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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Jean-François Fogel

El imprescindible llanto

/upload/fotos/blogs_entradas/alan_pauls_med.jpgAhora, no tengo la más mínima duda: a pesar de ser un novelista argentino, Alan Pauls podría ser un autor francés ; Acabo de terminar la lectura de su Historia del llanto y su castellano construido a base de frases largas y de un uso generoso de los incisos se parece cada día más a la música de Marcel Proust.

En el final de La vida descalzo, su ensayo sobre la playa, había robado (un robo vergonzante y tan inteligente que se merece un elogio eterno) una frase de Proust sobre el vínculo entre la lectura y la enfermedad. Tengo mi sospecha con relación a su historia muy personal del llanto y de la necesaria relación del llanto con el dolor. No tiene el valor de robar la famosa frase "La force qui fait le plus de fois le tour de la terre en une seconde, ce n'est pas l'électricité, c'est la douleur" (la fuerza que más veces da vuelta a la tierra en un segundo no es la electricidad sino el dolor), pero hay una música, una respiración de las emociones que pertenecen al novelista francés. Quizás no hay una frase en el libro copiada en Proust, pero todas son muy parecidas.

"Si hay algo en verdad excepcional, eso es el dolor, escribe Pauls... El dolor es lo excepcional, y por eso es lo que no se soporta." Hay que entender esta idea del dolor: no se trata de algo físico, trivial, se trata de la crueldad de la humillación, de la vergüenza. Al contar una vida (¿autobiografía?) Pauls se ubica en detalles sentimentales, personajes cuya falsedad es obvia, momentos de pánico frente a la muerte o a la perdida del ser amado. Aun más, el texto se dedica al llanto como proceso de formación: el niño disfrazado de Superman rompe un vidrio y sufre más de descubrir que no puede ser Superman que de sus heridas.

Al final, y sin decirlo nunca, Pauls demuestra cuánto son necesarias las experiencias negativas y los dolores para constituir una personalidad. Hasta tal punto que su narrador mide sus propias limitaciones en las limitaciones de su llanto. Al no conseguir lágrimas en una situación que supone lágrimas se descubre a sí mismo.

Disfrutar de una felicidad permanente es una situación artificial, peligrosa. Hace poco, leí un ensayo en inglés sobre la necesaria "melancholia" que ponía el enfoque principal en la vida del poeta John Keats. Merece un vistazo. Es otra manera de demostrar lo que dice Pauls: sin llanto, no hay historia.

[Publicado el 18/1/2008 a las 12:05]

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El fracaso, según Beerbohm

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Sir Maximilian Beerbohm

Tengo mucho que decir sobre Sir Maximilian Beerbohm (1872-1956), caso singular de la literatura inglesa. Su única novela, Zuleika Dobson (traducida por la casa editorial Destino), historia de una muchacha tan bella que quitaba la respiración a los estudiantes de la universidad de Oxford, hasta tal punto que todos, menos uno, se suicidaron tirándose a un río, es la obra más ligera, más fresca más inverosímil que se puede encontrar en la literatura de pura ficción. Como todos, empecé por esta novela y descubrí poco a poco los bocetos, las parodias, los artículos. El «incomparable Max» (la fórmula es de George Bernard Shaw) no tiene una obra. No quería tenerla: a los 25 años agrupó siete ensayos suyos en un libro, el primero, titulado Obras de Max Beerbohm, y anunció su voluntad de jubilarse por estar ya fuera de moda.

Por suerte, tuvo dos vidas. Una vida de crítica de teatro, dibujante, ensayista en esta generación de  los decadentes (George Moore, Arthur Symons, Oscar Wilde) que fue una molestia para la sociedad victoriana de Londres al final del siglo XIX; y otra vida de exiliado, en Rapallo, en Italia. Nunca aprendió el italiano y se dedicó a producir una especie de síntesis de lo que fue Londres a principio del siglo XX, de lo que recordaba, de lo que decían sus visitantes. Se describía como «un vínculo interesante con el pasado». Era «el último hombre civilizado» para Rebecca West y «un genio de la categoría más alta» para Evelyn Waugh.

Para mí, era un hombre de tanto talento que me dediqué a traducir y conseguir la publicación en francés de su famoso cuento El hipócrita feliz. Es «un cuento de hadas para hombres cansados» como dice su subtítulo. Es la historia de un hombre que se pega una máscara (que llaman careta en ciertos países) en el rostro para esconder su maldad y, al final, su cara se transforma y se parece a la máscara. Es una metáfora de la «filosofía de la máscara» de Beerbohm: el arte, según él, incluye al arte de vivir, entonces corresponde a cada artista definir una apariencia ideal y asumirla.

El otro texto clave de Beerbohm es un cuento de Siete hombres. Leer Siete hombres en español es un milagro. Alfaguara hizo un convenio con New York Review of Books para traducir unos títulos de su colección de clásicos modernos. Muy buena noticia. Cada mes, me llegan paquetes de Amazon con estos clásicos que son una maravilla. En el caso de Siete hombres, hay una joya cuya lectura es imprescindible. Es el primer cuento. Su título: Enoch Soames. Soames es un escritor y se hace la peor pregunta:  ¿Existiré para la posteridad? No voy a contar la búsqueda de la respuesta, terrible, que es la columna vertebral del cuento. Pero confirma lo que afirmaba Beerbohm: «Se puede decir mucho a favor del fracaso. Es mucho más interesante que el éxito».

[Publicado el 14/1/2008 a las 12:22]

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Loriga y la ficción

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Ray Loriga

«Queríamos morir jóvenes, pero como Dios cuida de los tontos, aquí estamos», escribe Ray Loriga en uno de los artículos suyos recopilados en Días aún más extraños (editorial El Aleph). ¿Cómo se puede describir este libro? Un «librito», dice su autor en la introducción. Librito me parece muy generoso. Es muy poca cosa: unos artículos publicados en el diario El País, una carta al escritor Rodrigo Fresán, un fragmento de ficción y un cuento.

/upload/fotos/blogs_entradas/dias_aun_mas_estraos_med.jpgLos artículos (hablan de cine, de atentados, de música, de ajedrez) son buenísimos pero es la carta lo que me llamó la atención. Hace poco, descubrí el largo poema de Auden que se presenta como una carta a Lord Byron. Fingiendo escribir a Lord Byron, el poeta inglés utiliza lo que va haciendo (un viaje a Islandia) para hacer un repaso a la situación del arte y de las ideas en su país (estamos antes de la segunda guerra mundial). Es lo que hace Loriga: está en Tailandia, en un pequeño hotel de Khao Lak, en la isla de Phuket, y, fingiendo escribir a Rodrigo Fresán, habla de ficción.

Ray Loriga: «Hubo un tiempo en que la ficción parecía posible pero este tiempo ya pasó, y por qué negarlo, se fue sin mucha gloria». Uno puede preguntarse si es una condena global, definitiva de un género hasta entender que el autor habla de sí mismo. «La ficción», escribe Loriga, «precisa de un entusiasmo, de un rigor, de un talento que ya no tengo, que nunca tuve, en realidad. Por eso ahora me dedico al cine». Lo más sorprendente, añade el autor, es el entusiasmo que tuvo en su juventud para dedicarse a construir una trama, involucrase, entregar su experiencia personal en su escritura. Pitol, Piglia, Beckett, Handke son citados en lo que «no es una carta, ni por supuesto una nota de suicidio» .

Para el lector de El hombre que inventó Manhattan, excelente novela de Ray Loriga, este texto es a la vez una maravilla (Loriga tiene un castellano transparente, directo, sencillo que quita cualquier mancha de retórica inútil) y una pesadilla: ¿podemos perder a este talento? La respuesta viene al final  con un cuento, Virginia se enamora, de una frescura eficiente, con capacidad obvia de crear una tensión utilizando un mínimo de recursos. Loriga dice que es un cuento a lo Salinger pero en realidad uno piensa en otro escritor norteamericano. En el final de su vida, Scott Fitzgerald decía dedicarse al cine pero tenía en su despacho el manuscrito de The last Tycoon. Loriga tiene que cuidar su corazón y recordar que tiene lectores.

[Publicado el 11/1/2008 a las 23:58]

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Muerte de un profeta

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Luis Aguilar León.

Murió Luis Aguilar León, un filósofo, académico y periodista de la primera generación del exilio cubano a EE.UU. Ludi o Ludy (se usaban las dos ortografías, segun el grado de asimilacion a la cultura norteamericana) era profeta. Su fama tiene que ver con dos textos cortitos que definían el futuro. Y hoy, todavía, basta leerlos para tener una formación acelerada en los dos tópicos fundamentales  para entender a cuba: ¿Qué es la revolución cubana? ¿Qué es un cubano?

El primer texto es una columna, La hora de la unanimidad, su última columna como periodista en la isla, publicada el 13 de mayo de 1960 en el diario cubano Prensa Libre ve en el cierre del Diario de la marina por el gobierno revolucionario el prólogo de «la sólida e impenetrable unanimidad totalitaria». Es un texto de unos párrafos, pero queda en la historia cubana como la última defensa de la libertad de expresión publicada de manera oficial durante la revolución. Provocó a su vez el cierre de Prensa Libre en tres días y la huida del columnista hacia el exilio.

«Frente a la sana multiplicidad de opiniones», escribe Luis Aguilar León, «se prefiere la fórmula de un solo guía y una sola consigna, y una total obediencia. Así se llega a la unanimidad totalitaria. Y entonces ni los que han callado hallarán cobijo en su silencio. Porque la unanimidad totalitaria es peor que la censura. La censura nos obliga a callar nuestra verdad; la unanimidad nos fuerza a repetir la mentira de otros». No hay que quitar una coma a los que era una anticipación perfecta de los debates dentro de la revolucion cubana.

El segundo texto, hoy el más conocido, es un ensayo sobre la idiosincrasia cubana. Es El profeta habla a los Cubanos.  Se publicó en 1986, es decir en la época de tropiezos económicos en Cuba (supresión de la merienda de la mañana en unas empresas, reducción en la oferta de transporte público, etc.) relacionados con las incertidumbres del suministro de la ayuda desde el campo socialista. En otras palabras: la revolución no daba síntomas de agotamiento sino de mero cansancio.

Desde el exilio, Luis Aguilar León no hacía un pronóstico sino un balance de fondo sobre el ser cubano, apuntando a la naturaleza contradictoria del ser cubano. «No intentéis conocerlos», advierte en su texto, «porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen».

No existe en la historia reciente cubana un texto que fuera más robado, citado, machacado tanto en la isla como afuera. Existe en forma de cuadros para poner en la pared o de mantel para una mesa. Pero no se trata de algo alegre, para nada, es el pronóstico más acertado sobre lo que va a occurir despues de la Revolución: «Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible».

Ludy es la estrella de un libro excelente que salió el año pasado en EE. UU.: The boys from Dolores, de Patrick Symmes (Pantheon Books). Es la historia de los 238 Cubanos retratados en la fotografía del Colegio de Dolores en 1941, una escuela jesuita en Santiago de Cuba. Entre Ellos figuran Fidel Castro Ruz, el dictador jubilado, y Ludy. Los dos hombres vivieron cinco años en el colegio de Dolores y cuatro anos más en la Universidad de la Habana. Su historia es la historia de la revolución cubana, la historia de una fractura, política, social, ideológica y por fin geográfica entre dos Cubanos. Como dice el profeta de Luis aguilar León: «Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otro cubano».

[Publicado el 08/1/2008 a las 09:15]

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Leer y como leer

Gustavo Guerrero hizo un excelente comentario a mi post del 21 de diciembre sobre el atardecer del libro.  En dos palabras, mi post aprovechó la publicación de dos artículos (en el LA Times y sobre todo en The New Yorker) para plantear el problema de uan posible reduccion de la lectura como actividad. Gustavo Guerrero cita en su comentario una encuesta sobre los lectores canadienses y nota una contradicción: la lectura de los libros da signos de debilidad en EE.UU. pero se mantiene en Canadá. Lo que le hace decir: no hay tendencia global.

/upload/fotos/blogs_entradas/teoras_de_la_lrica_med.gif(Un poco de transparencia: Gustavo Guerrero es un amigo venezolano que vive en Paris, un poeta, un profesor de literatura, y sobre todo la persona que lleva el sector de la literatura hispánica en la casa editorial Gallimard. Es una persona clave como se puede imaginar para los autores latinos y aun más para los lectores franceses).

Y Gustavo, sí, tiene toda la razón (además, acaba de salir otra encuesta sobre Canadá que confirma la resistencia de los lectores canadienses). Quizás me equivoqué en el enfoque de lo que escribía. Para mí, el problema no es tanto saber si sube o baja la lectura, si viene o no viene el libro electrónico. Para mí el problema es entender lo que será la lectura mañana. Leer un libro en papel, es decir una serie de páginas encuadernadas cuyo orden no puede cambiar, a veces con un índice al final es una experiencia que participa de lo que McLuhan llamó la galaxia Gutenberg. Leer en la pantalla, es decir en un mundo que tiene ya -en el caso de Internet y que va a tener en muchos otros soportes-  palabras, imágenes, sonidos, videos y herramientas de interactividad, es obviamente algo distinto. Es salir del texto lineal y continuo para entrar en un mundo discontinuo donde el uso de palabras no puede esconder la renuncia a lo que ofrece el otro mundo: este texto, lineal y continuo.

/upload/fotos/blogs_entradas/the_monk_and_the_book.gifSabemos que pasar del volumen, es decir el rollo de papel, al codex (las paginas con un texto en ambos lados de cada hoja), fue una etapa decisiva en la historia de la escritura y del pensamiento. Existen investigaciones sobre la historia del cristianismo como movimiento religioso que se apoyó en una tecnología nueva: el libro -hay que leer Christianity and the Transformation of the Book: Origen, Eusebius, and the Library of Caesarea de Anthony Grafton and Megan Williams (Belknap Press/Harvard University Press) y The Monk and the Book: Jerome and the Making of Christian Scholarship De Megan Hale Williams (University of Chicago Press)-. Ahora, en el paso del libro a la pantalla que empezamos a vivir, el texto, creo, no va a salir ileso. Es lo que me preocupa y que tocaba el articulo del New Yorker.

Este post es muy técnico. Pido disculpa por esto pero me parece imposible trabajar en Internet y tener un interés para la literatura sin preocuparse por el futuro del texto. Para los que quieren profundizar en el estudio del tema, hay que leer The economics of attention de Richard Lanham (University of Chicago Press). Es un fracaso excelente: al intentar crear una nueva economía (la economía de la atención) el autor tiene que discutir lo que será el futuro del texto. Poco a poco se hunde en el tema del estilo y del fondo de lo que se dice para expresar un contenido. De esto se trata. Puede ser, tal como lo imagina Gustavo, que vamos a guardar la cuota de lectores que tenemos, pero no sabemos si harán la misma lectura.

[Publicado el 02/1/2008 a las 11:39]

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Fogwill

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Rodolfo Fogwill.

Siempre me pareció extraño el apellido del escritor argentino Fogwill. La palabra Fogwill producía en mi mente una mezcla improbable de tiniebla y de futuro con un toque de voluntarismo. Ver Fogwill en una tapa de libro me recordaba a la canción de los Beatles I will. Pero, a pesar de tener a Los Pichiciegos y Vivir afuera, sus mejores novelas, no entré, por una razón inexplicable en la obra de Fogwill hasta encontrar en una pequeña edición de la casa editorial Periférica, de Cáceres, Help a El, obra suya publicada hace un cuarto de siglo. Help otra vez recordaba a los Beatles y por fin compre un libro de Fogwill sabiendo su lectura ineludible.

¿Qué voy a decir? Help a El está muy bien, pero muy muy bien, pero lo que me gustó es la novelita que viene después (the novela como dicen los anglosajones): 66 paginitas con un título plenamente asumido: Sobre el arte de la novela. Jorge Luis Borges, con su talento inmarcesible en el momento de hundir a un compañero, decía que Fogwill es el autor argentino que más sabe de autos y cigarrillos. La novelita es sobre autos (coches, carros, como uno lo quiere) y cigarrillos. Dos viajes desde Buenos Aires a ciudades donde vive una vieja madre. La vieja madre de un tal Alberto Marzo que la visita con su Porsche y la vieja madre del narrador que viaja en un Datsun de una amiga.

Los dos textos tienen algo en común: cuentan la vida que es «un fuego lento planificado», una oxidación suave como lo explica Fogwill. Ambas visitas tendrían que ser la misma, pues la vieja madre no hace diferencia alguna entre el hijo que viene en un Porsche y el que la visita con un Datsun. Pero Fogwill, que sabe de autos, de cigarrillos en los labios del conductor y de novelas, demuestra de una manera fenomenal (es decir sin demostrarlo, renunciando a la vulgaridad de un razonamiento lógico) que la novela tiene una autonomía suya que no pertenece a la lógica. « ... la narrativa, escribe, se ejecuta mediante decisiones lógicas, decisiones sintácticas y decisiones gramaticales. A veces los tres tipos de decisiones son independientes... ». Para un lector francés, es decir un hombre aplastado por una sobrecarga de teorías abstractas sobre la literatura comprometida, le nouveau roman, el estructuralismo, etc., el uso de dos autos para demostrar que el arte de la novela no obedece a una teoría es tanto una hazaña como un alivio.

[Publicado el 27/12/2007 a las 11:23]

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Gracq

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Gracq.

No hay mucho que decir. Con mas torpeza que sabiduría, toda la prensa internacional fue capaz de encontrar un espacio para anunciar la muerte del escritor Julen Gracq dos días antes de la navidad. Tenía 97 años y era el monumento, el último monumento de la literatura francesa. Ya he dicho, en este blog, que Gracq (Louis Poirier) era un clásico a pesar de estar vivo. Su muerte no le quita su condición de maestro supremo de las letras francesas sino que deja un escenario vacío.

La editorial El Acantilado publicó en 2007 una traducción al español de «Carnets du grand chemin»: A lo largo del camino. (Gracq: "El camino al que se refieren las notas que forman este libro es por supuesto el que atraviesa y enlaza los paisajes de la tierra. Es también, algunas veces, el del sueño, y a menudo el de la memoria, la mía y también la memoria colectiva, a veces la más lejana: la historia, y por eso es también el de la lectura y el del arte"). No puedo, como francés y como admirador y lector fanático de Gracq, pronunciarme sobre la calidad de la traducción, pero, al hojear el libro, veo la mejor introducción a lo que es la forma dominada de manera magistral por el escritor: el fragmento. Gran conocedor de la geografía física, poeta de los paisajes, Gracq ha creado una forma que tiene la apariencia de una libreta de apuntes. Una literatura libre, discontinua, de una muy falsa espontaneidad donde se mezclan erudición, emoción y precisión fenomenal de las palabras. Es una técnica que vale para todo: descripciones de paisajes, recuerdos, reflexión sobre la historia y literatura, sobre todo literatura.

Su fama en los medios viene de un acto de rechazo: se negó a recibir el premio Goncourt en 1951 por su mejor novela, El mar de las sirtes. Secreto, huyendo de la televisión y la participación en actos de promoción, Gracq era tampoco inalcanzable. El autor de este blog, al mandarle una carta, consiguió sin dificultad alguna unas entrevistas para hablar de literatura hace casi treinta años. Gracq hablaba con gran reserva, pero se notaba su pasión. Cuando la conversación tocaba al siglo XIX, tenía el entusiasmo de un niño en una tienda de dulces. Chateaubriand, Stendhal eran obviamente par él los compañeros de una convivencia continua.

De todos los comentaristas que intentaron saludarle, hay que destacar lo que escribió el critico francés Pierre Assouline en su blog, y también un artículo muy inteligente de James Kirkup en el diario inglés The Independent.

(El sitio dedicado a Gracq por Jose Corti, la casa editorial de toda su vida, no me parece mal, pero muy parecido a Gracq: preciso y austero.) 

[Publicado el 26/12/2007 a las 09:30]

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Atardecer

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Excelente artículo en Los Angeles Times del crítico de libros Scott Timberg. Su balance del año 2007 pinta un universo amenazado por la fragmentación natural de los contenidos, de las audiencias y de los canales de distribución en el mundo digital. Su visión es un retrato de EE. UU., claro, pero me parece que encontramos en este texto una recopilación de los peligros (o oportunidades) de la galaxia Gutenberg:

1. Desaparición de las librerías

2. Rebajas crecientes

3. Crecimiento relativo de los grandes éxitos en el negocio global

4. Erosión del alfabetismo en el papel (y no en las pantallas)

5. Desaparición del espacio dedicado a los libros en la prensa

6. Competencia entre los canales de distribución (con reducción de los beneficios)

¿Cuáles son las armas de los editores y escritores frente a estos desafíos? La lista incluye meramente a tres: la calidad, la atracción de ciertos autores (Roberto Bolaño en el caso de EE.UU.) y la capacidad de empujar la promoción de los libros desde fuera del mundo de los libros. Para decirlo en pocas palabras: el mundo de los libros es un mundo cerrado donde la calidad y la innovación pueden influir, pero es un mundo sometido a las tremendas fuerzas de cambio tecnológico y económico.

Ahora me toca introducir otro artículo en inglés, mucho más polémico, del semanal The New Yorker sobre "los libros en el atardecer". No hay mucho que decir sino que es una lectura imprescindible aunque su punto de salida es demoledor: se trata nada menos que de explicar por qué la humanidad se dedica a algo muy poco natural como la lectura. La frase clave: «There's no reason to think that reading and writing are about to become extinct, but some sociologists speculate that reading books for pleasure will one day be the province of a special "reading class," much as it was before the arrival of mass literacy, in the second half of the nineteenth century. » (No hay razón alguna de pensar que la lectura y la escritura van a desaparecer, pero unos sociólogos se preguntan si la lectura de los libros por mero placer no se va a transformar en el territorio de una «clase de lectores», tal como lo era antes de la llegada del alfabetismo de masa en la segunda mitad del siglo XIX). El artículo se apoya en las teorías de Walter Ong sobre la oralidad. Da mucho para pensar.

[Publicado el 21/12/2007 a las 13:26]

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Experimentos

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Una nota en el blog Techcrunch no sale de mi cabeza: la mitad de las novelas más vendidas en Japón en 2007 son  escritas para una publicación en teléfonos móviles. Claro que los ideogramas superan a las palabras cuando se trata de caber en un pequeño formato. Pero no se puede olvidar la tremenda influencia de la aparición de los periódicos sobre la literatura: un nuevo soporte es una oportunidad para la literatura. Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas es un producto directo de la necesidad de pegar la audiencia al diario. Internet tendrá también a sus invenciones.

Hoy, veo tres intentos (en inglés) que se apoyan en tres tecnologías:

1.     Twitter

Twitter es un «widget», es decir, un pequeño código que permite producir un resultado en el mundo digital: en este caso, transmitir hacia ciertas direcciones el mensaje SMS mandado desde un teléfono móvil. Utilizando una pequeña aplicación llamada Swotter, se utilizó a Twitter para mandar una línea de Ulises de James Joyce a una audiencia de 198 personas. Hay 24.765 líneas en la edición del proyecto Gutenberg. Lo que hace decir, mandando una línea cada quince minutos (un mensaje twitter no admite más de 140 líneas), que la difusión de la obra se extendió en 257 días. Se trata de un experimento con una obra reconocida, pero sabiendo lo que es la convivencia alrededor de Twitter, supongo que la primera novela en entregas cortísimas no se va a demorar mucho.

2.     Comment Press

Comment Press es un "pluggin", una pequeña extensión que funciona sobre los blogs de WordPress. Permite, en lugar de añadir comentarios a un post, atribuir estos comentarios a un párrafo específico del post. Dos autores, Kate Pullinger y Chris Joseph, ya escribieron el inicio de la obra: la caída de un hombre desde un avión sobre un coche aparcado cerca de un supermercado (se parece a la novela de Salman Rushdie que tanto irrita a los islamistas). Uno puede intervenir con palabras, fotografías, vídeos, sonidos, etc. para enriquecer la obra. Por el momento, se nota un silencio total de la audiencia frente a la posibilidad de participar en una creación. La tecnología es muy sofisticada, quizás, creo que es un instrumento válido para la creación colectiva.

3.     Powerpoint

Se trata de Powerpoint, la tecnología utilizada por los asesores para entregar sus recomendaciones. La tecnología que aburre a todos en las reuniones de estrategia si no se trata de la deliciosa manera de utilizarla en el blog del señor Bnjammin. No conozco su nombre. Es un especialista en management y acaba de proponer una traducción del soneto 18 de Shakespeare en Powerpoint. Hay que leer inglés y saber un poco del mundo de las empresas para disfrutar de su creación, pero me hizo reír a carcajadas. Ya mostré en este blog lo que se puede hacer con flash en el momento de entregar un poema de Baudelaire. Tenemos otro idioma listo para la poesía.

[Publicado el 17/12/2007 a las 20:53]

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La ética del crítico

/upload/fotos/blogs_entradas/romano.jpgCarlin Romano publica una crítica en el diario Philadelphia Inquirer. Es una figura universitaria, tanto en EE.UU. como en Rusia. La verdad: nunca lo leí pero me parece apasionante su post en el blog colectivo del National Book Critics Circle (NBCC) http. Es el resultado de su encuesta sobre la ética del crítico. 32 preguntas, y las respuestas de 32 críticos. Un excelente sistema de presentación permite ver respuestas en detalle. 

Entre lo que me parece más significativo:

¿Basta aparecer en la lista de las personas agradecidas por el autor para no escribir la reseña de un libro?: 68,5% dicen que sí.

¿Hay que leer un libro por completo antes de escribir su crítica?: 76,5% dicen que sí.

¿Debe el editor de una sección de cultura preocuparse por los libros publicados por sus críticos?: 52% dicen que no.

¿Un crítico puede leer las críticas sobre un libro antes de escribir la suya?: 40,1% dicen que no; 17,9% dicen que sí.

¿La sección de libros de una revista o de un periódico puede ignorar libros publicados por cuenta propia por sus autores?: 60,5% dicen que sí

¿Se puede pedir una crítica al amigo de un autor?: 84% dicen que no.

¿Debe el editor preguntarle al crítico si existe algún conflicto de interés antes de pedirle escribir sobre un libro?: 46,2% dicen que sí.

¿Puede el crítico renunciar a escribir sobre un libro para no expresar cosas negativas? 34,4% dicen que sí; 34,4% dicen que no.

¿Puede un crítico escribir sobre un libro publicado por la casa editorial que publica sus propios libros? 52% dicen que sí (pero 38% opina que sí, si se trata del mismo agente literario y no de la misma casa editorial).

Como Carlin Romano hizo la misma encuesta hace 20 años, es decir antes de Internet, hay por otra parte un estudio de la evolución de las opiniones. Es apasionante.

[Publicado el 11/12/2007 a las 10:55]

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Biografía

Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

Enlaces

Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)

 

Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".

Obras asociadas

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