Javier Montes sobre literatura y arte contemporáneo (cita)

Marcel Duchamp fotografiado por Sidney Waintrob.
"Hablar de terrenos intermedios entre arte y escritura actuales no es hablar de carísimos y pretenciosos livres d'artiste, ni de textos del amigo escritor que nadie lee en el catálogo del pintor de turno, ni el artista poco inspirado que busca coartadas literarias. Sin embargo, incumben a ambos campos problemas y estrategias compartidas: la idea de obra abierta y trabajo en proceso; el interés por dejar a la vista las mecánicas de su creación; la posibilidad de narración o la imposibilidad de liberarse de ella; la cuestión de la voz, de quién habla y a quién: quién será el autor y quién el espectador, o el lector, o la mezcla de ambos, en un mundo de creaciones para las que necesitamos una vez más palabras nuevas. Urge inventar frases tan imposibles como la de [Paul] Valéry."
[Publicado el 10/2/2012 a las 10:00]
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"Tenemos dos orejas, una a cada lado de la cabeza": sobre las formas breves

Imagen: Jean Ignace Isidore Gérard, Grandville.
"Se llaman Substantiuos los que no se pueden juntar con vna destas palabras: hombre, muger, vela, porque no se puede dezir una vela hombre, una vela muger, aunque vela sea nombre substantivo".
"-Ola, Pedro, aueys traído mi mula?-Sí señor, aquí está la mohina-Mohina es nunca buena.-Porque, Señor?-Porque ni mula mohina, ni moça marina, ni moço Pedro encasa, ni Abad por vezino, ni poyo a la puerta, no es bueno.-Yo le prometo a v.m. que es mejor esta, que la que arrastró al cura cuando dezia: Dominus prouidebit.-Es vieja?-Nunca la vi nacer, mas yo creo que más vieja era su madre.-Tira coces?-Nunca una sola.-Siempre son a pares. Camina bien?-Todo lo que anda se dexa atrás".
"¿Tiene U. mi sombrero?Sí señor, tengo su sombrero de U.¿Tiene U. su pan?Tengo mi pan.¿Qué sombrero tiene U.?Tengo mi sombrero.¿Qué pan tiene U.?Tengo su pan de U."
"Buenos días.Estoy bien.Él está malo.Estoy aquí.Gracias.Muy bien.Buenas tardes.Buenas noches.Alguien toca.Abre la puerta.¿Quién es?Soy yo".
"La niña se pone el jubón - Su corpiño está sobre la silla - La muchacha va a la silla - coge el jubón - alza el jubón - pasa el brazo derecho en la manga derecha - pasa el brazo derecho en la otra manga - Abotona el jubón, a saber: - coge el primer botón - pasa el botón por el ojal - y cierra este primer botón. - Cierra del mismo modo el segundo botón - cierra del mismo modo el tercer botón, - cierra del mismo modo el cuarto y el quinto botón, - abotona el jubón hasta abajo - El jubón le cubre el busto, a saber: - le cubre los hombros, el derecho y el izquierdo, - coge el jubón - alza el jubón - le cubre el pecho, - le cubre la espalda, - le cubre el pecho, - le cubre la cintura, - Las mangas le cubren los brazos: el derecho y el izquierdo".
"Tenemos dos orejas, una a cada lado de la cabeza. La oreja es el órgano del oído. ¿Entendéis? Sí, entiendo. Da gusto entender. El sordo no entiende, tiene mala suerte. ¿Es desgraciado? No lo sé. Está bien. Los que tienen mala suerte ¿no son desgraciados? ¿Entiende el anciano? Sí, más o menos. Hay ancianos que son casi sordos. Los hay que son totalmente sordos".
"Don Fabián, el avejetado vejete, longevo vejestorio cuya Soberania [sic], privativa como amo exclusivo de la gran divisa de aquel vástamente [sic] alquilado albergue de bastante hacinados vecinos, invocada «ab aevo» «la GRAN INMOBILIARIA gigantesca de Ahuecaoquedavia» (exceptuada de habitanza la boardilla), del que, a vencimiento fijo y violario, le advenía cosa así como nueve haberes para «linotipistas» sobre «jovada a jornada ochava», la llevaba exhibiendo veintinueve inviernos consecutivos y la usufructuaba a través de su trabado y conchabado gestor-ayo administrativo -legítimo albacea y enlace en esa granjería o canonjía y adehala, en causahabiente heredada al óbito de su padre que en parbete de prebenda los dirigió un vicenio con gaje y obvención -quien exactamente es el execrable homicida de las tijeras, el personaje eje de la vitanda sevicia de eta hórrida historieta horripilante, con tan pungüe haber lucrativo que para él era exigua bicoca, extraída de sólo esta decinuevava [sic] parte de las otras sus acervadas habencias y haciendas [...]".
[Publicado el 08/2/2012 a las 12:00]
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Algún tiempo atrás la editorial salmantina El Desvelo publicó el libro de Sigfried Sassoon Contraataque en traducción de Eva Gallud Jurado; más recientemente, Acantilado ha publicado los Poemas de guerra de Wilfred Owen traducidos y anotados por Gabriel Insausti.
Quizás fuese interesante conjeturar las razones de este repentino interés (al menos editorial) por los así denominados "war poets"; como este no parece el sitio más adecuado para hacerlo, tan sólo podemos constatar el hecho de que estos poemas de Owen, reunidos en 1920 por el propio Sassoon (que fue su amigo y colaborador) y por Edith Sitwell, se ocupan de los mismos temas que los de Sassoon: el entusiasmo inicial de la marcha hacia el frente; la sórdida vida cotidiana en las trincheras; el aturdimiento durante los combates; el sinsentido de la propaganda bélica; las heridas infligidas deliberadamente para obtener la baja; la descomposición de los cadáveres de soldados y animales en la tierra de nadie entre las trincheras; el terror producido por los ataques con gas; el estruendo y el barro; el enloquecimiento de los soldados; la hipocresía de los civiles que, cómodamente instalados en la retaguardia, promueven el ardor bélico y el sacrificio de los jóvenes; la amistad entre los combatientes; el remordimiento; "el triste camino despiadado / que conduce del día hacia la noche" (45); es decir, "la verdad nunca dicha, / la pena de la guerra" (17).
Allí acaban las semejanzas entre ambas obras, sin embargo: los poemas de Owen se caracterizan por un lirismo y un tono elegíacos mayores que los que se encuentran en los poemas de Sassoon. A raíz de ello, su poesía parece más sofisticada y menos sincera que la de este último (allí están por ejemplo sus referencias a Percy Bysshe Shelley y Dante Alighieri, sin equivalentes en la obra del otro), aunque no menos lograda; de a ratos, también, más optimista: "He hallado a la belleza / en esos juramentos que el coraje confirma, / He oído música entre el estruendo del combate / y he hallado paz donde las bombas escupían / fuego." (25).
Al igual que los otros "war poets", Owen dejó atrás el tipo de poesía sensual y decadente que imperaba en los años de su formación para escribir una poesía subordinada a la finalidad de ofrecer una visión alternativa a la propaganda bélica de su época (es decir, una poesía ética); como señala Insausti en sus notas al poema "La parábola del joven y el anciano", Owen señaló "a la generación de sus padres como responsable de la carnicería de la guerra, al alentar frívolamente el entusiasmo de los jóvenes mediante el lenguaje heroico, la propaganda y los alistamientos irregulares" (95). Al hacerlo, señalaba también a autores como Thomas Hardy y Rudyard Kipling (a los que parodia en el poema "La despedida") como los valedores literarios de una visión heroica de la guerra que carecía de asidero en la realidad; a ellos, y a los civiles insuflados de ardor bélico en la retaguardia, les dice, hablando de los soldados con los que combatió: "[...] no oiréis su risa nunca. / No dejarán mis chanzas que creáis / que han sido bien felices. Merecen vuestras lágrimas. / No merecéis vosotros su alegría." (25)
Wilfred Owen nació en Oswestry en 1893 y estudió en la Universidad de Londres; a partir de 1913 vivió en Francia, pero en 1915 se alistó en el ejército y sirvió entre junio de 1916 y el mismo mes de 1917; escribió sus poemas de guerra entre el verano de ese año y el otoño de 1918. A pesar de haber sido enviado a casa por "invalidez transitoria", Owen estuvo de regreso en el frente catorce meses después de su baja y murió allí en noviembre de 1918 en el canal de Sambre. Entre sus admiradores se encuentran W.H. Auden, Stephen Spender y Cecil Day Lewis. Su vocación literaria había sido promovida por el poeta francés Laurent Tailhade poco antes de que estallara la guerra que los convertiría inevitable y desgraciadamente en enemigos.
TRES POEMAS
PREFACIO
Este libro no trata de héroes. La poesía inglesa aún no
está preparada para hablar de ellos.
Tampoco trata de hazañas, territorios ni nada que tenga
que ver con la gloria, el honor, el poder, la majestad,
el dominio o la fuerza, sino con la guerra.
Sobre todo, lo que no me interesa es la poesía.
Mi tema es la guerra y la pena de la guerra.
La poesía está en la pena.
Pero estas elegías de ninguna manera pueden ser un
consuelo para la presente generación. Tal vez lo sean
para la siguiente. Todo lo que un poeta puede hacer
hoy es alertarles. Por eso los verdaderos poetas deben
decir la verdad.
(Si hubiese creído que las palabras de este libro fuesen
a perdurar, habría empleado nombres propios, pero
si su espíritu sobrevive-esto es, si sobrevive a Prusia-,
mi propósito y esos nombres habrán alcanzado
campos más verdes que los de Flandes...).
LAS POSIBILIDADESLa noche antes del jaleo-m'acuerdo bien-
le dimos al palique y así nos enteramos.
«Amigo-dijo Jimmy, que sabía lo suyo-,
sólo pueden pasarte cinco cosas:
te desmayas, te hieren-grave o leve-
6 te tumban o te salvas con tu miedo».A uno de nosotros lo partió un cañonazo.
A otro lo acertaron y perdió las dos piernas.
Un tercero-en palabras que usan los hipócritas-
quiso el azar que lo pillara Fritz.
Yo no tuve un rasguño, a Dios sean dadas,
pero más le daré si otra vez cae una herida.
En cambio, el pobre Jim no está vivo ni muerto.
«Una de cinco», nos decía; él tuvo todas:
herido, muerto, prisionero, todo el lote
le tocó de una vez. Jim está loco.
LA PARÁBOLA DEL JOVEN Y EL ANCIANOSe alzó pues Abraham, cruzó los bosques.
Llevó consigo fuego y un cuchillo.
Y mientras caminaban ambos juntos,
preguntó así Isaac, el primogénito:
«Padre, veo que llevas hierro y fuego,
pero ¿el cordero para el sacrificio?».
Abraham ató al joven con cordajes
y construyó trincheras, parapetos...
Al sacar su cuchillo, de repente,
un ángel lo llamó del Cielo y dijo:
«Retira ya tu mano del muchacho,
no le hagas ningún daño. Hay un carnero
que es presa de ese arbusto por los cuernos;
ofrécelo mejor en sacrificio».Pero el viejo rehusó, mató a su hijo
y, uno a uno, a los jóvenes de Europa.
Wilfred Owen
Poemas de guerra
Ed., trad. y notas Gabriel Insausti
Barcelona: Acantilado, 2011
Pp. 15, 67 y 35
[Publicado el 06/2/2012 a las 12:30]
[Etiquetas: Wilfred Owen, Acantilado, Poesía]
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Manuel Rodríguez Rivero sobre la necesidad de la crítica literaria en nuestros días (cita)

Reacción habitual del escritor poco inteligente ante la crítica. Fotograma de "Freaks" de Tod Browning (1932).
"Como ya he dicho en alguna ocasión, mi experiencia como antiguo editor es que a los autores (la materia prima del negocio, el elemento más creativo, el único verdaderamente imprescindible en la cadena del libro) les encantan las reseñas positivas de sus libros, pero nunca con la intensidad con la que detestan y les enfadan las negativas. Las primeras halagan, pero se olvidan pronto; las segundas producen heridas que tardan en cicatrizar. He conocido a autores que se empeñaban en ver ominosas manos negras, tremendos rencores y oscuras venganzas detrás de las reseñas adversas, aunque nunca sospecharon sobre los motivos de quienes escribían encendidos ditirambos sobre su última novela.Con la multiplicación de las bitácoras (literarias o no) y la difusión de la opinión personal a través de las redes sociales el espacio del añorado crítico-árbitro (el que servía de referencia a los lectores, se estuviera de acuerdo con él o no) se ha visto todavía más reducido. Y, sin embargo, con tanto ruido, la crítica es hoy más necesaria que nunca. Estos días, coincidiendo con la lectura de algunos fragmentos de Anatomía de la influencia (Taurus, octubre), un apetitoso ensayo de Harold Bloom en el que el gran crítico norteamericano repasa, a modo de testamento prematuro, todas sus fijaciones teóricas desde aquel brillantísimo The Anxiety of Influence con el que se dio a conocer en 1973, he conocido las reglas a las que, según el poeta (y también crítico) Robert Pinsky, debe someterse toda crítica. Son sólo tres, y no me resisto a sintetizárselas:Uno: la crítica debe decir de qué trata el libro. Dos: la crítica debe decir lo que el autor del libro dice acerca de lo que trata el libro. Y tres: la crítica debe decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor dice acerca de lo que trata el libro. Chapeau."
[Publicado el 02/2/2012 a las 12:00]
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"Anestesia local" de Günter Grass: Prólogo

1
El estudiante de bachillerato Philipp Scherbaum tiene diecisiete años y la firme decisión de prender fuego a su perro Max para protestar contra la guerra de Vietnam; su plan es rociar al animal con combustible y prenderle fuego frente al coqueto café Kempinski, en la Kurfürstendamm de Berlín, para que las ancianas que toman su café con torta puedan conocer de primera mano qué sucede cuando alguien o algo es rociado con napalm, como hace el ejército estadounidense en el sudeste asiático con la anuencia de la República Federal de Alemania. Naturalmente, Scherbaum no está solo: su amiga Veronika Lewand, también estudiante de bachillerato, lo introduce en la escena berlinesa de izquierdas y lo alienta; su profesora de matemáticas, Irmgard Seifert, cree ver en él una voluntad de redención que le viene bien para purgar su pasado (simpatizó con el nacionalsocialismo) y también lo apoya; su profesor de literatura y confidente, Eberhard Starusch, por el contrario, pierde la cabeza tratando de disuadirlo: le muestra ilustraciones de la quema de seres humanos a lo largo de la historia, le propone que lleve a cabo su acción en Bonn -donde se encuentra la sede del gobierno federal en la Alemania dividida de 1967-, amenaza con denunciarlo, incluso se ofrece para secundarlo en su acción prendiendo fuego él también a un perro (que previamente debe comprar, criar, etcétera) y le sugiere que escriba poesía, pero el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum se mantiene firme.
No es que Starusch no simpatice con el malestar de su alumno frente a la guerra de Vietnam o que pretenda desentenderse de lo que sucede a su alrededor: de hecho, en su juventud fue líder de una banda de adolescentes de Danzig que se oponía al reclutamiento en las Juventudes Hitlerianas y al régimen nacionalsocialista en general (lo que aparece en la así llamada «Trilogía de Danzig»: El tambor de hojalata, El gato y el ratón y Años de perro), y en la actualidad es un socialdemócrata entusiasta, aunque quizás algo fabulador y con una tendencia acusada a reescribir una y otra vez su pasado, mejorándolo; pero tampoco es un revolucionario, de manera que la iniciativa de su alumno lo pone en la dolorosa disyuntiva de estar de acuerdo con los argumentos a favor de una acción y, sin embargo, estar en contra de esa acción, movido por el afecto a su alumno pero también por su papel como representante del orden establecido. No es un gran problema, pero tampoco es un problema menor, y Anestesia local se articula en torno a esa disyuntiva.
2
Günter Grass escribió Anestesia local en 1969, cuando una nueva promoción de activistas políticos surgidos del movimiento estudiantil cuestionaba ese orden establecido por considerarlo una continuación del pasado nacionalsocialista al tiempo que se alejaba de aquellos intelectuales que (como el propio autor) consideraban que su intervención en la vida política debía ser activo, pero de ningún modo contrario a las bases de ese orden establecido, a sus instituciones y a sus formas de representación.
Unos cuatro años atrás, en 1965, Grass había participado activamente en la campaña presidencial del candidato de la socialdemocracia, el alcalde de Berlín Willy Brandt, a través de la «Wahlkontor deutscher Schriftsteller» (literalmente, la «agencia electoral de los escritores alemanes»), una organización dedicada a la creación de eslóganes y de textos literarios en apoyo a Brandt en la que habían participado Hans Werner Richter (iniciador y «eminencia gris» del Gruppe 47) y el editor Klaus Wagenbach al igual que los escritores Nicolas Born, Peter Härtling, Hubert Fichte, Hermann Peter Piwitt, Günter Herburger, Hans Christoph Buch y Peter Schneider entre otros (Peter Weiss, Martin Walser y Heinrich Böll habían rechazado la invitación a participar). Que uno de los escritores alemanes más populares del momento hiciera campaña a favor de un candidato específico generó una cierta controversia: por una parte, Grass fue atacado por exceder el marco de lo que un escritor supuestamente debía ser y decir; por otra, se lo acusó de no comprender que (según algunos) el sistema no debía ser modificado mediante la elección de un candidato u otro sino destronado. Un año antes de la publicación de Anestesia local, por ejemplo, el escritor alemán había publicado la pieza teatral «Davor» [antes] cuyo argumento y personajes coinciden casi literalmente con la segunda parte de Anestesia local y ésta había sido señalada como «la obra de integración de un autor completamente integrado y corrompido».
3
Atacado tanto por la derecha como por la izquierda, Grass hizo entonces algo relativamente desusado: en vez de proponer una solución personal al problema de qué hacer y respaldarla con su prestigio y con la supuesta autoridad moral que (según ciertos lectores crédulos) los escritores tendrían a raíz de su oficio, el autor de El tambor de hojalata escribió Anestesia local, una obra que no ofrece hojas de ruta para el descontento, pero sostiene (y en esto es contundente) que ese descontento es necesario para dejar de lado el embotamiento y la indiferencia al dolor propio y ajeno de nuestras sociedades. Grass recurre aquí a la ironía y al humor (aunque hace decir a uno de sus personajes que «la risa impide la acción», hay mucho humorismo en Anestesia local y un cierto carácter juguetón que permite ver la historia del individuo y de la sociedad como un largo y muy poco fiable programa de televisión que incluye comerciales, concursos de preguntas y respuestas, noticias de sucesos truculentos y demás) al igual que a su extraordinaria capacidad para la alegoría al presentar las tribulaciones de sus protagonistas; así, el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum escribe:
«Por supuesto, mi padre no fue nazi. Mi padre sólo fue encargado de la defensa antiaérea. Un encargado de la defensa antiaérea no es, por supuesto, un antifascista. Un encargado de la defensa antiaérea no es nada. Soy hijo de un encargado de la defensa antiaérea, por consiguiente soy hijo de un nada. Ahora mi padre es demócrata, como antes fuera encargado de la defensa antiaérea.»
Grass ridiculiza aquí la determinación de los alemanes de negar su participación personal en los hechos trágicos del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, así como en otra parte se burla suavemente de los círculos izquierdistas que demoran la acción en nombre de un radicalismo y una oposición a los compromisos que son puramente retóricos. Al hacerlo, realiza varios paralelismos: entre la violencia política del pasado nacionalsocialista y la del presente movimiento estudiantil, entre su generación y la que le sigue («"[...] nuestra generación fracasó. Pero, ¿no fue acaso una huida cómoda poner esperanzas en nosotros, esperar de nosotros la fórmula de liberación? Nosotros, a quienes se había sacrificado, no podíamos ofrecernos en sacrificio. Nosotros, marcados ya a los diecisiete por un sistema criminal, no podíamos cambiar los tiempos, nosotros no"»), entre la cirugía dental y las propuestas legitimadoras de la violencia política, entre la anestesia aplicada por el dentista y la de sus conciudadanos; también, entre la enfermedad individual y la social. Detrás de estos paralelismos hay un diagnóstico y una pregunta; el primero consiste en afirmar que
«[...] los individuos establecidos en mitad de sus treinta o sus cuarenta apenas encuentran tiempo para recordar sus derrotas. Hemos aprendido a reconocer la situación. A servirnos de los codos. A adaptarnos a la necesidad. A permanecer flexibles. A no comprometernos. Tácticos taimados, y también especialistas activos, que persiguen lo posible e inclusive -si no se producen resistencias inesperadas- lo consiguen. Pero esto es todo.»
En cuanto a la pregunta, es la siguiente: «¿Qué quiere decir decidirse a actuar, convertir algo en acción?» Se trata de responder a la pregunta de si existen alternativas o si, como creían sus contemporáneos más radicales (a los que Grass llamó en cierta ocasión «fascistas con piel de marxista»), la única acción posible es la violenta. En ese sentido, no es difícil apreciar que las simpatías del autor no están tanto con el profesor de literatura Eberhard Starusch ni con el estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum (aunque Grass parece comprender sus motivaciones y, de alguna manera, respetarlas) sino con el dentista innominado que atiende a Starusch y le receta anestésicos de baja intensidad que le permitan sobrellevar las intervenciones quirúrgicas a las que lo somete; para él, se trata de llevar a cabo pequeñas acciones correctivas y no necesariamente violentas basadas en la evidencia empírica de tal modo que éstas contribuyan a la curación del individuo, antes que de una intervención brutal y definitiva.
4
Al igual que para su paciente, para el dentista innominado del libro Vietnam es «a lo sumo el resultado de una política equivocada o la manifestación necesaria de un sistema social corrompido», una situación claramente menos idealista que la del estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum, quien «no indaga los motivos: ve seres humanos convertidos en antorchas vivientes y quiere hacer algo en contra, lo que sea». En el marco de la década de 1960 (a la que Grass se refiere implícitamente al hablar de «Brigadas tan numerosas como se quiera de buldóceres allanaban centros comerciales, almacenes de depósito, depósitos de piezas de recambio, almacenes frigoríficos en los que sudaban montañas de mantequilla [...]. Grandes almacenes caían de rodillas y se prendían fuego mutuamente. Y por encima de todo eso se oía cantar: burn, warehouse, burn») y en el cénit del movimiento estudiantil, un programa así sólo podía ser tildado de reformista y rechazado por una gran mayoría de los lectores, pero es precisamente contra esa mayoría contra la que estaba dirigida la llamada a la sensatez por parte del dentista, quien afirma aquí que el cambio «es producto de reformas lentas y aun a menudo tardías, y no de la violencia necia, capaz únicamente de crear la nada». En Anestesia local su autor no deja de simpatizar con los intentos de oponerse a lo establecido, pero rechaza el uso de la violencia, así como la idea del sacrificio personal y del «dolor como medio de conocimiento». Aun cuando esta crítica se propone implícitamente como una reorientación del movimiento estudiantil a partir del interés en un cambio social compartido por el autor y por los activistas y su rechazo al fascismo, resulta difícil no leer la siguiente declaración del dentista como algo más que la explicitación de las opiniones de un personaje hastiado de
«[...] su fastidio, su bostezar frente a mejoras ciertamente insignificantes pero útiles con todo, su afán de cortar nudos con un golpe rápido y sin embargo a ciegas, su deseo desenfrenado de un hundimiento lo más pomposo posible, su trasnochada hostilidad contra la civilización, que disfrazada de progresista quisiera volver a los tiempos del cine mudo, su impotencia para trabajar en silencio y activamente a favor del bienestar de la humanidad, su pedagogía, dispuesta a cambiar incondicionalmente la nada por una utopía y uno de estos pequeños castillos en el aire por la nada retumbante, su agitación, su cerebelo caprichoso, su satisfacción maliciosa cuando algo va mal y sus reiteradas exhortaciones a la violencia, todo esto lo denuncia.»
El enfrentamiento entre el dentista y su paciente que se produce en Anestesia local es pues el que sostienen reformistas y revolucionarios; allí donde «el médico aconseja practicar moderación y confiar en la evolución permanente», el paciente (y su estudiante) exigen «determinados cambios radicales y una actitud revolucionaria», de tal modo que la novela se convierte en una alegoría de ese enfrentamiento, en el marco del cual, Grass (contra la opinión general en su época) opta por los primeros. El autor de La ratesa hace decir al estudiante de bachillerato de diecisiete años Philipp Scherbaum que a ciertas ideas se las debería «congelar, para poder descongelarlas algún día, pensarlas hasta el fin y traducirlas en acción...» Ahora que los tiempos parecen haber cambiado (sin acabar con las razones para una intervención política que parece cada día más urgente) Anestesia local trae algunas de esas ideas para que sean pensadas «hasta el fin» por una nueva promoción de personas y, por fin, convertidas en acción; así, el padre del narrador de este libro le ha dicho en una ocasión que «"El futuro de la humanidad está en la construcción de puentes"», lo que puede ser leído de forma literal o como una invitación (y posiblemente toda Anestesia local lo sea) a pensar alternativas hoy que los ríos parecen desbordados.
Prólogo a
Günter Grass
Anestesia local
Trad. Carlos Gerhard
Madrid: Capitán Swing, 2012
[Publicado el 30/1/2012 a las 12:30]
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Tobias Wolff sobre la novela del escritor (cita)

"Si todo esto parece una especie de biografía de un escritor, no es casual. Hasta cuando vivía aquellas cosas las estaba viendo en la contraportada de un libro. Y sin embargo, durante todos aquellos años en realidad escribí muy poco, quizá porque tenía miedo de no ser lo bastante bueno para justificar aquella existencia improvisada, y porque la improvisación se convirtió en un fin en sí misma y dejaba poco sitio a la invención disciplinada. [...] De la vida de la que surge lo que se escribe no es posible escribir. Es una vida que transcurre sin el conocimiento del propio escritor, por debajo de las inquietudes y los ruidos de la mente, en profundos pozos sin luz donde los mensajeros fantasmas se esfuerzan por avanzar hacia nosotros, matándose entre sí a lo largo del camino; [...] No se puede hacer ningún relato verídico de cómo o por qué uno se convirtió en escritor, ni existe ningún momento del que se pueda decir: Es entonces cuando me convertí en escritor. Las piezas sueltas encajan más adelante, con mayor o menor sinceridad, y después de que los relatos se hayan repetido adquieren la categoría de recuerdos y bloquean todas las demás rutas de exploración."
[Publicado el 27/1/2012 a las 10:15]
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Gilles Lipovetski; Bogotá, 2010. Fotografía: Vasco Szinetar.
[Publicado el 25/1/2012 a las 12:00]
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"[...] con la que está cayendo..." Ilustración: Larissa Bertonasco.
[Publicado el 23/1/2012 a las 12:30]
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Chantaje y asesinato moral en nuestros días

"[...] primero, respetar al otro, segundo, tener alguna duda y algún interés en tratar de entender lo que el otro quiere decir. [...] tengo para mí que una de las claves de lo que ahora mismo está ocurriendo con la degradación del diálogo sucede porque el diálogo como tal nace truncado desde el momento en que hay mucha gente que tiene cosas que decir (o cree que las tiene) pero que tiene muy poquito interés en escuchar lo que otros tienen que decir. Y en todo caso, se acerca a eso con un gran número de prejuicios, un obstáculo muy superior al de la ignorancia, y con ideas predeterminadas, de tal manera que no hay la más mínima posibilidad de que otras voces u opiniones introduzcan algún factor que matice sus propios puntos de vista" (39-40).
"[...] en lugar de haber convertido la red en una plaza de gran trascendencia reflexiva, sometida a las discusiones más abiertas y más variadas, hemos dejado que esos ámbitos de discusión y de participación pública se nutran con los insultos más desconsiderados y con la más terrible de las lacras que vive la cultura escrita: el anonimato maldiciente en manos del que quiere hacer daño porque le place, el que no entiende de barreras ni de dicción ni de pensamiento" (15).
[Publicado el 20/1/2012 a las 10:15]
[Etiquetas: Juan Cruz Ruiz, Turpial, Miscelánea]
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Más contribuciones al insulto literario (cita)

Ofensor y ofendido: Émile Zola según la publicación satírica "Le Rire" (1897)
Gustave Flaubert sobre George Sand: "Una gran vaca rellena de tinta."
Lawrence Durrell sobre Henry James: "Si tuviera que elegir entre leer a Henry James y que apretaran mi cabeza entre dos piedras, elegiría lo segundo."
¡Absalón, Absalón! de William Faulkner de acuerdo a The New Yorker: "La explosión final del que alguna vez fue un talento menor pero notable".
James Dickey sobre Robert Frost: "Si alguien dijera que alguna cosa que escribí fue influenciada por Robert Frost, cogería esa obra mía, la trituraría y la tiraría por el inodoro con la esperanza de no obstruir las tuberías."
James Gould Cozzens sobre John Steinbeck: "No puedo leer diez páginas de Steinbeck sin vomitar."
La obra magna de Miguel de Cervantes de acuerdo con Martin Amis: "La lectura de El Quijote se puede comparar con la visita por tiempo indefinido del más inaguantable de tus parientes viejos, con sus bromas, sus sucios hábitos, sus reminiscencias imparables y sus espantosos amigotes."
Gustave Flaubert de acuerdo a Le Figaro: "El señor Flaubert no es un escritor".
Edgar Allan Poe según Henry James: "El entusiasmo por Poe es la marca de un estadio decididamente primitivo de reflexión."
Nathaniel Hawthorne sobre Edward Bulwer-Lytton: "Bulwer me produce asco: es el grano mismo de las patrañas de la época. No hay esperanza para el público en tanto siga teniendo un admirador, un lector o un editor."
El vicario de Wakefield de Oliver Goldsmith según Mark Twain: "un extraño batiburrillo de hipócritas complacientes e idiotas, de héroes y heroínas de teatro barato que siempre están alardeando, de malas personas que no son interesantes y de buena gente que provoca cansancio."
Samuel Taylor Coleridge sobre el historiador Edward Gibbon: "Su estilo es detestable, pero no es lo peor de él".
Las flores del mal de Charles Baudelaire de acuerdo a Émile Zola: "Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa, sólo mencionarán esta obra como una curiosidad".
Émile Zola según Oscar Wilde: "Monsieur Zola está decidido a mostrar que, si carece de genio, al menos puede ser aburrido".
Evelyn Waugh sobre Stephen Spender: "Verlo haciendo malabares con nuestro rico y delicado lenguaje es experimentar el mismo horror de ver un jarrón de Sèvres en las manos de un chimpancé".
Lev Tolstoi a Anton Chéjov: "Ya sabes que no puedo soportar las obras de [William] Shakespeare, pero las tuyas son peores incluso".
Ana Karenina de Lev Tolstoi de acuerdo a The Odessa Courier: "Basura sentimental. Muéstrenme una sola página que contenga una idea".
William M. Payne sobre Henry James: "Resulta tristemente evidente que James se ha agotado a sí mismo en cuanto se refiere a novela internacional y probablemente en cuanto se refiere a cualquier clase de novela" (dicho antes de la publicación de Los bostonianos y Otra vuelta de tuerca).
Edward Abbey sobre Tom Wolfe: "Un pretencioso cazador de tendencias. La chica del pompón de las letras estadounidenses".
El crítico literario Churton Collins según Alfred, Lord Tennyson: "Un piojo en los rizos de la literatura".
George Bernard Shaw de acuerdo con Roger Scruton: "Ni siquiera el accidente poco relevante de la completa ignorancia lo disuadiría de redactar una opinión definitiva sobre cualquier tema".
Oscar Wilde sobre George Bernard Shaw: "No tiene ningún enemigo en este mundo, y ninguno de sus amigos lo quiere".
Robert Yelverton Tyrrell sobre una traducción de Robert Browning: "El original griego es de gran utilidad para desentrañar la traducción de Browning".
Samuel Butler sobre Johann Wolfgang von Goethe: "He estado leyendo una traducción de Wilhelm Meister. ¿Es bueno? A mí me parece posiblemente el peor libro que he leído. Ningún inglés podría haber escrito un libro así. No puedo recordar ni una sola página o idea... ¿Es todo una broma? Si lo que realmente he estado leyendo es Wilhelm Meister de Goethe, me alegro de que nunca me haya tomado la molestia de aprender alemán."
Gertrude Stein, de acuerdo con Wyndham Lewis: "La prosa de Gertrude Stein es un budín de sebo negro y frío. La podemos representar como un frío rollito de sebo de longitud increíblemente reptiliana. Si lo cortas en cualquier lugar, es siempre lo mismo: la misma masa pesada, pegajosa y opaca, a lo largo y a lo ancho."
Sinclair Lewis de acuerdo al Boston Evening: "Como humorista, Lewis se esfuerza con valor en ser gracioso, pero sólo acierta a ser estúpido".
Edmund Wilson sobre W.H. Auden: "En Auden se da el curioso caso de un poeta que escribe un lenguaje poético original, en la más sólida tradición inglesa, pero que parece haber quedado retenido en la mentalidad de un escolar adolescente".
Anatole France sobre Émile Zola: "Su trabajo es malo, y él es uno de esos seres infelices de los que se puede decir que sería mejor si no hubieran nacido nunca."
J.D. Salinger de acuerdo a Mary McCarthy: "No me gusta Salinger, en absoluto. Lo último que ha escrito ni siquiera es una novela, sea lo que sea. No me gusta, en absoluto. Sufre de esa especie de sentimentalismo metropolitano terrible y es tan narcisista. Y para mí, también, parece tan falso, tan calculado: combinar al hombre sencillo con el egoísmo megalómano. Simplemente no puedo soportarlo."
Lord Byron sobre John Keats: "Aquí está la poesía de pis en la cama de Keats y tres novelas de Dios sabe quién. No más Keats, os lo ruego: desolladlo vivo, y si algunos de ustedes no lo hace, lo haré yo mismo: no es necesario aguantar el idiotismo babeante de la Humanidad."
Elizabeth Bishop sobre J.D. Salinger: "Odié [El guardián entre el centeno]. Me tomó días abrirme paso a través de él, cautelosamente, una página por vez y el ruborizándome de vergüenza ajena con cada frase ridícula que me encontraba en el camino. ¿Cómo pudieron dejarle hacer eso?"
Jane Austen de acuerdo a Charlotte Brontë: "No altera al lector con nada vehemente ni lo molesta con nada profundo: las pasiones le son perfectamente desconocidas".
James Lorimer sobre Cumbres borrascosas de Emily Brontë: "He aquí, mil veces aumentados, todos los defectos de Jane Eyre (Charlotte Brontë) y. pensándolo bien, sólo nos queda el consuelo de que nunca alcanzará amplia difusión".
Ralph Waldo Emerson sobre Jane Austen: "No logro entender por qué la gente tiene las novelas de Austen en tan alta estima, ya que a mí me parecen vulgares tonterías, estériles en imaginación artística, prisioneras de las despreciables convenciones de la sociedad inglesa, carentes de genio, talento y conocimiento del mundo. Nunca la vida fue tan mezquina y estrecha. El único problema en la mente de la escritora [...] es llegar al matrimonio. El suicidio es más respetable".
Thomas Carlyle sobre Ralph Waldo Emerson: "Un desdentado y canoso mandril".
El editor francés Marc Humblot en su carta de rechazo de En busca del tiempo perdido: "Mi querido amigo, quizá debo estar muerto de cuello para arriba pero por más que me devano los sesos no acierto a ver por qué alguien necesita treinta páginas para describir cuántas vueltas da en la cama antes de dormir".
Walt Whitman según Henry David Thoreau: "No solo estaba ansioso por hablar sobre sí mismo, sino que también era reacio a que la conversación se apartase de ese tema por demasiado rato".
Walt Whitman de acuerdo a The London Crine: "Withman conoce tanto el arte como un cerdo las matemáticas".
C.S. Lewis leyendo la obra de J.R.R. Tolkien: "¡Oh, no! ¡No otro elfo de mierda!".
Publicado originalmente (y parcialmente) en Revista de Libros, diciembre de 2011.
[El próximo viernes: Contra el insulto de Juan Cruz Ruiz]
[Publicado el 18/1/2012 a las 12:15]
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Patricio Pron (1975) es escritor. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004 y el Jaén de Novela 2008, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Eñe y Granta (España). Su trabajo como crítico es publicado regularmente en medios como ADNCultura de La Nación (Buenos Aires), Quimera, Letras Libres y Revista de Libros, entre otros. Pron es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2001) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) y El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año. Es licenciado en comunicación social por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y doctor summa cum laude en filología románica por la Georg-August-Universität de Göttingen (Alemania). Ha publicado en 2010 el libro de relatos El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Literatura Mondadori). Su libro más reciente es El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Literatura Mondadori, 2011).
Ficción
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de Morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica
Página web de Patricio Pron

11/2/2012 01:03
duda existencial si el mundo...
Publicado por: b.
10/2/2012 13:55
Patricio, lo que Javier Montes...
Publicado por: Francisco Daniel Medina
06/2/2012 12:46
Bmh, quizás la apuesta de Grass...
Publicado por: P
04/2/2012 11:09
Patricio, ¿me puedes decir qué...
Publicado por: VHS
02/2/2012 22:36
Es muy certero lo de cotejar lo...
Publicado por: gómez
02/2/2012 17:00
El Harold Bloom, gurú universal...
Publicado por: bmh
01/2/2012 17:27
Excelente artículo y critica al...
Publicado por: andres
01/2/2012 17:08
Publicado por: Lisbeth Salas
01/2/2012 13:39
Qué complicado es todo! Creo que...
Publicado por: bmh
30/1/2012 14:49
FDM, ya está corregido; gracias...
Publicado por: P
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