El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 22 de agosto de 2008
Es un mero suceso: un adolescente de 16 años detenido durante 24 horas por la policía francesa. No por un crimen, sino un delito, pero un delito muy serio, pues la justicia lo amenaza con cinco años de cárcel y una multa de medio millón.
No se puede decir su nombre y apellido por su edad, pero sí se puede hablar del acto terrible que cometió: una traducción del séptimo volumen de Harry Potter al francés. Una traducción completa de las 759 páginas. La puso en su sitio web unos días después de la publicación de la obra. Es un acto de piratería que provocó una demanda en justicia de la casa editorial Gallimard y el cierre inmediato del sitio.
Hay varias versiones de la noticia en el sitio de la BBC como en los sitios franceses de Le Monde y Liberation. Vemos que el traductor “oficial” sigue trabajando: los lectores franceses no van a sacar la obra antes de fin de año. Lo que me hace pensar que este jovencito hizo una hazaña.
Para la policía es imposible que haya trabajado solo. Francamente no lo sé. Los programas de reconocimiento de la voz son tan buenos que quizás una traducción oral es el secreto de la operación. Pero lo que más me llama la atención es la calidad de la traducción según sus lectores. Tenemos un joven traductor con talento. No hay que mandarle a la cárcel. Sería mejor favorecer el florecimiento de su orientación literaria con un premio -no vale la pena ofrecerle un año de estudio en la escuela Poudlard, ya no la necesita, es un mago por producir una obra tan amplia con la velocidad del relámpago).
Además, veo una especie de homenaje en el hecho de traducir toda la obra. El escritor francés Francois Bon publicó la traducción de las siete últimas páginas de la novela en su blog, supuestamente para romper la tensión comercial del evento. A mi juicio era una manera de dañar el libro. Lo que no es el caso del traductor totalitario.
Hace años, se le quitó el premio Pulitzer de reportaje a una periodista del Washington Post, Janet Cooke, al descubrir que había inventado la historia de un chico de ocho años con adición a la heroína. En este caso García Márquez pidió para ella un premio de literatura. “Hizo lo más difícil, dijo, hacer creer algo a su lector”. Tengo el mismo sentimiento ahora con este joven traductor: hizo lo más difícil, recrear toda la obra en otro idioma. Un premio sería mejor que la cárcel.
[Publicado el 10/8/2007 a las 11:39]
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Criticar a los críticos es el título de uno de los libros más famosos de T.S. Eliot. Es también el contenido de una parte sorprendente del último dibujo animado de los estudios Pixar: Ratatouille. No hay que entrar en muchos debates: se trata de una obra de primer plano. Su autor, Brad Bird, consigue agrupar todo, lo maravilloso de su género, una oda al arte de cocinar, una evocación de París que recuerda a las aventuras de Amélie Poulain y, por fin, una sorprendente crítica de los críticos.
Esta crítica viene en el final de la película, cuando Anton Ego (Antonio el ego), el crítico de gastronomía más influyente de París en este relato destaca el talento de un nuevo cocinero. (No voy a decir quién es el cocinero ni cómo cocina, sería destrozar a la película). Oímos entonces la voz de Ego que lee el principio de su artículo:"In many ways, the work of a critic is easy. We risk very little yet enjoy a position over those who offer up their work and their selves to our judgment. We thrive on negative criticism, which is fun to write and to read. But the bitter truth we critics must face is that, in the grand scheme of things, the average piece of junk is more meaningful than our criticism designating it so.”
(En muchos aspectos, el trabajo de un crítico es muy fácil. Arriesgamos muy poco y gozamos de una posición muy por encima de los que ofrecen su trabajo y su persona a nuestra evaluación. Vivimos muy bien de la crítica negativa, la que da tanto placer en su escritura como en su lectura. Pero tenemos que enfrentarnos con una amarga verdad: el pedazo de basura más común significa mucho más que la crítica que la denuncia por ser esto.)
Recibir, en el final de una película que es pura gracia, talento y entretenimiento una carga contra los críticos es algo extraño. El público lo aguanta pues es un elemento natural en el desarrollo de la historia. Pero para los críticos es una buena oportunidad para pensar en la realidad de su trabajo al margen de lo que es la verdadera creación.
Unos críticos lo han entendido, tanto en inglés, como éste o éste, como en castellano como éste o éste.
[Publicado el 09/8/2007 a las 13:24]
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Leo Cien años de soledad. Cuarta lectura. Segunda en castellano. Tomo el metro en París, estoy en un despacho, participo en reuniones sobre un nuevo sitio en Internet de información: todo me sale igual, estoy en Macondo. En otro Macondo, claro, pues a cada lectura cambia el libro que leemos. En mi caso, lo que más me sorprende es cómo la novela se parece también a Rabelais por su manera de crear una realidad enorme. Lo percibí al leer el retorno de José Arcadio, transformado en un «hombre descomunal». Me acordaba de su herramienta maravillosa para el amor, no de un hecho más íntimo: sus «ventosidades marchitaban las flores». Esto es puro Rabelais.
Lo que no puedo explicar es mi deseo espontáneo de abrir la «edición conmemorativa» de la Asociación de academias de lengua española. Tengo una edición de editorial Sudamericana con la portada en rojo y las nueve viñetas. No sé cómo empecé. “Muchos años después…” ya el Gabo me tenía acorralado en su prosa.
En el sitio de The Guardian hay una nueva introducción de John Sutherland a su libro How to read a novel (Cómo leer una novela). Tuvo mucho éxito en el momento de su publicación aunque el título es tramposo, no dice tanto cómo se debe leer, más bien explica el estado de ánimo del lector en el momento de emprender el camino de la lectura.
Es la vieja pregunta: ¿qué animal es este hombre que necesita de cuentos para vivir? El 100% de lo que se ve en el cine es ficción, el 50% de lo que se ve en TV es ficción, nota Sutherland antes de entregar sus dos categorías básicas de lecturas: la lectura para huir de la realidad y la lectura para involucrarse en ella. Es donde mi discrepancia es total con el autor inglés: al vivir ahora como lector en Macondo, hago ambas cosas. Estoy y no estoy en el mundo de los hombres. Con amores, muertes, celo, locuras y hasta ventosidades de la especie humana que no se llama homo sapiens sino homo cuéntame.
[Publicado el 08/8/2007 a las 14:12]
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Si uno quiere informarse sobre lo que pasa en Cuba, sólo hay un sitio en la web: Cubanet. Verdadero portal de noticias que propone en varios idiomas noticias del gobierno cubano, de la prensa internacional y, extrañamente, de los periodistas independientes en Cuba. Uno de ellos, Luis Cino, fue mi sol de fin de semana al recopilar una supuesta carta que circula en La Habana.
Entender esta carta es como responder en un test a la pregunta: ¿Cuánto sabe Vd sobre la vida diaria en Cuba? Todo lo que aparece, la leche hasta los siete años, la vanguardia nacional, el nombre de los televisores, el papel del sindicato y de las organizaciones de masa en la atribución de productos, las referencias a los dibujos animados, las mesas redondas y las reflexiones del Comandante en Jefe, todo tiene raíces fuertes en el país del “sociolismo” caribeño. El humor también es de Cuba, por supuesto, y no debe nada a la Revolución.
Compañeros:
Provengo de una familia humilde, sin TV ni otro efecto eléctrico. Tuve lactancia materna pura hasta los 10 años porque no teníamos donde calentar la leche. Fue una ventaja, porque después que cumplí los siete años, ya no me daban leche.
Tenía 10 años de edad cuando mi padre resultó vanguardia nacional en la emulación socialista. Lo estimularon con una cocina de kerosén. La estuvimos utilizando durante más de 40 años, hasta que el Comandante nos otorgó las maravillosas hornillas eléctricas chinas.
Mi padre trabajaba las 24 horas del día por miedo a quedarse dormido para el trabajo, pues no tenía despertador.
Con ese ritmo de trabajo constante, volvió a salir vanguardia nacional y le vendieron por el sindicato un gallo muy puntual. Cantaba a las 3 de la mañana, y por tanto, mi padre siguió siendo el primero en llegar al trabajo. Acumuló suficientes méritos para obtener un radio soviético VEF-206 que alegró la vida de toda la familia. Lo celebramos comiéndonos el gallo.
Teníamos puesto todo el día Radio Reloj para saber la hora de irnos a trabajar o a la escuela.
A los 14 años, ingresé en los CDR (Comités de Defensa de la Revolución). Como cederistas, mi padre y yo donábamos 10 litros de sangre anuales y 500 horas de trabajo voluntario. El sindicato, para estimular a los trabajadores, verificaba en la cuadra su actitud ante las tareas de la revolución.
Así, cuando cumplí los 32 años logramos un TV Caribe a crédito y definitivamente pude conocer los muñequitos rusos y a Elpidio Valdés, aunque en blanco y negro.
El TV se rompía constantemente. Cuando al fin terminamos de pagarlo, ya estábamos en la cola para reposición y confeccionamos nuestra primera autobiografía. Nos explicaron que no era cosa de un día y que el proceso podía demorar años.
Mientras, debíamos utilizar la técnica del puñetazo para poder ver la televisión. Tengo dos fracturas de muñeca, trastornos visuales de todo tipo y una escoliosis pronunciada y agresiva como el imperialismo yankee, porque el aparato sólo se ve desde un lateral.
Gané el premio al mayor ahorrador de energía eléctrica al tratar de obtener mayor nitidez de la imagen en la oscuridad.
El único inconveniente fue que en una asamblea de análisis me plantearon la crítica constructiva de que permanecía muy encerrado todo el día y no me relacionaba con los demás compañeros del CDR. En mi autocrítica, me comprometí a disculparme ante el responsable de vigilancia del comité.
Seis años después, nos entregaron un monitor de computadora de 14 pulgadas, usado, para aprovecharlo como tubo de pantalla. Así nos mantenemos siguiendo atentamente las mesas redondas, cada tarde a las 6 y 30 y luego su retransmisión nocturna por el Canal Educativo, para fomentar nuestro espíritu revolucionario.
Además de leerlas en el Granma y coleccionarlas en tabloides, disfrutamos la lectura de las Reflexiones del Comandante a través de nuestro otro programa favorito, el Noticiero Nacional de Televisión.
Por todo lo anterior, queremos optar por un televisor Panda en colores. Será más bien para el disfrute de mis hijos y nietos. A estas alturas, yo me conformaré con los programas con servicio de sub-titulaje para débiles visuales e hipo acústicos.
Así, solicito sean tenidos en cuenta mis méritos políticos y trayectoria laboral en la próxima bronca sindical por los mencionados televisores. Quisiera que conste esta solicitud como la última voluntad de un moribundo. Luego de tanta generosidad, sé que la revolución, como de costumbre, no me fallará.
Revolucionariamente,
Humildo Sinná de Antaño.
[Publicado el 06/8/2007 a las 10:27]
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Se han dicho muchas cosas sobre la influencia de Amazon en la venta de libros: el sitio creado por Jeff Bezos destroza el negocio de las librerías, al publicar reseñas de la propia audiencia impone los criterios de las masas, y su sistema de votación puede ser manipulado. Tampoco se puede negar la influencia de Amazon, empezando por el algoritmo que estudia las conexiones entre ventas para recordar a un internauta como los compradores de un libro que le interesa también compraron otro libro muy cercano por su tema.
Supongo que las criticas van a ampliar con el mensaje que anuncia la creación de Amazon Vine. Un programa cuyo propósito es mandar libros a los miembros de la audiencia que más reseñas escriben. Se trata, claro de estimular las ventas, y también de eludir el papel clásico de los intermediarios -críticos sobre todo, pero también profesores y vendedores de las buenas librerías.
El programa se pondrá en marcha el 15 de agosto y por el momento sólo funciona en EE. UU. Voy a vigilar el sitio de Amazon para ver su impacto. Me parece garantizado que encontraremos en el sitio Amazon, en el mismo día de la publicación de un libro, reseñas de la audiencia que lo valoran. Para mí es un verdadero acontecimiento, pues la influencia de estas reseñas de la propia audiencia es ya muy importante. Ahora, si vienen antes de la publicación en lugar de seguirla, ya estamos en otro mundo.
[Publicado el 05/8/2007 a las 23:35]
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Leyendo el blog Boing-Boing, descubro que lo del Espresso Book Machine va en serio en la biblioteca de ciencias que está en Madison y la calle 34. De verdad, uno va, pide un libro en una lista que incluye más o menos 200.000 títulos, y consigue su libro gratuito en unos minutos.
La marca Espresso Book Machine está registrada, evoca la sencillez de la máquina que hace café en una oficina y corresponde a una tecnología que permite imprimir un libro de 200 páginas en unos 12 minutos. Son libros encuadernados en rústica. Se pone una raya de goma y se pegan las hojas a la tapa. Pero, vaya, un libro en doce minutos, quisiera ver esto con mis propios ojos. Echo de menos a Nueva York, aún más con el silencio de la red: no conseguí posts de bloggers que cuenten su experiencia con la máquina.
No creo mucho el comunicado oficial de la empresa. Parece que la instalación se demoró. Pero existe un vídeo que muestra el monstruo en marcha y no se puede ignorar que no es tanto monstruo. 760 kilos, algo como dos metros y medio de largo. Cabe en cualquier librería y podría rematar para siempre la vieja respuesta “no tenemos el libro pero lo podemos pedir; llegara en unos días”.
Jason Epstein, que fue un editor de leyenda y acaba de jubilarse se involucró en el proyecto de la máquina trayendo una publicidad enorme a la nueva tecnología. Hay un plan para mostrar poco a poco la máquina y demostrar sus capacidades. ¿Viene por aquí o vamos a verla allá?
[Publicado el 01/8/2007 a las 10:14]
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Limpiando mi despacho –tarea de verano- encuentro un recorte de prensa. Un artículo de Rodrigo Fresán en el suplemento Babelia del diario El País con fecha del 5 de mayo de 2007. Supongo que los suscriptores lo pueden encontrar en línea. El título: "Tartas perfectas y escritura peligrosa".
Sospechaba que contenía algo fuerte. La lectura tranquila, lectura que procura el verano, lo confirma en una segunda etapa. Me explico: Fresán habla de Tom Spanbauer, escritor norteamericano que tiene su taller de literatura para enseñar el dangerous writing (escritura peligrosa), herramienta imprescindible, parece, de la literatura minimalista. No tengo opinión sobre Spanbauer, nunca lo he leído. Pero siguiendo a Fresán encontré en una segunda etapa un artículo de Chuck Palahniuk, ex-alumno de Spanbauer hablando del taller.
Este segundo artículo se publicó en el LA Weekly y, cómo decirlo, se trata de un artículo como uno escribe pocos en su vida: es una declaración de fe. La expresión de un creyente. Palahniuk explica que cada taller dura diez semanas. El trabajo consiste en reducir a pedacitos un cuento The harvest (la cosecha) de Amy Hempel. Tampoco he leído a Spanbauer y Hempel, pero no importa; el artículo es meramente un pretexto para explicar el método de la escritura peligrosa. Según este método, se cocina el minimalismo con cuatro ingredientes:
1. Los caballos. Hay que pensar en las películas del oeste: un carro que atraviesa la obra del principio al fin utiliza los mismos caballos a pesar de que no ocupan el centro de la historia. En una obra de ficción hay que tener a sus caballos para crear algo sin perder una línea de fondo.
2. Las lenguas quemadas. Una torpeza, un cliché, una palabra equivocada detienen al lector. Cometer el error de escribir lo que no se debe escribir es como hablar con la lengua quemada: la audiencia pierde la continuidad del relato. En el minimalismo la más mínima falta es una catástrofe.
3. Grabar como un ángel. El autor no puede pronunciarse, ni de manera subliminal, sobre lo que cuenta. No existen buenos o malos. Solo hay hechos, acciones y apariencias.
4. Escribir sobre el cuerpo. No se debe hablar a la inteligencia del lector con conceptos e ideas sino a sus tripas con sensaciones físicas de olor, textura, color, etc.
Cuando leo el método definitivo para escribir, no lo creo, ni un instante. Pero tampoco puedo negar mi fascinación frente a una persona que pretende tener el secreto de la creación.
[Publicado el 31/7/2007 a las 11:00]
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Un año después (será un año, día por día, mañana) de la entrega provisional del poder a su hermano Raúl, Fidel Castro tiene un nuevo oficio. Es blogger. Un blogger asiduo, que tiene algo de aburrido y convencional –sorprende poco a los internautas– pero con una producción suficiente para obligar al diario Granma nacional en línea a crear una nueva página en su sitio:“Reflexiones del Comandante en Jefe”. Figura como enlace de manera permanente en la portada del diario.
Se trata de una página extraña, fea, única en el sitio, una nueva sección que recopila los enlaces hacia todos los posts del todavía líder de la revolución cubana sobre los nuevos combustibles biológicos, la política externa de EE UU o las lesiones de los atletas en los juegos panamericanos. Y como no hay tanto para llenar una página, dos columnas, una al lado de la otra, repiten la misma oferta en un texto libre y en pequeños cuadros. Fidel “ya despliega una actividad cada vez más intensa y sumamente valiosa, como lo demuestran sus reflexiones publicadas por la prensa”, dijo su hermano Raúl en Camagüey para el aniversario 54 del asalto al Moncada.
Una declaración como ésta es peligrosa. Sería mejor eludir cualquier invitación a descubrir la obra del blogger Fidel. Lo que leemos es un autor gagá raciocinando sobre la situación de un mundo que prescinde de su presencia en el puesto de mando. Las reflexiones son pobrísimas. Para hablar del deporte, el Comandante se atrevió a copiar y pegar información de cables de la agencia alemana DPA, cosa que roza en la senilidad. Leer citaciones de una prensa “capitalista” cuya circulación es prohibida en Cuba es patético o insultante para los cubanos. Pero lo peor es la obvia dificultad del autor para enfocar un tema con potencia. Su mente va y viene entre viejas denuncias de los enemigos y evocaciones de los logros sociales de la Revolución.
Quizás un síntoma de la vergüenza que producen las reflexiones en la cúpula superior del poder cubano es la extraña ausencia de un enlace en la portada de la versión internacional de Granma hacia todos los textos del comandante. Otro síntoma: en la versión nacional hay reflexiones que no tienen su traducción a siete idiomas, como si alguien, en algún lugar de un poder hermético siente la necesidad de limitar la expresión pública de un líder disminuido. Una “reflexión sobre las reflexiones” da una cierta repuesta. Después de explicar que sus reflexiones son de dos tipos, breves y largas, y describir el proceso perfecto para su difusión, Fidel añade: “El Departamento Ideológico del Partido y el Jefe de Despacho del Consejo de Estado pueden proponer cualquier otra variante en casos concretos.” Ya sabemos quiénes son los que se dedican a curar los síntomas políticos más incómodos del valetudinario.
[Publicado el 30/7/2007 a las 10:07]
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Es un libro que no se vende en librerías: Declaro que estoy loca de Mercedes García Ferrer. En la portada hay una pintura de Ramón Unzueta, una mujer acosta debajo de un árbol y que lee un libro. Las tres palmas reales en el fondo quitan cualquier duda: estamos en Cuba, tierra de poesía.
En un gesto inútil y necesario la escritora Zoé Valdés decidió rescatar poemas de una mujer que murió hace como veinte años y ya estaba en el olvido. No voy a fingir un conocimiento que no tengo: no sabía nada de Mercedes García Ferrer (1933-1988) que vivía en el edificio blanco frente al hotel Capri en La Habana y tiraba las cartas. Leo sus poemas y descubro una tremenda energía vital, sexual y emocional. No sé si lo sabían los que pasaron por su casa: Julio Cortázar, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Gabriel García Márquez, etc., según el tierno prologo de Zoé Valdés.
“-tú serás un día quien te ocuparás de mis poemas, deeeegeneeeeeerada” le dijo a Zoé Valdés y así es. “Este libro, explica el prólogo, fue prohibido en Cuba, ella intentó editarlo y no lo consiguió, además de que lo envió esperanzada al concurso Casas de las Américas y fue vetado, nunca supimos por qué, ni por quién.” Por fin se publica en París, en una casa editorial nombrada ZV Lunáticas.
Mercedes García Ferrer es una cubana que va directo al grano de la vida. Escribe versos como “necesitaba acostarme con un hombre /–el mío se fue con la neblina” y entra en un rito aplastante cuyos elementos son el sol, la luna y la tierra. “Su escritora preferida era Érica Jong, después Marguerite Duras”, dice Zoé Valdés. No se nota en la forma utilizada por una autora que tiene su propia ambición, inmensa (“te voy a partir la cara con un poema”), pero en el fondo se ve que ella sabe muy bien “amar todos los días no es oficio de hombres”.
No puedo citar mucho este libro de más de ciento setenta páginas; fuera de su contexto muchos versos parecerían de una obscenidad cruda y la obra es todo lo contrario del porno: un rescate del amor. “Declaro que estoy loca. No creo en códigos antiguos ni en las nubes y el sueño” proclama Mercedes García Ferrer. Creo en su tremendo y sencillo talento.
PS: para encontrar el libro hay que mandar un mail a lunaticas@wanadoo.fr
[Publicado el 24/7/2007 a las 19:13]
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Este es el buen momento para hablar de William Boyd. Boyd, el novelista inglés. Nada que ver con el William Boyd que fue el bajista del grupo de rock Evanescence. Y nada que ver tampoco con William Boyd, actor de segunda fila que hacia películas del oeste como Cuando habla el gatillo. Como actor tuvo una vida imposible, pues había otro William Boyd que se dedicaba al teatro. Uno era nombrado como William Boyd, otro era William Stage (escenario) Boyd. En el final, era un dolor de cabeza para poco talento, lo que no es el caso del novelista. Tiene talento y sus libros no procuran dolores de cabeza. Son tan fáciles de leer que llegan a provocar la sospecha de la crítica más formal como en el Times Literary Supplement: ¿No se trataría de un novelista barato? Al contrario, Boyd es un gran profesional que conoce su oficio a fondo lo que no hace decir que se decida al ocio en lugar de la literatura.
Su última novela, Sin respiro (Alfaguara, 2007) se encuentra en la mesa de todas las librerías de España y América Latina. La leí, como todos sus libros, en el momento de la publicación, en inglés. Ya podía sospechar lo ineludible: las críticas hablando de una versión Graham Greene de Boyd pues su libro cuenta una historia de espionaje. Primer error: si buscamos un autor de novelas de espionaje sería mejor referirnos a John Le Carre. Hay en Boyd una manera de disfrutar del concepto de la traición que hace pensar en el maestro de la guerra fría, no en el especialista en pecados humanos.
Boyd ha escrito una muy buena novela de espionaje, pero a su manera, la del joven escritor que deslumbró a todo Londres con su primera novela Un buen hombre en África. Para ser un aprendiz tenía un dominio fenomenal del más mínimo detalle, ya se notaba la calidad de los personajes de según rango, la precisión y la potencia en la manera de construir el escenario, una arquitectura de hormigón y una mirada a la Evelyn Waugh en el momento de hacer su cuento.
Sin Respiro es un cut-up. Cada capítulo alterna entre la existencia de Eva Delectorskaya, espía británica de origen ruso durante la Segunda Guerra Mundial, y la vida de la misma persona, ahora, que vive bajo el nombre de Sally Gilmartin. Como siempre, el presente está lleno del pasado. La historia va de Francia a Bélgica, Inglaterra y EE.UU con una tremenda velocidad. Boyd utilizó como tela de fondo la historia acertada de una red de espionaje inglés en Estados Unidos a principios de la Segunda Guerra Mundial lo que da un entorno sorprendente a las aventuras de Eva / Sally.
Como siempre, se nota la influencia de la escritura de guiones de cine en el trabajo de Boyd. Para mí, su mejora novela “clásica” sigue siendo la segunda, Como nieve al sol, con su retrato de África del este en la época colonial. Pero no sospecho sus novelas de ser contaminadas por el cine. Boyd hizo películas para la BBC sobre sonetos de Shakespeare y adaptaciones de Waugh, lo que hace decir que sabe combinar el clasicismo con otro modo de narración. Al tocar el género de la novela de espionaje no actúa de otra manera. El debate, permanente en Londres, para decidir si Boyd se dedica al entretenimiento o a la literatura no tiene sentido. Es un escritor que decidió no aburrir al lector. Su novela es una lectura de verano pero vale también para las otras estaciones.
[Publicado el 23/7/2007 a las 11:50]
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Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
22/8/2008 05:54
porfavor quiero el concepto del...
Publicado por: mi nombre ps obvio
22/8/2008 01:45
Pero curiosamente este culto a...
Publicado por: Claudia
20/8/2008 11:35
Publicado por: Enea
19/8/2008 18:21
Apasia dio en el blanco de lo...
Publicado por: aurelio fernández
19/8/2008 17:06
Publicado por: rolando gabrielli
19/8/2008 10:12
Creo que han sido demasiado...
Publicado por: tempura
18/8/2008 22:30
Publicado por: aspasia
18/8/2008 22:25
completamente de acuerdo con el...
Publicado por: aspasia
18/8/2008 22:06
Publicado por: aurelio fernández
16/8/2008 18:32
Publicado por: rolando gabrielli
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