La enfermedad como texto literario

[Publicado el 24/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Anatole Broyard, Ensayo, La Uña Rota]
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[Publicado el 22/5/2013 a las 12:45]
[Etiquetas: Gilbert K. Chesterton, Ensayo, Acantilado]
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Crédito de la imagen, Matías Sarlo.
[Publicado el 20/5/2013 a las 09:30]
[Etiquetas: Miscelánea]
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Acerca de "el cielo por asalto" (cita)

La portada de la edición alemana de "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (Rowohlt, 2013).
La frase "el cielo por asalto" es la más hermosa que escribió Karl Marx. "Estos parisienses que toman el cielo por asalto." No es parte de El capital. Ni de los Gründrisse. Ni del Manifiesto. No podría serlo: surge, como una estrella jubilosa y única, de un hecho posterior a la redacción de esas obras maestras. No pertenece a un libro. Está en una carta que le escribió a su amigo Kugelman, desde Londres, el 12 de abril de 1871. Apesta para el paladar de los anticomunistas. Es una frase subversiva. Tomar el cielo por asalto es apoderarse del poder de la sociedad burguesa, es ponerlo en manos del proletariado y, desde ahí, partir en busca de una sociedad más justa, sin desigualdades. Como la esencia del capitalismo es la desigualdad, tomar el cielo por asalto es quebrar su lógica y trastrocarla por otra que proponga la igualdad entre los hombres. La política, la jurídica y la económica. "El cielo" es la sociedad capitalista porque ésta siempre se ha postulado como "lo mejor". O lo "menos malo". O, de todos los mundos posibles, como postulaba Leibniz y lo burlaba Voltaire, el mejor de todos, el que Dios nos ha cedido generosamente luego de haber analizado a los otros y descubrir que éste, el nuestro, es el superior y entregárnoslo. Tomar "el cielo por asalto" es adueñarse de él. Hacerlo propio. Ahora, el cielo es nuestro. De quienes hemos vivido casi en el infierno o, sin más, en él. Se nos hacía difícil pensar que esto podía ocurrir. Siempre nos parecieron demasiado poderosos los dueños del cielo. Siempre nos enseñaron que era de ellos, que les pertenecía por derecho divino o por linaje histórico o por tener las armas necesarias para defenderlo de cualquiera que se lo quisiera arrebatar. De esta forma, hemos aprendido las reglas del cielo. El cielo no se toca. El cielo tiene dueño. Cualquier intento de cuestionar el orden que reina en el cielo será castigado severamente, con la vida a veces. Prohibido escupir en el cielo. Robar es escupir en el cielo. Negarse a cumplir las órdenes de las autoridades constituidas es escupir en el cielo. No trabajar es escupir en el cielo. Quejarse por el salario recibido es escupir en el cielo. Matar -sobre todo a un miembro de la clase poseedora, de la clase superior- es escupir en el cielo. Desobedecer cualquier orden de un policía es escupir en el cielo, ya que en todo policía se encarna el orden celeste. [...] Los dueños del cielo serán siempre los mismos. O sus socios, o sus familiares o sus descendientes. Hombres de sana ambición y laboriosidad pueden llegar a compartir algo del cielo con sus dueños, siempre que éstos lo encuentren beneficioso para los intereses del cielo, que son los de todos, los de la patria. Pero propiedad de los poseedores del cielo. El cielo tiene propietarios. Cada vez hay menos propietarios y más no propietarios. Esta desigualdad es propia del cielo. Al ser el derecho de la propiedad el elemento esencial del cielo no todos pueden ser iguales en él. Algunos tendrán muchas propiedades, otros tendrán menos y la enorme mayoría no las tendrá. O tendrá sólo las necesarias para su subsistencia, sin la cual no podrían trabajar para los poseedores del cielo. Se ha comprobado que los muertos no trabajan. El cielo tiene creencias en las que todos deben creer, leyes que todos deben cumplir y una jerarquía que nadie debe alterar. Todo ser humano puede ser feliz en el cielo. Sólo tiene que aceptar el lugar que en él le ha tocado. Algunos, como se ha visto, pueden modificarlo. Sólo algunos. Cuando son muchos los que quieren modificar el orden del cielo, sus naturales poseedores consideran esa acción como la más perniciosa para el cielo, pues quiere subvertir el orden que en él reina. Reaccionarán con extrema violencia. Porque subvertir el orden que reina en el cielo es la acción más destructiva que pueda emprenderse contra él. Quienes lo hagan morirán o serán sometidos a terribles castigos de los que tal vez no salgan con vida. Es decir, también morirán. Subvertir el orden del cielo, pretender apoderarse de él, asaltarlo por medio de la fuerza y las ideas perniciosas, es pretender matarlo. ¿Qué otra cosa sino la muerte merecen quienes perpetren semejante agravio? Se prohíbe asaltar el cielo. Está terminantemente prohibido tomar el cielo por asalto.[...]El 25 de mayo de 1973 se estuvo demasiado cerca de asaltar el cielo. O se lo asaltó como nunca antes se lo había hecho ni se volvería a hacer. Eso lo hizo la izquierda peronista. Eso lo hizo toda la gente que fue a esa plaza porque estaba harta de gobiernos de garcas y militares o de gobiernos civiles cómplices o débiles y complacientes. Nunca se vio en los balcones de la Rosada a un hombre como Salvador Allende. Que eso lo hizo la izquierda peronista significa que eso no lo hizo Perón. Tampoco jóvenes idiotas que creían ciegamente en él. Tampoco jóvenes que no sabían qué era el peronismo. Ellos eran el peronismo. Ellos fueron la cara más combativa del peronismo. Fue la interpretación que una década de rebeldías, que valoraba la violencia en la lucha política como algo normal, dio de un fenómeno del pasado: el peronismo. ¿Qué importa lo que pensara Perón? ¿Era Perón el dueño del peronismo? [...] Los grandes protagonistas fueron los hijos de la clase media antiperonista que se rebelaron contra sus padres, contra todo lo que les habían dicho desde que vinieron al mundo. Que se rebelaron porque los jóvenes son así: no obedecen a los padres. Salvo los que los heredan en la conducción de sus empresas. En fin, ésos. Pero la Jotapé [Juventud Peronista] era una multitud incalculable de jóvenes y no tan jóvenes que, como la Comuna, quiso tomar el cielo por asalto. Y asustó al poder como nadie en la Argentina. ¿Qué le fue mal? ¿Y a quién no le fue mal? ¿Cómo piensan que le fue a la Comuna? [...]
[Publicado el 17/5/2013 a las 12:15]
[Etiquetas: José Pablo Feinmann, Cita]
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(Muy poco) sagrada concepción de la autora: Una página de "Virus tropical".
[Publicado el 15/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Powerpaola, Reservoir Books, Cómic]
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No todos los que juegan a la rayuela acaban llegando al cielo: Una instalación de Agustina Woodgate. Crédito, de la autora.
[Publicado el 13/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Preguntas, Julio Cortázar]
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Una tristísima comedia de enredos

[...] menos "modernos" de lo que fueron algún día. Sus técnicas han sido asimiladas durante generaciones. Sus idiosincrasias pueden no haber perdido su interés, pero tampoco sobresaltan ya. Sus placeres y el ardor que provocaban, aunque en absoluto aburridos, se despliegan no obstante en referencias psicológicas que son ampliamente reconocibles. Lo que solía ser una revelación [...] es reducido a reflejo. Actualmente uno lee a esos maestros con satisfacción -ya han sido digeridos- pero sin la furia de la temprana avaricia (99-100, mi traducción).
[Publicado el 10/5/2013 a las 12:15]
[Etiquetas: Cynthia Ozick, Novela, Ensayo, Lumen, Jonathan Cape]
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Más allá de una engañosa fachada

Una de las páginas de "99 ejercicios de estilo"; esta vez, a la manera del cómic underground. Crédito, del autor.
[Publicado el 08/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Matt Madden, Cómic, Sins Entido]
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El intercambio con Rafael Gumucio

Fotografías, Lisbeth Salas y Fernando Villalobos.
Querido primo.
Cuando te anunciamos con Matias Rivas que te habías convertido en nuestro primo creo que no asimilaste la seriedad de la tarea. Matias y yo pertenecemos a una sociedad tribal (de la que viene Giselle) donde los únicos lazos que valen son los de sangre. Todo el resto, amistad, compañerismo, vanguardia, escuela, partido, vive entredicho. Aquí se es o no del clan. Te nombramos como parte de él lo que significa una vigilancia y preocupación extrema sobre cada paso que estás dando o dejando de dar. Quizás no los ves pero una cantidad apreciable de espías e informantes nos mantienen al tanto del más mínimo café con leche o cambio de sintaxis. Aceptamos, graciosamente, que hagas lo mismo en nuestro caso.
No te sorprendas entonces que suspire por twitter, mail, Facebook, preguntando ¿Dónde está Pron? Pregunta retórica porque los espías me lo dicen siempre, pero muestra de cariño innecesario que nunca está de más. Toda esta introducción de alguna forma responde a tu pregunta. Constantino Bértolo, mi primero (en todos los sentidos de la palabra) editor en España me miró con sorna cuando le pregunte por la literatura en España. "Eso del margen y la periferia esta jodido ahora. El margen es la periferia y la periferia es el margen." Hasta que no conocí mejor España y su literatura (y conste que tengo una afición rayana en la locura por ambos), no comprendí la sentencia de Bértolo. Madrid es comparado a Buenos Aires o Cuidad de México una cuidad de provincia. Para bien o para mal la literatura española de 1770 en adelante es como la literatura chilena (exceptuando su poesía) una literatura marginal. Quizás por eso escritores que junta además el doblemente margen de ser vascos, gallegos, o catalanes sin ser nacionalistas sean los que más gozo y he gozado. Voces raras como Pla, Cunqueiro, Baroja, Valle Inclán, Marsé, Gil de Biedma. Esa es la literatura central en España, la periférica que no cobra subvenciones por serlo.
Somos parte tú y yo del final de una época, esa época loca en que Madrid y Barcelona decidían que valía la pena en literatura mucho más vivas, actuales o simplemente refinada que la suya. Perdido en la inmensidad mestiza los españoles -con la excepción de Ignacio Echevarria y María Dolores Pradera-están condenados a no entender nada de Latinoamérica, justamente porque gozan la ilusión de entenderla. Borges no decía una tontera cuando observaba que lo único que nos separa de España es el idioma. El castellano en que tú y yo escribimos no es nunca ni motivo de orgullo ni de vergüenza, como suele serlo para el escritor español. Las palabras no nos hacen gozar, ni creemos que en ella reside ninguna esencia esencial. Escribimos en castellano porque es la lengua que nos toca. Si los italianos, judíos, ingleses, franceses de los que muchos descendemos se hubieran bajado en otro puerto hablarían inglés o portugués. Los mapuches, aztecas, mayas o guaranís que también nos habitan hablan, aunque no sepamos su idioma a través de la distancia o el desapego hacia lo AZUL de la palabra azul.
España, una literatura periférica no estaba llamada a cumplir el rol de ser capital de nada. Esto produjo monstruosidades como los premios Planeta, Alfaguara y primavera otoño y verano, un cúmulo de novelas colombianas o hondureños donde la gente va de "guapo por la vida" y toma ginebra (se coló en una novela mía) o va hoteles desangelados (este error lo cometí yo también). Eso produjo el crack, y las novelas de narcotráfico de Pérez Reverte, pero eso también permitió a Bolaño que supo justamente hacer de esa ignorancia mutua, de esa mistificación -la Latinoamérica para catalanes- el sustento de una obra que tenía justamente la gracia de hablar de la provincia más grande del mundo la de los desterrados, los aterrados, los trasplantados, los viajeros, los perdidos.
Querido Gumucio,
Ese desinterés (por supuesto) tan sólo aumenta cuando los abnegados y pacientes lectores que aún quedan en este país acceden a lo que se les vende como literatura hispanohablante sólo para descubrir que sus autores se dividen apenas en un puñado de categorías: a) los jóvenes serios para los cuales el único tema posible es el MAL ABSOLUTO (¡Oh! ¡El asesino era el humidificador oficial de estampillas en Auschwitz!), b) los escritores de novelitas policiacas que aspiran a ganar premios, c) los que creen que las teleseries son la nueva literatura (lo que equivale a decir que el filete de ternera es el nuevo consomé de verduras), d) los ancianos que quieren escribir como jóvenes, e) los jóvenes que quieren escribir como ancianos, f) los que no saben quién fue Thomas Bernhard, g) los que, por no saber, no saben ni siquiera quién fue Jorge Luis Borges (que es el que nos parió a todos), h) los que escriben novelas sobre la crisis o los personajes de la alta política con la profundidad de un artículo del Reader Digest's, i) las mujeres cuyo único mérito literario es ser mujeres, j) los homosexuales cuyo único mérito literario es ser homosexuales, k) los hombres cuyo único mérito literario es ser hombres, l) los que son alcohólicos y duermen dentro del coche, donde siguen escribiendo su gran novela, m) los que sólo escriben para que el ayuntamiento de su ciudad les encargue un taller, n) los que en esos talleres pretenden enseñar a hacer bien lo que ellos hacen mal, o) los que creen que saben sobre literatura porque hojean los suplementos dominicales, p) los que firman con su nombre, q) los que no firman con su nombre, r) los que hacen tráileres de libros, s) los que creen que están "en la estela de Cervantes, Borges y Nabokov" (frase ridícula del año 2010), t) los que presumen de independencia trabajando para el Instituto Cervantes, u) los que presumen de apoyar a las editoriales pequeñas después de que su novela ha sido rechazada en seis grandes, etcétera.
En este contexto, lo malo no es que (como todo parece indicar) la literatura en España esté desapareciendo; lo malo es que no haya desaparecido ya hace mucho tiempo, ahorrándonos estos esperpentos.
Dicho esto, sin embargo, no me parece que el panorama latinoamericano sea mucho mejor, exceptuando las honrosas excepciones que, como todas las excepciones, etcétera. Desde luego que se escribe buena literatura dondequiera que estén Alejandro Zambra y Marcelo Mellado (así como en sitios como Coahuila, algunos barrios porteños y el inconmensurable barrio santiaguino de Providencia, en las afueras de Barcelona y en decenas de otros sitios semejantes, todos los cuales son el centro de su propia periferia), pero me da la impresión de que la mayor parte de esa literatura (con las excepciones mencionadas, que etcétera) está presidida por las aspiraciones de sus autores de ganar dinero, obtener algo parecido a la "fama" o recibir un guiño cómplice de (otro) editor español dispuesto a inventar escritores latinoamericanos ("Quién sabe, quizás éste sea el próximo Bolaño", como si fuese a haber otro Bolaño).
Que la literatura constituya un medio y no un fin para buena parte de los autores que conozco a ambas orillas del Atlántico constituye (en mi opinión) uno de los argumentos más sólidos (posiblemente el único) para postular la existencia de eso que llaman "literatura hispanoamericana", pero me pregunto si esta impresión mía no es el resultado de la formación que recibí y que cuento en El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. A sabiendas (gracias a Memorias prematuras) de que tu formación es muy semejante (aunque las diferencias entre nosotros son también evidentes: tus padres se exiliaron, los míos no; mis padres permanecen juntos, no así los tuyos; tus padres eran militantes cristianos, mis padres odiaban a los cristianos, etcétera), me gustaría preguntarte si no piensas que la politización de la educación que recibimos es el origen de nuestro descontento con lo que se produce a nuestro alrededor, así como la razón por la que escribimos nuestros propios libros (que son lo que son a pesar de que durante años se nos quiso hacer creer que la novela latinoamericana debía transcurrir en un suburbio rico de Miami o que su personaje debía ser el ya famoso humidificador de sellos, en este caso el del dictador paraguayo Alfredo Stroessner).
Va un abrazo (primo),
Postdata: Finalmente he resuelto el problema con Giselle cambiándole el descorazonador por un humidificador de ambiente; por supuesto, no tengo ni idea de qué cosa es un humidificador de ambientes: Giselle lo ha hecho funcionar anoche y lo que suelta es humo en lugar de humedad. El gato ha decidido irse a dormir a la sala de estar para evitar la intoxicación respiratoria y yo me temo que lo seguiré en breve. Te mantendré al tanto.
Me gustó eso de la literatura, me sigue gustando, que impone sus reglas, que se parecen mucho a las del poder, la política, la economía o el sexo, pero que no son exactamente las mismas. Ese pequeño descalze es lo que me salvó la vida cuando justamente fallo en mi vida el sexo, la política, la economía. Un metro, o menos, más allá o más acá de esa derrota pude ver todo eso, mis padres, la crueldad de la gente buena, el exilio, el miedo, mi miedo, el de ellos, unidos en una sola gran península de la que me tocaba dibujar el mapa para que nadie más se perdiera después, o para que lo hicieran con conocimiento de causa.
Los malos escritores son los que renuncia a ese descalze: Los que creen que la literatura es una rama de la economía, de la política, o el sexo, y los creen que no tiene nada que ver con el sexo, la política o la economía. Los escritores que me importan son los que ni aumenta ni niegan el descalze sino que lo usan para ver, para verse, para ver todo: La política como una metáfora del sexo como una metáfora de la economía, todo eso como una metáfora de la literatura y así en redondo hasta el infinito.
Isaac Dinesen, que nunca escribió nada que se pareciese a nadie más, hablaba de su amante cazador de leones (el insoportable Robert Redford en la película ésa) que tenía como lema de arma "Je Respondrait". "Responderé" en normando antiguo. A mí me parece que no hay un lema más aristocrático (en el mejor sentido del término) que ése. La obligación de responder, de no escabullir, de decir aquí estoy. Tu novela tiene eso, es una respuesta obsesiva y muchas veces terrible que nadie más que ese sentido moral de responder te obligaba a dar. Como mi libro, Memorias prematuras (y Guadalupe Nettel y Julián Herbert y Zambra) pertenece a una tendencia o moda que los periodistas culturales pueden identificar fácilmente (memorias personales, universo político visto con los ojos de unos adultos que rememoran su niñez), responde a un llamado pero lo hacen todo a su manera. El problema ahí son los periodistas culturales, especie que habría que mandar a colgar sin miramiento, alimañas culturales que pasaron todo el mes pasado lanzando listas de los imperdibles del año. Notas de diez líneas con adjetivos del tipo "revelador" y "revelación" y muchos libros chinos porque China está reemplazando de a poco a centro Europa (adiós Viena) y un etcétera que resulta ruborizante.
No es sólo una cuestión literaria: entre los jóvenes que manifiestan en las calles de Santiago por una educación digna existe el mismo desprecio por el poder, la misma repugnancia por la parte suya que ensucia. Es el reverso exacto de los chicos de Mcondo y el Crack que amaban el poder y no podían permitirse ninguna ingravidez (aunque escribían libros gravemente enfermo de pedantería, sordera, ceguera y vanidad). Era ciertamente agotadora la idea de que cada generación tenía que colgar la anterior, y que había que reescribir de cero la literatura del continente, pero me resulta mejor todos esos excesos que esas listas de novedades reveladoras y de libros cortos y con mucho espacio en blanco que tímidamente dicen todo o nada. Es extraño esto: mientras los cultos, los lectores habituales, prefieren cada vez más libros cortos con mucho espacio en blanco y letras grandes, los lectores no habituales, los lectores de best seller leen libros cada vez más grueso con letras más pequeña. Ese es quizás un tema para alguien más ilustrado que yo, el ahorro de palabra que se ha convertido en un sinónimo de cultura, el libro sin palabra que se convertirá muy luego en el libro culto por excelencia mientras a los gruesos tomos de seiscientas páginas que analfabetos funcionales leen de una sentada en la micro porque hay magia o el señor amara a la señorita al catre mientras cuenta sus millones.
-Murió ayer -le respondieron al otro lado-. Mañana son los funerales.
[Publicado originalmente en Traviesa. Abril de 2013.]
[Publicado el 06/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Rafael Gumucio, Disidencia]
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[Publicado el 02/5/2013 a las 12:00]
[Etiquetas: Ben Lerner, Teju Cole, Literatura Mondadori, Novela]
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Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Fotografía: Unai Pascual
Ficción
La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

23/5/2013 20:03
Ahora que Feinmann forma parte...
Publicado por: Daniel Alvarez
21/5/2013 21:31
Clave es no caer sino saber...
Publicado por: Lancero de la Casa Nueva
20/5/2013 18:57
¡¡¡¡Vamos, Central!!!! Qué bueno...
Publicado por: Roberto Bravo
15/5/2013 14:22
Publicado por: Juan José Oña
14/5/2013 11:24
Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi
14/5/2013 00:57
se pueden filtrar comentarios en...
Publicado por: a.
14/5/2013 00:04
el blog huele cada vez más a...
Publicado por: a.
13/5/2013 18:36
Estimado "p", a mí los cuentos...
Publicado por: P
13/5/2013 18:03
Yo leí Rayuela también a los 16...
Publicado por: p
13/5/2013 17:45
Más razón que un santo. Vaya...
Publicado por: a.
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