PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 7 de diciembre de 2016

 Blog de Patricio Pron

Cargas de profundidad / "El amor cruel" de Juan Terranova

imagen descriptiva

A la manera de una sombra que se proyectase sobre el cuerpo que la produce, ocultándolo, la polémica acompaña a Juan Terranova dondequiera que el escritor argentino vaya. Que al autor de libros como Música para rinocerontes no parece incomodarle esa situación no debería ocultar un hecho evidente para sus lectores: que Terranova da lo mejor de sí cuando escribe ficción; es decir, cuando pelea las únicas batallas que valen la pena para un escritor y abandona los fuegos de artificio por las cargas de profundidad.
 
No hay confrontaciones submarinas en El amor cruel, es cierto; pero sí la constatación de que los personajes de Terranova siempre se desplazan por unas profundidades sólo aparentemente plácidas: desde el proyectorista que se entretiene apuntando a los espectadores de un cine con una escopeta hasta la cuidadora de casas ajenas que presencia algo incómodo e incomprensible, los personajes del libro conjuran con el sexo breve y circunstancial, el hábito de arrojar cosas desde edificios, la obsesión y la deriva del flâneur por ciudades postapocalípticas o al borde de la esquizofrenia una preocupación central de la vida moderna: cómo reconocer y combatir el vacío en el marco de las sociedades de la profusión y la abundancia fingidas o reales.
 
A Terranova se le puede objetar cierta prisa por alcanzar sus fines: el hecho de que todos los relatos de este libro hayan sido escritos en modo autodiegético (es decir, en "primera persona") parece ratificar, por ejemplo, cierto desinterés suyo por las formas narrativas; se le puede cuestionar por su a menudo poco elegante defensa del sentido común en oposición a la corrección política y/o por la irregularidad de su trabajo. Más difícil resulta superarlo en su terreno y con sus armas, por ejemplo con su extraordinaria capacidad de observación y su raro talento para la síntesis que lo hacen describir la esquina de Lavalle y Pellegrini en Buenos Aires como "un estuario" o "la entrada de un delta" (10) (sólo quien haya frecuentado esa esquina sabe de la extraordinaria agudeza de esa descripción), definir el complejo de Edipo de cierto personaje como un objeto "grande y compacto como una Biblia de escritorio" (18), dar cuenta del hecho de que el calor que siente el personaje le "envuelve la cara como una bolsa de nylon" (32) o ver "una erótica" en el lanzamiento de catorce matafuegos por parte de un anónimo y (digámoslo así) pertinaz habitante de un edificio de Mataderos (la anécdota es real).
 
En todo ello y en algunos de los relatos de El amor cruel está el mejor Juan Terranova; lo que equivale a decir, lo más interesante de lo más interesante que la literatura argentina contemporánea tiene para ofrecer a sus lectores en este momento.
 
 
Juan Terranova
El amor cruel
La Paz: El Cuervo, 2016

[Publicado el 05/12/2016 a las 17:30]

[Etiquetas: Juan Terranova, Cuentos, El Cuervo]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Pasión no correspondida / "Musa" de Jonathan Galassi

imagen descriptiva

Algo de la elegancia y la generosidad que quienes hemos tenido la oportunidad de conocer a Jonathan Galassi sabemos que éste posee en grandes cantidades permea o parecería permear Musa, su debut literario. Narrada con la ligereza de quien cuenta un cuento a unos niños, esta fábula con escritores y (sobre todo) editores es, en algún sentido, precisamente, un cuento infantil: el de la infancia de un negocio editorial que ha perdido la inocencia al someterse al juego de los accionistas y la progresión de los dividendos. Parte del placer de su lectura proviene del reconocimiento de nombres de autores, editores y empresas sólo ligeramente disimulados: Musa es una novela en clave, es cierto, aunque la clave está al alcance de cualquier lector medianamente informado; pero incluso aunque esa clave no sea conocida por el lector, éste extraerá el placer de la lectura de este libro de la figura de la brillante y misteriosa Ida Perkins y de los entusiasmos que ésta genera en quienes la rodean, también en el joven editor Paul Dukach: su "pasión no correspondida" está en el centro del relato, y constituye una metáfora eficacísima de una forma de pensar la literatura y lo que ella hace con nosotros, sus amantes, desde que el mundo es mundo.
 
 
Jonathan Galassi
Musa
Trad. Jaime Zulaika
Barcelona: Anagrama, 2016

[Publicado el 15/11/2016 a las 14:45]

[Etiquetas: Jonathan Galassi, Novela, Anagrama]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Acerca de los "Diarios tempranos" de José Donoso / Escribe Cecilia García-Huidobro

imagen descriptiva

No se sabe exactamente cuándo empezó Donoso a escribir los diarios.
 
Probablemente haya sido en su viaje a Punta Arenas en 1945, a los veinte años. Pero el primero de ellos que se conserva, rotulado por él mismo como «A», es de 1950 y lo escribió durante su estadía como estudiante en la Universidad de Princeton, a donde llegó gracias a una beca de la Doherty Foundation que le ayudó a conseguir Inés del Río, doña Momo, la madre de su amigo Fernando Balmaceda.
 
Está escrito en su mayor parte en inglés y, entre otras cosas, elabora bocetos para lo que serán los dos primeros cuentos que publicó, en una revista de la universidad, MSS, «The Poisoned Pastries» y «The Blue Woman», y otros que nunca publicó, como «Tea» o «Maundy Thursday». Había varias revistas en Princeton y MSS intentaba abrirse camino gestionada por los propios estudiantes.
 
Así lo relata Robert Keeley, compañero y amigo de Donoso además de director de la publicación, en un texto que publicó tras la muerte del escritor: MSS Revisited. Para financiarla decidieron vender suscripciones, y en ello Pepe desplegó todo tipo de estrategias, desde instalarse con una mesa a venderlas hasta hacer puerta a puerta a los alumnos en sus dormitorios. Según Keeley, «el elemento más efectivo de su capacidad de venta era su persistencia, su habilidad para convencer a cautelosos estudiantes de años superiores que según él cometerían un grave error si es que la rechazaban. Generalmente se invitaba solo a la pieza, sin preguntar; tomaba posición en algún asiento desocupado y daba la impresión de que no podía irse de la residencia hasta que le colaboraran. Un dólar no es tanto dinero cuando se necesita para conseguir paz y calma. De esa forma José vendió más de doscientas suscripciones, mucho más que todos los demás miembros de MSS juntos. Alcanzamos un total de trescientas cincuenta y decidimos continuar» (Keeley, 1998).
 
Una experiencia que debe haber sido muy útil cinco años después cuando publicó su primer libro, Veraneo y otros cuentos, autoedición que financió recurriendo a un sistema semejante de venta anticipada para conseguir el dinero que le permitiera pagar la impresión. Era uno de esos pocos momentos en que Donoso veía confluir su vocación literaria con esa atracción por lo socialité que siempre lo acompañó, ya que de la venta participaban sus amigos, familia y toda una red de contactos de esa clase social que su obra se ocupó de retratar descarnadamente. Su primera novela, Coronación, siguió el mismo camino de comercialización. Aunque la publicó la editorial Nascimento, le entregaron 700 ejemplares como derecho de autor, con la salvedad de que debía venderlos de manera informal. Nuevamente se activó la red.
 
[...]
 
Me pregunto cómo interpretar el hecho de que el primer cuaderno de Donoso fuese en realidad un notebook. ¿Es casualidad? ¿Usó el inglés como exploración de un lenguaje propio, como máscara encubridora? ¿Sencillamente porque se encontraba en Princeton?
 
Puede ser que esa lengua no fuera precisamente un exilio para él, como pudo haber apostado inicialmente. El desplazamiento vital de Donoso no parece emerger del dilema de en qué lengua escribir.
 
Si lo tuvo, lo despejó pronto. En cualquier caso, el idioma estuvo siempre entre las inquietudes de nuestro autor. En 1970, por ejemplo, apunta en su cuaderno: «Quizás si hallara en español un ejemplo de escritor que influyera en mi estilo, como Virginia Woolf influye en inglés, sería fácil. Pero [es] evidente que soy poco sensible al idioma español y su belleza. Daría mi vida por escribir en inglés. Pero tampoco puedo» (Cuaderno 43, Universidad de Princeton). A lo mejor en sus estadías en Buenos Aires había leído a Oliverio Girondo, a quien también en algún momento le incomodó el castellano y llegó a decir que «hasta Darío, no existía un idioma tan rudo y maloliente como el español» (Girondo, 2014: 82). Como fuere, lo suyo serán las mudanzas, la impostura, la usurpación. El trasvasije de una lengua a otra, de una lectura a muchas.
 
No volvería a escribir en inglés en los casi cincuenta años que mantuvo el diario, aunque solía, al igual que en la conversación, salpicar sus textos de expresiones y frases en ese idioma. Los escribirá en español y los mantendrá casi hasta su muerte el año 1996. La última entrada es de noviembre de 1995, aunque ya se habían espaciado mucho: hay un solo registro ese año y casi no hay de 1994, en cambio en 1993 escribe bastante, sobre todo durante su estadía en Washington.
 
 
Cecilia García-Huidobro
"Prólogo"
En:
José Donoso
Diarios tempranos. Donoso In Progress, 1950-1965
Cecilia García-Huidobro (Ed.)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2016
Pp. 20-22

[Publicado el 11/11/2016 a las 12:30]

[Etiquetas: José Donoso, Cecilia García-Huidobro, Citas, Prólogos]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Una breve contribución al "noble arte del toreo" / Propuesta

imagen descriptiva

Imagen, Andrés Rábago, "El Roto" / (Que se repita)

Ante el aumento de las protestas concitadas por el "noble arte del toreo", y con la finalidad de adecuarlo a los tiempos actuales (con el convencimiento, que subyace a ello, de que la tradición y la historia sólo son lo que el presente dice que son; es decir, lo menos tradicional e histórico que se pueda encontrar), he pensado que sería deseable e incluso conveniente proponer algunas sugerencias para que, con ellas, éste vuelva a tener el favor del público, siempre tan voluble y deseoso de nuevas experiencias. Esas propuestas son las que siguen:
 
1. La corrida pasará a ser celebrada por la noche, previa adecuación de los cosos a los requerimientos técnicos del ocio nocturno.
 
2. A su entrada en la arena, el torero será iluminado con un potente haz de luz blanca que destaque su figura en la oscuridad. Su entrada deberá ser acompañada por música a alto volumen, en lo posible black metal, trash o speed metal: el torero podrá escoger la música de su preferencia e incluso contar con una canción que lo singularice, ya sea porque le gusta y la utiliza en sus espectáculos, o porque ha sido compuesta especialmente para él por un grupo o solista actual. La entrada del torero podrá ser subrayada con la parafernalia habitual a los conciertos de rock: luces estroboscópicas, figuras trazadas con láser e incluso, si la ocasión lo requiere, humo artificial. Es conveniente que, al ingresar, el matador saque la lengua al público y/o agite la mano derecha con los dedos índice y meñique alzados dibujando una cornamenta.
 
3. Con la finalidad de que la renovación sea incluso más evidente, se recomienda que el matador reemplace el traje de luces por pantalones y chaqueta de cuero o camisetas de grupos conocidos. (No de The Smiths ni de Morrisey, por otra parte.) Se recomienda también que esté profusamente tatuado y, en lo posible, tenga barba abundante pero bien cuidada; también puede teñírsela.
 
4. La entrada podrá ser realizada a bordo de una motocicleta de alta gama, y el torero, entrar solo o con un entourage de pinchadiscos, lanzallamas, gogós y enanos. (Si el torero es latino, por el contrario, puede hacerse acompañar de cantantes de reggaetón, mujeres con silicona inyectada en las nalgas y enanos; si es valenciano, sólo con los enanos, que en este caso deben traer consigo una gran paellera rebosante.) Un personal de seguridad especialmente entrenado para la ocasión deberá impedir las avalanchas del público y que éste se lance de cabeza en el mosh pit correspondiente.
 
5. A la espera de que entre el toro, y a falta de picadores y otros asistentes (inexistentes en una economía como la actual, presidida por la autonomía del trabajador y el emprendimiento económico unipersonal), el torero puede a) ensayar con sus acompañantes coreografías creadas al efecto; o, b) manifestar con voz en lo posible gutural sus opiniones acerca de los asuntos más candentes de la coyuntura política. Se recomienda que esas opiniones no estén bien articuladas, se extiendan a lo largo de minutos sin fin y se precipiten en las siguientes afirmaciones, bien conocidas por el público que gusta de los espectáculos taurinos: "Los animalistas son como los nazis", "Las mujeres para qué coño se meten, si tendrían que quedarse en la cocina, donde están mejor calladitas", "Los 'catalanufos' que se independicen de su puta madre", "A mí que me den un chuletón poco hecho y que se metan su tofu por el culo", "Basta de persecución a las tradiciones", "Los taurinos somos los judíos de España; ya sólo nos falta que nos manden a los hornos", etcétera. El torero puede concebir sus propias frases o emplear las que encontrará en los comentarios a cualquier artículo bien pensado acerca de los derechos de los animales.
 
6. Toreros poco dados a las diatribas, independientes o que arrastren algún problema de dicción, pueden ceder el micrófono a su esposa para que ésta se exprese en consonancia con su vocación natural insultando a periodistas y personas que actúen en programas del corazón, a las que ésta les atribuirá ofensas reales o imaginarias.
 
7. Cuando ingrese el toro en la arena, y teniendo en cuenta cómo el torero y/o su esposa y/o su entourage lo hayan hecho hasta ese momento, el público deberá escoger si procede el indulto: si el venerable considera que así es, toro y torero serán dejados libres; si, en opinión del público. el indulto no corresponde, rápidamente se acercará al torero un lancero a caballo que lo ensartará provocándole una muerte lenta y dolorosa.
 
Cada gemido del torero será acompañado de una ovación por parte del público; cuando muera por completo, será atado a un caballo y arrastrado fuera de la arena entre los aplausos y los pañuelos. En ningún momento se tocará al toro, que constituirá el símbolo del espectáculo y el elemento que lo conectará con sus raíces. Esto podrá ser repetido todas las veces que se considere necesario en el transcurso de la velada, siempre recurriendo a un torero distinto, por supuesto. Los indultados podrán recorrer la geografía española, de forma individual o participando de compañías itinerantes. Esto garantizará la pervivencia de unas tradiciones españolas que, con un poco de fortuna, mantendrán a raya un tiempo más las demandas del público y la llegada de la civilización a estas apacibles costas africanas.

[Publicado el 08/11/2016 a las 14:30]

[Etiquetas: Disidencias]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

La justificación del dolor / "Los tres Cristos de Ypsilanti" de Milton Rokeach

imagen descriptiva

Algo más de dos meses después de que el psicólogo estadounidense Milton Rokeach hubiese iniciado el tratamiento grupal de tres esquizofrénicos paranoides, los resultados eran (por decirlo suavemente) decepcionantes: el único cambio que se había producido en su sistema de creencias consistía en que uno de ellos ya no pensaba que Adán fuera negro.
 
Muy poco después, el mismo paciente iba a pasar a exigir que se lo llamase "Estiércol"; al igual que sus compañeros de terapia (todos ellos pacientes del Hospital Estatal de Ypsilanti, en Michigan), "Estiércol" se creía Jesucristo; la idea original de Rokeach al reunirlo con los otros dos "Cristos de Ypsilanti" había sido estudiar el modo en que se articula la identidad y, especialmente, qué sucede con ella cuando es cuestionada por otras personas; se trataba de "azuzar" a unos pacientes contra otros (la expresión es del autor) de manera de inducir un cambio en su sistema de creencias y una retracción del delirio: en términos de sus objetivos, el experimento fue desastroso.
 
"Ante todo, no hagas daño" es el lema médico por excelencia (así como el título de las muy interesantes memorias del neurocirujano británico Henry Marsh, publicadas recientemente por Salamandra); a lo largo de todo su libro, aquí y allá, Rokeach admite haberlo causado a sus pacientes de forma deliberada, por ejemplo manipulándolos mediante "mensajes supuestamente enviados por autoridades relevantes que sólo existían en la imaginación de los Cristos ilusorios" (15). En ese sentido, y aunque Los tres Cristos de Ypsilanti parece, de a ratos, una novela cómica, el lector no puede dudar del dolor real que sintieron sus protagonistas en buena medida debido a las manipulaciones de las que fueron objeto. Cuando uno de ellos, Leon/Estiércol, es llevado a creer que su esposa imaginaria, la "Señora Mujer Yeti", lo visitará en el hospital, y ésta no lo hace, podemos ver el dolor del paciente, que se pasa horas en la sala de su pabellón, rezando y observando en la palma de su mano un pase de salida que no le sirve para nada porque no puede pasear con su mujer, por ejemplo. Rokeach descubrió que, confrontados con una amenaza exterior a la unidad de su delirio, los pacientes psiquiátricos son notablemente hábiles para incorporar esa amenaza a su relato delirante, y que éste resiste cualquier intento de racionalización: para un esquizofrénico que se cree Dios, que haya otros que también lo creen sólo demuestra que los otros están locos, ya que Dios sólo hay uno y es él. Este descubrimiento parece poco relevante en relación al volumen de dolor provocado, pero el relato se lee con facilidad y tiene trazas de novela cómica, en buena medida debido a las conversaciones entre los tres protagonistas, que parecen insufladas de furor y temor beckettianos, por el latín chapucero de uno de los pacientes y la escatología de sus delirios (que lo hacen asimilar a Jesús con penes y testículos), el convencimiento de otro de ellos de que el hospital es un fuerte inglés y de que debe ser extraditado a Reino Unido y/o nombrado asesor del presidente John F. Kennedy, el arreglo al que llegan un día dos de ellos, por el cual uno pasa a ser el Dios del Antiguo Testamento y el otro el del Nuevo, como en una escena de los Monty Python, etcétera. Son estas trazas las que justifican, si no el dolor provocado por Rokeach a sus pacientes (que éste reconoce en un epílogo conmovedor), al menos sí la narración del experimento que le sirvió de marco y su lectura.
 
 
Milton Rokeach
Los tres Cristos de Ypsilanti
Trad. Eduardo Moga
Madrid: Impedimenta, 2016

[Publicado el 03/11/2016 a las 12:45]

[Etiquetas: Milton Rokeach, Ensayo, Impedimenta]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Involuntariamente pertinente / "Vivir entre lenguas" de Sylvia Molloy

imagen descriptiva

Sylvia Molloy recuerda haber visitado a su abuela paterna poco antes de su muerte, a los cuatro años de edad, pero no recuerda en qué lengua le habló. Nacida como hija de hijos de ingleses y franceses en Argentina, la autora habla tres idiomas desde su infancia, todos ellos con resonancias y afectividades distintas: el inglés es la lengua del padre, la de la escolarización y la de una vida adulta vivida casi por completo en Nueva York; el francés es la del desamparo lingüístico de la madre (que no lo hablaba), las canciones de Charles Trenet, los estudios en Francia; el español es la de las conversaciones familiares, el pudor infantil, la ficción. Decidir en qué idioma se dirigió a su abuela paterna no sólo es importante para determinar la naturaleza de su recuerdo (quienquiera que hable más de una lengua habrá comprobado que los suyos se adecúan a su realidad lingüística más inmediata, lo que los tiñe de sospecha) sino también para trazar un ámbito, el de las incertidumbres del bilingüismo.
 
"¿En qué lengua soy?", es la pregunta del bilingüe. No es una pregunta retórica y no es pertinente sólo en relación a la biografía de la autora de Vivir entre lenguas: desde las afectaciones de una sociedad argentina históricamente permeable a la adopción de extranjerismos hasta la impotencia del fontanero polaco que visita su casa y quiere (pero no puede) hablarle en inglés de una experiencia estética, pasando por las conversaciones con sus gallinas (sólo un argentino puede entender por qué la autora llama a una "Curuzú Cuatiá" ni con cuánta justicia les canta el tema musical de un antiguo programa televisivo poblado de vedetes y plumas), los pecios del idioma de la infancia, la lengua privada de los latinoamericanos en los Estados Unidos, los esfuerzos (generalmente vanos) de ciertos padres por ponerle a sus hijos nombres que funcionen en más de una comunidad lingüística, los casos de Jules Supervielle, Joseph Conrad, William Henry Hudson, Ellie Wiesel y otros autores que cambiaron de lengua de escritura, la autora (una de las más notables de las últimas décadas en Argentina, ensayista y académica de excepción y maestra de decenas de escritores latinoamericanos) ofrece, posiblemente sin pensarlo, un libro de lectura particularmente pertinente en España, donde las lenguas son vinculadas a menudo (y forzosamente) a identidades que se desean monolíticas y son encarnadas por fuerzas políticas que las imaginan como fronteras; es decir, como herramientas de exclusión y no como puentes tendidos. "Para el monolingüe no hay sino una lengua desde donde se piensa un solo mundo", afirma Molloy: en la posibilidad de imaginar que las cosas no son necesariamente como se nos dice que son (y que no hay "una" verdad sino una cierta cantidad de puntos de vista no necesariamente en conflicto) radica la importancia política, también en España, del bilingüismo y de su elogio en Vivir entre lenguas.
 
 
Sylvia Molloy
Vivir entre lenguas
Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2016
 
 
(Publicado originalmente en Babelia/El País, 5 de octubre de 2016.)

[Publicado el 01/11/2016 a las 13:15]

[Etiquetas: Sylvia Molloy, Ensayo, Eterna Cadencia]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Enrique Vila-Matas / La ampliación de la conciencia literaria

imagen descriptiva

Crédito de la imagen, de la extraordinaria fotógrafa hispanovenezolana Lisbeth Salas / #Fan

La primera vez que me encontré con Enrique Vila-Matas, el autor de Bartleby y compañía me dictó el argumento de una novela policiaca que yo transcribí en un cuaderno a pedido de él y que él procedió a firmar.
 
La segunda vez que me encontré con Enrique Vila-Matas, le hablé de nuestro primer encuentro y del argumento que me había dictado, pero él dijo no recordar ni uno ni otro.
 
La tercera vez que me encontré con Enrique Vila-Matas le mostré la libreta en la que había anotado el argumento que me había dictado en nuestro primer encuentro y la firma con la que había rubricado su autenticidad, pero Vila-Matas no reconoció la historia, ni recordó nuestro primer encuentro y dijo que esa firma no era la suya.
 
Ahora, yo tampoco reconozco su firma en la libreta y no sé si ese primer encuentro tuvo lugar alguna vez o yo me lo inventé, pero sé (digamos que esto es lo único que sé) que el juego de identidades y la incertidumbre sobre la naturaleza de la ficción son precisamente una parte fundamental del estilo de Enrique Vila-Matas y lo que éste nos ha dado a quienes pensamos en él como en uno de nuestros maestros literarios. Algunos lectores hemos aprendido a ver nuestro propio rostro reflejado en el juego de espejos enfrentados que es la obra de Enrique Vila-Matas, de tal forma que cabe preguntarse qué es lo que Vila-Matas ve cuando se ve en ella. Quizás nada, o algo que no le importe, quizás la "casa para siempre" de uno de sus títulos. Por mi parte, no se me ocurre mejor lugar donde vivir que en esa casa, donde nada es completamente verdad y nada es completamente ficticio, pero todo es posible y está a punto de ser hecho.
 
Felicidades y enhorabuena, Rector Desconocido. Saludos a todos mis queridos amigos reunidos en la McNally Jackson. "No poseemos más conciencia que la literatura", afirmó John Cheever: celebremos juntos esa ampliación de la conciencia literaria no sólo en español que es la obra de Enrique Vila-Matas.
 
 
(Texto escrito para el homenaje a Enrique Vila-Matas celebrado en la librería McNally Jackson. Nueva York, 28 de septiembre de 2016.)

[Publicado el 27/10/2016 a las 14:15]

[Etiquetas: Enrique Vila-Matas, Disidencia]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Ramón Andrés / Un poema y doce aforismos

imagen descriptiva

Ramón Andrés (Pamplona, 1955) / Crédito de la imagen, de su autor

LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA ABIERTA EN LA PÁGINA 46

 

Si decimos que el pájaro resume
las ramas al volar en su sonido,
si decimos
que alguien junta el tiempo
para aprender que es vano conjugarlo,
es porque el pájaro no sabe
que el cielo es suyo y suyo es lo abierto;
podría sentir que sin aire
batiría más libre la distancia.
Y así pensamos lo anterior,
el recordarlo invierte la raíz
y hace que el fruto sea
nostalgia del adentro,
pues al nacer los árboles
mueren
en la lluvia interior de su corteza,
lo mismo que las casas son declive
en la niebla que suman estos valles.

Podemos encontrarnos
en medio de algún nombre,
decir qué pueblos
caben bajo las nubes de este frente
que entra por Légate,
qué parte es del quitar,
y cuál del ofrecer.
Esto lleva a hablar y a existir
lo menos en los días,
a mostrar que somos vacío,
como es vacío el cauce,
y no por ello dejan de crecer las cosechas,
como el viento es también vacío
y no por ello olvida
despertar y esparcirnos por el mundo.

 

...

 

"Pensar significa, casi siempre, apropiarse".

"Todo está escrito in memoriam".

"Vertedero. Obligados a vivir en la incesante acción, convertimos el presente en un desecho. Ni siquiera somos contemporáneos nuestros".

"Atrapados, pertenecemos más a la Historia que a la Naturaleza".

"He procurado, fuera de la amistad, librarme de todo aquel que se autoproclama sincero".

"Un buen libro es siempre una impugnación".

"Babel. La falta de entendimiento entre los hombres no es la diferencia de lenguas, sino la imposibilidad de erigir algo en silencio"

"El escéptico lo es porque ha tenido en cuenta los extremos"

"Se vive desde la inminencia de una catástrofe que nunca ocurrirá y que, sin embargo, nos ha devastado".

"Somos lo que no hemos construido. De cuanto en verdad hemos edificado, apenas queda rastro".

"Lo que te pertenece, te destruye".


En:
Ramón Andrés
Poesía reunida. Aforismos
Ed. Andreu Jaume
Barcelona: Lumen, 2016
Pp. 84-85, 171, 173, 179, 192, 201, 226, 305, 315, 318, 328, 339.

[Publicado el 25/10/2016 a las 14:30]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Poesía, Aforismo, Lumen, Andreu Jaume]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Una lección amarga / "Tardía fama" de Arthur Schnitzler

imagen descriptiva

Eduard Saxberger no es un poeta: fue un poeta, publicó un libro de poesía, depositó algunas esperanzas en él, prefirió el funcionariado, olvidó todo lo que quiso ser y lo que quiso hacer y no hizo o hizo a medias. Un día lo visita un joven, alguien parecido a él en sus comienzos, o a quien él recuerda que se parecía en esos comienzos, y le presenta sus respetos, lo arrastra consigo a la tertulia que comparte con sus amigos poetas, con un actor y con una actriz que parece interesarse más por Saxberger de lo que éste (ya mayor, presumiblemente célibe; en última instancia, funcionario público) creía que una mujer podría hacerlo, se le ofrece la ilusión del "reconocimiento que hasta entonces le había sido negado" (31). Sus amigos celebran una velada con la que pretenden darse a conocer y producir un giro en la situación de la poesía vienesa de su época; lo instan a escribir, le ruegan que los acompañe; pero Saxberger (que no es un poeta, que fue un poeta pero ya no lo es) no puede, no tiene nada para decir, hace leer un par de sus viejos poemas y alguien dice que es "un pobre diablo". "Así que aquí se sume en sus pensamientos, aquí escribe...", le dice la joven que se interesa por él, y Saxberger pierde los estribos: "No, no, señorita, aquí no me sumo en mis pensamientos ni escribo. ¡Hace treinta años que no me sumo en mis pensamientos ni escribo!". "¡Usted volverá a escribir!", le exige ella: "Desconoce el efecto que surtirán sobre usted los aplausos de cientos de oyentes entusiasmados, los elogios de la prensa, la fama". "No", insiste él con suavidad: "Por desgracia no volveré a escribir. Ya no puedo escribir" (72), admite.
 
Tardía fama es un apólogo de la decepción literaria; al iluminar formas sólo parcialmente perimidas de la sociabilidad literaria, Schniztler apunta a una convicción habitual entre los aspirantes a escritores, nunca perimida por completo: la de que todavía no es demasiado tarde, la que aún es posible acceder al reconocimiento que se cree merecer. Al final, Eduard Saxberger descubre que su único capital literario es el de esa inmanencia y que estas cosas no se hacen a medias: se es escritor o no se lo es, se escribe o no se escribe en absoluto. En uno de sus más bellos poemas, "Roll the dice", Charles Bukowski dijo lo mismo con otras palabras: "Si vas a intentarlo, ve hasta el final. / Si no, ni siquiera empieces". La lección es amarga, pero Tardía fama es un libro extraordinario, traducido con su solvencia habitual por Adan Kovacsics.
 
 
Arthur Schnitzler
Tardía fama
Trad. Adan Kovacsics
Barcelona: Acantilado, 2016

[Publicado el 20/10/2016 a las 13:15]

[Etiquetas: Arthur Schnitzler, Novela, Acantilado]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Los mojones de un camino / "Poesía reunida. Aforismos" de Ramón Andrés

imagen descriptiva

Ramón Andrés (Pamplona, 1955) es autor de un imprescindible Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012) así como del que posiblemente sea el libro definitivo sobre su tema (Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente, 2015), además de responsable de ensayos sobre el silencio, Johannes Vermeer y Baruch Spinoza; de forma casi privada, a raíz de su desinterés por la sociabilidad literaria y el carrusel de premios y distinciones, Andrés es también un muy buen poeta, así como un aforista extraordinario, de una inteligencia y una claridad desconcertantes en el contexto de un género que, por lo general, incurre o bien en la tautología o bien en el chiste inocuo. Bajo la edición siempre eficaz de Andreu Jaume, Lumen recupera ahora (por fin) estos dos últimos aspectos de lo que en la "Nota de edición" es llamado (acertadamente) "un trayecto intelectual, uno de los más radicales y hondos de la tradición española contemporánea" (7).
 
Su recuperación tiene lugar, sorprendentemente, mediante el recurso a una inversión del orden temporal: una selección breve de poemas publicados entre 1987 y 2000 es precedida por Siempre génesis, un libro posterior, escrito entre 2013 y 2015 que muestra la recurrencia de algunos motivos de la obra precedente y la renuncia del autor al desarrollo narrativo y la rigidez métrica. (Por otra parte, no se nos dice nada de lo que Andrés pudo haber escrito entre 2000 y 2013: para algunos lectores, entre los que me cuento, este vacío constituye el núcleo invisible del libro.)
 
En la disposición de los aforismos (entre cuyos temas se encuentran la música, la muerte, la memoria, el amor, la religiosidad pagana, el Siglo de las Luces, los libros, las etimologías, el nacionalismo, el transcurso del tiempo, el desplazamiento, el silencio, los prejuicios) se recurre a un mecanismo similar: los de Punto de fuga (2012-2015) preceden a las etimologías razonadas de Malas raíces y a continuación se reproducen los de Los extremos (2011). Las consecuencias que pueden extraerse de ello son numerosas: por una parte, la constatación de la coherencia y unidad de la obra de Ramón Andrés, que impide establecer separaciones en su obra excepto las que se derivan de la extensión y la intención de sus textos; por otra, el papel central que ocupa en ella el pensamiento, aquí en su forma aforística; por último, la confirmación de que ese pensamiento ha ido despojándose pero no perdiendo inteligencia ni fuerza. En la brevedad y contundencia de su poesía y de sus aforismos hay un trayecto (no en vano el autor retrotrae el origen del término a "aphorízein", "los mojones de un camino o un terreno", 249), y sería una enorme pérdida para el lector si éste se negase a recorrerlo. "No existe el término medio: la cultura nos confina, o nos libera" (322), afirma Andrés: estas líneas no pueden hacer justicia de las muchas formas en que este libro contribuye a la liberación de las constricciones que imponen el prejuicio y el pensamiento consuetudinario.
 
 
Ramón Andrés
Poesía reunida. Aforismos
Ed. Andreu Jaume
Barcelona: Lumen, 2016
 
(El próximo viernes: Un poema y doce aforismos de R.A.) 

[Publicado el 18/10/2016 a las 14:15]

[Etiquetas: Ramón Andrés, Poesía, Aforismo, Lumen, Andreu Jaume]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2016 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres