentes en los platillos volantes, los humanistas interpretan los acontecimientos que no han tenido lugar de una forma que confirme su fe.
 
La ciencia y la idea de progreso pueden parecer unidas, pero el resultado final del progreso en la ciencia es mostrar la imposibilidad del progreso en la civilización. La ciencia es un disolvente de la ilusión y, entre esas ilusiones que disuelve, se encuentran las ilusiones del humanismo. El conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad humana se mantiene igual. Se puede considerar a la investigación científica como la razón hecha cuerpo, pero lo que demuestra esa investigación es que los seres humanos no son animales racionales. El hecho de que los humanistas se nieguen a aceptar la demostración es la prueba misma de que es cierta.
 
También puede parecer que el ateísmo y el humanismo son inseparables, cuando en realidad son difíciles de conciliar. Entre los ateos contemporáneos, no creer en el progreso es un tipo de blasfemia. Poner de relieve los defectos del animal humano se ha convertido en un acto sacrílego. El declive de la religión no ha hecho más que fortalecer la fe en la mente. Hoy en día, la no creencia debería comenzar por cuestionarse no la religión, sino la fe secular. Un tipo de ateísmo que se negara a ensalzar a la humanidad seria un autentico avance. El pensamiento de Freud es un ejemplo de ateísmo de este tipo, pero Freud ha sido rechazado precisamente porque se negaba a ensalzar al animal humano. No resulta sorprendente que el ateísmo siga siendo un culto humanista. Al suponer que la humanidad moderna podría desprenderse del mito del progreso, le estaríamos atribuyendo una capacidad de mejora aun mayor de la que ella misma se atribuye.
 
Los mitos modernos son mitos religiosos formulados en otros términos. Ambos responden a una necesidad de significación innegable. A fin de sobrevivir, los seres humanos inventaron la ciencia. Si se lleva a cabo de manera coherente, la investigación científica socava el mito. Pero la vida sin mitos es imposible, por eso la ciencia se ha convertido en un canal para los mitos, y el más importante de ellos es el mito de la salvación a través de la ciencia. Cuando la verdad es irreconciliable con el sentido, el sentido gana. La razón por la que esto es así es una cuestión delicada. ¿Por qué es tan importante el sentido? ¿Por qué necesitan los seres humanos una razón para vivir? ¿Sera porque no podrían soportar la vida si no creyeran que la vida tiene un sentido oculto? ¿O tal vez la exigencia de sentido derive del hecho de otorgar demasiada importancia al lenguaje, de creer que nuestras vidas son libros que no hemos aprendido aun a leer?
 
 
John Gray
El silencio de los animales: Sobre el progreso y otros mitos modernos
Trad. José Antonio Pérez de Camino
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2013.

[Publicado el 04/12/2013 a las 12:30]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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