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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 25 de mayo de 2017

 Blog de Patricio Pron

No muere en silencio / "En el corazón del corazón del país" de William H. Gass

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"No hay autoridad que mande sobre nuestras distracciones, nos exija adulación, necesite nuestras expansiones o nuestras mentiras mnemotécnicas", escribió William H. Gass en cierta ocasión, y agregó: "La fama no es una puta que uno pueda ordenar por teléfono. El público se gasta el dinero en el cine, llena los estadios de vítores y baila al ritmo de ruido organizado mientras los libros mueren en silencio, y más rápidamente que sus autores".
 
No hay mucho que objetar a esta afirmación, por supuesto; sin embargo, Gass la hizo en 1981, cuando los relatos a los que precedía (se trata del prefacio "revisado y expandido" a la edición de 1989 de En el corazón del corazón del país) tenían ya varias décadas: si la "sorprendente cantidad de tiempo" (son sus palabras) que habían vivido hasta entonces desafiaba su convicción de que los libros mueren antes que sus autores (una convicción que Leonard Michaels compartía al menos parcialmente, y que formuló diciendo que "los escritores mueren dos veces, primero sus cuerpos, luego su obra; pero lo mismo producen, libro tras libro, como pavos reales desplegando sus colas, una maravillosa llamarada de color que muy pronto es arrastrada por el polvo"), el hecho de que estos relatos puedan ser leídos hoy en día sin tener que echar sobre ellos la mirada condescendiente del historiador de la literatura sólo pone de manifiesto que (en ocasiones, y sólo si son realmente buenos) también los relatos duran.
 
En el corazón del corazón del país fue publicado en 1968; en 1985 tuvo una edición española, en Alfaguara y con traducción de Ana Antón Pacheco: a pesar de que Gass es uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX, esto es todo lo que hay para decir acerca de su relación con los lectores hispanohablantes. Se trata, es evidente, de un problema de comunicación, y un problema de comunicación es precisamente lo que tienen algunos de los personajes de estos relatos, por ejemplo el adolescente que protagoniza "El chico de Pedersen", que sostiene diálogos circulares de una violencia no sólo verbal con su padre y su hermano mayor en torno a agravios infligidos los unos a los otros en el pasado y sobre la llegada de un niño de una propiedad vecina que hace estallar la situación por los aires con toda la fuerza de su imaginería religiosa. (Su irrupción en el pesebre de la casa y su aparente resurrección de entre los muertos suponen, al final, la concreción de la promesa cristiana de salvación al menos para el protagonista de la historia.)
 
Tampoco parece poder comunicarse adecuadamente el personaje de "Carámbanos", un vendedor de casas que vive solo, es humillado por sus excéntricos compañeros de oficina, va a perder su trabajo; si el personaje sólo parece contentarse con la belleza de las figuras que el frío y la nieve hacen crecer frente a su ventana, con las que, de alguna manera, se identifica (en el mejor momento del relato el personaje se ve a sí mismo como una casa vacía y en venta), también lo hace la protagonista de "El orden de los insectos", quien no puede ocultar su fascinación por unos seres que concitan en torno a su observación una atención y una inteligencia que tal vez ésta no pueda volcar en otros ámbitos, en los que no son requeridas porque no se esperan de una mujer.
 
Gass tiene un estilo poético y algo moroso (y muy bien volcado al español aquí por Rebeca García Nieto) que resulta funcional a la narración de unos relatos en los que prácticamente no hay progresión narrativa (es lo que sucede en "La señora Ruin", un texto acerca de las formas en que unas personas se obsesionan por otras si éstas últimas viven en su proximidad, y que constituye la contracara perversa de esa epifanía del Medio Oeste que es el cuento que da título al volumen, un largo poema en prosa que celebra al "hombre común" al que cantó Walt Whitman); si uno le suma a ello cierta aparente pérdida de control por parte del narrador en muchos de los relatos y la inestabilidad propia de un discurso libre indirecto continuamente interrumpido por las vacilaciones de los personajes, el resultado podría parecer de difícil lectura. Sin embargo, pocos libros son tan placenteros de leer como En el corazón del corazón del país, pocos ofrecen al lector en cada párrafo una frase inmejorable, una idea extraordinaria, un adverbio eficaz, una metáfora que produce una conexión inesperada entre dos elementos inconexos entre los cuales salta una chispa que tarda en apagarse. Es muy de celebrar que, contra la afirmación de su autor, este libro no muriera en silencio y ni antes ni después de quien lo escribió, y que una nueva editorial independiente española lo traiga por fin a sus lectores.
 
 
William H. Gass
En el corazón del corazón del país
Trad. Rebeca García Nieto
Madrid: La Navaja Suiza, 2016

[Publicado el 14/4/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: William H. Gass, Cuento, La Navaja Suiza]

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Trazar un mapa es pensar / "El cartógrafo" de Juan Mayorga

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No parece posible cartografiar la ausencia, aquello que (habiendo estado allí) ya no está; y sin embargo, esto es precisamente lo que se propone una mujer que recorre las calles de Varsovia: su mapa no va a ser completado jamás, por su naturaleza y porque las ausencias del pasado que cartografía (e incluyen un misterio: el de una niña que dibujó el gueto y podría ser o no una anciana que se enfrentó al régimen soviético años después, y pagó por ello) se acumulan, no dejan de aparecer nunca.
 
Juan Mayorga nació en Madrid en 1965 y es uno de los mejores dramaturgos europeos contemporáneos; también es uno de los pocos que ha merecido, a una edad relativamente temprana, la publicación de su teatro completo hasta la fecha, así como de sus ensayos reunidos. (Por otra parte, su trabajo es una manifestación palmaria de que en toda obra de relevancia la distinción entre ficción y no ficción, entre creación y ensayo, es meramente consuetudinaria.) Aunque el tema de El cartógrafo es la reclusión y el asesinato de los judíos de Varsovia (con lo que Mayorga vuelve sobre su interés por los hechos trágicos del siglo XX europeo), de lo que se habla aquí, en realidad, es de la representación como apropiación de la experiencia y de los lugares en los que ha tenido lugar. "Hasta que los dibujamos, los lugares dan miedo. Cuando los hemos dibujado, y el camino que lleva hasta él, sólo entonces nos sentimos dueños del lugar", dice uno de los personajes (25). La obra de Juan Mayorga responde a la pregunta principal del arte del último siglo, la de qué hacer con el dolor de la Historia, que el dramaturgo español responde ‘benjaminianamente': cartografiar es pensar, trazar un mapa de la tragedia histórica es aceptar que esa tragedia nos pertenece, dibujar un mapa es habitar un mapa, en procura de dar en él con esos pliegues en los que confluyen la conciencia de la Historia y la promesa de que algún día podamos otorgarle un sentido.
 
 
Juan Mayorga
El cartógrafo
Epíl. Alberto Sucasas
Segovia: La Uña Rota, 2017

[Publicado el 11/4/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Juan Mayorga, Dramaturgia, La Uña Rota]

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La vida no es bella / "El invisible" de Ge Fei

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Cui (nunca sabremos su nombre de pila) tiene cuarenta y ocho años de edad y malvive preparando sistemas de reproducción de música para audiófilos: su único amigo (de la infancia, ahora un empresario textil) le desprecia, sus clientes le tratan con condescendencia o sencillamente lo humillan, su mujer lo abandonó tras haberle sido infiel con varios hombres, su hermana pretende casarlo con una mujer enferma; finalmente, lo echa de su casa. Y sin embargo, hacia el final de su historia, Cui está seguro (y afirma) que "si uno puede aprender a cerrar de vez en cuando los ojos y olvidar la manía de quejarse de todo y de todos, de golpe uno puede descubrir que la vida en realidad es una cosa muy bella".
 
Nacido en 1964 en la provincia china de Jiangsu, Ge Fei (cuyo nombre real es Liu Yong) es uno de los escritores más conocidos de su país, donde se lo considera un autor experimental. El invisible no es una obra de ese tipo, sin embargo; su tema es la dificultad de llevar una vida decente en una sociedad en la que la irrupción del capitalismo ha dejado a millones de personas como su protagonista sin una certeza moral a la que aferrarse. Los fabricantes de sistemas de reproducción de música no son más de veinte en todo Pekín; "debe ser una de las profesiones más insignificantes en la China actual", dice Cui, y agrega: "Lo raro es que, aunque en el ambiente todos nos conocemos, no tenemos trato entre nosotros. Ni nos serruchamos el piso ni nos doramos la píldora, ni hacemos jamás comentarios desubicados sobre el oficio de los otros colegas [...]. La mayor parte de la sociedad ignora completamente nuestra existencia, lo cual no está nada mal. Nosotros, a su vez, ocultos en nuestro rincón oscuro, satisfechos con nuestra vida de hombres invisibles, tenemos razones más que suficientes para despreciar a esta sociedad".
 
No sabemos mucho acerca de China, lo cual hace dificultoso decir algo acerca de su literatura. (En 2015, la editorial argentina Adriana Hidalgo contribuyó a paliar ese déficit con una antología de narrativa china actual seleccionada y traducida, también, por Miguel Ángel Petrecca.) A pesar de ello, o más bien por esa razón, El invisible es, con su laconismo y sus soluciones argumentales inesperadas, una lectura fascinante: la invisibilidad de la que presume su protagonista y el hecho de que sus clientes le abran las puertas de sus casas para que les instale sus equipos de audio lo convierten en un valioso testigo de las visiones de ciertos sectores de la sociedad china acerca de su país y de los desafíos que presenta a esos sectores un capitalismo que en las últimas décadas ha sido en China especialmente voraz.
 
"Soy una persona a la que le gusta mantener su percepción de las cosas en la superficie", afirma Cui; en una sociedad en la que, como dictamina otro personaje, "no hay ni una sola persona que pueda llevar una vida decente", su preferencia por no profundizar en las cosas lo salva. "En un mundo sucio y mediocre, la suerte es la única religión"; al final Cui tiene un golpe de fortuna asociado con el que quizás sea un fantasma y quizás no, de allí su opinión acerca de la belleza de la vida. Pero la novela está lejos de darle la razón a su protagonista, y traza un pronóstico pesimista para China y para los que, inevitablemente, acabaremos siendo sus súbditos económicos.
 
 
Ge Fei
El invisible
Trad. Miguel Ángel Petrecca
Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2016
 
 
[Publicado originalmente en Babelia/El País, marzo de 2017.] 

[Publicado el 06/4/2017 a las 12:00]

[Etiquetas: Ge Fei, Novela, Adriana Hidalgo]

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Mercedes Cebrián / Tres poemas de "Malgastar"

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Derecho a la información
 
En virtud del artículo 20 de la Constitución del 78
no han de ocultarnos lo que sucede
a nuestro alrededor y sin embargo yo sólo puedo
intuir, mirar por la mirilla desde fuera,
pensar que quizá sí o quizá no,
sumar las pistas, honrarlas como añicos
de una vasija griega, exhumar
los rasgos de esa cara con la que me topé
en plena excavación.
 
El testimonio oral me ayudaría tanto
a la reconstrucción, porque no creo en los cuerpos
sino en su parloteo, en el dispositivo que produce la charla.
 
Alguien me dijo un día: "no te vuelvo a contar nada
porque después te acuerdas
de lo que te conté".
Pensé que eso era bueno y resultó
que no. "Es como si un análisis de sangre,
de tan exagerado, se hubiese convertido
en transfusión". Esa fue su respuesta.
 
La explicación no se parece en nada al tenedor
que pedimos al ver unos palillos en la mesa.
Si finalmente llega, el asunto es más bien
qué hacer con todo eso. La información la imagino
caliente y en la mano, como esos polluelos
que se caen por error del nido tras nacer. Si son
puro temblor, si son muy feos. Me recuerdan a mí,
con el pico muy abierto
en busca de algo más.
 
 
Adopción (quasi una fantasia)
 
La orfandad cobra formas insólitas
hoy día: ya no es niño harapiento y tiznado,
ya no es bebé pasado por el torno. El apellido Expósito
es capaz de un trayecto vital
como otro cualquiera.
 
He aquí la fantasía del adoptador: "le voy a dar un hogar
cálido y confortable donde no haya tristeza; le voy a dar
la mejor educación", pero la niña china
viene mal ensamblada de fábrica y el milagro
no es tal. Made in China el dolor. Se superpone
el cariño de la pareja nueva
con una vida previa. Es el pasado de la niña
un palimpsesto incómodo.
 
 
Una persona menos por aquí
 
Qué cosas miró y cómo; quién le abombó
el cristalino para mirar así
y no de otra manera. Fue el resultado,
la consecuencia de aquello fratricida que tanta fama dio
a nuestro país. Tantas fotografías de la contienda
y de lo posterior, tantas chicas y chicos
con mellas en los dientes, tantos zapatos crónicamente sucios.
 
Vivió en el peor gris, pero a ella le gustó el gris en que vivió,
las llaves del sereno entrechocando
como una sonaja que da seguridad en la metrópoli
de la alpargata seca.
 
Y luego se hizo causa: la causa
de mi caminar fuente de burlas. Fue, por lo tanto origen, resultado
y secuela, y todo eso alternando entre ella y ella misma.
 
Algunos de sus collares no diferían mucho
de los de Doña Carmen
Polo. Otros eran imitación
de los de Tita Thyssen.
Fue a China: no le gustó ver a los chinos escupir
por doquier. En cambio los fiordos, mucho mejor, pero
carísima la cerveza en Bergen.
Tuvo suerte: no le faltaron los dientes de delante, solo unas
cuantas muelas. Disimuló. El colesterol bien: pudo comer lechazo
y gambas con gabardina mientras quiso,
hasta casi el final. (Ese podría ser el epitafio
para alguien español).
 
 
Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) ha publicado ficción, poesía y ensayo. Su último libro es el poemario Malgastar (La bella Varsovia, 2016). Sus relatos, poemas y ensayos han aparecido en Revista de Occidente, Letras Libres, Eñe y Diario de Poesía (Argentina), y en antologías como Cuento español actual (Cátedra, 2014). Colabora asiduamente con los suplementos El Viajero y Babelia de El País y Cultura/s de La Vanguardia. Asimismo, ha traducido al castellano a Georges Perec y Alan Sillitoe. Ha sido becaria de literatura en la Residencia de Estudiantes de Madrid y en la Academia de España en Roma, así como escritora residente en el Civitella Ranieri Center de Perugia. Tiene un Máster en Estudios Hispánicos por la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.)

[Publicado el 04/4/2017 a las 12:45]

[Etiquetas: Mercedes Cebrián, Poesía, Citas]

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Una espléndida narración fallida / "El hijo cambiado" de Joy Williams

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A Pearl (nunca conoceremos su apellido) le tira "más el vino que las rosas, como dicen algunos"; en no menor medida debido a ello, su vida es rara: vive en una isla frente a la Costa Este estadounidense, rodeada de niños sin padre que Thomas (uno de los pocos adultos de la zona) cría con una mezcla de misticismo y dejadez y de los que se desembarazada cuando se convierten en adolescentes. Thomas es el hermano de Walker, quien sorprendió a Pearl robando en unos grandes almacenes y se la llevó con él a la isla; Pearl escapó, pero Walker dio con ella y Sam, el bebé de ambos: cuando regresaban, el avión en el que volaban cayó a tierra, y al accidente sólo sobrevivió Pearl y (quizás) su niño. Ahora Sam tiene siete años y Pearl teme que se esté convirtiendo en un animal salvaje o en el inventor de una religión infantil que tiene su centro en las historias sobre Aaron y Emma (Adán y Eva, naturalmente), los primeros habitantes de la isla; Sam está bajo la influencia de "la anciana", pero a la anciana sólo la ve Pearl: al final, por supuesto, habrá sangre, durante una tormenta.
 
Una parte considerable de los estudios literarios de las últimas décadas tiene como objeto el discurso libre indirecto, esa modalidad de lo que habitualmente denominamos el "punto de vista" de la narración en la que el discurso del narrador y el del personaje "se funden" de manera que al lector le resulta imposible determinar si lo que lee se corresponde con la realidad objetiva de la situación narrada (que únicamente el narrador conoce en su totalidad) o si está leyendo lo que el personaje ve y piensa, su propia interpretación de esa realidad. No importa que el debate acerca de la naturaleza y el uso del procedimiento esté lejos de darse por concluido: el lector es perfectamente consciente cuando se encuentra frente a un discurso libre indirecto y sabe jugar el juego que le propone. Y sin embargo, no siempre las cosas salen como deberían. El hijo cambiado es un caso estándar de discurso libre indirecto, por ejemplo; su lector acepta rápidamente que la concatenación de acontecimientos implausibles y la percepción alterada del narrador son resultado de la superposición de su discurso con el del personaje. ¿Cómo pudo dar Walker con Pearl y Sam después de su huída a Florida? ¿Cómo sobrevivieron los dos últimos al accidente aéreo? ¿Por qué regresó Pearl? ¿Quién es "la anciana"? ¿Qué quiere Thomas? ¿Qué fuerzas impredecibles guían los comportamientos de niños y adultos en la isla? Sólo aceptando que se encuentra frente a un discurso indirecto libre puede el lector suspender su incredulidad a la espera de que un giro en la narración esclarezca por fin qué hechos son reales y cuáles no.
 
El hijo cambiado fue publicada originalmente en 1978 y vilipendiada por la crítica; antes de ello, Williams había producido un muy buen debut, Estado de gracia (1973): publicaría dos novelas más, incluyendo Los vivos y los muertos (2002), y algunos de los mejores libros de cuentos que se hayan publicado en Estados Unidos en las últimas décadas (a pesar de no ser la "autora más asombrosa y genial de la narrativa norteamericana actual" que la hipérbole editorial quiere hacernos creer). Su novela está repleta de los símiles y comparaciones inusitados que constituyen lo más destacado del estilo de su autora (en su primer encuentro con Thomas, éste le parece a Pearl "un sol oscuro y frío", por ejemplo), pero Williams no es infalible y en El hijo cambiado cae frecuentemente en la cursilería, lo que explica el rechazo de la crítica en el momento de su primera publicación (y su entusiasmo frente a su reedición en 2016): Pearl desea rodear a Walker con los brazos y "arrojarse abrazada a él por el borde de ese instante y sumergirse en la nada", sueña con un pene "bífido, como la lengua de una serpiente, de suerte que le permitiera ejecutar todos los actos del amor a un tiempo", bebe "con la esperanza de que la embriaguez diera paso a una claridad que le abriera las puertas al amor verdadero", etcétera.
 
El hijo cambiado podría ser una espléndida narración en torno a una joven librada a las fuerzas irreprimibles de la naturaleza y del inconsciente de no ser, precisamente, por la cursilería de pasajes como los anteriores, por el hecho de que el relato es demasiado extenso para su anécdota y porque su discurso libre indirecto es fallido. Al fin y al cabo, ¿cómo puede Pearl conocer la historia de Lincoln con Shelly, "ver" al primero masturbándose en la intimidad, saber de las vidas de Aaron y Emma?
 
 
Joy Williams
El hijo cambiado
Pról. Rick Moody
Trad. David Paradela
Barcelona: Alpha Decay, 2017

[Publicado el 30/3/2017 a las 12:30]

[Etiquetas: Joy Williams, Novela, Alpha Decay]

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De aquellos polvos / "La carrera por el segundo lugar" de William Gaddis

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Unánimemente considerado uno de los novelistas estadounidenses más importantes del siglo XX, autor de una obra en la que el lector se adentra (si lo hace, y debería hacerlo) con iguales cantidades de fascinación y hartazgo, William Gaddis recordó, al recibir el National Book Award de 1994, que cierto juez estadounidense ordenó que quemaran sus papeles tras su muerte porque "dijo que no era asunto de nadie cómo había llegado hasta ahí, y yo siento lo mismo", aunque también admitió, agoreramente, que "ahora las universidades tienen interés en comprar eso que llaman los archivos, así que [los escritores] empezamos a guardar cualquier basura que salga de la máquina de escribir. ¡Alguna de esas basuras incluso puede acabar aquí!".
Autor de Los reconocimientos (1955) y Jota Erre (1975), entre otros, Gaddis no podía escribir "basura", por supuesto; pero parece poco probable que hubiese aprobado la publicación de La carrera por el segundo lugar, la selección de materiales provenientes de su archivo realizada en 2002 por el profesor estadounidense Joseph Tabbi porque, como éste recuerda en su muy buena introducción, "siempre se negó a dar explicaciones sobre sus libros". Gaddis puede estar tranquilo, sin embargo: ninguno de los materiales seleccionados (artículos para la prensa, guiones de cortometrajes educativos y promocionales concebidos para ser leídos por ejecutivos de empresas como Eastman Kodak e IBM, la única pieza deliberadamente autobiográfica que escribió el autor, resúmenes de proyectos, discursos, etcétera) ofrece explicación alguna sobre sus libros. A cambio, su selección pone de manifiesto algunas de las características más relevantes del estilo de la ficción del autor de Gótico carpintero (1985), como el barroquismo de la forma y una cierta inclinación por la sátira y el tratamiento grotesco de personajes y diálogo, aunque tampoco es particularmente útil como primer acercamiento a su obra, una impresión que se vuelve más pronunciada allí donde el escritor regresa sobre sus libros, recupera personajes como Jota Erre, en una extraordinaria pieza de sátira gubernamental, o vuelve sobre su interés por la pianola que juega un papel destacado en su novela Los reconocimientos. Gaddis no es apropiado para los lectores con prisas, ciertamente: pero quizás la publicación de estos materiales se haya demorado en demasía, en particular si se piensa en el hecho de que es improbable que el lector recuerde a personas tan escasamente dignas de que se lo haga como Dan Quayle, Billy Graham o Newt Gingrich, mencionadas aquí.
 
No muy útil como introducción a la obra de Gaddis, el interés de La carrera por el segundo lugar se deriva de dos aspectos de la selección: la naturaleza de las reflexiones reunidas en ella (sobre la extraordinaria Erewhon de Samuel Butler, la idea de autor, las condiciones materiales de vida de los escritores en el capitalismo norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, la demanda de sinceridad en la literatura de ese país o la deshumanización y la automatización de la producción artística) y la atención puesta en ella a la política estadounidense: al recordarnos que los lodos de la Administración Trump y su uso de la mentira política (así como la adhesión que estas prácticas generan en una parte importante de la población estadounidense) vienen de unos "polvos" que ya estaban en el aire en la década de 1980 bajo la forma del regreso del fundamentalismo religioso a la vida política, el fracaso del sistema y el incremento consiguiente del nacionalismo, la concesión de las herramientas legislativas al beneficio privado y la depreciación del sistema público de educación, Gaddis no sólo se revela como un extraordinario observador de su tiempo, sino que también pone de manifiesto la capacidad crítica de la literatura concebida como contrapoder, como conciencia crítica de las democracias que, como la suya y la nuestra, flirtean en ocasiones con el suicidio sin detenerse siquiera a pensar en ello.
 
 
William Gaddis
La carrera por el segundo lugar
Intr. y Not. Joseph Tabbi
Trad. Mariano Peyrou
Ciudad de México y Madrid: Sexto Piso, 2017
 
 
Publicado originalmente en Babelia/El País, 7 de noviembre de 2016. 

[Publicado el 28/3/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: William Gaddis, Ensayo, Sexto Piso]

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Un presente embriagado de presente / "Cronografías" de Graciela Speranza

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No hay ninguna ambigüedad en el título que el artista estadounidense Christian Marclay (California, 1955) escogió para su videoinstalación más conocida: por una parte, porque en los más de diez mil fragmentos audiovisuales que conforman "The Clock" (2010) aparece un reloj; por otra, porque la pieza funciona a todos los efectos como uno, ya que el montaje hace posible que la hora exhibida en ellos sea la hora "real" del espectador: si éste ingresa a la sala de proyección a las 19.29 se encontrará con el fragmento de algún filme en el que un reloj indica que son las 19.29; veinte minutos después se encontrará con una imagen procedente de otro filme en el que se anuncia que son las 19.49, etcétera.
 
"The Clock" demandó a su autor tres años de trabajo, el concurso de varios asistentes, una investigación compulsiva y horas de montaje, pero su resultado es absorbente. La ensayista y narradora argentina Graciela Speranza (Buenos Aires, 1957) tuvo la oportunidad de comprobarlo en dos ocasiones, y el resultado de su inmersión en este ejercicio radical de apropiación cuya duración (24 horas) hace inviable el visionado en un sentido convencional, es el centro de su nuevo libro, al que también (en algún sentido) la videoinstalación de Marclay le presta su forma. Cronografías constituye, al igual que "The Clock", un archivo, una intervención en las formas contemporáneas de representación artística del tiempo y una discusión acerca del modo en que tendemos a pensar en él en un momento histórico en el que la imposibilidad de concebir un futuro viable en un planeta devastado por la acción del capital sin freno y la aceleración de unos flujos de información que requieren toda nuestra atención parecen condenarnos a habitar "un presente embriagado de presente".
 
"La intensificación de la integración de la actividad humana a los parámetros del intercambio electrónico", escribe Speranza, "no sólo vino a exigirnos la disponibilidad, la participación activa, la multiplicación de áreas del tiempo y de la experiencia anexadas a demandas y tareas maquínicas sin pausa [...], sino que ha neutralizado la visión mediante procesos de homogeneización, redundancia y aceleración. El diagnóstico del filósofo francés Bernard Stiegler es aún más desalentador: durante las últimas décadas el uso generalizado de la web ha producido una sincronización en masa de la conciencia y la memoria a través de ‘objetos temporales' que llevan al consumo gregario estandarizado y la miseria simbólica, y llaman a la creación de ‘contraproductos' que reintroduzcan la singularidad de la experiencia cultural y desconecten el deseo de los imperativos del consumo".
 
"Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo", los "contraproductos" reunidos por Speranza en Cronografías ofrecen respuestas parciales a los problemas derivados del exceso de presente: la fantasía del reinicio o reboot del tiempo histórico (Adrián Villar Rojas), la incorporación del tiempo natural a la acción artística (Robert Smithson), la reformulación del orden temporal (Fabio Kacero, Richard McGuire, William Kentridge), el uso de restos y ruinas (Amie Siegel, Anne Carson, Gabriel Orozco, Xu Bing, Tom McCarthy), la ralentización del registro audiovisual (W. G. Sebald, Douglas Gordon), la detención del tiempo (Jorge Macchi), su espacialización (Liliana Porter), la repetición (Pierre Huyghe, Ragnar Kjartansson, Pablo Katchadjian), la fantasía apocalíptica (Dominique Gonzalez-Foerster), los ejercicios mutuamente excluyentes de la expansión y la concisión del relato vital (Jean Echenoz, Karl Ove Knausgaard), etcétera. Al igual que en "The Clock" (donde la concatenación de fragmentos audiovisuales ofrece confluencias inesperadas y momentos de rara belleza en los que el espectador parece dar (por fin) con una historia, las series que pueblan Cronografías contribuyen paradójicamente a un relato unitario, en el que (como en las obras/jardín de Pierre Huyghe Rito de pasaje y Upside Down Tree de Robert Smithson) el presente es visto como un inmenso parque en ruinas, un jardín de senderos que se bifurcan y confluyen conformando un terreno que Speranza cartografía con talento. La ensayista amplía y completa su Atlas portátil de América Latina (2014) en un ambicioso ejercicio de "montaje" cuya finalidad es "abrir el presente a otros tiempos, convertir la mezcla de fascinación y rechazo frente a la instantaneidad del mundo virtual en fuente de tensión creativa".
 
En esa "tensión creativa" proyectada en obras artísticas que "renuevan sus medios, sus formas y sus lenguajes, invierten o enloquecen la flecha del tiempo, se liberan de la tiranía de los relojes, hacen el tiempo" hay, sostiene Speranza siguiendo a Giorgio Agamben, el proyecto políticamente urgente de "cambiar el tiempo"; en el tipo de ensayo que, como Cronografías, piensa "con el arte" en procura de recuperar, entre tanta experiencia estética intercambiable, lo que "no habíamos visto o leído nunca antes", hay (por otra parte) una forma de resistencia y una invitación insoslayable a la obra de una de las mejores ensayistas contemporáneas en español, la más atenta intérprete de un presente que parece incapacitado de "decir" algo relevante sobre sí mismo y, sin embargo, en su obra (por fin) dice.
 
 
Graciela Speranza
Cronografías: Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo
Barcelona: Anagrama, 2017
 
[Publicado originalmente en Babelia/El País. Madrid, 27 de febrero de 2017.] 

[Publicado el 24/3/2017 a las 13:45]

[Etiquetas: Graciela Speranza, Ensayo, Anagrama]

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La repetición / "Mac y su contratiempo" de Enrique Vila-Matas

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"Repetición con distancia crítica": la muy conocida expresión con la que Linda Hutcheon definió a la parodia parece (pese a no aparecer con asiduidad en las críticas que ha recibido hasta el momento) la mejor forma de definir Mac y su contratiempo, el nuevo libro de Enrique Vila-Matas. Por una parte, porque la repetición es tematizada una y otra vez por su narrador y protagonista, un pequeño constructor cuya quiebra permite, por fin, acariciar el sueño postergado de "convertirse en escritor"; por otra parte, porque la novela es la reescritura de un libro anterior de su autor, Una casa para siempre (1988); para finalizar, porque la obra revisita algunos de los temas más recurrentes en la obra de Vila-Matas (la atribución falsa; la falsificación; la negación de la escritura como forma de escritura; la imposibilidad de saber de antemano qué se escribirá, y de qué manera; el conflicto entre realidad e impostura).
 
A la repetición de la serie temática le sigue, ineludiblemente, la de las figuras tutelares de su autor (M. Duras, S. Beckett, P. Valéry, M. Fernández, W. Benjamin, S. Kierkegaard, B. Malamud, D. Barnes, M. Schwob, F. Pessoa, W. Gombrowicz, G. Perec), que éste atribuye a Mac repitiendo anécdotas y citas ya empleadas en sus libros; y sin embargo, la repetición (que pareciese así la mera continuidad de un proyecto literario y unos gustos personales) pone de manifiesto la distancia crítica de la que hablaba Hutcheon allí donde Mac es un personaje risible: por un lado, porque sus citas son las del pequeño empresario barcelonés deseoso de fingir unas lecturas más amplias (y sofisticadas) que las que tiene, como si Mac no supiera (y no sabe: su eficacia como personaje radica precisamente en el hecho de que el lector nunca olvida su condición de constructor fracasado) qué hacer con esas citas, excepto formularlas; por otro, porque sus gustos en materia de literatura contemporánea son pueriles, simple concesión a los nombres más valorados en suplementos culturales y concejalías de cultura.
 
A diferencia de la mayor parte de los principiantes, Mac sabe que lo es (en uno de los pasajes más logrados del libro, habla de "la alegría del que se sabe inédito y está celebrando el arranque de un diario de aprendizaje"); como todos ellos, tiene una relación enfermiza con ciertos textos (en su caso, con unos horóscopos de periódico que atribuye a cierta mujer que conoció en el pasado y cree que sólo están dirigidos a él). La nueva novela de Enrique Vila-Matas resulta fascinante allí donde su autor demuestra su muy conocido talento para la paradoja ("escribir es dejar de ser escritor"; "quizás en lo del reloj no haya repetición, me digo, sino una misma hora cayendo a todas horas"; "Soteras me preguntó si había oído hablar de los que veían una película dos veces, pero la segunda no la entendían"; "sólo importa la obra, pero finalmente la obra no está ahí más que para conducir a la búsqueda de la obra"), pero también donde se niega a sí misma. Al final hay aventura y algo parecido a un conocimiento adquirido; al final, también, se pone de manifiesto que este libro sobre la repetición (su personaje lo hace con "Walter y su contratiempo", el libro de cuentos de un vecino escritor al que admira) es una negación de la posibilidad de repetir, previa y afortunadamente formulada por cierto poeta simbolista llamado Pierre Menard, del que sabemos muy poco y, al mismo tiempo, lo sabemos todo ya, y 'repetida' por Enrique Vila-Matas en este libro.
 
 
Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Barcelona: Seix Barral, 2017

[Publicado el 22/3/2017 a las 12:15]

[Etiquetas: Enrique Vila-Matas, Novela, Seix Barral]

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A Hard Rain’s A-Gonna Fall / Donald Trump, 1935

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I
 
Anticipándose a los acaloramientos que tendrían lugar en los meses siguientes, el 16 de junio de 2016 la temperatura en Nueva York alcanzó unos infrecuentes 26 grados: ese día Donald Trump anunció allí su precandidatura a la presidencia de los Estados Unidos con un discurso tan extemporáneo en relación a las formas y los modos de la política norteamericana de las últimas décadas que, a partir de ese momento, y a pesar de que su precandidatura parecía por entonces una broma irresponsable más que una realidad tangible, la prensa estadounidense (y no sólo ella) se lanzó de lleno a analizar la figura de Trump, su trayectoria y sus motivaciones, visibles y ocultas.
 
Muchos de esos análisis se centraron en la ‘otredad' de Trump (en consonancia con unas encuestas que anticipaban su derrota a manos de Hillary Clinton), pero a más tardar el 8 de noviembre resultó evidente que el empresario no era ni es un ‘outsider' y que sus ideas son las de una parte importante del electorado norteamericano. Desde ese momento, los esfuerzos por ‘comprender a Trump' cambiaron de sentido, orientándose hacia la búsqueda de antecedentes históricos que explicasen lo inexplicable: la divergencia abrumadora entre la visión esencialmente moral que los estadounidenses tienen de sí mismos como una sociedad igualitaria, democrática y cosmopolita, y su voto.
 
 
II
 
¿Puede la literatura anticiparse a la Historia? Esto es lo que parecen pensar quienes poco después del día de las elecciones agotaron los ejemplares de 1984, la novela distópica de George Orwell. Pero también quienes han creído encontrar una anticipación de Trump en la novela de Sinclair Lewis Eso no puede pasar aquí (1935), cuyo tema es la creación de un Estado fascista en los Estados Unidos.
 
Eso no puede pasar aquí presenta ciertamente unos paralelos desconcertantes con la situación actual: en unos Estados Unidos profundamente afectados por la Crisis de 1929, surge la figura del senador Berzelius Buzz Windrip. Windrip llega a la Convención de su partido (en su caso, el Demócrata) como un 'outsider', pero se impone a los otros precandidatos gracias a sus habilidades sociales ("era un viajero incansable, un orador bullicioso y divertido, un buen adivino sobre las doctrinas políticas que gustarían a la gente, un amante de los apretones de manos", lo describe Lewis) y a una retórica incendiaria cuyos temas principales son la reparación de las supuestas humillaciones históricas a las que se habría sometido a las clases bajas del país, la lucha contra el desempleo y la expulsión de los inmigrantes ("tanto a los judíos como a los espaguetis, a los desgraciados del este de Europa y los chinitos", afirma uno de sus asociados); su programa es el de la restitución de una moralidad estadounidense supuestamente puesta en peligro por la obtención de derechos por parte de las mujeres, la organización sindical de los trabajadores ("esos mafiosos del mercado laboral se están juntando ahora con los líderes comunistas y están decididos a dirigir el país; ¡a decirnos a la gente como yo cómo tenemos que dirigir nuestros negocios", se queja un empresario afín), la reducción de los presupuestos militares y el fin de la esclavitud: es decir, el de hacer a "América grande de nuevo". Al igual que Trump, incluso, Windrip tiene un "satánico secretario", Lee Sarason (un 'proto' Steve Bannon), "cerebro detrás de un éxito" cuya explicación hay que buscar también en el apoyo explícito de los fundamentalistas religiosos a su candidatura y su uso de los nuevos medios de comunicación de masas, con la radio ocupando aquí el lugar que Trump otorga a Twitter en su estrategia de comunicación.
 
Lewis escribió Eso no puede pasar aquí con una visión enormemente lúcida de los regímenes fascistas europeos de su época, pero también como una advertencia acerca de lo que podía suceder en Estados Unidos si en el país se exacerbaban tendencias ya existentes: como pone de manifiesto el apéndice de Amaya Bozal a la edición española del libro, todos los personajes de la novela tienen su correlato en personas reales; en la novela, Windrip gana las elecciones y, a pesar de que (como sostiene un personaje) "eso no podría pasar aquí, en Estados Unidos: somos un país de hombres libres", el antiguo senador se precipita a crear un régimen fascista caracterizado por un recorte drástico de las libertades civiles. (Un nuevo correlato entre la novela y la realidad, si se tiene en cuenta el anuncio esta semana de que Trump eliminará la Agencia de Protección Ambiental, suprimirá el sistema universal de asistencia sanitaria conocido como 'Obamacare', limitará el derecho al aborto y reforzará el poder de ultraconservadores y religiosos.)
 
La creación de milicias irregulares y la persecución de sindicatos y prensa independiente por parte del gobierno son producto en la novela de una visión que también parece ser la de la Administración Trump, la de que "profesores universitarios, periodistas y escritores famosos" (que un personaje define como "los sucios y traicioneros espías judíos que se disfrazan de liberales estadounidenses") han envenenado a una población que "es floja, cobarde, codiciosa y carente del fiero orgullo del guerrero": ante ello, por supuesto, sólo sirve una guerra, y Windrip inicia una contra México, al que acusa de agresiones inexistentes, en un ejercicio prematuro de 'posverdad'.
 
 
III
 
"El poder no necesita excusas", afirma Windrip, pero la frase podría ser un resumen convincente de los primeros meses de Donald Trump como presidente de la nación más poderosa del mundo. Al final, el personaje de Lewis (a quien éste define como un hombre "bastante corriente" cuya única convicción es "la superioridad de cualquier persona que tuviera un millón de dólares") pierde el poder, pero para entonces ya es demasiado tarde para unos Estados Unidos disgregados y en plena guerra civil. No sólo por ello, Eso no puede pasar aquí no es una versión a escala 1:1 de la Administración Trump. Y sin embargo, su advertencia de que "no existe un país en el mundo que se pueda poner más histérico que Estados Unidos" (y que, por consiguiente, y contra la afirmación del título, el fascismo sí podía hacerse con el poder en ese país) resuena poderosamente estos días, poniendo en evidencia las continuidades históricas que explican el ascenso de Trump, las expresiones de intolerancia, racismo, ignorancia y desesperación que recorren la historia estadounidense como su sombra: al fin y al cabo, uno de los textos más descargados recientemente en ese país es Take Your Choice del senador Theodore Gilmore Bilbo, quien propuso la deportación de 12 millones de afroamericanos a cargo del Estado con la finalidad de evitar el "mestizaje" y bloqueó durante décadas cualquier intento de criminalizar los linchamientos a personas de color. Sus escritos forman parte de la historia cultural norteamericana en la misma medida en que lo hace la novela de Sinclair Lewis y en que los ataques verbales contra mujeres, homosexuales, afroamericanos, inmigrantes, actrices y periodistas por parte de Donald Trump reflejan al menos parcialmente las opiniones de muchos estadounidenses. Para ellos, la llegada de Trump a la Casa Blanca es como "la lluvia revitalizadora y bendecida por el Cielo que cae sobre una tierra reseca y sedienta" con la que uno de los líderes religiosos de Eso no puede pasar aquí compara la presidencia de Windrip. Claro que, como observa su autor, el líder religioso "no dijo nada sobre lo que ocurría cuando la lluvia bendecida caía sin parar durante cuatro años", quizás lo que Bob Dylan anunció en una de sus mejores canciones: el 16 de junio de 2016 (por cierto) el pronóstico meteorológico para la ciudad de Nueva York anunciaba tormentas.
 
 
Publicado originalmente en Cultura de El País. Madrid, 18 de marzo de 2017. 

[Publicado el 20/3/2017 a las 11:45]

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«Qui était Borges?» / Jorge Luis Borges, Copi: preguntas sin responder (y 2)

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Nuevamente, se trata de una cuestión política, parcialmente vinculada con las adhesiones y el sesgo profundamente conservador de Borges en esa materia -un sesgo que, sin embargo no ha sido obstáculo para la recuperación de otros autores de inclinaciones políticas similares como las hermanas Silvina y Victoria Ocampo y Eduardo Mallea, quienes, al igual que Borges, eran publicados regularmente, en una muestra de conformidad y apoyo mutuo, en Pájaro de Fuego, la publicación cultural ligada al Ministerio de Cultura de la última dictadura argentina-, pero que tiene en sí el germen de una imposibilidad y de un malentendido: la imposibilidad es la de eludir efectivamente una figura que, como la de Borges, parece de a ratos más grande y más relevante que la literatura nacional en la que se inscribe; el malentendido -que ratifica mi convicción de que el «problema Borges» no ha terminado- es el que consiste en la convicción errónea de que lo nuevo en la literatura argentina sería un realismo mayormente rural que permea muchos, realmente muchos libros recientes: como si el famoso apotegma de Piglia según el cual Borges es «el último escritor del siglo XIX» hubiese sido tomado en serio por los autores argentinos contemporáneos, el supuesto autor decimonónico parece ser visto como una antigualla, parte constitutiva de un canon literario que, tras las incorporaciones en la década de 1990 de las figuras de Copi, Néstor Perlongher y Osvaldo Lamborghini, ya no fuese necesario revisar.
 
 
3
 
Volvamos a L'Internationale argentine. En ella, el «robo» de la candidatura de Copi es acompañada por el plagio de uno de sus poemas, que el novio de Raúla Borges lee como propio en su primera comparecencia ante la prensa; termina de esa forma una aventura política entre cuyas promesas se cuentan la entrega a cada familia argentina de un maniquí de Copi para que «vayan acostumbrándose a verlo siempre en un rincón de sus casas [...] como a alguien de la familia», la nacionalización de las panaderías y la consigna de «pan gratuito para todo el mundo», la creación de «un paraíso ateo» sin «cámaras, ni ministerios, ni organismos del Estado», un ejército que será alquilado «a los países vecinos para que hagan las guerras que siempre han soñado», guardando el país «una porción del territorio conquistado», la explotación del petróleo patagónico, que «se reservará sólo a los indígenas», etcétera. L'Internationale argentine participa de la serie compuesta por el proyecto presidencial de Macedonio Fernández y el plan para tomar el poder en Los siete locos y Los lanzallamas, de Roberto Arlt, el primero de los cuales consiste en la exposición del proyecto de El Astrólogo de «construir una ficción que actúe y produzca efectos en la realidad», como sostiene Piglia. En esa serie, la novela de Copi parece ocupar el sitio que dejó vacante el abandono de «El hombre que será presidente», la novela acerca de la campaña presidencial de Macedonio Fernández que -y aquí regresamos a Borges, si es que en algún momento nos hemos alejado- éste y otros amigos de Macedonio comenzaron a escribir en 1927, y su argumento parece glosar el de aquella novela tal como lo recordaba Borges en 1960: «En la obra se entretejían dos argumentos: uno visible, las curiosas gestiones de Macedonio para ser presidente de la República; otro, secreto, la conspiración urdida por una secta de millonarios neurasténicos y tal vez locos, por lograr el mismo fin. Estos resuelven socavar y minar la resistencia de la gente mediante una serie gradual de invenciones incómodas» que, en la campaña presidencial efectivamente emprendida con gran ironía por Macedonio en 1920, tenían por finalidad, según César Fernandez Moreno, «crear un verdadero malestar general, para suscitar la necesaria venida de un gran caudillo que lo conjurara, o sea el propio Macedonio. Medidas concretas propuestas por él en ese sentido eran: repartir peines de doble filo, que lastimaran el cuero cabelludo de quienes los usaran; instalar salivaderas oscilantes, que imposibilitaran acertarles; solapas desmontables, que se quedaran en las manos del contendor cuando, en el calor de la discusión, se tomara de ellas para convencer al contrario; escaleras desparejas, donde las dificultades para calcular el ascenso o descenso de cada escalón agotaran a quienes pretendieran subirlas o bajarlas».
 
 
4
 
A treinta años de su muerte, la omisión de la obra de Borges en el repertorio de la literatura argentina contemporánea parece constituir una de esas incomodidades voluntarias e inútiles creadas por Macedonio Fernández. Si la certeza de Alan Pauls de que la obra de Borges sigue siendo «de una exigencia que sobrepasa las que pueden proporcionar el mercado o los medios», la imposibilidad de resolver el «problema Borges» por parte de los escritores argentinos más recientes tal vez ponga de manifiesto su dependencia absoluta a estos dos extremos a la hora de conformar su juicio crítico; si la omisión deliberada de Borges «normaliza» la literatura argentina, equiparándola a las otras literaturas de la región -todas las cuales, y esta es su principal carencia, no tuvieron un Jorge Luis Borges-, esa misma omisión la desacredita; digámoslo así: sin Borges, la literatura argentina no vale mucho, casi nada. Es, además, una literatura cuya negación del pasado supone una reducción considerable de las posibilidades futuras, ya que, como sostiene Pauls, «cualquier idea sobre la literatura que conciba o practique un escritor argentino se mueve en un campo de problemas, disyuntivas y enigmas que la literatura de Borges delimitó, organizó y a su manera "solucionó" [...] Somos borgeanos porque cualquier decisión que tomemos, por anómala o salvaje que sea, ya está inscripta de algún modo -como problema, como excentricidad demente, incluso como pesadilla- en el horizonte que Borges trazó».
 
En su ensayo «¿Qué es un clásico?», el premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee da cuenta de los casos de T.S. Eliot, quien fue considerado uno prácticamente desde sus comienzos, y de J.S. Bach, cuya obra fue ridiculizada tras su muerte y sólo recuperada décadas más tarde. ¿Es Borges nuestro nuevo Bach?, podría uno preguntarse. No exactamente. Si, según Coetzee, «el clásico es el resultado de una construcción histórica constituida [...] por fuerzas históricas definidas y dentro de un contexto histórico determinado», su carácter es también ahistórico; en palabras del autor, «el clásico es aquel que supera los límites del tiempo, que retiene un significado para las épocas venideras, que "vive"». Rodolfo Fogwill afirmó en 1983, de forma contundente, que «no hay política cultural posible en la Argentina que no comience por desmitificar la figura venerable de[l] Maestro [Borges], aunque sólo sea para poner a funcionar en la producción de cultura lo que se pudo haber aprendido de él». Para Coetzee el clásico es «aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay generaciones de personas que no pueden permitirse ignorarlo»; su paradoja, la de que su interrogación, «por hostil que sea, forma parte de la historia del clásico, porque mientras un clásico necesite ser protegido del ataque no podrá probar que es un clásico». La recusación de Borges, su obliteración en la literatura argentina contemporánea, el intento de escribir «contra» o «como si Borges no hubiera existido nunca» no pertenecen tanto, en ese sentido, a la historia de la literatura argentina como a la de Borges, a su singular vida póstuma, en la que el autor de El informe de Brodie no sólo sigue vivo, sino también dando batalla.
 
 
5
 
Pero yo no pensaba en ello en Angoulême, donde mis motivaciones eran otras, y mi objeto de estudio, muy distinto; de hecho, uno de los escritores utilizados para echar por tierra la hegemonía inevitablemente asfixiante del autor de Ficciones. Al tropezar con la tira, con la frase «Qui était Borges?» -más todavía, al comprender que había una genealogía posible, una forma de atravesar la literatura argentina del siglo XX para producir un recorte que fuese contra las convenciones y estuviese al margen de las luchas por el poder literario, en una línea que vinculase a Roberto Arlt, Macedonio Fernández, Borges, Copi y Piglia-, creí vislumbrar la inevitabilidad de hacer frente al problema; por mi parte, yo nunca había querido prescindir de los derechos y las obligaciones que devienen de escribir después de Borges, pero sólo en ese momento pensé que hacerlo era, también, contravenir un estado nacional de la literatura, en el que la obra de Borges no está siendo utilizada, ni para producir una literatura que, como afirmó Fogwill, ponga en juego lo que se «pudo haber aprendido de él», ni para responder a la pregunta de quién fue Borges y qué hacemos con él. Se trata, creo, de una pregunta importante y que merece ser respondida: también, y por consiguiente, de la única pregunta que es mejor que no sea respondida nunca, entre otras cosas, al menos de forma completa, para que esa literatura siga viva y la obra de Borges continúe produciendo efectos. En Angoulême descubrí que Copi no había podido terminar su tira, y ahora creo que, en su inconclusión, la tira es mejor y más poderosa, porque adquiere el carácter de una pregunta abierta y formulada al futuro; es decir, al presente: ¿Qué hacer con Borges? Es decir, ¿qué hacer con Borges que no sea ignorarlo, fingir que nunca existió, que su obra es un borrón o que las páginas de sus libros están en blanco? Quizás los fastos del trigésimo aniversario de su muerte sirvan para responder a esta pregunta, pero, al margen de ello, me parece evidente que de la respuesta que se le dé depende la exigencia y la necesidad de una literatura argentina de relevancia o su estancamiento en la irrelevancia, la modestia, los tonos menores, intimistas, a menudo recurrentes en el costumbrismo, que caracteriza a la literatura argentina en nuestros días.
 
 
[Publicado originalmente en Turia (120), noviembre de 2016.] 

[Publicado el 16/3/2017 a las 13:00]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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