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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 20 de julio de 2018

 Blog de Patricio Pron

La luz de la Ilustración / "La visita del médico de cámara" de Per Olov Enquist

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"El 5 de abril de 1768 Johann Friedrich Streuensee fue contratado como médico de cámara del rey danés Cristián VII; cuatro años después era ejecutado". La visita del médico de cámara se remonta algo más atrás en el tiempo y narra algunos hechos posteriores, pero la mayor parte de lo relatado en esta novela se desarrolla en los cuatro años de la "revolución danesa" de Streuensee, un Ilustrado de origen alemán que aprovechó la enfermedad mental del joven rey danés para adquirir plenos poderes: los seiscientos treinta y dos decretos que firmó durante ese período garantizaron la libertad de expresión de la prensa así como la de culto, fortalecieron el Estado en detrimento de la nobleza, avanzaron en la mejora de las condiciones sanitarias de los sectores más bajos de la sociedad y en dirección a la abolición de la servidumbre, constituyéndose en una de las primeras puestas en escena de unas ideas que algunos años después acabarían inextricablemente asociadas a la Revolución Francesa. La "época de Streuensee" no terminaría de forma muy distinta, naturalmente: un golpe palaciego separó al médico del rey al tiempo que la reina era enviada al exilio; en 1789 ya no quedaba nada de las reformas que Streuensee había llevado a cabo durante su breve período en el poder, excepto las ideas, que no pudieron ser segadas ni siquiera con la separación pública de la cabeza del Ilustrado del resto de su (según se dice) muy armónico cuerpo.

De Cristián VII, rey de Dinamarca y Noruega y duque de Schleswig y Holstein, sabemos que nació en enero de 1749 y murió en marzo de 1808, que su madre murió cuando tenía dos años de edad y que prácticamente no tuvo contacto con su padre, que una educación brutal y a menudo contradictoria lo sumió en la inseguridad desde pequeño, que posiblemente haya sido esquizofrénico, que sólo una vez copuló con la reina y que era un onanista compulsivo, que se carteó con Voltaire y afirmó que éste era quien "le había enseñado a pensar"; también, que nunca se ocupó de los asuntos del Estado, que delegó en sus ministros y más tarde en el heredero: de Streuensee y de la reina Caroline Matilde sabemos incluso menos, aunque el primero escribió en la cárcel una confesión que posiblemente le haya sido arrancada mediante la coerción y la tortura. De Per Olov Enquist sabemos algo más, por fortuna: que el escritor y periodista sueco nació en septiembre de 1934, que en su juventud destacó en salto de altura, que residió en Los Angeles y en París y que publicó su primera novela, Kristallögat o "El ojo de cristal", en 1961.

La visita del médico de cámara (Destino, 2003) fue escrita en 1999 y es recuperada por Nórdica tras La noche de las tríbadas (2006), La biblioteca del capitán Nemo (2015) y La partida de los músicos (2016). La novela insufla vida a los personajes históricos mediante la recreación de sus diálogos y la narración de sus convicciones y sus dudas por parte de un narrador capaz de penetrar en sus pensamientos; su capacidad no es puesta nunca en cuestión, como tampoco lo es la pretensión de verdad de un texto que, en ese sentido, participa del género de la novela histórica más convencional. Algo en todo ello recuerda a las novelas de Pierre Lemaitre, por ejemplo; pero Enquist es bastante mejor que el francés y su novela consigue (pese a su didactismo, a cierta torpeza en la narración de los encuentros sexuales de los personajes y a algunas repeticiones inexplicables) mostrar cómo la "luz de la Ilustración" sólo iluminó oscuridades.

 
Per Olov Enquist
La visita del médico de cámara
Trad. Martín Lexell y Cristina Cerezo
Madrid: Nórdica, 2018

[Publicado el 25/4/2018 a las 13:15]

[Etiquetas: Johann Friedrich Streuensee, Per Olov Enquist, Novela, Nórdica]

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Alfred Jarry / Un lunático o un santo

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Utah se convirtió en el cuadragésimo quinto Estado norteamericano en 1896; ese mismo año se celebraron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna y Rubén Darío publicó Prosas profanas; más importante para la Humanidad, sin embargo, es que ese año Alfred Jarry (Laval, 1873-París, 1906) estrenó con escándalo en el Théatre de L'OEuvre Ubú rey, que Catulle Mendés definió como una crítica "de la eterna imbecilidad humana, de la eterna lujuria, de la eterna glotonería, de la bajeza del instinto erigida en tiranía; de los pudores, de las virtudes, del patriotismo y del ideal de las gentes que han comido bien".

En La época de los banquetes. Orígenes de la vanguardia en Francia (Trad. Carlos Manzano. Madrid: Visor, 1991), Roger Shattuck compara a Jarry con "un lunático o un santo" y recuerda que, al igual que otros "miembros valerosos" de la escena artística, el creador de Ubú se propuso "ampliar el yo artístico y creativo hasta que desplazara todos los disfraces del hábito, la conducta social, la virtud y el vicio". Ubú tiene su origen en una tradición oral entre los estudiantes de Rennes sobre un histrión que era la "encarnación de todo lo grotesco que en el mundo hay", pero también es el resultado de un rechazo a la racionalidad decimonónica que encontró en Jarry y en algunos de sus contemporáneos (Erik Satie, Guillaume Apollinaire, Henri Rousseau) a sus principales valedores: de ellos parte una genealogía a la que pertenecieron (con todas sus diferencias) André Breton, Marcel Duchamp, Boris Vian, los dadaístas, Raymond Roussel, Bohumil Hrabal, Jaroslav Hašek, Eugène Ionesco, Samuel Beckett y César Aira. Ninguno de ellos existiría sin el humorismo salvaje con el que el inventor de la Patafísica pretendió deshacerse de todas las tiranías posibles, incluyendo la del lenguaje. La editorial Pepitas de Calabaza publica ahora la edición "definitiva" de su Ubú en español, la obra de un escritor que deseaba "vivir y no pensar", que alguna vez narró el calvario de Jesús como una carrera de bicicletas y que al morir pidió, a modo de última voluntad, que le alcanzaran un mondadientes.
 

Alfred Jarry
Todo Ubú 
Traducción, edición, prólogo y notas de Julio Monteverde
Pepitas de Calabaza, 2018
 
[Babelia/El País, marzo de 2018] 

[Publicado el 19/4/2018 a las 13:15]

[Etiquetas: Alfred Jarry, Teatro, Pepitas de Calabaza]

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Elige tu propia aventura / "Pulse Enter para continuar" de Ana Galvañ y "¡A la aventura!" de Alexis Nolla

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"Quiero vivir una aventura de verdad antes de morir", afirma el anciano que protagoniza los "cuentos del mar" de Alexis Nolla; la que vive a continuación junto a sus dos hijos incluye la búsqueda de una Isla del Diablo que nunca comparece, un naufragio y una salvación abortada por la proverbial desconfianza a los desconocidos que existe en los pueblos pequeños, una historia de amor y celos. "Siempre has dicho que las aventuras preferías leerlas a vivirlas, que lo tuyo era llevar una vida tranquila", objeta uno de sus hijos. "Lo decía porque las aventuras y el peligro siempre me han dado miedo, pero a la vez siempre me han atraído", le responde el anciano: al igual que los personajes de "El Polo Sur" (los miembros de la desafortunada expedición a la Antártida del capitán Robert F. Scott), otra de las historias recogidas en ¡A la aventura!, el hombre pasa sus horas leyendo (libros de Jack London, de Joseph Conrad); también leen el monstruo "sendikiano" de "Lo natural" y el hombre que en "Escondite" huye del crimen que ha cometido.

Acerca de la "literatura de aventuras" existe una confusión ya establecida: se supone que la aventura es el contenido del relato, lo que soslaya la posibilidad de que su lectura sea la peripecia misma. Y esto último es lo que sucede precisamente en Pulse Enter para continuar de Ana Galvañ, cuyas aventuras tienen lugar en la cabeza de los personajes, en una especie de subjetividad alterada por la confrontación con una realidad irreducible: una mujer que se desdobla y se desliza de una piscina a la pantalla de un televisor, otra cuyo rostro de muñeca esconde posiblemente a una asesina, una joven que es puesta a prueba para obtener un trabajo, unos niños que visitan una colonia veraniega donde se ejerce el control de las mentes, una mujer obsesionada con un recuerdo que emerge bajo la forma de un niño.

Si los referentes de Alexis Nolla parecen ser el cómic francobelga de línea clara, Sammy Harkham, Peanuts y el arte pop de grandes volúmenes, los de Ana Galvañ son más difíciles de precisar (a excepción de la obra de Dash Shaw y Viaje de Yuichi Yokoyama), aunque en ellos confluyen el diseño gráfico y un uso excepcional de la impresión. Dos libros (muy buenos) no son suficientes para dar cuenta de la notable diversidad del cómic español contemporáneo, pero su publicación simultánea por parte de Apa Apa sí permite vislumbrar que esa diversidad es la de un territorio basto y profundo, en el que caben tanto las aventuras mentales como aquellas que tienen lugar en un mundo que, a falta de un nombre mejor, o menos controvertido, llamamos "real". Se trata de un territorio diverso y fascinante, y es una magnífica noticia que estos dos libros señalen sus posibles extremos.

 
Ana Galvañ
Pulse Enter para continuar
Maquetación Sergi Puyol
Barcelona: Apa Apa, 2018

 
Alexis Nolla
¡A la aventura!
Diseño y Maquetación Sergi Puyol
Barcelona: Apa Apa, 2018

[Publicado el 17/4/2018 a las 13:00]

[Etiquetas: Ana Galvañ, Alexis Nolla, Apa Apa, Cómic]

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Una economía ni tan participativa, ni tan revolucionaria / Disidencias

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"Den, y se les dará", prometió alguien y poco después fue crucificado. La naturaleza humana tiende a la propiedad, pero el economista y teórico social norteamericano Jeremy Rifkin ve en el acto de compartir lo que poseemos la solución a problemas como la sobreexplotación de los recursos naturales y el aumento de la desigualdad entre individuos y países. En su documental La tercera Revolución Industrial: una economía colaborativa nueva y radical, publicado por Vice unos días atrás, vislumbra un futuro en el que servicios y aplicaciones de esa economía reemplazarán las estructuras existentes manteniendo estables empleo y consumo.
 
Nos dirigimos a servicios de intercambio de información como Napster y BitTorrent, al crowdfunding o micromecenazgo, a las plataformas que permiten a sus usuarios evaluar bienes y servicios, en las que el usuario comparte la tarea de monitorizar el servicio que se le ha prestado (ya sea la atención en un restaurante o la rapidez con la que ha llegado el pedido de comida), a la producción de contenidos bajo licencia Creative Commons y en Wikipedia, a la publicación en redes sociales y a la prestación de servicios por parte de como Deliveroo, BlaBlaCar, Uber, Cabify, eBay y MercadoLibre (por mencionar sólo un puñado de empresas). Todo esto sería parte de una revolución silenciosa que estaría emborronando las diferencias entre productores y consumidores, y reemplazando la propiedad privada por la licencia de uso. Esta revolución que preconiza Rif­kin no carecería de dificultades, por supuesto; pero una cosa es clara: afortunadamente, esta vez no hay planes de crucifixión, al menos de momento.

Algo que Rifkin parece pasar por alto es que los comportamientos abusivos tienen lugar incluso en las mejores familias. También que, como sostuvo Tolstói, "todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada". El gran clan de la economía colaborativa se enfrenta, por ejemplo, al hecho de que garantizar el acceso a bienes y servicios no significa asegurar ingresos apropiados para todos.

Regular podría ser la solución a los problemas que están surgiendo en el nuevo entorno informal. En el caso de Airbnb, por ejemplo, el aumento del precio de alquiler de las viviendas en el centro de las ciudades es resultado de su uso potencial como pisos turísticos, y también acarrea problemas de convivencia con otros vecinos que no desean ver su comunidad convertida en un hotel, y que claman contra la desaparición del pequeño comercio para responder a la demanda turística, etcétera. Pero regular resulta difícil cuando lo que se comparte es la vivienda propia, y probablemente no sea del todo deseable, ya que la economía colaborativa contribuye a la fantasía de una igualdad de oportunidades en el mercado ("everyone is a player", o todo el mundo juega, dice Rifkin).

Como sostuvo en un artículo Kevin Roose, "la economía colaborativa no va de la confianza, sino de la desesperación"; su éxito se debe a que "muchas personas están tratando de tapar agujeros en sus rentas monetizando sus cosas y su trabajo de manera creativa". Lo que los conduce a ella es "una economía dañada y una política pública funesta que han forzado a millones de personas a aceptar malos trabajos para sobrevivir".

Al margen de su sentimentalidad exacerbada, pese a sus esfuerzos por ser vista como una familia, la economía colaborativa está poniendo en peligro decenas de industrias y profesiones y las culturas materiales asociadas a ellas, siendo las industrias culturales de entre las más afectadas por su vulnerabilidad, como ponen de manifiesto la crisis de la industria musical -que tuvo lugar con la emergencia de las tecnologías de intercambio de archivos-, el sutil pero importante deslizamiento que ha reducido a escritores y periodistas a la condición de "productores de contenidos" en abierta competencia con youtubers y trolls (expulsándolos de sus ambientes naturales para obligarlos a adherirse a la lógica puramente cuantitativa del clic), y la falta de garantías para la realización del trabajo intelectual que Remedios Zafra denuncia en el ensayo El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Tampoco se crean nuevas profesiones ni empleos suficientes. (Rifkin habla de "dos generaciones de desempleados" antes de que se alcance el objetivo de la economía circular; mientras tanto, y como afirma Susie Cagle, el sistema "reproduce viejos patrones de acceso para algunos y exclusión para otros").

La revolucionaria nueva economía colaborativa no es (en ese sentido) particularmente colaborativa. Por supuesto, tampoco es revolucionaria, ya que lo comparte todo, menos la propiedad de las estructuras que hacen posible el acceso al acto de compartir, lo descentraliza todo excepto el control de la Red, es horizontal en la distribución de la carga de trabajo pero no en la de sus beneficios, apunta a una economía de la demanda completamente inservible para el ámbito de los bienes simbólicos y la educación (puesto que no puede demandarse aquello que se ignora), no soluciona la brecha entre países ricos y pobres (sino que la aumenta), no soluciona problemas básicos como el acceso a los alimentos o a la vivienda, no pone en peligro el capitalismo: lo consolida en una nueva etapa facilitando el tránsito de la producción industrial a la comercialización de datos.

Tampoco es colaborativa, por cierto (ya que las empresas que median entre individuos no prestan ninguna ayuda; tampoco lo hacen las compañías que ofrecen el servicio), ni particularmente nueva. De hecho, su origen está en las viejas prácticas del intercambio, el cooperativismo y la organización en torno a colectivos profesionales a los que tal vez sea necesario volver para encontrar los elementos para una economía menos dañina que la actual pero alejada del "totalitarismo cibernético" que pioneros de Internet como Jaron Lanier han denunciado.

Quizás de esa manera se alcance el elevado fin al que aspira Rifkin, dejando de lado la explotación del hombre por el hombre a la que sirve (en última instancia) todo lo demás, también las buenas intenciones.
 
 
Ideas/El País, febrero de 2018. 

[Publicado el 11/4/2018 a las 13:00]

[Etiquetas: Jeremy Rifkin, Disidencia]

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Muy disciplinado (y extremadamente sencillo) / "Ensayos" de E.B. White

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Elwyn Brooks White (Mount Vernon, Nueva York, 1899-North Brooklin, Maine, 1985) estudió en Cornell, trabajó para el Seattle Times y el New York Evening Post, visitó Alaska, fue propietario de una granja con quince ovejas, casi ciento cincuenta gallinas, tres ocas, un gato, un cerdo, un perro salchicha y un ratón, escribió libros para niños (entre ellos Stuart Little) y, lo que es más importante, firmó como "E. B. White" algunos de los artículos y ensayos más importantes de la historia del New Yorker, la revista fundada en 1925 por Harold Ross a cuyo carácter (instruido sin ser pretensioso, urbanita, frívolo sin exageraciones, irónico, cosmopolita, muy literario) White contribuyó en gran medida.

Ese carácter es también el de su obra de no ficción, a cuya prosa se ajusta la definición que hace en sus Ensayos de la de Henry David Thoreau, uno de sus maestros más ostensibles: "una prosa al mismo tiempo muy disciplinada y extremadamente sencilla". Ya sea escribiendo sobre las elecciones demócratas, los hábitos de su perro o el modo en que los mapaches bajan de un árbol, White narró con ligereza y simplicidad engañosas unas impresiones que eran las del norteamericano medio; éste (a diferencia del autor) había participado recientemente de la Segunda Guerra Mundial y encontraba una especie de consuelo en el hecho de que ya no hubiese acontecimientos extraordinarios que reportar: una mudanza, la irrupción de la primavera, la muerte de un cerdo doméstico, la reparación de un bote. White (que comprendió instintivamente esto) produjo sus mejores textos durante la guerra y algo después; con el tiempo, asuntos como la contaminación ambiental, la proliferación nuclear y la venta de armas iban a presidir el repertorio de sus intereses, pero su literatura siempre fue esencialmente optimista, como lo era la Norteamérica de posguerra para la que la escribió. Pese a lo cual, es improbable que el lector vaya a tener la impresión de que la suya es una literatura perimida: naturalmente, decenas de cosas han cambiado desde entonces, pero también estaban cambiando mientras White las observaba y extraía de ellas el profundo lirismo de sus textos. Cuando escribe sobre la desaparición de la revista infantil St. Nicholas, White no lo hace meramente para glorificar el pasado, sino para preguntarse dónde publicarán sus primeros textos los futuros escritores norteamericanos (en St. Nicholas Magazine lo hicieron Edna St. Vincent Millay, Francis Scott Fitzgerald y el propio White); cuando revisita un viejo libro de ornitología no lo hace sólo por nostalgia, sino porque lo que se narra en él es realmente extraordinario; cuando constata el desmantelamiento de la red de trenes de los Estados Unidos no importa tanto que él sea un usuario asiduo, sino más bien que su desaparición alterará la relación que el ciudadano de ese país tiene con la inmensidad de su territorio.

"Lo único que espero decir en mis libros es que amo el mundo", afirmó White en 1961. Si su literatura se sostiene a pesar de que el mundo sobre el que escribió ya no existe es porque, además de su enorme calidad, es toda una lección de empatía: sólo E. B. White podía hacer que asuntos y personajes disímiles como el Ford T, un ganso "viudo" y los integrantes de la Cámara de Comercio de San Francisco resulten atractivos y (sí) sorprendentemente conmovedores. Un libro más grande que la vida.

 
E. B. White
Ensayos
Trad. Martín Schifino
Epíl. Hal Hager
Madrid: Capitán Swing, 2018

[Publicado el 05/4/2018 a las 12:58]

[Etiquetas: E. B. White, Ensayo, Capitán Swing]

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"Vida amorosa de Charles Baudelaire" de Camille Mauclair / Prólogo de Edgardo Dobry / Cita

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[...]

El interés de Mauclair por la poesía de Baudelaire no fue momentáneo: diez años antes de esta Vida amorosa había publicado una primera biografía (Charles Baudelaire: sa vie, son art, sa légende, 1917) y en 1928 escribiría el prefacio para el precioso volumen de los Vingt-sept poèmes des "Fleurs du Mal" ilustrés par Rodin, artista al que Mauclair veneró, precisamente por la ascendencia clásica de su trabajo escultórico. La obra de Baudelaire representaba una posición semejante en el ámbito de la lírica: ese último esplendor de la tradición en la senda de la modernidad, esa grandeza de las formas clásicas que encuentra en Las flores del mal una de sus notas más altas justo antes de su ocaso. De hecho, pareciera que es la poesía misma la que consigue, mediante Baudelaire y a pesar de su vida disoluta y desgraciada, ese libro genial, lleno de una belleza atormentada y maldita pero todavía nítida y formalmente armónica. ¿Por qué elige la "vida amorosa" como eje para su recorrido por la vida y la obra del poeta? Mauclair se demora en aquello mismo que lo espanta: la tendencia de Baudelaire a vincularse con mujeres "del arroyo", como la menuda Louchette ("esta joven judía era bizca [loucher: bizquear], y esto halagaba el gusto extraño de Baudelaire hacia todas las anomalías físicas"); o la mulata Jeanne Duval, mujer "prostituida, viciosa e insaciable, bestia de lujuria, que todo ha conocido, que a todo se ha atrevido, con un semblante de indolencia y astucia. ¿El espíritu? Nulo. ¿El corazón? Nulo. Ved de lo que se ha prendado el dandi poeta". Jeanne Duval acompañó a Baudelaire desde que la conoció, en un teatro de variedades, en 1842, hasta la muerte del poeta, en 1867. Mauclair cree que "la cínica habilidad de esta mujer venció su timidez sexual y supo procurarle una voluptuosidad completa, aplastante, extenuante". Dicho en otros términos: fue la única con quien Baudelaire superó su impotencia. Esta es la tesis central de lo que Mauclair denomina "vida amorosa" del poeta: hijo de un hombre mayor (su padre tiene sesenta años cuando él nace, y murió antes de que cumpliera seis), Baudelaire amó a su joven madre y se sintió dolorosa, amarga y definitivamente traicionado cuando ella contrajo segundas nupcias con el general Jacques Aupick. Aunque Mauclair no usa el concepto "complejo de Edipo" -prefiere compararlo con el "melancólico" Hamlet y el "furioso" Orestes- toda su descripción de la vida afectiva de Baudelaire parece una ilustración de ello: fue "un niño mimado, tirano y celoso", más tarde "un niño grande, desgraciado y reticente", "un joven viejo, cuyo erotismo estaba localizado en el cerebro". (Sartre dirá: "El acto sexual propiamente dicho le inspira horror porque es natural y brutal y porque es, en el fondo, una comunicación con el Otro"). Sifilítico desde antes de cumplir veinte años, el Baudelaire de Mauclair tiene también "envenenada el alma". Su reticencia a ganarse la vida en un trabajo regular, la creciente afición a la bebida y al opio, la atracción por el bajo fondo y el vicio acaban de minar su salud: joven aún ya es "un pobre hombre, un fracasado, un neurótico". ¿Por qué, entonces, prestarle atención, por qué seguir su triste derrotero a lo largo de esos penosos años de bohemia y miseria, de amargos reproches y desplantes a su madre, hasta la triste escena de su muerte, afásico y casi paralítico, a los cuarenta y seis años? Porque ese monstruo de egoísmo y capricho fue "un gran poeta y un esteta profundo". El libro encuentra su justificación en el contrapunto entre la vida del autor y la lectura detenida de algunos de sus versos sublimes. Pues aunque hoy nos cuesta leer Las flores del mal como "una transparente confesión", no nos resistimos a volver, por ejemplo, sobre el poema XXIV ("Je t'adore à l'égal de la voûte nocturne,/ Ô vase de tristesse, ô grande taciturne./ Et t'aime d'autant plus, belle, que tu me fuis,/ Et que tu me parais, ornement de mes nuits") junto a la descripción de la "taciturna" y fugitiva Jeanne Duval y de las noches de febriles, tortuosos abrazos en el piso de calle Femme-Sans-Tête, en la îlle de Saint-Louis (actualmente, calle Le Regrattier) que el poeta había alquilado para su amante, a la que mantuvo a pesar de su casi indigencia. En ese mismo poema el amante se lanza sobre su amada "como tras de un cadáver un coro de gusanos". Las comparaciones, en Baudelaire, golpean del lado opuesto a cualquier forma de sentimentalismo. Como en otras de las páginas favoritas de Mauclair (y de todo lector de Las flores del mal), "Sed non satiata", donde Jeaanne Duval es una "Extraña deidad, morena como la noche" y sus grandes ojos negros, hacia los que el deseo del poeta "parten en caravana", son "tragaluz de tu alma". En definitiva, "este loco es un sabio": con la misma energía con que admira al poeta, Mauclair condena al hombre; se compadece de la pobre Caroline, su madre, perpetuamente perturbada entre la fidelidad a su marido (¡un militar cuyo hijastro es condenado por pornógrafo!) y los aspavientos desesperados de Charles, que le reclama dinero y amor con urgencia siempre renovada. No admite Mauclair que el desacomodo, que la inadecuación de Baudelaire pueda tener algún vínculo con su inspiración, con su genialidad. No se consuela con la idea del malditismo ni con las ensoñaciones del flâneur; considera que "el «baudelerismo» es una cosa ridícula, malsana y sin verdadero fundamento", aunque los poemas y los "salones" de Baudelaire sean la expresión más alta y perdurable de la no poco poblada poesía francesa del siglo XIX. 

[...]

 

En:

Camille Mauclair

Vida amorosa de Charles Baudelaire

Trad. José Lorenzo 

Terrades (Girona): Wunderkammer, 2018 

Pp. 9-12 

[Publicado el 14/3/2018 a las 09:30]

[Etiquetas: Charles Baudelaire, Camille Mauclair, Biografía, Wunderkammer]

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Juan Villoro / "La utilidad del deseo" en el Times Literary Supplement

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El escritor mexicano Juan Villoro / Crédito de la imagen: El Caimán Barbudo.

Al hilo de sus bien recibidas colecciones anteriores, el último libro del escritor mexicano Juan Villoro reúne ensayos y conferencias escritos entre 2010 y 2016. La utilidad del deseo incluye ensayos sobre el gran poeta Ramón López Velarde, sobre el "precursor del drama moderno mexicano" Rodolfo Usigli, sobre Crónica de una muerte anunciada (el "gran homenaje" de Gabriel García Márquez a Sófocles), sobre los autores mexicanos Jorge Ibargüengoitia y Carlos Monsiváis y sobre los paralelismos entre las cartas de Juan Carlos Onetti, Manuel Puig y Julio Cortázar.

Los intereses de Villoro se reparten entre América Latina y Europa. La dimensión europea implica un largo prólogo a Robinson Crusoe, algunas "notas sobre la literatura rusa", y ensayos sobre Gogol, Dostoievski ("haber 'muerto' durante unos minutos lo llevó a un pacto peculiar: el sufrimiento como problema, la escritura como solución"), Karl Kraus y Peter Handke.

La amplitud de intereses de Villoro es un reflejo de sus circunstancias. Nació en la Ciudad de México en 1956, pero fue parcialmente educado en alemán, vivió varios años en Alemania Oriental, pero ahora divide su tiempo entre la Ciudad de México y Barcelona y es hijo de un importante filósofo mexicano, Luis Villoro, nacido en España. Villoro no privilegia ninguna de "sus" dos tradiciones por sobre la otra, ni nos dice a cuál se siente más próximo, y su libro se beneficia enormemente de esta actitud. Ejemplos de ello son el reconocimiento de las sorprendentes similitudes entre López Velarde y James Joyce: ambos escritores "se criaron en un ambiente obsesivamente católico y despreciaron a una potencia extranjera que amenazaba la cultura local [...]. Ambos conocieron la pobreza, abandonaron su ciudad natal, asumieron el erotismo con un escatológico fervor carnal y religioso, admiraron la tradición y procuraron transgredirla". Joyce y López Velarde no tienen más en común, pero la comparación de Villoro es convincente.

 
Juan Villoro
La utilidad del deseo
Barcelona: Anagrama, 2017
 
[Times Literary Supplement, diciembre de 2017] 

[Publicado el 07/3/2018 a las 12:30]

[Etiquetas: Juan Villoro, Ensayo, Anagrama]

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Más poderosa que la ficción / "República luminosa" de Andrés Barba

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32 niños de entre nueve y trece años de edad; 3 altercados; 1 policía abatido por accidente; 3 heridos por arma blanca; 2 muertos; 1 pueblo; 200.000 habitantes; 12 heridos y 3 detenidos en una manifestación; 1 alcalde atemorizado; 4 hermanos que reciben un dictado en sueños; 1 jefe de policía exhausto; 3 padres que buscan a sus hijos.

Todo lo que importa de República luminosa es irreductible a los números. Y sin embargo, esos números juegan un papel destacado en la novela por su reiteración en el relato del narrador (un técnico del ayuntamiento de San Cristóbal, un pueblo ficticio que se recorta sobre el fondo muy real de los del noreste argentino) y porque señalan el límite al que apunta el libro: el significado de determinadas experiencias no puede ser subsumido en el relato; lo que resulta relevante constituye un enigma sin respuesta, una catedral subterránea que ha sido construida para ser habitada pero no para ser explicada a los extraños.

República luminosa guarda un cierto parecido con la obra de Joseph Conrad, cuya Narrativa breve completa (¡1544 páginas!) el autor tradujo recientemente junto a Carmen R. Cáceres; y sin embargo, es una novela inmediatamente reconocible para los lectores de Andrés Barba: algo lenta, susceptible de detenerse en explicaciones (todos los capítulos del libro comienzan con una), sujeta a un estilo lírico en cuyo marco en ocasiones se cometen excesos, pero también muy inteligente y raramente conmovedora. Aunque su autor es considerado por algunos (principalmente) un ensayista (una impresión que refuerzan las disquisiciones del narrador de esta novela acerca de la infancia, el amor, el miedo, la extorsión, la relación entre música y estancamiento, la muerte), en República luminosa hay una refutación parcial del supuesto carácter exclusivamente ensayístico de su obra, ya que la novela tiene una ambición deliberadamente literaria, su alcance es el de las grandes obras de ficción y la tensión narrativa está inteligentemente dosificada para llegar a un final en el que las preguntas vuelven a ser formuladas y una vez más quedan sin respuesta.

"La infancia es más poderosa que la ficción", escribe Barba, y está en lo cierto: puede crear (como aquí) un lenguaje, una civilización en las alcantarillas, un régimen en el que matar y morir sean un juego de niños. Andrés Barba narra con talento ese juego, del que todos (también los adultos) somos parte inevitable.

 
Andrés Barba
República luminosa
XXXV Premio Herralde de Novela
Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 28/2/2018 a las 14:00]

[Etiquetas: Andrés Barba, Novela, Anagrama]

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Sobre los premios literarios / Una entrevista de Gonzalo León

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Has ganado algunos premios, como el Juan Rulfo de relato, el Jaén de Novela y el Alcides Greca, ¿en qué medida influyen los premios en la "carrera" o trayectoria de un escritor?

Muy posiblemente hubiese que analizar caso por caso, también en el marco de la "carrera" de cada escritor. A mí el Juan Rulfo me permitió continuar adelante en un momento en que tenía muchas, muy graves dificultades económicas, el Jaén hizo posible la publicación de El comienzo de la primavera y fue el punto de partida de mi relación con Literatura Random House, que son mis editores en español. Y el Alcides Greca me permitió reencontrarme con viejos amigos en Rosario y descubrir que la escena literaria de la ciudad (que yo recordaba algo mustia) ha vivido una renovación extraordinaria en los últimos años. Ya ves, siempre han significado cosas diferentes, al margen de lo cual, la expresión "carrera literaria" me parece altamente sospechosa.

¿Crees que hay novelas y libros de cuentos "concursables" y otros que no lo son? ¿Cuál ha sido tu experiencia?

Quizás haya algo así. Pero yo, que he ganado algunos premios y he sido jurado de otros, tengo la impresión de que las circunstancias que determinan qué puede y va a ser premiado cambian de acuerdo con las circunstancias, la conformación del jurado, la institución organizadora, etcétera. A veces, lo "premiable" está determinado por las expectativas comerciales de la editorial que convoca el premio, a veces por la conformación del jurado, a veces por el "jurado de preselección" (que por lo general hace su tarea bajo pésimas condiciones laborales y con una enorme presión temporaria), a veces por las alianzas previas y ocasionales que se establezcan entre los jurados durante la deliberación del premio, a veces por la calidad de los libros presentados, a veces por la falta de "algo mejor", a veces por las ideas preconcebidas que se tengan acerca del autor o la autora que se presenta al premio (si la presentación no se hace bajo pseudónimo), a veces por la capacidad de presión del agente que planta un manuscrito de autor de su agencia entre los finalistas, a veces por algún tipo de alternancia que el premio tenga como regla (entre hombres y mujeres o entre latinoamericanos y españoles), a veces por la determinación por parte de una institución o empresa de penetrar en algún mercado nacional en el que no haya entrado todavía, cosas así.

Por último, ¿por qué crees que hay escritores que se ganan pocos premios concursables pero que su obra a la larga resulta muy influyente no sólo en su país sino en su lengua, me refiero a Borges y a Nicanor Parra?

Borges y Parra obtuvieron todos o casi todos los premios que había en su época, excepto (naturalmente) el Premio Nobel, que es un premio ligado a unos valores humanistas que ni la obra de Borges ni la de Parra comparten y que además está más ligado a la agenda política internacional del momento (tal como ésta es percibida en los países escandinavos) que a un juicio sobre la importancia o la influencia de un escritor en su lengua. Por otra parte, habría que volver a pensar acerca de la supuesta influencia de Borges en la literatura argentina, al menos en la contemporánea: si uno lee la literatura más reciente, esa influencia es prácticamente invisible excepto en media docena de autores. Por último, creo que no hay que darle mucha importancia a los premios, de la misma forma en que no hay que prestársela a otras prácticas que, en el ámbito del negocio editorial y/o de las políticas culturales, pretenden ejercer algún tipo de influencia sobre las elecciones de consumo de los lectores.
 
 
Perfil. Buenos Aires, febrero de 2018. 

[Publicado el 21/2/2018 a las 12:30]

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Una ejercitación brillante / "Ikebana política" de Claudia del Río

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No son infrecuentes, pero son innecesarias: las demandas (propias y ajenas) de que el escritor se exprese también visualmente conducen, por lo general, y con muy pocas excepciones, al ridículo. Pero algo similar puede decirse, también, de las veces en las que el recorrido se invierte: pese a la profusión (y la importancia) del "statement", la escritura de los artistas visuales es, por lo general, en el mejor de los casos, ilegible; en el peor, muestra un desconocimiento tan abrumador de lo que sucede (dentro y) fuera de las artes visuales que desmiente sin quererlo la supuesta interdisciplinariedad del arte contemporáneo.

A lo largo de las últimas décadas, Claudia del Río (Rosario, 1957) ha ido entregando piezas que, a falta de la "gran obra" que la "consagrase" de acuerdo con una crítica todavía presidida por el ideal de lo sublime, son de lo más relevante del arte contemporáneo argentino porque son (también) algo mucho más interesante: "el borde de una obra central que no existirá", en palabras de la autora. Del Río (quien confiesa tener con su obra "una relación llena de ‘y', no de ‘o'") fue parte durante los años 1980 de las escenas de la performance y el mail art, en la década de los noventa participó del Programa de Clínica de Obra con Guillermo Kuitca y en 2002 fundó junto a Mario Gemín el Club del Dibujo, un "espacio de pensamiento y acción" en torno a esta práctica; participó de residencias y bienales, ha dado clases y es la creadora del proyecto Pieza Pizarrón y de RUSA, una Residencia para Un Solo Artista que posiblemente sea única en el mundo. También es escritora: ha publicado Literal y Cocacola (Rosario: Iván Rosado, 2012) y Pieza Pizarrón (Ibídem: Club del Dibujo, 2013).

Ikebana política, que reúne fragmentos de sus cuadernos de una década (2005-2015), no tiene unidad, no hace el gesto de ser "literatura" que tan habitualmente perjudica la incursión en la escritura del/a artista visual devenido/a escritor, es irreductible al resumen, se niega a explicar: se constituye, como dice Irina Garbatzky, "en el ámbito de trabajo" de una creadora que se pregunta "qué es ser un artista, qué es percibir, qué es copiar, qué es el paisaje, qué es dibujar, qué es lo colectivo". No se trata de un apéndice a la obra (de hecho, las preguntas que Del Río se hace aquí son las que existen y se ponen de manifiesto en su obra visual) ni del uso por parte del artista visual de la escritura como vehículo para la clarificación de su "mensaje"; como señala Garbatzky en su muy buen prólogo a este libro, Ikebana política no es una explicación sino "la experiencia de una ejercitación" cuyos temas son "cómo hacer cosas con palabras, cómo volverse autor, cómo transitar el arte en el camino de la reflexión, el cuidado y la colectividad".

Esa "ejercitación" pone de manifiesto que Del Río piensa con brillantez. Aunque advierte irónicamente que "todo lo que diga contribuirá aún más al rumor de que los artistas somos bien tontos", la autora desmiente más bien ese prejuicio, así como la posibilidad de que la forma en la que una parte importante de sus colegas se relaciona con la escritura sea la única posible. Ikebana política es un libro fascinante, enormemente adictivo: lo que propone (como toda la literatura de relevancia) no es tan sólo una experiencia comunicativa, sino también la posibilidad de ver a un artista en acción. Como si Del Río, que entre 1986 y 1990 se obligó a dibujar sólo con la mano izquierda, estuviese dibujando y pintando ante nosotros, configurando con palabras un espacio que, en lugar de ser llenado con la "gran obra", se constituyese en un silencio, y (por lo tanto) en algo que no puede ser reducido a una definición, que no puede ser momificado y está vivo.

 


Claudia del Río 
Ikebana política: libretas y cuadernos 2005-2015
Pról. Irina Garbatzky
Rosario: Iván Rosado, 2016

 

[Publicado el 14/2/2018 a las 17:45]

[Etiquetas: Claudia del Río, Diarios, Iván Rosado]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990- 2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán, portugués y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016), Premio "Alcides Greca" de Novela de 2017, y del ensayo El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura (2014), al igual que del libro para niños Caminando bajo el mar, colgando del amplio cielo (2017). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Más recientemente ha recibido el Premio Cálamo Extraordinario 2016 por el conjunto de su obra. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania) y vive en Madrid. Su libro más reciente es Lo que está y no se usa nos fulminará (2018).

 

 

Bibliografía

 
 
 
 
 
 

 
 

 

Ficción

Lo que está y no se usa nos fulminará. Barcelona: Literatura Random House, 2017. 

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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