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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 21 de noviembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Había visto el futuro y el futuro apestaba / "Nat Tate" de William Boyd

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"Nathwell (Nat) Tate nació el 7 de marzo de 1928, probablemente en Union Beach, Nueva Jersey. Su madre, Mary (Tager de soltera), le contó que su padre era un pescador de Nantucket que murió ahogado antes de que Nat naciera. Las reiteradas contradicciones y variantes de la historia (Nathwell padre fue, según el día, submarinista, buzo, ingeniero naval o marino mercante caído ‘en una guerra') persuadieron más tarde a su hijo de que era ilegítimo" (24).
 
En algún sentido, Nat Tate estaba en lo cierto y su origen es ilegítimo, aunque no a raíz de las dudas sobre su paternidad sino debido al hecho (que no me parece necesario ocultar al lector) de que su historia es falsa: fue imaginada por el escritor británico William Boyd, quien solicitó (y recibió) la ayuda de dos editores de revistas prestigiosas de arte contemporáneo así como de Gore Vidal y de John Richardson, biógrafo de Pablo Picasso, para llevar a cabo su falsificación en 1998.
 
La "obra" de Nat Tate, el joven pintor obsesionado con el gran poema "El puente" del poeta (y suicida) Hart Crane, a quien Tate imita incluso en sus últimas horas, tiene como antecedentes la broma de los contertulios del Lapin Agile, quienes en 1910 expusieron en el Salón des Indépendants una pintura realizada con la cola por Lolo, el burro del patrón del local, y la creación en 1924 por parte del novelista Paul Jordan-Smith del disumbracionismo [sic]; molesto por las críticas negativas a las naturalezas muertas de su esposa, Jordan-Smith inventó a "Pavel Jerdanowitch", un pintor inexistente que fue muy popular entre los críticos por algún tiempo antes de que el autor confesara los hechos al Los Angeles Times en 1927. (Más recientemente, el periodista sueco Åke Axelsson hizo pasar pinturas realizadas por un chimpancé por la obra de un pintor francés desconocido llamado Pierre Brassau en 1964 y el colectivo italiano Luther Blissett realizó una falsificación similar en 1995, en este caso anunciando la exhibición en la bienal de arte contemporáneo de Venecia de la obra de una chimpancé llamada Loota que había sido liberada de un laboratorio farmacéutico.)
 
Al margen de que Nat Tate haya sido concebido por Boyd como una forma de ridiculizar a la escena artística neoyorquina (como parece haber sido el caso en las situaciones mencionadas anteriormente), el libro de Boyd (magníficamente traducido por Andreu Jaume y con un correcto prólogo de Francisco Calvo Serraller, que, desafortunadamente, desperdicia la oportunidad de jugar el juego que el libro propone) no tiene nada de ridículo: su tema es el misterio de la creación artística y el destino trágico de los artistas cuando estos se ven obligados a seguir unas orientaciones que no surgen de sí mismos sino de su entorno. "Tate", escribe Boyd, "era uno de esos pocos artistas que no necesitan (ni persiguen) la transformación de su pintura en una valiosa mercancía que puede ser comprada y vendida al arbitrio del mercado y sus mercaderes. Había visto el futuro y el futuro apestaba" (88).
 
"¿Por qué se suicidó Nat Tate? ¿Qué lo llevó a sumergirse en la helada confluencia del Hudson y el East River aquel día de enero de 1960?" (87) Nat Tate reúne en sí las virtudes y los defectos que, desde hace tres o cuatro siglos, asociamos con el "genio artístico": una infancia solitaria, cierta timidez, un llamado temprano de la vocación, (quizás) el incesto, el golpe de suerte que lo establece, el entusiasmo por la marginalidad, el carácter distante, el alcoholismo, la fragilidad, un cierto carácter autodestructivo. Que Boyd no vaya más allá de estos lugares comunes a la hora de crear su personaje (que él mismo llama en cierto lugar "estereotipos", 60) es lo unico un libro, por lo demás, absolutamente brillante, el tipo de ficciones que nos resultan (inevitablemente) más reales y necesarias que las cosas y las personas que nos rodean.
 
 
William Boyd
Nat Tate 1928-1960. El enigma de un artista americano
Trad. Andreu Jaume
Pról. Francisco Calvo Serraller
Barcelona: Malpaso, 2014

[Publicado el 21/11/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: William Boyd, Francisco Calvo Serraller, Andreu Jaume, Malpaso, Novela]

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Lleno de peligros / "Enseres domésticos" de Vicente Verdú

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Una de las tareas más relevantes, una de las actividades más importantes de la literatura, y la razón principal por la que vale la pena prestarse a sus juegos (a pesar de las decepciones periódicas, pese a la defección de los autores y a los periódicos anuncios de su decadencia y reemplazo a manos de otros medios, bastante habituales entre los periodistas televisivos y los escritores expulsados de la literatura), es la de que la literatura permite pensar. No pensar sólo acerca de los grandes temas de la historia y la condición humana (por lo demás, tan habituales entre los escritores cursis, los autores de novela histórica y los que viven de los dineros públicos), sino también acerca de los más pequeños; o, mejor dicho, acerca de cómo los grandes temas permean completamente los supuestamente más pequeños, que (en ese sentido) son exactamente iguales a los más grandes.
 
La literatura es una forma de pensamiento, y muy pocos piensan en España tan bien (es decir, hace tan buena literatura) como Vicente Verdú. A lo largo de las últimas décadas, Verdú ha ido construyendo una obra ensayística difícil de clasificar por la diversidad de sus temas, pero también por la forma en que los ha abordado: Verdú piensa muchas cosas (el capitalismo, el estilo, los matrimonios, las vecindades que establecemos con quienes nos rodean, las convenciones sociales, el periodismo, la decadencia física) pero lo hace con una rara coherencia; también, con una profundidad y una sagacidad inusuales en un país cuyos filósofos (incluso los más celebrados) no se elevan más allá de las alturas bastante bajas de la autoayuda, incluso de la autoayuda política y ética. A este mérito inusual se le suma otro, y es su sentido del humor, que lo distingue en un escenario de pensadores monótona, patéticamente serios, eleven la vista al cielo cuando hablan o la arrastren por un suelo, que (en mi opinión) es el sitio que corresponde al filósofo y el único al que debería aspirar.
 
Enseres domésticos es otra muestra del talento de su autor para ir contra la corriente de una filosofía que (como la mencionada más arriba) no puede interpelar a sus lectores porque ya no tiene nada que decir o no sabe cómo hacerlo. Aquí, Verdú disecciona cincuenta y cinco prácticas y objetos con los que compartimos una vida en el hogar que algunos creen "dulce" pero que (y Verdú lo muestra magníficamente) en realidad está lleno de peligros: de los que derivan de la convivencia con objetos punzantes o cargados de electricidad (la maquinilla de afeitar, la tostadora), de las múltiples circunstancias en que estos se pueden perder (las llaves), desaparecer (los calcetines, de a pares pero más a menudo de forma individual), romperse (espejos, el teléfono, floreros), provocar enfermedades (las moscas, el polvo), crear problemas (las mascotas, los vecinos) o producir extraños olores (nuevamente: las mascotas, los vecinos), pero sobre todo, del peligro de que no pensemos en los objetos que nos rodean, que constituyen una segunda manifestación de nuestra identidad, una "segunda piel" (por decirlo así) que ni es particularmente doméstica (en el sentido de domesticada) ni muy privada.
 
Enseres domésticos es un libro magnífico que propone una experiencia singular, semejante a la de dejar entrar a un desconocido a la casa de uno para que éste la analice y nos analice, la describa y nos describa. El libro retrata una condición que todos compartimos: la de creernos dueños de unos objetos que en realidad nos poseen a nosotros, determinan nuestros actos, nos definen, son nuestra intimidad, así que vale la pena pensar también (y sobre todo) en ellos. Vicente Verdú lo hace espléndidamente.
 
 
Vicente Verdú
Enseres domésticos. Amores, pavores, sujetos y objetos encerrados en casa
Barcelona: Anagrama, 2014

[Publicado el 18/11/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Vicente Verdú, Ensayo, Anagrama]

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La nueva normalidad / Nosotros caminamos en sueños 16

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No es lo peor que puede sucedernos.

Aproximadamente desde su creación, ciertas tecnologías han visto acompañado su paseo triunfal por nuestras instituciones por las voces de quienes celebraron sus posibilidades al tiempo que denunciaban sus riesgos. Por lo demás, si hay alguien que nunca ha pensado en estos últimos, ésa es @oliviataters, una joven que dice ser la más madura de su círculo de amigos, comenta los filmes que ha visto y es particularmente expresiva cuando muere alguna celebridad, por ejemplo Robin Williams. Claro que Olivia Taters no existe: es un generador automatizado de textos creado por el escritor Rob Dubbin, aunque para muchos adolescentes que interactúan con ella es "real", incluso (o precisamente) por decir cosas como "Nada es mejor que el amor" o "Conócete a ti mismo". Su estupidez, por supuesto, es para algunos la manifestación irrefutable de que es humana y la razón de su popularidad.
 
Buena parte de la literatura y del arte del siglo XX han tenido como objeto alertarnos acerca de los peligros inherentes a crear algo más inteligente que nosotros. El "golem" informático que se emancipa de su creador, la nave espacial que decide eliminar a sus tripulantes, el robot que se reproduce no son escenarios posibles, sino advertencias acerca de esos peligros. Pero ninguno de ellos nos ha preparado para el riesgo quizás mayor de que los ordenadores no se impongan a nosotros por su inteligencia sino por su estupidez. ¿Necesitamos uno que las reproduzca? No, pero el servicio prestado por Olivia Taters es el de alertar acerca de las posibilidades prácticamente ilimitadas de la manipulación en una época en la que los intercambios con personas "reales" empiezan a ocupar un lugar menos relevante en nuestras vidas que el que supuestamente se produce en las redes sociales. Un ángel exterminador en forma de robot asesino no es lo peor que puede sucedernos en comparación con esta nueva normalidad.
 
 
[Publicado originalmente en El País Semanal, 21 de octubre de 2014]

[Publicado el 13/11/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Literatura del absurdo / Nosotros caminamos en sueños 15

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Aunque no seamos acróbatas, apoyemos a las bibliotecas. Crédito de la imagen, desconocido.

No recuerdo una época de mi vida en la que no haya estado yendo a bibliotecas: sin ellas no podría haber leído lo que he leído y, en consecuencia, tampoco haber escrito lo que he escrito. A muchos otros escritores les sucede lo mismo: entre los que conozco, la regulación del pago de una reparación para los autores por el préstamo de sus obras en las bibliotecas públicas españolas (de la que se hizo eco este periódico hace algunos días) sólo ha generado rechazo debido a que resulta evidente que al implementar el canon las bibliotecas públicas verán reducidos los ya de por sí exiguos presupuestos que se les otorgan para la adquisición de nuevas obras y la preservación de sus fondos. A mediano plazo el resultado de este canon será la pérdida de una oportunidad: en barrios pobres, como el barrio del que yo vengo, las bibliotecas son uno de los pocos sitios donde alguien puede leer un libro, con el consiguiente beneficio para esa persona y, por supuesto, también para el autor de la obra, que (en mi opinión) no debería exigir ninguna reparación por el hecho de que sus libros sean leídos.
 
A menudo se habla de la literatura como patrimonio común y de la necesidad de que éste sea accesible de forma gratuita en la Red, pero no hay nada gratuito en internet, cuyo uso supone simplemente un desplazamiento del derecho de explotación de los productos culturales de manos de sus productores a las de las compañías telefónicas. La única gratuidad que conozco en relación a la literatura es la que ofrecen las bibliotecas públicas: obligarlas a pagar un canon significa perder otro derecho, alentar la piratería, entorpecer un acceso a los libros dificultado de por sí por una industria editorial a menudo carente de orientación. El "canon" sólo puede generar rechazo, no sólo entre quienes tenemos una deuda con las bibliotecas, sino también (y en especial) entre aquellos que piensan que la política no es necesariamente un subgénero de la literatura del absurdo.
 
 
[Publicado originalmente en El País Semanal, 30 de septiembre de 2014]

[Publicado el 11/11/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Editores / Nosotros caminamos en sueños 14

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El editor Jaume Vallcorba (1949-2014). Fotografía de Pere Tordera.

¿Qué define a un "buen" editor? La respuesta no es simple, pero, si existe, está en la trayectoria de Klaus Wagenbach, quien en 1964 fundó la empresa que lleva su nombre y es reconocida como una de las editoriales independientes más importantes de Europa. A lo largo de su vida como editor, Wagenbach ha tenido que hacer frente al acoso policial, la colectivización frustrada de su empresa, la prohibición de la difusión de sus libros en la así llamada República Democrática de Alemania, decenas de procesos judiciales y nueve meses de cárcel en suspenso, así como a la fragilidad inherente a todo proyecto editorial que antepone la necesidad de enriquecer la discusión acerca del modo en que vivimos a la de rendimientos económicos inmediatos.
 
En sus palabras, Wagenbach Verlag es una editorial "independiente que hace uso de esa independencia, tiene opiniones propias y asume los costos que haya que pagar por ello. No es grande, pero sí reconocible"; como sostiene en el documental de Margit Knapp y Arpad Bondy El corazón está a la izquierda, sus libros le provocaron "muchas pérdidas y algunas alegrías" y constituyen (como sucede siempre con los editores realmente buenos) su autobiografía intelectual: Rudi Dutschke, Daniel Cohn-Bendit, Michel Foucault, la Fracción del Ejército Rojo (RAF), Natalia Ginzburg, Pier Paolo Pasolini, Günter Grass, Giorgio Manganelli, Franz Kafka, Norberto Bobbio, Robert Pinget, Italo Calvino, Boris Vian, Hans Magnus Enzensberger, Michel Houellebecq. Wagenbach Verlag cumple cincuenta años de existencia en 2014 y es un recordatorio de que sólo las visiones editoriales que se oponen al sentido común triunfan a largo plazo. Al igual que el recientemente fallecido Jaume Vallcorba, Wagenbach no ha dejado en ningún momento de seguir sus propias reglas: miles de lectores tenemos con ambos una deuda que no podremos pagar nunca, que se cuenta en descubrimientos, en argumentos para pensar acerca de nuestra forma de vida, en la convicción de que los editores mediocres sólo multiplican el número de títulos (ya de por sí desmesurado), pero los buenos editores aumentan el de los lectores realmente libres.
 
 
[Publicado en El País Semanal, 16 de septiembre de 2014.]

[Publicado el 07/11/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Klaus Wagenbach, Disidencias]

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La idea de un país / Una disidencia

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Nací en un país que se dirigía irremisiblemente hacia un golpe de Estado y crecí bajo una dictadura militar. Que ese país, o sus instituciones, estuvieran en guerra contra mis padres y los otros integrantes de su generación por defender estos una idea de mayor justicia para todos, de soberanía política y de independencia económica, tiene poca importancia aquí, aunque quizás también sirva para explicar cuál es mi punto de vista sobre este tema.
 
Quienquiera que haya vivido bajo una dictadura desarrolla un desprecio y una desconfianza instintivos hacia las instituciones del Estado y hacia la idea misma de país: puede contentarse con sus símbolos (una bandera, una canción, una historia), puede incluso sentirse identificado con ellos de alguna manera, pero tiene, por fuerza, que mantenerse vigilante frente a quienes utilizan esos símbolos, contra aquellos que los encarnan o pretenden encarnarlos, si no desea poner su existencia en peligro, o someterla a la causa de las autoridades, del signo que sean. En unos días, los catalanes votarán acerca de si desean ser independientes. Por mi parte (y viniendo de un país donde el derecho al voto fue ignorado durante buena parte de su historia), me parece que, disquisiciones legales y constitucionales al margen, están en su derecho de hacerlo.
 
Más discutible, sin embargo, me parece la idea de que constituyan un nuevo país. No necesariamente porque la existencia de un Estado catalán me parezca aberrante, sino porque, en definitiva, pienso que deberíamos tener menos países en vez de tener más. Mis opiniones, aquí, se dividen: por una parte, siendo España, en muchos aspectos, un país fallido, viciado por la mentalidad católica y funcionarial, incapaz de imaginar una alternativa a dos partidos mayoritarios corrompidos y (en definitiva) absolutamente iguales en su acción de gobierno, incapaz también de librarse de una monarquía la cual, al margen de quien la ejerza en este momento, representa la poco democrática idea de que algunos serían mejores que otros desde la cuna, incapaz de imaginar una alternativa que sea algo más que una suma de buenas intenciones por completo contradictorias; siendo España, digo, este tipo de país, entiendo perfectamente que alguien quiera marcharse de él. Por otra parte, sin embargo, marcharse de España y de sus políticos para caer en las manos de los políticos catalanes no me parece la mejor de las soluciones al problema español, por no mencionar el hecho de que es una solución muy poco marxista, como sabe cualquiera que haya leído a Karl Marx, cosa que al parecer no han hecho quienes adhieren a una "izquierda nacionalista" catalana que, por definición, es un oxímoron.
 
A pesar de ello, si los catalanes deciden marcharse de España, todo lo que puedo decir es que buena suerte y que los echaré de menos. La idea de vivir en este país, de trabajar aquí y de tener hijos aquí, es menos intolerable a sabiendas de que ellos están en España y representan uno de sus rostros, con su cosmopolitismo, con sus relaciones horizontales entre las personas, con su discreción, con su magnífica cultura, con su idioma, que me parece uno de los más bellos que ha dado la deriva del latín. A ese idioma lo aprendí en el Centre Catalá de la ciudad donde nací, en Argentina, después de haber escuchado un día a uno de sus integrantes contándome que la muerte de cada uno de ellos no sólo era una pérdida personal, sino también una oportunidad menos para hablar catalán para todos ellos. Muchos de esos integrantes, de los fundadores del Centre y de sus asiduos, eran refugiados de la Guerra Civil Española, que habían peleado y habían perdido una guerra por la idea de un país que no se parece absolutamente en nada ni a la España ni a la Catalunya contemporáneas. Para ellos, Catalunya representaba aquello que un país siempre representa: una guerra perdida por alguien, en este caso ellos mismos. Ahora que los catalanes votan, sería conveniente recordarles que la idea de un país nunca existe al margen de quienes la manipulan, en su mayor parte en su propio beneficio y en el beneficio de la clase social a la que pertenecen. Quizás también valga la pena recordarles que el optimismo de la voluntad que nos enseñó Antonio Gramsci nunca puede ejercerse sin el pesimismo de la razón. Si esa razón sucumbe a la idea (completamente errónea, en mi opinión, y puramente sentimental) de que las personas quieren vivir en países y hacerlo en el marco de las escasas posibilidades y de los muchos impedimentos que este país les ofrece, se llame "España" o se llame "Catalunya", y si esa razón cree (también erróneamente, en mi opinión) que los políticos de uno de esos países serían diferentes a los del otro, será porque ésta ha adoptado el optimismo contra el que Gramsci nos advirtió.

[Publicado el 05/11/2014 a las 12:31]

[Etiquetas: Disidencias]

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La naturaleza humana / Nosotros caminamos en sueños 13

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Las integrantes del grupo 'musical' Flos Mariae.

No recuerdo cómo comenzó todo, pero en los últimos tiempos me he aficionado a leer páginas web destinadas a la propagación del catolicismo. Quizás todo empezó con las Flos Mariae, siete hermanas españolas que todos los miércoles publican una canción en su canal de YouTube: los títulos de esas canciones ("Reza el Rosario", "Dios, ¿por qué me amas tanto?", "Vete a confesar", "Espérame", "Busca la verdad", "Seré tu princesa", "Jesús, yo quiero ser como tú") permiten imaginar su contenido, aunque no la forma en que, en combinación con la imagen, la "melodía" y una estética colorista, ese contenido se despliega ante el espectador, que se pregunta si se le está hablando en serio o no. Las Flos Marie, por supuesto, hablan en serio (también parece hacerlo su madre, María Durán de Bellido, "esposa, madre de 16 hijos, abuela de varios nietos, modista y empresaria", que responde las preguntas de los lectores de CatholicosOnLine), incluso cuando lo hacen acerca de la virginidad, la plegaria y la supuesta obligación de que la mujer se centre principalmente en el hogar y en el cultivo de las virtudes "femeninas": la elegancia, la piedad, la discreción, la caridad, la aceptación del sufrimiento.
 
Posiblemente haya otras páginas web de católicos y muchas de ellas sean excelentes. Al "propagar" una religión, cualquiera que sea, el hecho margen de ellas, y de la idea (muy discutible) de que sea necesario es que las dos que menciono ponen de manifiesto algo que parece inherente al catolicismo: cada uno de sus intentos de "ponerse al día" utilizando las nuevas tecnologías demuestra que su problema no es tecnológico, sino de otra índole: el catolicismo prefiere no comprender el presente ni la naturaleza de sus fieles. En ese sentido, otras religiones parecen llevarle la delantera, por ejemplo el protestantismo. Una de sus iniciativas más recientes es Liefdestuin.nl, un exitoso sex shop protestante con sede en Utrecht en el que los fieles pueden comprar lo que deseen sin ser juzgados ni instruidos en la idea improbable de que una religión puede subsistir ignorando deliberadamente la naturaleza humana.
 
 
[Publicado originalmente en El País Semanal, 26 de agosto de 2014.] 

[Publicado el 03/11/2014 a las 12:00]

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Charles X. / Un extracto de "Tatuajes de criminales y prostitutas" de Lacassagne, Le Blond y Lucas

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La piel de Charles es un museo de excepcional riqueza y de un hermoso procedimiento. ¡Es un Coloso! Ni un centímetro cuadrado está exento de decoración. Nuestro hombre está literalmente tatuado desde la raíz del cabello hasta la punta de los pies.
 
En el prolongado tiempo de ocio dentro de la trena, en el que los prisioneros se las ingenian para procurarse ocupaciones, ¡existe la inocente manía de tatuarse los unos a los otros para distraerse! En uno de sus ingresos en la cárcel, X. llegó incluso a afeitarse la cabeza y tatuarse la piel del cráneo, la frente, las mejillas y la barbilla, obra que llevó a cabo un habilidoso tatuador. ¡En el cráneo, un símbolo! El sol rodeado de una colonia de cucarachas bailando una zarabanda. En la frente un credo: ¡Viva Francia! ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! Y un estado civil: ¡Hijo de la desdicha!
 
Tras llevar una vida de aventuras, de la que más tarde encontraremos un instructivo relato, llegó a París y fue a consultar, desconocemos el porqué, a varios médicos afamados. Algunos de ellos, verdaderos iconoclastas, emprendieron la tarea, sin éxito por cierto, de borrar los tatuajes de la cara, sin duda alguna con el laudable objetivo de sustraerlo de la curiosidad despertada en la gente. X. se sometió a la prueba con tanta diligencia como buenas razones tenía para no apreciar a los indiscretos. ¿Ha conservado la memoria de nuestros ilustres colegas como muestra de agradecimiento? No se ha contentado con grabar sus nombres en la memoria y el corazón. Para así tener una representación más material, se los tatuó en los dedos de los pies. Porque es él quien realiza el trabajo, y porque no hay secretos para él.
 
Para que perdure el recuerdo de los grandes acontecimientos de su vida, se tatúa. Lleva a su esposa tatuada en los hombros, una serpiente en el brazo y el retrato de un general en la espalda con la exclamación «¡Galliffet!». Sin duda porque fue indultado cuando el general Galliffet fue ministro. Tatuará a su hijo cuando éste tenga la edad necesaria para apreciar la belleza del tatuaje. Nos trajo a uno de sus compañeros, que llevaba dibujada en el pecho una magnífica reproducción de una obra maestra: La caridad. Tatúa al prójimo como se tatúa a sí mismo, a veces como un trabajo (¡hay que comer!), pero a menudo por amor al arte.
 
 
Autobiografía de un tatuado *
 
Perdí a mi madre cuando tenía 12 años. 15 días después me fui de casa y dormí en la calle, en bodegas y en balas de paja. Un día robé pepinos y estuve 15 días en la cárcel. Cuando salí, volví a dormir en la calle e hice lo que pude para ganarme la vida. Algún tiempo después hice de figurante en un teatro. A las diez de la noche huí con el traje del teatro y estuve un mes en la cárcel. Al salir me condenaron a 6 meses por mendigar y por dormir en una bala de paja, y recibí una buena paliza. Cuando salí, tuve buena conducta durante 5 meses.
 
Después cumplí una condena de 3 años por robo de badajos y 5 años sin poder entrar en el territorio. Cumplí cada día de mis 3 años de condena y cuando salí me fui a África al Tercer Batallón, en Túnez, en [Bacdave], en El Kef. Al llegar allí, tuve una conducta adecuada durante 6 meses. Volví al calabozo, donde me quedé 15 días. Me pusieron en la mano un pico, una pala y una carretilla para hacer la carretera de [Judramme]; después, como no comíamos bastante, decidí fugarme con un belga y un marsellés con tres fusiles y una caja de cartuchos. Caminamos 3 días tranquilamente, el cuarto día nos topamos con un árabe que nos quiso comprar el material. Le mostré mi fiambrera y a continuación mis efectos personales. Me lo quitó todo y después se largó con su caballo. Allí mismo hice fuego y al día siguiente nos atacó una tribu a las 6 de la mañana. A las 10 un [Espays] nos detuvo y nos quedamos 15 días en [Mosbat], y de ahí fuimos a Túnez para cumplir nuestra pena preventiva. Allí nos metieron 5 días en una celda, desnudos y maniatados. Nos fuimos a la ciudad de Túnez y realicé 4 años de trabajos públicos. 2 años más tarde tuve las fiebres y quise que me llevaran enfermo. El adjunto no quiso y me fugué. 19 tiros de escopeta me siguieron y 4 disparos con revólver. Me atraparon un día después y estuve en la celda 90 días y 3 días de cadenas. Cuando salí me fui a trabajar en la vendimia. Me clavé un clavo en el codo del brazo derecho, tenía una gran infección y pedí que me curasen. El sargento no quiso y le di un puñetazo en la cabeza. Me condenaron a 10 días más y de Constantina me fui a Orán, a la colonia número 5.
 
De ahí me fui a la frontera de Marruecos, a la mina de hierro de los ingleses en [Rayenma]. Trabajé 4 días y compré higos chumbos. El sargento me vio y me metió 12 días con las cadenas. Estando en esta posición me clavé una aguja en la pierna izquierda. Con una pierna del tamaño de mi cabeza caminé 49 kilómetros hasta Tremecén. El médico no quiso llevarme al hospital y pasó la visita. 1º día: nombre del enfermo. 2º día: pastillas de opio. 3º día: mantas y pastillas de opio. 4º día: le di un buen puñetazo en la napia y así me llevó al hospital. 15 días de dieta únicamente a base de leche. A pesar de eso, iba a la cocina y le echaba mano a los rosbifs y me fui a cumplir mis 90 días en la celda. Me echaron 5 años más por lo militar y me fui a Bugía, provincia de Argel. Dos meses más tarde fui al correccional de Orléansville, donde me dieron trabajo para recoger trigo y como seguía buscando mi libertad me fugué de nuevo con un italiano y un austriaco y volví a la provincia de Orán. Tomé el barco, llegué a Francia y fui a Nancy, donde recibí tres meses de pena. Un domingo a la una del mediodía un señor olvidó saludarme y le pegué un gran puñetazo en la cara. Después me fui a Lunéville con el dinero que ese señor me acababa de dar. 8 días después los agentes seguían mi pista y me incorporé a la legión extranjera durante 5 años.
 
6 meses después, en 1895, recibí una condena de un mes de prisión. Volví a la Legión 3 o 4 meses más tarde, en el 96. En la revolución de los judíos deserté y declaré mi verdadero nombre. 8 días después me dijeron que me habían echado 2 años por el asunto del tipo de Nancy y 2 años por desertar. Me fui a Aïn El Hadjel por la carretera de [Jeuvil]. 6 meses después me fugué y me dispararon 7 tiros de escopeta y al saltar a un río me caí y permanecí escondido durante la noche. A las 9 h salí y me fui a Sidi bel Abbes. Me quedé cinco días y los árabes me atraparon. Estuve 60 días en una celda y 8 días con cadenas. Al salir de la celda me fui al hospital y allí me quedé 2 meses por la sustancia que me había puesto en los ojos. Cuando salí me fui a Sidi-Brahim. En la carretera bebí leche con [Limpstate] para que el corazón palpitase más rápido y para reconfortarme. Esta bebida me dejó tan exhausto que me llevaron convaleciente a [Arsenye], de allí me fugué y me dieron dos tiros en la espalda y un mes después la comisión de Orán me otorgó reforma y el Ministerio indultó mi pena. Me fui a mi casa y después viajé: fui a Bélgica, a Luxemburgo, a Alemania, Suiza, Ruan, Dieppe, St. Vallerie, Fecamp, La Haya y regresé a París. Desde entonces tengo un comportamiento apropiado y vivo honradamente. Y son estas figuras, tatuadas incluso en mi cara, las que me impiden trabajar. Sin embargo, no pido otra cosa, y espero conseguir un puesto, aunque sea malo: lo conservaré. No pongo mi nombre. Acabo esta carta con un saludo.
 
Su fiel X Charles.
 
 
* Esta autobiografía, en su versión original en francés, presenta una escritura sin puntuación, repetitiva, y con numerosas faltas de ortografía que son producto del desajuste entre la lengua oral y la lengua escrita, y que la hacen, en ocasiones, prácticamente ilegible, incluso para los nativos. Resultan particularmente difíciles de descifrar los nombres de lugares de la geografía africana, pues la transcripción fonética que hace el personaje dista mucho de su ortografía real, al igual que los términos de argot. Cuando me ha resultado imposible saber de qué se trataba, he dejado el término tal y como está escrito en el original francés, pero entre corchetes (N. de la T.)
 
 
En
Alexandre Lacassagne, Le Blond y Lucas
Tatuajes de criminales y prostitutas
Trad. María Lomeña Galiano
Madrid: Errata Naturae, 2012

[Publicado el 29/10/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Citas, Errata Naturae, Miscelánea]

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Una inteligencia sin moral (ni inteligencia) / Nosotros caminamos en sueños 12

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La parte de tu ordenador que peor funciona, vía http://awkwardfamilyphotos.com.

John Osborne sostuvo alguna vez que "el ordenador es la evolución lógica del ser humano: una inteligencia sin moral"; el dramaturgo inglés murió en 1994, y sólo podemos especular si los desarrollos de las últimas dos décadas lo hubieran llevado a cambiar de idea en un sentido u otro. Unas semanas atrás, la empresa australiana de optimización de motores de búsqueda Search Factory hizo públicas las conclusiones de un estudio en el que se afirmaba que buena parte de las búsquedas que se realizan habitualmente en Google carecen de sentido. Entre las más habituales, el estudio mencionaba las siguientes: "¿Es Lady Gaga un hombre?", "¿Cómo hacer que mi gato me quiera?", "¿Por qué no consigo casarme?", "¿Existe Santa Claus?", "¿Cómo ganar la lotería?". Por absurdo (e inquietante) que parezca, unas mil personas al mes realizan, según el estudio, la siguiente pregunta "¿Cómo esconder un cadáver?", y millones de usuarios consultan habitualmente en Google cómo consultar en Google.
 
La popularización de los ordenadores y de motores de búsqueda como Google ha contribuido a un mayor acceso a la información pero no nos ha enseñado cómo convertir esa información en conocimiento; por el contrario, parece haber inducido la idea errónea de que el conocimiento sería asequible mediante una simple búsqueda. El ensayista germanoparlante Philipp Theisohn afirma que el ordenador e internet han sido perfeccionados de tal forma en los últimos tiempos que el único "factor perturbador" para su funcionamiento es el ser humano "con todas sus falencias (indolencia, falta de memoria, imprecisión)". La certeza de que la única parte de nuestros ordenadores que no funciona correctamente somos nosotros (es decir, que somos la parte a ser eliminada para el correcto funcionamiento del conjunto) debería hacernos pensar en las palabras de Osborne, quien, de vivir en nuestros días, posiblemente creyera que, si "el ordenador es la evolución lógica del ser humano", lo es sólo por carecer de moral, pero también de inteligencia.
 
 
[Publicado originalmente en El País Semanal, 5 de agosto de 2014.] 

[Publicado el 27/10/2014 a las 12:15]

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Aburridos / Nosotros caminamos en sueños 11

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Un jardín de infantes en Pripyat (Ucrania), a menos de cinco kilómetros de Chernóbil. Fotografía de Michael Kotter.

Alguien dijo alguna vez que hay tres cosas que (pese a la atención que se les dedica) no existen en realidad: el jetlag, la religión verdadera y el aburrimiento. No habiendo padecido jamás ninguno de los dos primeros, disiento sin embargo sobre el tercer punto.
 
Lejos de no existir, el aburrimiento parece el principal motor de nuestra sociedad y el más importante argumento de venta de sus productos, cualesquiera que estos sean. La existencia de una "industria del entretenimiento", pienso, ratifica que hay algo que ésta recorta por definición, una especie de zona imprecisa en la que nada sucede, un sitio del que todos deberíamos escapar porque (se nos dice) su forma es la de un laberinto. En 1964, el escritor Isaac Asimov afirmó que el aburrimiento iba a convertirse en la principal enfermedad de nuestra época, "expandiéndose y aumentando de intensidad" hasta tener "consecuencias mentales, emocionales y sociológicas serias". No se equivocaba: buena parte de los problemas mentales más frecuentes en nuestros días tiene su origen en una insatisfacción que (más que el de los niños en vacaciones, la infidelidad o el consumo) es el rostro más importante del aburrimiento. Los otros son la agresividad desplegada en las redes sociales, las conversaciones banales que los pasajeros se apresuran a realizar tan pronto como su avión toca tierra, la mirada vacía frente al teléfono inteligente, el crescendo sórdido de los reality shows, la brevedad y la simpleza ofensiva de los mensajes políticos y publicitarios, el filme que ponen en el tren, los vídeos de accidentes caseros, los virales.
 
No son fenómenos carentes de importancia: un estudio reciente ha demostrado que las personas tienden a ser más agresivas cuanto más aburridas se sienten, y en ello hay una constatación, pero también una advertencia para estos tiempos nuestros, aburridos y violentos a la vez.
 
 
[Publicado originalmente en El País Semanal, 22 de abril de 2014.] 

[Publicado el 24/10/2014 a las 18:06]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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