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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de septiembre de 2014

 Blog de Patricio Pron

Preguntas XIII / Georges Perec / Jorge Luis Borges / El lenguaje / El tono / Las formas de corregir

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Gerges Perec, que estás en los cielos. Crédito de la imagen, desconocido.

Esto es una entrevista temática acerca del nivel retórico, del uso de la palabra, que es en definitiva de lo que se hace una obra literaria. Y empecemos por esto: ¿Crees que efectivamente la literatura se ‘hace de palabras'? Es decir, más allá de argumentos y temas, ¿existe una esencia independiente que radica en la elaboración del lenguaje? O no...
 
Sí, pienso que esencialmente es una cuestión de lenguaje, y de los efectos que pueden crearse con él en la mente de un lector. Argumentos y temas son, por supuesto, abstracciones que realizamos a partir del material del que disponemos como lectores, y ese material siempre es lingüístico.
 
Has vivido en varios sitios y ‘gestionado' distintos castellanos, ¿en qué castellano escribes? ¿Es distinto del ‘habla' que usas en el día a día? ¿Cómo llevas esta posible disyuntiva?
 
No establezco distinciones entre lengua de escritura y cotidiana; sin embargo, me interesa mucho la "transparencia" de las buenas traducciones, que dan la impresión de "colgar en el aire" y de no pertenecer a ningún sitio, que es, por otra parte, mi situación personal. Entiendo que se diga que se debe escribir "como se habla", pero no tengo la impresión de que haya que ser muy consecuente en este sentido, ya que la literatura no tiene por qué representar nada, tampoco ninguna hipotética identidad lingüístico-nacional.
 
¿Qué autores consideras que basan toda su obra esencialmente en el leguaje y te son afines en su re-creación de la palabra?
 
Flann O'Brien, James Joyce, Bob Dylan, David Foster Wallace, Georges Perec, Raymond Queneau, Arno Schmidt, W.G. Sebald, Thomas Bernhard, Javier Marías, Sergio Pitol, Roberto Merino, Marcelo Mellado, Fogwill, Sergio Chejfec, Mario Bellatin y otros.
 
Has mencionado a George Perec, uno de los fundadores del grupo ‘Oulipo', que proponía una serie de ejercicios y juegos con el lenguaje: háblame del componente lúdico de la creación literaria y de aquella época en que para el escritor era fundamental reinventar las formas.
 
¿Qué decir de Perec? A mí me parece un autor fundamental, no sólo por su obra sino por las puertas que esa obra ha abierto a los escritores posteriores. Perec comprendió que no existe libertad sin restricción, y fue a la primera desde la segunda, que es una magnífica forma de concebir la literatura. En cuanto a la época en que, como dice, "era fundamental reinventar las formas", pienso que el uso del pretérito es inapropiado: esa época es ahora, en este mismo momento.
 
Hablemos de Borges más detenidamente: en el momento en que el autor argentino escribió su obra, el castellano literario de América Latina estaba lleno de hojarasca, y me atrevo a decir que de provincianismo (sin generalizar): ¿Cuáles son los aportes borgianos en el uso de la palabra?
 
Borges nos liberó (y hablo aquí de los escritores latinoamericanos) de la obligación de escoger entre la fantasía de un español "peninsular" (como si existiera tal cosa) y un español "autóctono" hipotético, concebido a partir de la idea errónea de que la literatura debería o podría tener una relación servil con la realidad, también con la lingüística.
 
Háblame de tu método de corrección, algún truco en el momento de releer tus borradores, de quedarte con unas palabras y cambiar otras, algún recurso o manía en torno a esto.
 
No suelo corregir, debido a que estoy convencido de que corregir no es posible (por lo menos no es posible para mí) sin escribir un nuevo texto, ya que la forma de los textos está condicionada por las circunstancias, y éstas nunca se repiten. Por otro lado, si tuviese que corregir, si me viese forzado a corregir, tal vez procuraría emborronar el texto para que su significado no fuese explícito ni evidente, y este es mi truco de hoy.
 
Ahora quiero que intentes definir un concepto muy trajinado, pero poco esclarecido: qué es ‘el tono', qué importancia le otorgas.
 
Una fundamental; de hecho, y también en relación a mi trabajo, me interesa más que un texto sea fluido y esté "entonado" que su significado. A este último lo doy por sobreentendido: todos queremos contar algo y todos sabemos más o menos cómo hacerlo, pero la singularidad y la fuerza del tono en que se lo hace sirve para determinar si nos encontramos ante un escritor o no. Una vez más, aquí sirven las metáforas que vinculan a la literatura con otras disciplinas, y supongo que se puede decir que todos sabemos cómo dibujar una casa pero es la fuerza del trazo la que hace la diferencia entre nuestros intentos y los de los profesionales. Ese trazo es el tono, pienso.
 
Magnífico, es la primera vez que veo una asociación entre el tono y una acción plástica, en este caso el trazo, el dibujo, porque generalmente se le relaciona con la música, con el sonido. Volviendo a una de nuestras preguntas anteriores, la corrección del texto: ¿Crees que se pueda conseguir el tono definitivo de un texto en la corrección, o es algo que si no se da ‘a la primera', sencillamente se vuelve improbable?
 
Algunos autores (algunos muy admirados por mí) proceden de esa forma, "emborronando" o "limpiando" las primeras versiones de sus textos. A mí esta forma de trabajar, admirable como lo son todas las que arrojan buenos resultados, no me sirve, ya que tengo la impresión de que toda revisión de un texto supone una reescritura y que esa reescritura no siempre mejora el texto sino en relación a los intereses y a las inquietudes que uno tiene en el momento presente, y ese momento es reemplazado por otro de inmediato, lo que obliga a uno, o bien a corregir incesantemente para que el texto se adapte a una idea provisoria y siempre circunstancial de lo que ese texto debe ser, o a no corregir en absoluto. Yo he adoptado este segundo método, lo que no significa, por supuesto, que crea que este método tiene validez universal. En algún sentido, es una forma de equiparar la escritura con la interpretación de una pieza musical, de cualquier género. ¿Qué versión de "These Foolish Things" es la "definitiva"? Quienes nos hemos formado con cosas como el jazz sabemos que todas lo son, en su lugar y en su momento, así que ¿para qué esforzarse?
 
Por último, considero que el talento de todo escritor está ligado a su sensibilidad con respecto al lenguaje, y en España veo poca tendencia a experimentar y buscar nuevas formas para ‘nombrar las cosas': ¿Qué consejo le darías a un escritor principiante con respecto a la experimentación formal?
 
No suelo dar consejos, pero coincido con tu diagnóstico y pienso que la literatura española tiene un grave problema si no consigue renovar las formas, no sólo literarias sino también políticas, de "contar" y "nombrar las cosas". En ese sentido, quizás pudiese recomendar a los escritores "principiantes" (¿alguno de nosotros no lo es? No estoy seguro) que no procuren escribir lo que ya ha sido escrito: que escriban lo que desearán leer cuando sean otros.
 
 
[Todas las preguntas son del escritor cubano Ronaldo Menéndez. Publicado originalmente en Billar de Letras, 3 de septiembre de 2014.]

[Publicado el 16/9/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Preguntas, Ronaldo Menéndez]

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Por la recuperación de la soberanía individual / "Ego. Las trampas del juego capitalista" de Frank Schirrmacher

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La muerte del periodista y ensayista alemán Frank Schirrmacher en junio de este año produjo dos reacciones sucesivas en su país de origen: la primera fue de sorpresa (Schirrmacher sólo tenía cincuenta y cinco años) y la segunda fue de dolor ante la que fue vista como una de las pérdidas intelectuales más importantes de los últimos años en ese país. Nacido en Wiesbaden en 1959 y coeditor del prestigioso Frankfurter Allgemeine Zeitung al momento de su muerte, Schirrmacher resumía buena parte de las contradicciones que son connaturales a los intelectuales alemanes de derecha, incluyendo un anti capitalismo sorprendente viniendo de quien venía, así como un descontento ante el estado de cosas que a menudo lo llevaba a adoptar posiciones situadas a la izquierda de la izquierda parlamentaria alemana.
 
Las contradicciones otorgaban a su pensamiento una vivacidad y una fuerza llamativas de las que el lector hispanohablante sólo pudo saber a través de la publicación en 2004 de una brillante apología de la vejez titulada El complot de Matusalén y de la del que acabaría siendo su último ensayo, el contundente Ego, de 2014.
 
En Ego, Schirrmacher daba cuenta de las circunstancias históricas que han llevado al triunfo de la razón práctica y a la consiguiente aceptación del beneficio como único argumento legitimador de la acción individual; su tesis central descansaba sobre la convicción de que la lógica económica que preside la sociedad de la información (y cuyos orígenes el autor rastreaba en la geopolítica de la Guerra Fría, la posibilidad de la devastación nuclear, el perfeccionamiento de las máquinas de calcular y la teoría de los juegos) se ha extendido recientemente también al ámbito privado, en el que el sujeto es cada vez menos libre, condicionado como está por fuerzas que no controla y por la demanda de que actúe de forma "eficiente": es decir, egoísta.
 
Para Schirrmacher (y esto era lo más interesante de su libro), la crisis que atraviesa Europa no era sólo económica sino principalmente social, resultado de la convicción de que el comportamiento humano puede evaluarse en términos cuantitativos y ser adecuado a modelos informáticos que, procurando analizar y predecir la "realidad" (podría decirse también, procurando buscarla o documentarla: Google y Facebook), han acabado reemplazándola: la imposición del argumento de que el hombre actuaría de acuerdo a su propio beneficio lo ha forzado a actuar de esa forma. Lo mismo ha sucedido con sus decisiones políticas y económicas, afirmaba Schirrmacher, ya que el modelo no es descriptivo sino normativo y tiene como consecuencia la instauración de una nueva "guerra fría" entre los Estados nacionales y los actores del mercado.
 
Naturalmente, buena parte de todo esto había sido dicha ya antes por Martin Heidegger, pero Schirrmacher fue más lejos que el autor de Ser y tiempo al preguntarse, beneficiándose de una perspectiva histórica que el primero no tenía, cómo es posible que una sociedad basada en la premisa de que todos sus miembros actúan de forma racional pueda producir situaciones como la absurda quiebra de Lehman Brothers, así como si "se puede vivir sin sufrir daños emocionales a largo plazo en una sociedad que afirma que una persona es razonable si actúa de acuerdo a su propio interés" (41). Al menos en este último caso la respuesta es negativa, y Schirrmacher proponía abandonar la idea de que las personas actuarían tan sólo de acuerdo a su propio beneficio como parte de una estrategia más amplia de recuperación de la soberanía individual. Muerto el ensayista alemán, esa estrategia ha perdido a uno de sus principales ideólogos, pero sigue siendo terriblemente urgente, de allí la necesidad de leer este libro, una especie de testamento intelectual de una especie de intelectual que comprendió que las contradicciones son el precio a pagar por estar emocional e intelectualmente vivos.
 
 
Frank Schirrmacher
Ego. Las trampas del juego capitalista
Trad. Sergio Pawloswsky
Barcelona: Ariel, 2014

[Publicado el 11/9/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Frank Schirrmacher, Ensayo, Ariel]

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Preguntas XII / Acerca de Nicanor Parra / Dos respuestas

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Nicanor Parra, ya centenario. Crédito de la imagen, de Adolfo Vásquez Rocca.

Muchos afirman que la personalidad de Parra trasciende a su obra, en Chile muchos lo ven como un rockstar ¿Tienes esa impresión? ¿Por qué crees que su figura se sale de los márgenes de la poesía?
 
No creo, en realidad, que la figura de Parra se salga de los límites de la poesía. Desde luego, es muy posible que fuese así cuando comenzó a escribir, pero desde entonces Parra ha conseguido ampliar esos límites de tal forma que, por contraste, los poetas que permanecen entre esos límites, los que se toman invariablemente en serio a sí mismos, los poetas del envaramiento y de la "seriedad" trascendente, que eran mayoría cuando Parra comenzó a escribir y quizás todavía lo sean, resultan un poco ridículos hoy en día.
 
¿Por qué crees que un poeta de 100 años se mantiene tan vigente y actual? Parra se lee hoy, en mi opinión, de manera tan actual como hace 60 años.
 
Muy posiblemente Parra se lea mejor en la actualidad que hace sesenta años. Por entonces, él ya estaba donde se encuentra hoy, pero los lectores todavía tuvimos que recorrer un largo camino para comprender qué era lo que Parra decía y ponernos a su altura. Si su vigencia es absoluta, creo, se debe a que hace sesenta años Parra estaba escribiendo para el futuro, para los que seríamos sus afortunados lectores muchas décadas después. Parra inventó su futuro, y nosotros tenemos la suerte de que en ese futuro, que ahora es presente, nos inventó a nosotros leyendo sus libros.
 
 
Las preguntas son de Carolina Collins, para los diarios regionales de El Mercurio (Chile). Septiembre de 2014.

[Publicado el 08/9/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Nicanor Parra, Preguntas]

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Almas muertas / "Los Jardines de la Disidencia" de Jonathan Lethem

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Una de las transformaciones más relevantes que produjeron las vanguardias históricas a lo largo del siglo XX fue la supresión de la idea del personaje como unidad de medida de la obra literaria y como ámbito en el que se ponía de manifiesto el "genio" del autor; entrado ya el siglo XXI, éste parece regresar lenta pero persistentemente, sin embargo, y los textos con personajes fuertes ya no sólo interesan a los autores de narrativa comercial. De hecho, un autor muy poco susceptible de ser considerado un escritor de obras esencialmente comerciales, Jonathan Lethem, definitivamente uno de los autores norteamericanos más importantes de las últimas décadas, ha escrito uno de esos textos.
 
Los Jardines de la Disidencia narra alternativamente las historias de Rose Zimmer, inmigrante judía en Estados Unidos que se integra al Partido Comunista de ese país y es expulsada al inicio del libro por tener un amante negro (sus camaradas se inquietan por "las asociaciones de Rose. Se referían, por supuesto, a la asociación de su vagina judía comunista cada vez más vieja con el pene robusto y cariñoso del teniente negro", 18), la de Miriam Zimmer, estudiante en la época del esplendor de Greenwich Village e hija beligerante de Rose, quien a su vez es madre de Sergius Gogan, músico y entusiasta de los movimientos alternativos, que recurre a un viejo profesor amigo de sus padres (que murieron en Nicaragua) para saber más acerca de ellos y las ideas por las que lucharon; pero el viejo profesor sólo quiere hablar de Rose, la inolvidable Rose, que le parece la expresión de "el poder del resentimiento, de la culpa, de mandamientos no escritos en contra de todo, en contra de la vida misma" (67).
 
En Los Jardines de la Disidencia hay cierta cursilería (así se describe una eyaculación, por ejemplo: "había acariciado el palpitar secreto de Porter, recogido su suspiro privado", 49; los senos son "lunas rosas en el dormitorio en penumbra", 52; un club de ajedrez es una "biblioteca de almas" y una "tumba del tiempo", 80; etcétera) y es posible que algunos de sus elementos dejen indiferente al lector no estadounidense (a éste, el intento fracasado de crear una liga obrera de béisbol posiblemente no le interese mucho, por ejemplo), pero los personajes de la novela lo atraparán de inmediato; también sus peripecias, que son las de un siglo en el que la disidencia fue engañada una y otra vez, frustrada por la aparición de más y nuevas formas de la sumisión y del consenso que han dejado vidas rotas. El lector también quedará atrapado por la ambición, por el talento de Jonathan Lethem que no se propuso otra cosa que narrar unas vidas que son, inevitablemente, las nuestras: la arquitectura comunitaria que sólo produce aislamiento, la música folk, "riñas desesperadas con la historia, con el destino, con uno mismo" (117).
 
 
Jonathan Lethem
Los Jardines de la Disidencia
Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Barcelona: Literatura Random House, 2014
 
[Publicado originalmente en "Lo que está y no se usa nos fulminará", sección mensual en la página web de la librería porteña Eterna Cadencia. Buenos Aires, 1 de septiembre de 2014.] 

[Publicado el 04/9/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Jonathan Lethem, Novela, Literatura Random House]

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Los que hablan con los muertos / Una cita de John Gray

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El objetivo de la SPR era examinar los fenómenos paranormales de "un modo imparcial y científico". Estos sabios victorianos creían que debía investigarse lo paranormal utilizando métodos científicos, y demostraron su seriedad poniendo al descubierto el carácter fraudulento de los golpes en las mesas, el ectoplasma, la fotografía de espíritus y cosas similares. Pero nunca se dedicaron al conocimiento científico en toda su amplitud. Se centraron principalmente en la cuestión que preocupaba a casi todos ellos: si la muerte es el final del individuo humano consciente. Prosiguieron sus investigaciones infatigablemente, comunicando sus descubrimientos a otros investigadores -si hay que dar crédito a la escritura automática, textos producidos sin conciencia consciente en los que otra personalidad parece estar guiando la pluma-, incluso después de muertos.
 
Myers murió en enero de 1901 en una clínica de Roma, donde había ingresado a sugerencia de William James con el fin de recibir un tratamiento experimental para la enfermedad de Bright. Según el médico que trato a Myers, este y James habían hecho "el pacto solemne" de que "el que muriera primero debía enviar un mensaje al otro cuando pasara a lo desconocido"; ellos creían en la posibilidad de semejante comunicación. James, que ya se encontraba también en la clínica recibiendo tratamiento, se sentía tan afligido que no era capaz de permanecer en la habitación donde Myers se estaba muriendo. Aun así, intentó recibir el mensaje que su amigo había prometido enviar:
 
se sentó pesadamente en una silla junto a la puerta abierta, con su cuaderno sobre las rodillas, la pluma en la mano, para tomar nota del mensaje con su habitual exactitud metódica... Cuando salí, William James seguía sentado con la espalda apoyada en el respaldo, cubriéndose la cara con las manos, el cuaderno abierto sobre las rodillas. La página estaba en blanco.
 
Otra tentativa también acabó en desengaño, cuando en diciembre de 1904 se abrió un sobre cerrado que Myers había dejado al investigador psíquico sir Oliver Lodge. La carta no correspondía a los mensajes automáticos que, según se afirmaba, se habían estado recibiendo de Myers, aunque contenía una referencia a un episodio de los años de formación de Myers, mantenido en secreto mucho tiempo, que ocuparía un lugar destacado en posteriores textos.
 
Los esfuerzos de Sidgwick y Myers para comunicarse desde la tumba habían quedado en nada. Eso no le hizo perder las esperanzas y lo siguió intentando.
 
Myers se encontraba entre varios ostensibles autores de una serie de escritos automáticos interconectados producidos a lo largo de varias décadas por médiums de diferentes partes del mundo, al parecer con el fin de demostrar el hecho de que la personalidad humana sobrevivía a la muerte del cuerpo. Otro presunto autor de los textos fue Edmund Gurney, músico de talento, estudioso de los clásicos y miembro fundador de la SPR. Gurney se sumió en la desolación cuando perdió a tres de sus hermanas ahogadas en un accidente en el Nilo, y murió en 1888 a la edad de cuarenta y un años mientras utilizaba cloroformo, probablemente por accidente. Un tercer hombre fue el propio Sidgwick, uno de los más eminentes sabios de la época victoriana. Entre otros supuestos comunicadores se encuentran Francis Maitland Balfour, biólogo de Cambridge y hermano de Arthur Balfour, que murió en un accidente de escalada en 1882; Annie Marshall, esposa de un primo de Myers de la que Myers se había enamorado, que se suicidó en 1876; Mary Lyttelton, de la que Arthur Balfour había estado enamorado, que murió de tifus en 1875; y Laura Lyttelton, cuñada de Mary, que murió de parto en 1886.
 
Al parecer la correspondencia interconectada con escritura automática empezó en 1901, cuando el primero de varios practicantes de escritura automática, todos mujeres salvo un médium profesional, empezó a recibir textos que afirmaban proceder de Myers. Entre las escritoras automáticas se encontraban la señora Verral, esposa de un estudioso de los clásicos de Cambridge; la hija de aquella, Helen, esposa de W. H. Salter, abogado que llego a presidente de la SPR; "La señora Holland", seudónimo utilizado por los investigadores psíquicos para ocultar la identidad de Alice Fleming, esposa del oficial del Ejercito británico John Fleming, destinado en India, y hermana de Rudyard Kipling, de quien se creía que había escrito sola o con Kipling algunos de los primeros relatos indios de este; "la señora Willett", seudónimo de Winifred Coombe-Tennant, sufragista y representante británica en la Liga de Naciones, que se introdujo en la escritura automática mientras intentaba comunicarse con una hermana muy querida que había muerto; y la única médium profesional, la señora Piper.
 
Fue la señora Verrall quien, el 5 de marzo de 1901, recibió el primer texto descifrable. Aunque en aquella época dudaba de la realidad de la supervivencia, había empezado a practicar la escritura automática aquel año, pues creía que si Myers había sobrevivido ella podía ser un canal para sus comunicaciones post mortem. En el transcurso de los años siguientes, otros practicantes de la escritura automática también recibieron textos que afirmaban que su autor era Myers. En 1902, la señora Verrall recibió mensajes que parecían estar vinculados con los recibidos por la señora Piper, a la sazón en América, y en 1903 "la señora Holland", a la sazón en India, envió un texto dirigido a la señora Verrall, que se hallaba en Cambridge. "La señora Holland", que en 1898 sufrió una crisis nerviosa que la familia Kipling atribuyó a sus experimentos con la escritura automática, había abandonado la practica durante varios años. La reanudó después de leer el libro de Myers Human Personality and Its Survival of Bodily Death [Personalidad humana y su supervivencia a la muerte del cuerpo], en el que Myers había sugerido que lo único que algún día podría demostrar la supervivencia mas allá de toda duda razonable era recibir alguna prueba evidente de la intención de un grupo de gente que actuara desde más allá de la tumba.
 
Poco después, "la señora Holland" empezó a recibir textos firmados "FWHM". Pronto destacados investigadores psíquicos empezaron a creer que Myers estaba implicado en el experimento que había propuesto en su libro. En 1908, Eleanor Sidgwick, esposa de Henry Sidgwick y también una destacada investigadora psíquica, preguntó:
 
¿Nos hemos puesto en contacto con mentes que han sobrevivido a la muerte corporal, y nos empeñamos en proporcionar pruebas de su funcionamiento mediante la escritura automática? Si esta [...] hipótesis fuera verdadera, significaría que la cooperación inteligente entre otros que encarnaron mentes humanas y las nuestras, en experimentos de un nuevo tipo que pretendían demostrar que la existencia continuaba, es posible.
 
Los investigadores psíquicos, aun cuando estaban firmemente convencidos, sabían que ninguno de los fenómenos que estudiaban demostraba que la supervivencia fuera una realidad. Sólo las comunicaciones claramente interconectadas recibidas a través de varios canales durante un periodo de tiempo podían demostrar que las mentes post mortem funcionaban. El resultado fue un conjunto de textos profundamente desconcertantes, en los que -como escribió un investigador psíquico que lo estudió con atención- "el material que iba a ser investigado experimentaba consigo mismo".
 
La teoría de que los textos contenían correspondencia automática interconectada con el fin de demostrar que hay vida después de la muerte fue presentada por vez primera en junio de 1908 por Alice Johnson, miembro de la SPR y conocida por su actitud crítica:
 
La característica de estos casos -o al menos de algunos- es que el texto de un automatista no es nada parecido a una reproducción literal mecánica de frases del otro; ni siquiera recibimos la misma idea expresada de maneras diferentes, como podría ser si se tratara de telepatía directa entre ellos. Lo que recibimos es un producto fragmentado en un texto, que parece no tener ningún punto o significado en particular, y otro texto fragmentado en el otro igualmente sin sentido aparente; pero cuando los juntamos, vemos que se complementan, y que aparentemente hay una idea que subyace en ambos, pero que esta expresada sólo en parte en cada uno. [...] Ahora bien, aceptando la posibilidad de la comunicación, se puede suponer que durante los últimos años cierto grupo de personas ha estado intentando comunicarse con nosotros, que estamos lo bastante instruidos para conocer todas las objeciones que escépticos razonables han planteado contra todas las pruebas previas y somos lo bastante inteligentes para comprender completamente toda la fuerza de estas objeciones. Puede suponerse que estas personas han inventado un nuevo plan -el plan de los escritos automáticos interconectados- para refutar las objeciones de los escépticos.
 
Los automatistas, investigadores y autores ostensibles de los textos, aunque a veces se hallaban separados por miles de kilómetros, estaban vinculados en muchos aspectos. La señora Verral conocía a Sidgwick, Myers y Gurney, mientras que las señoras Salter y Piper conocían a Myers, que se casó con una hermana de la esposa de Winifred Coombe-Tennant. Todos los automatistas eran conocidos de los principales comunicadores, en grados diversos. La esposa de Sidgwick, Eleanor, que llegó a ser presidenta de la SPR y estudio extensamente la correspondencia automática interconectada, era la hermana mayor de Arthur Balfour, mientras que Gerald Balfour, asimismo presidente de la SPR, que analizó a fondo la correspondencia automática interconectada mientras desempeñaba un papel oculto en ella, era el hermano menor de Arthur Balfour. Jean Balfour, nuera de Gerald Balfour, se convirtió en la archivista principal de los textos.
 
Las personas que participaban en la correspondencia automática interconectada pertenecían al estrato más alto de la sociedad eduardiana. Muchos de ellos habían sufrido pérdidas terribles; algunos habían tenido relaciones personales ocultas durante mucho tiempo. Los textos se convirtieron en un vehículo para las pérdidas personales no resueltas, y para el amor secreto.
 
Algunas de estas miles de páginas que manaban de los automatistas se referían a la supervivencia, como por ejemplo las relaciones de la mente con el cerebro. Sin embargo, el proyecto que fue revelado en los escritos automáticos iba más allá de la demostración de que la mente humana sobrevivía a la muerte. Los textos también eran el vehículo para dar a conocer un programa de salvación del mundo, que suponía un vinculo entre dos de las personas mas íntimamente involucradas en su producción: un Relato y un Plan, como decían los textos, para influir en la historia y salvar a la humanidad del caos.
 
El hecho de que en la investigación psíquica estuvieran involucradas figuras destacadas planteaba un gran reto al materialismo científico. Darwin no dudaba en absoluto de la amenaza que representaba. El hombre que él reconocía como codescubridor de la selección natural, Alfred Russel Wallace, había llegado a la conclusión de que la mente humana no podía haberse desarrollado simplemente como consecuencia de la evolución. La reacción de Wallace al espiritismo fue de mucha credulidad en algunos aspectos; por ejemplo, era un ardiente defensor de la "fotografía del espíritu". Peor aún, desde el punto de vista de Darwin, describía el espiritismo como "una ciencia basada únicamente en hechos", declarando que el sabía que "las inteligencias no humanas existen, que hay mentes desconectadas de un cerebro físico, que hay, por lo tanto, un mundo espiritual... y que este conocimiento no puede sino modificar mis opiniones en cuanto al origen y la naturaleza de las facultades humanas".
 
Darwin fue presa del desaliento cuando, en abril de 1869, en un artículo aparecido en el Quarterly Review, Wallace sugirió que la mente humana solo podía ser obra de una "Inteligencia Anuladora". Antes de que se publicara el artículo, Darwin había escrito a Wallace: "Siento una inmensa curiosidad por leer el Quarterly: espero que no haya masacrado usted demasiado a su propio hijo, que es también mío". Esto era precisamente lo que Wallace había hecho.
 
[...]
 
Todo sugiere que Balfour era capaz de mostrar diferentes caras de su personalidad a diferentes personas, mientras mantenía algo oculto. En ese caso la historia de que se le había partido el corazón con la muerte de Mary Lyttelton podría ser un engaño cuidadosamente ideado, otro ejemplo de la hipocresía esotérica que su contemporáneo de Cambridge y cuñado Sidgwick se había esforzado tanto por justificar.
 
Aun así, Balfour consideraba que valía la pena explorar la posibilidad de que la fallecida Mary Lyttelton pudiera estar intentando ponerse en contacto con él a través de médiums. No llegó a esta opinión enseguida. En 1912, los textos habían pedido que el hermano de Arthur, Gerald, se sentara con la médium "señora Willett" mientras escribía sus textos automáticos.
 
Al parecer, fue entonces cuando la médium y Gerald Balfour llegaron a la conclusión de que los textos producidos por tres médiums, dos en Gran Bretaña y uno en India, durante un periodo de más de diez años, contenían indicios de la personalidad de Mary Lyttelton y de su amor por Balfour.
 
Sin embargo, hasta 1916 Arthur Balfour no accedió (a petición, segun se informó, de los textos) a participar en las sesiones. Los textos empezaron entonces a mencionar a Mary Lyttelton por el nombre. Según Jean Balfour, sólo después de una sesión en casa de Balfour en Londres le habló a su hermano, que no conocía el episodio, de la caja en la que había depositado un mechón de pelo de Mary Lyttelton en 1875.
 
Jean Balfour interpretó el largo periodo durante el cual los textos habían omitido mencionar a Mary o a Arthur Balfour de cualquier modo explícito como prueba de un plan por parte de los autores de los textos:
 
Los investigadores afirmaron que para ellos estaba claro, según el estudio de los textos, que los "comunicadores" preferían que los automatistas no supieran ni la historia a la que se estaban refiriendo ni quiénes eran los personajes que intervenían en ella, y en especial no debían percibir quién era el receptor del mensaje; en realidad, los comunicadores con frecuencia manifestaban que éste era su deseo, y utilizar símbolos era la única manera de estar seguros de ello.
 
Repasando los textos durante un periodo de una década, los intérpretes llegaron a la conclusión de que contenían textos automáticos interconectados en los que no habían reparado que se referían a la relación entre Mary Lyttelton y Arthur Balfour. Esta fue la prueba de la intención desde el más allá que Sidgwick y Myers habían reconocido que necesitaban para demostrar la supervivencia. Balfour llegó a esta conclusión:
 
Los textos realmente parecen sostener la afirmación hecha por los comunicadores ostensibles de que eran obra de un grupo en el otro mundo que operaba a través de un grupo de médiums con la intención de obtener el escrutinio y la comprensión de otro grupo vivo. Nada similar ha aparecido jamás en la historia de los sucesos psíquicos.
 
Algunos investigadores psíquicos han aceptado esta afirmación y sostienen que los textos automáticos interconectados constituyen la prueba mas firme de supervivencia que probablemente jamás se encuentre. Sin embargo, en este caso como en otros, los textos automáticos interconectados son una mezcla de alusiones literarias y sentimentalismo familiar, y cualquier interpretación será con toda probabilidad sumamente especulativa.
 
Como ejemplo, uno de los primeros textos producidos el 9 de octubre de 1902 contenía el siguiente párrafo:
 
Los soñadores ven la mayor parte de la verdad [...] en visiones doradas del amanecer. Pueden decirte que esto es cierto [...]. La púrpura real de samita perfumada cuando tú en algún lugar ves semejantes cosas en un cofre entonces crees y algunos otros también. Púrpura pero no elegante vestimenta en un cofre reluce y hay un perfume. Es algo apartado con cuidado que en otro tiempo alguien vistió. Está lejos de ti tú jamás lo viste pero Arthur sabe a qué me refiero. Él vio que lo vestían... ¿A la oscura torre vino quién? Pregúntale a él quién. ¿Y dónde? La torre era oscura y fría pero todos la amábamos; él recordará.
 
Al principio este pasaje no se entendía y muchos años después se interpretó que se refería a Whittingehame Tower, una antigua parte de la finca familiar de los Balfour ("la torre oscura"), la "púrpura" real era una referencia al mechón de pelo de Mary Lyttelton, la samita (tejido de seda) una alusión al poema de Tennyson "La muerte de Arturo", en el que la espada Excalibur se describe como vestida con samita blanca, alusión que se repitió en los textos ocho años más tarde, cuando apareció una cita mas completa de Tennyson refiriéndose a la "Doncella Bienaventurada", que al final se creyó que se refería a Mary Lyttelton.
 
Es una interpretación ingeniosa, como mínimo. Arthur Balfour parece al fin haberse convencido de que los textos podrían contener mensajes de Mary Lyttelton, pero sólo hacia el final de su vida. En 1926, como respuesta a un mensaje que aparecía en el texto y que supuestamente procedía de Mary, le envió un mensaje en el que escribió:
 
Básicamente él lo comprende y valora profundamente [...]. Es seguro que no necesita que le digan que "la muerte no es el fin". Sin embargo hay en su mensaje una nota casi de dolor que lo deja perplejo. Por primera vez ella parece encontrar en él un cambio que, sin negar que es superficial, señala con intensidad. Él no sabe nada. Más de medio siglo ha transcurrido ya. Nacimientos y muertes se han sucedido como una corriente continua. La hora del encuentro no puede retrasarse mucho. Durante todo este periodo él no ha tenido acceso a la mente de ella excepto a través de las intervenciones de otros, ni asomo de intuición de su presencia, aunque él no duda de su realidad. Debido a su absoluta falta de dotes psíquicas, él no posee intuición de esa "proximidad indecible" de la que habla el mensaje con tan profunda convicción, y que él concibe como de infinito valor. Más mensajes serían de gran ayuda.
 
Puede que Balfour llegara a aceptar que los textos contenían comunicaciones de Mary Lyttelton. Sin embargo, no daba muestras de ser consciente de la presencia póstuma de ella, ni confirmó la versión de su vida dada en la historia. En octubre de 1929, cuando se estaba muriendo, "la señora Willett" lo visitó, entró en trance y le transmitió un último mensaje de Mary Lyttelton. "Dile que él me da alegría". Se dijo que Balfour quedó "profundamente impresionado". Como comenta su biógrafo R. J. Q. Adams, sin embargo, jamás se sabrá si se creyó el mensaje o simplemente admiró la actuación.
 
 
En
John Gray *
La Comisión para la Inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte
Trad. Carme Camps
Madrid: Sexto Piso, 2014
 
* John Gray (Inglaterra, 1948) está considerado uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo. Ha sido profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Oxford y de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. Entre sus obras destacadas se encuentran Misa negra. Religión apocalíptica y la muerte de la utopía, Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales. En 2013 Sexto Piso publicó El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos.

[Publicado el 01/9/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: John Gray, Ensayo, Cita, Sexto Piso]

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Fotografías movidas / Una crónica desde Madrid

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Ilustración de Mathías Sielfeld.

1

Quien viaja a una ciudad debe escoger: o visita un sitio connotado o va allí donde la vida se manifiesta. Un buen ejemplo, Madrid. Un vistazo rápido a las guías de viaje más socorridas permite hacerse una lista de imprescindibles que deben ser vistos de cualquier forma si lo que se pretende es poder presumir más tarde de "haber visitado" la capital española: el parque de El Retiro, la Puerta de Alcalá, la Puerta del Sol, el Museo del Prado, el Reina Sofía, la Castellana, la Gran Vía, el Círculo de Bellas Artes, el barrio de Salamanca, el de los Austrias, el Palacio Real.

Quienes vivimos en Madrid los evitamos, sin embargo, y el resultado de ese desinterés nuestro por las principales vistas de la ciudad es que en ellas se produce lo que lleva a que no las visitemos: un vacío que absorbe sólo a los visitantes y se los traga, la redundancia de un lugar para ver en el que sólo se puede ver a gente viendo, un sitio impermeable a la vida que es, por lo tanto, un triunfo de la industria turística, que siempre se abstiene de explotar aquellos lugares en los que la vida puede torcer sus planes y afear las fotografías.

 

2

Vivir en Madrid supone hacerlo, esencialmente, en un barrio (o dos, si se suma al barrio en el que se habita aquel en el que se trabaja; a menudo el centro, pero no siempre). Vivir en Madrid significa encontrarse habitualmente en la compañía de personas que están orgullosas de su barrio, que exageran sus diferencias y particularidades, que hablan de catástrofes urbanísticas como si estas fueran monumentos espléndidos, que están ciegos a la fealdad metafísica de barrios como Villaverde, Carabanchel, Barajas, San Blas y Vallecas. Vivir en Madrid supone, también, convivir con la fealdad y con la desidia, pero me temo que eso puede decirse de casi todas las ciudades. Vivir en Madrid, por último, significa aferrarse a un par de calles que sirvan de imitación del mundo, que ofrezcan la impresión de ser parte de algo que nos tiene como centro, que sólo ha sido hecho para nosotros.

Mi sitio en Madrid es, en ese sentido, Malasaña, un barrio conocido principalmente por su vida nocturna. ¿Has estado alguna vez en un sitio minúsculo y ruidoso, bebiendo algo que no sabes qué es y recibiendo en una oreja la lluvia de saliva de un amigo que quiere contarte algo pese al ruido? Entonces ya conoces la vida nocturna en cualquier lugar y puedo dejarla de lado. Malasaña, y específicamente las calles que rodean la plaza de San Ildefonso, son atractivas incluso de día. Reúnen un puñado de bares, restaurantes, galerías de arte, tiendas de pequeños diseñadores, librerías, cafeterías y locales de venta de insumos para artistas que garantizan la coexistencia nunca completamente pacífica de personas de intereses y procedencias diversos.

La plaza es irregular. En una de sus esquinas se encuentra una cafetería llamada "Sidi" (los vecinos la llaman "Sida" debido a los efectos que provoca) que no es muy recomendable para nada excepto para ver el fútbol, que exhiben en una pantalla que es lo único que no está cubierto de grasa en este café. (Los fanáticos de las experiencias fuertes pueden, si acaso, probar sus bocadillos de lacón.) Al otro lado de la calle Barco, La Bicicleta es exactamente lo contrario: una cafetería provista de sillones amplios y mesas comunitarias que congrega a los locales deseosos de sentir que están en Berlín. (Los alemanes del barrio, por el contrario, suelen estar en La Ardosa, otro restaurante de la zona, famoso en este caso por la excelencia de sus tortillas de patata.) La Jauría, El Mandil y Orio son otros bares de la zona (este último ofrece pinchos a la manera vasca), pero el imprescindible es Casa Fidel, uno de los pocos restaurantes que resiste a la gentrificación que afecta al barrio. Casa Fidel (que está en calle del Escorial número 6) es famosa por sus croquetas, por sus chipirones, por el zancarrón (un guisado de carne) y por su cocido, que sirven todos los jueves; también por ser el tipo de sitio en el que puedes encontrarte a los integrantes del dúo electro pop de moda, al líder de los sindicatos españoles, a los escritores emergentes del momento y a Ajo, una de las poetas más singulares de la escena española, cuyo bar de cócteles La Realidad está prácticamente enfrente.

Monkey Garden, Quel Bordel!, Anima y Jocomomola son los nombres de algunas de las tiendas de pequeños diseñadores que hay en el barrio. Todas ellas ofrecen productos exclusivos: la ropa, en su mayoría, es hecha pieza por pieza y a menudo por su propio creador, lo que garantiza que no haya dos prendas iguales y, por esa razón, su consumo constituye una cierta forma de resistencia si se la compara con la que venden las tiendas que hay en la calle de Fuencarral (también en el barrio), donde abundan los Zara, Mango, Geox y Desigual. (En Fuencarral, sin embargo, también hay un sitio donde se puede comprar ropa de jóvenes diseñadores: el Mercado, un edificio de tres plantas en el que antiguamente hacían sus compras de alimentos los vecinos.)

Monkey Garden y Quel Bordel! están, por cierto, en la calle del Barco, donde también están Le Patrón (un bistró francés magnífico), Alma Llanera (el restaurante local de comida venezolana) y el popular Café de la Luz; si se baja por esa calle, y antes de alcanzar Gran Vía, se llega a una zona llena de prostitutas: que la calle en la que estas se encuentran se llame "Desengaño" añade poesía a un barrio que cuenta con calles con nombres tan poéticos como el de la de la Madera y Espíritu Santo.

También hay poesía en Tipos Infames, la librería, enoteca y cafetería que constituye el centro intelectual del barrio. En Tipos Infames se celebran presentaciones de libros por la noche, pero el local suele estar abarrotado todo el día; sus dueños (son tres) poseen la enorme ventaja en relación a sus competidores de ser críticos literarios, lo que otorga a las existencias el carácter de lecturas recomendadas. No es la única librería del barrio (allí está, por ejemplo, El Rincón de Lectura de la plaza del 2 de Mayo, un anticuariado espléndido), pero sí es el sitio de encuentro de los escritores no solamente de Malasaña, atraídos por los libros, por la vida social y particularmente (y esto dice más acerca de los hábitos de los escritores que muchos libros sobre el tema) por el placer de la ingesta de alcoholes: sus vinos, su grog y su Negroni son magníficos.

 

3

Ninguno de estos sitios es muy visitado por los turistas. Quienes vivimos en Malasaña no podemos dejar de agradecer al cielo porque sea así. Vivir en Madrid, decía, significa sentirse orgulloso del barrio en el que uno habita, y yo no soy la excepción. ¿El Retiro? Demasiado polvo. ¿La Puerta del Sol? Demasiadas personas por allí, algunas disfrazadas de Bob Esponja (si tienes un niño, lo forzarán a sacarse una foto con ellas y te cobrarán cinco euros). ¿La Gran Vía? Mucho ruido y en verano te asas. ¿El Palacio Real? "Ni rey ni amo" nos repetimos. ¿El Museo del Prado? ¿El Reina Sofía? No están mal, pero la vida no sucede allí: todo está demasiado quieto, demasiado ordenado y limpio y la vida es inquietud, desorden, una suciedad con la que siempre estamos batallando y que sabemos que nos vencerá algún día.

Los museos de Madrid son magníficos, y sus ámbitos para exhibiciones temporales son muy buenos también, pero la vida es otra cosa. Transcurre a espaldas de los turistas y en el momento en que estos accionan el disparador de sus cámaras fotográficas y de sus móviles, en la periferia de esas imágenes que suelen tomarse mientras comen churros, decapitan calamares o beben cerveza, al fondo de un selfie que sirve de ratificación paradójica: "Estoy en Madrid. Estoy aquí y no estoy haciendo nada, excepto sacarme una foto".

Malasaña, en contrapartida, es un sitio que no merece ser fotografiado. Está lleno de mendigos y prostitutas y de escritores y diseñadores de modas que beben cerveza de pie en los bares y se niegan a que su barrio se convierta en una atracción turística. Al tiempo, producen lo nuevo; todo aquello sin lo cual no sabrás vivir en el futuro. Puedes intentar sacarnos una fotografía, pero saldremos movidos.

 

 

[Publicado originalmente en la revista Sábado del diario chileno El Mercurio. 18 de julio de 2014.]

[Publicado el 26/8/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Disidencias]

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Un país excesivo / Nosotros caminamos en sueños 10

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A esto en Argentina se lo llama "merienda". Crédito de la imagen, desconocido.

Al escritor argentino Adolfo Bioy Casares le gustaba decir que los argentinos nos suicidamos arrojándonos desde lo más alto de nosotros mismos, pero lo cierto es que no solemos suicidarnos mucho porque nos da pena dejar al mundo sin el placer de nuestra compañía. Nuestra megalomanía se pone de manifiesto incluso en nuestro himno nacional, que nos invita a vivir "coronados de gloria" o jurar "con gloria morir", dos cosas que son bastante incómodas, sobre todo si es invierno y tienes que volverte a tu casa caminando, pero las manifestaciones de nuestro convencimiento de haber sido señalados por el dedo de Dios se presentan en todos los ámbitos.
 
Piénsese en Matías De Stéfano, el joven argentino (Venado Tuerto, 1987) que dice ser la reencarnación de un habitante de la Atlántida. Al parecer, De Stéfano está en contacto directo con seres espirituales que lo guían y cuyos mensajes transcribe en un idioma de diez mil años de antigüedad que sólo él recuerda. (En "Sayontu", hijos se dice "ánumi" y Europa, "Baldutu", por ejemplo.) No sólo recuerda este idioma, sino también el origen del universo y cómo comenzó la humanidad, todo lo cual sólo puede resultar envidiable a alguien que, como yo, en este momento ni siquiera recuerda dónde ha dejado las llaves.
 
Aunque no son pocos quienes afirman que Matías De Stéfano es un engaño, hay algo profundamente verdadero en sus afirmaciones y en la convicción inherente a su historia de que los argentinos seríamos (contra toda evidencia) el Pueblo Elegido, descendiente de la mítica raza de los Atlantes. Allí afuera hay un argentino que puede explicarnos el origen del universo, pero es difícil imaginar que también sepa cómo explicarnos nuestros excesos a los argentinos, los cuales (pero esto es sabido) siempre entramos a las librerías a comprar un mapamundi de Argentina, y nunca lo encontramos.
 
 
[Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección personal en El País Semanal, 22 de julio de 2014]

[Publicado el 21/8/2014 a las 12:30]

[Etiquetas: Disidencias, Matías De Stéfano]

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García Márquez no inventó nada (por suerte) / Nosotros caminamos en sueños 9

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Frente a una tienda de comestibles en Bogotá. Crédito de la imagen, Jack Frost.

Nos gusta creer que los escritores que admiramos han inventado algo, pero no siempre esto es cierto. Algunos lectores de Gabriel García Márquez en el extremo sur del continente americano hemos creído durante años que el más notorio de sus méritos era el de haber inventado buena parte de las palabras que aparecían en sus libros; estábamos seguros de que términos como "guanábana" o "papaya" eran producto suyo, invenciones léxicas de una sonoridad que debía llenar la boca, evocar un cierto dulzor, recordarnos que no sólo los españoles podían poner nombres a las cosas.
 
Una visita reciente a Bogotá me llevó a recordar esta (llamémosla así) confusión: pasé horas estudiando cartas en los restaurantes, escuchando a la gente (de una cortesía exasperante), tomando notas, contemplando carteles que no me decían nada. A pesar de las confusiones habituales en este tipo de situaciones, fue reconfortante saber que la diversidad y la intriga (que son los verdaderos motores del diálogo, más que la unanimidad y el consenso) siguen estando presentes en América Latina y que allí aún hay un lenguaje que está vivo y no requiere que nadie lo pula, lo fije o le dé un esplendor que posee (en algún sentido) por sí mismo. ¿Qué significan, de hecho, las palabras "cuca", "crespa", "cotudo", "masato", "tume", "herpo", "achira"? García Márquez no parece haber inventado nada, pero incorporó estas voces a un acervo que es ahora el de todos aquellos que hablamos español, también el de quienes lo leíamos sin saber que estábamos leyéndonos a nosotros y a nuestro continente, lo que es mucho más importante que leer a un creador de palabras. El autor de Cien años de soledad siempre admitió que no había inventado nada; también lo decía su madre, si no recuerdo mal, pero esto último no importa porque es sabido que las madres de escritores sólo se dedican a llevarnos la contraria.
 
 
[Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección personal en El País Semanal, 24 de junio de 2014]

[Publicado el 19/8/2014 a las 12:15]

[Etiquetas: Disidencias, Gabriel García Márquez]

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Una discusión difícil / Nosotros caminamos en sueños 8

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Crédito de la fotografía, Jack Frost.

Algunas semanas atrás los responsables del importante archivo digital marxists.org recibieron una carta de la editorial Lawrence & Wishart en la que esta exigía la retirada de su edición de las Obras completas de Karl Marx y Friedrich Engels: su publicación en la Red, afirmaban los responsables de la editorial, infringía su derecho a la explotación de la "propiedad intelectual" de la obra. Marx y Engels propusieron la abolición de la propiedad, ¿qué hace pues una editorial explícitamente marxista exigiendo que se respete la suya? No es difícil imaginarlo, y, sin embargo, tampoco es difícil comprender las razones de L&W, cuya viabilidad como proyecto editorial alternativo depende de su funcionamiento en un contexto capitalista. La contradicción entre pragmatismo e idealismo, entre deseo de transformación y aceptación de unas reglas de juego, es habitual en proyectos así, pero resulta particularmente interesante en este caso porque pone de manifiesto que, a tres siglos de su instauración, todos (marxistas o no) seguimos aferrándonos a la idea de propiedad intelectual, cualquier cosa que esto signifique.
 
La polémica entre L&W y marxists.org (que ha eliminado ya de su archivo las controvertidas Obras completas) se presenta en los siguientes términos: para los responsables del archivo, el potencial político de los textos de Marx y Engels está sujeto a que puedan ser leídos por todos, en particular por los desfavorecidos de nuestra sociedad; para L&W, la disponibilidad de los textos atenta contra la viabilidad económica de un proyecto editorial que aspira a la transformación de nuestra sociedad: es decir, a lo mismo a lo que aspira marxists.org. Por lo demás, ambas partes coinciden en pensar los textos como si fuesen propiedad de alguien o de algo. La discusión acerca de esa "propiedad" es compleja y difícil, pero pienso que tiene un claro ganador: todos nosotros, si nos atrevemos a participar de ella.
 
 
[Publicado originalmente en Nosotros caminamos en sueños, sección personal en El País Semanal, 3 de junio de 2014]

[Publicado el 14/8/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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No sólo 'Fish & Chips' / George Orwell y el problema de la gastronomía inglesa

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Un orgulloso exponente del resultado de la ingesta de cierta gastronomía nacional. Fotograma de la serie "Little Britain".

George Orwell constató en alguna ocasión el hecho de que la cocina inglesa es considerada "la peor del mundo", opinión que al autor de 1984 le parecía errónea: "Como cualquiera que haya pasado tiempo en el extranjero sabrá, hay toda una serie de exquisiteces que es prácticamente imposible conseguir fuera de los países anglófonos", afirmó en su artículo "En defensa de la cocina inglesa".
 
Bastante más de medio siglo después de la publicación de ese artículo, en 1945, las opiniones sobre la cocina inglesa no han cambiado. A menudo se dice que es grasosa, pesada y desabrida, y lo cierto es que es grasosa, aunque también pesada y desabrida, y bastante poco agradable de ver. Piénsese en los "kippers", arenques ahumados servidos habitualmente de tal manera que no uno sino dos rostros de pescado miren al comensal con una mirada de reproche y una boca abierta a punto de soltar un grito. En los "Christmas puddings", que son pasteles bastante sabrosos cuyo aspecto es el de que alguien se los olvidó en el horno y no ahora sino hace dos años. En la "bread sauce" o salsa de pan con la que se aprovechan los restos, en el queso Stilton (cuyo aroma hace que quesos como el roquefort parezcan oler a rosas del campo), en los "shepherd's pies" que disimulan la pobreza de sus ingredientes mediante la acumulación, en los "scons", galletas de mantequilla a las que se les suele agregar mermelada y (en una demostración de falta de imaginación o tal vez de excesivo amor por las grasas de origen animal) también se les agrega mantequilla. (Por no mencionar dos "delicatesen" escocesas: el "haggis", pulmón, hígado y corazón de cordero picados y cocinados dentro del estómago del animal, y la barra de chocolate "Mars" rebosada y frita.)
 
A pesar de que ninguno de estos platos parece muy apetecible, lo cierto es que buena parte de ellos son sencillamente exquisitos si han sido hechos adecuadamente. Al problema de que la mayoría nos resultan desconocidos a quienes no nos hemos criado en Inglaterra (lo que dificulta que los escojamos en un restaurante si se nos presenta la oportunidad), se suma el de que (y esto es algo que parece suceder desde la época de Orwell, quien lo menciona en su artículo) a menudo la comida inglesa tradicional "es más fácil de encontrar en el hogar inglés más pobre que en un restaurante". Desde luego, este es un problema cuando se visita Londres (los precios también lo son), pero vale la pena intentar resolverlo dando con un buen restaurante de comida inglesa porque la recompensa es el descubrimiento de una gastronomía prácticamente desconocida y singularmente diversa si se piensa en el país del que proviene: una isla pequeña y distante donde sólo se pueden criar ovejas y vacas lecheras, en el que no hay mucho más que patatas, algo de trigo y manzanas. Ante un plato de "shepherd's pie", el visitante sólo puede pensar, con agradecimiento, que suficiente han hecho los ingleses con lo poco que tienen. Quizás también Orwell le diese la razón.
 
 
[Publicado originalmente en Paula. Santiago de Chile, julio de 2014.]

[Publicado el 12/8/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Disidencias]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera(2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris ReviewZoetrope y Michigan Quaterly Review (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España), entre otros. La revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español de su generación. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid. Sus dos últimos libros son Nosotros caminamos en sueños y El libro tachado. Prácticas de la negación y del silencio en la crisis de la literatura, ambos de 2014.    

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía

 
 
 

 
 

 

Ficción

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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