El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 23 de noviembre de 2008
HISTORIA LITERARIA SEGÚN PIGLIA
Releer Respiración artificial, novela que Ricardo Piglia publica en 1980, es una experiencia que tiene mucho que ver con la de leer su ensayo El último lector, que salió en 2005. Piglia es un cuentista, un novelista, un ensayista pero antes de todo es un lector, un gran lector. El chileno Alberto Fuguet dedicó una crónica a Piglia como lector y creo que son crónicas como ésta que nos acercan a la verdad de Piglia.
Respiración artificial consiguió, en su época, la recepción de una obra vanguardista. La releo y veo todo el contrario. La lista de autores (93) que figuran en la novela es de un escritor que se somete a la historia literaria universal, que pasa por ella, para llegar a su tema: la identidad de Argentina. Además, una frase como “un poeta sin memoria es un oxímoron” o aun más “¿Qué es en definitiva la biografía de un escritor sino la historia de las transformaciones de su estilo?” son testimonios de la voluntad de recorrer la historia literaria.
No es difícil encontrar también en el libro algo que huele a postmodernismo y desaparición de lo real. “Ya no hay experiencias sólo hay ilusiones” escribe Piglia al principio de su novela. “Ya no hay aventuras… sólo parodias” añade a mitad de su libro. Pero al final, en las últimas páginas reconoce a la literatura la potencia suficiente para “decir lo indecible” antes de que sea realidad, prueba de esto es el mundo imaginado por Kafka como profecía del mundo realizado por Hitler.
Tal como lo recordaba, hay en la novela un doble mano-a-mano. Éste de Kafka y de Hitler y, antes, el de Descartes con Hitler, autores de dos monólogos (El discurso del método y Mi lucha) que pretenden establecer un sistema de ideas imbatible –el futuro líder nazi basándose en la pérdida completa del sentido común y en el odio cuando el pensador francés se hace esclavo de la razón.
Pero como buen argentino, Piglia no ignora su deporte nacional, que no es tanto el fútbol sino el chiste anti-argentino. “… La literatura argentina se inicia con una frase escrita en francés, que es una cita falsa, equivocada”, dice Renzi, su personaje favorecido. Es una referencia a la citación de Fourtol “On ne tue point les idées” (las ideas no se matan) que figura en la primera página de Facundo de Sarmiento. La frase, dice Renzi, es de otro francés, el conde Constantin de Volney. Siguen ataques ineludibles sobre Argentina y su cultura de “segunda mano” obsesionada por Europa.
La novela es excelente, pero como francés no sé nada de Fourtol y no encontré nada en Volney. ¿El autor de la frase no sería más bien Hyppolite Fortoul, un escritor que fue ministro de Napoleón el tercero y como especialista de la historia de Sieyes y de la convención citaba declaraciones definitivas sobre la libertad de expresar ideas nuevas? Mi pregunta no quita nada a mi admiración a Piglia. Más bien espero que haya hecho un juego supremo: denunciar un error sin limpiar el terreno por completo. De ser así, la novela sería aun más rica, con la ironía de burlarse de los hechos al denunciar un préstamo equivocado de la cultura francesa, pero actuando como los franceses que lo dan todo (incluida la certeza de los hechos) para una teoría.
[Publicado el 18/7/2007 a las 11:31]
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¿Cuántos escritores cita Ricardo Piglia en su novela Respiración artificial? La repuesta es el título de una novela de Víctor Hugo: “Noventa y tres”. Releyendo el libro me dediqué a hacer lo que nunca había hecho: apuntar los apellidos de autores utilizado por el autor argentino. La presencia de Hitler no es una sorpresa pues Piglia lo utiliza como un verdadero autor, oponiéndole a nada menos que Descartes.
Unos nombres aparecen en cursiva en la lista: son autores cuya obra está presente a través del título de obras suyas sin que su apellido esté presente. Pero me pareció que hablar de Bouvard y Pecuchet era como nombrar a Flaubert.
Respiración artificial es una gran obra a pesar de cometer un crimen: es una novela que entrega una (y quizás dos) ideas mayores sobre la literatura. Claro que la abundancia de autores es un caso clásico de inversión de una regla: no hay que construir una novela sobre la erudición al menos que se utilice tanto la erudición que la ley pre-citada no valga más.
Alberdi Juan Bautista
Andréiev Leonid
Angelis Pedro de
Artl Roberto
Baudelaire Charles
Barthelme Donald
Bellow Saül
Bioy Casares Adolfo
Borges Jorge Luis
Benjamin Walter
Brecht Bertold
Brod Max
Cané Miguel
Coleridge Samuel Taylor
Chejov Anton
Cortazar Julio
Christie Agatha
Dante Aligheri
Defoe Daniel
Descartes René
Destutt de Tracy, Antoine Louis
Dick Philip
Dickens Charles
Diderot Denis
Dostoievski Feodor
Echeverria Esteban
Faulkner William
Fitzgerald Scott
Flaubert Gustave
Fourtol
Freud Sigmund
Gombrowicz Witold
Groussac Paul
Guiraldes Ricardo
Hawthorne Nathaniel
Hegel Friedrich
Heidegger Martin
Hemingway Ernest
Hippias
Hitler Adolf
Heraclita
Hernandez Jose
Homero
Hudson Guillermo Enrique
Huxley Aldous
Jakobson Roman
Joyce James
Kafka Frantz
Kant Emmanuel
Keats John
Keyserling Hermann
Kluge Joachim
Laclos Pierre Choderlos de
Larreta Enrique
Le Roy Ladurie Emmanuel
Lukacs George
Lugones Leopoldo
Lutero
Mann Thomas
Martinez Estrada Ezequiel
Melville Herman
Mercier Louis Sebastien
Michelet Jules
Mujica Lainez Manuel
Montesquieu Charles Louis
Nietzsche Friedrich
Ortega y Gasset José
Pascal Blaise
Paley Grace
Parmenides
Platon
Pushkhin Alexander
Rimbaud Arthur
Russell Bertrand
Sade François de
Sarmiento Domingo Faustino
Schopenhauer Arthur
Shakespeare William
Soussens Charles de
Stein Gertrude
Sterne Laurence
Swift Jonathan
Tolstoï Leon
Tretiakov Sergio,
Twain Mark
Vazick Oscar
Vico Giambattista
Valery Paul
Verlaine Paul
Volney Constantin de
Voltaire François Marie
Wast Hugo
Wittgenstein Ludwig
[Publicado el 17/7/2007 a las 13:38]
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La industria proustiana fue tan potente en los últimos años y tan seria, llena de una especie de soberbia erudita (comentarios sobre la obra, biografías, ensayos sobre lo bueno de leer a Proust, etc.) que es un alivio descubrir una reedición de Dos pastiches proustianos (Anagrama) de Llorenç Villalonga. Es el libro más inteligente y más improbable sobre el autor de la Búsqueda del tiempo perdido: la traducción al castellano de una obra en catalán que finge (y consigue) ser un texto en prosa de Proust en francés.
No hay duda al releer el libro casi 30 años después de mi primera lectura: el resultado es de primer orden, convincente, lleno de ironía y de guiños a la figura del escritor francés. Ambos textos podrían ser de Proust tanto por el movimiento de las frases como por la manera de ser y de no ser del narrador, de dar vueltas para conseguir una infinita precisión en la descripción de emociones.
El primer “pastiche” que se titula “Marcel Proust intenta vender un De Dedion-Bouton” es un retrato psicológico del escritor dedicando una energía considerable a explicar lo que él describe como una “solución casi imposible” a una pesadilla suya. “Charlus en Bearn”, el segundo texto, es un encuentro entre la obra de Proust, a través de uno de sus principales personajes, y Bearn la casa aristocrática que ha dado su nombre a la novela más conocida de Villalonga.
Comparar Bearn con El Gatopardo de Lampedusa es algo tan común que no vale la pena involucrarse en este tema. Villalonga era un aristócrata de Mallorca y no es difícil comparar su figura un poco austera con la del novelista siciliano. Ambos contaron desde una isla del mediterráneo la decadencia ineludible de las grandes familias cuando son “fin de raza”. En realidad, hay una dimensión histórica en Lampedusa y algo más íntimo, psicológico en Villalonga.
No importa reabrir el debate cuando tenemos de nuevo la oportunidad de descubrir el homenaje de Villalonga a Proust. Sus dos textos son excepcionales. Villalonga recuerda en su introducción la expresión utilizada por Proust para pedir excusa al conde de Montesquiou preocupado por su parecido con Charlus: una imitación es “un exceso de admiración”. Una imitación es también un conocimiento extremo. Podemos morir de risa al leer los dos textos de Villalonga, pero no podemos ignorar que el aristócrata mallorquino hizo lo más difícil: comportarse como un maestro en lo que parece ser un mero juego.
[Publicado el 16/7/2007 a las 10:18]
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A veces soy un tonto completo. Escribo desde Francia, con un cierto interés por los libros y la literatura. Y acabo de enterarme que no hice nada sobre L’affaire Jourde (el caso Jourde). Tuve que leer un blog en el sitio de The Guardian para saber de mi tremendo fallo: no hice nada sobre el caso Jourde, un paradigma de la mala relación entre un novelista y sus personajes.
¿De qué se trata? De un autor, Pierre Jourde, buen novelista y excelente crítico literario con capacidad para generar polémica; y de una novela, Pays perdu (país perdido). La novela cuenta la vida de un pequeñísimo pueblo, más bien de una aldea en el centro de Francia. Los nombres, las identidades son inventadas, pero no fue difícil para unos habitantes de Lussaud, en el norte del Cantal, reconocer su tierra y ellos mismos en unas historias de siempre: traición sentimental, envidia, odio, hijo ilegítimo, borracheras, etc. La familia de Jourde viene de Lussaud. En su juventud, el autor pasó todas sus vacaciones en Lussaud y todavía lleva a sus propios hijos de vacaciones a Lussaud a la casa de su abuelo. O los llevaba después de sufrir una agresión por parte de varios habitantes insultándolos, según dijeron a la justicia, por el papel que le atribuye la novela.
El caso Jourde es la rebelión de personajes en contra del autor y la decisión definitiva de un tribunal explicando que la ficción no es la realidad, entonces que los que tiraron piedras a Jourde y su familia no podían justificar su acción por el papel que le atribuye el autor en su novela. Multas, indemnización y hasta cárcel: el caso provocó pasiones. En su blog hospedado en el sitio de Le Monde, el autor Pierre Assouline contó la historia antes de reconocer como más o menos “legítimos” los “sentimientos” de los personajes. Más tarde (después del proceso), Assouline encontró declaraciones de Jourde explicando que su novela no es una novela, sino la mera expresión de la realidad.
Lo interesante, si uno lee el francés, es seguir en otro blog, de la periodista de Le Monde Pascal Robert-Diard, el relato del proceso, es decir, la expresión, a veces silenciosa, de los personajes hablando del insoportable estatuto de personaje. ¿Cómo reacciona un tuerto al leer en una novela la historia de la pérdida de su ojo? Mal, muy mal y podemos entender que el novelista le quita su ojo otra vez con el relato. Más allá de la decisión de la justicia hay algo muy francés y muy de desprecio de la ciudad (la justicia es siempre de la ciudad) hacia el campo en el tratamiento que se ha dado a los personajes: tenían que callarse, según el juez. La justicia francesa ignora el viejo lema inglés: The Word is Mightier than the Sword (se hace más daño con una palabra que utilizando la espada). En el fondo, es un caso de desprecio a la literatura por parte de jueces franceses.
[Publicado el 12/7/2007 a las 13:09]
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Es lo peor que se puede hacer con un libro: cocinarlo. Hablo en serio: la revista New York (que tiene buenas reseñas sobre los libros) pidió a un chef cocinar Heat, el libro de Bill Buford. El método elegido es un paso rápido por un sartén con aceite, vino y salsa Tabasco. Las fotografías muestran un resultado definitivo: así se verifica que un libro no se puede comparar con chipirones. Es mejor comer el libro crudo, con los ojos, y pasar a los chipirones por el sartén, antes de comerlos con la boca.
La razón del insólito experimento es la estupidez de la publicidad para la edición de bolsillo de Heat: "Now stain-resistant!", "kitchen-friendly", "waterproof" (no se puede manchar, no tiene problemas en la cocina, resiste al agua) promete la casa editorial Vintage en un intento de desperrado de estimular la lectura de la obra en la cocina.
Buford, que fue el editor y mejor dicho el inventor de Granta tal como la conocemos y luego el editor de ficción del New Yorker, acaba de tener un gran éxito de crítica y comercial con este libro dedicado a un reportaje sobre la cocina de un chef, Mario Batali, en Toscana. Así consiguió su reconversión de la ficción a la no-ficción en términos norteamericanos. Pero su editor no inventó el libro que nos falta: el libro que lo aguanta todo. Lo que hizo para la edición de bolsillo fue poner una capa de plástico en la tapa, como para muchos otros libros. A lo mejor, si se pone el libro de Buford sobre unas gotas de agua en una mesa, no pasa nada. Mas allá, sabemos que entre los enemigos del libro, el agua permanece en la primera fila, al lado del fuego. La mala broma de la revista New York era combinar los dos enemigos que, por suerte, nunca actúan juntos.
[Publicado el 11/7/2007 a las 11:23]
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Se publican dos críticas, casi a la vez, sobre el Borges de Adolfo Bioy Casares. Una firmada por David Gallagher, en el Times Literary Supplement; otra de Juan Villoro en Letras Libres. Ambas son de altísimo nivel, con visión y numerosas referencias. Ambos autores hicieron lo que no hice todavía: leer por completo un monumento de más de 1.660 páginas. Ambos textos apuntan al paralelo entre la relación Borges/Bioy y la relación Samuel Johnson/James Boswell.
¿Podemos poner al Borges de Bioy al lado de Vida del doctor Samuel Johnson de Boswell? Ambas críticas contestan de manera afirmativa. “Borges encuentra su Boswell” es el título de la crítica de Gallagher. “Bioy does seem consciously to have cast himself in the role of Borges’s Boswell” (parece que Bioy se atribuyó de manera consciente el papel de Boswell de Borges), escribe el crítico inglés. Por su parte, Villoro cuenta cómo Bioy, durante una visita a México en 1991, se dedicó a explicar “una paradoja: Johnson le parecía un autor más importante, pero prefería leer a Boswell”. En este momento, Bioy soñaba con el papel de Boswell, pues ya había acumulado una montaña de notas sobre Borges sin revelar su actividad, tal como Boswell se dedicó a recopilar el más mínimo dato sobre Johnson sin decir nada de su trabajo de espía.
"Con la excepción de Lennon y McCartney o Laurel y Hardy es difícil pensar en asociaciones artísticas más fecundas en el siglo XX e imposible dar con otra más duradera" opina Villoro. La verdad es que los dos argentinos tienen una maldad insuperable cuando se trata de hablar de otros escritores, con clara ventaja para Borges en el arte del desprecio. Las muestras del arsénico borgesiano elegidas por Villoro son francamente para morir de la risa. En un momento de suma hostilidad hacia los españoles, Borges llegó a hablar de un encuentro con un “español antropomorfo”.
Tanto Bioy como Boswell arremetieron con entusiasmo en contra de sus respectivos maestros, hundiéndolos en sus detalles mezquinos, manías y rasgos insoportables, pero no se puede hablar del siglo XVIII en Inglaterra sin pensar en Johnson gracias al libro de Boswell. No estoy seguro de que Bioy ayudó a Borges de la misma manera con relación al siglo XX, aunque tenemos a su Borges para ratos. El “Borges come en casa”, que es la frase más común de Bioy, ubica a veces su obra en una especie de relato doméstico, pero no podemos negar que se trata de uno de los grandes testimonios literarios de los últimos tiempos.
[Publicado el 10/7/2007 a las 10:30]
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Este es un buen momento para mirar a Venezuela. No tanto por la Copa de América de Fútbol -que interesa a los venezolanos, aunque no va a sacarlos de su fascinación por la pelota (base-ball)-, sino por la caminata desde ahora muy difícil del líder de la revolución bolivariana, el comandante Hugo Chávez Frías. Desde hace unos días, cuando fue recibido por Vladimir Putin en la misma víspera de un encuentro del presidente ruso con George W. Bush, se ve que la apuesta de Chávez para acercarse a Rusia, Bielorrusia o Irán no le abre ningún camino real. Sus sueños del Este chocan contra la realidad geográfica.
En América Latina, a Chávez tampoco le va bien. Se apartó de la Comunidad Andina (Can) para priorizar un acercamiento al Mercosur que ahora tampoco va a salir. Cuando Andrés Oppenheimer titula una columna “La pelea de Chávez con el Sur” está más cerca de una noticia que de un comentario: Chávez no encuentra su camino fuera de Venezuela.
Si revisamos el itinerario de Chávez desde su llegada en el escenario político, utilizando por ejemplo la animación del Council on Foreign Relations vemos que por primera vez el hombre que tiene todos los poderes llega a un punto muy delicado en su construcción del “socialismo del siglo XXI”. Se mantienen sus peleas con los viejos adversarios como la iglesia. Son peleas que nunca van a tener un desenlace; sería mejor tener enemigos políticos en el parlamento.
Es interesante, visitar el sitio del New York Times para encontrar sobre Venezuela un vídeo de un cuarto de hora, Land wars in Venezuela, que pinta la dificultad de promover la reforma agraria; un artículo, “Media mogul learns to live with Chávez”, que describe la presiones del poder sobre el empresario y hombre más rico del país, Gustavo Cisneros; y por fin otro artículo donde el embajador de EE UU en Caracas cuenta la manera de aguantar las acciones del líder revolucionario. Chávez ya es previsible y toca los límites de la mezcla de provocaciones y hechos simbólicos que le permitían mantenerse en una postura revolucionaria. ¿De qué se trata a fin de cuentas? Venezuela vive el momento muy sencillo y obvio donde hay que entregar algo más allá del reparto de recursos y de las misiones de doctores cubanos en los barrios.
En un país que tiene una fuerte inflación, inestabilidad en el suministro de comida y tremenda inseguridad, Chávez pensaba huir lejos de la realidad al priorizar en su revolución la lucha contra una cadena de televisión, Radio Caracas Televisión (RCTV). Era lo más fácil: no hacer sino deshacer. Entonces no renovó la licencia de la cadena y de manera lógica –pues vivimos en un mundo más virtual que real– consiguió así llenar las calles de estudiantes. Frente a ellos, su desconcierto fue obvio. Y el combate para defender la libertad de la televisión no se detiene. Otra cadena, Globovisión, denuncia presiones, José María Insulza, director general de la OEA mantiene el caso RCTV abierto, y por fin, los propios seguidores de Chávez reconocen en el portal Aporrea que no hay manera en un mundo interconectado de callar a la cadena RCTV que ahora entra por satélite.
[Publicado el 09/7/2007 a las 11:03]
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Empiezo con un secreto: el blog Design Observer. Es excelente: habla de manera abierta de grafismo y de tipografía. El punto de vista es el clasicismo pero sabe mucho sobre el mundo digital. Es el blog de varias personas, lo que le da una riqueza sorprendente como hoy con un texto de William Drenttel sobre Jack Stauffacher.
No hay que perderse en estos nombres: son grafistas norteamericanos y más, bien, en el caso de Stauffacher se trata de una leyenda: el hombre que hizo Grenwood Press en San Francisco, una casa editorial que combina textos clásicos con encuadernación y grafismo de alta calidad. Lo que dice el texto no es excepcional. Información sobre Stauffacher hay en todas partes. Pero se utiliza una idea que me encanta: el retrato de un hombre a través del librero de su taller. Para dar una visión completa hay en el blog una fotogalería de 60 fotografías con todos los libros que rodean Stauffacher, estantería por estantería. Me gustaría descubrir lo mismo con escritores: saber cuáles son los libros que les rodean en el momento de crear.
“Un escritor vive donde están sus libros” contesta Gabriel García Márquez cuando alguien le pregunta sobre sus varias casas (en su caso, los libros están en México). En el librero de Stauffacher hay una edición de Moby Dick que tengo, tanto como una enciclopedia de la tipografía que abro por lo menos una vez a la semana. Verlos es como compartir enlaces en Internet a través de del.icio.us, es descubrir que comparto algo con el viejo genio de San Francisco.
[Publicado el 04/7/2007 a las 18:48]
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Interesante la nota en el diario argentino Página 12 sobre una conferencia de la autora Liliana Heker: «Las formas de la traición en la literatura argentina». Cita casos, ejemplos, hasta modelos de traición. Es excelente. Y como voy releyendo a Respiración artificial, la novela de Ricardo Piglia, me atrevo a añadir un personaje: Enrique Ossorio, secretario de Juan Manuel de Rosas, el principal dirigente de la Confederación argentina. Ossorio habría podido ser un héroe, pero se sospecha que fue un traidor. Su exilio nutre gran parte de la novela de Piglia.
También falta La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig. Una vez oí a Guillermo Cabrera Infante contar cómo hacia parte de un jurado que premió la novela. «No había que leer el libro, explicaba el autor cubano con su impasible rostro chino, el título era tan bueno: bastaba para entregar el premio. Puig habría podido prescindir de escribir la novela».
Lo único equivocado en la conferencia que cuenta Página 12 es el adjetivo en el título: «argentina». La traición es el plato más común de la cocina humana internacional. Odette traiciona a Swann, en Proust, no por acostarse con otros amantes sino por salir de su condición de Odette y llegar a ser Mme. Verdurin y aun más al final de la Búsqueda del tiempo perdido. Traicionar es liberarse de sí mismo para asumir su futuro. Sarkozy traicionó a Chirac, recordaron los periodistas antes de su elección a la presidencia francesa. Sí, lo traicionó, tal como Chira traicionó a Giscard d’Estaing. Se trata del movimiento de la vida: estar a favor y estar en contra. La nota de Página 12 es excelente pero su ámbito es limitado. Lo que necesitamos es una «Introducción a la historia mundial de la traición» (lo escribo para traicionar a Borges).
(Otra traición, amplia, para los que leen el inglés: el pésame de la revista Rolling Stone a la muerte de la industria del disco: parece que el público, enamorado de la tecnología digital, traiciona a los artistas robando placer musical sin entregar plata).
[Publicado el 02/7/2007 a las 10:55]
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Me gusta un montón el portfolio de un joven catalán, Miquel Mora que acabo de descubrir en el sitio del Royal College of Art de Londres. Los locos que anuncian la muerte del papel (periódicos, libros, etc.) se equivocan. Lo que viene es la muerte de la rotativa y la mutación del papel que será en el futuro tanto de procedencia vegetal (papel clásico) como sintética (papel electrónico).
La idea del sobre que tiene la memoria de sus viajes, la del despertador que se aplasta para protestar contra la salida forzada del sueño, o la del documento que viene con un GPS incorporado para encontrar el camino hacia su destinario son visiones del futuro que nos espera. Un mundo donde lo más difícil no será la ruptura con el papel sino con la idea del viejo papel, algo pasivo que se puede romper, quemar y que aguanta el tiempo entre dos pieles de vacas.
Hace unos días, leyendo lo que Tom O’Reilly escribía sobre una ponencia en su conferencia Tools of Change for Publishing (TOC) descubrí el trabajo de Manolis Kelaidis, también del Royal College of Art. Se trata de conectar un libro a una computadora que añade las luces, imágenes, sonidos o datos para configurar una lectura de una dimensión nueva. Es deslumbrante. Vaya papel. El viejo soporte tiene futuro.
[Publicado el 27/6/2007 a las 10:55]
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Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
22/11/2008 17:50
Publicado por: Orión de Panthoseas
22/11/2008 17:41
Publicado por: Orión de Panthoseas
21/11/2008 17:10
EN UNA OPORTUNIDAD ALGUIEN DIJO...
Publicado por: MANUEL BARRETO M
20/11/2008 15:29
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20/11/2008 03:46
Todo efecto positivo acaba en su...
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19/11/2008 17:49
Iniciamos un apartado en nuestro...
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19/11/2008 17:44
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19/11/2008 13:25
Les recomiendo ver y escuchar el...
Publicado por: Natalia
18/11/2008 18:12
Siempre son esclarecedores los...
Publicado por: Claudia
16/11/2008 00:28
Publicado por: XIMENA DE LA CUZ
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