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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de abril de 2014

 Blog de Patricio Pron

Basura / Nosotros caminamos en sueños 6

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Una constatación banal: nunca antes había sido tan sencillo comunicarnos y, por lo tanto, nunca antes esa comunicación había valido menos. Paul Virilio afirmó hace años que toda tecnología trae consigo su propio accidente. Si esto es cierto, el de internet es el frenesí de la expresión individual. ¿Quién quiere ver fotos de tu mascota, conocer tu opinión sobre la crisis ucraniana, saber qué piensas acerca de la moral y el arte en el caso Woody Allen, ver el plato que estás a punto de comer? Nadie, por supuesto, pero la producción de lo que sólo puede ser llamado basura sigue (se sabe) una lógica peculiar, que es la de la acumulación. Un ejemplo de esto es el de Mark Slutsky, quien creó un tiempo atrás un blog destinado a recuperar las mejores historias de los usuarios de YouTube: fascinantes, magníficas piezas narrativas de amor, nostalgia, dolor o muerte que demuestran (y esto lo probó hace algún tiempo el poeta Ben Clark) que hay mucha belleza en la basura. Esa belleza (como siempre) aparece en sitios inesperados. Desde hace una semana sigo con fascinación y asco los comentarios al vídeo de Britney Spears "Baby One More Time", que en breve alcanzará los cien millones de reproducciones; los comentarios ("sólo" cuarenta y cinco mil) abundan en observaciones sociológicas, recuerdos infantiles, declaraciones de amor, apuntes sobre el comportamiento pasivo-agresivo de la narradora de la historia, reivindicaciones feministas, ataques a la cantante por su obesidad y por su supuesta falta de carácter maternal, varios comentarios acerca de un abuelo muerto al que esta canción le habría gustado mucho en vida (Dios sabe por qué), apuntes sobre la coreografía, etcétera. Ninguno de esos comentarios vale mucho de forma aislada, pero en conjunto componen una especie de novela coral, como si el montículo de basura fuese el símbolo más apropiado y el mejor monumento de nuestra época.
 
 
Publicado en Nosotros caminamos en sueños, sección habitual en El País Semanal, marzo de 2014.

[Publicado el 24/4/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Tres poemas de Edgardo Dobry (Cita)

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"Un peregrino que protagonizara no las Soledades, sino el caos del mundo en la era feroz del postcapital, y observara la mercancía consumida y la mercancía por consumir, y supiera que hay aún un resto, la lírica, parece dar voz a Contratiempo" (Olvido García Valdés). "Contratiempo es un empeño por encargarse de toda la complejidad de un estado de cosas, sin rebajarse a la ironía arrogante, a tientas por las palabras hasta que asome una sensación verdadera (Marcelo Cohen). "Geniales, irónicos, finalmente desolados, estos nuevos poemas de Dobry tienen el humor que sólo pueden permitirse los que van a la silla eléctrica. Vale decir el humor de lo irremediable, de lo extraviado, de lo magistral" (Raúl Zurita).
 
 
Un año largo de algo hoy hace
y el martes hará cincuenta meses
y pico de otra cosa no menos importante:
eso anuncia el diario de mañana
-a la mañana- y el noticiero
 
también de anoche. Lo que apila
la línea de la vista hace estela
encendida, incandescente,
 
pila anunciada ya obsoleta:
el pino tangible, el áspero
pino mental no menos,
la cuarteada de pícea corteza
entre los dientes, menos,
 
y en las uñas mentoladas,
los dientes o al revés:
la aspiración metalizada
 
del mar que irrita el ojo.
El mar, sí -máquina perpleja-,
la playa abrillanta en su jabón
y hacia adentro virutas de plata sobre plomo
con más melifluas flores
-nombre vulgar: erizos y algas en forma
de escarola- que cualquier
 
fantasía de todos los poetas
que inventaron las lenguas de hoy
y las muertas porque no sabemos cuánto
 
duraban sus diptongos largos
(no sabemos ni qué
cosa fuera ya indecible,
 
no deseable). Llegando a la ciudad
los carteles verdes de la ruta
anuncian "las palabras todas
antiguas aún deben decirlo".
 
 
///
 
Para evitar los peligros de
la vuelta no ir: mejor no ir,
mejor representar puertos, amoríos
 
esculpidos en renuncia dura.
Pero cómo soñar sin experiencia
me dicen acá, el señor que va
 
sentado al lado en el subte
leyendo en un diario deportivo
como en un remate al desalojo:
"DIVORCIO TOTAL ENTRE EL ENTRENADOR Y..."
(el resto, ilegible desde esta posición).
 
El hombre calla pero qué piensa,
el divorcio total tiende a afirmarse.
 
Está absorto pero no irradia
retenido en papel basto gastado
por sudor de manos, por aliento.
 
"Ya no hay aventura -dice-, no hay,
no quieras tampoco imaginarla,
se ha DIVORCIADO TOTALMENTE de nosotros:
 
serenidad es evocada en emoción,
se juega el clásico mañana." El diario,
 
diario deportivo está de parte de cuál.
 
 
///
 
[Para una Suite de la mercancía no consumida]
 
Aturdido en el pasillo del mercado
duda entre dos góndolas repletas
y por la fiaca de acarrear lista anotada
lo engañan las fajas de los frascos
 
brillantes, seductoras, cuellos enervados.
Bebía crispado como un loco
en las tapas de los potes mil
caligrafías hipnóticas, veneno en tafetán.
 
¡Un estruendo! Después silencio -fugitivo
sabor de metálico tomate dentro el sándwich.
¿Acaso caducaste esta noche y tras la ronda
 
van a destruirte en la depuradora? Pues Ketchup
no sabe adónde huía tu carrito, vos
te olvidaste de agarrarlo, y ahora es tarde.)
 
 
Contratiempo
Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2013

[Publicado el 22/4/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Edgardo Dobry, Adriana Hidalgo, Poesía]

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Vivir para trabajar / "Por cuatro duros" de Barbara Ehrenreich

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Uno de los inconvenientes de querer ser socialdemócrata es que en América la socialdemocracia no existe y en Europa sus partidarios te impiden serlo: el estado actual de la socialdemocracia europea podría arrojarnos a todos a los brazos de la democracia cristiana (que es, por supuesto, el mal) de no ser por gente como Barbara Ehrenreich, la reconocida activista y ensayista estadounidense de la que Capitán Swing publica el libro de 2001 Nickel and dimed, y que es una de las voces más honestas e inteligentes de una socialdemocracia que (a diferencia de otras, la española por ejemplo) no avergüenza ni entristece.
 
Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos es el resultado de la investigación realizada por Ehrenreich entre 1998 y 2000, cuando recorrió el país desempeñándose en puestos precarios como parte de un estudio acerca de las condiciones de vida de la clase baja estadounidense. Ehrenreich fue camarera en Florida, empleada del hogar en Maine y dependienta en una tienda en Minnesota; padeció humillaciones, acoso, incertidumbre y el cansancio sin principio ni fin que afecta a quienes se desempeñan en este tipo de trabajos. Su experiencia, sin embargo (y esto lo admite la propia autora), fue mejor que la de quienes la rodeaban: Ehrenreich es blanca, no es inmigrante y sabe hablar inglés; sobre todo, sabía que su experiencia terminaría en algún momento, que es el tipo de certeza que un empleado no cualificado no puede permitirse tener. Desde 2001, por supuesto, la situación de la clase obrera sólo ha empeorado, no sólo en Estados Unidos, pero Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos no es en un libro derrotista (aunque tampoco es una condena aséptica y distante de las condiciones de vida de algunos, que es lo que sucede con buena parte de las llamadas "novelas de la crisis" españolas), sino uno que propone alternativas basadas en el conocimiento de primera mano de lo que significa vivir para trabajar en vez de trabajar para vivir. A pesar de sus erratas, que son muchas, merece ser leído y discutido tanto como esa otra maravilla que Capitán Swing publicó algún tiempo atrás: Chavs: La demonización de la clase obrera de Owen Jones, que es otro libro sobre aquellos que no tienen nada, excepto quienes los escriban.
 
 
Barbara Ehrenreich
Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos
Trad. Carmen Aguilar
Madrid: Capitán Swing, 2014

[Publicado el 17/4/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Barbara Ehrenreich, Ensayo, Capitán Swing]

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Augusto Pinochet (1915-2006) / Retrato del dictador como artista cachorro

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Al llegar al poder en 1922, Benito Mussolini ordenó que se retirase de circulación Claudia Particella, la novela que había publicado en 1910, porque su anticlericalismo podía perjudicarlo. No fue el único político del siglo XX con ambiciones literarias, por supuesto: Saddam Hussein publicó bajo pseudónimo cuatro novelas y una cierta cantidad de poemas sobre cuyo valor literario existen opiniones encontradas; Saparmyrat Nyýazow, primer presidente de Turkmenistán, es el autor de un tratado moral titulado Libro del alma que debe ser memorizado por estudiantes y aspirantes a funcionario en ese país y del que en una ocasión envió un ejemplar al espacio mediante un cohete para ilustración de eventuales formas de vida extraterrestres; Muamar el Gadafi publicó en 1993 el libro La huida en el infierno (en el que podía leerse la siguiente declaración, que destaca la humanidad del líder libio: "Soy un ser humano como vosotros. Me gustan las manzanas") y en 2003 un opúsculo titulado Isratin: el libro blanco en el que proponía la solución pacífica al conflicto desatado por la ocupación israelí de Palestina mediante la creación de un Estado mixto denominado «Isratina».
 
Resulta singular que todos estos políticos, que detentaron un poder prácticamente absoluto en los países que gobernaron, se viesen movidos a probarse en el ámbito literario. Una respuesta posible al enigma que esto plantea puede encontrarse en un deseo de adquisición del prestigio humanista que se desprendería de la escritura de obras literarias; otra, en la ambición de ser no sólo temido sino también admirado. Lo que parece haberlos impulsado es, sin embargo, la conciencia de una cierta incapacidad intelectual: el deseo de disimularla y, en lo posible, corregirla.
 
 
02
 
Esta parece haber sido, al menos, la motivación de Augusto Pinochet Ugarte. "Desde sus años de cadete militar, cuando debía esforzarse el doble que sus compañeros para conseguir logros que no superaban la medianía", escribe Juan Cristóbal Peña, "Pinochet resintió una adversidad que muy probablemente juzgaba injusta". El futuro dictador chileno fue un estudiante mediocre que fracasó dos veces en su propósito de ingresar a la Escuela Militar (lo consiguió a la tercera) y tampoco destacó allí: se graduó de subalférez con el décimo tercer mejor promedio entre treinta y un alumnos y de alférez con el décimo primero al año siguiente; al ingresar finalmente en la Academia de Guerra, el joven Pinochet era considerado "un oficial tropero, con condiciones especiales para la vida de cuartel y el mando de soldados", pero también como un alumno de inteligencia sólo "satisfactoria" que necesitaba mejorar su dicción para ser tomado en serio.
 
Fue precisamente la Academia de Guerra, donde Pinochet consiguió un puesto como profesor auxiliar gracias a la intercesión del general Gregorio Rodríguez Tascón, el lugar que escogió para disimular sus falencias intelectuales mediante la escritura. En 1953 publicó una Síntesis geográfica de Chile, Argentina, Bolivia y Perú y dos años después una Síntesis geográfica de Chile, en 1967 una obra titulada Geografía militar y a continuación Geopolítica: en todos los casos se trataba de obras divulgativas construidas laboriosamente a partir de apuntes de clases en los que no se citaban las fuentes ni se incluía bibliografía; el último de ellos, plagia abundante y descaradamente una obra de Rodríguez Tascón, quien nunca perdonó a su alumno.
 
03
 
A comienzos de la década de 1970 Pinochet "era consciente del menosprecio intelectual que Allende y otros políticos de la Unidad Popular sentían por él", afirma Peña. El sangriento golpe militar del 11 de setiembre de 1973 adquiere, tras esta afirmación, un carácter distinto: Pinochet parece no sólo haber querido obtener el poder sino también poner punto final a una rencilla intelectual y castigar a quienes lo habían menospreciado. En el gobierno continuó publicando libros, los cuales (a diferencia de sus obras anteriores) trascendieron el círculo de los interesados en asuntos militares y recibieron reseñas atemorizadas y obsecuentes en los principales medios de prensa chilenos: Ensayo sobre un estudio preliminar de una geopolítica de Chile en el año 1965 (1979), El día decisivo (su memoria personal del golpe), una selección de exabruptos titulada Política, politiquería y demagogia (a la que la revista La Bicicleta describió como el resultado de "una nueva fulgurante estrella de las letras nacionales, de un narrador con voz encendida de poeta, de un maestro sin par en el uso de la metáfora de alto vuelo, de un semidiós del punto y coma y la frase intercalada", todo ello aparentemente sin ironía) y los discursos de Patria y democracia [sic]. Más tarde, tras su derrota en el plebiscito de 1988 y su sustitución por el demócrata cristiano Patricio Alwyn (Pinochet mantuvo el cargo de comandante en jefe del Ejército hasta 1998 y a continuación se hizo designar senador vitalicio), publicó Camino recorrido (que incluye una frase ya famosa acerca de la ciudad de Arequipa: "Una gran visión de belleza, tal como si fuera una ciudad de leyenda espolvoreada de azúcar flor"), primer tomo de unas memorias personales y políticas a las que siguieron otros dos más publicados en 1991 y 1993.
 
 
04
 
"La secreta vida literaria de Augusto Pinochet" que narra Juan Cristóbal Peña en su libro homónimo (continuación, por lo demás, del ensayo "Viaje al fondo de la biblioteca de Pinochet") no se limitó a la escritura de libros, sin embargo: una investigación por enriquecimiento ilícito iniciada en 2006, poco antes de su muerte, reveló que su biblioteca personal se componía de unos cincuenta y cinco mil volúmenes entre "primeras ediciones, antigüedades y rarezas" que había adquirido con dinero público o sencillamente robado de instituciones gubernamentales cuya tasación alcanzó los tres millones de dólares. Buena parte de esos títulos componía una de las bibliotecas de textos marxistas más importante de América Latina.
 
Al igual que en muchos otros dictadores del siglo XX, Augusto Pinochet parece haber tenido una actitud ambivalente en relación a los libros y a la literatura: destruyó la Editora Nacional Quimantú, encarceló y asesinó o forzó al exilio a decenas de escritores e intelectuales chilenos e instauró la censura editorial, pero también escribió incesantemente, acumuló libros, convirtió el Premio Nacional en un coto privado de los autores afines al régimen (a uno de los cuales, el hoy desconocido Enrique Campos Menéndez, le pagó con él la reedición de un libro suyo sobre la guerra del Pacífico), se esforzó por que lo visitase Jorge Luis Borges y lo consiguió el 22 de setiembre de 1976 (a Borges esto le costó el Premio Nobel de Literatura, como se sabe), aceptó con satisfacción ditirambos como el de Manuel Araya Villegas, quien afirmó: "si don Augusto Pinochet se hubiera dedicado a la literatura en forma exclusiva, se habría destacado como un connotado escritor en América".
 
El escritor chileno Rafael Gumucio sostiene en Historia personal de Chile: De Almagro a Bachelet (Santiago de Chile: Hueders, 2013) que "todo (atentados, fracasos, conspiraciones) lo sobrellevó Pinochet. Sólo una herida nunca pudo cerrarse: la de sentirse íntimamente fuerte, bello, marcial y brillante, y ver sin embargo en el espejo a un hombre sin gracia y sin cuello, la sombra de un funcionario público cazurro y tramposo". Quizás la aspiración de ocultar esa herida esté en el fondo de sus decisiones políticas; en no menor medida, sin embargo, esas decisiones parecen haber sido el resultado de la aspiración de ser un escritor: Juan Cristóbal Peña menciona que el 11 de setiembre de 1973, en la hora de su triunfo, Pinochet prefirió no sumarse a las celebraciones de sus subordinados; se retiró a su despacho y ordenó que le trajeran al escritor Álvaro Puga para hablar de literatura: cuando Puga se retiraba, Pinochet le dedicó dos libros suyos.
 
 
Juan Cristóbal Peña
La secreta vida literaria de Augusto Pinochet
Santiago de Chile: Debate, 2013
 
[Publicado originalmente en El Cultural de El País de Montevideo. 14 de marzo de 2014.] 

[Publicado el 15/4/2014 a las 11:45]

[Etiquetas: Juan Cristóbal Peña, Augusto Pinochet, Ensayo, Debate]

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El enciclopedismo irónico / "Artistas sin obra" de Jean-Yves Jouannais

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Gustave Flaubert demostró hace más de un siglo que la acumulación enciclopédica conduce a la ignorancia y al absurdo: Bouvard y Pécuchet aspiran a una totalidad que se amplía, y la novela de la que son protagonistas es publicada inconclusa; Flaubert muere de una "congestión cerebral". Los tres (digámoslo así) demuestran que hay ambiciones ridículas por desmesuradas, dando paso a un enciclopedismo irónico que actualmente está detrás de las manifestaciones más interesantes de nuestra cultura; por ejemplo "L'Encyclopédie des guerres", la "acumulación azarosa de novelas, tratados y ensayos" acerca de los conflictos bélicos a la que Jean-Yves Jouannais está abocado desde 2009, y que es resultado del mismo gesto acumulativo al tiempo que desencantado que hizo posible exhibiciones como "L'Idiotie dans l'art du xxe siècle" (2000) y, particularmente, el libro de 1997 Artistas sin obra "I would prefer not to", que Acantilado publica ahora en traducción de Carlos Ollo Razquin y con el prólogo que Enrique Vila-Matas escribió para la reedición del libro en 2009.
 
Artistas sin obra se ocupa de aquellos que interrumpieron su actividad artística o nunca la iniciaron, en un gesto de negación del arte que, a modo de corriente subterránea de negatividad y silencio, recorre toda su historia en los últimos dos siglos y de la que ya se ocupó Vila-Matas en la magnífica Bartleby y compañía (2001). Este libro de Jouannais es todo lo que una enciclopedia "seria" no debería ser: caprichosa, carente de rigor sistemático, mistificadora (de lo que se derivó la interesante exposición "Félicien Marbœuf, 1852-1924") y vaga en su planteamiento, por lo que el lector se queda sin saber tras la lectura qué entiende el autor por un artista, y qué no. Todo ello la convierte, naturalmente, en el tipo de obra que requiere la complicidad del lector; a modo de contraprestación, las vidas de algunos de los escritores más interesantes de la literatura europea de las últimas décadas, algunos ya favoritos de esta casa: Jacques Vaché, Armand Robin, Félix Fénéon, Roland Barthes, Jacques Rigaut, Roberto Bazlen, Joseph Joubert, etcétera.
 
 
Jean-Yves Jouannais
Artistas sin obra "I would prefer not to"
Trad. Carlos Ollo Razquin
Pról. Enrique Vila-Matas
Barcelona: Acantilado, 2014

[Publicado el 10/4/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Jean-Yves Jouannais, Enrique Vila-Matas, Ensayo, Acantilado]

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Algunas fábulas de la incomunicación / "Máscara" de Stanislaw Lem

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En su relato "El amigo", Stanisław Lem narra la historia de la construcción por parte de un extraño anciano y de su ayudante de un "catalizador" para hacer corpórea una cierta conciencia superior, Dios o una especie de absoluto tecnológico; la máquina (por supuesto) no funciona, pero durante unos breves instantes permite que el narrador sea absorbido por esa conciencia
 
Escuché, por vez primera, mi voz interior, un terrible rugido sobre mi cabeza, un aullido dirigido a mí, un espantoso balbuceo, un diluvio de palabras tan rápidas que la garganta humana no sería capaz de emitir: peticiones, hechizos, promesas, premios, súplicas de piedad; aquella voz resonaba en mi cabeza y llenaba el sótano entero (150).
 
Se trata posiblemente de uno de los pasajes menos logrados de la obra de Lem, pero también de una demostración de su valentía y de su inteligencia, que le hicieron tratar de narrar incluso aquello que el autor polaco consideraba inenarrable: una conciencia indiferente a la existencia humana, un absoluto fuera del tiempo.
 
A lo largo de los cuentos de Máscara Lem trasciende las visiones estereotipadas de la ciencia ficción para sostener que la innovación tecnológica supone un retroceso del conocimiento, debido a que reduce el ansia de saber al tiempo que crea máquinas que, en su perfección y complejidad, pueden un día considerar innecesario resolver los problemas humanos: incluso aunque esto no fuese así, el conocimiento que surgiría del avance científico sería, en última instancia, incomunicable. La incomunicación entre formas de vida disímiles, por cierto, está presente en "La rata en el laberinto" (donde la situación de los encerrados en una nave espacial caída sobre la Tierra cuya "consciencia" intenta comunicarse con ellos es equiparada con la de la rata que debe encontrar el final del laberinto en las pruebas de laboratorio), en "El martillo" (en el que el ordenador de una nave espacial prolonga el viaje mediante cálculos erróneos para no separarse de su tripulante) y en otros textos del libro, pero especialmente en "El diario", que reúne los pensamientos de una especie de satélite independizado de sus creadores. Existe un conocimiento, paree decir Lem, pero éste es demasiado grande para la especie humana: si ésta lo adquiere, el conocimiento la destruye.
 
Digámoslo una vez más: Lem no es un autor de ciencia ficción (de hecho, cuando se aboca a ello suena inevitablemente paródico, como en "La invasión de Aldebarán"), sino un autor de ficción especulativa que explora la innovación tecnológica (en lo que coincide con los autores de la ciencia ficción) para poner en cuestión un presente "construido con exclusiones, negaciones y diversas suposiciones, cada una más opaca que la anterior" que convierten el conocimiento científico en "una fantasmagoría" (252). A Lem no le interesa el futuro, y no es curioso que la única referencia explícita que se hace a él en Máscara venga a decir que lo único que no se previó es que nada cambiaría; tampoco manifiesta ningún entusiasmo por la conformación de leyes: por el contrario, cree (como el narrador de "El diario") que "en los intersticios, en los nexos, donde la casualidad y la necesidad conviven fraternalmente, han surgido multitud de formas sumamente interesantes" (269). Lem opera como el protagonista de su cuento "Moho y oscuridad", cubriendo con un pañuelo un objeto prácticamente invisible (pequeño, inquietante, carente de por qué y de cometido, como muchos de los elementos en la obra del escritor polaco) para poder verlo, y es precisamente esa paradoja de cubrir para revelar la que mejor define su método de trabajo. No es necesario decir que ese trabajo es uno de los más interesantes de la literatura del siglo XX.
 
 
Stanisław Lem
Máscara
Trad. Joanna Orzechowska
Madrid: Impedimenta, 2013

[Publicado el 08/4/2014 a las 11:30]

[Etiquetas: Stanisław Lem, Cuento, Impedimenta]

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Realidad chanante / Nosotros caminamos en sueños 5

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A menudo me pregunto qué reacciones provocó la emisión el 5 de mayo de 2002 del primer episodio de La Hora Chanante; por entonces no vivía en España, de modo que mi descubrimiento del humor "chanante" se produjo en dos sentidos: hacia atrás, viendo fragmentos del programa mencionado en YouTube (una plataforma con la que los "chanantes" tienen una relación de amor-odio), y hacia adelante, con Muchachada Nui, Museo Coconut y los proyectos individuales de sus componentes. Mi perspectiva, en ese sentido, está viciada: para cuando llegué a España (en marzo de 2008), expresiones como "gayer", "repeinao", "gambitero", "entreteto", "a cascoporro", "pataliebre", etcétera formaban parte ya del habla cotidiana española, y la revolución de La Hora Chanante parecía haber dejado paso a una nueva normalidad.
 
Esa normalidad, por supuesto, era sólo aparente, ya que no hay nada normal en el humor "chanante", entre otras cosas porque no parece tener como punto de partida el humor tradicional (televisivo o teatral, poco importa), sino las prácticas de las vanguardias históricas, más específicamente el "détournement" situacionista. La repetición con distancia crítica opera, por ejemplo, en "Retrospecter", en un tipo de imitación cuya legitimación no radica en la fidelidad sino en el distanciamiento del personaje (un distanciamiento que, paradójicamente, establece un trato íntimo con el personaje imitado, como cuando cierto escritor español compara una novela suya con El hombre sin atributos de Robert Musil y se jacta: "Si no tiene atributos, dudo de que sea un hombre. Yo, por lo menos, tengo unos cojonazos..."), en la atribución de ideas retrógradas a personajes adorables como El Bonico del tó y Marcial Ruiz Escribano. La reciente edición de la totalidad de los programas de Muchachada Nui en DVD permite pensar acerca de estas cosas y hacer una constatación, tal vez banal: la de que la realidad española se ha vuelto chanante y que sólo el arte (disfrazado en este caso de comedia, y de muy buena comedia) puede ponerla en jaque.
 
 
Publicado en Nosotros caminamos en sueños, sección mensual de El País Semanal. Marzo de 2014.

[Publicado el 03/4/2014 a las 10:15]

[Etiquetas: Disidencias]

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Los sueños que siempre terminan transformándose en pesadillas / "El móvil perpetuo. Historia de un invento" de Paul Scheerbart

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A pesar de no haber pertenecido a los círculos expresionistas y dadaístas, el escritor alemán Paul Scheerbart fue muy valorado en ellos: los expresionistas simpatizaban con su rechazo al naturalismo y con la preeminencia en su obra de una imaginación poco habitual cuyos temas eran las sociedades utópicas y la vida en otros planetas y que recurría a la ironía y a la exageración humorística para cuestionar los valores dominantes; los dadaístas, por su parte, aprendieron mucho de poemas suyos como "Kikakoku! Ekoraláps!", que carecen de todo sentido más allá (tal vez) de uno musical.
 
Ni expresionistas ni dadaístas supieron nunca, sin embargo, si Scheerbart hablaba en serio o no cuando afirmaba haberse propuesto la creación de una máquina de movimiento perpetuo; posiblemente ni siquiera él mismo lo supiera. El móvil perpetuo: historia de un invento (publicado por Gallo Nero en su bella colección "piccola", una de las más interesantes del panorama español) es la historia de una especie de fiebre que asaltó a Scheerbart desde el 27 de diciembre de 1907 hasta el 12 de julio de 1910 y que lo llevó a creer una y otra vez que había conseguido dar con uno de los descubrimientos más deseados de su época: el de una máquina que funcionase por sí sola y sin necesidad de combustible. La máquina, por supuesto, nunca funcionó, cosa que parece haber aliviado al escritor alemán, que sabía que su creación habría supuesto la desaparición de la sociedad de su época mediante la introducción de la iluminación permanente de las ciudades, la desaparición de las fronteras políticas debido a una aceleración del desplazamiento, la abolición del dinero, del trabajo, de la lucha de clases y de la religión (también de la producción literaria, porque, como afirma, "no creo que una época de auge económico favorezca a la literatura", 36).
 
Para Scheerbart (y esto lo vincula con las vanguardias históricas que tanto lo admiraron), se trataba de fusionar arte y vida, de estetizar la experiencia mediante la transformación del paisaje. A diferencia de las vanguardias históricas, sin embargo, el escritor alemán comprendió que era necesario que ese proyecto fracasase para que su triunfo se produjese en el ámbito de la estética. Esto y una muerte temprana (en 1915, en un manicomio) le ahorraron adherir al fascismo o al comunismo, que son los regímenes que traicionaron las ilusiones de transformación social de sus colegas vanguardistas, muy posiblemente para nuestro beneficio.
 
Paul Scheerbart puede haber estado loco: el de la invención de una máquina de movimiento perpetuo era uno de los delirios más frecuentes en la época, como recuerda André Blavier en su excepcional Les Fous littéraires (en el que lo incluye), y algunas frases suyas parecen ratificar esto ("Yo no creo que sea yo quien hace todo esto", 24; "Era muy extraño que yo no fuese capaz de saber por qué los prototipos no funcionaban", 67). A pesar de ello, y aunque su obra puede ser descartada desde el punto de vista técnico, no puede ser dejada de lado si se la considera en términos literarios, por su calidad y porque apunta a un asunto central: el de la literatura como depositaria de los proyectos fallidos, de las utopías, de los sueños que siempre terminan transformándose en pesadillas.
 
 
Paul Scheerbart
El móvil perpetuo. Historia de un invento
Trad. Esther Cruz Santaella
Madrid: Gallo Nero, 2014

[Publicado el 01/4/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Paul Scheerbart, Miscelánea, Gallo Nero]

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Querellas literarias / Nosotros caminamos en sueños 4

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"No es que quiera escribir: lo que quiero es estar en polémicas literarias". Una viñeta del New Yorker.

"Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red en el suelo" afirmó Robert Frost; otro poeta, el gran Philip Larkin, dijo: "La idea de expresar sentimientos en líneas cortas con sonidos similares al final me parece tan ridícula como la de que haya mangos en la luna". El enfrentamiento entre la poesía y la prosa es antiguo, y es improbable que alguien lo tome en serio actualmente. "Todo lo que no es prosa es verso y todo lo que no es verso es prosa" afirmó Molière en 1671, zanjando el tema. En tiempos posteriores, la energía destinada a la querella entre poesía y prosa se ha volcado en la resolución siempre demorada de otros conflictos (igualmente absurdos) como la supuesta supremacía de la novela sobre el cuento y la del verso libre sobre la poesía rimada, que es de lo que hablaban Frost y Larkin.
 
Unos días atrás, sin embargo, una noticia ponía en cuestión la afirmación anterior: en la región de Sverdlovsk, en Rusia, un hombre apuñaló a otro después de que éste afirmara que "la única literatura verdadera es la prosa". Al parecer, el asesino era un amante de la poesía; al parecer, también, ambos habían bebido. Quizás el enfrentamiento se debiese a los excesos etílicos de ambos hombres, tal vez fuese el resultado de la siempre insondable alma rusa (de hecho, también en Rusia y también recientemente, un hombre baleó a otro tras haber discutido acerca del filósofo Immanuel Kant, en la que es, pienso, una actitud muy poco kantiana pero bastante rusa). Aunque la noticia parezca sorprendente en tiempos en que la literatura ha perdido por completo su prestigio y su importancia en términos sociales, el hecho es que algunos pensamos que la literatura es una de las pocas cosas por las que vale la pena vivir y matar. No estamos solos: quienes desprecian la literatura olvidan a menudo que todas las grandes religiones y los principales movimientos políticos han sido fundados y legitimados por libros, y que sus muertos son incontables y han muerto por cosas tan poco importantes como una polémica literaria.
 
 
Publicado originalmente en El País Semanal, en la columna "Nosotros caminamos en sueños". Madrid, febrero de 2014.

[Publicado el 28/3/2014 a las 11:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Actualizaciones IX / Marie-Luise Scherer, Mason Currey, Stephen Collins

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Una página de "La gigantesca barba que era el mal", de Stephen Collins. Crédito, del autor.

Quienes hayan leído al espléndido Copi recordarán a las ancianas que pueblan algunos de sus cuentos y, particularmente, su obra gráfica: intrigantes, violentas, lúbricas, de una fealdad en la que Copi se recrea como si quisiese poner de manifiesto que su fealdad es principalmente moral. Me acordé de ellas leyendo el primero de los textos de La bestia de París y otros relatos de Marie-Luise Scherer, que narra los asesinatos de ancianas cometidos por dos inmigrantes antillanos en la década de 1980: si las ancianas del relato de Scherer sólo guardan una relación irónica con las de Copi, Paulin y Mathurin, los asesinos homosexuales, parecen calcados de las "locas" con las que el escritor argentino de lengua principalmente francesa ridiculizaba a la homofobia y a la vinculación entre sexualidades alternativas, enfermedad mental y crimen en Francia, donde el Ministerio de Salud sólo retiró a la homosexualidad de su lista de trastornos mentales en 1981. "La bestia de París" no es el mejor relato del libro, sin embargo: hay un magnífico retrato de Philippe Soupault, el único surrealista que no se comportó como un comerciante de la revolución literaria ni como un constructor de panteones.
 
 
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Afirma Mason Currey que su interés en las rutinas de los artistas "habla más bien sobre la producción que sobre el significado" de su obra (15). Rituales cotidianos puede ser leído, sin embargo, como una desmentida de la afirmación anterior; es decir, como la demostración de que la producción artística es su propio significado y su finalidad última. De hecho, los artistas que aparecen aquí (la lista es larga: desde William Faulkner a James Joyce, de Edith Sitwell a Jonathan Franzen) se parecen, como observó V. S. Pritchett en cuanto a que nunca pararon de trabajar, no perdieron un minuto. Algunos recurrieron a ayudas químicas (W. H. Auden, por ejemplo), otros al alcohol (Patricia Highsmith, Francis Scott Fitzgerald, John Cheever); hay quienes trabajaron de noche y quienes de día, y los que desarrollaron rutinas excéntricas que fueron (por sí mismas) una obra artística. Ninguno de ellos (con las excepciones de T. S. Eliot y Henry Green/Henry Yorke) buscó una comodidad y una estabilidad que son siempre la condena del talento individual, ya que el dinero no es un obstáculo ajeno a la literatura sino una parte sustancial de la misma. Rituales cotidianos viene a recordarnos esto en una época en que sólo se concibe la producción artística como una actividad posterior a la resolución de los problemas materiales, y a menudo como un escollo. Además es un libro extremadamente divertido.
 
 
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A diferencia de lo que sostienen algunos, no hay nada liberador en la irrupción de lo reprimido. El ilustrador y autor británico Stephen Collins, habitual del dominical de The Guardian y de otras publicaciones, ha encontrado para expresar esto una metáfora apropiada: la de una barba que crece irreprimible, desmesuradamente, trastocando la vida de su poseedor y la de la sociedad en la que éste vive, un "Aquí" que existe como reverso de un "Allí" del que nada sabemos. "Aquí", sin embargo, es "Allí" en determinadas circunstancias, y el orden superficial de nuestra sociedad esconde un desorden primitivo y un temor que no son individuales, no componen la estructura de una personalidad individual e intransferible, sino colectivos, como una oscuridad que anidase en nosotros. Al final, esa oscuridad emerge, como una pregunta a los lectores de esta magnífica y perturbadora novela gráfica.
 
 
Marie-Luise Scherer
La bestia de París y otros relatos
Trad. José Aníbal Campos
Madrid: Sexto Piso, 2014
 
Mason Currey
Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas
Trad. José Adrián Vitier
Madrid: Turner, 2014
 
Stephen Collins
La gigantesca barba que era el mal
Trad. Natalia Mosquera
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2014

[Publicado el 26/3/2014 a las 12:00]

[Etiquetas: Marie-Luise Scherer, Crónica, Sexto Piso, Mason Currey, Miscelánea, Turner, Stephen Collins, Cómic, La Cúpula]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Fotografía: Unai Pascual

Bibliografía


 
 

 

Ficción

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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