El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 16 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Entre el distrito negro y el Nuevo Mundo

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Paul Zech murió en Buenos Aires en 1946 en la miseria; había nacido en Briesen bei Thorn (hoy Wabrzézno, Polonia) en 1881 como el tercero de veintidós hermanos y, después de trabajar como minero en Bélgica y Francia y participar en la Primera Guerra Mundial y hacerse pacifista, se había convertido en uno de los poetas y dramaturgos alemanes más importantes de su época. En 1918 había obtenido el prestigioso Premio Kleist, en 1919 doce de sus poemas habían aparecido en Menschheitsdämmerung [Crepúsculo de la Humanidad], la antología definitiva del expresionismo realizada por Kurt Pinthus, y en 1926 Erwin Piscator había montado su obra El barco embriagado [Das trunkene Schiff], basada en la vida y la obra de Arthur Rimbaud, en la Volksbühne de Berlín.
 
Pero Zech tenía una personalidad contradictoria y difícil y había acabado distanciándose de sus amigos y valedores. A pesar de que más tarde argumentaría que su exilio se debió a razones políticas (una de las tantas ocasiones en que el autor embelleció su biografía o la reescribió por completo), el hecho es que en marzo de 1933 había sido despedido de la biblioteca en la que trabajaba y que estaba procesado por un hurto de unos dos mil libros y por el uso indebido del título de doctor y sobre él pesaban varias acusaciones de plagio de obras que había publicado para solventar su siempre inestable economía y que habían llevado a que lo expulsaran del órgano colegial de los escritores alemanes. Aunque no había sido perseguido por razones políticas, su última poesía es política y critica explícitamente al nacionalsocialismo y a sus principales figuras; la primera, en cambio, se inspiraba en la naturaleza: Waldpastelle (Cuadros del bosque al pastel, 1910), Schollenbruch (Desterronamiento, 1912), Der Wald (El bosque, 1920); y la de su período intermedio es declaradamente expresionista: Das schwarze Revier (El distrito negro, 1913), Die eiserne Brücke (El puente de hierro, 1913), Die rot durchrasten Nächte (Las noches raudamente atravesadas en rojo, 1914), Der feurige Busch (El arbusto ígneo, 1919) y otros. Al morir en Buenos Aires, donde había malvivido colaborando en la prensa alemana en el exilio y especialmente en el Argentinisches Tageblatt, Zech había sido olvidado por sus lectores alemanes; las dos colecciones que publicó en Argentina (Bäume am Rio de la Plata [Árboles en el Río de la Plata], 1930, y Neue Welt. Verse der Emigration [Nuevo mundo: versos de la emigración], 1939) pasaron desapercibidas y son un saldo exiguo para un autor alguna vez prolífico que escribió cientos de poemas, treinta y tres dramas, más de cien trabajos en prosa, numerosos ensayos literarios y una docena de novelas.
 
 
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A pesar de ello, su obra permaneció prácticamente inédita en español hasta la aparición de Yo soy una vez Yo y una vez Tú, la antología bilingüe que le ha dedicado Héctor A. Piccoli. El académico y poeta argentino recorre en ella el camino menos transitado al realizar una traducción prodigiosa que no se contenta con la literalidad sino también con la adopción de ciertas soluciones formales empleadas por el autor alemán, especialmente su uso del soneto; se trata, como apunta, de salvar "aunque sea parcialmente, los elementos cohesivos esenciales del poema" mediante una traducción que, sin violentar el sentido del original alemán, lo adecúa a la tradición literaria en español en un ejercicio insólito pero muy logrado de traslación. También, de periodizar la producción de Zech, que Piccoli distribuye en apartados que se corresponden con los acontecimientos principales de la vida del alemán: la estancia en Elberfeld hasta 1912, la residencia en Berlín y la participación en la Primera Guerra Mundial, la posguerra, el período berlinés de 1920 a 1933 y el exilio argentino. Su selección de los poemas sigue la realizada por Henry A. Smith en 1983 con el título de Paul Zech: Vom Schwarzen Revier zur neuen Welt [Paul Zech: Del distrito negro al nuevo mundo] y permite observar en la obra del autor alemán la influencia de Rainer Maria Rilke y la de cierta tradición baladística alemana habitualmente dedicada a narrar hechos trágicos en un estilo narrativo y accesible a todos los públicos. Los temas de Zech son el trabajo en las minas y la vida en la gran ciudad, que el autor contrapone a una naturaleza idealizada; para el autor, sólo la hermandad entre todos los hombres puede salvar al hombre individual de lo que el ensayista estadounidense Marshall Berman llamó en una ocasión "la terrible realidad desnuda del 'hombre desguarnecido'", que Paul Zech conoció bien.
 
 
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Además de poeta, ensayista y narrador, Zech fue un mentiroso: muchos de sus poemas fueron publicados bajo pseudónimo o atribuidos por su autor al francés León Deubel o a François Villon. También su obra miscelánea sobre la etnografía argentina era completamente imaginaria y sólo supuestamente basada en viajes al interior del país que su autor nunca había realizado y de los que emergía una imagen idealizada de la naturaleza argentina y de sus habitantes; sus leyendas locales son completamente falsas, no así su novela autobiográfica Michael M. irrt durch Buenos Aires (Michael M. vaga por Buenos Aires, 1985), en la que el autor se compadece ante la eventualidad de tener que vivir en un país miserable y estúpido. Al igual que buena parte de la obra que produjo en su exilio, Michael M. [...] fue publicada tras su muerte, cuando Zech alcanzó el éxito que probablemente mereciera: fue un pequeño multiventas en la República Democrática de Alemania, donde era considerado un autor antifascista (lo que, por otra parte, no era completamente descabellado, ya que había trabajado en la prensa de los socialdemócratas y había tenido una participación importante en la República de los Consejos), su volumen Die lasterhaften Balladen und Lieder des Herrn François Villon (Las baladas y canciones libertinas del señor François Villon, 1930) vendió en el Oeste más de trescientas mil copias y tuvo veintinueve ediciones y el importante crítico Marcel Reich-Ranicki incluyó dos de sus poemas en su versión personal del canon de la literatura alemana Der Kanon. Hoy en día es considerado, aunque marginal, todo un clásico de esa literatura.
 
 
ASTILLERO

Si recorres aguas arriba el puerto,
oh, cómo ronca y gime: astillero y laminado,
rieles y chimeneas, galpón y acelerado
ritmo de máquinas en un coro más que yerto.

Como rompiente silba de vapor blanco espuma
saliendo de canales y la grúa se queja,
colosal, en el remolque. De humo la guedeja
en que crepita un fuego que jamás se esfuma.

Cascos se elevan en filas toscas, como rocas.
Hormigas trepan costillas de acero:
la ralea de esclavos, que el vértigo no apoca.

Muy debajo de ellos, su caos el mundo estiba
y sobre ellos, en punzó soleado desde arriba,
se cierra el horizonte: un puño de carnicero.


TERRUÑO

En minas de carbón, en fábricas de color
mi puesto, yo era un extraño, una cifra anotada,
entre Dios y Baal una cosa arrojada
y un débil entre otros débiles al por mayor.

Y de un lugar a otro me convertí en viajero;
pero más que la fábrica unida a mí, jamás
fue la vida. República u orden imperial,

terruño era: ¡vagar! ¡Como un viento ancho sendero!
¡Y yo pertenecía siempre a todos, no a mí!
Mundo: hombres, paisaje, cual breviario leí,
mudo, y mucho he erigido, mucho pulverizado.

Ahora estoy sedentario, creyente y consumido.
Dos nietos juegan: ¡Córreme! Y está tibio el nido.
Y si un mendigo llama, ladrar no oirá al llamado.


¿ALEMANIA? - DEBERÍA ESTAR YA TAN ATRÁS...

¿Alemania? - Debería estar ya tan atrás
como un año perdido en la distancia,
como los rostros ya sin gravedad,
como un ser que ha sido de un sueño la sustancia.

Alemania... ¿qué no habría que enterrar,
y dónde no que descender, para no sentir
de lo que hemos perdido, nada más?
Tan fría, no puede en la noche una piedra dormir.

Más de lo que creemos tardan los muertos
en desprendernos, alejándonos de sí.
Se nos adelantan. Ya están allí,

Donde aún vemos bosques, como nubes, inciertos.
Ellos son los que derivan, ellos son las millas
que aún nos faltan, para ir a casa de prisa.


EPITAFIO

Éste que descansa en tierra extraña,
con gusano y raíz y el suceso original
de llegar a ser, de andar y de resucitar:
también él fue entraña de nuestra entraña.
Y lo que de disgusto siempre nos dio motivo
en su carácter, obra y objetivo
no fue otra cosa, en realidad,
que el reflejo de nosotros y de nuestra edad.

 

Paul Zech
Yo soy una vez Yo y una vez Tú
Trad. Héctor A. Piccoli
Rosario: Serapis, 2010

 

Publicado originalmente en El Cultural de El País de Montevideo. 16 de marzo de 2012.

[Publicado el 16/5/2012 a las 12:00]

[Etiquetas: Paul Zech, Héctor A. Piccoli, Poesía, Serapis]

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Sus problemas con la ficción

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Paul Viejo nació en 1978 y es traductor (entre otros, de Fiódor Dostoievski y de Antón Chejov) además de autor de los poemas de Extraña forma de memoria (2002), la novela La madera y la ceniza (2003) y la pieza teatral Quinta Avenida esquina con qué (2006). Los ensimismados es su primer libro de relatos breves y su centro es el cuento "No temas, Jack", en el que dos personajes se enfrentan en un granero deseosos de hacer algo para poner fin a su enfrentamiento pero conscientes de que habitan un relato de ficción y que éste debe terminar como está previsto:
 
"Está a punto de moverse porque intuye que, si se mueve, algo puede cambiar en este cuento. El hombre que antes de que diera comienzo esta narración entró en el granero [,] vio a un muchacho contrariado y distraído, y después a un muchacho ya menos distraído y ya menos muchacho que se lanza a por una escopeta esquinada, ese hombre, quiere tomar las riendas de este cuento. Pero el cuento, este y no otro, debe continuar siendo como se planeaba. Es decir, para que este cuento sea el mismo y no sea otro en el que se escuche

'No temas, Jack'

es Jack quien debe tenerlo todo bajo control, o ni siquiera hace falta tanto. Es suficiente con que sostenga el arma como la está sosteniendo desde que todo esto empezó. [...] Unas gotas de sudor. En la frente de Jack. Eso es lo máximo que puede permitirse este cuento: un cuerpo empapado en sudor..." (20-21)

Al igual que en "No temas, Jack", los otros cuentos de Los ensimismados están habitados por personajes que se saben producto de la ficción (simétricamente, también los trasuntos de personas reales que aparecen en ellos están siempre a punto de desbarrancarse en la ficción, como en el relato "Robert & Geena"). Aquí, la elección del verbo no es casual: los personajes de estos relatos los "habitan" como si fuesen casas, la disposición de cuyos muebles (y su uso de ellos) no pudieran ser determinados por ellos mismos, lo que les permite contemplarlos con familiaridad al tiempo que con extrañamiento. Al hacerlo, los personajes echan sobre ellos una mirada que reproduce la que (al menos en ocasiones) el propio narrador parece echar sobre sus personajes: una mirada desapasionada pero no necesariamente indiferente, ya que estos (los personajes) se saben responsables de que los cuentos que protagonizan concluyan de forma conveniente; es decir, de acuerdo a reglas que no conocen pero cuya existencia intuyen, como hace el ladrón desafortunado de "Robert & Geena", que (de hecho) insulta al narrador por haberle dado ese destino y no otro:

"Piensa eso, mientras corre, y piensa también, cuando se agacha, en lo imposible de haber cambiado nada, y en la culpa, la responsabilidad, la condena -piensa, pero es apenas una fracción de segundo- de saber lo que va a ocurrir, y saber también que alguien más lo sabe, que siempre hay alguien más ahí que sabía lo que iba a pasar, lo que le iba a suceder a él. Y deja de pensar cuando se cumple lo que tenía que ocurrir y su cuerpo tiembla entreverándose de plomo, y el hilo de sangre sale por su boca y sus ojos se quedan abiertos, mirando hacia ti, preguntándote si lo sabías todo por qué has dejado que ocurriera de igual forma, cabrón. Se quedan abiertos y azules y eléctricos tal como sabías que iba a ocurrir. Por qué has llegado hasta el final, si era la historia de siempre. Pero eso ya no es Robert quien lo piensa." (35)

Al igual que sus personajes (una adolescente dispuesta a seducir al dueño del garito donde toca, dos amigas que discuten sobre la decadencia física de una de ellas, dos personas que viven una historia de amor que comienza con unas clases de conducción y culmina en un accidente, etcétera), Paul Viejo parece tener "problemas con la ficción" (el título de uno de sus relatos) que lo llevan a merodear sus cuentos sin penetrar necesariamente en ellos; de hecho, el modo verbal dominante a lo largo del libro es el condicional: los personajes harían una cosa u otra o pensarían o dirían esto o aquello si el cuento que habitan debiera ceñirse a las convenciones. Afortunadamente (y estos son los supuestos "problemas con la ficción" de Paul Viejo), ninguno de sus cuentos lo hace, y gracias a ello el lector experimenta el placer que resulta de la doble perspectiva que ofrecen estos relatos, que cuentan una historia al tiempo que proponen instrucciones sobre cómo contarla. A esta doble perspectiva el lector le debe (particularmente en la segunda sección del libro) las incertidumbres y las trampas en las que cae una y otra vez, por ejemplo, en el cuento "Derrapar", donde lo que el lector cree al comienzo que es una charla entre el trasunto del autor y uno de sus personajes resulta en realidad un diálogo de dos personajes sobre el autor.

Refiriéndose a su pareja, el narrador del cuento "Cada noche" afirma que "las chicas de su edad siempre quieren acción, las mujeres más mayores quieren acción, y hasta las viejas la quieren" (88). Naturalmente, esto es cierto y no sólo válido para las lectoras: todos queremos acción, y los cuentos de Paul Viejo tienen muy poca, de allí que su narrador en ese relato se atormenta al saberse incapaz de contar a su pareja el cuento convencional que esta le pide para conciliar el sueño, ya que los suyos (admite) son "ventanas rotas, fotos rotas, juegos incompletos, rompecabezas a los que a veces les faltan fichas y donde tan importante es lo que se cuenta en el cuento como lo que no se quiere o no se sabe o no se debe contar" (90).

Quizás el lector no necesitase esta manifestación explícita de una poética que recurre habitualmente a la omisión y a la elipsis. No importa. Más importante que esto es que, a diferencia de algunos de sus colegas, y como el narrador de "Cada noche", Paul Viejo no sabe contar cuentos convencionales, ese tipo de cuentos que agradan a los lectores que prefieren hacerse los muertos y aprecian los fenómenos de feria o los ajuares funerarios; también, que los cuentos convencionales son siempre cuentos prescindibles ("literatura sin vida" los llama el comentarista anónimo de "Sin salir de Marta"), y que es una gran noticia para sus lectores que Paul Viejo no sepa escribirlos. A estos sólo les queda esperar (con alegría, con agradecimiento y con perplejidad) que no aprenda nunca.

 

Paul Viejo
Los ensimismados
Madrid: Páginas de Espuma, 2011

 

[El próximo miércoles: Yo soy una vez Yo y una vez Tú de Paul Zech]

[Publicado el 14/5/2012 a las 13:00]

[Etiquetas: Paul Viejo, Cuento, Páginas de Espuma]

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La guerra de Malvinas no ha tenido lugar

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Jean Baudrillard afirmó famosamente en su libro de 1991 que La guerra del Golfo no ha tenido lugar, una afirmación enormemente osada que apuntaba al hecho de que la guerra había sido reemplazada por la simulación de la guerra y por lo tanto no había tenido lugar en la imaginación occidental sino como relato y como fingimiento; a excepción de sus víctimas y de sus muy reales actores, nadie había experimentado esa guerra sino como espectáculo. Claro que el filósofo francés podría haber dicho lo mismo de otras guerras, y particularmente de la guerra de Malvinas, de la que se cumplen estos días treinta años y que (en la experiencia de millones de argentinos) efectivamente no tuvo lugar, reemplazada por el relato periódico de hazañas militares y actos de arrojo inverosímiles que eran la falsificación de la guerra, que tenía lugar a miles de kilómetros de las principales ciudades argentinas y de forma muy diferente a lo que se decía.
 
No suele ser fácil decir cuándo termina un relato, pero el hecho es que, en lo que concierne a la guerra de Malvinas, el relato culminó el 20 de junio de 1982, cuando las autoridades militares en las islas firmaron la rendición y fue comunicada la noticia de que no habíamos estado "ganando" la guerra sino perdiéndola en todos y cada uno de los frentes. Ante la evidencia de que (más que cualquier otra) lo que los argentinos habían creído que era la guerra no había sido su fingimiento, sus escritores comprendieron rápidamente que no era la guerra en sí misma (triste, sórdida, perdida de antemano) sino más bien la construcción de su relato por parte de las autoridades, su simulacro, el ámbito más idóneo para la producción de ficciones. Así, en 1982 Rodolfo Enrique Fogwill escribió Los pichiciegos (en seis días, según solía decir), en 1998 Carlos Gamerro publicó Las islas y en 2000 Edgardo Russo dio a la imprenta Guerra conyugal. No son las únicas novelas sobre la guerra de Malvinas (para un listado completo de ellas, véase el artículo de Ezequiel Alemián "La guerra en su literatura" publicado por el diario Perfil), pero esas tres delimitan el territorio en el que iban a moverse todas las otras ficciones sobre el conflicto hasta la llegada de Trasfondo de Patricia Ratto.
 
 
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Trasfondo narra la historia de los "treinta y nueve días de patrulla y ochocientas sesenta y cuatro horas de inmersión" (130) de los tripulantes de un submarino argentino que libraron una guerra personal y posiblemente inútil contra unos barcos ingleses a los que no podían ver mientras se deslizaban por el Atlántico Sur con un motor inutilizado, sin radar de tiro, con un lanzador de torpedos estropeado y cartas de navegación deficientes. No hay aquí exageración alguna: la autora narra aquí la campaña verídica (aunque inverosímil) de los tripulantes del submarino argentino San Luis que estuvo operativo (es un decir) en la zona de conflicto durante la guerra. Narrada por uno de los narradores más extraordinarios de la literatura argentina reciente, esta particular historia de fantasmas es también la historia de una espera (la de recibir órdenes, la de entrar en acción, la de llegar al área de exclusión), pero su mérito principal (si excluimos el de una prosa precisa y plagada de tecnicismos, y sin embargo muy evocadora) es el hecho de que la historia de estos submarinistas encerrados en un ingenio mecánico estropeado en el fondo de un mar desconocido y a merced de fuerzas hostiles e imposibilitados de comunicarse con el exterior (y, por lo tanto, de determinar qué está sucediendo realmente allí afuera) es una versión miniaturizada de la experiencia bélica de buena parte de la sociedad argentina: atrapados en un espacio minúsculo y asfixiante, imposibilitados de conocer si lo que escuchan arriba de sus cabezas es la guerra o sólo su simulacro, los personajes de esta novela no son ajenos al terror que nadie como los marinos argentinos supieron crear durante la última dictadura militar. La sugerencia (encarnada en el personaje o en las ensoñaciones relacionadas con el personaje de La Hiena) de que algunas de sus prácticas se trasladaron al conflicto (un asunto todavía espinoso en Argentina) es otro de los extraordinarios méritos de esta novela.
 
En Trasfondo Patricia Ratto enriquece la tradición de las novelas argentinas "de" Malvinas (con la que, por cierto, dialoga extensivamente) con la incorporación de todo un territorio (la guerra submarina) que no había sido abordado hasta ahora. No es un mérito menor, pero hay uno más y es más relevante: la plasticidad y el laconismo trágico de esta novela, que excede el ámbito de su tema y el de sus lectores naturales para ser aquello que nos dijeron que la literatura era (y que en tan pocas ocasiones es), perfección y sentido.
 
 
Patricia Ratto
Trasfondo
Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2012

[Publicado el 11/5/2012 a las 10:30]

[Etiquetas: Patricia Ratto, Novela, Adriana Hidalgo]

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Prácticas del relevo

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A poco de comenzado su ensayo La fábrica del lenguaje, S.A., el escritor mexicano Pablo Raphael afirma de forma categórica que "los libros que se imprimen hoy no tienen la menor importancia como factor de cambio social" y que "la literatura y la sociedad están rotas" (21). Un cierto ensayismo reciente, escrito principalmente por autores nacidos en torno a la década de 1970, nos tiene acostumbrados a este tipo de juicios taxativos, pero la diferencia entre esta afirmación y las que pueblan ese ensayismo consiste en que su autor no la realiza para poner punto y final a una discusión en torno a los vínculos entre literatura y sociedad, sino a manera de invitación a esa discusión y con la finalidad de "plantear una serie de hipótesis que buscan hacer más preguntas que respuestas" y proponer un "ejercicio para definir el espacio público en el que estamos y algunos de los principios por donde se mueven los temas, estéticas, moldes y modelos de la literatura que pertenecen a un relevo (real o ficticio)" (29).
 
 
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Pablo Raphael nació en Ciudad de México en 1970 y es autor de las ficciones de Agenda del suicidio y Armadura para un hombre solo, además de crítico, por lo que la suya no es en absoluto una mirada distante sobre su objeto de estudio; por su propio carácter, tampoco una objetiva (cualquier cosa que esto sea), pero el ejercicio que propone se ve beneficiado por la particular naturaleza de su situación: por una parte, el escritor mexicano se sabe partícipe de la escena literaria de su país y, por lo tanto, de la hispanoamericana; por el otro, admite las contradicciones de esa escena, caracterizada por el desinterés de buena parte de sus miembros por los efectos políticos de sus obras, su individualismo, el carácter adversativo de la mayor parte de los intercambios entre sus integrantes, el entusiasmo por los neologismos y el pensamiento de baja intensidad, el desdén por la tradición literaria y la aceptación acrítica de las reglas del mercado literario. Como afirma, "la mía se trata de una generación que apenas se lee y que se insulta muchísimo" (49) y que ha dado paso al surgimiento de tres figuras: "los directores de marketing convertidos en autores, los escritores sin obra que hacen política 'literaria' y los burócratas culturales fascinados con la administración de las becas, las fotos de coctel, los bicentenarios y las exposiciones que organiza el Estado" (50).
 
Ante este panorama, el de una literatura mayoritariamente torpe y anclada firmemente en la inopia estética y ética (y, por lo tanto, política), cuyo problema Raphael resume con maestría cuando afirma que "el lenguaje ha dejado de ser el mediador entre los hechos y lo que se narra" (38), el ensayista mexicano reivindica un tipo de literatura caracterizada por "el equilibrio entre contexto histórico, poética, ideología, trama y aparato textual" (78); también, una literatura que indague en la posibilidad de que exista un equivalente en su ámbito a iniciativas como la democracia deliberativa, la planificación participativa y los presupuestos consensuados que enarbolan los colectivos antiglobalización y "altermundistas" en el de la política. Para Raphael, se trata de proponer alternativas en un período histórico en el que "conceptos como generación, nacionalidad, geografía o género han dejado de servir como coordenadas para definir el estado actual del arte" (29) y producir con ellas una literatura y una crítica que sea "la principal protagonista en la redacción de una nueva lexis" (112), es decir, de un nuevo lenguaje para que los ciudadanos discutan la naturaleza de sus relaciones.
 
 
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Resulta difícil encontrar objeciones a este esfuerzo por devolver a la literatura del presente el sitio que antaño ocupó en la puesta en escena del futuro; más fácil resulta plantear reparos menores a entusiasmos puntuales del autor por ciertos escritores, ciertas publicaciones minoritarias e incluso a su interés por cierta literatura performativa y en la Red, pero el objeto de este libro parece ser precisamente ése, el de estimular un disenso necesario. Se trata de "anticipar respuestas, pensar en la necesidad de refrescar el lenguaje y hacer del poder de la palabra un elemento activo para recomponer el tejido social y corregir el vacío institucional provocado por la abulia, el abstencionismo y la tradición individualista que tiene condicionada a la sociedad" (279) y a la literatura, que es su causa y su consecuencia. El filósofo inglés Herbert Spencer afirmó en cierta ocasión que "la finalidad de la educación no es el conocimiento sino la acción". Pablo Raphael ha escrito un libro que parece responder a esa consigna y que funciona como el reverso inteligente del ensayismo al que hacía mención más arriba. Aun admitiendo lo certero del retrato devastador que Raphael realiza de su generación literaria (que es también la mía), su ensayo ofrece razones para el optimismo por cuanto señala la constitución de un espacio de disidencia para quienes no se conforman (no nos conformamos, cabría decir) con el estado de cosas en la literatura y no sólo en ella. Muy posiblemente La fábrica del lenguaje, S.A. sea el primer ensayo de importancia en español escrito por un autor nacido después de 1970.
 
 
Pablo Raphael
La fábrica del lenguaje, S.A.
Barcelona: Anagrama, 2011
302 páginas
 
 
Publicado originalmente en ABC Cultural. 10 de marzo de 2012.
 
[El próximo viernes: Trasfondo de Patricia Ratto]

[Publicado el 09/5/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Pablo Raphael, Ensayo, Anagrama]

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Una revolución personal

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El escritor chileno Marcelo Mellado (Concepción, 1955). Crédito de la fotografía: desconocido.

Unos años atrás, el ensayista español Carlos Eymar publicó una obra titulada El funcionario poeta (Madrid: Fórcola, 2009) en la que proponía unos "elementos para una estética de la burocracia" en la obra de tres autores: Franz Kafka, Fernando Pessoa y Alexandre Kojève. A pesar de toda su singularidad, sin embargo, la obra de Eymar no es la única en su género ni los escritores mencionados los únicos en los que se puede encontrar esta estética. La hediondez, la novela más reciente del narrador chileno Marcelo Mellado, explora esa estética (si es admisible poner ambos adjetivos juntos) de una forma triste y desopilante.
 
La hediondez narra cómo los esfuerzos para la rehabilitación de una biblioteca municipal en una ciudad innominada de provincias del litoral chileno (una rehabilitación, por cierto, beneficiosa para la toda la sociedad local, o al menos no particularmente inconveniente para nadie) divide a la escena literaria en dos bandos enfrentados de forma violenta y ridícula. Uno de los bandos, el denominado "La Caleta", está conformado por poetas de apodos infames y, por esa misma razón, perfectamente plausibles en el contexto provinciano: el Poetiso Caldera, el Gallina Clueca, el Pickle Quiroga y Bochorno Oyarzún; como representantes de lo que una y otra vez es denominado aquí "los poderes fácticos" (sin que quede claro qué poderes son esos, excepto los de la estupidez y el inmovilismo), los integrantes de "La Caleta" espían, amenazan y secuestran a los miembros de "El Gremio", el grupo rival, conformado por Prudencio Aguilar, Archibaldo Zúñiga, Chucho Velázquez y la poetisa de nalgas prominentes Elizabeth Portentosa, cuyo único interés radica en conseguir que se asigne a la biblioteca una nueva ubicación (la contemporánea, que los miembros de "La Caleta" no quieren abandonar, se encuentra junto a una fábrica de harina de pescado y al Centro de Recuperación de Animales Exóticos, por lo que el aire en ella es particularmente irrespirable). Durante algunos días, la ciudad es escenario de "una transparencia sicótica a nivel conspirativo" (58) que culmina en un paroxismo que incluye un rescate en el último instante, un desfile de travestís y la liberación de una cría de lobo marino en cautiverio, además de una boda celebrada con la anuencia y la colaboración de un cura surfista acusado de abusos sexuales a menores. Naturalmente, sin embargo (y debido a que así son las cosas, en las pequeñas localidades del litoral marítimo de Chile pero también en casi cualquier otra parte), todo esto no conduce absolutamente a nada.
 
Marcelo Mellado comparte con su colega transandino César Aira la capacidad para fabular y la inclinación al grotesco; lo distingue casi todo lo demás, pero en especial la lengua que emplea, que es una imitación particularmente lograda de la lengua burocrática. En palabras del magnífico crítico chileno Rodrigo Pinto:
 
"De un lado está el lenguaje sociologizante de quienes suelen analizar asuntos urbanos y sociales, una jerga correosa, plagada de esdrújulas y horrendos neologismos; de otro, el lenguaje burocrático, oficinesco, plano y retentivo, con notas provenientes de los servicios de seguridad y control; cruzando a ambos, el habla de la calle, el ‘tenimos', por ejemplo [...]" (124).
 
La elección de esa lengua parece perseguir varios fines: la consecución de un cierto efecto absurdo que resulta de tratar hechos insignificantes (una masturbación, por ejemplo) con una lengua que suele ser reservada para asuntos de mayor relevancia (Pinto llama a esto: "el perverso sentido del humor que anima su escritura", 125); también, la manifestación de la convicción del autor chileno de que la resolución de un asunto burocrático sólo puede encontrar su plasmación en sus propios términos. Apunto una más: al utilizar su lengua, Mellado desplaza a la burocracia del sitio preferente que ésta ocupa como productora de un cierto discurso burocrático que entre 1973 y 1990 fue el único legitimado para narrar el mundo. El escritor chileno se apropia de la lengua estatal y la intercala con insultos y expresiones soeces profundamente chilenas (por ejemplo, la magnífica: "¿Qué te pasa, me querí oler la raja, conchetumadre?, 96) para, de ese modo, mostrar que la distancia entre la experiencia real y la narración de esa experiencia por parte de la lengua burocrática (enarbolada por arribistas, poetas ridículos, pescadores de subsidios, mentirosos, todo lo que Álvaro Bisama denomina en el prólogo a este libro "ese mundo viscoso de talleres literarios, agrupaciones de amigos del arte, comentarios elogiosos en las redes sociales, karaokes interminables de poetas infumables", 11) es enorme; es decir, que la burocracia (en particular la literaria) y los "poderes fácticos" a los que da voz no gobiernan la realidad y ni siquiera pueden nombrarla. Así (narrando pequeños enfrentamientos pueriles en provincias que funcionan como miniaturas del ejercicio del poder a nivel nacional y narrando todo ello con una lengua profundamente subversiva en su uso), el autor de La hediondez realiza su revolución personal, pero esa revolución personal ha pasado desapercibida mucho tiempo. Desde el interior de La Provincia chilena, Mellado pone en cuestión la economía lingüística del poder no sólo en Chile, y es una experiencia excepcional el asistir a ello.
 
 
Marcelo Mellado
La hediondez
Pról. Álvaro Bisama
Epíl. Rodrigo Pinto
Santiago de Chile: Alquimia, 2011
 
 
Nota: Los escritores chilenos Marcelo Mellado y Rodrigo Olavarría leerán hoy a las 19.30 sus obras en la Casa de América de Madrid; mañana lo harán Germán Carrasco, Elvira Hernández y Jorge Velásquez. La entrada es libre hasta completar el aforo.
 
 
[El próximo miércoles: La fábrica del lenguaje, S.A. de Pablo Raphael]  

[Publicado el 07/5/2012 a las 12:45]

[Etiquetas: Marcelo Mellado, Rodrigo Pinto, Álvaro Bisama, Novela, Alquimia]

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"¿Qué es una novela en todo caso?"

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David Markson nació en Albany, Nueva York, en 1927 y murió en Nueva York en 2010. Aunque conoció y entabló amistad con los principales escritores de su tiempo (Malcolm Lowry, Conrad Aiken, Jack Kerouac, Dylan Thomas, Allen Ginsberg y otros), Markson nunca fue tan popular como ellos y, de hecho, su obra (con la excepción de la novela La amante de Wittgenstein) nunca había sido traducida al español (a pesar de haber sido considerada por David Foster Wallace "el punto más alto que podamos encontrar en la ficción experimental en los Estados Unidos") hasta la publicación reciente de su novela Reader's block (1996) por parte de la magnífica editorial argentina La Bestia Equilátera.
 
Claro que afirmar que La soledad del lector es una novela posiblemente resulte inapropiado para aquellos que adhieran a una concepción canónica de este género. David Markson reúne aquí una enorme cantidad de anécdotas y referencias literarias pertenecientes particularmente a las literaturas anglosajonas cuya vinculación entre sí puede parecer caprichosa, pero cuya acumulación acaba arrojando un sentido y (de forma ciertamente misteriosa) contando una historia: alguien que ha escrito algunos libros se muda ya en la vejez a una casa en las proximidades de un cementerio y allí rememora una vida de amores, enfermedades y, particularmente, lecturas. Contra lo que podría esperarse, sin embargo, el narrador no hace concesiones a la nostalgia; tampoco a la coherencia interna, posiblemente debido a que la vida de la que da cuenta no suele tener mucha.
 
La soledad del lector puede ser leída como una acumulación lúdica de citas (atribuidas y sin atribución), títulos, listados de autores (suicidados, asesinados, antisemitas, desaparecidos, escondidos, censurados, vírgenes, etcétera), actores, beisbolistas, padres y esposas de escritores, chistes, listas de personajes y nombres de novias. Pero también como "una especie de poema" (219) o, en palabras de su narrador, una "autobiografía" (54), e incluso como "una novela de referencias y alusiones intelectuales, por así decir, pero casi sin novela" (80), una obra "obstinada en sus referencias cruzadas y de críptica sintaxis interconectiva" (185). Markson no desdeña otras definiciones, y propone la de una obra "no lineal", "discontinua" y "en forma de collage", un "assemblage" (18) "de un género no descriptible" o "una semificción seminoficcional" y "cubista" (185). Todas estas definiciones constituyen instrucciones para leer, pero el lector tiende a dejarlas de lado ante el carácter "hipnótico" (en palabras de Kut Vonnegut Jr.) de la obra.
 
"¿Qué es una novela en todo caso?" (16), pregunta Markson. La respuesta, si acaso, es que es todo aquello que leamos como una novela, incluyendo un texto como La soledad del lector, conformado de los "restos flotantes" y las "cositas sueltas" (230) que (como los que el narrador observa desperdigados por la playa, cuando baja la marea) son todo lo que queda de la vida de un lector. "Nadie, excepto Beckett, puede ser tan divertido y tan triste al mismo tiempo" afirmó Ann Beattie sobre David Markson. Éste, a su vez, sostuvo: "Tengo un relato. Pero tendrás que encontrarlo" (103). Muy pocos libros de reciente publicación pueden ofrecer tanto placer durante esa pesquisa. Un imprescindible.
 
 
David Markson
La soledad del lector
Trad. Laura Wittner
Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2012

[Publicado el 03/5/2012 a las 12:45]

[Etiquetas: David Markson, Novela, La Bestia Equilátera]

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Tres noticias sobre Facebook

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Un botón que nunca verás en tu red social favorita. Crédito de la imagen: desconocido.

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Nadie parece poder soslayar el enorme éxito de la mencionada red social y el que parece ser un impacto notable en la cultura de nuestro tiempo; ni siquiera aquellos que no tenemos perfil en ella y ningún interés particular en lo que circula allí. A pesar de ello, los cruces entre la literatura y Facebook se han multiplicado en los últimos tiempos, ya sea por razones comerciales o por convicción. El más reciente de ellos lo protagoniza la prestigiosa editorial alemana Suhrkamp, que ha iniciado en marzo de 2012 una iniciativa consistente en colgar diariamente durante un mes tres cartas escritas por Hermann Hesse (1877-1962) a las que los usuarios de la red social deben responder: las mejores respuestas aparecerán con las cartas originales en un volumen llamado (predeciblemente) Hermann Hesse antwortet... auf Facebook [Hermann Hesse responde... en Facebook]. Según la editorial, el Premio Nobel alemán
 
"recibió a lo largo de su vida miles de cartas de lectores que, tras haber leído alguno de sus libros, habían desarrollado hacia él una confianza tan grande que le pedían consejos para sus problemas existenciales. A menudo eran personas jóvenes a las que la adaptación a lo establecido y las expectativas de padres y educadores les resultaban imposibles. Pero también conflictos generacionales, problemas vinculados con la pubertad y de pareja, dudas religiosas, preguntas relacionadas con la elección de un trabajo y con la actuación bajo las órdenes de otro fueron tema habitual de estas cartas. A pesar de que uno puede encontrar todos estos temas en los libros de Hesse, presentados de forma impersonal, éste nunca huyó del esfuerzo de tomar posición frente a estos casos individuales y concretos y responder uno a uno muchos de estos correos".
 
Al parecer, la lectura de los libros de Hesse no parecía suficiente a sus contemporáneos; gracias a la editorial Suhrkamp, a sus lectores posteriores ésta les resultará innecesaria, ya que bastará visitar regularmente el perfil del autor para conocer sus opiniones.
 
 
2
 
Claro que también parece innecesaria la propuesta de Deutsche Post, la compañía alemana de correos, que en un anuncio publicado en varios medios de ese país en diciembre de 2011, anunciaba un producto novedoso: un libro destinado a "eternizar" tu perfil de Facebook. El proceso de adquisición del libro es sencillo: tras otorgar tu consentimiento, un programa informático obtiene acceso a los datos de Facebook del interesado, quien tan sólo tiene que indicar el período de actividad que debe reflejar el libro y echarle una mirada antes de que el libro sea impreso por la compañía y enviado a su casa; el costo del servicio es de 19 euros más gastos de envío en el caso de que se trate de un libro físico y de 3,90 en el de un libro virtual, en formato pdf. Es sabido que el lenguaje publicitario requiere cierta capacidad de persuasión y, por supuesto, tiene, al menos, que provocar la impresión de que sus creadores están convencidos de lo que dicen, por absurdo que esto sea. En ese sentido, el texto con el que Deutsche Post promociona su iniciativa es perfecto:
 
"Digital goes analog: el libro individual resulta atractivo a cualquier usuario de una red social, no importa dónde viva. 'De regreso a las raíces' es el eslogan cuando de lo que se trata es de enlentecer estos tiempos efímeros perpetuando los recuerdos offline. Antes de que los highlights de tu cuenta de Facebook desaparezcan alguna vez en el nirvana, ¡haz un libro con ellos!"
 
La compañía promete que el usuario obtendrá de esa forma "información fascinante", por ejemplo: "con cuáles amigos has interactuado más, cuál de tus posteos fue el más interesante y qué fotos tuyas fueron las más comentadas". ¿Quién decía innecesario? A la vista de algunas publicaciones recientes de sellos grandes y pequeños en España, no parece que este vaya a ser el peor libro que leeremos en 2012.
 
 
3
 
Aunque quizás sí. O no. De todas formas, lo que muy seguramente no leeremos en 2012 será cualquiera de esos libros en ciernes cuyos autores comienzan la escritura de su novela creándole un perfil en Facebook. Aunque singular, el fenómeno no es nuevo y tiene una tradición ya incipiente en la mayor parte de las lenguas literarias. A menudo, transcurre de la siguiente forma: alguien anuncia en su muro que comienza la escritura de su novela "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (título completamente ficticio y usado aquí a modo de ejemplo) y recibe veinte pulgares de "I like" provenientes de sus amigos y un par de comentarios de ánimo. Al siguiente día, anuncia que ha escrito cuatro páginas y recibe treinta pulgares y un comentario. Más tarde, da cuenta de la escritura de tres páginas más y los pulgares son veinticuatro y no hay comentarios. A la semana, sin embargo, el número de pulgares aprobatorios ha descendido y el autor ha convertido el perfil de su novela en una entidad subsidiaria de su perfil personal; en él, cuelga vídeos musicales que supuestamente le sirven de "inspiración" o comenta noticias de otros amigos (muchos de los cuales, también tienen perfil de novela en camino). Un mes después, el perfil de Facebook de la futura novela "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" languidece con posteos del tipo de "Hoy hubiese escrito, pero juega el Ponferradina, así que nada" o "Amigos, esta semana no ha habido mucho movimiento por aquí, pero a la próxima seguro que me pongo". Los posteos ya no son comentados y a menudo sólo son ratificados por un pulgar solitario.
 
No hace falta decir que la novela cuyo perfil languidece en la red social nunca es escrita, y así, los lectores nos perdemos la que parecía otra obra prometedora o decepcionante, atractiva, sugerente o transformadora. Claro que esto no es culpa de los autores y no dice nada de su talento, que puede ser enorme o más bien escaso: simplemente es el resultado de una visión (errónea, pienso) de la literatura de acuerdo a la cual las obras singulares (es decir, los libros) no funcionan tanto como la finalidad última de la actividad literaria sino como meros artefactos para concitar sobre la figura de su autor la atención pública que parece ser el bien más preciado en nuestra época, ya sea en las redes sociales o fuera de ellas. La creación de perfiles públicos de objetos que no existen como las novelas por escribir tiene precisamente la función de atraer la atención pública sobre el autor sin que éste tenga que tomarse la molestia de escribir un libro, lo que (en general) es dificultoso y toma tiempo y esfuerzo, de allí que, tras haberla concitado, su finalidad se agote en sí misma y ya no haga falta escribir las novelas que le sirven de excusa. La desaparición de la literatura y de la cultura letrada tal como las conocíamos es tanto causa como consecuencia de este y otros fenómenos similares.

[Publicado el 30/4/2012 a las 12:00]

[Etiquetas: Disidencias]

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Frívolos y esperpénticos

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Noches de Bocaccio narra el ascenso y la caída de un aspirante a escritor que seduce a los miembros de la gauche divine durante apenas un puñado de intensos días de 1969. Félix de Azúa sostiene que es superior a Juan Benet, María Aurelia Capmany lo celebra como "un talento literario de primera magnitud" (46) y también se manifiestan a su favor Baltasar Porcel, Oriol Regàs, Gabriel Ferrater, Salvador Clotas y Julián Ríos, éste último (dice Juan Marsé), "nuestro Joyce descafeinado" (33), y también a Juan Goytisolo, para quien "al igual que a mí, a este chico la crítica no le entiende, la televisión española le ningunea, la policía posfranquista le persigue por toda Europa, los políticos le ignoran, sus amigos no le quieren y, encima, sus libros se leen al revés" (54); todos ellos, "comisarios-grumetes siempre en lo alto del palo mayor avizorando verdes continentes de prosa intransitable y alfalfa sintética, pasto de burros eruditos" (33).
 
Naturalmente (no podía ser de otro modo), Roberto Amores resulta ser un arribista y un plagiario (si acaso, un plagiario poco entusiasta), pero antes de ser descubierto se las arregla para estafar a tres editoriales y a una revista, destrozar dos matrimonios, sablear a setenta y ocho personas y dejar un buen puñado de cuentas sin pagar en los locales favoritos de la gauche divine. A pesar de ello, el lector no puede dejar de simpatizar con el desafortunado Amores, debido principalmente a la simpatía que despierta en el narrador de esta historia, un corrector de pruebas que participa de las "noches de Bocaccio" con una mezcla de interés y perplejidad, de entusiasmo y de resentimiento (de hecho, en un pasaje del texto no duda en alentar al plagiario en nombre "de los desheredados de la cultura y del analfabetismo ilustrado del siglo XX: dales por el saco, muchacho, méate en sus bocazas eruditas, fóllate a sus mujeres, sácales la pasta gansa", 68); en parte, también, debido a que el plagiario es tanto estafador como estafado, en este último caso, por un puñado de personajes frívolos y esperpénticos fascinados con todo aquello que sea moderno y constituya una novedad, personajes que son trasunto de otras tantas personas reales, parte de una de las escenas artísticas e intelectuales más brillantes y prometedoras de la historia española del siglo XX y los artífices de un cambio social y cultural que (si no llegó a imponerse finalmente, como todo parece indicar en nuestros días) sí generó efectos durante casi medio siglo.
 
No sorprende que el autor de su retrato despiadado sea Juan Marsé (lo que dice aquí no se aparta sustancialmente de lo que suelen afirmar en privado las principales figuras de la gauche divine cuando las invitas a echar la vista atrás), y quizás (y a pesar de la idealización en la que tendemos a caer aquellos que no hemos conocido la escena barcelonesa de la década de 1960 de primera mano) tampoco debería sorprender que su retrato presente a los miembros más connotados de esa escena como arribistas, ignorantes y frívolos. "En realidad, visto desde hoy, nuestro imponente Titanic no era más que un frágil patín a vela impulsado por la brisa", afirma el autor de Últimas tardes con Teresa (86), lo que (sin embargo) quizás sólo sea una parte de la verdad o una de esas exageraciones en las que la literatura de ficción (en particular, la literatura cómica) no puede evitar caer recurrentemente. Quienes deseen conocer todo lo que no cuenta esta adorable comedia escrita en 1987 pueden recurrir al ensayo de Alberto Villamandos El discreto encanto de la subversión (Pamplona: Laetoli, 2011).
 
 
Juan Marsé
Noches de Bocaccio
Barcelona: Alfabia, 2011

[Publicado el 26/4/2012 a las 12:45]

[Etiquetas: Juan Marsé, Alfabia, Novela]

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Historia natural de la destrucción

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Una página de "Memorias de la Tierra" de Miguel Brieva.

En 1759 Voltaire no había olvidado aún que el alemán Gottfried Leibniz había afirmado aproximadamente un siglo atrás que "vivimos en el mejor de los mundos posibles", y por esa razón hizo (en el libro homónimo) que Cándido afrontara torturas, catástrofes naturales, naufragios y separaciones con ese convencimiento. Aunque nos parece preferible pensar en él como un ingenuo, lo cierto es que Cándido "no es de este mundo": pertenece a un mundo palaciego que ofrece un reflejo invertido del que lo rodea.
 
Zuth Egbedius Mö (el narrador de Memorias de la Tierra de Miguel Brieva) tampoco "es de este mundo": es de color rosado y tiene tres ojos, pero no es precisamente esto lo que lo diferencia de los hombres (al menos, de la mayoría de ellos), sino más bien su incapacidad para comprender el comportamiento humano. Así, el narrador presenta una serie de viñetas (en realidad, colaboraciones publicadas por su autor entre 2007 y 2011 en los suplementos Tierra y Revista de Agosto del diario El País y en la revista El Jueves) que describen un planeta superpoblado y podrido cuyos habitantes asisten con indiferencia a su hundimiento. No es un recurso nuevo, naturalmente: hace siglos que nuestra cultura se inventa "visitantes" que la juzgan y en la mayor parte de los casos (y aquí vienen a la memoria decenas de producciones hollywoodenses) la absuelven de sus contradicciones y la ratifican. La diferencia entre esos productos "afirmativos" y este Memorias de la Tierra (y, de forma más general, toda la obra de Brieva) es, pues, de grado: el autor español penetra en la cultura contemporánea con una profundidad que hace imposible toda absolución. Así, sus viñetas presentan personajes obsesionados con el mantenimiento de sus privilegios incluso si ese mantenimiento supone la subsistencia o incluso el aumento de las desigualdades sociales que los hacen posibles, aferrados a lujos superfluos que llenan sólo de forma provisoria un vacío existencial y una impotencia ante el estado de cosas que en este libro tienen varias metáforas ("la montaña rusa a medio hacer" y el "burocratismo mágico", entre otros), pero que son bien conocidos por cualquiera que haya tenido los ojos abiertos en este país durante los últimos años.
 
Muy poco escapa a la mirada inquisidora de Brieva: ni el turismo masivo, la adicción a las nuevas tecnologías y a la comunicación, ni la comercialización de la intimidad, o la obsesión con el cuerpo; ni el mito del progreso ininterrumpido y sin costos materiales, el urbanismo salvaje y el agotamiento de los recursos naturales, ni el consumismo; ni el calentamiento global, el riesgo nuclear y la gestión de los residuos industriales, ni la apatía política de las mayorías. La religiosidad acrítica, el moralismo excesivo y la falta de ética, la corrupción política y la incapacidad gubernamental son criticadas en estas páginas al igual que la moda, las terapias alternativas y la sociedad del espectáculo, la doble moral de las empresas energéticas, los formatos televisivos y la normalización de la violencia. Aunque Brieva es principalmente un humorista, y uno muy bueno, su trabajo no agota sus efectos en la sonrisa o en la carcajada: aquí hay una intención muy seria cuya expresión más concreta es la inclusión de una importante cantidad de citas que contextualizan las viñetas o invitan a nuevas lecturas. El autor recurre para fundamentar su crítica a pensadores como Claude Lévi-Strauss, Frederic Jameson, Henry David Thoreau, Slavoj Žižek y Guy Debord, y a libros como Mitos nuestros de cada día de Edelvira Ordún (2008), Vivir (bien) con menos de Jorge Reichman (2007), La quiebra del capitalismo global: 2000-2030 de Ramón Fernández Durán (2011) y la antología Cambiar las gafas para mirar el mundo (2011), entre otros.
 
El autor utiliza estas lecturas para dar forma a lo que denomina hacia el final del libro "el gran salto revolutivo", cuyas principales características serían la recuperación de la independencia de criterio y de la libre disposición del tiempo, la reducción del consumo y de los desplazamientos, la superación del bipartidismo y la conformación de pequeñas comunidades autónomas regidas por algún tipo de democracia participativa. Aquí, sin embargo, su extraordinaria capacidad de análisis (y su enorme talento para disfrazar una crítica social inusualmente dura en imágenes de indudable belleza) parece ser entorpecida por su idealismo, ya que "el gran salto revolutivo" propuesto por el autor soslaya el hecho de que sólo muy raras veces las personas están dispuestas a renunciar a sus privilegios personales en nombre del sentido de responsabilidad para con el colectivo o con la supervivencia de la especie, ya que esa renuncia parece ser (desafortunadamente) contraria a la naturaleza humana. Al articular en torno a ella un programa, Brieva se comporta como Cándido en las últimas páginas del libro de Voltaire: allí, el personaje invita a sus amigos a labrar su huerta, y ese gesto de conformación de una comunidad vinculada a un modo de vida sencillo demuestra que Cándido nunca ha sido un ingenuo, sino (si acaso) un utopista. Miguel Brieva invita en este Memorias de la Tierra a hacer como Cándido, antes de que nuestra propia mano escriba la historia natural de nuestra destrucción.
 
 
Miguel Brieva
Memorias de la Tierra
Barcelona: Reservoir Books, 2012
 
 
Publicado originalmente en ABC Cultural. 17 de marzo de 2012.

[Publicado el 23/4/2012 a las 12:30]

[Etiquetas: Miguel Brieva, Reservoir Books, Cómic]

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"¿Por qué nunca entendiste lo que te dijimos?" (cita)

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"En 1946 George Groz escribió en A little Yes and a Big No: 'En aquellos días éramos todos dadaístas'. Cuando leí esa línea por primera vez me hizo acordar a José Aricó, que en La cola del diablo anotó: 'En los '70, todos éramos montoneros'. Hay determinados horizontes que, en algunos momentos de la historia, se vuelven la condición única y necesaria de contemporaneidad, por ellos mismos. En los '90 podríamos decir que todos fuimos punks, y no puedo evitar tener en la cabeza la imagen de mi amigo Pancho tirándole dos rivotriles al Zumuva, mirando mi remera de los Sex Pistols y diciéndo 'A ver, dale, vos que tenés esa remera, nou fiuchur, nou fiuchur'. El punk fue definitivamente la manera en que muchos nos relacionamos con una época de la Argentina y con su sociedad derrotada." (31)
 
 
"Juventud sin futuro, temprana decepción,
drogas y violencia, desocupación,
estado de muerte, repre-depresión,
salario de hambre, locura y ambición.
 
Sabés muy bien que la máquina
sin contemplaciones te va a tragar,
pero no te resignes y buscá venganza.
Te tomás mil pastillas y con eso no alcanza.
 
Decime, escuchame, ¿cuál es tu plan?
¿Jugar a los videos o aspirar poxirrán?
Nosotros con los chicos no nos aburrimos,
planeamos atentados contra el presi y los milicos
o quemar alguna iglesia o robar un banco,
cantar una canción que exprese nuestro asco.
 
Nunca nos fuimos, pero ahora volvimos,
¿por qué nunca entendiste lo que te dijimos?
Somos tu muerte o tu nacimiento.
Nuestra negra bandera se agita con el viento.
No cagué al sistema pero al menos lo intenté,
no cagué al sistema pero al menos lo intenté."
 
 
"¿Qué es 'no cagué al sistema pero al menos lo intenté' sino la articulación de la inapelable derrota generacional? 'No cagué al sistema pero al menos lo intenté' es la proyección inversa del slogan democrático 'Nunca más', con que se enmascaró la experiencia fracturada en los '70. Es una frase que nos devuelve en un eco la derrota y la matanza, y que le hace un juego de espejos monstruosos y deformantes al discurso de los ex PCR conversos que le escribieron a Alfonsín el discurso de Parque Norte (1985) en donde, frente al fracaso, se proponía modernización y una 'ética de la solidaridad'. Es indudable que la relación con la política que proponía el alfonsinismo, mediada por la derrota cultural, fue arrastrando como una herencia muerta por la generación siguiente, la de sus hijos." (39-40)
 
 
En
Flema es una mierda
Diego Vecino
Buenos Aires: Editorial Mancha de Aceite, 2012

[Publicado el 20/4/2012 a las 10:30]

[Etiquetas: Diego Vecino, Citas]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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