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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de agosto de 2017

 Blog de Patricio Pron

"El hombre que bebía demasiado" / Thomas Harris / Cita

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EL HOMBRE QUE BEBÍA DEMASIADO

 

Et tu bois cet alcool brûlant comme ta vie
Ta vie que tu bois comme une eau-de-vie.
Apollinaire

 

Hubo una madrugada sentada sobre mi pecho oprimiendo
con sus nalgas oxidadas mi duermevela y un cielo que se sacudía
de todas sus constelaciones como un perro sus pulgas friolentas
en esa misma madrugada sin techo que cobijara sus fantasmas
       desfallecidos,
una madrugada como diosa oquedal sobreviviente a la matanza
       del paganismo,
una madrugada así donde creí que inventaba la sed.
Recuerdo mis manos temblorosas
en el acuario lívido de esa madrugada
donde nadaban como peces jabonosos
buscando una botella en cuyo fondo vacío
se resumían las formas del Universo.
Recuerdo mis manos en la tembladera,
incapaces de pacer como dos mansas bestias
sobre cuerpo de mujer ninguno, dos flores marinas
agitadas por el alcanfor de la sed,
dos nenúfares, dos corales, mis temblorosas manos,
en esa madrugada donde yo inventaba la sed, la primera sed.
Yo soy el hombre de la primera sed
porque inventé en mí la sed.

Yo soy el hombre de la primera sed,
antes de mí ninguna sed se expandió
hasta el tamaño de la bola del mundo,
hasta el tamaño de las inaccesibles constelaciones,
del tamaño de Orión, de Omega, de Alfa Centauro,
mi sed galopó aguijándole los ijares sudorosos a Alfa Centauro,
acezante, relinchando,
media hombre, media caballo, centauro
jadeante, espumosa,
ola que no halla costa donde morir su hervor,
mi sed se desató con la primera explosión,
con cualquiera de los inicios del Universo,
de Génesis en Génesis errabundos por libros sagrados de
       mustias civilizaciones.

Al principio, era apenas una humedad
insinuada en las raíces primordiales de los helechos,
pero se desató como esas tormentas de agosto al sur del mundo,
esos aguaceros sin más aviso
que el viento norte y el aroma a plesiosaurio
sobrenadando las nubes grises,
esas tormentas que desatan a la multitud
despavorida en las ciudades
entre las luces de los autos
y los reflejos que confunden lo real y lo aparente,
lo dual y el reflejo, el cristal, el espejo y lo reflejado.
Y se expandió mi sed por los núcleos informes,
que hervían amalgamados en los pantanos
del Primer Día de la Creación y ardí de garganta en garganta
de los primeros organismos insinuados en lo informe,
antes del mismo ADN ya estaba posada mi sed
en su taburete de cristal glauco, acuoso,
en el tiempo bárbaro de las licuefacciones,
y se vino espirituosa por los hipotéticos
torrentes sanguíneos de la humanidad recién apareándose,
se metió entre esas cópulas niñas, torpes, hermafroditas,
de sexos entreverados con el barro,
hasta desembocar en los torrentes sanguíneos
en istmos temblorosos,
de glóbulo en glóbulo,
una viuda vinagre montada en un esparadrapo,
un ponche orgánico,
mi sed se detuvo en la garganta de los primeros desesperados,
en praderas fetales,
mi sed navegó sobre los dones de todos los diluvios
       menguantes.
Mi sed con alma propia
muda desolada agreste
oscilante con la perplejidad del bruto
exasperada
entre las ferias y los malecones.
Yo soy el hombre que tuvo sed una mañana mustia
de un mes derruido
en una hora detenida
en un segundo coagulado
en un instante reseco de un día varado en el Mar Muerto.
Había madrugadas, había noches, había tardes, había
       mediodías,
en los que despertaba en una playa
una playa de zarzas incendiándose,
y abría mi boca y mi garganta
era una especie de vulva reseca,
el sexo del cadáver de una muchacha muerta en esa playa,
el sexo de una muchacha
muerta hacía algunos días semienterrada en la arena,
(una muchacha asesinada por un padre celoso)
cubierta de huiros,
aristas de botellas rotas y percebes en sus muslos,
del que emergían corales, esporas, pedúnculos,
sargazos de alcohol puro
que comenzaban a trepar como hiedra
por unos acantilados de cartón piedra, falsos,
hacia un cielo de nubes pedregosas,
hacia un sol blanco,
un ojo nublado cuyo iris era mi propia garganta desflecada
que cubría el panorama numinoso inverso de la playa
donde el día anterior se había librado una batalla sangrienta,
un desembarco atroz,
y eran cadáveres o sandías reventadas, podridas,
papel higiénico, astillas,
algas mustias, un pequeño monstruo marino
adobando sus vísceras al sol, hojas de afeitar ensangrentadas,
y los pájaros costeros correteando sobre mi cuerpo,
persiguiendo los flujos y reflujos de la resaca,
la madre resaca, la resaca madre.

Porque hay borracheras, como hay mujeres,
que pueden cambiar nuestra vida.

Porque hay borracheras, como viajes,
que pueden quedar tatuadas en nuestro destino.

Porque hay borracheras, como viejos sabios,
que pueden susurrarnos koanes
en nuestros oídos.

Para desvanecerse a la mañana siguiente,
donde sólo es real la sed.

 

En:
Thomas Harris
En el mismo río (antología personal)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2017

[Publicado el 08/8/2017 a las 15:00]

[Etiquetas: Thomas Harris, Poesía, Ediciones Universidad Diego Portales, Cita]

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Mejor que antes, mejor que después / "Buenas noches, dulces sueños" de Jirí Kratochvil

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Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches "son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas": a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno "el tiempo cero", ese momento "en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido".

Buenas noches, dulces sueños transcurre durante esas cuarenta y ocho horas. El director de un hospital convence a un antiguo empleado de una fábrica textil para que lo ayude a buscar a un infiltrado, un paracaidista estadounidense que debería estar escondido en algún lugar de Brno y disponer de la penicilina que tan desesperadamente necesitan sus pacientes; durante su vagabundeo por la ciudad escapan de un pintor colaboracionista que regentea un polígono de tiro, se hacen de una escalera para espiar la planta superior de las casas, asisten a una boda de enanos de circo, traban relación con un detective privado que dispone de una amplia red de cornudos, se cruzan una y otra vez con un joven judío que un amigo de sus padres salvó de la deportación y el asesinato. Una gata parlante que una gitana le ha entregado asiste al joven (el tercer protagonista del relato) en el cumplimiento de una misión cuyas consecuencias sólo se harán visibles en 1960; el joven acoge en la antigua casa de sus padres a un grupo de personas que han perdido su hogar, se ve involucrado en la recogida de cadáveres, muere y es enterrado, resucita, descubre un lago bajo el sótano de su vivienda, conoce a una funámbula.

Jiří Kratochvil nació en Brno en 1940; su obra (de la que también pueden encontrarse en español En mitad de la noche un canto y La promesa de Kamil Modrácek, ambas novelas publicadas por Impedimenta) bebe de la tradición del humorismo centroeuropeo, pero también, y de manera muy destacada, de ciertos autores extraterritoriales del realismo mágico (Günter Grass, Milan Kundera, Salman Rushdie) que emplearon o emplean el elemento fantástico para poner en cuestión la racionalidad de la Historia. En Buenas noches, dulces sueños hay una aguda conciencia de ésta como relato (en no menor medida gracias a las numerosas intrusiones autoriales en el texto), pero también la constancia de que el "tiempo cero" en el que la historia centroeuropea se detuvo a la espera de que se decidiera "como será este mundo de la posguerra" fue, con todas sus dificultades, mejor que lo que había sucedido antes, pero también que lo que vendría después.

 
Jiří Kratochvil
Buenas noches, dulces sueños
Trad. Elena Buixaderas
Madrid: Impedimenta, 2017
 
[Babelia/El País, 10 de julio de 2017.] 

[Publicado el 03/8/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Jiří Kratochvil, Novela, Impedimenta]

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Todas las pérdidas / "Conjunto vacío" de Verónica Gerber

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Convertir un tronco en una enorme lámina en la que se lea el pasado, pintar vetas sobre una plancha de madera que ya tiene vetas, clasificar las pertenencias de una mujer que pudo ser algo y no lo fue, esperar: solemos dejar para después todo aquello que parece carecer de otro propósito que el de poner a prueba nuestra paciencia, pero no deberíamos dejar para después este libro sutil y urgente de Verónica Gerber, artista visual y escritora (así como editora de la importante cooperativa editorial mexicana Tumbona Ediciones) que nació en Ciudad de México en 1981 de padres exiliados por la más reciente dictadura argentina.

Conjunto vacío es una colección de principios truncos, finales abruptos y desapariciones que orbitan en torno a algunas pérdidas: la de una madre y la de un hogar que posiblemente no se haya tenido nunca, pero también las de los proyectos sentimentales, el sentido de pertenencia a un país, la idea de orden que nos permita concebir nuestra existencia como algo más que los "fragmentos desordenados" y el "conjunto que se va vaciando poco a poco" que ésta es realmente. Uno de los méritos de Gerber (y uno nada menor: esta es su primera novela) es haber sabido hacer con esas pérdidas algo muy distinto a una novela doliente; de hecho, Conjunto vacío es a menudo ligera y juguetona, una novela que se pregunta por la posibilidad de encontrar nuevas formas literarias y plásticas de narrar el viejo dolor.

Aunque resulta tentador pensar en ella como el reflejo invertido de Mudanza, el libro en el que Gerber reflexionaba acerca de cinco escritores que abandonaron la literatura para convertirse en artistas visuales, y en la autora como una artista visual que se convierte en escritora, lo cierto es que, por una parte (y esto es lo que Mudanza y Conjunto vacío ponen de manifiesto, cada uno a su manera), ambas prácticas no son dicotómicas (en algún sentido, ni siquiera son dos cosas "distintas"), y, por otra, el interés por las escrituras ilegibles y los gráficos que subyace a este libro no oculta una voluntad de no decir: la voluntad aquí es la de decir, por fin y para siempre. Y Gerber lo consigue con este libro, publicado ya (también) por la editorial mexicana Almadía y la argentina Sigilo y Premio Internacional de Literatura Aura Estrada de 2014.

 
Verónica Gerber Bicecci
Conjunto vacío
Logroño: Pepitas de Calabaza, 2017

[Publicado el 01/8/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Verónica Gerber, Novela, Pepitas de Calabaza]

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Hans Fallada / Una literatura de fuerzas históricas

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"Zambullirse en el ocaso, allí donde no existen ni el fracaso ni los remordimientos" es lo que busca en el alcohol un comerciante llamado Erwin Sommer mientras pierde su tienda y a su esposa (y los zapatos); una "alegre calma" es lo que encuentra en la heroína el escritor Hans Fallada. Mientras trabajaba en la adaptación gráfica de la novela de Fallada El bebedor, el ilustrador alemán Jakob Hinrichs tuvo la certeza de que el hundimiento de Sommer, su protagonista, debía ser contado de forma paralela a la biografía de su autor: al igual que su personaje, éste había sido un adicto, y había engañado y mentido mientras recorría Berlín en busca del siguiente estímulo.

Hans Fallada tuvo una vida difícil antes y después de convertirse en un autor de éxito: nacido Rudolf Ditzen en 1893, se enfrentó a su familia por su rechazo a seguir la profesión paterna, pasó parte de su juventud en instituciones psiquiátricas y/o en prisión, practicó oficios relativamente contradictorios (agricultor, periodista, contable), purgó tres años de cárcel por un delito de malversación, vivió permanentemente endeudado y su éxito (que comenzó en 1933 con la adaptación cinematográfica de su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué?) se vio ensombrecido por el ascenso al poder del nacionalsocialismo. Algo más de veinte años antes (en 1911), Fallada y un amigo habían sellado un pacto suicida que escenificarían como un duelo; su amigo erró el disparo, pero Fallada no, y es probable que nunca haya podido recuperarse del todo de ello. Aunque se declaraba apolítico, su reticencia a integrarse en las instituciones que el nacionalsocialismo creó para controlar la producción literaria en Alemania lo enfrentó con las autoridades, que lo tacharon de "pornógrafo"; Fallada se refugió en una casa de campo en las afueras de Berlín, pero también hasta allí fue perseguido por sus adicciones, los nazis y el rechazo de intelectuales en el exilio como Thomas Mann, que le reprochaban las concesiones que hacía para ver publicados en el país unos libros indistinguibles de las condiciones en que habían sido producidos: El bebedor fue escrito en la cárcel, a la que Fallada había ido a parar después de ser acusado de intentar asesinar a su ex esposa estando borracho, y Pesadilla (la historia de un escritor llamado Doll que lucha con su adicción y la culpa en el Berlín de la inmediata posguerra), en un hospital, durante una desintoxicación.

Una de las claves del enorme éxito que Fallada disfrutó en su época es que sus personajes son personas "corrientes" que se enfrentan a situaciones fuera de lo común; esas situaciones, que no eran desconocidas para sus lectores del período, facilitaban su identificación con personajes como el "pequeño hombre" de la novela homónima, que perdía su empleo en unos grandes almacenes durante la espeluznante crisis económica de entreguerras y se veía confrontado con la violencia callejera, la traición de otros en su situación, el temor al futuro. Pero también con Anna y Otto Quangel (protagonistas de Solo en Berlín), unos trabajadores berlineses que (la historia es real) se rebelaron en 1943 contra el régimen nazi después de que su hijo muriera en la guerra: esto último no es precisamente algo que la mayoría de sus lectores hubiera hecho, pero sí lo que a partir de 1945 ésta deseaba (o decía desear) haber hecho, y aquello de lo que los libros de Fallada le proveían a modo de compensación simbólica por la falta de una resistencia decidida al gobierno nacionalsocialista.

No sólo por razones estilísticas, la obra de Fallada (que murió de sobredosis en 1947) debe ser leída conjuntamente con las de Arnold Zweig, Irène Némirovsky, Sándor Márai y Joseph Roth, entre otros autores de una literatura deliberadamente documental que ya es, ella misma, un documento. Pero, aunque esta es la forma en que ha sido leída desde su muy exitosa recuperación en los Estados Unidos en 2009 (seguida de su "desembarco" en España con la publicación por parte de Maeva de Solo en Berlín y de El hombre que quería llegar lejos, Pequeño hombre, ¿y ahora qué? y Este corazón te pertenece; Seix Barral publicó El bebedor y En mi país desconocido), la obra de Fallada excede su condición de testimonio: al fin y al cabo, también nuestros tiempos son excepcionales. Al apropiarse de ella confundiéndola deliberadamente con la vida de su autor, Jakob Hinrichs pone de manifiesto una vez más que toda obra literaria de relevancia habla acerca de su creador, de un modo u otro. Pero también, que (y ésta es quizás la principal enseñanza que puede extraerse de la obra de Hans Fallada) las decisiones que toman los personajes en las novelas pueden y deben leerse como resultado de fuerzas históricas que existen al margen de los libros, en un presente de la escritura del que el alcohol y las drogas no son refugio suficiente o por mucho tiempo. Ni para los personajes ni para sus autores.


Hans Fallada
Pesadilla
Trad. Rosa Pilar Blanco
Madrid: Maeva, 2017

Jakob Hinrichs
El bebedor
Trad. Marta Armengol Royo
Madrid: Maeva, 2017

Peter Walther
Hans Fallada. Die Biographie
Berlín: Aufbau Verlag, 2017
 
[Babelia/El País,  5 de julio de 2017.]

[Publicado el 26/7/2017 a las 10:45]

[Etiquetas: Hans Fallada, Jakob Hinrichs, Novela, Cómic, Maeva]

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Monstruos perfectos / "Los días de la peste" de Edmundo Paz Soldán

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Nunca completamente agotadas sus fantasías de exterminio, los países latinoamericanos pertenecen a ese tipo de naciones cuyos habitantes sólo son iguales frente a la enfermedad, la religión y el crimen. En Los Confines (un territorio fronterizo de un país innominado, y por ello mismo perfecta, terriblemente reconocible) esa religión es la del culto a Ma Estrella o La Innombrable, cuyo propósito es la venganza y cuyo atributo es un cuchillo entre los dientes; el culto a Ma Estrella es tolerado y a continuación prohibido; durante su prohibición estalla una epidemia en La Casona.

La Casona no reduce el número de hechos criminales, los multiplica; no pone coto a la violencia, la propaga; no corrige a los criminales, los perfecciona: en ese sentido, es una de esas típicas cárceles latinoamericanas que, por una parte, se constituyen (con una economía que es tanto monetaria como del deseo, que permite obtener drogas, alojamiento y protección pero no contiene la violencia desatada de carceleros y policías) en una versión miniaturizada de la sociedad que se extiende al otro lado de sus muros; por otra parte (y especialmente cuando la epidemia empieza a afectar a quienes no están presos), La Casona pone de manifiesto algo que resulta evidente para cualquiera que haya vivido alguna vez en un país latinoamericano: que (allí) los que no están presos también viven en la cárcel.

"¿Qué son los virus sino seres fantasmales, fantasmas puros que flotan en el mundo esperando poseer una célula humana para corporizarse y hacerse vida?", se pregunta uno de los personajes: cuando esos "monstruos perfectos" se apoderan de los cuerpos de los presos y la prohibición del culto religioso impide esperar una redención o una venganza, La Casona se ve sumida en una guerra sin bandos, exactamente igual que la sociedad a la que supuestamente protege. Edmundo Paz Soldán lo narra con su solvencia habitual en esta (su onceava) novela en una lengua que incorpora usos dialectales de decenas de países de América Latina y resulta extraordinariamente atractiva y plástica.

 
Edmundo Paz Soldán
Los días de la peste
Barcelona: Malpaso, 2017

[Publicado el 24/7/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Edmundo Paz Soldán, Novela, Malpaso]

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Una alteración / "Ed, el payaso feliz" de Chester Brown

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Chet Doodley comienza su turno en la sección de limpieza de un hospital cuando descubre una mano que yace en el suelo; un instante después, se da cuenta de que es una de las suyas, pero esto no es lo más extraño que sucede en esta novela gráfica desconcertante y escatológica de Chester Brown.

Por las páginas de Ed, el payaso feliz desfilan pigmeos caníbales que habitan en las alcantarillas, científicos que estudian las técnicas masturbatorias de los calamares, punks, empleadas de librería, un hombre que "no puede dejarlo", santos del siglo XIII, fantasmas de niñas muertas, extraterrestres que pasaban por allí, un pene con el rostro de Ronald Reagan, un agujero entre dimensiones, médicos sádicos, policías, uno o dos vampiros, una mujer que espera que su marido salga de una operación de prolongación de pene, un payaso que es todo menos feliz.

Aunque Chester Brown es conocido sobre todo por sus cómics autobiográficos (El Playboy, Nunca me has gustado, Pagando por ello) y/o por sus biografías de Louis Riel y de personajes bíblicos (María lloró sobre los pies de Jesús), Ed, el payaso feliz (publicada originalmente entre 1986 y 1989) pone de manifiesto que, al menos en sus comienzos, el autor disponía de una fantasía libérrima y desbocada. En sus notas (Brown es un agudo y muy sincero lector de sí mismo, y las notas finales a sus libros suelen ser un placer por derecho propio) reconoce que la obra es producto de la improvisación y las prisas. Pero al final todo encaja, como encajan las piezas de puzles como Como un guante de seda forjado en hierro de Daniel Clowes: provocando una alteración ínfima pero fundamental en nuestra forma de comprender (o no) el mundo.

 

Chester Brown
Ed, el payaso feliz
Trad. Hernán Migoya y Lorenzo Díaz
Rot. Iris Bernárdez
Barcelona: La Cúpula, 2017

[Publicado el 18/7/2017 a las 11:45]

[Etiquetas: Chester Brown, Cómic, La Cúpula]

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Anagrama + Cómic x 3 / Libros de Glen Baxter, Jacky Fleming y Liniers

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No precisamente una recién llegada a esto (ya publicó cómics en las décadas de 1970 y 1980, por ejemplo a Glen Baxter y a Copi), Anagrama recupera su colección de "contraseñas ilustradas" con tres títulos de procedencias disímiles y temas y estilos (y autores) distintos que ponen de manifiesto la diversidad que tan habitualmente se atribuye a la narrativa gráfica, pero también una mirada común y muy contemporánea de una rara coherencia.

Allí donde esa mirada enfoca lo íntimo y lo público a la vez (como en el caso de Liniers) el resultado es deliberadamente provisorio. Cosas que te pasan si estás vivo narra viajes, presentaciones de libros, almuerzos y cenas, exhibiciones, lecturas, conferencias, conciertos; sobre todo ello no se proyectan las tensiones inherentes a la construcción de una carrera (las tiras que componen el libro fueron producidas entre 2006 y 2011, años de la consagración de Liniers a nivel internacional), sino el agradecimiento de quien se encuentra ante momentos frágiles e inesperados, esas "cosas que te pasan si estás vivo [y] que no te podrías imaginar ni en un millón de años": entre esas cosas, el amor, la paternidad, la lluvia, la decisión y la voluntad de crear belleza y la capacidad de poder hacerlo.

Glen Baxter exhibe una interioridad aun más volcada sobre sí misma; su obra (iconoclasta, sugerente, hipnótica, magnífica) no se vuelca sobre situaciones públicas o privadas que hayan dado paso a una cierta revelación íntima sobre el sentido y el orden del mundo (como en Liniers), sino en la superposición con fines humorísticos (o no) de escenas de filmes y diálogos de novela popular de su adolescencia. Baxter parece operar mediante el extrañamiento simultáneo de ambos materiales; dibuja o calca con torpeza fotogramas de filmes de entretenimiento del Período Clásico de Hollywood (de misterio, de "capa y espada", de gánsteres, románticos, de ciencia ficción) y los extraña agregando un detalle visual (un rabo animal en la figura humana, por ejemplo) o (más a menudo) una línea de diálogo sin sentido aparente, un lugar común de los que tan habitualmente es posible encontrar en la novela popular (y no sólo en ella) que establece una relación ambigua con la imagen que supuestamente la incluye: tres vaqueros al atardecer resultan estar tomando parte de "los encuentros clandestinos de la Sociedad Jane Austen", una niña sentada a la mesa con lápiz y papel se reserva "una hora al día para trabajar en sus cartas amenazantes", dos militares contemplando un pájaro se ven agraciados con la siguiente línea de diálogo, aparentemente formulada por uno de ellos, "‘Maldita sea, ¡más le vale tener una buena excusa para haberse quitado el uniforme esta vez, Wainwright!', vociferó el sargento", etcétera. Quizás nada de esto haga reír: como los collages de Max Ernst (que Baxter cita entre sus principales influencias), el enorme atractivo que su obra ejerce sobre el lector también está relacionado con la incertidumbre que éste siente respecto de si debe o no reír. La obra de Baxter habita ese territorio "entre la expectación y la realización" que (como afirma Jordi Costa en su muy buen prólogo a esta edición) es "una zona galvánica, cargada de todas las posibilidades", y el mérito de su autor consiste en recordarnos que esa zona está en todas partes.

De posibilidades (o más bien, de la ausencia de ellas) se habla también en El problema de las mujeres de la historietista inglesa Jacky Fleming. Fleming ilustra de forma deliberadamente grotesca los prejuicios que a lo largo de la historia (y hasta tiempos muy recientes) han limitado a las mujeres (y de esa manera también a los hombres, por supuesto) en sus aspiraciones intelectuales y vitales. A diferencia de Liniers y Baxter (más volcados sobre sí mismos), Fleming dirige su mirada a lo social; pero la suya no es una denuncia, o no directamente. Cuando recoge el prejuicio de que las mujeres tendrían el cerebro y (por consiguiente) la cabeza más pequeños que los hombres, la autora dibuja una mujer con la cabeza muy pequeña: el resultado es hilarante, ridículo, implausible; exactamente lo mismo que puede decirse del prejuicio que lo ha suscitado. Fleming opera de esa forma con decenas de prejuicios que condenaron a las mujeres "al Basurero de la Historia" del que las extrae: "las mujeres no podían salir de noche por su mala visión nocturna", caían socialmente por "llevar la raya al lado, pensar por una misma, expresar las opiniones en vez de guardárselas y no seguir siendo virgen después del parto", los pantalones "las volvían lesbianas" y estaban negadas para el arte hasta el punto de que "los críticos detectaban de inmediato la debilidad de la mano femenina, en cuanto sabían quién era el artífice" de una pintura. Que algunos de estos prejuicios todavía existan entre ciertas personas (en particular entre los columnistas de la prensa dominical) nos recuerda el hecho de que todavía es necesario luchar por una mayor igualdad de oportunidades para todos; Jacky Fleming demuestra en este libro que se puede hacer con ligereza y contundencia a la vez si se tienen el talento y la decisión para ello.

 

Glen Baxter 
Casi todo Baxter
Nuevas y escogidas ocurrencias
Trad. Damià Alou
Intr. Marlin Canasteen
Próls. Joaquín Reyes y Jordi Costa
Barcelona: Anagrama, 2017

Jacky Fleming
El problema de las mujeres
Trad. Inga Pellisa
Barcelona: Anagrama, 2017

Liniers
Cosas que te pasan si estás vivo
Barcelona: Anagrama, 2017

[Publicado el 13/7/2017 a las 11:30]

[Etiquetas: Glen Baxter, Jacky Fleming, Liniers, Cómic, Anagrama]

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Alemanes en España (pero no precisamente en la playa) / Una disidencia

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Thomas Mann / (Después de él nada, según algunos) /

(Unos días atrás la periodista española Carmen G. de la Cueva me pidió dos o tres líneas para un artículo acerca de la representación de la literatura germanoparlante en español; las tres líneas solicitadas se convirtieron en tres párrafos y una valoración, en una expresión de entusiasmo. Va aquí todo a continuación, con un agradecimiento a Carmen por haber abierto una puerta que siempre deja entrever detrás de sí un paisaje desconocido para la mayor parte de los lectores, pero amplio y excitante.)


Naturalmente, la literatura alemana es una de las más pujantes y ricas de Europa, y no lo es sólo por su tradición, sino también (y particularmente) por la existencia de un puñado de instituciones sin las cuales toda literatura nacional tiende a agotarse en una sucesión de esfuerzos individuales: programas públicos y privados de apoyo a la escritura; premios de distinto rango y alcance; una fiscalidad adecuada a las particularidades del trabajo de escritores, traductores, periodistas autónomos, correctores, etcétera; un panorama editorial escasamente concentrado; muy buena prensa cultural; una red de "Literaturhäuser", un puñado de cadenas libreras cuya existencia no pone en peligro la de las librerías independientes y/o especializadas, un público lector entusiasta y dispuesto a pagar por lo que lee, etcétera.

El resultado es una literatura especialmente compleja y diversificada (en no menor medida porque se produce en tres países con agendas nacionales bastante distintas) que los editores españoles presentan a sus lectores en la medida de sus posibilidades y articulándola sobre las expectativas de éstos acerca de lo que literatura alemana supuestamente sería en la actualidad. Ahora bien, la literatura alemana (más apropiado sería y es decir "germanoparlante") es actualmente algo más que las eflorescencias de Thomas Mann y Stefan Zweig que algunos lectores hispanohablantes desean, y el resultado es que lo más interesante de la literatura germanoparlante queda fuera, invisibilizada en el ámbito español. (Lo cual, por otro lado, permite la continuidad del prejuicio sobre la eflorescencia y la idea de que la literatura alemana tendría, como tema excluyente, el pasado trágico, y como forma, la novela histórica de corte realista.)

En realidad, hay tanta literatura germanoparlante extraordinaria, de excepcional calidad que recomendar sólo uno o dos nombres no conocidos en España me sabe mal porque supone la omisión de otros treinta o cuarenta nombres también excepcionales. Quizás valga la pena, sin embargo, y para romper una lanza (además) contra el prejuicio de que la literatura germanoparlante es sólo la producida en Alemania, mencionar a dos autores, de dos generaciones distintas y de estéticas prácticamente contrarias, ninguno de los cuales es alemán: el austríaco Clemens J. Setz y el suizo Felix Philipp Ingold. Hasta donde yo sé, ninguno de estos dos muy buenos escritores ha sido traducido al español todavía.

[Publicado el 11/7/2017 a las 17:45]

[Etiquetas: Disidencias]

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Viaje a la semilla / La literatura "contrarreloj" (y 2)

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Una variante de ello la constituye la «trilogía de Roth» de Andrew Taylor, el orden de cuyas entregas está invertido en relación a la temporalidad de los hechos narrados: Las cuatro últimas cosas (2005) transcurre en la década de 1990, El juicio ajeno (2006) lo hace a comienzos de 1970 y Oficio de difuntos (2007), en 1958; el resultado de ello es una especie de epopeya bíblica que «avanza» desde el apocalipsis hasta la expulsión del paraíso terrenal y en cuyo marco los hechos ya conocidos adquieren significados nuevos para el lector cada vez que el autor revela los que los precedieron.)
 
 
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En los hechos, novelas como Submundo y La flecha del tiempo son ejemplo de una forma de hacer ficción que retoma los experimentos formales de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX : que se los llame «posmodernos» o no resulta un problema menor excepto para los amantes de la periodización literaria; sin embargo, el problema con ellas (y, en menor medida, con Historia oficial del amor y Primera luz de Charles Baxter, de 1987 y también de tema familiar) es que la manera en que están narradas sólo encuentra una justificación vaga en su argumento: la ya mencionada El mundo contra reloj, por ejemplo, es incoherente y sólo satisfactoria en su anticipación de unos Estados Unidos divididos por el odio racial donde la institución más poderosa tiene como finalidad borrar el conocimiento antes que difundirlo. (Dick daría cuenta con mayor acierto de las implicaciones narrativas de que las cosas regresen en su siguiente novela, Ubik.) Al margen de ello, sin embargo, todas abordan cuestiones técnicas esenciales de la literatura: cómo narrar, quién lo hace, cuál es el origen de la información de la que dispone el narrador, de qué forma la disposición de esa información produce unos efectos u otros, cómo se relaciona el presente de la narración con el tiempo de aquello que se narra.

La narración retrospectiva no es una técnica contemporánea, sin embargo: la retórica clásica contemplaba la existencia del «hýsteron próteron» (del griego πρότερον ὕστερον o «postrero primero»), un recurso que consiste en que la primera idea de una frase es cronológicamente posterior a la segunda, lo que le otorga una importancia mayor; el ejemplo más frecuente en los manuales proviene de la Eneida de Virgilio («Muramos, y carguemos en el fragor de la batalla»; ii, 353), pero el narratólogo francés Gérard Genette destaca el hecho, singular, de que la primera frase de la Ilíada (para muchos, el texto fundador de la sensibilidad occidental) es también un relato retrospectivo: «Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquileo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquileo». (Siendo la cólera de Aquiles el origen de las miserias de los griegos, pero la pelea entre Aquiles y Agamenón, aquí Atrida, la causa inmediata de la cólera de Aquiles, la plaga aludida con aquello de «presa de perros y pasto de aves» la causa de la pelea y la afronta a Zeus la causa de la plaga, etcétera; con lo que la relación secuencial entre los elementos puede ser descripta con la siguiente fórmula, que se acerca a una narración retrospectiva: 4, 5, 3, 2 y 1.)

Vivimos tiempos difíciles en los que el presente parece demasiado complejo como para además remontarse en el pasado en busca de sus causas; y, sin embargo, esa búsqueda es la única potencialmente susceptible de sustraernos de la manipulación política y de la idea conspirativa: el «viaje a la semilla» no es sólo un procedimiento literario concebido para renovar un repertorio de formas ya agotado, sino también, el producto de la aspiración a dar con las soluciones propuestas a problemas cuyas causas parecemos haber olvidado, como amnésicos. Al invertir el orden convencional de los hechos, los relatos retrospectivos parecen pretender recordarnos precisamente esto, y muy pocos lo hacen con la eficacia de la siguiente historia, del escritor estadounidense de ciencia ficción Fredric Brown, que presenta la narración retrospectiva como una variante del palíndromo:

«EL FINAL. El profesor Jones había estado trabajando en teoría del tiempo por muchos años. "He encontrado la ecuación clave", le dijo a su hija un día. "El tiempo es un campo. Esta máquina que he construido puede manipular ese campo, incluso hacia atrás". Mientras hablaba, apretó un botón y dijo, "Esto debería hacer andar el tiempo hacia atrás hacia tiempo el andar hacer debería esto", dijo y botón un apretó, hablaba Mientras. "atrás hacia incluso, campo ese manipular puede construido he que máquina esta. Campo un es tiempo el'. Día un hija su a dijo le, ‚clave ecuación la encontrado he". Años muchos por tiempo del teoría en trabajando estado había Jones profesor El. FINAL EL".
 
 
[Publicado originalmente en Letras Libres. Ciudad de México y Madrid, junio de 2017.] 

[Publicado el 06/7/2017 a las 18:30]

[Etiquetas: Andrew Taylor, Don DeLillo, Martin Amis, Charles Baxter, Ricardo Silva Romero, Fredric Brown, Virgilio, Homero]

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Viaje a la semilla / La literatura "contrarreloj" (1)

imagen descriptiva

Fotograma de "Memento" (dir. Christopher Nolan, 2000) /

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1 de enero de 2015, 29 de septiembre de 2014, 15 de junio de ese año, 14 de diciembre de 2012: las fechas se suceden en orden decreciente hasta alcanzar el 23 de agosto de 1940, el 1 de noviembre de 1938, el 15 de abril de 1932. «Voy a contar hacia atrás la historia de mi familia», afirma el narrador de Historia oficial del amor, la nueva novela de Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975): «Voy a narrar al revés su destino, su karma y su suerte [...] porque ha sido al revés, desde hoy hasta el principio, como he ido enterándome de nuestra trama. Y lo sensato es irse, primero, por las ramas, si lo que uno quiere es viajar a la semilla del árbol genealógico».

Historia oficial del amor (Alfaguara, 2016) es parte de una trayectoria conformada hasta el momento por diez novelas, dos libros de relatos y dos poemarios; invirtiendo el orden cronológico de los acontecimientos que narra, su autor presenta en ella la historia de una familia colombiana (la suya) desde 1932 hasta el presente, desde los enfrentamientos entre las fuerzas liberales en Cartagena de Indias en la década de 1930 hasta algo después del triunfo electoral de Juan Manuel Santos en 2014. Mucho del modo en que las familias se cuentan a sí mismas su historia y las formas en que ésta se relaciona con la de su país es retratado con calidez en Historia oficial del amor; en ese sentido, la obra asume como propia la imbricación entre la historia privada y la pública que constituye el rasgo saliente de la novela política latinoamericana de los últimos años; pero si destaca por algo es por la presentación retrospectiva de los hechos narrados: a simple vista, esa presentación es gratuita, ya que, si bien es cierto que, como afirma el narrador, éste adquirió el conocimiento de la historia de su familia «al revés», también lo es que, en tanto narrador omnisciente, éste se coloca «fuera del tiempo», al final de un período de indagación que en el momento de comenzar su narrativa le permitiría narrarla convencionalmente. (Lo cual se pone de manifiesto hacia el final de la obra, cuando el narrador interrumpe la presentación «invertida» de la secuencia temporal para regresar a 2015.)
 
 
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«Viajar a la semilla» es una ilusión recurrente en la literatura moderna, y en la mención explícita a esta figura de habla en el primer párrafo de la novela de Silva Romero puede encontrarse uno de los antecedentes directos del libro, ya que «Viaje a la semilla» (1944) es el título de uno de los cuentos más notables de Alejo Carpentier: en él, la demolición de una casa es interrumpida por la llegada de un anciano negro que la reconstruye mágicamente y echa a correr el reloj hacia atrás; a partir de ese punto, los cirios crecen lentamente «perdiendo sudores» (cuando recobran su tamaño los apaga una monja «apartando una lumbre»), los signos de envejecimiento de los protagonistas se revierten («borrábanse patas de gallina, ceños y papadas, y las carnes tornaban a su dureza»), los pájaros vuelven al huevo «en torbellino de plumas» y los muebles «crecen» mientras el protagonista del relato se vuelve más y más pequeño. Argumento a favor de un nuevo comienzo, representación de una temporalidad propia de la negritud y ajena a la concepción occidental del tiempo como progresión irreversible, promesa de recuperación al menos simbólica de la infancia (Alejo Carpentier acababa de cumplir cuarenta años de edad en 1944), ninguna de estas interpretaciones es concluyente ni tiene demasiada importancia. Más importante parece el hecho de que el procedimiento inaugurado por Carpentier sitúa «Viaje a la semilla» en una serie de productos culturales recientes a los que el relato del escritor cubano sirve al menos de antecedente remoto, como la novela de Silva Romero y filmes como Memento (dir. Christopher Nolan, 2000) e Irreversible (dir. Gaspar Noé, 2002).

En el primero de ellos, un antiguo detective de seguros intenta dar con el asesino de su mujer; aunque recuerda todo lo anterior al crimen, carece de la capacidad para almacenar nuevos recuerdos: sólo puede ayudarse con polaroids, esquemas y, en el caso de la información más importante, con tatuajes; pero su incapacidad de recordar el origen de la información recibida después de algunos minutos convierte su pesquisa en una cuestión de convicciones más que de hechos.

En el segundo de los filmes, una mujer es violada por un desconocido que la asalta en un pasaje subterráneo al regresar de una fiesta y su novio y su ex marido deciden tomar venganza: recibida por algunos críticos como una obra maestra «poderosa y profunda» y por otros como un «experimento autoindulgente», «tan agresivo formal y estilísticamente que este aspecto supera lo que tiene que decir, que es muy poco», Irreversible resulta irritante debido a su violencia, pero también (y sobre todo) porque, al comenzar con un baño de sangre y acabar con una escena de tierna intimidad con una mujer que luego, pero antes en la narración, ha sido brutalmente violada, Noé muestra lo endeble de una existencia no muy distinta a la del espectador .
 
 
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Aunque el recurso a narrar los hechos «contrarreloj» no es infrecuente en piezas humorísticas (por ejemplo en ciertas historias del francés Gébé, en el capítulo de Seinfeld conocido como «The Indian Wedding» y en «Man Reversible The», uno de los Future Shocks de Alan Moore), la narrativa retrospectiva es más habitual (en su infrecuencia) en aquellos textos y filmes en los que el misterio radica en las circunstancias que han determinado las acciones, como en Memento, el thriller de la autora británica Clare Clark Stone's Fall (2009) y en la obra de teatro de Harold Pinter Betrayal (1978). A diferencia de la novela de Martin Amis La flecha del tiempo (1991), en la que los hechos no son presentados en secuencias breves de temporalidad convencional sino invertidos a la manera de «Viaje a la semilla» (es decir, como si se los visionase en «rewind»), Submundo (1997) de Don DeLillo y The Dead Grow Young Again (1967), de Philip K. Dick, publicada en español por Minotauro con el título de El mundo contra reloj (y en la que un proceso denominado «la Fase Hobart» condena a la Humanidad a vivir en una inversión temporal en cuyo marco la actividad principal en las bibliotecas es la erradicación cronológica de los libros, el embarazo concluye con la cópula, la gente se saluda con un «adiós» y se despide con un «hola» y, lo que es peor, los muertos salen de las tumbas), a menudo la inversión del orden temporal es asunto del relato de un modo u otro pero no altera esencialmente su forma, como sucede en «El curioso caso de Benjamin Button» de Francis Scott Fitzgerald (1922), Orlando de Virginia Woolf (1928), A reculons de Rafael Tasis (1957) y la novela de Andrew Sean Greer Las confesiones de Max Tivoli (2004); en esta última el personaje, que ha nacido con el cuerpo de un anciano, rejuvenece, lo que le permite conquistar a la misma mujer en tres ocasiones diferentes, primero a los diecisiete años a la manera de una figura paternal para ella, luego a los treinta, con la apariencia de un hombre de cuarenta aproximadamente, como su marido, y finalmente, con cincuenta y nueve años y pareciendo de once, como un hijo.
 
 
 
[Termina el próximo jueves.]

[Publicado el 04/7/2017 a las 18:45]

[Etiquetas: Ricardo Silva Romero, Alejo Carpentier, Christopher Nolan, Gaspar Noé, Jerry Seinfeld, Alan Moore, Harold Pinter, Don DeLillo, Philip K. Dick, Francis Scott Fitzgerald, Rafael Tasis, Andrew Sean Greer]

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Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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