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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

Blog de Jean-François Fogel

ESNOBISMO PARISIENSE

Acabo de leer un diccionario, un diccionario completo pues sólo tiene 222 páginas lo que llena una excelente tarde. Es el Dictionnaire de littérature à l’usage des snobs et surtout de ceux qui ne le sont pas de Fabrice Gaignault (ed. Scali). Una recopilación completa de la manera de hablar de literatura en París sin utilizar las valoraciones reconocidas por todos. Un diccionario que huye frente a los premios y considera sospechoso al éxito comercial. En pocas palabras: un diccionario literario muy culto y también entregado al esnobismo.

A mi juicio es un estudio etnográfico valioso y vale la pena resumirlo. Su contenido abarca lo que supondría un montón de comidas y de aperitivos sin llegar a una cosecha tan completa. Autores, movimientos literarios, lugares: es una visión completa del mundo que se puede resumir en pocos rasgos. Un mundo de derecha, claro: los dos autores más citados son André Malraux y Paul Morand. Dentro de la izquierda, el esnob teme encontrar a las masas que no pueden entender su geografía, su visión del mundo y sus odios.

Geografía. El planeta literario es pequeñísimo. El esnob sólo conoce a: el Beat Hotel y el Hotel Ritz en París, los cafés italianos, El Chelsea Hotel en Nueva York, el City Lights Bookstore (la librería de San Francisco), Harrar (la ciudad de Rimbaud en Etiopia), St FLorent-le-Vieil (la ciudad donde vive Julien Gracq, el último clásico francés) la Santa Maddalena Foundation (que hospeda escritores con becas en Toscana), la trocha favorita de Rilke para sus paseos cerca de Trieste, la casa de Malaparte en Capri y tres ciudades: Tánger, Trieste y Venecia.

Revistas literarias. Sólo hay tres, todas en inglés: Granta, McSweeney’s y The Paris Review.

Movimientos literarios. Son exquisitos si son del pasado (ser un militante contemporáneo sería rozar el ridículo para un esnob). Basta con recordar los siguientes: la mesa redonda del Hotel Algonquin en Nueva York (las acid-tongued wits, las malas lenguas acidas de Parker y Benchley), el grupo alrededor del Manifiesto culinario futurista (con su famoso Basta la pasciutta!, Ya basta la pasta!), la Beat generation, el grupo de Bloomsburry, el Club des longues moustaches (club de los bigotes largos, escritores franceses del fin del siglo XIX, principio del XX: Miomandre, Vaudoyer, Jaloux, Régnier, etc.), los Dirty realists (movimiento inventado por Bill Budford), los Hussards (escritores franceses de derecha de los años 50), la llamada “escuela del Montana” y por fin el Vorticism inglés antes de la Segunda Guerra Mundial.

Escritores anglo-sajones. Es una obvia fascinación, imposible de resumir. Incluye a ingleses y americanos. Hay de todo: aristocracia inglesa (la familia de la duquesa de Devonshire con Nancy Mitford), homosexuales de moda (como Christopher Isherwood), poetas (Sylvia Plath), innovadores (con gran papel de Lovecraft y Burroughs).

Odios. Ser es rechazar para un esnob y una lista de las diez novelas insoportables le ayuda a establecerse aparte: Bella del Señor de Albert Cohen, El extranjero de Albert Camus, El amante de Marguerite Duras, El principito de Antoine de Saint Exupery, La condición humana de André Malraux, Las  uvas de la ira de John Steinbeck, El viejo y el mar de Ernest Hemingway, Nausea de Jean-Paul Sartre, La espuma de los días de Boris Vian y En la carretera de Jack Kerouac.

Última nota: claro que no existe el mundo iberoamericano. O casi no existe. Apunta cinco apellidos, no más: Max Aub, Nicola Gómez Dávila, José-Carlos Llop, Silvina Ocampo y Bernardo Soares (uno de los seudónimos de Pessoa).

[Publicado el 27/8/2007 a las 11:41]

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EL CANTO DEL BURRÓCRATA

Eliades Acosta Matos es un burrócrata (con dos «r», sí, como burro), uno de estos que produce el socialismo cubano. Su posición es la de Jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. No hay que dar muchas vueltas para entenderlo: Acosta Matos finge ser escritor; en realidad es un comisario político; vigila a los escritores y artistas cubanos. Acaba de dar una entrevista al diario Granma (órgano del partido único de Cuba) sobre “la guerra cultural”, cuyo contenido es un síntoma del malestar de las autoridades de La Habana frente a todo lo que tiene que ver con los procesos autónomos de creación.

Claro que como buen miembro del Partido Comunista, este hombre domina los matices de la comunicación ideológica. Lastima el “ignominioso fin del socialismo en Europa del Este y la URSS” y se identifica con la Revolución cubana (nació en el 1959) hasta negar su existencia propia: “mi historia personal y la historia más reciente del pueblo cubano son la misma historia”.

Ahora bien, en su entrevista, este señorito -perdón, compañero– se pronuncia sobre los puntos sobresalientes del momento en el área de la cultura:

1. Habla de la “buena salud” de la literatura cubana aunque, dice, “en el exterior los resultados están marcados por la impronta política, o sea, tanto hablas tanto recibes”. No da prueba ninguna de lo que afirma pero, con suma hipocresía, propone dos nombres, Amir Valle Ojeda y Zoé Valdés, antes de añadir que “en realidad esos nombres no merecen más comentarios”. Entendemos: se hace un comentario sobre supuestos mercenarios del anticastrismo que cobrarían por hablar, antes de decir que no merecen comentarios.

Traducción mía: estamos resentidos frente al éxito y a la influencia de estos autores.

2. Nota la incipiente “lucha por los archivos”, es decir por escribir la historia de la cultura cubana. No es un fenómeno “casual”, afirma el pobre funcionario, otra vez sin más pruebas. Y sobre todo, sin decir que intenta de esta manera responder a la publicación, por parte de la Revista "Encuentro de la cultura cubana", de documentos sobre el famoso encuentro entre Fidel y los intelectuales. La verdadera historia no pertenece al partido que reescribe su historia, sabiendo -como lo mostró Orwell- que se necesita el control del pasado para controlar el presente.

Traducción mía: no conviene a las autoridades de La Habana oír el lema de su política hacia los intelectuales tal como fue definido por Fidel, “dentro de la revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

3. Denuncia la existencia del blog Muñequitos rusos como “una especie de revisión de la etapa soviética”. Aquí tocamos al colmo del ridículo: se trata de un blog del exilio cubano dedicado a la nostalgia de los dibujos animados presentados hace veinte años en la televisión cubana. Denunciarlo es como dejar en ridículo a Proust por su afición a las magdalenas.

Traducción mía: duele a la cúpula superior del poder recordar de qué manera una revolución soberana recibía limoná de Moscú.

4. Lástima las nuevas tecnologías, “un factor esencial” en un proceso de monitoreo y ataques a Cuba. En la isla, a través del control de los servidores, se consigue censurar a Internet. Pero afuera no hay como callar la voz de los que se preocupan por Cuba.

Traducción mía: el trabajo de la propaganda cubana no sabe cómo enfrentarse con el pluralismo en la Red.

Palabra por palabra –la manera de hablar en la primera persona del plural como si todos los cubanos se expresaran a través de Acosta Matos, la manera de pintar la isla como el baluarte de una resistencia hacia el exterior cuando es un lugar de represión interna, la manera de repetir la eterna promesa de “crear conciencia en la sociedad cubana”-, la entrevista es una muestra perfecta de la jerga burocrática cubana que se nombra teke-teke en la isla. Y, como siempre, está la torpeza, el dato estúpido que pinta muy mal a la Revolución y que se entrega de manera, esta vez sí, casual: reconocer que entre 1959 y ahora, La Habana perdió “1.750 espacios de música bailable”.

“Nuestras orquestas no tocan en La Habana, prefieren irse un fin de semana a cualquier sitio fuera del país”, reconoce el burrócrata. ¡Vaya música!

[Publicado el 23/8/2007 a las 10:34]

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TEORÍA

Afterpop (editorial Berenice) de Eloy Fernández Porta pide mucho a sus lectores. Caudal de títulos de obras, referencias teóricas, nombres de artistas y choques entre disciplinas, es un ensayo que no satisface a nadie. Subtitulado «La literatura de la implosión mediática», habla de literatura, de teorías, de comunicación, de música (mucho de música) y de artes. Mezcla todo hasta tal punto que si bien no satisface a nadie es también apasionante para todos. O casi todos, pues puedo adivinar las reservas de unos cuantos frente a un intertítulo que dice “Salvación: Televisor en el vientre del unicornio del surrealismo”. Hay que ser aficionado.

El tema del libro, enfocado desde varias perspectivas, es un intento de determinar los criterios de la supuesta respetabilidad de una obra. ¿Cómo se establece la diferencia entre una obra “seria” y un producto “poppy”? Fernández Porta estudia cuatro criterios posibles: referentes, temáticas, registro lingüístico y finalmente la actitud del receptor de la obra, que parece el más válido. Sostiene la existencia de un criterio generacional (nacer en los sesenta o setenta es pasar de una cuña cultural a otra). En un absurdo resumen de lo que dice el autor voy a añadir un solo punto: esta diferencia se ve muy bien en el caso de la nueva “narrativa influenciada por los audiovisuales” (se puede encontrar aquí una entrevista con el autor que habla de su visión).

Una gran parte del libro utiliza como referencia la novela de Ray Loriga El hombre que inventó Manhattan y se apoya en una frase del mismo autor en una entrevista a la revista Ajoblanco “en este país se sigue escribiendo como si no existiera la televisión”. Fernández Porta tiene un talento obvio para pasar de la literatura a la música o a los medios de comunicación y lo utiliza para rechazar cualquier ubicación de su pensamiento en lo “serio” o en lo “poppy”. Tampoco podemos negar que sabe cocinar unos platos clásicos o dar una versión moderna de Flaubert en su estupidario:
“¿Arte? Desde la aparición del arte conceptual, todo es un fraude y una chorrez…”.
“¿Pensamiento? La deconstrucción francesa y sus derivaciones han acabado con él …”.
“¿Feminismo? Una secta de resentidas”.
“¿Teoría cultural? Cuatro friquis parloteando sobre ciencia ficción”.

Afterpop es una implosión suculenta.

[Publicado el 22/8/2007 a las 10:52]

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MANIFIESTOS

Acabo de leer 49 manifiestos sobre la arquitectura, un hallazgo del excelente sitio La Petite Claudine. Los manifiestos son hospedados en el sitio de Icon, revista de diseño y de arquitectura que propone una corta historia del papel de los manifiestos antes de publicar nada menos que 50 manifiestos (en inglés). Al leerlos todos descubrí que uno de ellos es meramente una invitación para la salida del verdadero manifiesto.

Pequeña síntesis de una lectura:

1. Ya pasó la época de los manifiestos (ver el manifiesto 29 y el 49).
2. Solo 13 participantes se atreven a escribir un manifiesto. El mejor construido como tal viene de Caracas (44).
3. Se cita a un solo autor: Dickens.
4. 6 participantes hacen un dibujo, 6 utilizan un eslogan (en total, tantos como los que escriben textos).
5. 11 hablan de políticas, todos a través del medio ambiente o de la relación entre el hombre y su entorno (natural o urbanístico).
6. No hay referencias a la estética o la belleza, pero se habla de lo normal, de lo común, de lo cotidiano como algo deseable.
7. Muchos manifiestos son publicidad para su autor. Quizás el único manifiesto que se puede escribir hoy es un manifiesto para sí mismo.
8. Me gusta lo que dice Richard Hutten, un diseñador de Amsterdam: “No soluciono problemas, creo oportunidades”.

[Publicado el 21/8/2007 a las 13:43]

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LA CULPA ES DE PAPA

Es el ensayo más inesperado del verano. Un artículo del novelista Paul Greenberg, A Fish Tale (un cuento de pez), publicado por el suplemento de libros del New York Times. No sé si el artículo es todavía de libre acceso en el sitio, pero su tema es una pregunta que parece inverosímil: ¿En qué medida Ernest Hemingway tiene la culpa de la desaparición de los peces grandes? Los peces grandes de la pregunta son los peces marlines (azul, negro, etc.), el pez vela, el pez espada, es decir los “peces perciformes, grandes y comestibles que se pescan como deporte”. Todos estos peces han sido resumidos en uno solo: el pez gigantesco de El viejo y el mar.

Según un artículo de la revista científica Nature del año 2003, el 90% de estos peces desaparecieron durante el último medio siglo. Y como siempre frente a una catástrofe se busca un culpable. Greenberg no dice que Papa Hemingway sea el único responsable, pero sí lo define como un hombre cuya actividad contribuyó de manera notable a vaciar el mar de sus peces grandes.

Sobre lo que hizo Hemingway tenemos muchos datos. Descartando sus mentiras, que fueron muchas, quedan el diario de su barco, El Pilar, y las fotografías, las famosas fotografías del gran escritor al lado de un pescado colgado por la cola desde una grúa. Greenberg se dedicó a recopilar las fotografías en los archivos. Sabiendo que solo se sacaba fotografías con los pescados muy grandes, y conociendo la voluntad de no posponer la hora del coctel, Greenberg estima que Papa se sacó fotografías con el 10% de los pescados. Llega así a un número de 40 animales, que corresponde al balance del propio escritor en su declaración más razonable: 91 peces marlines sacados del agua en los años 1932, 1933 y principios de 1934 (el dato figura en un artículo de Esquire de agosto de 1934).

Ahora, un poco de matemáticas: el ratio normal de Hemingway, según las fotografías, es de cuatro peces marlines por un atún de aleta azul; su actividad de pescador abarca veinticinco años; entonces podemos calcular un balance final de 800 peces marlines y 200 atúnes de aleta azul. Si quitamos la mitad (Papa devolvía los peces al agua en muchos casos), e incluimos este dato: la tercera parte de los peces devueltos no sobreviven a las heridas del combate, quedan 530 peces marlines y 130 atúnes de aleta azul. Eliminamos los marlines blancos y con rayas (por ser pequeños), quedan 250 marlines y los 130 atúnes.

¿Cual habría sido la descendencia de estos peces, pregunta Greenberg, al final de cuatro generaciones? (generaciones de peces, claro, no de escritores). Llega el resultado escalofriante: el impacto de la pesca de Hemingway queda hoy en la ausencia de 78.000 marlines azules y 18.000 atúnes de aleta azul. No es poco si se conoce la estimación de la población mundial: entre 100.000 y 400.000 para estos marlines, y entre 20.000 y 30.000 para estos atúnes de ala azul.

Claro, Greenberg no acusa a Papa de manera directa (no se puede presumir lo que habría sido la vida de los peces faltantes) pero denuncia las malditas fotografías del escritor al lado de sus pescados tanto como la publicidad dada a la hazaña del viejo en la novela. “Los pescadores buscan una fotografía a la Hemingway” dice Greenberg al hacer un pronóstico: los textos de Papa serán utilizados en el futuro como documentos históricos, para contar cómo era el mar cuando había peces grandes.

Por mi parte, no echaré la culpa de nada al gran escritor. El artículo de Greenberg me obligó a releer las tres crónicas de Hemingway sobre la pesca publicadas en Esquire. Descubrí una teoría tonta en la crónica de agosto de 1934: todos los marlines, dice Papa, blancos, negros, con rayas, hembras y machos son en realidad varias etapas en la vida de un solo pez, el marlín. Sabía de literatura y también de pesca, pero de zoología, nada.

Ahora voy por Greenberg: no debería enfocarse tanto en los peces. Existe también la literatura. En abril de 1936, poco antes de salir para la guerra de España, Papa publica otra crónica, una maravilla, sobre estos pescados: “son unas cosas extrañas y salvajes, dice, con una velocidad increíble y también con potencia y belleza”. Y da, de manera muy convincente, su razón para pescar: ver y sentir la potencia de estos peces grandes, lo que “sin pescarlos sería imposible”.

[Publicado el 20/8/2007 a las 10:58]

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AMORES INGLESES

Hay que leer esto: la lista de las 20 mejores historias de amor según los ingleses. Es el resultado de un sondeo (tamaño de la muestra: dos mil personas) y el resultado tal como lo publica el sitio de The Guardian sorprende (aun más sabiendo que el ano que viene después del título es la de la publicación de la obra):

1 Wuthering Heights, Emily Brontë, 1847
2 Pride and Prejudice, Jane Austen, 1813
3 Romeo and Juliet, William Shakespeare, 1597
4 Jane Eyre, Charlotte Brontë, 1847
5 Gone with the Wind, Margaret Mitchell, 1936
6 The English Patient, Michael Ondaatje, 1992
7 Rebecca, Daphne du Maurier, 1938
8 Doctor Zhivago, Boris Pasternak, 1957
9 Lady Chatterley's Lover, DH Lawrence, 1928
10 Far from The Madding Crowd, Thomas Hardy, 1874
11 My Fair Lady, Alan Jay Lerner, 1956
y The African Queen, CS Forester, 1935
13 The Great Gatsby, Francis Scott Fitzgerald, 1925
14 Sense and Sensibility, Jane Austen, 1811
15  The Way We Were, Arthur Laurents, 1972
y War and Peace, Leo Tolstoy, 1865
17 Frenchman's Creek, Daphne du Maurier, 1942
18 Persuasion, Jane Austen, 1818
19 Take a Girl Like You, Kingsley Amis, 1960
20 Daniel Deronda, George Eliot, 1876

No sé si es necesario añadir un comentario, pero lo hago con unas ideas:

A. Se trata de literatura, de literatura dura, aunque el sondeo fue hecho por un canal de televisión que buscaba promover sus series de «amor de verano» 

B. La victoria de Cumbres borrascosas de Emily Bronte dice mucho sobre el estado de las pasiones en el Reino Unido: entre Cathy Earnshaw y Heathcliff, lo único que podemos notar es la potencia de un fracaso amoroso.

C. Aunque la mitad de los amores son del siglo XX vemos que gana, de manera muy cómoda, el siglo XIX.

D. Muchas proposiciones tienen que ver la existencia de películas de cine o adaptaciones para la televisión.

E. Síntesis: hay amor entre los ingleses, sí, pero con poca renovación.

[Publicado el 16/8/2007 a las 10:00]

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El factor tiempo/páginas

Se me escapó la columna de Alberto Fuguet en el suplemento de libros del diario chileno El Mercurio del día 5 de agosto. Sería peligroso mandar el lector a una página cuyo acceso en la Web muy pronto será restringido. Pero por suerte, Fuguet reproduce sus artículos en su blog. Y, como siempre, su manera de acercarse de perfil a las cosas para enfrentarlas mejor funciona muy bien. Él, que se describe como “escritor/lector”, es excelente escritor cuando habla de su vida como lector.

Esta vez, el lector camina para permitir al escritor una frase obvia “el que no quiere leer, que no lea”. Así de sencillo. Fomentar a la lectura está bien pero no tenemos que producir lectores pues nosotros mismos, los aficionados a la literatura, somos los primero en huir frente a un libro de gran tamaño reconoce Fuguet.

Lo que me atrae de esta confesión es que paso por la misma traición que cuenta Fuguet: tengo que reconocerlo, no terminé Until I Find You de John Irving, un autor que había acompañado desde el principio de su carrera en cada uno de sus libros, incluyendo unos no traducidos en Europa.

¿Tiene que ver esto con el número de páginas del libro de Irving? (824 páginas, en este caso, en la edición americana de Random House). Fuguet responde de manera positiva con la invención de un nuevo factor que relaciona páginas y tiempo de lectura.

“El factor tiempo/páginas, dice Fuguet, no sólo está invadiendo la industria literaria (editar libros más cortos para asustar menos, algo que se podría entender desde el punto de vista de un editor, por ejemplo), sino, y esto me parece francamente fascinante, también está alterando la forma de leer y de escribir.” De ser así podríamos decir Bye-Bye a Proust, Tolstoi, Mann, Hugo, Dumas, etc. lo que me parece inverosímil. Aun más: me parece que Fuguet se equivoca: no rechazamos a ciertas obras clásicas por ser largas sino por perder pertinencia ya fuera de su época o por tener una forma cuya relación con el contenido nos parece equivocada.

Lo que no podemos soportar es la mala combinación entre un formato literario (por ejemplo, la novela larga, que se instala en un relato lento y muy completo y ubica a sus personajes de manera muy cómoda en todos los aspectos de su vida social, psicológica, económica, etc.) y ciertos argumentos. Hay autores que se pierden en su relato. Creo que es el caso de Irving en su última novela, con las referencias interminables a los tatuajes y las visitas repetidas de Ámsterdam que el autor ya visitó en la novela anterior. De verdad, somos buenos, ingenuos lectores. Aceptamos el camino más largo pero hay que entregarnos algo en el recorrido. No importa el número de páginas, pero cada página tiene que justificar su presencia.

[Publicado el 14/8/2007 a las 10:00]

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APORREA

imagen descriptiva

Es difícil entender lo que pasa en Venezuela, más allá de la retórica revolucionaria o de las denuncias de la oposición. Una solución es aprovechar la agenda libre del mes de agosto para visitar el sitio Aporrea  nombrado por la institución pro-chavista que está detrás: la Asamblea Popular Revolucionaria. No es un sitio, es un yacimiento de informaciones.

Aporrea se auto-define de la manera más aburrida del mundo como “un Sitio Web de divulgación de noticias y opinión socio-política y cultural, identificado con el proceso de transformación revolucionaria y democrática de nuestro país, Venezuela, con una visión que se extrapola al resto de la humanidad, en la perspectiva de la liquidación del sometimiento capitalista-imperialista y la construcción de sociedades libres, basadas en el poder de los trabajadores y el pueblo, sin explotación del hombre por el hombre.”

El sitio tiene la misma poesía que su definición. Es pésimo: su arquitectura es un tremendo desorden, sus páginas utilizan un código HTML combinados con una construcción tan mala que ni su motor de búsqueda (el norteamericano Google) sabe ubicarse. Cuando ocurre algo, hay que ahorrarse la dirección de la página. De lo contrario es un contenido perdido. Más si aparece en la portada hasta aburrir el visitante más dedicado como es el caso del título «Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, revolucionario consecuente» que no se va de la home-page. Robespierre mandó a la guillotina centenares de franceses y es lo que gusta al autor del retrato. Pero me parece bien: Fidel Castro siempre ha dicho que su revolución necesita a muchos Robespierre. Los chavistas van por el mismo camino.

Si no se utiliza el motor de búsqueda hay una lista de secciones que dice mucho sobre la manera de presentar la revolución bolivariana. Aquí va la lista:

Venezuela en el Exterior
Tecnología y defensa del coco criollo
Frente Antifascista
Medios, comunicación alternativa, libre y comunitaria
Clase Trabajadora
Energía y Petróleo para el Pueblo
Anticorrupción y Contraloría Social
Poder Popular
Cooperativismo y Desarrollo Endógeno
¡Chávez los tiene locos! Oposición y Escualidismo
¡A desalambrar! Lucha campesina contra el latifundio
ENcontrARTE
Por los Derechos Humanos, contra la impunidad
Regionales
Contra el imperialismo
Mundo en revolución
Movimiento Estudiantil y Educación
Actualidad y notas sin clasificar
Ideología y Socialismo del Siglo XXI
Misiones Sociales

Uno se puede reír del “coco criollo” o de la denominación “Chávez los tiene locos” para hablar de manera neutral de la oposición o preguntarse sobre el verbo “desalambrar”, pero dentro de su desorden Aporrea refleja las dificultades internas del chavismo. De verdad, hay joyas. Como en una entrevista con un sindicalista del petróleo que pide una “constituyente petrolera” y denuncia los pocos resultados de Chávez. Otra joya es el testimonio de una chavista, Victoria E. Otero de Chacín, explicando que es imposible encontrar azúcar.

El último encanto, claro, es la manera de esconderse de ciertos internautas como éste que en el momento de denunciar al entorno del líder bolivariano, afirmando que “El comandante está solo” firma con un Melquiades Buendía que huele más a Macondo que al estado civil.

[Publicado el 13/8/2007 a las 10:00]

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UN MAGO

Es un mero suceso: un adolescente de 16 años detenido durante 24 horas por la policía francesa. No por un crimen, sino un delito, pero un delito muy serio, pues la justicia lo amenaza con cinco años de cárcel y una multa de medio millón.

No se puede decir su nombre y apellido por su edad, pero sí se puede hablar del acto terrible que cometió: una traducción del séptimo volumen de Harry Potter al francés. Una traducción completa de las 759 páginas. La puso en su sitio web unos días después de la publicación de la obra. Es un acto de piratería que provocó una demanda en justicia de la casa editorial Gallimard y el cierre inmediato del sitio.

Hay varias versiones de la noticia en el sitio de la BBC como en los sitios franceses de Le Monde y Liberation. Vemos que el traductor “oficial” sigue trabajando: los lectores franceses no van a sacar la obra antes de fin de año. Lo que me hace pensar que este jovencito hizo una hazaña.

Para la policía es imposible que haya trabajado solo. Francamente no lo sé. Los programas de reconocimiento de la voz son tan buenos que quizás una traducción oral es el secreto de la operación. Pero lo que más me llama la atención es la calidad de la traducción según sus lectores. Tenemos un joven traductor con talento. No hay que mandarle a la cárcel. Sería mejor favorecer el florecimiento de su orientación literaria con un premio -no vale la pena ofrecerle un año de estudio en la escuela Poudlard, ya no la necesita, es un mago por producir una obra tan amplia con la velocidad del relámpago).

Además, veo una especie de homenaje en el hecho de traducir toda la obra. El escritor francés Francois Bon publicó la traducción de las siete últimas páginas de la novela en su blog, supuestamente para romper la tensión comercial del evento. A mi juicio era una manera de dañar el libro. Lo que no es el caso del traductor totalitario.

Hace años, se le quitó el premio Pulitzer de reportaje a una periodista del Washington Post, Janet Cooke, al descubrir que había inventado la historia de un chico de ocho años con adición a la heroína. En este caso García Márquez pidió para ella un premio de literatura. “Hizo lo más difícil, dijo, hacer creer algo a su lector”. Tengo el mismo sentimiento ahora con este joven traductor: hizo lo más difícil, recrear toda la obra en otro idioma. Un premio sería mejor que la cárcel.

[Publicado el 10/8/2007 a las 11:39]

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CRITICAR A LOS CRÍTICOS

Criticar a los críticos es el título de uno de los libros más famosos de T.S. Eliot. Es también el contenido de una parte sorprendente del último dibujo animado de los estudios Pixar: Ratatouille. No hay que entrar en muchos debates: se trata de una obra de primer plano. Su autor, Brad Bird, consigue agrupar todo, lo maravilloso de su género, una oda al arte de cocinar, una evocación de París que recuerda a las aventuras de Amélie Poulain y, por fin, una sorprendente crítica de los críticos.

Esta crítica viene en el final de la película, cuando Anton Ego (Antonio el ego), el crítico de gastronomía más influyente de París en este relato destaca el talento de un nuevo cocinero. (No voy a decir quién es el cocinero ni cómo cocina, sería destrozar a la película). Oímos entonces la voz de Ego que lee el principio de su artículo:"In many ways, the work of a critic is easy. We risk very little yet enjoy a position over those who offer up their work and their selves to our judgment. We thrive on negative criticism, which is fun to write and to read. But the bitter truth we critics must face is that, in the grand scheme of things, the average piece of junk is more meaningful than our criticism designating it so.”

(En muchos aspectos, el trabajo de un crítico es muy fácil. Arriesgamos muy poco y gozamos de una posición muy por encima de los que ofrecen su trabajo y su persona a nuestra evaluación. Vivimos muy bien de la crítica negativa, la que da tanto placer en su escritura como en su lectura. Pero tenemos que enfrentarnos con una amarga verdad: el pedazo de basura más común significa mucho más que la crítica que la denuncia por ser esto.)

Recibir, en el final de una película que es pura gracia, talento y entretenimiento una carga contra los críticos es algo extraño. El público lo aguanta pues es un elemento natural en el desarrollo de la historia. Pero para los críticos es una buena oportunidad para pensar en la realidad de su trabajo al margen de lo que es la verdadera creación.

Unos críticos lo han entendido, tanto en inglés, como éste o éste, como en castellano como éste o éste.

[Publicado el 09/8/2007 a las 13:24]

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Biografía

Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

Enlaces

Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)

 

Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".

Obras asociadas

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